Ciclo de desarrollo con dominancia del gametofito
Todas las plantas terrestres (Embryophyta) presentan un ciclo vital en el que se alternan regularmente dos generaciones multicelulares: el gametofito y el esporofito (Raven et al., 2017; Simpson, 2019). Este tipo de ciclo se denomina haplodiplonte (Stern, 2020), o alternancia de generaciones. La alternancia de fases nucleares (haploide y diploide) y de generaciones varía entre los distintos grupos de plantas, lo que permite distinguir tres tipos evolutivos principales de ciclos:
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Ciclo con dominancia del gametofito;
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Ciclo con dominancia del esporofito (en plantas vasculares con esporas, por ejemplo, pteridofitas);
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Ciclo con gametofito reducido (en plantas con semilla).
Los briófitos (Bryophyta sensu lato — hepáticas, musgos y antocerotas) constituyen el ejemplo clásico de un ciclo en el que domina el gametofito haploide (Mauseth, 2017; Ligrone et al., 2012). El término «dominancia» significa aquí que el gametofito es la planta de larga vida, fotosintética e independiente, mientras que el esporofito es un órgano de corta duración, dependiente del gametofito y generalmente no ramificado (Goffinet et al., 2013; Shaw et al., 2011).

Ciclo vital de un musgo (tomando como ejemplo Polytrichum commune)
El esquema incluye todas las etapas clave: germinación de la espora en protonema, desarrollo del gametóforo con anteridios y arquegonios, fecundación en agua líquida, formación del esporofito (esporogonio) con cápsula sobre un pie, meiosis en la cápsula y dispersión de esporas. Se indican claramente la ploidía (n/2n) y los procesos de mitosis, meiosis y fecundación.
Ciclo de desarrollo con dominancia del gametofito es un tipo de ciclo vital de las plantas terrestres en el que el gametofito haploide es la generación dominante (en tamaño, longevidad y autonomía fisiológica), mientras que el esporofito diploide permanece unido al gametofito, recibe de él los nutrientes y suele estar representado por un único esporangio (cápsula) sobre un pie (seta) o sin él (Raven et al., 2017; Simpson, 2019).
En la literatura botánica, los briófitos se contraponen tradicionalmente a las plantas vasculares (Tracheophyta) precisamente por este carácter: en musgos, hepáticas y antocerotas, el gametofito es la «planta principal», mientras que en los helechos el esporofito se vuelve independiente y más grande, y el gametofito se reduce a un pequeño prótalo (Ekwealor & Fisher, 2024). Evolutivamente, este tipo de ciclo se considera el más cercano al ancestral de todas las plantas terrestres (Ligrone et al., 2012; Vigneau & Borg, 2021).
En el presente artículo, tomando como ejemplo los briófitos (principalmente los organismos modelo Polytrichum commune —el musgo de los bosques— y la hepática Marchantia polymorpha), se examinarán secuencialmente:
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la morfología del gametofito dominante (planta foliosa o talo);
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la estructura de los órganos sexuales —anteridios y arquegonios—;
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la dependencia de la fecundación del agua líquida;
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el desarrollo del esporofito parásito (esporogonio) con su pie (seta) y cápsula;
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la meiosis y la formación de esporas haploides;
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la germinación de la espora y la formación de un nuevo gametofito (protonema).
Este análisis permitirá no solo asimilar el ciclo concreto de musgos y hepáticas, sino también comprender la diferencia fundamental entre los tipos de desarrollo con dominancia del gametofito y con dominancia del esporofito —un concepto clave en la evolución del reino vegetal (Shaw et al., 2011).
1. Características generales del ciclo con dominancia del gametofito
El ciclo de desarrollo con dominancia del gametofito es propio de los tres grupos de briófitos: hepáticas (Marchantiophyta), musgos (Bryophyta sensu stricto) y antocerotas (Anthocerotophyta) (Goffinet et al., 2013). Su rasgo distintivo principal es la dominancia fisiológica y morfológica del gametofito haploide durante la mayor parte de la vida de la planta.
1.1. Alternancia de generaciones y reparto de funciones
Al igual que en todas las plantas terrestres, el ciclo vital de los briófitos incluye dos fases multicelulares:
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Gametofito (n) — generación haploide que se desarrolla a partir de una espora y produce gametos (óvulos y espermatozoides) por mitosis.
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Esporofito (2n) — generación diploide que se desarrolla a partir del cigoto y produce esporas por meiosis.
En los briófitos, a diferencia de las plantas vasculares, el gametofito es un organismo autótrofo, longevo e independiente, mientras que el esporofito permanece siempre unido al gametofito y obtiene de él agua, minerales y sustancias orgánicas (Ligrone et al., 2012; Shaw et al., 2011). Esta dependencia del esporofito respecto al gametofito parental —matrotrofia— se manifiesta en la presencia de una placenta especializada en el punto de contacto entre ambas generaciones (Raven et al., 2017).
1.2. Características clave del ciclo

Los tres tipos principales de ciclos vitales en eucariotas.
El ciclo haplodiplonte (izquierda) se caracteriza por la presencia de dos generaciones multicelulares: el gametofito (n) y el esporofito (2n). Este es el tipo que presentan los briófitos y el resto de plantas terrestres. El ciclo haplonte (centro) es típico de muchas algas verdes, mientras que el diplonte (derecha) se da en animales y algunas algas.
La comparación con otros tipos de alternancia de generaciones (véase tabla) permite definir con claridad la especificidad del ciclo con dominancia del gametofito.
| Característica | Briófitos (dominancia del gametofito) | Pteridofitas (dominancia del esporofito) | Plantas con semilla (gametofito reducido) |
|---|---|---|---|
| Generación dominante | Gametofito (planta verde) | Esporofito (helecho) | Esporofito (árbol, hierba) |
| Dependencia del esporofito | Completa, durante toda su vida | Parcial, solo en el periodo embrionario | Ninguna (el embrión se nutre de la semilla) |
| Tamaño y complejidad del gametofito | Grande (desde unos pocos mm hasta 50 cm), folioso o taloso | Pequeño (prótalo de 5–10 mm) | Reducido a pocas células (grano de polen, saco embrionario) |
| Rama del esporofito | Ausente (esporangio único sobre un pie) | Presente (ramificación múltiple, muchos esporangios) | Presente (sistema de brotes complejo) |
| Ejemplo | Polytrichum, Marchantia | Dryopteris | Pinus, Triticum |
De la tabla se desprende que los briófitos son el único grupo en el que el gametofito no cede en tamaño ni en complejidad organizativa al esporofito, y el esporofito nunca llega a ser independiente (Mauseth, 2017).
