Clasificación ecológico-morfológica de I. G. Serebryakov
La clasificación ecológico-morfológica de las formas de vida de I. G. Serebryakov es un sistema jerárquico que une toda la diversidad de hábitos de las plantas con semilla (angiospermas y coníferas) sobre la base de caracteres morfológicos que reflejan adaptaciones clave de los organismos a su entorno. A diferencia de los enfoques fisonómicos o puramente ecológicos, esta clasificación considera la forma de vida como el resultado de un modo de crecimiento y desarrollo históricamente formado y ontogenéticamente condicionado, plasmado en la estructura de sus órganos aéreos y subterráneos (Serebryakov 1962).
En el centro del enfoque de I. G. Serebryakov está la idea de que “la forma de vida es una apariencia general peculiar (hábito) de un grupo determinado de plantas (incluyendo sus órganos aéreos y subterráneos – brotes subterráneos y sistemas radiculares), que surge en su ontogenia como resultado del crecimiento y desarrollo en condiciones ambientales concretas. Este hábito surge históricamente en determinadas condiciones edafoclimáticas como expresión de la adaptación de las plantas a dichas condiciones” (Serebryakov 1962, p. 70). En otras palabras, el aspecto externo de la planta no es accidental, sino un “molde morfológico” de las condiciones y las transformaciones evolutivas que ha sufrido la especie.
Una característica clave de la clasificación de Serebryakov es su carácter ecológico-morfológico y evolutivo. No solo agrupa plantas por similitud de aspecto, sino que establece series regulares que reflejan la dirección principal de la evolución de las formas de vida de las angiospermas – de árboles a hierbas, de plantas perennes a anuales (Serebryakov 1962). Esta transición está asociada a una reducción de la duración de vida de los ejes esqueléticos aéreos – este carácter fue considerado por I. G. Serebryakov como el principal en la formación del hábito (Serebryakov 1962).
Por lo tanto, la clasificación ecológico-morfológica de I. G. Serebryakov no es solo una lista de “árboles, arbustos, hierbas”, sino un sistema coherente que permite:
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analizar la estructura de la planta como un todo integrado (incluyendo los órganos subterráneos);
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explicar el origen y la historia evolutiva de las diferentes formas de vida;
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predecir el comportamiento de las plantas en diversas condiciones ambientales basándose en sus características de hábito (Savinykh 2015).
En las siguientes secciones analizaremos en detalle los criterios principales, la jerarquía y el significado práctico de esta clasificación.
1. Conceptos básicos y esencia del enfoque de I. G. Serebryakov
Para comprender la clasificación ecológico-morfológica, es necesario definir claramente qué es una “forma de vida” desde el punto de vista del fundador de esta escuela científica, Iván Grigórievich Serebryakov.
1.1. Definición de “forma de vida”
En botánica existen muchas definiciones de forma de vida (véanse, por ejemplo, Warming 1908; Raunkiaer 1934). Sin embargo, la definición de I. G. Serebryakov es la más completa y biológicamente sustanciosa. Él entendía por forma de vida no simplemente la apariencia externa (hábito), sino la apariencia general peculiar de un grupo determinado de plantas, incluyendo sus órganos aéreos y subterráneos, que surge en su ontogenia como resultado del crecimiento y desarrollo en condiciones ambientales concretas y se ha formado históricamente en determinadas condiciones edafoclimáticas como expresión de la adaptación a esas condiciones (Serebryakov 1962).
De esta definición se derivan varios puntos importantes:
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Integralidad: La forma de vida incluye no solo lo que vemos sobre el suelo (tronco, ramas, hojas), sino también la esfera subterránea oculta – sistemas radiculares, rizomas, tubérculos, bulbos. Sin los órganos subterráneos es imposible entender cómo la planta hiberna, se regenera y se dispersa.
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Dinámica (ontogenia): La forma de la planta cambia con la edad. Una plántula de roble y un roble centenario son diferentes ontobiomorfas (Khokhryakov 1978). La clasificación de Serebryakov describe, sobre todo, el estado adulto generativo de la planta, es decir, su “biomorfa principal” (Savinykh 2015).
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Historiedad (filogenia): El aspecto moderno de la planta es el resultado de una larga evolución. Grupos de especies emparentadas pueden demostrar series similares de formas de vida (por ejemplo, la transición de árboles a arbustos en diferentes familias), lo que confirma la ley de series homológicas de N. I. Vavílov y permite hablar de un sistema evolutivo de formas de vida (Serebryakov 1962; Savinykh 2015).
