Mitocondrias de la célula vegetal
Mitocondrias de la célula vegetal (del griego mitos — hilo y chondros — gránulo) son orgánulos de doble membrana semiautónomos presentes en prácticamente todas las células eucariotas, incluidas las plantas. Funcionan como las principales centrales energéticas de la célula, donde, durante la respiración celular, la energía de las moléculas orgánicas (azúcares, ácidos grasos) se convierte en la forma universal de adenosín trifosfato (ATP) (Bidlack & Jansky, 2021; Mauseth, 2017). Sin embargo, las funciones de las mitocondrias en las plantas no se limitan a la energética. Participan activamente en la fotorrespiración (junto con peroxisomas y cloroplastos), en la síntesis de precursores de muchos aminoácidos, lípidos y grupos hemo, y también desempeñan un papel clave en el mantenimiento de la homeostasis redox, la señalización durante el estrés y el inicio de la muerte celular programada (Selinski et al., 2024; Chustecki & Johnston, 2024).
Según la ampliamente aceptada teoría endosimbiótica, las mitocondrias proceden de bacterias de vida libre relacionadas con las α-proteobacterias actuales (p. ej., Rickettsia) (Bidlack & Jansky, 2021; Mauseth, 2017). Se cree que en las primeras etapas de la evolución eucariota, una célula heterótrofa ancestral (el huésped), con actividad fagocítica, engulló a dicha bacteria pero no la digirió. En lugar de ello, el simbionte quedó protegido del entorno externo y obtuvo acceso a nutrientes orgánicos, mientras que a cambio proporcionó a la célula huésped un potente mecanismo de fosforilación oxidativa que aumentó significativamente la eficiencia en el uso de la energía (Graham et al., 2014; Mauseth, 2017).
Las principales pruebas de esta teoría son:
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ADN circular propio: las mitocondrias contienen su propia molécula circular de ADN (ADNmt), cuya estructura recuerda a un cromosoma bacteriano y no está asociada a histonas (Evert, 2006; Yakovlev et al.).
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Propio aparato de síntesis de proteínas: en la matriz mitocondrial se encuentran ribosomas 70S (más pequeños que los ribosomas 80S del citoplasma), similares a los ribosomas bacterianos y sensibles a antibióticos que inhiben la síntesis de proteínas en procariotas (Evert, 2006; Graham et al., 2014).
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Doble membrana: las mitocondrias están rodeadas por dos membranas. La membrana externa probablemente deriva de la membrana de la célula huésped que formó la vesícula fagocítica, mientras que la membrana interna deriva de la membrana citoplasmática de la propia bacteria (Mauseth, 2017; Sterns [Bidlack & Jansky], 2021).
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Reproducción por división: las mitocondrias se reproducen por división binaria (constricción), independientemente de la división nuclear, de manera similar a las bacterias (Evert, 2006; Serebryakova et al., 2006).
Durante la larga coevolución, la mayoría de los genes de la bacteria simbionte se perdieron o se transfirieron al núcleo de la célula huésped (transferencia horizontal de genes). Así, las mitocondrias modernas codifican solo alrededor del 1 % de las proteínas que necesitan (principalmente componentes de la cadena respiratoria), mientras que el 99 % restante de las proteínas, incluidas muchas enzimas del ciclo de los ácidos tricarboxílicos y proteínas del sistema de importación, están codificadas en el núcleo, se sintetizan en ribosomas citoplasmáticos y luego se importan al orgánulo (Abe & Numata, 2024; Evert, 2006). Este hecho confirma que las mitocondrias no son organismos independientes, sino orgánulos integrales, aunque semiautónomos, de la célula vegetal.
1. Funciones de las mitocondrias
La función principal y más conocida de las mitocondrias es la producción de energía. Es en estos orgánulos donde ocurre la oxidación de sustancias orgánicas (productos de la glucólisis, ácidos grasos, aminoácidos) y la energía liberada se almacena en forma de moléculas de ATP. Este proceso se denomina fosforilación oxidativa, tiene lugar en la membrana interna de las mitocondrias (cristas) y suministra a la célula el principal “combustible” para la síntesis, el transporte y otros procesos que consumen energía (Bidlack & Jansky, 2021; Evert, 2006). En la célula vegetal, que carece de un sistema nervioso central, las mitocondrias son especialmente importantes para mantener los gradientes iónicos, el funcionamiento de los sistemas de transporte y el crecimiento activo (Selinski et al., 2024).
Sin embargo, en las plantas las mitocondrias realizan una serie de funciones adicionales, no menos significativas, que las distinguen de las mitocondrias de animales y hongos.
1.1. Participación en la fotorrespiración (vía del glicolato)
Esta es una de las funciones especializadas más importantes de las mitocondrias vegetales. Bajo alta intensidad luminosa y temperatura elevada, la enzima Rubisco (ribulosa‑1,5‑bisfosfato carboxilasa/oxigenasa) comienza a utilizar O2 en lugar de CO2, lo que lleva a la formación de fosfoglicolato tóxico. Durante la fotorrespiración, este metabolito tóxico se convierte en glicolato, que pasa de los cloroplastos a los peroxisomas y luego a las mitocondrias. En las mitocondrias, el glicolato se oxida a glioxilato con formación de glicina. Luego, dos moléculas de glicina se convierten en serina, liberando CO2 y amoníaco. De esta manera, las mitocondrias, los cloroplastos y los peroxisomas trabajan en estrecha cooperación metabólica, y las mitocondrias desempeñan un papel central en este proceso (Graham et al., 2014; Selinski et al., 2024). Aunque la fotorrespiración se considera energéticamente costosa (reduce la productividad fotosintética neta), cumple una función protectora, previniendo la fotoinhibición y participando en la regeneración de NAD\+ (Mauseth, 2017).
1.2. Termogénesis (producción de calor)
En tejidos especializados de algunas plantas (por ejemplo, en las inflorescencias de Arum, nenúfar y ciertas especies de magnolias), las mitocondrias tienen la capacidad de producir calor. Esto ocurre desviando el flujo de electrones de la vía del citocromo hacia la oxidasa alternativa (AOX). Esta vía no está acoplada a la síntesis de ATP y la energía de la oxidación de los sustratos se disipa en forma de calor. La producción de calor promueve la evaporación de compuestos aromáticos volátiles que atraen a los insectos polinizadores y también puede proteger a los órganos reproductivos de las heladas (Evert, 2006; Chustecki & Johnston, 2024).
1.3. Funciones biosintéticas
En las mitocondrias de las células vegetales se localizan importantes vías metabólicas no relacionadas directamente con la producción de ATP. Estas incluyen:
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Síntesis de precursores del grupo hemo (porfirinas) – componente clave de los citocromos y la clorofila.
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Síntesis de ácido lipoico y algunos aminoácidos (por ejemplo, síntesis de glutamato y prolina en condiciones de estrés).
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Un paso importante en la biosíntesis de isoprenoides – la vía del metileritritol fosfato (MEP) – también está parcialmente localizado en las mitocondrias (Evert, 2006; Selinski et al., 2024).
1.4. Mantenimiento de la homeostasis redox y función de señalización
Las mitocondrias son una de las principales fuentes de especies reactivas de oxígeno (ROS) en la célula vegetal, junto con los cloroplastos y los peroxisomas (Serebryakova et al., 2006). Durante el funcionamiento normal de la cadena respiratoria se producen cantidades moderadas de superóxido y peróxido de hidrógeno (H2O2), que actúan como importantes moléculas de señalización. Participan en la transmisión de señales durante el estrés (sequía, salinidad, patógenos), regulan la expresión de genes de defensa e incluso influyen en el ciclo celular (Molina‑Moya et al., 2025; Beck, 2010). Cuando se altera la cadena respiratoria (por ejemplo, por inhibición de los complejos I o III), el nivel de ROS aumenta bruscamente, lo que puede conducir a estrés oxidativo y al inicio de la muerte celular programada (Selinski et al., 2024). Por lo tanto, las mitocondrias actúan como sensores del estado metabólico de la célula y moduladores de las respuestas de defensa.
1.5. Participación en la muerte celular programada (PCD)
En las plantas, al igual que en los animales, las mitocondrias están involucradas en procesos de muerte celular programada, por ejemplo, durante la diferenciación del xilema (vasos) o durante la respuesta hipersensible a patógenos. Sin embargo, los mecanismos difieren de los de los animales: en las plantas, el citocromo c no parece desempeñar un papel central; más bien son importantes los cambios en la permeabilidad de las membranas mitocondriales, la acumulación de ROS y la liberación de otros factores que activan caspasas de tipo vegetal (Evert, 2006; Selinski et al., 2024; Chustecki & Johnston, 2024).
1.6. Importancia para la agricultura
Directamente relacionado con la función mitocondrial está el fenómeno de la esterilidad masculina citoplasmática (EMC). Es causada por mutaciones en el ADN mitocondrial que conducen a un desarrollo deficiente del polen (Abe & Numata, 2024; Chustecki & Johnston, 2024). La EMC se utiliza ampliamente en la mejora genética y la producción de semillas híbridas (maíz, girasol, cebolla, zanahoria) para obtener híbridos heteróticos sin la costosa emasculación manual de las flores. Comprender los principios del funcionamiento mitocondrial y los mecanismos de transferencia de su material genético abre perspectivas para la edición del genoma mitocondrial con el fin de aumentar el rendimiento de los cultivos y su tolerancia al estrés (Abe & Numata, 2024).
