Tipos de ontogenia y estrategias de vida de las plantas

Actualizado: 12 Junio 2026EnglishРусский

Antes de abordar la diversidad del desarrollo individual de las plantas, es necesario definir claramente dos conceptos clave: ontogenia y estrategia de vida. Constituyen la base para comprender cómo una planta existe en el tiempo y el espacio, se reproduce e interactúa con el medio ambiente.

Ontogenia (del griego ὄντος — ente y γένεσις — origen) es el conjunto de cambios morfológicos, fisiológicos y bioquímicos sucesivos que experimenta un organismo desde la formación del cigoto (óvulo fecundado) hasta la muerte natural (Gatsuk et al. 1980; Evert 2006). En las plantas con semilla, la ontogenia abarca la germinación de la semilla, el crecimiento y desarrollo de los órganos vegetativos, la floración, la fructificación y la senescencia (Serebryakova et al. 2006).

El desarrollo individual de las plantas presenta tres características fundamentales que lo diferencian de la ontogenia de la mayoría de los animales:

  1. Crecimiento y desarrollo abiertos. Las plantas conservan meristemas durante toda su vida —tejidos compuestos por células indiferenciadas que se dividen continuamente. Gracias a los meristemas apicales e intercalares, los tallos y las raíces crecen de manera ilimitada, y se forman nuevas hojas y flores secuencialmente, «encima» de las estructuras ya existentes (Evert 2006; Mauseth 2017). Esto permite que la planta se adapte a los cambios ambientales a cualquier edad.

  2. Estructura modular. El cuerpo de una planta superior se construye a partir de unidades elementales repetitivas llamadas metámeros. Un metámero típico del tallo incluye un nudo con una hoja (o hojas), una yema axilar y un entrenudo (Serebryakova et al. 2006). Gracias a la modularidad, la planta puede responder localmente a influencias externas: por ejemplo, florecer antes en una rama y producir brotes vegetativos en otra.

  3. Cambio de estados etarios. En la escuela clásica de T. A. Rabotnov – A. A. Uranov, la ontogenia de las plantas perennes se divide en periodos y estados etarios que difieren en un conjunto de caracteres cualitativos (forma de las hojas, capacidad de floración, equilibrio entre partes vivas y muertas). Se distinguen los periodos latente (semilla), virginal (juvenil y vegetativo adulto), generativo (plantas en flor) y senil (envejecimiento) (Gatsuk et al. 1980; Yakovlev et al. 2005). En los árboles, por ejemplo en el fresno, se distinguen claramente plántulas, plantas juveniles, inmaduras, virginales, jóvenes, maduras y viejas generativas (Zaugolnova 1968, cit. en Gatsuk et al. 1980).

Además, en la ontogenia se observan a menudo cambios bruscos de forma y función —fenómeno que K. Goebel denominó heteroblastia (Goebel 1889, cit. en Zotz et al. 2011). Un ejemplo clásico es la hiedra común (Hedera helix): los brotes jóvenes rastreros tienen hojas lobuladas, mientras que los individuos adultos en flor presentan hojas enteras ovales (Mauseth 2017; Zotz et al. 2011). La heteroblastia está regulada por la disminución de la actividad del microARN miR156 y el consiguiente aumento de la expresión de los genes SPL (Poethig 2013). Esto es un ejemplo de cómo el programa ontogenético incluye un cambio de «estrategias» a lo largo de la vida de una misma planta.

Estrategias de vida de las plantas. Si la ontogenia responde a la pregunta «cómo se desarrolla la planta», la estrategia de vida responde «para qué y con qué eficacia». Estrategia de vida (o estrategia ecológica) es un conjunto de adaptaciones establecido evolutivamente que determina la duración de la vida, el modo de reproducción, la velocidad de crecimiento y la resistencia a factores adversos (Mauseth 2017; Raven et al. 2005).

En la práctica agronómica y ecológica se aplica ampliamente la teoría CSR (Ramensky – Grime), que distingue tres estrategias primarias (Grime 1979, cit. en Stern 2021):

  • Competidoras (Competitors, estrategas C) — plantas vigorosas capaces de capturar rápidamente espacio y recursos, suprimiendo activamente a los vecinos (ej.: grama (Elytrigia repens), ortiga mayor).

  • Ruderales (Ruderals, estrategas R) — plantas de hábitats perturbados (malezas, efímeras). Crecen rápido, florecen temprano y producen muchas semillas, pero compiten mal (ej.: pamplina (Stellaria media), bolsa de pastor).

  • Tolerantes al estrés (Stress-tolerators, estrategas S) — plantas de ambientes pobres o extremos (arenas, pantanos, alta montaña). Crecen muy lentamente, usan los recursos con economía y viven mucho tiempo (ej.: brezo, muchas juncias).

La mayoría de las plantas cultivadas en agroecosistemas (trigo, maíz, papa) representan estrategias C o CR secundarias, obtenidas por el hombre a partir de antepasados ruderales o competitivos (Raven et al. 2005; Stern 2021).

Importancia del conocimiento de los tipos de ontogenia y estrategias de vida para el agrónomo. Para un especialista en agricultura, comprender la ontogenia y las estrategias de vida permite:

  • Predecir la infestación de malezas en los campos. Sabiendo que la grama (Elytrigia repens) tiene una ontogenia compleja con renovación vegetativa (particulación), y que el cenizo (Chenopodium album) presenta heteroespermia (semillas con diferente periodo de dormición), se puede elegir correctamente el sistema de labranza y herbicidas (Gatsuk et al. 1980; Serebryakova et al. 2006).

  • Manejar pastos perennes y abonos verdes. Por ejemplo, para el trébol rojo es importante saber que sus brotes se renuevan simpodialmente, y que el corte oportuno estimula el macollamiento.

  • Comprender los momentos de cosecha y almacenamiento. El conocimiento de las fases del desarrollo generativo y de los procesos de senescencia ayuda a determinar las fechas óptimas de cosecha de cereales y frutales, así como las condiciones de almacenamiento de semillas (estratificación, dormición de semillas) (Raven et al. 2005).

En las siguientes secciones del artículo analizaremos en detalle los tipos concretos de ontogenia (simples y complejos, monocárpicos y policárpicos) y mostraremos cómo las estrategias de vida se realizan en las rotaciones de cultivos y en la naturaleza. La descripción detallada de las etapas (embrionaria, juvenil, virginal, generativa y senil) se presenta en un artículo aparte.

1. Diferencias entre la ontogenia vegetal y la animal (para comprender la lógica)

Para entender por qué los tipos de ontogenia y las estrategias de vida de las plantas son tan diversos y difieren de los de los animales, es necesario destacar las características biológicas fundamentales exclusivas de las plantas. Estas características determinan todo el curso de su desarrollo individual y su interacción con el medio ambiente.

1.1 Crecimiento ilimitado y presencia de meristemas

Los animales, por lo general, tienen un límite de crecimiento definido: después de alcanzar la madurez, su tamaño prácticamente no aumenta. Las plantas, en cambio, son capaces de un crecimiento ilimitado (abierto) durante toda su vida. Esta capacidad está garantizada por la presencia de meristemas —tejidos embrionarios cuyas células se dividen continuamente (Evert 2006; Mauseth 2017).

Se distinguen dos tipos de meristemas:

  • Meristemas apicales se localizan en los extremos de los tallos y las raíces. Permiten que los órganos crezcan en longitud. El meristema del tallo produce regularmente nuevos primordios foliares y segmentos del tallo (metámeros), mientras que el meristema de la raíz alarga la raíz y forma la cofia (Serebryakova et al. 2006; Yakovlev et al. 2005).

  • Meristemas laterales — cambium y felógeno (cambium suberoso) — proporcionan el crecimiento en grosor del tallo y la raíz, depositando tejidos vasculares secundarios (xilema y floema). Gracias a la actividad del cambium se forman los anillos anuales de la madera (Evert 2006).

En los animales no existe tal actividad meristemática constante: sus tejidos dejan de dividirse después de completar la embriogénesis (excepción: tejido hematopoyético y epitelios).

1.2 Estructura modular y metamerismo

El cuerpo de una planta superior no está construido como un único órgano indivisible, sino como una secuencia repetitiva de módulos —metámeros. Un metámero típico del tallo incluye:

  • un nudo con una hoja (o hojas),

  • una yema axilar,

  • un entrenudo (Serebryakova et al. 2006).

La adición de nuevos metámeros a partir del meristema apical es la principal forma de elongación del tallo. Cada metámero tiene básicamente una estructura similar, pero puede diferenciarse de manera diferente según su posición en el tallo y las condiciones externas (Zotz et al. 2011). Por ejemplo, las hojas en la parte inferior del tallo (hojas inferiores) suelen estar reducidas a escamas, mientras que en la parte media desarrollan una lámina completa.

Esta modularidad proporciona a la planta una gran ventaja: el daño local a un módulo (hoja comida, rama rota) no causa la muerte de todo el organismo, ya que otros módulos siguen funcionando y las yemas dormidas pueden reemplazar las partes perdidas (Gatsuk et al. 1980).

1.3 Ausencia de determinación rígida del destino celular y totipotencia

En los animales, al principio de la embriogénesis, los destinos celulares (por ejemplo, convertirse en neurona o célula muscular) se determinan de una vez para siempre. En las plantas, incluso las células diferenciadas pueden, bajo ciertas condiciones, volver a un estado meristemático y dar lugar a una nueva planta —esta propiedad se denomina totipotencia. Fue demostrada por primera vez en cultivo de tejidos de zanahoria (Steward en la década de 1950, cit. en Stern 2021).

Gracias a la totipotencia son posibles:

  • La propagación vegetativa mediante esquejes, retoños de raíz, tubérculos.