1.2. Esencia del enfoque ecológico-morfológico
A diferencia de la clasificación del botánico danés C. Raunkiaer, que utilizaba un solo carácter, aunque muy importante – la posición de las yemas de regeneración respecto a la superficie del suelo (Raunkiaer 1934) –, I. G. Serebryakov propuso un enfoque integral. Su esencia es que el hábito de la planta está determinado por tres grupos de caracteres interrelacionados:
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Duración de vida de los ejes esqueléticos aéreos. Este es el criterio principal por el cual todas las plantas se dividen en divisiones (leñosas, semileñosas y herbáceas). Es el acortamiento del ciclo de vida de los ejes esqueléticos lo que, según Serebryakov, es la vía principal de la evolución de las formas de vida desde los árboles hasta las hierbas anuales (Serebryakov 1962). Por ejemplo, en los árboles los ejes esqueléticos viven decenas o cientos de años; en los arbustos, 10–20 años; en las hierbas, una temporada de crecimiento.
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Patrón de crecimiento y estructura de los sistemas de brotes. Se tiene en cuenta la dirección del crecimiento (ortótropos – crecimiento vertical, plagiótropos – horizontal), el grado de ramificación, la presencia de brotes acortados y alargados (por ejemplo, formas en roseta y semirroseta), así como el tipo de crecimiento (monopodial o simpodial). Estos caracteres determinan la arquitectura de la copa o de la planta en su conjunto (Barthélémy & Caraglio 2007).
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Estructura de los órganos subterráneos y capacidad de regeneración vegetativa. Para las hierbas perennes esto se vuelve clave. I. G. Serebryakov y sus seguidores clasificaron detalladamente los tipos de sistemas radiculares (pivotante, fasciculado), los brotes subterráneos (rizomas – largos y cortos, tubérculos, bulbos, estolones), así como los modos de reproducción vegetativa (Savinykh 2015; Serebryakov 1962).
1.3. Principales criterios de clasificación
Basándose en estos principios, I. G. Serebryakov distinguió cuatro grandes divisiones de formas de vida de plantas con semilla (véase el esquema en la sección 2):
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División A. Plantas leñosas terrestres y epífitas (árboles, arbustos, arbustillos). Caracterizadas por ejes esqueléticos perennes y leñosos.
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División B. Plantas semileñosas (semiarbustos y semiarbustillos). La parte inferior de los brotes se vuelve leñosa y es perenne, mientras que la parte superior es herbácea y muere anualmente.
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División C. Plantas herbáceas terrestres (hierbas perennes y anuales). Los brotes aéreos no se vuelven leñosos y, por regla general, mueren después de la fructificación. La vida de la planta se mantiene mediante órganos subterráneos.
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División D. Hierbas acuáticas (en la clasificación de Serebryakov está representada menos detalladamente que las formas terrestres, y en este artículo no la consideraremos en detalle).
Dentro de cada división, Serebryakov distinguió tipos, clases, subclases, grupos y, finalmente, las propias formas de vida, que son la unidad taxonómica básica del sistema (Serebryakov 1962). Por ejemplo, en la división “Plantas leñosas”, el tipo “Árboles” se divide en clases: “Árboles que forman copa con brotes alargados completamente leñosos”, “Árboles en roseta”, “Árboles de tallo suculento”, etc.
Por lo tanto, la clasificación ecológico-morfológica de I. G. Serebryakov no es solo una guía de identificación de apariencias, sino un sistema evolutivo profundamente pensado que permite leer la historia de la adaptación de la planta a partir de su estructura. Esto es precisamente lo que la convierte en una herramienta indispensable para el agrónomo, el silvicultor o el ecólogo (más sobre el significado práctico en la sección 4).
2. Clasificación y criterios: duración de vida, crecimiento y estructura de los brotes
La clasificación de I. G. Serebryakov (1962) es jerárquica. Se basa en varios criterios clave que permiten distribuir toda la diversidad de formas de vida de las plantas con semilla en divisiones, tipos, clases y unidades taxonómicas más pequeñas.
2.1. El criterio principal: duración de vida de los ejes esqueléticos aéreos
Serebryakov consideraba este criterio como el principal. Determina la pertenencia de la planta a una de las tres grandes divisiones de la clasificación (Serebryakov 1962).
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División de plantas leñosas: se caracteriza por ejes esqueléticos aéreos perennes y leñosos que persisten durante muchos años. Incluye árboles, arbustos y arbustillos.
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División de plantas semileñosas: los ejes esqueléticos aéreos tienen una vida corta: su parte inferior es perenne y leñosa, mientras que la superior es herbácea y muere anualmente. Los representantes típicos son los semiarbustos y semiarbustillos.
