Ciclos de desarrollo (reproducción) de las plantas

Actualizado: 07 Junio 2026EnglishРусский

Para entender cómo viven, se reproducen y evolucionan las plantas, no basta con conocer la estructura de la flor o los mecanismos de polinización. Es necesario considerar la planta como un sistema dinámico que atraviesa de manera regular una serie de etapas sucesivas, genéticamente determinadas, desde la formación del cigoto hasta la muerte natural. Este proceso de desarrollo individual de un organismo se denomina ontogenia (Evert, 2006; Yakovlev et al., 2008). Sin embargo, al hablar de reproducción, la botánica utiliza un concepto más restringido pero fundamental: el ciclo de desarrollo (reproducción) de las plantas, que en la literatura occidental se denomina más a menudo ciclo vital (life cycle).

Ciclo de desarrollo (reproducción) de las plantas es la alternancia regular a lo largo de las generaciones de dos fases principales: el gametofito (generación haploide que produce gametos) y el esporofito (generación diploide que produce esporas), que asegura la reproducción de individuos semejantes y el cambio de fases nucleares (n → 2n → n). Los eventos clave aquí son la meiosis, que da lugar a esporas haploides, y la fecundación, que restaura el conjunto diploide de cromosomas en el cigoto (Graham et al., 2014).

Es importante establecer de inmediato una distinción fundamental entre dos conceptos cercanos pero no idénticos. Primero, la ontogenia —el desarrollo individual de un organismo concreto (por ejemplo, un roble o un helecho) desde su origen hasta su muerte. Segundo, el ciclo reproductivo (generativo) —la parte de la ontogenia relacionada con la formación de órganos y células especializados para la reproducción sexual (Serebryakova et al., 2006). Es precisamente el ciclo reproductivo el eslabón central en la alternancia de generaciones.

En la mayoría de los animales y en el ser humano, el ciclo vital parece relativamente simple: un organismo adulto diploide (2n) produce gametos haploides (n) por meiosis, que tras la fecundación dan origen a un nuevo individuo diploide. La fase haploide aquí está representada únicamente por gametos unicelulares o pluricelulares, que no son capaces de existir de forma independiente ni de crecer. En las plantas, sin embargo, la evolución siguió un camino más complejo, y la base de su reproducción es la alternancia de generaciones (Mauseth, 2017).

En todas las plantas superiores (Embryophyta) y en muchas algas, el ciclo vital incluye dos cuerpos pluricelulares que se suceden:

  • Esporofito (del griego spora y phyton — planta) — es la generación diploide (2n). Es lo que vemos más a menudo en la naturaleza: árboles, hierbas, helechos, colas de caballo. En el esporofito, en órganos especializados (esporangios), se forman esporas haploides como resultado de la meiosis (Simpson, 2010; Yakovlev et al., 2008). Las esporas sirven para la reproducción asexual y la dispersión, pero, más importante aún, dan origen a la siguiente generación: el gametofito.

  • Gametofito (del griego gamete y phyton) — es la generación haploide (n). Se desarrolla a partir de una espora mediante divisiones mitóticas. En el gametofito se forman los órganos sexuales (gametangios): los masculinos —anteridios, en los que maduran los espermatozoides (o espermios), y los femeninos —arquegonios (en plantas con esporas y gimnospermas) o sacos embrionarios (en angiospermas), que contienen las ovocélulas (Raven et al., 2013).

Solo tras la fusión de los gametos (fecundación) se forma un cigoto diploide, a partir del cual, por mitosis, se desarrolla de nuevo un esporofito pluricelular. Así se cierra el ciclo.

Esta diferencia fundamental en la estructura del ciclo vital de plantas y animales fue demostrada de manera brillante a mediados del siglo XIX por el botánico alemán Wilhelm Hofmeister (Hofmeister, 1851), quien estableció la homología (origen común) de los gametofitos en musgos, helechos, colas de caballo, selaginelas y gimnospermas. Más tarde, a finales del siglo XIX y principios del XX, estos estudios fueron complementados por los trabajos de citólogos rusos y europeos, que descubrieron la meiosis y demostraron que la alternancia de generaciones va acompañada de un cambio de fases nucleares (Renner & Sokoloff, 2024).

Además, el análisis comparativo de los ciclos vitales muestra una clara tendencia evolutiva en el reino vegetal: reducción (simplificación y disminución) del gametofito y desarrollo progresivo del esporofito (Lersten, 2004). En los musgos (Bryophyta) domina el gametofito —la planta verde fotosintética— mientras que el esporofito vive a expensas de él y es efímero. En los helechos (Polypodiophyta), el esporofito se vuelve una planta grande e independiente, y el gametofito (prótalo) es una pequeña lámina, aunque independiente, de unos pocos milímetros. Finalmente, en las plantas con semilla (gimnospermas y angiospermas) se observa la máxima reducción: el gametofito femenino está representado por solo unas pocas células (el saco embrionario), y el masculino por un grano de polen, ambos completamente dependientes del esporofito e incapaces de existir fuera de sus tejidos (Graham et al., 2014; Mauseth, 2017). Fue precisamente esta transición a la reproducción por semillas y el "confinamiento" del gametofito bajo la protección de los tejidos del esporofito lo que se convirtió en el factor clave que permitió a las plantas conquistar plenamente la tierra firme.

Así, el conocimiento del ciclo vital no es un mero dato académico. Es la base para comprender la sistemática (pues el tipo de ciclo es un rasgo diagnóstico crucial de las divisiones de plantas), para manejar la reproducción de especies cultivadas en fitomejoramiento y agronomía, y para explicar las estrategias evolutivas de las plantas en distintos nichos ecológicos. En los siguientes artículos del bloque analizaremos en detalle cómo se organizan concretamente los ciclos vitales en los diferentes grupos: desde el dominio del gametofito en los musgos hasta la doble fecundación única y la formación de semillas en las angiospermas.