  • La regeneración de una planta completa a partir de una célula somática aislada.

  • La formación de yemas y raíces adventicias en lugares poco habituales: en las hojas (en bryophyllum), en los tallos o en raíces viejas (Serebryakova et al. 2006).

Para un animal, la pérdida de una extremidad es irreversible; para una planta, un brote o raíz perdido a menudo puede ser restaurado por la actividad de yemas dormidas o adventicias.

1.4 Estilo de vida predominantemente sésil y crecimiento adaptativo

Los animales buscan activamente condiciones favorables (alimento, calor, pareja) mediante el movimiento. Las plantas, al estar fijas al sustrato, no pueden evitar los impactos adversos. Su adaptación se logra mediante la plasticidad del crecimiento y el desarrollo (Mauseth 2017; Raven et al. 2005).

  • Bajo sombreado, los brotes aceleran su elongación, «alcanzando» la luz.

  • Bajo déficit hídrico, el sistema radicular se vuelve más potente y profundo, y las hojas pueden reducirse o cubrirse de una capa cerosa.

  • Cuando son heridas, se activan las yemas dormidas, formando nuevos brotes.

Tal plasticidad adaptativa es posible precisamente gracias a las características descritas: crecimiento ilimitado, modularidad y conservación de los meristemas.

1.5 Particularidades de la senescencia y la muerte en las plantas

En la mayoría de los animales, la senescencia y la muerte afectan a todo el organismo de manera más o menos sincrónica. En las plantas perennes, la senescencia puede ser parcial y localizada:

  • Las hojas envejecen y caen anualmente (caída de hojas), pero el tallo y las raíces permanecen vivos.

  • En los arbustos, solo mueren las puntas de algunas ramas, mientras que el sistema radicular y las yemas dormidas en la base dan origen a nuevos brotes (Gatsuk et al. 1980; Serebryakova et al. 2006).

  • En las especies policárpicas (por ejemplo, los bambúes), el brote entero florece y muere, pero la planta puede sobrevivir gracias a las yemas subterráneas.

Además, en las plantas está muy extendido el fenómeno de la particulación —la desintegración de un individuo en varias partes independientes (partículas), cada una de las cuales continúa existiendo como un organismo separado (Gatsuk et al. 1980). Esto es especialmente característico de las hierbas de rizoma largo y de algunos arbustos.

1.6 Diferente papel de la reproducción sexual y asexual

En los animales superiores, la reproducción sexual es la forma dominante y a menudo la única de producir descendencia. En las plantas, junto con la reproducción por semillas (sexual), está muy extendida la reproducción vegetativa (por partes del cuerpo), que en muchos casos juega un papel incluso mayor en el mantenimiento del tamaño poblacional (Yakovlev et al. 2005; Stern 2021).

La alternancia de generaciones (esporofito — gametofito), característica de todas las plantas superiores, ha llevado en las plantas con semilla a una extrema reducción del gametofito (grano de polen y saco embrionario), que depende completamente del esporofito. En los animales, los gametos se forman directamente en el cuerpo del animal, no en una generación separada.

1.7 Resumen para el agrónomo

Para la producción vegetal práctica, las siguientes diferencias son las más significativas:

  1. La posibilidad de controlar la propagación vegetativa (esquejes, injertos, acodos) —base de muchos métodos de multiplicación de cultivos frutales y ornamentales.

  2. La capacidad de las plantas para regenerarse y la inmortalidad condicional de ciertos clones (por ejemplo, papa, fresa) permite utilizarlos repetidamente.

  3. La modularidad y la presencia de yemas dormidas subyacen en prácticas agronómicas como la poda de rejuvenecimiento, la formación de copas y el estímulo del macollamiento en cereales.

  4. El conocimiento de los tipos de muerte (monocarpia vs. policarpia) ayuda a planificar correctamente las rotaciones de cultivos: las malezas monocárpicas (anuales) pueden agotarse impidiendo que den semillas; las policárpicas (perennes) requieren una labranza más profunda que provoque el agotamiento de los órganos subterráneos de reserva.

Comprender estas diferencias fundamentales crea la base para el posterior análisis de los tipos concretos de ontogenia y estrategias de vida de las plantas.

2. Clasificaciones básicas de los tipos de ontogenia

La diversidad de la ontogenia en las plantas superiores se puede sistematizar según varios criterios clave. Cada clasificación refleja diferentes aspectos del desarrollo individual: duración de la vida, patrón de crecimiento, capacidad de renovación vegetativa y relación con la fase reproductiva. Para el agrónomo, las clasificaciones más significativas desde el punto de vista práctico son las basadas en la duración de la vida y en la capacidad de reproducción vegetativa.

2.1 Clasificación por duración de la vida

Esta es la clasificación más antigua e intuitiva, que subyace a la división de las plantas cultivadas en anuales, bianuales y perennes (Raven et al. 2005; Stern 2021). Se basa en cuántas estaciones de crecimiento vive y fructifica la planta antes de morir.

Anuales (plantas anuales monocárpicas)

Anuales (anuales) son plantas que completan su ontogenia completa desde la semilla hasta la semilla en una sola estación de crecimiento (varios meses o incluso semanas). Después de la fructificación, toda la planta muere. Una característica distintiva es la monocarpia (floración y fructificación única en la vida) (Yakovlev et al. 2005).

Dependiendo de la época de floración y los requisitos de fotoperiodo, entre las anuales se distinguen:

  • Anuales de primavera: germinan en primavera, florecen y fructifican en verano-otoño del mismo año (trigo, cebada, avena, guisante, lino, amapola). No requieren vernalización por frío (Raven et al. 2005).

  • Anuales de invierno: germinan en otoño, pasan el invierno en fase de roseta o plántula, y florecen y fructifican al año siguiente (trigo de invierno, centeno de invierno, algunas malezas). Para florecer necesitan vernalización —exposición a temperaturas bajas positivas (Mauseth 2017; Raven et al. 2005).

  • Efímeras: anuales de vida muy corta (2-4 meses). Típicas de desiertos y semidesiertos (poa bulbosa, Erophila verna). Completan su ciclo de vida en un breve período húmedo (Serebryakova et al. 2006).

La mayoría de los cultivos extensivos y malezas son anuales. Su agrotecnia se dirige a crear condiciones óptimas para el crecimiento durante una sola temporada y a evitar la siembra de malezas anuales (Gatsuk et al. 1980).

Bianuales

Bianuales (bienales) son plantas cuya ontogenia abarca dos estaciones de crecimiento. En el primer año forman una roseta de hojas y acumulan reservas en la raíz (zanahoria, remolacha) o en el tallo (col, perejil de raíz). En el segundo año (después de la vernalización), de las yemas de renovación crecen brotes florales, la planta florece, fructifica y luego muere (Stern 2021; Raven et al. 2005).

Por lo tanto, las bianuales también son monocárpicas, pero su fase vegetativa se alarga a dos temporadas. En agricultura, a menudo se cultivan como anuales (por ejemplo, las raíces se cosechan en el primer año sin dejar que florezcan), mientras que las semillas se obtienen de plantas madre trasplantadas en el segundo año.

Perennes

Perennes son plantas que viven más de dos años y son capaces de florecer y fructificar repetidamente a lo largo de su vida (perennes policárpicas) (Gatsuk et al. 1980). La excepción son las llamadas perennes monocárpicas, que florecen y fructifican solo una vez al final de su vida (por ejemplo, algunas especies de bambú, agave, palmeras). Tienen una larga fase vegetativa seguida de un único desarrollo generativo y muerte (Yakovlev et al. 2005).

Según la naturaleza de los órganos de invernada y del sistema de brotes, entre las perennes se distinguen:

  • Perennes leñosas (árboles, arbustos, subarbustos) — tienen brotes leñosos perennes. Los árboles tienen un tronco principal bien definido (monopodio), los arbustos tienen varios troncos equivalentes que se reemplazan simpodialmente (Serebryakova et al. 2006). Ejemplos: roble, manzano, grosellero, ajenjo.

  • Hierbas perennes (hierbas policárpicas) — sus brotes aéreos mueren anualmente, mientras que los órganos subterráneos (rizomas, tubérculos, bulbos, caudices) persisten y llevan yemas de renovación (Gatsuk 1980; Serebryakova et al. 2006).

Para el agrónomo, las gramíneas perennes son la base de las tierras forrajeras (trébol, alfalfa, fleo), así como muchos cultivos frutales y de bayas. Comprender su ontogenia permite organizar correctamente el sistema de uso y renovación de los pastos, la poda y el rejuvenecimiento de los huertos.

Mecanismos ecológicos y fisiológicos subyacentes a las diferencias

La duración de la vida de las plantas está estrechamente relacionada con la estrategia ecológica (teoría CSR, véase el capítulo 4). Las anuales son ruderales típicas (estrategas R) o tolerantes al estrés (estrategas S) en condiciones extremas, mientras que las perennes suelen ser competidoras (estrategas C) (Mauseth 2017; Raven et al. 2005).

Fisiológicamente, la transición a la floración en anuales y bianuales a menudo está controlada por la respuesta fotoperiódica y la vernalización (Mauseth 2017). En los árboles perennes hay un largo período juvenil (virginal) —por ejemplo, el fresno común florece por primera vez solo a los 20-30 años (Gatsuk et al. 1980). Este período es necesario para formar una copa y un sistema radicular potentes.

Para el agrónomo, es importante saber que:

  • Las malezas anuales son más fáciles de destruir impidiendo que den semillas.

  • Las malezas perennes rizomatosas (grama, cerraja) requieren una labranza profunda que provoque el agotamiento de los órganos de reserva y la activación de las yemas dormidas, después de lo cual pueden destruirse vegetativamente (Gatsuk et al. 1980; Serebryakova et al. 2006).