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División de plantas herbáceas terrestres: los ejes aéreos viven una temporada de crecimiento, tras la cual mueren por completo. La viabilidad de la planta se mantiene mediante órganos subterráneos (rizomas, tubérculos, bulbos) o semillas.
Como el propio Serebryakov subrayó (1962), “el contenido principal del proceso de evolución de las formas de vida en las angiospermas desde los árboles hasta las hierbas está relacionado con la reducción de la duración del ciclo de vida de los ejes esqueléticos aéreos”.
2.2. Patrón de crecimiento y arquitectura de los sistemas de brotes
Este criterio complejo permite dividir las plantas dentro de cada división. I. G. Serebryakov consideró los siguientes aspectos (véase también Barthélémy & Caraglio 2007; Serebryakova 1977):
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Dirección de crecimiento del eje principal y las ramas:
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Brotes ortótropos – que crecen verticalmente hacia arriba. Son característicos de la mayoría de los árboles, arbustos y hierbas erguidas.
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Brotes plagiótropos – que crecen horizontal u oblicuamente. Son típicos de arbustillos rastreros (por ejemplo, Empetrum nigrum), hierbas rastreras (por ejemplo, Lysimachia nummularia) y muchos brotes subterráneos (rizomas, estolones).
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Longitud de los entrenudos y tipo de brote:
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Brotes alargados (auxiblastos) – con entrenudos bien desarrollados, que proporcionan crecimiento y exploración del espacio.
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Brotes acortados (braquiblastos) – con entrenudos muy juntos, a menudo portan flores o frutos, y también pueden realizar función fotosintética (por ejemplo, en alerce, manzano). La alternancia de brotes alargados y acortados es un carácter morfológico importante de muchas formas de vida (Serebryakov 1962).
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Tipo de ramificación y crecimiento:
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Monopodial – el eje principal crece indefinidamente por la yema apical, las ramas laterales están subordinadas. Característico de muchas coníferas (abeto, pino) y de algunos árboles caducifolios (roble) en edad joven.
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Simpodial – la yema apical muere o se transforma en inflorescencia, y el crecimiento continúa por una de las yemas laterales, creando un “falso” eje principal. Es un tipo más extendido en angiospermas (por ejemplo, en tilo, abedul, sauce).
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Ritmo de desarrollo:
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Brotes monocíclicos – forman un solo incremento por temporada de crecimiento.
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Brotes policíclicos – producen dos o más incrementos sucesivos en una temporada (los llamados “brotes de Iván”, característicos de roble, fresno). Este carácter refleja la respuesta de la planta a condiciones ambientales favorables (Serebryakov 1962).
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2.3. Estructura y duración de vida de los órganos subterráneos (para plantas herbáceas)
Para las hierbas perennes (policárpicas), la estructura de la esfera subterránea es el criterio clave que determina la pertenencia a un subclase o grupo determinado (Serebryakov 1962; Savinykh 2015).
I. G. Serebryakov y sus seguidores distinguen los siguientes tipos principales:
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Perennes de raíz pivotante: conservan durante toda la vida una raíz principal bien desarrollada (pivote). La reproducción vegetativa suele ser débil (alfalfa, barbaja).
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Perennes de raíz fasciculada y rizoma corto: la raíz principal muere pronto, y la planta vive de un sistema de raíces adventicias (caulógenas) que forman un “manojo” o un rizoma corto (ranúnculo amargo, llantén mayor).
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Perennes de rizoma largo: poseen brotes subterráneos bien desarrollados, a menudo ramificados (rizomas), que proporcionan una expansión vegetativa intensiva y la ocupación del territorio (grama rastrera, hierba de San Juan).
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Perennes estoloníferas y rastreras: forman estolones aéreos o subterráneos – brotes finos y de corta duración que sirven para la reproducción vegetativa y la dispersión (fresa, ranúnculo rastrero).
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Perennes tuberosas: forman órganos subterráneos de almacenamiento especializados – tubérculos (de origen tallo – patata, o de origen raíz – dalia, celidonia menor).
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Perennes bulbosas: los órganos de almacenamiento son bulbos – un brote muy acortado con escamas carnosas (tulipán, cebolla, lirio).
Como señala Savinykh (2015), en la biomorfología moderna este esquema se complementa con la consideración del “impacto fitocenótico” (por ejemplo, plantas monocéntricas, policéntricas) y el carácter de la desintegración morfológica (capacidad de dividirse en arbustos parciales). Sin embargo, los fundamentos fueron establecidos por I. G. Serebryakov.
Así, la clasificación de las formas de vida según Serebryakov es un sistema de múltiples niveles donde la aplicación secuencial de los criterios (longevidad de los ejes → patrón de crecimiento → estructura de los órganos subterráneos) permite determinar con alta precisión el lugar de cualquier planta con semilla en el espacio ecológico-morfológico. En la siguiente sección examinaremos los grupos principales de esta clasificación.
