Hoja

Actualizado: 01 Junio 2026EnglishРусский

Hoja: órgano vegetativo lateral del brote, que generalmente posee una estructura dorsiventral (aplanada), crecimiento determinado y realiza las funciones de fotosíntesis, transpiración e intercambio gaseoso (Evert, 2006; Serebryakova et al., 2006). A diferencia del tallo y la raíz, que presentan simetría radial y crecimiento apical ilimitado, la hoja se caracteriza por una simetría bilateral (dorsiventral), desarrollo determinado y una anatomía especializada adaptada para captar luz e intercambiar gases.

La hoja es un derivado del ápice del brote: se origina de manera exógena como una protuberancia meristemática —el primordio foliar— y se desarrolla bajo el control de redes genéticas y hormonales complejas (Raven, 2005; Malinowski, 2013). Junto con el segmento del tallo al que se une, la hoja forma un metámero —unidad repetitiva del sistema de brotes. En la axila de la hoja (ángulo entre la hoja y el tallo) siempre se inicia una yema axilar, lo que constituye un carácter morfológico crucial que distingue a la hoja de otras estructuras similares (por ejemplo, de los folíolos de una hoja compuesta) (Bell, 1991).

Modelos de evolución de la hoja

Modelos de evolución de la hoja (teorías de la enación y del teloma)

Comparación de tres modelos de evolución de la hoja en plantas vasculares: (a) teoría de la enación (la hoja se desarrolla a partir de una protuberancia superficial —enación—), (b) teoría del teloma (la hoja se forma por aplanamiento y fusión de un sistema de telomas), (c) hipótesis de la esterilización (la hoja proviene de un esporangio esterilizado). Estos modelos explican el origen independiente de las hojas en licófitos (microfilos) y en helechos con plantas con semilla (megafilos).

El origen evolutivo de las hojas es uno de los eventos clave en la historia de las plantas terrestres. Los registros fósiles muestran que las plantas terrestres tempranas (por ejemplo, rinofitas) tenían ejes simples, sin hojas, ramificados dicotómicamente, cuya fotosíntesis se realizaba directamente en los tallos (Willis & McElwain, 2014; Nakayama et al., 2025). Las hojas surgieron independientemente en varios linajes evolutivos, y su aparición condujo a un aumento dramático de la eficiencia fotosintética e influyó en la composición de la atmósfera terrestre.

Se distinguen dos tipos principales de hojas según su origen. Microfilos — hojas pequeñas con una sola nervadura, características de los licófitos. Según la teoría de la enación, evolucionaron a partir de protuberancias superficiales —enaciones— en los tallos que posteriormente recibieron suministro vascular (Bower, 1935; Beck, 2010). Megafilos — hojas más grandes con nervadura compleja, propias de helechos, equisetos y plantas con semilla. Su evolución se describe mediante la teoría del teloma: por aplanamiento, fusión y reducción de ramas laterales (telomas) del brote original ramificado dicotómicamente se formó la lámina foliar (Zimmermann, 1952; Beck, 2010). Estudios filogenómicos modernos confirman el origen múltiple e independiente de las hojas en diferentes grupos de plantas vasculares (Nakayama et al., 2025; Harrison & Morris, 2018).

Actualmente, las hojas de las plantas con flores exhiben una asombrosa diversidad de formas, tamaños y adaptaciones anatómicas. Pueden ser simples (con una sola lámina) o compuestas (formadas por varios folíolos), diferenciarse por su venación, pubescencia, grado de suculencia, etc. Esta diversidad es el resultado de una larga evolución bajo la acción de factores abióticos (luz, agua, temperatura) y bióticos (herbívoros, patógenos). Comprender la estructura, desarrollo y funciones de la hoja es fundamental para las ciencias agrarias, ya que la hoja determina la productividad fotosintética, el balance hídrico y la resistencia de las plantas cultivadas.

En este artículo examinaremos la organización anatómica, la diversidad morfológica, la ontogenia, la plasticidad ecológica de la hoja, así como su importancia práctica en agronomía.

1. Espectro funcional de la hoja

La hoja es un órgano multifuncional que asegura la actividad vital de toda la planta. El espectro principal de sus funciones está asociado con tres procesos clave: fotosíntesis (producción de materia orgánica), transpiración (evaporación regulada del agua) e intercambio gaseoso (absorción de CO2 y liberación de O2). Sin embargo, durante la evolución, las hojas han adquirido también funciones adicionales: almacenamiento de agua y nutrientes, protección contra fitófagos, reproducción vegetativa e incluso captura de pequeños animales. Consideremos estas funciones secuencialmente.

1.1 Fotosíntesis

La función principal de la hoja verde es la fotosíntesis, proceso mediante el cual la energía de la luz solar se convierte en energía química de compuestos orgánicos (principalmente carbohidratos). La forma aplanada y dorsiventral de la lámina foliar crea una superficie máxima por unidad de volumen de tejido, lo que asegura una captura eficiente de la luz (Mauseth, 2017). Las células del mesófilo que contienen clorofila, especialmente las de la parénquima en empalizada, contienen decenas de cloroplastos en los que ocurren las reacciones lumínicas y oscuras de la fotosíntesis (Evert, 2006; Graham et al., 2014). La parénquima en empalizada está orientada perpendicularmente a la superficie foliar, lo que contribuye a una absorción más completa de la luz: cada célula en empalizada actúa como una guía de luz, dirigiendo los fotones hacia el interior del tejido (Karabourniotis et al., 2021). Los productos de la fotosíntesis —sacarosa y otras sustancias orgánicas— son transportados por el floema de las nervaduras hacia los lugares de consumo o almacenamiento (raíces, brotes en crecimiento, frutos).

1.2 Transpiración e intercambio gaseoso

La fotosíntesis es imposible sin el suministro de dióxido de carbono, que ingresa a la hoja a través de los estomas —estructuras especializadas en la epidermis, formadas por dos células oclusivas y una abertura estomática (Evert, 2006). Junto con el CO2, a través de los estomas abiertos se libera oxígeno, producido durante la fotosíntesis, y vapor de agua. El proceso de evaporación del agua por las hojas se denomina transpiración. Es la transpiración la que crea el «extremo superior» del flujo de agua en la planta: gracias a la cohesión de las moléculas de agua y a la «tensión» transpiratoria, el agua asciende desde las raíces a través del xilema hacia las hojas (Graham et al., 2014). La transpiración también enfría la hoja en días calurosos, evitando el sobrecalentamiento. La regulación de la apertura y cierre de los estomas está controlada por la turgencia de las células oclusivas, que depende del ingreso de iones potasio y de la concentración de CO2 en la hoja, así como de la fitohormona ácido abscísico (ABA) bajo estrés hídrico (Graham et al., 2014).

En la mayoría de las plantas, los estomas se ubican principalmente en el lado inferior (abaxial) de la hoja, lo que reduce la pérdida de agua bajo la radiación solar directa (Mauseth, 2017). En las xerófitas (plantas de hábitats secos) son frecuentes los estomas hundidos, capas cuticulares adicionales y una pubescencia densa que reduce la turbulencia del aire en la superficie foliar (Karabourniotis et al., 2021).

1.3 Funciones adicionales de las hojas

Función de almacenamiento

En muchas especies, las hojas pueden servir como reservorio de agua y nutrientes. Las hojas suculentas (agave, aloe, muchas Crasuláceas) contienen grandes células parenquimáticas incoloras para almacenar agua, lo que permite a las plantas sobrevivir largas sequías (Mauseth, 2017). En las plantas bulbosas (cebolla, tulipán, lirio), las escamas del bulbo son hojas carnosas de almacenamiento que acumulan carbohidratos y agua para el período de reposo y crecimiento (Serebryakova et al., 2006).

Función protectora

Las hojas modificadas cumplen un papel protector. Las espinas (por ejemplo, en cactus, agracejo) son hojas (o partes de ellas) transformadas en estructuras duras y puntiagudas que protegen a la planta del consumo por animales (Bell, 1991; Mauseth, 2017). Las escamas de las yemas son hojas modificadas que cubren y protegen los delicados meristemas apicales del brote contra las bajas temperaturas y la desecación durante el reposo. Además, muchas hojas contienen metabolitos secundarios (alcaloides, terpenos, compuestos fenólicos) que las hacen poco atractivas o tóxicas para los herbívoros (Karabourniotis et al., 2021).

