Enfermedades

Actualizado: 22 Julio 2026 Русский English

1. ¿Por qué aparecen las enfermedades de la fresa?

Imagine una planta de fresa sana y vigorosa, con hojas brillantes y bayas grandes y fragantes. Todo jardinero sueña con eso. Sin embargo, a veces, a pesar de todos los esfuerzos, notamos que las hojas se cubren de manchas, las bayas se pudren y los arbustos parecen mustios. ¿Por qué ocurre esto? La aparición repentina de una enfermedad no es una casualidad. Es una señal de que se ha producido un fallo en el sistema «planta – ambiente – patógeno».

Para combatir eficazmente las enfermedades, es necesario comprender las causas de su aparición. En agronomía, esto se denomina el «triángulo de la enfermedad». Una enfermedad se desarrolla solo cuando confluyen simultáneamente tres factores clave:

1. Una planta huésped susceptible. Las distintas variedades de fresa tienen diferente resistencia genética a las enfermedades. Las plantas débiles, estresadas por falta de nutrientes, agua o luz, se enferman con mucha más frecuencia y gravedad.

2. Un patógeno (agente causal de la enfermedad). Pueden ser hongos, bacterias, virus o fitoplasmas. El patógeno debe estar presente en el terreno (en el suelo, en restos vegetales) o ser introducido con nuevo material de plantación, por el viento, insectos o agua.

3. Condiciones ambientales favorables. Este es el factor más importante que podemos controlar. Si el clima o nuestras acciones crean las condiciones ideales para la multiplicación del patógeno, la enfermedad estalla con renovada virulencia. Los principales «provocadores» de enfermedades son:

  • Alta humedad: Lluvias prolongadas, riegos frecuentes (especialmente por aspersión) y plantaciones densas hacen que las hojas y bayas permanezcan húmedas durante mucho tiempo. Muchas enfermedades fúngicas, como la podredumbre gris, solo se desarrollan en presencia de humedad libre.
  • Riego inadecuado y mal drenaje: El estancamiento de agua alrededor de las raíces provoca su pudrición, debilita la planta y abre la puerta a patógenos del suelo (por ejemplo, los agentes de las podredumbres por Phytophthora). La sequía, por su parte, hace que la planta sea vulnerable a plagas chupadoras y virus.
  • Plantaciones densas y mala ventilación: Cuando los arbustos de fresa se plantan demasiado juntos, se ventilan peor. Dentro del dosel foliar se crea un microclima con alta humedad, ideal para el desarrollo de hongos. Esto también impide que la luz solar penetre hasta las hojas inferiores, retrasando su secado (Bianchi, 2018; Bowling, 2000).
  • Incumplimiento de la rotación de cultivos: Si se cultiva fresa en el mismo lugar durante varios años seguidos, se acumulan en el suelo patógenos específicos (por ejemplo, los agentes de la marchitez por Verticillium y Fusarium, nematodos). Para ellos se crea una «base alimenticia» constante, y el riesgo de infección aumenta cada año (Hill and Perry, 2011).
  • Plantas débiles y enfermizas: Cualquier estrés –por falta de nutrición, daño de raíces por plagas, cambios bruscos de temperatura– reduce la inmunidad de la planta. Un arbusto debilitado no puede resistir activamente los ataques de los patógenos. El uso de plántulas sanas y certificadas es una protección básica contra muchas infecciones virales y bacterianas (Westwood, 1993).

Conclusión principal: No podemos controlar totalmente el clima, pero podemos manejar las condiciones de cultivo para hacer que nuestras fresas sean más resistentes a las enfermedades. Nuestra tarea es crear un entorno favorable para la planta, no para los patógenos. Esta es la base de la prevención.

En los siguientes capítulos, analizaremos en detalle qué patógenos amenazan a la fresa y cómo construir un sistema de protección eficaz utilizando métodos agrotécnicos, biológicos y químicos.

2. Principales grupos de patógenos

En el capítulo anterior vimos que para que se desarrolle una enfermedad se necesitan tres condiciones: una planta susceptible, un patógeno y un ambiente favorable. Ahora vamos a conocer los principales grupos de patógenos que amenazan sus fresas. Comprender con quién se está enfrentando es el primer paso y el más importante para un diagnóstico correcto y la elección de medidas de protección eficaces.

Todos los patógenos de la fresa se pueden dividir en cuatro grupos principales: hongos, bacterias, virus y fitoplasmas. Cada uno de estos grupos tiene sus propias características, formas de propagación y, lo más importante, métodos de control (Garrido et al., 2016; Choudhary and Mehta, 2003).

Enfermedades fúngicas (Micosis)

Este es el grupo más numeroso y peligroso. Más de 50 especies diferentes de hongos pueden atacar a la fresa (Garrido et al., 2016). Los hongos son microorganismos que se alimentan de los tejidos de la planta, liberando enzimas y toxinas que destruyen las células.

Cómo actúan: Los hongos penetran en la planta a través de los estomas, microgrietas o heridas. Muchos de ellos viven en el suelo (patógenos del suelo) y atacan el sistema radicular; otros afectan a las hojas y bayas por vía aérea o por salpicaduras de agua. La mayoría de las enfermedades fúngicas se desarrollan en condiciones de alta humedad y temperatura.

Enfermedades fúngicas más comunes y peligrosas: Incluyen la podredumbre gris (Botrytis cinerea), la antracnosis (Colletotrichum spp.), el oídio (Sphaerotheca macularis), la mancha blanca y la mancha parda de la hoja (Mycosphaerella fragariae), las marchitaces por Verticillium y Fusarium (Verticillium spp., Fusarium oxysporum), las podredumbres por Phytophthora (Phytophthora spp.) y muchas otras (Husaini and Neri, 2016; Sharma et al., 2019). Hablaremos de ellas en detalle en el próximo capítulo.

Por qué es importante saberlo: Las enfermedades fúngicas son las más extendidas. Sin embargo, se pueden controlar con fungicidas y, lo que es más importante, con prácticas agrotécnicas preventivas que creen condiciones desfavorables para los hongos.

Enfermedades bacterianas

Las bacterias son microorganismos unicelulares que, al igual que los hongos, pueden causar pudriciones y marchitamientos. Penetran en la planta a través de aberturas naturales (estomas) o daños en los tejidos (por ejemplo, causados por plagas o granizo).

