Estructura y arquitectura del suelo
Al estudiar el suelo como hábitat de las plantas y como objeto de ingeniería, nos encontramos inevitablemente con la pregunta: ¿por qué dos suelos que tienen casi la misma proporción de arena, limo y arcilla pueden comportarse de manera completamente diferente? Uno puede ser suelto, permitir bien el paso del agua y el aire, y ser fácil de labrar, mientras que el otro puede ser denso, propenso a encostrarse, con mala aireación y alta resistencia a la penetración de las raíces.
La respuesta a esta pregunta clave reside en que la textura del suelo es solo un conjunto estático de materiales de construcción, mientras que la estructura y, de manera más amplia, la arquitectura del suelo es cómo están organizados estos materiales en el espacio y cómo están conectados entre sí. Y es esta organización la que determina la funcionalidad del sistema suelo.
Hoy comenzaremos nuestra conversación pasando de la textura estática a la arquitectura dinámica del suelo, sentando las bases para comprender cómo está organizado el mundo a escala edáfica.
1. De la Textura a la Arquitectura
1.1. La Textura como Característica Fundamental pero Estática
Comencemos por lo más básico. El suelo está compuesto por partículas minerales de diferentes tamaños: arena (2–0,05 mm), limo (0,05–0,002 mm) y arcilla (<0,002 mm) según la clasificación del USDA (Weil & Brady, 2017). Su proporción cuantitativa determina la textura del suelo.
La textura es, en esencia, el pasaporte del suelo, su característica genética. Cambia extremadamente lento, en escalas de tiempo geológicas, y prácticamente no es susceptible de ser modificada por acciones antropogénicas. La textura determina el potencial del suelo: su capacidad para retener agua, su capacidad de intercambio catiónico y su tendencia a la compactación. Por ejemplo, sabemos que los suelos arenosos drenarán bien, pero retendrán mal la humedad y los nutrientes, mientras que los suelos arcillosos, por el contrario, poseerán una alta capacidad de retención de agua, pero una lenta permeabilidad al aire (Weil & Brady, 2017; Shukla, 2023).
Sin embargo, si todo estuviera determinado solo por la textura, todos los suelos arenosos serían iguales, y todos los arcillosos también. Pero en la realidad no es así. Y aquí llegamos al punto más importante.
1.2. Estructura: La Organización de las Partículas en el Espacio
El hecho es que las partículas individuales de arena, limo y arcilla rara vez existen aisladas. Se unen en unidades estructurales más grandes — agregados (o pedos) (Marshall et al., 1996; Eash et al., 2016). Este proceso de unión bajo la acción de factores físicos, químicos y biológicos es la formación de la estructura del suelo.
Definición clave: Estructura del suelo es la disposición (organización) de las partículas sólidas y del espacio poroso asociado (Marshall et al., 1996). La estructura responde a la pregunta de cómo están empaquetadas y agrupadas las partículas que conforman la textura.
En esencia, la estructura es la primera y más importante superestructura sobre la textura. Crea una jerarquía: los agregados grandes están formados por otros más pequeños, estos por otros aún más pequeños, hasta llegar a las partículas elementales. Esta jerarquía está directamente relacionada con la formación de poros de diferentes tamaños y, en consecuencia, con un comportamiento del suelo completamente diferente (Eash et al., 2016; Weil & Brady, 2017).
1.3. Arquitectura del Suelo: Una Visión Moderna
En la ciencia moderna del suelo, el concepto de "estructura" a menudo se amplía al término más abarcador de arquitectura del suelo (Weil & Brady, 2017; Shukla, 2023). La arquitectura no es solo una descripción de la forma de los agregados (granular, prismática, laminar, etc.), sino una representación sistémica de cómo está organizada toda la fase sólida y, lo que es crítico, cómo está organizado el espacio poroso.
La arquitectura del suelo incluye:
1. La organización jerárquica de los agregados (desde microdominios de arcilla hasta macroagregados).
2. Una compleja red de poros de diversos tamaños y formas que atraviesan esta jerarquía.
3. La conectividad y continuidad del espacio poroso.
4. La distribución espacial de todos estos elementos.
Se puede hacer una analogía: si la textura es un conjunto de "ladrillos" de diferentes tamaños (arena, limo, arcilla), entonces la estructura son las paredes hechas con esos ladrillos, unidos por "cemento" (materia orgánica, óxidos de hierro), y la arquitectura es todo el edificio con sus habitaciones (agregados), pasillos y escaleras (poros de diversa conectividad), que puede funcionar como espacio habitable o como almacén (Weil & Brady, 2017).
Así, al pasar de la textura a la arquitectura, pasamos de "qué hay" a "cómo está organizado". Es esta organización la que predetermina la permeabilidad al agua y al aire, la capacidad de retener humedad y nutrientes, su disponibilidad para las plantas, y la resistencia a la erosión y la degradación.
1.4. ¿Por Qué es Esto Importante para la Planta?
Para la planta, no es tan importante la textura en sí misma, sino cómo la arquitectura del suelo proporciona:
- Disponibilidad de agua y aire en la rizosfera (Shukla, 2023).
- Facilidad de penetración y crecimiento de las raíces.
- Estabilidad de las condiciones ante fluctuaciones de humedad (Scheffer et al., 2018).
Precisamente por eso, un suelo con la misma textura pero con diferente arquitectura puede ser o bien un "fértil" chernozem suelto, o bien un "encostrado" solonetz sin estructura.
Conclusión de la sección
Hemos establecido que la textura es una característica fundamental pero estática, mientras que la arquitectura del suelo es un sistema dinámico, jerárquicamente organizado, que determina la funcionalidad del suelo. Hemos pasado de la pregunta "de qué está hecho el suelo" a "cómo está organizado". En la siguiente sección, analizaremos en detalle qué son los agregados del suelo, cómo se forman y qué papel desempeñan en este complejo sistema.
2. ¿Qué son los Agregados?
Hemos establecido que la arquitectura del suelo es la organización de las partículas. El primer y principal elemento de esta organización son los agregados (o pedos). Sin comprender qué es un agregado y cómo está estructurado, es imposible entender ni la estructura ni, mucho menos, el funcionamiento del suelo.
2.1. Definición de Agregado
Definición: Agregado (o pedo) es una unidad estructural del suelo, que representa un conjunto natural (unión) de partículas primarias del suelo (arena, limo, arcilla), mantenidas unidas por diversos agentes aglutinantes (Eash et al., 2016; Weil & Brady, 2017).
