Enfermedades

Actualizado: 24 Junio 2026 Русский English

1. ¿Por qué los tomates se enferman tan a menudo? En busca de la raíz del problema

Tomate es uno de los cultivos más populares y queridos del mundo. Se cultiva en enormes campos, en pequeños invernaderos y hasta en el alféizar de un apartamento urbano. Parecería que, con una distribución tan amplia, la planta debería ser resistente y poco exigente. Sin embargo, en la práctica, todo aquel que ha intentado cultivar tomates se ha enfrentado a problemas: las hojas se amarillean y se secan, aparecen manchas en los frutos y una planta aparentemente sana se marchita de repente.

Las razones de este “malestar” son varias y, por lo general, actúan simultáneamente, debilitando la planta y convirtiéndola en presa fácil para los organismos patógenos. Comprender estas razones es el primer paso y el más importante para proteger con éxito su cosecha.

1. “Vulnerabilidad genética”: el precio de la domesticación. Los tomates que comemos hoy son el resultado de un largo proceso de selección. Nuestros antepasados eligieron los frutos más grandes, sabrosos y productivos. Este trabajo de siglos ha llevado a que la diversidad genética de las variedades cultivadas sea extremadamente limitada. En la búsqueda de cualidades comerciales, hemos perdido muchos genes de especies silvestres que proporcionaban resistencia a enfermedades. Así que nuestras variedades favoritas son, en esencia, “palomas” entre sus resistentes “parientes silvestres” y son mucho más susceptibles a las infecciones (Blancard, 2012).

2. Condiciones ideales para el enemigo: el entorno y las prácticas agrícolas. El tomate es originario de las regiones cálidas y secas de Sudamérica. Cuando lo cultivamos en condiciones de alta humedad (en invernaderos o en veranos lluviosos), o por el contrario, en condiciones de sequía y calor, creamos estrés en la planta. Un organismo debilitado por el estrés es un blanco fácil para los patógenos.

  • La alta humedad es la principal aliada de las enfermedades fúngicas, como el mildiu, el tizón temprano y la podredumbre gris. Las gotas de agua en las hojas son las “puertas” ideales para la entrada de esporas de hongos (Outko et al., 2012).
  • Las plantaciones densas son otro factor de riesgo. La mala circulación del aire y el contacto constante entre las hojas de plantas vecinas favorecen la rápida propagación de infecciones, especialmente en cultivos protegidos (Mattoo, 2017).
  • El riego inadecuado – los cambios bruscos en la humedad del suelo provocan el agrietamiento de los frutos, y en esas grietas entran inmediatamente bacterias y hongos patógenos. Además, la falta de humedad debilita el sistema radicular, haciéndolo vulnerable a patógenos del suelo (Gavrish, 2005).

3. “Apartamento de una sola habitación”: el monocultivo. Si año tras año plantamos tomates en el mismo lugar, en el suelo se acumulan patógenos especializados: esporas de hongos, virus y bacterias. Este fenómeno se denomina “cansancio del suelo”. Los patógenos que parasitan el tomate se sienten muy bien en ese entorno y, al no tener otros huéspedes, solo esperan una nueva planta. Por ejemplo, los agentes del marchitamiento por Fusarium y los nematodos agalladores pueden persistir en el suelo durante años (Akhatov, 2010).

Por lo tanto, las enfermedades no son una casualidad, sino el resultado lógico de la interacción de tres factores: una planta susceptible, un patógeno agresivo y unas condiciones favorables para este. Nuestra tarea es romper esta cadena. En los siguientes capítulos aprenderemos a reconocer a los principales “enemigos” y a elegir la estrategia de protección adecuada.

2. ¿Cómo llegan las infecciones a la planta? Vías de contagio

Al cultivar plántulas sanas y brindarles las mejores condiciones, olvidamos que nos rodea un mundo invisible de patógenos: hongos, bacterias y virus. Ellos no esperan una invitación, sino que buscan activamente formas de ingresar a nuestra planta. Conocer estas “rutas de invasión” ayuda no solo a detectar el problema a tiempo, sino también a construir un sistema de protección eficaz, bloqueando los canales de infección.

Entonces, ¿cómo llega la infección a los tomates? Existen varias vías principales.

1. Semillas: una amenaza oculta

Esta es la ruta más engañosa, porque la infección ocurre mucho antes de que veamos los primeros brotes. Muchos patógenos pueden sobrevivir en la superficie o incluso dentro de la semilla (Mattoo, 2017).

  • Infección externa: Los hongos (por ejemplo, Alternaria) y las bacterias (agentes de la mancha bacteriana y del cancro bacteriano) pueden permanecer en la cubierta de la semilla. Al sembrar, en un ambiente húmedo y favorable, comienzan a desarrollarse e infectan la plántula.
  • Infección interna: Algunos virus, como el virus del mosaico del tomate (ToMV), pueden penetrar en el interior de la semilla a través de la planta madre (Blancard, 2012). Estas semillas producirán plantas enfermas desde el principio, y la desinfección externa ya no será útil.

Qué hacer: Compre semillas de proveedores confiables que realicen su desinfección. Si usa sus propias semillas, asegúrese de realizar un tratamiento térmico o un desinfectante químico (Gavrish, 2005).

2. Suelo: un enemigo dormido

El suelo es un enorme reservorio de organismos patógenos. Muchos de ellos se comportan como “terroristas suicidas”, permaneciendo latentes durante años en forma de esporas o quistes hasta que aparece una raíz de una planta susceptible (Akhatov, 2010).

  • Hongos asesinos: Los agentes del marchitamiento por Fusarium y Verticillium, el mildiu y los nematodos (gusanos microscópicos) atacan el sistema radicular. Penetran a través de heridas, grietas o incluso de forma natural, y luego, moviéndose por los vasos, provocan el marchitamiento y la muerte de toda la planta.
  • Restos vegetales: Incluso después de la cosecha, los patógenos continúan viviendo en hojas y tallos infectados, permaneciendo en el suelo. En primavera se convierten en una fuente de nueva infección.

Qué hacer: Respete rigurosamente la rotación de cultivos, sin volver a plantar tomates en el mismo lugar antes de 3‑4 años. Recoja y destruya cuidadosamente todos los restos vegetales (Outko et al., 2012). En invernaderos, desinfecte el suelo o sustitúyalo.