3. Principales grupos en el contexto agronómico
La clasificación de I. G. Serebryakov (1962) tiene no solo importancia teórica, sino también una gran aplicación práctica. Para un agrónomo, fitotécnico o especialista en protección vegetal, comprender la forma de vida de la planta cultivada o de la mala hierba proporciona la clave para predecir su comportamiento en el agrocenosis: estrategia de crecimiento, tipo de sistema radicular, modos de regeneración y reproducción vegetativa. A continuación se presentan los principales grupos de formas de vida de mayor relevancia en la práctica agrícola.
3.1. Plantas leñosas (frutales, forestales, de protección)
Este grupo incluye árboles, arbustos y arbustillos. Desde el punto de vista agronómico, no solo es importante la naturaleza perenne de los ejes esqueléticos aéreos, sino también el carácter de su crecimiento y fructificación.
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Árboles de tipo frutal (sección “árboles de tipo frutal” según Serebryakov). En tales árboles (manzano, peral, cerezo), el tronco pierde pronto su dominancia en el crecimiento, la copa comienza baja y las ramas esqueléticas son casi iguales en potencia al tronco principal. Este es el resultado del cultivo prolongado y la selección por precocidad y rendimiento (Serebryakov 1962). Importancia agronómica: necesidad de poda de formación para mantener el equilibrio entre crecimiento y fructificación.
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Arbustos. No tienen un tronco principal en estado adulto: varios ejes esqueléticos equivalentes se suceden. El ciclo de vida de cada eje es de 10–20 años (grosellero, grosella espinosa, frambueso). Importancia agronómica: poda de rejuvenecimiento “a la cepa” para estimular el crecimiento de brotes jóvenes desde el cuello de la raíz; conocimiento de la capacidad de retoños radicales (por ejemplo, en frambueso, espino amarillo) para la propagación y el control de la expansión.
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Arbustillos. Plantas leñosas de bajo crecimiento (arándano, arándano azul, arándano rojo) con un ciclo de vida corto de los ejes aéreos (5–10 años). En agronomía, este grupo adquiere importancia debido a la introducción al cultivo de plantas frutales de la flora natural. Su rasgo distintivo es la formación de rizomas largos plagiótropos (rastreros) o subterráneos que permiten la expansión clonal (Avdoshchenko 1949, citado en Serebryakov 1962).
3.2. Plantas semileñosas (forrajeras y de aceites esenciales)
Esta división (semiarbustos y semiarbustillos) está representada por especies en las que la parte inferior de los brotes se vuelve leñosa y persiste varios años, mientras que la superior es herbácea y muere anualmente. Ejemplos típicos: lavanda, ajenjo, teresken, algunas especies de astrágalo (Serebryakov 1962).
Importancia agronómica: necesidad de podas profundas periódicas para rejuvenecer el arbusto y evitar el desnudamiento de la parte inferior de los brotes; componente importante de los ecosistemas pastorales en zonas áridas (como plantas forrajeras).
3.3. Hierbas perennes (policárpicas)

Bulbos de nardo (<span lang="la" class="biological-name">Polianthes tuberosa</span>)
Bulbos de nardo – representantes de los geófitos bulbosos. Se ven bulbillos hijas que sirven para la reproducción vegetativa.
Este es el grupo más extenso y diverso desde el punto de vista agronómico. Es aquí donde la clasificación de Serebryakov se convierte en una herramienta indispensable para un enfoque diferenciado del cultivo de hierbas forrajeras y el control de malas hierbas.
Perennes de raíz pivotante. La raíz principal persiste toda la vida. La reproducción vegetativa es ausente o débil (alfalfa, barbaja, diente de león, algunos tréboles). Importancia agronómica: toleran mal el pisoteo y el pastoreo intensivo, pero su potente sistema radicular pivotante facilita el aflojamiento profundo del suelo y la elevación de nutrientes desde los horizontes inferiores (Williams 1922, citado en Serebryakov 1962). En los agrofotocenosis suelen ser edificadores.
Perennes de raíz fasciculada y rizoma corto. La raíz principal muere pronto, y la planta se sostiene mediante un haz (fascículo) de raíces adventicias. La regeneración vegetativa ocurre a través de yemas en un caudex acortado. Ejemplos: fleo de los prados, dactilis, cola de zorra de los prados. Importancia agronómica: estas gramíneas forman una mata suelta, rebrotan bien tras los cortes, pero no se extienden. Son la base de los pastizales de heno de alto rendimiento (Serebryakov 1962; Dmitriev 1948, citado en Serebryakov 1962).
