Reproducción Sexual

Actualizado: 04 Junio 2026

La reproducción (reproduction) es una de las propiedades fundamentales de todos los organismos vivos, que asegura la producción de descendientes similares a los progenitores y, por tanto, la continuidad y sucesión de la vida (Yakovlev et al., 2005). En las plantas, como en otros eucariotas, se distinguen dos formas principales de reproducción: asexual y sexual. En la reproducción asexual, un nuevo individuo se desarrolla a partir de una sola célula (espora) o de una parte vegetativa del organismo materno sin la participación de células sexuales. En la reproducción sexual, el organismo filial surge de la fusión de dos células especializadas: los gametos.

La reproducción sexual en plantas (sexual reproduction) es el proceso mediante el cual dos células sexuales haploides (gametos), masculino y femenino, se fusionan para formar un cigoto diploide que da origen a un nuevo organismo (Graham et al., 2013; Mauseth, 2017). A diferencia de los animales, en las plantas la reproducción sexual está indisolublemente ligada a un cambio de fase nuclear y a la alternancia de generaciones, como se detallará en las siguientes secciones.

Gametos (gametes) son células uninucleadas especializadas para la fusión (singamia). En la mayoría de las plantas se observa oogamia, un tipo de proceso sexual en el que los gametos difieren marcadamente en forma y tamaño (Yakovlev et al., 2005; Serebryakova et al., 2006). El gameto masculino — espermatozoide (en plantas con esporas) o esperma (en plantas con semilla) — suele ser pequeño, móvil (con flagelos) o inmóvil, pero siempre contiene una cantidad mínima de citoplasma y un núcleo. El gameto femenino — óvulo — es grande, inmóvil y contiene reservas de nutrientes necesarios para el desarrollo inicial del futuro embrión. En algunas algas se presenta isogamia (fusión de gametos de forma idéntica) o heterogamia (los gametos difieren en tamaño, pero ambos son móviles); sin embargo, para las plantas terrestres la oogamia se ha fijado evolutivamente (Becker et al., 2025).

Fecundación (fertilization, o singamia) incluye dos etapas: plasmogamia —fusión de los citoplasmas de los gametos— y cariogamia —fusión de sus núcleos. El resultado es el cigoto (zygote), la primera célula diploide del nuevo organismo. En las angiospermas ocurre una doble fecundación única: un esperma se fusiona con el óvulo (formando el cigoto) y el segundo se fusiona con la célula central del saco embrionario (formando el endosperma triploide) (Beck, 2010). Este proceso se describirá en detalle en la sección sobre plantas con flores.

La esencia de la reproducción sexual no se limita a la unión mecánica de dos células. Su principal significado biológico es la creación de una descendencia genéticamente diversa. Gracias a la meiosis que precede a la formación de gametos (en plantas, la meiosis ocurre en los esporangios, no en los gametangios, lo que diferencia fundamentalmente el ciclo vegetal del animal) y a la subsiguiente recombinación genética en el cigoto, cada generación adquiere nuevas combinaciones de alelos (Barrett & Harder, 2017). Esto proporciona material para la selección natural y permite a las poblaciones adaptarse a condiciones ambientales cambiantes.

Es importante destacar que en las plantas la reproducción sexual es solo un componente del ciclo de vida complejo, que también incluye la meiosis y el desarrollo del gametofito. A diferencia de los animales, donde los gametos se forman directamente por meiosis, en las plantas superiores los gametos se forman en el gametofito haploide mediante divisiones mitóticas. La alternancia de generaciones haploide (gametofito) y diploide (esporofito) es una característica clave de la reproducción sexual en plantas, cuya consideración abordaremos en el siguiente capítulo.

1. Significado evolutivo y biológico de la reproducción sexual en plantas

La reproducción sexual no es solo un modo de producir descendencia. Es una estrategia evolutiva que ha moldeado toda la diversidad moderna de plantas superiores y ha determinado su dominio en los ecosistemas terrestres. Para entender por qué el proceso sexual se consolidó en la evolución, a pesar de su alto "costo energético", es necesario considerar sus ventajas biológicas y el papel clave que desempeñó en la emergencia de las plantas sobre la tierra.

1.1. Ventajas sobre la reproducción asexual

La reproducción asexual (vegetativa o mediante mitosporas) da un resultado rápido y fiable: los individuos hijos son genéticamente idénticos al progenitor (clones). En condiciones estables y predecibles, esto es ventajoso: un genotipo bien adaptado se replica sin los costos de buscar pareja y los complejos procesos de la meiosis (Graham et al., 2013). Sin embargo, esta uniformidad tiene una desventaja.

Si el ambiente cambia (enfriamiento, sequía, aparición de un nuevo patógeno), la uniformidad genética se vuelve fatal. En la reproducción asexual, todos los individuos comparten la misma vulnerabilidad. La reproducción sexual, por el contrario, crea cada vez combinaciones únicas de genes. Como expresan gráficamente los biólogos, es un "experimento natural" (Mauseth, 2017). Incluso si la mayoría de los descendientes resultan menos aptos que los progenitores, algunos pueden adquirir rasgos nuevos y útiles en las condiciones cambiantes. Por lo tanto, la reproducción sexual es un seguro para la población contra los cambios ambientales adversos.

1.2. El papel de la recombinación genética

La ventaja evolutiva de la reproducción sexual se basa en dos mecanismos que actúan a nivel celular:

  1. Entrecruzamiento (crossing over): en la profase I de la meiosis, los cromosomas homólogos intercambian segmentos. Esto lleva a la recombinación de alelos dentro de cada cromosoma.
  2. Segregación independiente de homólogos: en la anafase I, un conjunto aleatorio de cromosomas de cada progenitor llega al gameto (Strasburger, 1971; Stern's, 2020).

Como resultado, cada gameto, y luego cada cigoto, porta una huella genética única. Esto crea material para la selección natural y permite que las mutaciones beneficiosas se propaguen en la población, separándose del "lastre" genético perjudicial (Barrett & Harder, 2017).

1.3. Consecuencias evolutivas: alternancia de generaciones y la conquista de la tierra

Una adquisición evolutiva clave de las plantas terrestres es la alternancia de generaciones (alternation of generations) con dominio de la fase diploide (esporofito) (Capítulo 9; Mauseth, 2017; Becker et al., 2025). ¿Por qué es importante? Un organismo diploide, que porta dos juegos de cromosomas, tiene copias de respaldo de los genes. Si surge una mutación dañina en un alelo, el segundo alelo "sano" puede compensarla. El gametofito haploide, en cambio, "ve" todas las mutaciones directamente, lo que lo hace más vulnerable.

