Cultivo a partir de semilla en una temporada
1. ¿Cuándo es adecuado este método? Elección de la estrategia para su región
El cultivo de cebolla a partir de semillas («negrura») directamente en campo abierto y la obtención de un bulbo comercializable en el mismo año es una tarea completamente realista. Sin embargo, antes de comenzar con las semillas, es importante comprender si este método es adecuado para sus condiciones. El factor clave aquí es la respuesta fotoperiódica de la cebolla y, en consecuencia, la duración de su período vegetativo.
1.1. El secreto principal: la reacción a la duración del día
La cebolla es una planta de día largo. Esto significa que la formación del bulbo se desencadena solo cuando la duración del día alcanza un cierto valor umbral (la llamada «duración crítica del día») (Brewster 2008). Para la mayoría de las variedades aptas para climas templados, este umbral es de 14 a 16 horas.
Una vez que la duración del día supera este umbral, el crecimiento de las hojas se ralentiza y comienza el flujo de nutrientes desde la masa verde hacia la base de las hojas, formando el bulbo. Si el día es demasiado corto (menos de 12 a 13 horas), la cebolla puede no formar bulbo y seguirá produciendo masa verde, incluso si el resto de las condiciones son ideales (Nonnecke 1989).
1.2. Elección de la estrategia según la región
Estrategia A: Zona templada y regiones con días largos (regiones del norte y centro de Rusia, Europa del Norte, Canadá, norte de EE. UU.)
En estas regiones, la duración del día en verano alcanza la longitud necesaria (más de 15 a 16 horas), lo que crea condiciones ideales para la cebolla. Aquí, el cultivo a partir de semillas en una temporada es el método principal y más económico.
Fechas: La siembra se realiza a principios de primavera, tan pronto como el suelo lo permita. La tarea clave es dar a las plantas suficiente tiempo para acumular masa foliar antes de que llegue el fotoperiodo «formador de bulbos». Las siembras tardías acortarán el período vegetativo antes del inicio de la formación del bulbo y darán lugar a una cosecha pequeña (Brewster 2008).
Variedades: Es necesario utilizar variedades tempranas y de maduración media adaptadas a días largos. Las variedades sureñas de día corto, en sus condiciones, comenzarán a formar el bulbo demasiado pronto y darán una cosecha pequeña, mientras que las variedades norteñas muy tardías pueden no madurar antes del otoño (Balashev y Zeman 1981).
Estrategia B: Regiones del sur con inviernos suaves (Asia Central, Transcaucasia, sur de EE. UU., Mediterráneo)
En estas regiones, la duración del día puede no ser lo suficientemente larga para algunas variedades, pero hay otra ventaja: el invierno suave. Aquí, para obtener cebolla bulbosa en una temporada, se utilizan ampliamente las siembras de invierno y de verano-otoño (Balashev y Zeman 1981).
- Siembra de invierno: Las semillas se siembran en otoño (noviembre–diciembre) con la intención de que se hinchen, pero no germinen antes de la primavera. Las plantas comienzan a crecer muy temprano, aprovechan la humedad invernal y forman un sistema radicular más potente. Esto les da una ventaja significativa y aumenta el rendimiento en un 10–15% en comparación con la siembra de primavera. Sin embargo, estas plantaciones pueden producir una mayor emisión de tallos florales en el primer año, por lo que la cebolla de siembra de invierno no es apta para el almacenamiento prolongado y debe venderse en primer lugar.
- Siembra de verano-otoño (agosto–septiembre): Con este método, las plantas logran desarrollar un potente aparato foliar antes del invierno y pasan el invierno en la fase de roseta. La cosecha se recoge ya en mayo–junio del año siguiente. Este método es muy productivo, pero, nuevamente, produce un alto porcentaje de plantas que emiten tallos florales y se conserva mal.
Importante: En el clima cálido y húmedo de los trópicos y subtrópicos, donde el día es siempre corto, generalmente es imposible cultivar cebolla bulbosa a partir de semillas en una temporada sin variedades especiales de selección local o sin recurrir a técnicas agronómicas (por ejemplo, el alargamiento del día con iluminación artificial).
1.3. ¿Cuáles son las ventajas de la siembra directa con semillas?
1. Economía: La materia prima más barata y accesible.
2. Sanidad: Se reduce el riesgo de transmisión de enfermedades que se acumulan durante el almacenamiento de los bulbillos (cebollas seleccionadas).
3. Calidad: Usted controla todo el proceso, desde la variedad hasta las condiciones de almacenamiento, y puede obtener un producto con características definidas.
Conclusión para el horticultor: Ante todo, observe su región. Si tiene un verano largo y el día supera las 15 horas, le conviene la siembra de primavera. Si tiene un invierno suave y un verano corto pero caluroso, estudie las posibilidades de la siembra de invierno o de verano para obtener producción temprana. Y nunca olvide: el éxito depende en un 70% de la variedad correctamente elegida, adaptada a la duración del día en su localidad. En el próximo capítulo analizaremos en detalle cómo elegir esa variedad «ideal».
2. Elección de variedades: su principal herramienta para el éxito
Si ha elegido la estrategia de cultivar cebolla a partir de semillas en una temporada, entonces la elección de la variedad no es solo una cuestión de sabor o color. Es una decisión fundamental de la que depende si obtendrá bulbos grandes y conservables o si se quedará con un manojo de hojas verdes y un montón de decepciones. La cebolla no es un cultivo en el que «una variedad sirva para todos». Su comportamiento está estrictamente programado genéticamente, y el programa principal es la respuesta a la duración del día.
2.1. El criterio principal: la respuesta fotoperiódica («día corto» o «día largo»)
Como ya hemos comentado en el primer capítulo, la cebolla es una planta de día largo. Pero dentro de esta regla existe una gran diversidad. Las variedades se dividen en grupos según la duración del día que desencadena el proceso de formación del bulbo.
Variedades de día corto: Duración crítica del día: 10–12 horas. Comienzan a formar el bulbo tan pronto como el día se vuelve lo suficientemente largo (lo que en los trópicos ocurre durante todo el año). Si se siembra una variedad de este tipo en la zona templada, donde el día de verano dura 16–17 horas, «decidirá» que es hora de formar el bulbo cuando la planta aún es pequeña y no ha acumulado suficiente masa foliar. El resultado será un bulbo pequeño, de maduración temprana y que, además, se conserva mal (Nonnecke 1989; Brewster 2008). Estas variedades no son adecuadas en absoluto para las regiones del norte.
Variedades de día largo: Duración crítica del día: 14–16 horas o más. Estas variedades son «pacientes»: seguirán produciendo hojas hasta que el día sea lo suficientemente largo. Esto da tiempo a la planta para desarrollar un potente aparato foliar que luego garantizará un bulbo grande. Estas son precisamente las variedades que se necesitan en regiones con días largos de verano (regiones del norte y centro de Rusia, Canadá, Europa del Norte). Aquí es donde dan el máximo rendimiento (Brewster 2008; Krug 1986).
Variedades de día intermedio: Duración crítica del día: alrededor de 13–14 horas. Ocupan el nicho entre los dos grupos anteriores y son adecuadas para regiones de clima templado donde el día no alcanza valores extremos (por ejemplo, el sur de la zona templada).
Conclusión práctica: Al comprar semillas, preste atención a la descripción de la variedad. Los productores suelen indicar: «para regiones del norte», «para regiones del sur», «variedad de día largo», «variedad de día corto». Si no aparece esta información, es mejor consultar con el vendedor o elegir una variedad recomendada para su zona climática.
2.2. El segundo criterio: el período de maduración (precocidad)
Incluso dentro de las variedades de «día largo» existen diferencias en la velocidad de desarrollo. Para un cultivo anual en condiciones de verano corto, es necesario elegir variedades tempranas y de maduración media.
- Variedades tempranas (período desde la emergencia hasta el vuelco de las hojas: 80–90 días) permiten obtener una cosecha incluso en regiones con veranos frescos y cortos. Producen bulbos de tamaño medio (50–90 g), pero maduran con seguridad. Ejemplos: 'Strigunovsky', 'Bessonovsky' (Balashev y Zeman 1981).
- Variedades de maduración media (90–110 días) son el término medio. Producen bulbos más grandes (100–150 g o más) y logran madurar en la mayoría de las regiones de clima templado. Este es el grupo más numeroso de variedades aptas para el cultivo a partir de semillas en un año. Ejemplos: 'Karatalysky', 'Zolotnichok', 'Stuttgarter Riesen' (Kasynkina y Kudin 2018; Torikov y Sychev 2018).
- Variedades tardías (110–140 días) en condiciones de verano corto pueden no tener tiempo de formar un bulbo completo. Son más adecuadas para el cultivo bienal (a través de bulbillos) o para regiones del sur con un período cálido prolongado. Sin embargo, si tiene un otoño largo y cálido, puede intentarlo. Ejemplos: 'Spanish 313', 'Kaba' (Balashev y Zeman 1981).
2.3. Criterios adicionales: sabor, color y destino
Además de las características «técnicas», es importante tener en cuenta sus preferencias personales y sus objetivos de cultivo:
Según el sabor: Las variedades se dividen en picantes, semipicantes y dulces (de ensalada).
- Variedades picantes ('Bessonovsky', 'Tervin') contienen muchos aceites esenciales, se conservan muy bien en invierno (hasta 6–7 meses), pero tienen un sabor acre. Son típicas de las regiones del norte (Balashev y Zeman 1981).
