Relaciones entre donantes y receptores

Actualizado: 09 Julio 2026 Русский English

Imagine una enorme fábrica que al mismo tiempo produce mercancías para sus propias necesidades, para la exportación, para almacenar en depósitos y para desarrollar nuevas capacidades productivas. Además, su principal recurso (la energía solar) es inestable, y la demanda de sus productos cambia constantemente. Así es exactamente como funciona una planta. En la lección anterior hablamos de que la fotosíntesis es la fuente de energía y carbono. Pero la pregunta clave que abordaremos hoy es: ¿cómo decide la planta hacia dónde dirigir los recursos que ha producido?

La respuesta a esta pregunta está en la base de la comprensión de la productividad, el rendimiento y la adaptación de las plantas. Pasamos al estudio de la integración de los procesos fisiológicos, donde funciones individuales (fotosíntesis, transporte, crecimiento) dejan de estar aisladas y comienzan a funcionar como un sistema único y autorregulado. Hoy sentaremos las bases para entender todo este sistema complejo, analizando sus elementos clave.

1. ¿Qué son fuente y sumidero?

En la base del transporte y la distribución de sustancias en la planta se encuentra el concepto fundamental de “fuente‑sumidero” (source‑sink). Es importante asimilar desde el principio: estos términos no describen la estructura anatómica de un órgano, sino su papel fisiológico en un momento determinado. Una misma hoja, raíz o tubérculo puede ser fuente en un período de la vida de la planta y sumidero en otro.

1.1. Definiciones

Demos definiciones precisas, basándonos en la fisiología vegetal clásica.

  • Fuente (source) — cualquier órgano o tejido que produce sustancias orgánicas (asimilados) en cantidad superior a sus propias necesidades. La fuente es un exportador neto de fotoasimilados. En términos de balance de carbono, una fuente tiene Pnet > 0, donde Pnet es la productividad fotosintética neta menos los costos de su propia respiración y crecimiento. Un ejemplo clásico de fuente es una hoja madura y completamente desarrollada. Sin embargo, como veremos más adelante, los órganos de almacenamiento de los que se movilizan y exportan sustancias almacenadas también pueden actuar como fuentes (Schopfer & Brennicke, 2016; Taiz et al., 2023).
  • Sumidero (sink) — cualquier órgano o tejido que no puede abastecerse completamente con los productos de la fotosíntesis y depende de la importación de sustancias orgánicas de otras partes de la planta. El sumidero es un importador neto de asimilados. Un sumidero se caracteriza por Pnet < 0; necesita un aporte de carbohidratos, aminoácidos y otros metabolitos para su crecimiento, desarrollo, respiración o almacenamiento. Los sumideros típicos son las raíces, las hojas jóvenes en crecimiento, los frutos y semillas en desarrollo, y los órganos subterráneos de almacenamiento (tubérculos, bulbos) (Hopkins & Hüner, 2009; Medvédev, 2012).

1.2. Dinamismo del sistema: cambio de papeles

La característica más importante de las relaciones fuente‑sumidero es su dinamismo. La planta no es un esquema estático, sino un organismo vivo en continuo cambio. Los papeles de fuentes y sumideros pueden cambiar según varios factores: etapa de desarrollo, estación del año, condiciones externas.

Veamos esto con el ejemplo de una hoja, siguiendo el concepto descrito en Marschner (2012).

  • Hoja joven (sumidero). Una hoja recién desplegada tiene poca área y poca clorofila. Su propia fotosíntesis no cubre los costos de crecimiento y construcción de paredes celulares. Esta hoja importa sacarosa y aminoácidos de hojas más viejas y maduras. Es un sumidero.
  • Hoja madura (fuente). A medida que la hoja crece y se desarrolla, alcanza aproximadamente el 40‑50% de su área final. En esta etapa ocurre la “transición sumidero‑fuente” (sink‑source transition). El aparato fotosintético está formado y funciona a plena capacidad, mientras que las necesidades propias de recursos disminuyen. Ahora la hoja produce más asimilados de los que consume y comienza a exportarlos (Giaquinta, 1978; Marschner, 2012). Así, la hoja se convierte en fuente.
  • Hoja senescente (fuente para movilización). Al final de la temporada de crecimiento o bajo estrés, la hoja entra en senescencia. La fotosíntesis disminuye drásticamente, pero se convierte en fuente no por la fotosíntesis actual, sino por la degradación de sus propias macromoléculas —proteínas, ácidos nucleicos, clorofila. Los productos de la degradación, principalmente nitrógeno y otros elementos minerales, se movilizan y se exportan a órganos jóvenes en crecimiento activo o a las semillas (Buchanan et al., 2000; Taiz et al., 2023).

El cambio de papeles no ocurre simultáneamente en toda el área de la hoja. Por ejemplo, en muchas plantas la transición de importación a exportación va desde el ápice de la hoja hacia su base (basípetamente). Es decir, la punta puede ya exportar sacarosa, mientras que la base aún necesita importación para su crecimiento. Esta segmentación funcional dentro de un mismo órgano demuestra claramente el principio de “enfoque funcional, no anatómico”.