  • Los cultivos bianuales (col, zanahoria, remolacha) forman productos valiosos (cabezas, raíces) en el primer año, y semillas en el segundo. Para obtener semillas se necesita un régimen especial de almacenamiento de las plantas madre (estratificación, vernalización).

En la siguiente subsección consideraremos la clasificación por patrón de crecimiento —tipos monocéntrico, acrópeto y policéntrico— que determinan la arquitectura de la planta y su capacidad de propagación vegetativa.

2.2 Según el patrón de crecimiento (forma ontogenética según Rabotnov)

Mientras que la clasificación por duración de la vida describe solo el marco temporal de la existencia de un individuo, la clasificación por patrón de crecimiento (forma ontogenética) refleja la arquitectura espacial y la capacidad de la planta para propagarse vegetativamente. Esta clasificación, desarrollada en la escuela de T. A. Rabotnov y A. A. Uranov, se basa en cómo se forma el eje esquelético del brote durante la ontogenia y cuánto tiempo persiste el brote primario (embrionario) (Gatsuk et al. 1980; Serebryakova et al. 2006).

Se distinguen tres tipos principales de forma ontogenética: monocéntrica, acrópeta y policéntrica. Estos tipos reflejan diferentes grados de integración de los individuos y su tendencia a la particulación —desintegración natural en partes independientes.

Tipo monocéntrico

Tipo monocéntrico se caracteriza por la persistencia del brote principal derivado del embrión a lo largo de toda la ontogenia. El sistema de brotes representa un solo centro («monocentro»). Los brotes laterales (ramas) nunca alcanzan la potencia del eje principal y no lo reemplazan (Gatsuk et al. 1980).

Este tipo es característico de la mayoría de los árboles (especialmente coníferas — abeto, pino, pícea), así como de algunas hierbas de raíz pivotante (altramuz, trébol rojo, diente de león). En los árboles, el tronco principal se forma monopodialmente y conserva su yema apical durante muchos años (Serebryakova et al. 2006).

En las plantas monocéntricas, el individuo normalmente no se desintegra en partes en la vejez; muere enteramente. La propagación vegetativa no es característica o está débilmente expresada (excepción: la formación de retoños de raíz en algunos árboles, como el álamo temblón). El mantenimiento del brote principal asegura una larga vida y una alta capacidad competitiva (Gatsuk et al. 1980).

Tipo acrópeto

Tipo acrópeto (del griego ἄκρος — punta y πέτομαι — dirigirse) es un patrón de crecimiento en el que el sistema de brotes se forma mediante la muerte sucesiva de las partes inferiores y el crecimiento hacia arriba debido a nuevas generaciones de brotes. El término fue propuesto para las gramíneas y otras plantas con crecimiento intercalar (Serebryakova et al. 2006).

En las gramíneas (trigo, centeno, fleo), el brote principal se alarga gracias a los meristemas intercalares en la base de los entrenudos. Las partes inferiores del brote mueren con el tiempo, mientras que las superiores continúan creciendo. El macollamiento (formación de brotes laterales) ocurre desde los nudos en la base del brote, por lo que el macollo o mata en su conjunto permanece «pegado» a la superficie del suelo (Gatsuk et al. 1980; Serebryakova et al. 2006).

El tipo acrópeto a menudo se combina con rasgos policéntricos, especialmente en gramíneas de macolla suelta. Sin embargo, en su forma pura describe una dinámica de crecimiento en la que la planta parece «caminar» sobre el sustrato, dejando atrás partes muertas.

Tipo policéntrico

Tipo policéntrico es el más complejo e interesante desde la perspectiva de la propagación vegetativa. Se caracteriza porque durante la ontogenia el brote inicial (de semilla) tarde o temprano se desintegra en varias partes más o menos independientes —partículas—, cada una con su propio centro de crecimiento («policentro»). Como resultado, se forma un clon que puede ocupar una gran superficie (Gatsuk et al. 1980).

El tipo policéntrico es característico de muchas hierbas perennes: rizomatosas largas (grama (Elytrigia repens), egópodo (Aegopodium podagraria), tusilago), estoloníferas (fresa, Ajuga reptans), que producen retoños de raíz (cerraja amarilla, correhuela), así como algunos arbustos que producen retoños de raíz (frambuesa, lila) (Gatsuk et al. 1980; Serebryakova et al. 2006).

El proceso de desintegración del individuo en partículas se denomina particulación. Puede ocurrir tanto en la primera mitad de la ontogenia (en especies vegetativamente móviles activas) como al final (en arbustos que envejecen y algunas hierbas). Después de la particulación, los individuos filiales (hijas) a menudo rejuvenecen —es decir, adquieren rasgos de estados etarios más tempranos (Gatsuk et al. 1980).

Relación con otras clasificaciones y significado agronómico

La clasificación por patrón de crecimiento está estrechamente relacionada con las estrategias de vida:

  • Tipo monocéntrico es característico de las plantas competidoras (estrategas C), que tienden a ocupar una posición dominante en la comunidad sin fragmentarse en partículas.

  • Tipo policéntrico — para especies ruderales (estrategas R) y tolerantes al estrés (estrategas S), que gracias a la propagación vegetativa colonizan rápidamente hábitats perturbados o pobres (Grime 1979, cit. en Mauseth 2017; Raven et al. 2005).

Para el agrónomo, comprender el patrón de crecimiento es fundamental para controlar las malezas perennes:

  • Malezas rizomatosas (policéntricas) (grama (Elytrigia repens), pasto Bermuda) requieren el método de agotamiento: el corte repetido de rizomas provoca la activación de yemas y el crecimiento de nuevos brotes, agotando las reservas. Como resultado, después de 1‑2 temporadas los rizomas se agotan y la planta muere (Gatsuk et al. 1980; Serebryakova et al. 2006).

  • Perennes de raíz pivotante (monocéntricas) (diente de león, ajenjo amargo) son más fáciles de destruir cortando profundamente la raíz principal (por debajo del cuello de la raíz), ya que carecen de un sistema de renovación vegetativa a partir de numerosas yemas en las raíces.

  • Malezas que producen retoños de raíz (cerraja (Sonchus arvensis), correhuela (Convolvulus arvensis)) ocupan una posición intermedia. Su raíz principal lleva muchas yemas adventicias que dan origen a nuevos brotes. El control requiere una combinación de tratamientos mecánicos y químicos dirigidos al agotamiento gradual de todo el sistema radicular.

Por lo tanto, conocer la forma ontogenética permite no solo identificar la especie de maleza, sino también elegir la estrategia óptima para su supresión. La descripción detallada de los estados etarios y los procesos de particulación se presenta en un artículo aparte.

3. Tipos de ontogenia desde la perspectiva de la renovación vegetativa

Para el agrónomo, la división más significativa desde el punto de vista práctico de los tipos de ontogenia es por la capacidad de la planta para la renovación y propagación vegetativa. Esta clasificación está directamente relacionada con la longevidad de los individuos, su resistencia a los daños y las estrategias de control de malezas.

En la base de la división está la pregunta: ¿puede la planta, después de ser dañada o después de completar su fase generativa, producir nuevos brotes no a partir de semillas sino de órganos vegetativos —raíces, rizomas, estolones, bulbos, etc.?

Se distinguen dos tipos principales:

  • Ontogenia simple (sexual) — reproducción y renovación solo por semillas.

  • Ontogenia compleja (vegetativamente móvil) — combinación de reproducción por semillas con propagación vegetativa activa y particulación.

3.1 Ontogenia simple (sexual) – solo a partir de semilla

Ontogenia simple (sexual) es un tipo de desarrollo individual en el que una nueva planta surge solo a partir de una semilla (cigoto). A lo largo de la vida del individuo, los órganos vegetativos (raíces, tallos, hojas) no forman yemas adventicias capaces de existir independientemente, y no ocurre particulación —desintegración de la planta madre en hijas— (Gatsuk et al. 1980; Serebryakova et al. 2006).

Estas plantas se reproducen exclusivamente por semillas; la reproducción vegetativa en la naturaleza no es característica o está completamente ausente. Cuando el cuello de la raíz o el brote principal se dañan, generalmente mueren, ya que carecen de un sistema de renovación vegetativa a partir de yemas dormidas en raíces o rizomas.

Características típicas de la ontogenia simple

  • Presencia de un sistema de raíz pivotante con una raíz principal bien desarrollada. Las raíces adventicias están ausentes o juegan solo un papel auxiliar (Serebryakova et al. 2006).

  • Ausencia o débil desarrollo de rizomas, estolones, bulbos y otros órganos de propagación vegetativa.

  • Patrón de crecimiento monocéntrico (véase 2.2.1): toda la planta se desarrolla a partir de un solo centro —el brote principal del embrión. Los brotes laterales (ramas) no se separan de la planta madre.

  • Muerte del individuo después de completar la fase generativa en especies monocárpicas (anuales, bianuales) o senescencia gradual manteniendo la integridad en árboles policárpicos sin formación de partículas (Gatsuk et al. 1980).

Ejemplos de plantas cultivadas y silvestres

Ejemplos clásicos de plantas con ontogenia sexual simple son:

  • Remolacha de mesa y azucarera (Beta vulgaris). La raíz engrosada se forma a partir de la raíz principal y el hipocótilo, pero no se desarrollan yemas adventicias en ella. Si se desentierra una remolacha y se corta el punto de crecimiento, no se formará una nueva planta —solo semillas (Gatsuk et al. 1980; Serebryakova et al. 2006).

  • Girasol anual (Helianthus annuus). Una anual de primavera típica con una raíz pivotante fuerte. No hay propagación vegetativa.

