Cosecha y almacenamiento

Actualizado: 19 Julio 2026 Русский English

Todo jardinero sabe: cultivar una buena cosecha de ciruelas es solo la mitad del trabajo. No menos importante es cosechar los frutos a tiempo y conservarlos para que le deleiten con su sabor fresco el mayor tiempo posible. En este artículo, analizaremos los principios clave para determinar la madurez, las normas de recolección y las condiciones de almacenamiento que le ayudarán a minimizar pérdidas y disfrutar de los frutos de su trabajo durante todo el año.

1. Maduración de los frutos

Para determinar correctamente el momento de la cosecha, es importante comprender que los frutos de ciruela presentan tres etapas de madurez. Cada una tiene su propio significado para el jardinero.

Madurez biológica

La madurez biológica (o fisiológica) es la etapa en la que las semillas dentro del hueso están completamente maduras y capaces de dar vida a una nueva planta. Externamente, esto se manifiesta en que el hueso se vuelve duro y su cubierta se torna de color marrón oscuro. Sin embargo, el fruto en ese momento aún puede estar duro y no comestible.

¿Por qué debe saber esto el jardinero? La madurez biológica es un punto de referencia para determinar el inicio de la madurez de recolección. En la mayoría de las variedades de ciruela, ocurre de 1 a 2 semanas antes de que los frutos sean aptos para el consumo (Westwood, 1993).

Madurez de recolección (técnica)

La madurez de recolección es la etapa en la que los frutos ya están suficientemente desarrollados para ser cosechados del árbol para almacenamiento, transporte o procesamiento. En este momento alcanzan el tamaño y la forma característicos de la variedad, pero aún no poseen el sabor y aroma plenos.

Principales signos de la madurez de recolección:

  • El fruto se desprende fácilmente del pedúnculo con un giro suave.
  • La piel adquiere el color característico de la variedad (en variedades oscuras, azul violáceo; en claras, amarillo verdoso).
  • La pulpa permanece firme pero pierde la dureza excesiva.

Para la mayoría de las variedades de ciruela, la madurez de recolección ocurre de 3 a 5 días antes de la madurez de consumo (Agustí, 2010). Es en esta etapa cuando se recolectan los frutos destinados al almacenamiento prolongado y al transporte a largas distancias.

Madurez de consumo

Esta es la etapa en la que los frutos están completamente listos para comer: han adquirido el sabor, aroma, jugosidad y la textura óptima característicos de la variedad. A diferencia de las manzanas y peras, las ciruelas son frutos no climatéricos. Esto significa que después de la cosecha prácticamente no aumentan su contenido de azúcares ni se vuelven más dulces (Westwood, 1993).

¡Importante! Las ciruelas cosechadas demasiado temprano no madurarán hasta alcanzar el sabor completo durante el almacenamiento; permanecerán duras y ácidas. Solo se pueden usar para procesamiento (compotas, mermeladas).

Si planea comer ciruelas de inmediato, espere a la madurez de consumo completa. Para la venta local y el procesamiento, los frutos se recolectan en esta etapa o 1 o 2 días antes (Тарасов, 1981).

En la práctica, se utilizan diferentes etapas de madurez para diferentes fines:

Propósito de los frutos Etapa de madurez recomendada
Almacenamiento prolongado Recolección (temprana)
Transporte a larga distancia Recolección
Procesamiento (mermeladas, compotas) Recolección o inicio de consumo
Consumo en fresco Consumo completa

2. Cuándo cosechar

Determinar el momento adecuado para la cosecha es una habilidad clave que afecta directamente la vida útil de los frutos y su sabor. A continuación se presentan pautas confiables que le ayudarán a tomar la decisión correcta.

Signos de madurez

En la práctica, para determinar la madurez de recolección de la ciruela se utiliza una combinación de varios signos simples. No conviene basarse solo en uno de ellos, ya que las condiciones climáticas y las características de la variedad pueden distorsionar la información.

1. Color de la piel (color de fondo)

En la mayoría de las variedades de ciruela, el color de fondo de la piel cambia a medida que madura. En variedades de color oscuro (por ejemplo, 'Húngara', 'Stanley'), el fondo verde se torna violeta, azul o rojo oscuro. En variedades con piel amarilla o verde ('Reina Claudia', 'Mirabel'), el fondo se vuelve dorado o amarillo verdoso.

Importante: en algunas variedades, el color completo puede aparecer antes de que el fruto alcance la madurez de recolección, por lo que el color es solo una de las referencias (Westwood, 1993).

2. Desprendimiento del fruto de la rama

La prueba práctica más fiable: tome el fruto en la mano, levántelo ligeramente y gírelo 90°. Si la ciruela se desprende fácilmente del pedúnculo sin esfuerzo significativo, ha alcanzado la madurez de recolección. Si el fruto está firmemente sujeto y no se desprende, es demasiado pronto. Este signo es universal para todas las variedades y se considera el principal (Тарасов, 1981).

3. Consistencia de la pulpa

En la madurez de recolección, la pulpa del fruto se vuelve firme pero ya no dura. Al presionar ligeramente con el dedo, cede un poco, pero no se hunde. En frutos sobremaduros, la pulpa se vuelve blanda y ya no son aptos para el almacenamiento (Agustí, 2010).

4. Sabor y contenido de azúcares

Para la madurez de consumo, se guía por el sabor: los frutos deben ser dulces, con el aroma característico de la variedad. Para la madurez de recolección, se puede usar un refractómetro portátil: en la mayoría de las variedades de ciruela de buena calidad, el contenido de sólidos solubles (azúcares) es de al menos 12–14 % (Crisosto & Kader, 2000; Gull et al., 2023). Si no dispone del aparato, simplemente pruebe el fruto: en la madurez de recolección ya no es astringente, pero puede que aún no esté completamente dulce.