Los cambios estacionales también ilustran vívidamente la dinámica del sistema. Por ejemplo, en los árboles de hoja caduca:

  • En primavera: las reservas de almidón y carbohidratos en raíces y madera se movilizan (las raíces y el tronco se convierten en fuentes) y se transportan a las yemas en apertura (sumideros).
  • En verano: las hojas maduras (fuentes) abastecen a toda la planta con productos fotosintéticos.
  • En otoño: las hojas se caen, pero antes se exportan sustancias valiosas a las raíces y al tronco para el almacenamiento invernal, y también se forman las propias yemas, que entran en reposo y se convierten en sumideros de reservas.

1.3. Estructura espacial: tres sectores del floema

La comprensión de la dinámica de las relaciones fuente‑sumidero es imposible sin mencionar brevemente la estructura de la vía de transporte. Esta estructura se puede considerar como tres sectores funcionales del floema (van Bel, 2003; Lalonde et al., 2003):

1. Floema de colección (collection phloem). Son las terminaciones finas del floema en las hojas fuente. Aquí tiene lugar la carga activa de sacarosa y aminoácidos en los tubos cribosos contra gradiente de concentración, lo que genera la fuerza motriz para todo el transporte posterior.

2. Floema de transporte (transport phloem). Son las vías conductoras principales en tallos, pecíolos y raíces. Su función principal es proporcionar un flujo rápido y de baja resistencia de asimilados a favor del gradiente de presión hidrostática desde las fuentes hacia los sumideros. Aunque el floema de transporte a menudo se considera un tubo pasivo, también se produce intercambio de sustancias con los tejidos circundantes —el llamado transporte “de tránsito” (o axial), donde parte de los asimilados puede depositarse temporalmente en células parenquimáticas de almacenamiento del tallo y recargarse según sea necesario.

3. Floema de descarga (release phloem). Son las terminaciones del floema en los órganos sumidero. Aquí se produce la descarga de asimilados de los tubos cribosos a las células consumidoras. Los mecanismos de descarga son muy diversos: salida pasiva por gradiente de concentración, transporte simplástico a través de plasmodesmos, o transporte activo a través del apoplasto, a menudo con escisión previa de la sacarosa por invertasa (Taiz et al., 2023; Marschner, 2012).

Así, vemos que el sistema fuente‑sumidero representa una red funcional en continuo cambio. El papel de cada órgano no está determinado por su origen, sino por su estado fisiológico actual: su capacidad para producir, almacenar o consumir asimilados. Este equilibrio dinámico está en la base de toda la actividad integradora de la planta.

En la siguiente sección, pasaremos a la siguiente pregunta lógica: ¿qué hace que un sumidero sea más atractivo para los recursos que otro, y cómo ocurre exactamente esta “competencia”? Hablaremos de la fuerza del sumidero (sink strength).

2. ¿Por qué un órgano recibe más recursos que otro?

Hemos establecido que en la planta hay fuentes que producen asimilados y sumideros que los consumen o almacenan. Pero normalmente hay muchos sumideros: raíces, hojas jóvenes, ápices de brotes, frutos y semillas en desarrollo. ¿Cómo “decide” la planta cuál favorecer? ¿Por qué un fruto se desarrolla más grande que otro, y por qué una raíz recibe más azúcares que su vecina?

La respuesta está en el concepto fundamental de fuerza del sumidero (sink strength). No es simplemente el tamaño de un órgano, sino su capacidad integrada para atraer y utilizar asimilados. Ahora analizaremos este concepto en detalle.

2.1. ¿Qué es la fuerza del sumidero?

Imagínese un sistema de abastecimiento de agua. Una ciudad (sumidero) puede consumir más agua que otra por dos razones: o bien es más grande (más población), o bien su intensidad de consumo es mayor (por ejemplo, hay una planta industrial que requiere mucha agua). Lo mismo ocurre en la planta.

La fuerza del sumidero es una medida de su capacidad competitiva en la lucha por los recursos. Se define como el producto de dos factores: el tamaño del sumidero y su actividad (Taiz et al., 2023; Marschner, 2012).

$$\text{Fuerza del sumidero} = \text{Tamaño del sumidero} \times \text{Actividad del sumidero}$$

Veamos estos componentes con más detalle.

Tamaño del sumidero (sink size)

Es un parámetro relativamente simple pero muy importante. El tamaño del sumidero es la biomasa total o el número de “puntos de consumo” de un órgano determinado. Cuanto mayor sea el sumidero, mayor será su capacidad potencial para atraer recursos.

  • Para una raíz, es la longitud total y la masa del sistema radicular. Una raíz potente y ramificada tiene más células consumidoras que necesitan energía y esqueletos de carbono para crecer. En consecuencia, la demanda de asimilados será mayor.
  • Para un grano de cereal, es el número de granos por espiga (el tamaño potencial del sumidero se fija durante la floración). Cuantos más granos cuajen, mayor será la fuerza total del sumidero de toda la inflorescencia, y más asimilados se dirigirán hacia ella.
  • Para un tubérculo, es su masa y el número de células que acumulan almidón. Un tubérculo grande consume más recursos para su crecimiento y llenado que uno pequeño.

