Cuidado
La fresa de jardín (Fragaria × ananassa Fragaria × ananassa) es uno de los cultivos de bayas más queridos y extendidos del mundo. Sin embargo, obtener cosechas estables y abundantes de bayas grandes, dulces y aromáticas no solo requiere una plantación adecuada, sino también un cuidado competente y sistemático durante todo el año. Sin la atención debida, las plantaciones se espesan rápidamente, las bayas se vuelven más pequeñas, son atacadas por enfermedades y pierden productividad.
Este artículo es el primero de una serie de materiales sobre el cultivo de fresas. Pretende proporcionar a los jardineros aficionados y pequeños agricultores una visión completa de cómo cuidar sus bancales para que las plantas se mantengan sanas y la cosecha sea abundante. Abordaremos las técnicas agronómicas clave, explicaremos para qué sirven y ofreceremos un calendario estacional claro de tareas. La información se basa en datos de la ciencia agronómica moderna y ha sido verificada por la práctica (Bianchi, 2018; Bowling, 2000; Hill & Perry, 2011; Sharma et al., 2019).
1. Objetivos principales del cuidado
El cuidado de las fresas no es una acción puntual, sino un proceso que dura todo el año. Su objetivo principal es crear y mantener para las plantas unas condiciones en las que puedan desarrollar plenamente su potencial genético. Todo el conjunto de medidas está dirigido a resolver varias tareas clave:
1. Crear condiciones óptimas para el crecimiento y desarrollo del sistema radicular. La mayor parte de las raíces de la fresa se encuentra en la capa superficial del suelo (hasta 20–30 cm) (Kurennoi et al., 1985; Trunov & Samoshchenkov, 2012). Esto hace que las plantas sean extremadamente sensibles a la falta de humedad, aire y nutrientes. Las tareas de cuidado son garantizar la soltura y permeabilidad al aire del suelo, mantener una humedad estable y prevenir la formación de costra superficial. Esto permite que las raíces respiren libremente, absorban humedad y nutrientes, lo que a su vez es la base para un crecimiento vigoroso de las hojas y la iniciación de yemas florales.
2. Proporcionar a las plantas suficiente luz y nutrición. La fresa es amante de la luz, e incluso una ligera sombra de las malas hierbas o un exceso de densidad de plantación reduce el rendimiento (Trunov & Samoshchenkov, 2012). Por lo tanto, una de las tareas es el control regular de malas hierbas y la regulación de la densidad de plantación. Además, la fresa es un cultivo exigente en fertilidad del suelo. La fertilización regular y el acolchado ayudan a mantener el nivel necesario de nutrientes en forma disponible para las plantas (Bianchi, 2018).
3. Proteger las plantas de enfermedades, plagas y factores de estrés. El follaje denso, la alta humedad y el clima cálido crean condiciones ideales para el desarrollo de enfermedades fúngicas como la podredumbre gris (Botrytis cinerea) y el oídio (Bowling, 2000; Mandal et al., 2021). Muchas plagas, como el ácaro de la fresa o los pulgones, también representan una grave amenaza. El cuidado adecuado es, ante todo, prevención. El aclareo de las plantaciones, la eliminación de hojas enfermas y el mantenimiento de la limpieza en los bancales son las medidas principales que ayudan a evitar el uso de productos químicos.
4. Formación y conservación de la futura cosecha. Las yemas florales de la fresa (excepto en las variedades remontantes) se inician en el período verano‑otoño, cuando la duración del día se acorta a 12–10 horas (Dankov, 2015). Esto ocurre desde finales de julio hasta octubre. De lo bien que la planta esté provista de humedad y nutrientes en este período crítico depende directamente cuántos pedúnculos y, por tanto, cuántas bayas obtendremos en la siguiente temporada. Por eso, el cuidado después de la cosecha es tan importante como durante la floración y la fructificación.
5. Preparar las plantas para el invierno. Aunque muchas variedades poseen suficiente resistencia al invierno, su sistema radicular y sus puntos de crecimiento (el "corazón") son muy vulnerables a las bajas temperaturas, especialmente en inviernos sin nieve o con cambios bruscos de temperatura (Kurennoi et al., 1985). La principal tarea del cuidado otoñal es ayudar a las plantas a acumular nutrientes y crear una cobertura fiable (retención de nieve, acolchado) que las proteja de la congelación y del ahogamiento.
Así pues, el cuidado de las fresas es un proceso integral y continuo, donde cada acción tiene su razón y está orientada al resultado final: plantas sanas y fuertes y una cosecha abundante de bayas sabrosas. En los siguientes capítulos analizaremos cada uno de estos aspectos en detalle.
2. Cuidado del suelo: laboreo, control de la costra y conservación de la estructura
Para las fresas, más que para cualquier otro cultivo, el estado de la capa superior del suelo es decisivo. La mayor parte de sus raíces se encuentra a solo 20–30 cm de profundidad, y solo algunas raíces penetran más allá (Kurennoi et al., 1985; Trunov & Samoshchenkov, 2012). Esta capa radicular superficial es la más susceptible a la desecación, el sobrecalentamiento, la compactación y la erosión. Por lo tanto, la principal tarea del cuidado del suelo es mantenerlo suelto, húmedo y limpio, para que las raíces puedan respirar sin obstáculos y absorber humedad y nutrientes.
Laboreo: por qué y cómo
El laboreo, o "riego seco", es una de las prácticas agronómicas más importantes. Persigue varios objetivos:
1. Destruir la costra del suelo. Después de la lluvia o el riego, se forma una costra densa en la superficie que bloquea el acceso de aire a las raíces y dificulta la evaporación del exceso de humedad, lo que puede provocar pudrición. El laboreo rompe esta costra, restaurando el intercambio gaseoso.
2. Conservar la humedad. Al romper los capilares por los que la humedad asciende a la superficie y se evapora, el laboreo ayuda a retener el agua en la capa radicular. Por eso se llama "riego seco".