Durante la evolución, desde algas hasta angiospermas, se observa una tendencia clara:

  • En algas y musgos domina el gametofito haploide.
  • En helechos ya domina el esporofito diploide, y el gametofito está representado por un pequeño prótalo.
  • En plantas con semilla, el gametofito está extremadamente reducido (grano de polen y saco embrionario) y depende completamente del esporofito (Serebryakova et al., 2006).

Esta reducción del gametofito y la transición al dominio del esporofito diploide permitieron a las plantas colonizar la tierra. Protegido por la pared esporal (esporopolenina) y provisto de una reserva de nutrientes, el embrión diploide dentro de la semilla resultó resistente a la desecación, a las fluctuaciones de temperatura y pudo dispersarse a grandes distancias. Sin la reproducción sexual y la meiosis, que restauran la ploidía y crean diversidad, este salto evolutivo habría sido imposible (Chabert & Mallinger, 2025).

1.4. Importancia biológica para la estabilidad de los agroecosistemas

Comprender el papel evolutivo de la reproducción sexual tiene una aplicación directa en la agricultura. La mayoría de las plantas cultivadas (árboles frutales, arbustos de baya, muchas hortalizas) son total o parcialmente autoestériles debido a mecanismos de autoincompatibilidad o depresión endogámica temprana (Chabert & Mallinger, 2025). En tales condiciones, la polinización cruzada (alogamia) no solo es deseable, sino necesaria para obtener una cosecha.

La diversidad varietal mantenida por el mejoramiento genético es una consecuencia directa de la reproducción sexual. Permite obtener híbridos con resistencia a enfermedades, alto rendimiento y cualidades gustativas mejoradas. Sin embargo, como señalan Borghi et al. (2025), el mejoramiento moderno a veces debilita los rasgos atractivos para los insectos polinizadores (por ejemplo, reduce la producción de néctar o el aroma), lo que crea una amenaza para la polinización efectiva. Por lo tanto, comprender los mecanismos evolutivos de la reproducción sexual ayuda a agrónomos y fitomejoradores a desarrollar estrategias de producción sostenible, incluida la selección de variedades polinizadoras y el manejo de la salud de las abejas.

2. Base evolutiva: alternancia de generaciones

Comparación de gametofitos y gametos en diferentes grupos de plantas

Comparación de la morfología de gametofitos y gametos en los principales grupos de plantas verdes: desde algas (Chlamydomonas) hasta angiospermas.

En Chlamydomonas — isogamia (ciclo haplonte). En musgos y helechos — oogamia, gametofitos multicelulares, espermatozoides móviles. En gimnospermas — reducción del gametofito; en angiospermas — reducción máxima (saco embrionario y tubo polínico con espermios inmóviles).

Para entender cómo funciona la reproducción sexual en las plantas, es necesario asimilar un concepto clave que distingue fundamentalmente el mundo vegetal del animal: la alternancia de generaciones (alternation of generations). En la mayoría de los animales (y en los humanos), el individuo adulto es diploide (2n) y produce gametos haploides (óvulos y espermatozoides) mediante la meiosis. Los gametos se fusionan, restaurando el juego diploide, y del cigoto se desarrolla nuevamente un individuo diploide. Aquí, la fase haploide está representada solo por gametos unicelulares.

En las plantas, el ciclo de vida es más complejo. En él se alternan regularmente dos organismos pluricelulares: el esporofito (fase diploide) y el gametofito (fase haploide) (Mauseth, 2017; Graham et al., 2013). Esta alternancia constituye la esencia de la alternancia de generaciones. Examinémosla secuencialmente.

2.1. Esporofito y gametofito: definiciones

Esporofito (sporophyte, de sporo — espora y phyte — planta) es la generación diploide. Esto es lo que normalmente vemos al hablar de un helecho, un pino, un manzano o un trigo. El cuerpo del esporofito está formado por células con un juego diploide de cromosomas (2n). La función del esporofito es producir esporas mediante meiosis. Células especializadas del esporofito (esporocitos, o células madre de las esporas) se dividen por meiosis, y cada una de ellas da lugar a cuatro esporas haploides (Yakovlev et al., 2005; Beck, 2010).

Gametofito (gametophyte, de gameto — gameto y phyte — planta) es la generación haploide. Las esporas germinan y dan origen al gametofito. Sus células ya contienen un juego haploide de cromosomas (1n). En el gametofito, en órganos especiales (gametangios), se forman los gametos — espermatozoides u óvulos — mediante mitosis (¡no meiosis!) (Serebryakova et al., 2006).

Por lo tanto, si en los animales la meiosis ocurre directamente durante la formación de gametos, en las plantas la meiosis ocurre durante la formación de esporas. Los gametos en las plantas ya se forman en el gametofito por vía mitótica (Graham et al., 2013).

2.2. Comparación de plantas homosporadas y heterosporadas

Según el tipo de esporas producidas, todas las plantas superiores se dividen en dos grupos:

  • Homosporadas (homosporous): producen esporas de un solo tipo (morfológicamente idénticas). De cada espora se desarrolla un gametofito bisexual, que porta tanto anteridios (órganos masculinos) como arquegonios (órganos femeninos). Este tipo es característico de la mayoría de los helechos, así como de algunos licopodios y equisetos (Serebryakova et al., 2006).
  • Heterosporadas (heterosporous): producen dos tipos de esporas: microsporas (pequeñas, numerosas) y megasporas (grandes, poco numerosas). De las microsporas se desarrollan gametofitos masculinos (microgametofitos), que producen solo espermatozoides o espermios. De las megasporas se desarrollan gametofitos femeninos (megagametofitos), que producen solo óvulos. La heterosporia es un paso evolutivo hacia la unisexualidad de los gametofitos y un requisito previo para la aparición de la semilla. Todas las plantas con semilla son heterosporadas, así como algunos helechos (p. ej., Marsilea, Salvinia) y licopodios (p. ej., Selaginella) (Strasburger, 1971; Mauseth, 2017).

2.3. Reducción del gametofito en la línea evolutiva

Una de las principales direcciones evolutivas en el reino vegetal es la reducción gradual (simplificación y disminución de tamaño) del gametofito y el fortalecimiento del dominio del esporofito (Becker et al., 2025).