Cómo actúan: Las bacterias se multiplican en el sistema vascular de la planta, obstruyéndolo e impidiendo el movimiento de agua y nutrientes. Esto provoca el marchitamiento y la muerte de partes individuales o de todo el arbusto. Algunas bacterias liberan toxinas que causan la necrosis de los tejidos.

Principales amenazas: La enfermedad bacteriana más común de la fresa es la mancha angular de la hoja, causada por la bacteria Xanthomonas fragariae. Se manifiesta como pequeñas manchas acuosas y angulares en las hojas, que luego se vuelven marrones (Bianchi, 2018). También existen quemaduras bacterianas y pudriciones, pero son menos frecuentes.

Características del control: Los antibióticos contra bacterias prácticamente no se utilizan en huertos particulares. El método principal de protección es la prevención. Esto incluye, sobre todo, el uso de material de plantación sano, la rotación de cultivos y la destrucción de los restos vegetales. Los productos químicos (por ejemplo, los que contienen cobre) pueden frenar el desarrollo, pero no curan las plantas ya enfermas (Westwood, 1993).

Enfermedades virales

Los virus son los agentes infecciosos más pequeños que viven y se multiplican solo dentro de las células vivas de la planta huésped. No pueden sobrevivir fuera de sus tejidos.

Cómo actúan: Los virus invaden las células, «reprograman» su funcionamiento y las obligan a producir nuevas partículas virales. Esto altera el metabolismo normal, el crecimiento y el desarrollo de la planta.

Principales amenazas: Existen muchos virus que afectan a la fresa: el virus del moteado de la fresa (Strawberry mottle virus), el virus del arrugado (Strawberry crinkle virus), el virus del borde amarillo suave (Strawberry mild yellow edge virus) y muchos otros (Mandal et al., 2021; Sharma et al., 2019). Los síntomas suelen ser inespecíficos: debilitamiento general, manchas cloróticas (amarillas) y patrones de mosaico en las hojas, enanismo, enrollamiento de las hojas y reducción del rendimiento.

Características del control: ¡Los virus son incurables! Ningún medicamento puede destruir un virus dentro de la planta sin matar a la propia planta. Por lo tanto, la estrategia principal es la prevención y exclusión. Las medidas clave son:

1. Utilizar solo material de plantación certificado y sano, producido a partir de meristemos (micropropagación).

2. Controlar los insectos vectores – principalmente los pulgones, que transmiten los virus de plantas enfermas a sanas (Bianchi, 2018; Hill and Perry, 2011).

3. Eliminar y destruir (quemar) inmediatamente las plantas con síntomas sospechosos.

Enfermedades por fitoplasmas

Los fitoplasmas son organismos similares a bacterias que, al igual que los virus, viven y se multiplican dentro de las células de la planta. Son transmitidos por cicadélidos (saltahojas).

Cómo actúan: Al afectar a los tejidos conductores (floema), los fitoplasmas causan diversas deformaciones, como escobas de bruja (formación abundante de brotes delgados), amarilleamiento, enanismo y esterilidad de las flores.

Principales amenazas: En Europa y Rusia, los fitoplasmas en la fresa son menos comunes que los virus, pero pueden causar daños graves. Los síntomas se confunden fácilmente con los virales (Bianchi, 2018).

Características del control: Al igual que con los virus, no existe cura. Las medidas de prevención son análogas a las virales: material de plantación sano y control de los cicadélidos vectores.

Conclusión principal del capítulo: El método de control de una enfermedad depende directamente del patógeno que la causa. Las enfermedades fúngicas se pueden prevenir y tratar (con fungicidas), las bacterianas solo se pueden prevenir, y las virales y por fitoplasmas solo se pueden excluir mediante el uso de material de plantación sano. Por eso es tan importante saber distinguir los grupos de patógenos o, al menos, recordar que no existe una «pastilla universal» para todas las enfermedades.

3. Las enfermedades más comunes de la fresa

Ahora que sabemos que las enfermedades están causadas por diferentes grupos de patógenos, conozcamos los «padecimientos» más frecuentes y peligrosos de la fresa. Este capítulo es su guía de campo, que le ayudará a orientarse rápidamente ante los primeros signos de problemas (Bianchi, 2018; Bowling, 2000; Hill and Perry, 2011).

Podredumbre gris (Botrytis)

Agente causal: Hongo Botrytis cinerea.

Qué afecta: Bayas (principalmente), así como flores, hojas y tallos.

Síntomas: Aparecen manchas marrones, blandas y de rápido crecimiento en las bayas, que se cubren de un moho gris y algodonoso: el micelio y las esporas del hongo. La infección suele comenzar en el punto de contacto de la baya con el suelo, hojas enfermas o bayas vecinas en descomposición. Las flores se vuelven marrones y se secan.

Condiciones de desarrollo: Este es el enemigo más común y peligroso de la fresa. El hongo se desarrolla especialmente activa en climas frescos (+15...25 °C) y húmedos, en plantaciones densas, con mala ventilación y en frutos que tocan el suelo húmedo. Las esporas pueden sobrevivir en los restos vegetales (Bianchi, 2018; Husaini and Neri, 2016; Sharma et al., 2019).

Antracnosis (mancha negra)

Agente causal: Hongos del género Colletotrichum (el más peligroso es C. acutatum).

Qué afecta: Todas las partes aéreas de la planta: hojas, estolones (corredores), pedúnculos florales, bayas y, especialmente, el cuello de la raíz (corona).

Síntomas: Las manifestaciones son muy diversas. En hojas y estolones, pequeñas manchas hundidas, oscuras (casi negras) que pueden anillar el tallo y provocar la muerte del brote. En las bayas, manchas redondas, hundidas y duras, de color marrón oscuro o negro, que en tiempo húmedo se cubren con una masa mucosa de esporas de color naranja o rosa. El síntoma más peligroso es el marchitamiento y muerte de todo el arbusto, que se produce por la afección del cuello de la raíz (Husaini and Neri, 2016; Mandal et al., 2021).

Condiciones de desarrollo: La antracnosis es una enfermedad de clima cálido y húmedo (óptimo +27...32 °C). Es especialmente peligrosa en regiones del sur y con riego por goteo. El hongo persiste durante mucho tiempo en los restos vegetales y puede introducirse con plántulas infectadas (Choudhary and Mehta, 2003; Sharma et al., 2019).