- Variedades semipicantes ('Zolotnichok', 'Odintsovets', 'Stuttgarter Riesen') son las más populares. Combinan buen sabor, aptitud para el almacenamiento (hasta 4–5 meses) y un rendimiento relativamente alto. La mayoría de los híbridos modernos pertenecen a este grupo (Kasynkina y Kudin 2018).
- Variedades dulces ('Spanish 313', 'Exhibition') son ideales para ensaladas. Son jugosas, tiernas y sin amargor. Pero su conservación suele ser baja (3–4 meses), por lo que se consumen frescas o se utilizan para procesamiento. Estas variedades son originarias de regiones del sur y requieren un día más largo (Balashev y Zeman 1981).
Por color de las escamas secas: En el mercado se valora la cebolla amarilla (la más común), así como la blanca (para procesamiento) y la roja/violeta (para ensaladas). La elección del color es cuestión de estética y marketing, pero no olvide que las variedades rojas y blancas suelen ser menos conservables que las amarillas.
Híbridos (F1) frente a variedades tradicionales: Los híbridos son el resultado de un mejoramiento dirigido. Son más productivos, sus bulbos son muy uniformes en tamaño y forma, y a menudo son resistentes a enfermedades (por ejemplo, al mildiú velloso). Sin embargo, las semillas híbridas son significativamente más caras, y no tiene sentido recolectar semillas de su propia cosecha (no conservan las propiedades parentales). Para el cultivo comercial y para quienes valoran la alta calidad y la uniformidad, los híbridos son una excelente opción. Para aficionados y entusiastas que desean conservar sus propias variedades, es mejor utilizar variedades tradicionales (Kasynkina y Kudin 2018).
2.4. Recomendaciones específicas de variedades (según datos de fuentes)
Para que le sea más fácil orientarse, aquí tiene algunas variedades probadas recomendadas para el cultivo anual en diferentes condiciones:
Para regiones con días largos y veranos cortos (norte, centro):
- 'Stuttgarter Riesen' — variedad alemana probada por el tiempo, de maduración media-temprana, semipicante, con bulbos grandes aplanados-redondeados (hasta 150–250 g), excelente conservación. Una de las más fiables para el cultivo a partir de semillas (Kasynkina y Kudin 2018).
- 'Zolotnichok' — de maduración media, semipicante, con bulbos redondos de color amarillo dorado (60–100 g). Se valora por su rendimiento estable y su buena maduración (Kasynkina y Kudin 2018).
- 'Odintsovets' — una de las mejores variedades tempranas para la zona media, resistente a enfermedades, produce una cosecha uniforme.
Para regiones del sur con clima suave:
- 'Karatalysky' — de maduración media, semipicante, variedad muy productiva para tierras de regadío. Excelente para siembras de verano-otoño e invierno.
- 'Spanish 313' — tardía, dulce, con bulbos grandes de color amarillo. Exige calor y un largo período vegetativo, por lo que solo es apta para el sur (Balashev y Zeman 1981).
Híbridos (F1) para cultivo intensivo:
- 'Tammara' F1 — híbrido medio-temprano, semipicante, con bulbos redondos grandes (80–100 g) muy uniformes, muy buena conservación y resistencia a la fusariosis (Kasynkina y Kudin 2018).
- 'Exhibition' F1 — híbrido dulce de ensalada que, con el método de plantel, produce bulbos gigantes de hasta 1 kg. Lo mencionamos en nuestra guía, pero conviene recordar: para obtener esos tamaños se requiere un período vegetativo muy largo, por lo que en regiones con veranos cortos es mejor cultivarlo a través de plantel y no mediante siembra directa (Kasynkina y Kudin 2018).
2.5. Resumen: cómo elegir su variedad
1. Determine su región y la duración predominante del día en verano.
2. Elija el grupo de variedades según el fotoperiodo: para el norte, estrictamente de día largo; para el sur, también pueden ser de día corto.
3. Evalúe la duración de su verano: si es corto, elija variedades tempranas; si es largo y cálido, puede elegir de maduración media y tardía.
4. Decida qué es más importante para usted: cebolla picante para almacenamiento prolongado, dulce para ensaladas o semipicante (universal).
5. No persiga lo exótico: elija variedades e híbridos que ya hayan sido probados en su zona climática (zonificados). La información al respecto está en el Registro Estatal de Logros de Mejoramiento (para Rusia) o en las recomendaciones de los servicios agronómicos locales.
Recuerde: incluso la mejor variedad no dará una cosecha si se planta en el momento equivocado o no se siguen las técnicas de cultivo. En el próximo capítulo explicaremos cómo preparar correctamente las semillas para la siembra y darles el mejor comienzo.
3. Preparación de las semillas: cómo despertar la «negrura»
Las semillas de cebolla («negrura») tienen una característica importante: están cubiertas por una cáscara densa y dura y contienen aceites esenciales que ralentizan la entrada de agua en la semilla. Por eso, en suelo seco pueden permanecer mucho tiempo sin germinar. En condiciones de campo, las plántulas en la siembra de primavera aparecen solo al día 15–19 (Balashev y Zeman 1981). Para acelerar este proceso y obtener plántulas uniformes, es necesario ayudar a las semillas a «despertarse». La preparación de las semillas es un conjunto de técnicas sencillas pero muy eficaces.
3.1. Primer paso: calibración y descarte
Antes de iniciar cualquier tratamiento, asegúrese de que sus semillas sean de buena calidad. Las semillas de cebolla conservan su poder germinativo durante 2–3 años, pero es mejor utilizar semillas frescas (del año anterior) o con una germinabilidad en laboratorio garantizada de al menos el 80–85% (Balashev y Zeman 1981).
- Inspección visual: Descarte las semillas demasiado pequeñas, dañadas u oscuras. Las semillas grandes y bien formadas tienen más reservas nutritivas y producen plántulas más fuertes.
- Prueba de sal (opcional): Para un descarte más minucioso, puede sumergir las semillas en una solución de sal de mesa al 3–5% (30–50 g de sal por litro de agua). Las semillas que flotan son vacías o arrugadas y se eliminan. Las que se hunden en el fondo son viables. Después de esto, deben lavarse cuidadosamente con agua limpia (Torikov y Sychev 2018).
3.2. Desinfección: protección contra enfermedades
Las semillas de cebolla pueden ser portadoras de patógenos de enfermedades fúngicas y bacterianas (por ejemplo, fomosis, mildiú velloso). Por lo tanto, la desinfección es un procedimiento obligatorio.
- Tratamiento térmico (el método más fiable): Las semillas se colocan en agua caliente a una temperatura de +48…+50°C durante exactamente 20 minutos. Es importante mantener la temperatura en este rango: a temperaturas más bajas, el efecto es débil; a temperaturas más altas, se pueden «cocer» las semillas. Después del calentamiento, las semillas se enfrían inmediatamente en agua fría durante 2–3 minutos y se secan hasta que queden sueltas. Este método elimina las infecciones fúngicas en la superficie y dentro de la semilla (Kasynkina y Kudin 2018; Balashev y Zeman 1981).
- Tratamiento químico: Si no es posible controlar con precisión la temperatura del agua, se pueden utilizar fungicidas autorizados (por ejemplo, productos a base de TMTD). El tratamiento se realiza estrictamente según las instrucciones. Es un método más sencillo, pero no siempre 100% eficaz contra infecciones internas.
3.3. Remojo y estimulación: dar energía para el arranque
Después de la desinfección, se puede pasar a los procedimientos de estimulación. Aceleran la hinchazón y activan los procesos enzimáticos, reduciendo el tiempo hasta la emergencia en 3–5 días.
- Remojo simple: El método más accesible es remojar las semillas en agua limpia a temperatura ambiente (+20…+25°C) durante 12–24 horas. Es conveniente cambiar el agua 2–3 veces para eliminar las sustancias que inhiben la germinación. Las semillas solo deben hincharse, no germinar. Importante: antes de la siembra, deben secarse hasta que queden sueltas, de lo contrario se pegarán y no se podrán sembrar uniformemente (Torikov y Sychev 2018).
- Tratamiento con microelementos y estimulantes: El remojo en una solución al 0,01–0,02% de microfertilizantes (mezcla de boro, manganeso, molibdeno, zinc) o en una solución de humatos, ácido succínico, zircón, epin durante 12–18 horas aumenta significativamente la energía de germinación y la resistencia de las plantas a condiciones adversas. Esto es especialmente relevante para regiones frías y áridas (Torikov y Sychev 2018). Por qué funciona: los microelementos participan en los procesos enzimáticos, y los estimulantes activan los sistemas de defensa de las plantas en la etapa más temprana.
3.4. Burbujeo: un baño de oxígeno para las semillas
Este es un método más eficaz, aunque menos accesible para el aficionado. Las semillas se colocan en un recipiente con agua a temperatura ambiente y se hace pasar oxígeno o aire común a través del agua mediante un compresor. El proceso dura 18–20 horas. El burbujeo acelera la germinación, aumenta la germinabilidad y desinfecta las semillas al saturarlas de oxígeno (Balashev y Zeman 1981; Torikov y Sychev 2018).
Para quién: para agricultores y horticultores avanzados que tengan acceso a un compresor.
3.5. Pildorado: para siembra de precisión
Es una técnica industrial en la que se aplica a las semillas una cubierta de una mezcla de turba, adhesivo, microelementos y productos protectores. Estas semillas se vuelven grandes, redondeadas y fáciles de sembrar una por una a intervalos determinados. Las semillas pildoradas (gránulos) facilitan enormemente el proceso de siembra, ahorran semillas y evitan el aclareo (Brewster 2008). Sin embargo, su costo es mayor y requieren un cumplimiento más estricto de la humedad del suelo después de la siembra, ya que la cubierta debe disolverse.