Perennes de rizoma largo. Se caracterizan por la presencia de largos brotes subterráneos – rizomas – que portan yemas de regeneración. Mala hierba clásica nociva – grama rastrera (Agropyron repens). Capaz de ocupar rápidamente grandes áreas; durante el arado, los fragmentos de rizomas dan origen a nuevas plantas. Importancia agronómica: el conocimiento de la forma de vida permite elegir la estrategia de control adecuada – agotamiento de rizomas (escarificado, arado profundo), peinado, aplicación de herbicidas que actúan sobre la esfera subterránea (Kott 1948, citado en Serebryakov 1962). Al mismo tiempo, algunas gramíneas de rizoma largo (bromo sin aristas) son valiosas plantas forrajeras en suelos sueltos y bien aireados (Williams 1922, citado en Serebryakov 1962).
Perennes estoloníferas y rastreras. Se propagan mediante estolones aéreos o subterráneos – brotes finos de corta duración que enraízan en los nudos. Ejemplos: fresa (estolones aéreos), ranúnculo rastrero (brotes rastreros que enraízan), menta de campo. Importancia agronómica: gracias a los estolones, las plantas ocupan rápidamente el territorio, lo que es útil como cultivos de cobertura, pero perjudicial en los cultivos debido a la dificultad de erradicación. Capaces de juvenilidad vegetativa: los brotes madre mueren tras la fructificación, y las rosetas hijas se convierten en plantas independientes (Vysotsky 1915, citado en Serebryakov 1962).
Perennes tuberosas y bulbosas. Forman órganos de almacenamiento especializados – tubérculos (patata, tupinambo) o bulbos (cebolla, ajo, tulipán). Importancia agronómica: este es un grupo clave de cultivos hortícolas. La comprensión de la morfogénesis de estolones y tubérculos (en patata) y bulbos (en cebolla y ajo) subyace en las tecnologías de almacenamiento, vernalización y producción de semillas. Las plantas bulbosas efemeroides (tulipanes, escilas) se utilizan en jardinería.
3.4. Plantas anuales (monocárpicas)
Incluyen especies que completan su ciclo de vida en una temporada de crecimiento. Carecen de órganos subterráneos perennes; pasan el invierno en la fase de semilla. Esta es la gran mayoría de los cultivos de cereales (trigo, cebada, avena, arroz) y oleaginosas (girasol, mostaza), así como muchas malas hierbas (bledo, quinua blanca, galinsoga).
Importancia agronómica: su estrategia de cultivo y control se basa en la gestión del banco de semillas del suelo. Para los cultivos de primavera, esto implica la rotación de cultivos y la elección de las fechas de siembra; para los cultivos de invierno, el uso de la fase de vernalización (Lysenko 1949, citado en Serebryakov 1962). El control de las malas hierbas anuales se reduce a provocar la germinación (laboreo pre-siembra temprano) y su destrucción mediante métodos mecánicos o herbicidas antes de la siembra.
Por lo tanto, la “lectura agronómica” de la clasificación de Serebryakov consiste en una evaluación rápida del tipo de sistema radicular, el modo de regeneración y reproducción, la duración de vida de los ejes aéreos y subterráneos. Este conocimiento es la base para tomar decisiones sobre el sistema de laboreo, la rotación de cultivos, la poda, las épocas de siega y la aplicación de herbicidas.
4. Lugar de la clasificación de Serebryakov en la ciencia mundial
La clasificación ecológico-morfológica de I. G. Serebryakov no existe en el vacío. Es parte de la tradición mundial del estudio de las formas de vida vegetales y ocupa en ella un lugar especial – como el sistema más detallado y orientado a la estructura, que complementa perfectamente otros enfoques más fisonómicos o funcionales.
4.1. Comparación con el sistema de formas de vida de C. Raunkiaer
El sistema más ampliamente conocido en el mundo (especialmente en fitocenología y biogeografía) es el del botánico danés Christen Raunkiaer (Raunkiaer 1934). Utiliza un único criterio: la posición de las yemas de regeneración con respecto a la superficie del suelo durante la estación desfavorable (invierno o sequía). Raunkiaer distinguió cinco tipos principales: fanerófitos (yemas altas sobre el suelo), caméfitos (yemas bajas, hasta 25-30 cm), hemicriptófitos (yemas a nivel del suelo, protegidas por hojas muertas), criptófitos (yemas bajo tierra o bajo el agua) y terófitos (anuales que sobreviven la estación desfavorable como semillas).