5. Prueba de yodo y almidón

Este método es bien conocido por los jardineros experimentados. Haga un corte fresco en el fruto y aplique una gota de solución de yodo diluida (1–2 %). Si el corte se tiñe de azul, el fruto tiene mucho almidón y no está maduro. Si la coloración es débil o nula, el almidón se ha convertido en azúcares y el fruto está maduro. Para la madurez de recolección, la mayoría de las variedades de ciruela muestran una coloración de 2 a 3 puntos en una escala de cinco puntos (Тарасов, 1981). Este método proporciona información adicional, pero no es obligatorio para el jardinero aficionado.

Características de los diferentes grupos de ciruelas

Los tiempos de maduración y los signos de madurez varían entre los diferentes grupos botánicos, lo que es importante tener en cuenta al planificar la cosecha.

Ciruelas europeas (Prunus domestica)

Este grupo incluye la mayoría de las variedades de jardín conocidas: 'Húngara', 'Reina Claudia', 'Stanley', 'Victoria'. Por lo general, maduran más tarde (agosto–septiembre) y tienen un período de cosecha prolongado de 2 a 3 semanas. Los frutos de un mismo árbol no maduran simultáneamente, por lo que la recolección se realiza en 2 o 3 pases (Westwood, 1993). Estas variedades se utilizan a menudo para secado (ciruelas pasas) y almacenamiento prolongado.

Ciruelas japonesas (Prunus salicina)

Las variedades de este grupo ('Shiro', 'Santa Rosa', 'Black Amber') se caracterizan por una maduración más temprana (julio–agosto) y, por lo general, una pulpa más delicada. Su madurez de consumo llega rápidamente y el período de cosecha es muy corto: de 5 a 7 días. Los frutos se sobremaduran fácilmente en el árbol, volviéndose blandos y no aptos para el almacenamiento (Gull et al., 2023). Por lo tanto, es especialmente importante cosecharlos a tiempo, en la etapa de madurez de recolección, si planea almacenarlos o transportarlos.

Ciruela cereza y ciruela mirobálana (Prunus cerasifera)

Estas cultivos maduran temprano (en regiones del sur, en junio–julio), con frutos pequeños pero muy firmes. Su madurez de recolección ocurre cuando la piel adquiere color amarillo, rosa o rojo, y la pulpa se vuelve ligeramente blanda. Los frutos de ciruela cereza pueden permanecer en el árbol mucho tiempo sin caerse, pero para la cosecha es mejor guiarse por el color y el sabor (Трунов, 2012).

Variedades híbridas (pluots, apriums)

Estos híbridos modernos entre ciruela y albaricoque combinan características de ambos progenitores. Su madurez de recolección se determina igual que en las ciruelas japonesas, por el color y el fácil desprendimiento, pero los tiempos de maduración pueden variar considerablemente (Buckingham, 2010).

Influencia de las condiciones climáticas

El clima durante el período de maduración tiene una fuerte influencia tanto en el momento de la cosecha como en la calidad de los frutos. Estos son los principales factores a considerar:

Calor y días soleados

En veranos calurosos y secos, la maduración se acelera de 5 a 10 días en comparación con las fechas medias a largo plazo. En tal situación, es importante no perder el momento de la madurez de recolección: revise los árboles a diario. Las altas temperaturas también aumentan el contenido de azúcares, pero pueden provocar sobremaduración y ablandamiento de los frutos (Westwood, 1993).

Clima lluvioso antes de la cosecha

Las lluvias abundantes durante el período de maduración son un factor de riesgo. El agua que cae sobre los frutos puede provocar grietas en la piel. Las grietas son puertas de entrada para infecciones (podredumbres fúngicas), y estos frutos no se conservan. Además, las lluvias reducen el contenido de azúcares y deterioran el sabor (Gull et al., 2023). Si se pronostican lluvias, recoja la cosecha un poco antes, en una etapa más temprana de la madurez de recolección; esto reducirá las pérdidas.

Heladas (tempranas de otoño)

Si cultiva variedades tardías, existe el riesgo de daño por las primeras heladas otoñales. Las ciruelas pueden soportar descensos breves de temperatura hasta –2…–3 °C sin consecuencias graves, pero con heladas más fuertes la pulpa se vuelve acuosa, pierde sabor y se estropea rápidamente. En tales casos, la cosecha se recoge antes de que lleguen las heladas (Agustí, 2010).

Viento y granizo

El viento fuerte puede provocar la caída prematura de los frutos, especialmente los sobremaduros. El granizo causa daños mecánicos, después de los cuales los frutos ya no son aptos para el almacenamiento; deben enviarse inmediatamente a procesamiento.

Recomendaciones prácticas para determinar el momento de la cosecha

1. Lleve un calendario. Anote las fechas de floración y cosecha de cada variedad en su jardín. Al comparar los datos de varios años, aprenderá a predecir los tiempos de maduración con una precisión de 3 a 5 días.

2. Inspeccione los árboles regularmente. Durante la maduración, revise los frutos cada 2 o 3 días. Comience por las partes del follaje que reciben más sol; allí los frutos maduran más rápido (Westwood, 1993).

3. Realice la prueba de desprendimiento en varios frutos de diferentes lados del árbol. Si la mayoría de los frutos se desprenden fácilmente, es hora de cosechar.

4. Tenga en cuenta el propósito. Para el almacenamiento prolongado, recoja los frutos un poco antes, al comienzo de la madurez de recolección. Para el consumo inmediato y la venta local, déjelos madurar hasta la madurez de consumo (Тарасов, 1981).

5. No se demore. En tiempo cálido, un retraso de 2 a 3 días puede provocar una sobremaduración masiva y la caída de los frutos. Es mejor empezar la cosecha un poco antes que llegar tarde.

3. Normas de recolección

La recolección es la etapa en la que se sientan las bases para un almacenamiento exitoso. Un fruto recogido descuidadamente puede estropear no solo a sí mismo, sino también a los vecinos durante el almacenamiento. Por lo tanto, es importante dominar la técnica correcta y evitar errores comunes.

Técnica de recolección: cómo recoger los frutos correctamente

La recogida adecuada de ciruelas no es simplemente arrancar el fruto de la rama. Es un movimiento preciso que preserva la integridad del fruto y sus propiedades protectoras.