2. Forma, tamaño y localización en la célula vegetal
Las mitocondrias de la célula vegetal presentan una alta plasticidad morfológica: su forma, tamaño y distribución intracelular no son estáticos, sino que cambian dinámicamente dependiendo del tipo de tejido, la edad de la célula, el estado fisiológico y los factores externos (Chustecki & Johnston, 2024; Mauseth, 2017).
2.1. Forma y tamaño
En plantas superiores, las mitocondrias suelen tener forma de bastones individuales, filamentos o gránulos redondeados (de ahí su nombre — «gránulos filamentosos»). Típicamente son orgánulos punteados (discretos), formando raramente las redes extensas características de las mitocondrias en células animales cultivadas (Chustecki & Johnston, 2024; Beck, 2010).
Las dimensiones de las mitocondrias varían, pero en promedio son:
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Diámetro: alrededor de 0,3–0,8 µm (a veces hasta 1,0 µm);
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Longitud: de 1,0 a 3,0 µm; en células alargadas pueden alcanzar 5–10 µm (Evert, 2006; Serebryakova et al., 2006).
Además, dentro de una misma célula pueden coexistir mitocondrias de diferentes formas — desde esféricas hasta largas filamentosas. Esta heterogeneidad de forma es consecuencia de los constantes procesos de división y fusión (ver sección 4). Una excepción son algunas células especializadas, por ejemplo, en meristemas apicales o en células del tubo polínico, donde las mitocondrias pueden ser muy alargadas (Evert, 2006; Chustecki & Johnston, 2024). En algas y plantas inferiores, la forma de las mitocondrias puede ser aún más diversa (por ejemplo, mitocondrias reticulares en algunas algas verdes) (Graham et al., 2014).
2.2. Número por célula
El número de mitocondrias en una célula vegetal varía ampliamente. Depende de la actividad metabólica de la célula, su tipo y fase de desarrollo. Las células meristemáticas jóvenes contienen relativamente pocas mitocondrias (su número es comparable al de los núcleos en división), mientras que las células diferenciadas con altas demandas energéticas pueden contener cantidades enormes.
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En células epidérmicas de cebolla se han contado más de 10 000 mitocondrias.
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En células del mesófilo foliar de Arabidopsis thaliana suele haber de 200 a 300 mitocondrias.
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En cultivos de protoplastos de tabaco (Nicotiana tabacum) se encuentran alrededor de 500–600 mitocondrias.
(Chustecki & Johnston, 2024; Evert, 2006).
El número de mitocondrias puede aumentar rápidamente mediante división cuando aumentan las demandas energéticas de la célula (por ejemplo, durante la transición del reposo a la germinación de la semilla, durante la maduración de los frutos).
2.3. Localización y movimiento
A diferencia de las células animales, donde las mitocondrias se desplazan a lo largo de los microtúbulos, en las células vegetales su movimiento ocurre a lo largo de microfilamentos de actina (hebras de F‑actina). Este proceso es dependiente de ATP y está mediado por proteínas motoras de miosina (Evert, 2006; Beck, 2010).
Las mitocondrias no se distribuyen uniformemente, sino que se localizan en regiones específicas de la célula donde su función es más necesaria:
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Periferia celular (a lo largo de la membrana plasmática): aquí proporcionan energía para el transporte activo de bombas iónicas, la secreción y los procesos de señalización.
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Cerca del núcleo: muchas mitocondrias a menudo se acumulan alrededor del núcleo, lo que se explica por los altos costos energéticos de la replicación, la transcripción y la exportación de ARN (Chustecki & Johnston, 2024; Evert, 2006).
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Cerca de los cloroplastos (en plantas): las mitocondrias a menudo se adosan estrechamente a los cloroplastos y peroxisomas, lo que es necesario para el funcionamiento eficiente de las vías metabólicas compartidas — principalmente la fotorrespiración. Esta cooperación espacial reduce las pérdidas por difusión de metabolitos (glicolato, glicina) y aumenta las velocidades de reacción (Mauseth, 2017; Evert, 2006).
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En zonas de crecimiento activo (regiones polares): en células en crecimiento (células del tubo polínico, pelos radiculares), las mitocondrias se concentran en la parte apical (en crecimiento), donde la energía del ATP se requiere para la síntesis de nuevos componentes de la pared celular y membranas (Chustecki & Johnston, 2024).
2.4. Dinámica de la forma: fusión y división
Aunque las mitocondrias de las células vegetales suelen existir como orgánulos separados, se dividen constante y activamente (fisión binaria) y pueden fusionarse temporalmente (fusión) con separación posterior (fenómeno de «beso y huida», «kiss‑and‑run»). Este equilibrio dinámico entre división y fusión (fisionomía mitocondrial) es críticamente importante para:
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mantener la integridad y funcionalidad del genoma mitocondrial (intercambio de ADN entre orgánulos);
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reemplazar componentes dañados;
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distribuir uniformemente las mitocondrias entre las células hijas durante la división celular.
La alteración del equilibrio hacia una fusión excesiva conduce a la formación de mitocondrias reticulares gigantes, mientras que hacia una división excesiva conduce a una fragmentación excesiva. Ambos estados se observan bajo diversos tipos de estrés (frío, sequía, radiación UV) o mutaciones en genes que regulan la división mitocondrial (por ejemplo, en el gen FRIENDLY) (Chustecki & Johnston, 2024; Evert, 2006).
Conclusión clave para el agricultor: La localización de las mitocondrias en las células del mesófilo foliar en estrecha asociación con cloroplastos y peroxisomas subraya su papel clave en la fotorrespiración — un proceso que, en climas cálidos y secos, reduce significativamente el rendimiento de los cultivos. Comprender la organización espacial de estos orgánulos es importante para desarrollar estrategias que mejoren la productividad fotosintética.
3. Estructura de la mitocondria
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Ultraestructura mitocondrial
Representación esquemática de la ultraestructura mitocondrial. El diagrama muestra los componentes principales: membrana interna (1), membrana externa (2), crestas (3) y matriz (4).
La mitocondria de una célula vegetal posee una estructura compleja y altamente ordenada que está directamente relacionada con sus funciones. Al igual que los plástidos, la mitocondria es un orgánulo de doble membrana. Se distinguen los siguientes componentes estructurales principales: la membrana externa, la membrana interna, el espacio intermembrana y la matriz (Evert, 2006; Mauseth, 2017). Cada uno de estos compartimentos se caracteriza por una composición química, un conjunto de enzimas y unas funciones únicas.
3.1. Membrana externa
La membrana externa es el límite exterior de la mitocondria, que separa el orgánulo del citosol. Estructuralmente, es una membrana elemental típica de unos 6–7 nm de espesor, que en las micrografías electrónicas aparece como una estructura trilaminar (dos capas oscuras separadas por un espacio claro) (Evert, 2006; Beck, 2010).
Composición química y propiedades. La membrana externa contiene aproximadamente un 50 % de lípidos y un 50 % de proteínas, pero su composición lipídica difiere de la de la membrana interna. Es rica en fosfolípidos (fosfatidilcolina, fosfatidiletanolamina) y esteroles, lo que le confiere cierta fluidez. La característica más importante de la membrana externa es la presencia de numerosas proteínas especializadas que forman canales — porinas (Evert, 2006; Yakovlev et al., 2008).
Permeabilidad y funciones. Gracias a las porinas, la membrana externa es permeable a moléculas con una masa molecular de hasta 5–10 kDa. Esto significa que moléculas pequeñas como iones, azúcares, aminoácidos y nucleótidos pueden difundir libremente desde el citosol al espacio intermembrana (Evert, 2006; Beck, 2010). Por lo tanto, la composición química del espacio intermembrana en cuanto a compuestos de bajo peso molecular es prácticamente idéntica a la del citosol.
Un punto importante específico de plantas: a diferencia de las células animales, la membrana externa de las mitocondrias vegetales también contiene transportadores específicos para metabolitos involucrados en la fotorrespiración y otras vías propias de plantas (por ejemplo, para glicina y serina) (Graham et al., 2014; Selinski et al., 2024).
Ausencia de grandes invaginaciones de la membrana. A diferencia de la membrana interna, la membrana externa no forma pliegues ni protrusiones. Es lisa y está estrechamente adosada a la membrana interna, pero no se fusiona con ella. Entre ambas queda un espacio en forma de hendidura — el espacio intermembrana (más detalles en la sección 3.3) (Mauseth, 2017; Serebryakova et al., 2006).
Interacción con otros orgánulos. La membrana externa sirve como plataforma para anclar las mitocondrias al citoesqueleto (filamentos de actina) mediante proteínas receptoras especializadas. Esto asegura el movimiento dirigido del orgánulo hacia los sitios de consumo activo de ATP (Evert, 2006; Chustecki & Johnston, 2024). Además, a través de la membrana externa se importan prácticamente todas las proteínas mitocondriales sintetizadas en ribosomas citoplasmáticos. Para ello, la membrana externa contiene el translocasa de la membrana externa (complejo TOM) — una estructura proteica compleja que reconoce las secuencias señal mitocondriales (presecuencias) y facilita los pasos iniciales del transporte de proteínas hacia el orgánulo (Evert, 2006; Abe & Numata, 2024).