Puntos fuertes del sistema de Raunkiaer: es muy simple, conveniente para descripciones geobotánicas y permite comparar espectros de formas de vida de diferentes zonas climáticas. Por ejemplo, el “clima de hemicriptófitos” es característico de la zona templada, mientras que el “clima de terófitos” es típico de los desiertos mediterráneos (Raunkiaer 1934; véase también Belousova et al. 2015). Gracias a ello, el sistema de Raunkiaer se ha convertido en una herramienta indispensable para las comparaciones ecológicas globales.
Limitaciones del sistema de Raunkiaer: no tiene en cuenta la diversidad interna dentro de cada grupo. Por ejemplo, en el grupo de los hemicriptófitos se incluyen tanto gramíneas de rizoma corto como hierbas en roseta y perennes de raíz pivotante – con una agronomía y biología completamente diferentes. El grupo de los criptófitos incluye plantas de rizoma largo, tuberosas y bulbosas. El sistema de Raunkiaer es más bien una clasificación “ecológica” basada en la adaptación al clima (principalmente a las condiciones invernales o de sequía), mientras que la clasificación de Serebryakov es “ecológico-morfológica”, teniendo en cuenta la arquitectura ontogenética de la planta (Serebryakov 1962; Savinykh 2015).
Conclusión: el sistema de Raunkiaer responde a la pregunta “¿cómo está adaptada la planta para sobrevivir la estación desfavorable?”. El sistema de Serebryakov responde a la pregunta “¿cómo está estructurada la planta en su conjunto, cuál es su estrategia de crecimiento, regeneración y ocupación del espacio?”. No se contradicen, sino que se complementan. Idealmente, el botánico debería utilizar ambas clasificaciones: el espectro de Raunkiaer para evaluar la condicionalidad climática de la flora, y la clasificación detallada de Serebryakov para comprender la estructura de las poblaciones y la dinámica de la cubierta vegetal (véase, por ejemplo, el uso de las clasificaciones de Raunkiaer y Serebryakov en el trabajo de Belousova et al. 2015 sobre plantas arvenses de la región de Leningrado).
4.2. Relación con el concepto de estrategias CSR de J. P. Grime
En la década de 1970, el ecólogo británico John Philip Grime propuso el concepto de tres estrategias primarias de las plantas (teoría CSR), basado en la asignación de recursos entre tres factores: competitividad (Competitiveness), tolerancia al estrés (Stress-tolerance) y ruderalidad (Ruderal) – capacidad de sobrevivir en condiciones de perturbación (Grime 1979).
Este concepto, que ha obtenido un amplio reconocimiento internacional, permite predecir el comportamiento de la planta en el ecosistema. Pero para su aplicación práctica es necesario conocer bien la morfología y la biología de la planta. Y aquí la clasificación de Serebryakov proporciona los eslabones faltantes:
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Estrategas C (competidores). Suelen ser plantas grandes con altas tasas de crecimiento y un desarrollo potente de los ejes esqueléticos. En la clasificación de Serebryakov, los estrategas C incluyen muchos árboles (especialmente los que forman copa), gramíneas de rizoma largo (bromo sin aristas, grama) y grandes perennes de raíz pivotante (alfalfa). Su morfología (porte alto, follaje denso, expansión subterránea agresiva) está dirigida a interceptar recursos de los competidores.
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Estrategas S (tolerantes al estrés). Son plantas de crecimiento lento, a menudo con hojas perennifolias u órganos de larga vida. En la clasificación de Serebryakov, se incluyen muchas plantas en cojín (arbustillos ártico-alpinos), árboles en roseta, suculentas, así como gramíneas de mata densa tolerantes al estrés (festuca ovina) en suelos pobres (Grime 1979; Serebryakov 1962). Su hábito se dirige a la conservación de recursos y la protección frente al estrés abiótico.
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Estrategas R (ruderales). Son plantas de hábitats perturbados, con un ciclo de vida corto y alta productividad de semillas. Los representantes típicos son las anuales (terófitos según Raunkiaer), así como algunas perennes con “juvenilidad vegetativa” (estoloníferas). En la clasificación de Serebryakov, estas son, sobre todo, las numerosas hierbas monocárpicas anuales y bianuales, así como las malas hierbas efímeras. Su estrategia es la ocupación rápida de parches libres y la producción de numerosas diásporas.
Relación entre la clasificación de Serebryakov y la estrategia CSR de Grime: los caracteres de hábito descritos detalladamente por Serebryakov (longitud de los entrenudos, tipo de sistema radicular, capacidad de expansión vegetativa, etc.) son la expresión morfológica directa de la estrategia ecológica. Si la teoría CSR dice “por qué” la planta se comporta así (función), la clasificación de Serebryakov dice “cómo” se realiza en la estructura (forma).