  • Zanahoria (Daucus carota). En el primer año forma una raíz engrosada, en el segundo, un tallo floral. En la naturaleza se reproduce solo por semillas; la raíz engrosada no produce yemas adventicias (aunque en cultivo puede haber rebrote de hojas desde la corona, pero eso no conduce a una nueva planta).

  • Leguminosas anuales (guisante, frijol, soja) — también tienen ontogenia simple. Sus raíces no forman yemas adventicias.

Entre las perennes, la ontogenia sexual simple es característica de muchos árboles con crecimiento monocéntrico, especialmente coníferas (abeto, pino, pícea), que no producen retoños de raíz. Sin embargo, pueden regenerarse por semilla, y la propagación vegetativa (por ejemplo, por acodos) es rara en la naturaleza y no es el modo principal (Gatsuk et al. 1980; Serebryakova et al. 2006).

Importancia agronómica

Saber que un cultivo o una maleza tiene ontogenia simple determina la estrategia de manejo:

  • Para cultivos anuales y bianuales (remolacha, zanahoria, girasol), el objetivo principal es obtener una cosecha de semillas o masa vegetativa. La propagación vegetativa no se utiliza (excepto en raros casos de micropropagación en biotecnología).

  • El control de malezas anuales con ontogenia simple se reduce a evitar que den semillas: escarda oportuna, cultivaciones, aplicación de herbicidas. Si no se les permite producir semillas, su población disminuirá drásticamente al año siguiente (Gatsuk et al. 1980).

  • Las malezas perennes con ontogenia simple (por ejemplo, el diente de león — Taraxacum officinale, aunque puede reproducirse por semillas apomícticamente, vegetativamente es muy débil) son más fáciles de destruir porque no tienen un sistema extenso de renovación vegetativa. Basta con cortar la raíz principal por debajo del cuello de la raíz para que la planta muera.

En contraste, la ontogenia compleja (vegetativamente móvil) (discutida en la siguiente subsección) crea muchos más problemas para el agrónomo, ya que estas plantas son capaces de propagarse clonalmente y regenerarse a partir de pequeños fragmentos de rizomas o raíces.

3.2 Ontogenia compleja (vegetativamente móvil) – combinación de reproducción por semillas y particulación

Ontogenia compleja (vegetativamente móvil) es un tipo de desarrollo individual en el que, junto con la reproducción por semillas, la planta se reproduce y dispersa activamente por vía vegetativa —mediante la formación de partículas (individuos hijos independientes) a partir de órganos vegetativos especializados o no especializados (Gatsuk et al. 1980; Serebryakova et al. 2006).

La característica clave de este tipo es la capacidad de renovación y propagación vegetativa, gracias a la cual un individuo procedente de semilla puede dar origen a un clon que ocupa una superficie significativa y persiste durante muchos años (a veces siglos), incluso si la renovación por semillas es débil o está ausente (Gatsuk et al. 1980).

Particulación y su papel

El proceso central de la ontogenia compleja es la particulación (del latín particula — partícula pequeña). Es la desintegración natural del individuo madre en varias partes más o menos independientes —partículas—, cada una con su propio sistema radicular y brotes (Gatsuk et al. 1980; Serebryakova et al. 2006).

La particulación puede ocurrir:

  • Como resultado del envejecimiento y muerte de las partes centrales del clon —por ejemplo, en gramíneas de macolla densa (Deschampsia cespitosa), el centro de la macolla muere y las partículas periféricas se aíslan (Gatsuk et al. 1980).

  • Por la formación y posterior desintegración de órganos de conexión —rizomas, estolones, estolones epígeos. En plantas rizomatosas largas (egópodo, grama), las partes viejas de los rizomas mueren y los fragmentos separados con yemas se convierten en plantas independientes (Serebryakova et al. 2006).

  • Debido a daños mecánicos —durante el arado o la cultivación, los fragmentos de rizomas o raíces con yemas se dispersan por el campo, dando lugar a nuevos individuos (esto es aprovechado por las malezas para dispersarse).

Las partículas a menudo están rejuvenecidas —es decir, su estado etario corresponde a etapas más tempranas de la ontogenia (virginales en lugar de seniles), lo que asegura una alta viabilidad del clon (Gatsuk et al. 1980).

Principales variantes de la ontogenia compleja

Gatsuk y colaboradores (1980) distinguen tres variantes de ontogenia compleja en plantas policárpicas:

  1. Con partículas densamente unidas (variante 3a) — característica de gramíneas de macolla densa (Deschampsia, Festuca ovina), hierbas rizomatosas cortas (lirio de los valles, Asarum europaeum), algunas bulbosas. El clon mantiene una forma compacta durante mucho tiempo (macolla), y la particulación ocurre solo en etapas tardías.

  2. Con partículas abiertas que se rejuvenecen (variante 3b) — típica de plantas rizomatosas largas (grama, egópodo, tusilago), estoloníferas (fresa, Ajuga reptans), que producen retoños de raíz (cerraja (Sonchus arvensis), correhuela). El clon se extiende rápidamente, ocupando grandes superficies. Las partículas hijas se dispersan activamente y a menudo se rejuvenecen (Gatsuk et al. 1980; Serebryakova et al. 2006).

  3. Con partículas abiertas pero sin rejuvenecimiento (variante 3b') — ocurre en algunas plantas rizomatosas largas donde los individuos filiales no vuelven a estados etarios tempranos.

Ejemplos de plantas cultivadas y malezas

Trébol blanco (rastrero) (Trifolium repens). Una perenne vegetativamente móvil típica. Los brotes rastreros que enraízan (estolones) dan origen a nuevas partículas que se separan rápidamente. En una pradera, el trébol blanco puede persistir indefinidamente mediante propagación vegetativa, incluso si la renovación por semillas es débil (Gatsuk et al. 1980; Serebryakova et al. 2006).

Papa (Solanum tuberosum). Los tubérculos son brotes modificados que llevan yemas («ojos»). Sirven como órganos de propagación vegetativa y de supervivencia durante el período desfavorable. En la naturaleza (en América Central), la papa silvestre también forma tubérculos, lo que permite que el clon persista año tras año. La reproducción por semillas la utilizan los fitomejoradores, pero en la producción comercial se emplea la propagación vegetativa (por tubérculos) (Yakovlev et al. 2005).

Grama (Elytrigia repens). Una de las malezas rizomatosas más nocivas. Sus largos rizomas filiformes llevan numerosas yemas. Incluso un pequeño fragmento de rizoma (2-3 cm) con una yema puede dar origen a una nueva planta (Gatsuk et al. 1980). Cuando se ara, los rizomas se cortan en pedazos, cada uno de los cuales germina —precisamente por eso el simple arado no destruye la grama, sino que favorece su propagación.

Importancia agronómica

La ontogenia compleja vegetativamente móvil crea serios problemas en la agricultura, pero también abre oportunidades para la propagación vegetativa de los cultivos.

Problemas (malezas):

  • Alta persistencia de los clones — incluso si la renovación por semillas está suprimida, la población de malezas persiste mediante propagación vegetativa.

  • Regeneración a partir de fragmentos — muchas malezas rizomatosas y de retoños de raíz pueden regenerarse a partir de pequeños trozos de rizomas o raíces durante la labranza (Gatsuk et al. 1980).

  • Necesidad de métodos especiales de control — para agotar los órganos de reserva se requiere un corte repetido durante el rebrote intensivo (método de agotamiento). Los herbicidas deben tener acción sistémica, penetrando en los rizomas.

Oportunidades (cultivos):

  • La propagación vegetativa de la papa, la fresa, muchos cultivos frutales (retoños de raíz del frambueso, estolones de la fresa) permite conservar los rasgos varietales y multiplicar rápidamente genotipos valiosos.

  • En las gramíneas forrajeras (trébol blanco, alfalfa híbrida), la propagación vegetativa asegura la longevidad de la pradera y la resistencia al pastoreo y a la siega.

Por lo tanto, el conocimiento del tipo de ontogenia (simple vs. compleja) es la base para elegir una estrategia de manejo tanto de las plantas cultivadas como de las malezas en los agroecosistemas. Los mecanismos detallados de la particulación y su regulación se describen en un artículo aparte.

4. Estrategias de vida de las plantas (según Ramensky – Grime)

En las secciones anteriores consideramos la ontogenia como una secuencia de estados etarios y tipos de crecimiento. Sin embargo, para comprender el comportamiento de la planta en una comunidad (fitocenosis) y su respuesta a las intervenciones agronómicas, estas características son insuficientes. Es necesario saber cómo la planta distribuye los recursos entre crecimiento, reproducción y supervivencia bajo estrés.

La respuesta a esta pregunta la proporciona la doctrina de las estrategias de vida (ecológicas). La más reconocida en la ecología y agronomía modernas es la teoría CSR, desarrollada por el geobotánico ruso L. G. Ramensky (1935) y luego independientemente por el ecólogo inglés J. Grime (Grime 1979, cit. en Mauseth 2017; Raven et al. 2005).

4.1 Competidoras (estrategas C)

Competidoras (Competitors, estrategas C) son plantas que poseen una alta capacidad para capturar recursos (luz, agua, nutrientes minerales) y suprimir a los vecinos. Dominan en condiciones ambientales favorables (humedad adecuada, suelos ricos, ausencia de estrés fuerte).

Principales rasgos de las estrategas C

Las plantas competidoras se caracterizan por los siguientes rasgos (Grime 1979, cit. en Stern 2021; Mauseth 2017):

  • Alta tasa de crecimiento y desarrollo vigoroso de los órganos vegetativos (hojas grandes, tallo alto, sistema radicular ramificado).

