Enfermedades

Actualizado: 28 Junio 2026 Русский English

1. ¿Por qué la zanahoria se enferma con frecuencia? Características del cultivo

Zanahoria, a pesar de su aparente rusticidad, es un cultivo que exige atención. Sus delicadas plántulas, su follaje jugoso y su raíz dulce son un bocado apetitoso para numerosos patógenos. Para proteger con éxito la cosecha, es necesario comprender qué características de la planta la hacen vulnerable. En este capítulo analizaremos tres factores de riesgo principales que están presentes en la propia naturaleza de este cultivo.

1.1. Una «edad de oro» para los hongos: alta humedad y microclima

La mayoría de las enfermedades de la zanahoria, especialmente las que afectan a las hojas, son de origen fúngico. Para su desarrollo, por lo general se necesitan dos condiciones: presencia de humedad libre en las hojas y una temperatura determinada. El follaje denso de la zanahoria crea dentro del surco un microclima propio: húmedo y mal ventilado. Es un entorno ideal para la diseminación de esporas y el desarrollo de infecciones como la alternariosis (mancha parda de la hoja) o el mildiú polvoriento (Swiader & Ware, 1992; Akhatov et al., 2013). Por eso, en años lluviosos o con riego por aspersión frecuente, el riesgo de epifitias aumenta drásticamente.

1.2. Contacto permanente con el suelo: foco de infección cerca del «objetivo»

La raíz permanece todo el tiempo en el suelo, que es un reservorio natural de una enorme cantidad de microorganismos. Muchos de ellos son saprófitos, pero algunos, como los hongos de los géneros Fusarium, Pythium o bacterias, son patógenos que acechan a la planta debilitada o dañada (Autko et al., 2012). Son especialmente peligrosos los agentes de enfermedades de almacenamiento, que viven en el suelo durante años y no pierden su virulencia. Cuando la zanahoria comienza a engrosar, su cáscara se vuelve más firme, pero las microfisuras, las heridas de plagas o simplemente la humedad excesiva del suelo abren las puertas a la infección, que penetra en el interior de la raíz aún en el campo (Welbaum, 2015).

1.3. Daños mecánicos: el «billete de entrada» para la infección

La raíz de la zanahoria está compuesta por tejido jugoso y rico en azúcares, ideal para la alimentación de muchos patógenos. Cualquier daño —ya sea la mordedura de una larva de la mosca de la zanahoria, una grieta por riego irregular o un rasguño durante el deshierbe— se convierte en una «puerta de entrada» para la infección. Este problema es especialmente relevante durante la cosecha y el almacenamiento. Las numerosas heridas que sufre la raíz durante la recolección mecanizada la hacen indefensa frente a hongos y bacterias que comienzan a desarrollarse activamente en el almacén (Swiader & Ware, 1992). Por eso, una cosecha cuidadosa y una preparación adecuada para el almacenamiento son etapas críticas, y no solo una cuestión estética.

En resumen:

Los problemas con las enfermedades de la zanahoria están arraigados en su biología. No podemos cambiar el hecho de que la raíz crezca en la tierra, pero sí podemos y debemos manejar la humedad, proteger la planta de lesiones y realizar una prevención oportuna. Comprender estos tres factores es el primer paso hacia una cosecha sana. En los próximos capítulos analizaremos cómo distinguir una enfermedad de otra y qué hacer en cada caso concreto.

Bien, continuemos. Pasamos al grupo de enfermedades más visibles: las que afectan al follaje. A través de las hojas a menudo notamos que algo anda mal, y del estado del follaje depende directamente que la raíz se desarrolle.

2. Enfermedades del follaje: cómo reconocer la amenaza por las hojas

Las enfermedades del follaje de la zanahoria no son solo un defecto estético. Las hojas afectadas fotosintetizan menos, la planta se debilita y la raíz deja de crecer. En casos avanzados, el follaje muere por completo, lo que imposibilita la cosecha mecanizada y hace que las raíces no sean aptas para el almacenamiento. En este capítulo trataremos las cuatro enfermedades principales que los horticultores encuentran con mayor frecuencia y aprenderemos a diferenciarlas.

2.1. Alternariosis (mancha parda de la hoja)

Agente causal: hongos Alternaria dauci y Alternaria radicina (Akhatov et al., 2013; Geoffriau & Simon, 2021).

Cómo se manifiesta. Es quizás la enfermedad más común y peligrosa del follaje. Los primeros signos se pueden observar en las hojas más viejas y bajeras: aparecen pequeñas manchas parduzcas o negras, a menudo con un borde amarillento (halo clorótico). Con el tiempo, las manchas se agrandan, se fusionan y la lámina foliar se enrolla, se vuelve marrón y se seca, como si estuviera quemada (Swiader & Ware, 1992; Geoffriau & Simon, 2021). En los pecíolos se observan estrías oscuras alargadas. En clima húmedo, sobre las manchas se forma una capa grisácea o verde oliva oscuro: son las esporas del hongo.

Por qué ocurre. El hongo prefiere el calor (+20…+28 °C) y la alta humedad, por lo que los brotes de la enfermedad suelen darse en veranos lluviosos o con riego por aspersión frecuente (Autko et al., 2012). Las esporas se dispersan por el viento, el agua y los insectos. El patógeno pasa el invierno en los restos vegetales y en las semillas, por lo que el follaje no retirado es la principal fuente de infección para la siguiente temporada (Geoffriau & Simon, 2021).

Qué hacer.