Por lo tanto, el conocimiento de la forma de vida según Serebryakov permite al agrónomo y al ecólogo determinar rápidamente el tipo de estrategia de la planta según Grime (véase la sección 5), sin necesidad de largos experimentos fisiológicos. Por ejemplo, una gramínea de rizoma largo (grama) es claramente una estratega C con potentes capacidades competitivas; una gramínea de rizoma corto (fleo) está más cerca de una estrategia mesofítica, mientras que una gramínea de mata densa (festuca) es una estratega S, tolerante al estrés.
En resumen, la clasificación de Serebryakov, siendo “detalladamente morfológica” y “ontogenética” por naturaleza, encaja orgánicamente en el sistema global de conceptos ecológicos, proporcionando un contenido morfológico concreto para modelos funcionales más abstractos (Raunkiaer, Grime). Es esta capacidad única – la de vincular la forma externa con la biología interna y la historia de la especie – lo que ha determinado su larga vida y reconocimiento en la ciencia mundial.
5. Valor práctico para la evaluación agroecológica de territorios
La clasificación ecológico-morfológica de I. G. Serebryakov (1962) no es solo un sistema académico. Sirve como herramienta de trabajo para la evaluación agroecológica de tierras, la planificación de sistemas de uso del suelo y la predicción de la dinámica de la vegetación. Comprender las formas de vida de las plantas que componen un agrofotocenosis permite:
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diagnosticar el estado del suelo y las tendencias de su cambio;
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predecir el curso de las sucesiones (cambios de vegetación) en barbechos y pastizales;
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desarrollar sistemas de laboreo, rotaciones de cultivos y medidas de control de malas hierbas con base científica.
5.1. Indicación de las propiedades del suelo y los regímenes de humedad
La composición de formas de vida en el pasto o en el componente de malas hierbas de un cultivo sirve como un indicador fiable de las condiciones edáficas. Esto se debe a que cada forma de vida tiene amplitudes ecológicas específicas con respecto a la humedad, la aireación, la densidad y la fertilidad del suelo.
Humedad del suelo y aireación. Las perennes de rizoma largo (grama rastrera, bromo sin aristas, hierba de San Juan) son habitantes típicos de suelos sueltos y bien aireados con humedad adecuada (Williams 1922, citado en Serebryakov 1962). Su predominio en el componente de malas hierbas indica condiciones agua-aire relativamente favorables. Por el contrario, las gramíneas de mata densa (festuca ovina, pasto de turbera, hepática blanca) y muchas hierbas en roseta (llantén mayor, diente de león) dominan en suelos densos, poco aireados, en condiciones de sobrecompactación o humedad excesiva (Williams 1922; Serebryakov 1962). La presencia de cárices rizomatosas (Carex pilosa, Carex acutiformis) indica un exceso temporal de humedad y condiciones de estancamiento.
Fertilidad y acidez del suelo. Las perennes de raíz pivotante, especialmente las leguminosas (alfalfa, trébol rojo, esparceta), son indicadoras de suelos ricos en calcio y con reacción neutra. Su presencia en el pasto indica una alta fertilidad potencial. Las gramíneas de rizoma corto (fleo de los prados, dactilis) prefieren suelos de fertilidad media con buen drenaje. En suelos ácidos y pobres podzólicos dominan las gramíneas de mata densa (festuca roja, agrostis común) y algunas perennes de raíz fasciculada (acedera pequeña).
Ejemplo: En el trabajo de E. N. Belousova y colaboradores (2015) sobre plantas arvenses de la región de Leningrado, se estableció que en los campos (hábitats segetales) predominan los terófitos anuales (hasta el 38,5%). En los bordes de los campos y las carreteras (hábitats ruderales), la proporción de hemicriptófitos perennes aumenta bruscamente (hasta el 51,7%). Además, la similitud florística entre los campos y los biotopos circundantes es mayor para las especies perennes, lo que indica que son las malas hierbas perennes no sometidas a arado en los bordes las que constituyen la principal fuente de infestación de los campos (Belousova et al. 2015). Por lo tanto, el análisis de las formas de vida del componente arvense permite no solo evaluar el fondo agronómico, sino también determinar las reservas de especies nocivas.
5.2. Predicción de sucesiones de la vegetación
El cambio de formas de vida a lo largo del tiempo es un indicador clásico de las sucesiones restaurativas (etapas de revegetación de barbechos o claros). Conociendo las características ecológico-morfológicas de las plantas, se puede predecir con alta precisión el curso del proceso restaurativo.