3. Aire y agua: un mensajero rápido

La forma más rápida de propagación de infecciones. Las esporas de hongos, bacterias e incluso virus son transportadas por el viento, las salpicaduras de lluvia y las gotas de agua durante el riego.

  • Vía aérea: Las esporas del mildiu, el tizón temprano y el oídio son fácilmente arrastradas por el viento y recorren grandes distancias. Al llegar a una hoja húmeda, germinan al instante, iniciando el proceso de infección (Kemble, 2022).
  • Vía hídrica: El riego por aspersión es un camino directo hacia una epidemia, especialmente para las enfermedades bacterianas. Las salpicaduras de agua transportan bacterias de una planta enferma a una sana. La infección también puede propagarse a través del agua contaminada en los sistemas de riego por goteo (Jones, 2008).

Qué hacer: Riegue las plantas a ras de suelo, procurando no mojar las hojas. El riego por goteo es la mejor opción, ya que evita la propagación de enfermedades por la superficie. Asegure una buena ventilación en los invernaderos para que las hojas se sequen rápidamente.

4. Insectos: un “transporte VIP” para los virus

Muchos virus no pueden penetrar en la planta por sí solos. Necesitan un vector que actúe como una “jeringa voladora”. La mayoría de las veces, este papel lo desempeñan los insectos chupadores.

  • Pulgones y mosca blanca: Se alimentan de la savia de las plantas y su saliva contiene virus que luego se transmiten a otras plantas. Por ejemplo, el virus del rizado amarillo del tomate (TYLCV) se propaga casi exclusivamente por la mosca blanca (Blancard, 2012).
  • Trips: Estos diminutos insectos son los principales vectores del peligroso virus del bronceado del tomate (TSWV).

Qué hacer: Controle activamente las plagas desde el inicio de la temporada. Utilice trampas adhesivas amarillas para el monitoreo y aplique insecticidas oportunamente. En invernaderos, coloque mallas en las aberturas de ventilación.

5. Manos y herramientas: transmisión mecánica

Esta vía suele subestimarse, pero funciona. El virus del mosaico del tabaco (TMV) es tan contagioso que puede transmitirse a través de la savia de una planta enferma que queda en las manos o herramientas al realizar podas, despuntes y ataduras (Akhatov, 2010). Las bacterias y los hongos también pasan fácilmente de una planta a otra a través de manos sucias o tijeras de podar no desinfectadas.

Qué hacer: Trabaje siempre con las manos limpias. Lo ideal es usar guantes de goma. Desinfecte las herramientas (tijeras de podar, cuchillas) después de cada planta, utilizando una solución de permanganato de potasio, alcohol o lejía.

Resumiendo: La infección llega a la planta a través de cinco vías principales: semillas, suelo, aire y agua, insectos y las manos del horticultor. Comprender estas vías nos permite construir una barrera protectora, bloqueándolas una por una, y así preservar la salud y la cosecha de tomates.

¡Excelente! Hemos llegado a la parte más importante y extensa: el catálogo práctico de enfermedades fúngicas. Estas son las enfermedades que la mayoría de los horticultores enfrentan, y reconocerlas es la clave para salvar la cosecha.

El principio principal de este capítulo es no enumerar todas las enfermedades, sino enseñarle a ver la imagen de la enfermedad, su tarjeta de presentación. Recorreremos los “invitados” más comunes y peligrosos de su huerto.

3. Principales enfermedades fúngicas: reconozca al enemigo por su rostro

Las enfermedades fúngicas son las más comunes y peligrosas para los tomates. Causan manchas, podredumbres, marchitamientos y pueden destruir hasta el 80% de la cosecha (Mattoo, 2017). ¡Pero no se apresure a agarrar el pulverizador! Lo más importante es determinar con precisión con qué hongo se enfrenta. De ello depende la elección del producto y la estrategia de control.

Distinguiremos cuatro grupos de enfermedades según su “rostro”: manchas foliares, podredumbres de frutos, marchitamientos y eflorescencias.

1. Mildiu (Tizón tardío): la “plaga” de las solanáceas

Agente causal: Phytophthora infestans (Akhatov, 2010).

Aspecto: Es el enemigo más temible. Aparecen manchas pardas, acuosas y difusas en las hojas, que aumentan rápidamente de tamaño. En el envés de la hoja, en el borde de la mancha, en tiempo húmedo se observa un revestimiento blanco y velloso (esporas del hongo). Los tallos se cubren de manchas oscuras y alargadas. Los frutos presentan manchas duras, pardas y aceitosas que se pudren rápidamente y quedan inservibles para el consumo (Blancard, 2012).

Condiciones favorables: Tiempo fresco (10‑20 °C), húmedo y lluvioso, rocíos abundantes. Se propaga muy rápido.

Cómo distinguirlo: Las manchas no tienen un borde definido y se fusionan rápidamente. El arbusto afectado parece “escaldado”. A diferencia del tizón temprano, las manchas del mildiu son lisas, sin anillos concéntricos.

Primeros auxilios: Retire todas las hojas y frutos afectados. Trate urgentemente los arbustos y el suelo circundante con fungicidas a base de mancozeb, metalaxil o cobre (Kemble, 2022).

2. Tizón temprano (Mancha seca, Macrosporiosis)

Agente causal: Alternaria solani.

Aspecto: En las hojas aparecen manchas grandes, de color pardo o pardo oscuro, con una característica zonación concéntrica que recuerda a una “diana” o “blanco”. Las manchas suelen estar rodeadas por un halo amarillo. En los frutos se forman manchas oscuras, hundidas, generalmente cerca del pedúnculo, cubiertas por un revestimiento negro aterciopelado de esporas (Gavrish, 2005).

Condiciones favorables: Tiempo cálido (25‑30 °C) y húmedo, riegos frecuentes, suelos pobres. Es especialmente peligrosa durante la fructificación.

Cómo distinguirlo: Por los anillos concéntricos claros en las manchas. Esta enfermedad suele comenzar en las hojas inferiores y viejas y asciende gradualmente.

Primeros auxilios: Recolección y destrucción regular de hojas afectadas. Tratamiento con fungicidas de difenoconazol, azoxistrobina o mancozeb.

3. Podredumbre gris (Botrytis): ataque a las heridas

Agente causal: Botrytis cinerea.