El tamaño del sumidero es el “apetito” que viene con la masa. Sin embargo, el tamaño por sí solo no garantiza la ventaja; la actividad también es importante.

Actividad del sumidero (sink activity)

Es una característica más compleja y dinámica. La actividad del sumidero es la tasa de utilización de asimilados por unidad de masa o por “punto de consumo”. En otras palabras, es la eficiencia y rapidez con que el órgano puede procesar, incorporar a su metabolismo o almacenar los azúcares y otras sustancias que llegan (Lambers & Oliveira, 2019; Taiz et al., 2023).

Una alta actividad significa que el sumidero crea un “vacío” potente para los asimilados. Esto se logra mediante varios mecanismos:

1. Metabolismo rápido de la sacarosa en la célula sumidero. Enzimas clave aquí son las que escinden la sacarosa: invertasa y sacarosa sintasa (SuSy) (Hopkins & Hüner, 2009; Taiz et al., 2023). La sacarosa que llega por el floema debe ser utilizada para la respiración, convertida en almidón (en amiloplastos) o incorporada a nuevas estructuras celulares. Si las enzimas responsables de estos procesos trabajan activamente, la sacarosa se “utiliza” rápidamente, su concentración en la célula disminuye, y esto mantiene un gradiente de concentración pronunciado entre el floema y la célula. Esto, a su vez, favorece la afluencia adicional de asimilados.

2. Transporte activo y descarga del floema. La tasa de entrada de sacarosa a la célula sumidero está regulada por transportadores de membrana y H+-ATPasas. La alta actividad de estos sistemas también aumenta la fuerza del sumidero.

3. Respiración. Los tejidos en crecimiento activo tienen altas tasas de respiración, que consumen azúcares para generar energía (ATP) y esqueletos de carbono para la síntesis de nuevas sustancias. Este es otro mecanismo potente de utilización de asimilados.

2.2. Ejemplos de la fisiología del desarrollo

Veamos cómo funciona este concepto en la práctica, utilizando ejemplos de la fisiología vegetal.

Ejemplo 1: Competencia entre granos en una espiga de cereal.

En las espigas de trigo o cebada, los granos situados más cerca de la base suelen ser más grandes que los de la punta. Desde la perspectiva de nuestro concepto, esto se explica por diferencias en la fuerza del sumidero: los granos de la parte media de la espiga se forman antes y tienen ventaja en tamaño (mayor tamaño del sumidero) y actividad (ciclo celular más rápido). Interceptan más rápidamente los asimilados que llegan por el floema, creando así un déficit local de recursos para los sumideros más tardíos y débiles (como los granos superiores) (Sadras & Calderini, 2015).

Ejemplo 2: Desarrollo de frutos.

En cultivos frutales como el tomate, los ovarios más tempranos y bien polinizados dominan sobre los más tardíos. Este fenómeno se describe en el trabajo de Bangerth (1989). Los frutos tempranos, gracias a su endospermo en desarrollo, se convierten en fuentes potentes de auxina (AIA). La auxina, a su vez, es un regulador potente que potencia la capacidad de atracción (fuerza del sumidero). Esta señal hormonal del fruto dominante lo convierte en un sumidero aún más fuerte en comparación con los vecinos, y desvía la mayor parte de los recursos, suprimiendo el desarrollo de los demás. Volveremos al papel de las hormonas en la cuarta sección de nuestra lección.

Ejemplo 3: Cambio de papeles según las hormonas.

Es notable que la actividad del sumidero está estrechamente relacionada con el estado hormonal. En el libro de Tretiakov (2000) se indica que las auxinas activan las bombas de H+, estimulando el transporte de sustancias, mientras que las citoquininas, junto con las auxinas, activan la división y el crecimiento celular, lo que aumenta directamente tanto el tamaño como la actividad del sumidero.

Así, vemos que la fuerza del sumidero no es una propiedad innata, sino un parámetro dinámico que depende del estado fisiológico del órgano. Un órgano que crece más rápido (se divide y se alarga), respira más activamente y convierte la sacarosa en almidón u otras sustancias más rápidamente tendrá siempre ventaja en la competencia.

Conclusión y transición a la siguiente sección.

Hemos descubierto que la distribución de recursos en la planta no es un proceso caótico, sino una competencia feroz pero regulada entre sumideros. Gana el que tiene mayor fuerza del sumidero, es decir, el que es más grande y/o utiliza más activamente las sustancias que llegan.

Ahora surge la siguiente pregunta lógica: si los recursos son limitados, ¿cómo afecta la competencia entre sumideros a toda la planta y, lo que es importante para nosotros, a la formación del rendimiento? Esto es lo que abordaremos en la tercera sección de nuestra lección.

3. ¿Por qué los órganos comienzan a competir?