3. Mejorar la permeabilidad al agua. Un suelo suelto absorbe mejor el agua de lluvia y de riego, evitando la escorrentía y la erosión.
4. Control de malas hierbas. El laboreo destruye eficazmente las plántulas de malas hierbas en sus primeras etapas.
El primer laboreo se realiza a principios de primavera, tan pronto como el suelo se haya secado y esté listo para ser trabajado. En las calles se labra a una profundidad de 8–10 cm, y cerca de las plantas no más de 3–4 cm, para no dañar el sistema radicular superficial (Trunov & Samoshchenkov, 2012). Durante la temporada se recomienda realizar de 6 a 7 labores entre filas, especialmente antes de la cosecha (Kurennoi et al., 1985). Es importante recordar que el laboreo no debe realizarse sobre suelo húmedo, ya que esto produce terrones y deteriora la estructura. El mejor momento es unas horas después del riego o la lluvia, cuando el suelo empieza a secarse.
Conservación de la estructura del suelo
Además del laboreo regular, la estructura del suelo se puede conservar de otras formas. Por ejemplo, el uso de abonos verdes en la rotación antes de plantar fresas ayuda a crear una capa suelta y rica en materia orgánica. Las exudaciones radiculares y la masa verde en descomposición mejoran la estructura, haciendo el suelo más grumoso y menos propenso a formar costra (Kirtbaya & Shcheglov, 2003).
También es importante evitar el exceso de laboreo mecánico, especialmente en tiempo lluvioso, y eliminar las malas hierbas a tiempo, cuyas raíces por sí mismas airean el suelo y, al morir, lo enriquecen con materia orgánica. Sin embargo, la forma principal y más fiable de conservar y mejorar la estructura del suelo es el acolchado, al que dedicaremos el siguiente capítulo.
Al final de la temporada, antes de cubrir para el invierno, se puede realizar un laboreo ligero para airear el suelo, pero procurando no dañar las raíces. En un suelo bien cuidado, el sistema radicular de la fresa se desarrolla con más fuerza, lo que influye directamente en la cantidad y calidad de las bayas. Como acertadamente señaló uno de los clásicos de la jardinería: "La huella del dueño es el mejor abono para el jardín" (Hill & Perry, 2011). Este principio se ajusta perfectamente al cuidado de las fresas: la atención regular al estado del suelo es la clave del éxito del fresal.
3. Acolchado: materiales orgánicos y sintéticos, ventajas y limitaciones
El acolchado es una de las técnicas más eficaces y polivalentes en el cuidado de las fresas. Básicamente, consiste en crear una capa protectora sobre la superficie del suelo alrededor de las plantas. Este método, aparentemente sencillo, resuelve varias tareas críticas a la vez: conserva la humedad, suprime las malas hierbas, protege las bayas de la suciedad y las enfermedades, y mejora el régimen térmico y nutricional del suelo. No es de extrañar que en la fresa moderna el acolchado se considere una práctica agronómica obligatoria (Bianchi, 2018; Sharma et al., 2019). El propio nombre del cultivo, según una versión, proviene de la palabra inglesa "straw" (paja), que se utilizaba tradicionalmente para este fin (Sharma et al., 2019).
Objetivos y ventajas principales del acolchado
La capa de acolchado, ya sea orgánica o sintética, crea un microclima especial en la zona de las raíces, proporcionando a la planta una serie de ventajas importantes:
1. Conservación de la humedad. El acolchado evita la evaporación del agua de la superficie del suelo, permitiendo que las raíces reciban humedad de forma más estable y uniforme. Esto es especialmente importante para las fresas con su sistema radicular superficial. Los estudios demuestran que el acolchado mejora significativamente la eficiencia en el uso del agua (Sharma et al., 2019).
2. Supresión del crecimiento de malas hierbas. Los tipos de acolchado oscuros u opacos (película negra, capa gruesa de paja) bloquean el acceso de la luz a las semillas de las malas hierbas, reduciendo drásticamente su germinación y crecimiento. Esto facilita enormemente el mantenimiento y ahorra tiempo al jardinero (Kour & Charak, 2019).
3. Regulación de la temperatura del suelo. El acolchado actúa como aislante térmico: protege las raíces del sobrecalentamiento en el calor del verano y de las heladas invernales. Dependiendo del color y el material del acolchado, incluso se puede influir deliberadamente en el calentamiento primaveral del suelo (Sharma et al., 2019).
4. Protección de las bayas contra la suciedad y las enfermedades. La capa de acolchado (especialmente la paja o la película) crea una barrera entre las bayas en maduración y el suelo, donde se encuentran los agentes patógenos como la podredumbre gris (Botrytis cinerea) y el fitóftora (Sharma et al., 2019; Bianchi, 2018). Esto permite recolectar bayas limpias y reduce significativamente las pérdidas de cosecha por podredumbres.
Todos los materiales de acolchado existentes se pueden dividir en dos grandes grupos: orgánicos y sintéticos.
Materiales orgánicos
Los acolchados orgánicos incluyen paja, heno, hierba cortada, hojarasca, virutas de madera, compost, estiércol, turba, etc. Tienen sus ventajas e inconvenientes.
Ventajas:
- Mejora de la estructura del suelo. Al descomponerse, el acolchado orgánico enriquece la capa superior del suelo con humus, haciéndolo más suelto, aireado y fértil (Sharma et al., 2019).
- Disponibilidad. En muchas regiones (por ejemplo, en países con agricultura cerealista), la paja es el material más accesible y económico.
- Nutrición gradual. La descomposición de la materia orgánica proporciona a las plantas nutrientes adicionales en forma lenta y disponible.
Inconvenientes y limitaciones:
- Semillas de malas hierbas. El heno y la paja de baja calidad pueden contener muchas semillas de malas hierbas que germinarán y crearán problemas adicionales (Hill & Perry, 2011).
