Factores de formación del suelo

Actualizado: 24 Julio 2026 Русский English

1. Concepto de Dokuchaev: El Nacimiento de la Edafología Genética

¿Por qué en colinas vecinas, dentro de una misma zona climática, pueden formarse suelos completamente diferentes? ¿Por qué unos suelos son naturalmente fértiles mientras que otros requieren enormes esfuerzos para su cultivo? Estas preguntas han preocupado a agricultores y naturalistas durante siglos. Sin embargo, la respuesta científica no se encontró hasta finales del siglo XIX. La conferencia que iniciamos está dedicada a los fundamentos de la génesis del suelo: la teoría de los factores de formación del suelo. Analizaremos las interpretaciones clásica y moderna de esta teoría para obtener, finalmente, un sistema coherente de conocimientos que explique la increíble diversidad de la cubierta edáfica de la Tierra.

1.1. Orígenes de la teoría: V.V. Dokuchaev y la "gran ley" de la formación del suelo

Antes de los trabajos del eminente geólogo y edafólogo ruso Vasili Vasílievich Dokuchaev, en la ciencia y la práctica dominaba la visión geológica del suelo como una simple roca suelta (o roca "alterada"), cuyas propiedades estaban determinadas exclusivamente por la composición del estrato subyacente. Las ideas sobre la fertilidad eran dispersas y a menudo se reducían a explicaciones místicas o puramente agroquímicas.

El punto de inflexión se produjo en 1883 con la publicación de la obra clásica de Dokuchaev Chernozem ruso. Al estudiar los chernozems —la principal riqueza de Rusia— Dokuchaev no se limitó a describir su composición química o propiedades físicas. Aplicó un enfoque geográfico integral, comparando las propiedades del suelo con las condiciones en que se forman.

La conclusión principal de Dokuchaev fue revolucionaria: el suelo no es solo una formación geológica, sino un cuerpo histórico-natural independiente, con su propia estructura (perfil), propiedades internas y patrones de distribución. Escribió: El suelo es el resultado directo de la interacción combinada, muy estrecha y secular entre el agua, el aire, la tierra... por un lado, y los organismos vegetales y animales y la edad del país, por el otro (Mukha y otros, 2003, p. 13).

Así, V.V. Dokuchaev fue el primero en la historia de la ciencia en formular el concepto de factores de formación del suelo. Identificó cinco factores clave, cuya acción conjunta determina el tipo, las propiedades y la fertilidad del suelo:

1. Roca madre (formadora del suelo) — la base sobre la cual y a partir de la cual se forma el suelo.

2. Clima — el suministrador de calor y humedad, que determina la velocidad y dirección de todos los procesos biológicos y químicos.

3. Organismos vegetales y animales — los transformadores activos de la masa mineral en suelo.

4. Relieve — el redistribuidor de calor, humedad y material sólido en la superficie.

5. Tiempo — el período durante el cual se desarrolla el suelo.

Dokuchaev subrayó que estos factores no están aislados, sino que actúan en compleja interacción. Su combinación produce un resultado "secular", es decir, se necesitan milenios para la formación de un suelo maduro. No solo enumeró los factores, sino que mostró cómo, por ejemplo, el clima y la vegetación en diferentes zonas naturales de Rusia forman secuencias regulares de suelos, desde los gleysoles de tundra hasta los serozems desérticos. Este fue el nacimiento de la edafología genética, donde el origen y las propiedades del suelo están indisolublemente unidos.

1.2. Por qué el concepto de Dokuchaev es el inicio del enfoque sistémico

El concepto de Dokuchaev resolvió el problema principal: dio una explicación a la diversidad de suelos. La respuesta a la pregunta "¿por qué pueden encontrarse suelos completamente diferentes uno al lado del otro?" se vuelve obvia: porque pueden existir, en proximidad, diferentes combinaciones de factores de formación del suelo.

  • Cambio de roca madre. En la divisoria de aguas aflora un granito denso que da un suelo pedregoso y de escaso espesor, mientras que en una hondonada vecina hay una gruesa capa de aluvión antiguo que ha formado un suelo fértil de llanura de inundación.
  • Cambio de relieve. En la cima de una colina (posición eluvial) y en su pie (posición acumulativa) hay diferentes condiciones de humedad, diferente aporte de materia orgánica y productos de meteorización. Como consecuencia, diferentes tipos de suelo dentro de una misma catena.
  • Cambio de tiempo. Los suelos en una terraza fluvial antigua, con decenas de miles de años de edad, y en la llanura de inundación moderna, cuya edad se cuenta en siglos, diferirán radicalmente en el grado de desarrollo del perfil.

El concepto de Dokuchaev sentó las bases del método comparativo-geográfico en edafología. Se hizo posible: a partir de las propiedades del suelo inferir los factores de su formación (paleoedafología); a partir de la combinación de factores predecir las propiedades del suelo; clasificar los suelos según su génesis (Weil y Brady, 2017, cap. 2).

Resumen clave

El suelo no es una sustancia inerte, sino un "producto" de la interacción de cinco grupos de "constructores": roca madre, clima, organismos, relieve y tiempo. Fue V.V. Dokuchaev quien nos dio este concepto, transformando la edafología de observaciones dispersas en una ciencia fundamental.

2. Ecuación de Jenny: De la descripción cualitativa al modelo cuantitativo

Hemos establecido que V.V. Dokuchaev sentó las bases de la edafología genética al identificar cinco factores principales de formación del suelo. Sin embargo, su concepto seguía siendo, en gran medida, cualitativo y descriptivo. Surgió una pregunta natural: ¿se puede expresar la relación entre el suelo y los factores que lo forman en forma de una función matemática rigurosa? La respuesta la dio el eminente edafólogo estadounidense de origen suizo, Hans Jenny.

2.1. Esencia del enfoque de H. Jenny: formalización de "clorpt"

En su obra fundamental Factors of Soil Formation (1941), H. Jenny hizo un intento audaz de traducir las ideas intuitivas de Dokuchaev al lenguaje de las ciencias exactas. Propuso considerar la formación del suelo como un sistema en el que el suelo (S) o cualquiera de sus propiedades individuales (s) es una función de varias variables independientes: los factores de formación del suelo.

En su forma clásica, la ecuación se escribe:

S (o s) = f (cl, o, r, p, t, …)

Donde:

  • S — el suelo como cuerpo natural integral, y s — una propiedad específica del suelo (p. ej., contenido de humus, espesor del horizonte húmico, pH);
  • f — función, es decir, dependencia regular;
  • cl (climate) — clima;
  • o (organisms) — organismos (biota);
  • r (relief) — relieve (topografía);
  • p (parent material) — roca madre (factor litológico);
  • t (time) — tiempo;
  • — los puntos suspensivos indican que en algunos casos pueden añadirse otros factores, como polvo atmosférico, emisiones volcánicas o influencia humana, si son dominantes (Birkeland, 1984, p. 163; White, 2006, p. 87).

Esta ecuación, conocida como "clorpt" (por las primeras letras de las designaciones latinas de los factores), se convirtió en una especie de "tabla periódica" de la edafología. No afirma que podamos calcular instantáneamente todas las propiedades del suelo con solo conocer cinco números. Afirma otra cosa: el suelo es determinista, es decir, sus propiedades son una consecuencia regular de una combinación específica de factores. Si los factores cambian, el suelo cambia. Si los factores son los mismos, los suelos serán iguales (o al menos muy similares).

2.2. Por qué esta ecuación es la clave para entender la diversidad de suelos

La ecuación de Jenny nos proporciona una poderosa herramienta metodológica para explicar por qué pueden existir suelos completamente diferentes uno al lado del otro. Si observamos diferencias en los suelos, debemos buscar diferencias en uno o varios factores del lado derecho de la ecuación.

Consideremos esto con ejemplos que ya hemos mencionado:

1. Diferentes rocas madre (p): En áreas adyacentes puede haber granito y caliza. La ecuación tomará la forma: S₁ = f (cl, o, r, p₁, t) y S₂ = f (cl, o, r, p₂, t). Dado que p₁ ≠ p₂, entonces S₁ ≠ S₂. Esta es una litosecuencia (White, 2006, p. 88).

2. Diferente tiempo (t): Los suelos en una terraza antigua (t₁) y en una llanura de inundación moderna (t₂) diferirán, incluso si todos los demás factores son iguales: S₁ = f (cl, o, r, p, t₁) y S₂ = f (cl, o, r, p, t₂). Esta es una cronosecuencia (Birkeland, 1984, p. 163).

3. Diferente relieve (r): Sobre la misma roca madre, en el mismo clima, pero en la cima de una colina y en su pie, hay suelos diferentes. Esta es una toposecuencia (o catena) (White, 2006, p. 91).

4. Diferente clima (cl): Los suelos de la taiga y la estepa, formados sobre rocas madre idénticas, diferirán radicalmente. Esta es una climosecuencia (White, 2006, p. 88).

Por lo tanto, la ecuación de Jenny no solo proporciona una fórmula elegante. Dicta una estrategia de investigación: para comprender la génesis del suelo, hay que estudiar todos los factores en ese territorio. Para establecer la influencia de un factor, hay que encontrar sitios donde los demás factores sean lo más constantes posible. Jenny llamó a este enfoque "funcional" (Birkeland, 1984, p. 163).

2.3. Valor práctico y limitaciones de la ecuación

Es importante entender que la ecuación de Jenny no es una fórmula de cálculo en el sentido en que usamos, por ejemplo, la ley de Ohm. No podemos introducir valores numéricos como "temperatura = 15 °C", "precipitación = 600 mm" y obtener como resultado el tipo exacto de suelo. Jenny era muy consciente de ello. El valor principal de la ecuación es heurístico (cognitivo) y organizador (Birkeland, 1984, p. 166; Buol y otros, 2011, p. 90).