1.3. Contexto evolutivo y ecológico
Se considera que el ciclo con dominancia del gametofito es plesiomórfico (ancestral) para todas las plantas terrestres (Ligrone et al., 2012; Vigneau & Borg, 2021). Los restos fósiles de plantas del Devónico temprano (por ejemplo, Rhynia) y los datos filogenéticos confirman que los ancestros de las plantas vasculares también poseían un gametofito dominante, que luego sufrió una reducción.
Sin embargo, la conservación del ciclo con dominancia del gametofito en los briófitos actuales no es primitivismo, sino una estrategia evolutiva exitosa que les permite ocupar nichos ecológicos específicos (lugares húmedos, rocas, sotobosque), donde el pequeño tamaño y la dependencia directa del agua líquida no son desventajas (Shaw et al., 2011; Ekwealor & Fisher, 2024).
1.4. Principales limitaciones impuestas por el tipo de ciclo
De la dominancia del gametofito se derivan dos limitaciones fundamentales:
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Dependencia de la fecundación del agua. Los espermatozoides de los briófitos son móviles, con dos flagelos. Para su desplazamiento desde el anteridio hasta el arquegonio se necesita una película continua de agua (rocío, lluvia, agua de deshielo) (Stern, 2020).
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Limitación del tamaño máximo. La ausencia de un sistema conductor verdadero (xilema y floema) en el gametofito y la dependencia del esporofito respecto a la planta madre impiden que los briófitos desarrollen formas arbóreas de gran tamaño (Raven et al., 2017).
No obstante, dentro de este plan general de construcción, los briófitos muestran una diversidad considerable: desde hepáticas talosas hasta musgos foliosos «verdaderos» de hasta 50 cm de altura (por ejemplo, Dawsonia).
1.5. Distinción de otros tipos de ciclos (resumen breve)
Para un estudiante de agronomía es importante distinguir los tres tipos de ciclos, ya que:
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Ciclo con dominancia del gametofito (briófitos) — indicador de suelos encharcados, objeto de mejora (drenaje de turberas).
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Ciclo con dominancia del esporofito (helechos, colas de caballo) — se da en suelos ácidos; algunas especies son malas hierbas (helecho común).
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Ciclo de las plantas con semilla — base de la agricultura moderna.
Por tanto, comprender el plan general del ciclo con dominancia del gametofito es necesario para el análisis detallado de las etapas de desarrollo, la estructura del gametofito y del esporofito, así como para la comparación con otras divisiones de plantas.
2. Organización del gametofito dominante
En los briófitos, es el gametofito el que realiza las funciones vegetativas principales: fotosíntesis, absorción de agua y minerales, y fijación al sustrato. Por su organización, los gametofitos de los briófitos se dividen en dos grandes grupos morfológicos: talosos y foliosos (Goffinet et al., 2013; Mauseth, 2017). Examinaremos sus características tomando como ejemplo los taxones clave.
2.1. Gametofito folioso (tomando como ejemplo los musgos «verdaderos» — Bryophyta sensu stricto)

Esporofito del musgo <span lang="la" class="biological-name">Physcomitrella patens</span>
En la fotografía se aprecia claramente la estructura del esporogonio: el gametofito verde (planta foliosa), el pie (seta) de color pardo y la cápsula (esporangio) sin opérculo —ejemplo de tipo cleistocárpico (no dehiscente).
El objeto clásico para el estudio del gametofito folioso es Polytrichum commune (musgo de los bosques), así como la especie modelo Physcomitrella patens (Rensing et al., 2008; Naramoto et al., 2022).
Tallo y hojas. El gametofito de los musgos presenta un eje (caulidio) que lleva hojas pequeñas (filidios) dispuestas en espiral. El crecimiento se produce mediante una única célula apical de forma tetraédrica (Ligrone et al., 2012). Las hojas de la mayoría de los musgos son uniestratificadas (de una sola capa celular), a menudo con una nervadura central —la costa— (por ejemplo, en Polytrichum), que desempeña una función mecánica y de conducción débil (Mauseth, 2017). En algunos musgos (polítricos) se desarrollan laminillas asimiladoras en el haz de la hoja, que aumentan la superficie fotosintética (Raven et al., 2017).
Células conductoras. En algunos musgos (especialmente en especies grandes como Polytrichum y Dawsonia) el centro del tallo y la costa de la hoja contienen células especializadas conductoras de agua, los hidroides, así como leptoides, que presuntamente transportan sustancias orgánicas (Ligrone et al., 2000; Goffinet et al., 2013). Los hidroides son células muertas, sin contenido, con paredes delgadas y sin lignina, lo que los diferencia de las traqueidas verdaderas de las plantas vasculares. Los leptoides recuerdan a los elementos cribosos, pero tampoco están lignificados.
Rizoides. A diferencia de las raíces, los musgos presentan rizoides multicelulares, a menudo ramificados, que no absorben agua sino que fijan principalmente la planta al sustrato (Raven et al., 2017). La absorción de agua se realiza por toda la superficie del gametofito, especialmente a través de las hojas uniestratificadas.
Desarrollo del gametofito a partir de la espora. El gametofito del musgo no se desarrolla directamente a partir de la espora, sino a través de una etapa de protonema filamentoso —una estructura juvenil que recuerda a un alga verde (Stern, 2020). Sobre el protonema se forman yemas, de las que brotan las plantas adultas foliosas (gametóforos). Esta doble etapa permite colonizar rápidamente el sustrato por vía vegetativa.
2.2. Gametofito taloso (tomando como ejemplo hepáticas y antocerotas)
En las hepáticas (Marchantiophyta) y antocerotas (Anthocerotophyta), el gametofito tiene forma de talo aplanado con organización dorsiventral.
Hepáticas. Entre las hepáticas hay tanto formas talosas (por ejemplo, Marchantia polymorpha, Riccia fluitans) como formas foliosas (por ejemplo, Porella, Frullania). El talo de Marchantia está diferenciado en un tejido asimilador superior con cámaras de aire y poros similares a estomas (pero sin células oclusivas verdaderas), así como un tejido de almacenamiento inferior y rizoides (Mauseth, 2017). Los rizoides de las hepáticas son unicelulares (a diferencia de los musgos). Las células de muchas hepáticas contienen cuerpos oleosos característicos, cuya función probablemente esté relacionada con la defensa contra herbívoros y la desecación (Crandall-Stotler et al., 2009; Simpson, 2019).