  • Prevención. Rotación de cultivos (no volver a plantar zanahorias en el mismo sitio antes de 3–4 años). Destruir cuidadosamente todos los restos vegetales en otoño. Utilizar variedades e híbridos con resistencia relativa (por ejemplo, «Bolero», «Maestro», «Sirocco») (Autko et al., 2012; Akhatov et al., 2013).
  • Tratamiento. Ante los primeros signos, tratar las plantaciones con fungicidas autorizados (p. ej., «Skor» o «Quadris») siguiendo estrictamente las instrucciones. Para horticultores aficionados también están disponibles biofungicidas a base de bacilo de heno (Bacillus subtilis), que actúan como preventivos y en etapas tempranas (Geoffriau & Simon, 2021).

2.2. Cercosporiosis (mancha foliar por Cercospora)

Agente causal: hongo Cercospora carotae (Akhatov et al., 2013).

Cómo se manifiesta. Los síntomas son muy similares a los de la alternariosis, pero hay matices. Las manchas de la cercosporiosis suelen ser más redondeadas, con un centro bien definido: más claras en el medio y de color marrón oscuro en los bordes. A menudo aparecen en los márgenes de los folíolos, lo que hace que la hoja se enrolle. En clima húmedo, sobre las manchas se nota una capa de color gris claro, no olivácea como en la alternaria (Akhatov et al., 2013). El hongo también afecta a los pecíolos, causando úlceras alargadas.

Por qué ocurre. El desarrollo de la enfermedad se ve favorecido por el clima cálido (+23…+28 °C) y húmedo. La fuente de infección son los restos vegetales y las semillas. A diferencia de la alternariosis, la cercosporiosis se manifiesta más hacia el final de la temporada, aunque en condiciones favorables puede atacar antes (Swiader & Ware, 1992).

Qué hacer. Las medidas de protección son las mismas que para la alternariosis: rotación de cultivos, eliminación del follaje, uso de híbridos resistentes. Por lo general, no se distinguen productos químicos específicos contra la cercosporiosis en zanahoria; los mismos fungicidas de amplio espectro (p. ej., «Skor», «Quadris») son eficaces también contra ella (Akhatov et al., 2013).

2.3. Tizón bacteriano (bacteriosis)

Agente causal: bacteria Xanthomonas hortorum pv. carotae (Akhatov et al., 2013; Geoffriau & Simon, 2021).

Cómo se manifiesta. Esta enfermedad bacteriana puede confundirse al principio con las manchas fúngicas, pero tiene rasgos característicos. Aparecen pequeñas manchas amarillentas en hojas y pecíolos, que se oscurecen rápidamente hasta volverse marrones o casi negras, con un borde aceitoso (empapado de agua) y un halo amarillo. En los pecíolos afectados suelen aparecer gotitas de exudado pegajoso —moco bacteriano (Geoffriau & Simon, 2021). En tiempo seco, las zonas afectadas se secan y se agrietan. Con un desarrollo fuerte, las hojas mueren y las bacterias pueden penetrar en la raíz, causando su podredumbre ya en el campo (Akhatov et al., 2013).

Por qué ocurre. Las bacterias se diseminan con las gotas de lluvia, el agua de riego, el viento y los insectos. El clima cálido y húmedo favorece la enfermedad. La infección se transmite por semillas y permanece en los restos vegetales (Autko et al., 2012).

Qué hacer.

  • Prevención. Lo principal es utilizar semillas sanas (preferiblemente tratadas). Respetar la rotación de cultivos, evitar daños mecánicos a las plantas: a través de las heridas las bacterias penetran con mayor facilidad. Eliminar las malas hierbas de la familia Apiaceae (zanahoria silvestre, hoguera), ya que pueden ser reservorios de la infección (Akhatov et al., 2013).
  • Tratamiento. El control químico de las bacterias en el campo es difícil. Durante la vegetación pueden ayudar los productos a base de cobre (p. ej., caldo bordelés), pero no siempre garantizan una curación completa. Las medidas preventivas son las más efectivas. Las plantas afectadas deben eliminarse y quemarse.

2.4. Oídio (mildiú polvoriento)

Agente causal: hongos Erysiphe heraclei y Leveillula taurica (en regiones del sur) (Geoffriau & Simon, 2021; Akhatov et al., 2013).

Cómo se manifiesta. Esta enfermedad es inconfundible. Aparece un recubrimiento blanco, polvoriento, en el haz de las hojas (menos frecuentemente en el envés), primero en forma de manchas redondeadas aisladas y luego como una capa continua. El recubrimiento se frota fácilmente con el dedo. Con el tiempo se vuelve más denso, de color grisáceo, y sobre él se ven pequeños puntos negros: los cuerpos fructíferos del hongo (cleistotecios). Las hojas afectadas se vuelven amarillas, se secan y se desmenuzan (Swiader & Ware, 1992).

Por qué ocurre. A diferencia de otras enfermedades fúngicas, el oídio prefiere un clima no muy húmedo, sino más bien cálido y seco, con frecuentes oscilaciones de temperatura. Sin embargo, para la germinación de las esporas se necesita alta humedad ambiental. A menudo la enfermedad se manifiesta en la segunda mitad del verano. La fuente de infección son los restos vegetales y las malas hierbas de la familia Apiaceae (Autko et al., 2012).

Qué hacer.

  • Prevención. Cultivar híbridos resistentes (p. ej., «Bolero», «Maestro», «Sirocco»). Mantener aislamiento espacial de otras plantas de la familia Apiaceae. Evitar siembras densas para que el follaje esté mejor ventilado.
  • Tratamiento. Ante los primeros signos, tratar las plantas con el fungicida «Skor» (que también actúa contra el oídio) o, para huertos familiares, pulverizar con infusión de estiércol o solución de bicarbonato de sodio con jabón (efecto temporal). En Europa también se utiliza el producto «Prosaro», pero en Rusia no está registrado para todos los cultivos (Akhatov et al., 2013).

