Reproducción Sexual
La reproducción (reproduction) es una de las propiedades fundamentales de todos los organismos vivos, que asegura la producción de descendientes similares a los progenitores y, por tanto, la continuidad y sucesión de la vida (Yakovlev et al., 2005). En las plantas, como en otros eucariotas, se distinguen dos formas principales de reproducción: asexual y sexual. En la reproducción asexual, un nuevo individuo se desarrolla a partir de una sola célula (espora) o de una parte vegetativa del organismo materno sin la participación de células sexuales. En la reproducción sexual, el organismo filial surge de la fusión de dos células especializadas: los gametos.
La reproducción sexual en plantas (sexual reproduction) es el proceso mediante el cual dos células sexuales haploides (gametos), masculino y femenino, se fusionan para formar un cigoto diploide que da origen a un nuevo organismo (Graham et al., 2013; Mauseth, 2017). A diferencia de los animales, en las plantas la reproducción sexual está indisolublemente ligada a un cambio de fase nuclear y a la alternancia de generaciones, como se detallará en las siguientes secciones.
Gametos (gametes) son células uninucleadas especializadas para la fusión (singamia). En la mayoría de las plantas se observa oogamia, un tipo de proceso sexual en el que los gametos difieren marcadamente en forma y tamaño (Yakovlev et al., 2005; Serebryakova et al., 2006). El gameto masculino — espermatozoide (en plantas con esporas) o esperma (en plantas con semilla) — suele ser pequeño, móvil (con flagelos) o inmóvil, pero siempre contiene una cantidad mínima de citoplasma y un núcleo. El gameto femenino — óvulo — es grande, inmóvil y contiene reservas de nutrientes necesarios para el desarrollo inicial del futuro embrión. En algunas algas se presenta isogamia (fusión de gametos de forma idéntica) o heterogamia (los gametos difieren en tamaño, pero ambos son móviles); sin embargo, para las plantas terrestres la oogamia se ha fijado evolutivamente (Becker et al., 2025).
Fecundación (fertilization, o singamia) incluye dos etapas: plasmogamia —fusión de los citoplasmas de los gametos— y cariogamia —fusión de sus núcleos. El resultado es el cigoto (zygote), la primera célula diploide del nuevo organismo. En las angiospermas ocurre una doble fecundación única: un esperma se fusiona con el óvulo (formando el cigoto) y el segundo se fusiona con la célula central del saco embrionario (formando el endosperma triploide) (Beck, 2010). Este proceso se describirá en detalle en la sección sobre plantas con flores.
La esencia de la reproducción sexual no se limita a la unión mecánica de dos células. Su principal significado biológico es la creación de una descendencia genéticamente diversa. Gracias a la meiosis que precede a la formación de gametos (en plantas, la meiosis ocurre en los esporangios, no en los gametangios, lo que diferencia fundamentalmente el ciclo vegetal del animal) y a la subsiguiente recombinación genética en el cigoto, cada generación adquiere nuevas combinaciones de alelos (Barrett & Harder, 2017). Esto proporciona material para la selección natural y permite a las poblaciones adaptarse a condiciones ambientales cambiantes.
Es importante destacar que en las plantas la reproducción sexual es solo un componente del ciclo de vida complejo, que también incluye la meiosis y el desarrollo del gametofito. A diferencia de los animales, donde los gametos se forman directamente por meiosis, en las plantas superiores los gametos se forman en el gametofito haploide mediante divisiones mitóticas. La alternancia de generaciones haploide (gametofito) y diploide (esporofito) es una característica clave de la reproducción sexual en plantas, cuya consideración abordaremos en el siguiente capítulo.
1. Significado evolutivo y biológico de la reproducción sexual en plantas
La reproducción sexual no es solo un modo de producir descendencia. Es una estrategia evolutiva que ha moldeado toda la diversidad moderna de plantas superiores y ha determinado su dominio en los ecosistemas terrestres. Para entender por qué el proceso sexual se consolidó en la evolución, a pesar de su alto "costo energético", es necesario considerar sus ventajas biológicas y el papel clave que desempeñó en la emergencia de las plantas sobre la tierra.