Regla principal: separe el fruto con el pedúnculo

El método más fiable es tomar el fruto en la palma de la mano, levantarlo ligeramente y girarlo simultáneamente sobre su eje entre 90 y 180 grados (Westwood, 1993; Тарасов, 1981). De este modo, el pedúnculo se separa de la rama exactamente por la capa de abscisión natural, sin daños. El fruto conserva el pedúnculo, lo cual es fundamental:

  • El pedúnculo cierra la "puerta de entrada" para los patógenos de la podredumbre (Agustí, 2010).
  • El fruto con pedúnculo pierde humedad más lentamente (Тарасов, 1981).
  • Estos frutos soportan mejor el transporte y el apilado.

Lo que no se debe hacer:

  • No tire del fruto hacia abajo, alejándolo de la rama; esto suele provocar el desgarro del pedúnculo o el arranque de parte de la pulpa.
  • No apriete el fruto con los dedos; las abolladuras restantes se oscurecen rápidamente y se convierten en focos de daño.

Si el fruto no se desprende con un giro suave, aún no ha madurado. No use la fuerza.

Organización de la recolección: orden y herramientas

Plazos y frecuencia de recolección

Las ciruelas de un mismo árbol no maduran al mismo tiempo. Generalmente, los primeros en madurar son los frutos de los lados sur y suroeste del follaje, bien iluminados; luego los de la parte media, y por último los de la zona inferior y sombreada (Westwood, 1993; Тарасов, 1981). Por lo tanto, la recolección se realiza en 2 o 3 pases con un intervalo de 3 a 5 días. Este enfoque permite recoger cada lote en la etapa óptima de madurez de recolección y minimizar las pérdidas por sobremaduración y caída.

Herramientas y envases

  • Para la recolección de árboles bajos, son suficientes las manos y un envase ligero (cestos, cubos poco profundos). Es aconsejable forrar el fondo con material blando (tela, papel) (Buckingham, 2010).
  • Para árboles altos, use escaleras de tijera de jardín que se sostengan firmemente en suelo suelto. Recoja los frutos de los niveles superiores con bolsas recolectoras (Тарасов, 1981).
  • El envase no debe tener una capacidad superior a 8–10 kg: en recipientes demasiado profundos, los frutos del fondo se dañan por la presión de los superiores (Gull et al., 2023).
  • Las cajas y cestos deben estar limpios, secos, sin rebabas ni bordes afilados. Utilice almohadillas blandas entre las capas.

Secuencia de acciones durante la recolección

1. Comience por las ramas periféricas y mejor iluminadas. Avance desde la parte superior del follaje hacia la inferior.

2. Recoja solo los frutos que se desprendan fácilmente. Deje los inmaduros para el siguiente pase.

3. Deseche inmediatamente los frutos con signos de enfermedades, grietas o daños; no irán al almacenamiento.

4. Coloque cuidadosamente los frutos en el envase, evitando arrojarlos. Cada fruto debe quedar libre, sin presión de los vecinos (Тарасов, 1981).

Hora del día para la recolección

El mejor momento es temprano por la mañana, después de que se haya secado el rocío, o por la tarde, cuando disminuye el calor. Con tiempo caluroso, los frutos se vuelven más blandos y sensibles a los daños. Además, los frutos recolectados con calor tienen una temperatura más elevada, lo que acelera la respiración y reduce su capacidad de conservación (Agustí, 2010). Si es posible, realice la recolección en las horas más frescas.

Prevención de daños

Los daños durante la recolección y el transporte son la principal causa de pérdidas durante el almacenamiento. Principales tipos de daños y cómo evitarlos:

Daños mecánicos (abolladuras, punzadas, arañazos)

  • Causa: manipulación descuidada, lanzamiento de frutos, uso de envases rígidos, llenado excesivo de los recipientes.
  • Consecuencias: en el lugar del daño se activan los procesos respiratorios, el tejido se oscurece y se crean condiciones para la entrada de infecciones fúngicas (Agustí, 2010).
  • Cómo evitarlo: recoja los frutos con cuidado, colóquelos con suavidad, evite golpes y roces.

Daños causados por los pedúnculos de frutos vecinos

Al colocar los frutos en el envase, los pedúnculos pueden arañar y perforar la piel de los frutos vecinos. Para evitarlo, los frutos se colocan con los pedúnculos hacia abajo o hacia los lados, y entre las capas se coloca papel blando (Тарасов, 1981). Para el almacenamiento prolongado también se practica envolver cada fruto en papel fino.

Golpes por caída

Una caída accidental del fruto al suelo o al fondo del envase desde una altura superior a 30 cm casi garantiza la aparición de una abolladura interna, que no es visible de inmediato, pero se manifestará durante el almacenamiento. Utilice alfombrillas blandas debajo de los envases y no sobrecargue los recipientes (Buckingham, 2010).

Quemadura solar

Si los frutos permanecen mucho tiempo al sol después de la recolección, su piel puede sufrir quemaduras: aparecen manchas amarillo-marrones y los tejidos se vuelven flojos. Esto es especialmente peligroso para las variedades de color amarillo claro y verde. Traslade los frutos recolectados a la sombra inmediatamente (Westwood, 1993).

Errores típicos en la recolección

Basándose en la experiencia de muchos años de jardineros y en recomendaciones científicas, destacamos los errores más frecuentes:

1. Retrasar el inicio de la recolección. Esperar la "maduración completa" de todos los frutos provoca que los primeros lotes se sobremaduren y caigan. La recolección debe comenzar con la aparición de los primeros signos de madurez de recolección y realizarse de forma selectiva.

2. Recoger frutos inmaduros con la esperanza de que maduren durante el almacenamiento. En la ciruela este truco no funciona: si el fruto se recoge demasiado pronto, no acumulará suficientes azúcares y permanecerá ácido y duro (Westwood, 1993). Para el almacenamiento, solo se recogen en la etapa de madurez de recolección, pero no antes.

3. Recoger en las horas más calurosas del día. La temperatura elevada de los frutos acelera su respiración y envejecimiento, reduciendo su capacidad de conservación. Siempre que sea posible, recoja por la mañana o por la tarde.