En la sección anterior establecimos que el éxito de un sumidero en la obtención de recursos está determinado por su fuerza (sink strength). Pero si los recursos fueran infinitos, todos los órganos los recibirían en abundancia y no existiría la competencia. Sin embargo, los recursos que la planta puede producir y transportar son siempre limitados. Esta limitación es la causa fundamental de la competencia, que subyace en la asignación de biomasa y, en consecuencia, en la formación del rendimiento. Analicemos este punto fundamental.

3.1. Limitación de recursos: la base de la competencia

Para la planta, el principal “recurso de transporte” por el que se compite es el carbono libre – los asimilados transportados en el floema (principalmente sacarosa). El conjunto de estos asimilados en cualquier momento está limitado por varias razones:

1. “Productividad” limitada de la fuente. La capacidad del aparato fotosintético no es infinita. Está limitada por la intensidad de la luz, la disponibilidad de agua, la concentración de CO2 y el contenido de nutrientes (especialmente nitrógeno). Incluso en condiciones óptimas, la tasa de fotosíntesis en el pico de insolación puede no satisfacer las “demandas” de todos los sumideros (Medvédev, 2012; Lambers & Oliveira, 2019).

2. Capacidad de transporte del floema. La capacidad de los tubos cribosos también es limitada. Si varios sumideros potentes requieren mucha sacarosa, la velocidad del flujo en el floema puede convertirse en un factor limitante.

3. Ley de rendimientos decrecientes. La relación entre la luz y la fotosíntesis no es lineal – tiende a la saturación. El aumento de la energía lumínica no conduce a un aumento proporcional de la producción de azúcares. Sumando las limitaciones de agua y nutrición mineral, llegamos a una situación en la que la oferta de asimilados está restringida, mientras que la demanda de raíces, ápices, frutos en desarrollo y órganos de almacenamiento es siempre alta y creciente (Boote & Tollenaar, 1994; Marschner, 2012).

Es este desajuste entre la demanda potencialmente alta y la oferta limitada lo que crea competencia entre los sumideros por los asimilados disponibles.

3.2. ¿Cómo se manifiesta la competencia? Principios de redistribución

La competencia no significa que la planta “luché” consigo misma. Es un proceso fisiológico que obedece a ciertas leyes jerárquicas. Nuestras fuentes muestran que la distribución sigue dos principios principales (Taiz et al., 2023; Marschner, 2012):

Principio 1: Proximidad a la fuente.

El floema, como cualquier sistema de transporte, funciona por el camino de menor resistencia. Los asimilados de una hoja determinada van primero a los sumideros que tienen conexiones conductoras más directas y cercanas con ella (Hopkins & Hüner, 2009). A esto se le suele llamar “principio de proximidad” o “dominancia posicional”.

Ejemplo: Las hojas superiores del trigo (hoja bandera) envían sus asimilados principalmente a la espiga en desarrollo. Las hojas inferiores, más viejas, que están más cerca de las raíces, abastecen preferentemente al sistema radicular. Esto se demuestra claramente en experimentos con marcaje radiactivo ^{14}CO2: si se marca la hoja bandera, la radiactividad se encuentra en los granos; si se marca una hoja inferior, se encuentra en las raíces (Schopfer & Brennicke, 2016; Taiz et al., 2023).

Principio 2: Fuerza del sumidero.

Este es el factor decisivo. Si un sumidero cercano tiene baja fuerza (por ejemplo, ha ralentizado su crecimiento o casi ha alcanzado la madurez) mientras que un sumidero lejano tiene una fuerza muy alta (por ejemplo, los frutos se están formando activamente), el transporte puede reorientarse. Es la fuerza del sumidero la que “atrae” los asimilados hacia sí, creando un gradiente de concentración de sacarosa más pronunciado en el floema, como discutimos en la sección anterior. Por lo tanto, la competencia puede verse como una “guerra” de gradientes, en la que gana el más fuerte (Medvédev, 2012; Lambers & Oliveira, 2019).

3.3. Competencia interna e interespecífica

La competencia en la planta es de dos tipos:

1. Interna (entre órganos de la misma planta). Es el tema principal de nuestra discusión. Es la competencia entre raíces y brotes, entre órganos vegetativos y reproductivos, entre frutos individuales o granos dentro de una misma inflorescencia.

Ejemplo de “rivalidad”: Un fenómeno bien conocido en la producción de cultivos es la supresión de los órganos reproductivos bajo un fuerte crecimiento vegetativo. El exceso de fertilizante nitrogenado estimula un crecimiento vigoroso de brotes y hojas (sumideros fuertes). Como resultado, “interceptan” los asimilados y reducen el suministro de azúcares a las flores y frutos, lo que puede provocar su abscisión, una menor cuajado y, en última instancia, una disminución del rendimiento (Marschner, 2012). Este es un ejemplo clásico de competencia entre sumideros vegetativos y generativos.

Ejemplo de “externalización”: Por el contrario, bajo una alta carga de frutos (por ejemplo, en manzano o tomate), se debilita el crecimiento de los brotes, porque los fotoasimilados se dirigen preferentemente a los frutos. Esta es la base de la práctica agronómica del aclareo de frutos (eliminación de frutos excedentes) para que los restantes sean más grandes y de mejor calidad (Tretiakov, 2000).