3.2. Espacio intermembrana
El espacio intermembrana (espacio perimitocondrial) es la región comprendida entre las membranas externa e interna de la mitocondria. Su anchura es de aproximadamente 6–10 nm (Evert, 2006; Beck, 2010).
Composición química y características. Como se ha señalado, debido a las porinas de la membrana externa, este espacio es libremente permeable a sustancias de bajo peso molecular (iones, azúcares, aminoácidos, nucleótidos) con una masa molecular inferior a 5–10 kDa. Por lo tanto, en cuanto a metabolitos de bajo peso molecular, el espacio intermembrana es casi idéntico al citosol (Evert, 2006; Mauseth, 2017).
Sin embargo, también contiene un conjunto de proteínas especializadas que se retienen en este compartimento porque la membrana interna es impermeable a ellas. Entre estas proteínas se encuentran:
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proteínas involucradas en el transporte y fosforilación de nucleótidos;
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ciertas isoformas del citocromo c;
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proteínas implicadas en el ensamblaje de los complejos respiratorios y en la importación de proteínas (Evert, 2006; Yakovlev et al., 2008).
Funciones principales. Las funciones principales del espacio intermembrana están relacionadas con la creación del gradiente de protones y la participación en la muerte celular programada:
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Acumulación de protones: durante el funcionamiento de la cadena respiratoria, los protones (H\+) se bombean desde la matriz a través de la membrana interna hacia el espacio intermembrana. Como resultado, se crea aquí una alta concentración de protones y se genera un potencial electroquímico (fuerza protón motriz) que luego es utilizado por la ATP sintasa para producir ATP (Evert, 2006; Selinski et al., 2024).
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Almacenamiento y transmisión de señales apoptóticas: el espacio intermembrana contiene formas solubles del citocromo c y otros factores (por ejemplo, proteínas inductoras de apoptosis). Cuando las mitocondrias se dañan o bajo ciertos tipos de estrés, la permeabilidad de la membrana externa aumenta y estos factores se liberan al citosol. En animales, el citocromo c desencadena una cascada de caspasas y apoptosis. En plantas, este mecanismo no parece ser el principal, pero el espacio intermembrana juega un papel en la liberación de moléculas de señalización durante la muerte celular programada (Chustecki & Johnston, 2024; Evert, 2006).
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Reacciones metabólicas: en el espacio intermembrana se localizan algunas enzimas, por ejemplo, la adenilato quinasa, que cataliza la reacción: ATP + AMP ⇌ 2 ADP, importante para regular el equilibrio energético de la célula (Evert, 2006).
Importante para el agricultor: La alteración de la integridad de la membrana externa de las mitocondrias, por ejemplo, bajo estrés térmico o salino, provoca la liberación incontrolada de proteínas de señalización desde el espacio intermembrana, lo que puede desencadenar una muerte celular prematura y reducir el rendimiento. Comprender estos mecanismos es necesario para la mejora genética de variedades tolerantes al estrés (Selinski et al., 2024).
3.3. Membrana interna
La membrana interna de la mitocondria es el elemento estructural y funcional clave del orgánulo. Alberga los componentes de la cadena respiratoria, los sistemas de transporte de electrones y la ATP sintasa. Es altamente selectivamente permeable y forma numerosos pliegues — cristas, que aumentan enormemente su superficie de trabajo (Evert, 2006; Mauseth, 2017).
Composición química y propiedades. La membrana interna consiste en aproximadamente un 75–80 % de proteínas (incluyendo enzimas respiratorias, transportadores y translocasas) y un 20–25 % de lípidos. La característica más importante de su composición lipídica es el alto contenido de cardiolipina (difosfatidilglicerol) — un fosfolípido aniónico único que confiere a la membrana baja permeabilidad a los protones y es esencial para el funcionamiento de los complejos respiratorios (Evert, 2006; Beck, 2010).
A diferencia de la membrana externa, la membrana interna es estrictamente impermeable a la mayoría de las moléculas cargadas y iones (H+, OH⁻, K\+, Na\+, Cl⁻, etc.), así como a moléculas grandes no cargadas como azúcares y aminoácidos. El transporte a través de ella ocurre solo mediante transportadores (portadores) o canales especializados, que aseguran una transferencia selectiva y a menudo regulada de metabolitos (Mauseth, 2017; Serebryakova et al., 2006).
Cristas: forma y significado. La membrana interna forma numerosas invaginaciones hacia la matriz — las cristas (del latín crista — cresta). Su forma y número varían según el tipo de célula, la actividad metabólica e incluso la afiliación sistemática del organismo.
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En animales y la mayoría de hongos las cristas suelen ser laminares (aplanadas).
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En plantas superiores las cristas son mayoritariamente tubulares. Aparecen como tubos ramificados o no ramificados de unos 20–30 nm de diámetro (Evert, 2006; Graham et al., 2014).
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En algunos protistas y eucariotas inferiores se encuentran cristas discoidales.
Particularidad botánica: las cristas tubulares se consideran un rasgo más primitivo, sin embargo también son características de la mayoría de las plantas superiores modernas (Graham et al., 2014). Se cree que la forma tubular proporciona un empaquetamiento más eficiente de los complejos respiratorios y posiblemente una mejor adaptación a las condiciones cambiantes de luz y temperatura (Chustecki & Johnston, 2024).
La superficie de las crestas está cubierta de protuberancias especiales — oxisomas (partículas elementales) — estructuras con forma de hongo que contienen la ATP sintasa (la enzima que sintetiza ATP) (Evert, 2006).
Funciones de la membrana interna:
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Cadena respiratoria (cadena de transporte de electrones): en la membrana interna se incrustan cuatro complejos principales (I–IV) que transfieren electrones desde el NADH y el succinato al oxígeno. Las plantas poseen oxidasas alternativas adicionales (AOX) y NAD(P)H deshidrogenasas alternativas que permiten que los electrones eviten algunos complejos y reducen la producción de ROS (Evert, 2006; Selinski et al., 2024).
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Generación del gradiente de protones: durante la transferencia de electrones, los complejos I, III y IV bombean protones desde la matriz al espacio intermembrana. Esto crea un gradiente electroquímico de protones — la principal fuente de energía para la síntesis de ATP.
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Síntesis de ATP (fosforilación oxidativa): los protones regresan a la matriz a través de la ATP sintasa (complejo V) ubicada en las crestas. La energía del flujo de protones se utiliza para unir un grupo fosfato al ADP, formando ATP (Mauseth, 2017; Evert, 2006).
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Transporte selectivo: la membrana interna contiene numerosas proteínas transportadoras (portadores) que aseguran el intercambio de metabolitos entre la matriz y el citosol (por ejemplo, el antiportador ADP/ATP, el transportador de dicarboxilatos, el transportador de piruvato, etc.). Particularmente importantes para las plantas son los transportadores de glicina y serina, involucrados en la fotorrespiración (Evert, 2006; Selinski et al., 2024).
Conclusión clave: La membrana interna de las mitocondrias vegetales no solo es un centro energético, sino también un regulador crucial del metabolismo. La vía alternativa de la respiración (a través de AOX), ausente en la mayoría de los animales, permite a las plantas evitar la producción excesiva de ROS bajo estrés (sequía, salinidad, bajas temperaturas) y es uno de los objetivos para la mejora genética de la tolerancia (Chustecki & Johnston, 2024; Selinski et al., 2024).
3.4. Matriz
La matriz es el contenido interno semilíquido de la mitocondria, que llena el espacio encerrado por la membrana interna. En términos de composición química y propiedades fisicoquímicas, la matriz es un sistema coloidal complejo que se asemeja al citosol pero con una composición única de proteínas e iones (Evert, 2006; Mauseth, 2017).
Composición química. La matriz consiste en un 80–85 % de agua y contiene, en forma disuelta, cientos de enzimas diferentes, iones (K+, Mg2+, Ca2+, fosfatos), nucleótidos (incluyendo ADP, ATP) y una serie de coenzimas (NAD\+, FAD). La matriz también contiene (Beck, 2010; Evert, 2006; Yakovlev et al., 2008):
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proteínas solubles — enzimas de las vías metabólicas clave;
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ribosomas mitocondriales 70S (más pequeños que los ribosomas citoplasmáticos 80S);
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moléculas de ARNt y ARNm necesarias para la síntesis de una pequeña porción de las proteínas mitocondriales;
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moléculas circulares de ADN mitocondrial (ADNmt) que forman un nucleoide (ver sección 3.5);
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inclusiones granulares — depósitos de iones de calcio y hierro (ver sección 3.6).
Principales sistemas enzimáticos. En la matriz mitocondrial tienen lugar varios procesos metabólicos fundamentales:
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Ciclo de los ácidos tricarboxílicos (ciclo de Krebs): es la vía catabólica central en la que el acetil‑CoA (derivado del piruvato, ácidos grasos y aminoácidos) se oxida a CO2. Durante este proceso, las coenzimas NAD\+ y FAD se reducen a NADH y FADH2, que luego entran en la cadena respiratoria. Las enzimas del ciclo de Krebs (citrato sintasa, aconitasa, isocitrato deshidrogenasa, α‑cetoglutarato deshidrogenasa, etc.) se localizan en la matriz (Evert, 2006; Mauseth, 2017).
