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Forma y podar
1. ¿Por qué podar un peral?
La poda no es simplemente un tributo a la tradición jardinera; es un sistema vital de técnicas quirúrgicas que permite regular activa y rápidamente el crecimiento, la productividad, la longevidad y la resistencia al invierno del árbol (Kurennoi, Koltunov y Cherepakhin, 1985). Sin una poda regular, el peral, como cualquier árbol frutal, pierde su forma, su copa se densifica convirtiéndose en un criadero de enfermedades y reduce gradualmente su rendimiento. Analicemos qué tareas específicas resuelve una poda competente.
Regulación del crecimiento y creación de un esqueleto fuerte
En el peral, a diferencia del manzano, se observa un crecimiento muy vigoroso en la juventud, una marcada tendencia al liderazgo central (crecimiento vertical) y una inclinación natural a formar copas altas y piramidales (Trunov y Samoshchenkov, 2012). Sin intervención, el árbol puede alcanzar los 7–8 metros o más, lo que es extremadamente incómodo para el cuidado y la cosecha.
La poda resuelve este problema de dos maneras. Primero, mediante el despunte (acortamiento), limitamos la altura y el volumen de la copa, haciendo el árbol compacto y fácil de manejar. Segundo, formamos una armazón fuerte de ramas principales (esqueletales) capaz de soportar la carga de una cosecha abundante. Esto se logra gracias a los procesos hormonales que ocurren en la planta. Por ejemplo, cambiar el ángulo de inclinación de una rama (doblar) o acortarla redistribuye el flujo de auxinas (hormonas de crecimiento), lo que debilita el crecimiento de la rama en longitud pero estimula la formación de ramificaciones laterales más fuertes y fructíferas (Tarasov, 1981; Jackson, 2003).
Iluminación de la copa: clave para la calidad del fruto
Uno de los objetivos principales de la poda es crear una copa bien iluminada. La luz, al penetrar en todos los rincones del árbol, es esencial para la fotosíntesis, el proceso mediante el cual las hojas producen nutrientes para el crecimiento y la maduración de los frutos. En una copa densa y sin podar (especialmente en el peral, que tiende a densificarse), las ramas y hojas internas sufren por falta de luz. Se vuelven pequeñas, débiles, su productividad cae drásticamente y mueren prematuramente (Tarasov, 1981).
Cómo funciona: El raleo regular (eliminación de parte de las ramas) mejora el acceso de la luz y el aire a todas las partes de la copa. Esto no solo estimula el crecimiento y la fructificación en el interior de la copa, sino que también favorece una mejor coloración de los frutos, reduce el riesgo de enfermedades fúngicas (ya que la humedad se evapora más rápido) y simplifica la aplicación de tratamientos fitosanitarios (Westwood, 1993).
Productividad: de la cantidad a la calidad
En el peral, las formaciones fructíferas (anillos, lanzas, ramillas fructíferas) se establecen principalmente en crecimientos cortos y en madera perenne (Trunov y Samoshchenkov, 2012). La tarea de la poda es estimular la formación de esta madera altamente productiva.
Existen dos métodos principales de poda para aumentar el rendimiento:
1. Raleo: Eliminación de ramas superfluas, de baja productividad o que densifican la copa. Esto no estimula un crecimiento vigoroso, pero redirige los nutrientes hacia las formaciones fructíferas restantes, haciendo los frutos más grandes y de mejor calidad (Tarasov, 1981).
2. Despunte (acortamiento): Estimula la brotación de yemas y el crecimiento de nuevos brotes. Esto es especialmente importante para mantener el equilibrio entre crecimiento y fructificación. En árboles envejecidos, el acortamiento a madera de 2-3 años (poda de rejuvenecimiento) despierta las yemas latentes, dando origen a nuevos brotes fuertes que darán cosechas en años futuros (Kurennoi, Koltunov y Cherepakhin, 1985).
Así, la poda nos permite no perseguir la cantidad, sino formar una cosecha regular y de calidad, previniendo la vecería (alternancia de producción), cuando una cosecha abundante es seguida por un año 'vacío'.
Prolongación de la vida del árbol
La poda oportuna prolonga el período productivo del árbol. Al eliminar ramas viejas, enfermas y moribundas, evitamos la propagación de infecciones. La poda de rejuvenecimiento, al despertar yemas latentes y estimular el crecimiento de nuevos brotes, literalmente 'devuelve' la juventud al árbol. Como señaló P.G. Schitt, una poda competente permite gestionar los períodos de edad del árbol, retrasando la llegada de la vejez y aumentando su vida útil (Potapov et al., 2000). En huertos con árboles correctamente formados y podados regularmente, los rendimientos se mantienen estables durante 25–30 años o más, mientras que las plantaciones abandonadas envejecen y reducen su producción a los 15–20 años.
2. Estructura del árbol
Para podar un peral competentemente, es importante entender de qué partes se compone y cómo funcionan. El conocimiento de la anatomía del árbol permite realizar cortes correctos, anticipar la reacción de la planta y evitar errores costosos. En esta sección, analizaremos los elementos principales del árbol frutal, desde los más grandes hasta los más pequeños.
Eje central (Líder)
El eje central es el tronco principal y vertical del árbol. En el peral está muy marcado, y este 'liderazgo' es una de las características clave de la especie (Trunov y Samoshchenkov, 2012). El líder continúa creciendo hacia arriba durante toda la vida del árbol si no se limita, lo que puede resultar en un árbol demasiado alto e incómodo de manejar.
Cómo funciona: El líder es una fuente de hormonas (auxinas) que suprimen el crecimiento de las ramas laterales. Este fenómeno se llama dominancia apical. Cuanto más fuerte y alto crece el eje central, más débiles crecen las ramas laterales. El jardinero utiliza esto regulando el crecimiento del líder. En una copa de peral bien formada, el líder debe dominar sobre las ramas laterales, pero no suprimirlas por completo. Su acortamiento estimula el crecimiento de las ramas laterales, mientras que su eliminación (por ejemplo, al formar una copa en vaso) transfiere la dominancia a las ramas laterales (Tarasov, 1981; Potapov et al., 2000).
Ramas esqueletales (principales)
Son las ramas grandes y principales que parten del tronco y forman el 'esqueleto' de la copa. Son las estructuras portantes principales que sostienen toda la cosecha. En una copa de peral formada según el sistema de líder modificado (escalonado), se suelen dejar 5–6 ramas esqueletales de primer orden. Se colocan en el líder individualmente o en pequeños pisos, separados entre 25–40 cm (Tarasov, 1981).