Aspecto: Afecta a todas las partes aéreas. En los tallos, en los lugares donde se han eliminado hojas o brotes laterales, aparecen manchas de color pardo claro, húmedas, que rápidamente rodean el tallo. En los frutos – podredumbres blandas y acuosas con un revestimiento gris y velloso similar al moho (Outko et al., 2012).

Condiciones favorables: Alta humedad (más del 90%), tiempo fresco, plantaciones densas, presencia de heridas y tejidos senescentes (flores, hojas).

Cómo distinguirlo: Por el abundante revestimiento gris y por el hecho de que la enfermedad casi siempre comienza por daños mecánicos o flores envejecidas.

Primeros auxilios: Ventilación, eliminación de hojas y flores muertas. Tratamiento con productos a base de iprodiona, fenhexamid. Unte las heridas en los tallos con una pasta de fungicida y tiza (Kemble, 2022).

4. Oídio (Ceniza): “polvo blanco”

Agentes causales: Oidium neolycopersici, Leveillula taurica.

Aspecto: En las hojas (generalmente en el haz) aparece un revestimiento blanco, pulverulento, similar a la harina o la ceniza esparcida. A diferencia del oídio en pepinos, en los tomates el revestimiento puede aparecer en manchas separadas, sin cubrir toda la hoja. Las hojas se amarillean y se secan (Blancard, 2012).

Condiciones favorables: Tiempo cálido y seco, cambios bruscos de temperatura, falta de luz en invernaderos.

Cómo distinguirlo: Por el revestimiento blanco que se borra fácilmente con el dedo. Los frutos no son afectados por esta enfermedad.

Primeros auxilios: Productos azufrados (bombas de azufre, azufre coloidal), así como fungicidas modernos del grupo de los triazoles y estrobilurinas.

5. Septoriosis (Mancha blanca de la hoja)

Agente causal: Septoria lycopersici.

Aspecto: En las hojas inferiores aparecen manchas pequeñas (2‑3 mm), acuosas, que rápidamente se vuelven blancas en el centro y tienen un borde pardo oscuro. Más tarde, en el centro blanco aparecen puntos negros (picnidios del hongo). Las hojas se amarillean, se enrollan y se secan (Akhatov, 2010).

Condiciones favorables: Tiempo cálido y húmedo, lluvias frecuentes, plantaciones densas. Se transmite por semillas y restos vegetales.

Cómo distinguirlo: Por el centro claro con borde oscuro y el tamaño pequeño de las manchas. A diferencia del tizón temprano, no tienen anillos concéntricos.

Primeros auxilios: Eliminación de las hojas inferiores infectadas. Tratamiento con fungicidas que contengan mancozeb o clorotalonil. ¡Respete estrictamente la rotación de cultivos!

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Conclusión: Las enfermedades fúngicas son más fáciles de prevenir que de curar. Todas ellas aman la humedad y la densidad. Su principal estrategia es la prevención: rotación de cultivos, eliminación de hojas enfermas, riego a ras de suelo y tratamientos regulares con biopreparados o fungicidas cúpricos al inicio de la temporada (Jones, 2008).

4. Enfermedades bacterianas: amenazas ocultas

A diferencia de los hongos, las bacterias no forman un micelio ni esporas visibles. Viven dentro de los tejidos, destruyéndolos desde el interior. Las enfermedades bacterianas se desarrollan rápidamente, especialmente en tiempo cálido y húmedo, y a menudo provocan la pérdida no solo de la cosecha, sino también de la planta misma (Mattoo, 2017). La principal dificultad es que muchos síntomas bacterianos se parecen a los fúngicos, pero existen diferencias clave que analizaremos.

Cómo diferenciar una bacteriosis de una enfermedad fúngica (prueba rápida):

  • Olor: La podredumbre bacteriana suele tener un olor fuerte, desagradable y pútrido.
  • “Vidriosidad”: En las hojas, las manchas bacterianas suelen tener un aspecto aceitoso, acuoso, como empapadas de agua.
  • Exudado: En el corte del tallo o del fruto, durante una bacteriosis puede aparecer una gotita viscosa y turbia (mucílago bacteriano) (Blancard, 2012).

Veamos a los cuatro “saboteadores” bacterianos más peligrosos.

1. Cancro bacteriano: el “conquistador” más peligroso

Agente causal: Clavibacter michiganensis subsp. michiganensis.

Aspecto: Un verdadero “camaleón” que puede manifestarse de diversas formas, pero siempre es traicionero.

  • En las hojas: Las zonas entre nervaduras se vuelven verde claro, luego se oscurecen y se secan, formando áreas de forma irregular. Las hojas se enrollan y se marchitan por un lado (¡el marchitamiento unilateral es un síntoma importante!).
  • En los tallos: Aparecen estrías pardas y grietas, de las que exuda una mucosidad amarillenta.
  • En los frutos: El signo más característico son las manchas de “ojo de pájaro”: pequeñas (3‑4 mm) manchas blancas, ligeramente abultadas, con un centro oscuro y una grieta en el medio (Akhatov, 2010).

Condiciones favorables: Tiempo cálido (24‑27 °C) y húmedo. Se transmite a través de semillas infectadas y mecánicamente durante el despunte y el riego.

Cómo distinguirlo: Por la combinación de marchitamiento unilateral de las hojas y las características manchas de “ojo de pájaro” en los frutos. Ninguna otra enfermedad actúa así.

Primeros auxilios: Retire inmediatamente la planta enferma con raíces y quémela. Desinfecte la tijera de podar y las manos (alcohol, permanganato). Antes de la siembra, desinfecte las semillas (calentamiento en agua caliente).

2. Marchitamiento bacteriano (Podredumbre parda): “muerte instantánea”

Agente causal: Ralstonia solanacearum.

Aspecto: La enfermedad bacteriana más terrible. La planta se marchita instantánea y completamente, a menudo en una sola noche. Las hojas no se amarillean ni se enrollan; simplemente pierden turgencia, se vuelven flácidas y caen, permaneciendo verdes. En el corte del tallo se observa oscurecimiento de los vasos, y si se coloca el corte en agua, en 1‑2 minutos comenzará a salir un hilo blanco turbio de bacterias (Blancard, 2012).

Condiciones favorables: Temperatura alta (30‑35 °C) y suelo húmedo. Es especialmente peligrosa en regiones tropicales y subtropicales, así como en invernaderos con suelo encharcado. Se transmite por el suelo, el agua y los restos vegetales infectados (Mattoo, 2017).