Antocerotas. El gametofito de las antocerotas (por ejemplo, Anthoceros, Phaeoceros) también es taloso, dorsiventral, pero de estructura más primitiva. Un rasgo notable es la presencia en cada célula de un único cloroplasto grande con pirenoide (Renzaglia et al., 2009; Raven et al., 2017). Esta monoplasticidad es atípica en otras plantas terrestres, pero se da en algunas algas verdes. En el talo hay cavidades mucilaginosas colonizadas por cianobacterias fijadoras de nitrógeno del género Nostoc, que aportan al gametofito nitrógeno asimilable.
2.3. Principios generales de la organización del gametofito en briófitos
A pesar de las diferencias morfológicas, los gametofitos de todos los briófitos comparten una serie de rasgos comunes:
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Ausencia de raíces verdaderas. Sustituidas por rizoides (multicelulares en musgos, unicelulares en hepáticas y antocerotas).
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Simplicidad de la organización tisular. Predomina el parénquima; el tejido mecánico está ausente o muy poco desarrollado; no hay lignina en las células conductoras (los hidroides no están lignificados) (Ligrone et al., 2012).
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Fotosíntesis como función principal. El gametofito es completamente autótrofo y proporciona sustancias orgánicas no solo para sí mismo, sino también para el esporofito unido.
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Crecimiento apical. El crecimiento del talo o del tallo se realiza mediante una única célula apical (excepto en casos muy raros) (Ligrone et al., 2012).
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Longevidad y capacidad de reproducción vegetativa. Los gametofitos son perennes, se regeneran fácilmente a partir de fragmentos y a menudo forman yemas de cría especializadas (por ejemplo, las copas de cría en Marchantia) (Mauseth, 2017).
2.4. Significado ecológico de la organización del gametofito
La estructura sencilla del gametofito y la ausencia de un sistema radicular profundo permiten a los briófitos colonizar los sustratos más diversos: desde rocas desnudas y cortezas de árboles hasta suelos arenosos pobres y turberas elevadas. Los gametofitos de los musgos del género Sphagnum poseen células hialinas únicas (células acuíferas muertas con poros) que pueden retener agua en una cantidad 20–30 veces superior a su peso seco (Raven et al., 2017). Esto determina el papel del esfagno en el encharcamiento y la formación de turba —aspecto crucial para el manejo agropecuario del territorio (drenaje de tierras, extracción de turba).
Así pues, el gametofito dominante de los briófitos no es una generación «primitiva», sino altamente especializada y ecológicamente plástica, perfectamente adaptada a la supervivencia en condiciones de humedad periódica y sustratos pobres.
En el siguiente apartado examinaremos cómo se desarrollan los órganos sexuales (anteridios y arquegonios) sobre este gametofito y qué adaptaciones aseguran la fecundación en el medio aéreo.
3. Ciclo de desarrollo detallado de los briófitos
Para comprender el ciclo completo con dominancia del gametofito, es necesario seguir secuencialmente todas las etapas, desde la germinación de la espora hasta la formación de esporas en la cápsula. El ciclo puede dividirse convencionalmente en cuatro grandes fases:
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Etapa 1 — desarrollo de los gametóforos (generación sexual) a partir de la espora.
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Etapa 2 — formación de los órganos sexuales (anteridios y arquegonios) y fecundación.
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Etapa 3 — desarrollo del esporofito parásito (esporogonio) y formación de esporas.
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Etapa 4 — dispersión de las esporas y reinicio del ciclo.
Examinemos en detalle la primera etapa.
3.1. Etapa 1: Desarrollo de los gametóforos (generación sexual)
El gametofito de los briófitos comienza con una espora haploide. Las esporas de musgos, hepáticas y antocerotas se forman por meiosis en el esporangio y están cubiertas por una pared resistente de esporopolenina (Raven et al., 2017; Simpson, 2019). Al llegar a un ambiente húmedo con temperatura adecuada, la espora germina. Sin embargo, la germinación difiere sustancialmente entre los distintos grupos de briófitos.
Protonema — la etapa juvenil del gametofito

Protonema del musgo <span lang="la" class="biological-name">Physcomitrella patens</span> al microscopio
Microfotografía de un protonema filamentoso ramificado. En la etapa de protonema, el gametofito joven del musgo recuerda a un alga verde filamentosa, lo que indica el origen evolutivo de las plantas terrestres a partir de algas.
En la mayoría de los musgos (Bryophyta), a partir de la espora se desarrolla primero una estructura filamentosa especial, el protonema (Mauseth, 2017; Stern, 2020). El protonema tiene aspecto de un filamento verde ramificado, compuesto por una sola hilera de células, y recuerda externamente a un alga verde filamentosa (por ejemplo, Spirogyra o Cladophora). Sin embargo, se puede distinguir por sus tabiques oblicuos (no transversales) entre células y por la presencia en muchas células de numerosos cloroplastos pequeños (en lugar de uno o dos grandes cloroplastos como en las algas).
El protonema cumple dos funciones principales:
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Dispersión y fijación — los filamentos crecen rápidamente sobre el sustrato, colonizando nuevas áreas.
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Formación de yemas — en lugares determinados del protonema (generalmente en las células más gruesas del caulonema) se forman yemas, de las que luego se desarrollan las plantas adultas foliosas —los gametóforos— (Naramoto et al., 2022).
En distintos grupos de musgos, el protonema puede ser más o menos duradero. En muchos musgos (por ejemplo, Funaria, Physcomitrella) el protonema persiste durante mucho tiempo e incluso puede vegetar por sí solo, produciendo nuevos gametóforos (Ligrone et al., 2012). En los musgos esfagnales (Sphagnopsida), el protonema es laminar, plano, no filamentoso, lo que se considera un carácter más primitivo (Raven et al., 2017).
En las hepáticas (Marchantiophyta), el protonema suele ser muy corto, a menudo consta de pocas células, y pasa rápidamente a la formación del talo o del brote folioso (Crandall-Stotler et al., 2009). En las antocerotas (Anthocerotophyta), el protonema está ausente: la espora germina directamente en el talo (Renzaglia et al., 2009).
Formación de los gametóforos
El gametóforo es la parte especializada del gametofito que porta los órganos sexuales (gametangios — anteridios y arquegonios) (Shaw et al., 2011). En los musgos, el gametóforo es una planta foliosa bien desarrollada (caulidio con filidios). En las hepáticas, el gametóforo puede ser un talo (por ejemplo, en Marchantia) o también folioso (por ejemplo, en Porella). En las antocerotas, el gametóforo es un talo simple.