Es importante distinguir los agregados de los terrones. Terrones son formaciones antropogénicas que surgen por el impacto mecánico sobre el suelo (por ejemplo, durante el arado o la excavación) y que carecen de una estructura interna natural. Los agregados, en cambio, son productos de la edafogénesis y se separan entre sí a lo largo de planos naturales de debilidad (grietas, canales de raíces) (Weil & Brady, 2017).
Los agregados no son solo una acumulación aleatoria de partículas. Son cuerpos altamente organizados que, a su vez, poseen una compleja estructura interna, siendo los "ladrillos" con los que se construye la arquitectura del suelo (Shukla, 2023).
2.2. Jerarquía de los Agregados: Desde Nanómetros hasta Centímetros
Una de las propiedades clave de los agregados es su organización jerárquica (Tisdall & Oades, 1982). Esto significa que los agregados se construyen a partir de agregados más pequeños, que a su vez se construyen a partir de otros aún más pequeños, hasta llegar a los cristales individuales de arcilla y las moléculas orgánicas (véase Huang, 2012, capítulo 2).
Esta jerarquía se puede representar de la siguiente manera:
1. Nano y microagregados (< 0,25 mm): Son los cimientos de la estructura del suelo. Se forman mediante enlaces fuertes y, por lo general, duraderos:
- Dominios arcillosos (< 2 µm): Pilas elementales de láminas de arcilla unidas por fuerzas electrostáticas (floculación) y/o puentes iónicos (Eash et al., 2016; Scheffer et al., 2018).
- Complejos órgano-minerales: Asociaciones de partículas de arcilla con materia orgánica coloidal (humus) y óxidos de hierro y aluminio. Estos complejos son los elementos más estables y duraderos de la estructura del suelo (Marshall et al., 1996; Weil & Brady, 2017).
2. Microagregados (20–250 µm): Se forman mediante la unión de los dominios arcillosos, los complejos órgano-minerales y las partículas finas de limo. Aquí actúan como agentes aglutinantes los cationes polivalentes (Ca2+, Mg2+), las sustancias húmicas y los polisacáridos microbianos persistentes (véase Huang, 2012, capítulo 2; Ghezzehei, 2012).
3. Macroagregados (> 250 µm): Son esos "terroncitos" y "granos" que vemos en un suelo fértil. Consisten en microagregados unidos entre sí por enlaces más "débiles" y temporales, como:
- Hifas de hongos y pelos radiculares, que envuelven y unen mecánicamente las partículas (Weil & Brady, 2017).
- Sustancias orgánicas lábiles (exopolisacáridos, mucílagos) secretadas por plantas y microorganismos (Shukla, 2023).
- Procesos de contracción-hinchamiento y congelación-descongelación, que "comprimen" las partículas entre sí (Marshall et al., 1996).
Esta jerarquía es extremadamente importante porque los diferentes niveles de agregación responden de manera distinta a las influencias externas. Por ejemplo, los macroagregados se destruyen fácilmente con la labranza, mientras que los microagregados y los complejos órgano-minerales pueden persistir durante siglos (Weil & Brady, 2017).
2.3. Formas y Tamaños de los Agregados
Dependiendo de las condiciones de edafogénesis, los agregados pueden adoptar diversas formas. Los principales tipos de estructura (Eash et al., 2016; Weil & Brady, 2017):
- Granular (migajosa): Agregados de forma aproximadamente esférica, a menudo porosos. Característica de los horizontes superiores bajo pastos perennes y en chernozems. Es una estructura ideal para la agricultura.
- Nuciforme / bloques angulares: Agregados con forma de poliedros de caras relativamente planas. Se encuentra a menudo en la parte media del perfil (horizonte B), indicando procesos de acumulación de arcilla y es un signo de buen drenaje.
- Prismática / columnar: Agregados alargados verticalmente. Se forman en el subsuelo por la influencia de los procesos de contracción e hinchamiento de los minerales arcillosos, especialmente en condiciones de secado estacional. La estructura columnar con cimas redondeadas suele estar asociada a la acumulación de sodio (solonetz).
- Laminar: Agregados aplanados horizontalmente. Puede ser tanto un fenómeno natural (por ejemplo, en algunos podzoles forestales) como resultado de la compactación por maquinaria.
2.4. ¿Por Qué son Buenos los Agregados?
La formación de agregados es un proceso clave para crear un entorno edáfico favorable. La presencia de agregados estables es la condición principal para la formación de un suelo suelto y estructurado. Gracias a la agregación, las partículas del suelo dejan de comportarse como granos de arena individuales o como una masa arcillosa continua, y adquieren propiedades nuevas y extremadamente importantes (Eash et al., 2016).
Son los agregados los que crean esa heterogeneidad interna que permite al suelo retener humedad dentro de los agregados (en los poros finos) y, al mismo tiempo, dejar pasar el exceso de agua y el aire entre los agregados (en los poros gruesos). La destrucción de los agregados, por ejemplo, mediante una labranza intensiva, conduce a la degradación de la estructura, la compactación y el deterioro de todas las propiedades físicas del suelo.
Conclusión de la sección:
Así pues, hemos definido que los agregados no son simplemente "terrones", sino elementos estructurales fundamentales, jerárquicamente organizados, del suelo. Son el primer y más importante paso en la formación de una arquitectura edáfica favorable. Su tamaño, forma y estabilidad determinan cómo funcionará el suelo. En la siguiente sección, subiremos un nivel y consideraremos la arquitectura del suelo como un sistema integrado, en el que los agregados y los poros están indisolublemente unidos.
3. Arquitectura del Suelo: De los Agregados al Sistema
El concepto de "arquitectura del suelo" nos lleva más allá de la simple descripción de los agregados. Si la estructura responde a la pregunta "¿cómo se ven y cómo se disponen los agregados?", la arquitectura es la respuesta a "¿cómo está organizado y funciona todo el sistema en su conjunto?". Es una visión sistémica, donde la atención se centra no tanto en la forma de los elementos individuales, sino en sus interrelaciones y, lo más importante, en la organización del espacio poroso que estos elementos crean.
3.1. El Sistema "Agregado – Poros – Conectividad"
La arquitectura del suelo es, en esencia, un sistema dual compuesto por dos componentes indisolublemente unidos e interpenetrados:
1. La fase sólida (esqueleto): Un sistema jerárquicamente organizado de agregados, que hemos discutido en la sección anterior.