Oídio (ceniza)

Agente causal: Hongo Sphaerotheca macularis.

Qué afecta: Hojas, pedúnculos florales, estolones y bayas.

Síntomas: Aparece un recubrimiento blanco y harinoso en el envés de las hojas. Las hojas afectadas se enrollan hacia arriba («en forma de barca»), se vuelven quebradizas y adquieren un tono bronceado o púrpura-rojizo. En las bayas se forma un recubrimiento blanco, pierden sabor y no se desarrollan. Las flores pueden volverse marrones y secarse.

Condiciones de desarrollo: A diferencia de muchos hongos, el oídio no requiere humedad libre y se desarrolla mejor en tiempo seco y cálido (+16...22 °C) con alta humedad relativa (Husaini and Neri, 2016; Sharma et al., 2019).

Manchas foliares

Bajo este nombre se agrupan varias enfermedades causadas por diferentes hongos. Tienen un aspecto similar, pero pueden diferir en el color y la forma de las manchas.

  • Mancha blanca (Ramulariosis): Agente causal Mycosphaerella fragariae. Aparecen pequeñas manchas redondas (2–6 mm) con centro blanquecino y borde púrpura, que recuerdan a un «ojo de pájaro». También afecta a los pedicelos, bayas y estolones.
  • Mancha parda: Agente causal Diplocarpon earlianum. Manchas más grandes, de forma irregular, de color marrón oscuro o púrpura, sin borde definido.
  • Mancha angular (bacteriana): Agente causal – bacteria Xanthomonas fragariae. Aparecen pequeñas manchas acuosas, angulares, limitadas por los nervios, que luego se vuelven de color rojo-marrón y se transparentan a la luz (Mandal et al., 2021).

Marchitaciones (Verticilosis y Fusariosis)

Son enfermedades sistémicas peligrosas que afectan al sistema vascular de la planta. Los agentes causales son hongos del suelo Verticillium dahliae y Fusarium oxysporum.

Síntomas: Marchitamiento y secado repentino de las hojas, comenzando por las inferiores. Las plantas se ven mustias, retrasan su crecimiento. En el interior del cuello de la raíz y las raíces se puede observar un oscurecimiento de los tejidos vasculares. A diferencia de los daños por plagas, estos hongos obstruyen los vasos, y la planta no puede absorber agua y nutrientes, incluso si el suelo está húmedo.

Condiciones de desarrollo: Los patógenos del suelo se acumulan cuando se cultiva fresa de forma continuada en el mismo terreno, así como después de cultivos huésped (tomates, patatas, pimientos). Las esporas pueden vivir en el suelo durante muchos años (Hill and Perry, 2011; Westwood, 1993).

Podredumbres por Phytophthora

Agentes causales: Organismos similares a hongos del género Phytophthora (especialmente P. cactorum y P. fragariae).

Qué afectan: Raíces, cuello de la raíz, bayas.

Síntomas:

  • Podredumbre coriácea del fruto (P. cactorum): Aparecen manchas firmes, de color marrón o púrpura, en bayas verdes y maduras, que se endurecen y convierten la baya en una momia «coriácea».
  • Podredumbre radicular (rojo de la raíz, P. fragariae): Las raíces infectadas se vuelven rojizas o marrones y mueren gradualmente. La parte aérea se enaniza, las hojas se amarillean y marchitan (Bianchi, 2018; Garrido et al., 2016).

Condiciones de desarrollo: La phytophthora es una enfermedad clásica de mal drenaje, estancamiento de agua y suelos pesados. Se desarrolla en tiempo fresco (+15 °C) y húmedo.

Enfermedades virales y por fitoplasmas

Este es un grupo especial. Sus síntomas pueden ser muy variados, pero suelen incluir:

  • Mosaico: Manchas y dibujos caóticos de color amarillo-verde en las hojas.
  • Enanismo (arbustividad): Plantas pequeñas, hojas deformadas, el número de pedúnculos florales se reduce drásticamente.
  • Borde amarillo: Amarilleamiento y enrollamiento de los bordes de las hojas.
  • «Escobas de bruja»: Formación de muchos brotes delgados y débiles en lugar de los normales (Bianchi, 2018; Mandal et al., 2021).

¡Importante recordar! Los virus y fitoplasmas no tienen cura. Las plantas con signos evidentes de estas enfermedades deben ser eliminadas y quemadas de inmediato. La principal protección es el uso de material de plantación sano y el control de los insectos vectores (principalmente los pulgones).

Conclusión principal del capítulo: Observe atentamente sus plantas. El diagnóstico temprano es la mitad del éxito en la lucha contra las enfermedades. Al ver los síntomas característicos (manchas, moho, marchitamiento), puede entender con qué patógeno se enfrenta y aplicar las medidas correctas a tiempo. En los próximos capítulos pasaremos a los pasos prácticos: cómo reconocer la enfermedad con certeza y, lo más importante, cómo prevenirla y curarla.

4. Cómo reconocer una enfermedad

Imagine que es un médico que atiende a una planta enferma. Para hacer un diagnóstico correcto, debe examinar cuidadosamente al «paciente», recopilar la «historia clínica» y comparar todos los síntomas. En este capítulo aprenderemos a realizar ese diagnóstico. La capacidad de reconocer rápida y correctamente una enfermedad es la clave para un tratamiento oportuno y eficaz (Hill and Perry, 2011; Westwood, 1993).

Paso 1: Examine la planta

Adquiera el hábito de recorrer los bancales con regularidad, al menos una vez a la semana, e inspeccionar atentamente los arbustos. Especialmente después de las lluvias y antes del inicio de la floración.

Qué observar:

Hojas:

  • Manchas: Fíjese en su forma, tamaño, color y la presencia de borde. Las manchas con centro blanco y borde púrpura son típicas de la mancha blanca. Las manchas marrones, de forma irregular, son típicas de la mancha parda. Las manchas acuosas y angulares son típicas de la mancha bacteriana.
  • Recubrimiento: El recubrimiento blanco y harinoso en el envés de la hoja es oídio. El moho gris y algodonoso en las bayas es podredumbre gris. Las masas mucosas de color naranja o rosa sobre las manchas son antracnosis.
  • Enrollamiento y deformación: Las hojas pueden enrollarse hacia arriba («en forma de barca») – oídio, volverse pequeñas y deformadas – virus, ácaros.
  • Marchitamiento: Caída de las hojas, pérdida de turgencia incluso con el suelo húmedo, es una señal de daño en el sistema radicular o vascular (verticilosis, fusariosis).