1. Musgos (Bryophyta): En musgos, domina el gametofito (la planta verde), mientras que el esporofito (cápsula sobre un pie) vive a expensas del gametofito y es efímero. Es un tipo primitivo, "similar a algas".

2. Helechos (Polypodiophyta): Aquí ya domina el esporofito — una planta grande, longeva, con hojas y raíces. El gametofito es un pequeño prótalo, generalmente acorazonado, de unos pocos milímetros, que vive separado pero muy poco tiempo y muere rápidamente después de la fecundación (Mauseth, 2017; Graham et al., 2013).

3. Gimnospermas (Gymnospermae): El gametofito está aún más reducido. El gametofito masculino es un grano de polen (solo unas pocas células). El gametofito femenino se desarrolla dentro del óvulo, no abandona el esporofito y está representado por un tejido multicelular (endosperma haploide en los pinos) con arquegonios (Strasburger, 1971).

4. Angiospermas (Angiospermae): Se alcanza la máxima reducción. El gametofito masculino es un grano de polen que, en el momento de la polinización, consta de dos células (vegetativa y generativa) o tres (vegetativa y dos espermios). El gametofito femenino es el saco embrionario, generalmente de siete células y ocho núcleos. Los arquegonios están ausentes; el óvulo y la célula central carecen de paredes protectoras (Graham et al., 2013; Beck, 2010).

2.4. Significado biológico del dominio de la fase diploide

¿Por qué la evolución siguió el camino de fortalecer el esporofito? Existen varias explicaciones. La principal es que el genotipo diploide es más resistente a las mutaciones perjudiciales. En el esporofito diploide, la mayoría de los alelos recesivos dañinos no se manifiestan en el fenotipo porque están "cubiertos" por el alelo dominante normal del cromosoma homólogo. El gametofito haploide, en cambio, "ve" cualquier mutación directamente, y esta puede ser letal (Barrett & Harder, 2017; Becker et al., 2025). Por lo tanto, la reducción del gametofito y el desarrollo de un esporofito poderoso y protegido es una estrategia para aumentar la fiabilidad y la aptitud de las plantas en las condiciones diversas y a menudo estresantes de la vida terrestre.

Además, fue el dominio del esporofito lo que creó los requisitos previos para la aparición de la semilla — una estructura compleja en la que el embrión diploide (futuro esporofito) está rodeado por cubiertas protectoras y provisto de una reserva de nutrientes (endosperma haploide en gimnospermas o triploide en angiospermas). La semilla permitió a las plantas colonizar las regiones más áridas y se convirtió en el factor más importante del éxito evolutivo de las plantas con flores.

2.5. Esquema del ciclo (generalización)

El ciclo de vida completo de una planta superior puede representarse como un cambio secuencial de fases:

  1. Esporofito (2n) → (meiosis en esporangios) → esporas (1n).
  2. Esporas (1n) → (germinación mitótica) → gametofito (1n).
  3. Gametofito (1n) → (mitosis en gametangios) → gametos (1n).
  4. Gametos (1n) → (fusión, fecundación) → cigoto (2n).
  5. Cigoto (2n) → (mitosis) → embrión → esporofito adulto (2n).

Este ciclo se denomina alternancia de generaciones heteromórfica (ya que el esporofito y el gametofito no se parecen morfológicamente) (Mauseth, 2017; Strasburger, 1971).

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3. Tipos de proceso sexual en plantas

El proceso sexual en plantas incluye la fusión de dos células sexuales: los gametos. Dependiendo de cuánto difieran estos gametos entre sí en forma, tamaño y capacidad de movimiento, se distinguen varios tipos de proceso sexual. Además, el origen de los gametos que se fusionan (de la misma o de diferentes plantas) es importante, determinando fenómenos como la autopolinización y la polinización cruzada en plantas con semilla.

3.1. Clasificación según la morfología de los gametos

La evolución del proceso sexual en plantas verdes fue desde la fusión de células idénticas hasta la oogamia altamente especializada (Yakovlev et al., 2005; Becker et al., 2025).

Isogamia

Isogamia (isogamy) es el tipo más primitivo. En la isogamia, los gametos que se fusionan son morfológicamente indistinguibles: son idénticos en tamaño, forma y ambos son móviles (tienen flagelos). Fisiológicamente, sin embargo, son diferentes (se designan como gametos "+" y "–"). La isogamia es característica de muchas algas verdes, por ejemplo, Chlamydomonas (Becker et al., 2025). En plantas superiores no se encuentra isogamia.

Heterogamia

Heterogamia (heterogamy) es un tipo en el que los gametos difieren en tamaño, pero ambos conservan la movilidad (tienen flagelos). El gameto femenino (macrogameto) es más grande que el masculino (microgameto). La heterogamia se encuentra en algunas algas (por ejemplo, en algunas especies de Ulva) y se considera una etapa de transición hacia la oogamia (Graham et al., 2013).

Oogamia

Oogamia (oogamy) es el tipo de proceso sexual más extendido y evolucionado en plantas. En la oogamia, los gametos están marcadamente diferenciados:

  • Óvulo (egg cell) — grande, inmóvil, rico en sustancias de reserva (lípidos, proteínas). Se forma en los gametangios femeninos — arquegonios (en musgos, helechos, gimnospermas) o en el saco embrionario (en angiospermas) (Serebryakova et al., 2006).
  • Espermatozoide (spermatozoon) — célula pequeña, móvil, con uno o varios flagelos. Se forma en los gametangios masculinos — anteridios. En gimnospermas (cícadas, ginkgo), los espermatozoides conservan flagelos y movilidad, pero en la mayoría de las gimnospermas y en todas las angiospermas, los gametos masculinos — espermios (sperm cells) — han perdido los flagelos y son transportados al óvulo a través del tubo polínico (sifonogamia) (Mauseth, 2017; Beck, 2010).

La oogamia proporciona las siguientes ventajas: el óvulo inmóvil y bien protegido recibe la máxima cantidad de nutrientes para el futuro embrión, y los numerosos espermatozoides/espermios pequeños aumentan la probabilidad de fecundación.

Conjugación

Un tipo especial de proceso sexual que se encuentra en algunas algas filamentosas (por ejemplo, en Spirogyra) se denomina conjugación (conjugation). Dos filamentos vecinos forman protuberancias que se fusionan, formando un canal de conjugación. El contenido de una célula (protoplasto) fluye hacia la otra, y se produce la fusión de dos protoplastos haploides. El cigoto resultante se cubre con una pared gruesa (zigospora) y puede permanecer en estado latente durante mucho tiempo. Esencialmente, es una isogamia con pérdida de la movilidad de los gametos (Yakovlev et al., 2005).