- Fragilidad y necesidad de renovación. La capa orgánica con el tiempo se compacta, se descompone y pierde sus propiedades, por lo que hay que renovarla regularmente.
- Puede ser fuente de enfermedades. La materia orgánica húmeda es un medio favorable para el desarrollo de hongos, aunque al mismo tiempo protege las bayas del contacto con el suelo.
El acolchado orgánico ideal para fresas es la paja limpia de trigo, avena o centeno. Es importante utilizar paja, no heno, ya que el heno contiene muchas semillas de malas hierbas (Bianchi, 2018; Hill & Perry, 2011). La paja no se compacta, permite una buena circulación del aire y no se sobrecalienta.
Materiales sintéticos (película de polietileno)
En el cultivo de fresas industrial y amateur, las películas de acolchado sintéticas, especialmente de polietileno, son cada vez más comunes. A diferencia de los orgánicos, no se descomponen y pueden durar varias temporadas (Sharma et al., 2019; Bianchi, 2018).
Principales ventajas:
- Control eficaz de malas hierbas. La película negra opaca suprime casi por completo su crecimiento.
- Conservación de la humedad. La película reduce significativamente la evaporación.
- Limpieza de las bayas y protección contra enfermedades. Las bayas no tocan el suelo, lo que minimiza el riesgo de podredumbre gris y otros patógenos.
- Maduración más temprana. La película oscura favorece un calentamiento más rápido del suelo en primavera, acelerando la vegetación y permitiendo cosechas tempranas (Bianchi, 2018).
Limitaciones y consideraciones:
- Coste y eliminación. La película requiere un gasto económico para su compra y, lo que es más importante, para su eliminación, ya que no se degrada en la naturaleza.
- Riesgo de sobrecalentamiento. En climas cálidos, la película negra puede calentar demasiado el suelo, lo que es perjudicial para algunas variedades. En estos casos se utiliza película blanca o reflectante (plateada), que refleja los rayos solares y evita el sobrecalentamiento (Sharma et al., 2019; Bianchi, 2018).
- Dificultad para aplicar fertilizantes. Es difícil aplicar fertilizantes orgánicos o minerales bajo la película sin un sistema de fertirrigación (riego con fertilizantes). Sin embargo, esta limitación suele compensarse con el riego por goteo, que se combina perfectamente con el acolchado con película (Bianchi, 2018).
Influencia del color de la película
Resulta que el color de la película de acolchado juega un papel importante. Esto se debe a que las plantas perciben no solo la intensidad de la luz, sino también su composición espectral.
- Película negra. La opción más popular y versátil. Calienta bien el suelo en primavera y suprime excelentemente las malas hierbas (Sharma et al., 2019).
- Película transparente. Proporciona el máximo calentamiento del suelo por efecto invernadero, pero no suprime las malas hierbas, que pueden empezar a crecer debajo. Requiere el uso de herbicidas o un tratamiento previo del suelo (Sharma et al., 2019).
- Película blanca o plateada (reflectante). Se utiliza en climas cálidos para reflejar los rayos solares, evitar el sobrecalentamiento del suelo y repeler plagas como los pulgones, a los que la luz reflejada ahuyenta (Sharma et al., 2019).
- Película roja o amarilla. Estos colores pueden alterar el espectro de la luz reflejada, lo que, según algunos datos, estimula el crecimiento y mejora el sabor de las bayas (Sharma et al., 2019). Reflejan más luz roja y rojo lejano, a lo que la planta responde destinando más recursos al desarrollo de los frutos. Por ejemplo, los estudios demostraron que las bayas cultivadas sobre acolchado rojo aumentaron su tamaño en un 20% y mejoraron su sabor debido al aumento del contenido de azúcares y compuestos aromáticos (Kasperbauer, 2000; Kasperbauer et al., 2001).
La elección del tipo de acolchado es, en esencia, la elección de una estrategia. El acolchado orgánico ofrece ventajas a largo plazo para la salud del suelo, mientras que el sintético proporciona el máximo control de malas hierbas, humedad y microclima durante una o varias temporadas. A menudo, en la práctica se combinan ambos enfoques: se utiliza película negra para la línea de cultivo y las calles se acolchan con paja u otros materiales orgánicos. Esto permite obtener todas las ventajas de ambos métodos, ahorrando costes y trabajo.
4. Control de malas hierbas
Las malas hierbas son uno de los competidores más serios de las fresas. Debido a su sistema radicular superficial y su crecimiento relativamente lento en el primer año, la fresa tolera muy mal la presencia de malas hierbas. Estas le roban luz, agua y nutrientes, y también pueden servir de refugio a plagas y agentes patógenos. Los estudios demuestran que el crecimiento incontrolado de malas hierbas durante la temporada puede reducir el rendimiento de las fresas en un 51% (Kour & Charak, 2019). Por lo tanto, su control es una de las tareas más importantes del cuidado.
¿Por qué son tan peligrosas las malas hierbas?
La fresa es un cultivo de bajo porte, y las malas hierbas altas pueden darle sombra. Pero el problema principal está en las raíces. Las malas hierbas, especialmente las agresivas como el grama, el cardo o la correhuela, poseen un sistema radicular potente y profundo. Obtienen agua y nutrientes de capas más profundas, pero al mismo tiempo compiten activamente con las raíces superficiales de la fresa por la humedad y los nutrientes en la capa superior del suelo. Además, muchas malas hierbas son portadoras de virus y enfermedades fúngicas (por ejemplo, la marchitez por Verticillium) que pueden infectar a las fresas (Kour & Charak, 2019; Bowling, 2000).
Estrategia de control: un enfoque integrado
El control eficaz de las malas hierbas requiere un enfoque integrado que incluya métodos preventivos, mecánicos y químicos (Kour & Charak, 2019). El principio fundamental es no permitir que las malas hierbas formen semillas. Una sola mala hierba en flor puede producir miles de semillas que contaminarán el bancal durante años.