1.1. Ventajas sobre la reproducción asexual
La reproducción asexual (vegetativa o mediante mitosporas) da un resultado rápido y fiable: los individuos hijos son genéticamente idénticos al progenitor (clones). En condiciones estables y predecibles, esto es ventajoso: un genotipo bien adaptado se replica sin los costos de buscar pareja y los complejos procesos de la meiosis (Graham et al., 2013). Sin embargo, esta uniformidad tiene una desventaja.
Si el ambiente cambia (enfriamiento, sequía, aparición de un nuevo patógeno), la uniformidad genética se vuelve fatal. En la reproducción asexual, todos los individuos comparten la misma vulnerabilidad. La reproducción sexual, por el contrario, crea cada vez combinaciones únicas de genes. Como expresan gráficamente los biólogos, es un "experimento natural" (Mauseth, 2017). Incluso si la mayoría de los descendientes resultan menos aptos que los progenitores, algunos pueden adquirir rasgos nuevos y útiles en las condiciones cambiantes. Por lo tanto, la reproducción sexual es un seguro para la población contra los cambios ambientales adversos.
1.2. El papel de la recombinación genética
La ventaja evolutiva de la reproducción sexual se basa en dos mecanismos que actúan a nivel celular:
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Entrecruzamiento (crossing over): en la profase I de la meiosis, los cromosomas homólogos intercambian segmentos. Esto lleva a la recombinación de alelos dentro de cada cromosoma.
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Segregación independiente de homólogos: en la anafase I, un conjunto aleatorio de cromosomas de cada progenitor llega al gameto (Strasburger, 1971; Stern’s, 2020).
Como resultado, cada gameto, y luego cada cigoto, porta una huella genética única. Esto crea material para la selección natural y permite que las mutaciones beneficiosas se propaguen en la población, separándose del "lastre" genético perjudicial (Barrett & Harder, 2017).
1.3. Consecuencias evolutivas: alternancia de generaciones y la conquista de la tierra
Una adquisición evolutiva clave de las plantas terrestres es la alternancia de generaciones (alternation of generations) con dominio de la fase diploide (esporofito) (Capítulo 9; Mauseth, 2017; Becker et al., 2025). ¿Por qué es importante? Un organismo diploide, que porta dos juegos de cromosomas, tiene copias de respaldo de los genes. Si surge una mutación dañina en un alelo, el segundo alelo "sano" puede compensarla. El gametofito haploide, en cambio, "ve" todas las mutaciones directamente, lo que lo hace más vulnerable.
Durante la evolución, desde algas hasta angiospermas, se observa una tendencia clara:
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En algas y musgos domina el gametofito haploide.
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En helechos ya domina el esporofito diploide, y el gametofito está representado por un pequeño prótalo.
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En plantas con semilla, el gametofito está extremadamente reducido (grano de polen y saco embrionario) y depende completamente del esporofito (Serebryakova et al., 2006).
Esta reducción del gametofito y la transición al dominio del esporofito diploide permitieron a las plantas colonizar la tierra. Protegido por la pared esporal (esporopolenina) y provisto de una reserva de nutrientes, el embrión diploide dentro de la semilla resultó resistente a la desecación, a las fluctuaciones de temperatura y pudo dispersarse a grandes distancias. Sin la reproducción sexual y la meiosis, que restauran la ploidía y crean diversidad, este salto evolutivo habría sido imposible (Chabert & Mallinger, 2025).
1.4. Importancia biológica para la estabilidad de los agroecosistemas
Comprender el papel evolutivo de la reproducción sexual tiene una aplicación directa en la agricultura. La mayoría de las plantas cultivadas (árboles frutales, arbustos de baya, muchas hortalizas) son total o parcialmente autoestériles debido a mecanismos de autoincompatibilidad o depresión endogámica temprana (Chabert & Mallinger, 2025). En tales condiciones, la polinización cruzada (alogamia) no solo es deseable, sino necesaria para obtener una cosecha.