3.2. Clasificación según el origen de los gametos que se fusionan (en plantas con flores)

Para las plantas con flores que tienen flores hermafroditas, es clave saber de dónde proviene el polen (que contiene los gametos masculinos).

  • Autopolinización (autogamy, o selfing) — polinización del estigma del pistilo con polen de la misma flor o de otra flor de la misma planta. Genéticamente, esto equivale a la autofecundación y conduce a una fuerte reducción de la heterocigosidad (Chabert & Mallinger, 2025). En muchas plantas cultivadas (trigo, cebada, guisante), la autopolinización es la norma, lo que asegura la estabilidad de los rasgos varietales.
  • Polinización cruzada (allogamy, o cross‑pollination) — polinización del estigma con polen de otra planta de la misma especie. Genéticamente, esto conduce a la recombinación de genes y al aumento de la heterocigosidad de la descendencia. La mayoría de las plantas silvestres y muchas cultivadas (centeno, maíz, girasol, árboles frutales) son de polinización cruzada.

3.3. Autoincompatibilidad y autoesterilidad

En muchas plantas hermafroditas se han desarrollado mecanismos que impiden la autopolinización o la hacen estéril. Estos son la autoincompatibilidad (self‑incompatibility, SI) y la autoesterilidad (self‑sterility, SS).

  • Autoincompatibilidad homomórfica (homomorphic SI): controlada por uno o varios genes del locus S. Dependiendo de qué generación (esporofito o gametofito) determine la incompatibilidad, se distinguen la autoincompatibilidad esporofítica (SSI) y la gametofítica (GSI) (Chabert & Mallinger, 2025). En la GSI (característica de Rosáceas, Solanáceas), la incompatibilidad la determina el genotipo del propio grano de polen (gametofito). En la SSI (característica de Brasicáceas), la determina el genotipo de la planta materna (esporofito). En ambos casos, no se produce la fecundación.
  • Autoincompatibilidad heteromórfica (heteromorphic SI): relacionada con diferencias en la estructura de la flor (heterostilia). Por ejemplo, en el trigo sarraceno y la primavera, unas plantas tienen estilos largos y estambres cortos (forma "pin"), mientras que otras tienen estilos cortos y estambres largos (forma "thrum"). El polen germina solo en el estigma de la flor de forma opuesta (Strasburger, 1971; Chabert & Mallinger, 2025).
  • Autoincompatibilidad de acción tardía (late‑acting SI): la incompatibilidad se manifiesta en el ovario o después de la fecundación: el embrión aborta en una etapa temprana. Este tipo se ha descrito, por ejemplo, en cacao, castaño y mango (Chabert & Mallinger, 2025).
  • Depresión endogámica temprana (early‑acting inbreeding depression, EID): en apariencia similar a la autoincompatibilidad tardía, pero tiene una naturaleza diferente — no es un rechazo activo, sino una consecuencia de la acumulación de alelos recesivos letales y subletales. Al autopolinizarse, en estado homocigoto causan la muerte del embrión. Típica del arándano y muchas Ericáceas (Chabert & Mallinger, 2025).

Comprender estos mecanismos es fundamental para la horticultura y la producción de semillas, ya que muchos cultivos frutales y de bayas son parcial o totalmente autoestériles y requieren la siembra de plantas polinizadoras (otras variedades). Así, para el manzano, peral, cerezo y arándano, es necesario plantar al menos dos variedades que se polinicen mutuamente (Delaplane, 2023; citado en Chabert & Mallinger, 2025).

3.4. El fenómeno de la xenía

Un caso especial de influencia del polen sobre las propiedades del fruto y la semilla es la xenía (xenia). Es el efecto directo de los genes de la planta paterna (polen) sobre los tejidos que se forman después de la fecundación, como el endosperma o la cubierta de la semilla. Por ejemplo, en maíz, cuando se polinizan granos amarillos con polen de una planta de granos púrpura, el endosperma puede volverse púrpura; y en manzano, la polinización con diferentes variedades afecta el tamaño, la forma y el sabor del fruto (Denney, 1992; Liu, 2018). La xenía no es un mecanismo de autoincompatibilidad, pero muestra que la elección del polinizador afecta la calidad del producto incluso en variedades autofértiles (Chabert & Mallinger, 2025).

4. Etapas y mecanismos de la reproducción sexual en plantas

Ciclo de vida de una planta con flor

Ciclo de vida de una planta con flor (esquema)

La reproducción sexual de las plantas superiores es un proceso de múltiples etapas que incluye la formación de esporas (esporogénesis), el desarrollo de los gametofitos (gametofitogénesis), la polinización, la fecundación y, finalmente, la formación de semillas y frutos (en angiospermas). A continuación examinaremos secuencialmente estas etapas, centrándonos en las plantas con flores por ser las más importantes desde el punto de vista agronómico, pero con las referencias necesarias a otros grupos.

4.1. Esporogénesis: del esporofito a las esporas

Granos de polen de diferentes plantas

Granos de polen de diferentes plantas (microscopía electrónica de barrido)

Imagen MEB de granos de polen de varias especies, que muestra la diversidad de la escultura y las aberturas de la exina.

La esporogénesis es el proceso de formación de esporas en los esporangios del esporofito como resultado de la meiosis.

Microsporogénesis en plantas con flores ocurre en las anteras (microsporangios). Los microsporocitos diploides (células madre del polen) sufren meiosis y forman tétradas de microsporas haploides. En la mayoría de las especies, las microsporas se separan rápidamente unas de otras y forman los granos de polen (Mauseth, 2017). Las células del tapete que rodea la antera desempeñan un papel nutritivo y secretor, y también participan en la formación de la pared de esporopolenina del polen (Beck, 2010).

Megasporogénesis ocurre en el óvulo (megasporangio), que está ubicado dentro del ovario del pistilo en angiospermas o sobre la escama seminal en gimnospermas. En la nucela del óvulo, una célula diploide — el megasporocito (célula madre de las megasporas) — entra en meiosis. De las cuatro megasporas haploides resultantes, generalmente tres degeneran y solo una (megaspora funcional) da origen al gametofito femenino. Este tipo de desarrollo se denomina monospórico (el más común, por ejemplo, en Polygonum) (Simpson, 2010; Beck, 2010). Sin embargo, existen otros tipos (bispórico, tetraspórico) que se encuentran en algunos taxones.