1. Esencia y conceptos fundamentales

1.1. El «ciclo de desarrollo» es más amplio que la «reproducción»

En el lenguaje cotidiano, los términos «reproducción» y «ciclo de desarrollo» suelen usarse como sinónimos, pero desde el punto de vista científico existe una diferencia fundamental. Reproducción es la propiedad de los organismos vivos de producir descendientes semejantes a ellos, es decir, crear nueva progenie. Puede ser sexual (con participación de gametos) o asexual (vegetativa o mediante esporas) (Yakovlev et al., 2008).

Ciclo de desarrollo, o ciclo vital, es un concepto más amplio. Abarca no solo el momento de aparición de un nuevo organismo, sino toda la secuencia de eventos desde una etapa de reproducción hasta la siguiente. Incluye: crecimiento, diferenciación de tejidos y órganos (morfogénesis), alcanzar la madurez sexual, formación de células especializadas para la reproducción, la propia reproducción y, finalmente, la terminación regular de la existencia del individuo (Serebryakova et al., 2006; Graham et al., 2014). En otras palabras, la reproducción es un evento clave dentro del ciclo de desarrollo, pero no todo el ciclo.

1.2. Los tres pilares del desarrollo: crecimiento, morfogénesis y reproducción

En la base del desarrollo individual de cualquier planta superior se encuentran tres procesos interrelacionados:

  • Crecimiento: aumento cuantitativo irreversible del tamaño, volumen y masa del organismo y sus partes. En las plantas, a diferencia de los animales, el crecimiento suele producirse durante toda la vida gracias a la actividad de los meristemos —tejidos educativos que conservan la capacidad de división (Evert, 2006). El crecimiento puede ser apical (terminal), intercalar o lateral (secundario).

  • Morfogénesis: proceso de establecimiento de la forma, es decir, la formación de la organización espacial (arquitectura) del organismo. Durante la morfogénesis, a partir de células meristemáticas relativamente homogéneas surgen tejidos especializados (diferenciación) y luego órganos (hojas, tallos, raíces, flores). La morfogénesis está controlada por genes y fitohormonas, y obedece a principios generales como la polaridad, la simetría y la correlación (Yakovlev et al., 2008).

  • Reproducción: fase final del desarrollo individual que asegura el relevo generacional. En las plantas se distinguen tres modos de reproducción: vegetativa (mediante partes del cuerpo vegetativo), asexual (por esporas) y sexual (por gametos). Solo la reproducción sexual conlleva la alternancia de fases nucleares (haplofase y diplofase) y es la base de la evolución del mundo vegetal (Mauseth, 2017).

Estos tres procesos no ocurren de forma aislada, sino simultánea y estrechamente interconectados. Por ejemplo, la transición a la floración (fase reproductiva) suele ir acompañada de una ralentización del crecimiento vegetativo y de profundas reorganizaciones morfogenéticas en el ápice del brote.

1.3. Ciclo vital (ontogenia) frente a ciclo reproductivo

En la literatura botánica se encuentran a menudo dos conceptos cercanos pero no idénticos: ciclo vital (ontogenia) y ciclo reproductivo (generativo).

  • Ciclo vital (ontogenia) abarca todo el período de existencia del individuo, desde la formación del cigoto hasta su muerte natural. En las plantas superiores se suelen distinguir cuatro etapas principales: 1) embrionaria (latente — reposo de la semilla); 2) virginal (juvenil) — desde la germinación de la semilla hasta la primera floración; 3) generativa — período de floración y fructificación repetida (plantas policárpicas) o única (monocárpicas); 4) senil (senescente) — pérdida de la capacidad reproductiva y muerte (Yakovlev et al., 2008).

  • Ciclo reproductivo (generativo) — la parte de la ontogenia directamente relacionada con la reproducción sexual. Incluye la formación de órganos generativos (flores, estróbilos), la formación de esporas (esporogénesis), el desarrollo del gametofito (gametogénesis), la polinización, la fecundación, el desarrollo del embrión, la semilla y el fruto (Lersten, 2004). El ciclo reproductivo puede repetirse muchas veces (en plantas perennes) o tener lugar solo una vez (en anuales y monocárpicas).

Para fines prácticos (fitomejoramiento, producción de semillas, técnicas agrícolas) es importante distinguir claramente estos conceptos. Por ejemplo, un tratamiento que estimula la floración actúa precisamente sobre el ciclo reproductivo, sin afectar la duración total de la vida de la planta.

1.4. Fases nucleares: haploide (n) y diploide (2n) — base de la alternancia de generaciones

La diferencia clave entre la reproducción sexual de las plantas y la asexual o vegetativa radica en la alternancia regular del número de cromosomas en los núcleos celulares. Todo organismo eucariota tiene un nivel de ploidía característico de su especie: el número de conjuntos completos de cromosomas en el núcleo celular. En el ciclo vital de las plantas (y de todos los eucariotas con reproducción sexual) existen dos fases nucleares principales:

  • Fase haploide (n): las células contienen un único conjunto (mitad) de cromosomas. En esta fase se encuentran las esporas y todo el gametofito (sus células vegetativas, así como los gametos no fecundados — ovocélulas y espermatozoides/espermios) (Raven et al., 2013).

  • Fase diploide (2n): las células contienen un doble conjunto (pareado) de cromosomas (uno de cada progenitor). En esta fase se encuentran el cigoto (óvulo fecundado) y todo el esporofito, incluidos sus tejidos somáticos y las células esporógenas (Mauseth, 2017).

La transición de la fase haploide a la diploide se produce mediante la fecundación — fusión de dos gametos haploides (n + n = 2n). La transición inversa —de diploide a haploide— se realiza mediante meiosis (división reduccional), que tiene lugar en las células diploides de los esporangios (microsporangios y megasporangios). Como resultado de la meiosis, a partir de una célula madre diploide de esporas (micro‑ o megasporocito) se forman cuatro esporas haploides (Graham et al., 2014). Es importante subrayar que, en las plantas, a diferencia de los animales, la meiosis no sirve para formar gametos, sino para formar esporas. Los gametos se forman en el gametofito mediante mitosis (división ecuacional).