Importancia:

  • Visión sistémica: Nos obliga a considerar el suelo como un sistema integral donde todo está interconectado.
  • Base para la clasificación: Los sistemas jerárquicos de clasificación de suelos (como la Soil Taxonomy del USDA o la WRB) se basan en gran medida en horizontes diagnósticos que son consecuencia directa de la acción de estos factores.
  • Predicción: Comprender las dependencias factoriales permite a los edafólogos predecir qué suelos se encontrarán en áreas poco estudiadas, basándose en el análisis de mapas climáticos, geológicos y topográficos.

Limitaciones (por qué la ecuación no se ha resuelto y probablemente nunca se resolverá en su totalidad):

  • Interdependencia de los factores: Los factores no siempre son independientes. Por ejemplo, la composición de la vegetación (o) depende en gran medida del clima (cl) y el relieve (r). Se influyen mutuamente.
  • Evaluación cuantitativa: Algunos factores, especialmente "organismos" y "roca madre", son extremadamente difíciles de describir con uno o varios números (White, 2006, p. 89). ¿Qué son los "organismos"? Composición de especies, biomasa, productividad, profundidad del sistema radicular, composición química de la hojarasca. Todos son parámetros importantes pero difíciles de formalizar.
  • Poligeneticidad: La ecuación supone que los factores son constantes en el tiempo. Pero muchos suelos son poligenéticos, es decir, se formaron en diferentes períodos bajo diferentes condiciones (por ejemplo, bajo bosque en el Pleistoceno y bajo estepa en el Holoceno). En tal caso, ¿cómo tener en cuenta el cambio de factores en el tiempo en una sola función? (Birkeland, 1984, p. 166)
  • No linealidad y efectos umbral: La respuesta del suelo a un cambio en un factor suele ser no lineal. Por ejemplo, un aumento de 100 mm de precipitación en una zona árida puede provocar una reestructuración radical del suelo, mientras que en una zona húmeda apenas se reflejará en sus propiedades (las adiciones modernas se tratarán más adelante).

2.4. Soluciones para el uso práctico: "mantener los factores constantes"

Jenny propuso una forma ingeniosa de sortear el problema de la irresolubilidad de la ecuación general. Propuso resolver no la ecuación general, sino funciones particulares, manteniendo todos los factores excepto uno constantes. Así surgieron las conocidas "-secuencias":

  • Climofunción: s = f (cl)o,r,p,t — estudiar la dependencia de una propiedad del suelo con respecto al clima, cuando la roca madre, el relieve, los organismos y el tiempo son iguales.
  • Biofunción: s = f (o)cl,r,p,t — la influencia de la vegetación.
  • Topofunción: s = f (r)cl,o,p,t — la influencia del relieve.
  • Litofunción: s = f (p)cl,o,r,t — la influencia de la roca madre.
  • Cronofunción: s = f (t)cl,o,r,p — la influencia del tiempo (Birkeland, 1984, p. 163).

Fue este enfoque, y no el intento de resolver toda la ecuación a la vez, el que dio los mayores frutos. Edafólogos de todo el mundo, utilizando el método de "funciones" de Jenny, obtuvieron numerosas relaciones empíricas. Por ejemplo, el trabajo clásico de Jenny y Leonard (1934) mostró cómo, al aumentar la precipitación anual sobre loess, aumentan regularmente el contenido de humus y arcilla, disminuye el pH y aumenta la profundidad de los carbonatos (Scheffer y otros, 2018, p. 347).

En definitiva, la ecuación de Jenny es quizás el compromiso más brillante en edafología. No proporciona una fórmula definitiva, pero proporciona un método que sigue funcionando hoy en día, y un marco conceptual riguroso en el que encaja todo nuestro conocimiento sobre la génesis del suelo.

Resumen clave de la segunda parte:

La ecuación de Jenny traduce el concepto de Dokuchaev al lenguaje de una función matemática: Suelo = f(clima, organismos, relieve, roca madre, tiempo). Aunque esta ecuación no es resoluble directamente, es una poderosa herramienta para sistematizar conocimientos, planificar investigaciones y hacer predicciones. La diversidad de suelos es el resultado regular de la variación de estas cinco variables principales. A continuación, analizaremos cada uno de estos factores por separado, comenzando por el clima.

3. Clima: El motor energético y proveedor de humedad

Pasamos de la ecuación general de formación del suelo al examen detallado de cada uno de sus factores. El primero, y quizás el más influyente, es el clima. ¿Por qué? Porque el clima determina el "presupuesto energético" y el volumen de humedad que ingresan al sistema. Como señaló acertadamente H. Jenny, el clima suele ser el factor dominante a escala global, estableciendo los patrones principales de distribución zonal de los suelos (Scheffer y otros, 2018, p. 346).

En este capítulo analizaremos cómo la temperatura, la precipitación, su estacionalidad y el equilibrio entre humectación y evaporación controlan la velocidad y la dirección de los procesos edafogenéticos. Son las diferencias climáticas las que responden con mayor frecuencia a la pregunta "¿por qué pueden encontrarse suelos completamente diferentes uno al lado del otro?", especialmente si "al lado" significa una transición de una zona natural a otra o un cambio de pisos altitudinales en las montañas.

3.1. El agua como agente principal: precipitación y su efectividad

El agua es la "sangre" de la formación del suelo. Participa en todas las reacciones químicas (hidrólisis, disolución, hidratación), es el medio para el transporte de sustancias y es esencial para la biota. Sin embargo, no toda la precipitación es igualmente efectiva para la formación del suelo. Lo que importa no es tanto la cantidad absoluta de milímetros al año, sino la humedad efectiva — es decir, la parte de la precipitación que se infiltra a través del perfil del suelo, participa en reacciones y elimina los productos de meteorización (Weil y Brady, 2017, cap. 2, Recuadro 2.1; White, 2006, p. 91).

Factores que determinan la efectividad de la precipitación:

1. Cantidad total y régimen de caída. Una precipitación de 600 mm distribuida uniformemente a lo largo del año provocará un mayor lavado que los mismos 600 mm caídos en forma de aguaceros en 2-3 meses (estación seca) (Weil y Brady, 2017, cap. 2, Recuadro 2.1).

2. Temperatura y evaporación (evapotranspiración). En climas cálidos, gran parte de la humedad se pierde por evaporación, y queda poca para la infiltración profunda. Por lo tanto, 600 mm de precipitación en un clima frío pueden crear un régimen de lavado, mientras que en un clima cálido solo uno de no lavado (Foth, 1990, cap. 16, p. 262; Weil y Brady, 2017, cap. 2, Recuadro 2.1). Para evaluar este equilibrio se utiliza el concepto de balance hídrico: la relación entre la precipitación atmosférica y la evapotranspiración potencial (Buol y otros, 2011, p. 108).

3. Relieve y permeabilidad de la roca. En una pendiente pronunciada, el agua escurre sin penetrar en el suelo. En una arcilla densa, la infiltración es mínima. En consecuencia, en diferentes elementos del relieve y sobre diferentes rocas madre, la "precipitación efectiva" será diferente, incluso con la misma cantidad total (Weil y Brady, 2017, cap. 2, Recuadro 2.1).

Según el equilibrio entre la entrada de humedad y su pérdida por evaporación y escorrentía, se distinguen varios tipos de régimen hídrico del suelo (que luego serán la base de las clasificaciones):

  • Régimen de lavado: La precipitación supera significativamente a la evaporación. El agua se infiltra a través de todo el perfil y llega a las aguas subterráneas, eliminando sales solubles y productos de meteorización. Característico de áreas húmedas (taiga, trópicos húmedos). Conduce a la podzolización y lateritización (Scheffer y otros, 2018, p. 346).
  • Régimen no lavado: La precipitación es aproximadamente igual a la evaporación. La humedad humedece el suelo pero no alcanza las aguas subterráneas. En períodos secos es posible el ascenso capilar de soluciones. Característico de estepas y bosque-estepas, favorece la acumulación de humus y carbonatos (calcio) en el perfil (chernozems) (Scheffer y otros, 2018, p. 347).
  • Régimen de exudación: La evaporación supera significativamente a la precipitación. La humedad no solo no se infiltra en profundidad, sino que asciende por capilaridad desde las aguas subterráneas hacia la superficie, se evapora y deja sales. Característico de desiertos y semidesiertos, forma suelos salinos (solonchaks) (Scheffer y otros, 2018, p. 349).

Ejemplos de la influencia de la precipitación en las propiedades del suelo:

Un ejemplo clásico es la transecta a través del loess en EE. UU. Al aumentar la precipitación de oeste a este, aumentan regularmente la profundidad de lavado de carbonatos, el contenido de arcilla y materia orgánica, y el pH disminuye (Foth, 1990, cap. 16, p. 262; Scheffer y otros, 2018, p. 347). Otro ejemplo: en India, a una temperatura media anual de 24 °C, el contenido de humus en el horizonte superior aumenta del 0,4 % con 35 mm de precipitación al 4,5 % con 3200 mm (Scheffer y otros, 2018, p. 348).

3.2. Temperatura: El acelerador de todas las reacciones

Si el agua es la "sangre", la temperatura es el "pulso" de la formación del suelo. La temperatura determina la velocidad de todos los procesos químicos, físicos y, lo que es más importante, biológicos. Esto se basa en la sencilla regla de Van't Hoff: al aumentar la temperatura en 10 °C, la velocidad de las reacciones químicas se multiplica por 2-3 (Buol y otros, 2011, p. 106; Weil y Brady, 2017, cap. 2, p. 77).

Cómo afecta la temperatura a diferentes aspectos de la formación del suelo:

1. Intensidad de la meteorización. En climas cálidos y húmedos, los minerales se descomponen mucho más rápido que en climas fríos y secos. Esto conduce a la formación de gruesas cortezas de meteorización, a la transformación profunda de la roca madre y a la formación de minerales secundarios (caolinita, óxidos de hierro y aluminio) en los trópicos. En las regiones frías, predomina la meteorización física (fracturación por heladas) (Weil y Brady, 2017, cap. 2, p. 75-77).