Reproducción vegetativa

En varias plantas, las hojas son capaces de formar yemas adventicias y raíces, lo que se utiliza para la propagación vegetativa. Un ejemplo clásico es el bryophyllum (Kalanchoe), en el que se forman yemas adventicias (plántulas) en el borde de la hoja, dando origen a plantas jóvenes (Mauseth, 2017; Serebryakova et al., 2006). En la práctica agrícola, este principio se aplica para propagar begonia, violeta africana y muchos otros cultivos mediante esquejes de hoja.

Funciones de soporte y movimiento

Los zarcillos (en guisantes, cucurbitáceas) son hojas modificadas filiformes (o partes de hojas) que, al sentir el contacto, se enrollan alrededor de un soporte y ayudan a los tallos débiles a trepar (Bell, 1991; Mauseth, 2017). Estos zarcillos tienen capacidad de crecimiento diferencial: al contacto con un soporte, el lado del zarcillo en contacto crece más lentamente, mientras que el lado opuesto crece más rápido, lo que provoca el enrollamiento.

Insectivoría (carnivoría)

En suelos pobres en nitrógeno (pantanos, rocas), algunas plantas han evolucionado hacia la captura y digestión de pequeños animales (insectos, crustáceos). Ejemplos: hojas en forma de jarro de Nepenthes y Sarracenia (trampas pasivas), hojas pegajosas de rocío de sol (tricomas glandulares activos) y trampas de captura rápida de la Venus atrapamoscas (Graham et al., 2014; Mauseth, 2017). El nitrógeno liberado durante la digestión es absorbido por la planta y utilizado para la síntesis de proteínas y ácidos nucleicos. Es importante destacar que todas las plantas carnívoras son capaces de realizar fotosíntesis y obtienen de las trampas solo una nutrición mineral complementaria.

1.4 Aspecto ecológico: interacción con microorganismos

El funcionamiento de la hoja está estrechamente relacionado con los microorganismos que la habitan —bacterias y hongos epífitos. Este complejo de microorganismos (microbioma de la filósfera) puede influir en la productividad y la salud de la planta, en particular a través de la fijación de nitrógeno, la producción de fitohormonas y la protección contra patógenos (Yang et al., 2025). A su vez, la estructura y la edad de la hoja determinan la composición de especies y la actividad de los microorganismos en su superficie, creando una especie de retroalimentación.

Así, la hoja no es simplemente una «fábrica de materia orgánica», sino un órgano polifuncional que integra procesos de nutrición, respiración, balance hídrico, defensa y reproducción. Comprender este espectro funcional es necesario para un manejo adecuado del crecimiento y desarrollo de las plantas cultivadas en los agroecosistemas.

2. Características morfológicas de la hoja

La morfología de la hoja es la rama de la botánica que estudia la estructura externa (y en parte interna) de la hoja como órgano del brote. El conocimiento de la morfología foliar es fundamental para la identificación (diagnóstico) de especies vegetales, la comprensión de sus estrategias adaptativas y la resolución de muchos problemas aplicados en fitomejoramiento, producción de semillas y agronomía (Simpson, 2019). Los caracteres morfológicos de la hoja se pueden analizar convenientemente según varias categorías: partes de la hoja, tipo de hoja (simple o compuesta), venación, filotaxis, forma de la lámina, tipo de borde, ápice y base, así como la presencia de estructuras especializadas (estípulas, glándulas, etc.).

2.1 Partes de la hoja

Una hoja típica de las plantas con flores (especialmente eudicotiledóneas) consta de las siguientes partes (Raven, 2005; Mauseth, 2017):

  1. Lámina foliar (lamina) — parte ensanchada, generalmente plana, de la hoja que realiza la función principal de fotosíntesis. Gracias a su forma, asegura la máxima absorción de luz e intercambio gaseoso.

  2. Pecíolo (petiolus) — parte similar a un tallo que conecta la lámina con el nudo del tallo. El pecíolo puede ser largo o corto, redondo o acanalado. Proporciona una posición óptima de la lámina con respecto a la fuente de luz y amortigua los golpes del viento. Las hojas que tienen pecíolo se denominan pecioladas; si el pecíolo está ausente, la hoja se llama sésil (Simpson, 2019).

  3. Base de la hoja — parte inferior de la hoja con la que se une al tallo. En muchas gramíneas, ciperáceas y apiáceas, la base se agranda mucho y forma una vaina (vagina) — un tubo que rodea el tallo y protege las yemas axilares y los meristemas (Serebryakova et al., 2006).

  4. Estípulas (stipulae) — excrecencias pares en la base de la hoja, generalmente pequeñas, membranosas o foliáceas. Pueden proteger las hojas jóvenes en la yema, participar en la fotosíntesis (en guisantes, arvejas) o transformarse en espinas (en Robinia, Acacia) (Bell, 1991). En muchas especies, las estípulas se caen temprano, y su presencia solo puede determinarse por las cicatrices.

En las monocotiledóneas a menudo falta la diferenciación entre pecíolo y lámina; pueden tener una base envainadora y una lámina lineal o lanceolada (Raven, 2005).

2.2 Hojas simples y compuestas

Según el grado de división de la lámina foliar, se distinguen dos tipos principales de hojas (Simpson, 2019; Mauseth, 2017):

  • Hoja simple — tiene una sola lámina foliar, que puede ser entera o estar disectada en diversos grados (lobulada, partida, dividida), pero sin formar partes articuladas separadas — folíolos. Al caer, la hoja simple se desprende entera.

  • Hoja compuesta — hoja cuya lámina está dividida en varios folíolos (foliola) distintos. Cada folíolo suele tener su propio peciólulo, y el pecíolo común se denomina raquis (rachis). Al caer, la hoja compuesta puede descomponerse en folíolos individuales o caer entera (por ejemplo, en fresno, serbal).

Según la disposición de los folíolos en el raquis, se distinguen los siguientes tipos de hojas compuestas (Simpson, 2019; Bell, 1991):

  • Pinnaticompuestas (pinnately compound) — los folíolos se disponen en pares a lo largo del raquis común. Si termina en un folíolo impar, la hoja se llama imparipinnada; si termina en un par de folíolos, paripinnada. Con divisiones adicionales se forman hojas bipinnadas.

  • Palmaticompuestas (palmately compound) — todos los folíolos se insertan en un mismo punto — el extremo del pecíolo, como los dedos de una mano.

  • Trifoliadas (ternate) — caso particular de hoja palmaticompuesta con tres folíolos (trébol, fresa).

Es importante distinguir una hoja compuesta de un brote con varias hojas: en la axila de una hoja compuesta hay solo una yema, mientras que en un brote hay una yema en la axila de cada hoja (Raven, 2005).

2.3 Venación

Venación reticulada en hoja de higuera

Venación reticulada en la hoja de higuera (<span lang="la" class="biological-name">Ficus carica</span>)

Venación reticulada (reticular) bien expresada en el ejemplo de una hoja de higuera. Se observan la nervadura central, las nervaduras laterales que parten de ella y una densa red de nervaduras finas.

Nervaduras — haces conductores que penetran en la lámina foliar. Contienen xilema (generalmente ubicado en la parte superior) y floema (en la parte inferior) y aseguran el transporte de agua y asimilados (Evert, 2006). El patrón de disposición de las nervaduras (venación) es un carácter sistemático importante.

Se distinguen dos tipos principales de venación en las plantas con flores (Simpson, 2019; Mauseth, 2017):

  1. Venación reticulada (pinnada o palmada) — característica de la mayoría de las dicotiledóneas. Las nervaduras forman una red densa, donde las nervaduras más grandes se ramifican en otras más pequeñas que se conectan entre sí (anastomosan). Si de la nervadura central (media) parten laterales, es venación pinnadoreticulada; si varias nervaduras principales divergen en abanico desde la base de la lámina, es venación palmatireticulada (arce).

  2. Venación paralela y arqueada — típica de las monocotiledóneas. Las nervaduras grandes discurren más o menos paralelas entre sí desde la base hasta el ápice de la hoja. En las gramíneas, la venación es estrictamente paralela; en el lirio de los valles, el llantén, es arqueada (las nervaduras se curvan hacia el ápice).

Tipos más detallados de venación (broquidódroma, camptódroma, craspedódroma, etc.) se utilizan para describir hojas fósiles y en sistemática fina (Hickey, 1973 según Simpson, 2019).