Así, la alternancia de fases nucleares es la base citológica de la alternancia de generaciones. Sin meiosis sería imposible mantener la constancia del número de cromosomas a lo largo de las generaciones en la reproducción sexual, y sin fecundación no sería posible combinar en el cigoto los materiales hereditarios de dos progenitores, lo que crea la diversidad genética —la principal materia prima para la selección natural y la evolución (Serebryakova et al., 2006). El esporofito diploide tiene una ventaja sobre el gametofito haploide, ya que las mutaciones recesivas perjudiciales no se expresan en él (son suprimidas por el alelo normal en el cromosoma homólogo) —esta es una de las razones del «engrandecimiento» y complejización evolutiva del esporofito junto con la reducción del gametofito en las plantas superiores (Renner & Sokoloff, 2024).

2. Significado biológico y evolutivo

2.1. Plasticidad evolutiva: cómo el ciclo vital determina las capacidades adaptativas de la especie

La existencia de dos generaciones —el gametofito haploide y el esporofito diploide— proporciona a las plantas una plasticidad evolutiva única. La división de funciones entre ellas permite a la especie aprovechar simultáneamente las ventajas tanto del estado haploide como del diploide (Graham et al., 2014). Esta característica del ciclo vital se convirtió en un factor clave que permitió a las plantas colonizar los nichos ecológicos más diversos —desde bosques húmedos y sombreados hasta desiertos secos y altas montañas (Renner & Sokoloff, 2024).

El cambio en la proporción de la duración de vida y la complejidad estructural del gametofito y el esporofito es una de las principales vías de la evolución de las plantas. Como se mostrará en los siguientes artículos del bloque, en los musgos domina el gametofito, en los helechos el esporofito es independiente pero ya más potente, y en las plantas con semilla el esporofito alcanza enormes dimensiones y complejidad, mientras que el gametofito se reduce a pocas células completamente dependientes de la planta madre (Mauseth, 2017). Esta tendencia refleja un aumento de la adaptabilidad: un esporofito grande y complejo resiste mejor la sequía, los cambios de temperatura y los daños mecánicos, mientras que el gametofito microscópico está bien protegido contra la desecación por los tejidos del esporofito.

2.2. Ventajas y limitaciones de las diferentes fases nucleares

La alternancia de fases nucleares (n → 2n → n) no es solo un mecanismo citológico, sino un rasgo adaptativo crucial que determina la estrategia de supervivencia de la especie en condiciones cambiantes.

Fase haploide (gametofito)

La principal ventaja del estado haploide es la exposición del genoma a la selección. Dado que en el gametofito todos los genes están presentes en una sola copia, cualquier alelo mutante, incluso recesivo, se manifiesta inmediatamente en el fenotipo (Raven et al., 2013). En entornos inestables o estresantes, esto permite eliminar rápidamente las mutaciones letales y, por el contrario, fijar las beneficiosas. El gametofito haploide actúa como un «filtro»: los individuos con genes dañados mueren sin dejar descendencia, lo que reduce la carga genética en la población.

Sin embargo, la fase haploide también tiene un inconveniente importante: la falta de redundancia genética. Cualquier mutación en un gen esencial conduce inmediatamente a la muerte de la célula o de todo el organismo. El haploide no puede «ocultar» un alelo perjudicial detrás de una copia sana en el cromosoma homólogo (Serebryakova et al., 2006). Precisamente por eso, en los animales pluricelulares, donde las células están diferenciadas y no pueden reemplazarse fácilmente, la fase haploide se reduce al mínimo (solo gametos). En las plantas, gracias a su estructura descentralizada y su capacidad de regeneración, la fase haploide se ha conservado como un organismo pluricelular independiente (o semilibre), pero durante la evolución se ha ido reduciendo cada vez más.

Fase diploide (esporofito)

El esporofito diploide tiene propiedades radicalmente diferentes. Su principal ventaja es la acumulación y protección de la variabilidad genética. Los individuos heterocigotos pueden mantener mutaciones recesivas de forma «oculta» (en estado heterocigoto), sin perderlas pero tampoco sufriendo sus efectos (Graham et al., 2014). En cruzamientos posteriores, estas mutaciones pueden recombinar y dar nuevas combinaciones alélicas, a veces útiles.

Además, la diploidía permite fenómenos como la heterosis (vigor híbrido) —la superioridad de las plantas híbridas sobre las formas parentales en diversos caracteres (rendimiento, tolerancia a estreses). La heterosis se manifiesta precisamente en los híbridos diploides gracias a la interacción de alelos de diferentes progenitores (Mauseth, 2017).

La limitación de la fase diploide es la inercia de la selección. Las mutaciones recesivas perjudiciales pueden acumularse durante largo tiempo en la población sin ser eliminadas por la selección, y manifestarse solo al pasar a estado homocigoto (por ejemplo, mediante endogamia). Además, un organismo diploide requiere más gastos energéticos y metabólicos para mantener dos copias del genoma.

2.3. Relación con los nichos ecológicos: plantas acuáticas frente a terrestres

El tipo de ciclo vital y la fase dominante están estrechamente relacionados con las condiciones ecológicas, especialmente con la disponibilidad de agua.

Plantas acuáticas y semiacuáticas (algas, algunas plantas con esporas): En muchas algas (por ejemplo, Ulva o Chlamydomonas) se observa una alternancia isomorfa de generaciones, donde gametofito y esporofito son indistinguibles externamente, o domina la fase haploide (Raven et al., 2013). En el medio acuático, donde los espermatozoides se mueven fácilmente y las esporas y cigotos no se desecan, no hay una necesidad apremiante de una fuerte protección del gametofito. Las algas suelen utilizar meiosis cigótica (meiosis inmediatamente después de la formación del cigoto), de modo que la fase diploide está representada solo por el cigoto (Graham et al., 2014).