Cómo distinguirlo: Por el marchitamiento completo y repentino sin amarillamiento y por el flujo blanco “lechoso” del corte del tallo.

Primeros auxilios: No tiene cura. La única estrategia es eliminar inmediatamente las plantas enfermas. Añadir cal viva al suelo o regar con una solución de sulfato de cobre. Para el futuro, elija variedades resistentes y cumpla con una rotación estricta.

3. Mancha bacteriana negra: enfermedad de “lluvia”

Agente causal: Xanthomonas vesicatoria (y especies afines).

Aspecto: En las hojas aparecen manchas pequeñas (1‑2 mm), aceitosas, oscuras, a menudo con un halo amarillo. Las manchas tienen forma angular, ya que están limitadas por las nervaduras. La hoja se amarillea y se seca. En los frutos se forman puntitos negros, elevados, verrugosos, rodeados por un borde acuoso (Gavrish, 2005).

Condiciones favorables: Tiempo lluvioso, húmedo y cálido (25‑30 °C). Se propaga con gotas de agua – durante el riego por aspersión o con la lluvia. Muy contagiosa.

Cómo distinguirlo: Por las manchas pequeñas y angulares en las hojas y los puntos negros elevados en los frutos. A diferencia del cancro bacteriano, esta enfermedad es “superficial”.

Primeros auxilios: Recolectar y eliminar las hojas afectadas. Tratamientos regulares con productos cúpricos (caldo bordelés, oxicloruro de cobre) antes del inicio de las lluvias. Utilice solo semillas de calidad y desinfectadas.

4. Necrosis de la médula del tallo (Tallo hueco)

Agente causal: Pseudomonas corrugata (y otras especies de Pseudomonas).

Aspecto: Exteriormente, la planta puede parecer completamente sana. Pero al cortar el tallo se observa que la médula se ha vuelto parda, ablandada, convertida en una papilla y destruida, formando cavidades. Exteriormente, en el tallo aparecen estrías pardas y hundidas, a menudo en los lugares donde se despuntaron. En el corte a veces se aprecia un exudado mucilaginoso (Akhatov, 2010).

Condiciones favorables: Exceso de fertilizantes nitrogenados, alta humedad, cambios bruscos de temperatura entre el día y la noche, especialmente en invernaderos. Suele afectar a plantas vigorosas y “engordadas”.

Cómo distinguirlo: Por las cavidades internas y la destrucción de la médula del tallo, mientras que el aspecto externo del arbusto se conserva. Los síntomas externos pueden recordar al cancro bacteriano, pero no hay “ojo de pájaro” en los frutos.

Primeros auxilios: Equilibre la nutrición nitrogenada (reduzca la dosis de nitrógeno). Mejore la ventilación en el invernadero. Retire las plantas afectadas. Es posible aplicar productos cúpricos como medida preventiva.

Resumen: Las bacteriosis son infecciones a través de heridas y agua. La principal protección es semillas limpias, desinfección de herramientas, riego a ras de suelo, rotación de cultivos e inspección regular. Ante los primeros signos de daño bacteriano, no demore: elimine las plantas enfermas para salvar el resto.

5. Enfermedades víricas: saboteadores invisibles

Los virus son los patógenos más peligrosos y difíciles de detectar. No tienen metabolismo propio y utilizan las células de la planta como “fábrica” para su reproducción. Es imposible curar una planta con virus; solo se puede destruir para salvar a las vecinas (Blancard, 2012). Por lo tanto, lo principal en la lucha contra los virus es el diagnóstico temprano y la prevención.

Por lo general, los virus se manifiestan como mosaico (alternancia de áreas claras y oscuras), deformación de las hojas (forma filiforme, helechosa, rizado), enanismo y maduración desigual de los frutos (Akhatov, 2010). Veamos los “invisibles” más comunes.

1. Virus del mosaico del tomate (ToMV): “clásico del género”

Agente causal: Tomato mosaic virus (ToMV). Pariente cercano del virus del mosaico del tabaco (TMV).

Aspecto: En las hojas aparece un dibujo de mosaico – alternancia de áreas verde oscuro y verde claro o amarillas. Las hojas se vuelven arrugadas, se enrollan y a veces adoptan una forma filiforme (“hoja de helecho”). La planta se retrasa en su crecimiento. En los frutos puede aparecer necrosis interna – manchas pardas en la pulpa, aunque el fruto exteriormente se ve normal (Gavrish, 2005).

Vías de transmisión: Mecánica – a través de la savia de una planta enferma durante el despunte, la poda, el injerto, por las manos y herramientas. El virus también se transmite con las semillas y a través del suelo infectado. Muy resistente: puede sobrevivir en restos vegetales hasta 2 años (Mattoo, 2017).

Cómo distinguirlo: Por la coloración de mosaico de las hojas. A diferencia de las bacteriosis, las manchas no tienen bordes definidos ni se “humedecen”. Importante: este virus no es transmitido por insectos, solo mecánicamente.

Primeros auxilios: No tiene cura. Elimine las plantas enfermas. Desinfecte todas las herramientas y manos (leche, alcohol). Como prevención, use variedades resistentes (marcadas como `Tm` o `ToMV` en el catálogo) y caliente las semillas antes de la siembra (Blancard, 2012).

2. Virus del mosaico del pepino (CMV): “maestro del camuflaje”

Agente causal: Cucumber mosaic virus (CMV). Un virus universal que afecta a muchos cultivos (pepinos, pimientos, lechuga, etc.).

Aspecto: Los síntomas son muy variables y dependen de la cepa y el clima. En las hojas aparece un mosaico fino, se vuelven arrugadas y estrechas, a veces adoptan forma filiforme (“cordiforme”). La planta se vuelve enana y arbustiva. En los frutos aparecen manchas anulares y necrosis. Es muy característico el amarillamiento de las nervaduras (Akhatov, 2010).

Vías de transmisión: Transmitido por pulgones (no persistente, es decir, en un corto período). También puede transmitirse mecánicamente y con semillas de malas hierbas (Mattoo, 2017). Persiste en malas hierbas perennes (cardo, pamplina, correhuela).