El desarrollo del gametóforo a partir de una yema del protonema incluye la organización de un meristemo apical con una única célula apical tetraédrica (en musgos) o con una célula de otra forma (en hepáticas) (Ligrone et al., 2012). Esta célula va segregando derivados que luego se diferencian en tejidos del tallo y de las hojas. En los musgos, los filidios están dispuestos en espiral, mientras que en las hepáticas foliosas lo hacen en tres filas (a menudo dos superiores grandes y una inferior reducida) (Simpson, 2019).
Ejemplos:
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En Polytrichum commune (musgo de los bosques), los gametóforos alcanzan 20–40 cm de altura, están densamente cubiertos de hojas rígidas y forman céspedes densos (Mauseth, 2017).
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En Marchantia polymorpha, el gametóforo es un talo dorsiventral de 2–4 mm de grosor, ramificado dicotómicamente, con rizoides en la cara inferior y cámaras de aire en la superior (Raven et al., 2017).
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En las antocerotas (por ejemplo, Anthoceros), el gametóforo es una lámina simple en forma de roseta, a menudo con bordes ondulados, fijada al suelo por rizoides.
Tiempo de madurez sexual y factores que afectan al desarrollo
La capacidad del gametóforo para producir órganos sexuales no es inmediata. En los musgos de clima templado, desde la germinación de la espora hasta el desarrollo de un gametóforo maduro que porte anteridios o arquegonios pueden transcurrir desde varios meses hasta dos años (Raven et al., 2017). En las hepáticas, este proceso suele ser más rápido (unas semanas). El desarrollo de los gametóforos está influido por:
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Luz (fotoperiodo, intensidad).
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Humedad (óptimamente alta).
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Composición química del sustrato (por ejemplo, los musgos esfagnales prefieren condiciones ácidas).
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Temperatura (muchas especies requieren estratificación o un régimen térmico determinado).
Es importante señalar que la mayoría de los gametofitos de briófitos pueden reproducirse también vegetativamente (por fragmentos, yemas de cría, gémulas), lo que les permite colonizar rápidamente hábitats adecuados incluso cuando el proceso sexual es poco frecuente (Ekwealor & Fisher, 2024). Sin embargo, para comprender el ciclo completo es necesario examinar la reproducción sexual.
Resumen breve de la etapa 1
Así, la primera etapa del ciclo es el desarrollo a partir de una espora haploide, primero de una estructura juvenil (protonema, muy desarrollado en musgos y escaso en hepáticas) y luego de un gametóforo adulto —el gametóforo que portará los futuros órganos sexuales. Conviene recordar:
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Espora (n) → protonema (n) → gametóforo (n) — secuencia de desarrollo del gametofito.
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El protonema es especialmente característico de los musgos y constituye una importante adaptación para la dispersión.
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Los gametóforos de los briófitos son diversos en forma (foliosos en musgos y parte de las hepáticas, talosos en antocerotas y parte de las hepáticas), pero siempre autótrofos y dominantes en el ciclo.
En la siguiente parte (etapa 2) examinaremos cómo se forman los órganos sexuales —anteridios y arquegonios— sobre los gametóforos y cómo ocurre la fecundación.
3.2. Etapa 2: La fecundación — el momento crítico
La fecundación en los briófitos es la etapa clave y más vulnerable del ciclo vital, ya que solo es posible en presencia de agua líquida. En esta etapa, los gametos masculinos móviles (espermatozoides) deben alcanzar el gameto femenino inmóvil (óvulo) situado en el interior del arquegonio.
Órganos sexuales: anteridios y arquegonios
En los briófitos, los órganos sexuales (gametangios) son siempre multicelulares y están protegidos por una capa de células estériles (que no participan en la formación de gametos) (Raven et al., 2017). Esta es una importante adquisición evolutiva que protege a los gametos de la desecación.
Anteridios (órganos sexuales masculinos) — generalmente saquitos redondeados u oblongos sobre un pedicelo corto. Su pared (envoltura estéril) consta de una capa de células. En su interior se desarrollan numerosas células espermatógenas, cada una de las cuales se transforma en un espermatozoide (Mauseth, 2017). Los espermatozoides de los briófitos tienen forma curvada, en espiral, y poseen dos flagelos (undulipodios) en el extremo anterior (Ligrone et al., 2012; Simpson, 2019). Esta estructura les confiere movilidad en el medio acuoso. En la mayoría de las especies, los anteridios se forman sobre los mismos gametóforos que los arquegonios (especies monoicas) o sobre plantas masculinas separadas (especies dioicas).
Arquegonios (órganos sexuales femeninos) — tienen forma característica de matraz (botella) y constan de:
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Vientre (venter) — parte inferior ensanchada que contiene un óvulo grande (haploide, n).
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Cuello (neck) — un canal largo por el que los espermatozoides penetran hasta el óvulo.
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Células del canal del cuello (neck canal cells) y célula del canal ventral (ventral canal cell), que al madurar el arquegonio se mucilaginizan y se desintegran, formando un canal mucoso (Raven et al., 2017).
La pared estéril del arquegonio también protege al óvulo de la desecación. En muchos musgos y hepáticas, los arquegonios se agrupan, a veces rodeados por hojas modificadas (hojas periqueciales) o por una prolongación del talo (pseudoperiantio).
Quimiotaxis y mecanismo de atracción de espermatozoides
Cuando el arquegonio madura, las células del canal del cuello y la célula del canal ventral degeneran y su contenido se vierte al exterior. En este exudado hay azúcares (sacarosa y otros) y atrayentes específicos (por ejemplo, proteínas fijadoras de calcio) que crean un gradiente de concentración (Mauseth, 2017). Los espermatozoides presentan quimiotaxis —capacidad de moverse hacia concentraciones más elevadas de estas sustancias, lo que los dirige a la abertura del arquegonio (Stern, 2020). En algunas especies (por ejemplo, musgos del género Bryum y hepáticas), la quimiotaxis es muy eficaz: los espermatozoides pueden recorrer distancias de varios centímetros.
Papel del agua y mecanismos que facilitan la fecundación
El agua líquida cumple dos funciones:
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Medio para la natación de los espermatozoides.
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Medio para transportar los espermatozoides a distancias significativas (mediante salpicaduras de gotas de lluvia).
En las especies que crecen en céspedes densos (por ejemplo, Polytrichum), las gotas de lluvia al golpear los «discos» anteridiales (extremidades ensanchadas especiales de las plantas masculinas) expulsan acumulaciones de espermatozoides, que luego se depositan sobre las plantas femeninas (Ligrone et al., 2012). En la hepática Marchantia, los anteridios se sitúan sobre anteridióforos pedunculados en forma de paraguas con lóbulos; la lluvia arrastra los espermatozoides, que discurren por la superficie del talo hacia los arquegonios, situados sobre los arquegonióforos femeninos (Mauseth, 2017).
