Plagas
1. Por qué aparecen las plagas
Comprender las causas de la aparición de plagas es el primer paso, y el más importante, para una protección eficaz del peral. En este capítulo analizaremos de dónde vienen las plagas, qué condiciones favorecen su reproducción masiva y cómo las prácticas agrícolas pueden atraer o repeler a estos visitantes no deseados.
Ciclo de vida de las plagas
La mayoría de las plagas del peral pasan por varias etapas de desarrollo: huevo, larva (oruga), pupa y adulto (imago). Cada etapa es vulnerable de manera diferente, y conocer estas características permite elegir los métodos de control más eficaces.
Etapas de invernada. Muchas plagas sobreviven al frío en estado de reposo. La carpocapsa (polilla de la manzana) inverna como oruga en un capullo denso bajo la corteza desprendida, en grietas del tronco o en restos vegetales en la base del árbol (Westwood, 1993). El psílido del peral inverna como adulto en la corteza o bajo las hojas caídas. Los huevos del ácaro rojo europeo se encuentran en la base de las yemas frutales (Jackson, 2003). Saber exactamente dónde inverna cada plaga permite al agricultor realizar tratamientos preventivos en los momentos más adecuados.
Épocas de reactivación. El calor y la humedad desencadenan los mecanismos de desarrollo. Así, las orugas de la carpocapsa pupan en primavera cuando las temperaturas son estables por encima de cero, y el vuelo de las mariposas comienza 2–3 semanas después de la floración del peral (Rieger, 2010). El psílido del peral se activa cuando la temperatura media diaria alcanza los 10 °C. Hay que tener en cuenta que el desarrollo de los insectos depende directamente de la temperatura: cuanto más calor, más rápido es el ciclo vital, y pueden sucederse varias generaciones en una temporada.
Condiciones favorables para el desarrollo de plagas
La naturaleza está diseñada de modo que las plantas sanas pueden resistir a la mayoría de las plagas. Sin embargo, ciertas condiciones debilitan esa defensa.
Monocultivo y falta de biodiversidad. Un huerto compuesto únicamente por perales es un entorno ideal para la reproducción masiva de plagas especializadas. En la naturaleza, el número de insectos está regulado por sus enemigos naturales: escarabajos depredadores, aves, avispas parasitoides. Cuando plantamos grandes extensiones con un solo cultivo, creamos un "amortiguador alimenticio" para las plagas: hay mucho alimento y pocos depredadores, que aún no han tenido tiempo de migrar o reproducirse (Buckingham, 2010).
Clima cálido y húmedo. Muchas plagas se activan precisamente con tiempo cálido y húmedo. Por ejemplo, la reproducción masiva de pulgones ocurre en condiciones de temperatura moderada (20–25 °C) y alta humedad. El tiempo seco y caluroso, por el contrario, puede frenar su desarrollo, pero crea condiciones favorables para los ácaros telarañeros, que se multiplican activamente en aire seco (Westwood, 1993). Las fluctuaciones bruscas de temperatura, los deshielos invernales y las lluvias prolongadas en primavera afectan a la abundancia de las plagas, y su impacto en las distintas etapas de desarrollo puede ser muy diferente.
Árboles debilitados. Este es quizás el factor más importante. Los árboles que sufren estrés por falta de agua, nutrición, daños mecánicos o enfermedades son más susceptibles a las plagas. Las plagas perforadoras de la madera (escolítidos, bupréstidos) atacan casi siempre a ejemplares debilitados. Un árbol sano puede secretar resinas y otras sustancias defensivas que dificultan la penetración de los insectos bajo la corteza (Jackson, 2003).
Influencia de las prácticas agronómicas
La forma en que el agricultor cuida el huerto determina directamente la probabilidad de aparición de plagas.
Estado del suelo. Un suelo encharcado o, por el contrario, demasiado seco debilita el sistema radicular, lo que afecta a todo el árbol. El peral, especialmente sobre patrones enanos, es muy sensible a la falta de humedad (Rieger, 2010). Los árboles con estrés hídrico son más vulnerables a las plagas. Un sistema adecuado de manejo del suelo (por ejemplo, el encespedado de las calles) favorece el desarrollo de raíces sanas y aumenta la resistencia de las plantas (Krivko, 2014).