  • Longevidad significativa (hierbas perennes, arbustos, árboles).

  • Uso eficiente de los recursos: alta intensidad fotosintética, absorción efectiva de agua y minerales.

  • Supresión de competidores mediante el cierre rápido del dosel (sombreamiento) o la liberación de sustancias inhibidoras en el suelo (alelopatía).

  • Baja plasticidad bajo condiciones desfavorables — bajo estrés, las especies competitivas reducen drásticamente su productividad.

Ejemplos de estrategas C en la naturaleza y en agroecosistemas

  • Árboles forestales: roble pedunculado (Quercus robur), pícea común (Picea abies), haya europea (Fagus sylvatica) — dominantes de los bosques clímax, que forman copas y sistemas radiculares potentes (Serebryakova et al. 2006).

  • Gramíneas perennes: bromo inerme (Bromopsis inermis), grama (Elytrigia repens) en suelos fértiles — forman rápidamente una cubierta densa.

  • Malezas en cultivos: bajo agricultura intensiva (altas dosis de fertilizantes, riego), las especies capaces de usar rápidamente los recursos obtienen ventaja competitiva —por ejemplo, cenizo blanco (Chenopodium album) y bledo rojo (Amaranthus retroflexus) (Gatsuk et al. 1980; Zotz et al. 2011).

  • Plantas cultivadas: muchas variedades de trigo, maíz, girasol obtenidas para tecnologías intensivas también presentan rasgos de estrategas C — realizan todo su potencial solo en condiciones agronómicas altas.

Importancia agronómica

Saber que una especie es estratega C permite predecir su comportamiento en un agroecosistema:

  • Los cultivos competitivos suprimen mejor las malezas si la densidad de plantas es alta y la nutrición mineral es adecuada. Por lo tanto, la siembra densa y la fertilización oportuna son efectivas.

  • Las malezas estrategas C son más peligrosas en suelos fértiles y bien regados. Las medidas agronómicas solas (escarda, cultivación) son insuficientes — se recuperan rápidamente. Es necesaria una combinación de control mecánico y químico (herbicidas) con el agotamiento de los órganos de reserva (corte de rizomas) (Gatsuk et al. 1980).

  • En la rotación de cultivos, los cultivos competitivos (por ejemplo, trigo de invierno, maíz) deben colocarse después de predecesores que dejen pocas malezas. Por el contrario, las especies débilmente competitivas (lino, zanahoria, remolacha) requieren una labranza más minuciosa antes de la siembra.

En las siguientes subsecciones consideraremos las ruderales (estrategas R) y las tolerantes al estrés (estrategas S), así como sus combinaciones secundarias.

4.2 Ruderales (estrategas R)

Ruderales (Ruderals, estrategas R) son plantas adaptadas a existir en condiciones de perturbación regular (por ejemplo, arado, pisoteo, incendios, vertederos, bordes de caminos). Realizan una estrategia opuesta a la competitiva: crecimiento rápido, floración temprana y alta productividad de semillas con baja competitividad.

El término proviene del latín rudus — escombro, basura, porque las ruderales suelen ser las primeras en colonizar hábitats antropogénicos perturbados.

Principales rasgos de las estrategas R

Según la teoría CSR (Grime 1979, cit. en Mauseth 2017; Raven et al. 2005), las ruderales se caracterizan por:

  • Alta tasa de crecimiento potencial, pero a menudo con baja densidad de tejido (hojas delgadas, tallos no leñosos).

  • Ciclo de vida corto — la mayoría de las ruderales son anuales (o de vida breve). Su ontogenia se comprime a unas pocas semanas o meses.

  • Reproducción por semillas abundante y temprana. Las semillas son pequeñas, numerosas, a menudo permanecen viables en el suelo durante años (forman un banco de semillas en el suelo).

  • Ausencia o débil desarrollo de órganos de reserva duraderos (rizomas, tubérculos).

  • Baja competitividad. En sitios permanentes no perturbados, son rápidamente desplazadas por perennes competitivas.

Ejemplos de especies ruderales

Ruderales clásicas son las malezas típicas de hábitats perturbados:

  • Pamplina (Stellaria media). Anual capaz de producir varias generaciones por temporada, floreciendo incluso en suelos pobres.

  • Bolsa de pastor (Capsella bursa-pastoris). Produce miles de semillas diminutas que permanecen viables en el suelo hasta 5-10 años (Gatsuk et al. 1980; Serebryakova et al. 2006).

  • Cenizo blanco (Chenopodium album). Ruderal típica, pero en suelos fértiles muestra rasgos competitivos (transición a estrategia C-R).

  • Poa anual (Poa annua) — maleza cosmopolita de céspedes y senderos.

  • Efímeras de desiertos (Erophila verna, algunas crucíferas) — expresión extrema de ruderalidad: todo el ciclo de vida dura 2-4 semanas, las semillas permanecen en el suelo durante años (Yakovlev et al. 2005).

Características fisiológicas y ontogenéticas

Las ruderales suelen tener ontogenia simple (sexual) (véase 3.1). Su estrategia está dirigida a completar el ciclo de vida lo más rápido posible con una inversión mínima en estructura vegetativa. A menudo presentan neutralidad fotoperiódica o una dependencia débil del fotoperiodo, lo que les permite florecer en cualquier duración del día (Raven et al. 2005).

Las ruderales suelen presentar heterocarpia o heteroespermia — producción de diferentes tipos de semillas. Por ejemplo, el cenizo blanco produce tres tipos de semillas: grandes que germinan inmediatamente; pequeñas con larga dormición; e intermedias. Esto proporciona una estrategia de apuesta en condiciones de perturbación impredecible (Serebryakova et al. 2006; Zotz et al. 2011).

Importancia agronómica

Las ruderales constituyen el grupo principal de malezas en tierras de cultivo. Sus características dictan medidas especiales de control:

  • El banco de semillas en el suelo — la principal ventaja de las ruderales. Incluso con la supresión prolongada de las plantas vegetativas, las semillas persisten en el suelo. Para reducir su reserva se utilizan riegos de provocación (estimulan la germinación seguida de tratamiento mecánico) y la alternancia de cultivos con diferentes épocas y métodos de labranza (Gatsuk et al. 1980).

  • El carácter efímero del crecimiento requiere escardas oportunas en fases tempranas; de lo contrario, la maleza florecerá y sembrará rápidamente. El retraso en la cultivación solo empeora la infestación.

  • En la agricultura orgánica, contra las ruderales se utilizan el acolchado, la siembra de abonos verdes de provocación y la labranza superficial (gradas) para destruir las plántulas.

  • Al establecer céspedes, bordes de carreteras o recuperar escombreras, las especies ruderales actúan como pioneras — estabilizan rápidamente la superficie, creando condiciones para la posterior introducción de perennes competitivas.

En la siguiente subsección consideraremos la tercera estrategia primaria —tolerantes al estrés (estrategas S)—, así como los tipos de transición (C-R, C-S, S-R), que son los más frecuentes en los agroecosistemas.

4.3 Tolerantes al estrés (estrategas S)

Tolerantes al estrés (Stress-tolerators, estrategas S) son plantas adaptadas a existir en condiciones de estrés constante o periódico causado por déficit de recursos: falta de agua (sequía), bajas temperaturas, suelos pobres (arenas, turbales), salinidad, sombra intensa (Grime 1979, cit. en Raven et al. 2005; Mauseth 2017).

A diferencia de las ruderales, las estrategas S no utilizan los períodos favorables para un crecimiento rápido, sino que sobreviven mediante tolerancia —resistencia fisiológica y existencia vegetativa perenne.

Principales rasgos de las estrategas S

Rasgos característicos de las especies tolerantes al estrés (Grime 1979, cit. en Stern 2021; Gatsuk et al. 1980):

  • Crecimiento muy lento, a menudo limitado. La productividad vegetativa es baja.

  • Larga vida — hierbas perennes, arbustos enanos, raramente árboles. La ontogenia se alarga durante décadas.

  • Economía de recursos: hojas duras, a menudo perennes o coriáceas con alta concentración de sustancias protectoras (fenoles, taninos), cutícula gruesa; los sistemas radiculares son a menudo micorrízicos, lo que mejora la absorción de suelos pobres.

  • Predominio de la reproducción vegetativa sobre la reproducción por semillas, especialmente en condiciones extremas (pantanos, tundra). Las semillas germinan raramente, pero la propagación clonal asegura la persistencia de la especie (Gatsuk et al. 1980).

  • Resistencia a estreses: sequía, heladas, pisoteo, salinidad.

Ejemplos de estrategas S en la naturaleza y en agroecosistemas

  • Brezo común (Calluna vulgaris) — dominante de brezales en suelos pobres ácidos, crece lentamente, vive decenas de años, se reproduce tanto por semillas como vegetativamente (Serebryakova et al. 2006).

  • Arándano rojo (Vaccinium vitis-idaea) y arándano agrio (Vaccinium oxycoccos) — estrategas S típicos de la zona de taiga, formando clones en suelos pobres de turba o rocosos.

  • Juncias (Carex spp.) — muchas especies de pantanos y prados salinos son estrategas S, formando macollas densas.

  • Musgos y líquenes — estrategas S extremos, capaces de soportar la desecación completa y recuperarse después de la rehidratación (Serebryakova et al. 2006).

  • Malezas en suelos estresados: en tierras salinas — salicornia (Salicornia europaea), barrilla (Salsola spp.); en suelos ácidos pobres — acederilla (Rumex acetosella), agrostis capilar (Agrostis capillaris).