En algunos musgos se ha descrito el síndrome de transporte de espermatozoides por artrópodos (foragamia). Por ejemplo, en el musgo Bryum argenteum y otras especies, microartrópodos (colémbolos, ácaros) transportan espermatozoides sobre sus cuerpos entre plantas (Ekwealor & Fisher, 2024; Shaw et al., 2011). También se conoce el papel de insectos voladores (moscas) para los musgos del género Splachnum, que son atraídos por el olor que desprenden los esporofitos.
Proceso de fecundación
Con suficiente humedad, el anteridio se abre (generalmente en la parte superior) y libera miles de espermatozoides móviles. En el agua, se dirigen al arquegonio guiados por el gradiente químico. Uno de los espermatozoides penetra a través del cuello del arquegonio hasta el vientre y se fusiona con el óvulo (Raven et al., 2017). La fusión de los gametos (singamia) da lugar a la formación del cigoto diploide (2n) —la primera célula de la siguiente generación, la esporofítica.
Es importante destacar que, a diferencia de las algas, el cigoto no abandona el arquegonio, sino que permanece en el interior de su vientre. Esto proporciona protección y nutrición inicial al embrión en desarrollo —la llamada matrotrofia (Stern, 2020). El arquegonio y los tejidos circundantes del gametofito forman una caliptra (capuchón) que protegerá al esporofito joven.
Consecuencias de la dependencia del agua
De la dependencia de la fecundación del agua se derivan importantes consecuencias ecológicas y biológicas:
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Vinculación a hábitats húmedos. Los briófitos son más diversos y activos en bosques, tundras, turberas y orillas de cuerpos de agua. Sin embargo, muchas especies sobreviven en regiones áridas utilizando los breves períodos de lluvia para reproducirse (Shaw et al., 2011).
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Ventaja de la dioecia en unas condiciones y de la monoecia en otras. La dioecia (separación de sexos) aumenta la diversidad genética, pero requiere que las plantas masculinas y femeninas estén lo suficientemente cerca para que los espermatozoides lleguen (Ekwealor & Fisher, 2024). Las especies monoicas (hermafroditas) pueden autofecundarse, lo que garantiza la formación del cigoto incluso con baja densidad de población.
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Adaptaciones fenológicas. En muchos musgos (por ejemplo, los esfagnos), los arquegonios maduran a finales del invierno o principios de la primavera, cuando el agua de deshielo crea las condiciones ideales para el movimiento de los espermatozoides.
Resumen breve de la etapa 2
En la segunda etapa se produce la fecundación:
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Los anteridios formados en el gametóforo producen espermatozoides, y los arquegonios producen el óvulo.
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Condición obligatoria: presencia de agua líquida (lluvia, rocío, deshielo).
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Los espermatozoides se desplazan por quimiotaxis hacia el arquegonio, penetran en el vientre y fecundan el óvulo.
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Se forma un cigoto diploide (2n) que dará origen al esporofito.
Esta etapa es el «cuello de botella» en la vida de los briófitos, pero es precisamente la que asegura la recombinación genética y la diversidad de la descendencia. En la siguiente parte (etapa 3) seguiremos el desarrollo del esporofito parásito a partir del cigoto y la formación de esporas en su interior.
3.3. Etapa 3: El esporofito parásito
Tras la fecundación comienza el desarrollo de la generación diploide: el esporofito. En los briófitos, el esporofito nunca se convierte en un organismo independiente. Permanece unido al gametofito durante toda su vida y depende completamente de él para la obtención de agua, minerales y sustancias orgánicas (Ligrone et al., 2012). Esta dependencia permite calificar al esporofito de los briófitos de parásito o, más suavemente, de semiparásito (Mauseth, 2017). Precisamente esta propiedad —la matrotrofia— diferencia radicalmente a los briófitos del resto de plantas terrestres (Raven et al., 2017).
Estructura general del esporogonio
El esporofito de los briófitos se denomina esporogonio. En la mayoría de los musgos y hepáticas consta de tres partes (Simpson, 2019; Stern, 2020):
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Pie (foot) — parte basal, insertada en el tejido del gametofito. Las células del pie forman prolongaciones similares a haustorios o células de transferencia a través de las cuales se absorben los nutrientes del gametofito. En el límite entre generaciones se forma la placenta —una zona de contacto estrecho con las células del gametofito, a menudo con células de transferencia desarrolladas (Ligrone et al., 2012).
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Pie o seta (seta) — eje estéril alargado que eleva el esporangio por encima del gametofito. En las hepáticas, la seta es muy delicada y se marchita rápidamente; en los musgos, es más resistente, a menudo con células conductoras primitivas (hidroides y leptoides). En las antocerotas, la seta está ausente (Renzaglia et al., 2009).
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Cápsula (capsule, sporangium) — parte terminal abultada en cuyo interior se produce la meiosis y se forman las esporas.
Importante: el esporofito de los briófitos nunca se ramifica (a diferencia de los esporofitos de helechos, colas de caballo y, por supuesto, plantas con semilla). Siempre es solitario y porta un solo esporangio (Goffinet et al., 2013). Si en algunos musgos parece que hay varias cápsulas (por ejemplo, en Sphagnum), se debe al desarrollo de varios esporogonios a partir de distintos arquegonios en un mismo gametóforo, no a la ramificación de un solo esporofito.
Desarrollo del esporogonio: del cigoto a la cápsula madura
El desarrollo del esporogonio puede dividirse en varias etapas sucesivas.
1. Cigoto y primera fase de la embriogénesis. El cigoto (2n), que permanece en el interior del vientre del arquegonio, comienza a dividirse. En musgos y hepáticas, la primera división del cigoto es transversal (con respecto al eje longitudinal del arquegonio). En las antocerotas, es longitudinal (Raven et al., 2017; Ligrone et al., 2012). Del cigoto se forma un embrión multicelular.
2. Formación del pie y de la seta. En los musgos, parte de las células del embrión dan lugar al pie y a la seta. El crecimiento de la seta en los musgos se produce mediante un meristemo intercalar —una zona de división celular entre la futura cápsula y la seta (Ligrone et al., 2012). En las hepáticas, la seta crece por elongación (crecimiento difuso) de las células ya formadas, no por meristemo.
3. Formación de la cápsula (esporangio). La parte superior del embrión se diferencia en la cápsula. En el interior de la cápsula se establece el arquesporio —tejido esporógeno, del que luego se forman los esporocitos (células madre de las esporas). Alrededor del arquesporio se desarrolla una pared pluriestratificada de la cápsula. En la parte central de muchos musgos y antocerotas se forma un cordón estéril —la columela— que ayuda a la distribución uniforme de las esporas (Mauseth, 2017). Las hepáticas carecen de columela.