2. El espacio poroso (vacíos): Una red complejísima de espacios entre los agregados, dentro de ellos y entre las partículas primarias individuales.
Idea clave: La arquitectura del suelo no son solo agregados ni solo poros. Es un sistema único "agregado ↔ poro", donde la estructura de la fase sólida determina completamente la estructura del espacio poroso, y viceversa (Marshall et al., 1996; Weil & Brady, 2017). Es precisamente este sistema dual el que constituye el entorno en el que viven las plantas y los microorganismos, y por donde se mueven el agua y el aire (Shukla, 2023).
Imaginemos una esponja. Su armazón sólido (agregados) crea una compleja red de orificios (poros) de diferentes tamaños. Algunos orificios son grandes y están comunicados, por ellos el agua y el aire pasan rápidamente. Otros son pequeños y aislados, y retienen agua. La esponja funciona precisamente como un sistema unitario, y no podemos comprender sus propiedades considerando solo el armazón o solo los poros por separado. Lo mismo ocurre con el suelo.
3.2. Dos Tipos Principales de Poros: Inter e Intraagregados
Nuestra analogía con la esponja nos lleva a la consecuencia más importante de la organización jerárquica de los agregados: la aparición de al menos dos tipos de poros fundamentalmente diferentes (Ghezzehei, 2012; Eash et al., 2016).
1. Poros interagregados (macroporos): Es el espacio entre los agregados. Se forman cuando los agregados individuales (terroncitos) se adosan unos a otros, dejando huecos entre ellos. Estos poros:
- Son mayoritariamente grandes (en comparación con otros tipos de poros).
- Forman una red continua de canales y grietas que atraviesan el suelo.
- Sirven como las principales vías para el movimiento rápido del agua (infiltración, drenaje) y el intercambio de gases (oxígeno hacia el suelo, dióxido de carbono desde el suelo).
- Son hábitats para las raíces de las plantas y los animales grandes del suelo (lombrices, insectos) (Weil & Brady, 2017).
2. Poros intraagregados (microporos): Son los poros dentro de los propios agregados. Se forman por los espacios entre las partículas primarias (arena, limo, arcilla) dentro de la unidad estructural. Estos poros:
- Son mayoritariamente pequeños.
- Pueden estar aislados o débilmente conectados a la red porosa general.
- Sirven como "depósito" para el agua retenida, que no drena por gravedad. Esta agua constituye la base de las reservas de humedad disponibles para las plantas.
- Son hábitats para los microorganismos (bacterias, hongos) (Shukla, 2023).
3.3. Jerarquía de los Poros: Macro, Meso, Micro
Para facilitar la descripción y la comprensión de las funciones, el espacio poroso del suelo se divide convencionalmente en categorías según su tamaño (diámetro equivalente de poro). Los límites entre ellas son arbitrarios, pero reflejan importantes procesos físicos.
Utilizaremos una clasificación que permite relacionar claramente el tamaño de los poros con su función (Eash et al., 2016; Weil & Brady, 2017):
| Categoría de poros | Diámetro equivalente, µm | Principales funciones y características |
|---|---|---|
| Macroporos | > 80 µm (o > 0,08 mm) | Drenaje y aireación. El agua drena libremente por gravedad. Ocupados por aire la mayor parte del tiempo. Facilitan el transporte rápido de agua, gases y sirven de vía para las raíces. |
| Mesoporos | 30 – 80 µm | Transporte capilar y agua disponible. El agua es retenida por fuerzas capilares. Aquí ocurre el movimiento principal del agua en suelo no saturado. Principal reservorio de agua disponible para las plantas. |
| Microporos | 5 – 30 µm | Retención de humedad. El agua es retenida con mucha fuerza. El mayor reservorio de humedad de "reserva", pero su movilidad es limitada. Hábitat principal de las bacterias. |
| Ultramicroporos | < 5 µm (hasta nanómetros) | Retención por adsorción. El agua es retenida por fuerzas moleculares en la superficie de las partículas. Prácticamente no disponible para las plantas. Muchos microorganismos y enzimas no penetran aquí, lo que convierte a estos poros en un "refugio" para la materia orgánica estabilizada (Weil & Brady, 2017). |
Importante: La proporción de estos tipos de poros en el suelo determina sus propiedades hidrofísicas. Por ejemplo, un suelo arenoso está compuesto principalmente por macroporos, lo que da una buena aireación, pero una escasa reserva de humedad. Un suelo arcilloso bien estructurado (con arquitectura tipo chernozem) tiene tanto macroporos (entre agregados) como una extensa red de meso y microporos (dentro de los agregados), lo que asegura tanto el drenaje como una gran reserva de agua disponible. Un suelo arcilloso sin estructura tiene predominantemente microporos, lo que conduce a un mal drenaje y aireación (Eash et al., 2016; Shukla, 2023).
3.4. Organización Espacial
La arquitectura no es solo el tamaño y el tipo de poros, sino también su disposición espacial. En un suelo estructurado vemos una distribución regular y, lo que es crítico, conectada de los poros. Por ejemplo, los grandes canales verticales dejados por raíces o lombrices pueden atravesar horizontes, conectando la superficie con las capas profundas. Esta conectividad vertical de los macroporos es un elemento clave de la arquitectura que determina la velocidad de infiltración y previene la escorrentía superficial (Marshall et al., 1996; Scheffer et al., 2018).
Conclusión: La arquitectura del suelo no es un conjunto estático de agregados y poros, sino un sistema jerárquico, dinámico y complejo. Determina cómo funcionará el suelo: cómo "convive" con el agua y el aire, cómo deja pasar las raíces, cómo almacena y proporciona recursos. Es el sistema que transforma el concepto abstracto de "fertilidad" en condiciones físicas concretas para la vida de la planta.
Conclusión de la sección:
Hemos pasado de la descripción de agregados individuales a la comprensión del suelo como un sistema arquitectónico integral, compuesto por un armazón sólido y un espacio poroso que lo atraviesa. Hemos visto que lo clave aquí es la presencia de al menos dos tipos de poros (inter e intraagregados) que desempeñan funciones diferentes. En la siguiente sección, nos detendremos con más detalle en el elemento más importante de este sistema: la continuidad del espacio poroso y su papel en el movimiento del agua, los gases y las raíces.