La diversidad varietal mantenida por el mejoramiento genético es una consecuencia directa de la reproducción sexual. Permite obtener híbridos con resistencia a enfermedades, alto rendimiento y cualidades gustativas mejoradas. Sin embargo, como señalan Borghi et al. (2025), el mejoramiento moderno a veces debilita los rasgos atractivos para los insectos polinizadores (por ejemplo, reduce la producción de néctar o el aroma), lo que crea una amenaza para la polinización efectiva. Por lo tanto, comprender los mecanismos evolutivos de la reproducción sexual ayuda a agrónomos y fitomejoradores a desarrollar estrategias de producción sostenible, incluida la selección de variedades polinizadoras y el manejo de la salud de las abejas.
2. Base evolutiva: alternancia de generaciones

Comparación de la morfología de gametofitos y gametos en los principales grupos de plantas verdes: desde algas (<span lang="la" class="biological-name">Chlamydomonas</span>) hasta angiospermas.
En <span lang="la" class="biological-name">Chlamydomonas</span> — isogamia (ciclo haplonte). En musgos y helechos — oogamia, gametofitos multicelulares, espermatozoides móviles. En gimnospermas — reducción del gametofito; en angiospermas — reducción máxima (saco embrionario y tubo polínico con espermios inmóviles).
Para entender cómo funciona la reproducción sexual en las plantas, es necesario asimilar un concepto clave que distingue fundamentalmente el mundo vegetal del animal: la alternancia de generaciones (alternation of generations). En la mayoría de los animales (y en los humanos), el individuo adulto es diploide (2_n_) y produce gametos haploides (óvulos y espermatozoides) mediante la meiosis. Los gametos se fusionan, restaurando el juego diploide, y del cigoto se desarrolla nuevamente un individuo diploide. Aquí, la fase haploide está representada solo por gametos unicelulares.
En las plantas, el ciclo de vida es más complejo. En él se alternan regularmente dos organismos pluricelulares: el esporofito (fase diploide) y el gametofito (fase haploide) (Mauseth, 2017; Graham et al., 2013). Esta alternancia constituye la esencia de la alternancia de generaciones. Examinémosla secuencialmente.
2.1. Esporofito y gametofito: definiciones
Esporofito (sporophyte, de sporo — espora y phyte — planta) es la generación diploide. Esto es lo que normalmente vemos al hablar de un helecho, un pino, un manzano o un trigo. El cuerpo del esporofito está formado por células con un juego diploide de cromosomas (2_n_). La función del esporofito es producir esporas mediante meiosis. Células especializadas del esporofito (esporocitos, o células madre de las esporas) se dividen por meiosis, y cada una de ellas da lugar a cuatro esporas haploides (Yakovlev et al., 2005; Beck, 2010).
Gametofito (gametophyte, de gameto — gameto y phyte — planta) es la generación haploide. Las esporas germinan y dan origen al gametofito. Sus células ya contienen un juego haploide de cromosomas (1_n_). En el gametofito, en órganos especiales (gametangios), se forman los gametos — espermatozoides u óvulos — mediante mitosis (¡no meiosis!) (Serebryakova et al., 2006).
Por lo tanto, si en los animales la meiosis ocurre directamente durante la formación de gametos, en las plantas la meiosis ocurre durante la formación de esporas. Los gametos en las plantas ya se forman en el gametofito por vía mitótica (Graham et al., 2013).
2.2. Comparación de plantas homosporadas y heterosporadas
Según el tipo de esporas producidas, todas las plantas superiores se dividen en dos grupos:
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Homosporadas (homosporous): producen esporas de un solo tipo (morfológicamente idénticas). De cada espora se desarrolla un gametofito bisexual, que porta tanto anteridios (órganos masculinos) como arquegonios (órganos femeninos). Este tipo es característico de la mayoría de los helechos, así como de algunos licopodios y equisetos (Serebryakova et al., 2006).