Nota importante: enfermedades víricas del follaje

Para terminar el tema, mencionemos los virus. En las hojas suelen causar mosaico (alternancia de zonas claras y oscuras), amarilleamiento de las nervaduras, enrollamiento y enanismo. Los más conocidos son el virus del mosaico de la zanahoria (Carrot mosaic), el virus de la hoja fina de la zanahoria (Carrot thin leaf virus) y la amarillez del aster (Aster yellows), causada por un fitoplasma (Geoffriau & Simon, 2021; Akhatov et al., 2013). Los virus se transmiten por pulgones, cicadélidos y otros insectos chupadores.

El principal problema: una planta infectada por un virus no se puede curar. La única protección es la prevención: control de insectos vectores, eliminación de plantas afectadas y destrucción de malas hierbas reservorio. Los virus no suelen transmitirse por semilla (excepto algunos), pero pueden persistir en las raíces madre (Akhatov et al., 2013).

En resumen:

Las enfermedades del follaje son mayoritariamente fúngicas (alternariosis, cercosporiosis, oídio) o bacterianas (tizón). Todas prefieren la humedad, pero responden de manera diferente a la temperatura. Los principales métodos de protección son la rotación de cultivos, la eliminación de restos vegetales, el uso de variedades resistentes y los tratamientos fungicidas oportunos (para hongos) o la eliminación de plantas enfermas (para bacterias y virus). En el próximo capítulo abordaremos las enfermedades que se esconden en el suelo y afectan a la propia raíz.

Bien, pasamos al tema más importante para el horticultor: las enfermedades que afectan a la raíz mientras aún está en la tierra. Después de todo, es la cosecha lo que queremos conservar.

3. Enfermedades de las raíces en el suelo: amenaza oculta bajo tierra

Mientras la raíz permanece en el suelo, sus enfermedades no siempre son visibles. Los primeros signos —amarilleamiento o marchitamiento del follaje, retraso del crecimiento— pueden indicar múltiples problemas, y a menudo el horticultor solo se da cuenta del problema en la cosecha. A veces, una zanahoria de aspecto sano ya está infectada y la podredumbre solo se manifestará en el almacenamiento. En este capítulo analizaremos las principales enfermedades que atacan las raíces directamente en el surco, sus síntomas y las medidas preventivas.

3.1. Podredumbre negra (alternariosis de la raíz)

Agente causal: hongo Alternaria radicina (Akhatov et al., 2013; Geoffriau & Simon, 2021).

Cómo se manifiesta. Es una de las enfermedades más traicioneras. En el campo, en la raíz solo se pueden observar pequeñas manchas oscuras, ligeramente deprimidas, a menudo en la corona (donde se unen los pecíolos) o en los «hombros». Las manchas pueden ser secas al tacto (Akhatov et al., 2013; Swiader & Ware, 1992). El principal peligro es que el hongo se desarrolla muy bien durante el almacenamiento: las manchas se agrandan, se vuelven negras, penetran en el interior y la raíz se pudre, cubriéndose de una capa oscura. En las plántulas, el mismo hongo causa el «mal del pie» (damping‑off): un estrangulamiento en la base del tallo y la muerte de las plantas jóvenes (Akhatov et al., 2013).

Por qué ocurre. El hongo vive en el suelo, en los restos vegetales y en las semillas. En el suelo puede conservarse hasta 8 años (Akhatov et al., 2013). El desarrollo de la enfermedad en el campo se ve favorecido por el clima cálido (+20…+25 °C) y húmedo. Las raíces con daños mecánicos son especialmente susceptibles: a través de las heridas el hongo penetra con mayor facilidad.

Qué hacer.

  • Prevención. Rotación de cultivos con retorno al mismo sitio no antes de 3–4 años. Seleccionar cuidadosamente las semillas: solo de plantas sanas o tratadas. Destruir todos los restos vegetales. Aplicar fertilizantes equilibrados: el exceso de nitrógeno aumenta la susceptibilidad a la enfermedad (Akhatov et al., 2013; Autko et al., 2012).
  • Tratamiento. Durante la vegetación, ante los primeros signos de alternariosis en las hojas, usar fungicidas («Skor», «Quadris»). Para huertos familiares, el biofungicida «Fitosporin‑M» ha dado buenos resultados; se puede pulverizar sobre las plantas y aplicar al suelo. Sin embargo, eliminar por completo A. radicina del suelo es difícil, por lo que el énfasis debe estar en la prevención (Geoffriau & Simon, 2021).

3.2. Mancha cavitaria (pythiosis, «cavity spot»)

Agente causal: grupo de hongos oomicetos del género Pythium (P. violae, P. sulcatum, P. ultimum y otros) (Geoffriau & Simon, 2021; Akhatov et al., 2013).

Cómo se manifiesta. Un síntoma muy característico: aparecen pequeñas (1–10 mm) manchas ovaladas y deprimidas, dispuestas transversalmente en la raíz (Geoffriau & Simon, 2021). Las manchas pueden ser translúcidas o negras, a menudo se agrietan en los bordes. Exteriormente, la raíz puede parecer casi sana, pero las infecciones secundarias entran por las lesiones y durante el almacenamiento comienza la podredumbre. En caso de ataque severo, las raíces se vuelven deformes, ramificadas y pierden su aspecto comercial (Akhatov et al., 2013).

Por qué ocurre. Los hongos del género Pythium viven en el suelo y atacan las raíces desde la fase de plántula. Diferentes especies requieren condiciones distintas: unas son activas con clima cálido (por encima de +18 °C), otras con clima fresco (+10…+18 °C) y húmedo (Geoffriau & Simon, 2021). Favorecen la enfermedad los suelos ácidos, el exceso de fertilizantes nitrogenados, las siembras densas y la falta de rotación de cultivos (Akhatov et al., 2013). La infección se transmite a través del suelo y los restos vegetales.