2. Competencia interespecífica (entre diferentes plantas). Esto es lo que llamamos competencia en el agrofito cenosis. Las plantas compiten por luz, agua, nutrientes y espacio. Desde el punto de vista de las relaciones fuente‑sumidero, es una competencia por recursos a nivel de ecosistema, que sombrea las hojas de los competidores (debilitando la fuente) y agota los recursos del suelo.

3.4. Competencia y formación del rendimiento: ¿de dónde vienen las pérdidas?

La competencia no es solo un fenómeno fisiológico; es la principal limitación fisiológica del rendimiento. Durante la evolución, la planta ha “aprendido” a producir significativamente más sumideros potenciales (flores, ovarios) de los que puede mantener. Esto le da un margen de seguridad en caso de que algunos se pierdan por plagas o condiciones climáticas.

Es esta competencia, derivada de la limitación de recursos, la que subyace a los fenómenos que reducen el rendimiento:

  • Aborto (muerte) de órganos. Una proporción significativa de flores, ovarios e incluso frutos en desarrollo puede caerse o secarse. Esto no es casual, sino el resultado de una lucha competitiva en la que ganan los sumideros más fuertes. Por ejemplo, en las leguminosas (soja, frijol), la abscisión de flores y vainas jóvenes es una forma clásica de ajustar el número de frutos según la disponibilidad de asimilados (Marschner, 2012).
  • Reducción del llenado de las semillas. Incluso si el fruto no se abscisa, se produce una competencia feroz entre las semillas en su interior. En los cereales, los granos dentro de una panícula o espiga pueden diferir mucho en peso. Los granos superiores y periféricos, al ser sumideros menos activos, reciben menos recursos y resultan arrugados. Esto supone una enorme pérdida de rendimiento potencial (Sadras & Calderini, 2015).
  • Crecimiento restringido de órganos “secundarios”. En condiciones de escasez de recursos, las raíces son las primeras en sufrir. Por lo tanto, un desarrollo excesivo de la parte aérea en condiciones de falta de agua puede llevar a que las raíces no puedan abastecer de agua a la planta, lo que provoca una mayor inhibición y una reducción de la productividad.

Así, llegamos a una conclusión importante. La competencia entre órganos es una consecuencia inevitable de la limitación de recursos. Es un poderoso regulador de la ontogenia, y es ella la que determina en última instancia la cantidad y la calidad del rendimiento. La tarea del fisiólogo y del agrónomo es comprender la naturaleza de esta competencia y saber gestionarla, dirigiendo los recursos a los órganos deseados (principalmente semillas y frutos) en lugar de a la masa vegetativa que es inútil para el ser humano. Pero ¿quién es el principal “árbitro” en esta feroz lucha competitiva? ¿Quién decide cuya solicitud será satisfecha primero? Pasamos a la siguiente sección, donde discutiremos el papel clave de la regulación hormonal.

4. ¿Quién gobierna esta competencia?

Hemos establecido que la distribución de recursos no es un caos, sino una competencia feroz pero regulada. Gana el sumidero más fuerte. Pero ¿quién determina qué sumidero se vuelve fuerte y cuál se debilita? ¿Quién “conmuta” los papeles de fuente y sumidero? ¿Quién decide que una hoja joven debe comenzar a exportar azúcares, y una hoja senescente debe movilizar sus proteínas?

La respuesta está en el sistema hormonal de las plantas. Las fitohormonas no son meros estimuladores o inhibidores del crecimiento. Son señales químicas integrales que vinculan las condiciones externas con el metabolismo interno y son la principal herramienta de regulación de las relaciones fuente‑sumidero (Medvédev, 2012; Taiz et al., 2023).

4.1. Las hormonas como integradoras de señales

La planta, como cualquier sistema complejo, necesita coordinación. Las raíces que experimentan déficit hídrico deben “informar” a las hojas para que cierren los estomas. Los frutos jóvenes en crecimiento activo deben “anunciar” su necesidad de azúcares para aumentar la afluencia de asimilados desde las hojas. Son las hormonas las que actúan como tales “mensajeros” y “reguladores”, configurando la capacidad de atracción de los tejidos.

Recordemos la definición de Medvédev (2012): las fitohormonas son señales químicas que, a concentraciones muy bajas (10-6 – 10-12 M), provocan cambios fisiológicos profundos sin participar directamente en los procesos bioquímicos que desencadenan. Son reguladores ideales.

Veamos cómo los principales grupos de fitohormonas gestionan la competencia entre sumideros.

4.2. Principales reguladores hormonales y sus efectos sobre las relaciones fuente‑sumidero

1. Auxinas (ácido indol‑3‑acético, AIA): “directores” del flujo

Fuente: Las auxinas se sintetizan en órganos jóvenes en crecimiento activo: meristemos apicales de brotes, hojas jóvenes, semillas y frutos en desarrollo (Medvédev, 2012; Taiz et al., 2023).