4. Tipos de Poros
Los poros en el suelo no son simplemente espacios vacíos. Son un sistema altamente organizado, funcionalmente diferenciado, de canales, cavidades e intersticios que sirven como medio para las raíces y los microorganismos, y como red de transporte para el agua, el aire y las sustancias disueltas (Marshall et al., 1996; Weil & Brady, 2017). Comprender los tipos de poros es la clave para entender cómo el suelo "respira", "bebe" y "alimenta" a las plantas.
El tamaño de los poros es el principal criterio para su clasificación, porque determina directamente la fuerza con la que el agua es retenida en el suelo (fuerzas capilares y de adsorción) y la facilidad con la que las raíces y los microorganismos pueden desplazarse a través de ellos (Eash et al., 2016; Shukla, 2023).
4.1. Clasificación de los Poros por Tamaño y Función
El espacio poroso es un continuo, pero para facilitar su descripción y comprensión lo dividimos convencionalmente en categorías. Existen diferentes clasificaciones, pero utilizaremos la más extendida y fisiológicamente fundamentada, que distingue cuatro grupos principales (Eash et al., 2016; Weil & Brady, 2017; Scheffer et al., 2018):
| Categoría de poros | Diámetro equivalente, µm | Principales funciones y características |
|---|---|---|
| Macroporos | > 80 µm (> 0,08 mm) | Drenaje, aireación, transporte. El agua no es retenida por fuerzas capilares y drena libremente por gravedad. Permiten la entrada rápida de agua (infiltración) y la salida del exceso de humedad. Son las principales vías para el intercambio gaseoso y la penetración de raíces. |
| Mesoporos | 30 – 80 µm | Transporte capilar y agua disponible. El agua es retenida por fuerzas capilares. Aquí ocurre el transporte lento y principal de agua en suelo no saturado. Principal reservorio de agua disponible para las plantas. |
| Microporos | 5 – 30 µm | Retención de humedad. El agua es retenida con mucha fuerza. Es el "fondo de reserva" de humedad. La movilidad del agua es muy baja, pero juega un papel clave en la supervivencia de las plantas en períodos secos. Hábitat principal de las bacterias. |
| Ultramicroporos | < 5 µm (hasta nm) | Retención por adsorción. Poros dentro de los dominios arcillosos y los complejos órgano-minerales. El agua se retiene aquí por fuerzas moleculares (adsorción) y es prácticamente inaccesible para las plantas. Estos poros sirven como "refugio" para la materia orgánica, protegiéndola de la descomposición (Weil & Brady, 2017). |
Importante: Esta clasificación no es un simple ejercicio académico. Permite relacionar el tamaño de los poros con su papel en los procesos edáficos. Por ejemplo, podemos decir que para un buen crecimiento de las plantas, el suelo debe tener un equilibrio: suficientes macroporos para la aireación y el drenaje, y un gran número de meso y microporos para retener la humedad (Shukla, 2023).
4.2. Análisis Detallado de las Categorías de Poros
Examinemos cada categoría con más detalle, especialmente en el contexto de la fisiología vegetal.
Macroporos (> 80 µm)
Son las "autopistas" del suelo. Incluyen:
- Poros entre agregados en suelos estructurados.
- Grietas de contracción que se forman al secarse los suelos arcillosos.
- Bioporos — canales dejados por raíces, lombrices e insectos (Weil & Brady, 2017).
Papel en la fisiología vegetal:
- Suministro de oxígeno: Las raíces de las plantas necesitan oxígeno para la respiración. Los macroporos son la única vía para la entrada rápida de aire atmosférico en la zona radicular (Marshall et al., 1996).
- Drenaje rápido: El exceso de agua, especialmente después de lluvias o riegos, debe salir rápidamente de la zona radicular para no causar asfixia por falta de oxígeno. Los macroporos aseguran esta evacuación rápida.
- Crecimiento de raíces: Las raíces crecen preferentemente por el camino de menor resistencia, es decir, a través de los macroporos (bioporos, grietas). La presencia de una red continua de macroporos es una condición crítica para el desarrollo profundo del sistema radicular (Weil & Brady, 2017).
Mesoporos (30 – 80 µm)
Son el sistema capilar del suelo. El agua en estos poros es retenida por fuerzas de tensión superficial y no drena por gravedad.
Papel en la fisiología vegetal:
- Almacenamiento de agua disponible: Es el principal reservorio de agua que las raíces pueden absorber fácilmente. El agua en los mesoporos es esa "humedad vital" que sostiene a la planta entre lluvias o riegos (Eash et al., 2016).
- Ascenso capilar: El agua puede moverse hacia arriba a través de los mesoporos desde capas más húmedas a otras más secas, por ejemplo, desde horizontes profundos hacia la superficie en períodos secos (Scheffer et al., 2018).
Microporos (5 – 30 µm)
Son los "almacenes" del suelo. El agua se retiene aquí con mucha fuerza, y las raíces pueden extraerla, pero con gran esfuerzo.
Papel en la fisiología vegetal:
- Humedad de reserva: Cuando el agua de los mesoporos se ha agotado, las plantas comienzan a usar la humedad de los microporos. Esto es críticamente importante durante períodos de sequía prolongada (Shukla, 2023).
- Hábitat para microorganismos: Estos poros son lo suficientemente grandes para que vivan bacterias y hongos pequeños, pero lo suficientemente pequeños para estar protegidos del lavado y de los depredadores (Weil & Brady, 2017).
Ultramicroporos (< 5 µm)
Son los "nanorefugios". Su tamaño es comparable al de las moléculas y las películas de agua más finas.
Papel en la fisiología vegetal y la ecología del suelo:
- Agua no disponible: El agua en estos poros está tan fuertemente ligada que no puede ser extraída por las raíces.
- Estabilización de la materia orgánica: Las moléculas orgánicas que entran en estos poros quedan físicamente inaccesibles para los microorganismos y sus enzimas. Así, los ultramicroporos actúan como una "trampa" para el carbono, contribuyendo a su almacenamiento a largo plazo en el suelo (Weil & Brady, 2017).
4.3. Bioporos: Un Tipo Especial de Macroporos
Vale la pena destacar los bioporos como un elemento arquitectónico crucial. Son canales creados por organismos vivos:
- Canales radiculares: Tras la muerte de las raíces, quedan tubos reforzados por exudados orgánicos.
- Galerías de lombrices: Especialmente importantes son las galerías de lombrices de tierra, que atraviesan el suelo, mejorando el drenaje y la aireación hasta profundidades de un metro o más (Weil & Brady, 2017).
- Madrigueras y túneles de insectos.