Plantas terrestres (desde musgos hasta angiospermas): Al salir a la tierra firme, el principal problema fue la desecación. Las esporas y los gametos necesitan protección contra la sequedad. Además, para la fecundación, las plantas con esporas (musgos, helechos, colas de caballo) todavía necesitan agua líquida para que los espermatozoides puedan nadar hasta la ovocélula (Yakovlev et al., 2008). Esto limita su distribución a hábitats húmedos.

La respuesta evolutiva a estos desafíos fue la reducción del gametofito y el fortalecimiento del esporofito. En las plantas con semilla (gimnospermas y angiospermas), la fecundación ocurre sin agua libre —mediante el tubo polínico (sifonogamia) (Mauseth, 2017). El gametofito masculino (grano de polen) está cubierto por una cubierta resistente a la desecación (esporopolenina) y es transportado por el viento o los animales. El gametofito femenino (saco embrionario) está completamente oculto dentro de los tejidos del esporofito (en el óvulo). Esto permitió a las plantas colonizar las regiones más áridas del planeta.

Así, el cambio de generación dominante en el ciclo vital no es casual, sino el resultado regular de la adaptación a la vida terrestre. El esporofito, como fase diploide más grande, longeva y complejamente organizada, resultó evolutivamente más ventajoso para la conquista de la tierra firme que el gametofito haploide, que sobrevivió solo en forma reducida y protegida (Renner & Sokoloff, 2024). En los siguientes artículos del bloque veremos con ejemplos concretos cómo se realizó esta tendencia en las distintas divisiones de plantas.

3. Clasificación de las variantes de los ciclos vitales

La diversidad de los ciclos vitales de las plantas se puede clasificar según varios criterios clave. Los principales son: el tipo de fase reduccional (meiosis), que determina en qué momento del ciclo se produce la transición de la fase diploide a la haploide, y la relación morfológica de las generaciones (gametofito y esporofito) (Raven et al., 2013; Graham et al., 2014). Además, es importante la capacidad de la especie para producir esporas de uno o dos tipos (homosporia o heterosporia), lo que está estrechamente relacionado con la biología de la reproducción sexual.

3.1. Criterios de clasificación

Según la fase dominante (gametofito/esporofito)

Este criterio refleja la tendencia evolutiva discutida en la sección anterior. Dependiendo de qué generación —el gametofito haploide o el esporofito diploide— ocupa la mayor parte del ciclo vital y posee mayor complejidad estructural, se distinguen:

  • Ciclos con dominio del gametofito: característicos de los musgos (Bryophyta) y de muchas algas. El esporofito está reducido, es efímero y depende fisiológicamente del gametofito (Simpson, 2010).

  • Ciclos con dominio del esporofito: propios de todas las plantas vasculares (helechos, gimnospermas, angiospermas). El gametofito está reducido (desde un prótalo pequeño pero independiente en helechos hasta un grano de polen microscópico y un saco embrionario en las angiospermas) (Mauseth, 2017).

Según el tipo de fase reduccional (localización de la meiosis)

Este criterio se considera fundamental para la embriología comparada de plantas y algas. Según cuándo se produce la meiosis en el ciclo vital, se distinguen tres tipos principales (Graham et al., 2014; Raven et al., 2013):

  • Meiosis gamética (gametic meiosis) (terminal). La meiosis ocurre inmediatamente antes de la formación de gametos. El organismo diploide (2n) produce gametos haploides (n), que luego se fusionan para formar un cigoto (2n), a partir del cual se desarrolla de nuevo un organismo diploide. La fase haploide está representada solo por los gametos. Este tipo es característico de la mayoría de los animales, y entre las plantas se encuentra en algunas algas verdes y pardas (por ejemplo, en el alga parda Fucus) y en las diatomeas (Graham et al., 2014).

  • Meiosis cigótica (zygotic meiosis) (inicial). La meiosis ocurre inmediatamente después de la formación del cigoto, durante su germinación. El cigoto es la única célula diploide en el ciclo vital. A partir de las esporas haploides producidas por meiosis se desarrollan individuos haploides (n), que producen gametos por mitosis. Los gametos se fusionan para formar un cigoto y el ciclo se repite. Este tipo es característico de muchas algas verdes (por ejemplo, Chlamydomonas, Ulothrix), así como de hongos y algunos protistas (Raven et al., 2013).

  • Meiosis esporádica (sporic meiosis) (intermedia, o alternancia de generaciones). La meiosis ocurre en los esporangios del esporofito diploide (2n), produciendo esporas haploides (n). Las esporas germinan para dar un gametofito haploide (n), que produce gametos por mitosis. Tras la fecundación se forma un cigoto diploide, que se desarrolla en un esporofito pluricelular. Este tipo es característico de todas las plantas superiores (Embryophyta) y de algunas algas (por ejemplo, Ulva — lechuga de mar, Laminaria — laminaria) (Mauseth, 2017; Graham et al., 2014).

Es la meiosis esporádica la que subyace en la alternancia de generaciones en las plantas. Todos los ciclos vitales que se tratarán en los siguientes artículos detallados de nuestro bloque pertenecen a este tipo.

3.2. Cuatro modelos básicos

La combinación de los dos criterios —fase dominante y tipo de producción de esporas (homosporia o heterosporia)— permite distinguir varios modelos básicos de ciclos vitales, que analizaremos en detalle en los siguientes artículos.

  1. Ciclo haplofásico con dominio del gametofito (gametofito‑dominante):

    • Tipo de meiosis: esporádica (meiosis en el esporangio del esporofito).

    • Generaciones: esporofito reducido (cápsula sobre un pie), gametofito es una planta grande, independiente y fotosintética (musgosa o talosa).

    • Esporas: generalmente homosporia (isosporia).

    • Ejemplo: briofitas (Bryophyta). La «planta de musgo» verde es el gametofito haploide, mientras que la cápsula pardusca sobre un pie es el esporofito diploide, que se nutre del gametofito (Simpson, 2010). Este modelo se tratará en detalle en el artículo «Ciclo vital con dominio del gametofito (ejemplo de las briofitas)».