Bayas:

  • Podredumbre: Podredumbre blanda, de rápida propagación con moho gris – podredumbre gris. Podredumbre dura, «coriácea» con manchas marrones o púrpuras – phytophthora. Manchas secas, negras y hundidas – antracnosis.
  • Deformación y subdesarrollo: Bayas pequeñas, «leñosas», arrugadas, pueden ser consecuencia de infecciones virales o mala polinización, pero a veces también de enfermedades fúngicas en etapa temprana.

Cuello de la raíz y raíces: (Examine con cuidado, solo si sospecha problemas graves). Desentierre una de las plantas marchitas. Una raíz sana es blanca o amarillo claro. La podredumbre marrón, rojiza o negra en el corte del cuello de la raíz es un signo seguro de podredumbres radiculares (phytophthora, verticilosis, podredumbre negra de la raíz). El color rojizo en el interior de la raíz es signo de «rojo de la raíz» (Bianchi, 2018; Sharma et al., 2019).

Paso 2: Recuerde las condiciones

Muy a menudo, el clima y sus acciones indican qué enfermedad puede «atacar» primero.

  • Lluvias prolongadas, alta humedad, fresco (+15...20 °C): Con alta probabilidad, espere brotes de podredumbre gris, manchas foliares y phytophthora.
  • Clima cálido y húmedo (+25...30 °C): Condiciones ideales para antracnosis y oídio (para el oídio es importante la humedad ambiental alta, no la humedad libre).
  • Clima cálido y seco: Precisamente en estas condiciones se activa con más frecuencia el oídio.
  • Plantaciones densas, mala ventilación: Aumentan el riesgo de podredumbre gris y oídio (Bowling, 2000; Husaini and Neri, 2016).
  • Cultivo en el mismo lugar durante varios años seguidos: La probabilidad de marchitamiento por Verticillium y Fusarium aumenta exponencialmente.
  • Presencia de pulgones en el terreno: Aumenta el riesgo de propagación de enfermedades virales.

Paso 3: Compare los síntomas

Utilice la siguiente tabla como referencia rápida (Hill and Perry, 2011):

Signo Enfermedad probable Detalles adicionales
Moho gris algodonoso en las bayas Podredumbre gris (Botrytis) Afecta principalmente a las bayas, especialmente en tiempo húmedo. La infección comienza en el punto de contacto con el suelo o con hojas enfermas.
Manchas oscuras y hundidas en las bayas con moho anaranjado Antracnosis A menudo afecta también a los estolones y al cuello de la raíz. Enfermedad amante del calor.
Recubrimiento blanco harinoso en las hojas, hojas enrolladas «en barca» Oídio Afecta a todas las partes aéreas. No requiere humedad libre, se desarrolla en tiempo cálido y seco.
Pequeñas manchas con centro blanco y borde púrpura en las hojas Mancha blanca (Ramulariosis) Síntoma muy característico de «ojo de pájaro».
Manchas grandes de color marrón o púrpura sin borde definido Mancha parda A menudo confluyen, cubriendo gran parte de la hoja.
Manchas acuosas y angulares en las hojas, limitadas por los nervios Mancha angular (bacteriana) Al trasluz, las manchas parecen aceitosas.
Marchitamiento repentino de las hojas, «enrojecimiento» o amarilleo, raíces marrones Marchitamiento por Verticillium o Fusarium El sistema vascular está afectado. Se ve un oscurecimiento en el corte del cuello de la raíz.
Manchas marrones, duras y «coriáceas» en las bayas Podredumbre por Phytophthora del fruto (Podredumbre coriácea) La baya se vuelve dura y se momifica.
Enanismo, hojas pequeñas y deformadas con mosaico amarillo Enfermedades virales No tienen cura. ¡Elimine y queme urgentemente esas plantas!

Paso 4: Descartar causas «no infecciosas»

A veces las plantas parecen enfermas, pero no está relacionado con patógenos. La causa puede ser:

  • Deficiencia o exceso de nutrientes: Por ejemplo, la clorosis (amarilleamiento de las hojas) puede deberse a la falta de hierro en suelos alcalinos, no a un virus. El enrojecimiento de las hojas a veces es signo de deficiencia de fósforo, no de enfermedad.
  • Daño por heladas: Las heladas primaverales pueden ennegrecer el centro de la flor (pistilos), lo que dará lugar a bayas deformes, pero no es una infección.
  • Daño por herbicidas: El enrollamiento y la deformación de las hojas pueden ser consecuencia de una deriva accidental de herbicidas (Hill and Perry, 2011; Westwood, 1993).

¿Qué hacer si no está seguro?

Si no puede hacer un diagnóstico preciso, es mejor pecar de precavido. Fotografíe las partes afectadas de la planta y consulte a especialistas: a la oficina local de sanidad vegetal, a grupos agronómicos en redes sociales o a grandes centros de jardinería. A veces, un diagnóstico preciso requiere un análisis de laboratorio.

Conclusión principal del capítulo: La inspección regular, el conocimiento de los síntomas característicos y las condiciones de su desarrollo son las principales herramientas del jardinero. Al aprender a reconocer las enfermedades en una etapa temprana, podrá aplicar el «tratamiento» correcto y salvar la cosecha. En el próximo capítulo nos centraremos en lo más importante: cómo prevenir las enfermedades en principio.

5. Prevención de las enfermedades de la fresa

La prevención es la base de una cosecha sana. En lugar de luchar contra las enfermedades cuando ya han aparecido, es mucho más eficaz y seguro crear condiciones en las que los patógenos no puedan multiplicarse. Nuestra tarea es romper el famoso «triángulo de la enfermedad» del que hablamos en el primer capítulo (Hill and Perry, 2011; Westwood, 1993).

La prevención es un conjunto de medidas que comienzan mucho antes de la plantación y continúan durante toda la temporada. Veamos los principios básicos.