Para quién: para quienes utilizan sembradoras de precisión y valoran la uniformidad de la plantación.
3.6. Resumen breve de la preparación de semillas
1. Inspeccione y calibre (si es necesario) — elimine las arrugadas.
2. Caliente en agua a +50°C durante 20 minutos o realice un tratamiento químico — es una protección obligatoria contra enfermedades.
3. Remoje durante 12–24 horas en agua con estimulantes (opcional) — esto acelerará el despertar.
4. Seque las semillas hasta que queden sueltas inmediatamente antes de la siembra.
Importante: No remoje las semillas si el suelo no está suficientemente caliente. A temperaturas bajas (inferiores a +10°C), las semillas hinchadas pueden pudrirse. Siembre solo en suelo caliente.
Ahora sus semillas están listas para la siembra. En el próximo capítulo abordaremos la pregunta más emocionante: ¿cuándo sembrarlas exactamente para que la cebolla tenga tiempo de crecer y madurar?
4. Fechas de siembra: cuándo sembrar para obtener una cosecha
Las fechas de siembra de la cebolla «negra» son quizás el momento más crítico de toda la tecnología. De la precisión con que elija el momento depende no solo el tamaño de la cosecha, sino también su calidad y su capacidad de conservación. La regla principal para el cultivo anual es sembrar lo antes posible, pero teniendo en cuenta la preparación del suelo. Un retraso en la siembra de incluso una semana puede reducir significativamente la cosecha (Brewster 2008; Balashev y Zeman 1981).
4.1. Siembra de primavera: la estrategia principal para la zona templada
Para la mayoría de las regiones de clima templado (regiones del norte y centro de Rusia, Europa del Norte, Canadá, norte de EE. UU.), la siembra de primavera es el método principal y más fiable para cultivar cebolla a partir de semillas en una temporada.
¿Cuándo comenzar? Tan pronto como el suelo lo permita. En la zona media de Rusia, esto suele ser a finales de abril — primera década de mayo; en regiones más septentrionales, a mediados de mayo. La referencia es la madurez física del suelo: debe estar suficientemente suelto, no pegarse a las herramientas y tener una temperatura a la profundidad de siembra (2–3 cm) no inferior a +5…+6°C (Balashev y Zeman 1981).
¿Por qué es tan importante no retrasarse? La cebolla es una planta de día largo. La formación del bulbo se desencadena al alcanzar una determinada duración crítica del día (generalmente 14–16 horas). Si la siembra es tardía, las plantas simplemente no tendrán tiempo de acumular suficiente masa foliar antes de que llegue ese fotoperiodo «formador de bulbo». Cuantas menos hojas logren formarse antes del inicio de la formación del bulbo, más pequeño será este. Los experimentos muestran que con un retraso de 2 a 3 semanas en la siembra, el rendimiento puede disminuir entre un 30 y un 50% (Brewster 2008).
Temperatura óptima para la germinación: Las semillas de cebolla comienzan a germinar ya a +1…+2°C, pero el proceso es más rápido y uniforme a +18…+20°C (Torikov y Sychev 2018). Sin embargo, no hay que esperar a que el suelo se caliente hasta esos valores: con la siembra temprana, las semillas se hinchan y «esperan» el calor, y las plántulas aparecen cuando las condiciones son favorables. Esto les da una ventaja.
Un matiz importante: En las siembras tempranas existe el riesgo de heladas tardías. Sin embargo, las plántulas de cebolla toleran bien las heladas breves de hasta -3…-5°C, por lo que los enfriamientos ligeros no les perjudican (Balashev y Zeman 1981; Torikov y Sychev 2018).
4.2. Estrategias especiales para regiones del sur: siembra de invierno y de verano-otoño
En regiones con inviernos suaves y veranos calurosos (Asia Central, Transcaucasia, sur de EE. UU., Mediterráneo), la siembra de primavera suele dar rendimientos bajos porque el calor llega demasiado rápido y frena el crecimiento de las plantas. Aquí son más eficaces otras fechas.
Siembra de invierno (noviembre–diciembre): Las semillas se siembran en tierra helada para que se hinchen pero no germinen antes de la primavera. En primavera, estas plantas comienzan a crecer muy temprano, aprovechan la humedad invernal y forman un potente sistema radicular. La cosecha madura entre un 10 y un 15% antes y suele ser más abundante que con la siembra de primavera. Sin embargo, este método tiene un inconveniente importante: la cebolla cultivada a partir de siembra de invierno tiende a emitir más tallos florales y se conserva peor. Por ello, su producción se vende en primer lugar —en fresco o para procesamiento (Balashev y Zeman 1981; Kasynkina y Kudin 2018).
Siembra de verano-otoño (agosto–septiembre): En Asia Central y otras regiones cálidas se practica la siembra a finales del verano. Las plantas logran desarrollar una roseta foliar antes del frío, pasan el invierno y en primavera crecen rápidamente, dando una cosecha en mayo–junio. Este método también proporciona altos rendimientos, pero, al igual que la siembra de invierno, provoca una mayor emisión de tallos florales (Balashev y Zeman 1981).
Para quién son estos métodos: Para los habitantes de regiones del sur que no pueden obtener cebolla bulbosa a partir de la siembra de primavera debido al calor temprano e intenso, y para aquellos que desean obtener una cosecha muy temprana para la venta.
4.3. Cómo decidir las fechas de siembra
1. Observe su región. Si tiene una primavera larga y un verano no demasiado caluroso, su método es la siembra temprana de primavera.
2. No busque fechas ultratempranas. Hay que sembrar no cuando «ha llegado el momento según el calendario», sino cuando el suelo está físicamente preparado (no demasiado húmedo ni demasiado frío). La temperatura óptima del suelo para la siembra es de +5…+8°C a una profundidad de 5 cm.
3. Tenga en cuenta las anomalías climáticas. Si la primavera es prolongada y fría, no se apresure: las semillas pueden pudrirse en un suelo frío y húmedo. Espere un calentamiento estable.
4. Para las regiones del sur: si desea obtener una cosecha temprana y está dispuesto a sacrificar la conservación, pruebe la siembra de invierno o de verano-otoño. Si necesita cebolla para el almacenamiento invernal, opte por la siembra de primavera, pero elija variedades resistentes a la emisión de tallos y al calor.
Recuerde: la fecha de siembra correcta es la base sobre la que se construye toda su cosecha. Un retraso en la siembra provoca que las plantas no tengan tiempo de acumular masa foliar y los bulbos se formen pequeños. En el próximo capítulo analizaremos cómo sembrar la cebolla correctamente: a qué distancia y a qué profundidad, para que las plantas crezcan y se desarrollen cómodamente.
5. Esquema de siembra: encontrar la distancia adecuada
Una vez que haya elegido la variedad y decidido las fechas, es hora de decidir cómo colocar las semillas en el bancal. El esquema de siembra no es solo una cuestión de comodidad para el deshierbe. Influye directamente en el tamaño de los bulbos, el rendimiento e incluso en el momento de maduración. Siembra demasiado densa —los bulbos serán pequeños pero uniformes. Siembra demasiado rala —el rendimiento será menor y los bulbos pueden crecer demasiado grandes y conservarse mal.
5.1. El principio principal: cuanto más denso, más pequeño
Existe una relación inversa entre la densidad de plantas y el tamaño del bulbo. Cuantas más plantas por unidad de superficie, más compiten por la luz, la humedad y los nutrientes. Como resultado, los bulbos se forman más pequeños, pero maduran mejor y se conservan mejor. La siembra rala da bulbos grandes, pero pueden no madurar a tiempo y se conservarán peor (Balashev y Zeman 1981; Brewster 2008).
¿Por qué ocurre esto? La cebolla es una planta de día largo. En cuanto la duración del día supera el umbral crítico, comienza un flujo activo de nutrientes desde las hojas hacia el bulbo. Si hay muchas plantas, cada una recibe menos luz y nutrición, lo que acelera este proceso pero reduce el tamaño final. Si hay pocas plantas, pueden seguir produciendo hojas durante más tiempo y formar un bulbo más grande, pero el proceso de maduración puede retrasarse (Brewster 2008).
5.2. Elección del esquema según el objetivo
En el cultivo anual, buscamos obtener un bulbo comercializable, no un bulbillo. Por lo tanto, la densidad óptima de plantas para obtener bulbos grandes y maduros es de 70–100 plantas por 1 m² (Balashev y Zeman 1981; Torikov y Sychev 2018). Para lograr esta densidad, existen varios enfoques.
Siembra en hileras anchas (variante clásica):
Es el método tradicional, en el que la distancia entre hileras es de 45–60 cm y entre plantas en la hilera de 4–6 cm. La densidad de plantas alcanza así 70–100 plantas por 1 m². Este método es cómodo para el cultivo mecanizado entre hileras, pero deja una gran superficie de tierra sin utilizar, lo que reduce el rendimiento total del bancal (Balashev y Zeman 1981).
Siembra en cintas (multifila):
Es un método más moderno y productivo. Las semillas se siembran en varias filas (generalmente 2–5) con una distancia entre filas de 15–25 cm, y entre las cintas se deja un pasillo ancho (50–70 cm). Por ejemplo, el esquema 20+50 significa que dos filas están separadas 20 cm entre sí y luego hay un pasillo ancho de 50 cm. Este esquema permite obtener más plantas por unidad de superficie, manteniendo la posibilidad de realizar labores de mantenimiento (cultivo entre hileras) y mejorando la iluminación de las plantas (Torikov y Sychev 2018; Balashev y Zeman 1981).