4.2. Gametofitogénesis: desarrollo del gametofito masculino y femenino

Microgametofito (grano de polen y tubo polínico)

La microspora (grano de polen) es la primera célula del gametofito masculino. En la mayoría de las angiospermas, la mitosis en la microspora ocurre antes de la polinización y da origen a la célula vegetativa (o del tubo) y a la célula generativa. En el 70 % de las especies, la célula generativa se divide para formar dos espermios ya dentro del grano de polen (polen trinucleado); en el resto, esta división ocurre después de la polinización, dentro del tubo polínico en crecimiento (polen binucleado) (Mauseth, 2017; Simpson, 2010). La célula vegetativa forma el tubo polínico, que crece solo en el ápice y transporta los dos espermios inmóviles hacia el saco embrionario.

Megagametofito (saco embrionario)

La megaspora funcional se agranda y su núcleo sufre tres divisiones mitóticas sucesivas (en el tipo monospórico Polygonum). Como resultado, se forman ocho núcleos haploides que luego se agrupan y se cellularizan. El saco embrionario maduro contiene siete células: tres antípodas (en el extremo calazal), una célula central con dos núcleos polares, dos sinérgidas y el óvulo (ambos elementos forman el aparato ovular en el extremo micropilar) (Beck, 2010; Simpson, 2010). En algunas plantas, el saco embrionario puede desarrollarse de otra manera (por ejemplo, el tipo Fritillaria — tetraspórico). La homología del gametofito femenino de las angiospermas con los arquegonios de las gimnospermas sigue ocupando la mente de los morfólogos, pero está claro que las angiospermas han perdido el arquegonio pluricelular (Becker et al., 2025).

4.3. Polinización

Página principal: Polinización y fecundación

Abeja polinizando una flor de diente de león

Abeja polinizando una flor de diente de león

Una abeja melífera (Apis mellifera) recolecta néctar y polen en una flor de diente de león, realizando polinización cruzada.

La polinización (pollination) es la transferencia de polen desde la antera hasta el estigma del pistilo (en angiospermas) o hasta la micrópila del óvulo (en gimnospermas). En las plantas con flores puede ser realizada por el viento (anemofilia), insectos (entomofilia), aves (ornitofilia), murciélagos (quiropterofilia) e incluso el agua (hidrofilia). La eficiencia de la polinización determina cuántos granos de polen llegan al estigma y, por consiguiente, cuántas semillas pueden formarse (Borghi et al., 2025). Muchas plantas cultivadas dependen de insectos polinizadores, y el déficit de polinización es una de las causas de la reducción del rendimiento.

En gimnospermas, el polen cae directamente sobre una gota de líquido secretada por la micrópila y luego es succionado hacia el interior del óvulo, donde germina (tubo polínico haustorial) (Beck, 2010). En angiospermas, el polen germina sobre el estigma y el tubo polínico crece a través de los tejidos del estilo. La interacción entre el polen y el estigma es estrictamente específica y está controlada por mecanismos de autoincompatibilidad (Chabert & Mallinger, 2025).

4.4. Crecimiento del tubo polínico y quimiotaxis

Después de la germinación, la célula vegetativa forma el tubo polínico, que crece exclusivamente en el ápice. El crecimiento del tubo está sostenido por la presión osmótica (turgencia) y el citoesqueleto de actina. El transporte de vesículas con material de pared celular (pectinas, celulosa) y membranas hacia el extremo en crecimiento se realiza a través de microfilamentos de actina. Los iones Ca2+ y H+ desempeñan un papel importante en la regulación, creando un gradiente en la zona de crecimiento (Hepler et al., 2006). El tubo polínico se mueve a través de los espacios intercelulares del tejido conductor del estilo, respondiendo a señales químicas (quimiotaxis). Los compuestos atrayentes son secretados por las sinérgidas del aparato ovular e incluyen pequeños péptidos (LURE en Arabidopsis, ZmEA1 en maíz) (Dresselhaus & Franklin‑Tong, 2013; citado en Becker et al., 2025). En muchas especies, el tubo polínico penetra en el óvulo a través de la micrópila (porogamia), pero en algunas es posible la germinación a través de la calaza (calazogamia) o a través de los tegumentos (mesogamia) (Graham et al., 2013).

4.5. Doble fecundación en angiospermas

Diagrama de modos reproductivos en helecho y planta con flor

Diagrama simplificado de los ciclos reproductivos de plantas no seminales (helecho) y seminales (angiospermas).

En plantas no seminales, los gametos masculinos (espermatozoides) conservan flagelos y necesitan agua líquida. En plantas seminales, el tubo polínico transporta los espermios inmóviles hasta el óvulo, eliminando por completo la dependencia del agua para la fecundación.

La culminación del proceso sexual en las plantas con flores es la doble fecundación (double fertilization), descubierta por S.G. Navashin en 1898. El tubo polínico penetra en el saco embrionario a través de una de las sinérgidas (célula guía) y se rompe, liberando los dos espermios.

  • Un espermio se fusiona con el óvulo, formando el cigoto (2n) — del cual se desarrolla el embrión.
  • El segundo espermio se fusiona con los dos núcleos polares de la célula central, formando el núcleo triploide (3n) del endosperma. El endosperma es un tejido nutritivo que apoya el desarrollo del embrión (en los cereales se conserva hasta la madurez de la semilla; en las leguminosas es casi completamente consumido por el embrión) (Beck, 2010; Mauseth, 2017).

La doble fecundación es un rasgo único de las angiospermas que asegura un uso eficiente de los recursos: el endosperma se desarrolla solo si el óvulo ha sido fecundado con éxito. En algunas gimnospermas (por ejemplo, en Ephedra y Gnetum) también se han descrito dos actos de fusión, pero conducen a la formación de embriones adicionales, no de tejido nutritivo (Becker et al., 2025).

4.6. Formación de la semilla y el fruto

alt="Etapas de la evolución del óvulo"

Posibles etapas en el origen del óvulo de las plantas con semilla: desde homosporia → heterosporia → reducción del número de megasporas → aparición de tegumentos.

Se muestra la evolución secuencial desde un ancestro homospórico (homosporia) a través de la heterosporia hasta la retención de una única megaspora dentro del megasporangio y, finalmente, a la formación de los tegumentos (cubiertas) — la formación del óvulo.