2. Balance de materia orgánica. La temperatura afecta tanto a la producción de fitomasa (crecimiento más rápido) como a la velocidad de descomposición por microorganismos. En los trópicos cálidos y húmedos, la descomposición es tan rápida que, a pesar de la enorme biomasa, se acumula poco humus en el suelo. En la tundra fría, por el contrario, la descomposición se ralentiza enormemente y la materia orgánica se acumula en forma de gruesos horizontes de turba (Scheffer y otros, 2018, p. 346; Foth, 1990, cap. 16, p. 263).

3. Estacionalidad y congelación. En latitudes templadas, no solo importa la temperatura media anual, sino también su curso estacional. La congelación invernal detiene todos los procesos, y el deshielo primaveral puede causar destrucción física de la estructura (crioturbación) y aumentar la erosión. En los trópicos con régimen isotérmico (pequeñas oscilaciones estacionales), los procesos biológicos se desarrollan continuamente durante todo el año (Buol y otros, 2011, p. 106).

3.3. Interacción de la temperatura y la humedad: zonas climáticas

El efecto más poderoso sobre la formación del suelo no lo ejercen la temperatura o la humedad por separado, sino su acción combinada. La combinación de calor y humedad determina el tipo de bioma (vegetación), la intensidad de la meteorización y el carácter de la migración de sustancias.

  • Clima tropical húmedo (cálido y húmedo): → meteorización química profunda → formación de suelos ferralíticos (Oxisoles, Ferralsoles) con predominio de caolinita y óxidos de hierro/aluminio; pobres en bases.
  • Clima templado continental (verano cálido, invierno frío, precipitaciones moderadas): → formación del proceso césped → acumulación de humus → formación de chernozems y suelos castaños fértiles.
  • Clima frío húmedo (taiga): → meteorización química débil, lavado intenso → formación de suelos podzólicos (Spodosoles) con un horizonte superior ácido y empobrecido.
  • Clima árido (cálido y seco): → predomina la evaporación → acumulación de sales → formación de solonchaks y suelos yesíferos.

Fue este patrón, observado por primera vez por Dokuchaev, el que llevó a la creación de la teoría de las zonas de suelos (Birkeland, 1984, p. 166; White, 2006, p. 92). El cambio de zonas climáticas de norte a sur o de oeste a este conduce inevitablemente al cambio de los tipos zonales de suelos, lo que explica su diversidad global.

3.4. Por qué el clima no es solo un "promedio anual"

Es importante destacar que la formación del suelo no está influida tanto por los promedios climáticos como por los eventos extremos y el régimen. El suelo es un "registro" de procesos a largo plazo, pero los eventos catastróficos raros (por ejemplo, aguaceros en desiertos) o las sequías plurianuales pueden hacer una contribución decisiva. Por lo tanto, al analizar el clima como factor de formación del suelo, hablamos del régimen climático — la secuencia típica y duración de los períodos de humectación, secado, calentamiento y enfriamiento (Buol y otros, 2011, p. 102; Weil y Brady, 2017, cap. 2, Recuadro 2.1).

Resumen clave de la tercera parte:

El clima es el "director principal" de la formación del suelo. Determina cuánta energía y humedad entran en el sistema, fija la velocidad de todos los procesos y crea la base para la división zonal de los suelos. Los dos componentes principales —la precipitación (su régimen y efectividad) y la temperatura (su nivel y estacionalidad)— en su combinación gobiernan:

  • El tipo e intensidad de la meteorización de los minerales.
  • La velocidad de síntesis y descomposición de la materia orgánica.
  • La dirección del movimiento de las sustancias (lavado o acumulación).
  • La formación del régimen hídrico del suelo (lavado, no lavado, exudación).

Por eso el clima suele actuar como el factor más poderoso de diferenciación de suelos a nivel global y regional. A continuación pasaremos al siguiente factor: los organismos, que, utilizando los recursos climáticos, transforman activamente la masa mineral en suelo.

4. Organismos: Transformadores activos de la masa mineral

El clima crea el "fondo energético" y determina el régimen hídrico. Sin embargo, el clima por sí solo no puede transformar la roca madre en suelo fértil. Este proceso es imposible sin la actividad vital de los organismos. Son ellos el agente activo que transforma la masa mineral inerte en un cuerpo bioinerte: el suelo. Como escribió V.R. Williams, el proceso de formación del suelo comienza con el asentamiento de organismos vivos sobre la roca madre (Mukha y otros, 2003, p. 17). Los organismos no son solo un factor, son el "motor" de todos los procesos principales: síntesis y descomposición de materia orgánica, meteorización biogénica, formación de estructura y ciclos de elementos.

4.1. Papel de las plantas superiores: ciclo biológico y formación del perfil

Las plantas verdes son el grupo clave de organismos. Crean la masa orgánica primaria (fitomasa) mediante la fotosíntesis, incorporando al ciclo biológico carbono, nitrógeno, elementos cenizas y energía. El impacto de las plantas en la formación del suelo es multifacético.

Aporte y transformación de la materia orgánica

Las plantas son el principal proveedor de materia orgánica al suelo. Esta llega en dos formas:

  • Hojarasca aérea: hojas, acículas, ramas, tallos. Su cantidad y composición química varían mucho según el tipo de vegetación (bosque, estepa, tundra) (Buol y otros, 2011, p. 119; Mukha y otros, 2003, tabla 1).
  • Restos radiculares y exudados: raíces muertas, exudados radiculares. En el caso de las plantas herbáceas (estepas, prados), la mayor parte de la materia orgánica entra en forma de raíces que penetran en la capa superior del suelo. Esto conduce a una impregnación uniforme del horizonte superior con humus y a la formación de un potente horizonte húmico (chernozems) (Weil y Brady, 2017, cap. 2, p. 73; Foth, 1990, cap. 16, p. 265).

La composición química de la hojarasca determina la dirección de la transformación de la materia orgánica. La hojarasca de coníferas es rica en lignina, taninos y resinas, pero pobre en bases (Ca, Mg) y nitrógeno. Esto favorece la formación de una capa de hojarasca ácida y de descomposición lenta (horizonte O) y el desarrollo del proceso podzólico. Por el contrario, la hojarasca de frondosas y de pastos esteparios es rica en bases y nitrógeno, lo que favorece una descomposición rápida, una reacción neutra y la acumulación de humus en forma de proceso humus-acumulativo (formación de chernozem) (Foth, 1990, cap. 16, p. 264; Weil y Brady, 2017, cap. 2, p. 74).

Meteorización biogénica y ciclo biológico

Las raíces de las plantas y los microorganismos asociados (micorrizas) liberan en la rizosfera ácidos orgánicos, dióxido de carbono y compuestos quelantes. Esto multiplica la meteorización química de los minerales (hidrólisis, complejación), liberando nutrientes (K, Ca, Mg, P, microelementos). Las plantas extraen activamente estos elementos de horizontes profundos y, tras su muerte, los devuelven a las capas superiores con la hojarasca. Este fenómeno se denomina acumulación biológica o "bomba de elementos" (Scheffer y otros, 2018, p. 350). Gracias a ello, los nutrientes más valiosos se concentran en la parte superior del perfil. La vegetación esteparia, gracias a su sistema radicular profundo, crea una potente "bomba de humus" que acumula nutrientes en el horizonte superior, lo que asegura la excepcional fertilidad de los chernozems (Foth, 1990, cap. 16, p. 264).

Influencia en las propiedades físicas y el microclima

  • Las raíces aflojan mecánicamente la roca, crean macroporos, mejorando la aireación y la permeabilidad al agua. Tras la muerte de las raíces, sus canales sirven como vías para el movimiento del agua y el crecimiento de nuevas raíces.
  • La cubierta vegetal protege el suelo de la erosión, amortigua el impacto de las gotas de lluvia, reduce la escorrentía y la evaporación, creando un microclima especial bajo el dosel del bosque o la cubierta herbácea.
  • Los diferentes tipos de vegetación afectan significativamente la temperatura del suelo (sombreado) y la humedad (transpiración), modificando así la acción del factor climático (Buol y otros, 2011, p. 107).

4.2. Papel de los microorganismos: reactor bioquímico del suelo

Los microorganismos son el "frente invisible" de la formación del suelo. En un gramo de suelo fértil pueden haber miles de millones de bacterias, actinomicetos y hongos, además de numerosos protozoos y algas (Weil y Brady, 2017, p. 25). Su importancia es incalculable:

  • Descomposición de la materia orgánica: Los microorganismos son los principales mineralizadores. Descomponen los polímeros orgánicos complejos (celulosa, lignina, proteínas) en compuestos minerales simples (CO2, H2O, NH4+, NO3-, PO4³⁻). Sin este proceso, los nutrientes quedarían encerrados para siempre en los residuos vegetales y el ciclo biológico se detendría.
  • Humificación: Parte de los productos de descomposición no se mineraliza, sino que entra en complejas reacciones de policondensación, formando sustancias húmicas — compuestos de color oscuro, de alto peso molecular, resistentes a una mayor descomposición. Es el humus el que confiere al suelo su propiedad más importante: la fertilidad (capacidad de retener y liberar gradualmente nutrientes, mejorar la estructura, la capacidad de retención de agua) (Weil y Brady, 2017, cap. 1, p. 38; Mukha y otros, 2003, p. 18).
  • Fijación de nitrógeno: Algunos microorganismos (fijadores de nitrógeno de vida libre y simbióticos) son capaces de reducir el nitrógeno molecular atmosférico (N2) a forma amoniacal (NH4+), utilizable por las plantas. Este es un proceso único sin el cual las reservas de nitrógeno combinado en los ecosistemas se agotarían (Scheffer y otros, 2018, cap. 1).
  • Procesos redox: Los microorganismos participan en la transformación del hierro, manganeso y azufre. Pueden crear tanto condiciones reductoras (anaeróbicas) que conducen a la gleyización, como condiciones oxidantes que favorecen la formación de óxidos (Huang y otros, 2012, cap. 30, p. 30-5).

4.3. Papel de los animales: bioturbación y mezcla

Los animales del suelo (zoofauna) —desde lombrices de tierra e insectos hasta roedores— ejercen un poderoso efecto mecánico sobre la masa del suelo. Este proceso se denomina bioturbación.

