Biota del suelo
1. Comunidad Microbiana del Suelo
Comenzamos nuestro módulo dedicado a la organización biológica del suelo. Nuestro viaje principal nos lleva a un mundo oculto a nuestros ojos, pero que es la base de toda la vida en la tierra. Empezaremos por lo más pequeño pero más significativo: la comunidad microbiana.
Cuando hablamos de microorganismos del suelo, hablamos de directores invisibles de una orquesta en la que participan cientos de especies de plantas y animales. Nos haremos una pregunta clave, a la que buscaremos respuesta a lo largo de todas las conferencias: ¿Cómo crean conjuntamente los diferentes grupos de organismos un suelo funcional?
Hoy examinaremos el primer y más fundamental grupo: la comunidad microbiana. Esta comunidad es el motor de todos los ciclos biogeoquímicos. Es aquí, a nivel de células individuales, donde comienza la transformación de la materia orgánica muerta en vida.
1.1. Bacterias y Arqueas: La mayoría silenciosa
Comencemos con el componente más numeroso de la biota del suelo. Imagine que en un solo gramo de suelo fértil pueden contenerse hasta 10 mil millones de bacterias y arqueas (Eash et al., 2016; Weil & Brady, 2017). Y no son solo células, son hasta 100 000 especies diferentes (Huang et al., 2012). Este vasto mundo se reparte entre dos grupos fundamentalmente distintos: las Bacterias (Bacteria) y las Arqueas (Archaea).
¿Qué es importante entender sobre las arqueas?
Durante mucho tiempo se creyó que las arqueas solo habitaban ambientes extremos: fuentes termales, lagos salados (Weil & Brady, 2017). Sin embargo, con el desarrollo de métodos moleculares, hemos comprendido que no es así. Las arqueas son habitantes comunes y activos de los suelos más diversos, constituyendo a menudo alrededor del 10 % de toda la comunidad microbiana (Huang et al., 2012).
La principal diferencia entre arqueas y bacterias reside en la estructura de sus paredes celulares y membranas, así como en enzimas únicas. Pero para nosotros, como edafólogos, son más importantes sus características funcionales.
- Papel en el ciclo del nitrógeno: Las arqueas son los principales nitrificadores en la mayoría de los suelos (Huang et al., 2012). Oxidan el amonio (NH₄⁺) a nitrito (NO₂⁻), iniciando el proceso que conduce a la formación de nitratos (NO₃⁻), la forma principal de nitrógeno asimilable por las plantas. Esta es una de sus funciones clave, y a menudo resultan más eficientes que las bacterias en este proceso.
- Adaptación al estrés: Las arqueas suelen dominar en condiciones de fuerte limitación de nutrientes (Huang et al., 2012), lo que las hace indispensables en suelos pobres.
Bacterias: Maestras de todos los oficios
Las bacterias son el grupo más diverso. Pueden ser aerobias (viven con oxígeno) y anaerobias (viven sin oxígeno) (Scheffer et al., 2018). Se dividen en grampositivas y gramnegativas, lo que afecta su resistencia e interacción con el entorno. No profundizaremos en la sistemática, sino que nos centraremos en sus grupos funcionales:
1. Quimiorganótrofos: constituyen la mayoría de las bacterias del suelo. Obtienen energía oxidando compuestos orgánicos. Son los principales descomponedores y reductores.
2. Quimioautótrofos: utilizan compuestos inorgánicos (hierro, azufre) para obtener energía y construyen su biomasa a partir de CO₂. Desempeñan un papel importante en la oxidación y reducción de elementos minerales, afectando la disponibilidad de micronutrientes (Foth, 1990).
3. Cianobacterias (antes algas verdeazuladas): son fotoautótrofas que, como las plantas, usan la energía solar. Son importantes para la fijación de nitrógeno (fijación de N₂) en suelos anegados y desérticos (Weil & Brady, 2017).
Un grupo pequeño pero importante: las actinobacterias (Actinobacteria). Son bacterias que forman micelio similar al de los hongos (Eash et al., 2016). Su función es la descomposición de las moléculas orgánicas más complejas, como la lignina, celulosa y quitina (Weil & Brady, 2017). Son las actinobacterias las que dan al suelo su famoso "olor a tierra" debido a la liberación de geosmina (Eash et al., 2016). Pero su principal "patrimonio" para la humanidad es la síntesis de antibióticos (Eash et al., 2016), tema que abordaremos más adelante.
1.2. Hongos: Tejedores de la red del suelo
Si las bacterias son los "químicos", los hongos (Fungi) son los "ingenieros" del suelo. Pertenecen a los eucariotas (sus células tienen núcleo). La principal diferencia entre hongos y bacterias es su crecimiento hifal. El micelio, o red de hifas, es una red de finos tubos —las hifas— que penetra enormes volúmenes de suelo, conectando agregados y raíces de plantas en un sistema único.
Funciones principales de los hongos:
1. Principales degradadores de lignocelulosa. Los hongos, especialmente los basidiomicetos (Basidiomycota), son los únicos organismos capaces de descomponer eficazmente la lignina (Eash et al., 2016; Weil & Brady, 2017). Secretan potentes enzimas que oxidan los complejos anillos aromáticos de este polímero, haciéndolo accesible para otros organismos. Sin hongos, se acumularían montañas de madera sin descomponer en los bosques.
2. Creadores de la estructura del suelo. El micelio de los hongos actúa como "súper pegamento": une mecánicamente las partículas del suelo en agregados estables, base de una buena estructura, porosidad y permeabilidad al agua y al aire (Eash et al., 2016). Este papel es especialmente importante en ecosistemas naturales y con laboreo mínimo.
3. Simbiosis: micorrizas (Mycorrhizae). Es el logro ecológico más significativo de los hongos. Alrededor del 80 % de todas las plantas terrestres viven en simbiosis con hongos formando micorrizas (Weil & Brady, 2017). El hongo recibe de la planta carbohidratos (¡hasta el 30 % de los productos de la fotosíntesis!), y la planta, a cambio, recibe del hongo:
- Agua y elementos minerales, especialmente fósforo, que el hongo extrae de poros del suelo inaccesibles para las raíces (Weil & Brady, 2017; Huang et al., 2012).
- Protección contra patógenos y sequía.
- isten dos tipos principales de micorrizas: ectomicorrizas (típicas de árboles) y endomicorrizas (arbusculares, típicas de la mayoría de los cultivos agrícolas) (Weil & Brady, 2017). Volveremos a este tema al hablar de los simbiontes.
- Biocontrol. Algunos hongos, como Trichoderma, actúan como antagonistas e hiperparásitos, suprimiendo el crecimiento de hongos y bacterias patógenos, protegiendo así a las plantas (Eash et al., 2016).
1.3. Funciones de la comunidad microbiana: desde la química hasta el clima global
Resumamos lo anterior y destaquemos las principales funciones que la comunidad microbiana desempeña en el suelo. Son procesos sin los cuales el suelo sería simplemente roca geológica.