1. Prevención: la mejor defensa
La forma más fiable de evitar problemas con las malas hierbas es no permitir que aparezcan. Esto se consigue de varias maneras:
- Preparación exhaustiva del suelo antes de la plantación. Un año antes de plantar fresas, se recomienda destruir todas las malas hierbas mediante cavados repetidos o utilizando herbicidas de acción total (por ejemplo, a base de glifosato) unas semanas antes de la plantación. Esto permite eliminar los rizomas de las malas hierbas perennes, como el grama o el cardo (Kour & Charak, 2019; Kirtbaya & Shcheglov, 2003).
- Uso de material de plantación y acolchado limpios. Las malas hierbas suelen llegar a la parcela con las plantas, con la tierra de las raíces o con el acolchado. Es muy importante comprar plántulas con un sistema radicular limpio y utilizar paja de calidad sin semillas de malas hierbas (Hill & Perry, 2011).
- Respetar la rotación de cultivos. Cultivar fresas después de cereales (trigo, maíz) o abonos verdes, que suprimen las malas hierbas, reduce significativamente su número (Kirtbaya & Shcheglov, 2003).
2. Métodos mecánicos: la base sólida del cuidado
- Escarda manual. Es el método más laborioso, pero también el más preciso. Es especialmente importante en el primer año después de la plantación, cuando las plantas aún son débiles. La escarda es mejor realizarla después de la lluvia o el riego, cuando el suelo está húmedo, lo que facilita la eliminación de las malas hierbas con raíces (Kour & Charak, 2019).
- Laboreo regular de las calles. En las calles, las malas hierbas se destruyen eficazmente mediante cultivación. Debe realizarse con regularidad, sin permitir que se extiendan. Es importante recordar que en las líneas el laboreo debe ser superficial (no más de 3–4 cm) para no dañar las raíces de la fresa (Trunov & Samoshchenkov, 2012).
- Siega. En algunos casos, por ejemplo, en plantaciones madre o en calles, se puede utilizar la siega para evitar la floración y la producción de semillas de las malas hierbas (Kour & Charak, 2019).
3. Acolchado: el arma principal
La forma ideal de controlar las malas hierbas es el acolchado. Como ya hemos comentado en el capítulo anterior, una capa gruesa de acolchado orgánico (paja, astillas) o una película de polietileno opaca (especialmente negra) suprime casi por completo el crecimiento de las malas hierbas al bloquear el acceso de la luz a las semillas (Sharma et al., 2019; Bianchi, 2018).
4. Métodos químicos (herbicidas)
En grandes explotaciones o en parcelas con una fuerte infestación, se pueden utilizar herbicidas. Sin embargo, para el jardinero aficionado suele ser el último recurso. Si decide utilizar productos químicos, es importante recordar algunas reglas:
- Utilice solo herbicidas selectivos. Existen productos que eliminan las malas hierbas pero no dañan la fresa. Por ejemplo, los herbicidas a base de setoxidim o clethodim controlan eficazmente las gramíneas (grama, mijo, etc.) sin dañar el cultivo (Kour & Charak, 2019).
- Siga estrictamente las instrucciones. El exceso de dosis o los plazos de aplicación incorrectos pueden provocar la depresión o incluso la muerte de los fresales.
- Aplique los herbicidas con precaución. Se debe dar preferencia a los productos con un período de carencia corto y la menor acción tóxica. Utilice siempre equipos de protección individual.
Así, la estrategia de control de malas hierbas se basa en varios niveles: desde una preparación cuidadosa del suelo y un acolchado adecuado hasta escardas regulares y, en último caso, la aplicación puntual de herbicidas. La observación regular de la parcela y la eliminación oportuna de las malas hierbas son la clave para la salud y el alto rendimiento de sus fresas.
5. Eliminación de estolones: cuándo es necesaria y cuándo se conservan para la propagación
Los estolones (corredores) son brotes largos sin hojas que la fresa produce en verano. Sirven para la propagación vegetativa: en los nudos de los estolones se forman rosetas hijas que, al contactar con el suelo húmedo, enraízan y dan lugar a nuevas plantas (Kurennoi et al., 1985; Dankov, 2015). Una planta puede producir de 10 a 30 estolones con varias rosetas cada uno durante una temporada (Trunov & Samoshchenkov, 2012). Esta es una capacidad notable, pero requiere una gestión adecuada, de lo contrario puede traducirse en una reducción del rendimiento.
¿Por qué eliminar los estolones?
En las plantaciones frutales, donde el objetivo es obtener el máximo de bayas, los estolones deben eliminarse regularmente. Hay razones de peso para ello:
1. Redistribución de la energía de la planta. La formación y el crecimiento de los estolones requieren una gran cantidad de nutrientes y humedad. Si se permite que la planta gaste recursos en la reproducción, le quedarán menos fuerzas para la formación y maduración de las bayas, así como para la iniciación de yemas florales para la próxima cosecha (Bianchi, 2018). Al eliminar los estolones, dirigimos toda la energía de la planta a la fructificación.
2. Prevención del espesamiento. Si no se eliminan los estolones, las nuevas rosetas enraízan y las plantaciones se convierten rápidamente en una "alfombra" densa. En tales condiciones, las plantas compiten entre sí por la luz, el agua y los nutrientes. Esto provoca:
- bayas más pequeñas;
- disminución del rendimiento total;
- mala ventilación, lo que aumenta el riesgo de enfermedades fúngicas, especialmente la podredumbre gris (Bowling, 2000; Hill & Perry, 2011).
3. Facilita el cuidado y la recolección. En plantaciones más claras y bien ventiladas, es más fácil realizar la escarda, el laboreo y, lo más importante, recoger las bayas: son más grandes, más limpias y más visibles (Bianchi, 2018).
¿Cuándo y cómo eliminar los estolones?