Punto clave: El ángulo de inserción de la rama esqueletal con el tronco (el ángulo entre la rama y el eje central) debe ser de al menos 45–50° (Westwood, 1993; Potapov et al., 2000). ¿Por qué es tan importante? Las ramas que crecen en un ángulo agudo son mucho menos resistentes. No forman un anillo de collar completo en la base, y bajo el peso de los frutos o la nieve, existe un alto riesgo de rotura. Para ampliar los ángulos de inserción en árboles jóvenes, se utilizan separadores o doblez (Tarasov, 1981). Las horquillas estrechas, donde dos ramas de igual fuerza surgen del mismo punto, también se consideran puntos débiles (Jackson, 2003).
Ramas semiesqueletales
Son ramas de segundo orden que parten de las ramas esqueletales. No son tan gruesas y poderosas como las esqueletales, pero cumplen una función importante: sobre ellas se forma la madera fructífera principal. La tarea principal durante la formación de la copa es evitar que las ramas semiesqueletales se conviertan en esqueletales, es decir, que se vuelvan igualmente poderosas y comiencen a competir con las ramas principales. Para ello, su longitud se limita (generalmente a 1–1.5 m) mediante acortamiento o doblez (Tarasov, 1981). El peral es famoso por su alta capacidad de brotación de yemas, por lo que las ramas semiesqueletales se forman con relativa facilidad; sin embargo, deben mantenerse constantemente bajo control para evitar el densificado (Trunov y Samoshchenkov, 2012).
Madera fructífera (cargadora)
Son las ramitas más pequeñas, cortas y numerosas que cubren densamente las ramas esqueletales y semiesqueletales. Es en ellas donde se establece y madura la mayor parte de la cosecha. La madera fructífera del peral incluye:
- Anillos (rosetas): Las formaciones más cortas (de unos pocos milímetros a 3 cm de largo), con una yema terminal bien desarrollada. En el peral, suelen estar muy acortadas y llevan yemas florales.
- Lanzas: Formaciones fructíferas de hasta 10 cm de largo con entrenudos acortados y, por lo general, una yema terminal vegetativa.
- Ramillas fructíferas: Crecimientos anuales más largos (hasta 60–70 cm) a lo largo de los cuales, además de yemas vegetativas, se establecen yemas fructíferas.
Importante: La mayoría de las variedades de peral fructifican principalmente en anillos y estructuras fructíferas, es decir, en madera perenne y vieja (Trunov y Samoshchenkov, 2012). Esto determina la naturaleza de la poda: no podemos eliminar sin más las ramas perennes, ya que contienen la futura cosecha. Nuestra tarea es mantener la renovación y el rejuvenecimiento constantes de esta madera fructífera para que no envejezca y siga siendo productiva.
Formaciones fructíferas (yemas mixtas)
Son ramitas modificadas cuya función principal es la floración y fructificación. En el peral, como en el manzano, las yemas florales son mixtas. Esto significa que en primavera, de dicha yema se desarrollan simultáneamente flores y un brote (brote de reemplazo). Gracias a esto, en las formaciones fructíferas del peral, después de la fructificación, a menudo crece un nuevo brote que dará origen a una nueva formación fructífera. Este ciclo puede repetirse durante muchos años, formando las llamadas 'estructuras fructíferas' perennes y ramificadas.
Comprender el tipo de fructificación de una variedad específica ayuda a determinar la estrategia de poda. En algunas variedades (por ejemplo, Bere Bosc, Williams, Clapp's Favorite), las yemas florales se establecen no solo en los anillos, sino también en los extremos de los brotes anuales (ramillas) (Trunov y Samoshchenkov, 2012). Estas variedades se denominan fructificadoras en ramillas. Si la mayor parte de la cosecha se forma en anillos y estructuras fructíferas (por ejemplo, Olivier de Serres), se denomina fructificadora en anillos. Saber esto ayuda al jardinero a entender qué ramas tocar y cuáles es mejor dejar en paz para no quedarse sin cosecha.
Sistema radicular
Aunque en este artículo hablamos de la parte aérea, es importante recordar que el sistema radicular es el fundamento de todo el árbol. El sistema radicular del peral suele ser axonomorfo o potente, de penetración profunda. Esto lo hace más resistente a la sequía, pero también influye en su vigor (Agustí, 2010). El patrón sobre el que está injertado el peral (peral de semilla o membrillero) también influye drásticamente en la estructura y el vigor del árbol. El peral sobre patrón de membrillero es de porte bajo y entrada en producción precoz; sobre patrón de semilla, es vigoroso y longevo, pero tarda en entrar en producción. Al formar la copa, el vigor determinado por el patrón debe tenerse siempre en cuenta (Trunov y Samoshchenkov, 2012).
En resumen: La poda competente del peral es un diálogo entre el jardinero y el árbol en el idioma de su anatomía. Debemos entender qué órgano estamos acortando, qué rama estamos eliminando y cómo afectará esto a todo el árbol.
3. Formación de árboles jóvenes
Los primeros años de vida del peral son los más importantes para dar forma a su futura productividad y longevidad. Es durante este período cuando establecemos la 'arquitectura' del árbol: su esqueleto, dimensiones y forma de la copa. Los errores cometidos en esta etapa son prácticamente imposibles de corregir en la edad adulta. En esta sección, analizaremos una estrategia paso a paso para formar un árbol joven.
Principios básicos de la formación
La formación de la copa del peral persigue tres objetivos clave: crear un esqueleto fuerte, garantizar una buena iluminación de todas las partes de la copa y estimular la entrada precoz en producción (Potapov et al., 2000). A diferencia del manzano, el peral tiene un 'liderazgo central' muy pronunciado y una tendencia a formar copas altas y piramidales (Trunov y Samoshchenkov, 2012). Por lo tanto, nuestra tarea principal es frenar este crecimiento natural, formando un árbol compacto, fácil de manejar, con ángulos de inserción amplios en las ramas esqueletales.
Principio clave: En los primeros años de vida del árbol, se debe aplicar poda mínima. El acortamiento excesivo de las ramas en árboles jóvenes los debilita, retrasa la entrada en producción y reduce el ritmo de aumento del rendimiento (Tarasov, 1981). En lugar de una poda agresiva, se recomienda utilizar el doblez de ramas, la colocación de separadores y otras técnicas que permitan cambiar el ángulo de inclinación sin eliminar una parte significativa de la madera.