1. Descomposición y formación de humus (ciclos del C y del N). Esta es la base. Los microorganismos descomponen los polímeros orgánicos complejos (proteínas, carbohidratos, lignina) en sustancias inorgánicas simples: es la mineralización (White, 2006; Foth, 1990).
- Al descomponer carbohidratos se libera CO₂ (el carbono regresa a la atmósfera).
- Al descomponer proteínas se libera amonio (NH₄⁺): es la amonificación (Eash et al., 2016).
- El amonio es oxidado por bacterias y arqueas nitrificantes hasta nitratos (NO₃⁻): es la nitrificación (Eash et al., 2016).
Paralelamente ocurre la inmovilización: los microorganismos capturan nitrógeno disponible para construir su biomasa, dejándolo temporalmente no disponible para las plantas (White, 2006). El equilibrio entre mineralización e inmovilización determina el suministro de nitrógeno a las plantas.
2. Fijación de nitrógeno atmosférico (nitrogenofijación). Algunas bacterias (por ejemplo, las simbióticas Rhizobium y las de vida libre Azotobacter) y cianobacterias pueden convertir el nitrógeno molecular inerte (N₂) en amonio asimilable por las plantas. Este proceso tiene una importancia global colosal (Eash et al., 2016; Weil & Brady, 2017).
3. Papel ingenieril y estructurador. Ya hemos hablado del micelio fúngico, pero las bacterias también contribuyen. Muchas bacterias secretan exopolisacáridos (EPS) que también aglutinan partículas del suelo, favoreciendo la agregación (Scheffer et al., 2018).
4. Síntesis de sustancias biológicamente activas. Incluye antibióticos y diversos metabolitos que estimulan el crecimiento de las plantas (fitohormonas), secretados por rizobacterias (Weil & Brady, 2017). Es una contribución directa a la fertilidad.
5. Desintoxicación y biorremediación. Las bacterias y hongos del suelo pueden descomponer numerosas sustancias tóxicas: pesticidas, derivados del petróleo (Weil & Brady, 2017). Es uno de los servicios ecosistémicos más importantes del suelo.
6. Participación en los ciclos globales. Las bacterias, al oxidar metano (metanótrofas) y emitir óxido nitroso (N₂O), un potente gas de efecto invernadero, influyen directamente en el clima del planeta (Scheffer et al., 2018).
Resumen del capítulo 1
Vemos que la comunidad microbiana no es simplemente "suciedad" de células. Es un poderoso sistema metabólico donde:
- Bacterias y arqueas son los principales agentes de los ciclos del nitrógeno, carbono y azufre, además de "fábricas químicas" que producen antibióticos y fitohormonas.
- Los hongos son los únicos degradadores de lignina, la base de la estructura del suelo y los principales socios de las plantas en simbiosis (micorrizas).
Juntos inician las principales reacciones bioquímicas, transformando la materia orgánica muerta en nutrientes para las plantas y creando las condiciones para la vida del siguiente nivel: la microfauna, que abordaremos en la próxima conferencia.
2. Microfauna del Suelo: Reguladores de los procesos microbianos
En el capítulo anterior conocimos la comunidad microbiana —bacterias, arqueas y hongos— y vimos cómo descomponen la materia orgánica, fijan nitrógeno y crean estructura. Hoy ascendemos al siguiente nivel de la red trófica y nos encontramos con la microfauna.
La microfauna está formada por organismos de tamaño inferior a 0,1–0,2 mm. Viven en las películas de agua más finas que recubren las partículas del suelo y en los poros capilares. Su función principal en el ecosistema edáfico es la regulación de las poblaciones microbianas. Consumen bacterias y hongos, acelerando así el ciclo de nutrientes y "rejuveneciendo" la comunidad microbiana.
Los representantes clave de la microfauna que nos interesan son los protozoos (Protozoa) y los nematodos (Nematoda). Empecemos por los depredadores más pequeños pero más numerosos: los protozoos.
2.1. Protozoos: Pastores de bacterias
Los protozoos son eucariotas unicelulares de vida libre, cuyo tamaño suele oscilar entre 4 y 250 μm (Weil & Brady, 2017). Se desplazan en el medio acuoso de los poros del suelo mediante flagelos (flagelados), cilios (ciliados) o seudópodos (amebas). Se dividen en dos linajes evolutivos principales: Amoebozoa (Amoebozoa) —con seudópodos anchos— y Rhizaria (Rhizaria) —con seudópodos filiformes y delgados (Huang et al., 2012). Lo importante no es su compleja sistemática, sino su colosal papel ecológico.
La función principal de los protozoos es la regulación de la abundancia bacteriana.
- "Pastoreo" de bacterias. La mayoría de los protozoos del suelo son bacteriófagos. Consumen activamente bacterias, y no se trata solo de consumo, sino de un complejo proceso de selección: prefieren bacterias gramnegativas y evitan las grampositivas, así como aquellas con pigmentos, toxinas o limo (Huang et al., 2012). De este modo, configuran constantemente la estructura de la comunidad bacteriana.
- "Rejuvenecimiento" de la población microbiana. Al eliminar células viejas y de crecimiento lento, los protozoos estimulan la reproducción de bacterias jóvenes y activas, que procesan la materia orgánica más rápidamente. Esto eleva la actividad metabólica general de los microorganismos (Weil & Brady, 2017).
- Aceleración del ciclo del nitrógeno. Las bacterias suelen tener una relación carbono-nitrógeno estrecha (C:N 3–4), mientras que los protozoos la tienen amplia (C:N 8–12) (Foth, 1990). Al transformar la proteína bacteriana en su propia biomasa, los protozoos excretan el exceso de nitrógeno en forma de amonio (NH₄⁺). Ese amonio queda fácilmente disponible para las plantas. Este fenómeno se denomina bucle microbiano (microbial loop) y es un mecanismo clave de mineralización del nitrógeno en la rizosfera (Eash et al., 2016; Huang et al., 2012).
- Reservorios de patógenos. Algunas bacterias patógenas (p. ej., Legionella) pueden sobrevivir dentro de quistes de protozoos, lo que las protege de condiciones adversas e incluso favorece su multiplicación. Es un aspecto importante, aunque no siempre agradable, de su ecología (Huang et al., 2012).
2.2. Nematodos (Nematoda): El grupo más diverso de animales del suelo
Los nematodos, o gusanos redondos, son los animales pluricelulares más abundantes en el suelo. En un metro cuadrado pueden habitar hasta 10 millones de individuos pertenecientes a varias docenas de géneros (Eash et al., 2016; Foth, 1990). Su tamaño suele oscilar entre 0,5 y 2 mm, y se mueven en películas de agua y sobre superficies de partículas.