  2. Ciclo diplofásico con dominio del esporofito en plantas con esporas:

    • Tipo de meiosis: esporádica.

    • Generaciones: esporofito es una planta grande, longeva y fotosintéticamente independiente (con raíces, tallos, hojas). El gametofito (prótalo) es una planta pequeña (de pocos milímetros), efímera, pero independiente, que vive separada del esporofito.

    • Esporas: frecuentemente homosporia (en la mayoría de los helechos, colas de caballo), pero también se da heterosporia (en selaginelas, marsileas, salvinia) (Raven et al., 2013).

    • Ejemplo: helechos (Polypodiophyta). Las frondes (hojas) del helecho son parte del esporofito diploide. En el envés de las hojas se forman esporangios (agrupados en soros), en los que, tras la meiosis, maduran las esporas. A partir de una espora crece un pequeño prótalo acorazonado (gametofito), que produce de forma independiente espermatozoides y ovocélulas. La fecundación ocurre en agua líquida (Graham et al., 2014). Este modelo se desarrollará en el artículo «Ciclo vital con dominio del esporofito en plantas con esporas (ejemplo de los helechos)».

  3. Ciclo haplodiplofásico con dominio del esporofito en plantas con semilla (heterosporas):

    • Tipo de meiosis: esporádica.

    • Generaciones: esporofito muy desarrollado, a menudo leñoso. Los gametofitos están muy reducidos, no son capaces de nutrición independiente y se desarrollan dentro de la espora sin salir de su cubierta (desarrollo endospórico). Gametofito masculino — grano de polen (consta de una célula vegetativa que produce el tubo polínico y una célula generativa que da dos espermios). Gametofito femenino — saco embrionario (en angiospermas) o endospermo pluricelular con arquegonios (en gimnospermas).

    • Esporas: solo heterosporia. Microsporas (polen) y megasporas (óvulos) difieren marcadamente en tamaño y función.

    • Ejemplo: gimnospermas (Gymnospermae) y angiospermas (Angiospermae). Aquí el esporofito domina completamente, y los gametofitos están reducidos al máximo y dependen totalmente del esporofito (Mauseth, 2017; Lersten, 2004). El sentido evolutivo de esta reducción es la protección de las frágiles células sexuales contra la desecación y la creación de mecanismos para la fecundación sin agua libre (sifonogamia).

  4. Tipo semilla: en esencia, es un caso particular del ciclo haplodiplofásico de las plantas con semilla, pero merece una mención aparte por sus características únicas.

    • El gametofito femenino (saco embrionario) no produce arquegonios (sin arquegonios). La ovocélula surge de una única célula del gametofito, no dentro de un arquegonio pluricelular.

    • Es característica la doble fecundación (solo en angiospermas): un espermio se fusiona con la ovocélula (formando el cigoto), el segundo se fusiona con la célula central diploide (o poliploide) del saco embrionario, formando un endospermo triploide —tejido nutritivo para el embrión (Lersten, 2004; Raven et al., 2013).

    • El óvulo (megasporangio) está rodeado por cubiertas (integumentos) y se convierte en semilla. El grano de polen (microspora) se traslada al estigma del pistilo (en angiospermas) o al óvulo (en gimnospermas), donde germina formando un tubo polínico.

Estos cuatro modelos básicos no son compartimentos estancos; forman una serie evolutiva que refleja la adaptación progresiva a la vida terrestre. En los siguientes artículos del bloque, cada uno de estos modelos se examinará en detalle, con énfasis en los mecanismos específicos de esporo‑ y gametogénesis, las características estructurales de los gametofitos y esporofitos, así como los aspectos ecológicos y evolutivos de cada variante del ciclo vital.

4. Alternancia de generaciones y cambio de fases nucleares

Como ya se señaló en las secciones 1 y 3, una característica fundamental del ciclo vital de las plantas superiores es la alternancia de generaciones —la sucesión regular de dos formas pluricelulares: el esporofito diploide y el gametofito haploide (Raven et al., 2013). Este tema es tan importante para comprender la evolución y la sistemática de las plantas que se le dedicará un artículo separado en nuestro bloque. Aquí solo definiremos brevemente los conceptos clave y trazaremos el esquema general de transición entre fases, para preparar al lector para un análisis más profundo en las siguientes publicaciones.

4.1. Gametofito y esporofito: esquema general de transición

Todo el ciclo vital de una planta con reproducción sexual puede representarse como una conmutación secuencial entre dos «modos» de existencia: haploide y diploide.

  1. Punto de partida — cigoto (2n): Tras la fecundación se forma un cigoto diploide. No sufre meiosis, como ocurriría en animales o en algas con meiosis cigótica, sino que comienza a dividirse por mitosis, formando un embrión pluricelular. Así comienza el desarrollo del esporofito —la generación diploide (Mauseth, 2017).

  2. Esporofito (2n) → esporas (n): El esporofito adulto alcanza la madurez sexual. En él, en órganos especializados —esporangios— se produce la meiosis. Como resultado de la meiosis, a partir de las células madre diploides de las esporas (esporocitos) se forman esporas haploides (Graham et al., 2014). Aquí radica la diferencia clave entre plantas y animales: en las plantas, la meiosis no sirve para formar gametos, sino para formar esporas.

  3. Esporas (n) → gametofito (n): Las esporas no se fusionan entre sí (como hacen los gametos). En su lugar, cada espora germina y, mediante mitosis, forma un cuerpo haploide pluricelular —el gametofito (Simpson, 2010).

  4. Gametofito (n) → gametos (n): En el gametofito se forman los órganos sexuales —gametangios. En ellos, por mitosis (¡no meiosis!), se desarrollan los gametos —masculinos (espermatozoides o espermios) y femeninos (ovocélulas) (Yakovlev et al., 2008).

  5. Fecundación (n + n = 2n): Se produce la fusión de dos gametos (fecundación), que restaura el conjunto diploide de cromosomas. Se forma un cigoto, que dará origen a un nuevo esporofito. El ciclo se cierra.