Qué hacer.

  • Prevención. Cultivar híbridos resistentes (p. ej., «Bolero», «Maestro», «Sirocco», «Tempo») (Autko et al., 2012; Geoffriau & Simon, 2021). Respetar la rotación de cultivos. Encasar los suelos ácidos. Evitar el encharcamiento. Es importante: aplicar estiércol o compost bien descompuesto, no fresco, ya que el fresco favorece el desarrollo de la pythiosis (Akhatov et al., 2013).
  • Tratamiento. El control químico en el campo es difícil. En algunos casos (principalmente en producción de semillas) se realiza desinfección del suelo. Los horticultores deben centrarse en las prácticas agronómicas. Los estudios muestran que la reducción de la densidad de siembra y el control de la humedad del suelo (drenaje, siembra en caballones) ayudan a reducir los síntomas de la enfermedad (Geoffriau & Simon, 2021).

3.3. Podredumbre blanca (esclerotiniasis)

Agente causal: hongo Sclerotinia sclerotiorum (Akhatov et al., 2013; Geoffriau & Simon, 2021).

Cómo se manifiesta. En el campo, esta enfermedad es menos frecuente que en el almacenamiento, pero puede iniciarse en el surco, especialmente si el verano es húmedo y fresco. En el lugar de la infección (a menudo en la corona o en un costado), el tejido se ablanda, se vuelve húmedo y acuoso, pero no cambia de color o se torna ligeramente pardo. Más tarde, en la superficie aparece un crecimiento blanco, algodonoso (micelio), sobre el cual luego se forman negras y duras estructuras (esclerocios) de hasta 1–2 cm —los órganos de reposo del hongo, que pueden esperar en el suelo durante años (Akhatov et al., 2013; Geoffriau & Simon, 2021).

Por qué ocurre. El hongo es polífago, afecta a más de 400 especies de plantas. Se conserva en el suelo en forma de esclerocios. La infección se produce a través de heridas en las raíces o a través de raíces debilitadas, dañadas por heladas o sobremaduras. Favorecen la enfermedad el exceso de nitrógeno, la densidad de siembra y la alta humedad (Autko et al., 2012).

Qué hacer.

  • Prevención. Rotación de cultivos con retorno de la zanahoria a los 3–4 años. Evitar los cultivos precedentes muy susceptibles a la podredumbre blanca (tomates, pepinos, coles). Eliminar cuidadosamente los restos vegetales. Encasar los suelos ácidos. No abusar del nitrógeno (Akhatov et al., 2013).
  • Tratamiento. Los tratamientos químicos en el campo son poco eficaces. El control principal se realiza en el almacén (de lo que hablaremos en el próximo capítulo). En huertos y parcelas es importante retirar a tiempo las plantas infectadas y no almacenar raíces ni siquiera con sospecha de enfermedad.

3.4. Podredumbre húmeda bacteriana (podredumbre blanda bacteriana)

Agente causal: bacterias Pectobacterium carotovorum subsp. carotovorum y otras (Akhatov et al., 2013; Geoffriau & Simon, 2021).

Cómo se manifiesta. Esta enfermedad puede comenzar tanto en el campo como en el almacén. En el suelo suele afectar a raíces debilitadas o dañadas. El tejido se vuelve blando, acuoso, mucilaginoso, se deshace en una pasta con un olor desagradable característico. La raíz se ablanda por completo, aunque la piel puede permanecer intacta durante algún tiempo (Geoffriau & Simon, 2021; Swiader & Ware, 1992). En las hojas y pecíolos, la bacteria también puede causar manchas oscuras acuosas y marchitamiento (Akhatov et al., 2013).

Por qué ocurre. Las bacterias viven en el suelo y en los restos vegetales. Son patógenos de heridas: penetran solo a través de daños mecánicos, grietas, mordeduras de plagas (especialmente larvas de la mosca de la zanahoria y gusanos de alambre). El desarrollo de la enfermedad se ve favorecido por el clima cálido (+22…+29 °C) y húmedo (Akhatov et al., 2013).

Qué hacer.

  • Prevención. Lo principal es evitar dañar las raíces. Deshierbe cuidadoso, control de plagas del suelo. Evitar el encharcamiento. Respetar la rotación de cultivos. No regar abundantemente antes de la cosecha. Seleccionar para el almacenamiento solo raíces absolutamente sanas y sin daños (Swiader & Ware, 1992).
  • Tratamiento. Los productos a base de cobre en las etapas iniciales pueden frenar algo la propagación, pero no existe un tratamiento eficaz en el campo. Las plantas enfermas se eliminan inmediatamente y se queman.

3.5. Podredumbre seca por Fusarium

Agente causal: hongos del género Fusarium (principalmente F. solani, F. avenaceum, F. culmorum) (Geoffriau & Simon, 2021; Akhatov et al., 2013).

Cómo se manifiesta. En las raíces que crecen en el suelo, la enfermedad puede aparecer de diversas formas. A veces son manchas oscuras, deprimidas y secas en la superficie, que se profundizan con el tiempo y pueden agrietarse. A menudo, la infección comienza en la corona de la raíz, donde aparece una podredumbre negra en la unión con los pecíolos. En caso de ataque severo, la raíz se arruga, se vuelve ligera y leñosa (Akhatov et al., 2013). En plantas jóvenes, Fusarium causa marchitamiento: las hojas inferiores se vuelven amarillas y se secan, la planta se retrasa en el crecimiento, y en las raíces aparecen necrosis (Geoffriau & Simon, 2021).