Su principal característica es la enorme diversidad de grupos tróficos (alimenticios). Según lo que comen, los nematodos se dividen en varias categorías (Eash et al., 2016; Weil & Brady, 2017):
1. Bacteriófagos. Se alimentan de bacterias. Al igual que los protozoos, son reguladores de poblaciones bacterianas y un potente factor de mineralización del nitrógeno. Por ejemplo, se ha demostrado que pueden aportar hasta el 30–40 % del nitrógeno mineralizado en algunos ecosistemas (Weil & Brady, 2017).
2. Micófagos. Se alimentan de micelio y esporas de hongos. Regulan la abundancia de hongos, especialmente importantes en la hojarasca forestal y en la descomposición de materia orgánica gruesa (Foth, 1990).
3. Depredadores. Se alimentan de otros nematodos, protozoos y pequeños invertebrados. Actúan como "reguladores superiores", controlando la abundancia de herbívoros y bacteriófagos (Weil & Brady, 2017).
4. Herbívoros/parásitos de plantas. Es el grupo más conocido y económicamente significativo. Se alimentan de raíces, perforando las células con un estilete especial. Algunos son ectoparásitos (viven fuera de la raíz), otros endoparásitos (penetran en su interior) (Eash et al., 2016). Pertenecientes a este grupo se encuentran plagas tristemente célebres como los nematodos agalladores (Meloidogyne) y los nematodos formadores de quistes (Heterodera), que causan enormes daños a la agricultura (Foth, 1990). Precisamente por estas especies, en agronomía se habla a menudo de la "nocividad" de los nematodos, aunque en la naturaleza son un elemento esencial de la red trófica.
5. Omnívoros. Se alimentan de una dieta mixta (bacterias, hongos, algas) y suelen ocupar niveles tróficos más altos, sirviendo como buenos indicadores de la salud del suelo (Huang et al., 2012).
Papel ecológico general de los nematodos:
- Indicadores del estado del suelo. Los diferentes grupos de nematodos responden de manera distinta al estrés (contaminación, compactación, laboreo). Las proporciones entre grupos (por ejemplo, el índice de madurez) se utilizan para evaluar la salud biológica del suelo. La abundancia de bacteriófagos y micófagos indica una alta actividad del ciclo del carbono, mientras que la abundancia de depredadores y omnívoros indica estabilidad del ecosistema (Eash et al., 2016; Foth, 1990).
- Aceleración del ciclo. Al igual que los protozoos, los nematodos excretan formas minerales de nitrógeno y fósforo al consumir biomasa microbiana (Eash et al., 2016).
- Dispersión de microorganismos. Al moverse en el suelo, los nematodos pueden transportar esporas de hongos y bacterias en su superficie o en su intestino, facilitando su dispersión (Foth, 1990).
Resumen del capítulo 2
Vemos que la microfauna, a pesar de sus dimensiones microscópicas, es un regulador activo de los procesos microbiológicos:
- Los protozoos son los principales "pastores" de las poblaciones bacterianas, estimulando su actividad y acelerando la mineralización del nitrógeno.
- Los nematodos constituyen un grupo con un espectro alimenticio muy amplio. Son a la vez reguladores (bacteriófagos y micófagos), consumidores (herbívoros), depredadores y valiosos indicadores de la salud del suelo.
Gracias a este grupo, la biomasa microbiana, que acumula nutrientes, se "recicla" constantemente, y esos nutrientes quedan disponibles para las plantas. Sin microfauna, los procesos de mineralización serían mucho más lentos y las plantas sufrirían una aguda deficiencia de nitrógeno.
Pasamos ahora al siguiente nivel, de mayor tamaño: la mesofauna, donde aparecerán nuevos "ingenieros" del suelo: ácaros y colémbolos.
3. Mesofauna del Suelo: Trituradores y descomponedores primarios
En las partes anteriores hemos tratado a los microorganismos ("químicos") y a la microfauna ("pastores"). Hoy nos dirigimos a un grupo que podemos llamar los "mecánicos" del ecosistema edáfico.
La mesofauna comprende organismos con un tamaño corporal de 0,2 a 2 mm (Huang et al., 2012; Weil & Brady, 2017). Ya no pueden desplazarse en las películas de agua más finas como los protozoos, y viven en poros más grandes del suelo y en la hojarasca. Su función principal es la preparación física de la materia orgánica para la descomposición. Trituran los restos vegetales, haciéndolos accesibles a bacterias y hongos.
Los principales representantes de la mesofauna en suelos de clima templado son los ácaros (Acari) y los colémbolos (Collembola). Juntos constituyen hasta el 90 % de todos los artrópodos del suelo (Eash et al., 2016; Weil & Brady, 2017). Conozcámoslos mejor.
3.1. Ácaros (Acari): El grupo más diverso
Los ácaros son una clase de arácnidos (Arachnida) y, después de los insectos, el grupo de animales más diverso de la Tierra. La mayoría de las especies de ácaros habitan precisamente en el suelo (Weil & Brady, 2017).
Su principal riqueza es la diversidad de estrategias alimenticias. Entre los ácaros del suelo encontramos (Huang et al., 2012; Eash et al., 2016):
- Oribátidos (Oribatida) —o "ácaros acorazados". Es el grupo más numeroso y diverso de ácaros edáficos. Son los principales descomponedores de la hojarasca vegetal en los bosques. Sus poderosos quelíceros les permiten roer incluso hojas duras y fibras leñosas. Desempeñan un papel clave en la descomposición primaria de celulosa y lignina y, muy importante, en la formación de la estructura del suelo mediante la producción de pellets fecales.
- Ástigmata (Astigmata) —se encuentran a menudo en lugares muy húmedos y ricos en materia orgánica. Son "recolectores" que se alimentan de restos orgánicos en descomposición y hongos. Muchos son "estrategas de la r", con reproducción rápida, capaces de formar agregados masivos en compost y estiércol.
- Prostigmata (Prostigmata) y Mesostigmata (Mesostigmata) —son principalmente depredadores. Cazan activamente colémbolos, nematodos, larvas de insectos y otros pequeños invertebrados. Constituyen un eslabón importante en la regulación de la abundancia de consumidores primarios. Muchos poseen un aparato bucal picador-chupador.
Papel ecológico de los ácaros:
1. Trituración y estructuración. Al igual que otros mesofauna, los ácaros mastican los restos vegetales, aumentando su superficie para el ataque microbiano. Sus pellets fecales son microagregados ricos en materia orgánica y microorganismos, que se convierten en la base para la formación de agregados más grandes (Foth, 1990; White, 2006).
2. Regulación de poblaciones microbianas. Algunos ácaros oribátidos se especializan en consumir hongos, lo que los convierte en importantes reguladores del micelio fúngico. Los grupos depredadores controlan la abundancia de nematodos y otros artrópodos.
3. Bioindicadores. Los oribátidos son generalmente estrategas de la K: se reproducen lentamente, tienen ciclos de vida largos y son muy sensibles a las perturbaciones (laboreo, contaminación). Por ello, su diversidad y abundancia son excelentes indicadores del grado de "naturalidad" y salud del suelo (Weil & Brady, 2017).