La eliminación de los estolones no es una operación puntual, sino un proceso regular. Los estolones empiezan a crecer activamente después de la floración y especialmente intensamente después de la cosecha (Kurennoi et al., 1985). Por lo tanto, es importante eliminarlos sistemáticamente durante todo el período vegetativo, especialmente de junio a agosto. Se recomienda inspeccionar las plantaciones y cortar o arrancar los estolones cada 1–2 semanas. No permita que los estolones crezcan más de 5–10 cm: cuanto antes los elimine, menos recursos habrá gastado la planta.
Lo mejor es cortar los estolones con tijeras de podar o tijeras afiladas para no dañar la planta madre. No se recomienda arrancarlos con la mano, ya que se podría arrancar la planta de raíz. Es importante cortar el estolón lo más cerca posible de la base de la planta, dejando un pequeño muñón (unos 2 cm). Si se utilizan mantas o película oscura, los estolones a menudo no pueden enraizar y se secan por sí solos, lo que simplifica la tarea.
¿Cuándo se conservan los estolones para la propagación?
A pesar de que en las plantaciones frutales los estolones son un problema, son el principal y más fiable método de propagación de las fresas para obtener material de plantación. Para ello, se destinan bancales madre especiales, donde el objetivo principal no es obtener bayas, sino producir el máximo número de rosetas sanas y vigorosas.
En estos bancales no se eliminan los estolones, sino que se estimula su formación. Para obtener plántulas de calidad, se siguen varias reglas:
- se utilizan únicamente plantas súper‑élite y élite, libres de virus y enfermedades (Kurennoi et al., 1985; Kirtbaya & Shcheglov, 2003);
- se eliminan los pedúnculos florales para que todos los nutrientes se dirijan al crecimiento de los estolones y rosetas;
- se conservan solo las rosetas de primer y segundo orden, que son las más fuertes y productivas. Las rosetas posteriores (tercer y cuarto orden) suelen ser débiles y no son adecuadas para establecer plantaciones productivas (Kirtbaya & Shcheglov, 2003);
- se fijan o guían los estolones para que las rosetas enraícen en el lugar deseado (por ejemplo, en recipientes separados o en bancales especiales para su crecimiento).
Las rosetas separadas de la planta madre deben tener un sistema radicular bien desarrollado (al menos 5–7 cm) y 2–3 hojas verdaderas (Kurennoi et al., 1985). La mejor época para el enraizamiento de los estolones es la segunda mitad del verano (julio–agosto), para que las plantas jóvenes tengan tiempo de fortalecerse antes del invierno.
Por lo tanto, el enfoque de los estolones depende del objetivo: en las plantaciones frutales se eliminan sin piedad, ahorrando energía para la cosecha; en el banco madre se utilizan para obtener plántulas sanas y fuertes. Comprender este principio es una de las claves para el éxito del cultivo de fresas.
6. Cuidados después de la cosecha: eliminación de hojas viejas, medidas sanitarias y recuperación de las plantas
La recolección no es el final de la temporada, sino su punto de inflexión. Después de recoger las últimas bayas, comienza una etapa críticamente importante, de la que depende directamente la abundancia de la cosecha del año siguiente. Después de la fructificación, las fresas experimentan una segunda oleada de crecimiento de raíces y, lo que es más importante, la iniciación de las yemas florales del año siguiente (agosto–octubre) (Dankov, 2015; Kurennoi et al., 1985). Por eso, el cuidado en este período está dirigido a que las plantas recuperen fuerzas, desarrollen un follaje sano y formen el máximo número de yemas frutales.
Las principales tareas del cuidado poscosecha son:
- rejuvenecimiento y saneamiento de las plantas;
- restauración del estado nutricional del suelo;
- prevención de enfermedades y plagas.
Eliminación de hojas viejas (siega)
Esta es una de las prácticas más eficaces y extendidas, pero tiene sus matices. Las hojas viejas y agotadas pierden su actividad fotosintética, se vuelven susceptibles a las enfermedades y pueden ser fuente de infección (manchas foliares, oídio) (Kurennoi et al., 1985; Trunov & Samoshchenkov, 2012).
¿Cuándo es obligatoria?
La siega (o poda) de hojas se recomienda encarecidamente:
- cuando las plantas están muy afectadas por enfermedades (especialmente manchas foliares y oídio) (Kirtbaya & Shcheglov, 2003);
- cuando hay una infestación significativa por el ácaro de la fresa, que se esconde en la base de las hojas jóvenes (Trunov & Samoshchenkov, 2012);
- en plantaciones de más de dos años, donde el aparato foliar ha crecido en exceso y está muy denso (Hill & Perry, 2011).
Cómo y cuándo hacerlo:
Lo mejor es realizar la siega inmediatamente después de la cosecha (en la zona templada, a finales de julio – principios de agosto). Se siegan las hojas a una altura de 4–6 cm del nivel del suelo, procurando no dañar el corazón (yema apical) (Trunov & Samoshchenkov, 2012). Es importante que después de la siega no queden hojas cortadas en la parcela; deben ser rastrilladas y quemadas o retiradas de la parcela para destruir las plagas y esporas de enfermedades acumuladas en ellas (Kurennoi et al., 1985). Después de la siega, el bancal debe regarse y, si es necesario, fertilizarse para estimular el crecimiento de nuevas hojas sanas.
¿Cuándo NO se recomienda?
La siega está contraindicada:
- en los bancales madre, donde el objetivo es obtener estolones;
- en plantaciones débiles o mal desarrolladas, o después de un verano seco;
- demasiado tarde (en septiembre), porque las nuevas hojas no tendrán tiempo de crecer antes del invierno y las plantas entrarán en invierno debilitadas (Kirtbaya & Shcheglov, 2003).
- en variedades remontantes que siguen fructificando hasta el otoño; se siegan solo después de que la fructificación haya terminado por completo.