Momento de la primera poda
Hay un matiz importante sobre el momento de la primera poda post-plantación. En áreas con suficiente humedad y primavera fresca, la primera poda se puede realizar en la primavera del año siguiente a la plantación. Sin embargo, en condiciones de primavera seca y calurosa o con falta de humedad, la brotación temprana de las yemas terminales puede causar desecación e incluso la muerte de la planta. En tales casos, la poda se realiza inmediatamente después de la plantación para retrasar la apertura de las hojas entre 5 y 7 días y así aumentar la tasa de supervivencia (Tarasov, 1981).
Elección del sistema de formación
Para el peral, los dos sistemas de formación más comunes son:
1. Líder modificado (escalonado): Es el sistema más versátil y recomendado para huertos de aficionados. En el tronco se dejan 5–6 ramas esqueletales de primer orden, colocadas individualmente o en pequeños pisos con un intervalo de 25–40 cm. Se conserva el líder hasta que se haya formado el número necesario de ramas, y luego se elimina sobre la rama esqueletal superior, 'abriendo' el centro de la copa (Tarasov, 1981; Westwood, 1993).
2. Copa en vaso (abierta): Se utiliza principalmente para variedades de porte bajo y en regiones donde es importante limitar la altura del árbol. El líder se elimina sobre el primer piso de 3–4 ramas establecidas a partir de yemas contiguas. La principal ventaja es una buena iluminación del centro de la copa; la desventaja es una menor resistencia del esqueleto (Tarasov, 1981).
Para la mayoría de los jardineros aficionados, la opción óptima será el sistema de líder modificado, ya que proporciona un buen equilibrio entre la resistencia de la copa, su iluminación y la facilidad de manejo.
Formación por años
Año de plantación (primavera)
Si el plantón es una vara anual sin ramificar ('cero'), se corta a una altura de 70–90 cm del suelo, dejando 5–6 yemas bien desarrolladas en la parte superior. De estas yemas crecerán brotes, entre los cuales se seleccionarán las ramas esqueletales principales (Trunov y Samoshchenkov, 2012). Si el plantón ya tiene ramas laterales, se acortan, subordinándolas al líder central. El líder debe sobresalir por encima de las ramas laterales entre 20–25 cm en variedades de copa piramidal y entre 10–15 cm en variedades de copa extendida (Tarasov, 1981). Todas las ramas situadas por debajo de 50–60 cm del suelo (zona del tronco) se eliminan.
Segundo año
De los brotes que crecieron en el crecimiento del año anterior, seleccione 3–4 de los más fuertes y mejor ubicados (con un ángulo de inserción de al menos 45–50°) para formar el primer piso de ramas esqueletales. Se conservan, y todos los demás brotes fuertes (especialmente los competidores del líder) se eliminan o se acortan severamente, convirtiéndolos en ramas semiesqueletales. El líder se acorta de nuevo para estimular la formación del siguiente piso de ramas para el año siguiente. Los brotes débiles (de menos de 20–25 cm), que no pueden convertirse en esqueletales, no se acortan; de ellos pueden comenzar a formarse estructuras fructíferas ya a esta edad (Tarasov, 1981). Para ampliar los ángulos de inserción de las ramas esqueletales, se utilizan separadores o doblez.
Tercer–cuarto año
Continúe estableciendo las ramas esqueletales (segundo piso o ramas individuales). En este momento, la copa ya está suficientemente formada. En las ramas esqueletales de primer orden, comience a colocar ramas semiesqueletales de segundo orden, seleccionándolas con un intervalo de 30–50 cm. La tarea principal durante este período es mantener la subordinación de las ramas (esqueletales más fuertes que semiesqueletales, líder más alto que las laterales) y evitar el densificado de la copa (Tarasov, 1981). Gradualmente, comience a aplicar podas de raleo, eliminando ramas superfluas y que densifican.
Quinto–sexto año
La formación de la copa está completa. Sobre la última rama esqueletal, elimine el líder central, 'abriendo' el centro de la copa para el acceso de la luz. Posteriormente, solo se realiza poda de mantenimiento y regulación. La altura del árbol se limita a 3.5–4.5 m para árboles vigorosos y 2.5–3 m para árboles de porte bajo (Trunov y Samoshchenkov, 2012).
Formación de perales sobre patrones de porte bajo
Los perales injertados sobre membrillero u otros patrones de porte bajo tienen un vigor limitado y entran en producción antes. Para ellos se han desarrollado sistemas de formación especiales, como el huso esbelto (Grusbeck) o la palmeta de crecimiento libre, que permiten crear una copa plana, conveniente para plantaciones densas y cuidados intensivos (Tarasov, 1981). Al formar estos árboles, es importante recordar que son más exigentes en cuanto a fertilidad del suelo y humedad, y sus ramas esqueletales tienen menor resistencia (Trunov y Samoshchenkov, 2012). Para ellos es especialmente relevante el uso de sistemas de soporte (espalderas, estacas) y una poda regular y suave.
4. Poda de mantenimiento
Después de que se ha formado la copa del árbol, comienza la etapa más larga y responsable: la poda de mantenimiento (o regulación). Su objetivo es mantener el equilibrio logrado entre crecimiento y fructificación, asegurar cosechas anuales de alta calidad y prolongar el período productivo del árbol (Potapov et al., 2000; Westwood, 1993). Si la poda de formación es la creación del armazón arquitectónico, la poda de mantenimiento es el cuidado constante del edificio, la reparación y renovación de sus estructuras.
Tareas de la poda de mantenimiento
Un peral adulto en producción resuelve dos tareas contradictorias: debe dar una cosecha abundante y, al mismo tiempo, desarrollar suficiente masa vegetativa para establecer las yemas fructíferas del año siguiente. La poda de mantenimiento ayuda a equilibrar estos procesos.
Las tareas principales de esta etapa son:
1. Mantener las dimensiones óptimas de la copa: Limitar la altura y la anchura del árbol para facilitar el cuidado, la cosecha y garantizar una buena iluminación de todas sus partes.