3.2. Colémbolos (Collembola): Las "patas" y la "lengua" del suelo
Los colémbolos, o poduras, son antiguos seres similares a insectos sin alas que habitan prácticamente todos los ecosistemas terrestres. Su nombre proviene de la característica "horquilla" (fúrcula) en el abdomen, con la que realizan saltos.
Diversidad de formas de vida. Los colémbolos muestran una asombrosa adaptación a los diferentes horizontes del suelo (Weil & Brady, 2017):
- Formas epiedáficas. Viven en la superficie. Son grandes, de colores vivos, con ojos bien desarrollados y fúrcula saltadora. Habitan la hojarasca y se alimentan de hongos, bacterias y plantas en descomposición.
- Formas hemiedáficas. Ocupan las capas superiores del suelo y la hojarasca. Tienen pigmentación menos desarrollada y antenas más cortas.
- Formas euedáficas. Son habitantes permanentes de los horizontes minerales. Son pequeñas (menos de 1 mm), blancas, ciegas y sin fúrcula. Se desplazan exclusivamente por los poros del suelo y se alimentan principalmente de bacterias y hongos.
Preferencias alimenticias:
La mayoría de los colémbolos son micrófagos (se alimentan de microorganismos) o saprófagos (se alimentan de materia orgánica en descomposición). Prefieren los hongos, especialmente los mohos, y las bacterias que forman colonias en la superficie de los restos vegetales. Gracias a sus piezas bucales masticadoras, "raspan" eficazmente la biomasa microbiana de la superficie de hojas y raíces.
Papel ecológico de los colémbolos:
1. Descomposición primaria. No digieren las paredes celulares rígidas, pero al masticar los tejidos vegetales los rompen en fragmentos pequeños y, más importante, "extraen" los tejidos internos blandos, dejando un "esqueleto" de lignina y celulosa más accesible para los hongos (White, 2006). Esto acelera el proceso de descomposición.
2. Regulación del micelio fúngico. Al alimentarse activamente de hongos, los colémbolos estimulan la formación de nuevo micelio más activo, lo que, al igual que con los protozoos, aumenta la velocidad de mineralización de la materia orgánica.
3. Dispersión de microorganismos. Las esporas de hongos y las células bacterianas atraviesan el intestino de los colémbolos y conservan su viabilidad, lo que favorece la dispersión de microorganismos en el suelo (Foth, 1990).
Resumen del capítulo 3
Vemos que la mesofauna no son simplemente "bichos" en el suelo, sino transformadores activos de la materia orgánica:
- Ácaros y colémbolos son los principales "trituradores" de la hojarasca vegetal. Hacen que la materia orgánica gruesa sea accesible al ataque microbiano.
- Regulan la abundancia y actividad de bacterias y hongos al alimentarse de ellos, y así estimulan la mineralización de nutrientes.
- Sus pellets fecales y su propia presencia contribuyen a la formación de la estructura del suelo (agregados).
- La composición de la mesofauna es un indicador sensible del estado del suelo, su perturbación o contaminación.
Es la actividad de la mesofauna la que crea esa "tierra fina" que luego será mezclada y procesada activamente por las lombrices de tierra y otros representantes de la macrofauna. A ellos nos dirigimos en la próxima conferencia.
4. Macrofauna del Suelo: Arquitectos del espacio edáfico
En las partes anteriores hemos visto cómo los microorganismos ("químicos") inician las reacciones bioquímicas, la microfauna ("pastores") regula las poblaciones microbianas, y la mesofauna ("trituradores") prepara la materia orgánica para la descomposición. Hoy nos encontramos con el grupo más grande y físicamente más poderoso: la macrofauna.
La macrofauna incluye organismos con un tamaño corporal de 2 a 20 mm (Huang et al., 2012). Ya no son criaturas microscópicas, sino auténticos "excavadores animales". Se desplazan activamente por el suelo, crean galerías, procesan enormes volúmenes de masa edáfica y modifican radicalmente sus propiedades físicas y químicas.
Los principales actores de este grupo son las lombrices de tierra, los termitas y las hormigas. Son ellos quienes con mayor frecuencia desempeñan el papel de "ingenieros del ecosistema" (concepto que desarrollaremos en la próxima conferencia). Conozcamos a cada uno.
4.1. Lombrices de tierra (Lumbricidae): Arados naturales
Las lombrices de tierra son quizás los animales del suelo más conocidos. Ya Charles Darwin, en su último libro "La formación del mantillo vegetal por la acción de las lombrices", demostró su colosal papel en la edafogénesis. Su biomasa en suelos fértiles puede alcanzar varios cientos de kilogramos por hectárea (White, 2006; Weil & Brady, 2017).
Para comprender su función ecológica es importante distinguir tres grupos ecológicos de lombrices (Eash et al., 2016; Weil & Brady, 2017):
1. Epigeas. Viven en la hojarasca y la capa superior del suelo. No excavan galerías profundas. Se alimentan de restos vegetales en la superficie. Son las principales "procesadoras" de la hojarasca. Ejemplo: la lombriz de compost Eisenia fetida.
2. Endogeas. Viven en la capa superior del suelo mineral (10–30 cm). Construyen galerías horizontales, a menudo temporales. Se alimentan de suelo mineral rico en partículas orgánicas. Mezclan activamente la materia orgánica con la fracción mineral, creando un "mull" —un horizonte húmico homogéneo. Ejemplo: Aporrectodea caliginosa.
3. Anécicas. Construyen galerías verticales profundas (de varios metros) y permanentes. Por la noche salen a la superficie para recoger hojas caídas y arrastrarlas a sus madrigueras. Crean "despensas" de materia orgánica en profundidad, y sus galerías son grandes macroporos. El ejemplo más famoso es Lumbricus terrestris (la lombriz común).
Influencia de las lombrices en el suelo:
1. Creación de estructura y poros (bioturbación). Las galerías de las lombrices son poros grandes a través de los cuales el agua y el aire penetran en profundidad. Mejoran el drenaje, la aireación y el crecimiento de las raíces (Weil & Brady, 2017). Sus galerías son "autovías" para la penetración de raíces en horizontes compactos.
2. Formación de agregados (coprolitos). Al pasar el suelo por su intestino, las lombrices lo trituran, lo mezclan con moco orgánico y microorganismos, y luego lo excretan en forma de coprolitos: gránulos fuertes y estructurados. Estos coprolitos son agregados de alta calidad, resistentes a la desintegración y enriquecidos con nutrientes (Foth, 1990; Huang et al., 2012). En algunos ecosistemas, las lombrices sacan a la superficie hasta 100 toneladas de suelo por hectárea al año (White, 2006; Weil & Brady, 2017).
3. Aceleración del ciclo de nutrientes. Al procesar la materia orgánica, las lombrices aceleran drásticamente su mineralización. En su intestino se crean condiciones ideales para la multiplicación bacteriana. Los coprolitos son significativamente más ricos en nitrógeno, fósforo y calcio que el suelo circundante (Eash et al., 2016; White, 2006).