2.4 Filotaxis (disposición de las hojas)

La filotaxis es el orden de colocación de las hojas en el tallo, determinado genéticamente y a menudo asociado con la optimización de la iluminación (mosaico foliar). Tipos principales (Simpson, 2019; Serebryakova et al., 2006):

  • Alterna (espiralada) — en cada nudo del tallo hay una hoja; las hojas se disponen en espiral (roble, abedul, girasol).

  • Opuesta — en el nudo hay dos hojas, una frente a la otra (arce, lamio, lila). A menudo los pares de hojas están orientados de forma cruzada (filotaxis decusada).

  • Verticilada — en el nudo hay tres o más hojas (Elodea, adelfa, uva de gato).

En la disposición alterna, a menudo se observa un mosaico foliar: los pecíolos se curvan y las láminas se disponen de manera que no se den sombra entre sí (Serebryakova et al., 2006).

2.5 Forma de la lámina foliar y sus partes

Para una descripción precisa de la hoja, se utiliza una amplia terminología de formas de la lámina, borde, ápice y base (Simpson, 2019; Bell, 1991).

Forma de la lámina determinada por la relación longitud‑anchura y la posición de la parte más ancha:

  • Lineal — estrecha, con bordes casi paralelos (en gramíneas).

  • Lanceolada — longitud 3‑6 veces la anchura, parte más ancha en el tercio inferior.

  • Ovada (ovalada) — relación longitud/anchura 1,5‑2:1, parte más ancha en la mitad inferior.

  • Obovada — parte más ancha en la mitad superior.

  • Elíptica — relación 1,5‑2:1, anchura máxima en el medio.

  • Orbicular (redondeada) — largo y ancho aproximadamente iguales.

  • Acorazonada (cordiforme) — base con escotadura, asemeja un corazón.

  • Reniforme — anchura mayor que la longitud, base con escotadura.

Tipo de borde de la lámina (Simpson, 2019):

  • Entero (integer) — borde liso, sin dientes (lila, lirio de los valles).

  • Dentado (dentatus) — dientes perpendiculares al borde o ligeramente hacia adelante.

  • Serrado (serratus) — dientes dirigidos hacia el ápice (como una sierra).

  • Crenado (crenatus) — dientes redondeados.

  • Ondulado (undulatus) — borde sinuoso.

  • Sinuado (sinuatus) — lobulado (roble, espino blanco).

Forma del ápice (apex):

  • Obtuso (obtusus), agudo (acutus), acuminado (acuminatus), aristado (aristatus), retuso (retusus), escotado (emarginatus).

Forma de la base (basis):

  • Acuñada (cuneatus), redondeada (rotundatus), acorazonada (cordatus), sagitada (sagittatus), hastada (hastatus), atenuada (attenuatus).

En muchas plantas, la forma de la hoja cambia durante la ontogenia (heteroblastia) — por ejemplo, las hojas juveniles de la hiedra son lobuladas, mientras que las adultas son enteras, elípticas (Raven, 2005).

2.6 Estípulas y sus modificaciones

Las estípulas (stipulae) pueden ser libres o adnatas al pecíolo. A menudo se modifican: en guisantes y arvejas, las estípulas grandes realizan una función fotosintética; en euforbias se transforman en espinas; en rosáceas a veces tienen aspecto de glándulas (Simpson, 2019). En especies del género Rubia, las estípulas se fusionan con las hojas opuestas, formando un verticilo de hojas falsas. En las poligonáceas, las estípulas se fusionan en una vaina membranosa (ocrea) que rodea el nudo (Serebryakova et al., 2006).

2.7 Heterofilia y anisofilia

En algunos casos, en una misma planta o incluso en un mismo brote se desarrollan hojas de diferente forma (heterofilia). Esto puede estar asociado a cambios en las condiciones de iluminación (en plantas acuáticas — hojas sumergidas y emergidas) o a variabilidad relacionada con la edad (en eucalipto, hiedra) (Raven, 2005).

Anisofilia — desarrollo de hojas de diferente tamaño y forma en el mismo nudo (por ejemplo, en brotes plagiótropos de olmo, en algunas begonias). La anisofilia suele ir acompañada de una actividad potencial diferente de las yemas axilares (Simpson, 2019).

Por lo tanto, la descripción morfológica de la hoja incluye una amplia gama de caracteres que permiten caracterizar inequívocamente una especie. El conocimiento de la terminología morfológica es necesario para trabajar con claves de identificación, material de herbario y en la práctica del fitomejoramiento y la producción de semillas.

3. Organización anatómica de la hoja

Anatomía de una hoja de dicotiledónea

Anatomía de una hoja de dicotiledónea (esquema detallado)

Esquema detallado de la estructura fina de la hoja: cutícula, epidermis superior e inferior, estoma con células oclusivas, parénquima en empalizada y esponjoso, nervadura con xilema y floema.

La estructura anatómica de la hoja refleja plenamente su propósito funcional: captura eficiente de luz, intercambio gaseoso y transpiración con una pérdida mínima de agua. La hoja, al igual que otros órganos vegetativos, está formada por tres sistemas de tejidos: dérmico (epidermis), fundamental (mesófilo) y vascular (nervaduras) (Evert, 2006; Serebryakova et al., 2006). A diferencia del tallo y la raíz, estos tejidos están organizados en la hoja de manera dorsiventral (es decir, tienen claras caras superior e inferior), lo que crea condiciones óptimas para la fotosíntesis.

3.1 Epidermis — tejido dérmico de la hoja

La epidermis es un tejido dérmico de una sola capa que cubre toda la superficie de la hoja. Las células epidérmicas están estrechamente unidas, carecen de espacios intercelulares y, excepto las células oclusivas de los estomas, normalmente no contienen cloroplastos (Mauseth, 2017). La transparencia de las células epidérmicas asegura la penetración sin obstáculos de la luz solar hacia los tejidos fotosintéticos. Las paredes externas de las células epidérmicas están cubiertas por una cutícula — una capa de polímero insoluble cutina y ceras que reduce significativamente la pérdida de agua no regulada (transpiración) (Evert, 2006). El grosor de la cutícula varía desde muy fino en plantas amantes de la humedad (hidrófitas) hasta grueso, multicapa, en xerófitas (por ejemplo, adelfa, pino), donde cumple una importante función protectora (Karabourniotis et al., 2021).

Estoma con células oclusivas

Estoma con células oclusivas

Esquema de la estructura del estoma. Se muestran las células oclusivas con cloroplastos, la abertura estomática y las células epidérmicas circundantes. El esquema ilustra el mecanismo de funcionamiento del aparato estomático.

Estomas — estructuras especializadas de la epidermis formadas por dos células oclusivas (generalmente en forma de riñón o de pesa) y una abertura estomática entre ellas (Graham et al., 2014). Las células oclusivas, a diferencia de otras células epidérmicas, contienen cloroplastos y regulan la apertura y cierre de la abertura en respuesta a cambios en la presión de turgencia. El mecanismo de funcionamiento de los estomas está relacionado con el transporte activo de iones potasio: cuando aumenta la presión osmótica en las células oclusivas, entra agua en ellas, se curvan y la abertura estomática se abre; cuando los iones y el agua salen, se cierra (Evert, 2006). En la mayoría de las plantas, los estomas se encuentran predominantemente en el lado inferior de la hoja (tipo hipostomático), lo que reduce la pérdida de agua bajo el calentamiento solar directo. En las hojas flotantes de plantas acuáticas (nenúfar), los estomas están solo en la cara superior (tipo epistomático), mientras que en las hojas sumergidas pueden estar completamente ausentes (Raven, 2005).

Tricomas (pelos) — excrecencias de las células epidérmicas que pueden ser unicelulares o pluricelulares, simples o ramificados (glandulares y no glandulares). Los tricomas realizan múltiples funciones: reducen la evaporación (creando una «capa límite» de aire), reflejan el exceso de radiación solar, protegen contra el consumo por insectos y secretan diversas sustancias (aceites esenciales, néctar) (Karabourniotis et al., 2021; Mauseth, 2017). En muchas xerófitas (por ejemplo, olivo, lavanda), la pubescencia densa es una adaptación importante a condiciones áridas.