Importante: La siega no es un procedimiento anual obligatorio para todos. Si las plantas están sanas, tienen un follaje verde vigoroso y no están demasiado densas, se puede limitar a eliminar solo las hojas viejas, amarillentas y enfermas. La decisión de segar se toma en función del estado de las plantaciones.
Medidas sanitarias y recuperación de las plantas
Además de la siega, el complejo de trabajos poscosecha incluye:
1. Laboreo y aporcado. Después de la cosecha, el suelo se compacta. Realice un laboreo de las calles y alrededor de los arbustos para proporcionar oxígeno a las raíces. Si el cuello de la raíz ha quedado al descubierto (lo que suele ocurrir en arbustos viejos), se pueden aporcar ligeramente las plantas, pero sin enterrar el corazón (Bowling, 2000).
2. Fertilización. Las fresas han extraído una gran cantidad de nutrientes con la cosecha y las hojas. Necesitan reponer las reservas. En este momento, el nitrógeno es especialmente importante para estimular el crecimiento de nuevas hojas, pero no hay que olvidar el fósforo y el potasio, necesarios para la iniciación de las yemas florales y la resistencia al invierno (Bianchi, 2018). Se recomienda aplicar abonos complejos o materia orgánica (estiércol, compost). Dosis: 5–6 kg de abono complejo (por ejemplo, 10:10:10) por 100 metros lineales de hilera, o 20–30 t/ha de estiércol (Bianchi, 2018; Bowling, 2000).
3. Riego. Incluso después de la cosecha, las fresas necesitan riego regular, especialmente en tiempo seco. Es en este período cuando se forman las yemas florales, y la falta de humedad puede provocar una fuerte caída de la cosecha futura. Riegue abundantemente pero con poca frecuencia, para que el suelo se empape a una profundidad de 20–30 cm (Trunov & Samoshchenkov, 2012).
4. Control de plagas y enfermedades. Después de eliminar las hojas viejas y fertilizar, las plantas se vuelven más vulnerables a las plagas. En este momento se pueden y deben realizar tratamientos preventivos con productos biológicos o productos químicos autorizados (por ejemplo, contra el ácaro de la fresa o el gorgojo) (Bowling, 2000; Kirtbaya & Shcheglov, 2003).
Por lo tanto, el cuidado adecuado después de la cosecha no es solo una "limpieza del terreno", sino todo un conjunto de medidas destinadas a restaurar la fuerza de las plantas y formar la futura cosecha. Descuidar esta etapa hace correr el riesgo de obtener plantas débiles y enfermas y una cosecha escasa en la siguiente temporada.
7. Preparación para condiciones adversas: heladas, calor, sequía y lluvias intensas
La fresa es un cultivo que, debido a sus características biológicas, es muy sensible a las condiciones climáticas extremas. Su sistema radicular superficial y sus delicadas hojas, flores y bayas hacen que las plantas sean vulnerables a las heladas, el calor, la sequía y el exceso de humedad. Una preparación adecuada para estos factores de estrés es una parte fundamental del cuidado, que permite conservar las plantas y obtener una cosecha estable.
Heladas invernales y su protección
La fresa no es totalmente resistente al invierno: su parte aérea puede morir a temperaturas de –15…–18 °C, y las raíces desprotegidas a –8 °C en la capa radicular (Kurennoi et al., 1985; Trunov & Samoshchenkov, 2012). La protección fiable es una capa de nieve de 20–25 cm o más, bajo la cual las plantas pueden soportar heladas breves de hasta –30 °C (Kurennoi et al., 1985).
Reglas básicas para la preparación invernal:
1. Riego de carga de humedad en otoño. Si el otoño es seco, en octubre se realiza un riego abundante (800–1000 m³/ha) para saturar el suelo a una profundidad de 30–40 cm. El suelo húmedo se congela más lentamente y conserva mejor el calor, protegiendo el sistema radicular (Trunov & Samoshchenkov, 2012).
2. Acolchado para el invierno. Para proteger contra la congelación se utilizan materiales de cobertura:
- Paja. La opción clásica y fiable. Una capa de paja de 10–15 cm de grosor (alrededor de 4–6 t/ha) retiene bien la nieve y protege las plantas. Es importante utilizar paja limpia sin semillas de malas hierbas (Bianchi, 2018; Hill & Perry, 2011).
- Ramas de coníferas. Un material excelente para la retención de nieve. No se compactan, permiten una buena circulación del aire y no favorecen el ahogamiento.
- Materiales de cobertura no tejidos (agrotextil, spunbond). Una solución moderna. Los materiales ligeros y transpirables proporcionan una protección adicional contra las heladas y permiten que las plantas "respiren", reduciendo el riesgo de ahogamiento (Hill & Perry, 2011).
- Hojarasca, turba, estiércol. También se pueden utilizar, pero con precaución: las hojas pueden ser fuente de enfermedades, y la turba y el estiércol pueden compactarse y favorecer el ahogamiento si la capa es demasiado densa.
3. Momento de la cobertura. Es muy importante no cubrir las fresas demasiado pronto. Las plantas deben pasar por un endurecimiento natural, por lo que la cobertura se realiza cuando se establecen heladas nocturnas estables (alrededor de –5 °C) y el suelo comienza a congelarse a una profundidad de 3–5 cm (generalmente a finales de noviembre – diciembre) (Dankov, 2015). Una cobertura demasiado temprana puede provocar el ahogamiento de las plantas.
4. Descubrimiento en primavera. La cobertura debe retirarse gradualmente, tan pronto como se derrita la nieve y haya pasado el peligro de heladas tardías fuertes. Retrasar el descubrimiento también puede provocar el ahogamiento y el debilitamiento de las plantas. La paja o el agrotextil retirados se pueden utilizar como acolchado en las calles durante el verano (Hill & Perry, 2011).