Los bioporos son macroporos ideales. Son continuos, tienen paredes lisas y a menudo están enriquecidos con materia orgánica. Las plantas utilizan activamente los antiguos canales radiculares y las galerías de lombrices para penetrar rápidamente en profundidad (Eash et al., 2016).
4.4. Resumen Breve de los Tipos de Poros
Así pues, los tipos de poros no son solo una lista de categorías. Son un sistema interconectado donde cada tipo desempeña una función única. Su proporción determina el régimen hídrico-aéreo del suelo. Un suelo con la arquitectura "correcta" es aquel que tiene tanto macroporos (para una infiltración rápida y la respiración) como una red bien desarrollada de meso y microporos (para retener una gran reserva de humedad). La pérdida de macroporos (por ejemplo, por compactación) o la destrucción de los agregados que contienen meso y microporos (por ejemplo, por labranza intensiva) conduce a la degradación de toda la arquitectura y a un fuerte descenso de la fertilidad del suelo.
Conclusión de la sección
Hemos analizado en detalle la clasificación de los poros por tamaño y los hemos relacionado con las funciones que desempeñan en el entorno edáfico. Ahora sabemos que las "autopistas" (macroporos) y los "almacenes" (microporos) son igualmente importantes, pero su trabajo conjunto es imposible sin la conectividad. En la siguiente sección, pasaremos al aspecto quizás más importante de la arquitectura del suelo: la continuidad de los poros, que convierte los canales y cavidades individuales en una única red de transporte funcional.
5. Continuidad de los Poros
A lo largo de toda la lección, hemos hablado de los poros como canales o cavidades individuales. Sin embargo, en el suelo real, los poros no están aislados entre sí. Forman una red compleja, ramificada y, lo que es crítico, continua. Imaginemos que el suelo es una ciudad. Los agregados son los edificios, y los poros son las calles. Si las calles existen pero no están conectadas entre sí, la ciudad estará paralizada. Lo mismo ocurre con el suelo: la presencia de una red continua de poros es una condición clave para su funcionamiento.
Definición: Continuidad de los poros (o conectividad del espacio poroso) es la capacidad de los poros de diferentes tamaños y formas para formar una red única e interconectada a través de la cual pueden moverse el agua, el aire, las sustancias disueltas y las raíces (Marshall et al., 1996; Weil & Brady, 2017).
Es la continuidad la que determina la eficacia con la que el suelo realiza sus funciones de transporte: la rapidez con que el agua penetra en profundidad, lo bien que drena, la intensidad del intercambio gaseoso y la profundidad a la que pueden llegar las raíces.
5.1. Escalas de Continuidad
La continuidad de los poros se manifiesta en diferentes escalas, desde la nanoescala hasta todo el perfil del suelo.
1. Micro y mesoescala (continuidad dentro del agregado): Es la conectividad de los microporos dentro del agregado. Determina la rapidez con que el agua puede moverse dentro del agregado hacia un pelo radicular o la facilidad con que un gas puede difundirse hacia el interior del agregado. Una buena conectividad interna es una condición para que la "reserva" de humedad dentro del agregado esté disponible para la planta (Scheffer et al., 2018; Shukla, 2023).
2. Meso y macroescala (continuidad entre agregados): Es la conectividad de los meso y macroporos que forman el armazón de toda la arquitectura. Esta continuidad es la que proporciona:
- Infiltración rápida del agua desde la superficie hacia el interior del perfil.
- Drenaje eficaz del exceso de humedad.
- Intercambio gaseoso entre la zona radicular y la atmósfera.
- Penetración de las raíces a través del camino de menor resistencia (Marshall et al., 1996; Eash et al., 2016).
5.2. ¿Cómo se Crea la Continuidad?
La continuidad de los poros no surge por casualidad. Es el resultado de la compleja interacción de procesos biológicos, físicos y químicos.
1. Factor biológico (bioporos): Es quizás el mecanismo más importante y eficaz para crear continuidad. Las raíces de las plantas, las lombrices de tierra, los insectos y otros animales del suelo crean canales verticales y horizontales. Estos bioporos:
- Son idealmente continuos: Atraviesan el suelo desde la superficie hasta las capas profundas.
- Son estables: Las paredes de los canales están reforzadas por exudados orgánicos y pueden persistir durante años incluso después de que el organismo que los creó haya desaparecido (Weil & Brady, 2017).
- Sirven como "arterias": El agua y el aire se mueven a través de ellos decenas o cientos de veces más rápido que a través de la matriz del suelo (Marshall et al., 1996).
2. Factor físico (grietas de contracción): En suelos arcillosos, especialmente aquellos con alto contenido de minerales expandibles (esmectitas, vermiculitas), se forman grietas anchas y profundas al secarse. Estas grietas crean una poderosa red de macroporos que aumenta drásticamente la infiltración en período seco. Sin embargo, esta continuidad es temporal: al humedecerse, las grietas se cierran y la conectividad disminuye bruscamente (Scheffer et al., 2018; Eash et al., 2016).
3. Factor de agregación: La propia formación de agregados crea dos tipos de continuidad. La continuidad intraagregado (microporos) proporciona almacenamiento y movimiento lento de la humedad. La continuidad interagregado (macroporos) proporciona una red de "corredores" para el transporte rápido. Es precisamente la combinación de estas dos redes en un mismo sistema lo que garantiza una arquitectura funcional (Weil & Brady, 2017).
5.3. Discontinuidad y sus Consecuencias
Si la continuidad es buena, la discontinuidad es mala. ¿Qué altera la continuidad de los poros?
1. Impacto antropogénico (compactación): El tránsito de maquinaria pesada, especialmente sobre suelo húmedo, destruye los macroporos, comprime los agregados y "sella" las entradas de los bioporos. Esto conduce a la formación de una capa densa que interrumpe bruscamente la continuidad vertical. Como resultado, el agua se encharca en la superficie y las raíces no pueden penetrar en profundidad (Eash et al., 2016; Weil & Brady, 2017).
2. Encostramiento y formación de costra: La destrucción de los agregados en la superficie y el posterior sellado de los poros crean una costra densa. Esta costra es una barrera casi perfecta para la continuidad, bloqueando la entrada de agua y aire al suelo (Eash et al., 2016).
3. Cambios estacionales: En algunos suelos, la continuidad de los macroporos es estacional. Por ejemplo, durante los períodos de heladas o de fuerte encharcamiento, los bioporos pueden bloquearse por hielo o agua, y la conectividad disminuye drásticamente.