Por qué ocurre. Los hongos están muy extendidos en el suelo y en los restos vegetales. Penetran en la raíz a través de heridas o a través de células intactas en el cuello de la raíz. El desarrollo de la enfermedad se ve favorecido por un otoño cálido (+18…+23 °C), daños mecánicos durante la cosecha, así como el debilitamiento de las plantas por falta de agua o nutrientes (Akhatov et al., 2013). En el almacén, el Fusarium progresa, causando la podredumbre seca.

Qué hacer. Las medidas son las mismas que para otras podredumbres radiculares: rotación de cultivos, eliminación de restos vegetales, uso de material de siembra sano, cosecha cuidadosa. Las variedades con alta resistencia a Fusarium aún no están muy extendidas, pero algunos híbridos («Canterbury», «Soprano») muestran tolerancia relativa (Autko et al., 2012; Geoffriau & Simon, 2021). Entre los biofungicidas se pueden utilizar «Fitosporin» y Trichoderma (hongos antagonistas del suelo) como prevención.

En resumen:

Las enfermedades de las raíces en el suelo son, en su mayoría, el resultado de la combinación de tres factores: presencia del patógeno en el suelo, daño a la raíz y condiciones favorables (humedad, temperatura). No tenemos un remedio universal para todas, pero sí un sistema fiable de prevención: rotación de cultivos + semilla sana + prácticas agronómicas cuidadosas + control de plagas. Recuerde: muchas enfermedades comienzan en el campo, pero se manifiestan plenamente durante el almacenamiento. Por lo tanto, la atención a las raíces en el surco es la clave para su larga vida en la bodega. En el próximo capítulo abordaremos qué enfermedades acechan la cosecha después de la recolección.

4. Enfermedades del almacenamiento: cómo salvar la cosecha en la bodega

Cultivar zanahorias sanas es solo la mitad del trabajo. Lo más frustrante es perder la cosecha después de la recolección, cuando aparentemente todos los peligros han quedado atrás. Pero es precisamente en el almacén, en espacios reducidos y con alta humedad, donde muchos patógenos que llegaron inadvertidos desde el campo comienzan a desarrollarse activamente. En este capítulo analizaremos las tres principales enfermedades del almacenamiento de la zanahoria, aprenderemos a distinguirlas y, lo más importante, a prevenirlas.

4.1. Podredumbre negra (alternariosis) en el almacenamiento

Agente causal: hongo Alternaria radicina (Akhatov et al., 2013; Geoffriau & Simon, 2021).

Cómo se manifiesta. Si en el suelo la podredumbre negra suele pasar desapercibida, en el almacén se muestra en todo su esplendor. En las raíces, con mayor frecuencia en la parte superior (corona) o en los lugares con daños mecánicos, aparecen manchas secas, deprimidas y negras. Se agrandan progresivamente, pueden cubrir gran parte de la superficie y penetrar profundamente hasta el corazón (Geoffriau & Simon, 2021). A diferencia de las podredumbres húmedas, el tejido afectado permanece relativamente firme y seco. En la superficie de la podredumbre suele observarse una capa de esporulación grisácea o negra olivácea. En caso de ataque severo, la raíz se arruga, se vuelve ligera y no es apta para el consumo (Akhatov et al., 2013; Swiader & Ware, 1992).

Por qué ocurre. La fuente de infección es el suelo contaminado, los restos vegetales y, lo que es especialmente importante, las semillas (Autko et al., 2012). El hongo A. radicina es muy persistente y puede sobrevivir en el suelo hasta 8 años (Geoffriau & Simon, 2021). En el almacén, el desarrollo de la enfermedad se ve favorecido por el aumento de la temperatura y la humedad del aire. Las raíces con microlesiones sufridas durante la cosecha, o las recolectadas en tiempo húmedo, son las más afectadas. También tienen alto riesgo las zanahorias cosechadas inmaduras o, por el contrario, sobremaduras (Akhatov et al., 2013).

Cómo prevenirlo.

  • Selección. ¡Esta es la regla principal! Antes de almacenar, revise cuidadosamente cada zanahoria. Deseche todos los ejemplares con las más mínimas manchas oscuras, grietas, rasguños, así como las marchitas, dañadas por heladas o deformes. Incluso una raíz enferma puede infectar a las vecinas (Swiader & Ware, 1992).
  • Cosecha adecuada. Trate de cosechar las zanahorias en tiempo seco. No golpee las raíces entre sí para quitar la tierra, ya que esto daña la piel. Si las zanahorias fueron extraídas de tierra húmeda, deben secarse en un lugar bien ventilado (¡no al sol!) hasta que la humedad superficial se haya evaporado por completo (Autko et al., 2012).
  • Condiciones de almacenamiento. La temperatura ideal para almacenar zanahorias es de 0…+2 °C, con una humedad relativa del 90‑95% (Swiader & Ware, 1992). No se permiten fluctuaciones bruscas de temperatura y humedad, ya que provocan condensación y favorecen las enfermedades. El almacén debe estar limpio y desinfectado previamente (encalado con cal y sulfato de cobre).
  • Protección biológica. Antes del almacenamiento, las raíces se pueden tratar con biofungicidas, por ejemplo «Fitosporin‑M» (según las instrucciones), que suprime el desarrollo de infecciones fúngicas (Akhatov et al., 2013). También ayuda el espolvoreo con tiza (crea un ambiente alcalino desfavorable para los hongos).

4.2. Podredumbre blanca (esclerotiniasis) en el almacén

Agente causal: hongo Sclerotinia sclerotiorum (Geoffriau & Simon, 2021; Akhatov et al., 2013).