Después de la fecundación ocurren las siguientes transformaciones (Strasburger, 1971; Serebryakova et al., 2006):

  • Cigoto → → → → embrión (embryo) con órganos diferenciados: radícula (radicle), hipocótilo (hypocotyl), cotiledones (cotyledons) y plúmula (plumule). En monocotiledóneas — un cotiledón (escudete); en dicotiledóneas — dos.
  • Endosperma triploide → tejido de reserva (proteínas, almidón, aceites). En algunas plantas, el endosperma es absorbido por los cotiledones en crecimiento (semillas exalbuminosas, ej., frijol, guisante); en otras se conserva (semillas albuminosas, ej., trigo, ricino).
  • Tegumentos del óvulo → cubierta seminal (testa).
  • Pared del ovario (pericarpio) se agranda y forma el fruto (fruit). En los frutos carnosos (manzana, cereza, tomate), el pericarpio se diferencia en exocarpio, mesocarpio y endocarpio. En los frutos secos (legumbre, cariopsis, cápsula) se vuelve leñoso o membranoso. En la formación del fruto pueden participar otras partes de la flor (receptáculo, cáliz) — entonces el fruto se llama falso (ej., manzana, fresa) (Mauseth, 2017).

4.7. Particularidades en otros grupos de plantas superiores

  • Musgos y helechos: La fecundación solo es posible en presencia de agua líquida, ya que los espermatozoides son móviles (tienen flagelos) y deben nadar hasta el arquegonio. En musgos, el gametofito es la generación dominante; en helechos, es pequeño (prótalo) (Graham et al., 2013; Beck, 2010).
  • Gimnospermas: No presentan doble fecundación (excepto las gnetofitas). El gametofito femenino es pluricelular y contiene arquegonios. El polen germina dentro del óvulo; el tubo polínico a menudo se ramifica y cumple una función haustorial (absorbe nutrientes de los tejidos de la nucela). Los espermatozoides de las cícadas y el ginkgo son móviles (con numerosos flagelos); en coníferas y gnetofitas son inmóviles (espermios) (Beck, 2010; Strasburger, 1971).

5. Factores que influyen en la reproducción sexual de las plantas

El éxito de la reproducción sexual en las plantas — desde la formación de polen sano hasta la maduración de semillas viables — depende de una compleja interacción de factores externos (abióticos y bióticos) e internos (genéticos). La comprensión de estos factores es clave para la agronomía, ya que permite predecir los rendimientos y desarrollar medidas para estabilizarlos en condiciones de cambio climático y presión antropogénica.

5.1. Factores abióticos

Los factores abióticos incluyen temperatura, humedad, viento, régimen de luz y disponibilidad de elementos minerales. Influyen en todas las etapas del proceso reproductivo — desde la iniciación de los órganos generativos hasta el crecimiento del tubo polínico y el desarrollo del embrión.

Temperatura

La temperatura es uno de los principales factores limitantes. Cada especie tiene su propio óptimo en el que los procesos de micro y megasporogénesis, polinización y fecundación transcurren con normalidad.

Efecto sobre el polen: Las temperaturas elevadas (estrés térmico) durante la formación del polen provocan alteraciones en la meiosis, formación de granos de polen estériles, reducción de su viabilidad y deterioro del crecimiento del tubo polínico. En muchos cultivos (tomate, pimiento, trigo, maíz), incluso un aumento breve de la temperatura por encima de 30–35 °C en la fase de floración puede causar esterilidad masculina (Chabert & Mallinger, 2025; Tushabe & Rosbakh, 2025, citado en Chabert & Mallinger). Las bajas temperaturas (heladas) también dañan el polen y los estigmas, especialmente en cultivos termófilos.

Efecto sobre el ovario y el embrión: Las bajas temperaturas en el momento de la floración pueden ralentizar el crecimiento del tubo polínico, provocar aborto de ovarios y dar lugar a partenocarpia parcial o total (formación de frutos sin semillas). Las altas temperaturas después de la fecundación pueden causar la muerte de los embriones en desarrollo (la depresión endogámica temprana se agrava con el estrés) (Chabert & Mallinger, 2025).

Humedad

La humedad del aire y la disponibilidad de agua en el suelo afectan varias etapas:

  • Acumulación de recursos: La sequía durante la floración limita la fotosíntesis, reduce la producción de néctar y la calidad del polen, lo que disminuye la atracción de insectos polinizadores (Borghi et al., 2025).
  • Hidratación del polen: Para germinar, el polen debe absorber agua de la superficie del estigma. Con baja humedad, el estigma se seca y el polen no puede germinar. Con humedad muy alta, los granos de polen pueden reventar, perdiendo también su capacidad de fecundación. La humedad óptima para la polinización de la mayoría de los cultivos es del 60–80 %.
  • Lluvia: Las precipitaciones durante la floración pueden lavar el polen del estigma, dificultar el vuelo de los insectos y provocar la aglutinación del polen en las anteras. Para los cultivos anemófilos (maíz, cereales), la lluvia es un obstáculo grave.

Viento

Para las plantas anemófilas (polinizadas por el viento), el viento es el principal agente de transporte del polen. La eficacia de la polinización por el viento depende de la velocidad y dirección del viento, así como del tamaño y forma de los granos de polen. En tiempo sin viento o con viento demasiado fuerte, la probabilidad de una polinización exitosa disminuye drásticamente. Para los cultivos entomófilos, el viento también es importante: puede facilitar la dispersión del polen a corta distancia, pero el viento fuerte dificulta el vuelo de los insectos (Mauseth, 2017).

Luz (fotoperiodo e intensidad)

La duración del día (fotoperiodo) determina el momento de la transición de la planta a la floración. Las plantas de día corto (maíz, soja) y de día largo (trigo, cebada, patata) están programadas para florecer con una duración específica del día. La alteración del fotoperiodo natural (por ejemplo, con iluminación suplementaria) puede retrasar la floración o hacerla desigual. La intensidad de la luz afecta la síntesis de carbohidratos, necesarios para el desarrollo del polen y el néctar. El sombreado reduce la fertilidad del polen y la producción de néctar, lo que disminuye la atracción de las flores para los insectos (Borghi et al., 2025).

5.2. Factores bióticos

Los factores bióticos más importantes son los polinizadores (insectos, aves, murciélagos) y la presencia de plantas polinizadoras (otras variedades o individuos de la misma especie compatibles para la polinización cruzada).