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Heterosporadas (heterosporous): producen dos tipos de esporas: microsporas (pequeñas, numerosas) y megasporas (grandes, poco numerosas). De las microsporas se desarrollan gametofitos masculinos (microgametofitos), que producen solo espermatozoides o espermios. De las megasporas se desarrollan gametofitos femeninos (megagametofitos), que producen solo óvulos. La heterosporia es un paso evolutivo hacia la unisexualidad de los gametofitos y un requisito previo para la aparición de la semilla. Todas las plantas con semilla son heterosporadas, así como algunos helechos (p. ej., Marsilea, Salvinia) y licopodios (p. ej., Selaginella) (Strasburger, 1971; Mauseth, 2017).
2.3. Reducción del gametofito en la línea evolutiva
Una de las principales direcciones evolutivas en el reino vegetal es la reducción gradual (simplificación y disminución de tamaño) del gametofito y el fortalecimiento del dominio del esporofito (Becker et al., 2025).
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Musgos (Bryophyta): En musgos, domina el gametofito (la planta verde), mientras que el esporofito (cápsula sobre un pie) vive a expensas del gametofito y es efímero. Es un tipo primitivo, "similar a algas".
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Helechos (Polypodiophyta): Aquí ya domina el esporofito — una planta grande, longeva, con hojas y raíces. El gametofito es un pequeño prótalo, generalmente acorazonado, de unos pocos milímetros, que vive separado pero muy poco tiempo y muere rápidamente después de la fecundación (Mauseth, 2017; Graham et al., 2013).
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Gimnospermas (Gymnospermae): El gametofito está aún más reducido. El gametofito masculino es un grano de polen (solo unas pocas células). El gametofito femenino se desarrolla dentro del óvulo, no abandona el esporofito y está representado por un tejido multicelular (endosperma haploide en los pinos) con arquegonios (Strasburger, 1971).
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Angiospermas (Angiospermae): Se alcanza la máxima reducción. El gametofito masculino es un grano de polen que, en el momento de la polinización, consta de dos células (vegetativa y generativa) o tres (vegetativa y dos espermios). El gametofito femenino es el saco embrionario, generalmente de siete células y ocho núcleos. Los arquegonios están ausentes; el óvulo y la célula central carecen de paredes protectoras (Graham et al., 2013; Beck, 2010).
2.4. Significado biológico del dominio de la fase diploide
¿Por qué la evolución siguió el camino de fortalecer el esporofito? Existen varias explicaciones. La principal es que el genotipo diploide es más resistente a las mutaciones perjudiciales. En el esporofito diploide, la mayoría de los alelos recesivos dañinos no se manifiestan en el fenotipo porque están "cubiertos" por el alelo dominante normal del cromosoma homólogo. El gametofito haploide, en cambio, "ve" cualquier mutación directamente, y esta puede ser letal (Barrett & Harder, 2017; Becker et al., 2025). Por lo tanto, la reducción del gametofito y el desarrollo de un esporofito poderoso y protegido es una estrategia para aumentar la fiabilidad y la aptitud de las plantas en las condiciones diversas y a menudo estresantes de la vida terrestre.
Además, fue el dominio del esporofito lo que creó los requisitos previos para la aparición de la semilla — una estructura compleja en la que el embrión diploide (futuro esporofito) está rodeado por cubiertas protectoras y provisto de una reserva de nutrientes (endosperma haploide en gimnospermas o triploide en angiospermas). La semilla permitió a las plantas colonizar las regiones más áridas y se convirtió en el factor más importante del éxito evolutivo de las plantas con flores.
2.5. Esquema del ciclo (generalización)
El ciclo de vida completo de una planta superior puede representarse como un cambio secuencial de fases:
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Esporofito (2_n_) → (meiosis en esporangios) → esporas (1_n_).
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Esporas (1_n_) → (germinación mitótica) → gametofito (1_n_).
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Gametofito (1_n_) → (mitosis en gametangios) → gametos (1_n_).