1. Material de plantación sano

Esta es la regla más importante, que no se puede subestimar. Muchas enfermedades peligrosas (virus, fitoplasmas, antracnosis, verticilosis) llegan al terreno precisamente con las plántulas.

  • Compre el material de plantación solo en viveros de confianza o proveedores verificados. Ellos certifican las plantas para garantizar la ausencia de virus e infecciones peligrosas (Mandal et al., 2021).
  • Prefiera variedades resistentes a las principales enfermedades de su región. La información sobre la resistencia suele figurar en la descripción de la variedad (Bowling, 2000; Sharma et al., 2019).
  • Inspeccione las plántulas en el momento de la compra. Las raíces deben ser claras, sin manchas oscuras ni podredumbre. Las hojas, sin manchas ni deformaciones, con color uniforme.
  • No acepte «regalos» de los vecinos si no está seguro de la salud de sus plantas. Es la forma más común de introducir virus y ácaros en su terreno.

2. Elección correcta del lugar y preparación del suelo

La fresa prefiere lugares soleados, bien ventilados, con suelo ligero y fértil.

  • Elija un lugar soleado. A la sombra, las plantas se ventilan peor y tardan más en secarse después de la lluvia, lo que favorece las enfermedades fúngicas.
  • Evite las zonas bajas y los lugares con estancamiento de agua. El encharcamiento es el camino directo a las podredumbres radiculares (phytophthora, podredumbre negra de la raíz) (Bianchi, 2018; Bowling, 2000).
  • Cumpla la rotación de cultivos. No plante fresas en el mismo lugar durante más de 3–4 años. Esta regla es la base para prevenir infecciones del suelo (verticilosis, fusariosis, nematodos). Vuelva a plantar fresas en el mismo lugar no antes de 4–5 años.
  • Elija los antecesores adecuados. Los antecesores ideales son los abonos verdes (altramuz, facelia, mostaza), cultivos de hoja (lechuga, espinaca), cebolla, ajo, zanahoria. Evite plantar después de patatas, tomates, pimientos, berenjenas y frambuesas, ya que comparten enfermedades con la fresa (verticilosis) (Hill and Perry, 2011).
  • Cave y enriquezca el suelo. Añada compost bien descompuesto o humus (¡no estiércol fresco!) para mejorar la estructura del suelo y aumentar el contenido de materia orgánica. Un suelo sano y suelto es la clave de un sistema radicular fuerte.

3. Plantación y cuidado adecuados

Incluso las plántulas sanas se pueden arruinar con acciones incorrectas.

  • Siga el marco de plantación óptimo. ¡No dense demasiado las plantaciones! La distancia recomendada entre plantas en la hilera es de 25–35 cm, y entre hileras de 60–80 cm. Una buena ventilación permite que las hojas se sequen rápidamente, lo que es crucial para prevenir la podredumbre gris y el oídio (Bianchi, 2018; Bowling, 2000).
  • Plante en caballones o camas elevadas. Esto mejora el drenaje y el calentamiento del suelo, y evita que las bayas toquen el suelo, reduciendo el riesgo de infección por podredumbre gris.
  • No entierre el «corazón» (punto de crecimiento). El cuello de la raíz (base de la roseta) debe estar estrictamente a nivel del suelo. Enterrarlo provoca pudrición, y plantarlo demasiado alto provoca desecación y debilitamiento del arbusto.
  • Acolche (cubra) el suelo. Utilice paja, hierba cortada, hojarasca de pino o tela agrícola negra. El acolchado evita la evaporación de la humedad, suprime el crecimiento de malas hierbas y, lo más importante, crea una barrera entre las bayas y el suelo, donde se encuentran los patógenos de la podredumbre gris y phytophthora (Bowling, 2000; Hill and Perry, 2011).

4. Riego adecuado

El riego inadecuado es una de las principales causas de brotes de enfermedades fúngicas.

  • Riegue solo en la base (en la zona de las raíces). Utilice riego por goteo o riegue con cuidado con una regadera debajo del arbusto. Esta es la forma más eficaz de evitar la acumulación de humedad en las hojas.
  • Riegue por la mañana. El riego matutino permite que las hojas y el suelo se sequen antes de la noche, cuando bajan las temperaturas. El riego vespertino, especialmente en tiempo fresco, crea las condiciones ideales para el desarrollo nocturno de los hongos (Hill and Perry, 2011).
  • Evite el riego por aspersión (desde arriba). Este método de riego crea humedad libre en todas las partes de la planta, favoreciendo el desarrollo de la podredumbre gris, la antracnosis, las manchas foliares y phytophthora.
  • Mantenga una humedad del suelo moderada. El exceso de humedad es tan perjudicial como la sequía. Oriéntese según el clima: riegue más a menudo en tiempo caluroso, y menos en temporada de lluvias. El riego regular es especialmente importante durante la formación de los botones florales (agosto–septiembre) y durante el llenado de las bayas (Hill and Perry, 2011).

5. Control de malas hierbas

Las malas hierbas no solo compiten con la fresa por nutrientes y humedad, sino que también crean una alta humedad cerca de la superficie del suelo, densifican las plantaciones y sirven de «refugio» a las plagas vectores de enfermedades (pulgones, cicadélidos). El desherbado y el escardado regulares son un elemento importante de la prevención (Bianchi, 2018).

6. Eliminación oportuna de plantas enfermas

Esta regla sirve tanto para la prevención como para contener una enfermedad ya iniciada.

  • Inspeccione regularmente las plantaciones. Si observa una planta con síntomas sospechosos (manchas, marchitamiento, deformación), retírela inmediatamente con raíz y el terrón de tierra más cercano.
  • Queme o entierre profundamente las plantas enfermas. El montón de compost no es lugar para plantas enfermas, ya que los patógenos pueden sobrevivir y multiplicarse allí (Hill and Perry, 2011).
  • Retire las bayas y hojas enfermas. Recoja y destruya las bayas afectadas por la podredumbre gris, así como las hojas viejas y secas después de la fructificación. Esto reduce el número de esporas de hongos y les priva de su «base alimenticia» (Bowling, 2000).

7. Fortalecimiento de la inmunidad de las plantas

Las plantas sanas y fuertes resisten mejor las enfermedades.