4. Utilizar envases sucios o húmedos. La suciedad es fuente de microorganismos; la humedad favorece el desarrollo de podredumbres. Todos los envases deben estar limpios y secos antes de su uso.

5. Dañar los frutos al desprenderlos (arrancar sin pedúnculo, presionar el fruto). Esto reduce drásticamente la resistencia a las enfermedades de almacenamiento.

6. Mezclar frutos de diferentes grados de madurez en un mismo envase. Los frutos más maduros liberan más etileno, lo que estimula la sobremaduración de los más tempranos. Clasifíquelos durante el proceso de recolección (Gull et al., 2023).

El cumplimiento de estas sencillas normas le permitirá cosechar con pérdidas mínimas y prepararla para el almacenamiento prolongado.

4. Clasificación de la cosecha

Inmediatamente después de la recolección, tiene en sus manos un cesto o caja con ciruelas que parecen más o menos iguales. Sin embargo, en realidad difieren en el grado de madurez, tamaño, presencia de daños ocultos y, lo más importante, en su destino posterior. La clasificación no es simplemente "separar en montones", sino un paso clave que determina cuántos frutos se podrán conservar y cuántos irán a procesamiento.

El principio principal: nunca mezcle frutos de diferente calidad en un mismo envase. Un solo fruto enfermo o sobremaduro puede estropear en pocos días todo lo que tiene al lado (Agustí, 2010).

Para qué sirve la clasificación

La clasificación resuelve tres tareas principales:

1. Seleccionar frutos para el almacenamiento prolongado — solo los mejores, sin daños y en la etapa de madurez adecuada.

2. Separar frutos para procesamiento — aquellos que no son aptos para el almacenamiento pero aún se pueden aprovechar.

3. Eliminar frutos enfermos y dañados — no deben estar en contacto con los de calidad.

La clasificación también permite calibrar los frutos por tamaño, lo que mejora su presentación y permite un uso más racional del embalaje y el espacio de almacenamiento (Тарасов, 1981).

Selección de frutos para el almacenamiento prolongado

Solo son aptos para el almacenamiento los frutos que cumplan los siguientes requisitos:

Etapa de madurez. Solo la madurez de recolección. Los frutos deben ser suficientemente firmes y consistentes, pero no duros. Ya tienen el color característico de la variedad, pero aún no están completamente blandos. Los frutos sobremaduros no son aptos para el almacenamiento (Westwood, 1993; Gull et al., 2023).

Integridad de la piel. La piel no debe tener grietas, punzadas, arañazos ni abolladuras. Cualquier rotura de la integridad es una puerta de entrada para las infecciones fúngicas. Incluso los pequeños arañazos de los pedúnculos de frutos vecinos pueden causar podredumbre durante el almacenamiento (Agustí, 2010).

Presencia de pedúnculo. Para el almacenamiento prolongado, es recomendable seleccionar frutos con el pedúnculo intacto. El pedúnculo impide la pérdida de humedad y cierra el canal de entrada de patógenos. Los frutos sin pedúnculo pierden humedad más rápido y son más susceptibles a las podredumbres (Тарасов, 1981).

Ausencia de signos de enfermedades y plagas. Examine cuidadosamente cada fruto: ¿hay manchas sospechosas (marrones, negras), rastros de insectos (galerías, perforaciones), protuberancias o moho? Incluso un fruto infectado puede provocar la propagación de la infección (Buckingham, 2010).

Calibre (tamaño). Para el almacenamiento es mejor seleccionar frutos del mismo tamaño (calibre). Esto facilita el apilado y permite una circulación de aire más uniforme si los frutos se empaquetan en cajas. Los frutos de diferentes tamaños se colocan en lotes distintos.

Frutos para procesamiento (no para almacenamiento)

No todas las ciruelas pueden destinarse al almacenamiento prolongado. Sin embargo, esto no significa que se pierdan. Muchas son excelentes para el procesamiento. A esta categoría pertenecen:

  • Frutos con pequeños defectos superficiales — arañazos leves, abolladuras ligeras, marcas de granizo, si el daño no penetra en la pulpa. Estos frutos se pueden usar para mermeladas, compotas, jugos (Gull et al., 2023).
  • Frutos en plena madurez de consumo, que ya están demasiado blandos para el almacenamiento, pero aún tienen buen sabor. Es mejor consumirlos de inmediato, procesarlos o congelarlos.
  • Frutos pequeños, que no tienen aspecto comercial pero cuyo sabor no es inferior al de los grandes. Son aptos para conservas, preparación de mermeladas espesas o fruta deshidratada.
  • Frutos inmaduros (cosechados demasiado pronto) — no se volverán más dulces durante el almacenamiento, pero se pueden usar para compotas, encurtidos, así como para la elaboración de vinagre de ciruela o salsas (Westwood, 1993).

Frutos dañados y enfermos

Esta es una categoría que requiere atención inmediata. Los frutos enfermos y gravemente dañados:

  • No se pueden almacenar — se pudrirán rápidamente e infectarán a los vecinos.
  • No se pueden colocar junto con los de calidad ni siquiera por un corto tiempo.
  • Deben eliminarse del conjunto general durante la recolección o inmediatamente después (Agustí, 2010).

A esta categoría pertenecen:

  • Frutos con signos de enfermedades fúngicas (podredumbre parda, podredumbre del fruto — véase el capítulo 6).
  • Frutos con grietas profundas, especialmente si la grieta llega hasta el hueso o la pulpa ya ha empezado a oscurecerse.
  • Frutos dañados por insectos (por ejemplo, la carpocapsa de la ciruela) — con galerías, excrementos en el interior.
  • Frutos sobremaduros, con pulpa blanda y pastosa.
  • Frutos con signos de trastornos fisiológicos (pardeamiento de la pulpa, vidriosidad, "agua").

Estos frutos suelen eliminarse: se entierran en el compost (pero no frescos, para no atraer plagas), se queman o se retiran del jardín. En pequeñas explotaciones se pueden usar para alimentación animal (si no hay signos de toxicidad), pero lo más frecuente es que se destruyan (Buckingham, 2010).