Siembra en bandas anchas:
Con este método, las semillas se siembran en una banda continua de 8–15 cm de ancho. Dentro de la banda, las plantas se distribuyen de manera desigual, pero la densidad general es alta. Este método da rendimientos muy altos en suelos fértiles y de regadío, pero prácticamente excluye el mantenimiento mecanizado. Por lo tanto, se utiliza más a menudo en explotaciones intensivas de las regiones del sur (Balashev y Zeman 1981).
5.3. Cálculo de la dosis de siembra
Para lograr la densidad de plantas deseada, es necesario calcular correctamente la dosis de siembra. Depende de la germinabilidad de las semillas, su tamaño y del esquema de siembra que utilice.
Para siembra en hileras anchas y en cintas con aclareo manual:
La dosis de siembra para siembra en hileras anchas suele ser de 8–12 kg/ha (0,8–1,2 g/m²). Para la siembra en cintas, la dosis puede aumentarse a 14–18 kg/ha (1,4–1,8 g/m²), ya que parte de las plantas se eliminan durante el aclareo (Balashev y Zeman 1981).
Para siembra de precisión sin aclareo:
Si utiliza una sembradora de precisión y semillas de alta calidad, calibradas y con alta germinación (al menos 92–95%), entonces la dosis de siembra puede reducirse a 4–6 kg/ha (0,4–0,6 g/m²). Con esta tecnología, las semillas se siembran a intervalos determinados (generalmente 3–5 cm), lo que elimina por completo el aclareo manual (Brewster 2008; Torikov y Sychev 2018).
Cálculo aproximado para el aficionado:
En un bancal estándar de 10 m de largo y 1 m de ancho, se pueden colocar 5 hileras con una separación de 20 cm. Si en cada hilera siembra 1 semilla cada 3 cm, en una hilera necesitará 333 semillas, y en todo el bancal 1665 semillas. Con una germinación del 80%, obtendrá unas 1300 plantas, es decir, 130 plantas por 1 m². Si desea bulbos de tamaño medio (80–100 g), es suficiente. Para obtener bulbos más grandes (150 g o más), debe reducir la densidad a 80–90 plantas por 1 m², sembrando las semillas a intervalos de 4–5 cm.
Consejo práctico: Si utiliza semillas pildoradas, tenga en cuenta que pesan más que las normales. Por lo tanto, la dosis de siembra (en gramos) se ajusta según las recomendaciones del fabricante, pero en cuanto al número de semillas por metro lineal, se guía por la distancia especificada entre ellas (Brewster 2008).
5.4. Recomendaciones de esquemas para diferentes condiciones
- Para horticultores aficionados: Para el cuidado manual y la obtención de bulbos grandes, es conveniente un esquema con hileras anchas (35–45 cm) y distancia en la hilera de 5–6 cm. Esto da 40–50 plantas por metro lineal, o 100–120 plantas por 1 m².
- Para agricultores con mecanización: Si tiene acceso a cultivadores, es mejor utilizar esquemas en cinta con alternancia de hileras estrechas (15–25 cm) y anchas (50–70 cm). Esto permite utilizar eficazmente la maquinaria y obtener un alto rendimiento por unidad de superficie.
- Para regiones del sur (agricultura de regadío): Aquí se suelen utilizar siembras en hileras estrechas (15–20 cm) y en bandas anchas, que dan rendimientos máximos (hasta 500–800 q/ha) con una tecnología agrícola intensiva. Sin embargo, estos esquemas requieren un control muy cuidadoso de las malas hierbas y un riego preciso (Balashev y Zeman 1981).
5.5. Resumen breve del esquema de siembra
1. Para obtener bulbos comercializables de tamaño medio y grande, la densidad óptima es de 70–100 plantas por 1 m².
2. Esquema de hileras anchas (45–60 cm entre hileras, 4–6 cm entre plantas) — la opción más sencilla y fiable para aficionados.
3. Esquema en cinta (por ejemplo, 20+50 cm) permite aumentar el rendimiento por unidad de superficie y simplifica el mantenimiento mecanizado.
4. Siembra de precisión con semillas pildoradas y sembradoras de precisión permite evitar el aclareo y ahorrar semillas.
5. No densifique demasiado la siembra si desea bulbos grandes. Y no aclare demasiado si la conservación es importante.
Ahora que sabe cómo colocar correctamente las semillas en el bancal, es hora de abordar la profundidad de siembra. De esto depende que las plántulas surjan uniformemente y que puedan atravesar el suelo. De esto hablaremos en el próximo capítulo.
6. Profundidad de siembra: cómo no arruinar la futura cosecha
La profundidad de siembra es uno de los parámetros clave de la siembra que a menudo se subestima. Si se siembra demasiado superficial, las semillas se secan sin tiempo para germinar. Si se siembra demasiado profundo, la plántula débil no tendrá fuerzas suficientes para salir a la luz. Para la cebolla, cuyas semillas son pequeñas y germinan lentamente, esta cuestión es críticamente importante.
6.1. La regla principal: poco profundo, pero no demasiado
Las semillas de cebolla pertenecen a los cultivos de semillas pequeñas. Su tamaño (generalmente 2–3 mm) y la peculiaridad de su germinación (hipogea — el cotiledón permanece en el suelo) imponen exigencias estrictas a la profundidad de siembra.
Profundidad óptima: 1,5–2,5 cm en suelos pesados y propensos a formar costra, y 2–3 cm en suelos ligeros, arenosos y franco-arenosos (Balashev y Zeman 1981; Torikov y Sychev 2018).
¿Por qué exactamente esta profundidad? Cuando se siembra a más de 3–4 cm de profundidad, aumenta el riesgo de que la plántula no pueda llevar el cotiledón a la superficie. Gasta todas sus reservas de nutrientes para atravesar el espesor del suelo, y como resultado, las plántulas emergen débiles, con retraso o no emergen en absoluto. Cuando se siembra a menos de 1 cm, las semillas pueden secarse en la capa superior del suelo, especialmente en tiempo seco y ventoso, y no germinar (Brewster 2008).
6.2. ¿Por qué es tan importante la profundidad de siembra?
1. Acceso a la humedad: La capa superior del suelo (0–1 cm) se seca rápidamente incluso con viento ligero. Las semillas sembradas a esa profundidad pueden hincharse pero luego secarse y morir. A una profundidad de 2–3 cm, la humedad es más estable, lo que garantiza una germinación uniforme.
2. Fuerza de la plántula: Las semillas de cebolla contienen una reserva limitada de nutrientes. Si la plántula tiene que atravesar una capa de suelo demasiado gruesa (más de 4 cm), es posible que no tenga fuerzas suficientes para salir a la superficie. Como resultado, las semillas producen plántulas débiles y torcidas o mueren en el suelo.
3. Formación del sistema radicular: Cuando se siembra a la profundidad óptima, el sistema radicular se forma en la capa de suelo más fértil y bien aireada. Esto da a las plantas un buen comienzo y acelera su desarrollo en las primeras semanas después de la emergencia.
6.3. Influencia del tipo de suelo en la profundidad de siembra
La profundidad de siembra debe ajustarse en función de la composición mecánica del suelo:
- Suelos ligeros, franco-arenosos y arenosos: En estos suelos se puede sembrar un poco más profundo (hasta 3 cm), ya que se secan rápidamente y las semillas necesitan una mayor reserva de humedad. Sin embargo, es importante recordar que en suelos arenosos con viento fuerte, la capa superior puede ser arrastrada, por lo que se recomienda compactar el suelo después de la siembra (rodillo).
- Suelos medios, francos: La profundidad óptima es de 2–2,5 cm. Esta es una recomendación universal para la mayoría de los horticultores.
- Suelos pesados, arcillosos: En estos suelos, la profundidad de siembra debe ser mínima — no más de 1,5 cm. Razones: en suelos pesados, cuando se siembra a más de 2 cm, las plántulas tienen muchas dificultades para atravesar la capa densa y propensa a formar costra después de la lluvia. Además, en suelos pesados, la humedad se conserva más tiempo en la capa superior, por lo que la siembra superficial está justificada.
6.4. Particularidades para diferentes métodos de siembra
- Siembra manual: Con la siembra manual es fácil controlar la profundidad, colocando las semillas en surcos preparados. Después de la siembra, los surcos se cubren cuidadosamente con tierra suelta o humus y se compactan ligeramente.
- Siembra con sembradora: Al utilizar sembradoras, es importante ajustar correctamente la profundidad de siembra. Muchas sembradoras modernas permiten ajustar la profundidad con una precisión de 0,5 cm. Se recomienda hacer una pasada de prueba antes de comenzar el trabajo y comprobar la profundidad real de siembra (Brewster 2008).
- Siembra de invierno: En la siembra de invierno (en regiones del sur), la profundidad de siembra puede ser un poco mayor (hasta 3–4 cm) para evitar que las semillas se congelen. Además, es obligatorio el acolchado con humus o turba con una capa de 2–3 cm después de la siembra para proteger las semillas de las heladas y de la formación de costra (Balashev y Zeman 1981).
6.5. Recomendaciones prácticas
1. Para siembra manual: Haga surcos de 2–3 cm de profundidad, coloque las semillas, cúbralas con tierra suelta o humus. Si el suelo está seco, después de la siembra riegue el bancal por aspersión para asegurar el contacto de las semillas con el suelo.