En algunas plantas, la epidermis contiene cistolitos (excrecencias celulares incrustadas con carbonato cálcico) o inclusiones de sílice (fitolitos) que endurecen la hoja y la protegen del consumo (Karabourniotis et al., 2021).

3.2 Mesófilo — tejido fotosintético principal

El mesófilo es un tejido parenquimático situado entre la epidermis superior y la inferior. Aquí es donde ocurren los procesos principales de la fotosíntesis. En la mayoría de las eudicotiledóneas, el mesófilo está diferenciado en dos capas (hoja bifacial) (Evert, 2006):

  1. Parénquima en empalizada (o palisádico) — adyacente a la epidermis superior. Las células son alargadas, cilíndricas, dispuestas perpendicularmente a la superficie de la hoja, compactas (pero con pequeños espacios intercelulares). Cada célula contiene muchos cloroplastos orientados a lo largo de las paredes laterales, lo que asegura la máxima captura de luz. El parénquima en empalizada puede constar de una sola capa (en especies tolerantes a la sombra) o de varias capas (en especies amantes de la luz y xerófitas) (Mauseth, 2017). Aquí es donde ocurre la mayor parte de la fotosíntesis.

  2. Parénquima esponjoso (esponjoso) — situado entre el parénquima en empalizada y la epidermis inferior. Las células son de forma irregular, a menudo lobulada, dispuestas de manera laxa, con grandes espacios intercelulares que se comunican con los estomas. El parénquima esponjoso contiene menos cloroplastos que el de empalizada, y su función principal es asegurar la rápida difusión del dióxido de carbono hacia las células en empalizada y el transporte de vapor de agua hacia los estomas (Graham et al., 2014). Los espacios intercelulares también proporcionan una vía para el oxígeno liberado durante la fotosíntesis.

En las monocotiledóneas con hojas estrechas y lineales, la diferenciación en parénquima en empalizada y esponjoso a menudo no está expresada; el mesófilo consiste en células uniformes con grandes espacios intercelulares (Raven, 2005). En plantas de hábitats secos puede formarse un mesófilo isolateral (con parénquima en empalizada en ambos lados de la hoja), lo que permite un uso eficiente de la luz independientemente de la posición del sol (por ejemplo, en eucalipto) (Karabourniotis et al., 2021).

3.3 Sistema vascular — nervaduras

La hoja está atravesada por una red ramificada de nervaduras, que son continuación del sistema vascular del tallo. Las nervaduras consisten en xilema (generalmente ubicado en el lado adaxial, superior) y floema (en el lado abaxial, inferior), formando juntos haces vasculares colaterales (Evert, 2006). El xilema suministra agua y minerales disueltos desde las raíces a la hoja, mientras que el floema transporta los productos de la fotosíntesis (sacarosa) a los lugares de consumo o almacenamiento.

Según su tamaño y función, se distinguen (Evert, 2006; Mauseth, 2017):

  • Nervaduras grandes (principal y laterales de primer y segundo orden) — realizan principalmente funciones de transporte y mecánicas. Contienen elementos conductores bien desarrollados, a menudo rodeados de fibras (esclerenquima) y colénquima, lo que proporciona resistencia a la hoja. En las nervaduras grandes puede conservarse cámbium, pero el engrosamiento secundario no es característico de las hojas.

  • Nervaduras pequeñas (de tercer, cuarto orden y terminaciones terminales) — su función principal es el intercambio de sustancias con el mesófilo. Las terminaciones del xilema de las nervaduras pequeñas liberan agua necesaria para la fotosíntesis y la transpiración; las terminaciones del floema recolectan los asimilados de las células del mesófilo (Evert, 2006). Cada nervadura pequeña está rodeada por una vaina fascicular — una capa de células parenquimáticas que puede contener cloroplastos (en plantas C₄) y sirve como barrera que regula el movimiento de sustancias entre la nervadura y el mesófilo.

En algunas plantas, la vaina fascicular se conecta con la epidermis mediante extensiones de la vaina — cordones de colénquima o esclerenquima que fortalecen la hoja y posiblemente participan en el transporte lateral de agua (Karabourniotis et al., 2021).

3.4 Tejidos mecánicos

Para mantener la lámina en posición extendida y contrarrestar las cargas del viento, la hoja contiene tejidos mecánicos:

  • Colénquima — generalmente se sitúa en los bordes de la hoja y alrededor de las nervaduras grandes, especialmente en la cara inferior. Consiste en células vivas con paredes engrosadas de manera desigual y confiere elasticidad a la hoja (Serebryakova et al., 2006).

  • Esclerénquima (fibras) — a menudo rodea los haces vasculares en las nervaduras grandes, y también puede aparecer como haces aislados en el borde de la hoja o cerca de la epidermis (por ejemplo, en gramíneas, agave). Las fibras de esclerénquima dan rigidez a la hoja y resistencia al desgarro (Mauseth, 2017).

3.5 Características anatómicas según la ecología

La estructura anatómica de la hoja varía enormemente según las condiciones de crecimiento (plasticidad ecológica):

  • Hojas de sol (soleadas) son generalmente más gruesas, tienen parénquima en empalizada multicapa, cutícula más gruesa y una mayor cantidad de tejidos mecánicos en comparación con las hojas de sombra (Raven, 2005; Evert, 2006).

  • Xerófitas (plantas de hábitats áridos) a menudo tienen cutícula gruesa, estomas hundidos, pubescencia densa y, a veces, epidermis multicapa (adelfa). El mesófilo puede ser uniforme o isolateral (Karabourniotis et al., 2021; Mauseth, 2017).

  • Hidrófitas (plantas acuáticas) tienen cutícula fina o reducida, grandes espacios aeríferos en el mesófilo y tejido mecánico poco desarrollado; los estomas a menudo están ausentes en las formas sumergidas (Graham et al., 2014).

Por lo tanto, la organización anatómica de la hoja es el resultado de un complejo compromiso evolutivo entre la fotosíntesis más eficiente, el intercambio gaseoso y la protección contra factores adversos. Comprender esta organización es necesario para diagnosticar el estrés, evaluar el estado de los cultivos y justificar las prácticas agronómicas (por ejemplo, la aplicación foliar de fertilizantes, reguladores del crecimiento y productos fitosanitarios).

4. Ontogenia y heterofilia

La ontogenia de la hoja es el proceso de su desarrollo individual desde el momento de su iniciación en la yema hasta su completa expansión y senescencia. A diferencia del tallo, que conserva un meristema apical y es capaz de crecimiento ilimitado, la hoja es un órgano determinado: su crecimiento y morfogénesis están estrictamente programados y finalizan después de alcanzar un cierto tamaño (Evert, 2006). En la ontogenia de la hoja se distinguen fases intra‑yema y extra‑yema, así como el proceso de senescencia y caída de la hoja. Muchas plantas presentan heterofilia — un cambio regular en la forma de las hojas durante la ontogenia del individuo, que refleja adaptaciones relacionadas con la edad.

4.1 Iniciación de la hoja y desarrollo del primordio

La hoja se inicia exógenamente en el ápice del brote. En la zona periférica del ápice (región adyacente a la zona central), las células comienzan a dividirse más activamente, y se forma una pequeña protuberancia en la superficie: el primordio foliar (Malinowski, 2013; Serebryakova et al., 2006). La ritmicidad de la iniciación de los primordios define el plastocrono — el intervalo de tiempo entre la iniciación de dos primordios sucesivos (Serebryakova et al., 2006). El lugar de iniciación del primordio no es aleatorio: está determinado por la acumulación de auxina, que es transportada al ápice mediante proteínas PIN1, y por campos inhibitorios de hojas iniciadas previamente (Reinhardt et al., 2003; Nakayama et al., 2012; citados en Malinowski, 2013). En las dicotiledóneas, el primordio tiene inicialmente forma de cono o cresta, mientras que en las monocotiledóneas a menudo envuelve el ápice en forma de anillo (Raven, 2005).