2. Raleo de la copa: Eliminar ramas que se densifican, se rozan, se cruzan y crecen hacia el interior de la copa.
3. Regular el vigor de crecimiento: Estimular la formación de nuevos brotes fuertes necesarios para reemplazar la madera fructífera envejecida.
4. Rejuvenecer las formaciones fructíferas: Eliminar anillos, estructuras fructíferas y ramillas viejos y de baja productividad, y estimular el crecimiento de otros nuevos.
5. Regulación de la carga de cosecha: Gestionar el número de yemas fructíferas y, en consecuencia, la carga del árbol para prevenir la vecería y el empequeñecimiento de los frutos.
Dos métodos principales de poda
En la poda de mantenimiento, como en la de formación, se utilizan dos técnicas principales: raleo y despunte. Sin embargo, su aplicación y efecto en árboles maduros tienen sus propias características.
Raleo (eliminación de ramas)
El raleo es la eliminación completa de una rama desde su base ('corte al collar'). Se aplica para:
- Eliminar ramas secas, enfermas, rotas y moribundas (poda sanitaria).
- Eliminar el densificado de la copa, especialmente en su parte externa.
- Eliminar ramas competidoras y chupones (brotes vigorosos) que crecen verticalmente y sombrean la copa.
- Eliminar ramas esqueletales o semiesqueletales viejas e improductivas para rejuvenecer la copa.
Efecto del raleo: Mejora el régimen de luz y aire de la copa. La eliminación de una rama no estimula un crecimiento vigoroso como el despunte, sino que redirige los nutrientes hacia las formaciones fructíferas restantes, mejorando su nutrición y la calidad de los frutos (Tarasov, 1981). El raleo no provoca un crecimiento activo de nuevos brotes, lo que hace que este método sea preferible para árboles maduros en producción.
Despunte (acortamiento)
El despunte es la eliminación de una parte de una rama (crecimiento anual o ramificación perenne). En la poda de mantenimiento se utiliza para:
- Limitar el crecimiento de las ramas esqueletales y semiesqueletales, impidiendo que superen las dimensiones de copa establecidas.
- Estimular la ramificación y la formación de nuevos brotes en ramas envejecidas.
- Igualar el vigor de crecimiento de ramas de diferente orden y en diferentes partes de la copa.
- Rejuvenecer la madera fructífera.
Efecto del despunte: Activación del crecimiento en la zona del corte. De las yemas superiores (o yemas latentes en madera vieja) comienzan a crecer nuevos brotes; el despunte aumenta la brotación de yemas y la capacidad de producir brotes (Tarasov, 1981). Sin embargo, hay que recordar que el despunte severo de árboles adultos los debilita y estimula un crecimiento vegetativo excesivo en detrimento de la fructificación. Por lo tanto, en la poda de mantenimiento, el despunte se aplica de forma moderada y selectiva, combinándolo con el raleo.
Regulación de la fructificación
El peral, como el manzano, es propenso a la vecería (alternancia de producción), cuando una cosecha abundante de un año es seguida por una ausencia total o casi total de frutos al año siguiente. Esto se debe a que, en un año de 'cosecha abundante', toda la energía del árbol se destina a la formación y maduración de los frutos, y prácticamente no se establecen yemas florales para el año siguiente (Jackson, 2003). La poda de mantenimiento es una de las herramientas clave para combatir este fenómeno.
Regulación de la carga mediante la poda: En la etapa de poda de invierno, cuando las yemas fructíferas y vegetativas son claramente visibles, el jardinero puede ajustar la carga del árbol. En variedades que fructifican principalmente en anillos, la regulación se logra mediante el raleo de formaciones fructíferas viejas, debilitadas y densificadas. En variedades que fructifican en brotes anuales (ramillas), el acortamiento de parte de los brotes largos estimula la formación de nuevas yemas fructíferas en la parte restante del brote y promueve la formación de brotes de reemplazo para el año siguiente (Trunov y Samoshchenkov, 2012).
En algunos casos, para regular la carga se utiliza el aclareo químico de frutos (por ejemplo, con preparados a base de auxinas), pero para los huertos de aficionados, el método principal sigue siendo la poda manual y, si es necesario, el aclareo manual de frutos después de la floración (Potapov et al., 2000).
Importancia de la poda anual
La poda de mantenimiento debe realizarse anualmente (Westwood, 1993; Tarasov, 1981). Saltarse incluso una temporada puede romper el delicado equilibrio entre crecimiento y fructificación, lo que lleva al densificado de la copa, la disminución del rendimiento y el deterioro de la calidad de los frutos. Una poda anual, aunque sea pequeña, ayuda al árbol a mantenerse sano y productivo durante décadas.
Principio clave de la poda de mantenimiento: Las intervenciones pequeñas y regulares son mucho más efectivas que una poda poco frecuente pero 'quirúrgica'. Es mejor eliminar unas pocas ramas cada año que hacer una limpieza mayor de la copa cada 5–7 años.
En la siguiente sección, veremos la poda de rejuvenecimiento de perales viejos y abandonados:
- Cómo saber si un árbol necesita rejuvenecimiento.
- Principios básicos y etapas de la poda de rejuvenecimiento.
- Restauración de la fructificación en un árbol viejo.
5. Poda de rejuvenecimiento
Con el tiempo, cualquier árbol frutal envejece. Es un proceso natural, pero no significa que el peral deba ser arrancado inmediatamente. Una poda de rejuvenecimiento competente permite 'reiniciar' el árbol, prolongar su vida productiva entre 10 y 20 años y recuperar cosechas dignas de frutos grandes y de calidad (Kurennoi, Koltunov y Cherepakhin, 1985). En esta sección, analizaremos cómo reconocer los signos de envejecimiento, los principios que subyacen al rejuvenecimiento y cómo realizar correctamente este complejo procedimiento.
Signos de envejecimiento del árbol
Un peral no envejece de repente. El proceso ocurre gradualmente, y el jardinero debe notar a tiempo sus primeros signos:
1. Debilitamiento del crecimiento de los brotes: La longitud de los crecimientos anuales se reduce a 15–20 cm o menos (la longitud óptima para un árbol adulto en producción es de 30–40 cm). Los brotes jóvenes se vuelven delgados, débiles, con entrenudos cortos.
2. Encalvecimiento de las ramas: Las partes internas e inferiores de las ramas esqueletales pierden la madera fructífera, quedando desnudas. La mayor parte de las hojas y frutos se desplaza a la periferia de la copa.