Heladas primaverales
Las flores y los ovarios jóvenes de la fresa son muy sensibles a las heladas. Las flores se dañan a –1 °C y los ovarios a –2 °C (Bowling, 2000). Las flores dañadas tienen el centro negro y no producen bayas.
Métodos de protección contra las heladas primaverales:
1. Material de cobertura. El método más fiable para parcelas pequeñas. Por la noche, cubra los bancales con agrotextil, sábanas viejas, película o capas de periódico. La cobertura crea una diferencia de 1–3 °C, lo que a menudo salva las flores.
2. Aspersión. Este método se utiliza a escala industrial. Durante la helada, se activa la aspersión fina durante toda la noche. Al congelarse, el agua libera calor (calor de cristalización), que protege las flores. Se activa cuando la temperatura desciende a 0 °C y se apaga solo por la mañana, cuando el hielo comienza a derretirse (Bowling, 2000). Para parcelas pequeñas, este método es laborioso pero eficaz.
3. Selección de variedades. En regiones con heladas primaverales frecuentes, se da preferencia a variedades más tardías que florecen después de que hayan pasado los fríos principales.
Calor y sequía
La fresa tolera mal las altas temperaturas y la falta de humedad. La temperatura óptima para el crecimiento y la fructificación es de 15–20 °C; por encima de 25 °C, el crecimiento se ralentiza, las bayas se vuelven más pequeñas y pierden sabor (Mandal et al., 2021). El sistema radicular sufre por el sobrecalentamiento, especialmente en acolchado negro.
Cómo ayudar a las plantas en el calor:
1. Riego regular. En tiempo caluroso, las fresas necesitan riego frecuente (al menos 1–2 veces por semana). Es importante regar abundantemente (30–40 L/m²) para que el agua penetre a una profundidad de 20–30 cm, donde se encuentran las raíces principales. Los riegos superficiales solo empeoran la situación, estimulando el crecimiento de raíces en la superficie.
2. Acolchado. Los materiales de acolchado reflectantes (película blanca, plateada o amarilla) reflejan los rayos solares, protegiendo el suelo y las raíces del sobrecalentamiento. El acolchado orgánico (paja, hierba cortada) también reduce la temperatura del suelo y conserva la humedad.
3. Sombreado. En las regiones más cálidas, se puede utilizar un sombreado ligero (tela de sombreo, redes de sombreo), especialmente durante las horas del mediodía.
4. Aspersión en días calurosos ayuda a reducir la temperatura del aire y aumentar la humedad, lo que facilita la respiración de las plantas. Pero debe hacerse por la mañana o por la tarde para evitar quemaduras solares en las hojas.
Lluvias intensas y encharcamiento
La fresa no soporta el estancamiento del agua. El exceso de humedad provoca la pudrición de las raíces y el desarrollo de enfermedades fúngicas, especialmente la podredumbre gris (Botrytis cinerea), que puede destruir hasta el 50% de la cosecha (Bianchi, 2018; Bowling, 2000).
Qué hacer:
1. Elección del emplazamiento. Lo mejor es plantar fresas en parcelas bien drenadas y elevadas. Si el suelo es arcilloso y pesado, se hacen camas elevadas o montículos para que el agua no se estanque alrededor de las raíces (Bianchi, 2018).
2. Drenaje. Si es necesario, se pueden hacer zanjas de drenaje para evacuar el exceso de agua.
3. Protección contra la lluvia. En regiones con lluvias frecuentes e intensas, se utilizan túneles de plástico o túneles altos de polietileno o agrotextil, que protegen las plantas de la lluvia directa y, por tanto, de la propagación de la podredumbre gris y otras enfermedades (Mandal et al., 2021).
4. Acolchado con película. El uso de película (especialmente negra) protege el suelo del exceso de humedad, ya que el agua de lluvia escurre por la superficie sin penetrar hasta las raíces. Sin embargo, en caso de sequía severa, el suelo bajo la película puede sobrecalentarse, lo que requiere riego adicional.
Por lo tanto, la protección de las fresas contra las inclemencias meteorológicas requiere un enfoque integrado: desde la elección correcta del emplazamiento y las variedades hasta la aplicación oportuna de cubiertas, riegos y drenajes. La observación regular de la previsión meteorológica y las acciones preventivas son la mejor estrategia para conservar la cosecha.
8. Calendario estacional de cuidados
El cuidado de las fresas no es un conjunto de actividades aisladas, sino un sistema lógicamente estructurado que sigue el ciclo anual de desarrollo de la planta. Para ayudar al jardinero a no olvidar nada, hemos reunido todas las prácticas clave en un calendario estacional único. Sirve como una práctica chuleta, pero siembre ajústelo a las condiciones climáticas de su región y al estado de sus plantas.
Primavera: despertar y arranque
Las principales tareas de la primavera son ayudar a las plantas a comenzar a crecer rápidamente, protegerlas de las heladas tardías y crear la base para la formación de la cosecha.
Principios de primavera (tan pronto como se derrita la nieve):
- Retirar la cubierta invernal. Abra las plantas para que no se ahoguen. Hágalo a tiempo, pero no demasiado pronto para no congelar las yemas florales (Hill & Perry, 2011; Dankov, 2015). La paja o el agrotextil retirados se pueden utilizar como acolchado en las calles.
- Limpieza sanitaria. Recoja y queme las hojas secas y enfermas del año pasado: son una fuente de infección (Kurennoi et al., 1985).
- Primer laboreo. Tan pronto como el suelo se seque, realice un laboreo poco profundo (3–5 cm) para romper la costra y conservar la humedad (Trunov & Samoshchenkov, 2012).
- Fertilización. Aplique fertilizante nitrogenado (por ejemplo, nitrato amónico o urea) para estimular el crecimiento de la masa verde. Utilice 10–15 g de urea por 1 m² (Bianchi, 2018).