  • Mezcla y formación de estructura: Lombrices de tierra, termitas, hormigas, topos y ardillas terrestres mueven enormes volúmenes de suelo. Sacan material de horizontes inferiores a la superficie (por ejemplo, termiteros) y, a la inversa, arrastran materia orgánica hacia el interior. Esto provoca la mezcla (homogeneización) del perfil, la destrucción de unos horizontes y la creación de otros, nivelando los procesos de diferenciación (Weil y Brady, 2017, cap. 2, p. 78; Foth, 1990, cap. 16, p. 264).
  • Drenaje y aireación: Las galerías y madrigueras de los animales sirven como macroporos adicionales que mejoran la permeabilidad al agua y el intercambio gaseoso.
  • Formación de agregados: Al pasar por el intestino de las lombrices, las partículas minerales y los restos orgánicos se aglutinan con secreciones mucosas, formando agregados resistentes y estables al agua — coprolitos, que son la base de una valiosa estructura granular o migajosa (Huang y otros, 2012, cap. 30, p. 30-6).

El papel de la bioturbación es especialmente importante en las estepas (chernozems), donde la actividad de los animales excavadores y las lombrices crea un perfil potente, humificado y bien estructurado (Mukha y otros, 2003, p. 26). En los trópicos, las termitas desempeñan un papel similar, pudiendo reelaborar completamente la capa superior del suelo a lo largo de milenios.

4.4. Influencia de la vegetación en la diversidad de suelos: Bosque vs. Estepa

Un ejemplo clásico de cómo los organismos determinan las diferencias entre suelos es la comparación de suelos bajo bosque y bajo vegetación herbácea en condiciones climáticas similares (por ejemplo, en el límite bosque-estepa) (Weil y Brady, 2017, cap. 2, p. 73; Foth, 1990, cap. 16, p. 264; Buol y otros, 2011, p. 121).

  • Bajo bosque: La hojarasca se concentra en la superficie. La descomposición se produce en un medio ácido con participación de hongos. Se forma humus grueso y ácido (mor). Los productos de descomposición (ácidos orgánicos) lavan activamente las bases, el hierro y el aluminio de la parte superior del perfil, formando un horizonte eluvial claro (podzólico) (E). Más abajo, a cierta profundidad, se produce la acumulación de las sustancias lavadas (horizonte iluvial — Bh, Bs o Bt). El perfil está claramente diferenciado.
  • Bajo estepa: La mayor parte de la materia orgánica son raíces que penetran en todo el espesor del horizonte húmico. La descomposición se produce en un medio cercano a la neutralidad, con participación de bacterias. Se forma humus blando y saturado de bases (mull), que impregna la parte superior del perfil, formando un potente horizonte húmico de color oscuro. La diferenciación eluvial-iluvial está ausente; el perfil presenta una transición gradual desde el horizonte húmico hasta la roca madre.

4.5. El ser humano como factor de formación del suelo

Aunque tratamos al ser humano por separado (en las adiciones modernas y en el capítulo sobre suelos antrópicos), es importante destacar que en los últimos milenios se ha convertido en un factor de formación del suelo plenamente establecido (Amundson y Jenny, 1991; Huang y otros, 2012, cap. 38). El ser humano afecta al suelo:

  • Directamente: laboreo, drenaje, riego, aplicación de fertilizantes y enmiendas, terraceo, construcción, creación de sustratos tecnogénicos (Scheffer y otros, 2018, p. 351; Mukha y otros, 2003, p. 24).
  • Indirectamente: cambio de la cubierta vegetal (deforestación, introducción de rotaciones de cultivos), alteración del régimen hídrico, contaminación atmosférica (lluvia ácida).

Como resultado, la actividad humana puede acelerar o ralentizar los procesos naturales y, a veces, conducir a la formación de suelos completamente nuevos (por ejemplo, Agrozems, Urbanozems, Technozems). Es la intervención humana la que explica muchas de las diferencias en los suelos de áreas vecinas que parecen idénticas desde el punto de vista de los cinco factores "clásicos".

Resumen clave de la cuarta parte:

Los organismos son la fuerza activa de la formación del suelo. Transforman la energía solar y el carbono atmosférico en materia orgánica, destruyen y reorganizan los minerales, mezclan y estructuran la masa del suelo. El papel de los organismos es único:

1. Las plantas — definen el "perfil del suelo": determinan el carácter de la acumulación de humus, la acidez, la profundidad de la meteorización biogénica y el tipo de ciclo biológico.

2. Los microorganismos — aseguran el cierre del ciclo, realizando la mineralización, la humificación y la fijación de nitrógeno.

3. Los animales — son los "ingenieros" del suelo, redistribuyendo la materia en el perfil, creando estructura y mejorando el régimen hidrológico.

4. El ser humano — en la época moderna se añade como un factor poderoso capaz de alterar radicalmente o incluso recrear completamente el suelo.

Son las diferencias en la composición y actividad de los organismos (especialmente las comunidades vegetales y la fauna edáfica) las que a menudo explican por qué sobre la misma roca madre y en el mismo clima pueden formarse suelos fundamentalmente diferentes. A continuación pasaremos al factor relieve, que redistribuye la influencia de todos los factores anteriores en el espacio.

5. Relieve: Redistribuidor de calor, humedad y materia

Hemos analizado tres factores que actúan como "proveedores" de energía, materia y biota. Pero, ¿cómo se manifiestan estos factores en un lugar concreto? ¿Por qué en la ladera norte y sur de una misma montaña crecen bosques diferentes y se forman suelos diferentes, incluso si el clima, la roca madre y el tiempo son los mismos? La respuesta está en el relieve. El relieve no es solo una "forma de la superficie", sino un poderoso redistribuidor de calor, humedad, material sólido e incluso de la influencia de los organismos.

En la ecuación factorial de Jenny, el relieve (r) es una variable espacial que modifica la acción de todos los demás factores. Determina cuánta energía solar recibe un lugar, cuánta agua se infiltra en el suelo y cuánta escurre, si el material se acumulará o será erosionado. Por lo tanto, incluso dentro de un área pequeña donde el clima, la roca madre y el tiempo son los mismos, el relieve puede crear suelos completamente diferentes.

5.1. Influencia de la altitud sobre el nivel del mar: zonación vertical

Con el aumento de la altitud absoluta se produce un cambio regular de las condiciones climáticas (principalmente la temperatura y, por lo general, la humedad). Este fenómeno se denomina zonación altitudinal (vertical) (Buol y otros, 2011, p. 112; Scheffer y otros, 2018, p. 348).

Al ascender cada 100 m en las montañas, la temperatura del aire desciende en promedio 0,6 °C (según el gradiente adiabático seco). Simultáneamente, la precipitación suele aumentar (hasta ciertas altitudes). En consecuencia, en las montañas se puede observar un cambio de zonas edáficas análogo al latitudinal, pero comprimido en el espacio a unos pocos kilómetros.

Ejemplo clásico: En las montañas del Cáucaso, desde el pie hasta la cima, sobre la misma roca madre y en condiciones geológicas similares, se suceden regularmente:

  • A 10–500 m de altitud: suelos castaños y chernozems (zona esteparia).
  • A 500–1500 m: suelos grises de bosque (bosque-estepa) → suelos pardos de bosque (Phaeozems, Luvisoles).
  • A 1500–2500 m: suelos césped-podzólicos y Podzoles (taiga de montaña).
  • A > 2500 m: suelos de tundra de montaña (Cryosoles) y suelos esqueléticos primitivos (Scheffer y otros, 2018, p. 348).

Así, el relieve, a través de la altitud, influye indirectamente en el clima y, a través del clima, en el tipo de vegetación y, por tanto, en el carácter de la formación del suelo. Esta es una de las respuestas más claras a la pregunta "¿por qué en las laderas vecinas de una misma montaña puede haber suelos diferentes?".

5.2. Orientación de la ladera: Norte vs. Sur

En las latitudes medias y altas del hemisferio norte, la orientación de la ladera respecto a los puntos cardinales —la exposición— tiene una gran importancia (Buol y otros, 2011, p. 112; Weil y Brady, 2017, cap. 2, p. 81).

Laderas orientadas al sur (insoladas): reciben más radiación solar, se calientan más, la nieve se derrite antes, el suelo se seca con más frecuencia. Como resultado:

  • La vegetación es más xerófita (resistente a la sequía), a menudo dispersa.
  • Se acumula menos materia orgánica.
  • La meteorización química puede ser más intensa debido a las temperaturas más altas (con suficiente humedad), pero los procesos de lavado suelen estar debilitados por el déficit de humedad.
  • Los suelos pueden ser más calcáreos y menos potentes.

Laderas orientadas al norte (de umbría): reciben menos calor, la humedad se evapora menos, el suelo es más húmedo y fresco.

  • La vegetación es más mesófita (tolerante a la sombra, amante de la humedad), a menudo boscosa.
  • La acumulación de materia orgánica y su humificación son más activas.
  • Los procesos de lavado se intensifican, los suelos pueden ser más ácidos y potentes.

Estudio clásico: En Michigan (EE. UU.), en laderas orientadas al sur se formaron suelos con un tono más rojizo y mayor contenido de arcilla en el horizonte B que en las laderas orientadas al norte (sobre las mismas rocas madre y de la misma edad). Mientras tanto, en las laderas norte, la profundidad del horizonte húmico y el espesor total del perfil eran mayores (Scheffer y otros, 2018, p. 348, citando a Cooper, 1960). Esto se explica porque en las laderas sur más cálidas la formación de arcilla era más activa, mientras que en las laderas norte más húmedas el lavado penetraba más profundamente.

En el hemisferio sur, la situación es simétricamente opuesta: las laderas norte son más cálidas y las sur más frescas.

5.3. Pendiente: Erosión y acumulación

El ángulo de inclinación (pendiente) es uno de los parámetros más importantes que determinan la relación entre infiltración y escorrentía superficial, así como la intensidad de la erosión (Weil y Brady, 2017, cap. 2, p. 80; Scheffer y otros, 2018, p. 349).