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Gametos (1_n_) → (fusión, fecundación) → cigoto (2_n_).
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Cigoto (2_n_) → (mitosis) → embrión → esporofito adulto (2_n_).
Este ciclo se denomina alternancia de generaciones heteromórfica (ya que el esporofito y el gametofito no se parecen morfológicamente) (Mauseth, 2017; Strasburger, 1971).
3. Tipos de proceso sexual en plantas
El proceso sexual en plantas incluye la fusión de dos células sexuales: los gametos. Dependiendo de cuánto difieran estos gametos entre sí en forma, tamaño y capacidad de movimiento, se distinguen varios tipos de proceso sexual. Además, el origen de los gametos que se fusionan (de la misma o de diferentes plantas) es importante, determinando fenómenos como la autopolinización y la polinización cruzada en plantas con semilla.
3.1. Clasificación según la morfología de los gametos
La evolución del proceso sexual en plantas verdes fue desde la fusión de células idénticas hasta la oogamia altamente especializada (Yakovlev et al., 2005; Becker et al., 2025).
Isogamia
Isogamia (isogamy) es el tipo más primitivo. En la isogamia, los gametos que se fusionan son morfológicamente indistinguibles: son idénticos en tamaño, forma y ambos son móviles (tienen flagelos). Fisiológicamente, sin embargo, son diferentes (se designan como gametos "+" y "–"). La isogamia es característica de muchas algas verdes, por ejemplo, Chlamydomonas (Becker et al., 2025). En plantas superiores no se encuentra isogamia.
Heterogamia
Heterogamia (heterogamy) es un tipo en el que los gametos difieren en tamaño, pero ambos conservan la movilidad (tienen flagelos). El gameto femenino (macrogameto) es más grande que el masculino (microgameto). La heterogamia se encuentra en algunas algas (por ejemplo, en algunas especies de Ulva) y se considera una etapa de transición hacia la oogamia (Graham et al., 2013).
Oogamia
Oogamia (oogamy) es el tipo de proceso sexual más extendido y evolucionado en plantas. En la oogamia, los gametos están marcadamente diferenciados:
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Óvulo (egg cell) — grande, inmóvil, rico en sustancias de reserva (lípidos, proteínas). Se forma en los gametangios femeninos — arquegonios (en musgos, helechos, gimnospermas) o en el saco embrionario (en angiospermas) (Serebryakova et al., 2006).
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Espermatozoide (spermatozoon) — célula pequeña, móvil, con uno o varios flagelos. Se forma en los gametangios masculinos — anteridios. En gimnospermas (cícadas, ginkgo), los espermatozoides conservan flagelos y movilidad, pero en la mayoría de las gimnospermas y en todas las angiospermas, los gametos masculinos — espermios (sperm cells) — han perdido los flagelos y son transportados al óvulo a través del tubo polínico (sifonogamia) (Mauseth, 2017; Beck, 2010).
La oogamia proporciona las siguientes ventajas: el óvulo inmóvil y bien protegido recibe la máxima cantidad de nutrientes para el futuro embrión, y los numerosos espermatozoides/espermios pequeños aumentan la probabilidad de fecundación.
Conjugación
Un tipo especial de proceso sexual que se encuentra en algunas algas filamentosas (por ejemplo, en Spirogyra) se denomina conjugación (conjugation). Dos filamentos vecinos forman protuberancias que se fusionan, formando un canal de conjugación. El contenido de una célula (protoplasto) fluye hacia la otra, y se produce la fusión de dos protoplastos haploides. El cigoto resultante se cubre con una pared gruesa (zigospora) y puede permanecer en estado latente durante mucho tiempo. Esencialmente, es una isogamia con pérdida de la movilidad de los gametos (Yakovlev et al., 2005).
3.2. Clasificación según el origen de los gametos que se fusionan (en plantas con flores)
Para las plantas con flores que tienen flores hermafroditas, es clave saber de dónde proviene el polen (que contiene los gametos masculinos).