Dentro de la yema, el primordio foliar pasa por una fase de intensa división celular. La forma de la futura hoja se establece ya en esta etapa: se forma la base de la hoja, y la lámina se desarrolla a partir del meristema marginal (del borde) y de meristemas intercalares (Malinowski, 2013). En las dicotiledóneas, el crecimiento del primordio en longitud ocurre gracias a un meristema apical, y luego entra en acción el meristema marginal, que asegura la expansión de la lámina. En las monocotiledóneas, el primordio rápidamente envuelve el ápice y se forma la vaina, mientras que la lámina se desarrolla más tarde a partir de la parte distal del primordio (Raven, 2005). La diferenciación del sistema vascular (procambium → xilema y floema primarios) ocurre acropétalamente (desde la base hacia el ápice) de manera jerárquica: primero se inician las nervaduras grandes, luego las pequeñas y, finalmente, las terminaciones ciegas (Evert, 2006; Nelson & Dengler, 1997). Los elementos diferenciados de protoxilema y protofloema pueden elongarse a medida que la hoja crece; en las gramíneas, algunos elementos del protoxilema se rompen, formando lagunas de protoxilema (cavidades) (Serebryakova et al., 2006).

4.2 Crecimiento extra‑yema y expansión de la hoja

Después de salir de la yema (o al germinar la semilla), comienza la fase extra‑yema, durante la cual predomina el alargamiento celular debido a la absorción de agua y al aumento de la vacuola. La división celular ya está prácticamente completada en este momento, y el crecimiento posterior ocurre mediante la expansión de las células existentes y, en algunas plantas, mediante crecimiento intercalar (por ejemplo, en gramíneas). En las dicotiledóneas, en la hoja en expansión, las células del parénquima en empalizada aumentan de longitud, y las del parénquima esponjoso desarrollan contornos irregulares y espacios intercelulares. En las monocotiledóneas (gramíneas), un meristema intercalar se conserva en la base de cada entrenudo y en la base de la lámina foliar, lo que permite que la hoja vuelva a crecer después de un daño (Raven, 2005; Mauseth, 2017). La luz juega un papel clave en la expansión: en muchas plantas, las hojas etioladas (crecidas en oscuridad) tienen entrenudos alargados, cloroplastos reducidos y a menudo una lámina no expandida.

Un proceso importante durante la etapa de expansión es la formación de estomas. En las dicotiledóneas, los estomas maduran acropétalmente (desde la base hacia el ápice); en las monocotiledóneas, basípétamente (desde el ápice hacia la base) (Evert, 2006). La finalización del crecimiento de la hoja va acompañada de la diferenciación de todos los tejidos, la formación de la cutícula y la deposición de cera.

4.3 Heterofilia — variabilidad de la forma de la hoja relacionada con la edad

Heterofilia es el fenómeno por el cual en una misma planta, durante la ontogenia, se forman secuencialmente hojas de diferente forma y, a veces, de diferente estructura interna (Chitwood & Sinha, 2016; Simpson, 2019). Los ejemplos más llamativos son el cambio de hojas juveniles (jóvenes) a adultas en la hiedra (Hedera helix), el eucalipto, la acacia y la higuera. En la hiedra, las hojas juveniles son lobuladas, palmeadas; las adultas son de borde entero, ovadas. En la acacia, las hojas juveniles son bipinnadas, mientras que las adultas se transforman en filodios — pecíolos ensanchados y aplanados que funcionan como lámina (Chitwood & Sinha, 2016; Bell, 1991).

La heterofilia está regulada por mecanismos internos relacionados con la edad del meristema y el estado fitohormonal. Los microARN juegan un papel clave: miR156 se expresa altamente en la fase juvenil y suprime los factores de transcripción SPL (SQUAMOSA PROMOTER BINDING PROTEIN LIKE), mientras que con la edad disminuye el nivel de miR156, lo que permite que los factores SPL activen genes del tipo adulto (por ejemplo, miR172, que suprime los rasgos juveniles) (Chitwood & Sinha, 2016; Yang et al., 2013). Se ha demostrado que los azúcares (productos de la fotosíntesis) también contribuyen a la disminución del nivel de miR156 y aceleran la transición de fase (Yang et al., 2013). En muchas plantas leñosas, la heterofilia puede prolongarse durante años, y la transición al tipo de hoja adulta a menudo coincide con la capacidad de florecer.

La heterofilia no debe confundirse con la heterofilia (a veces se usa el mismo término, pero en un sentido estricto, la heterofilia se refiere a cambios en la forma de la hoja dependiendo de las condiciones externas, por ejemplo, en plantas acuáticas).

4.4 Senescencia y caída de la hoja

Después de que la hoja alcanza su tamaño máximo, comienzan los procesos de senescencia. Externamente, esto se manifiesta por el amarillamiento o enrojecimiento de la lámina debido a la degradación de la clorofila y la revelación de carotenoides y antocianinas (Graham et al., 2014). En el interior de las células, los cloroplastos se desintegran, disminuye la síntesis de proteínas, las enzimas hidrolíticas rompen las macromoléculas y las sustancias valiosas (aminoácidos, azúcares, iones) se translocan desde la hoja al tallo y las raíces (Evert, 2006). El proceso de separación de la hoja (abscisión) ocurre en la zona de abscisión ubicada en la base del pecíolo. En las plantas leñosas dicotiledóneas, en esta zona se diferencian dos capas: la capa de separación (cuyas células se mucilaginizan y se rompen) y la capa protectora (células suberificadas que forman la cicatriz foliar después de la caída) (Raven, 2005). En las monocotiledóneas y muchas plantas herbáceas, la zona de abscisión puede no formarse, y las hojas mueren gradualmente, permaneciendo en el tallo.

Los iniciadores de la senescencia y la caída de la hoja son los cambios en el fotoperíodo (acortamiento del día), la temperatura y el equilibrio interno de fitohormonas: disminución de los niveles de auxinas y aumento de los niveles de etileno y ácido abscísico (Evert, 2006). En los árboles y arbustos caducifolios, la caída de las hojas tiene una importante significación adaptativa: reduce drásticamente la superficie transpirante en invierno, cuando las raíces no pueden suministrar agua desde el suelo helado, y también previene la rotura de ramas por el peso de la nieve (Graham et al., 2014).

4.5 Duración de vida de la hoja

La duración de vida de la hoja varía desde unas pocas semanas en efímeras hasta 20‑30 años en algunas coníferas (por ejemplo, en el pino de Bunge, el piñón) (Serebryakova et al., 2006). Las plantas caducifolias pierden todas las hojas anualmente, mientras que las perennifolias (muchas coníferas, robles perennifolios, laurel) tienen hojas que viven de 2 a 5 años o más, y las hojas viejas caen gradualmente a medida que se forman nuevas (Raven, 2005). La duración de vida de la hoja es una adaptación importante a las condiciones ambientales: en climas fríos o secos, es ventajoso tener hojas de larga duración porque el costo de su construcción se amortiza durante varias temporadas. En los bosques lluviosos tropicales, por el contrario, muchos árboles renuevan su follaje anualmente (a menudo durante la estación seca), aunque se consideran perennifolios (Graham et al., 2014).

Por lo tanto, la ontogenia de la hoja es un proceso complejo de múltiples etapas que incluye una fase embrionaria, una fase de expansión y diferenciación, y luego la senescencia y la muerte. La heterofilia y la caída de la hoja son mecanismos adaptativos cruciales que aseguran la supervivencia y reproducción de las plantas en condiciones ambientales cambiantes.

5. Plasticidad ecológica y adaptaciones de la hoja

Efecto de los estreses abióticos en el desarrollo de la hoja y el microbioma de la filósfera

Efecto de los estreses abióticos en el desarrollo de la hoja y el microbioma de la filósfera

Representación esquemática de diversos estreses ambientales (sequía, salinidad, metales pesados, temperatura) y su influencia en la morfología de la hoja (cambios en tamaño, grosor, venación, superficie), así como en las comunidades microbianas de la filósfera.

La hoja es un órgano altamente plástico, cuya estructura y función responden sensiblemente a un complejo de factores ambientales. La capacidad de las hojas para cambiar su anatomía, morfología y fisiología en respuesta a las condiciones de crecimiento se denomina plasticidad ecológica (plasticidad fenotípica). Las adaptaciones de la hoja son rasgos fijados evolutivamente que aumentan la eficacia biológica (fitness) de la planta dentro de un cierto rango de factores ecológicos (luz, disponibilidad de agua, temperatura, salinidad, etc.) (Aneja et al., 2025; Yang et al., 2025). En esta sección, examinaremos los principales tipos de adaptaciones ecológicas de la hoja, que ilustran tanto la plasticidad como la fijación hereditaria de los rasgos.

