Fotosíntesis y respiración
1. Introducción: el proceso principal del planeta
Puede sonar a frase grandilocuente, pero es absolutamente exacta: casi toda la vida en la Tierra depende de la fotosíntesis. Cuando hablamos de agricultura, en esencia estamos hablando de gestionar la fotosíntesis. La cosecha de trigo, maíz, patatas – no es sino energía solar transformada. Comprender este proceso es la clave para entender cómo funciona nuestro mundo y cómo podemos influir en la productividad de las plantas.
2. ¿Por qué la fotosíntesis es la base de la vida en la Tierra?
Analicemos qué hace de la fotosíntesis un proceso global que sostiene nuestra civilización.
A. Casi toda la biomasa del planeta es creada por la fotosíntesis
Los únicos organismos capaces de crear sustancias orgánicas complejas a partir de sustancias inorgánicas simples son los fotoautótrofos (Morot‑Gaudry et al., 2012). Utilizan la energía de la luz para sintetizar azúcares a partir de dióxido de carbono y agua. Estos azúcares son el primer material de construcción a partir del cual se forman todas las demás moléculas orgánicas: proteínas, grasas, ácidos nucleicos.
En esencia, el carbono que forma parte de cada célula de nuestro cuerpo, de cada hoja y de cada grano, fue en algún momento un átomo de carbono en una molécula de dióxido de carbono del aire. Es la fotosíntesis la que fija ese carbono atmosférico, transformándolo de una forma inorgánica oxidada (CO₂) en una forma orgánica reducida (carbohidratos) (Connor et al., 2011; Lambers & Oliveira, 2019). Se estima que cada año se fijan en la fotosíntesis unos 120 petagramos de carbono. Esto constituye la base de toda la materia viva del planeta.
B. El oxígeno atmosférico es producto de la fotosíntesis
Todos sabemos que las plantas liberan oxígeno. Esto no es un mero "subproducto", sino un cambio fundamental en la composición de la atmósfera que tuvo lugar hace miles de millones de años.
El oxígeno que respiramos es el resultado de la ruptura (fotooxidación) de la molécula de agua (H₂O) en la fase luminosa de la fotosíntesis. Como demostraron los experimentos clásicos con el isótopo ¹⁸O, la fuente del O₂ liberado es el agua, no el dióxido de carbono (Morot‑Gaudry et al., 2012; Hopkins & Hüner, 2009). Este proceso mantiene la atmósfera aeróbica única que, a su vez, permite la existencia de formas de vida de alta energía, incluidos nosotros.
C. La fotosíntesis es la base de todas las cadenas tróficas
Cualquier alimento que consumimos – ya sea pan, carne, leche o verduras – debe su origen a la fotosíntesis. Veamos esto a través del prisma de las cadenas tróficas (Connor et al., 2011).
- Productores primarios – son las plantas fotótrofas, que crean materia orgánica (biomasa) "de la nada".
- Consumidores primarios (heterótrofos) – son los animales herbívoros, que se alimentan de plantas y obtienen la energía almacenada en sus tejidos.
- Consumidores secundarios – son los depredadores y el ser humano, que se alimentan de herbívoros.
Así, la energía acumulada en los enlaces químicos de las sustancias orgánicas se transfiere a lo largo de la cadena trófica. En cada paso de la transferencia, una parte significativa de la energía se pierde (principalmente en la respiración). Por eso, las cadenas tróficas cortas (por ejemplo, planta → grano → humano) son mucho más eficientes que las largas (planta → hierba → vaca → humano) desde el punto de vista de la producción de alimentos. Esto explica la alta eficiencia energética de las dietas vegetarianas.
D. La base de la agricultura
Como acabamos de señalar, prácticamente cualquier cultivo es luz solar transformada. La productividad de un agroecosistema está determinada, ante todo, por la eficiencia con que las plantas absorben la luz y convierten su energía en energía química de los azúcares (Lambers & Oliveira, 2019; Sadras & Calderini, 2015). En definitiva, el rendimiento es una medida de cuánta energía solar se ha logrado "conservar" en forma de biomasa valiosa.
Comprender este hecho desplaza el enfoque del agrónomo. No manejamos simplemente plantas, sino el flujo de energía. Cada práctica agronómica – desde la elección de la variedad y la densidad de siembra hasta los sistemas de riego y la protección contra enfermedades – debe estar orientada a maximizar la captación de luz y su conversión eficiente en un producto de valor comercial.