El punto clave que debe asimilarse antes de leer los siguientes artículos es: en las plantas, las esporas y los gametos son células fundamentalmente diferentes. Las esporas son el resultado de la meiosis; son haploides y sirven para la reproducción asexual y la dispersión, así como para el desarrollo del gametofito. Los gametos son el resultado de la mitosis en el gametofito; también son haploides, pero su única función es la fusión durante la fecundación.

4.2. Diferencias funcionales entre gametofito y esporofito

Aunque tanto el gametofito como el esporofito son fases pluricelulares de una misma planta (en sentido amplio), sus funciones y modo de vida difieren radicalmente. Esta diferenciación funcional se intensificó durante la evolución.

  • Gametofito — la generación «sexual». Su tarea principal es producir gametos y asegurar la fecundación. En las plantas con esporas (musgos, helechos), el gametofito también realiza la fotosíntesis y la absorción de agua y minerales del sustrato (Serebryakova et al., 2006). En las plantas con semilla, los gametofitos están reducidos y se nutren del esporofito, habiendo perdido por completo la actividad fotosintética.

  • Esporofito — la generación «asexual» (en el sentido de que produce esporas, no gametos). Es en esta etapa donde ocurren la meiosis y la recombinación genética, que proporcionan variabilidad. El esporofito, por lo general, es más grande y complejo que el gametofito; realiza funciones de fotosíntesis, conducción, almacenamiento de nutrientes y síntesis de metabolitos secundarios. En helechos y plantas con semilla, es el esporofito el organismo principal y ecológicamente dominante (Graham et al., 2014).

4.3. Tendencias evolutivas: de esporas a semillas

Al analizar los ciclos vitales de las distintas divisiones de plantas, se observa una clara tendencia evolutiva, que recorre toda la sección 3 y se ilustrará detalladamente en los siguientes textos del bloque:

  • De la homosporia a la heterosporia: Las primeras plantas terrestres (musgos, la mayoría de los helechos) eran homosporas —producían esporas de un solo tipo. Durante la evolución surgió la heterosporia: producción de microsporas pequeñas y megasporas grandes. Las microsporas dan origen a gametofitos masculinos, las megasporas a femeninos (Raven et al., 2013).

  • Reducción del gametofito: Desde los musgos hasta las angiospermas, se observa una simplificación y disminución progresiva del gametofito. En musgos, el gametofito es toda la planta. En helechos, es un prótalo pequeño pero independiente. En gimnospermas, el gametofito femenino es un tejido nutritivo pluricelular (aunque compacto) (endospermo primario) con varios arquegonios, y el masculino es un grano de polen de pocas células. En angiospermas, el gametofito femenino (saco embrionario) consta de solo 7 células (8 núcleos), y el masculino de 2–3 células (Mauseth, 2017).

  • Complejización y protección del esporofito: Paralelamente a la reducción del gametofito, el esporofito se complejiza y agranda. Desarrolla raíces, tallos, hojas complejas y un sistema conductor eficiente (xilema y floema). Lo más importante es la aparición de la semilla: estructura protegida por cubiertas (integumentos) que contiene el embrión (nuevo esporofito) y una reserva de nutrientes (endospermo —que en gimnospermas es el gametofito femenino haploide, y en angiospermas es un tejido triploide resultante de la doble fecundación) (Lersten, 2004).

Así, la semilla, con sus cubiertas protectoras, sus reservas nutritivas y su capacidad de latencia prolongada, se convirtió en la innovación evolutiva clave que permitió a las plantas con semilla ocupar una posición dominante en la Tierra. El examen detallado de la alternancia de generaciones en musgos, helechos, gimnospermas y angiospermas, así como el análisis del significado evolutivo de la heterosporia y la reducción del gametofito, se aborda en el siguiente artículo de nuestro bloque: «Alternancia de generaciones y cambio de fases nucleares».

5. Desviaciones y modificaciones adaptativas

El modelo clásico de alternancia de generaciones con fusión obligada de gametos (anfimixis) descrito anteriormente no se realiza en todas las plantas. Durante la evolución y en respuesta a diversas condiciones ambientales surgieron formas especiales de reproducción en las que el proceso sexual se modifica o se elimina por completo. Estas desviaciones permiten a las plantas conservar y propagar genotipos exitosos, colonizar nuevos territorios y sobrevivir períodos desfavorables sin los costos de buscar pareja y formar gametos (Graham et al., 2014). En esta sección consideraremos brevemente tres tipos principales de estas modificaciones: apomixis, apomixis obligada y facultativa, y regeneración.

5.1. Apomixis: reproducción sin fecundación

El término apomixis (del griego a‑ — sin, mixis — mezcla) en sentido amplio abarca todos los modos de reproducción en los que un nuevo organismo se desarrolla a partir de células del gametofito o del esporofito sin fusión de gametos masculinos y femeninos. En un sentido más restringido, más usado en botánica, apomixis es la formación de semillas sin fecundación (agamospermia) (Lersten, 2004; Yakovlev et al., 2008). La reproducción apomíctica está muy extendida entre las plantas con flores (se encuentra en más de 300 géneros de 80 familias) y es especialmente característica de las asteráceas (Asteraceae), rosáceas (Rosaceae), gramíneas (Poaceae) y ranunculáceas (Ranunculaceae) (Raven et al., 2013).

Según las células que dan origen al embrión, se distinguen varias formas de apomixis:

  • Diplosporia: el embrión se desarrolla a partir de una célula arquesporial no reducida (diploide) o de una megaspora formada sin meiosis. El gametofito femenino se forma, pero su ovocélula es diploide y se desarrolla partenogenéticamente (sin fecundación).

  • Aposporia: el embrión se desarrolla a partir de células somáticas del nucelo (tejido del óvulo) o de los integumentos. Se forma un gametofito femenino diploide, y la ovocélula también se desarrolla partenogenéticamente.