2. Para sembradoras: Ajuste la profundidad de siembra a 2–2,5 cm. Antes de comenzar, compruebe la profundidad en un área nivelada haciendo pasadas de prueba y midiendo la profundidad real de colocación de las semillas.
3. Compactación del suelo: Después de la siembra, pase el rodillo (o compacte con el dorso del rastrillo). Esto asegura un buen contacto de las semillas con el suelo húmedo, lo que acelera la germinación.
4. Acolchado: En regiones secas o en siembras de invierno, acolche la siembra con turba, humus o compost con una capa de 1–2 cm. Esto protege las semillas de la sequía y de la formación de costra.
6.6. Resumen breve de la profundidad de siembra
1. Profundidad óptima: 1,5–2,5 cm en suelos pesados, 2–3 cm en suelos ligeros.
2. No entierre las semillas a más de 3–4 cm — las plántulas no podrán salir.
3. No siembre a menos de 1 cm — las semillas se secarán en la capa superior del suelo.
4. Después de la siembra, compacte el suelo — mejora el contacto de las semillas con el suelo y acelera la germinación.
5. En tiempo seco y en siembras de invierno, use acolchado para conservar la humedad y proteger contra las fluctuaciones de temperatura.
Ahora que las semillas están sembradas a la profundidad correcta, es hora de pensar en cómo regular la densidad de plantas. En el próximo capítulo analizaremos cuándo y cómo realizar el aclareo para obtener no solo plántulas uniformes, sino bulbos grandes y maduros.
7. Aclareo: dar espacio para crecer
Incluso con la siembra más precisa, siempre obtendrá más plantas de las necesarias para formar bulbos grandes. Esto es inevitable: parte de las semillas puede dar plántulas débiles, parte puede morir y otra parte simplemente será excedente. Aquí es donde el aclareo viene al rescate: una técnica que permite dejar en el bancal solo las plantas más fuertes y darles suficiente espacio para desarrollarse.
7.1. ¿Por qué aclarar la cebolla?
1. Aumentar el tamaño de los bulbos: Cuando las plantas están apiñadas, compiten por la luz, el agua y los nutrientes. Esto acelera el inicio de la formación del bulbo (actúa el mecanismo «cuanto más denso, más pequeño»), pero el tamaño final sigue siendo pequeño. El aclareo reduce la competencia y las plantas pueden seguir produciendo hojas durante más tiempo, lo que finalmente da bulbos más grandes (Balashev y Zeman 1981).
2. Mejorar la maduración y la conservación: En plantaciones densas, las plantas están peor iluminadas y ventiladas, lo que retrasa la maduración de los bulbos y aumenta el riesgo de enfermedades fúngicas. Los bulbos de plantaciones aclaradas maduran mejor, tienen escamas secas compactas y se conservan más tiempo (Brewster 2008).
3. Reducir el riesgo de emisión de tallos florales: En plantaciones densas, las plantas sufren estrés (incluyendo falta de luz y nutrición), lo que puede provocar la formación de tallos florales incluso en variedades no propensas a ello (Kasynkina y Kudin 2018).
Importante: El aclareo no es simplemente «arrancar el excedente». Es un proceso deliberado de formación de la densidad óptima de plantas.
7.2. ¿Cuándo realizar el aclareo?
El momento óptimo es la fase de 2–3 hojas verdaderas (altura de las plantas de unos 10–15 cm). En este momento, las plantas ya están lo suficientemente fuertes para soportar el trasplante, pero aún no han comenzado a competir activamente entre sí. El retraso en el aclareo provoca que las plantas crezcan demasiado y empiecen a suprimirse mutuamente, y después de eliminar a los vecinos «extra», es posible que no se recuperen (Torikov y Sychev 2018).
Consejo práctico: Si sembró muy densamente, puede realizar dos aclareos. El primero — en la fase de 1–2 hojas verdaderas, dejando 2–3 cm entre plantas. El segundo — después de 2–3 semanas, cuando las plantas alcancen los 15–20 cm, dejando la distancia definitiva.
7.3. ¿Cómo aclarar correctamente?
1. Elija el clima: Lo mejor es realizar el aclareo en un día nublado o por la tarde, cuando el suelo está húmedo. Esto reduce el estrés para las plantas restantes. Si el clima es seco y caluroso, riegue abundantemente el bancal el día anterior.
2. Elimine las plantas débiles y enfermas: Deje solo los ejemplares más fuertes y bien desarrollados, con hojas verdes brillantes. Elimine todas las plantas torcidas, débiles, dañadas por enfermedades o plagas.
3. No arranque, sino pellizque con cuidado: Al aclarar, trate de no dañar las raíces de las plantas vecinas. Es mejor sujetar el suelo con los dedos y arrancar con cuidado la planta sobrante, en lugar de arrancarla de raíz. Después del aclareo, compacte ligeramente el suelo alrededor de las plantas restantes para restaurar el contacto de las raíces con la tierra.
4. Riegue abundantemente después del aclareo: Esto ayudará a las plantas restantes a recuperarse más rápidamente del estrés y a ocupar el espacio liberado.
7.4. Densidad óptima para obtener bulbos comercializables
Todo depende del tamaño deseado y del tipo de suelo, pero existen pautas generales:
- Para obtener bulbos de tamaño medio (80–120 g): 70–100 plantas por 1 m². Esto corresponde a una distancia entre plantas en la hilera de 4–6 cm con siembra en hileras anchas (45–60 cm entre hileras) (Balashev y Zeman 1981).
- Para obtener bulbos grandes (120–150 g y más): 50–70 plantas por 1 m². Distancia entre plantas en la hilera — 6–8 cm (Torikov y Sychev 2018).
- Para obtener bulbos muy grandes (más de 200 g) o para variedades dulces de ensalada: 40–50 plantas por 1 m². Distancia — 8–10 cm.
Importante: En suelos fértiles y de regadío, se puede dejar una plantación ligeramente más densa (cerca de 100 plantas por 1 m²), ya que las condiciones de nutrición y humedad permiten a las plantas alcanzar su potencial incluso con una plantación más densa. En suelos pobres o en condiciones áridas, la densidad debe reducirse a 60–70 plantas por 1 m².
7.5. ¿Qué hacer con las plantas arrancadas?
Se pueden utilizar como verdura: es una cebolla de manojo (cebolla para hoja) que ya se puede añadir a ensaladas y sopas. Si se retrasó en el aclareo y las plantas ya son grandes, se pueden trasplantar a otro lugar, pero arraigarán peor y producirán bulbos más pequeños que los cultivados sin trasplante.
7.6. Resumen breve del aclareo
1. Realícelo en la fase de 2–3 hojas verdaderas.
2. Deje 4–8 cm entre plantas en la hilera (según el tamaño deseado).
3. Elimine plantas débiles, enfermas y torcidas.
4. Trabaje en tiempo húmedo o después del riego.
5. Riegue después del aclareo.
El aclareo es su «herramienta» para controlar el tamaño y la calidad de la cosecha. No escatime tiempo en esta técnica, que le será recompensada con creces. Y ahora — sobre cómo cuidar la cebolla en cada etapa de su vida para que crezca sana y fuerte.
8. Cuidados por fases: el calendario de tareas del horticultor
Para obtener plántulas uniformes, hojas vigorosas y bulbos grandes, es necesario saber cuándo y qué tareas realizar. Todo el ciclo de vida de la cebolla anual se puede dividir en varias fases clave, en cada una de las cuales el cuidado tiene sus propias características.
8.1. Fase 1: Desde la siembra hasta la emergencia (primeras 2–3 semanas)
Objetivo: Asegurar una emergencia rápida y uniforme de las plántulas.
- Riego: Durante este período, la humedad de la capa superior del suelo es críticamente importante. Si después de la siembra hace un tiempo seco y ventoso, es necesario un riego regular (preferiblemente por aspersión, pero con cuidado para no erosionar el suelo). Antes de la emergencia, el suelo no debe secarse a más de 1 cm de profundidad.
- Control de la costra: Si después de la lluvia se ha formado una costra densa en la superficie, hay que romperla con un ligero rastrilleo (se puede usar un rastrillo de dientes finos), de lo contrario, las plántulas no podrán salir. Debe hacerse con mucho cuidado para no dañar las semillas aún no emergidas.
- Control de malas hierbas: Durante este período, las malas hierbas son especialmente peligrosas porque crecen más rápido que las plántulas de cebolla, que se desarrollan lentamente. Realice un deshierbe manual y, para superficies mayores, use herbicidas de preemergencia (estrictamente según las instrucciones). Sin embargo, para huertos familiares, recomiendo el trabajo manual o el uso de materiales de acolchado.
Por qué es importante: El sistema radicular de la cebolla se desarrolla lentamente, y en las primeras semanas es muy vulnerable. Cualquier retraso en el crecimiento durante este período puede hacer que la cebolla no tenga tiempo de producir suficientes hojas antes de que comience la formación del bulbo (Balashev y Zeman 1981; Brewster 2008).
8.2. Fase 2: Crecimiento de las hojas (desde la emergencia hasta el inicio de la formación del bulbo) — 4–8 semanas
Objetivo: Maximizar la masa foliar sana.
- Riego: Durante este período, la cebolla consume activamente humedad. El suelo debe estar constantemente húmedo (no encharcado) hasta una profundidad de 15–20 cm. La humedad óptima es alrededor del 80% de la capacidad de campo. Riegue regularmente (1–2 veces por semana), especialmente en tiempo caluroso. La falta de humedad durante este período retrasa mucho el crecimiento de las hojas y reduce la futura cosecha (Balashev y Zeman 1981).