Transición a la siguiente parte de la lección
Como vemos, la fotosíntesis es la base fundamental, pero la planta no es un acumulador estático. Es un sistema dinámico en el que ocurren continuamente dos procesos opuestos: acumulación y gasto de energía. Precisamente de esta "dualidad" del metabolismo energético hablaremos en la siguiente parte de nuestra sesión. Revisaremos brevemente cómo funcionan ambos procesos y plantearemos preguntas clave para todo nuestro módulo.
Bien, continuemos. Hemos sentado las bases mostrando que la fotosíntesis es el principal proveedor de energía del planeta. Ahora veamos cómo circula esa energía dentro de la propia planta. Este es el tema de nuestra charla de hoy: el metabolismo energético.
2. Metabolismo energético de la planta: dos caras de una misma moneda
La planta, como cualquier organismo vivo, es un sistema termodinámico abierto. Intercambia continuamente materia y energía con el entorno (Hopkins & Hüner, 2009). La esencia de su metabolismo energético reside en dos procesos opuestos pero indisolublemente unidos:
- Fotosíntesis (anabolismo) – el proceso de creación de materia orgánica con almacenamiento de energía química en ella.
- Respiración (catabolismo) – el proceso de oxidación de la materia orgánica con liberación de la energía almacenada para sostener todas las funciones vitales de la célula.
Es importante comprender de inmediato: las plantas respiran siempre. A diferencia de los animales, son a la vez productoras (crean materia orgánica en la luz) y consumidoras (gastan materia orgánica tanto de día como de noche). La respiración ocurre de forma continua, proporcionando energía para el trabajo de todas las células, incluidas las fotosintéticas (Morot‑Gaudry et al., 2012). Por ello, cuando medimos el intercambio gaseoso de una hoja iluminada, observamos la asimilación neta de CO₂ – la diferencia entre la tasa de fotosíntesis (absorción de CO₂) y la respiración (liberación de CO₂) (Lambers & Oliveira, 2019).
Caractericemos brevemente cada uno de estos dos procesos para apreciar su dirección opuesta.
A. Fotosíntesis – proceso de almacenamiento
La ecuación global de la fotosíntesis la conocemos bien:
Desde el punto de vista bioenergético, es un ejemplo típico de reacción endergónica. El cambio de energía libre (ΔG⁰') para la reducción de una molécula de CO₂ a carbohidrato es positivo y asciende a unos +475 kJ/mol (Morot‑Gaudry et al., 2012). Esto significa que la reacción no puede producirse espontáneamente. Requiere un aporte constante de energía externa. Esa energía externa la suministran los fotones de luz absorbidos por los pigmentos – clorofilas y carotenoides (Hopkins & Hüner, 2009).
Así, la fotosíntesis es el trabajo de "bombear" energía en los enlaces químicos de las moléculas orgánicas. En esencia, transfiere electrones desde un nivel energético bajo (en el agua) a uno alto (en los carbohidratos), convirtiendo la energía solar en energía química.
B. Respiración – proceso de gasto
Un proceso fundamentalmente diferente es la respiración celular. Es la oxidación de sustancias orgánicas (principalmente carbohidratos) hasta CO₂ y H₂O.
La ecuación global de la respiración es la inversa de la fotosíntesis:
A diferencia de la fotosíntesis, la respiración es un proceso exergónico que transcurre espontáneamente, con liberación de energía libre (ΔG < 0). La energía liberada al romperse los enlaces no se disipa en forma de calor, sino que se almacena en la "moneda energética" universal de la célula – las moléculas de adenosín trifosfato (ATP) y coenzimas reducidas (NADH, etc.) (Hopkins & Hüner, 2009). El ATP se utiliza luego para todos los procesos que consumen energía: síntesis de proteínas, transporte activo de iones, crecimiento por elongación celular, y muchos otros.
C. Interrelación y equilibrio
La fotosíntesis y la respiración forman el ciclo energético de la planta. Durante el período de luz, la fotosíntesis suele prevalecer sobre la respiración, y la planta acumula materia seca. Durante la noche, la respiración sigue siendo la única fuente de energía, y la planta consume sus reservas acumuladas (Connor et al., 2011).