4.2. Termitas (Isoptera): Ingenieros tropicales
En las regiones tropicales y subtropicales, el papel de las lombrices de tierra lo desempeñan en gran medida las termitas. Son insectos sociales que viven en enormes colonias y, al igual que las lombrices, procesan cantidades gigantescas de suelo.
Magnitud de la actividad:
Las termitas son los principales descomponedores de madera y celulosa en los trópicos. Pueden procesar hasta 4000 kg de hojarasca vegetal por hectárea al año (Weil & Brady, 2017). Sus construcciones de tierra —los termiteros— pueden alcanzar alturas de 6 metros o más, y el material de construcción se extrae de capas profundas del suelo (Eash et al., 2016; Weil & Brady, 2017).
Influencia en el suelo:
1. Bioturbación y alteración del perfil. Las termitas transportan suelo desde horizontes profundos a la superficie, mezclando completamente el perfil. En vastas extensiones, su actividad es comparable en magnitud a la de las lombrices en climas templados (Eash et al., 2016).
2. Creación de "islas de fertilidad". A diferencia de las lombrices, que trabajan de manera uniforme, las termitas crean zonas locales de enriquecimiento. Los termiteros suelen ser más ricos en arcilla, calcio, fósforo y materia orgánica que el suelo circundante (Foth, 1990). En los termiteros abandonados a menudo se desarrolla una vegetación exuberante.
3. Permeabilidad al agua. Las galerías de termitas, al igual que las de lombrices, sirven como vías para la infiltración de agua en el suelo, especialmente en zonas áridas donde la superficie tiende a formar costras (Weil & Brady, 2017).
4.3. Hormigas (Formicidae): Bioturbadoras universales
Las hormigas se encuentran prácticamente en todas partes. Su papel en la formación del suelo suele subestimarse, pero es enorme. Son bioturbadoras activas, tanto en latitudes templadas como tropicales.
Su influencia en el suelo:
1. Mezcla y estructuración. Al construir sus nidos, las hormigas extraen a la superficie enormes cantidades de suelo de horizontes profundos, mezclando el perfil (Foth, 1990). Su actividad es comparable a la de las lombrices y puede dar lugar a un microrrelieve característico.
2. Enriquecimiento en nutrientes. Los nidos de hormigas son "focos locales de fertilidad". Acumulan restos orgánicos y excrementos, lo que hace que el suelo de sus nidos sea más rico en nitrógeno y fósforo (Weil & Brady, 2017; White, 2006).
3. Regulación de la red trófica. Las hormigas son depredadoras activas que destruyen enormes cantidades de pequeños invertebrados, incluidas plagas. Algunas especies (cortadoras de hojas) son fitófagas poderosas que afectan directamente a la vegetación y la entrada de materia orgánica al suelo (Eash et al., 2016).
Resumen del capítulo 4
La macrofauna es la ingeniería del paisaje edáfico:
- Las lombrices de tierra son las principales creadoras de estructura y humus en suelos templados. Mezclan uniformemente la materia orgánica con la fracción mineral, creando macroporos y agregados estables.
- Las termitas cumplen la misma función en los trópicos, creando "islas de fertilidad" locales y modificando el perfil del suelo.
- Las hormigas son mezcladoras universales cuya actividad enriquece el suelo y modifica sus propiedades físicas.
Junto con la mesofauna, son ingenieros del ecosistema, creando ese entorno complejo, poroso y estructurado que permite que el agua, el aire y las raíces penetren en profundidad. Precisamente sobre el concepto de "ingenieros del ecosistema" hablaremos con más detalle en la próxima conferencia.
5. Ingenieros del Ecosistema: Arquitectos del mundo edáfico
En los capítulos anteriores hemos conocido a los microbios ("químicos"), la microfauna ("pastores"), la mesofauna ("trituradores") y la macrofauna ("constructores"). Hemos visto cómo cada uno de estos grupos cumple su función. Sin embargo, la ecología moderna del suelo va más allá y distingue un grupo de organismos que no solo participan en la red trófica, sino que modifican radicalmente el propio hábitat para todos los demás. Estos organismos reciben el nombre de "ingenieros del ecosistema" (Ecosystem Engineers).
El concepto de ingenieros del ecosistema fue propuesto a finales de la década de 1990 (Jones et al., 1994; Lavelle et al., 1997) y hoy es uno de los conceptos centrales para entender el funcionamiento del suelo. Según esta concepción, los ingenieros del ecosistema son organismos que crean, modifican o mantienen el entorno físico para otras especies, alterando directa o indirectamente la disponibilidad de recursos (Weil & Brady, 2017; Huang et al., 2012).
Analicemos quiénes son los principales ingenieros en el mundo del suelo y qué mecanismos concretos utilizan.
5.1. ¿Quiénes son los ingenieros del ecosistema en el suelo?
Los principales ingenieros del ecosistema en el suelo son los ya conocidos representantes de la macrofauna: lombrices de tierra, termitas y hormigas. Su actividad crea esa estructura tridimensional del suelo que es la base para la vida de todos los demás organismos (Eash et al., 2016; Foth, 1990).
Pero no solo ellos. En algunos ecosistemas, organismos más pequeños también actúan como ingenieros:
- Raíces de las plantas. Al crecer, desplazan y desmenuzan el suelo, crean galerías y canales para el agua y el aire, y secretan compuestos orgánicos que modifican el entorno químico (Weil & Brady, 2017).
- Vertebrados (roedores, topos). Sus madrigueras y galerías también son un poderoso factor de edafogénesis y bioturbación (Foth, 1990).
- Bacterias y hongos. Aunque su influencia es menos evidente, los exopolisacáridos que secretan aglutinan partículas, creando microagregados —los "ladrillos" de la estructura del suelo (Scheffer et al., 2018).
5.2. Mecanismos de acción de los ingenieros del ecosistema
La actividad de los ingenieros puede dividirse en varios procesos clave:
1. Creación de bioporos.
Es quizás la función más visible. Lombrices, termitas, hormigas y raíces de plantas trazan una red de galerías y canales en el suelo. Estos bioporos tienen una importancia colosal:
- Régimen hídrico. Los bioporos son "autovías" para la rápida infiltración del agua en profundidad. Esto es especialmente importante en lluvias torrenciales, cuando la superficie tiende a formar costras y escorrentía. Las galerías de lombrices pueden aumentar la infiltración en un orden de magnitud (Weil & Brady, 2017).
- Intercambio gaseoso. Los bioporos son vías para la entrada de oxígeno en profundidad y la salida de dióxido de carbono. Esto es crítico para los microorganismos aerobios y las raíces de las plantas (Eash et al., 2016).
- Crecimiento de raíces. Las raíces utilizan las antiguas galerías de lombrices y termitas como caminos de menor resistencia para penetrar en horizontes compactos y densos (Weil & Brady, 2017).