Procedimiento de clasificación: pasos prácticos

1. Selección primaria — directamente en el jardín, durante la recolección. Deseche los frutos visiblemente dañados y enfermos; no los ponga en el envase común (Тарасов, 1981).

2. Clasificación en casa (o en la mesa de embalaje) — después de trasladar la cosecha a un lugar fresco. Clasifique los frutos en tres categorías:

  • Categoría 1. Para almacenamiento prolongado. Solo frutos intactos, con pedúnculo, en madurez de recolección, del mismo calibre.
  • Categoría 2. Para procesamiento (inmediato) y consumo. Frutos ligeramente dañados, sobremaduros, pequeños, no estándar.
  • Categoría 3. Para eliminación. Frutos enfermos, podridos, con daños profundos, con signos de plagas.
  • Adicionalmente, si es necesario, puede calibrar los frutos por tamaño (por ejemplo, grandes, medianos, pequeños) — esto facilitará el embalaje y puede ser importante para la venta.

Por qué la clasificación es tan importante para el almacenamiento

Las investigaciones científicas confirman que incluso un solo fruto con una etapa inicial de podredumbre parda en una caja durante el almacenamiento puede provocar la infección del 20–30 % de los frutos vecinos en 1 o 2 semanas (Agustí, 2010). La clasificación es la forma más sencilla y eficaz de romper la cadena de propagación de la infección y prevenir pérdidas masivas.

Además, la separación por destino permite utilizar de manera óptima cada parte de la cosecha. Los frutos que no superan la selección para el almacenamiento no se desechan, sino que encuentran su uso en el procesamiento o en la cocina. Esto aumenta el rendimiento económico global del huerto y reduce el desperdicio de alimentos.

En el siguiente capítulo, pasaremos a la etapa más importante: las condiciones de almacenamiento: cuál debe ser la temperatura, la humedad, cómo embalar correctamente los frutos para que duren meses.

5. Condiciones de almacenamiento

Después de haber determinado correctamente el momento de la cosecha, recogido con cuidado y clasificado meticulosamente la cosecha, llega la etapa más crucial: crear las condiciones en las que los frutos conserven sus cualidades el mayor tiempo posible. La ciruela es un fruto bastante delicado, pero si se respetan los parámetros óptimos, puede almacenarse desde varias semanas hasta varios meses. Todo depende de la variedad, la etapa de madurez y, por supuesto, de la precisión con que se cumplan los requisitos de temperatura, humedad, ventilación y embalaje.

Temperatura de almacenamiento

La temperatura es el factor principal que determina la duración del almacenamiento. La ciruela, como todos los frutos vivos, continúa respirando después de la cosecha, consumiendo sustancias almacenadas y liberando calor. Cuanto mayor es la temperatura, más intensa es la respiración, más rápido envejecen los frutos, pierden humedad, se ablandan y se vuelven vulnerables a las enfermedades.

Rango óptimo: para la mayoría de las variedades de ciruela, la temperatura de almacenamiento recomendada es de 0 a +1 °C (Agustí, 2010; Westwood, 1993; Hochmuth & Sideman, 2023). A esta temperatura, la respiración de los frutos se ralentiza aproximadamente de 3 a 4 veces en comparación con la temperatura ambiente (+20 °C), lo que permite mantener la calidad durante 2 a 5 semanas o más.

Sin embargo, hay matices importantes:

  • Sensibilidad a las bajas temperaturas (daño por frío). La ciruela es un fruto sensible al enfriamiento excesivo. Aunque la temperatura óptima es 0 °C, el almacenamiento prolongado a temperaturas inferiores a –1 °C puede provocar daños en los tejidos (el llamado "daño por frío"). Signos: pardeamiento de la pulpa, pérdida de jugosidad, aparición de zonas acuosas, alteración del sabor (Gull et al., 2023). Por lo tanto, no permita la congelación de los frutos.
  • Diferentes variedades tienen diferente sensibilidad. Algunas variedades (especialmente del grupo japonés, como 'Santa Rosa') son más sensibles al frío, y para ellas se recomienda una temperatura no inferior a +2…+3 °C (Gull et al., 2023). Sin embargo, a esta temperatura el período de almacenamiento se acorta. Las variedades europeas ('Húngara', 'Stanley') suelen ser más resistentes y se conservan bien a 0 °C.
  • Enfriamiento gradual (preenfriamiento). Después de la cosecha, los frutos tienen la temperatura de campo (a menudo 20–25 °C). Colocarlos bruscamente en una cámara fría puede provocar condensación de humedad en la superficie y estrés en los tejidos. Se recomienda enfriar los frutos gradualmente: primero a +10 °C durante 6–12 horas, luego a +2…+3 °C y solo después bajar a 0 °C (Agustí, 2010). En el hogar, esto significa que no debe poner frutos calientes directamente en el estante más frío del refrigerador; es mejor dejarlos enfriar en una habitación fresca (por ejemplo, en el sótano) durante la noche.

Humedad del aire

La humedad es el segundo parámetro en importancia. Las ciruelas contienen mucha agua (alrededor del 85 %) y durante el almacenamiento pierden humedad constantemente por evaporación. Si el aire es demasiado seco, los frutos se arrugan, la piel se vuelve flácida y los frutos pierden aspecto y sabor. Si la humedad es demasiado alta (superior al 95 %), se crean condiciones para el desarrollo de mohos y podredumbres.

Rango óptimo de humedad relativa: 85–95 % (Hochmuth & Sideman, 2023; Westwood, 1993). Con esta humedad, la evaporación de la superficie de los frutos es mínima, lo que evita la marchitez, pero no se crea una humedad excesiva que favorezca el desarrollo de patógenos.