  • Pendientes pronunciadas: el agua escurre rápidamente sin tiempo para infiltrarse. En consecuencia, la "humedad efectiva" disminuye drásticamente. Además, la escorrentía superficial arrastra el material fino, especialmente la capa superior, la más fértil. Los suelos en pendientes pronunciadas suelen ser jóvenes, de escaso espesor, con perfil poco desarrollado. Predominan los procesos de erosión sobre la edafogénesis. Aquí se encuentran a menudo suelos esqueléticos primitivos (Leptosoles) o variantes esqueléticas (Foth, 1990, cap. 16, p. 266).
  • Pendientes suaves y divisorias de aguas: el agua tiene tiempo de infiltrarse, los procesos de lavado y meteorización se desarrollan plenamente, se forman perfiles maduros (por ejemplo, Luvisoles, Chernozems). La erosión es mínima.
  • Pendientes convexas y cóncavas: las partes convexas (cimas, quiebres) son lugares de intensa erosión; las cóncavas (pies de ladera) son lugares de acumulación del material erosionado (coluvión). Como resultado, al pie se acumula una gruesa capa de suelo redepositado, a menudo humificado y bien humedecido, que puede dar suelos fértiles pero con horizontes enterrados (Huang y otros, 2012, cap. 29, p. 29-14).

5.4. Drenaje y posición en el paisaje: Catena

Como ya mencionamos en el capítulo sobre el clima, el relieve determina el drenaje — la capacidad del suelo para evacuar el exceso de humedad. La posición en el relieve (eluvial, transeluvial, acumulativa) crea secuencias hidrológicas regulares denominadas catenas (White, 2006, p. 99; Weil y Brady, 2017, cap. 2, p. 81; Huang y otros, 2012, cap. 29, p. 29-5).

Ejemplo de catena (Clarion–Nicollet–Webster) en un paisaje glaciar en Iowa, EE. UU.:

  • Cima (Clarion): suelo bien drenado, oxidado, de tonos marrón brillante, con lavado profundo de carbonatos.
  • Media ladera (Nicollet): suelo con drenaje moderado, algo más húmedo que en la cima, con signos de gleyización (color gris, moteados) en la parte inferior del perfil.
  • Pie de ladera y depresión (Webster): suelo con mal drenaje (constantemente húmedo), a menudo con nivel freático cercano, con rasgos pronunciados de gleyización — tonos grisáceos y azulados, formas reducidas de hierro (Huang y otros, 2012, cap. 29, p. 29-5; Foth, 1990, cap. 16, p. 266).

Así, en una misma hondonada, sobre la misma roca madre y en el mismo clima, vemos una sucesión de suelos: desde bien drenados hasta encharcados. Estas diferencias son consecuencia directa de la topografía (relieve).

5.5. Interacción del relieve con otros factores

El relieve no actúa de forma aislada. Modifica todos los demás factores:

  • Con el clima: la altitud y la exposición cambian la temperatura y la humedad.
  • Con la roca madre: en pendientes pronunciadas afloran horizontes profundos de la roca; en las suaves se acumulan gruesas capas de coluvión o aluvión.
  • Con los organismos: las pendientes pronunciadas suelen carecer de suelo y vegetación, mientras que los pies de ladera acumulan materia orgánica y crean focos de vegetación más exuberante (efecto oasis).
  • Con el tiempo: en las divisorias estables, los suelos pueden desarrollarse durante millones de años, mientras que en laderas activamente erosionadas se "rejuvenecen" constantemente sin alcanzar la madurez.

Resumen clave de la quinta parte:

El relieve es el "arquitecto" de la cubierta edáfica, que redistribuye espacialmente la acción del clima, el agua, los organismos e incluso el material. Crea diversidad de suelos dentro de un mismo territorio porque:

1. Altitud → cambia el clima → desplazamientos zonales en montañas.

2. Exposición → redistribuye el calor solar → diferencias en la disponibilidad de calor y humedad en laderas vecinas.

3. Pendiente → regula la escorrentía y la erosión/acumulación → suelos de escaso espesor en laderas pronunciadas y suelos potentes en los pies.

4. Posición en el paisaje → determina el drenaje y el nivel freático → forma catenas regulares (secuencias de suelos desde bien drenados hasta encharcados).

Gracias al relieve, los suelos a una distancia de pocas decenas de metros pueden ser tan diferentes como los que están a miles de kilómetros cuando cambian las zonas climáticas. Esto convierte al relieve en un factor crítico para comprender la mosaicity de la cubierta edáfica. Ahora pasaremos al siguiente factor: la roca madre, que sirve como "material de construcción" del suelo.

6. Roca madre: El fundamento y el código hereditario del suelo

Llegamos al cuarto factor de la ecuación de Jenny: la roca madre (formadora del suelo) (p). Después de que el clima haya creado el "fondo energético", los organismos hayan iniciado las "transformaciones activas" y el relieve haya redistribuido las "condiciones de acción", queda por responder: ¿a partir de qué se construye todo esto? La roca madre es el material de construcción inicial a partir del cual se forma el suelo durante la edafogénesis.

Si el clima es el "viento" y los organismos los "arquitectos", la roca madre es el "cimiento" y el "hormigón" a la vez. Determina el "pasaporte" mineralógico y químico del futuro suelo, su composición granulométrica, muchas propiedades físicas e incluso la velocidad de su evolución posterior. Los suelos formados sobre diferentes rocas madre, incluso en condiciones climáticas y topográficas idénticas, serán diferentes, y esta es otra respuesta importante a la pregunta "¿por qué pueden encontrarse suelos completamente diferentes uno al lado del otro?".

6.1. ¿Qué es la roca madre?

La roca madre es la roca suelta y no cementada que sirve como base mineral para la formación del suelo. Es importante entender que no se trata necesariamente de la roca que subyace en profundidad (roca base). A menudo, el suelo se forma sobre depósitos sedimentarios (coluvión, aluvión, loess, depósitos glaciares) que pueden haber sido transportados desde otros lugares. Las propiedades de estos depósitos pueden diferir mucho de la roca base subyacente (Buol y otros, 2011, p. 91; White, 2006, p. 89).

Idea clave: La roca madre no es solo un "sustrato pasivo". Influye activamente en todas las etapas posteriores de la formación del suelo, especialmente en suelos jóvenes. Con la edad, la influencia de la roca madre se debilita gradualmente, dando paso a la "superposición" de efectos climáticos y biológicos, pero nunca desaparece por completo (Foth, 1990, cap. 16, p. 260; Weil y Brady, 2017, cap. 2, p. 61).

6.2. ¿Cómo influye la roca madre en las propiedades del suelo?

La influencia de la roca madre es multifacética y se manifiesta en varios niveles.

Composición mineralógica (lo que tenemos "a la entrada")

Los minerales de la roca se dividen en primarios (cuarzo, feldespatos, micas, anfíboles) y secundarios (minerales arcillosos, carbonatos, óxidos de hierro/aluminio), que pueden haber sido transportados con el sedimento o heredados de un ciclo de meteorización anterior (Buol y otros, 2011, p. 91).

  • Presencia de carbonatos (CaCO3): las rocas carbonatadas (calizas, margas, morenas carbonatadas, loess) contienen calcio. Esto ralentiza enormemente los procesos de acidificación (amortigua la acidez), mantiene una alta saturación de bases y favorece la formación de suelos neutros o ligeramente alcalinos. Por ejemplo, sobre loess se forman Chernozems, y sobre calizas, Rendzinas (Buol y otros, 2011, p. 95; Foth, 1990, cap. 16, p. 260).
  • Presencia de minerales silicatados: granito, gneis, basalto — todos ricos en silicatos. La velocidad de su meteorización determina con qué rapidez y qué nutrientes se liberarán. El cuarzo es muy estable y actúa como "relleno inerte". Los feldespatos (potásicos, sódicos, cálcicos) son una fuente importante de bases. Las micas (biotita, moscovita) son fuente de potasio y hierro.
  • Contenido de hierro y magnesio: las rocas ricas en minerales ferromagnesianos (basalto, gabro) al meteorizarse producen muchos óxidos de hierro y, en consecuencia, los suelos suelen tener tonos rojos o marrones y se caracterizan por una mayor fertilidad (Buol y otros, 2011, p. 92; White, 2006, p. 88).

Composición granulométrica (textura)

El tamaño de las partículas que componen la roca (arena, arena franca, franco, arcilla) determina:

  • Permeabilidad al agua y capacidad de retención de agua: las rocas arenosas transmiten rápidamente el agua pero la retienen mal; las arcillosas, por el contrario, absorben lentamente pero la almacenan bien.
  • Capacidad de absorción (capacidad de retener nutrientes): las partículas arcillosas tienen una gran superficie específica, por lo que estos suelos son más fértiles (si no están encharcados).
  • Formación de estructura: los francos y arcillas enriquecidos con materia orgánica forman agregados; las arenas son mayoritariamente sueltas (Foth, 1990, cap. 16, p. 259; White, 2006, p. 91).

Composición química y régimen de nutrientes

La roca rica en minerales fácilmente meteorizables (por ejemplo, rocas ígneas básicas) suministra a las plantas más potasio, calcio, magnesio, fósforo y microelementos. Las arenas cuarcíferas pobres en feldespatos dan suelos de baja fertilidad y pobres en bases, incluso en climas favorables (Buol y otros, 2011, p. 93; Weil y Brady, 2017, cap. 2, p. 65).

6.3. Estabilidad de los minerales frente a la meteorización (Serie de Goldich)

No todos los minerales se descomponen a la misma velocidad. Cuanto más fuerte es la red cristalina, más tiempo persiste el mineral en el suelo. Esto se ilustra con la famosa serie de estabilidad de Goldich, que (en orden inverso, de menos a más estable) es la siguiente:

  • Menos estables: olivino, plagioclasa cálcica (anortita), augita, hornblenda, plagioclasa sódica (albita).
  • Intermedios: biotita, feldespato potásico (ortoclasa, microclina), moscovita.
  • Más estables: cuarzo (White, 2006, p. 88-89; Weil y Brady, 2017, cap. 2, Tabla 2.2).