3. Empequeñecimiento de los frutos: Los frutos se vuelven pequeños, pierden las cualidades organolépticas típicas de la variedad y su aspecto comercial.
4. Aumento de la vecería: Los años productivos se alternan con años casi vacíos, y los intervalos entre cosechas pueden aumentar.
5. Muerte masiva de formaciones fructíferas: Los anillos, estructuras fructíferas y ramillas fructíferas mueren sin dar reemplazo. Este es el signo más claro de envejecimiento del árbol (Potapov et al., 2000; Westwood, 1993).
Si nota al menos algunos de estos signos, es hora de considerar la poda de rejuvenecimiento. Es importante no retrasarla hasta el momento en que el árbol comience a morir masivamente. El momento óptimo es cuando el crecimiento de los brotes acaba de comenzar a decaer (crecimientos de unos 15–20 cm), pero el árbol aún conserva suficiente vitalidad (Tarasov, 1981).
Principios básicos de la poda de rejuvenecimiento
La poda de rejuvenecimiento es una intervención quirúrgica importante, por lo que es fundamental seguir algunas reglas fundamentales:
1. Distribuida en el tiempo: No se puede intentar rejuvenecer un árbol en una sola temporada. La eliminación drástica de un gran volumen de la copa causa un shock en la planta, estimula el crecimiento descontrolado de chupones (brotes vigorosos) y puede llevar a la muerte del árbol. El rejuvenecimiento se realiza en varias etapas (normalmente durante 2–3 años), comenzando por las ramas más grandes y viejas (Tarasov, 1981; Westwood, 1993).
2. Corte a una rama lateral: La poda de rejuvenecimiento se realiza cortando las ramas viejas hasta una rama lateral joven bien desarrollada (corte a una rama lateral). Esto permite conservar la dirección de crecimiento y proporciona un mejor soporte para el brote joven. Los cortes deben hacerse lo más cerca posible de la rama joven, sin dejar muñón (Tarasov, 1981).
3. Estimulación de yemas latentes: El objetivo principal del rejuvenecimiento es despertar las yemas latentes que se encuentran en la base de las ramas esqueletales y en el tronco. Darán origen a nuevos brotes fuertes (chupones), que serán la base de la nueva copa joven. Precisamente por eso las ramas se acortan hasta madera perenne (crecimientos de 5-10 años), dejando una sección con muchas yemas latentes (Kurennoi, Koltunov y Cherepakhin, 1985).
4. Combinación con nutrición mejorada: La poda de rejuvenecimiento debe realizarse sobre un fondo de buenas prácticas agrícolas: riego, fertilización (especialmente orgánica y nitrogenada), acolchado. Solo así el árbol podrá recuperarse rápidamente y utilizar los chupones resultantes para construir una nueva copa (Potapov et al., 2000).
Secuencia de acciones
Aquí hay un plan paso a paso para la poda de rejuvenecimiento de un peral abandonado:
Primer año (Rejuvenecimiento básico)
- Poda sanitaria: Elimine todas las ramas secas, enfermas, rotas y dañadas por las heladas. Limpie la copa de 'lastre' visible.
- Reducción de altura: Corte el líder central a una altura de 2–2.5 m del suelo, cortándolo hasta una rama lateral bien desarrollada (Westwood, 1993). Esto abre el centro de la copa a la luz y limita el crecimiento ascendente.
- Acortamiento de ramas esqueletales: Seleccione 2–3 de las ramas esqueletales más viejas y desnudas y acórtelas hasta madera de 5-10 años (un tercio o la mitad de su longitud), cortando hasta una rama lateral fuerte. Trate de no eliminar más del 25–30% de la copa total de una vez (Tarasov, 1981).
- Eliminación de densificaciones periféricas: Ralee la parte externa de la copa, eliminando ramas que se cruzan, se rozan y están demasiado juntas.
Segundo año (Continuación del rejuvenecimiento)
- Trabajo con chupones: Después de la primera poda, aparecerán numerosos brotes verticales vigorosos (chupones) en los lugares de corte y en toda la copa. No deben eliminarse por completo: son el nuevo material para la futura copa. Deje 3–4 de los chupones más fuertes y mejor ubicados en cada rama esqueletal, y elimine o acorte severamente el resto para debilitar su crecimiento (Tarasov, 1981).
- Continuación del acortamiento: Acorte las siguientes 2–3 ramas esqueletales viejas siguiendo el mismo principio que en el primer año. Es importante distribuir la carga para que, finalmente, todas las ramas principales queden rejuvenecidas.
- Rejuvenecimiento de ramas semiesqueletales: Acorte las ramas semiesqueletales y fructíferas viejas e improductivas, cortándolas hasta crecimientos jóvenes (de 2-4 años) para estimular la formación de nuevas estructuras fructíferas.
Tercer año y siguientes (Formación de la nueva copa)
- Formación de nuevas ramas esqueletales: A partir de los chupones seleccionados, forme nuevas ramas esqueletales y semiesqueletales. Regule su crecimiento mediante acortamiento y doblez, logrando ángulos de inserción de 45–50° (Westwood, 1993). Elimine los chupones sobrantes para evitar el densificado.
- Poda de mantenimiento: Posteriormente, pase al régimen de poda de mantenimiento anual descrito en la sección anterior. El árbol viejo ahora tiene un 'segundo aliento'.
Particularidades para el peral
El peral tiene una mayor capacidad de regeneración de brotes que el manzano (Trunov y Samoshchenkov, 2012). Esto significa que responde mejor a la poda de rejuvenecimiento y produce más chupones vigorosos. Sin embargo, esta es también su debilidad: sin el control adecuado, los chupones se convertirán rápidamente en un 'bosque' de brotes verticales que densifican, que necesitarán ser aclarados anualmente. Por lo tanto, el rejuvenecimiento del peral requiere un cuidado más atento y regular en los años siguientes.
Advertencia importante: La poda de rejuvenecimiento no debe realizarse en árboles debilitados, enfermos o dañados por las heladas. Podría ser la gota que colme el vaso, después de la cual el árbol no se recuperaría. Primero, fortalezca el árbol con prácticas agrícolas (riego, fertilización, protección contra plagas y enfermedades), y después de uno o dos años, comience el rejuvenecimiento.