Período de brotación y floración (normalmente mayo):
- Protección contra heladas. Vigile atentamente la previsión meteorológica. Si hay riesgo de heladas nocturnas, utilice material de cobertura (agrotextil) o, si la parcela es pequeña, cubra los bancales con película, periódicos o tela (Bowling, 2000).
- Riego. Riegue si es necesario, especialmente en tiempo seco. Procure que el agua no caiga sobre las flores y las hojas para evitar la podredumbre gris. Lo mejor es el riego por goteo.
- Control de plagas. Inspeccione las plantaciones en busca de pulgones, gorgojos y ácaros de la fresa. Si la infestación es significativa, utilice productos biológicos o insecticidas autorizados, pero estrictamente antes de la floración para no dañar a las abejas y abejorros (Bowling, 2000).
Verano: crecimiento, fructificación y formación de la futura cosecha
El cuidado estival se divide en dos etapas: antes y después de la recogida de bayas.
Período de floración y maduración de las bayas (finales de mayo – julio):
- Riego. Asegure un riego regular y abundante (al menos una vez por semana). La falta de humedad en este período provoca bayas más pequeñas y una reducción del rendimiento (Bianchi, 2018).
- Recolección. Recoja las bayas con regularidad (cada 1–2 días), por la mañana, cuando estén secas. Esto evita la sobremaduración y el desarrollo de podredumbres (Hill & Perry, 2011).
- Protección contra pájaros. Utilice redes u otros elementos disuasorios si es necesario.
- Eliminación de estolones. En las plantaciones frutales elimine los estolones regularmente (cada 1–2 semanas) para que toda la energía de la planta se destine a los frutos (Bianchi, 2018). En los bancales madre se conservan los estolones para la propagación (Kirtbaya & Shcheglov, 2003).
Después de la cosecha (finales de julio – agosto):
- Siega de hojas (si es necesario). Si las plantas están muy densas o afectadas por enfermedades, siegue las hojas a 4–6 cm de altura. Después de la siega, rastrille y queme todas las hojas cortadas (Trunov & Samoshchenkov, 2012).
- Fertilización. Abone las plantas con un abono complejo (nitrógeno + fósforo + potasio) para estimular el crecimiento de nuevas hojas y la iniciación de yemas florales (Bianchi, 2018).
- Laboreo y riego. Continúe labrando y regando los bancales, especialmente en tiempo seco. Es en este momento cuando se forma la cosecha del año siguiente.
- Continúe eliminando los estolones en las plantaciones frutales para que no debiliten las plantas (Hill & Perry, 2011).
Otoño: preparación para el invierno
Las tareas otoñales están dirigidas a que las plantas acumulen fuerzas para el invierno y formen el máximo de yemas florales.
Septiembre–octubre:
- Aplicar abonos potásico‑fosforados. Para aumentar la resistencia al invierno y fortalecer las raíces. No se aplica nitrógeno en esta época para no estimular el crecimiento (Bianchi, 2018).
- Riego de carga de humedad. Si el otoño es seco, realice un riego abundante (30–40 L/m²) para saturar el suelo a 30–40 cm de profundidad (Trunov & Samoshchenkov, 2012).
- Prevención de enfermedades. Trate las plantaciones contra enfermedades fúngicas (por ejemplo, con caldo bordelés al 1%) si es necesario.
Noviembre–diciembre (después de la entrada de frío estable):
- Acolchado invernal. Cubra los bancales con una capa de paja, ramas de coníferas o agrotextil. El grosor de la capa es de 10–15 cm. Lo principal es hacerlo antes de las heladas fuertes, pero después de que las plantas hayan pasado por el endurecimiento natural (Dankov, 2015). No cubra demasiado pronto para evitar que se ahoguen.
Invierno: período de reposo
En invierno, las fresas están en reposo, pero también hay algunas tareas importantes:
- Retención de nieve. Si el invierno es con poca nieve, añada una capa adicional de nieve a los bancales. Esto protege de forma fiable a las plantas de la congelación.
- Comprobación de la cubierta. Asegúrese de que el material de cobertura no sea arrastrado por el viento. Si es necesario, péselo con algo pesado.
- Planificación. En invierno, puede analizar tranquilamente los resultados de la temporada pasada, elegir nuevas variedades, comprar semillas y fertilizantes, y planificar futuras plantaciones.
Tabla resumen: principales tareas por meses
| Mes | Tareas principales |
|---|---|
| Marzo–abril | Retirar la cubierta invernal, recoger y quemar las hojas viejas, labrar, aplicar fertilizante nitrogenado. |
| Mayo | Vigilar las heladas (cubrir si hay riesgo), regar si es necesario, inspeccionar en busca de plagas (especialmente en los botones florales). |
| Junio–julio | Regar regularmente (especialmente en calor), eliminar estolones (en plantaciones frutales), recolectar, realizar tratamientos preventivos contra la podredumbre gris. |
| Agosto | Después de la cosecha, segar las hojas viejas si es necesario, aplicar abono complejo, continuar labrando y regando, eliminar estolones. |
| Septiembre | Aplicar abonos potásico‑fosforados; en tiempo seco, realizar riego de carga de humedad. |
| Octubre | Finalizar todos los trabajos de cuidado; realizar un tratamiento preventivo contra enfermedades. |
| Noviembre | Cubrir los bancales para el invierno con paja u otro material. |
| Diciembre–febrero | Vigilar la capa de nieve; si es necesario, añadir nieve a los bancales. Planificar la temporada. |
Este calendario no es un plan rígido, sino un esquema flexible. El clima puede introducir ajustes, pero el conocimiento de los "puntos clave" en el ciclo anual de la fresa y una reacción oportuna a las señales de la naturaleza son la principal garantía de la salud de las plantas y de una cosecha abundante.
Referencias
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- Bianchi, P.G. (2018). ‘Técnicas de cultivo’, in Guía completa del cultivo de las fresas. Ireland: Editorial De Vecchi, S. A., pp. 20-45.
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