Es este equilibrio – la relación entre la producción fotosintética y los costos respiratorios – el que en última instancia determina el rendimiento. Si queremos obtener el máximo rendimiento de grano, tubérculos o frutos, debemos procurar que la mayor parte posible de los productos de la fotosíntesis se destine a formar los órganos que nos interesan, y no se gaste en mantener y hacer crecer partes innecesarias o en la respiración.
Transición a la siguiente parte de la lección
Ahora que hemos esbozado el panorama general, surgen preguntas lógicas. ¿Cómo se convierte exactamente la luz en energía química? ¿Qué mecanismos moleculares subyacen a este proceso? ¿Y cómo se utiliza en la práctica la energía obtenida?
Tendremos que responder a todas estas preguntas a lo largo del estudio del módulo. Y nuestro siguiente paso es formular las preguntas clave que servirán de esqueleto para las próximas lecciones.
Bien, la lógica está establecida. Hemos visto la importancia global de la fotosíntesis y la dirección opuesta de los dos principales procesos energéticos. Ahora es momento de marcar el rumbo de todo el módulo. En lugar de una lista seca de temas, los formularemos como preguntas a las que tendremos que dar respuesta. Esto convertirá el aprendizaje en una investigación apasionante.
3. Preguntas clave del módulo: de la luz a la cosecha
Hemos establecido que la fotosíntesis es el proceso de convertir la energía luminosa en energía química, y la respiración, el proceso de liberarla para las necesidades de la célula. Pero, ¿cómo ocurre exactamente a nivel molecular? ¿Qué mecanismos subyacen a estas asombrosas transformaciones?
Todo nuestro curso posterior estará dedicado a responder de manera secuencial y profunda a estas preguntas. Formulémoslas de modo que nos sirvan de guía en el mundo de la fisiología vegetal.
A. ¿Cómo se convierte la luz en energía química?
Esta es la primera pregunta fundamental. Sabemos que la luz solar es absorbida por los pigmentos – principalmente clorofilas. Pero, ¿qué sucede después? ¿Cómo la energía de un fotón, esa minúscula partícula de luz, desencadena una cascada de reacciones químicas?
Tendremos que entender el funcionamiento de los fotosistemas I y II, que son una especie de "paneles solares" a nivel molecular (Lambers & Oliveira, 2019). Estudiaremos cómo la energía absorbida se transfiere a lo largo de la cadena transportadora de electrones, y cómo ese flujo de electrones se utiliza para generar dos productos clave de la fase luminosa: ATP (energía) y NADPH (poder reductor) (Hopkins & Hüner, 2009). Esta es la energía "bombeada" a las moléculas que se empleará en la siguiente etapa.
B. ¿Cómo se convierte el CO₂ en azúcar?
Con ATP y NADPH disponibles, la planta puede abordar su tarea principal: fijar el carbono inorgánico. Este proceso ocurre en el estroma del cloroplasto en el denominado ciclo de Calvin‑Benson (Lambers & Oliveira, 2019).
En el centro de este ciclo se encuentra la enzima clave: Rubisco (ribulosa‑1,5‑bisfosfato carboxilasa/oxigenasa). Es la proteína más abundante de la Tierra, y realiza un trabajo crítico pero paradójico. Aprenderemos cómo la Rubisco cataliza la adición de CO₂ a una molécula aceptora, y cómo a partir del producto formado se sintetiza finalmente la glucosa (Morot‑Gaudry et al., 2012). Esta es la "fase oscura", aunque en realidad depende en gran medida de los productos de las reacciones luminosas.
C. ¿Por qué la Rubisco es una enzima imperfecta?
Aquí nos encontramos con una paradoja evolutiva sorprendente. La Rubisco, como ya hemos mencionado, es la enzima clave, pero posee una eficiencia extremadamente baja y, lo que es más importante, puede catalizar no solo la reacción con CO₂ (carboxilación), sino también una reacción competitiva con O₂ (oxigenación) (Lambers & Oliveira, 2019).
Esto da lugar a la fotorrespiración – un proceso en el que parte del carbono ya fijado se pierde de nuevo en forma de CO₂, y la energía del ATP y el NADPH se desperdicia (Connor et al., 2011). Esto puede reducir la eficiencia fotosintética entre un 30 y un 50%. Surge la pregunta: ¿por qué la naturaleza no ha "corregido" este error? La respuesta se encuentra en la historia de la atmósfera terrestre, y nos llevará a comprender adaptaciones asombrosas.