Mecanismo de acción sobre la fuerza del sumidero: La auxina es el principal regulador de la capacidad de atracción. Su acción es polifacética:

1. Activación de bombas de H+. La auxina activa las bombas de protones (H+-ATPasas) en la membrana plasmática de las células. Esto conduce a la acidificación del apoplasto y a la creación de un gradiente electroquímico necesario para el transporte activo de sacarosa y aminoácidos desde el apoplasto a las células del sumidero. En términos más sencillos, la auxina “enciende” el mecanismo de descarga de sustancias del floema (Medvédev, 2012; Tretiakov, 2000).

2. Estimulación del crecimiento por elongación y división. La auxina estimula el crecimiento celular. El tejido en rápido crecimiento es un sumidero potente, ya que consume activamente asimilados para construir nuevas paredes celulares y aumentar el volumen de las vacuolas.

3. Formación del sistema conductor. La auxina, al desplazarse polarmente por el floema (de arriba a abajo), induce la diferenciación de nuevos elementos conductores (xilema y floema), creando una vía más eficiente para el transporte de recursos hacia sí misma.

Ejemplo clásico: Las semillas y frutos en desarrollo son poderosas “fábricas” de auxina. El gradiente de concentración de AIA en las semillas asegura su posición dominante como sumideros. Por eso, los frutos con más semillas suelen ser más grandes. Esto también explica el fenómeno de dominancia de frutos descrito por Bangerth (1989) y mencionado anteriormente (Taiz et al., 2023).

2. Citoquininas: “activadoras” de brotes y antagonistas de la auxina

Fuente: El principal lugar de síntesis de citoquininas son las raíces. Desde allí se transportan por el xilema hacia los brotes, lo que constituye un mecanismo crucial de las correlaciones raíz‑brote (Marschner, 2012; Taiz et al., 2023).

Mecanismo de acción: Las citoquininas actúan como antagonistas de la auxina en la regulación de las relaciones fuente‑sumidero:

1. Estimulación del crecimiento de brotes. Las citoquininas, procedentes de las raíces, estimulan la división celular y el desarrollo de yemas axilares, liberando la dominancia apical ejercida por la auxina. Así, convierten a los brotes laterales en sumideros más fuertes.

2. Retraso de la senescencia foliar. Las citoquininas mantienen la actividad fotosintética de las hojas, prolongando su período de trabajo como fuentes. También favorecen la atracción de nutrientes hacia la zona tratada de la hoja, aumentando la capacidad de atracción de los tejidos (Medvédev, 2012).

Ejemplo de fisiología: Bajo deficiencia de nitrógeno, la síntesis de citoquininas en las raíces disminuye drásticamente. Esto conduce a una reducción de su suministro a los brotes, lo que acelera la senescencia foliar y redistribuye los recursos en favor de las raíces (aumento del sistema radicular para buscar nutrientes) en detrimento de la parte aérea. Por el contrario, con una buena nutrición nitrogenada, la síntesis de citoquininas aumenta, estimulando el crecimiento de los brotes (Marschner, 2012).

3. Giberelinas: “estimuladoras” del crecimiento y la movilización

Fuente: Se sintetizan principalmente en hojas jóvenes en crecimiento, así como en frutos y semillas en desarrollo (Medvédev, 2012).

Mecanismo de acción: El papel principal de las giberelinas es la estimulación de los procesos de crecimiento. Provocan un fuerte alargamiento del tallo mediante el crecimiento por elongación celular, lo que crea una demanda de sumidero potente en las zonas de crecimiento. Las giberelinas también desempeñan un papel crítico en la movilización de sustancias de reserva de las semillas. Durante la germinación, las giberelinas sintetizadas por el embrión estimulan la secreción de α‑amilasa por las células de la capa de aleurona, lo que provoca la hidrólisis del almidón del endospermo y proporciona nutrición a la plántula (Hopkins & Hüner, 2009; Taiz et al., 2023). Aquí, la giberelina convierte el endospermo de sumidero (de almacenamiento) en fuente (movilizadora).

4. Ácido abscísico (ABA): “estratega” en condiciones de estrés

Fuente: Se sintetiza en respuesta a estreses (sequía, salinidad, bajas temperaturas) en las hojas, pero especialmente en las raíces bajo déficit hídrico (Medvédev, 2012; Marschner, 2012).

Mecanismo de acción: El ABA es la principal hormona de estrés. Actúa como un potente inhibidor de los procesos de crecimiento. No solo frena el crecimiento, sino que también cambia las prioridades en la asignación de recursos en favor de las raíces.

1. Cierre de estomas. Una respuesta rápida al déficit hídrico es la síntesis de ABA en las raíces, su transporte por el xilema a las hojas y el cierre de estomas. Esto reduce la fotosíntesis y, en consecuencia, disminuye el conjunto total de asimilados disponibles.

2. Supresión del crecimiento de brotes y estimulación del crecimiento de raíces. El ABA inhibe la división y elongación celular en los brotes, haciéndolos sumideros más débiles. Al mismo tiempo, bajo estrés moderado, el ABA puede ayudar a mantener el crecimiento de las raíces. Como resultado, la relación raíz/brote se desplaza a favor de las raíces, lo que es una estrategia adaptativa para la búsqueda de agua (Taiz et al., 2023; Tretiakov, 2000).