Cómo distinguirlo: Por las hojas filiformes y el amarillamiento de las nervaduras. Importante: el CMV suele producir una deformación más fuerte que el ToMV y, a diferencia de este, se transmite por pulgones.

Primeros auxilios: No tiene cura. El control de pulgones es la estrategia principal. Elimine las malas hierbas alrededor de la parcela. Cultive variedades resistentes (aunque son pocas, la mejora genética continúa).

3. Virus del bronceado del tomate (TSWV): “quemadura” y “anillos”

Agente causal: Tomato spotted wilt virus (TSWV). Un virus muy peligroso, especialmente en regiones cálidas.

Aspecto: El virus más reconocible. En las hojas jóvenes aparecen anillos y bandas de color bronce o pardo – manchas necróticas en forma de anillos o líneas. Las hojas a menudo se enrollan y mueren. En los tallos y pecíolos se observan estrías de color pardo oscuro (“estrículas”). Los frutos se cubren de anillos concéntricos amarillos, anaranjados o pardos y se vuelven abultados, perdiendo su aspecto comercial (Blancard, 2012).

Vías de transmisión: Transmitido por trips (Frankliniella occidentalis – trips de las flores) de forma persistente. Es decir, el virus se multiplica en el cuerpo del trips y se transmite a la siguiente generación. Vía de propagación muy rápida (Mattoo, 2017).

Cómo distinguirlo: Por el tono bronceado de las hojas y los anillos concéntricos claros en los frutos. Ningún otro patógeno produce ese cuadro.

Primeros auxilios: No tiene cura. Elimine las plantas enfermas. Control intensivo de trips – trampas adhesivas, insecticidas. El uso de variedades resistentes (marcadas `TSWV`) es el único método fiable.

4. Virus del rizado amarillo del tomate (TYLCV): el azote de la mosca blanca

Agente causal: Tomato yellow leaf curl virus (TYLCV). Un virus que en las últimas décadas se ha convertido en una verdadera plaga en muchas regiones del mundo.

Aspecto: Las hojas jóvenes se amarillean, se enrollan hacia arriba (“en forma de barca”) y se vuelven quebradizas. Los entrenudos se acortan, la planta se vuelve enana y arbustiva (“escoba de bruja”). Las flores se caen, los frutos o no cuajan o crecen pequeños y deformados (Blancard, 2012).

Vías de transmisión: Transmitido por la mosca blanca (Bemisia tabaci) de forma persistente. La mosca blanca permanece como vector durante toda su vida. El virus no se transmite por semillas ni mecánicamente.

Cómo distinguirlo: Por el rizado hacia arriba de las hojas y el fuerte amarillamiento. La planta parece como si la hubieran quemado. A diferencia de otros virus, casi no hay mosaico – solo clorosis y deformación (Mattoo, 2017).

Primeros auxilios: No tiene cura. La eliminación de la mosca blanca es la única estrategia (trampas adhesivas amarillas, insecticidas, biopreparados). Cultivo de variedades resistentes (marcadas `TYLCV`). En invernaderos, uso obligatorio de mallas en las ventilaciones.

Cómo diferenciar los virus entre sí (hoja de referencia)

Enfermedad Hojas Frutos Principal vector
Mosaico (ToMV) Mosaico, arrugas, filiforme Manchas pardas internas (“necrosis”) Mecánico (manos, herramientas, semillas)
Mosaico del pepino (CMV) Filiformes, cordiformes, pequeñas, enanismo Manchas anulares, deformación Pulgones + mecánico
Bronceado (TSWV) Anillos bronceados, estrías en tallos Anillos concéntricos amarillos/pardos Trips
Rizado amarillo (TYLCV) Amarillas, enrolladas hacia arriba (“barca”) Pequeños, no cuajan Mosca blanca

Regla principal: ¡Las enfermedades víricas no tienen cura! Si ve síntomas característicos, elimine la planta de inmediato, sin esperar a que el virus se propague. Su principal protección es la prevención: control de vectores (pulgones, trips, mosca blanca), desinfección de herramientas, calentamiento de semillas y uso de variedades resistentes.

6. ¿Cómo distinguirlas entre sí? Diagnóstico práctico

El error más común del horticultor principiante es tratar de curar todo con el mismo producto. Pero lo que salva de hongos no actúa sobre bacterias, y contra virus es totalmente inútil. Por lo tanto, el primer paso para salvar la cosecha es un diagnóstico preciso.

Desarrollaremos un algoritmo sencillo basado en tres preguntas:

1. ¿Dónde se encuentra la lesión (hojas, tallos, frutos)?

2. ¿Qué aspecto tiene la lesión (mancha, podredumbre, revestimiento, deformación)?

3. ¿Qué rapidez tiene su propagación?

Diagnóstico rápido: tabla comparativa

Signo Enfermedades fúngicas Enfermedades bacterianas Enfermedades víricas
Manchas en hojas A menudo redondas, con bordes definidos o anillos concéntricos. Angulares (limitadas por nervaduras), aceitosas (“húmedas”), a menudo con halo amarillo. Mosaico (alternancia de áreas claras y oscuras), pequeñas, sin bordes claros.
Revestimiento sobre las manchas A menudo hay esporulación (blanco velloso, gris, negro aterciopelado, pulverulento). No hay revestimiento, las manchas son lisas, a menudo brillantes. No hay revestimiento.
Olor Generalmente sin olor (excepción: la podredumbre gris puede tener olor a humedad). A menudo pútrido, desagradable (especialmente en frutos y al cortar el tallo). Sin olor.
Daño en frutos Manchas a menudo hundidas, con zonación, pueden tener revestimiento. Podredumbres – duras (mildiu) o blandas (podredumbre gris). Manchas no hundidas, verrugosas (mancha negra), o “ojo de pájaro” (cancro). Pueden tener borde acuoso. Frutos deformados, con anillos (bronceado), necrosis interna (mosaico), amarillamiento (rizado).
Marchitamiento Gradual, a menudo unilateral (Fusarium, Verticillium), con amarillamiento de hojas. Repentino, completo, sin amarillamiento (marchitamiento bacteriano). A menudo sin marchitamiento, solo deformación y detención del crecimiento.
Corte del tallo Vasos pardos, pero secos. No hay esporulación en el corte. Vasos pardos, médula destruida, puede haber mucosidad (tallo hueco). En agua, sale un hilo blanco del corte (marchitamiento bacteriano). Vasos generalmente limpios, sin alteraciones.
Principal “enemigo” Humedad (lluvias, rocío, riego por aspersión). Heridas y humedad (riego por aspersión, insectos). Insectos vectores (pulgones, trips, mosca blanca) y manos del horticultor.
Qué hacer primero Retirar hojas enfermas, tratar con fungicida. Retirar toda la planta, desinfectar herramientas. Retirar toda la planta, eliminar los vectores (insectos).
Ejemplos Mildiu, tizón temprano, podredumbre gris, oídio. Cancro bacteriano, mancha negra, marchitamiento, tallo hueco. Mosaico, mosaico del pepino, bronceado, rizado amarillo.