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β‑Oxidación de ácidos grasos: a diferencia de los animales, en las plantas este proceso se localiza principalmente en los peroxisomas (glioxisomas); sin embargo, parte de la vía de β‑oxidación, especialmente para ácidos grasos de cadena larga, también ocurre en la matriz mitocondrial (Graham et al., 2014; Selinski et al., 2024).
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Descarboxilación oxidativa del piruvato: el piruvato que ingresa desde el citosol a través de un transportador específico se convierte en acetil‑CoA mediante el complejo de la piruvato deshidrogenasa, ubicado en la matriz (Evert, 2006).
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Síntesis de urea (incompleta en plantas): aunque el ciclo completo de la urea está ausente, en la matriz ocurren reacciones individuales relacionadas con el metabolismo de la arginina y las poliaminas, especialmente en condiciones de estrés (Selinski et al., 2024).
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Reacciones reductoras de algunos aminoácidos: en la matriz se produce la síntesis de glutamato y prolina, importantes para la regulación osmótica durante la sequía y la salinidad (Chustecki & Johnston, 2024).
Funciones de la matriz:
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Centro metabólico: la matriz sirve como sitio de oxidación de sustratos orgánicos y generación de coenzimas reducidas (NADH, FADH2) necesarias para la cadena respiratoria.
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Suministro de sustratos a la cadena respiratoria: es en la matriz donde se generan NADH y succinato — los principales donadores de electrones para la cadena de transporte en la membrana interna.
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Síntesis de sus propias proteínas: gracias a sus propios ribosomas y ARNm, la matriz sintetiza un pequeño número (alrededor de 10–15) de proteínas mitocondriales, principalmente componentes de los complejos de la cadena respiratoria (Abe & Numata, 2024; Evert, 2006).
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Almacenamiento de iones: la matriz acumula Ca2+ y Fe2+, que desempeñan un papel importante en la regulación de la actividad enzimática y la protección contra el estrés oxidativo (ver sección 3.6).
Aspecto agronómico: La eficiencia del funcionamiento del ciclo de Krebs en la matriz determina directamente el suministro de energía de la célula vegetal. Bajo estrés (por ejemplo, sequía o hipoxia), la actividad de las enzimas del ciclo de Krebs se ralentiza, reduciendo la producción de ATP y llevando a la acumulación de metabolitos intermedios que pueden cumplir funciones de señalización (Selinski et al., 2024). La mejora genética para la tolerancia al estrés incluye la búsqueda de genotipos con una actividad más estable de las enzimas de la matriz.
3.5. Nucleoide
El nucleoide es una región de la matriz donde se concentran el ADN mitocondrial (ADNmt) y las proteínas asociadas a él. Al microscopio electrónico, el nucleoide aparece como un área electrónicamente transparente con finas hebras fibrilares de ADN (Evert, 2006; Beck, 2010).
Organización del genoma mitocondrial vegetal. El ADNmt de plantas tiene una serie de características únicas que lo distinguen del ADNmt de animales y levaduras:
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Tamaño grande: el genoma mitocondrial de las plantas es muy grande — de 200 a 2500 mil pares de bases (en animales 14–42 kpb, en levaduras 18–176 kpb) (Evert, 2006; Abe & Numata, 2024). Por ejemplo, en maíz (Zea mays) el ADNmt alcanza 570 kpb, en melón (Cucumis melo) alrededor de 2,5 Mpb.
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Estructura compleja: el ADNmt vegetal no solo es circular, sino también lineal, así como estructuras más complejas — “palíndromos desplegados” y concatémeros (Backert et al., 1997, citado en Evert, 2006). Los mecanismos de replicación y recombinación también son más complejos.
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Bajo contenido de secuencias codificantes: la mayor parte del ADNmt vegetal consiste en espaciadores intergénicos no codificantes, intrones y “inserciones de plástidos” (fragmentos de ADN transferidos desde los cloroplastos) (Evert, 2006).
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Capacidad de recombinación: las mitocondrias vegetales recombinan activamente, lo que conduce a reordenamientos dinámicos del genoma. Esta es una de las razones de la alta heterogeneidad del ADNmt dentro de una misma especie (Chustecki & Johnston, 2024; Abe & Numata, 2024).
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Copia incompleta del genoma por orgánulo: cada mitocondria individual contiene solo un subconjunto de los genes del genoma mitocondrial completo. Esto significa que las interacciones entre mitocondrias y la complementación (intercambio de productos génicos) son necesarias para el funcionamiento de una cadena respiratoria completa (Chustecki & Johnston, 2024; Graham et al., 2014).
Funciones del nucleoide:
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Almacenamiento de información hereditaria: el nucleoide contiene genes que codifican algunos ARNt, ARNr y alrededor de 30–40 proteínas, principalmente componentes de los complejos respiratorios I, III, IV y de la ATP sintasa (Evert, 2006).
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Expresión génica: la transcripción del ADNmt (mediante la ARN polimerasa mitocondrial codificada en el núcleo) y la maduración de los ARNt y ARNr mitocondriales ocurren en el nucleoide y las regiones adyacentes de la matriz (Abe & Numata, 2024).
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Base para la mejora genética: es en los nucleoides donde se localizan los genes responsables de la esterilidad masculina citoplasmática (EMC). Este rasgo se utiliza ampliamente en agricultura para producir semillas híbridas (girasol, maíz, arroz, cebolla). La edición de estos genes mediante métodos como mitoTALEN permite restaurar la fertilidad o crear nuevos tipos de esterilidad (Abe & Numata, 2024).
Conclusión clave para el agricultor: La heterogeneidad y la actividad recombinacional del genoma mitocondrial vegetal crean dificultades para su herencia estable, pero también proporcionan material para la selección. Los mejoradores utilizan los genes EMC localizados en los nucleoides para la producción de semillas híbridas, lo que produce un aumento del rendimiento del 20–30 % en muchos cultivos.
3.6. Gránulos (gránulos mitocondriales)
Los gránulos mitocondriales, también llamados gránulos osmiófilos o depósitos mitocondriales, son pequeñas inclusiones (20–50 nm de diámetro) electrónicamente densas visibles en la matriz mediante microscopía electrónica (Evert, 2006; Beck, 2010).
Naturaleza química. Existen varios tipos de gránulos que difieren en su composición química:
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Gránulos de calcio‑fosfato (gránulos de la matriz): contienen iones Ca2+ y fosfato (PO₄³⁻). Sirven como depósito de calcio intramitocondrial. La concentración de Ca2+ en la matriz puede alcanzar 10–100 mM (en comparación con 100 nM en el citosol) (Evert, 2006; Selinski et al., 2024). El número y tamaño de estos gránulos aumentan cuando aumentan los niveles de Ca2+ celular.
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Gránulos similares a ferritina (conteniendo hierro): contienen hierro en forma de ferritina o hemosiderina. En las plantas, son especialmente importantes para la síntesis de grupos hierro‑azufre (Fe‑S), que son necesarios para el funcionamiento de los complejos respiratorios I, II y III, así como para las enzimas del ciclo de Krebs (aconitasa) (Chustecki & Johnston, 2024; Evert, 2006).
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Gránulos lipídicos (raros): ocasionalmente se encuentran pequeñas gotas de lípidos en la matriz — lípidos de reserva o productos de la degradación de membranas.
Funciones de los gránulos:
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Amortiguación de iones de calcio: los gránulos mitocondriales desempeñan un papel en la regulación de la señalización intracelular de Ca2+. Cuando el Ca2+ citosólico aumenta (por ejemplo, al abrirse los canales de calcio en respuesta al estrés), parte del Ca2+ es captado por las mitocondrias y secuestrado en los gránulos. Esto evita el efecto citotóxico del exceso de Ca2+ y simultáneamente modula la actividad de las enzimas dependientes de Ca2+ en la matriz (Evert, 2006; Selinski et al., 2024).
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Suministro de hierro a los complejos respiratorios: el hierro almacenado en los gránulos se utiliza para la síntesis de grupos Fe‑S y hemo, componentes críticos de muchas proteínas mitocondriales (Evert, 2006).
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Protección contra el estrés oxidativo: la unión de iones metálicos (especialmente Fe2+) en los gránulos evita su participación en la reacción de Fenton, que genera radicales hidroxilo altamente tóxicos (•OH). Por lo tanto, los gránulos realizan una función antioxidante (Selinski et al., 2024; Chustecki & Johnston, 2024).
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Marcador del estado funcional: el número y la densidad de los gránulos se correlacionan con la actividad metabólica de las mitocondrias. Bajo estrés o envejecimiento celular, los gránulos pueden desaparecer o aumentar de tamaño (Evert, 2006).
Importancia agronómica: Los estrés relacionados con la deficiencia de hierro en el suelo (clorosis) o el exceso de calcio (salinidad) afectan directamente la formación de gránulos mitocondriales y, en consecuencia, la eficiencia de la respiración celular y el rendimiento. Las variedades que pueden almacenar eficientemente hierro y amortiguar el calcio en las mitocondrias poseen una mayor tolerancia al estrés (Chustecki & Johnston, 2024).