Entre las plantas cultivadas, las estrategas S puras están prácticamente ausentes, porque el fitomejoramiento se dirige a una alta productividad, lo que contradice el crecimiento lento y la tolerancia. Sin embargo, algunas gramíneas forrajeras cultivadas en suelos pobres se acercan a las estrategas S (por ejemplo, festuca roja — Festuca rubra, raigrás perenne — Lolium perenne en condiciones de bajo aporte de nitrógeno).

Importancia agronómica

  • En suelos de baja productividad (arenas, solonetz, turbales), las especies tolerantes al estrés son donantes naturales de fitomasa. Pueden utilizarse para fitorremediación, establecimiento de pastizales en escombreras.

  • El control de las estrategas S en los cultivos suele ser difícil debido a su crecimiento clonal perenne y resistencia a herbicidas (especialmente las de hoja perenne). El método principal es aumentar la fertilidad del suelo (encalado de suelos ácidos, fertilización), lo que desplaza las condiciones hacia otras más favorables y permite que las plantas cultivadas competitivas las desplacen (Gatsuk et al. 1980).

  • Uso en pastoreo: en pastos pobres, el pastoreo del ganado promueve la propagación de las estrategas S (juncias, brezo), porque son resistentes al pisoteo y al consumo. Para mejorar la pradera se necesitan fertilización y resiembra periódica (Serebryakova et al. 2006).

4.4 Estrategias secundarias (C-R, C-S, S-R)

Las estrategias C, R y S puras son polos teóricos. En la naturaleza, la mayoría de las especies ocupan posiciones intermedias, combinando rasgos de dos o incluso de las tres estrategias primarias. Grime distinguió estrategias secundarias (mixtas): C-R, C-S y S-R (Grime 1979, cit. en Stern 2021; Mauseth 2017).

Estrategia competitivo‑ruderal (C-R)

Los estrategas C-R combinan una alta tasa de crecimiento y capacidad competitiva bajo estrés moderado con una rápida productividad de semillas. Son típicos cultivos y malezas en suelos ricos pero regularmente perturbados.

Ejemplos: trigo de invierno, maíz, cebada, así como malezas como el cenizo blanco (Chenopodium album), bledo (Amaranthus spp.). La fertilización y el riego potencian sus rasgos competitivos, mientras que las labores mecánicas potencian los ruderales (capacidad de producir semillas rápidamente y recuperarse después de daños).

Estrategia competitivo‑tolerante al estrés (C-S)

Los estrategas C-S son plantas perennes capaces de dominar en condiciones de estrés constante pero no demasiado severo (por ejemplo, déficit moderado de nitrógeno, anegamiento periódico, semisombra). Crecen más lentamente que las competidoras puras, pero las desplazan bajo factores de estrés.

Ejemplos: muchas hierbas perennes de bosque (egópodo — Aegopodium podagraria, asaro europeo — Asarum europaeum), gramíneas y leguminosas en suelos de baja fertilidad (alfalfa bajo bajo nitrógeno — C-S en lugar de C). En agroecosistemas, los estrategas C-S suelen convertirse en un problema en barbechos y pastos sin fertilización.

Estrategia tolerante al estrés‑ruderal (S-R)

Los estrategas S-R son una combinación paradójica: crecen en condiciones estresantes (suelos pobres, sequía) pero se reproducen rápidamente por semillas y no invierten en estructuras perennes. Son plantas anuales o de vida breve de hábitats extremos (pioneras en escombreras arenosas, en grietas de rocas, en solonetz).

Ejemplos: efímeras de desiertos y semidesiertos; malezas como el té de campo (Thlaspi arvense), rábano silvestre (Raphanus raphanistrum) en suelos pobres; especies ruderales resistentes a la sal — suaeda (Suaeda spp.), barrilla rusa (Salsola tragus). Los estrategas S-R son el tipo más raro.

Importancia agronómica de las estrategias mixtas

  • Los cultivos son en su mayoría estrategas C-R, especialmente las anuales de campo. Requieren fertilidad, riego, pero forman rápidamente la cosecha y se reproducen fácilmente por semillas. Típicamente tienen ontogenia sexual simple (véase 3.1).

  • Las gramíneas forrajeras perennes (alfalfa, trébol, fleo) son estrategas C-S típicas. Su longevidad y resistencia a la siega y al pastoreo se basan en órganos subterráneos perennes y en la capacidad de renovación vegetativa.

  • Las malezas pueden mostrar diferentes estrategias según el fondo agronómico. En fondos agronómicos altos dominan las malezas C-R, en suelos pobres y con labranza mínima las malezas S-R, y en barbechos y pastos las especies C-S. La elección del sistema de cultivo y de la rotación de cultivos debe tener en cuenta esta relación (Gatsuk et al. 1980; Serebryakova et al. 2006).

Comprender las estrategias secundarias permite predecir con mayor precisión la respuesta de las plantas a los cambios en la agrotecnia y seleccionar adecuadamente las medidas de control de malezas (por ejemplo, en suelos pobres son más efectivos los métodos de provocación que agotan el banco de semillas de las malezas S-R, mientras que en suelos fértiles es más efectiva la agrotecnia que suprime las malezas C-R mediante cultivos competitivos).

5. Ontogenia de las plantas agrícolas

El conocimiento de los patrones generales de la ontogenia y las estrategias de vida es necesario, pero para el agrónomo es clave comprender la ontogenia de los cultivos específicos. Las plantas cultivadas, a través del fitomejoramiento, han adquirido rasgos que difieren mucho de sus antepasados silvestres: tipo de crecimiento determinado, respuesta fotoperiódica alterada, pérdida o reducción de la propagación vegetativa. En esta sección consideramos los principales tipos de ontogenia de las plantas agrícolas que tienen importancia práctica directa para el manejo de los cultivos y la obtención de cosechas.

5.1 Tipos de crecimiento determinado e indeterminado

La distinción entre crecimiento determinado e indeterminado es uno de los rasgos clave que definen la arquitectura del sistema de brotes, la duración del período vegetativo y el momento de maduración en muchos cultivos, especialmente leguminosas y solanáceas (tomate, pimiento).

Definición

Tipo de crecimiento indeterminado (del latín in — no y determinare — limitar) es el crecimiento en el que el brote principal (y a menudo los brotes laterales) nunca termina en una inflorescencia o flor. El meristema apical se conserva durante toda la estación de crecimiento, produciendo continuamente nuevas hojas y brotes laterales. La planta puede crecer indefinidamente (en condiciones favorables).

Tipo de crecimiento determinado (del latín determinare — limitar) es el crecimiento en el que el brote principal termina en una inflorescencia o flor. Después de eso, el alargamiento del brote principal se detiene. El crecimiento vegetativo continúa a través de brotes laterales, pero estos también pueden ser limitados (Stern 2021; Raven et al. 2005).

Manifestación en diferentes cultivos

En leguminosas (soja, guisante, frijol, altramuz):

  • Variedades indeterminadas de soja (Glycine max) y guisante (Pisum sativum) continúan el crecimiento vegetativo después de comenzar la floración. Las flores se forman en el brote principal en las axilas de las hojas secuencialmente de abajo arriba, y la floración se prolonga durante varias semanas. Estas variedades se adaptan mejor a períodos vegetativos largos, pero maduran más tarde y de manera menos uniforme.

  • Variedades determinadas de los mismos cultivos terminan el crecimiento del brote principal con una inflorescencia terminal. La floración y la fructificación son más sincrónicas, las plantas forman un arbusto compacto. Son preferidas para la cosecha mecanizada y en regiones con veranos cortos (Stern 2021; Raven et al. 2005).

En tomate (Solanum lycopersicum):

  • Tomates indeterminados (de enrame o de crecimiento indefinido) — plantas con crecimiento ilimitado del tallo principal. Requieren desbrote (eliminación de brotes laterales) y entutorado. Los racimos florales se forman cada 3-4 hojas. Aptos para cultivo en invernadero, fructifican durante mucho tiempo.

  • Tomates determinados (de mata baja o crecimiento definido) — plantas en las que el tallo principal, después de formar 3-6 racimos, termina en una inflorescencia y detiene su crecimiento. Todos los brotes terminan en inflorescencias, por lo que la mata tiene una altura limitada (normalmente 40-80 cm). Se caracterizan por una maduración uniforme, no requieren desbrote (o requieren mínimo). Preferidos para cultivo al aire libre y cosecha mecanizada (Stern 2021; Mauseth 2017).

En frijol (Phaseolus vulgaris) se distinguen formas de mata (determinadas) y trepadoras (indeterminadas), lo que también determina el método de cultivo y el momento de maduración.

Efecto sobre el tiempo de maduración y el rendimiento

Tiempo de maduración: las variedades determinadas suelen ser más precoces, ya que la transición a la floración y fructificación ocurre más rápido. Las variedades indeterminadas producen cosecha más tarde, pero pueden hacerlo durante más tiempo.

Uniformidad de maduración: las formas determinadas maduran de manera más uniforme, lo que simplifica la cosecha mecanizada (especialmente para soja, guisante, tomate).

Agronomía: para las variedades indeterminadas de soja a veces se requiere desecación para acelerar la maduración. Para tomates de tipo indeterminado se necesitan espalderas y poda de formación (Mauseth 2017).

Importancia en fitomejoramiento: el cambio de crecimiento indeterminado a determinado a menudo está controlado por uno o pocos genes, lo que permite crear variedades con la arquitectura deseada con relativa facilidad (por ejemplo, gen dt1 en soja, genes sp (self‑pruning) en tomate) (Stern 2021).