Algoritmo de actuación al encontrar una planta sospechosa (paso a paso)

1. Evalúe la velocidad de propagación. Si en 1‑2 días la enfermedad ha cubierto la mitad del arbusto o plantas vecinas, se trata de una infección fúngica o bacteriana. Los virus se propagan más lentamente.

2. Examine las hojas. ¿Hay revestimiento (hongo) o manchas angulares “húmedas” (bacteria)? Si no, pero hay mosaico, amarillamiento, rizado, sospeche de virus.

3. Examine el tallo. Córtelo longitudinalmente. Si en su interior hay cavidades o mucosidad, es bacteriosis. Si los vasos están pardos pero secos, es hongo. Si todo está limpio, es virus (o problema no infeccioso).

4. Examine los frutos. ¿Hay anillos concéntricos (virus del bronceado), ojo de pájaro (cancro bacteriano) o manchas hundidas con revestimiento (hongo)?

5. Recuerde el clima. Si hubo lluvias, rocío, frío – probablemente hongo. Si calor y humedad – bacteria. Si muchos insectos (pulgones, trips) – virus.

Ejemplos prácticos para recordar

  • Mancha “húmeda” con revestimiento blancoMildiu (hongo).
  • “Diana” en la hoja (anillos concéntricos)Tizón temprano (hongo).
  • Mancha angular aceitosaMancha bacteriana (bacteria).
  • Mancha blanca con punto oscuro en el centro (“ojo de pájaro”)Cancro bacteriano.
  • Anillos bronceados en los frutosVirus del bronceado (TSWV).
  • Hojas enrolladas hacia arriba, amarillas, arbusto enanoVirus del rizado amarillo (TYLCV).

Regla de oro: Si no está 100% seguro del diagnóstico, no se apresure con productos químicos. Retire la planta sospechosa (mejor con raíces), quémela, desinfecte herramientas y manos. Observe las plantas vecinas. A menudo, un solo arbusto eliminado salva toda la parcela (Blancard, 2012; Mattoo, 2017).

7. Prevención: cómo proteger los tomates de enfermedades

La prevención es la base de la salud de sus tomates. Incluye un conjunto de medidas destinadas a crear condiciones desfavorables para los patógenos y fortalecer la propia planta. Recuerde: una plántula sana y fuerte es la mejor protección contra las infecciones (Gavrish, 2005).

Aquí tiene 7 reglas de oro de la prevención que todo horticultor debe conocer.

1. Elección correcta de semillas y su preparación

Todo comienza con las semillas. Son la fuente de la salud genética de su futura cosecha.

Compre variedades resistentes a enfermedades. La mejora genética moderna ha creado numerosos híbridos y variedades resistentes a los principales patógenos. Al elegir, preste atención a las marcas (Mattoo, 2017):

  • `Tm` o `ToMV` – resistencia al virus del mosaico del tomate.
  • `V` – resistencia al marchitamiento por Verticillium.
  • `F` (`F1`, `F2`) – resistencia al marchitamiento por Fusarium (raza 1, 2).
  • `N` – resistencia a nematodos agalladores.
  • `TSWV` – resistencia al virus del bronceado del tomate.
  • `TYLCV` – resistencia al virus del rizado amarillo.
  • `ASC` – resistencia al tizón temprano (cancro del tallo).

Desinfecte las semillas. Incluso si compró semillas a un productor de confianza, un tratamiento adicional no viene mal. Utilice uno de los siguientes métodos (Blancard, 2012):

  • Tratamiento térmico: Remoje las semillas en agua caliente (50‑52 °C) durante 20‑25 minutos, luego enfríe inmediatamente en agua fría. Esto elimina la mayoría de las infecciones fúngicas y bacterianas de la superficie de la semilla.
  • Desinfección química: Remoje las semillas en una solución de permanganato de potasio al 1% durante 15‑20 minutos, luego enjuague. O utilice desinfectantes específicos (p. ej., “Tiram”).
  • Para proteger contra virus, las semillas se pueden tratar con una solución de fosfato trisódico al 10% (30 minutos) o ácido clorhídrico al 2% (Akhatov, 2010).

2. Preparación del suelo y rotación de cultivos

El suelo es el principal reservorio de infecciones. Muchos patógenos pueden persistir en él durante años.

  • Respete la rotación de cultivos. Es la regla más eficaz. No plante tomates en el mismo lugar más de una vez cada 3‑4 años. Los mejores antecesores son col, pepino, legumbres, cebolla, zanahoria. No plante tomates después de papa, pimiento o berenjena – comparten enfermedades comunes (Outko et al., 2012).
  • Retire los restos vegetales. Después de la cosecha, elimine cuidadosamente todas las hojas, tallos y raíces. No los entierre en el suelo – quémelos o retírelos de la parcela. Pueden albergar patógenos.
  • Desinfecte el suelo. En invernaderos y semilleros, reemplace anualmente la capa superior del suelo (5‑10 cm) o realice su desinfección: vaporización, riego con agua hirviendo, aplicación de biopreparados (“Fitosporin”, “Trichodermin”) (Jones, 2008).

3. Riego adecuado – clave para la salud

La mayoría de las enfermedades se activan con alta humedad. El riego debe ser adecuado.

  • Riegue a ras de suelo. Esta es la regla principal. El agua no debe caer sobre hojas, tallos ni frutos. El riego por goteo es la opción ideal.
  • Riegue por la mañana. Para que las hojas se sequen al atardecer. La humedad nocturna es el principal enemigo.
  • Use agua tibia. El agua fría provoca estrés en las plantas y debilita sus mecanismos de defensa. La temperatura del agua debe ser al menos de 20‑22 °C (Gavrish, 2005).
  • No encharque el suelo. El exceso de humedad provoca la pudrición de raíces y el desarrollo de enfermedades fúngicas.