- Escarda y deshierbe: Después de cada riego o lluvia, tan pronto como el suelo se seque, escarde entre las hileras. Esto rompe la costra y mejora la aireación de las raíces. Al mismo tiempo, elimine las malas hierbas: son los principales competidores de la cebolla durante este período.
- Fertilización: La primera fertilización se realiza 2–3 semanas después de la emergencia, cuando se hayan formado 3–4 hojas verdaderas. Aplique fertilizantes nitrogenados (por ejemplo, nitrato de amonio, urea) a razón de 10–15 g por 1 m² (o 50–70 kg/ha en equivalente de principio activo). El nitrógeno estimula el crecimiento de las hojas — cuantas más hojas, más grande será el bulbo. Es mejor aplicar el fertilizante después del riego o junto con él para evitar quemaduras en las raíces (Torikov y Sychev 2018).
- Aclareo: Es en esta fase (3–5 hojas) cuando se realiza el aclareo principal del que hablamos en el capítulo 7.
Importante: No exceda con el nitrógeno al final de esta fase. El exceso de nitrógeno retrasa la formación del bulbo y empeora la conservación. La transición a la nutrición fosfo-potásica comienza desde el momento del inicio de la formación del bulbo.
8.3. Fase 3: Inicio de la formación del bulbo (generalmente coincide con el aumento de la duración del día hasta la longitud crítica, mediados-finales de junio en la zona templada)
Objetivo: Redirigir la nutrición de las hojas hacia la formación del bulbo.
- Riego: La necesidad de humedad sigue siendo alta, pero el riego debe hacerse con menos frecuencia (una vez cada 7–10 días), pero más abundantemente (para mojar el suelo hasta una profundidad de 30–40 cm). Es importante no permitir que se seque, de lo contrario, el crecimiento del bulbo puede detenerse.
- Fertilización: Durante este período, se aplican fertilizantes fosfo-potásicos (por ejemplo, superfosfato + sal potásica o monofosfato potásico) a razón de 15–20 g de fósforo y 15–20 g de potasio por 1 m². Esto acelera la maduración de los bulbos y mejora su conservación. El nitrógeno en las fertilizaciones de esta etapa se excluye o se reduce mucho la dosis (no más de 5 g/m²) para no provocar un crecimiento excesivo de las hojas (Balashev y Zeman 1981).
- Control de enfermedades y plagas: Durante este período, se desarrollan activamente enfermedades (mildiú velloso) y plagas (mosca de la cebolla, trips). Inspeccione cuidadosamente las plantaciones. Ante los primeros signos de enfermedad, trate las plantas con fungicidas autorizados. Contra plagas, use insecticidas (según instrucciones), pero recuerde que el tratamiento debe suspenderse 20–30 días antes de la cosecha (Torikov y Sychev 2018).
8.4. Fase 4: Engorde y maduración del bulbo (julio–agosto)
Objetivo: Asegurar la maduración y la formación de escamas secas de calidad.
- Riego: Aproximadamente 3–4 semanas antes de la cosecha (cuando las hojas comienzan a amarillear y a doblarse) se suspende completamente el riego. El exceso de humedad durante este período retrasa la maduración, empeora la conservación y provoca el crecimiento de nuevas raíces y brotes secundarios (Balashev y Zeman 1981).
- Aceleración de la maduración (opcional): Si la cebolla no se dobla, se puede doblar con cuidado el follaje (presionarlo contra el suelo) o cortar ligeramente las raíces con una pala a una profundidad de 5–7 cm. Esto acelera el flujo de nutrientes de las hojas al bulbo y favorece una maduración más rápida.
- Protección contra enfermedades: En este momento, es importante prevenir la infección por podredumbre del cuello (Botrytis). Inspeccione regularmente los bulbos, especialmente si el tiempo es húmedo. Si encuentra signos de podredumbre, retire las plantas enfermas.
Signo de preparación para la cosecha: Doblamiento masivo y amarilleo de las hojas, cuello seco y que susurra, escamas secas que se desprenden fácilmente. Esto suele ocurrir entre 80 y 120 días después de la emergencia, según la variedad (Kasynkina y Kudin 2018).
8.5. Resumen breve de los cuidados por fases
| Fase | Qué hacer | Por qué |
|---|---|---|
| Siembra–emergencia | Riego, rotura de costra, deshierbe | Acelerar la germinación, proteger de malas hierbas |
| Crecimiento de hojas | Riego abundante, escarda, fertilización nitrogenada, aclareo | Acumular masa foliar — base del futuro bulbo |
| Inicio de formación del bulbo | Riego moderado, fertilización fosfo-potásica, protección contra enfermedades | Cambiar el crecimiento hacia el bulbo, mejorar la conservación |
| Engorde y maduración | Suspender el riego, acelerar la maduración (si es necesario) | Permitir la maduración, formar escamas secas |
Ahora que sabe cómo cuidar la cebolla en cada etapa, es momento de hablar de la nutrición: qué elementos y en qué dosis necesita la planta para obtener el máximo rendimiento. De esto hablaremos en el próximo capítulo.
9. Particularidades de la nutrición: cómo y con qué abonar la cebolla para obtener el máximo rendimiento
La nutrición de la cebolla no es simplemente «echar un puñado de abono y regar». Es un proceso delicado que requiere comprender qué necesita exactamente la planta en cada etapa de su desarrollo. La cebolla tiene un sistema radicular débil y superficial que absorbe mal los nutrientes de las capas profundas del suelo. Por lo tanto, todos los fertilizantes deben estar fácilmente disponibles y localizados en la zona de crecimiento activo de las raíces (Balashev y Zeman 1981).
9.1. ¿Qué le gusta a la cebolla? Principales elementos nutritivos
Para formar una buena cosecha, la cebolla necesita tres elementos principales: nitrógeno (N), fósforo (P) y potasio (K). Pero su proporción y su función cambian en las diferentes etapas de crecimiento.
- Nitrógeno (N): Es el principal «material de construcción» para las hojas. El nitrógeno estimula el crecimiento de la masa verde, lo que es especialmente importante en las primeras 6–8 semanas después de la emergencia. Cuantas más hojas logre producir la planta antes del inicio de la formación del bulbo, más grande será este. Sin embargo, el exceso de nitrógeno durante la formación del bulbo retrasa su maduración, empeora la conservación y hace que la cebolla sea más susceptible a enfermedades (Brewster 2008; Torikov y Sychev 2018).
- Fósforo (P): Este elemento es responsable del desarrollo del sistema radicular, la energía de crecimiento y la formación del bulbo. El fósforo es especialmente importante durante la transición del crecimiento de las hojas al inicio de la formación del bulbo. Acelera la maduración y mejora la calidad de los bulbos (densidad, conservación). Además, el fósforo aumenta la resistencia de las plantas a condiciones adversas (sequía, frío) (Balashev y Zeman 1981).
- Potasio (K): El potasio es el «elemento de calidad». Mejora el sabor, aumenta el contenido de azúcares, fortalece las paredes celulares, haciendo que los bulbos sean más compactos y resistentes a daños mecánicos. El potasio también aumenta la resistencia a enfermedades y mejora la conservación. Es especialmente importante en la segunda mitad del ciclo vegetativo, cuando se forma el bulbo (Torikov y Sychev 2018; Kasynkina y Kudin 2018).
9.2. Preparación del suelo: la base de todo
La clave del éxito es una preparación adecuada del suelo antes de la siembra. La cebolla prefiere suelos sueltos, fértiles, bien drenados y con reacción neutra o ligeramente alcalina (pH 6,5–7,5). En suelos ácidos crece mal, se enferma más y los bulbos se conservan peor (Balashev y Zeman 1981).
Qué añadir antes de la siembra (abonado de fondo):
1. Materia orgánica: No se debe aplicar estiércol fresco a la cebolla, ya que provoca un crecimiento exuberante de las hojas en detrimento del bulbo, retrasa la maduración y provoca enfermedades. Pero se puede utilizar humus bien descompuesto o compost a razón de 20–30 t/ha (2–3 kg/m²) en la labor de otoño o primavera (Balashev y Zeman 1981; Torikov y Sychev 2018).
2. Abonos minerales: La dosis óptima para el cultivo anual es: nitrógeno (N) — 60–90 kg/ha, fósforo (P₂O₅) — 60–90 kg/ha, potasio (K₂O) — 60–90 kg/ha de principio activo. Esto equivale aproximadamente a 6–9 g/m² de cada elemento en forma pura. En términos de abonos específicos: nitrato de amonio (34% N) — 20–30 g/m², superfosfato doble (46% P₂O₅) — 15–20 g/m², sal potásica (40% K₂O) — 15–20 g/m² (Balashev y Zeman 1981; Kasynkina y Kudin 2018).
3. Método de aplicación: El fósforo y el potasio se aplican mejor durante la labor de otoño o primavera para que se distribuyan uniformemente en la capa radicular. Los abonos nitrogenados (especialmente los nítricos) se aplican inmediatamente antes de la siembra o en las fertilizaciones, ya que se lavan fácilmente del suelo.
Importante: No supere las dosis recomendadas. La cebolla es muy sensible a altas concentraciones de sales en el suelo. El exceso de abono puede causar quemaduras en las raíces, retraso del crecimiento e incluso la muerte de las plantas (Brewster 2008).
9.3. Calendario de fertilizaciones durante la temporada
En el cultivo anual, la cebolla responde muy bien a las fertilizaciones, especialmente en las primeras etapas. Pero es importante aplicarlas en el momento adecuado y con la composición correcta.