6. Momento de la poda
El momento elegido para la poda es tan importante como la técnica de corte en sí. El momento determina cómo reaccionará el árbol a la intervención, la rapidez con que cicatrizarán las heridas y cómo afectará esto a la cosecha futura. En el peral, como en otros frutales de pepita, el momento óptimo de poda difiere del de los frutales de hueso. En esta sección, analizaremos las particularidades de cada estación y le ayudaremos a elegir el mejor momento para su jardín.
Principios generales para elegir el momento
La regla principal que debe recordar es: la mayor parte de la poda del peral se realiza durante el período de reposo vegetativo (Westwood, 1993; Tarasov, 1981). Durante este tiempo, el árbol está 'dormido': el flujo de savia es lento y las yemas no han comenzado a hincharse. La poda durante el reposo es menos traumática para la planta; las heridas tienen tiempo de secarse antes del inicio del flujo activo de savia, lo que reduce el riesgo de enfermedades fúngicas y de gomosis (que, afortunadamente, es menos pronunciada en el peral que en los frutales de hueso).
Sin embargo, el período de reposo ocurre en diferentes momentos y tiene diferente duración en diferentes zonas climáticas. Por lo tanto, es importante adaptar los momentos de poda a las condiciones de su región. Además, existen operaciones de verano que se realizan durante la temporada de crecimiento para resolver tareas específicas.
Poda de invierno
Cuándo: En regiones cálidas del sur (por ejemplo, el Cáucaso Norte, Crimea, Moldavia), la poda puede comenzar en diciembre y continuar durante todo el invierno, hasta febrero, excluyendo solo los días con heladas severas (por debajo de -5…-8°C) y condiciones climáticas adversas (precipitaciones, viento fuerte) (Kurennoi, Koltunov y Cherepakhin, 1985). En regiones con inviernos rigurosos (Rusia central, Urales, Siberia), la poda de invierno conlleva riesgos: las heladas pueden dañar los tejidos en los lugares de corte, lo que provocaría la desecación de las ramas y el desarrollo de enfermedades.
Ventajas:
- El árbol está en profundo reposo, lo que minimiza el estrés.
- La estructura de la copa es claramente visible (sin hojas), lo que facilita la selección de las ramas a eliminar.
- Se puede realizar el grueso del trabajo sin prisas.
Riesgos:
- En regiones rigurosas, las heladas pueden dañar las heridas y el cambium circundante.
- Los cortes realizados en invierno cicatrizan más lentamente.
Recomendación: En regiones con inviernos fríos, es mejor realizar la poda de invierno a finales del invierno o principios de la primavera (febrero – marzo), cuando ya han pasado las heladas más severas, pero las yemas aún no han comenzado a hincharse. En las regiones del sur, la poda de invierno es la temporada principal y más conveniente para todo tipo de trabajos.
Poda de primavera
Cuándo: Finales de invierno – principios de primavera, antes del inicio del flujo de savia y de la brotación de las yemas. En la zona central, suele ser marzo – principios de abril; en las regiones del norte, abril; en las del sur, finales de febrero – marzo.
Ventajas:
- Se puede evaluar el estado de las yemas después del invierno y ajustar el grado de carga del árbol.
- El riesgo de daños por heladas en los cortes es mínimo.
- Es el período más seguro para la poda en regiones con climas fríos.
Desventajas:
- El tiempo para trabajar es limitado: hay que terminar antes del inicio del flujo de savia.
- En una primavera prolongada, puede que no haya tiempo suficiente para procesar todos los árboles.
Importante: Para el peral, la poda de primavera (como para el manzano) se considera preferible en zonas con inviernos rigurosos (Tarasov, 1981). Las heridas infligidas en primavera cicatrizan rápidamente con la formación de callo al inicio del flujo activo de savia. Sin embargo, hay que recordar que no se puede podar después de que haya comenzado el flujo de savia, ya que podría provocar un 'llanto' del árbol (exudación de savia) y debilitarlo.
Poda de verano
Cuándo: Durante la temporada de crecimiento activo, desde finales de mayo hasta agosto. Sin embargo, para el peral, la poda de verano tiene un carácter más bien complementario.
Tareas de la poda de verano:
- Pellizco (despunte) de brotes: Eliminación de la punta de un brote verde joven. Se realiza para detener su crecimiento en longitud, estimular la ramificación y acelerar la formación de yemas fructíferas (Tarasov, 1981). Especialmente eficaz en árboles jóvenes y variedades de crecimiento vigoroso.
- Eliminación de chupones y brotes verticales: En verano, son claramente visibles todos los brotes vigorosos de crecimiento vertical (chupones) que sombrean la copa y restan energía al árbol. Se pueden desgajar o cortar 'al collar' en estado verde, sin esperar al invierno.
- Corrección de la copa en árboles formados: En algunos sistemas de formación (por ejemplo, para palmetas o formas en espaldera), la poda de verano es un elemento obligatorio del cuidado (Tarasov, 1981).
Importante: La poda de verano debilita el árbol, ya que elimina parte del aparato asimilador (hojas). Por lo tanto, su volumen debe ser mínimo. No debe realizarse en condiciones de clima cálido y seco, ya que aumenta el estrés de la planta.
Poda de otoño
Cuándo: Después de la caída de las hojas, cuando el árbol ya ha perdido las hojas y ha entrado en reposo, pero antes de la llegada de heladas persistentes. En la zona central, suele ser octubre – noviembre.
Ventajas:
- En las regiones del sur, la poda de otoño permite aligerar la carga de trabajo de primavera.
- En las regiones del norte, en otoño solo se puede realizar la poda sanitaria: eliminación de ramas secas, enfermas y rotas.
Riesgos:
- En regiones con inviernos rigurosos, la poda de otoño es peligrosa: las heridas no tienen tiempo de cicatrizar antes de las heladas, lo que puede provocar la congelación de las ramas y el desarrollo de enfermedades (Westwood, 1993).
- Un árbol debilitado por la poda soporta peor el invierno.
Recomendación: En la zona central y más al norte, es mejor no realizar la poda de otoño del peral. Como máximo, elimine las ramas secas y enfermas si es necesario para evitar la propagación de infecciones. Deje el grueso del trabajo para la primavera. En las regiones del sur, la poda de otoño es aceptable, pero debe completarse antes de la llegada de las heladas.