  • Embriogénesis adventicia: los embriones (embrioides) surgen directamente de células somáticas diploides del nucelo o de los integumentos, saltándose la etapa del gametofito. Esta es la forma más «vegetativa» de apomixis, equivalente a una clonación dentro de la semilla. Es característica de los cítricos (Citrus), el mango (Mangifera) y algunas orquídeas.

La apomixis tiene una gran importancia para la agricultura y el fitomejoramiento. Muchas variedades de cultivos (por ejemplo, algunas formas de manzano, peral, zarzamora) se reproducen apomícticamente, lo que permite conservar caracteres valiosos a lo largo de las generaciones. Sin embargo, la apomixis crea dificultades para los fitomejoradores, ya que impide la obtención de descendencia híbrida.

5.2. Apomixis obligada frente a facultativa

Según el grado de obligatoriedad de la apomixis en el ciclo vital, se distinguen dos tipos:

  • Apomixis obligada (obligatoria): la planta se reproduce solo apomícticamente. La ausencia total de proceso sexual es característica de muchas especies de hieracios (Hieracium), poa (Poa), diente de león (Taraxacum officinale) y algunos helechos (por ejemplo, Dryopteris affinis ssp. affinis) (Graham et al., 2014). Tales especies son clones en los que la diversidad genética se mantiene solo a través de mutaciones raras.

  • Apomixis facultativa (opcional): la planta puede reproducirse tanto sexual como apomícticamente. Esta es la variante más común. La apomixis facultativa proporciona a la especie plasticidad evolutiva: en condiciones estables se fijan genotipos exitosos mediante semillas sin fecundación, mientras que en condiciones cambiantes aumenta el papel de la polinización cruzada, que garantiza la recombinación genética. Un ejemplo clásico son algunas especies de poa (Poa pratensis) y agrostis (Agrostis) (Raven et al., 2013).

La proporción entre apomixis y anfimixis en una misma especie puede variar según la latitud geográfica, la altitud y las condiciones climáticas de la estación. En condiciones desfavorables para la polinización (por ejemplo, en alta montaña o en el Ártico), la proporción de semillas apomícticas aumenta.

5.3. Regeneración como vía para completar el ciclo ante la alteración del proceso sexual

Regeneración es la capacidad de las plantas para restaurar partes perdidas del cuerpo o desarrollarse a partir de fragmentos individuales de órganos vegetativos. En el contexto del ciclo vital, la regeneración desempeña el papel de una «opción de respaldo» de reproducción cuando el proceso sexual normal no es posible por alguna razón (Serebryakova et al., 2006).

  • Regeneración natural: está muy extendida en muchas plantas. Por ejemplo, el sauce (Salix) enraíza fácilmente a partir de ramas rotas; el álamo temblón (Populus tremula) produce abundantes retoños de raíz; la elodea canadiense (Elodea canadensis) en Europa se reproduce exclusivamente de forma vegetativa (solo individuos femeninos), colonizando masas de agua mediante regeneración a partir de fragmentos del tallo (Yakovlev et al., 2008). En los helechos (por ejemplo, Asplenium o Ceratopteris), pueden formarse yemas adventicias en las hojas (frondes), que se desprenden y dan lugar a nuevas plantas —una forma de regeneración que imita la reproducción por semillas.

  • Regeneración in vitro: se utiliza en biotecnología vegetal para la micropropagación clonal. A partir de un trozo de tejido (explante) en un medio nutritivo se puede obtener una planta entera (callo → regeneración de brotes y raíces). Esto demuestra la totipotencia de las células vegetales —la capacidad de cualquier célula viva (en ciertas condiciones) de realizar el programa genético completo de desarrollo (Lersten, 2004).

La importancia ecológica de la regeneración es especialmente grande para las especies que habitan en hábitats perturbados (deslizamientos, incendios, espacios antropogénicos), donde el crecimiento vegetativo permite ocupar rápidamente el espacio liberado. Además, para muchas plantas cultivadas (papa, batata, fresa, bulbosas), la regeneración vegetativa se ha convertido en el principal modo de reproducción, asegurando la uniformidad genética de las plantaciones varietales.

Así, las desviaciones y modificaciones adaptativas del ciclo vital —apomixis y regeneración— no son anomalías, sino importantes estrategias evolutivas que amplían el espectro ecológico de las especies y garantizan su resiliencia en condiciones cambiantes. El estudio detallado de estos fenómenos a nivel molecular‑genético (en particular, los mecanismos de partenogénesis, aposporia y embriogénesis adventicia) se abordará en artículos sobre fisiología y genética vegetal, así como en materiales de biotecnología.

6. Importancia para la sistemática y la agronomía

El estudio de los ciclos vitales de las plantas no solo tiene un valor teórico fundamental para comprender la evolución, sino que también tiene aplicaciones directas en campos prácticos: sistemática, fitomejoramiento, producción de semillas y agricultura en general. El tipo de ciclo vital, las características de la esporo‑ y gametogénesis, y la naturaleza de la alternancia de generaciones son rasgos diagnósticos cruciales y, al mismo tiempo, herramientas para gestionar el proceso productivo.

6.1. Rasgo diagnóstico en sistemática

La embriología comparada y el estudio de los ciclos vitales han servido durante mucho tiempo como una fuente fiable de caracteres para clasificar las plantas en todos los niveles —desde la división hasta el género (Davis, 1966; Johri et al., 1992). El ciclo vital es uno de los criterios clave para delimitar los grandes taxones.

Divisiones: La propia presencia y proporción del gametofito y el esporofito permiten separar claramente las briofitas (Bryophyta) de las plantas vasculares (Tracheophyta). En las briofitas domina el gametofito, y el esporofito está reducido y unido al gametofito. En el resto de las plantas superiores domina el esporofito (Simpson, 2010). Las diferencias en el ciclo vital son uno de los principales criterios para distinguir las divisiones de helechos (Polypodiophyta), gimnospermas (Pinophyta) y angiospermas (Magnoliophyta) (Raven et al., 2013).