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Autopolinización (autogamy, o selfing) — polinización del estigma del pistilo con polen de la misma flor o de otra flor de la misma planta. Genéticamente, esto equivale a la autofecundación y conduce a una fuerte reducción de la heterocigosidad (Chabert & Mallinger, 2025). En muchas plantas cultivadas (trigo, cebada, guisante), la autopolinización es la norma, lo que asegura la estabilidad de los rasgos varietales.
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Polinización cruzada (allogamy, o cross‑pollination) — polinización del estigma con polen de otra planta de la misma especie. Genéticamente, esto conduce a la recombinación de genes y al aumento de la heterocigosidad de la descendencia. La mayoría de las plantas silvestres y muchas cultivadas (centeno, maíz, girasol, árboles frutales) son de polinización cruzada.
3.3. Autoincompatibilidad y autoesterilidad
En muchas plantas hermafroditas se han desarrollado mecanismos que impiden la autopolinización o la hacen estéril. Estos son la autoincompatibilidad (self‑incompatibility, SI) y la autoesterilidad (self‑sterility, SS).
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Autoincompatibilidad homomórfica (homomorphic SI): controlada por uno o varios genes del locus S. Dependiendo de qué generación (esporofito o gametofito) determine la incompatibilidad, se distinguen la autoincompatibilidad esporofítica (SSI) y la gametofítica (GSI) (Chabert & Mallinger, 2025). En la GSI (característica de Rosáceas, Solanáceas), la incompatibilidad la determina el genotipo del propio grano de polen (gametofito). En la SSI (característica de Brasicáceas), la determina el genotipo de la planta materna (esporofito). En ambos casos, no se produce la fecundación.
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Autoincompatibilidad heteromórfica (heteromorphic SI): relacionada con diferencias en la estructura de la flor (heterostilia). Por ejemplo, en el trigo sarraceno y la primavera, unas plantas tienen estilos largos y estambres cortos (forma "pin"), mientras que otras tienen estilos cortos y estambres largos (forma "thrum"). El polen germina solo en el estigma de la flor de forma opuesta (Strasburger, 1971; Chabert & Mallinger, 2025).
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Autoincompatibilidad de acción tardía (late‑acting SI): la incompatibilidad se manifiesta en el ovario o después de la fecundación: el embrión aborta en una etapa temprana. Este tipo se ha descrito, por ejemplo, en cacao, castaño y mango (Chabert & Mallinger, 2025).
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Depresión endogámica temprana (early‑acting inbreeding depression, EID): en apariencia similar a la autoincompatibilidad tardía, pero tiene una naturaleza diferente — no es un rechazo activo, sino una consecuencia de la acumulación de alelos recesivos letales y subletales. Al autopolinizarse, en estado homocigoto causan la muerte del embrión. Típica del arándano y muchas Ericáceas (Chabert & Mallinger, 2025).
Comprender estos mecanismos es fundamental para la horticultura y la producción de semillas, ya que muchos cultivos frutales y de bayas son parcial o totalmente autoestériles y requieren la siembra de plantas polinizadoras (otras variedades). Así, para el manzano, peral, cerezo y arándano, es necesario plantar al menos dos variedades que se polinicen mutuamente (Delaplane, 2023; citado en Chabert & Mallinger, 2025).
3.4. El fenómeno de la xenía
Un caso especial de influencia del polen sobre las propiedades del fruto y la semilla es la xenía (xenia). Es el efecto directo de los genes de la planta paterna (polen) sobre los tejidos que se forman después de la fecundación, como el endosperma o la cubierta de la semilla. Por ejemplo, en maíz, cuando se polinizan granos amarillos con polen de una planta de granos púrpura, el endosperma puede volverse púrpura; y en manzano, la polinización con diferentes variedades afecta el tamaño, la forma y el sabor del fruto (Denney, 1992; Liu, 2018). La xenía no es un mecanismo de autoincompatibilidad, pero muestra que la elección del polinizador afecta la calidad del producto incluso en variedades autofértiles (Chabert & Mallinger, 2025).