Fertilización. El exceso de fertilizantes nitrogenados estimula un crecimiento excesivo de brotes. Los tejidos jóvenes, suculentos y tiernos son especialmente atractivos para los pulgones y otros insectos chupadores. Es precisamente en estos brotes vigorosos y "engordados" donde los pulgones se multiplican con mayor rapidez (Krivko, 2014). Una nutrición equilibrada, con énfasis en potasio y fósforo, hace que los tejidos sean más densos y menos atractivos para las plagas.
Condiciones sanitarias. La corteza áspera y descascarillada, las oquedades, las grietas y las ramas secas sin retirar son refugios para las etapas invernantes. A la carpocapsa le gusta invernar bajo la corteza desprendida, y a los escolítidos, bajo la corteza de las ramas muertas. La limpieza oportuna de los troncos, el sellado de heridas, la eliminación de ramas secas y el blanqueo regular privan a las plagas de la posibilidad de invernar cerca del árbol (Buckingham, 2010).
Restos de cosecha. La fruta caída al suelo o dejada en el árbol, así como la fruta momificada, son fuentes de infección para muchas plagas. Por ejemplo, en la fruta que queda en el árbol invernan las orugas de la carpocapsa. La recogida y destrucción oportuna de la fruta caída es una medida preventiva fundamental (Buckingham, 2010).
Poda. Una copa densa provoca sombra, mala ventilación y alta humedad en el interior, lo que crea condiciones ideales no solo para enfermedades, sino también para muchas plagas. Además, las copas densas son difíciles de tratar, y ni siquiera los mejores insecticidas llegan a los lugares de difícil acceso (Buckingham, 2010). Una poda adecuada que garantice la ventilación y la entrada de luz en el interior de la copa es una de las mejores medidas preventivas.
Resumen. La aparición de plagas en el peral no es un accidente, sino el resultado de la combinación de factores biológicos, climáticos y agronómicos. En el próximo capítulo analizaremos en detalle las plagas de las hojas, sus signos y los métodos de control.
2. Plagas de las hojas
Las hojas son la "fábrica de alimentos" del árbol. Un aparato foliar dañado no puede realizar la fotosíntesis adecuadamente, lo que afecta al crecimiento de los brotes, a la formación de yemas frutales y, en última instancia, a la cosecha del año en curso y del siguiente. Por el tipo de daño, las plagas de las hojas del peral se pueden dividir en tres grupos: masticadores, chupadores y minadores. Cada grupo requiere un enfoque de control específico.
Plagas masticadoras de hojas
Estos insectos se alimentan directamente de la pulpa de la hoja, comiéndola por completo o esqueletizándola (dejando solo los nervios). Las hojas dañadas presentan un aspecto rasgado, con agujeros o completamente devoradas.
Principales representantes:
- Tortrícidos (Tortricidae). Las orugas de estas mariposas enrollan las hojas formando un tubo o una bola con ayuda de seda y las devoran desde el interior. En los perales, las más frecuentes son la tortrícida de la fruta y la tortrícida de la rosa (Buckingham, 2010). Las hojas dañadas se reconocen fácilmente por los característicos "puros" enrollados, en cuyo interior se encuentra una oruga verde o marrón.
- La polilla invernal (Operophtera brumata). Las orugas de esta plaga comen las hojas por los bordes, dejando muescas irregulares. Los brotes de población se producen en primavera, justo después de la apertura de las yemas. En caso de infestación grave, las hojas pueden ser devoradas por completo, lo que debilita el árbol (Westwood, 1993).
- La mosca sierra del peral (Caliroa cerasi), conocida popularmente como "babosa del peral". Sus larvas, parecidas a pequeñas babosas negras, raspando la epidermis de la hoja, dejan solo una red transparente de nervios: esqueletización. Se alimentan en junio–julio, sobre todo en árboles jóvenes (Westwood, 1993).