D. ¿Por qué aparecieron las plantas C₄ y CAM?
La fotorrespiración se convierte en un problema grave en climas cálidos y áridos, cuando las plantas se ven obligadas a cerrar los estomas para ahorrar agua, lo que reduce la concentración interna de CO₂. En esas condiciones, la actividad oxigenasa de la Rubisco aumenta.
En respuesta a esta presión, la evolución creó ingeniosos mecanismos para "concentrar" CO₂ alrededor de la Rubisco, suprimiendo su actividad oxigenasa (Lambers & Oliveira, 2019). Así surgieron la fotosíntesis C₄ (típica del maíz, caña de azúcar, sorgo) y la fotosíntesis CAM (típica de cactus, crasuláceas, piña). Estudiaremos sus características anatómicas y bioquímicas, y comprenderemos las ventajas ecológicas y agronómicas que confieren (Connor et al., 2011).
E. ¿Cómo distribuye la planta el carbono?
Imagine que la fotosíntesis es una fábrica de azúcares. Pero, ¿a dónde va ese azúcar? ¿Cómo decide la planta si destinarlo al crecimiento de nuevas raíces, al desarrollo de frutos o al almacenamiento en forma de almidón en las semillas?
Esto se denomina regulación de la partición de asimilados (relaciones fuente‑sumidero). Analizaremos cómo la planta "siente" sus necesidades y redistribuye el carbono entre distintos órganos (fuentes y sumideros) (Lambers & Oliveira, 2019). Este conocimiento es fundamental para el agrónomo: al comprender este mecanismo, podemos manejarlo mediante podas, densidades de siembra, reguladores de crecimiento, para dirigir el máximo de carbohidratos hacia los órganos de valor comercial – grano, tubérculos, frutos.
F. ¿Cómo recupera la célula la energía?
Por último, la energía almacenada en los azúcares no puede utilizarse directamente para la biosíntesis o el transporte. La célula necesita energía en forma de ATP. Este proceso, inverso a la fotosíntesis, se denomina respiración, y no es menos importante para la vida.
Examinaremos cómo, a través de la glucólisis, el ciclo de Krebs y la fosforilación oxidativa, las moléculas orgánicas se degradan y su energía se "convierte" en ATP. Veremos cómo el metabolismo luminoso y el energético están interconectados a través de rutas metabólicas comunes, y por qué la planta no puede prescindir de la respiración ni siquiera en la luz (Hopkins & Hüner, 2009).
Transición a la siguiente parte de la lección
Como ven, nos espera un viaje apasionante desde el fotón hasta el grano. Pero quizá surja la pregunta: ¿para qué necesita todo esto un agrónomo? ¿Es realmente necesario entender la estructura de los fotosistemas y la cinética de la Rubisco para obtener una cosecha?
La respuesta es inequívocamente sí. Es precisamente el conocimiento fundamental de estos procesos lo que subyace a la toma de decisiones agronómicas acertadas. Y en la siguiente parte final de nuestra introducción, hablaremos del significado práctico del módulo que vamos a estudiar para la práctica agronómica.
Bien, hemos llegado al punto más importante: el sentido práctico de todo lo dicho. Ahora que entendemos que la fotosíntesis es la base de la vida y la respiración su motor, veamos estos procesos con los ojos de un agrónomo.
4. Significado práctico del módulo para el agrónomo
Estimados oyentes, comenzamos el estudio de procesos fundamentales, y algunos de ustedes pueden hacerse una pregunta legítima: "¿Para qué necesita un agrónomo conocer la estructura de los fotosistemas y la cinética de la enzima Rubisco? ¿No basta con recomendaciones prácticas para obtener una cosecha?"
La respuesta a esta pregunta reside en el núcleo de la agricultura moderna basada en la ciencia. El conocimiento fundamental de la fisiología vegetal es la herramienta que permite al agrónomo no solo seguir recetas prefabricadas, sino comprender por qué y cómo funcionan determinadas prácticas, y tomar decisiones correctas en cada situación concreta. Sin esta comprensión, actuamos a ciegas, por ensayo y error.