4. Aspecto comparativo: diferencias con las células animales y fúngicas
Las mitocondrias son orgánulos universales de la célula eucariota, y su función fundamental — la síntesis de ATP — es la misma en plantas, animales y hongos (Evert, 2006; Mauseth, 2017). Sin embargo, durante la evolución, cada grupo de organismos ha desarrollado características únicas en la estructura, metabolismo y regulación de las mitocondrias, que reflejan su estilo de vida y fisiología. A continuación se describen las diferencias clave entre las mitocondrias vegetales y las de animales y (brevemente) hongos (Tabla 1).
4.1. Diferencias ultraestructurales (forma de las crestas)
La diferencia más evidente se refiere a la forma de los pliegues de la membrana interna — las crestas.
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En animales y la mayoría de los hongos: las crestas son generalmente laminares — planas, como una pila de panqueques (Evert, 2006; Beck, 2010).
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En plantas superiores: las crestas son predominantemente tubulares — aparecen como tubos ramificados o no ramificados (Graham et al., 2014; Evert, 2006). Se cree que la forma tubular de las crestas aumenta la superficie para alojar los complejos respiratorios y puede estar relacionada con la necesidad de una rápida adaptación a las condiciones cambiantes de luz y temperatura (Chustecki & Johnston, 2024).
4.2. Diferencias en la cadena respiratoria: oxidasas alternativas (AOX)
Una diferencia bioquímica clave de las mitocondrias vegetales es la presencia de una cadena respiratoria ramificada. Además de los complejos clásicos I–IV y la ATP sintasa (complejo V), las plantas poseen:
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Oxidasas alternativas (AOX): estas enzimas (el complejo “AOX”) desvían electrones de la ubiquinona directamente al oxígeno, omitiendo los complejos III y IV. Este proceso no produce ATP; en cambio, la energía de la oxidación se disipa como calor (termogénesis). La AOX está ausente en animales y hongos (Graham et al., 2014; Selinski et al., 2024).
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NAD(P)H deshidrogenasas alternativas (deshidrogenasas ND), que oxidan los pools citosólicos de NADH y NADPH, también omitiendo el complejo I (Evert, 2006).
Importancia fisiológica: las vías alternativas permiten a las plantas:
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mantener la oxidación del NADH cuando los complejos I o III están inhibidos (por ejemplo, por toxinas de patógenos);
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reducir la producción de especies reactivas de oxígeno (ROS) bajo estrés (frío, sequía);
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responder rápidamente a los cambios en las demandas energéticas de la célula (Chustecki & Johnston, 2024; Selinski et al., 2024).
En animales y hongos, el bloqueo de la vía respiratoria principal (por ejemplo, por cianuro) conduce a la muerte celular rápida, mientras que muchas plantas presentan resistencia al cianuro precisamente gracias a la AOX (Mauseth, 2017).
4.3. Características del genoma mitocondrial (ADNmt)
El genoma mitocondrial de las plantas difiere drásticamente del de animales y hongos (datos resumidos de: Evert, 2006; Abe & Numata, 2024; Chustecki & Johnston, 2024; Graham et al., 2014):
Tabla 1.
| Característica | Plantas | Animales | Hongos (p. ej., levaduras) |
|---|---|---|---|
| Tamaño del ADNmt | Muy grande: 200–2500 kpb (a veces hasta 2,5 Mpb) | Pequeño: 14–42 kpb | Mediano: 18–176 kpb |
| Estructura | Circular, lineal, concatémeros; recombinación activa | Principalmente circular | Circular o lineal |
| Intrones | Muchos intrones espliceosomales y de grupo I/II | Pocos o ninguno | Presentes, pero menos |
| Transferencia de genes | Frecuentes transferencias desde cloroplastos y núcleo | Rara | Rara |
| Contenido por mitocondria | A menudo incompleto (subconjunto de genes) | Conjunto completo | Conjunto completo |
Esta característica tiene una importancia fundamental: en las plantas, el funcionamiento mitocondrial completo requiere el intercambio de productos génicos entre orgánulos (complementación) — una de las razones por las que las mitocondrias vegetales interactúan activamente entre sí mediante fusiones transitorias (Chustecki & Johnston, 2024).
4.4. Participación en la fotorrespiración
Una función específica de las mitocondrias vegetales, completamente ausente en animales y hongos, es la participación en la fotorrespiración (vía del glicolato). Junto con los cloroplastos y los peroxisomas, las mitocondrias oxidan el glicolato y convierten la glicina en serina, liberando CO2 (Graham et al., 2014; Selinski et al., 2024). Este proceso consume energía pero protege al aparato fotosintético de la fotoinhibición cuando los niveles de O2 son altos. La fotorrespiración no ocurre en las mitocondrias de animales ni hongos porque carecen de cloroplastos y, en consecuencia, de Rubisco.
4.5. Mecanismos de movimiento y citoesqueleto
-
Plantas: las mitocondrias se mueven a lo largo de microfilamentos de actina (filamentos de actina) utilizando proteínas motoras de miosina. El movimiento es rápido, con velocidades de hasta 7–10 μm/s (Evert, 2006; Chustecki & Johnston, 2024).
-
Animales y hongos: las mitocondrias se mueven a lo largo de microtúbulos (citoesqueleto de tubulina) utilizando dineínas y kinesinas (Beck, 2010; Evert, 2006).
Esta diferencia está relacionada con la organización general del citoesqueleto: en las células vegetales, los microtúbulos cumplen una función más estructural, mientras que el transporte rápido es realizado por los filamentos de actina.
4.6. Presencia de centriolos y organización de la división
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Las células animales y los hongos inferiores contienen centriolos en el citoplasma — estructuras involucradas en la formación del huso mitótico y la organización de los microtúbulos.
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Las plantas superiores (y la mayoría de sus mitocondrias) carecen de centriolos. La división mitocondrial ocurre por fisión binaria similar a la bacteriana mediante anillos especializados (proteínas similares a FtsZ en plantas) (Evert, 2006; Mauseth, 2017). En animales, la división mitocondrial está mediada por la proteína DRP1, que no es homóloga de FtsZ.
4.7. Participación en la muerte celular programada (PCD)
En los animales, el citocromo c juega un papel clave en la apoptosis: cuando las mitocondrias se dañan, el citocromo c se libera del espacio intermembrana al citosol y activa las caspasas (Evert, 2006; Beck, 2010). En las plantas, este mecanismo no parece ser el principal.
-
En las plantas durante la PCD (por ejemplo, durante la diferenciación de los vasos del xilema o la respuesta hipersensible a un patógeno), las mitocondrias también experimentan despolarización y acumulación de ROS, pero la participación del citocromo c sigue siendo controvertida. Se propone que en las plantas las señales se desencadenan a través de vías alternativas, que incluyen la activación de AOX y cambios en la permeabilidad de la membrana (Chustecki & Johnston, 2024; Selinski et al., 2024).
4.8. Diferencias con las células fúngicas
Las mitocondrias de los hongos, al igual que las de los animales, suelen tener crestas laminares, carecen de AOX (con raras excepciones en algunos hongos fitopatógenos), contienen ADNmt de tamaño mediano (18–176 kpb) y se mueven a lo largo de microtúbulos (Evert, 2006; Graham et al., 2014). En levaduras Saccharomyces cerevisiae, las mitocondrias a menudo existen como una red, especialmente durante el metabolismo respiratorio. Sin embargo, a diferencia de los animales, las mitocondrias fúngicas pueden contener intrones de grupo I y exhibir recombinación, aunque en menor medida que en las plantas (Evert, 2006).
Nota importante: Los hongos no participan en la fotorrespiración (carecen de cloroplastos) y generalmente carecen de oxidasa alternativa, aunque en algunas especies fitopatógenas (por ejemplo, hongos de la roya) se ha descrito AOX como un factor que confiere resistencia a los fungicidas (Selinski et al., 2024).
Tabla resumen
Tabla 1. Resumen de las diferencias entre mitocondrias de plantas, animales y hongos
Tabla 1.
| Característica | Plantas | Animales | Hongos (típicos) |
|---|---|---|---|
| Forma de las crestas | Tubular | Lamellar | Lamellar |
| Oxidasa alternativa (AOX) | Presente | Ausente | Rara (en algunos) |
| Tamaño del ADNmt | Muy grande (200–2500 kpb) | Pequeño (14–42 kpb) | Mediano (18–176 kpb) |
| Recombinación del ADNmt | Activa | Débil | Moderada |
| Participación en fotorrespiración | Sí | No | No |
| Citoesqueleto para el movimiento | Microfilamentos de actina | Microtúbulos | Microtúbulos |
| Presencia de centriolos en la célula | No (en plantas superiores) | Sí | Sí (en hongos inferiores) |
| Mecanismo de PCD (factor clave) | ROS, no citocromo c | Citocromo c + caspasas | Citocromo c (en levaduras) |
Conclusión para la educación agraria: Comprender las características únicas de las mitocondrias vegetales — especialmente la respiración alternativa (AOX) y la recombinación activa del ADNmt — tiene una importancia aplicada directa. La respiración alternativa es un objetivo para mejorar la tolerancia de las plantas a estreses abióticos (sequía, salinidad, temperaturas extremas), y la esterilidad masculina citoplasmática, que se basa en eventos de recombinación en el ADNmt, es una herramienta clave en la mejora genética híbrida moderna (Abe & Numata, 2024; Chustecki & Johnston, 2024).