5.4. Importancia Práctica de la Continuidad
Comprender la continuidad de los poros es la clave para responder a nuestra pregunta principal: ¿por qué una misma textura da resultados diferentes?
Ejemplo: Tomemos dos suelos arcillosos. En el primero (tipo chernozem), la jerarquía de agregados está bien desarrollada, hay bioporos de lombrices y raíces, y los macroporos entre agregados son continuos. El agua penetra rápidamente en profundidad a través de los macroporos, luego se distribuye lentamente en los meso y microporos. Las raíces crecen fácilmente a través de los canales. El suelo funciona como una "bomba", y la planta recibe tanto agua como aire.
En el segundo (arcilla sin estructura), los agregados están ausentes, los macroporos son muy pequeños o no existen, y la continuidad está alterada. El agua penetra lentamente (baja infiltración), y si penetra, se estanca (mal drenaje). Las raíces se asfixian por la falta de oxígeno y no pueden crecer en profundidad debido a la alta densidad. Este es un ejemplo de funcionalidad completamente diferente con la misma textura.
Conclusión para la producción agrícola: Crear y mantener una red continua de macroporos es la tarea principal de la gestión de la arquitectura del suelo. Las prácticas que favorecen esto (labranza mínima, uso de cultivos de cobertura, aplicación de materia orgánica, conservación de lombrices) son, en esencia, inversiones en la creación de "buenas carreteras" para el agua, el aire y las raíces. Las prácticas que destruyen la continuidad (labranza excesiva, trabajo en suelo húmedo) son la destrucción de la infraestructura edáfica.
Conclusión de la sección
Hemos establecido que la continuidad del espacio poroso es la piedra angular de la física del suelo. Es lo que convierte un conjunto de cavidades dispersas en un sistema de transporte unitario que determina el intercambio de agua, el intercambio gaseoso y la penetración de las raíces. La alteración de la continuidad es, esencialmente, la ruptura de las conexiones entre los diferentes "pisos" de la arquitectura del suelo, lo que lleva a la degradación de todo el sistema. En la siguiente sección, discutiremos otra propiedad crítica de la arquitectura: su estabilidad, es decir, su capacidad para resistir los factores destructivos.
6. Estabilidad de la Estructura
La estabilidad de la estructura (o de los agregados) es la capacidad de los agregados del suelo para mantener su integridad y forma bajo la acción de factores externos destructivos (Eash et al., 2016; Weil & Brady, 2017). Es, en esencia, una medida de la "resistencia" y "durabilidad" de la arquitectura del suelo.
¿Por qué es tan importante? Porque crear una buena estructura es solo la mitad del trabajo. Es mucho más difícil conservarla. Si la arquitectura no es estable, se destruirá por la acción de la lluvia, la labranza o la compactación, y todas sus ventajas (buen drenaje, aireación, disponibilidad de humedad) se perderán.
La estabilidad no es una propiedad única. Se manifiesta de manera diferente según el tipo de carga. Por lo tanto, consideraremos dos categorías principales: estabilidad mecánica (frente a cargas, compresión, abrasión) y estabilidad hídrica (frente a la acción destructiva del agua).
6.1. Estabilidad Mecánica
La estabilidad mecánica es la capacidad de un agregado para resistir la deformación y la destrucción bajo la acción de una fuerza aplicada (presión, cizallamiento, impacto) (Marshall et al., 1996; Scheffer et al., 2018). Esta estabilidad es críticamente importante durante:
- La labranza: Los agregados deben soportar el impacto mecánico de los implementos sin desmoronarse en polvo.
- El tránsito de maquinaria: El suelo debe resistir la compactación y la destrucción bajo las ruedas de los tractores.
- El crecimiento de las raíces: Al crecer, las raíces ejercen presión sobre los agregados; si son demasiado frágiles, las raíces pueden destruirlos, pero si son demasiado resistentes, las raíces no podrán penetrar en ellos.
Factores que afectan la estabilidad mecánica:
1. Agentes aglutinantes: Este es el factor principal. La resistencia de un agregado está determinada por la solidez de los enlaces entre sus partículas. Los enlaces rígidos y fuertes (por ejemplo, la cementación por óxidos de hierro y aluminio en suelos tropicales, o por compuestos de silicio) hacen que los agregados sean muy resistentes a la destrucción mecánica (Eash et al., 2016; Weil & Brady, 2017).
2. Humedad: La humedad es un factor crítico. Los agregados secos (especialmente los arcillosos) pueden ser muy resistentes y duros. Al humedecerse, su resistencia cae bruscamente porque el agua actúa como lubricante y debilita los enlaces entre las partículas (Marshall et al., 1996). Por eso es peligroso trabajar el suelo húmedo: los agregados se destruyen fácilmente y, al secarse, forman terrones densos.
3. Tamaño del agregado: Por lo general, los agregados grandes son menos resistentes a la rotura que los pequeños. Esto se debe a que en un agregado grande hay más tensiones internas y defectos por los que se produce la rotura. Bajo impacto mecánico, los agregados grandes se rompen en otros más pequeños; este es, en esencia, el mecanismo de su fragmentación durante la labranza (Eash et al., 2016).
6.2. Estabilidad Hídrica
La estabilidad hídrica es la capacidad de los agregados para mantener su estructura al entrar en contacto con el agua. Este es quizás el indicador más importante e informativo de la calidad de la estructura del suelo, porque el agua es el factor destructivo más frecuente y agresivo (Weil & Brady, 2017).
La destrucción de los agregados al humedecerse se produce a través de dos mecanismos principales:
1. Desmoronamiento por compresión de aire (slaking): Es el mecanismo más común. Cuando un agregado seco se sumerge rápidamente en agua, el aire atrapado en sus poros no tiene tiempo de salir. La presión de este aire sobre las paredes de los poros puede superar la resistencia del agregado, y este explota desde el interior, fragmentándose en muchas partículas pequeñas (Eash et al., 2016; Weil & Brady, 2017). Este efecto es especialmente fuerte en agregados que se mojan rápida y desigualmente.
2. Dispersión: Es la destrucción a nivel de las partículas de arcilla individuales. Si el suelo tiene mucho sodio (Na+), o si la concentración de sales en el agua del suelo disminuye bruscamente, las partículas de arcilla dejan de atraerse entre sí (flocular) y comienzan a repelerse (dispersarse). El agregado simplemente se "deshace" en agua, convirtiéndose en una solución coloidal que obstruye los poros y forma una costra (Marshall et al., 1996; Scheffer et al., 2018).