2. Formación de agregados.
Los ingenieros no solo crean macroporos, sino que también "construyen" la propia estructura del suelo a nivel micro.
- Coprolitos de lombrices. Al pasar el suelo por su intestino, las lombrices forman gránulos fuertes y estructurados —coprolitos— que son la base de la agregación estable al agua (White, 2006; Eash et al., 2016).
- Pellets fecales de la mesofauna. Ácaros y colémbolos, al procesar la materia orgánica, dejan pequeños gránulos fecales que también se aglutinan en agregados (Foth, 1990).
- Aglutinación por microorganismos. Los exopolisacáridos bacterianos y el micelio fúngico actúan como "pegamento" biológico, uniendo partículas minerales en agregados. Este efecto se multiplica en presencia de ingenieros, que crean condiciones favorables para la vida microbiana (Scheffer et al., 2018).
3. Mezcla y transporte de material (bioturbación).
Los ingenieros desplazan activamente el material edáfico a lo largo del perfil.
- Lombrices de tierra sacan a la superficie suelo de horizontes profundos y, al mismo tiempo, introducen restos orgánicos en profundidad. Esto da lugar a horizontes húmicos profundos, oscuros y homogéneos (mull) (White, 2006; Weil & Brady, 2017).
- Termitas transportan suelo de capas profundas a la superficie para construir termiteros, modificando por completo el perfil local. Los termiteros abandonados se convierten en "islas" con diferente textura y fertilidad (Eash et al., 2016; Foth, 1990).
- Hormigas también mezclan activamente el suelo, sacando a la superficie material de horizontes inferiores y creando focos locales de enriquecimiento (Foth, 1990).
4. Creación de microhábitats (Construcción de nichos).
Al modificar el entorno físico, los ingenieros crean nuevos nichos para otros organismos.
- Las paredes de las galerías y los coprolitos de lombrices son colonizados por comunidades específicas de bacterias, hongos y protozoos (la llamada "drilosfera"), que difieren de los microorganismos del suelo circundante (Eash et al., 2016; Scheffer et al., 2018).
- Los termiteros y hormigueros se convierten en refugio para muchos otros artrópodos, y sus "jardines" orgánicos sirven de alimento para hongos especializados (Weil & Brady, 2017).
5.3. Magnitud del impacto
Es importante comprender que los ingenieros del ecosistema no actúan en el vacío. Su actividad tiene escalas colosales:
- En una hectárea, las lombrices pueden procesar de 20 a 1000 toneladas de suelo al año (Weil & Brady, 2017).
- Las termitas, en vastas áreas de sabanas, pueden procesar hasta 4000 kg de biomasa vegetal y mover cientos de toneladas de suelo por hectárea (Eash et al., 2016; Weil & Brady, 2017).
- Los nidos de hormigas pueden ocupar hasta el 1–2 % de la superficie en algunos ecosistemas y servir como "puntos calientes" locales de actividad biológica (Foth, 1990).
Así, los ingenieros del ecosistema crean una heterogeneidad espacial y estructural del suelo que es la base de su fertilidad y resiliencia.
Resumen del capítulo 5
El concepto de ingenieros del ecosistema cambia radicalmente nuestra percepción de la biota edáfica. Vemos que:
- Lombrices de tierra, termitas y hormigas son los principales arquitectos del perfil del suelo.
- Su actividad (creación de poros, formación de agregados, mezcla) crea el entorno físico que determina las condiciones de vida para todos los demás organismos.
- Crean nichos para microorganismos, mesofauna y raíces de plantas, influyendo en todo el ecosistema.
- No son simplemente "vecinos" en el suelo, sino constructores activos cuyo trabajo es el cimiento de los procesos de mineralización, ciclo de nutrientes y formación de la fertilidad.
Ahora que conocemos a todos los "actores" y entendemos el principio de su interacción, podemos pasar a la siguiente y última etapa de nuestro curso: la clasificación de los grupos funcionales y la visión general de la red trófica del suelo.
6. Grupos Funcionales de la Biota del Suelo: Quién es quién en el teatro del suelo
A lo largo de los capítulos anteriores hemos conocido diversos grupos de organismos del suelo, desde bacterias hasta lombrices. Hemos hablado de su estructura y su función. Sin embargo, para comprender el ecosistema en su conjunto, es más importante no a qué taxón pertenece un organismo, sino qué función desempeña en la comunidad.
Hoy pasamos de la clasificación taxonómica a la clasificación funcional. Examinaremos los cuatro grupos funcionales principales que distinguen los ecólogos del suelo modernos (Lavelle et al., 1997; Weil & Brady, 2017; Huang et al., 2012):
1. Descomponedores.
2. Consumidores.
3. Ingenieros del ecosistema.
4. Simbiontes.
Este enfoque nos permite ver no solo una lista de habitantes del suelo, sino un sistema de roles interconectados, donde cada uno realiza su parte del trabajo común.
6.1. Descomponedores: Los químicos del suelo
Los descomponedores son organismos que llevan a cabo la mineralización: la transformación de compuestos orgánicos complejos en inorgánicos simples. Es la base de todo el ciclo edáfico.
¿Quiénes pertenecen a este grupo?
- Bacterias (especialmente las heterótrofas, como Pseudomonas, Bacillus).
- Actinobacterias (incluyendo Streptomyces).
- Hongos (especialmente los saprótrofos —Penicillium, Aspergillus— y los basidiomicetos que degradan la lignina).
Su función clave:
Los descomponedores secretan exoenzimas (enzimas extracelulares) que rompen los polímeros de alto peso molecular —celulosa, lignina, proteínas, quitina— en compuestos de bajo peso molecular (monosacáridos, aminoácidos), que luego son absorbidos (Eash et al., 2016; White, 2006). Son ellos los que aseguran el retorno del carbono a la atmósfera en forma de CO₂ y de los elementos minerales a la solución del suelo (nitrógeno, fósforo, azufre).
Un matiz importante:
Los descomponedores no solo consumen materia orgánica. En el curso de su actividad vital, ellos mismos pasan a formar parte de la materia orgánica del suelo. Su biomasa y productos metabólicos (exopolisacáridos, melaninas) son la base para la formación de humus estable (Weil & Brady, 2017; Scheffer et al., 2018).
6.2. Consumidores: Reguladores y trituradores
Los consumidores son organismos que se alimentan de otros organismos o de sus productos metabólicos. No descomponen la materia orgánica a nivel molecular, sino que la redistribuyen y transforman físicamente, haciéndola accesible a los descomponedores.
¿Quiénes pertenecen a este grupo?
- Microfauna: protozoos (consumen bacterias), nematodos (bacteriófagos, micófagos, depredadores).
- Mesofauna: ácaros (oribátidos —consumen hongos y detrito; ácaros depredadores —consumen nematodos y colémbolos), colémbolos (consumen hongos y bacterias).
- Macrofauna: muchas larvas de insectos, ciempiés, caracoles, así como escarabajos depredadores y arañas.