5. Biogénesis y procesos dinámicos
Las mitocondrias de la célula vegetal no son estructuras estáticas, sino una población dinámica, en constante renovación e interacción. Los procesos de su biogénesis, división, fusión, movimiento y degradación selectiva (mitofagia) están estrechamente vinculados a las demandas metabólicas de la célula, las señales del desarrollo y la acción de factores de estrés (Chustecki & Johnston, 2024; Evert, 2006). En esta sección se describen estos procesos, sin profundizar en la bioquímica de la cadena respiratoria, pero enfatizando su importancia reguladora.
5.1. Biogénesis mitocondrial: “omnis mitochondrio e mitochondrio”
Las mitocondrias, al igual que los plástidos, poseen semi‑autonomía, pero su biogénesis requiere la coordinación de dos sistemas genéticos — el mitocondrial y el nuclear (Abe & Numata, 2024; Evert, 2006).
Biogénesis mitocondrial incluye:
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la replicación y expresión del ADN mitocondrial (ADNmt) dentro del orgánulo;
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la síntesis de la gran mayoría de las proteínas mitocondriales (alrededor del 99 %) en ribosomas citoplasmáticos (80S) seguida de importación;
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el ensamblaje de complejos multiproteicos (cadena respiratoria, ATP sintasa, transportadores) en la membrana interna y la matriz.
Una regla clave: todas las mitocondrias surgen solo de mitocondrias preexistentes (“omnis mitochondrio e mitochondrio”). No se sintetizan de novo a partir de membranas del retículo endoplasmático (aunque lípidos y proteínas individuales pueden ser suministrados a través de la vía RE‑Golgi) (Evert, 2006). Las nuevas mitocondrias se forman por división de las ya existentes.
Un aumento en el número de mitocondrias en una célula (por ejemplo, durante la diferenciación o cuando aumentan las demandas energéticas) ocurre mediante fisión binaria — la constricción del orgánulo en dos partes aproximadamente iguales. En plantas, este proceso está mediado por proteínas similares a las bacterianas (FtsZ1, FtsZ2, así como proteínas similares a dinamina DRP3A/3B) (Chustecki & Johnston, 2024; Evert, 2006).
5.2. Dinámica de la forma: división (fisión) y fusión
En las células vivas, las mitocondrias experimentan constantemente dos procesos opuestos:
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División (fisión): las mitocondrias grandes o sus redes se dividen en muchos orgánulos pequeños e individuales.
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Fusión: las mitocondrias individuales se unen temporalmente, intercambiando contenido (matriz, ADNmt, proteínas), y luego se separan de nuevo (un fenómeno de “beso y huida”, “kiss‑and‑run”).
El equilibrio entre división y fusión determina la morfología de la población mitocondrial:
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Predominio de la división → muchas mitocondrias pequeñas, a menudo punteadas (característico de células meristemáticas en división activa y de muchas células somáticas de plantas superiores).
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Predominio de la fusión → formación de filamentos largos o redes ramificadas (característico de algunos tipos celulares, por ejemplo, en semillas en germinación, donde las mitocondrias fusionadas forman una “malla”, y en células del meristema apical del tallo, donde las mitocondrias forman una jaula alrededor del núcleo) (Chustecki & Johnston, 2024; Evert, 2006).
En plantas, a diferencia de animales y levaduras, no se han encontrado homólogos de las principales proteínas de fusión (mitofusinas, OPA1). Sin embargo, se han identificado varios reguladores, incluida la proteína FRIENDLY (FMT): su mutación conduce a una fusión mitocondrial excesiva y a la formación de grandes agregados, acompañada de una motilidad reducida de los orgánulos y defectos en el desarrollo (Chustecki & Johnston, 2024; Evert, 2006).
Importancia de la fusión/división:
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Intercambio de material genético: la fusión permite la complementación de regiones defectuosas del ADNmt — especialmente importante porque muchas mitocondrias vegetales contienen un conjunto incompleto de genes (Chustecki & Johnston, 2024).
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Control de calidad: la división ayuda a aislar porciones dañadas de las mitocondrias para su posterior degradación (mitofagia).
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Adaptación al estrés: bajo estrés (calor, frío, oxidativo), el equilibrio se desplaza hacia la división (fragmentación), lo que reduce la producción de ROS y protege a la célula de la apoptosis (Selinski et al., 2024; Chustecki & Johnston, 2024).
5.3. Mitofagia — “devoración” de mitocondrias
La mitofagia es una forma selectiva de autofagia dirigida a eliminar mitocondrias dañadas, despolarizadas o viejas. El proceso implica: reconocimiento de la mitocondria defectuosa, aislamiento mediante una doble membrana (fagóforo), fusión con la vacuola (en plantas) o el lisosoma (en animales), y posterior degradación enzimática del contenido. Los monómeros resultantes (aminoácidos, nucleótidos, ácidos grasos) regresan al citoplasma para su reutilización (Chustecki & Johnston, 2024).
En plantas, la mitofagia se activa durante la senescencia foliar, bajo luz ultravioleta, durante la hipoxia/reoxigenación, así como ante daños mitocondriales causados por mutaciones en genes de mantenimiento del ADNmt (Evert, 2006; Chustecki & Johnston, 2024). La proteína FRIENDLY, además de regular la fusión, participa en la mitofagia ayudando al fagóforo a reconocer las mitocondrias dañadas (Chustecki & Johnston, 2024).
Importancia agronómica: La mitofagia regulada permite a los cultivos recuperarse más rápidamente de los estreses (sequía, salinidad, heladas) y prolonga el período de fotosíntesis activa en las hojas, lo que afecta directamente al rendimiento (Selinski et al., 2024).
5.4. Movimiento de las mitocondrias a lo largo del citoesqueleto
Las mitocondrias vegetales no son partículas pasivas, sino que se mueven activamente por la célula (Chustecki & Johnston, 2024; Evert, 2006). La velocidad del movimiento varía de 0,5 a 7–10 μm/s dependiendo del tipo de célula y del estado fisiológico.
Mecanismo: las mitocondrias “viajan” a lo largo de filamentos de actina (microfilamentos) utilizando proteínas motoras — miosinas (especialmente la familia de miosina XI). Los microtúbulos no participan directamente en este movimiento en plantas, pero pueden establecer la organización general de las pistas guía (Chustecki & Johnston, 2024).
Importancia fisiológica del movimiento:
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entrega de ATP a los sitios de consumo activo (a la membrana plasmática para las bombas iónicas, al núcleo para la transcripción, al aparato de Golgi para la secreción);
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permitir que las mitocondrias se encuentren entre sí para el intercambio de contenido (ver más arriba);
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redistribución espacial de los orgánulos ante cambios en la iluminación (en las hojas, las mitocondrias, al igual que los cloroplastos, pueden moverse hacia las paredes parietales dependiendo de la intensidad de la luz) (Evert, 2006).
5.5. Señalización retrógrada (mitocondria → núcleo)
Las mitocondrias no solo reciben “instrucciones” del núcleo (señalización anterógrada), sino que también envían señales de vuelta, informando sobre su estado funcional, niveles de ROS y energía (Selinski et al., 2024; Chustecki & Johnston, 2024).
Una vía clave de señalización retrógrada en plantas es la vía dependiente de ANAC017 (Selinski et al., 2024). Ante una disfunción mitocondrial (por ejemplo, por inhibición de la cadena respiratoria), el factor de transcripción ANAC017, anclado a la membrana del retículo endoplasmático, se libera, se traslada al núcleo y activa la expresión de genes, incluido el gen de la oxidasa alternativa (AOX) (ver sección 3). Esto permite a la célula adaptarse al estrés sin iniciar la muerte celular programada.
Por lo tanto, los procesos dinámicos (división, fusión, movimiento, mitofagia) y la señalización molecular están estrechamente entrelazados, asegurando la integridad y flexibilidad funcional de la red mitocondrial — una condición clave para la supervivencia y productividad del organismo vegetal.
Conclusión clave: Regular el equilibrio entre división y fusión mitocondrial (por ejemplo, a través de la proteína FRIENDLY) y mantener un movimiento eficiente a lo largo de los filamentos de actina podrían ser objetivos de enfoques biotecnológicos dirigidos a aumentar la tolerancia de las plantas a estreses abióticos y mejorar la eficiencia energética general de las células (Chustecki & Johnston, 2024).
6. Interconexión con otros compartimentos celulares
Las mitocondrias no funcionan de forma aislada, sino como parte de una compleja red intracelular, interactuando estrechamente con otros orgánulos y compartimentos. Estas interconexiones aseguran la coordinación del metabolismo, el intercambio de metabolitos y moléculas de señalización, así como la adaptación coordinada a los cambios en el entorno externo (Evert, 2006; Selinski et al., 2024). A continuación se describen los principales socios de las mitocondrias en la célula vegetal.
6.1. Mitocondrias y cloroplastos: un diálogo energético y metabólico
En los tejidos verdes de las plantas, las mitocondrias y los cloroplastos están en constante contacto metabólico. Su interacción es más evidente en los procesos de fotorrespiración y el intercambio de esqueletos carbonados (Graham et al., 2014; Selinski et al., 2024).