5.1 Adaptaciones al régimen de luz

La luz es el factor principal que determina la actividad fotosintética. Dentro de una misma especie, y a veces dentro de una misma copa, se desarrollan hojas que difieren significativamente en anatomía según la exposición a la luz (Aneja et al., 2025).

  • Hojas de sol (soleadas) se forman bajo una alta intensidad lumínica. Se caracterizan por un mayor grosor debido al parénquima en empalizada multicapa (a veces 2‑3 capas), una cutícula más gruesa y una mayor cantidad de cloroplastos por unidad de área (Evert, 2006; Mauseth, 2017). Tienen mayor densidad de venación y células de menor tamaño. Tales hojas tienen una tasa fotosintética máxima más alta, pero también un punto de saturación de luz más elevado.

  • Hojas de sombra se desarrollan en condiciones de deficiencia de luz. Son más delgadas (el parénquima en empalizada a menudo es monocapa), tienen cloroplastos más grandes pero menos numerosos, una cutícula más fina y a menudo una lámina foliar más grande, lo que les permite capturar luz difusa (Raven, 2005; Aneja et al., 2025). En hábitats sombreados se encuentran hojas con adaptaciones adicionales para captar luz, como células epidérmicas con forma de lente que enfocan la luz, en muchas especies de sotobosque tropical (Karabourniotis et al., 2021).

La diferenciación anatómica de las hojas de sol y sombra está determinada no solo genéticamente, sino que ocurre fenotípicamente durante el desarrollo. Trasladar una planta de la sombra a la luz conduce a la formación de hojas de sol en los nuevos brotes, pero las hojas viejas no se reestructuran (Aneja et al., 2025). Algunas especies presentan heterofilia asociada con cambios en la iluminación a medida que la planta crece (por ejemplo, hiedra, higuera).

5.2 Adaptaciones al régimen hídrico

El régimen hídrico es el segundo factor más importante que determina la evolución de la estructura anatómica de la hoja. Con respecto al agua, las plantas se dividen en tres grupos ecológicos principales: hidrófitas (plantas acuáticas), mesófitas (plantas de hábitats moderadamente húmedos) y xerófitas (plantas de hábitats secos) (Raven, 2005).

Hidrófitas

En las hidrófitas, especialmente en las formas completamente sumergidas, las hojas presentan una serie de adaptaciones a la vida en el medio acuático (Graham et al., 2014):

  • Cutícula fina o ausente; las células epidérmicas a menudo contienen cloroplastos (ya que la luz en el agua es difusa y débil).

  • El mesófilo no está diferenciado en empalizada y esponjoso; en él se desarrollan grandes espacios de aerénquima (llenos de aire) que facilitan la flotabilidad y el intercambio gaseoso (Evert, 2006). En las hojas flotantes de los nenúfares, los estomas están solo en la epidermis superior, mientras que en la cara inferior hay una cutícula gruesa.

  • El sistema vascular está reducido (especialmente el xilema), ya que la absorción de agua y sales minerales ocurre por toda la superficie.

Xerófitas

Las plantas de hábitats áridos (estepas, desiertos, maquis mediterráneo) poseen un conjunto de rasgos destinados a reducir la transpiración y acumular agua (Karabourniotis et al., 2021; Mauseth, 2017).

Rasgos xeromórficos (adaptaciones estructurales):

  • Cutícula gruesa y a menudo epidermis multicapa (por ejemplo, en adelfa, Ficus).

  • Estomas hundidos, a menudo ubicados en depresiones especiales — criptas estomáticas — donde se retiene aire húmedo (Karabourniotis et al., 2021; Evert, 2006). Las criptas suelen estar adicionalmente protegidas por pelos o tapones de cera.

  • Pubescencia densa (tricomas) que refleja parte de la radiación solar y reduce la velocidad del movimiento del aire en la superficie foliar (Karabourniotis et al., 2021). La pubescencia es especialmente característica de plantas desérticas y de alta montaña.

  • Esclerofilia — las hojas se vuelven rígidas, coriáceas debido al desarrollo de esclerénquima y colénquima. Esto evita su marchitamiento y daño (por ejemplo, olivo, laurel, alcornoque) (Mauseth, 2017).

  • Reducción de la lámina foliar — en algunas xerófitas, las hojas pueden ser pequeñas, escamosas o transformarse en espinas (cactus), y la función fotosintética la asume el tallo (Mauseth, 2017; véase el recuadro 6‑3 en Mauseth, 2017).

  • Suculencia — almacenamiento de agua en células parenquimáticas especializadas de almacenamiento de agua (aloe, agave, sedum) (Mauseth, 2017). Las hojas suculentas a menudo tienen cutícula gruesa y pocos estomas, y el intercambio gaseoso ocurre por la noche (fotosíntesis CAM) (Graham et al., 2014).

Adaptaciones fisiológicas y bioquímicas de las xerófitas incluyen la vía fotosintética C₄, que está asociada con una anatomía Kranz especial de la hoja (véase la sección 7.6 en Mauseth, 2017), así como la capacidad de cerrar los estomas bajo déficit hídrico mediante el ácido abscísico (Graham et al., 2014).

5.3 Adaptaciones al régimen de temperatura

La temperatura afecta a la hoja en todos los niveles — desde las membranas hasta el órgano entero. En climas fríos (alta montaña, regiones polares, taiga), las plantas perennifolias desarrollan hojas pequeñas, coriáceas, a menudo con una capa cerosa (por ejemplo, arándano rojo, gayuba). En muchas especies árticas, los estomas están hundidos y la cutícula es gruesa, lo que también protege contra la desecación por vientos fríos (Aneja et al., 2025). En las coníferas (abeto, pino), las hojas en forma de aguja tienen cutícula gruesa, hipodermis esclerificada y canales resiníferos, lo que aumenta la resistencia a las heladas (Evert, 2006). En climas cálidos, muchas plantas, por el contrario, forman hojas más delgadas con un alto contenido de agua, lo que facilita el enfriamiento mediante la transpiración. La caída de las hojas en la zona templada es una adaptación a las heladas invernales: la pérdida de hojas evita la pérdida de agua del suelo congelado y los daños mecánicos por la nieve (Graham et al., 2014).

5.4 Adaptaciones a la salinidad (halófitas)

Las halófitas son plantas de suelos salinos (salares, manglares). Sus hojas tienen glándulas de sal especializadas (por ejemplo, en limonio, mangles Avicennia) que excretan activamente el exceso de sales hacia la superficie de la hoja; luego las sales son arrastradas por la lluvia o se caen con las hojas viejas (Karabourniotis et al., 2021). En algunas halófitas, las hojas se vuelven carnosas (suculentas), almacenando agua y diluyendo las sales. Anatómicamente, las halófitas suelen desarrollar mesófilo isolateral y epidermis multicapa (Yang et al., 2025).

5.5 Adaptaciones a la deficiencia de nutrientes e insectivoría

En suelos pobres en nitrógeno (pantanos, rocas), algunas plantas han evolucionado hacia la carnivoría — captura y digestión de pequeños animales. Las hojas trampa son un ejemplo de especialización morfofuncional extrema. En el rocío de sol (Drosera), las hojas están cubiertas de pelos glandulares que secretan mucílago pegajoso y enzimas; en la Venus atrapamoscas (Dionaea), la hoja puede cerrarse de golpe al estimularse pelos sensitivos; en Nepenthes (Nepenthes), las hojas tienen forma de jarro con tapa (Graham et al., 2014; Mauseth, 2017). Todas las plantas carnívoras conservan la capacidad de realizar fotosíntesis, y las trampas les proporcionan nitrógeno adicional.

5.6 Plasticidad en respuesta a microorganismos y contaminación

El microbioma de la filósfera (bacterias, hongos, algas en la superficie de la hoja) puede tanto suprimir la planta como estimular sus respuestas defensivas. Algunas bacterias epífitas contribuyen a la fijación de nitrógeno o a la síntesis de fitohormonas (Yang et al., 2025). Bajo contaminación del aire (dióxido de azufre, ozono, metales pesados), las hojas a menudo se dañan: se altera la función estomática, se degrada la clorofila y se desarrolla necrosis. Los cambios visibles en las hojas (clorosis, manchas, caída prematura de las hojas) pueden servir como indicadores de la calidad del aire (Yang et al., 2025).