Sus funciones:
1. Regulación de las poblaciones microbianas. Al consumir bacterias y hongos, los consumidores impiden que crezcan sin control y, más importante, estimulan su actividad. Es el llamado efecto de "pastoreo": los consumidores eliminan células viejas, liberando recursos para microorganismos jóvenes y activos (Foth, 1990; Weil & Brady, 2017).
2. Trituración (conminución). La mesofauna y macrofauna mastican físicamente los restos vegetales, aumentando la superficie para el ataque de las exoenzimas (White, 2006). Este es un paso crítico para acelerar la descomposición.
3. Aceleración del ciclo de nutrientes. Como ya dijimos en la conferencia sobre microfauna, los consumidores excretan formas minerales de nitrógeno y fósforo (amonio, fosfatos) que quedan disponibles para las plantas (Eash et al., 2016).
4. Dispersión. Al moverse por el suelo, los consumidores transportan esporas y células de microorganismos, facilitando su dispersión y colonización de nuevos sustratos (Foth, 1990).
6.3. Ingenieros del ecosistema: Arquitectos del medio
Este grupo lo analizamos en detalle en la conferencia anterior. Son organismos que crean, modifican o mantienen el entorno físico para otras especies. Su actividad cambia radicalmente la estructura del suelo.
¿Quiénes pertenecen a este grupo?
- Macrofauna: lombrices de tierra, termitas, hormigas.
- Raíces de plantas.
- Vertebrados: topos, roedores.
Sus funciones:
1. Creación de bioporos (macroporos).
2. Formación de agregados.
3. Mezcla del perfil del suelo (bioturbación).
4. Creación de microhábitats (nichos).
Los ingenieros son "especies clave" en la mayoría de los ecosistemas edáficos, ya que su presencia o ausencia determina qué otros organismos podrán vivir allí (Weil & Brady, 2017).
6.4. Simbiontes: Socios
Los simbiontes son organismos que establecen relaciones estrechas y mutuamente beneficiosas con otros organismos. No se trata simplemente de "alimentación" o "ingeniería", sino de una fusión fisiológica y a menudo estructural profunda.
¿Quiénes pertenecen a este grupo?
- Hongos micorrízicos (Mycorrhizae). Simbiosis con raíces de plantas superiores. El hongo recibe carbohidratos, y la planta recibe agua y elementos minerales, especialmente fósforo, así como protección contra patógenos (Eash et al., 2016; Weil & Brady, 2017).
- Bacterias fijadoras de nitrógeno. Simbiosis con leguminosas (Rhizobium) y algunas otras especies (actinobacterias Frankia con alisos). Las bacterias reciben carbohidratos, y la planta recibe nitrógeno disponible (Eash et al., 2016; Weil & Brady, 2017).
- Simbiosis con insectos. Termitas y hormigas cortadoras de hojas albergan hongos y bacterias simbióticos en su intestino o en cámaras especiales, que les ayudan a digerir la celulosa (Eash et al., 2016).
Su función:
Los simbiontes amplían las capacidades ecológicas de sus socios. Gracias a las micorrizas, las plantas pueden crecer en suelos pobres; gracias a la fijación de nitrógeno, las leguminosas pueden prescindir de fertilizantes nitrogenados; gracias a los simbiontes, las termitas pueden procesar la madera.
Resumen del capítulo 6
El enfoque funcional nos permite ver que en el suelo no hay organismos "superfluos". Cada uno desempeña un papel insustituible:
- Los descomponedores inician las reacciones químicas, transformando lo muerto en vida.
- Los consumidores regulan y aceleran este proceso, triturando la materia orgánica y controlando las poblaciones microbianas.
- Los ingenieros crean la estructura física —la "arquitectura" del espacio edáfico— en la que son posibles todos los demás procesos.
- Los simbiontes establecen "relaciones de colaboración" que amplían las posibilidades de plantas y animales.
Ahora que tenemos una imagen completa de los grupos funcionales, podemos pasar a la conferencia final y examinar cómo interactúan todos estos grupos en el marco de la red trófica del suelo (Soil Food Web).
7. Red Trófica del Suelo: Cómo funciona todo en conjunto
A lo largo de los capítulos anteriores hemos conocido los distintos grupos de organismos del suelo, desde bacterias hasta lombrices. Hemos estudiado sus funciones e incluso introducido el concepto moderno de ingenieros del ecosistema. Hoy damos el último y más importante paso: reunimos todos estos conocimientos en una imagen unitaria.
En las universidades occidentales modernas, la explicación de la biota del suelo se construye no en torno a grupos aislados, sino en torno al concepto de red trófica del suelo (Soil Food Web) (Weil & Brady, 2017; Eash et al., 2016; White, 2006). No se trata simplemente de una "cadena de quién come a quién". Es un modelo de flujos de energía y nutrientes que muestra cómo los diferentes organismos están interconectados y cómo su actividad conjunta crea un suelo fértil y funcional.
Hoy responderemos a la pregunta principal de todo nuestro módulo: ¿Cómo crean conjuntamente los diferentes grupos de organismos un suelo funcional?
7.1. ¿Qué es la red trófica del suelo?
La red trófica es el conjunto de todas las relaciones alimentarias entre organismos en un ecosistema. A diferencia de una simple cadena trófica (por ejemplo, "hoja → lombriz → topo"), la red trófica muestra que la mayoría de los organismos tienen varias fuentes de alimento y varios enemigos naturales. La red trófica del suelo es una de las más complejas y diversas de la naturaleza (Foth, 1990; Weil & Brady, 2017).
Niveles tróficos principales (según White, 2006; Weil & Brady, 2017):
1. Productores (primer nivel trófico). Son organismos que crean materia orgánica a partir de inorgánica. En el suelo son:
- Raíces de plantas. Son la principal fuente de carbono orgánico en el suelo (¡hasta el 40–70 % de toda la producción en algunos ecosistemas!) (Weil & Brady, 2017).
- Algas y cianobacterias. Fotosintetizan en la superficie del suelo.
- Consumidores primarios (segundo nivel trófico). Son organismos que se alimentan directamente de los productores o de sus restos muertos. Incluyen:
- Saprófagos y detritívoros —se alimentan de materia orgánica muerta (hojarasca, exudados radiculares). Son la mayoría de la mesofauna (ácaros oribátidos, colémbolos), así como la macrofauna (lombrices, termitas) (Foth, 1990; Eash et al., 2016).
- Fitófagos —se alimentan de plantas vivas. Son nematodos herbívoros, larvas de insectos, algunos roedores (Weil & Brady, 2017).
- Microorganismos saprótrofos —hongos y bacterias que descomponen materia orgánica muerta (White, 2006).
- Consumidores secundarios (tercer nivel trófico). Son depredadores y parásitos que se alimentan de consumidores primarios:
- Micrófagos —se alimentan de microorganismos. Son protozoos (consumen bacterias), nematodos bacteriófagos y micófagos, así como algunos ácaros y colémbolos (Eash et al., 2016).