  • Nutrición equilibrada. Aplique abonos complejos completos según las fases de desarrollo. Es especialmente importante no sobrealimentar las plantas con nitrógeno: esto provoca un crecimiento vigoroso de un follaje tierno y suculento, que es el más susceptible a las enfermedades fúngicas, especialmente al oídio y a la podredumbre gris.
  • Renovación de la plantación. Una plantación de fresas envejece con el tiempo y disminuye su inmunidad. El período máximo de uso productivo es de 3 a 4 años (para variedades de fruto grande) y de 2 a 3 años para las remontantes. Las plantas jóvenes y sanas siempre son más resistentes.

Conclusión principal del capítulo: La prevención no es una acción puntual, sino un sistema. La elección de plántulas sanas, el lugar adecuado, el riego correcto, la eliminación oportuna de restos vegetales y una nutrición moderada son los siete pilares de la salud de su plantación de fresas. Invirtiendo tiempo en la prevención, obtendrá plantas fuertes y una cosecha estable de bayas sabrosas y sanas sin necesidad de utilizar productos químicos «agresivos».

En el próximo capítulo abordaremos los métodos directos de protección: qué hacer si, a pesar de la prevención, aparecen signos de enfermedad.

6. Métodos de protección

A pesar de todas las medidas preventivas, a veces las enfermedades aparecen. En ese caso, es importante actuar con rapidez, eficacia y con el mínimo daño para la salud de las plantas y el medio ambiente. Todos los métodos de protección se pueden dividir en tres grupos: agrotécnicos, biológicos y químicos. Lo ideal es que actúen en conjunto, formando un sistema de protección integrada (Hill and Perry, 2011; Westwood, 1993).

Métodos agrotécnicos

Esta es la primera línea de defensa. Son seguros, no requieren el uso de productos y están dirigidos a eliminar las causas que favorecen el desarrollo de las enfermedades. En esencia, son las mismas medidas preventivas, pero aplicadas como respuesta a los primeros signos de la enfermedad.

  • Eliminación y destrucción de las partes afectadas de la planta. Al detectar los primeros signos de enfermedad (manchas, podredumbre, marchitamiento), pode y destruya (queme) inmediatamente las hojas, bayas o arbustos enteros enfermos. ¡No los deje en el bancal ni los ponga en el compost! Esto evita una mayor propagación de la infección (Bowling, 2000; Hill and Perry, 2011).
  • Recolección regular de bayas maduras. Esto no solo aumenta el rendimiento, sino que también reduce el riesgo de podredumbre gris. No permita que las bayas sobremaduren en los arbustos, ya que se convierten en el primer foco de infección.
  • Aclareo y escardado. Si nota los primeros signos de enfermedad, es una señal de que las plantaciones están demasiado densas. Retire las rosetas sobrantes, especialmente las viejas y débiles. Esto mejorará la ventilación y la iluminación, lo que frenará el desarrollo de los hongos.
  • Eliminación de hojas viejas. Después de la fructificación, retire todas las hojas viejas, amarillentas y secas. En ellas invernan los patógenos de muchas enfermedades: manchas, oídio, podredumbre gris. El corte de hojas es una práctica agrotécnica estándar en las plantaciones comerciales (Bianchi, 2018; Bowling, 2000).
  • Renovación del acolchado. Si utiliza acolchado orgánico (paja, hierba), renueve regularmente su capa. El acolchado fresco impide que las esporas de hongos presentes en el acolchado viejo entren en contacto con las bayas (Bowling, 2000).
  • Cumplimiento del régimen de riego. Ante los primeros signos de enfermedades fúngicas, revise el régimen de riego. Si es posible, deje el riego por aspersión y pase al riego por goteo o al riego en la base. Riegue solo por la mañana para que las hojas se sequen al atardecer (Hill and Perry, 2011).

Métodos biológicos

Son métodos que utilizan organismos vivos para suprimir los patógenos. Son ecológicos y seguros para las personas, los animales y los insectos beneficiosos. Los productos biológicos son especialmente eficaces para la prevención y en las primeras etapas de la enfermedad.

Biofungicidas. Son preparados que contienen microorganismos vivos (hongos antagonistas, bacterias) o productos de su metabolismo que inhiben el desarrollo de hongos patógenos. Las sustancias activas más conocidas y eficaces son (Husaini and Neri, 2016; Sharma et al., 2019):

  • Trichoderma (por ejemplo, el hongo Trichoderma harzianum). Este hongo antagonista suprime el desarrollo de muchos patógenos del suelo (causantes de podredumbres radiculares, verticilosis, fusariosis) y se puede utilizar para el riego preventivo del suelo antes de la plantación y en la raíz.
  • Bacillus subtilis (bacilo de la paja). Bacteria que inhibe activamente el desarrollo de hongos, incluidos los causantes de la podredumbre gris, el oídio y las manchas foliares. Los preparados a base de esta bacteria son eficaces para pulverizaciones foliares (Westwood, 1993).
  • Ampelomyces quisqualis. Hiperparásito especializado que ataca al hongo del oídio. Los preparados a base de este microorganismo son eficaces específicamente contra esta enfermedad (Sharma et al., 2019).

Cuándo y cómo aplicar: Los productos biológicos funcionan mejor si se aplican de forma preventiva o ante los primeros signos de la enfermedad. Es importante recordar que no dan un efecto inmediato como los «químicos», sino que actúan gradualmente. Su eficacia depende en gran medida de las condiciones: la temperatura y la humedad deben estar en el rango óptimo para los microorganismos (generalmente +20...25 °C, humedad alta). No mezcle productos biológicos con fungicidas químicos, especialmente con cobre, ya que matarán los microorganismos vivos (Sharma et al., 2019; Husaini and Neri, 2016).

Uso de insectos beneficiosos. El control de pulgones y cicadélidos con sus enemigos naturales (mariquitas, crisopas, avispas parasitoides) ayuda a prevenir la propagación de enfermedades virales y por fitoplasmas. Para atraer insectos beneficiosos, plante junto a los bancales de fresas plantas nectaríferas (eneldo, hinojo, trigo sarraceno, facelia) (Hill and Perry, 2011).