Base fisiológica

El crecimiento determinado está asociado con un cambio más temprano del meristema apical del estado vegetativo al generativo. Este cambio está regulado por factores hormonales (especialmente giberelinas y florígeno) y está controlado genéticamente. En las formas determinadas, la expresión de los genes de floración ocurre antes y con un menor tamaño de planta. En las formas indeterminadas, se mantiene un largo crecimiento vegetativo, lo que es ventajoso cuando se necesita una gran masa vegetativa (por ejemplo, para ensilaje) o cuando el riesgo de heladas tempranas es bajo.

Para el agrónomo, la elección entre variedades determinadas e indeterminadas es un compromiso entre precocidad y uniformidad de la cosecha por un lado, y productividad potencial y adaptabilidad a una temporada larga por el otro. En la región no chernozem y en Siberia, son preferidas las formas determinadas, mientras que en las regiones del sur se pueden cultivar con éxito variedades indeterminadas que proporcionan un rendimiento total más alto (Raven et al. 2005).

En la siguiente subsección consideramos la respuesta fotoperiódica — otro rasgo ontogenético crucial que determina la adaptación de los cultivos a diferentes latitudes.

5.2 Respuesta fotoperiódica

Uno de los factores clave que determinan el momento de la floración en muchas plantas agrícolas es el fotoperiodo — la relación entre la duración del período de luz y oscuridad en un día. La capacidad de las plantas para responder al fotoperiodo se denomina fotoperiodismo (Raven et al. 2005; Mauseth 2017).

Clasificación de las plantas según su respuesta fotoperiódica

Dependiendo de la duración del día que induce la floración, se distinguen tres grupos principales (Raven et al. 2005; Stern 2021):

  • Plantas de día corto (PDC) — florecen cuando el período de luz es menor que una duración crítica. Suelen ser plantas de origen tropical y subtropical (soja, arroz, mijo, sorgo, girasol, algodón, tabaco). En latitudes templadas, florecen a finales del verano – otoño. Para muchas, lo crítico es el alargamiento de la noche en lugar del acortamiento del día (Mauseth 2017). Entre las malezas, son PDC el bledo, el pasto de agua (Echinochloa crus-galli).

  • Plantas de día largo (PDL) — florecen cuando el período de luz excede una duración crítica. Son plantas de latitudes altas, de floración estival (trigo, centeno, cebada, avena, lino, papa, espinaca, rábano). En climas templados, florecen en primavera y principios del verano. Cuando los días se acortan (otoño), la floración se retrasa.

  • Plantas neutras al fotoperiodo — florecen independientemente de la duración del día, al alcanzar una determinada etapa de desarrollo (tomate, pepino, pimiento, berenjena, frijol, trigo sarraceno). Para ellas, los factores determinantes pueden ser la temperatura, la edad de la planta o la biomasa acumulada (Raven et al. 2005; Stern 2021).

Mecanismo fisiológico

La percepción del fotoperiodo ocurre en las hojas, no en el meristema apical. En las hojas, bajo el control del fitocromo (y criptocromos) y los ritmos circadianos, se sintetiza la proteína FT (Florigen), que se transporta a través del floema hasta el meristema apical e inicia la transición a la floración (Mauseth 2017; Poethig 2013). Un papel clave lo desempeña la duración del período oscuro: las PDC florecen solo cuando la noche supera una duración crítica; las PDL, por el contrario, requieren una noche corta. Un único pulso de luz roja en medio de una noche larga puede interrumpir el período oscuro y evitar la floración en las PDC, pero promoverla en las PDL (Raven et al. 2005).

Importancia agronómica

Elección de variedades según la sensibilidad fotoperiódica. Cuando se traslada un cultivo a nuevas latitudes, se debe considerar su tipo fotoperiódico. Por ejemplo, las variedades del sur (de día corto) de soja, cuando se cultivan en el norte, pueden no florecer antes de las heladas o florecerán muy tarde, mientras que las variedades del norte (poco sensibles o neutras) maduran con éxito (Raven et al. 2005).

Control del momento de floración. En cultivo protegido (invernaderos), regulando la iluminación se puede adelantar la floración en cultivos PDC (crisantemo, fresa remontante) o, por el contrario, retrasarla para obtener mayor masa vegetativa (por ejemplo, en lechuga, espinaca — plantas PDL que bajo día largo se espigan rápidamente).

Fitomejoramiento para la neutralidad fotoperiódica. La mayoría de las variedades modernas de los principales cultivos agrícolas (trigo, cebada, arroz, maíz) son neutras o débilmente sensibles, lo que permite cultivarlas en un amplio rango de latitudes (Raven et al. 2005). Sin embargo, en algunos casos (por ejemplo, para la producción de masa verde de altramuz o trébol) se mantiene una respuesta de día largo, lo que debe tenerse en cuenta al elegir las fechas de siembra.

5.3 Formas de primavera y de invierno

Un caso especial de regulación fotoperiódica y térmica de la ontogenia es la división de los cultivos en formas de primavera y de invierno. Este fenómeno es característico de los cereales anuales (trigo, centeno, cebada), así como de algunas leguminosas (guisante, veza) y crucíferas (colza).

Definición

Formas de primavera — completan su ciclo de vida desde la semilla hasta la semilla en una sola estación de crecimiento. No necesitan exposición a bajas temperaturas para florecer; florecen con temperaturas primaverales‑estivales y días largos (para PDL) o días largos (Raven et al. 2005).

Formas de invierno — para florecer deben pasar por una etapa de vernalización — exposición a temperaturas bajas positivas (normalmente 0…+8 °C) durante varias semanas (Mauseth 2017; Stern 2021). En la naturaleza, esto ocurre durante el invierno. Si las formas de invierno se siembran en primavera, no florecerán ese mismo año, sino que continuarán su crecimiento vegetativo. Por lo tanto, se siembran en otoño; después de la vernalización invernal, reanudan el crecimiento en primavera y florecen en verano.

Base fisiológica

La vernalización es percibida por el meristema apical (a diferencia del fotoperiodo, que es percibido por las hojas). Bajo el efecto del frío, se suprime la expresión del gen represor de la floración FLC (en Arabidopsis y especies afines) en el meristema, lo que permite la activación del florígeno en condiciones favorables (Mauseth 2017; Poethig 2013). Después de la vernalización, las plantas se vuelven capaces de florecer bajo días largos (para los cereales de invierno típicos) o bajo fotoperiodo neutro. También existen formas de invierno de bianuales (col, zanahoria, remolacha), donde la vernalización también es necesaria, pero la floración ocurre en el segundo año de vegetación (Stern 2021).

Importancia agronómica

Fechas de siembra. Las formas de invierno se siembran en otoño (en el centro de Rusia — agosto–septiembre) para que tengan tiempo de enraizar y macollar antes de la llegada del frío y luego pasar el invierno. Las formas de primavera se siembran a principios de primavera.

Resistencia al invierno. Las formas de invierno se endurecen en otoño y adquieren resistencia a las heladas. Las formas de primavera carecen de esta capacidad; solo pueden sembrarse en primavera y no soportan las temperaturas invernales (Raven et al. 2005).

Fitomejoramiento. Existen formas intermedias (facultativas) que pueden producir cosecha tanto en siembra otoñal como primaveral. Su creación permite ampliar el área de cultivo y planificar los cultivos de manera más flexible.

Técnicas prácticas. En algunos casos (por ejemplo, al cultivar trigo de invierno en Siberia), es importante calcular con precisión las fechas de siembra para que las plantas pasen por la vernalización pero no se congelen. Una siembra demasiado temprana puede provocar un crecimiento excesivo y reducir la resistencia al invierno; una siembra demasiado tardía puede impedir un macollamiento suficiente y provocar heladas (Stern 2021).

La relación entre vernalización y fotoperiodismo se ilustra con el ejemplo del centeno de invierno: requiere vernalización, pero después de ella la floración ocurre solo bajo días largos. Así, la planta utiliza dos señales secuenciales: primero frío (invierno), luego días largos (primavera-verano), lo que garantiza la floración en el momento óptimo (Mauseth 2017).

Para el agrónomo, el conocimiento de la respuesta fotoperiódica y de si una variedad es de tipo primavera o invierno es la base para desarrollar una agrotecnia específica para cada variedad, elegir las fechas de siembra y los predecesores en la rotación de cultivos. En la siguiente sección consideramos cómo la ontogenia y las estrategias de vida se relacionan con el proceso productivo — la formación del rendimiento y la distribución de asimilados en la planta.

6. Ontogenia y proceso productivo

El proceso productivo es el conjunto de procesos que determinan la acumulación de materia orgánica (rendimiento) por la planta. Incluye la fotosíntesis, la respiración, la absorción de agua y minerales, y la asignación (distribución) de las sustancias sintetizadas entre los diferentes órganos. El tipo de ontogenia y la estrategia de vida determinan en gran medida cómo se forma el sistema radicular, cómo se distribuyen los asimilados entre la masa vegetativa y los frutos, y cómo responde la planta a la fertilización.

6.1 Formación del sistema radicular

El sistema radicular es el principal órgano de nutrición edáfica. Su arquitectura (profundidad de penetración, grado de ramificación, proporción entre raíz principal y adventicias) está estrechamente ligada al tipo de ontogenia y a la estrategia de vida (Evert 2006; Serebryakova et al. 2006).

Dependencia del tipo de ontogenia

Ontogenia simple (sexual) (remolacha, girasol, zanahoria, leguminosas anuales) — se caracteriza, por regla general, por un sistema de raíz pivotante. La raíz principal, desarrollada a partir de la radícula embrionaria, penetra profundamente en el suelo y funciona durante toda la vida. Las raíces laterales se ramifican a partir de ella, pero la raíz principal sigue siendo dominante. Este sistema proporciona a la planta acceso al agua de horizontes profundos, lo que es importante en condiciones secas (Evert 2006; Gatsuk et al. 1980). Sin embargo, en algunos cultivos (por ejemplo, el girasol), bajo nutrición nitrogenada intensiva y riego, el sistema pivotante puede debilitarse, dando paso a un sistema fibroso (Serebryakova et al. 2006).