Tabla de momentos recomendados por región
| Región | Temporada principal de poda | Momentos adicionales aceptables | Momentos prohibidos |
|---|---|---|---|
| Regiones del sur (Cáucaso Norte, Crimea, Krai de Krasnodar) | Invierno (diciembre – febrero) | Otoño (después de la caída de hojas), Primavera (antes de la brotación) | Verano (clima cálido y seco) |
| Zona central de Rusia (Región Central de Tierra Negra, Región del Volga) | Primavera (marzo – principios de abril) | Verano (pellizco, eliminación de chupones) | Otoño, Invierno (con heladas severas) |
| Regiones del norte (Urales, Siberia, Noroeste) | Primavera (finales de abril – principios de mayo) | Verano (solo eliminación de chupones) | Otoño, Invierno, Primavera antes del deshielo del suelo |
Recomendaciones generales
1. Poda principal: Para la mayoría de los jardineros aficionados en regiones con inviernos fríos y templados, el momento óptimo es la primavera temprana, antes de la brotación. Es seguro y da los mejores resultados.
2. Poda sanitaria: Las ramas secas, enfermas y rotas se pueden eliminar en cualquier época del año, pero es mejor hacerlo en cuanto se detecten, sin esperar la poda estacional.
3. Operaciones de verano: Para limitar el crecimiento y mejorar la fructificación, utilice el pellizco y la eliminación de chupones durante los meses de verano (junio – julio).
4. Con heladas severas: No pode los árboles cuando la temperatura sea inferior a -8…-10°C. La madera se vuelve quebradiza, los cortes quedan desgarrados y cicatrizan mal (Kurennoi, Koltunov y Cherepakhin, 1985).
5. Peral sobre membrillero: Los árboles sobre patrones de membrillero de porte bajo son más sensibles a las heladas. Para ellos es especialmente importante evitar la poda a finales de otoño y principios de invierno (Trunov y Samoshchenkov, 2012).
7. Errores típicos
Incluso los jardineros experimentados a veces cometen errores al podar el peral. Es una tarea compleja y responsable que requiere conocimientos, atención y cuidado. En esta sección, analizaremos los errores más comunes, sus causas y consecuencias, y, lo más importante, daremos consejos prácticos para evitarlos. Recuerde: la poda es siempre una intervención en la vida del árbol, y cualquier error puede tener consecuencias a largo plazo (Westwood, 1993).
Error 1: Poda excesiva (pasarse)
En qué consiste: El jardinero elimina demasiadas ramas en una sola temporada (más del 30–40% de la copa), acorta severamente todas las ramas esqueletales, corta todas las ramas 'sobrantes' sin distinción, buscando dar al árbol una forma 'ideal'. Esto suele ocurrir por miedo a que el árbol 'crezca demasiado' o por falta de comprensión de la respuesta de la planta (Tarasov, 1981).
Por qué es malo: El peral, como cualquier árbol frutal, percibe la poda severa como una señal de recuperación de emergencia. En respuesta, lanza un crecimiento vegetativo potente: de las yemas latentes de toda la copa comienzan a crecer brotes verticales vigorosos (chupones). Estos brotes densifican rápidamente la copa, desvían la energía del árbol, sombrean las formaciones fructíferas y, lo más importante, no fructifican en los primeros años. El resultado, en lugar de una cosecha, es un 'bosque' de brotes inútiles. Además, la poda severa debilita el árbol, reduce su inmunidad y puede causar un shock del que el árbol tardará varios años en recuperarse (Westwood, 1993).
Cómo hacerlo bien: Siga la regla de oro: elimine no más del 25–30% de la copa en una temporada. Si el árbol está muy abandonado, distribuya la poda de rejuvenecimiento en 2–3 años. Comience con la poda sanitaria y la eliminación de las ramas problemáticas más grandes, y deje el resto para el año siguiente. Con la poda de mantenimiento regular, el volumen de madera eliminada debe ser aún menor: 10–15% de la copa. Recuerde: es mejor podar un poco menos que pasarse (Potapov et al., 2000).
Error 2: Técnica de corte incorrecta
En qué consiste: Dejar muñones al eliminar ramas, cortar 'al collar' dañando la corteza, cortar en un ángulo incorrecto, utilizar herramientas desafiladas o sucias. Este error es uno de los más peligrosos, ya que afecta directamente a la salud del árbol (Tarasov, 1981).
Por qué es malo:
- Muñones: Los muñones dejados (de más de 0.5–1 cm) no cicatrizan; la madera comienza a morir, convirtiéndose en una puerta de entrada para infecciones fúngicas, incluyendo las que causan podredumbres y hongos de yesca. Con el tiempo, puede formarse una cavidad en el lugar del muñón.
- Corte 'al collar' incorrecto: Si se corta una rama demasiado cerca del tronco, se daña el anillo del collar (el engrosamiento de la corteza en la base de la rama), que contiene células que se dividen activamente para cicatrizar la herida. Esta herida tarda mucho en cicatrizar, puede no cicatrizar del todo o provocar la muerte de la corteza en el tronco.
- Corte desgarrado: Una herramienta sin filo no corta, sino que aplasta la madera, dejando una superficie irregular y desgarrada que cicatriza mal y permanece abierta a las infecciones durante mucho tiempo.
- Cómo hacerlo bien:**
- Eliminar una rama 'al collar': Corte la rama por el borde superior del anillo del collar en su base, sin dañarlo. Al eliminar ramas gruesas (de más de 3–4 cm de grosor), haga primero un corte inferior de aproximadamente 1/3 del grosor de la rama, luego corte desde arriba, a 3–5 cm más lejos del tronco que el corte inferior. A continuación, corte el muñón restante con cuidado 'al collar' (Tarasov, 1981).
- Corte 'a una yema': Al acortar un brote anual, haga un corte en un ángulo de 45° con respecto al eje del brote, a 0.5–1 cm de la yema, en el lado opuesto a la yema. El punto superior del corte debe estar al nivel de la punta de la yema. Esto asegura una cicatrización rápida y la dirección correcta del crecimiento del nuevo brote (Westwood, 1993).
- Herramientas: Utilice únicamente herramientas afiladas, limpias y desinfectadas. Las tijeras de podar deben estar bien afiladas y ajustadas. Después de cada árbol (o incluso después de eliminar ramas enfermas), limpie las hojas con alcohol o una solución de permanganato de potasio para no transmitir infecciones.