Métodos químicos

Es el uso de productos químicos – fungicidas para combatir enfermedades fúngicas e insecticidas para combatir los insectos vectores. Los métodos químicos son el último recurso, al que se debe recurrir solo cuando la prevención y los métodos biológicos ya no son eficaces y la enfermedad amenaza una parte significativa de la cosecha (Bianchi, 2018; Hill and Perry, 2011).

Reglas importantes para la aplicación (Bianchi, 2018; Bowling, 2000):

1. Diagnóstico preciso. Aplique el producto solo contra la enfermedad que realmente haya diagnosticado. Los fungicidas no actúan contra bacterias ni virus.

2. Uso de productos autorizados. Utilice solo aquellos fungicidas e insecticidas que estén oficialmente autorizados para su uso en fresas en huertos particulares. Esta información figura en el envase del producto y en el Catálogo Estatal de Plaguicidas y Agroquímicos.

3. Respeto de los plazos de seguridad. Respete estrictamente el plazo entre la última aplicación y la recolección (período de carencia). Viene indicado en el envase y puede variar desde unos días hasta varias semanas. Esto garantiza que las bayas sean seguras para el consumo.

4. Respeto de los plazos de tratamiento. No trate con productos químicos durante el período de floración, ya que mataría a las abejas y otros insectos polinizadores. El momento óptimo para los tratamientos es antes de la floración y después de la cosecha (Hill and Perry, 2011).

5. Alternancia de productos. No utilice la misma sustancia activa varias veces seguidas. Esto provoca la aparición de resistencia en los patógenos. Alterne productos con diferentes sustancias activas de diferentes grupos químicos (Westwood, 1993).

6. Medidas de seguridad. Utilice siempre equipos de protección individual (guantes, mascarilla, gafas protectoras). Prepare la solución de trabajo siguiendo estrictamente las instrucciones. Realice los tratamientos en tiempo seco, sin viento, por la mañana o al atardecer.

Qué productos químicos pueden ser útiles (Sharma et al., 2019; Mandal et al., 2021):

  • Contra la podredumbre gris: Productos a base de fenhexamida o iprodiona. Se aplican durante la floración para prevenir la infección de las flores.
  • Contra el oídio: Productos a base de dinocap o sulfenamida. También son eficaces los productos a base de azufre, pero su uso está limitado a altas temperaturas (superiores a +27 °C), ya que pueden quemar las hojas. Los productos a base de triadimefón o penthiopírad también muestran buenos resultados (Bianchi, 2018; Sharma et al., 2019).
  • Contra la antracnosis: Productos a base de azoxistrobina o piraclostrobina. Es muy importante comenzar los tratamientos lo antes posible, ante los primeros signos de la enfermedad (Sharma et al., 2019).
  • Contra las manchas foliares: Se pueden utilizar productos a base de cobre y productos a base de captan o folpet (Bianchi, 2018).
  • Contra los insectos vectores (pulgones, cicadélidos): Insecticidas a base de piretroides (permetrina, cipermetrina) o neonicotinoides, pero su aplicación requiere extrema precaución por su toxicidad para las abejas (Westwood, 1993).

¡Recuerde! El método químico no es una panacea, sino una herramienta para una intervención de emergencia. Debe aplicarse de forma consciente y solo en combinación con los demás métodos de protección.

Conclusión principal del capítulo: La protección eficaz de la fresa contra las enfermedades se basa en tres pilares:

1. Agronomía – previene la aparición de enfermedades.

2. Bioproductos – frenan su desarrollo de forma segura.

3. Productos químicos – se utilizan como último recurso cuando otros métodos fallan.

En el próximo capítulo, el último, hablaremos de cómo reducir el riesgo de propagación de enfermedades y hacer que su lucha contra ellas sea más sistemática.

7. Cómo reducir el riesgo de propagación de enfermedades

Imagine que su jardín es un organismo vivo. Como cualquier organismo, tiene inmunidad, y nuestra tarea es fortalecer y proteger esa inmunidad. Incluso si aparece un arbusto enfermo en el terreno, con las acciones adecuadas podemos evitar una epidemia. Este capítulo trata de cómo convertir las medidas de protección dispersas en un sistema coherente que funcione durante todo el año (Hill and Perry, 2011; Westwood, 1993).

La idea clave es: las enfermedades no aparecen «de la nada». Se propagan a través de determinadas «rutas»: con el agua, el viento, los insectos, a través de las herramientas, el calzado, las plantas nuevas. Nuestra tarea es bloquear estas rutas y crear condiciones en las que los patógenos no puedan establecerse.

1. Cuarentena para las plantas nuevas

Esta es la regla número uno. El nuevo material de plantación es la fuente de infección más frecuente (Mandal et al., 2021).

  • Cuarentena de dos semanas: Incluso si las plántulas parecen sanas, manténgalas separadas de las plantaciones principales durante 2 a 3 semanas. Obsérvelas atentamente. Si durante ese tiempo no aparecen signos de enfermedad, puede plantarlas en su lugar definitivo.
  • Inspección y descarte: Ante los primeros síntomas sospechosos (manchas, marchitamiento, deformación), elimine y queme inmediatamente dicha planta.
  • Compre solo en lugares de confianza: Este consejo se repite por una razón. Ahorrar en plántulas sanas sale más caro que luego luchar contra las enfermedades (Bowling, 2000).

2. Aislamiento y eliminación de plantas enfermas

Si la enfermedad ya se ha manifestado, actúe con rapidez y decisión.

  • «Tala sanitaria»: Si observa un arbusto enfermo, desentiérrelo con raíz y el terrón de tierra más cercano (al menos 10–15 cm alrededor del cuello de la raíz). Es en el suelo donde pueden quedar esporas de hongos o nematodos.
  • Quema: Queme las plantas enfermas inmediatamente. No las ponga en el compost, no las deje en el bancal ni las arroje a la parcela vecina. El fuego es la única forma segura de destruir los patógenos (Hill and Perry, 2011).
  • «Banderas rojas»: Marque con estacas los lugares donde se eliminaron los arbustos enfermos. En la próxima temporada, no plante fresas allí, sino que siembre abonos verdes o cultivos no sensibles a ese patógeno.

3. Herramientas limpias – bancal limpio

Un error común es transferir la infección de una planta enferma a una sana a través de las herramientas de jardinería.