4. Espacio y aire: no permita el hacinamiento

Cuanto más densas estén las plantas, mayor será la humedad dentro del arbusto y más rápido se propagarán las enfermedades.

  • Respete los marcos de plantación. Las variedades indeterminadas (altas) se plantan a una distancia mínima de 50‑60 cm entre sí, las determinadas (bajas) a 30‑40 cm (Kemble, 2022).
  • Retire regularmente los brotes laterales y las hojas inferiores. Esto mejora la ventilación y la iluminación. La eliminación de las hojas inferiores hasta el primer racimo evita el contacto de la planta con el suelo, donde viven los patógenos.
  • Ventile los invernaderos. Deje ventanas y puertas abiertas, especialmente en tiempo cálido y húmedo. La circulación del aire es la mejor protección contra los hongos.

5. Nutrición adecuada: fortalecemos la inmunidad

Una planta sana y bien alimentada posee una inmunidad más fuerte.

  • Equilibre la fertilización. El exceso de nitrógeno vuelve los tejidos sueltos y atrae plagas. Al mismo tiempo, un nivel adecuado de potasio y fósforo fortalece las paredes celulares y aumenta la resistencia a enfermedades (Outko et al., 2012).
  • Utilice microelementos. Son especialmente importantes el boro, manganeso, zinc y hierro. Participan en los procesos enzimáticos de defensa. Realice aplicaciones foliares con fertilizantes complejos que contengan microelementos.
  • No olvide el calcio. La deficiencia de calcio provoca la podredumbre apical del fruto. Añada nitrato de calcio regularmente a la fertilización (especialmente durante la fructificación) (Gavrish, 2005).

6. Control de los vectores de enfermedades

Los insectos son los principales propagadores de virus y bacterias. Sin ellos, muchas enfermedades no podrían extenderse.

  • Utilice trampas adhesivas amarillas y azules. Ayudan a detectar a tiempo la aparición de mosca blanca, pulgones y trips.
  • Aplique insecticidas biológicos. “Bitoxibacilina”, “Lepidocide” contra orugas, “Fitoverm” contra ácaros, “Verticilina” contra mosca blanca. Son seguros para las personas y los insectos benéficos (Jones, 2008).
  • No permita la presencia de malas hierbas. Muchas malas hierbas (especialmente solanáceas y quenopodiáceas) son reservorios de virus y trips. Deshierbe regularmente la parcela.

7. Protección biológica: trabajar por adelantado

La agronomía moderna ofrece biopreparados eficaces que actúan como vacunas.

  • Inductores de inmunidad. Preparados a base de ácido araquidónico (“Inmunocitofito”, “El‑1”, “Obereg”) aumentan la resistencia de las plantas a enfermedades y estrés (Akhatov, 2010). No curan, sino que fortalecen la inmunidad, haciendo que la planta produzca sus propias sustancias de defensa.
  • Biofungicidas. Los tratamientos preventivos regulares con preparados a base de Bacillus subtilis (Bacillus subtilis) – “Fitosporin‑M”, “Gamair”, “Alirin‑B” – suprimen el desarrollo de enfermedades fúngicas y bacterianas en fases iniciales (Kemble, 2022). Pueden usarse en mezclas de tanque con inductores de inmunidad.

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¿Qué hacer si la prevención no ha sido suficiente?

Si, a pesar de todos los esfuerzos, aparecen los primeros signos de enfermedad, no se asuste, pero actúe con rapidez:

1. Aísle la planta enferma. Si es posible, retírela con raíces para salvar a las vecinas.

2. Identifique el patógeno (capítulo 6). De ello depende la elección del producto.

3. Utilice un producto específico. Si es hongo – aplique fungicida, bacteria – productos cúpricos o antibióticos (en último caso), virus – solo eliminación (Blancard, 2012).

Recuerde: la prevención no es una acción puntual, sino un sistema. Solo un enfoque integral que incluya las siete reglas proporcionará una protección fiable para su cosecha.

8. ¿Cuándo es mejor eliminar la planta? Señales de SOS

Para el horticultor, eliminar una planta enferma siempre es una decisión difícil. Hemos invertido en ella trabajo, cuidado y esperanzas. Pero a veces es la única forma de salvar los demás arbustos y la cosecha futura. Recuerde la regla principal: una planta enferma dejada con la esperanza de un milagro puede destruir todas las plantaciones (Mattoo, 2017).

En este capítulo definiremos claramente las situaciones en las que la eliminación no es una cuestión de elección, sino de supervivencia de su huerto.

Cuándo es obligatoria la eliminación (zona roja)

Son casos en los que la enfermedad no tiene cura y la planta misma se convierte en una “fábrica” de producción de infección.

1. Todas las enfermedades víricas. Los virus no tienen cura. Ningún producto químico actúa sobre ellos dentro de la célula (Blancard, 2012). Solo se pueden suprimir los síntomas, pero el virus permanecerá y se transmitirá a través de insectos y manos a las plantas vecinas.

  • Señal de SOS: Mosaico en las hojas, filiformidad, anillos amarillos en los frutos, rizado, bronceado, enanismo. Si ve esto – elimine de inmediato.

2. Marchitamiento bacteriano (Ralstonia solanacearum). Es un “infarto” para la planta. Se marchita completa y rápidamente, a menudo en un día. Las bacterias se multiplican en los vasos, bloqueando el flujo de agua, y liberan toxinas (Akhatov, 2010).

  • Señal de SOS: La planta se ha caído y marchitado por completo, las hojas no se amarillean sino que simplemente se marchitan, permaneciendo verdes. En el corte del tallo en agua, sale un hilo blanco turbio. Retírela con el cepellón para no dejar bacterias en el suelo.

3. Cancro bacteriano (Clavibacter michiganensis). Un peligroso “conquistador” que mata lentamente la planta e infecta a las vecinas a través de herramientas e insectos. A diferencia de los hongos, el cancro bacteriano no se cura con fungicidas sistémicos (Blancard, 2012).

  • Señal de SOS: Marchitamiento unilateral de las hojas, estrías pardas en los tallos con grietas y mucosidad, frutos con manchas de “ojo de pájaro”. Si ve al menos dos de estos signos, elimine.