3. Inducción de la latencia de semillas. El ABA es el principal inductor de la latencia de semillas, bloqueando la germinación hasta que lleguen condiciones favorables.

4.3. El equilibrio hormonal como base de la regulación

Es importante entender el principio más esencial: las fitohormonas nunca actúan solas. El efecto sobre las relaciones fuente‑sumidero no está determinado por la concentración de una única hormona, sino por sus proporciones. Ejemplos clásicos son:

  • Equilibrio auxina/citoquinina: determina si un callo se desarrollará en brote (alta proporción de citoquininas) o en raíz (alta proporción de auxinas) (Medvédev, 2012). En general, este equilibrio gobierna la arquitectura de la planta, estableciendo prioridades para el crecimiento de ápices o brotes laterales.
  • Equilibrio giberelina/ABA: determina la salida de la latencia de las semillas. Un alto contenido de ABA mantiene la latencia, mientras que un aumento del nivel de giberelinas desencadena la germinación, lo que significa que el endospermo pasa de ser un sumidero “durmiente” a una fuente activa de nutrición para la plántula (Tretiakov, 2000).

Conclusión y transición a la siguiente sección.

Así, vemos que las hormonas son el lenguaje de gestión de la competencia. No solo determinan la fuerza del sumidero (estimulando o suprimiendo el crecimiento, el transporte, el metabolismo), sino que también aseguran la integración de toda la planta, vinculando las señales de las raíces (estado hídrico y mineral) con las respuestas de los brotes (crecimiento, fotosíntesis, desarrollo de frutos). La planta como organismo único gobierna su desarrollo a través de una compleja red de interacciones hormonales, reasignando constantemente los recursos en función de las prioridades dictadas por las condiciones externas e internas.

Ahora que hemos comprendido que las hormonas son los “microscopios” y los “botones” de control, podemos pasar a la pregunta más práctica e interesante: ¿cómo afecta la nutrición mineral a este intrincado proceso? En otras palabras, ¿por qué la adición de ciertos fertilizantes puede cambiar drásticamente la distribución del rendimiento, convirtiéndolo en un “monstruo vegetativo” o en un “almacén de semillas”? De esto –la relación entre nutrición y regulación hormonal– hablaremos en la quinta y última sección de nuestra lección.

5. ¿Por qué la nutrición cambia la distribución del rendimiento?

La nutrición mineral no es meramente “combustible” para la fotosíntesis. Desempeña dos funciones clave en la regulación de las relaciones fuente‑sumidero:

1. Proporcionar materiales de construcción para la síntesis de enzimas, membranas y todas las estructuras de la planta.

2. Actuar como moléculas señalizadoras que modulan el equilibrio hormonal y, en consecuencia, alteran la fuerza y la dirección de los flujos de asimilados.

Consideraremos el segundo aspecto en detalle porque explica directamente por qué el exceso de nitrógeno puede producir un “mar verde” de hojas pero un rendimiento de grano pobre, y por qué una deficiencia oportuna de ciertos elementos puede canalizar los recursos hacia semillas o tubérculos.

5.1. Nitrógeno (N) – el principal regulador de la distribución

El nitrógeno es el elemento que se encuentra en el centro de la regulación fuente‑sumidero, porque es un componente clave tanto del aparato fotosintético (Rubisco, clorofila) como del sistema hormonal (citoquininas).

Efecto del nitrógeno sobre la síntesis de citoquininas

La nutrición nitrogenada afecta directamente a la síntesis de citoquininas en las raíces. Esto ha sido demostrado convincentemente en numerosos experimentos descritos, por ejemplo, en Marschner (2012) y en los libros de texto en ruso (Medvédev, 2012; Tretiakov, 2000).

  • Con un alto suministro de nitrógeno, se activa la síntesis de citoquininas (zeatina, ribósido de zeatina) en las raíces. Estas hormonas se transportan por el xilema hacia los brotes.
  • Con deficiencia de nitrógeno, la síntesis de citoquininas en las raíces disminuye bruscamente y su suministro a los órganos aéreos se reduce.

¿Cómo afecta esto a la distribución de recursos?

  • Alto nivel de nitrógeno → alto nivel de citoquininas en los brotes → se estimula la división celular en los meristemos de los brotes, el crecimiento de yemas laterales y el alargamiento de entrenudos. Las hojas se vuelven más verdes y permanecen activas durante más tiempo. Esto convierte a los brotes y hojas en sumideros potentes; “atraen” los asimilados hacia sí, y la planta forma una abundante masa vegetativa. Sin embargo, si hay demasiado nitrógeno, este proceso puede prolongarse y los órganos reproductivos (flores, frutos, semillas, tubérculos) perderán constantemente la competencia frente a los vegetativos.
  • Bajo nivel de nitrógeno → bajo nivel de citoquininas → el crecimiento de los brotes se ralentiza, comienza la senescencia de las hojas y su capacidad de atracción disminuye. Esto debilita la competencia de los órganos vegetativos y desplaza las prioridades a favor de las raíces, que reciben más asimilados y aumentan su masa para buscar nutrientes.