Polinizadores

Para los cultivos entomófilos (huertos frutales, cucurbitáceas, semilleros de hortalizas), las visitas de insectos polinizadores son un requisito indispensable para el cuajado de frutos y semillas. Los principales grupos de polinizadores en agricultura son las abejas melíferas (Apis mellifera), los abejorros (Bombus spp.) y las abejas solitarias (osmias, megáchiles). La eficacia de la polinización depende de:

  • Abundancia de polinizadores: La falta de abejas conduce a una polinización insuficiente y a una reducción del rendimiento (problema del "déficit de polinización") (Borghi et al., 2025; Chabert & Mallinger, 2025).
  • Tasa de visita a las flores: Las abejas deben moverse activamente de flor en flor y de planta en planta. Un cultivo monótono reduce el interés de las abejas si las flores no proporcionan suficiente néctar y polen.
  • Sincronía de floración: La floración del cultivo debe coincidir con el período de actividad de los polinizadores.
  • Atractivo de la flor: Olor, color, forma, presencia de néctar — todo ello guía el comportamiento del insecto. Las variedades modernas, seleccionadas por sus cualidades gustativas o resistencia, a veces pierden atractivo para las abejas (Borghi et al., 2025).

Plantas polinizadoras

Para cultivos autoestériles y parcialmente autoestériles (manzano, peral, cerezo, ciruelo, arándano, arándano rojo, arándano agrio, muchos cítricos), no basta con tener abejas: es necesario que crezcan cerca plantas de otra variedad compatible (polinizadora). El polen de una variedad puede no germinar en el estigma de otra debido a la autoincompatibilidad. Los jardineros plantan polinizadores en una proporción determinada (por ejemplo, 1 hilera de polinizador por cada 5–10 hileras de la variedad principal). Para el arándano alto, se ha establecido que incluso las variedades parcialmente autofértiles aumentan significativamente su rendimiento cuando son polinizadas de forma cruzada con otras variedades debido al efecto de xenía y a la reducción de la depresión endogámica (Chabert & Mallinger, 2025; DeVetter et al., 2022).

5.3. Factores genéticos y autoincompatibilidad

Los mecanismos genéticos internos regulan la posibilidad de fecundación. Como ya se discutió en la sección 3, estos incluyen:

  • Autoincompatibilidad homomórfica (gametofítica — en Rosáceas, Fabáceas, Solanáceas; esporofítica — en Brasicáceas, Asteráceas). Impide la fecundación cuando coinciden ciertos alelos S.
  • Autoincompatibilidad heteromórfica (trigo sarraceno, primavera).
  • Autoincompatibilidad tardía y depresión endogámica temprana (cacao, castaño, arándano), que provocan el aborto del embrión en caso de autopolinización o cruzamiento estrechamente relacionado (Chabert & Mallinger, 2025).

La carga genética (presencia de alelos recesivos letales y subletales) es especialmente alta en cultivos perennes de polinización cruzada. Por lo tanto, para obtener el máximo rendimiento y calidad de fruta, se recomienda utilizar una mezcla de al menos 2–3 variedades en el huerto o la plantación.

5.4. Influencia de los factores de estrés en el sistema reproductivo

Las condiciones de estrés (sequía, calor, heladas, salinidad, deficiencia de nutrientes) se suman y pueden tener un impacto negativo sinérgico sobre la reproducción sexual:

  • Reducción de la fertilidad del polen — la etapa más sensible. Bajo estrés, disminuye el contenido de carbohidratos y aminoácidos en el polen, se afecta la síntesis de proteínas y se altera la formación del tubo polínico.
  • Disminución del atractivo de las flores — durante la sequía o las altas temperaturas, se reduce la producción de néctar, cambia su composición y disminuye la emisión de compuestos volátiles, lo que hace que las flores sean menos visibles para los insectos (Borghi et al., 2025).
  • Aborto de ovarios — cuando hay déficit de agua o nutrientes, la planta materna puede desprender parte de los ovarios para sobrevivir. Este fenómeno puede enmascarar una polinización insuficiente.
  • Alteración de la sincronía — entre la dehiscencia de las anteras y la receptividad del estigma (protandria o protoginia) puede producirse un desajuste bajo estrés, reduciendo la probabilidad de polinización cruzada.

Por lo tanto, para una fructificación sostenible, no solo es necesario asegurar una polinización eficaz (suficientes polinizadores y una selección adecuada de variedades), sino también crear condiciones ambientales favorables (riego, protección contra heladas, optimización de la nutrición mineral). En condiciones de cambio climático global, estas tareas son especialmente relevantes (Borghi et al., 2025; Chabert & Mallinger, 2025).

6. Manejo de la reproducción sexual y significado aplicado

Comprender los mecanismos de la reproducción sexual en las plantas no es solo una tarea fundamental de la botánica, sino también la base de muchas prácticas agronómicas. Al manejar la floración, la polinización y la fecundación, el ser humano puede aumentar significativamente el rendimiento, mejorar la calidad del producto y crear nuevas variedades con características deseadas.

6.1. Cruzamiento controlado en fitomejoramiento

La creación dirigida de nuevas variedades se basa en la hibridación — el cruzamiento de formas parentales genéticamente diferentes.

  • Emasculación de flores y aislamiento: Para excluir la autopolinización, se eliminan las anteras de la planta madre (emasculación) antes de que maduren. La flor se aísla luego (por ejemplo, con una bolsa de papel) para evitar la entrada de polen no deseado. Posteriormente, se aplica polen de la planta padre, seleccionada por sus rasgos de interés, sobre el estigma (Mauseth, 2017).
  • Superación de la autoincompatibilidad: En caso de autoincompatibilidad esporofítica o gametofítica, se utilizan métodos de "evasión" — por ejemplo, polinización de estigmas inmaduros o envejecidos, tratamiento del estilo con soluciones salinas, o eliminación quirúrgica de parte del estilo. Para algunos cultivos se emplea la fecundación in vitro — extracción de óvulos y su fecundación en cultivo de tejidos (de Nettancourt, 2001; Chabert & Mallinger, 2025).
  • Hibridación lejana: El cruzamiento de diferentes especies o géneros (por ejemplo, trigo con centeno para obtener triticale) a menudo es difícil debido a la disimilitud de los genomas. Aquí se necesitan técnicas especiales: aproximación vegetativa preliminar (injertos), uso de formas "puente", tratamiento con fitohormonas, rescate de embriones en cultivo in vitro (Graham et al., 2013).