Veamos algunos ejemplos ilustrativos que muestran cómo el conocimiento de la fisiología de la fotosíntesis influye directamente en la práctica agronómica.
A. ¿Por qué el rendimiento está limitado por la intensidad lumínica?
Ya hemos dicho que la fotosíntesis convierte la energía luminosa en energía química. De este simple hecho se derivan toda una serie de conclusiones agronómicas importantes.
Como describen Lambers & Oliveira (2019), la actividad fotosintética de una hoja aumenta inicialmente de forma lineal con la intensidad de la luz, y luego alcanza una meseta (saturación lumínica). Para el agrónomo, esto significa que en condiciones de cielo nublado o en siembras densas, la luz se convierte en el principal factor limitante, y ni siquiera el mejor suministro de agua y nutrientes aumentará el rendimiento.
De aquí se derivan tareas prácticas:
- Elegir la densidad de siembra óptima – para que las plantas no se den sombra entre sí.
- Mejorar la arquitectura del cultivo – crear variedades con hojas más erectas (como se ha hecho en los híbridos modernos de maíz), que permitan que la luz penetre en los estratos inferiores del dosel (Sadras & Calderini, 2015).
- Control de malezas – porque cada mala hierba es un competidor por la luz solar.
B. ¿Por qué una mayor concentración de CO₂ en la atmósfera cambia la productividad?
Sabemos que el CO₂ es el sustrato de la Rubisco. En la atmósfera actual, su concentración (alrededor de 420 ppm) está lejos de la saturación para la enzima, especialmente en plantas C₃ (Lambers & Oliveira, 2019).
Esto significa que un aumento del dióxido de carbono atmosférico generalmente estimula la fotosíntesis, especialmente en cultivos C₃ (trigo, arroz, soja, patata). Este fenómeno se conoce como fertilización por CO₂. Sin embargo, como veremos en el curso, este efecto no es infinito. Lambers & Oliveira (2019) explican que bajo una exposición prolongada a CO₂ elevado, las plantas pueden sufrir una "regulación a la baja" de la fotosíntesis: disminuye el contenido de Rubisco en las hojas, especialmente cuando hay deficiencia de nitrógeno. La planta "comprende" que necesita menos enzima y ahorra recursos.
Para el agrónomo, esto significa que, en un futuro con mayor CO₂, quizá tengamos que revisar los sistemas de fertilización, especialmente la nitrogenada, para evitar la aclimatación de la fotosíntesis y obtener un auténtico aumento de rendimiento.
C. ¿Por qué el maíz ama el calor y el trigo no?
Este es un ejemplo clásico en el que la fisiología explica diferencias fundamentales entre cultivos. Todo se debe a los tipos de fotosíntesis.
El trigo es una planta C₃. Como ya hemos dicho, su Rubisco es susceptible a la reacción oxigenasa competitiva. Al aumentar la temperatura, la solubilidad del CO₂ disminuye más rápido que la del O₂, y la fotorrespiración se intensifica (Lambers & Oliveira, 2019). Como resultado, a altas temperaturas (por encima de 30 °C), la eficiencia fotosintética de las plantas C₃ comienza a disminuir.
El maíz es una planta C₄. Posee una "bomba" que concentra CO₂ alrededor de la Rubisco, y su fotosíntesis apenas sufre la fotorrespiración incluso a altas temperaturas (Connor et al., 2011). Por eso, el maíz, el sorgo y la caña de azúcar son cultivos de climas cálidos, y su productividad es máxima en condiciones de alta insolación y temperatura (Sadras & Calderini, 2015).
Para el agrónomo, este conocimiento responde a preguntas como:
- ¿Por qué en las regiones del sur es más rentable cultivar especies C₄, y en la zona templada, C₃?
- ¿Por qué los cambios climáticos que conducen al calentamiento pueden modificar las zonas de cultivo de los cultivos agrícolas?
D. ¿Por qué incluso un ligero sombreado reduce drásticamente el rendimiento?
Este hecho está directamente relacionado con la curva de respuesta a la luz de la fotosíntesis. Como se muestra en las figuras de Morot‑Gaudry et al. (2012), en la zona donde la luz es el factor limitante (la parte inicial y lineal de la curva), la fotosíntesis aumenta proporcionalmente a la intensidad lumínica. En otras palabras, en condiciones de sombra, cada fotón "perdido" supone una reducción directa de la producción de asimilados.