Primera fertilización (fase de 2–3 hojas verdaderas, 2–3 semanas después de la emergencia):
- Composición: Abono nitrogenado. Aplique nitrato de amonio o urea a razón de 10–15 g/m² (o 50–70 kg/ha de principio activo).
- Objetivo: Estimular el crecimiento de las hojas para que las plantas acumulen la mayor cantidad de masa verde posible antes de que lleguen los días largos y el inicio de la formación del bulbo. Esta es la etapa más importante para obtener una cosecha grande.
- Método: Es mejor aplicarlo en forma disuelta junto con el riego o inmediatamente después, para que el abono llegue más rápido a las raíces.
Segunda fertilización (fase de 4–5 hojas verdaderas, aproximadamente 3–4 semanas después de la primera):
- Composición: Abono equilibrado NPK. Se puede utilizar nitroamofoska (16:16:16) o abonos complejos con predominio de fósforo y potasio.
- Objetivo: Mantener el crecimiento de las hojas y, al mismo tiempo, comenzar a preparar la formación del bulbo.
- Dosis: 15–20 g/m² de abono complejo.
Tercera fertilización (al inicio de la formación del bulbo, cuando el día comienza a alargarse y aparecen los primeros signos de engrosamiento del cuello):
- Composición: Abono fosfo-potásico. Aplique superfosfato + sal potásica (o monofosfato potásico) a razón de 15–20 g de fósforo y 15–20 g de potasio por 1 m². El nitrógeno en esta fertilización se excluye o se da en dosis mínima (no más de 5 g/m²).
- Objetivo: Cambiar la nutrición hacia la formación del bulbo. El fósforo y el potasio aceleran la maduración, aumentan la densidad y mejoran la conservación de los bulbos.
- Método: La fertilización se puede hacer en seco (incorporándola entre hileras) o en solución. Después de la aplicación, riegue.
9.4. Régimen hídrico y nutrición: un vínculo inseparable
La nutrición de la cebolla es imposible sin un riego adecuado. Los abonos se absorben solo en forma disuelta. Por lo tanto, las fertilizaciones siempre deben realizarse sobre suelo húmedo o combinarse con el riego.
- Durante el período de crecimiento de las hojas: Los riegos abundantes (1–2 veces por semana) combinados con fertilizaciones nitrogenadas dan el máximo efecto.
- Durante el período de formación del bulbo: Se reduce el riego, pero no se suspende por completo. Las fertilizaciones se aplican en soluciones con menor concentración, pero con mayor frecuencia (por ejemplo, cada 10–14 días). Esto permite mantener un aporte constante de nutrientes sin riesgo de sobrealimentar a las plantas.
9.5. Microelementos: pequeños ayudantes
Además de los elementos principales (NPK), la cebolla necesita microelementos. Son especialmente importantes:
- Boro (B): Participa en el metabolismo de los carbohidratos, mejora el sabor y aumenta el contenido de azúcares. Con deficiencia de boro, los bulbos se vuelven flojos y se conservan peor. Se aplica en forma de ácido bórico (solución al 0,01–0,02%) vía foliar o con el riego.
- Manganeso (Mn) y zinc (Zn): Participan en la fotosíntesis y en los procesos enzimáticos. Aumentan la resistencia a enfermedades. Se aplican en forma quelatada (fácilmente asimilable) (Torikov y Sychev 2018).
Método de aplicación: Los microelementos se aplican mejor por vía foliar en la fase de crecimiento activo de las hojas, cuando las plantas son más receptivas.
9.6. Tabla: calendario aproximado de aplicación de abonos para cebolla anual
| Fase de crecimiento | Qué aplicar | Dosis (g/m²) | Objetivo |
|---|---|---|---|
| Preparación del suelo (otoño/primavera) | Humus + NPK (fondo) | 2–3 kg + N60–90 P60–90 K60–90 | Crear un fondo fértil |
| 2–3 hojas (3 semanas después de emergencia) | Nitrógeno (nitrato de amonio) | 10–15 | Acumular masa foliar |
| 4–5 hojas (después de 3–4 semanas) | Abono complejo NPK | 15–20 | Mantener el crecimiento y preparar la formación del bulbo |
| Inicio de formación del bulbo (finales de junio — principios de julio) | Fósforo + potasio (sin nitrógeno) | P 15–20 + K 15–20 | Acelerar la maduración, mejorar la conservación |
9.7. Qué no hacer: errores comunes
1. Exceso de nitrógeno al final de la temporada: Es el error más común. El exceso de nitrógeno retrasa la maduración, los bulbos salen flojos, con cuello grueso, se conservan mal y germinan rápidamente. Recuerde: el nitrógeno es para las hojas, el fósforo y el potasio para el bulbo.
2. Aplicación de estiércol fresco: Provoca un crecimiento exuberante de las hojas, retrasa la maduración y favorece el desarrollo de enfermedades fúngicas. Utilice solo compost o humus bien descompuesto.
3. Falta de fósforo: Con deficiencia de fósforo, los bulbos se forman pequeños, con escamas secas finas y se conservan mal. Asegúrese de haber aplicado suficiente fósforo.
4. Aplicación desigual: Si los abonos se distribuyen de manera desigual, algunas plantas quedarán sobrealimentadas y otras desnutridas. Esto provoca una maduración desigual y una reducción del rendimiento total. Aplique los abonos uniformemente en toda la superficie.
Recuerde: Una nutrición adecuada no es solo «qué» se aplica, sino también «cuándo». Siga el calendario de fertilizaciones, tenga en cuenta las fases de desarrollo de la cebolla y seguro que le recompensará con una cosecha grande, sana y sabrosa.
Ahora que sabe cómo alimentar a la cebolla en cada etapa, es momento de hablar de los posibles riesgos y problemas que puede encontrar al cultivar cebolla a partir de semillas en una temporada, y de cómo evitarlos. De esto hablaremos en el capítulo final.
10. Riesgos: con qué puede enfrentarse y cómo evitarlo
El cultivo de cebolla a partir de semillas en una temporada es un proceso fascinante, pero no exento de dificultades. Incluso los horticultores experimentados a veces se enfrentan a fracasos. Es importante comprender qué factores pueden impedir obtener una buena cosecha y saber cómo reaccionar ante ellos. En este capítulo analizaremos los principales riesgos y daremos consejos prácticos para minimizarlos.
10.1. Emisión de tallos florales
Es uno de los problemas más frecuentes al cultivar cebolla a partir de semillas. En lugar de formar un bulbo grande, la planta emite un tallo floral. Estos bulbos se vuelven inadecuados para el almacenamiento prolongado y su calidad comercial disminuye notablemente.
Causas principales:
1. Elección incorrecta de la variedad: Utilizar variedades no adaptadas a su región. Por ejemplo, sembrar variedades sureñas (de día corto) en regiones septentrionales o, por el contrario, variedades norteñas (de día largo) en el sur. Esto altera la respuesta fotoperiódica y provoca la emisión de tallos (Balashev y Zeman 1981; Brewster 2008).
2. Condiciones de almacenamiento desfavorables de las semillas o exposición de las plántulas a bajas temperaturas: La cebolla es una planta bienal. Para pasar a la fase generativa (floración), necesita un período de vernalización — exposición a temperaturas positivas bajas (de +2 a +15°C) sobre plantas que han alcanzado un cierto tamaño. Si a principios de primavera, después de la emergencia, se produce un enfriamiento prolongado, las plantas pueden vernalizarse y empezar a emitir tallos (Brewster 2008).
3. Condiciones de estrés: Sequía, encharcamiento, falta de nutrición, daños por plagas — todo esto puede provocar la emisión de tallos como reacción defensiva (Kasynkina y Kudin 2018).
Cómo prevenirlo:
- Elija variedades zonificadas adaptadas a la duración del día en su región. Para el norte, solo variedades de día largo. Para el sur, se pueden utilizar variedades de día intermedio o de selección local.
- No permita enfriamientos prolongados en las primeras etapas. En caso de amenaza de heladas, utilice material de cobertura.
- Proporcione una nutrición equilibrada, especialmente nitrógeno y potasio, para que las plantas sean fuertes y resistentes al estrés.
- Respete las fechas de siembra: Una siembra demasiado temprana (cuando el suelo aún está frío) aumenta el riesgo de vernalización.
¿Qué hacer si ya han aparecido tallos? Hay que arrancarlos (despuntarlos) lo más cerca posible de la base. Esto no salvará el bulbo para el almacenamiento prolongado, pero permitirá que aumente un poco de tamaño. Estos bulbos deben utilizarse en primer lugar — en fresco o para procesamiento (Balashev y Zeman 1981).
10.2. Bulbo no formado («cuello grueso»)
Problema en el que, en lugar de un bulbo redondeado, se forma un cuello engrosado, y el bulbo en sí es muy pequeño o no existe. Ocurre a menudo cuando la cebolla no logra completar su ciclo de desarrollo.
Causas:
1. Siembra demasiado tardía: Las plantas no tienen tiempo de acumular suficiente masa foliar antes de que lleguen los días largos, y el bulbo se forma pequeño, mientras que el cuello permanece grueso y jugoso (Brewster 2008).
2. Exceso de nitrógeno al final de la temporada: El nitrógeno estimula el crecimiento de las hojas, retrasando la formación del bulbo. Como resultado, el cuello no se seca y el bulbo no madura (Balashev y Zeman 1981).
3. Falta de humedad durante el período de formación del bulbo: Si en julio (en la zona templada) hay una sequía severa, la formación del bulbo puede detenerse, y quedará pequeño e inmaduro.