6.2. Híbridos heteróticos y producción de semillas

Uno de los logros más importantes del mejoramiento genético del siglo XX es el uso del efecto de heterosis (vigor híbrido), por el cual los híbridos de primera generación (F1) superan a los padres en rendimiento, precocidad y resistencia. Para obtener semillas heteróticas es necesario cruzar dos líneas genéticamente diferentes. Para ello, hay que evitar la autopolinización en la línea madre.

  • Esterilidad masculina citoplasmática (EMC): El método más eficaz para producir semillas híbridas en maíz, girasol, remolacha azucarera, cebolla y zanahoria. En plantas con EMC, el polen es estéril debido a una mutación en el ADN mitocondrial (transmitida solo por vía materna). Junto a ellas se planta una línea restauradora de la fertilidad (con genes nucleares restauradores específicos). Como resultado, en las plantas madre estériles solo se producen semillas F1 de polinización cruzada (Chabert & Mallinger, 2025; Becker et al., 2025).
  • Esterilidad masculina genética (EMG): Causada por mutaciones nucleares recesivas. Se utiliza en el mejoramiento de tomate, pimiento y soja. El mantenimiento de líneas estériles requiere marcadores o selección visual.
  • Uso de la autoincompatibilidad: En col, brócoli, rábano y manzano, se utiliza la autoincompatibilidad esporofítica o gametofítica para producir semillas híbridas. Al cruzar dos variedades parentales autoestériles, se obtienen semillas F1, ya que la autopolinización en aislamiento no produce semillas (Chabert & Mallinger, 2025).

6.3. Manejo de la polinización en fruticultura y berrycultura

Muchos cultivos frutales y de bayas (manzano, peral, cerezo, ciruelo, arándano, arándano rojo, arándano agrio, kiwi) son autoestériles o parcialmente autoestériles y requieren polinización cruzada.

  • Selección de variedades polinizadoras: Para cada variedad principal, se debe seleccionar una o varias variedades polinizadoras compatibles que florezcan sincrónicamente. En los huertos se plantan en bloques o hileras (a menudo 1 hilera de polinizador por cada 5–10 hileras de la variedad principal). En el arándano alto, incluso en variedades parcialmente autofértiles, el rendimiento y el peso de las bayas aumentan significativamente con la polinización cruzada por otra variedad (Chabert & Mallinger, 2025; DeVetter et al., 2022).
  • Uso de insectos polinizadores: Las abejas melíferas, los abejorros y las abejas osmias son ayudantes clave. Para cultivos entomófilos, es necesario colocar colmenas a razón de 2–4 colonias por hectárea (manzano) o 5–8 colonias por hectárea (arándano, arándano agrio). Los abejorros se utilizan a menudo en invernaderos (tomate, pimiento, berenjena, sandía, melón) porque son eficaces a temperaturas más bajas y vibran mejor las flores para liberar el polen de las anteras poricidas.
  • Polinización artificial y vibración: En los cultivos de tomate en invernadero, se emplea la vibración mecánica (vibradores eléctricos) o el tratamiento con hormonas (auxinas) para el cuajado de frutos cuando faltan polinizadores. Sin embargo, la estimulación hormonal produce frutos sin semillas que son inferiores en sabor a los polinizados (Delaplane, 2023, citado en Chabert & Mallinger).
  • Creación de variedades amigables con las abejas: Los programas de mejoramiento modernos comienzan a considerar rasgos importantes para los polinizadores: producción de néctar, contenido de azúcares y aminoácidos en el néctar, aroma, color y forma de la flor (Borghi et al., 2025). Las variedades "amigables con los polinizadores" pueden aumentar la eficiencia de la polinización y reducir la dependencia de la introducción de abejas.

6.4. Manejo de la floración y la fertilidad con fitohormonas

Las fitohormonas desempeñan un papel regulador en la floración y el desarrollo del gametofito.

  • Giberelinas (GA): Estimulan la floración de muchas plantas de día largo y bienales (zanahoria, col, remolacha) durante la producción de semillas. Se utilizan para inducir la floración en condiciones controladas. Las GA también pueden sustituir al día largo o a la vernalización (Mauseth, 2017).
  • Auxinas: Se utilizan para prevenir la abscisión de los ovarios (junto con las giberelinas) y para estimular la partenocarpia (frutos sin semillas de tomate, pepino, sandía). Sin embargo, los agrónomos deben recordar que los frutos sin semillas suelen ser de menor calidad que los que tienen semillas.
  • Inhibidores (ácido abscísico, etileno): Se utilizan para sincronizar la floración o, por el contrario, para la defoliación antes de la cosecha mecánica. El etileno también se usa para acelerar la maduración de los frutos, pero su efecto sobre la polinización suele ser negativo.

6.5. Significado aplicado para el mejoramiento genético y la biotecnología

El conocimiento profundo de la reproducción sexual es necesario para:

  • Producción de plantas haploides: A partir de gametos no fecundados (óvulos o incluso granos de polen) se pueden obtener plantas haploides, que luego se duplican cromosómicamente para obtener líneas completamente homocigotas (dihaploides). Esto acelera drásticamente el proceso de mejoramiento. Se utiliza el cultivo de anteras y microsporas (Serebryakova et al., 2006).
  • Rescate de embriones: En la hibridación lejana, los embriones a menudo abortan en etapas tempranas. Se extraen y se cultivan en medios nutritivos in vitro. Este método es indispensable para crear híbridos intergenéricos (por ejemplo, híbridos de trigo y agropiro).
  • Ingeniería genética: La transferencia de genes extraños (por ejemplo, genes de resistencia a herbicidas o plagas) solo es posible a través de células sexuales — generalmente mediante transformación con Agrobacterium o biobalística en células capaces de regeneración. Las plantas transgénicas resultantes deben pasar normalmente por todas las etapas de la meiosis y la fecundación.

6.6. Significado agroecológico

El manejo de la reproducción sexual de las plantas cultivadas está indisolublemente ligado a la conservación de la biodiversidad de los polinizadores. La agricultura intensiva, los monocultivos y el uso de plaguicidas conducen a una disminución de las poblaciones de abejas y abejorros silvestres. Mantener la salud de las colonias de abejas, crear zonas de amortiguamiento con flores y reducir la aplicación de insecticidas durante el período de floración son condiciones obligatorias para una polinización sostenible (Borghi et al., 2025; Chabert & Mallinger, 2025). Además, comprender los patrones de la reproducción sexual permite desarrollar estrategias para la conservación de especies de plantas raras y en peligro de extinción, incluso mediante la polinización artificial y los bancos de semillas.

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