6. La hoja en el sistema de la planta entera

La hoja no es un órgano aislado: su desarrollo, función e incluso su duración de vida están subordinados a los objetivos generales de todo el organismo vegetal. Las interacciones de la hoja con el sistema radicular, el tallo, las yemas axilares y los órganos reproductivos aseguran la integración de la nutrición mineral, la fotosíntesis, el transporte de asimilados y la regulación del crecimiento. Estas interacciones se describen a través de los conceptos de correlaciones, relaciones fuente‑sumidero y arquitectura de la copa.

6.1 Interrelación de la hoja con la raíz y el tallo

El sistema radicular y las hojas se encuentran en un estado de control mutuo funcional. Las raíces suministran a las hojas agua y nutrientes minerales disueltos (principalmente nitrógeno, fósforo, potasio) a través del xilema — la corriente ascendente (Evert, 2006). Bajo déficit hídrico, las raíces sintetizan ácido abscísico (ABA), que es transportado vía xilema a las hojas y provoca el cierre estomático, limitando así la transpiración (Graham et al., 2014). A su vez, las hojas suministran a las raíces sustancias orgánicas (sacarosa) a través del floema — la corriente descendente. Los productos fotosintéticos son necesarios para el crecimiento de las raíces, la absorción de iones y la síntesis de aminoácidos (Evert, 2006).

El tallo (eje del brote) sirve como conexión física y conductora entre las hojas y las raíces. Los haces vasculares del tallo, a través de los rastros foliares, se conectan con las nervaduras de la hoja (Raven, 2005; Evert, 2006). En el nudo, uno o varios rastros foliares se separan de la estela del tallo y se dirigen hacia la base de la hoja; por encima de este nodo, queda en la estela una laguna foliar — una región de parénquima donde los haces vasculares están ausentes (Esau, 1977; citado en Evert, 2006). La estructura del nudo (número de rastros y lagunas foliares) es un carácter sistemático importante para algunas familias.

6.2 Relaciones fuente‑sumidero (source–sink)

En la planta existe un flujo continuo de asimilados desde los lugares de producción (fuentes, source) hacia los lugares de uso o almacenamiento (sumideros, sink) (Evert, 2006). Las hojas, especialmente las maduras, son los principales donantes de carbono orgánico. Los sumideros incluyen los ápices de brotes y raíces en crecimiento, las hojas en desarrollo, las flores, los frutos y los órganos de almacenamiento (tubérculos, rizomas, bulbos). La distribución de los asimilados entre los diferentes sumideros está regulada por señales hormonales y las demandas de la planta. Por ejemplo, durante el llenado del grano en cereales, las relaciones fuente‑sumidero se reestructuran de modo que los asimilados de la hoja bandera y las hojas inferiores se dirigen preferentemente a la espiga (Mauseth, 2017). Las hojas senescentes, antes de caer, remobilizan sus sustancias de reserva (nitrógeno, fósforo, potasio, azúcares) a las partes jóvenes en crecimiento — un fenómeno llamado reutilización (Raven, 2005). Un sistema fuente‑sumidero equilibrado es una condición crítica para un alto rendimiento en los cultivos agrícolas.

6.3 Filotaxis y mosaico foliar

La filotaxis (disposición de las hojas) es el orden de fijación de las hojas al tallo, determinado genéticamente y que asegura una colocación espacial óptima de las láminas foliares. Tipos principales: alterna (espiralada), opuesta (dos hojas por nudo, a menudo decusada) y verticilada (tres o más hojas por nudo) (Simpson, 2019). La filotaxis es importante para la captura de luz, el intercambio gaseoso y la estabilidad mecánica del brote. Se ha establecido que la filotaxis está controlada por la auxina y las proteínas PIN1, que crean zonas de alta concentración de auxina en el ápice, iniciando la formación de primordios (Reinhardt et al., 2003; Malinowski, 2013).

Mosaico foliar es la disposición mutua de las hojas (a menudo en brotes plagiótropos) de manera que las láminas no se dan sombra entre sí, sino que llenan los espacios entre hojas vecinas (Serebryakova et al., 2006). El mosaico foliar se logra mediante diferentes longitudes de pecíolo, curvatura de los pecíolos y diferentes orientaciones de las láminas. Este fenómeno es especialmente pronunciado en plantas del sotobosque del bosque y en muchas hierbas rastreras. El principal factor externo que induce el mosaico foliar es la luz: el pecíolo se curva hacia una mejor iluminación, girando la lámina hacia la luz (Serebryakova et al., 2006).

6.4 Arquitectura de la copa y el papel de las hojas

La arquitectura de la copa (la forma general y la estructura del sistema de brotes) determina la eficiencia del uso de la luz y el espacio por árboles y arbustos. En la formación de la copa, las hojas juegan no solo un papel fotosintético sino también mecánico: crean carga sobre las ramas e influyen en su orientación. La ramificación de los brotes, el ángulo de las ramas y la longitud de los entrenudos están interrelacionados con la filotaxis y la morfología de las hojas (Serebryakova et al., 2006). En las coníferas (abeto, pino), la ramificación verticilada y la forma acicular de las hojas contribuyen a una distribución uniforme de la carga de nieve. En los árboles caducifolios, el período sin hojas reduce la resistencia al viento y el riesgo de rotura de ramas durante las tormentas invernales (Graham et al., 2014).

6.5 Correlaciones entre la hoja y otros órganos

La planta como sistema integrado se caracteriza por correlaciones — influencias y dependencias mutuas entre el crecimiento y desarrollo de diferentes órganos. Se conocen las siguientes correlaciones que involucran a la hoja (Serebryakova et al., 2006):

  • Correlación hoja‑raíz — la inhibición de las raíces (por ejemplo, bajo sequía o anegamiento) afecta inmediatamente el estado de las hojas (marchitamiento, clorosis, necrosis). Y viceversa, la eliminación de parte de las hojas reduce el suministro de asimilados a las raíces y ralentiza su crecimiento.

  • Correlación hoja‑tallo — el desarrollo de las hojas estimula el engrosamiento del tallo mediante la activación del cambium. Los rastros foliares y la ramificación del tallo están en estrecha conexión anatómica y funcional.

  • Correlaciones entre hojas — por ejemplo, la eliminación de una de dos hojas opuestas conduce a un crecimiento potenciado de la hoja restante (crecimiento compensatorio). Las hojas viejas a menudo sombrean a las jóvenes, lo que provoca en estas últimas el desarrollo de una estructura de tipo sombra.

  • Correlación entre hoja y yema axilar — la hoja suministra asimilados y hormonas a la yema axilar. La eliminación de la hoja puede retrasar o suprimir completamente el desarrollo de la yema (un fenómeno de dominancia apical), que también está regulado por la auxina de la yema terminal (Mauseth, 2017).

6.6 Influencia de la hoja en la morfogénesis del brote

La hoja secreta sustancias fisiológicamente activas que influyen en el crecimiento y diferenciación de los tejidos circundantes. Por ejemplo, las hojas en desarrollo son una fuente poderosa de auxina, que estimula la formación de procambium y la diferenciación de xilema y floema en el tallo (Malinowski, 2013). Los primordios foliares inducen la formación de rastros foliares e influyen en el patrón de ramificación del tallo. Todo esto subraya la unidad del sistema de brotes y la imposibilidad de considerar la hoja separada del brote.

7. Manejo aplicado y significado agronómico de la hoja

La hoja es un objeto central del control agronómico, porque su estado determina la productividad fotosintética del cultivo, la tolerancia al estrés y, en última instancia, el rendimiento. El significado agronómico de la hoja va más allá de sus funciones naturales: el ser humano ha aprendido a manejar activamente el crecimiento y desarrollo de las hojas, a utilizarlas como indicadores de la nutrición y salud de las plantas, y como fuente de forraje, materias primas y sustancias medicinales. En esta sección, consideraremos los aspectos aplicados clave relacionados con la hoja.

7.1 Índice de Área Foliar (IAF) y potencial fotosintético del cultivo

El Índice de Área Foliar (Leaf Area Index, LAI) es una magnitud adimensional igual a la relación entre el área de las hojas (una cara) y la superficie de suelo que ocupan (Graham et al., 2014). Por ejemplo, con IAF = 3, el área foliar total es tres veces mayor que la superficie del campo. El IAF es un indicador crucial de la estructura del dosel del cultivo: determina la absorción de la radiación fotosintéticamente activa (RFA), la transpiración y la productividad potencial.