Fotorrespiración (vía del glicolato): bajo alta intensidad lumínica y temperatura elevada, la enzima Rubisco de los cloroplastos utiliza O2 en lugar de CO2, lo que lleva a la formación de fosfoglicolato. Este último se convierte en glicolato, que se exporta del cloroplasto al peroxisoma y luego a la mitocondria. En la matriz mitocondrial, el glicolato se oxida a glioxilato, y luego dos moléculas de glicina se convierten en serina, liberando CO2 y amoníaco. Esta vía requiere una estrecha asociación espacial de mitocondrias, cloroplastos y peroxisomas, que a menudo se observan en las micrografías electrónicas como una tríada (Evert, 2006; Beck, 2010).
Lanzaderas de malato y citrato: las mitocondrias exportan malato y citrato al citosol, desde donde pueden entrar en los cloroplastos. El malato sirve para transferir equivalentes reductores (NADH) entre compartimentos, mientras que el citrato ayuda a mantener el pool de 2‑oxoglutarato necesario para la síntesis de glutamato (Evert, 2006; Selinski et al., 2024).
Intercambio de ATP: durante el período oscuro, cuando la fotofosforilación está inactiva, las mitocondrias se convierten en los principales proveedores de ATP para todos los procesos celulares, incluido el metabolismo de los cloroplastos (síntesis de almidón, síntesis de lípidos). En la luz, por el contrario, los cloroplastos suministran a las mitocondrias los productos excedentes de la fotosíntesis (azúcares) y oxígeno (Chustecki & Johnston, 2024).
Importancia agronómica: comprender la relación entre mitocondrias y cloroplastos en la fotorrespiración es directamente relevante para el problema de las pérdidas de rendimiento en climas cálidos y secos. La fotorrespiración reduce la productividad fotosintética neta en un 20–50 % en plantas C3 (trigo, arroz, soja). La mejora genética para reducir la tasa de fotorrespiración o aumentar la eficiencia del uso de CO2 por las mitocondrias es una dirección para mejorar los rendimientos (Selinski et al., 2024).
6.2. Mitocondrias y peroxisomas: socios en la fotorrespiración y la detoxificación
Los peroxisomas (microcuerpos) están estrechamente vinculados a las mitocondrias tanto metabólica como espacialmente (Evert, 2006; Graham et al., 2014).
Cooperación en la fotorrespiración: el glicolato formado en los cloroplastos entra primero en el peroxisoma, donde se oxida a glioxilato con formación de H2O2. El glioxilato se transamina luego a glicina, que se exporta a la mitocondria. En la mitocondria, la glicina se convierte en serina con liberación de CO2 y amoníaco. La serina regresa al peroxisoma, donde se completa la vía metabólica (Evert, 2006).
Detoxificación de especies reactivas de oxígeno (ROS): la catalasa, que descompone el H2O2 formado durante la fotorrespiración, se localiza en los peroxisomas. Sin embargo, si la catalasa peroxisomal está sobrecargada, el H2O2 puede entrar en las mitocondrias y participar en la señalización redox (Molina‑Moya et al., 2025; Selinski et al., 2024).
β‑Oxidación de ácidos grasos: en semillas en germinación (de cultivos oleaginosos), los glioxisomas (un tipo de peroxisoma) contienen las enzimas de la β‑oxidación, convirtiendo los ácidos grasos en succinato, que luego es utilizado por las mitocondrias para sintetizar ATP a través del ciclo de Krebs (Graham et al., 2014; Evert, 2006).
6.3. Mitocondrias y retículo endoplasmático (RE)
La interacción de las mitocondrias con el RE (especialmente con el RE liso) es multifacética y está mediada por sitios de contacto especializados — contactos mitocondria‑RE (MERCs) (Chustecki & Johnston, 2024; Neuhaus & Trentmann, 2014).
Intercambio de lípidos e iones de calcio: el RE suministra lípidos para el ensamblaje de las membranas mitocondriales. Las mitocondrias, a su vez, participan en la síntesis de algunos precursores lipídicos. Los iones Ca2+ liberados del RE durante la señalización son captados por las mitocondrias, afectando su metabolismo y pudiendo servir como señal para regular la respiración (Neuhaus & Trentmann, 2014; Selinski et al., 2024).
Regulación de la división mitocondrial: en células animales, el RE sirve como lugar donde ocurre la constricción y división mitocondrial. En plantas, este papel del RE es menos estudiado, pero se ha demostrado que la proteína FRIENDLY y otros factores pueden actuar en asociación con las membranas del RE (Chustecki & Johnston, 2024).
Síntesis de proteínas y lípidos: los ribosomas del RE rugoso sintetizan muchas proteínas mitocondriales, que luego se transportan a las mitocondrias (Evert, 2006).
6.4. Mitocondrias y núcleo: señalización anterógrada y retrógrada
La relación entre las mitocondrias y el núcleo implica dos flujos de información opuestos:
Señalización anterógrada (núcleo → mitocondrias): los genes nucleares codifican la gran mayoría de las proteínas mitocondriales (alrededor del 99 %), incluidas todas las enzimas del ciclo de Krebs, la mayoría de los componentes de la cadena respiratoria y los factores de transcripción y replicación del ADNmt. Por lo tanto, el núcleo determina el número, la composición y la actividad de las mitocondrias (Evert, 2006; Abe & Numata, 2024).
Señalización retrógrada (mitocondrias → núcleo): ante una disfunción mitocondrial (por ejemplo, por inhibición de la cadena respiratoria o acumulación de ROS), se transmiten señales desde las mitocondrias al núcleo, alterando la expresión de genes nucleares, incluidos los genes que codifican la oxidasa alternativa (AOX) y las enzimas antioxidantes. Esta vía está mediada por factores de transcripción como ANAC017, que se libera de la membrana del RE bajo estrés (Selinski et al., 2024; Chustecki & Johnston, 2024).
Importancia agronómica: la capacidad de las mitocondrias para transmitir señales sobre su estado al núcleo permite a la planta adaptarse rápidamente a los estreses (calor, sequía, salinidad) mediante el cambio a la respiración alternativa (AOX) y la mejora de la defensa antioxidante. Esta propiedad se utiliza en biotecnología para crear cultivos transgénicos tolerantes al estrés (Abe & Numata, 2024).
6.5. Mitocondrias y vacuola
La vacuola, especialmente la vacuola central, interactúa con las mitocondrias indirectamente a través del citosol, pero también existen contactos directos:
Suministro de sustratos: la vacuola sirve como reservorio de ácidos orgánicos (málico, cítrico), azúcares, aminoácidos e iones. Cuando es necesario, estas sustancias se movilizan desde la vacuola al citosol y entran en las mitocondrias para su oxidación (Evert, 2006; Neuhaus & Trentmann, 2014).
Participación en la mitofagia (autofagia): las mitocondrias dañadas pueden ser envueltas por una doble membrana derivada del RE y luego entregadas a la vacuola para su lisis. Por lo tanto, la vacuola funciona como un “centro de reciclaje” para las mitocondrias desgastadas (Chustecki & Johnston, 2024).
Regulación osmótica: el estado de la vacuola (turgor) influye en la ubicación del citoplasma y, en consecuencia, en la distribución de las mitocondrias en la capa periférica de la célula (Evert, 2006).
6.6. Mitocondrias y aparato de Golgi
La interacción con el aparato de Golgi ocurre principalmente a través del transporte vesicular.
Suministro de lípidos y proteínas de membrana: las vesículas que brotan del Golgi pueden fusionarse con la membrana externa de la mitocondria, suministrando lípidos para el crecimiento de las membranas y algunas proteínas (aunque la vía principal de importación de proteínas es a través del complejo TOM, no vesicular) (Evert, 2006; Neuhaus & Trentmann, 2014).
Coordinación en células secretoras: en células que secretan activamente mucílagos, proteínas o polisacáridos (por ejemplo, en células de la cofia, tricomas glandulares), las mitocondrias a menudo se concentran cerca de los dictiosomas, proporcionándoles la energía necesaria para la síntesis y empaquetado de los productos de secreción (Evert, 2006).
Conclusión clave para la educación agraria: Las interconexiones de las mitocondrias con los cloroplastos, los peroxisomas y el núcleo subyacen a procesos agronómicamente importantes como la fotorrespiración (reducción del rendimiento en plantas C3), la tolerancia a la sequía y la salinidad (oxidasa alternativa, señalización retrógrada) y el uso de la esterilidad masculina citoplasmática en la mejora genética híbrida. Una visión integrada de la célula como un sistema de orgánulos que interactúan es esencial para desarrollar estrategias integrales para mejorar la productividad de los cultivos agrícolas (Chustecki & Johnston, 2024; Selinski et al., 2024).
7. Valor aplicado en las ciencias agrarias
El estudio de las mitocondrias de la célula vegetal tiene no solo un significado fundamental, sino también una marcada importancia aplicada para la agricultura. Comprender los mecanismos del funcionamiento, la dinámica y la genética de las mitocondrias permite desarrollar nuevos enfoques para la mejora genética, el aumento del rendimiento, la tolerancia al estrés y el control de la actividad híbrida en plantas cultivadas (Abe & Numata, 2024; Chustecki & Johnston, 2024). A continuación se describen las principales direcciones del uso aplicado del conocimiento sobre las mitocondrias vegetales.
7.1. Esterilidad masculina citoplasmática (EMC) — base de la producción de semillas híbridas
La esterilidad masculina citoplasmática (EMC) es un fenómeno en el que una planta no puede producir polen funcional pero conserva la fertilidad femenina. La causa de la EMC son mutaciones en el ADN mitocondrial que codifican proteínas anormales que alteran el desarrollo de las microsporas o la función del tapete (la capa celular que nutre al polen) (Abe & Numata, 2024; Chustecki & Johnston, 2024).