Error 3: Ignorar las características de crecimiento y fructificación del peral
En qué consiste: El jardinero aplica al peral las mismas técnicas de poda que al manzano, sin considerar sus características biológicas. Por ejemplo, acorta severamente todos los crecimientos anuales, corta todas las ramillas fructíferas, establece demasiadas ramas esqueletales con ángulos de inserción agudos (Trunov y Samoshchenkov, 2012).
Por qué es malo:
- Fuerte dominancia apical: El peral tiende a crecer hacia arriba más activamente que el manzano. Si no se regula el crecimiento del líder y las ramas esqueletales, el árbol se vuelve demasiado alto, lo que dificulta el cuidado y la cosecha.
- Fructificación en madera perenne: En la mayoría de las variedades de peral, la mayor parte de la cosecha se forma en anillos y estructuras fructíferas (formaciones perennes). El acortamiento sin criterio de estas ramas le priva de la cosecha futura.
- Escasa compatibilidad con algunos patrones: Las variedades de peral injertadas sobre membrillero tienen un vigor limitado y necesitan una poda más suave. La poda severa de estos árboles puede debilitarlos (Westwood, 1993; Trunov y Samoshchenkov, 2012).
- Ángulos de inserción agudos: En el peral, las ramas con ángulos de inserción agudos al tronco son especialmente débiles y propensas a la rotura.
- Cómo hacerlo bien:** Estudie las características de su variedad. Sepa qué ramas fructifican (en ramillas, en anillos o de forma mixta). Al formar la copa, preste especial atención a crear ángulos de inserción amplios (al menos 50–60°), utilizando separadores y doblez. Al podar árboles adultos, no elimine todas las ramillas fructíferas: deje algunas para formar nuevas ramas. Considere el vigor determinado por el patrón y ajuste la intensidad de la poda en consecuencia.
Error 4: Podar solo en una época e ignorar las operaciones de verano
En qué consiste: El jardinero poda solo en invierno o principios de primavera y no realiza operaciones de verano, como la eliminación de chupones y el pellizco (Tarasov, 1981).
Por qué es malo: Los chupones que crecen después de una poda de invierno severa, si no se eliminan en verano, pueden densificar mucho la copa en una sola temporada, desviando nutrientes de las formaciones fructíferas. Para el invierno, han tenido tiempo de lignificarse, y su eliminación requerirá más esfuerzo, dejando grandes heridas.
Cómo hacerlo bien: Incluya las operaciones de verano en su calendario de cuidados. Revise regularmente (cada 2-3 semanas de junio a agosto) la copa y elimine los brotes verticales vigorosos en estado incipiente: desgájelos o córtelos mientras aún están verdes y tiernos. Realice el pellizco (despunte) en los brotes de crecimiento fuerte para detener su crecimiento y estimular la ramificación (Potapov et al., 2000).
Error 5: Ignorar la poda sanitaria
En qué consiste: El jardinero se centra solo en la poda de formación o rejuvenecimiento, sin prestar atención a la eliminación de ramas secas, enfermas y dañadas.
Por qué es malo: Las ramas secas y enfermas son una fuente de infecciones (enfermedades fúngicas, podredumbres). Las plagas también suelen instalarse en la madera moribunda y luego pasar a las partes sanas del árbol. Al dejar estas ramas, expone a todo el árbol a un peligro (Westwood, 1993).
Cómo hacerlo bien: La poda sanitaria debe realizarse con regularidad, independientemente de la temporada. Si encuentra una rama seca o enferma, elimínela si es seguro hacerlo (no durante un flujo de savia intenso). Queme todas las ramas enfermas cortadas para evitar la propagación de la infección. Córtelas hasta la madera sana (5–10 cm por debajo de la lesión visible) y desinfecte la herramienta después de cada corte.
Error 6: Cuidado inadecuado de las heridas
En qué consiste: El jardinero no cubre los cortes grandes (diámetro superior a 2–3 cm) o utiliza materiales inadecuados (por ejemplo, pintura al óleo, que es impermeable al aire y a la humedad). A veces se cubren incluso los cortes pequeños, lo que no tiene ningún efecto positivo (Tarasov, 1981).
Por qué es malo: Las heridas grandes y abiertas son puertas de entrada para las infecciones. Sin protección, cicatrizan lentamente, pueden empezar a pudrirse y servir de refugio a las plagas. El uso de pintura al óleo y otros materiales sellantes puede, por el contrario, crear un efecto invernadero bajo la capa protectora, favoreciendo el desarrollo de la podredumbre.
Cómo hacerlo bien: Cubra solo los cortes grandes (diámetro superior a 2–3 cm) utilizando una masilla cicatrizante para árboles (como el mástic de poda). La masilla debe ser plástica, adherirse bien a la herida y no agrietarse. Antes de aplicar la masilla, limpie los bordes del corte con un cuchillo de jardín afilado para que queden lisos. Los cortes pequeños (de hasta 2 cm) suelen cicatrizar bien por sí solos, sin necesidad de masilla. Recuerde que la masilla no sirve para acelerar la cicatrización, sino para proteger la herida de enfermedades y plagas hasta que comience a formarse el callo (Westwood, 1993).
Resumen breve: qué recordar para evitar errores
| Error | Cómo evitarlo |
|---|---|
| Poda excesiva | Elimine no más del 25–30% de la copa por temporada. Para el rejuvenecimiento, distribuya el proceso en 2–3 años. |
| Técnica de corte incorrecta | Utilice herramientas afiladas y limpias. Corte 'al collar' sin dejar muñones. Al acortar, haga el corte correcto 'a una yema'. |
| Ignorar las características del peral | Considere el fuerte crecimiento vertical, la fructificación en madera perenne. Forme ramas con ángulos de inserción amplios. |
| Saltarse las operaciones de verano | Elimine regularmente los chupones y realice el pellizco de brotes durante los meses de verano. |
| Descuidar la poda sanitaria | Elimine oportunamente todas las ramas secas, enfermas y rotas; quémelas. |
| Cuidado inadecuado de las heridas | Cubra solo las heridas grandes (diámetro superior a 2–3 cm) con masilla cicatrizante para árboles. |
La poda del peral no es solo la eliminación de ramas; es el arte de gestionar la vida del árbol. Requiere conocimientos, paciencia y atención a los detalles. Pero cuando ve un árbol sano y bien formado que le recompensa anualmente con una cosecha abundante de frutos jugosos y aromáticos, todo el esfuerzo vale la pena. ¡Buena suerte en su jardín!
Referencias
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