El valor óptimo de IAF depende del cultivo, el clima y la tecnología de cultivo. Si el IAF es demasiado bajo (cultivo ralo), la energía solar no se utiliza completamente; si el IAF es demasiado alto (cultivo denso), las hojas inferiores quedan muy sombreadas, su fotosíntesis disminuye y aumenta el riesgo de enfermedades debido a la mala ventilación (Graham et al., 2014; Ritonga et al., 2023). La agricultura de precisión moderna utiliza cálculos de IAF para ajustar las dosis de siembra, las épocas y dosis de fertilización nitrogenada, y para la predicción de cosechas mediante imágenes satelitales y de drones.

Para la mayoría de los cultivos extensivos (trigo, maíz, soja, papa), la máxima productividad se alcanza con valores de IAF en el rango de 3‑5 (Graham et al., 2014). La formación y la duración de vida de las hojas se pueden regular mediante prácticas agronómicas: riego, fertilización nitrogenada, reguladores del crecimiento (por ejemplo, retardantes que aumentan el grosor de la hoja y el contenido de clorofila) (Ritonga et al., 2023).

7.2 Prácticas agronómicas para el manejo del aparato foliar

Defoliación

Defoliación — eliminación artificial de hojas (total o parcial) para lograr objetivos económicos específicos. En agronomía, la defoliación se utiliza:

  • En el algodón para estimular la maduración uniforme de las cápsulas y facilitar la cosecha mecanizada (Mauseth, 2017).

  • En viticultura y fruticultura para mejorar la exposición a la luz de racimos y frutos, reducir la incidencia de enfermedades y aumentar el contenido de azúcar.

  • En la producción de plántulas (tomates, pepinos) para mejorar la ventilación y prevenir enfermedades fúngicas.

La defoliación química se realiza con defoliantes (por ejemplo, clorato de magnesio, etefón), que inducen la formación de la capa de abscisión y la caída de las hojas sin dañar el tallo y los frutos (Raven, 2005).

Despunte (eliminación de chupones)

Despunte — eliminación de brotes laterales (chupones) que se desarrollan a partir de las axilas de las hojas. Se utiliza en el cultivo de tomates, pimientos, tabaco y algunas plantas ornamentales (Serebryakova et al., 2006). La eliminación de los chupones redirige los asimilados desde el crecimiento vegetativo hacia la formación de frutos, acelera la maduración y mejora la calidad del fruto. En los tomates, el despunte regular también mejora la iluminación y la ventilación de las hojas inferiores (Mauseth, 2017).

Formación de la copa y poda

En árboles frutales y ornamentales, la poda de ramas y hojas tiene como objetivo optimizar el régimen de luz de la copa, eliminar órganos enfermos y moribundos y rejuvenecer las plantas. El aclareo de la copa aumenta la proporción de luz directa y favorece la iniciación de yemas fructíferas (Graham et al., 2014).

7.3 Fertilización foliar (fertilización por vía foliar)

La fertilización foliar — aplicación de fertilizantes mediante pulverización de las hojas, evitando la absorción radicular. Este método se utiliza ampliamente en la producción de hortalizas, frutas y flores debido a la rápida absorción de elementos (nitrógeno, potasio, micronutrientes, algunos compuestos de fósforo) (Evert, 2006). La fertilización foliar es efectiva:

  • Cuando la función radicular está alterada (salinidad, anegamiento, enfermedad radicular).

  • Para la corrección rápida de deficiencias de micronutrientes (hierro, zinc, manganeso, boro).

  • Durante períodos de crecimiento intensivo de frutos y llenado de grano, cuando el sistema radicular ya no puede satisfacer la demanda.

La absorción de nutrientes a través de la hoja depende de la estructura de la cutícula, los estomas y la presencia de hidatodos — estomas acuosos a través de los cuales puede ocurrir la absorción de soluciones (Evert, 2006). Para mejorar la eficiencia, se añaden tensioactivos (surfactantes) a las soluciones de trabajo para mejorar el mojado y la penetración a través de la cutícula (Graham et al., 2014).

7.4 Diagnóstico de nutrición y enfermedades mediante las hojas

El análisis visual de la hoja es un método clásico y más accesible para evaluar el estado nutricional mineral y fitosanitario de las plantas.

Diagnóstico por la apariencia de la hoja:

  • Clorosis (amarillamiento) puede indicar deficiencia de nitrógeno, hierro, magnesio, azufre o una infección viral (Yang et al., 2025). El patrón de clorosis (clorosis vascular, intervenal, uniforme) ayuda a identificar la deficiencia de un elemento específico.

  • Necrosis (muerte del tejido) — síntoma de deficiencia de potasio (necrosis marginal en hojas viejas), deficiencia de calcio (muerte de los puntos de crecimiento) o quemadura por fertilizantes.

  • Coloración antociánica (rojo‑violácea) a menudo indica deficiencia de fósforo o estrés (frío, sequía), ya que la acumulación de antocianinas protege el aparato fotosintético (Karabourniotis et al., 2021).

  • Manchas, podredumbres, recubrimientos — signos de enfermedades fúngicas y bacterianas, cuya identificación mediante la morfología de la hoja es la base del diagnóstico fitopatológico.

El análisis foliar puede complementarse con el análisis químico de las hojas (determinación del contenido de nitrógeno, fósforo, potasio y micronutrientes). Para ello, se toman muestras promedio de hojas de un determinado estrato en la fase de máximo desarrollo de la masa vegetativa (Evert, 2006).

7.5 Usos económicos de las hojas

Las hojas no solo son la base de la productividad de las plantas, sino también un recurso valioso para los humanos.

  • Cultivos alimentarios y forrajeros: las hojas de lechuga, repollo, espinaca, perejil, eneldo, albahaca, menta son parte integral de la dieta (Graham et al., 2014). Los pastos forrajeros (gramíneas, leguminosas) son la principal fuente de masa verde para el ganado. La calidad del ensilaje y heno se determina, en primer lugar, por la frondosidad y el contenido de proteína en las hojas (Yang et al., 2025).

  • Cultivos industriales: las hojas de tabaco y de Nicotiana rustica son materia prima para la nicotina; las hojas de eucalipto — fuente de aceite esencial y alcanfor; las hojas de agave — materia prima para fibra y tequila; las hojas de kenaf y yute — para fibras gruesas (Mauseth, 2017).

  • Plantas medicinales: las hojas de menta piperita, salvia, llantén, ortiga, tusilago se utilizan ampliamente en medicina y farmacología. Contienen flavonoides, aceites esenciales, amargos y otras sustancias biológicamente activas (Serebryakova et al., 2006).

  • Jardinería ornamental y paisajismo: la diversidad de formas y colores de las hojas (cultivares variegados, coníferas, palmeras) se utiliza en jardinería.

7.6 La hoja como indicador de la calidad ambiental

Las hojas de las plantas (especialmente de los árboles) sirven como bioindicadores de la contaminación del aire. Bajo la exposición a dióxido de azufre, ozono, óxidos de nitrógeno y metales pesados, aparecen en las hojas necrosis características, clorosis y caída prematura de las hojas (Yang et al., 2025). La densidad estomática, el grosor de la cutícula y el contenido de pigmentos en las hojas, medidos en zonas urbanas e industriales, permiten evaluar el nivel de carga antropogénica. En el monitoreo ambiental moderno, se utilizan ampliamente métodos basados en la fluorescencia de la clorofila y la reflectancia espectral de la hoja.

7.7 Perspectivas del manejo de los caracteres foliares en el fitomejoramiento

El fitomejoramiento moderno se dirige a crear cultivares con una arquitectura óptima del aparato foliar: en cereales, con hojas erectas (reduciendo el sombreado); en leguminosas, con forma y tamaño de hoja modificados para aumentar la resistencia al vuelco (Ritonga et al., 2023). Se han estudiado genes responsables del ángulo de la hoja (por ejemplo, OsSPL14/IPA1 en arroz), la forma y el rizado de la hoja (genes homeobox KNOX), y la duración de vida de la hoja (genes que controlan la senescencia) (He et al., 2016; Ritonga et al., 2023; Nakayama et al., 2025). La edición del genoma mediante CRISPR/Cas9 permite modificar de manera dirigida los caracteres foliares, lo que abre nuevos horizontes para la creación de cultivares con productividad y resistencia deseadas.

Referencias

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