4. Estructuras protectoras. El esporofito en desarrollo está rodeado por restos del arquegonio, que se agrandan y forman la caliptra —un capuchón que cubre la cápsula joven. La caliptra tiene función protectora y a veces participa en la regulación de la transpiración y el intercambio gaseoso del esporofito (Raven et al., 2017). Al madurar la cápsula, la caliptra suele caer.
Particularidades en los distintos grupos de briófitos

Planta masculina de la hepática <span lang="la" class="biological-name">Marchantia polymorpha</span>
En la fotografía se muestra el gametofito (talo) de la hepática con anteridióforos —pedúnculos en forma de paraguas sobre los que se desarrollan los anteridios. La humedad que escurre por el pedúnculo ayuda a los espermatozoides a dispersarse hacia las plantas femeninas.
En las hepáticas (Marchantiophyta), el esporofito tiene una seta muy corta, que se marchita rápidamente. La cápsula suele ser redondeada o elipsoidal, y se abre por hendiduras longitudinales o valvas. En su interior, además de las esporas, hay células estériles —los elaterios— con engrosamientos espirales higroscópicos que ayudan a expulsar las esporas al cambiar la humedad (Crandall-Stotler et al., 2009; Simpson, 2019). Ejemplo: Marchantia polymorpha.
En los musgos (Bryophyta), el esporofito suele tener una seta larga, a menudo rígida. La cápsula presenta una estructura más compleja. En la cápsula madura se distinguen la urna (cuerpo principal portador de esporas) y el opérculo (tapadera). Al madurar las esporas, el opérculo se desprende, dejando al descubierto el peristoma —una o dos filas de dientes sensibles a la humedad (Goffinet et al., 2013). El peristoma desempeña un papel clave en la liberación dosificada de esporas. Ejemplo: Polytrichum commune.
En las antocerotas (Anthocerotophyta), la seta está ausente. El esporofito tiene aspecto de una prolongación larga, en forma de punzón o cuerno, que crece de forma continua desde la base (crecimiento indefinido) gracias a un meristemo intercalar basal (Renzaglia et al., 2009). El esporofito maduro se abre longitudinalmente desde el ápice hasta la base, liberando gradualmente las esporas. En el esporangio, además de las esporas, hay pseudoelaterios multicelulares.
Esporogénesis (meiosis) y formación de esporas
En el interior de la cápsula, las células del arquesporio (tejido esporógeno) sufren meiosis. Cada esporocito (célula madre de las esporas), diploide (2n), se divide por meiosis y forma cuatro esporas haploides (n) (Stern, 2020). En la mayoría de los briófitos, todas las esporas son de tamaño similar —estas especies se denominan isospóricas. Solo en unas pocas (por ejemplo, algunas especies de Sphagnum, Macromitrium) las esporas difieren en tamaño (anoisosporia o anisosporia), lo que se considera un paso hacia la heterosporia, característica de las plantas con semilla (Raven et al., 2017).
Las esporas están envueltas por una pared resistente que contiene esporopolenina —uno de los biopolímeros más estables, que permite a las esporas soportar condiciones adversas (desecación, cambios de temperatura) y mantener su viabilidad durante muchos años (Simpson, 2019). En la superficie de la espora de musgos y algunas hepáticas aparece la marca trilete —una cicatriz trirradiada que queda de la tétrada de esporas.
Nutrición del esporofito y transporte de sustancias
El esporofito de los briófitos no es capaz de realizar una fotosíntesis completa. Aunque en las células de sus tejidos (especialmente en la pared de la cápsula) pueden haber cloroplastos, la contribución de su propia actividad fotosintética al presupuesto total de carbono del esporogonio es muy pequeña (generalmente inferior al 10–20%) (Ligrone et al., 2012; Goffinet et al., 2013). La mayor parte de las sustancias orgánicas (azúcares, aminoácidos), así como el agua con minerales disueltos, provienen del gametofito.
El transporte se realiza a través de la placenta —zona de contacto íntimo entre el pie del esporofito y los tejidos del gametofito. Aquí, las células de ambas generaciones suelen presentar prolongaciones de la pared celular (células de transferencia) que aumentan la superficie de absorción (Ligrone et al., 2012). Se cree que el movimiento de sustancias se produce por vía apoplástica (a través de las paredes celulares) y está regulado por transporte activo.
Función de la columela, los elaterios y el peristoma
Columela (en musgos y antocerotas) — cordón estéril central que proporciona resistencia mecánica y posiblemente transporte de agua al esporofito (Mauseth, 2017).
Elaterios (en hepáticas) y pseudoelaterios (en antocerotas) — células estériles que al secarse se retuercen y ayudan a «esponjar» la masa de esporas y a expulsarlas de la cápsula (Simpson, 2019).

Peristoma del musgo <span lang="la" class="biological-name">Bryum capillare</span>
Microfotografía del doble peristoma del musgo <span lang="la" class="biological-name">Bryum capillare</span>. Se aprecian claramente los dientes externos (exostoma) e internos (endostoma) que regulan la liberación de esporas en función de la humedad del aire.
Peristoma (en musgos) — una adaptación crucial para la liberación dosificada de esporas. Los dientes del peristoma son higroscópicos: en tiempo seco se doblan hacia fuera, abriendo la salida a las esporas; en tiempo húmedo se pliegan contra la abertura, cerrándola (Goffinet et al., 2013). Esto impide la liberación masiva de esporas durante la lluvia, cuando la dispersión por el viento no es posible.
Importancia del esporofito en la evolución y la ecología
Aunque el esporofito de los briófitos parece un «apéndice» del gametofito, su papel en el ciclo vital es enorme. Gracias al esporofito se produce:
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Recombinación genética (mediante la meiosis) y creación de esporas genéticamente diversas.
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Dispersión a larga distancia —las esporas, producidas en cantidades ingentes (un esporogonio puede llegar a tener hasta 50 millones de esporas), son fácilmente transportadas por el viento, el agua y los animales (Shaw et al., 2011).
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Supervivencia durante períodos desfavorables —la pared de esporopolenina hace que las esporas sean resistentes a la desecación, las heladas y la radiación ultravioleta.
Para la ciencia agraria, el conocimiento de la estructura del esporofito de los briófitos es útil, por ejemplo, para identificar especies de musgos maleza por sus cápsulas y peristoma (ya que los esporofitos suelen persistir más tiempo que los gametofitos). Además, la dispersión de esporas de muchas especies de musgos (por ejemplo, Sphagnum) afecta a grandes extensiones, lo que tiene importancia para la mejora de turberas y la evaluación de la llegada de propágulos a los campos.