  • Desinfección después de cada arbusto: Si trabaja con plantas enfermas, desinfecte las tijeras de podar, las cizallas y otras herramientas después de tratar cada arbusto. Esto es especialmente importante al cortar estolones, eliminar hojas y al trabajar con arbustos sospechosos de enfermedades virales o bacterianas (Westwood, 1993).
  • Con qué desinfectar: La forma más accesible es limpiar las hojas con alcohol, solución de clorhexidina o una solución fuerte de permanganato de potasio. También se puede utilizar una solución de lejía al 10% (1 parte de lejía por 9 partes de agua), pero después se debe enjuagar bien la herramienta con agua y secarla para evitar la corrosión. Algunos jardineros prefieren calentar la herramienta al fuego (Hill and Perry, 2011).
  • Consejo práctico: Tenga dos tijeras de podar. Utilice una mientras la otra se remoja en la solución desinfectante. Alterne su uso.

4. Gestión de los restos vegetales

Las hojas viejas, las bayas enfermas y las malas hierbas son el «albergue» de los patógenos.

  • Eliminación del follaje viejo: Después de la fructificación, retire todas las hojas viejas y amarillentas. Esto no solo mejora la ventilación, sino que también priva a los hongos (causantes de manchas, oídio) de una fuente de esporas para la nueva temporada (Bianchi, 2018; Bowling, 2000).
  • Recogida de bayas enfermas: Durante el período de fructificación, recoja regularmente todas las bayas afectadas por la podredumbre gris. Incluso una baya podrida puede ser fuente de infección para todo un arbusto.
  • Compostaje solo de materia orgánica sana: Al compost solo se pueden enviar restos vegetales sanos (hierba cortada, restos de cultivos sanos). Las hojas, bayas y raíces enfermas, solo al fuego o a una eliminación profunda.

5. La rotación de cultivos como estrategia de salud

Ya hemos hablado de la rotación de cultivos en la prevención, pero vale la pena repetirlo: es la herramienta más poderosa contra las enfermedades del suelo.

  • La regla de los 4 a 5 años: No vuelva a plantar fresas en el mismo lugar antes de 4 a 5 años. Durante este tiempo, los patógenos del suelo (verticilosis, fusariosis) pierden parcialmente su actividad.
  • Cultivos «medicinales» adecuados: Entre las plantaciones de fresa, siembre abonos verdes que mejoren la salud del suelo:
  • Mostaza blanca y rábano oleífero: Suprimen el desarrollo de muchos hongos del suelo y nematodos.
  • Facelia: Mejora la salud del suelo y atrae insectos beneficiosos.
  • Altramuz y veza: Enriquecen el suelo con nitrógeno y mejoran su estructura.
  • Evite los «malos» antecesores: Como ya se ha dicho, evite plantar después de patatas, tomates, pimientos, berenjenas y frambuesas (Westwood, 1993; Hill and Perry, 2011).

6. Atraer «aliados»

En la naturaleza funciona el principio de «el enemigo de mi enemigo es mi amigo».

  • Insectos beneficiosos: Atraiga a su terreno mariquitas, crisopas, avispas parasitoides y escarabajos terrestres. Ellos destruyen los pulgones y cicadélidos, los principales vectores de virus y fitoplasmas. Plante junto a las fresas plantas nectaríferas: eneldo, hinojo, trigo sarraceno, caléndula, facelia (Hill and Perry, 2011).
  • Productos biológicos: Utilice productos biológicos (Trichoderma, Bacillus subtilis) no solo para el tratamiento, sino también para la prevención. Riéguelos en el suelo a principios de primavera y otoño, y trate las plántulas antes de plantarlas. Esto crea una «barrera» protectora de microorganismos beneficiosos en el suelo y en las hojas (Husaini and Neri, 2016; Sharma et al., 2019).

7. Monitoreo y observación

Esta es quizás la habilidad más importante del jardinero.

  • Inspección regular: Adquiera el hábito de recorrer los bancales una vez por semana y examinar las plantas. Cuanto antes detecte los primeros signos de enfermedad, más fácil y económico será solucionarlo.
  • «Mapa de enfermedades»: Lleve un registro: qué enfermedades aparecieron, cuándo y con qué tiempo. Esto le ayudará a predecir los riesgos para el año siguiente y a prepararse con antelación.
  • Aprenda de la experiencia: Intercambie información con otros jardineros vecinos, visite foros especializados, siga los pronósticos de los servicios de sanidad vegetal. El conocimiento es su principal arma (Hill and Perry, 2011).

Conclusión principal del capítulo:

La propagación de enfermedades es un proceso controlable. Su tarea es convertir su jardín en un sistema donde las enfermedades «no sean bienvenidas». Para ello, necesita:

1. Prevenir la introducción de infecciones (cuarentena, material sano).

2. Impedir su propagación (poda sanitaria, herramientas limpias, eliminación oportuna de plantas enfermas).

3. Crear un entorno desfavorable para los patógenos (rotación de cultivos, riego adecuado, buena ventilación).

4. Atraer aliados (microorganismos e insectos beneficiosos).

5. Ser observador y actuar con anticipación.

Recuerde: un jardín sano no es un lugar donde no haya enfermedades. Es un lugar donde no consiguen imponerse.

Conclusión final

Hemos recorrido el camino desde la comprensión de las causas de las enfermedades hasta la construcción de un sistema de protección. Aprendimos que las enfermedades no ocurren por casualidad, sino que son consecuencia de un desequilibrio en el sistema «planta – patógeno – ambiente». Aprendimos a distinguir a los principales enemigos de la fresa: hongos, bacterias, virus y fitoplasmas. Dominamos las habilidades de diagnóstico y conocimos enfermedades concretas, desde la podredumbre gris hasta el mosaico viral. Y, lo más importante, nos hemos equipado con herramientas prácticas de prevención y protección que nos permiten obtener una cosecha sana sin depender solo de la química.

Recuerde que el principal secreto del éxito reside en el enfoque sistemático y su atención. ¡Buena suerte y ricas cosechas!

Referencias

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  2. Bowling, B.L. (2000). ‘Strawberries’, in The Berry Grower's Companion. London, UK: Timber Press, pp. 57-92.
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  4. Choudhary, D., Mehta, A. (2003). ‘Diseases of Fruit Crops’, in Fruit crops. Jaipur, India: Oxford Book Company, pp. 277-290.
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