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Etapas tempranas (agrupaciones pioneras). En barbecho fresco o tierra de cultivo abandonada, las primeras en colonizar son las malas hierbas anuales terófitas (estrategia R). Tienen una alta productividad de semillas y un ciclo de vida corto. Su desarrollo masivo (quinua blanca, bledo, pamplina) es un indicador de fuerte perturbación y suelos abiertos ricos en nitratos.
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Etapas medias (barbecho de pasto). A medida que el suelo se compacta y se acumula materia orgánica, las anuales son reemplazadas por gramíneas perennes rizomatosas y de mata suelta (grama rastrera, bromo sin aristas, poa de los prados), así como por perennes de raíz retoñadora (cardo de campo, cerraja de campo). Estas formas de vida ocupan activamente el territorio vegetativamente y pueden mantenerlo durante varios años.
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Etapas finales (clímax). Con la formación de una césped denso y un pasto estable, las gramíneas rizomatosas ceden el paso a las gramíneas de mata densa (festuca de los prados, pasto de turbera) y a las perennes en roseta (llantén, diente de león). Posteriormente, si hay fuentes de diásporas, se produce el establecimiento de arbustos (sauces, rosal silvestre) y árboles (abedul, álamo temblón), lo que marca la transición a la etapa forestal.
El conocimiento de esta secuencia permite al agrónomo y al usuario de la tierra tomar decisiones fundamentadas: cuándo es conveniente reintroducir el barbecho en la rotación de cultivos (en la etapa de dominio de anuales y gramíneas rizomatosas, cuando el suelo aún no está excesivamente estructurado), y cuándo es necesario realizar medidas culturales (descepe, fresado) para suprimir las malas hierbas perennes rizomatosas y de raíz retoñadora.
5.3. Enfoque diferenciado en la agrotécnica y la protección vegetal
La clasificación de Serebryakov determina directamente la elección de las técnicas agronómicas y los productos de protección vegetal. Conociendo la forma de vida, se puede predecir la respuesta de la planta al tratamiento.
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Control de malas hierbas anuales (terófitos). La estrategia se basa en agotar el banco de semillas del suelo y provocar la germinación. El gradeo de primavera temprana, el escarificado de rastrojos, la cultivación – todas estas técnicas tienen como objetivo destruir las plántulas y las plantas vegetativas antes de que fructifiquen. Los herbicidas se seleccionan según la fase de crecimiento (cotiledones – primeras fases vegetativas).
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Control de perennes de rizoma largo (geófitos). Este es el grupo más difícil de malas hierbas nocivas (grama rastrera, cola de caballo de campo, menta de campo). Sus brotes subterráneos son el principal órgano de regeneración. El arado o la grada ordinaria solo intensifican la reproducción vegetativa, ya que los fragmentos de rizomas dan lugar a nuevas plantas. Una estrategia eficaz incluye:
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Agotamiento de rizomas: escarificado múltiple a la profundidad de los rizomas (8–12 cm) en tiempo seco, para que los fragmentos se sequen y pierdan su viabilidad.
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Arado profundo con vertedera (a 25–30 cm) seguido de rodillo, para que los rizomas queden enterrados a una profundidad inaccesible para la germinación.
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Aplicación de herbicidas sistémicos (por ejemplo, derivados del glifosato), que se translocan vía simplasto a los órganos subterráneos y matan los rizomas.
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Control de perennes de raíz retoñadora (cerraja de campo, cardo de campo, correhuela de campo). El principal problema son las raíces horizontales que portan numerosas yemas adventicias. El sistema de laboreo en líneas (corte profundo de raíces) produce el efecto contrario – provoca un rebrote masivo de retoños. Estrategia de control:
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Corte superficial sistemático (escarificado, cultivación) en la fase de roseta, para agotar el sistema radicular.
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Aplicación de herbicidas también en la fase de crecimiento intensivo de las rosetas.
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Siembra de cultivos competitivos (mezclas perennes de leguminosas y gramíneas) que suprimen las malas hierbas gracias al cierre rápido del dosel y la alelopatía.
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Control de malas hierbas bulbosas y tuberosas. Requiere la extracción mecánica de los órganos de almacenamiento (tamizado del suelo, peinado) o la aplicación de herbicidas que penetren en los bulbos. El método químico suele ser poco eficaz, ya que los bulbos contienen pocas vías conductoras.
Así, la evaluación agroecológica de un territorio basada en las formas de vida de las plantas no es un ejercicio académico abstracto. Es un camino directo para optimizar las rotaciones de cultivos, seleccionar los aperos de labranza, desarrollar sistemas integrados de protección vegetal y, en última instancia, aumentar la productividad de los agrocenosis y la sostenibilidad de los agropaisajes.
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