Cómo se manifiesta. Esta es quizás la enfermedad de almacenamiento más peligrosa y de rápida propagación. Comienza con una pequeña zona en la superficie de la raíz que se vuelve blanda, húmeda y acuosa, pero no se oscurece; conserva su color natural o se vuelve ligeramente parda. Muy rápidamente, esa zona se cubre con un crecimiento blanco, algodonoso y abundante (micelio). El micelio se extiende fácilmente a las raíces vecinas, pegándolas en una masa podrida (Geoffriau & Simon, 2021). Al cabo de un tiempo, sobre el recubrimiento blanco aparecen estructuras negras, duras y de forma irregular: los esclerocios, que parecen terrones de tierra. El hongo literalmente chupa todos los jugos de la raíz, convirtiéndola en una masa blanda y acuosa con olor desagradable (Akhatov et al., 2013; Swiader & Ware, 1992).

Por qué ocurre. El hongo causante es un polífago notorio. Los esclerocios (sus órganos de reposo) pueden conservarse durante años en el suelo, en los restos vegetales y en el propio almacén (Geoffriau & Simon, 2021). En el almacén, la enfermedad se desarrolla en focos. Las causas más frecuentes son:

  • Almacenar raíces que han sufrido enfriamiento o daño por heladas.
  • Cosechar zanahorias inmaduras o sobremaduras.
  • Exceso de fertilizantes nitrogenados durante la vegetación (los tejidos se vuelven más sueltos).
  • Daños en las raíces (puerta de entrada de la infección).
  • Temperatura demasiado alta en el almacén (el óptimo para el hongo es +15…+20 °C, pero puede crecer incluso a +1 °C) (Akhatov et al., 2013).

Cómo prevenirlo. Todo lo mismo que para la podredumbre negra, pero con énfasis adicionales:

  • Selección. La podredumbre blanca «devora» especialmente rápido las raíces dañadas por heladas y las marchitas. Exclúyalas sin piedad.
  • Régimen de almacenamiento. La temperatura y la humedad son críticas. Procure mantener +1 °C para ralentizar el desarrollo del hongo.
  • Reducción de focos. Si nota una raíz enferma, retírela inmediatamente junto con 2‑3 vecinas más cercanas, porque el micelio ya puede haberse extendido a ellas (Geoffriau & Simon, 2021). Espolvoree el lugar infectado en el almacén con cal viva o tiza.
  • Prevención en el campo. Respete la rotación de cultivos, no aplique estiércol fresco, use fertilizantes equilibrados (Autko et al., 2012). Es interesante que la siembra de abonos verdes biofumigantes (por ejemplo, mostaza blanca) en el período entre cultivos ayuda a reducir el número de esclerocios en el suelo (Geoffriau & Simon, 2021).

4.3. Podredumbre seca por Fusarium

Agente causal: hongos del género Fusarium (principalmente F. solani, F. avenaceum, F. culmorum) (Geoffriau & Simon, 2021; Akhatov et al., 2013).

Cómo se manifiesta. En el almacén, el Fusarium se manifiesta como podredumbre seca. Aparecen manchas oscuras, ligeramente deprimidas, que se van secando y arrugando. El tejido afectado adquiere un color pardo o marrón, se vuelve quebradizo y se desmiga fácilmente (Swiader & Ware, 1992). En la superficie de las manchas a veces se observa un recubrimiento blanquecino‑rosado o blanco‑verdoso, que corresponde a la esporulación del hongo (Geoffriau & Simon, 2021). A diferencia de la podredumbre negra, la infección suele comenzar no en la corona, sino en los costados o en la punta. La podredumbre se desarrolla lentamente pero sin pausa, y la raíz acaba secándose por completo, convirtiéndose en una momia (Akhatov et al., 2013).

Por qué ocurre. Los hongos Fusarium están muy extendidos en el suelo y en los restos vegetales. A menudo infectan plantas debilitadas ya en el campo, causando marchitamiento y necrosis en las raíces (Autko et al., 2012). En el almacén, la enfermedad se activa con temperaturas elevadas (especialmente si la cosecha se almacenó en otoño con tiempo cálido, +18…+23 °C). Al igual que otras podredumbres, el Fusarium prefiere las raíces con daños mecánicos: a través de las heridas el hongo penetra con mayor facilidad (Akhatov et al., 2013).

Cómo prevenirlo.

  • Selección y secado. Como en todas las podredumbres, lo principal es seleccionar solo raíces absolutamente sanas y secarlas bien antes del almacenamiento.
  • Condiciones de almacenamiento. La baja temperatura (0…+2 °C) es la mejor defensa contra Fusarium. Los hongos del género Fusarium son sensibles a las temperaturas bajas, aunque pueden desarrollarse a +4 °C (Geoffriau & Simon, 2021).
  • Prácticas agronómicas en el campo. La rotación de cultivos, la ausencia de estiércol fresco, el riego moderado y el control de plagas reducen la infección del cultivo en el campo. Algunos híbridos, como «Bolero» y «Maestro», muestran relativa resistencia a Fusarium (Autko et al., 2012; Geoffriau & Simon, 2021).

Consejo práctico: cómo almacenar zanahorias para que se pudran menos

Para horticultores y pequeños agricultores, los siguientes métodos, probados por el tiempo, son especialmente populares:

1. Almacenamiento en cajas con arena. La arena debe estar ligeramente húmeda (¡no mojada!). Crea un microclima constante, protege las raíces de la desecación y de la propagación de podredumbres.

2. Almacenamiento en bolsas de plástico. Las zanahorias se llenan en bolsas y se dejan abiertas (sin atar) para que circule el aire. En las bolsas se crea una humedad natural elevada, beneficiosa para la zanahoria. Lo principal es evitar la condensación y el sobrecalentamiento.

3. Tratamiento con «lechada de tiza». Antes del almacenamiento, las raíces se sumergen en una solución de tiza (o se espolvorean con tiza seca). La tiza crea un ambiente alcalino en la superficie que frena el desarrollo de muchos hongos (Swiader & Ware, 1992).