Ontogenia compleja (vegetativamente móvil) (trébol blanco, papa, grama) — se caracteriza por un sistema radicular fibroso compuesto por raíces adventicias que surgen de los nudos de los brotes (rizomas, estolones, tubérculos). La raíz principal, si se desarrolla, muere temprano. Este sistema permite una rápida exploración de la capa superior del suelo, la más fértil, pero hace que la planta dependa de la humedad superficial (Gatsuk et al. 1980; Serebryakova et al. 2006).

Relación con las estrategias de vida

Competidoras (estrategas C) — suelen formar un sistema radicular potente, de penetración profunda y muy ramificado, lo que les permite interceptar recursos de los vecinos. En los árboles competidores (roble, haya), las raíces pueden descender a 5-10 m o más (Raven et al. 2005).

Ruderales (estrategas R) — tienen un sistema radicular superficial pero de rápido crecimiento, a menudo fibroso. Utilizan eficazmente los recursos a corto plazo, pero no soportan la sequía ni la compactación del suelo (Mauseth 2017).

Tolerantes al estrés (estrategas S) — los sistemas radiculares suelen ser micorrízicos (especialmente en Ericáceas, Orquidáceas), lo que mejora la absorción en suelos pobres. En muchos estrategas S (juncias, brezo), las raíces son perennes, rígidas y de crecimiento lento (Serebryakova et al. 2006).

Importancia agronómica

Cuando se cultivan cereales y cultivos en línea, el conocimiento del tipo de sistema radicular permite elegir correctamente la profundidad y el método de labranza primaria. Por ejemplo, para cultivos con sistema pivotante (girasol, remolacha) se requiere una labranza más profunda o un subsolado para eliminar la capa de arado.

Para controlar las malezas rizomatosas (ontogenia compleja), es efectivo el método de agotamiento — corte repetido y superficial de los rizomas, que estimula la activación de las yemas y el gasto de las reservas (Gatsuk et al. 1980).

Las malezas perennes de raíz pivotante (diente de león, ajenjo) son más fáciles de destruir mediante un corte profundo de la raíz principal por debajo del cuello de la raíz (Serebryakova et al. 2006).

6.2 Asignación de sustancias plásticas

Asignación es la distribución de los asimilados (productos de la fotosíntesis) entre los diferentes órganos de la planta: vegetativos (raíces, tallos, hojas) y generativos (flores, frutos, semillas). El tipo de ontogenia y la estrategia de vida determinan la dirección de este flujo (Raven et al. 2005; Mauseth 2017).

Anuales (monocárpicas) y perennes (policárpicas)

Anuales (monocárpicas) — la asignación se desplaza fuertemente hacia los órganos generativos después de la transición a la floración. La mayor parte de los asimilados se dirige a las semillas; los órganos vegetativos envejecen y mueren. En los cereales (trigo, cebada), el índice de cosecha (relación entre la masa de grano y la masa aérea total) puede alcanzar 0.4-0.5 (Stern 2021).

Perennes (policárpicas) — los asimilados se dirigen tanto al crecimiento vegetativo (especialmente en árboles y arbustos) como a la formación de frutos y semillas. Una gran parte del carbono se almacena en los tejidos perennes (tronco, raíces, rizomas). En los frutales (manzano, peral) existe periodicidad de fructificación asociada con la alternancia de años con alta y baja asignación a los órganos generativos (Raven et al. 2005).

Relación con las estrategias de vida

Ruderales (estrategas R) — asignación máxima a las semillas. La masa vegetativa es mínima. Esto asegura una reproducción rápida y la colonización de lugares perturbados.

Competidoras (estrategas C) — una parte significativa de los asimilados se destina a la construcción de estructuras vegetativas potentes (tronco, ramas, dosel foliar), lo que permite capturar espacio y luz. La asignación a las semillas es menor que en las ruderales.

Tolerantes al estrés (estrategas S) — los asimilados se almacenan preferentemente en órganos de reserva perennes (rizomas, madera), mientras que el crecimiento en altura y la producción de semillas son limitados (Grime 1979, cit. en Raven et al. 2005; Gatsuk et al. 1980).

Importancia agronómica

Para obtener altos rendimientos de grano (trigo, arroz, maíz), es necesario gestionar la asignación a favor de la espiga o mazorca. Esto se ve favorecido por: una densidad de plantas óptima, aplicaciones de nitrógeno en la fase de encañado – espigado, y el uso de variedades determinadas (Stern 2021).

En las gramíneas forrajeras (trébol, alfalfa, fleo), es importante que la asignación se dirija a la masa foliar en lugar de a los tallos. Para ello, se utiliza el corte oportuno en la fase de botón floral – inicio de floración (Serebryakova et al. 2006).

En los frutales, la asignación se regula mediante la poda (rejuvenecimiento, formación de copa), el aclareo de frutos y la fertilización. La poda estimula el crecimiento vegetativo, mientras que limitar el cuajado de frutos aumenta la asignación a los frutos restantes (Raven et al. 2005).

6.3 Respuesta a la fertilización

La capacidad de respuesta a la fertilización mineral es una propiedad crucial de las plantas cultivadas, pero también está estrechamente relacionada con el tipo de ontogenia y la estrategia de vida.

Diferencias entre estrategias

Ruderales (estrategas R) — tienen una alta «avidez» por los fertilizantes (especialmente nitrógeno). Cuando se aplica nitrógeno, aumentan drásticamente su masa vegetativa, a menudo en detrimento de la asignación a los frutos (crecimiento exuberante). Esta propiedad se utiliza en el fitomejoramiento de variedades de tipo intensivo, pero también explica la alta capacidad competitiva de las malezas ruderales en campos fertilizados (Mauseth 2017; Stern 2021). Ejemplos: cenizo blanco, bledo.

Competidoras (estrategas C) — también responden bien a los fertilizantes, especialmente fósforo y potasio, pero su respuesta es más equilibrada: el aumento de la masa vegetativa no domina tanto sobre el rendimiento de semillas. Las estrategas C típicas (gramíneas perennes) dan aumentos de rendimiento con NPK (Serebryakova et al. 2006).

Tolerantes al estrés (estrategas S) — la capacidad de respuesta a los fertilizantes es débil o nula. La aplicación de fertilizantes en suelos pobres puede incluso deprimirlas al activar a las competidoras. Las estrategas S están adaptadas a niveles bajos de nutrientes, y el aumento de la fertilidad a menudo conduce a su desplazamiento (Raven et al. 2005; Gatsuk et al. 1980). Por ejemplo, el brezo en una parcela fertilizada es rápidamente reemplazado por gramíneas.

Importancia agronómica

Las variedades de plantas cultivadas obtenidas para tecnologías intensivas, por sus características, se acercan a las estrategas R o C-R: son muy respondientes a los fertilizantes, pero requieren protección contra plagas y enfermedades porque sus tejidos son menos resistentes (Stern 2021).

Para las variedades de tipo extensivo (tolerantes a sequía, tolerantes a sales, de porte bajo), son característicos los rasgos de estrategas S o S-R: responden débilmente a los fertilizantes, pero producen rendimientos estables en condiciones de estrés (Raven et al. 2005).

Al desarrollar un sistema de fertilización, se debe considerar la forma ontogenética de la maleza. Las malezas rizomatosas (ontogenia compleja, estrategas C o C-R) responden bien al nitrógeno, por lo que su supresión requiere aplicar fertilizantes como abonado localizado (bajo el cultivo) y utilizar herbicidas (Gatsuk et al. 1980).

Conclusión práctica

El conocimiento de la relación entre el tipo de ontogenia y la estrategia de vida con el proceso productivo permite al agrónomo:

  • Aplicar fertilizantes de manera diferencial (dosis, momentos, métodos) según el cultivo y las especies de malezas predominantes en el campo.

  • Seleccionar variedades con la arquitectura de sistema radicular y el tipo de asignación deseados (determinadas – para un retorno rápido de la cosecha, indeterminadas – para una fructificación prolongada).

  • Planificar las rotaciones de cultivos de modo que en campos con alta fertilidad se cultiven cultivos competitivos (capaces de suprimir las malezas), mientras que en campos de baja fertilidad se cultiven especies o variedades tolerantes al estrés.

Referencias

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  2. Evert, R.F., Eichhorn, S.E. (2013). ‘External Factors and Plant Growth’, in Raven Biology of Plants. New York: W.H. Freeman, 278-316.
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  4. Gatsuk, L.E., Smirnova, O.V., Vorontzova, L.I., Zaugolnova, L.B., Zhukova, L.A. (1980). ‘Age States of Plants of Various Growth Forms: A Review’, The Journal of Ecology, 68(2), 675. doi: 10.2307/2259429
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  9. Серебрякова, Т. И., Воронин, Н. С., Еленевский, А. Г., Батыгина, Т. Б., Шорина, Н. И., Савиных, Н. П. (2006). ‘Начальные этапы онтогенеза растений Анатомия и морфология вегетативных органов [Initial stages of plant ontogenesis Anatomy and morphology of vegetative organs]’, in Ботаника с основами фитоценологии. Анатомия и морфология растений [Botany with Basic Phytocoenology. Plant Anatomy and Morphology]. Москва: ИКЦ «Академкнига», pp. 138-366.
  10. Яковлев, Г. П., Челомбитько, В. А., Дорофеев, В. И. (2008). ‘Рост, развитие и размножение [Growth, development and reproduction]’, in Ботаника [Botany]. Санкт-Петербург: СпецЛит, pp. 192-202.