Factores que determinan la estabilidad hídrica:
Esta es una pregunta clave. La calidad de la arquitectura del suelo depende directamente de la capacidad de los agregados para "resistir el embate" del agua.
1. Contenido y calidad de la materia orgánica: Es el factor más importante para la mayoría de los suelos templados. La materia orgánica (especialmente el humus, los polisacáridos microbianos y sus productos de descomposición) actúa como un pegamento, uniendo las partículas en agregados resistentes e impermeables al agua. Cuanto mayor sea el contenido de materia orgánica, mayor será la estabilidad hídrica (Eash et al., 2016; Weil & Brady, 2017). La materia orgánica también hace que los agregados sean más hidrófobos (repelentes al agua), ralentizando la penetración del agua y reduciendo así el efecto de desmoronamiento por compresión de aire (Marshall et al., 1996).
2. Composición de los cationes intercambiables: Los cationes divalentes, especialmente el calcio (Ca2+), son potentes agentes de floculación. "Entrecruzan" las partículas de arcilla, haciendo que los agregados sean más estables en agua. Por el contrario, el sodio monovalente (Na+) provoca dispersión y reduce drásticamente la estabilidad hídrica (Eash et al., 2016; Weil & Brady, 2017). Por lo tanto, los suelos salinos o sódicos con alto contenido de sodio son extremadamente inestables.
3. Presencia de óxidos de hierro y aluminio: En suelos muy meteorizados (Ultisoles, Oxisoles), los óxidos de hierro y aluminio desempeñan un papel cementante. Crean enlaces muy fuertes e insolubles en agua, haciendo que los agregados sean extremadamente resistentes al agua, incluso con bajo contenido de materia orgánica (Weil & Brady, 2017).
4. Velocidad de mojado: El mojado lento y capilar permite que el aire salga de los poros y previene el desmoronamiento por compresión de aire. La inundación rápida (por ejemplo, durante una lluvia torrencial) es el factor más agresivo. Por lo tanto, las prácticas agronómicas que ralentizan el mojado de la superficie (acolchado, cobertura vegetal) aumentan la estabilidad hídrica (Eash et al., 2016).
6.3. La Estabilidad como Indicador de la Calidad de la Arquitectura
La estabilidad de la estructura es, en esencia, un indicador integral de la salud de la arquitectura del suelo. Si los agregados se destruyen fácilmente por el agua o la presión, la arquitectura es inestable. Esto desencadena inmediatamente una cadena de consecuencias negativas:
- Compactación y fusión: Los agregados destruidos llenan los poros, el suelo se vuelve denso y sin estructura.
- Reducción de la infiltración: Sin macroporos, el agua no puede infiltrarse rápidamente, lo que provoca escorrentía superficial y erosión.
- Alteración de la aireación: Los poros están llenos de agua o destruidos, las raíces sufren falta de oxígeno.
- Dificultad para el crecimiento de las raíces: Las raíces tienen dificultades para penetrar en una masa densa y sin estructura.
Conclusión: La estabilidad de la estructura no es una propiedad estática, sino una característica dinámica que depende en gran medida del manejo. Las prácticas que aumentan el contenido de materia orgánica y mantienen la actividad biológica (labranza mínima, aplicación de materia orgánica, uso de cultivos de cobertura) aumentan directamente la estabilidad de los agregados. Por el contrario, las prácticas que la destruyen (labranza intensiva, trabajo en suelo húmedo, quema de residuos) conducen a una rápida degradación de la arquitectura del suelo (Eash et al., 2016; Weil & Brady, 2017).
Conclusión de la sección:
Hemos considerado la estabilidad como una propiedad crítica de la arquitectura que determina su durabilidad. Hemos distinguido entre estabilidad mecánica e hídrica, identificado los principales factores (materia orgánica, cationes, óxidos) y los mecanismos de destrucción (desmoronamiento por compresión de aire, dispersión). Este conocimiento es el puente entre la arquitectura teórica y el manejo práctico del suelo. En la sección final, resumiremos todo esto y mostraremos cómo la arquitectura y su estabilidad regulan los procesos físicos clave en el suelo.
7. La Arquitectura como Reguladora de los Procesos Físicos
La arquitectura del suelo no es solo una estructura pasiva en la que ocurren los procesos. Es su regulador activo. Es la arquitectura la que determina cómo, a qué velocidad y en qué volumen se desarrollarán los procesos físicos clave: el movimiento del agua, el intercambio gaseoso, el intercambio de calor y el crecimiento de las raíces.
En esta sección, mostraremos cómo todos los componentes analizados anteriormente (agregados, tipos de poros, continuidad, estabilidad) se integran en un sistema único que gobierna la "vida" del suelo.
7.1. La Arquitectura como Reguladora del Régimen Hídrico
El régimen hídrico del suelo es quizás el ejemplo más claro del papel regulador de la arquitectura.
1. Infiltración (entrada de agua): La velocidad de entrada del agua en el suelo viene determinada por la presencia y continuidad de los macroporos en la superficie y en los horizontes superiores (Marshall et al., 1996). Si existe una red de bioporos, grietas y canales interagregados, el agua penetra rápidamente en profundidad. Si los macroporos están destruidos (compactación, costra), el agua se encharca en la superficie, provocando escorrentía y erosión (Eash et al., 2016; Weil & Brady, 2017).
2. Redistribución de la humedad (dentro del perfil): Una vez que el agua ha entrado en el suelo, la arquitectura comienza a redistribuirla. A través de los macroporos, el agua desciende rápidamente (drenaje). Simultáneamente, las fuerzas capilares succionan el agua de los macroporos hacia los meso y microporos dentro de los agregados, donde se almacena como "reserva" (Shukla, 2023). Este proceso está garantizado por la jerarquía de poros: macroporos para el transporte, meso y microporos para el almacenamiento.
3. Disponibilidad de humedad para las plantas: Es la arquitectura la que determina qué parte de esta agua estará disponible para las raíces. El agua en los mesoporos y en los microporos grandes está en conexión capilar con las raíces y se absorbe fácilmente. El agua en los ultramicroporos está retenida con demasiada fuerza y no está disponible (Weil & Brady, 2017). Así, un suelo bien estructurado con un gran número de mesoporos tiene una alta reserva de humedad "activa", mientras que una arcilla sin estructura o una arena tienen una baja reserva.