3.4. Etapa 4: Dispersión de las esporas
La etapa final del ciclo vital de los briófitos es la liberación de las esporas de la cápsula y su dispersión. Las esporas constituyen el único medio de reproducción sexual y de dispersión a nuevos territorios. El éxito de la dispersión determina la capacidad de la especie para colonizar sustratos, mantener poblaciones en hábitats espacialmente separados y sobrevivir a períodos desfavorables (Shaw et al., 2011; Vanderpoorten & Goffinet, 2009).
Maduración de las esporas y preparación para la dispersión
Una vez completada la meiosis, las esporas dentro de la cápsula se encuentran en un empaquetamiento denso, a menudo mezcladas con elementos estériles (elaterios en hepáticas o pseudoelaterios en antocerotas). Para una dispersión eficaz, las esporas deben ser:
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secas y ligeras —para ser transportadas por el viento;
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resistentes a los agentes externos —gracias a su pared gruesa que contiene esporopolenina (Simpson, 2019);
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liberadas de la adherencia entre ellas —aquí ayudan los movimientos higroscópicos de los elaterios o los mecanismos de dehiscencia de la cápsula.
Simultáneamente a la maduración de las esporas, se produce la deshidratación (secado) de los tejidos de la cápsula y de su seta. En muchos musgos, la seta conserva la capacidad de retorcerse y enderezarse al cambiar la humedad, lo que también contribuye a la expulsión de esporas (Ligrone et al., 2012).
Mecanismos de dehiscencia de la cápsula y liberación de esporas
Los tres grupos de briófitos han desarrollado diferentes modos de liberar las esporas, reflejo de su larga evolución independiente.
A. Hepáticas (Marchantiophyta). La cápsula de la mayoría de las hepáticas se abre mediante hendiduras longitudinales (generalmente 4) o de forma irregular (Crandall-Stotler et al., 2009). La pared de la cápsula es uni- o pluriestratificada. En su interior se encuentran los elaterios —células individuales con engrosamientos espirales de la pared que contienen agua. Al secarse, los elaterios se retuercen y, al enderezarse, «barren» las esporas fuera de la cápsula abierta (Mauseth, 2017; Simpson, 2019). La liberación de esporas suele ser simultánea (la cápsula se vacía rápidamente).
B. Musgos (Bryophyta). En la mayoría de los musgos «verdaderos» (clase Bryidae), la cápsula tiene un opérculo (tapadera) que se desprende al madurar. Debajo del opérculo se encuentra el peristoma —una o dos filas de dientes formados por restos de paredes celulares. El peristoma es la adaptación clave para la liberación dosificada de esporas (Goffinet et al., 2013). Principio de funcionamiento:
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En tiempo seco, los dientes del peristoma se doblan hacia fuera (o hacia dentro, según el tipo), abriendo el orificio, y las esporas se liberan en porciones.
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Al aumentar la humedad, los dientes vuelven a su posición original, cerrando la cápsula e impidiendo la liberación durante la lluvia (Mauseth, 2017).
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En los musgos esfagnales (Sphagnopsida), la cápsula se abre de forma explosiva: al secarse se contrae, aumenta la presión interna y el opérculo sale despedido con un ruido, lanzando una nube de esporas a una altura de 10–15 cm (Raven et al., 2017).
C. Antocerotas (Anthocerotophyta). El esporofito tiene forma de cuerno largo. La dehiscencia se produce longitudinalmente desde el ápice hacia la base en dos (rara vez cuatro) valvas. Dado que el crecimiento del esporofito es basal e indeterminado (Renzaglia et al., 2009), las nuevas esporas maduran gradualmente, por lo que la dehiscencia y la liberación también se prolongan en el tiempo. Este mecanismo recuerda a una «cápsula del tiempo»: las esporas se liberan en porciones a lo largo de varias semanas o meses. En el interior de la cápsula hay pseudoelaterios multicelulares que también participan en el desmenuzamiento de las esporas (Raven et al., 2017).
Factores que influyen en la distancia de dispersión
Las esporas de los briófitos son muy pequeñas (generalmente de 10–20 µm de diámetro) y ligeras. Los principales agentes de dispersión son:
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Viento (anemocoria) — el principal factor para el transporte a larga distancia. Las esporas pueden ascender en corrientes de aire y ser transportadas a cientos o miles de kilómetros (Shaw et al., 2011). Esto explica la amplia distribución de muchas especies y el nivel relativamente bajo de endemismo en los briófitos en comparación con las plantas con flor.
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Agua (hidrocoria) — las gotas de lluvia pueden desprender esporas de las cápsulas; las aguas de deshielo y lluvia transportan esporas sobre la superficie del suelo.
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Animales (zoocoria) — las esporas pueden adherirse al cuerpo de insectos, aves y mamíferos. Para algunas especies (por ejemplo, musgos del género Splachnum, que crecen sobre excrementos), el transporte por moscas es el mecanismo principal (Ekwealor & Fisher, 2024).
La distancia de dispersión puede ser enorme, pero la dispersión efectiva (con germinación y establecimiento exitosos) se produce a distancias mucho menores (generalmente metros, raramente kilómetros) debido a la necesidad de caer en un microhábitat húmedo adecuado (Vanderpoorten & Goffinet, 2009).
Germinación de la espora y retorno al gametofito
Cuando una espora (n) llega a condiciones adecuadas —humedad suficiente, temperatura moderada, a menudo luz (aunque algunas especies requieren oscuridad)— germina. La germinación comienza con la hinchazón y rotura del exosporio. En los musgos, lo primero que emerge es un cloronema o protonema filamentoso (en los esfagnos, un protonema laminar), que dará lugar al nuevo gametofito (Stern, 2020). En hepáticas y antocerotas, el protonema es corto o está ausente, y la espora pasa directamente a la formación del talo o del tallo con hojas (Raven et al., 2017).
Así se cierra el ciclo: espora haploide → protonema → gametóforo (gametofito) → órganos sexuales → fecundación → cigoto → esporofito → meiosis → nuevas esporas haploides.
4. Significado evolutivo y papel en la agrobotánica
El ciclo con dominancia del gametofito de los briófitos no es un callejón evolutivo, sino una estrategia de supervivencia exitosa que ha perdurado desde el Silúrico (hace unos 470 millones de años) hasta la actualidad (Ligrone et al., 2012; Shaw et al., 2011). Al mismo tiempo, este tipo de ciclo impone limitaciones estrictas a la morfología, la ecología y la distribución de los briófitos. La comprensión de estas limitaciones tiene una repercusión directa en las ciencias agrarias —desde la mejora de tierras hasta la evaluación del potencial arvense.