4. Densidad excesiva de plantas: En plantaciones densas, las plantas compiten por la luz y los bulbos se forman pequeños, con el cuello engrosado (Kasynkina y Kudin 2018).
Cómo prevenirlo:
- Siembre la cebolla en las fechas más tempranas posibles, tan pronto como el suelo lo permita.
- No abuse de los fertilizantes nitrogenados en la segunda mitad del ciclo vegetativo. Cambie a fertilizaciones fosfo-potásicas.
- Asegure un riego regular, especialmente durante el período de formación del bulbo. El suelo no debe secarse a más de 15–20 cm de profundidad.
- Aclare las plantaciones a tiempo, dejando la distancia óptima entre plantas (4–6 cm para bulbos medios, 6–8 cm para grandes).
¿Qué hacer? Si la cebolla no madura, puede intentar acelerar el proceso: cortar ligeramente las raíces (a una profundidad de 5–7 cm) o doblar el follaje hacia el suelo para bloquear el flujo de nutrientes hacia las hojas y dirigirlos al bulbo (Balashev y Zeman 1981).
10.3. Enfermedades y plagas
La cebolla, como otros cultivos, es susceptible a enfermedades y ataques de plagas. Los problemas más comunes:
Mildiú velloso: Enfermedad fúngica que se manifiesta como un recubrimiento grisáceo-violáceo en las hojas. Se desarrolla especialmente en tiempo húmedo y fresco. Las hojas amarillean y mueren, lo que reduce el rendimiento y empeora la conservación.
Prevención: Rotación de cultivos (no volver a plantar cebolla en el mismo sitio antes de 3–4 años). Tratamiento de las semillas antes de la siembra (desinfección, calentamiento). Ante los primeros signos de la enfermedad, tratar con fungicidas autorizados (por ejemplo, caldo bordelés al 1%, productos a base de cobre). Repetir los tratamientos cada 7–10 días (Torikov y Sychev 2018; Kasynkina y Kudin 2018).
Mosca de la cebolla: Plaga peligrosa cuyas larvas se comen el interior del bulbo y la base de las hojas. Las plantas amarillean y mueren.
Prevención: Escarda profunda entre hileras, uso de trampas, espolvoreo del suelo con ceniza o polvo de tabaco. En caso de aparición masiva, tratar con insecticidas (Balashev y Zeman 1981).
Trips de la cebolla: Pequeño insecto que succiona la savia de las hojas, causando decoloración y deformación.
Prevención: Control de malas hierbas, rotación de cultivos. Si aparecen, tratar con insecticidas (Kasynkina y Kudin 2018).
Podredumbre del cuello (Botrytis): Enfermedad fúngica que se manifiesta durante el almacenamiento. Afecta al cuello del bulbo, provocando su ablandamiento y pudrición.
Prevención: Respetar las fechas de cosecha (no permitir que se sobremadure), secado cuidadoso antes del almacenamiento, mantener condiciones óptimas en el almacén (temperatura 0…+1°C, humedad 65–70%) (Kasynkina y Kudin 2018).
Importante: Cuando utilice productos fitosanitarios químicos, siga estrictamente las instrucciones y los plazos de seguridad (período entre la última aplicación y la cosecha). Para aficionados, recomiendo usar productos biológicos o remedios caseros (ceniza, polvo de tabaco, solución jabonosa).
10.4. Competencia con malas hierbas
La cebolla es un competidor muy pobre frente a las malas hierbas, especialmente en las primeras 6–8 semanas después de la emergencia, cuando crece lentamente. Las malas hierbas pueden ahogar completamente la cebolla, privándola de luz, humedad y nutrientes.
Cómo prevenirlo:
- Preparación cuidadosa del suelo: Destruir las malas hierbas antes de la siembra, especialmente las perennes (grama, cardo).
- Acolchado: Utilizar acolchado orgánico (turba, humus, paja) o tela de acolchado. El acolchado suprime el crecimiento de malas hierbas, conserva la humedad y mejora la estructura del suelo.
- Deshierbe regular: Realice el deshierbe manual, especialmente en las primeras etapas. Tenga cuidado de no dañar las raíces de la cebolla.
- Herbicidas: Para superficies mayores, puede utilizar herbicidas autorizados (por ejemplo, a base de pendimetalina o glifosato), pero estrictamente según las instrucciones y con todas las precauciones (Balashev y Zeman 1981).
10.5. Condiciones climáticas adversas
Calor, sequía, lluvias prolongadas, granizo — todos estos factores pueden reducir significativamente la cosecha.
- Sequía: Durante una sequía prolongada, es necesario organizar un riego regular. Es mejor regar con menos frecuencia pero abundantemente (para que el agua penetre a 20–30 cm de profundidad) que a menudo y en poca cantidad (esto provoca el crecimiento de raíces superficiales).
- Lluvias prolongadas: Con exceso de humedad, aumenta el riesgo de enfermedades fúngicas (mildiú, podredumbre del cuello). Asegure un buen drenaje, no permita el encharcamiento. Si es necesario, trate con fungicidas.
- Granizo: Daña las hojas, lo que reduce la fotosíntesis y el rendimiento. En caso de daños graves, puede realizar una fertilización foliar con abonos complejos para ayudar a las plantas a recuperarse más rápido.
10.6. Problemas de almacenamiento
Incluso si ha cultivado una cosecha excelente, puede perderla si el almacenamiento es incorrecto.
- Problemas principales: Podredumbre (podredumbre del cuello, podredumbre bacteriana), germinación, desecación.
- Condiciones de almacenamiento: La cebolla se conserva mejor a una temperatura de 0…+1°C y una humedad del 65–70%. A temperaturas más altas comienza a germinar; a más bajas, se congela. Con alta humedad se desarrolla la podredumbre.
- Preparación para el almacenamiento: Antes de almacenar, la cebolla debe estar bien seca (durante 7–10 días a una temperatura de +25…+30°C). Retire todos los bulbos dañados y enfermos. Almacene la cebolla en cajas, redes o trenzas, asegurando una buena ventilación (Kasynkina y Kudin 2018).
10.7. Resumen breve: principales riesgos y su prevención
| Riesgo | Causas | Prevención |
|---|---|---|
| Emisión de tallos | Variedad inadecuada, primavera fría, estrés | Elija variedades zonificadas, proteja de las heladas, asegure una nutrición equilibrada |
| Cuello grueso | Siembra tardía, exceso de nitrógeno, sequía, excesiva densidad | Siembre temprano, no sobrealimente con nitrógeno, riegue durante la formación del bulbo, aclare |
| Enfermedades (mildiú, podredumbre del cuello) | Tiempo húmedo, densidad excesiva, plantas débiles | Respete la rotación, trate las semillas, aclare, ante los primeros signos trate con fungicidas |
| Plagas (mosca de la cebolla, trips) | Densidad excesiva, plantas débiles, falta de rotación | Labranza profunda, escarda entre hileras, espolvoreo con ceniza, en caso de aparición masiva — insecticidas |
| Competencia de malas hierbas | Crecimiento lento de la cebolla, suelo infestado | Preparación cuidadosa del suelo, acolchado, deshierbe regular |
| Mal almacenamiento | Cebolla mal secada, daños, condiciones incorrectas | Secado cuidadoso antes del almacenamiento, eliminación de bulbos enfermos, cumplimiento del régimen de temperatura y humedad |
10.8. Conclusión final
El cultivo de cebolla a partir de semillas en una temporada es una tarea perfectamente realizable, pero que requiere atención y conocimientos. El éxito se compone de muchos factores: la variedad adecuada, la siembra oportuna, el aclareo correcto, una nutrición equilibrada y, por supuesto, la prevención de enfermedades y plagas. Si sigue las recomendaciones de este artículo y observa atentamente sus plantas, podrá evitar la mayoría de los problemas y obtener una excelente cosecha de cebolla grande, sana y conservable. Recuerde: ¡el conocimiento es su principal herramienta en el huerto!
Con esto concluye nuestra guía. Espero que esta información le ayude a cultivar una excelente cosecha de cebolla a partir de semillas en una temporada. ¡Buena suerte en sus bancales!
Referencias
- Brewster, J.L. (2008). ‘Physiology of crop growth, development and yield.’, in Onions and other vegetable alliums. Wallingford: CABI, 85-170.
- Hochmuth, G.J., Sideman, R.G. (2023). ‘Field Planting’, in Knott's Handbook for Vegetable Growers. : John Wiley & Sons, pp. 155-198.
- Krug, H. (1986). ‘Die Gemüsepflanzen und ihre Kultur’, in Gemüseproduktion ein Lehr- und Nachschlagewerk für Studium und Praxis. Berlin, Hamburg: Verlag Paul Parey, pp. 207-426.
- Nonnecke, L. (1989). ‘Bulbs’, in Vegetable production. New York, USA: Van Nostrand Reinhold, pp. 294-319.
- Балашев, Н.Н., Земан, Г.О. (1981). ‘Луковые овощи [Onion vegetables]’, in Зуев, В.И. (ed.) Овощеводство [Vegetable growing]. Ташкент, Навои, Узбекистан: Укитувчи, pp. 266-286.
- Касынкина, О.М. (2018). Овощеводство (Сорта, технологические приёмы возделывания) [Vegetable growing (varieties, cultivation techniques)]. Пенза, Россия: РИО ПГАУ.
- Ториков, В.Е., Сычев, С.М. (2018). ‘Луковые овощные культуры [Onion vegetable crops]’, in Овощеводство [Vegetable growing]. Санкт-Петербург: Лань, pp. 45-56.