Cómo mantener la humedad adecuada en el hogar:

  • En una bodega o sótano, se pueden usar recipientes con agua, arpillera húmeda o rociar el suelo con regularidad para aumentar la humedad. Pero asegúrese de que el agua no entre en contacto con los frutos.
  • En un refrigerador doméstico, la humedad suele ser inferior a la óptima (alrededor del 65–75 %). Para aumentarla, puede colocar los frutos en recipientes cerrados con orificios de ventilación o usar recipientes especiales para verduras con regulación de humedad. También ayuda el embalaje en bolsas de polietileno perforadas, que crean un microclima con mayor humedad.
  • Evite la condensación: gotas de agua en la superficie de los frutos. Esto provoca el desarrollo de podredumbres. Si nota condensación, proporcione ventilación adicional o abra ligeramente el embalaje.

Ventilación

Las ciruelas continúan respirando, absorbiendo oxígeno y liberando dióxido de carbono y etileno. El etileno es una hormona gaseosa que estimula la maduración y el envejecimiento. Si en el almacén se acumula un exceso de etileno y dióxido de carbono, se acelera la sobremaduración y se deteriora la calidad. Por lo tanto, es necesaria la circulación del aire.

Recomendaciones prácticas para la ventilación:

  • En almacenes fijos (bodegas, sótanos) debe haber ventilación natural o forzada que garantice la entrada de aire fresco y la evacuación del exceso de calor y gases. Lo ideal es que el intercambio de aire se produzca 1 o 2 veces al día (Hochmuth & Sideman, 2023).
  • En refrigeradores y sótanos domésticos, trate de no apilar las cajas demasiado apretadas. Debe quedar espacio entre las cajas y las paredes para la circulación del aire.
  • No coloque las ciruelas en bolsas de polietileno herméticas sin agujeros: en ellas se acumula rápidamente dióxido de carbono, lo que provoca sabores desagradables y deterioro. Utilice bolsas perforadas o recipientes abiertos con tapa, pero con rendijas para el aire.
  • Revise periódicamente (cada 1 o 2 semanas) el estado de los frutos y ventile el almacén si nota olor a humedad.

Embalaje

Un embalaje adecuado cumple varias funciones: protege los frutos de daños mecánicos, regula el intercambio gaseoso, mantiene una humedad óptima y evita la contaminación cruzada por enfermedades.

Para el almacenamiento prolongado en el hogar, se recomiendan las siguientes opciones:

1. Cajas (de madera o plástico) con ranuras de ventilación. Es el método tradicional. Los frutos se colocan en filas, intercalados con papel blando (por ejemplo, papel kraft) o virutas de madera (solo limpias, sin olor) (Тарасов, 1981). Una capa de papel entre las filas evita el contacto, reduce la fricción mecánica y absorbe el exceso de humedad. Las cajas deben tener orificios para la circulación del aire.

2. Forros de polietileno (bolsas forro) para cajas. Es un enfoque moderno que permite crear dentro del envase una atmósfera modificada con menor oxígeno y mayor dióxido de carbono, lo que frena aún más la maduración (Gull et al., 2023). Los forros deben tener pequeños orificios de perforación (diámetro de 5–10 mm) para evitar la acumulación excesiva de CO2 y condensación. En casa, se pueden utilizar bolsas de plástico comunes, pero siempre con varias perforaciones.

3. Envolver cada fruto en papel. Es un método laborioso pero fiable, especialmente para variedades valiosas. Cada fruto se envuelve en papel fino y seco (papel de fumar o kraft) y se coloca en una sola capa en una caja. Esto elimina por completo el contacto entre los frutos, lo que evita la transmisión de infecciones y reduce las pérdidas por magulladuras (Тарасов, 1981). Para cosechas grandes, este método no siempre es práctico, pero para pequeñas cantidades da los mejores resultados.

4. Recipientes con tapa (para el refrigerador). Para el almacenamiento en un refrigerador doméstico, son prácticos los recipientes de plástico con tapa con pequeños agujeros. Coloque una capa de toallas de papel en el fondo para absorber el exceso de humedad, y cubra los frutos con otra capa para evitar la evaporación. Este método es adecuado para almacenar de 2 a 3 semanas.

Normas importantes para el embalaje:

  • Antes de colocar los frutos, asegúrese de que estén completamente secos. Los frutos húmedos se pudren más rápido (Agustí, 2010).
  • No apile más de 2 o 3 capas de frutos en la caja para que los de abajo no sufran presión.
  • No mezcle frutos de diferentes variedades ni de diferentes lotes en un mismo embalaje; pueden tener diferente duración de almacenamiento y diferente sensibilidad a las enfermedades.
  • Etiquete las cajas (variedad, fecha de cosecha) para controlar los plazos de almacenamiento.

Duración del almacenamiento según la variedad y las condiciones

En condiciones óptimas (0 °C, 90–95 % de humedad), la mayoría de las variedades europeas de ciruela (por ejemplo, 'Húngara', 'Stanley', 'Reina Claudia') pueden almacenarse de 2 a 5 semanas, y algunas variedades tardías hasta 8 semanas (Hochmuth & Sideman, 2023; Westwood, 1993). Las variedades japonesas, por lo general, se conservan peor, no más de 2 a 3 semanas.

A temperaturas más altas (+5 °C), el período de almacenamiento se reduce a 1 o 2 semanas. A temperatura ambiente (+20 °C), las ciruelas conservan su frescura no más de 3 a 5 días.

Signos de que el período de almacenamiento está llegando a su fin:

  • Los frutos se vuelven demasiado blandos (se hunden fácilmente con el dedo).
  • La piel pierde brillo, se vuelve mate y aparecen arrugas.
  • Aparecen manchas oscuras, signos del inicio de una infección fúngica.
  • Los frutos empiezan a exudar jugo o se vuelven acuosos.