4.1. Destino evolutivo del ciclo con dominancia del gametofito
En la evolución de las plantas terrestres se observa una clara tendencia: desde la dominancia del gametofito (briófitos) hacia la dominancia del esporofito (pteridofitas, gimnospermas, angiospermas) (Raven et al., 2017; Vigneau & Borg, 2021). Las razones de este cambio son:
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Independencia del esporofito del agua para la dispersión (esporas y luego semillas).
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Posibilidad de desarrollar cuerpos grandes y ramificados con tejidos conductores verdaderos (xilema, floema).
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Protección y nutrición del embrión por el esporofito materno (semilla, fruto).
Los briófitos se mantuvieron en el nivel «primitivo», pero esto les ha permitido ocupar nichos ecológicos inaccesibles para las plantas vasculares grandes: rocas desnudas, cortezas de árboles, hojarasca forestal, turberas elevadas (Shaw et al., 2011). Su éxito reside en su capacidad para reproducirse rápidamente por vía vegetativa, soportar la desecación completa (muchos musgos xerófitos) y dispersarse mediante esporas a grandes distancias.
4.2. ¿Por qué el ciclo con dominancia del gametofito no produjo «gigantes»?
A pesar de la existencia en algunos musgos (por ejemplo, Dawsonia de hasta 50 cm de altura) y de formas fósiles antiguas (Prototaxoxylon, posiblemente emparentado con los musgos), los briófitos nunca alcanzaron el tamaño de los árboles actuales. Las razones principales (Ligrone et al., 2012; Goffinet et al., 2013):
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Ausencia de un sistema conductor lignificado. Los hidroides de los briófitos carecen de lignina, se colapsan fácilmente con el estrés hídrico y no pueden conducir agua a alturas superiores a 1–2 metros.
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Dependencia del esporofito respecto al gametofito. El esporofito no puede abastecerse por sí mismo de agua y nutrientes, por lo que su tamaño está limitado por las capacidades del gametofito.
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Ausencia de crecimiento secundario. Los briófitos carecen de cambium, por lo que el tallo no se engrosa y no puede soportar mecánicamente una copa pesada.
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La fecundación requiere agua. Incluso si el gametofito fuera grande, seguiría necesitando una película de agua para la fusión de los gametos, lo que los vincula a hábitats húmedos.
Así pues, el ciclo con dominancia del gametofito es un compromiso evolutivo: el pequeño tamaño y la organización sencilla se pagan con la capacidad de sobrevivir en condiciones extremas y dispersarse rápidamente (Shaw et al., 2011).
4.3. Comparación con otros tipos de ciclos (énfasis en los aspectos agrarios)

Ciclo vital del musgo <span lang="la" class="biological-name">Physcomitrium patens</span> (tipo con dominancia del gametofito).
En el esquema se muestra la alternancia de las generaciones haploide (n, elementos verdes) y diploide (2n, elementos amarillos). La espora (n) germina en un protonema filamentoso, sobre el que se forma el gametóforo folioso. El gametóforo porta anteridios (♂) y arquegonios (♀). Tras la fecundación en agua líquida se desarrolla el esporofito (esporogonio), compuesto por pie, seta y cápsula (esporangio). En la cápsula tiene lugar la meiosis, se forman esporas haploides y el ciclo se cierra.
Para el agrónomo es importante distinguir los tres tipos de ciclos vitales, ya que cada uno está asociado a grupos concretos de plantas arvenses o útiles.
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Con dominancia del gametofito (briófitos): malas hierbas indicadoras de encharcamiento y acidificación del suelo (musgos esfagnales en praderas). Medidas de control — drenaje, encalado.
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Con dominancia del esporofito y gametofito independiente (pteridofitas): helecho común (Pteridium aquilinum) — mala hierba difícil de erradicar en pastizales, tóxica para el ganado. Control — siega, herbicidas (Raven et al., 2017).
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Con dominancia del esporofito y gametofito reducido (plantas con semilla): cereales cultivados, leguminosas, hortalizas — base de los agroecosistemas.
Comprender las diferencias en los ciclos ayuda a predecir la aparición de determinadas especies en los campos y a elegir métodos de control eficaces.
4.4. Importancia agrobotánica de los briófitos
En el paisaje agrícola, los briófitos desempeñan un papel tanto positivo como negativo.
Importancia negativa:
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Encharcamiento y reducción de la productividad de las tierras. Los musgos esfagnales, al extenderse, acidifican el suelo y provocan el encharcamiento de pastos y prados (Raven et al., 2017). En la zona no chernozem de Rusia, esto es un grave problema.
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Competencia por luz y nutrientes. Los céspedes densos de musgos (por ejemplo, Polytrichum commune) suprimen las plántulas de gramíneas perennes y dificultan su regeneración.
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Deterioro de la aireación del suelo. Una cubierta musgosa continua dificulta el intercambio gaseoso en la capa radicular.
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Indicadores de acidez. La aparición en un campo de musgos del género Sphagnum o Polytrichum señala la acidificación del suelo y la necesidad de encalado (Ekwealor & Fisher, 2024).
Importancia positiva:
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Formación de turba. Los musgos esfagnales son el componente principal de la turba, utilizada como fertilizante orgánico, cama para animales y componente de sustratos de invernadero (Mauseth, 2017).
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Regulación del régimen hídrico. La cubierta musgosa en bosques y turberas retiene la humedad, previene la erosión y regula la escorrentía.
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Secuestro de carbono. Las turberas de esfagnos son uno de los principales sumideros de dióxido de carbono atmosférico en la zona templada.
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Propiedades antisépticas. Gracias a sus compuestos fenólicos, el esfagno se ha utilizado como apósito (Raven et al., 2017).
4.5. Lecciones evolutivas para la mejora genética y la biotecnología
El estudio de la regulación genética de la alternancia de generaciones en briófitos modelo (Physcomitrella patens, Marchantia polymorpha) proporciona conocimientos valiosos para comprender el desarrollo de las plantas vasculares (Naramoto et al., 2022; Rensing et al., 2008). Por ejemplo, los genes que controlan la transición del gametofito al esporofito en los musgos (KNOX, BELL, LEAFY) son homólogos de los genes que regulan el desarrollo de los meristemos apicales en cereales y leguminosas (Shaw et al., 2011; Vigneau & Borg, 2021). El estudio de la resistencia de los musgos a la sequía y al frío ayuda a identificar genes candidatos para la creación de cultivos tolerantes al estrés.
Referencias
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