5. Enfermedad que ha afectado más del 30‑40% del arbusto. Si la enfermedad ha cubierto la mayor parte de las hojas, el tallo o los frutos, no tiene sentido tratar la planta. Ya no se recuperará ni producirá una cosecha completa, y será solo una fuente de esporas o bacterias.

  • Señal de SOS: Más de un tercio de las hojas están manchadas o amarillas, el tallo se ha vuelto pardo, los frutos se pudren. Elimine para salvar los demás arbustos.

Cuándo se puede intentar salvar (zona amarilla)

Si la enfermedad acaba de comenzar y afecta a una pequeña parte de la planta, se puede intentar ayudar, pero esté preparado para eliminar la planta en cualquier momento.

1. Fase inicial de enfermedades fúngicas. Si detecta mildiu, tizón temprano o podredumbre gris al principio (1‑2 manchas en las hojas inferiores), puede intentar curarlas.

  • Qué hacer: Arranque inmediatamente todas las hojas afectadas y quémelas. Trate todo el arbusto y el suelo circundante con un fungicida sistémico (p. ej., “Ridomil Gold”, “Quadris”, “Skor”) (Kemble, 2022).
  • Condición crítica: Si después de 3‑4 días del tratamiento no aparecen nuevas manchas, hay esperanza. Si la enfermedad progresa, elimine sin remordimientos.

2. Mancha bacteriana o moteado. Si aparecen manchas aceitosas aisladas en las hojas y el clima se ha vuelto seco, intente salvar la planta.

  • Qué hacer: Retire las hojas afectadas. Trate con un producto cúprico (caldo bordelés, “HOM”, “Oxyhom”). Suspenda el riego por aspersión (Gavrish, 2005).
  • Condición crítica: Si aparecen manchas en las hojas nuevas o en los frutos, elimine.

Señales de SOS: cuándo no se debe demorar

1. La enfermedad se está extendiendo a las plantas vecinas. Si observa que a partir de un arbusto comienzan a amarillear o marchitarse los vecinos, es la señal principal para la eliminación inmediata.

2. La enfermedad ha aparecido en el invernadero. En cultivo protegido, la infección se propaga mucho más rápido. Una planta enferma en un invernadero es una epidemia potencial para todas las demás.

3. La planta enferma es una mala hierba o una planta no cultivada. Si nota síntomas virales en una mala hierba junto al bancal, elimínela de inmediato. Las malas hierbas son los principales reservorios de virus (Mattoo, 2017).

Cómo eliminar correctamente una planta enferma (instrucciones paso a paso)

Para no propagar la infección, siga este algoritmo:

1. Póngase guantes. Si no tiene guantes, después de trabajar con la planta enferma, lávese bien las manos con jabón.

2. Prepare una bolsa o un cubo. Coloque inmediatamente las partes eliminadas para que la infección no caiga al suelo.

3. Retire toda la planta con raíces. Con cuidado, excave o arranque la planta, procurando no desprender tierra. Si la planta está muy afectada, es mejor sacarla con el cepellón.

4. Queme la planta. Nunca ponga plantas enfermas en el compost. La pila de compost no es lugar para patógenos. Solo la quema garantiza su destrucción (Akhatov, 2010).

5. Desinfecte el hoyo. Después de retirar la planta, riegue el suelo donde crecía con agua hirviendo, una solución de permanganato o sulfato de cobre.

6. Desinfecte las herramientas. Tijeras de podar, cuchillo, guantes – todo lo que haya estado en contacto con la planta enferma – trátelo con alcohol, lejía o una solución fuerte de permanganato.

7. No plante en ese lugar en esta temporada. Deje la tierra vacía o siembre abonos verdes (mostaza, facelia).

¿Qué hacer con las plantas vecinas?

  • Observe. Durante los 7‑10 días siguientes, inspeccione atentamente todos los arbustos vecinos. Ante los primeros signos de enfermedad, repita el algoritmo.
  • Trate preventivamente. Si eliminó una planta con virus, trate las vecinas con un insecticida contra los vectores (pulgones, trips, mosca blanca). Si fue por hongo, realice un tratamiento preventivo con fungicida.
  • No tome semillas de plantas enfermas. Aunque los frutos parezcan sanos, el virus puede estar dentro de la semilla (Blancard, 2012).

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Regla final: Es mejor eliminar una planta y salvar diez, que intentar curar una y perderlas todas. En el cultivo de tomates, a veces la victoria principal es retirarse a tiempo. Eliminar una planta enferma no es una admisión de derrota, sino un paso estratégico para preservar todo el huerto (Jones, 2008).

Referencias

  1. Blancard, D. (2012). Tomato Diseases: Identification, Biology and Control. 2nd ed. London, UK / Waltham, MA, USA / San Diego, CA, USA: Academic Press (an imprint of Elsevier).
  2. Gilbertson, R.L., Vasquez-Mayorga, M., Macedo, M. (2017). ‘Integrated pest management in tomato cultivation’, in Mattoo, A.K., Handa, A.K. (ed.) Achieving sustainable cultivation of tomatoes. Cambridge, UK: Burleigh Dodds Science Publishing, ch. 16.
  3. Jones, J.B. Jr. (2008). ‘Pest Identification and Control’, in Tomato Plant Culture: In the Field, Greenhouse, and Home Garden. Boca Raton, London, New York: CRC Press (Taylor & Francis Group), pp. 283-304.
  4. Kemble, J.M., Bertucci, M.B., Jennings, K.M., Meadows, I.M., Rodrigues, C., Walgenbach, J.F., Wszelaki, A.L. (2022). Southeast U.S. Vegetable Crop Handbook. 23rd edition : Great American Media Services.
  5. Аутко, А.А. (2012). ‘Современные технологии выращивания овощных культур [Modern technologies for growing vegetable crops]’, in Современные технологии в овощеводстве [Modern technologies in vegetable growing]. Минск, Белоруссия: Беларус. навука, pp. 93-347.
  6. Ахатов, А.К. (2010). ‘Болезни и вредители томата. Меры борьбы с ними [Tomato diseases and pests. Control measures]’, in Мир томата глазами фитопатолога [The world of tomato through the eyes of a plant pathologist]. Москва: КМК, pp. 144-271.
  7. Гавриш, С.Ф. (2005). Томаты [Tomatoes]. Москва: Вече.