Técnicas adicionales para prolongar el almacenamiento

Investigaciones recientes recomiendan algunos métodos adicionales accesibles para los jardineros aficionados:

  • Tratamiento con 1-metilciclopropeno (1-MCP). Es un inhibidor gaseoso de los receptores de etileno que ralentiza significativamente la maduración y prolonga la vida útil de las ciruelas (Gull et al., 2023). En la industria se aplica en cámaras especiales, pero para aficionados existen pequeñas bolsitas que se pueden colocar en el envase con los frutos (se venden en tiendas de jardinería). Su uso aumenta considerablemente el tiempo de almacenamiento, especialmente en las variedades del grupo japonés.
  • Atmósfera modificada (AM). En casa se puede crear un efecto de AM utilizando bolsas de polietileno gruesas con pequeños agujeros (perforación). Con el tiempo, se establece un contenido reducido de oxígeno (2–3 %) y elevado de dióxido de carbono (hasta 5–8 %), lo que inhibe la respiración y la maduración (Hochmuth & Sideman, 2023). Sin embargo, hay que tener cuidado: si los agujeros son demasiado pequeños, puede formarse un ambiente anaeróbico que provoque fermentación alcohólica y olores desagradables.
  • Inspección periódica. Incluso en condiciones ideales, algunos frutos pueden estropearse. Una vez a la semana, revise las ciruelas almacenadas y retire los ejemplares sospechosos. Esto aumenta significativamente la duración total del almacenamiento de los frutos restantes.

El cumplimiento de todas estas condiciones le permitirá prolongar el placer de las ciruelas frescas durante varias semanas, y a veces meses, lo que es especialmente valioso para las variedades tardías que se pueden almacenar hasta el invierno.

6. Causas de las pérdidas durante el almacenamiento

Incluso con una cosecha perfectamente organizada y un estricto control de la temperatura, una parte de los frutos inevitablemente se estropea. Las pérdidas durante el almacenamiento se deben a dos grupos principales de causas: patológicas (enfermedades causadas por hongos y bacterias) y fisiológicas (trastornos metabólicos del propio fruto). Además, los errores en las condiciones de almacenamiento contribuyen de manera significativa: o bien provocan el desarrollo de enfermedades, o bien agravan los trastornos fisiológicos. Comprender estas causas permite tomar medidas a tiempo y reducir las pérdidas al mínimo.

Enfermedades de almacenamiento

La principal causa de pérdidas durante el almacenamiento de ciruelas son las infecciones fúngicas. Los patógenos penetran en el fruto a través de microfisuras, heridas, el punto de unión del pedúnculo o a través de la piel intacta en el caso de algunas especies agresivas. En un almacén con alta humedad y temperatura moderada, los hongos se desarrollan rápidamente, pasando de un fruto a otro.

Podredumbre parda (Monilinia fructicola y M. laxa)

Es la enfermedad más común y peligrosa de la ciruela durante el almacenamiento. El hongo infecta los frutos aún en el árbol (especialmente en tiempo lluvioso), pero la infección se manifiesta más a menudo durante el almacenamiento.

Signos: aparecen manchas marrones en la piel que aumentan rápidamente. La pulpa debajo de la mancha se vuelve marrón, blanda y acuosa. En la superficie de las manchas suelen formarse círculos concéntricos de esporas de color crema o gris, especialmente visibles con alta humedad. En pocos días, el fruto se pudre por completo y se cubre de esporulación, infectando a los frutos vecinos (Agustí, 2010).

Condiciones de desarrollo: el óptimo para el hongo es 20–25 °C, pero se desarrolla activamente incluso a 0 °C, aunque más lentamente. La alta humedad (superior al 90 %) acelera el proceso.

Prevención: selección cuidadosa de frutos sin daños, eliminación de ejemplares enfermos durante la revisión, mantenimiento de la temperatura cercana a 0 °C y humedad no superior al 90–95 %. En entornos industriales se aplican tratamientos fungicidas antes del almacenamiento, pero en la jardinería aficionada es importante clasificar los frutos y eliminar incluso las manchas sospechosas más pequeñas (Westwood, 1993).

Moho gris (Botrytis cinerea)

Es la segunda enfermedad de almacenamiento en importancia. El hongo infecta frutos debilitados, a menudo a través de heridas o del pedúnculo.

Signos: el fruto se cubre con un moho gris y velloso (esporulación), la pulpa se vuelve acuosa y marrón. La infección suele comenzar en la zona del pedúnculo.

Condiciones de desarrollo: Botrytis prefiere alta humedad (cercana al 100 %) y temperaturas de 15–20 °C, pero puede crecer incluso a 0 °C. Es especialmente peligroso si los frutos se almacenan durante mucho tiempo con alta humedad en un lugar mal ventilado (Hochmuth & Sideman, 2023).

Prevención: buena ventilación, eliminación de condensación, prevención de daños mecánicos. Si se detecta un foco, retire inmediatamente los frutos afectados.

Moho azul y verde (Penicillium expansum, P. italicum)

Estos hongos afectan más a menudo a las manzanas, pero cuando se almacenan juntos o cuando los envases están contaminados, pueden pasar a las ciruelas.

Signos: aparecen manchas redondas y acuosas en la piel, luego se forma un moho de color verde azulado (en P. expansum azulado, en P. italicum verdoso). La pulpa debajo de las manchas se vuelve blanda y marrón.

Prevención: limpieza de los envases y del almacén, tratamiento de las superficies con desinfectantes (solución débil de permanganato de potasio, lejía) antes del almacenamiento (Agustí, 2010). Los hongos suelen introducirse con cajas sucias.

Otras enfermedades

Menos frecuentes, pero se presentan:

  • Podredumbre por Rizopus (Rhizopus stolonifer) — podredumbre "acuosa" de evolución rápida; el fruto se ablanda y se desintegra en 2 o 3 días a temperatura ambiente. Suele aparecer después de daños en los frutos. A bajas temperaturas (0–2 °C) su desarrollo se detiene.
  • Podredumbre por Phomopsis (Phomopsis) — provoca pequeñas manchas negras y pardeamiento de la pulpa. Es menos común, pero puede ser introducida con el material de plantación.

Trastornos fisiológicos

Estos trastornos no están relacionados con infecciones; surgen por alteraciones metabólicas en el propio fruto, a menudo debidas a características varietales, condiciones de cultivo o errores durante el almacenamiento.