¿Qué significa esto en la práctica?

En las primeras etapas de la meteorización (en suelos jóvenes), encontramos una mezcla de todos estos minerales. Pero con el tiempo (en suelos viejos y maduros), todos los minerales "débiles" se habrán descompuesto, quedando solo los más estables: cuarzo, óxidos de hierro y aluminio, y algunas arcillas secundarias (caolinita). Por eso, los suelos arenosos en paisajes tropicales antiguos están compuestos casi exclusivamente de cuarzo (Weil y Brady, 2017, cap. 2, p. 65; Buol y otros, 2011, p. 92).

Esta serie también ayuda a entender por qué los suelos formados sobre granitos (ricos en cuarzo estable y feldespatos) meteorizan más lentamente y suelen dar suelos ácidos y de baja fertilidad, a diferencia de los suelos sobre basaltos (ricos en minerales ferromagnesianos inestables), que se meteorizan rápidamente y dan suelos arcillosos fértiles.

6.4. ¿Por qué la influencia de la roca madre es especialmente notable en suelos jóvenes?

En suelos jóvenes (Holoceno, últimos 10-12 mil años), la composición mineralógica y química del suelo está casi totalmente heredada de la roca madre. Las propiedades del suelo dependen directamente de sobre qué se ha formado: loess, morrena, aluvión o eluvión de roca base. Esto convierte a la roca madre en el factor dominante en las primeras etapas de la edafogénesis (Foth, 1990, cap. 16, p. 260; Birkeland, 1984, p. 166).

En suelos viejos (Pleistoceno, cientos de miles de años o más), la acción de otros factores (clima, organismos) "solapa" la señal inicial de la roca madre. Se produce el lavado de bases, la acumulación de minerales secundarios estables, y la roca puede transformarse profundamente. Sin embargo, algunos rasgos "heredados", como la textura general (si es extrema, por ejemplo, arena pura o arcilla pura) o la presencia de minerales resistentes (cuarzo), pueden persistir indefinidamente.

Ejemplo: Los suelos en terrazas antiguas del Amazonas, formados sobre arenas cuarcíferas, siguen siendo extremadamente pobres incluso después de millones de años, a diferencia de los suelos vecinos sobre pizarras arcillosas (Buol y otros, 2011, p. 93). La influencia de la roca madre nunca desaparece por completo: sigue siendo el "esqueleto" y el "factor limitante" para todos los demás procesos.

6.5. Principales tipos de rocas madre (sin excesivos detalles)

Página principal: Base mineral de los suelos

Para una comprensión general, es útil conocer algunos grupos comunes:

  • Rocas ígneas (granito, basalto) → dan suelos ricos en minerales primarios, pero con diferentes velocidades de meteorización.
  • Rocas metamórficas (gneis, pizarra) → los suelos sobre ellas suelen ser similares a los de las ígneas, pero con peculiaridades estructurales.
  • Rocas sedimentarias (caliza, arenisca, pizarra) → las más extendidas en la superficie terrestre (aproximadamente el 75% de la tierra firme). Los suelos sobre ellas dependen en gran medida de las impurezas (partículas arcillosas en la caliza, cemento en la arenisca).
  • Depósitos cuaternarios (loess, morrena, aluvión, coluvión, arenas eólicas) — las principales rocas madre en latitudes templadas. Son los que crean los espesores "sueltos" en los que se produce una intensa edafogénesis. El loess es un material especialmente valioso: es calcáreo, franco (buena combinación de arena, limo y arcilla), permeable y fértil (Mukha y otros, 2003, p. 15; Buol y otros, 2011, p. 98).

Resumen clave de la sexta parte:

La roca madre es el fundamento que establece las "condiciones iniciales" para toda la formación del suelo. Determina:

1. Composición mineralógica: el conjunto de minerales primarios y secundarios, su estabilidad y su capacidad para liberar nutrientes.

2. Composición granulométrica: la textura (arena, franco, arcilla), que controla los regímenes hídrico, aéreo y térmico.

3. Actividad química: presencia de carbonatos, hierro, bases de cambio — todo ello influye en la acidez, la capacidad tampón y la fertilidad potencial.

4. "Atenuación" con la edad: la influencia de la roca madre es máxima en suelos jóvenes y se debilita gradualmente en los viejos, pero nunca desaparece por completo.

Por eso, al analizar cualquier perfil de suelo, siempre empezamos por identificar la roca madre. Y por eso, dos suelos vecinos formados sobre rocas diferentes (por ejemplo, granito y loess), incluso en el mismo clima y relieve, diferirán notablemente. Ahora, tras analizar los cinco factores "clásicos", pasamos al último, el más "misterioso": el tiempo.

7. Tiempo: La cuarta dimensión de la formación del suelo

Llegamos al quinto, y quizás más sutil, factor de la ecuación clásica de Jenny: el tiempo (t). A diferencia del clima, la roca madre o el relieve, el tiempo no es un factor "material". No se puede tocar ni medir directamente en el campo. Sin embargo, es la condición necesaria sin la cual todos los demás factores siguen siendo meras posibilidades. El tiempo es el "escenario" en el que se desarrolla todo el drama de la edafogénesis.

¿Por qué es tan importante el tiempo para entender la diversidad de suelos? Porque dos suelos formados en condiciones climáticas, biológicas, topográficas y litológicas idénticas, pero con edades diferentes, diferirán radicalmente. El tiempo es el "integrador" que acumula los efectos de todos los procesos, y sin tenerlo en cuenta no podemos explicar por qué, sobre la misma roca madre y en el mismo clima, pueden yacer un suelo joven y poco desarrollado y un suelo antiguo y profundamente diferenciado.

7.1. Edad absoluta y relativa del suelo

En edafología se distinguen dos conceptos de edad, y es importante no confundirlos (Mukha y otros, 2003, p. 23; Birkeland, 1984, p. 166).

  • Edad absoluta (calendárica) — el tiempo transcurrido desde el inicio de la formación de un suelo determinado. Se mide en años (o milenios, millones de años) a partir del "punto cero" — el momento en que la superficie quedó expuesta a la edafogénesis (por ejemplo, tras el retroceso de un glaciar, una erupción volcánica, el depósito de aluvión). La edad absoluta se establece mediante métodos geocronológicos: datación por radiocarbono (¹⁴C) de la materia orgánica, luminiscencia ópticamente estimulada (OSL) para granos minerales, datación potasio-argón o uranio-torio (Buol y otros, 2011, p. 136; Foth, 1990, cap. 16, p. 257).
  • Edad relativa — el grado de expresión de las propiedades edáficas y el grado de desarrollo del perfil en comparación con otros suelos. Un suelo joven en términos absolutos puede estar muy desarrollado si se forma en condiciones favorables (por ejemplo, sobre ceniza volcánica en los trópicos). Y viceversa, un suelo antiguo en calendario en un desierto frío y seco puede estar muy poco desarrollado (Scheffer y otros, 2018, p. 352).

Por tanto, la edad relativa es un indicador integral de cuánto ha progresado la edafogénesis, mientras que la edad absoluta es simplemente una fecha calendárica. Para el edafólogo en la práctica, la edad relativa suele ser más importante, ya que está directamente relacionada con la morfología y las propiedades del suelo.

7.2. Velocidad de formación del suelo: ¿Por qué unos procesos son rápidos y otros lentos?

La velocidad a la que se desarrolla el suelo depende de la intensidad de todos los demás factores (clima, biota, roca madre, relieve). En condiciones favorables (cálido, húmedo, roca suelta y rica en bases, relieve suave), la edafogénesis es rápida; en condiciones desfavorables (frío, seco, roca cuarcítica densa, pendiente pronunciada), extremadamente lenta.

Diferentes propiedades y horizontes del suelo se forman a diferentes velocidades, y esta es una idea clave para entender la evolución del suelo (Foth, 1990, cap. 16, p. 255; Weil y Brady, 2017, cap. 2, p. 82).

Rápido (años – décadas):

  • Aparición y acumulación de materia orgánica en el horizonte superior, oscurecimiento del horizonte A (acumulación de humus). Sobre depósitos aluviales frescos o ceniza volcánica, un horizonte A perceptible puede formarse en 10-20 años (Weil y Brady, 2017, cap. 2, p. 82; Scheffer y otros, 2018, p. 352).
  • Formación de un horizonte B poco desarrollado (Bw) con cambios de color y estructura — de 100 a 1000 años.

Medio (cientos – miles de años):

  • Acumulación de carbonatos (CaCO3) en la parte inferior del perfil en condiciones áridas (horizontes cálcicos, Bk) — de varios cientos a varios miles de años.

Lento (miles – decenas de miles de años):

  • Formación de un horizonte B textural (arcilloso) (Bt) con clara acumulación iluvial de arcilla. Para formar un Bt notable se necesitan al menos varios miles de años, y en clima templado, 10-15 mil años (Foth, 1990, cap. 16, p. 255; Birkeland, 1984, p. 168).
  • Cambio significativo en la composición mineralógica, destrucción de minerales primarios y formación de secundarios estables (caolinita, óxidos de hierro) — cientos de miles de años.

Muy lento (millones de años):

  • Formación de profundas cortezas de meteorización (>10-20 m de espesor) y perfiles ferralíticos (Oxisoles) en los trópicos.
  • Lavado completo de todas las bases y de la mayor parte de la sílice.

Ejemplo de cronosecuencias: En terrazas arenosas de un lago de diferentes edades en Michigan (EE. UU.) se mostró:

  • 2250 años: suelo con horizontes A y C (Deer Park).
  • 3000 años: apareció el horizonte Bs (acumulación de sesquióxidos) y el horizonte E (Rubicon).
  • 8000 años: se formó un potente horizonte Bhs con acumulación de humus y óxidos (Kalkaska) (Foth, 1990, cap. 16, p. 254; Weil y Brady, 2017, cap. 2, p. 82).