Importancia agronómica de la EMC:
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Producción de semillas híbridas: la EMC permite obtener híbridos F1 de alto rendimiento (heterosis) sin la costosa emasculación manual de las flores. Las líneas femeninas portadoras de EMC se siembran intercaladas con líneas paternas restauradoras de la fertilidad (que contienen genes nucleares restauradores Rf), y todas las semillas en las plantas femeninas resultan híbridas.
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Cultivos donde la EMC se usa ampliamente: maíz (Zea mays), girasol (Helianthus annuus), arroz (Oryza sativa), cebolla (Allium cepa), zanahoria (Daucus carota), remolacha azucarera (Beta vulgaris), colza, sorgo (Graham et al., 2014; Andreeva & Rodman, 2002).
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Efecto económico: el uso de la EMC en la mejora genética del maíz híbrido en las décadas de 1960 y 1970 proporcionó un aumento del rendimiento de hasta el 30–40 %, y en el cultivo del arroz de hasta el 15–20 % (Chustecki & Johnston, 2024).
Aspectos moleculares y genéticos: se han identificado muchos genes asociados a la EMC (por ejemplo, orf79 en arroz, orf138 en rábano, orf355 en maíz). Codifican proteínas quiméricas que alteran la función de la ATP sintasa u otros complejos de la cadena respiratoria. Los genes nucleares restauradores (Rf) suprimen la expresión de estos genes mitocondriales a nivel post‑transcripcional (Abe & Numata, 2024).
Tendencia actual: mediante tecnologías de edición genómica como mitoTALEN (nucleasas mitocondriales efectoras tipo TAL), ya se ha podido “eliminar” genes asociados a la EMC del genoma mitocondrial del arroz, restaurando la fertilidad (Abe & Numata, 2024; Kazama et al., 2019 — citado en Abe 2024). Esto abre el camino a la creación dirigida de nuevas líneas con EMC.
7.2. Aumento de la tolerancia a estreses abióticos (sequía, salinidad, temperaturas extremas)
Los estreses abióticos son la causa principal de las pérdidas de rendimiento en la agricultura mundial. Las mitocondrias son sensores y efectores clave de las respuestas al estrés (Selinski et al., 2024; Chustecki & Johnston, 2024).
Papel de la oxidasa alternativa (AOX): bajo estrés (sequía, salinidad, frío), se acumula en las mitocondrias un exceso de coenzimas reducidas (NADH, FADH2), lo que lleva a la generación de especies reactivas de oxígeno (ROS). La AOX desvía electrones de la ubiquinona al oxígeno, omitiendo los complejos III y IV, reduciendo así la producción de ROS y previniendo el estrés oxidativo. Las plantas con mayor expresión de AOX muestran una mejor supervivencia ante la sequía y las bajas temperaturas (Selinski et al., 2024; Evert, 2006).
Regulación osmótica y síntesis de prolina: la prolina — uno de los osmoprotectores clave que se acumulan bajo salinidad y sequía — se sintetiza en la matriz mitocondrial. Las plantas transgénicas con síntesis potenciada de prolina en las mitocondrias son más resistentes al déficit hídrico (Chustecki & Johnston, 2024).
Señalización retrógrada: la disfunción mitocondrial (por ejemplo, causada por choque térmico) activa genes nucleares de defensa a través de factores de transcripción de la familia ANAC (especialmente ANAC017). Esto incluye la expresión de AOX, enzimas antioxidantes y proteínas de choque térmico (Selinski et al., 2024).
Enfoques prácticos:
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Mejora genética tradicional: selección de variedades con mayor actividad de AOX bajo estrés (por ejemplo, variedades de trigo, maíz, soja tolerantes a la sequía).
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Ingeniería genética: creación de plantas transgénicas con expresión constitutiva o inducible de AOX. Ejemplos: tabaco transgénico que expresa AOX de Arabidopsis mostró una mayor tolerancia al ozono y a las bajas temperaturas (Selinski et al., 2024).
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Edición del genoma mitocondrial (mitoTALEN, mitoZFN): permite eliminar o reemplazar genes sensibles al estrés, así como introducir mutaciones que mejoren el metabolismo energético (Abe & Numata, 2024).
7.3. Marcadores de ADN mitocondrial para la identificación de variedades y filogenética
El ADN mitocondrial de las plantas tiene una serie de características que lo convierten en un objeto conveniente para la tipificación de ADN:
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se hereda predominantemente por vía materna (en la mayoría de las angiospermas);
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contiene regiones variables (espaciadores internos transcritos, intrones) que acumulan mutaciones más rápido que los genes nucleares pero más lento que el ADN de los cloroplastos;
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a menudo presenta polimorfismos intraespecíficos (por ejemplo, en la presencia/ausencia de intrones en el gen nad1).
Aplicaciones:
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Identificación de variedades: los marcadores mitocondriales pueden distinguir variedades de un mismo cultivo (por ejemplo, girasol, maíz, arroz), lo que es importante para el control de semillas (Abe & Numata, 2024).
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Filogenia y sistemática: los genes mitocondriales (por ejemplo, cox1, cox3, nad5) se utilizan para reconstruir las relaciones entre familias y órdenes de plantas con flores (Graham et al., 2014).
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Verificación de la autenticidad de los híbridos: el análisis del ADN mitocondrial puede confirmar que las semillas híbridas se produjeron utilizando la línea femenina con EMC (Chustecki & Johnston, 2024).
7.4. Efectos de herbicidas, plaguicidas y patógenos sobre las mitocondrias
Muchos productos químicos para la protección de plantas y toxinas de patógenos actúan directamente sobre los procesos mitocondriales.
Inhibidores de la cadena respiratoria: algunos herbicidas (por ejemplo, dinitroanilinas, aunque suelen actuar sobre los microtúbulos) y fungicidas (por ejemplo, estrobilurinas, azoxistrobina) inhiben el complejo III de la cadena respiratoria, bloqueando la transferencia de electrones del citocromo b al citocromo _c_1. Esto conduce al cese de la síntesis de ATP y a la muerte de las especies sensibles. Sin embargo, en las plantas, la presencia de AOX puede proporcionar resistencia a tales inhibidores (Selinski et al., 2024; Evert, 2006).
Desacopladores de la fosforilación oxidativa: algunos herbicidas (por ejemplo, dinitrofenoles) alteran el gradiente de protones a través de la membrana interna, lo que conduce a una respiración incontrolada y al sobrecalentamiento de los tejidos. Estas sustancias son tóxicas tanto para plantas como para animales, por lo que su uso está restringido (Evert, 2006).
Patógenos y EMC: algunos hongos patógenos (por ejemplo, Bipolaris maydis — agente causal del tizón del sur del maíz) producen toxinas (T‑toxina) que interactúan específicamente con la proteína mitocondrial URF13 codificada por el gen asociado a la EMC T‑urf13. Esto condujo a una epidemia de tizón del maíz en los EE. UU. en 1970, cuando todos los híbridos se basaban en una única fuente de EMC (citoplasma androestéril de Texas). Después de este episodio, se comenzaron a utilizar fuentes citoplasmáticas más diversas (Andreeva & Rodman, 2002; Chustecki & Johnston, 2024).
7.5. Enfoques biotecnológicos para modificar las mitocondrias
Los métodos modernos permiten modificar de forma dirigida el genoma mitocondrial y la expresión de los genes mitocondriales.
MitoTALEN y mitoZFN: creación de nucleasas artificiales dirigidas a secuencias específicas del ADNmt. Con su ayuda, ya se han eliminado genes de EMC en arroz (Abe & Numata, 2024) y se han editado genes de la ATP sintasa en Arabidopsis (Arimura et al., 2020 — citado en Abe 2024). Esto abre el camino a la corrección “in vivo” de mutaciones dañinas y a la creación de nuevos mitotipos de utilidad económica.
Administración de ácidos nucleicos y proteínas a las mitocondrias (ver sección 6.6 en Abe 2024): utilizando vectores peptídicos que combinan un péptido de direccionamiento mitocondrial (MTP) y un péptido de penetración celular (CPP), es posible introducir en las mitocondrias ARN mensajero, oligonucleótidos antisentido o proteínas nucleasas. Este es un método prometedor para la modificación transitoria de la expresión mitocondrial sin integración de transgenes (Abe & Numata, 2024).
Uso de mitocondrias como biosensores: insertando genes reporteros (por ejemplo, GFP bajo el control de un promotor mitocondrial) en las mitocondrias, se puede evaluar el estado funcional de los orgánulos en tiempo real, lo que resulta útil para la selección de genotipos tolerantes al estrés (Chustecki & Johnston, 2024).
Perspectivas: en las próximas décadas, se puede esperar la aparición de variedades de cultivos agrícolas con genoma mitocondrial editado que combinen la EMC para la producción de semillas híbridas, una mayor tolerancia a los estreses abióticos (mediante AOX) y resistencia a patógenos específicos. El desarrollo de tecnologías para la administración de ácidos nucleicos a las mitocondrias (vectores peptídicos, nanopartículas) permitirá la modificación temporal (no transgénica) de la función mitocondrial en condiciones de campo (Abe & Numata, 2024).
Referencias
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