4. Ventilación. El almacén debe ventilarse regularmente (si la temperatura exterior no es demasiado baja) para evitar la acumulación de etileno y otros gases que estimulan la putrefacción.

En resumen:

Los principales enemigos de la zanahoria en el almacén son la podredumbre negra, la blanca y la de Fusarium. Todas ellas, por lo general, llegan al almacén desde el campo en forma de microesporas o infecciones latentes. Tres reglas principales para salvar la cosecha: 1) selección cuidadosa de raíces sanas y sin daños; 2) creación de condiciones óptimas (0…+2 °C, humedad 90‑95%); 3) tratamientos preventivos (biofungicidas, tiza, arena). Recuerde: es más fácil prevenir la enfermedad que curarla. En el próximo y último capítulo, responderemos a la pregunta más práctica: cuándo se puede intentar salvar una zanahoria enferma y cuándo hay que desecharla sin piedad.

5. ¿Cuándo no se deben conservar las raíces afectadas? Criterios prácticos de descarte

Después de la cosecha y durante el almacenamiento, todo horticultor se enfrenta a la difícil pregunta: ¿qué hacer con las zanahorias que presentan manchas o daños sospechosos? Da pena tirarlas, pero dejarlas es arriesgado, ya que una zanahoria enferma puede contaminar todo el cajón. En este capítulo final ofrecemos criterios claros y prácticos para ayudar a tomar la decisión correcta: qué se puede salvar, qué se debe eliminar inmediatamente y por qué.

5.1. ¿Por qué es importante descartar a tiempo las raíces enfermas?

La zanahoria es un producto que a menudo se consume crudo (ensaladas, zumos) o con un tratamiento térmico mínimo. Por lo tanto, la seguridad es lo primero. Muchos hongos patógenos (en particular, Fusarium, Alternaria, Sclerotinia) pueden producir micotoxinas, sustancias tóxicas peligrosas para humanos y animales (Geoffriau & Simon, 2021; Akhatov et al., 2013). Algunas toxinas son termoestables y no se destruyen al hervir o guisar. Además, incluso la parte aparentemente sana de una raíz que estaba junto a la podredumbre puede estar ya impregnada de micelio y contener toxinas (Swiader & Ware, 1992). Por lo tanto, la regla de «cortar la parte podrida y comer el resto» no siempre es segura para la zanahoria.

La segunda razón es económica: una raíz en descomposición libera humedad y esporas que estimulan el desarrollo de enfermedades en las vecinas. En el almacén, donde la humedad es alta y el espacio reducido, la infección se propaga muy rápidamente. Por ello, el descarte oportuno es el principal método de protección de toda la cosecha (Autko et al., 2012).

5.2. Signos que indican que la raíz debe eliminarse inmediatamente y no utilizarse

Estos signos indican un daño profundo de los tejidos, un alto riesgo de toxinas y la posible infección de las raíces vecinas.

1. Podredumbre que penetra en el corazón (parte central de la raíz)

Si al cortar se observa que las zonas oscuras o ablandadas han llegado al centro (corazón), o que todo el corazón ha cambiado de color y se ha vuelto marrón, suelto o desmenuzable, esa raíz no se puede salvar. Los tejidos internos ya están completamente infectados. Esto es característico de la podredumbre por Fusarium, la podredumbre negra y la pythiosis (Geoffriau & Simon, 2021; Akhatov et al., 2013).

2. Presencia de crecimiento mohoso (micelio) y esclerocios

Si en la superficie de la raíz aparece un recubrimiento blanco y algodonoso o estructuras negras y duras (esclerocios), es un signo de podredumbre blanca (esclerotiniasis). Estas raíces son muy contagiosas y tóxicas. No deben conservarse ni siquiera para procesamiento (Geoffriau & Simon, 2021; Swiader & Ware, 1992). Retírelas junto con 2‑3 raíces vecinas, aunque parezcan sanas, porque las esporas ya pueden haber caído sobre ellas.

3. Olor desagradable, fuerte (pútrido, agrio, a humedad)

Cualquier olor extraño, especialmente agrio, pútrido o amoniacal, indica actividad bacteriana (podredumbre húmeda) o descomposición profunda de los tejidos. Aunque el daño exterior parezca pequeño, el olor revela que los procesos internos han avanzado mucho. Esa zanahoria no solo no es sabrosa, sino también peligrosa (Akhatov et al., 2013).

4. Ablandamiento severo, aspecto acuoso y pérdida de forma

Si la raíz se ha vuelto flácida, blanda al tacto, exuda líquido con una ligera presión y la piel se desprende, son signos de podredumbre bacteriana o fúngica húmeda profunda. La consistencia y la estructura están completamente alteradas, y esa raíz no es apta para el consumo (Swiader & Ware, 1992). Debe retirarse y desecharse (¡no al compost!).

5. Arrugamiento y ennegrecimiento (momificación)

En etapas avanzadas de la podredumbre seca por Fusarium y la podredumbre negra, la raíz se seca, se vuelve ligera, arrugada, casi negra o marrón oscura. Estas «momias» ya no contienen nutrientes, pero pueden ser fuente de esporas. Retírelas sin remordimientos (Geoffriau & Simon, 2021; Akhatov et al., 2013).

5.3. Cuándo aún se puede intentar salvar la raíz (con precauciones de seguridad)

En algunos casos, si el daño es superficial y reciente, se puede utilizar parte de la raíz, pero con mucha precaución.