Órdenes y familias: Los tipos de desarrollo del embrión (por ejemplo, tipo Onagrad, tipo Asterad), la estructura del endospermo (nuclear, celular, helobial), la morfología de los granos de polen (monocolpados o tricolpados) son rasgos ampliamente utilizados en la sistemática de las angiospermas, especialmente en los sistemas filogenéticos (APG) (Lersten, 2004). Por ejemplo, el orden Asterales se caracteriza por un tipo específico de desarrollo del embrión —el tipo Asterad—, mientras que la mayoría de las monocotiledóneas presentan el tipo Onagrad o sus variantes.

Géneros y especies: La microestructura del polen (escultura de la exina, número y disposición de las aberturas) es a menudo única para cada especie y se utiliza en palinología para la identificación de plantas, incluidas las fósiles (Mauseth, 2017). Por ejemplo, el polen de abedul (Betula) se distingue fácilmente del polen de roble (Quercus) por el número de poros y el patrón de engrosamientos de la exina. El tipo de apomixis (obligada o facultativa) puede ser un carácter específico, como en algunas especies de hieracio (Hieracium) y diente de león (Taraxacum) (Graham et al., 2014).

Por lo tanto, para determinar profesionalmente la posición sistemática de una planta, el conocimiento de su ciclo vital es a menudo tan necesario como la morfología de los órganos vegetativos.

6.2. Marco agronómico: aspectos aplicados

El conocimiento de los ciclos vitales es la clave para resolver muchos problemas prácticos en agricultura, silvicultura y fitomejoramiento.

Momentos de selección: selección de caracteres en el gametofito o en el esporofito

El gametofito haploide (en plantas con esporas —el prótalo; en plantas con flores —el grano de polen y el saco embrionario) representa un objetivo único para el fitomejoramiento. Dado que todos los genes en el gametofito están presentes en una sola copia, la selección en esta etapa actúa con la máxima eficiencia: las mutaciones recesivas letales y perjudiciales se eliminan de inmediato (Raven et al., 2013). Esta propiedad se utiliza en dos direcciones:

  • Selección gametofítica: Al cultivar polen in vitro, se pueden crear condiciones de estrés (salinidad, alta temperatura, herbicidas) y seleccionar los granos de polen que germinan y forman tubos polínicos. Su genotipo haploide ya contiene alelos beneficiosos de resistencia. Luego, a partir de estos granos de polen se obtienen plantas haploides (mediante androgenesis), se diploidizan y se obtienen líneas homocigotas en solo uno o dos ciclos, en lugar de cinco o seis en la selección clásica (Lersten, 2004).

  • Aceleración de la selección: En los helechos, se puede seleccionar en el gametofito (prótalo) formas resistentes a enfermedades o a la sequía, antes de que se forme el esporofito. Esto ahorra tiempo y recursos, ya que los gametofitos crecen más rápido y ocupan poco espacio.

Control de malezas: alteración de las etapas del ciclo

Cualquier planta maleza es vulnerable en ciertas etapas de su ciclo vital. El conocimiento de estas etapas permite desarrollar medidas de control agronómicas y químicas eficaces.

  • Alteración de la germinación de esporas y semillas: Muchos helechos arvenses (por ejemplo, el helecho común Pteridium aquilinum) se reproducen por esporas. El tratamiento del suelo con herbicidas que inhiben la germinación de las esporas (inhibidores de la síntesis de cutina) puede evitar la aparición de gametofitos y, por tanto, de nuevos esporofitos (Yakovlev et al., 2008).

  • Supresión del gametofito: En los helechos arvenses, en la etapa de pequeño prótalo haploide, las plantas son especialmente sensibles a la sequía y a las bajas temperaturas. El escarificado temprano en primavera o los tratamientos con herbicidas de contacto eliminan eficazmente los gametofitos antes de que puedan producir esporofitos.

  • Bloqueo de la fecundación: En las plantas con esporas dependientes del agua, crear condiciones para un drenaje rápido del agua después de la lluvia (drenaje, perfilado de campos) puede impedir la fecundación, ya que los espermatozoides no podrán alcanzar los arquegonios. Para las malezas con flores, se pueden utilizar inhibidores de la germinación del polen (por ejemplo, ácido bórico o gametocidas químicos específicos) que alteran la polinización y la fecundación.

  • Alteración del desarrollo de la semilla: En las malezas apomícticas (por ejemplo, algunas especies de poa), no sirve de nada controlar la polinización —las semillas se forman sin fecundación. Aquí son eficaces los herbicidas que actúan en las primeras etapas de la formación del embrión (por ejemplo, inhibidores de la síntesis de giberelinas o auxinas) (Graham et al., 2014).

Producción de semillas híbridas: uso del ciclo

Para obtener híbridos F1 heteróticos es necesario un cruzamiento controlado de dos líneas parentales. El conocimiento del ciclo reproductivo permite desarrollar sistemas que previenen la autopolinización.

  • Esterilidad masculina citoplasmática (EMC): Se utiliza en maíz, girasol, arroz, cebolla. Mutaciones en el ADN mitocondrial hacen que el polen sea estéril. La forma materna estéril se poliniza con una línea paterna que tiene polen normal. Las semillas híbridas producidas en la planta materna conservan la heterosis y, además, producen polen fértil (si la EMC no se transmite por el padre) (Lersten, 2004).

  • Esterilidad masculina genética: Se utiliza en tomate, pimiento, col. Se introducen genes recesivos de esterilidad y las semillas híbridas se obtienen en combinaciones especialmente seleccionadas.

  • Autoincompatibilidad: En muchos cultivos frutales (manzano, peral, cerezo, ciruelo) actúa un sistema de autoincompatibilidad gametofítica o esporofítica que impide la germinación del polen en el estigma del mismo árbol o en estigmas de individuos genéticamente cercanos. El conocimiento de estos sistemas permite seleccionar correctamente las variedades polinizadoras para los huertos y crear variedades autocompatibles (Mauseth, 2017).

Referencias

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