- Zoófagos —depredadores que se alimentan de otros animales. Son nematodos depredadores, ácaros depredadores (Mesostigmata), arañas, carábidos, ciempiés (Foth, 1990; Weil & Brady, 2017).
- Consumidores terciarios (cuarto nivel y superiores). Son grandes depredadores en la cima de la pirámide trófica:
- Vertebrados —topos, musarañas, aves que se alimentan de lombrices, insectos y otros invertebrados (Foth, 1990; White, 2006).
Importante añadido: el bucle microbiano (Microbial Loop).
En la red trófica del suelo existe un mecanismo especial que acelera drásticamente el ciclo de nutrientes. Se denomina bucle microbiano (Eash et al., 2016; Weil & Brady, 2017). Su esencia es que los microorganismos (bacterias, hongos) "capturan" nutrientes de la materia orgánica y luego ellos mismos se convierten en alimento para la microfauna (protozoos, nematodos). Cuando la microfauna consume microbios, excreta el exceso de nitrógeno y fósforo en forma mineral, que queda inmediatamente disponible para las plantas. Así, los nutrientes no se estancan en la biomasa microbiana, sino que "circulan" rápidamente de vuelta a las plantas.
7.2. ¿Cómo funciona en la práctica la red trófica del suelo?
Sigamos el recorrido de una hoja que cae sobre el suelo forestal para ver la red trófica en acción (modelo según Weil & Brady, 2017; White, 2006; Eash et al., 2016):
1. Aporte de materia orgánica. La hoja cae sobre la superficie del suelo.
2. Descomposición primaria (física). La mesofauna (ácaros, colémbolos) desgarra la hoja, convirtiéndola en pequeños fragmentos. Parte de la hoja es arrastrada a las galerías por las lombrices (ingenieros). Los tejidos vegetales se trituran y sus capas protectoras de cera se rompen. Esto es fundamental para las etapas posteriores.
3. Descomposición secundaria (química). Sobre la materia orgánica triturada actúan hongos y bacterias saprótrofos (descomponedores). Secretan exoenzimas y degradan celulosa, hemicelulosa, lignina y proteínas. En el curso de su actividad, consumen parte del carbono y nitrógeno orgánicos, convirtiéndolos en su biomasa (inmovilización).
4. Bucle microbiano. Las bacterias y hongos que se multiplican activamente atraen a protozoos y nematodos bacteriófagos (consumidores primarios y secundarios). Esta microfauna consume activamente la biomasa microbiana y, al procesarla, excreta el exceso de nitrógeno (amonio) y fósforo a la solución del suelo. Ese nitrógeno mineral queda disponible para las raíces de las plantas.
5. Ingeniería. Las lombrices (ingenieros) hacen pasar por su intestino la materia orgánica mezclada y el suelo mineral, creando coprolitos. Estos coprolitos son agregados altamente estructurados en los que las sustancias orgánicas quedan firmemente unidas a las partículas minerales. Parte del carbono en estos agregados se estabiliza y queda protegido de la descomposición rápida (base de la formación de humus).
6. Regulación. Los nematodos depredadores y los ácaros depredadores (consumidores terciarios) se alimentan de bacteriófagos y micófagos, impidiendo que se multipliquen sin control y "devoren" toda la biomasa microbiana. Así se mantiene el equilibrio.
7. Consumidores superiores. Topos, musarañas y otros vertebrados se alimentan de lombrices y grandes insectos, cerrando el ciclo y devolviendo nutrientes al ecosistema a través de sus excrementos.
Como resultado de este complejo proceso, la hoja desaparece; su carbono regresa en parte a la atmósfera como CO₂ (respiración de todos los participantes), la mayor parte del nitrógeno y el fósforo se convierten en formas disponibles para las plantas, y una parte del carbono se fija como humus estable del suelo.
7.3. Principios clave de la red trófica del suelo
El estudio de la red trófica del suelo permite formular varios principios importantes (Weil & Brady, 2017; Eash et al., 2016):
1. Redundancia funcional. En un suelo sano, una misma función (por ejemplo, descomponer celulosa) es realizada por varias especies a la vez. Si una especie desaparece, su función puede ser asumida por otras, lo que hace al sistema resistente al estrés.
2. Interdependencia. Ningún organismo existe de forma aislada. La actividad de los ingenieros crea el entorno para los descomponedores. La actividad de los descomponedores crea alimento para los consumidores. La actividad de los consumidores estimula a los descomponedores. Todo está conectado con todo.
3. Flujo de energía. La energía se mueve a través de la red trófica desde los productores hacia los consumidores y se pierde en forma de calor en cada nivel trófico. Cuanto más larga es la cadena trófica, menos energía llega a su cima. Por ello, la biomasa de los depredadores es siempre menor que la biomasa de sus presas.
4. Ciclo de nutrientes. La red trófica no es solo un flujo de energía, sino un mecanismo de reciclaje de nutrientes. El nitrógeno, el fósforo, el azufre y otros elementos circulan entre formas orgánicas e inorgánicas, pasando a través de los cuerpos de múltiples organismos.
Resumen del capítulo 7 y de todo el módulo
Hemos completado nuestra visión general de la organización biológica del suelo. Resumamos y respondamos a nuestra pregunta clave:
¿Cómo crean conjuntamente los diferentes grupos de organismos un suelo funcional?
1. Los descomponedores (bacterias, arqueas, hongos) inician las reacciones químicas, transformando la materia orgánica muerta en elementos minerales y humus. Son el "motor" de todos los procesos edáficos.
2. Los consumidores (protozoos, nematodos, ácaros, colémbolos) regulan la abundancia de los descomponedores, estimulan su actividad y trituran la materia orgánica, acelerando su descomposición. Son los "reguladores" y "aceleradores".
3. Los ingenieros (lombrices, termitas, hormigas, raíces) crean la estructura física del suelo: poros, galerías, agregados. Construyen la "casa" en la que viven y trabajan todos los demás. Sin ellos, el suelo sería una masa sin estructura.
4. Los simbiontes (hongos micorrízicos, fijadores de nitrógeno) establecen alianzas que amplían las capacidades de las plantas y otros organismos. Hacen que el ecosistema edáfico sea más eficiente y resiliente.
En conjunto, a través de una compleja red de interacciones (la red trófica del suelo), estos grupos de organismos crean lo que llamamos suelo fértil y vivo. Es precisamente esta actividad conjunta y coordinada la que garantiza el ciclo de elementos, la estructura, el régimen hídrico y la resiliencia de todo el ecosistema terrestre.
Comprender la red trófica del suelo es la clave para una agricultura moderna y ecológicamente consciente. En lugar de ver el suelo como un simple sustrato para las plantas, debemos verlo como un sistema vivo y complejo, y nuestra tarea como agrónomos es mantener su salud y diversidad. En eso consiste la esencia de la gestión sostenible de los recursos del suelo.
Referencias
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