4. Ascenso capilar: En períodos secos, el agua puede ascender a través de la red capilar de mesoporos desde capas profundas más húmedas hacia la zona radicular. Esta capacidad depende directamente de la continuidad de los poros capilares (Scheffer et al., 2018).
7.2. La Arquitectura como Reguladora del Intercambio Gaseoso y la Aireación
Para las raíces y la mayoría de los microorganismos del suelo, el acceso al oxígeno y la eliminación del dióxido de carbono son críticos.
1. Difusión de gases: El intercambio gaseoso entre el suelo y la atmósfera se produce principalmente a través de los macroporos. Cuanto mayor sea la proporción de macroporos y mayor su continuidad, más rápido llegará el oxígeno a la zona radicular y más rápido se eliminará el dióxido de carbono producido por la respiración de raíces y microorganismos (Marshall et al., 1996; Weil & Brady, 2017).
2. Aireación y anegamiento: Si los macroporos están llenos de agua (por ejemplo, después de una lluvia intensa), el intercambio gaseoso se ralentiza drásticamente. En un suelo sin estructura con predominio de microporos, el agua desplaza el aire durante mucho tiempo, creando condiciones anaeróbicas perjudiciales para la mayoría de los cultivos (Eash et al., 2016). En un suelo estructurado, el agua drena rápidamente a través de los macroporos y la aireación se restablece mucho antes.
7.3. La Arquitectura como Reguladora del Régimen Térmico
La arquitectura del suelo influye en cómo se calienta y se enfría el suelo, y en cómo se distribuye el calor en el perfil.
1. Capacidad calorífica y conductividad térmica: La humedad, determinada por la arquitectura, afecta directamente a la capacidad calorífica del suelo. El suelo húmedo se calienta más lentamente, pero también se enfría más lentamente. La porosidad y los contactos entre partículas determinan la conductividad térmica: el suelo denso conduce mejor el calor, el suelo suelto, peor (Scheffer et al., 2018).
2. Cambios estacionales y diarios de temperatura: La arquitectura influye en la profundidad a la que penetran las fluctuaciones diarias y estacionales de temperatura. En un suelo suelto y poroso, la temperatura de la capa superior fluctúa mucho, mientras que en un suelo más denso, las fluctuaciones se amortiguan a menor profundidad (Marshall et al., 1996).
3. Consecuencias para las plantas: El régimen térmico es importante para la germinación de las semillas, el crecimiento de las raíces y la actividad microbiológica. Un suelo agregado y húmedo se calienta más lentamente en primavera, pero durante los períodos secos se sobrecalienta más lentamente y protege mejor a las raíces del sobrecalentamiento (Weil & Brady, 2017).
7.4. La Arquitectura como Reguladora del Crecimiento y Desarrollo de las Raíces
Las raíces de las plantas no solo están pasivamente en el suelo, sino que interactúan activamente con su arquitectura.
1. Penetración de las raíces: Las raíces crecen preferentemente a través de los macroporos: grietas, bioporos, espacios entre agregados. Una red continua de macroporos permite a las raíces penetrar fácil y rápidamente en profundidad, explorando un mayor volumen de suelo (Weil & Brady, 2017; Eash et al., 2016).
2. Acceso a los recursos: Una red ramificada de macroporos que atraviesa los agregados permite a las raíces alcanzar la humedad capilar almacenada en el interior de los agregados. Los pelos radiculares penetran en los mesoporos, extrayendo agua y nutrientes.
3. Retroalimentación: El propio crecimiento de las raíces es un poderoso factor de modelado de la arquitectura. Las raíces crean bioporos, liberan sustancias orgánicas que aglutinan los agregados y, de este modo, mejoran la arquitectura para las futuras generaciones de plantas (Marshall et al., 1996; Weil & Brady, 2017).
7.5. La Arquitectura como Reguladora de la Resistencia a la Degradación
Por último, la arquitectura determina la resistencia del suelo a los factores destructivos.
1. Resistencia a la erosión: Un suelo con una estructura bien desarrollada y estable posee una alta permeabilidad al agua y cohesión de los agregados, lo que reduce la escorrentía superficial y el arrastre de partículas. Los agregados estables al agua no son arrastrados por la lluvia (Eash et al., 2016).
2. Resistencia a la compactación: Un suelo agregado y poroso distribuye mejor la carga y se comprime menos bajo el paso de la maquinaria. La estabilidad mecánica de los agregados es un "colchón de seguridad" contra la compactación (Weil & Brady, 2017).
3. Capacidad de recuperación: Un suelo con buena arquitectura, incluso si es perturbado, se recupera más rápidamente gracias a la alta actividad biológica y a la capacidad de autorreparación de los agregados (Shukla, 2023).
Conclusión de la Lección
Hemos recorrido un largo camino desde la textura estática hasta la arquitectura dinámica del suelo y hemos visto cómo esta regula todos los procesos físicos clave.
Conclusión principal:
La textura del suelo es su pasaporte, su característica fundamental. Pero es la arquitectura del suelo la que convierte un conjunto de partículas minerales en un medio vivo y funcional.
La organización jerárquica de los agregados, que crea un sistema de macro, meso y microporos, y su continuidad y estabilidad, aseguran:
- La entrada rápida de agua y su almacenamiento a largo plazo.
- Un intercambio gaseoso intenso y una aireación profunda.
- El libre crecimiento y desarrollo de las raíces.
- La resistencia a la erosión, la compactación y otros procesos de degradación.
Por lo tanto, dos suelos con la misma textura pueden funcionar de manera completamente diferente: uno como una "esponja", creando condiciones óptimas para la vida vegetal; el otro como una "piedra", en la que las plantas se asfixian y mueren de hambre. Comprender la arquitectura nos da la clave para gestionar estos procesos.
Conclusión práctica para el agrónomo:
La gestión de la arquitectura del suelo no es una teoría abstracta, sino acciones concretas:
- Conservar y crear materia orgánica: es el principal "pegamento" y "material de construcción" para los agregados.
- Minimizar el impacto mecánico: menos labores y menos pases sobre suelo húmedo significan menos destrucción de macroporos y agregados.
- Fomentar la actividad biológica: los organismos vivos (lombrices, raíces, hongos) son los mejores "arquitectos" del suelo, que crean y mantienen una red continua de macroporos.
- Utilizar cultivos de cobertura: protegen la superficie, enriquecen el suelo con materia orgánica y raíces que crean bioporos.
Referencias
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