Pardeamiento interno de la pulpa ("podredumbre parda interna")

Es uno de los trastornos fisiológicos más frecuentes de la ciruela durante el almacenamiento. Se manifiesta por el pardeamiento de los tejidos alrededor del hueso y en el interior de la pulpa, mientras que la piel puede permanecer externamente sana. La pulpa se vuelve seca, harinosa o, por el contrario, acuosa, con un sabor amargo (Westwood, 1993).

Causas: una combinación de factores, que incluyen:

  • Sobremaduración en el árbol (cosecha en una etapa tardía de la madurez de recolección).
  • Altas temperaturas durante el período de maduración (predisponen a trastornos metabólicos).
  • Fluctuaciones bruscas de temperatura durante el almacenamiento.
  • Alteración del intercambio gaseoso (falta de oxígeno o exceso de dióxido de carbono) (Agustí, 2010; Gull et al., 2023).

Prevención: cosechar los frutos en la etapa óptima de madurez de recolección, no retrasar la recolección; mantener una temperatura estable en el almacén; no utilizar envases herméticos sin ventilación.

Vidriosidad ("agua")

Se manifiesta por la aparición de zonas transparentes y vidriosas en la pulpa, especialmente cerca del hueso. El tejido se vuelve acuoso y quebradizo. Se observa a menudo en frutos recolectados después de lluvias abundantes o con exceso de fertilización nitrogenada (Westwood, 1993). Durante el almacenamiento, estos frutos se ablandan rápidamente y se vuelven susceptibles a las enfermedades fúngicas.

Prevención: nutrición equilibrada, riego moderado en el período previo a la cosecha, recolección en tiempo seco, clasificación y enfriamiento rápidos.

Marchitamiento y arrugamiento

La pérdida de humedad provoca una disminución del volumen de los frutos, aparición de arrugas en la piel y pérdida de turgencia. Esto no solo empeora el aspecto, sino que también aumenta la concentración de azúcares y ácidos en los tejidos, lo que puede provocar cambios desagradables en el sabor.

Causa: humedad insuficiente en el almacén (inferior al 85 %) (Hochmuth & Sideman, 2023).

Prevención: mantener la humedad entre el 90 y el 95 %, utilizar envases que reduzcan la evaporación (por ejemplo, forros de polietileno perforados) o humedecer el aire regularmente.

Daño por frío

A temperaturas inferiores a 0 °C se forman cristales de hielo en los tejidos del fruto, que destruyen las paredes celulares. Al descongelarse, el fruto se vuelve acuoso, blando e incomible. También puede producirse el llamado "daño por frío" durante el almacenamiento prolongado a temperaturas cercanas a 0 °C pero sin congelación, que se manifiesta por pardeamiento de la pulpa y pérdida de sabor (especialmente en variedades sensibles) (Gull et al., 2023).

Prevención: controle estrictamente la temperatura, no permita fluctuaciones. No almacene ciruelas en el congelador sin un tratamiento especial.

Violación de las condiciones de almacenamiento como causa de pérdidas

Además de las enfermedades y los trastornos fisiológicos, una parte significativa de las pérdidas se debe a errores elementales en la organización del almacenamiento:

  • Temperatura demasiado alta — acelera la respiración, provoca una rápida sobremaduración, ablandamiento, pérdida de humedad y crea condiciones favorables para los hongos.
  • Baja humedad — provoca marchitamiento (véase más arriba).
  • Humedad demasiado alta o condensación — favorece el desarrollo de mohos y podredumbres, especialmente el moho gris.
  • Ventilación insuficiente — la acumulación de etileno y dióxido de carbono acelera el envejecimiento, puede provocar trastornos fisiológicos y también favorece el crecimiento de hongos aerobios en condiciones de deficiencia de oxígeno.
  • Embalaje inadecuado — el embalaje hermético sin perforación provoca respiración anaeróbica, formación de alcoholes y sabores desagradables. Un embalaje demasiado denso, sin espacios entre los frutos, favorece la propagación de infecciones por contacto.
  • Mezclar diferentes lotes — mezclar frutos de diferente grado de madurez (los más maduros liberan etileno y aceleran la maduración de los menos maduros, lo que provoca su rápido deterioro) (Gull et al., 2023).

Recomendaciones prácticas para minimizar pérdidas

1. Comience con una cosecha correcta (véase el capítulo 3) — esta es la base.

2. Clasifique cuidadosamente (capítulo 4) — elimine incluso los frutos ligeramente dañados.

3. Asegure un enfriamiento rápido — cuanto antes alcancen los frutos los 0 °C, más tiempo se conservarán.

4. Mantenga condiciones estables — no permita fluctuaciones bruscas de temperatura y humedad.

5. Inspeccione regularmente — cada 1 o 2 semanas, examine los frutos y retire aquellos que presenten manchas o hayan empezado a ablandarse. Esto evita la infección masiva.

6. Utilice embalajes separados para diferentes variedades y lotes.

7. Mantenga el almacén limpio — antes de guardar la cosecha, trate las paredes y las cajas con una solución de permanganato de potasio o lejía.

Cuándo las pérdidas son inevitables

Incluso con todas las precauciones, una pequeña parte de los frutos se estropea inevitablemente. Por lo general, las pérdidas en el hogar no superan el 10–15 % durante 2 o 3 meses de almacenamiento con una buena organización, pero pueden alcanzar el 30–50 % con violaciones graves. Es importante no desanimarse, sino analizar las causas: ¿qué salió mal? Quizás la variedad no es adecuada para el almacenamiento prolongado, o este año las condiciones climáticas fueron desfavorables y afectaron la calidad de los frutos.

En cualquier caso, incluso si una parte de los frutos se ha estropeado, los que se conservan bien podrá utilizarlos y disfrutar de su cosecha.

¡Enhorabuena! Ha recorrido todas las etapas: desde la comprensión de los procesos de maduración hasta la organización del almacenamiento y el control de pérdidas. Ahora sabe cómo cosechar, clasificar y conservar las ciruelas para que le proporcionen alegría durante el mayor tiempo posible. Que su cosecha sea abundante y su almacenamiento, exitoso.

Referencias

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