1. Raspaduras, cortes o manchas secas superficiales que no superen los 2‑3 mm de profundidad

Si solo se ve un ligero oscurecimiento superficial, una grieta o una mancha que no penetra en la pulpa, se puede intentar cortar esa zona con un margen (al menos 1 cm de tejido sano). Es importante que la pulpa al corte sea jugosa, brillante, sin vetas y con olor normal. Sin embargo, recuerde: esto solo es aceptable para raíces que se consumirán en breve (en uno o dos días) y que se someterán a un tratamiento térmico intenso (hervido, guisado). Para ensaladas frescas o zumos, es mejor no utilizar estas raíces, ya que el riesgo de toxinas persiste (Geoffriau & Simon, 2021).

2. Raíces con daños puramente mecánicos (grietas por riego irregular)

Si la zanahoria se ha agrietado, pero la grieta está limpia, seca, sin recubrimiento oscuro ni olor desagradable, se puede usar para procesamiento, pero siempre después de pelarla y eliminar todas las zonas sospechosas. Sin embargo, recuerde que las grietas son «puertas de entrada» para la infección, por lo que estas raíces no son aptas para el almacenamiento prolongado: consúmalas lo antes posible (Swiader & Ware, 1992).

5.4. Algoritmos prácticos de actuación al detectar podredumbre en el almacén

1. Inspección inmediata. Si nota al menos una raíz enferma, revise todo el cajón o bolsa de inmediato. La podredumbre puede estar oculta en el centro, así que revíselo todo, examinando cada raíz.

2. Zonificación. Retire no solo la raíz claramente enferma, sino también todas las que estaban en contacto con ella (en un radio de 5‑10 cm). Pueden estar infectadas aunque los síntomas aún no se hayan manifestado.

3. Limpieza del lugar. El lugar donde yacía la raíz enferma (cajón, estante, arena) debe desinfectarse. Use una solución de permanganato de potasio, sulfato de cobre o simplemente espolvoree con cal apagada (Autko et al., 2012).

4. Eliminación. Las raíces enfermas no deben ir a la pila de compost (especialmente si hay esclerocios o micelio), ya que propagarían la infección por toda la parcela. Lo mejor es quemarlas o sacarlas del terreno (Akhatov et al., 2013).

5.5. Tabla resumen para la toma de decisiones

Síntoma de daño Qué hacer Por qué
Pequeña mancha seca superficial (hasta 2‑3 mm de profundidad), olor normal Se puede cortar con margen (1 cm) y consumir pronto (con tratamiento térmico) El riesgo de toxinas es bajo, pero los tejidos internos pueden estar infectados; por eso se necesita un procesamiento rápido
La podredumbre ha penetrado más de 3‑5 mm pero no ha llegado al corazón, sin olor Cortar completamente la zona afectada con un amplio margen, usar solo para hervir o guisar (no para ensaladas) Alto riesgo de micotoxinas en los tejidos circundantes
La podredumbre ha llegado al corazón o todo el corazón ha cambiado de color / está suelto Desechar inmediatamente. No usar para alimentos. Infección profunda; las toxinas se distribuyen por toda la raíz
Presencia de recubrimiento blanco algodonoso (micelio) o esclerocios negros Retirar inmediatamente junto con las vecinas (2‑3 piezas). No usar. La podredumbre blanca es muy contagiosa y tóxica; los esclerocios son fuente de infección durante años
Olor desagradable (pútrido, agrio) o exudado líquido Desechar inmediatamente toda la raíz. Infección bacteriana con descomposición profunda, peligrosa para la salud
La raíz está flácida, arrugada, demasiado ligera Desechar. Etapa final de podredumbre seca, pérdida de valor nutricional y posibles toxinas

En resumen:

La seguridad ante todo. Si tiene la más mínima duda sobre la calidad de una raíz, es mejor desecharla. La cosecha cultivada es su trabajo, pero la salud es más valiosa. Utilice criterios sencillos: si la podredumbre supera los 3 mm de profundidad, ha afectado al corazón, presenta olor desagradable o moho, esa raíz no debe conservarse ni consumirse en absoluto. En caso de daños superficiales, se puede intentar salvar una parte, pero solo con la condición de un tratamiento térmico obligatorio y un consumo rápido. Y lo más importante: no permita que una sola zanahoria enferma eche a perder toda su cosecha: revise periódicamente sus existencias y elimine de inmediato los focos de infección.

Referencias

  1. Groves, R.L., Clements, J.R., Bradford, B.Z. (2020). ‘Carrot Diseases Resulting from Phytoplasmas and Viruses’, in Carrots and related Apiaceae crops. Wallingford: CABI, pp. 148-155.
  2. Le Clerc, V., Briard, M. (2020). ‘Carrot Disease Management’, in Carrots and related Apiaceae crops. Wallingford: CABI, pp. 115-129.
  3. Swiader, J.M., Ware, G.W., McCollum, J.P. (1992). ‘Root Crops — Carrots, Beets, and Related Vegetables (Horseradish, Parsnips, Radishes, Rutabagas, Turnips, Jerusalem Artichokes)’, in Producing Vegetable Crops. Danville, Illinois: Interstate Publishers, pp. 179-308.
  4. Welbaum, G.E. (2015). ‘Family Apiaceae’, in Vegetable production and practices. Boston, MA: CABI, ch. 21.
  5. Аутко, А.А. (2012). ‘Современные технологии выращивания овощных культур [Modern technologies for growing vegetable crops]’, in Современные технологии в овощеводстве [Modern technologies in vegetable growing]. Минск, Белоруссия: Беларус. навука, pp. 93-347.
  6. Ахатов, А.К., Ганнибал, Ф.Б., Мешков, Ю.И., Джалилов, Ф.С., Чижов, В.Н., Игнатов, А.Н., Полищук, В.П., Шевченко, Т.П., Борисов, Б.А., Стройков, Ю.М., Белошапкина, О.О. (2013). ‘Болезни и вредители моркови столовой’, in Болезни и вредители овощных культур и картофеля. Москва: КМК, pp. 304-333.