Ciclo de vida de las angiospermas
Ciclo de vida de las angiospermas (Angiospermae) es la secuencia regular de eventos y alternancia de generaciones en la que una semilla germina y crece hasta convertirse en una planta adulta (el esporofito), que produce estructuras reproductivas especializadas: las flores. Dentro de las flores se forman esporas haploides, que dan lugar a gametofitos masculinos (grano de polen) y femeninos (saco embrionario) extremadamente reducidos. Después de la polinización y la doble fecundación (Roland & Roland 1980), se origina un nuevo esporofito diploide encerrado en una semilla dentro de un fruto (Raven et al. 2013; Mauseth 2017).
La característica clave de las angiospermas es la máxima reducción de los gametofitos entre todas las plantas vasculares (Hafidh et al. 2016). El gametofito masculino (grano de polen) consta de dos a tres células; el femenino (saco embrionario) suele constar de siete células y ocho núcleos (Raven et al. 2013). La doble fecundación, descubierta por S.G. Navashin, asegura la formación de un cigoto diploide (embrión) y un endospermo triploide (tejido nutritivo), lo que constituye un rasgo único de las plantas con flor (Roland & Roland 1980; Yakovlev et al. 2003).
A diferencia de las gimnospermas, en las angiospermas los óvulos están completamente encerrados dentro del ovario, y tras la fecundación el ovario se convierte en fruto, lo que aumenta la protección y la eficiencia en la dispersión de las semillas (Lersten 2004). Así, el ciclo de vida de las angiospermas representa el nivel más alto de adaptación a la vida terrestre, donde la alternancia de fases nucleares (haploide y diploide) está estrechamente vinculada con la especialización morfológica de la flor, los procesos de polinización, la doble fecundación y la formación de la semilla y el fruto (Yakovlev et al. 2003; Mauseth 2017).