Por lo tanto, para el agrónomo son muy importantes:
- Las fechas de siembra – para que el período de crecimiento activo coincida con la mayor duración del día.
- El control de la densidad excesiva – el aclareo de plántulas para asegurar una superficie de alimentación óptima.
- El manejo de las malezas – cualquier sombreado del cultivo por una mala hierba provoca una pérdida de rendimiento directamente proporcional.
E. ¿Por qué la fotosíntesis no crece indefinidamente? La ley del factor limitante
Anteriormente discutimos que la fotosíntesis está limitada por una serie de factores: luz, CO₂, agua, temperatura, nutrientes. Esto ilustra la ley de Liebig, que establece que la velocidad de un proceso está limitada por el factor que se encuentra en el mínimo.
Lo vimos en el ejemplo de la curva de saturación lumínica: con poca luz, el factor limitante es la luz; con mucha luz, la tasa fotosintética alcanza una meseta donde el CO₂ o la actividad enzimática pasan a ser limitantes (Lambers & Oliveira, 2019; Morot‑Gaudry et al., 2012).
Para el agrónomo, de esto se desprende un principio de equilibrio críticamente importante. No tiene sentido aumentar las dosis de fertilizante nitrogenado si el cultivo está demasiado denso y las plantas sufren falta de luz. No tiene sentido aportar más agua si el sistema radicular es débil y no puede absorberla. La eficacia de cualquier práctica agrícola viene determinada por si elimina la limitación principal del momento.
Conclusión principal: La fisiología de la fotosíntesis y la respiración no es una ciencia abstracta, sino un lenguaje práctico en el que están escritas las leyes de la formación del rendimiento. Al comprender este lenguaje, el agrónomo deja de ser un mero ejecutor de instrucciones y se convierte en un verdadero dueño del proceso, capaz de tomar decisiones eficaces y económicamente justificadas.
Conclusión
Hemos terminado nuestra introducción. Hemos visto que:
1. La fotosíntesis es un proceso fundamental que sustenta la vida en la Tierra y sirve de base a toda la producción agrícola (Connor et al., 2011).
2. El metabolismo energético de la planta es la unidad de dos opuestos: la fotosíntesis, que acumula energía, y la respiración, que la gasta para todas las funciones vitales (Hopkins & Hüner, 2009).
3. Nos queda por estudiar el complejo camino de transformación de la luz y el dióxido de carbono en cosecha, desde el funcionamiento de los fotosistemas hasta la regulación de la partición del carbono (Lambers & Oliveira, 2019).
4. Este conocimiento no es especulativo. Responde directamente a las preguntas de la práctica agronómica y proporciona las claves para gestionar la productividad de los cultivos (Morot‑Gaudry et al., 2012; Sadras & Calderini, 2015).
Referencias
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- Connor, D.J., Loomis, R.S., Cassman, K.G. (2011). ‘Trophic chains’, in Crop Ecology. Productivity and Management in Agricultural Systems. Cambridge, UK: Cambridge University Press, pp. 23-43.
- Foulkes, M.J., Reynolds, M.P. (2015). ‘Breeding challenge: improving yield potential’, in Crop Physiology. : Elsevier, 397-421.
- Hopkins, W.G., Hüner, N.P..A. (2009). ‘Bioenergetics and ATP Synthesis ’, in Introduction to Plant Physiology. Hoboken, NJ: John Wiley & Sons, pp. 77-92.
- Lambers, H., Oliveira, R.S. (2019). ‘Photosynthesis, Respiration, and Long-Distance Transport: Photosynthesis’, in Plant Physiological Ecology. Cham: Springer International Publishing, 11-114.
- Morot-Gaudry, J., Maurel, C., Moreau, F., Prat, R., Sentenac, H. (2012). ‘Photosynthèse: mise en évidence’, in Biologie végétale. Nutrition et métabolisme. Cours et questions de révision. Paris: Dunod, pp. 67-92.
- Rossi, S., Huang, B. (2019). ‘Regulatory Mechanisms for Stress-Induced Leaf Senescence’, in Handbook of Plant and Crop Stress, Fourth Edition. Fourth edition. | Boca Raton, FL : CRC Press, Taylor & Francis Group, 2019.: CRC Press, 51-63.