Este ejemplo muestra claramente cómo, con el tiempo, aparecen secuencialmente nuevos horizontes y el perfil se vuelve cada vez más complejo.

7.3. Interacción del tiempo con otros factores

El tiempo nunca actúa de forma aislada. Siempre interacciona con los demás factores.

  • Clima: En un clima cálido y húmedo, los mismos 10.000 años conducirán a una meteorización y diferenciación del perfil mucho más profundas que en un clima frío o seco. Por ejemplo, en los trópicos, 10.000 años pueden ser suficientes para formar un suelo ferralítico con un potente horizonte laterítico, mientras que en la tundra, solo un Criosol primitivo (Buol y otros, 2011, p. 138).
  • Roca madre: Sobre rocas sueltas y ricas en bases (loess, basalto), el suelo se desarrolla más rápido que sobre rocas densas y pobres (cuarcita, granito). Esto significa que, en el mismo tiempo, sobre diferentes rocas se formarán suelos de diferente edad relativa (Birkeland, 1984, p. 166).
  • Relieve: En pendientes pronunciadas, los procesos de erosión "renuevan" constantemente la superficie, eliminando los productos de meteorización. Por lo tanto, los suelos en las laderas pueden permanecer jóvenes en edad relativa durante muchos milenios, mientras que en las divisorias vecinas, donde la erosión es mínima, alcanzan la madurez (Weil y Brady, 2017, cap. 2, p. 82).

7.4. Suelos viejos y jóvenes: ¿Cuáles son las diferencias?

¿Cómo son los suelos jóvenes y viejos, y por qué rasgos se pueden distinguir en el campo?

Suelos jóvenes (por ejemplo, en llanuras de inundación, morenas de la última glaciación, emisiones volcánicas recientes):

  • Perfil poco diferenciado: suele ser A-C o A-Bw-C (Bw — horizonte poco desarrollado).
  • Ausencia de un horizonte iluvial claro (Bt, Bhs).
  • Colores cercanos al color de la roca madre (ajustado por la acumulación de humus en el horizonte A).
  • Dominio de minerales primarios, pocas arcillas secundarias.
  • Alto contenido de bases (calcio, magnesio, potasio), si la roca madre las contenía.
  • pH alto (a menudo neutro o ligeramente alcalino), si la roca madre es carbonatada (Foth, 1990, cap. 16, p. 260).

Suelos viejos (por ejemplo, en terrazas antiguas, superficies de aplanamiento, paisajes tropicales estables):

  • Perfil potente y claramente diferenciado con horizontes eluviales e iluviales marcados (E-Bt, E-Bhs, o Bw potente con meteorización profunda).
  • Composición mineralógica alterada: predominio de minerales secundarios estables (caolinita, óxidos de Fe y Al), destrucción de los primarios (feldespatos, micas).
  • Lavado profundo de bases: suelo ácido, insaturado, con baja capacidad de intercambio catiónico.
  • A menudo coloración intensa (tonos rojos, amarillos por óxidos de hierro).
  • Presencia de horizontes de acumulación potentes (por ejemplo, horizontes carbonatados en regiones áridas, u horizontes espódicos en regiones húmedas) (Birkeland, 1984, p. 168; Buol y otros, 2011, p. 137).

7.5. ¿Por qué el tiempo no es solo un "número de años"?

En edafología es importante entender que la edad relativa no siempre es directamente proporcional a la edad absoluta. Esto se debe a que la edafogénesis no es un proceso lineal, sino asintótico. Al principio, los cambios son rápidos, luego su velocidad disminuye y el suelo se acerca a un "estado estacionario" en el que la tasa de cambio se vuelve insignificante (Birkeland, 1984, p. 168; White, 2006, p. 100).

Esta ley de "rendimientos decrecientes" se cumple para muchas propiedades: acumulación de materia orgánica, arcilla, carbonatos. Al principio, el crecimiento es exponencial, luego la curva se aplana. Por ejemplo, el contenido de humus en los Chernozems alcanza una meseta en pocos miles de años, mientras que la acumulación de arcilla en el horizonte B puede continuar durante decenas de miles de años, pero cada vez más lentamente.

Dos consecuencias importantes:

1. No linealidad: Dos suelos que difieren en un factor de 2 en edad absoluta (p. ej., 5000 y 10000 años) pueden diferir mucho menos en grado de desarrollo que dos suelos que difieren en un factor de 2 en el período inicial (p. ej., 100 y 200 años).

2. Efectos umbral: En un momento determinado (umbral) puede producirse un cambio brusco en el proceso dominante (por ejemplo, la acumulación de carbonatos da paso a su lavado por cambio climático, o la destrucción de arcillas primarias desencadena la formación de óxidos). Esto hace que la serie temporal sea compleja para una simple extrapolación.

Resumen clave de la séptima parte:

El tiempo es el "integrador" de todos los procesos edafogenéticos. Permite:

1. Acumular materia orgánica y formar el horizonte húmico (años – siglos).

2. Crear la diferenciación textural (horizontes eluvial-iluvial) (miles de años).

3. Cambiar radicalmente la composición mineralógica de la roca (cientos de miles – millones de años).

4. Llevar el suelo a un estado cercano al equilibrio (estado estacionario).

Diferentes propiedades se forman a diferentes velocidades, por lo que suelos de la misma edad pueden tener diferentes grados de desarrollo en diferentes condiciones. Por eso, para explicar la diversidad de suelos que se encuentran en un mismo paisaje, siempre debemos tener en cuenta no solo qué factores actúan, sino también durante cuánto tiempo lo hacen. Las superficies antiguas (por ejemplo, terrazas o divisorias) llevan la impronta de milenios o incluso millones de años de evolución, mientras que las superficies jóvenes reflejan solo la historia reciente.

En la siguiente parte, concluyente de la conferencia, analizaremos las adiciones modernas al modelo factorial — conceptos de catenas, cambios umbral, retroalimentaciones y no linealidad de los procesos edáficos — que hacen que este modelo sea aún más potente y explicativo.

8. Adiciones modernas: Del modelo lineal al sistema complejo

Hemos analizado sucesivamente el modelo factorial clásico de la formación del suelo — desde el concepto de Dokuchaev hasta la formalización cuantitativa de Jenny. Durante muchas décadas, este modelo ha servido y sigue sirviendo como un marco fiable para comprender la génesis del suelo. Sin embargo, el desarrollo de la ciencia, la acumulación de datos empíricos y la aparición de nuevos métodos de investigación han demostrado que la imagen real de la edafogénesis es mucho más compleja que una simple ecuación con cinco variables independientes.

En este capítulo final, examinaremos las adiciones modernas al modelo clásico que permiten responder a preguntas que quedaron fuera de la teoría original: ¿por qué los suelos pueden diferir incluso con los mismos factores? ¿Por qué los cambios en el suelo no se producen de forma gradual sino abrupta? ¿Y cómo comienza el propio suelo a influir en los factores que lo forman? Estas adiciones transforman el modelo estático en uno dinámico, acercándonos a la comprensión del suelo como un sistema complejo autoorganizado.

8.1. Catenas y toposecuencias: Conexión espacial de los suelos

El concepto de catena, introducido por J. Milne en 1935 en África Oriental, fue la primera adición importante al modelo factorial. Una catena es una secuencia regular de suelos que se reemplazan a lo largo de una pendiente desde la divisoria hasta el pie, formados sobre una roca madre uniforme (o una serie de rocas) y en condiciones climáticas idénticas, pero que difieren debido al relieve, el drenaje y los procesos de redistribución (Huang y otros, 2012, cap. 29, p. 29-4; Weil y Brady, 2017, cap. 2, p. 81; White, 2006, p. 99).

Idea clave de la catena: los suelos en el paisaje no están aislados, sino conectados entre sí por flujos de agua, sustancias disueltas y material sólido.

  • Posiciones eluviales (cimas, laderas superiores): Predomina la exportación de material (lavado, erosión). Los suelos aquí suelen ser más ácidos, empobrecidos, con horizontes contrastados.
  • Posiciones de tránsito (laderas medias): El material se mueve sin acumularse.
  • Posiciones acumulativas (pies de ladera, depresiones, llanuras de inundación): Se produce la acumulación de material traído desde arriba (coluvión, aluvión, sales). Los suelos aquí suelen ser más potentes, enriquecidos en materia orgánica o sales, con un perfil menos diferenciado.

Ejemplo de catena (según Milne, para África Oriental):

  • Cima: suelo bien drenado y ácido (Acrisol).
  • Laderas: suelos con signos de erosión y lavado.
  • Pie de ladera: acumulación de material erosionado, suelos más fértiles y húmedos (Luvisol).
  • Fondo del valle: suelo encharcado con rasgos de gleyización (Gleysol) (Huang y otros, 2012, cap. 29, p. 29-4).

Una catena no es solo una "toposecuencia" en términos de Jenny (donde solo cambia el relieve). Es un sistema funcionalmente conectado donde las sustancias extraídas de unos suelos entran en otros. Esto explica por qué los suelos de una ladera no pueden considerarse aisladamente: son partes de una única conjugación paisajístico-geoquímica.

Desarrollo moderno de la idea:

El concepto de catena se amplió al modelo "suelo-paisaje" y a la cuenca hidrográfica (Huggett, 1975). En este modelo, la unidad básica de análisis no es un pedón individual, sino toda una cuenca de primer orden — desde la divisoria hasta el cauce del río — que representa un sistema naturalmente cerrado para el transporte de material (Huang y otros, 2012, cap. 29, p. 29-6). Esto permite modelar cuantitativamente los flujos de carbono, sales y productos de meteorización a escala del paisaje.

8.2. No linealidad de la edafogénesis: Por qué los cambios no siempre son graduales

El modelo clásico suponía cambios más o menos suaves y monótonos de las propiedades del suelo al variar los factores. Sin embargo, la realidad es mucho más compleja: muchos procesos edáficos muestran un comportamiento no lineal, que incluye efectos umbral, retroalimentaciones e histéresis (Birkeland, 1984, p. 166; Huang y otros, 2012, cap. 30, p. 30-24).