Ejemplo: Regulación de la tuberización en la patata

Un ejemplo clásico del efecto del nitrógeno sobre la distribución del rendimiento es la formación de tubérculos en la patata (Solanum tuberosum). Este tema se trata en detalle en Marschner (2012) y en las lecciones de Medvédev (2012).

  • Alta nutrición nitrogenada. El nitrógeno estimula un crecimiento vigoroso del follaje (los brotes y las hojas se convierten en sumideros fuertes). Las raíces sintetizan muchas citoquininas, que mantienen el crecimiento vegetativo. Como resultado, la tuberización se retrasa, porque los asimilados se dirigen principalmente a los brotes, no a los estolones y tubérculos. Si el nitrógeno se aumenta bruscamente después del inicio de la tuberización (por ejemplo, mediante un abonado de cobertera), puede ocurrir una “regresión” de los tubérculos – comienzan a brotar, formando estolones y nuevos brotes, lo que lleva a deformación y reducción de la calidad.
  • Nivel óptimo de nitrógeno. La síntesis de citoquininas está equilibrada. Los tubérculos, como órganos en desarrollo, se convierten en sumideros fuertes, y la planta desvía los flujos de asimilados hacia los órganos subterráneos de almacenamiento.
  • Bajo nivel de nitrógeno. El follaje está poco desarrollado, las hojas envejecen prematuramente, la fotosíntesis disminuye y el rendimiento total de tubérculos es bajo debido a la insuficiencia de asimilados.

De manera similar, el nitrógeno regula la proporción de masa vegetativa y generativa en los cereales. El exceso de nitrógeno al inicio de la temporada estimula un macollamiento vigoroso, pero puede provocar el encamado y reducir la proporción de asimilados dirigidos a la espiga. Por lo tanto, las dosis y épocas óptimas de aplicación de nitrógeno son herramientas clave para la gestión del rendimiento.

5.2. Potasio (K) – regulador del transporte floemático

El potasio desempeña un papel especial en las relaciones fuente‑sumidero, ya que participa directamente en el transporte de asimilados por el floema.

  • Papel en la carga y descarga del floema. Como se señala en varias fuentes (Marschner, 2012; Tretiakov, 2000), el potasio es el catión inorgánico principal de la savia floemática. Una alta concentración de K+ en los tubos cribosos crea un gradiente osmótico necesario para la entrada de agua y el mantenimiento de la presión hidrostática que impulsa el flujo másico. Además, el potasio activa las H+-ATPasas, que proporcionan la energía para la carga de sacarosa en los tubos cribosos.
  • Efecto sobre la calidad del rendimiento. Una nutrición potásica adecuada mejora el transporte de azúcares desde las hojas a los órganos de almacenamiento (raíces tuberosas, tubérculos, grano). Por ejemplo, en la remolacha azucarera, el potasio favorece la acumulación de azúcar en la raíz. En los cereales, el potasio mejora el llenado del grano. Con deficiencia de potasio, el transporte de asimilados se ve afectado y se acumulan azúcares y almidón en las hojas, lo que puede provocar daños por fotooxidación y senescencia prematura (Marschner, 2012).

5.3. Fósforo (P) y otros elementos

  • Fósforo – elemento clave del metabolismo energético (ATP). Su deficiencia reduce el suministro energético general de la planta, limitando tanto la fotosíntesis como el transporte activo. Además, como señala Marschner (2012), el fósforo participa en la regulación de la floración y la fructificación. La deficiencia de fósforo reduce el cuajado de semillas y frutos, debilitando la fuerza potencial del sumidero de los órganos reproductivos.
  • Micronutrientes (por ejemplo, zinc, cobre, boro) son a menudo cofactores de enzimas implicadas en la síntesis de hormonas (por ejemplo, triptófano → AIA) o en el metabolismo de carbohidratos. Su deficiencia puede alterar el equilibrio hormonal y provocar anomalías en el desarrollo que afecten a la distribución de asimilados.

5.4. Síntesis: la nutrición como palanca de gestión

Así, vemos que los elementos minerales no son meros componentes pasivos de la nutrición. Son reguladores activos que, a través del sistema hormonal y los procesos de transporte, gobiernan la dirección de los flujos de asimilados.

  • El nitrógeno gestiona la fuerza competitiva de los órganos vegetativos (a través de las citoquininas) y, por tanto, determina hacia dónde se desplaza el equilibrio: a favor de los brotes o de las raíces/órganos reproductivos.
  • El potasio asegura la eficiencia del propio transportador – el floema.
  • Otros elementos proporcionan la base energética y estructural para todos estos procesos.

Comprender estas relaciones da al agrónomo la clave para gestionar el rendimiento. Los abonados oportunos, las dosis equilibradas de fertilizantes y la consideración de las fases de desarrollo de la planta permiten influir deliberadamente en el estado hormonal y, en consecuencia, en el destino de los recursos producidos por la planta: hacia hojas, raíces, semillas o frutos. Esta es precisamente la importancia práctica del conocimiento sobre las relaciones fuente‑sumidero para la agricultura.

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