Efectos umbral

Un umbral es un punto crítico en el espacio de los factores o en el tiempo, al cruzarlo el carácter del proceso o la dirección del desarrollo del suelo cambia bruscamente (Huang y otros, 2012, cap. 30, p. 30-24; Weil y Brady, 2017, cap. 2, Recuadro 2.1).

Ejemplos:

  • Umbral carbonatado (textural): En suelos sobre rocas carbonatadas, mientras haya calcita en el perfil, el pH se mantiene alrededor de 7-8, y los procesos de lavado de sílice y formación de arcilla están muy retardados. Una vez que todos los carbonatos se han lavado (umbral alcanzado), el pH cae bruscamente y comienza una intensa meteorización ácida de los silicatos, formando caolinita y óxidos de hierro (Buol y otros, 2011, p. 93).
  • Umbral de acumulación de materia orgánica: En algunos suelos, con un determinado nivel de aporte de materia orgánica, puede producirse una transición abrupta de un estado en el que predomina la descomposición a otro en el que predomina la acumulación (por ejemplo, al pasar de condiciones aeróbicas a anaeróbicas).
  • Umbrales hidromórficos: Al alcanzar cierta duración o nivel de encharcamiento, el régimen redox cambia bruscamente, lo que provoca la reducción masiva de hierro y manganeso, la pérdida de su movilidad y la formación de horizontes gleyicos (Huang y otros, 2012, cap. 30, p. 30-21).

Los umbrales hacen que la predicción de suelos sea compleja: un pequeño cambio en un factor (p. ej., +50 mm de precipitación) puede no provocar cambios hasta que se cruce un umbral, tras lo cual el suelo puede reestructurarse radicalmente.

Retroalimentaciones positivas y negativas

La retroalimentación es un proceso en el que un cambio en alguna propiedad del suelo influye en la intensidad de los procesos que crearon esa propiedad. Esto convierte al suelo en un sistema autorregulado (Huang y otros, 2012, cap. 30, p. 30-24; Weil y Brady, 2017, cap. 2, p. 76).

Retroalimentación positiva (acelera el proceso):

  • Ejemplo (acumulación de arcilla): Una vez que comienza a acumularse arcilla iluvial en el horizonte inferior, este horizonte se vuelve menos permeable. La menor permeabilidad provoca un estancamiento más frecuente del agua sobre él. El estancamiento del agua intensifica la meteorización y la formación de arcilla en los horizontes superiores, lo que finalmente produce más arcilla para ser transportada hacia abajo. El proceso se acelera por sí mismo (Huang y otros, 2012, cap. 30, p. 30-16).
  • Ejemplo (desertificación): Destrucción de la cubierta vegetal → aumento de la erosión → empobrecimiento del horizonte superior → muerte de las plantas restantes → mayor erosión (bucle que conduce a la degradación) (Huang y otros, 2012, cap. 38, p. 38-10).

Retroalimentación negativa (frena, estabiliza):

  • Ejemplo (acumulación de materia orgánica): El aumento del contenido de materia orgánica en el suelo mejora su estructura, capacidad de retención de agua y régimen de nutrientes, lo que estimula el crecimiento de las plantas y el aporte de nueva materia orgánica. Sin embargo, también aumenta la actividad microbiana, que comienza a descomponer la materia orgánica más rápidamente. Finalmente, el sistema puede alcanzar un estado estacionario en el que el aporte equilibra la descomposición (Birkeland, 1984, p. 168; White, 2006, p. 100).

Las retroalimentaciones explican por qué los suelos suelen mostrar estados estables (resiliencia), pero al cruzar un umbral pueden cambiar bruscamente a otro estado estable (por ejemplo, de bosque a estepa, o de pradera a desierto).

8.2.3. Heterogeneidad y autoorganización

Las investigaciones modernas muestran que, incluso en condiciones aparentemente idénticas de factores, los suelos pueden presentar una variabilidad espacial significativa que no puede explicarse por la simple variación de uno de los cinco factores (White, 2006, p. 89, Recuadro 5.1). Esto se debe a:

  • Pequeñas diferencias iniciales pero críticas: Las microirregularidades del relieve, los focos locales de actividad biológica (madrigueras, canales radiculares) pueden iniciar cadenas no lineales de procesos que, con el tiempo, conducen a diferencias notables (efecto "mariposa" en la edafogénesis) (Huang y otros, 2012, cap. 30, p. 30-22).
  • Autoorganización: El suelo, como sistema termodinámico abierto, es capaz de formar patrones espaciales estables (por ejemplo, polígonos de tundra, gilgai, franjas en desiertos) que surgen de interacciones internas y no son un reflejo directo de factores externos (Phillips, 1998, citado en White, 2006, p. 89).

8.3. El ser humano como factor pleno: Antropogénesis

Mencionamos al ser humano en el capítulo de organismos, pero en las adiciones modernas merece un tratamiento separado. Hoy en día, la actividad humana no es solo una "perturbación externa", sino un factor de formación del suelo plenamente establecido (Huang y otros, 2012, cap. 38; Weil y Brady, 2017, cap. 2, p. 79).

Escala del impacto: Más de la mitad de la superficie terrestre está de algún modo afectada por la actividad humana (laboreo, pastos, urbanización, deforestación, mejora) (Huang y otros, 2012, cap. 38, p. 38-2; Weil y Brady, 2017, cap. 1, p. 20).

Nuevos factores: El ser humano introduce nuevos impactos en el sistema:

  • Mecánicos: laboreo, terraceo, construcción, compactación.
  • Químicos: aplicación de fertilizantes, enmiendas (cal, yeso), contaminación (metales pesados, contaminantes orgánicos, lluvia ácida, sales por riego).
  • Biológicos: introducción de nuevas especies de plantas y microorganismos, destrucción de la biota natural.
  • Hidrológicos: drenaje, riego, creación de embalses.

Nuevos "suelos": Como resultado de estos impactos, se forman suelos antrópicos (Culturezems, Agrozems, Urbanozems, Technozems), cuyas propiedades difieren radicalmente de las de los análogos naturales (Huang y otros, 2012, cap. 38, p. 38-3; Scheffer y otros, 2018, p. 352).

Metapedogénesis (según Yaalon y Yaron): Término introducido para describir los procesos de formación del suelo bajo influencia humana, que pueden acelerar o ralentizar los procesos naturales, así como crear otros completamente nuevos (Huang y otros, 2012, cap. 38, p. 38-3). Esto amplía el modelo factorial añadiendo un sexto factor: el antrópico (h).

En el mundo moderno, el impacto humano suele eclipsar la influencia de todos los demás factores; por lo tanto, al estudiar cualquier suelo, debemos considerar su historial de uso.

8.4. Modelo unificador: El suelo como sistema autoorganizado

En última instancia, la comprensión moderna de la edafogénesis puede resumirse en varios puntos clave que complementan el modelo clásico:

1. El suelo es un sistema abierto: Intercambia activamente materia y energía con el entorno (atmósfera, hidrosfera, biota). Esto crea las condiciones para la autoorganización y la dinámica no lineal (White, 2006, p. 89).

2. Múltiples estados estables: El suelo puede encontrarse en diferentes estados estables bajo el mismo conjunto de factores externos (por ejemplo, ecosistemas forestales o de pradera sobre la misma roca madre). Las transiciones entre ellos se producen bruscamente, al cruzar un umbral.

3. Organización jerárquica: La formación del suelo puede considerarse en diferentes niveles — desde el molecular hasta el continental. En cada nivel actúan mecanismos y patrones diferentes (White, 2006, Recuadro 5.1, p. 89).

4. Influencia mutua de los factores: Los factores no son independientes. Por ejemplo, el relieve influye en el clima (zonación altitudinal), la vegetación influye en la roca madre (meteorización biogénica) y el ser humano puede alterar el clima (calentamiento global). Esto crea una compleja red de relaciones causales.

5. Memoria del suelo: El suelo "recuerda" condiciones anteriores (por ejemplo, rasgos relicticos de clima húmedo en regiones áridas actuales). Este fenómeno, denominado paleopedogénesis o rasgos relicticos, a menudo confunde la interpretación de los factores modernos (Scheffer y otros, 2018, p. 378; Birkeland, 1984, p. 166).

Resumen final de toda la conferencia:

Hemos recorrido el camino desde la idea simple pero genial de Dokuchaev sobre los cinco factores, pasando por la formalización matemática de Jenny, hasta una visión sistémica moderna de la edafogénesis. En este camino, hemos respondido a la pregunta principal: ¿por qué pueden encontrarse suelos completamente diferentes uno al lado del otro?

Porque:

1. El clima (precipitación, temperatura, estacionalidad) crea diferentes regímenes energéticos y de humedad.

2. Los organismos (tipo de vegetación, composición de la microfauna) transforman la masa mineral y modelan el perfil de manera diferente.

3. El relieve (altitud, exposición, pendiente, posición) redistribuye el calor, la humedad y el material, creando focos locales de acumulación o erosión.

4. La roca madre (composición mineralógica, granulométrica, química) establece las condiciones iniciales — el "material de construcción" del suelo.

5. El tiempo (edad absoluta y relativa) integra los efectos de todos los procesos, permitiendo que el suelo alcance diferentes grados de desarrollo.

6. Los factores modernos (catenas, retroalimentaciones, umbrales, ser humano) complican el cuadro, haciendo del suelo un sistema autoorganizado capaz de cambios no lineales y abruptos.

El suelo no es solo un producto, sino un participante activo en los procesos ecosistémicos, que a la vez refleja la historia de los factores y configura el medio para su propio desarrollo futuro. Comprender esta complejidad es la base para un uso racional de la tierra, la conservación del suelo y la predicción de sus cambios en el contexto de los cambios climáticos y antrópicos globales.

En las próximas conferencias, examinaremos en detalle los procesos edáficos específicos (meteorización, humificación, eluviación, iluviación, etc.), que son las "herramientas" para la implementación de la acción de estos factores y conducen a la formación de diversos perfiles de suelo.

Referencias

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