Cómo combatirlas:
- Mecánicamente. En primavera, las orugas de tortrícidos y de la polilla invernal se pueden recoger a mano en huertos pequeños. Arrancar y destruir las hojas enrolladas junto con las orugas.
- Biopreparados. Contra las orugas son eficaces los productos a base de Bacillus thuringiensis (Bitoxibacilina, Lepidocida). Son seguros para los insectos beneficiosos, pero requieren aplicaciones repetidas durante el período de alimentación de las orugas (Buckingham, 2010).
- Químicamente. Cuando la población es elevada, se aplican insecticidas autorizados (piretroides, neonicotinoides) siguiendo estrictamente las instrucciones y respetando los plazos de seguridad antes de la cosecha. Los tratamientos se realizan en la fase de "cono verde" (brotación de yemas) e inmediatamente después de la floración, cuando las orugas son más vulnerables.
Plagas chupadoras
Este es el grupo más numeroso y peligroso. Las plagas perforan la lámina de la hoja y succionan la savia, lo que provoca clorosis, deformación, secado y caída prematura de las hojas. Además, excretan heces dulces (melaza) sobre las que se desarrolla el hongo negrilla, que perjudica la fotosíntesis. Algunas especies son vectores de enfermedades víricas y micoplasmáticas.
Principales representantes:
- El psílido del peral (Cacopsylla pyricola, antes Psylla pyricola) — la plaga chupadora más peligrosa del peral. Los adultos y sus ninfas succionan la savia de las hojas, brotes y frutos. Síntomas: enrollamiento y amarilleamiento de las hojas, abundantes exudaciones pegajosas (melaza) sobre las que se desarrolla una capa negruzca. El psílido también transmite el micoplasma causante de la decadencia del peral (pear decline), una enfermedad mortal (Rieger, 2010; Jackson, 2003). Produce de 3 a 5 generaciones por temporada.
- Pulgones (Aphididae). En el peral se encuentran el pulgón verde del manzano y el pulgón del peral. Colonizan los brotes jóvenes y el envés de las hojas, provocando su enrollamiento y deformación. Secretan melaza que atrae a las hormigas y favorece el desarrollo del hongo negrilla (Buckingham, 2010).
- Ácaros (Tetranychidae, Eriophyidae):
- Ácaro rojo europeo (Panonychus ulmi) — daña las hojas de peral, manzano y otros cultivos. Al succionar la savia, produce pequeñas manchas claras (punzaduras) en el haz de la hoja. En infestaciones graves, las hojas se vuelven bronceadas, se secan y caen (Westwood, 1993).
- Ácaro telarañero (Tetranychus urticae) — activo en tiempo seco y caluroso. Cubre el envés de las hojas con una fina telaraña.
- Ácaro eriófido de la hoja del peral (Eriophyes pyri) — una plaga microscópica que causa la formación de agallas (ampollas) de color amarillo-marrón en las hojas. Las larvas invernan en las escamas de las yemas y dañan las hojas jóvenes en primavera (Westwood, 1993; Rieger, 2010).
Cómo combatirlas:
- Tratamientos de principios de primavera. Antes de la apertura de las yemas, cuando la temperatura media diaria supera los 4–5 °C, se pulveriza con aceites minerales (por ejemplo, "Preparado 30" o similares). La película aceitosa obstruye los orificios respiratorios de los huevos y larvas invernantes de ácaros, pulgones y psílidos (Rieger, 2010).
- Contra ácaros se utilizan acaricidas (productos específicos para ácaros, por ejemplo, a base de clofentezina, bifenazato). Los insecticidas comunes no actúan contra los ácaros. Los tratamientos se realizan ante los primeros signos de daño (mayo–junio) y se repiten a los 10–14 días si es necesario.
- Contra pulgones y psílidos son eficaces los insecticidas sistémicos (por ejemplo, a base de acetamiprid, imidacloprid), que penetran en los tejidos y actúan sobre los insectos chupadores. Sin embargo, es importante respetar los plazos de seguridad y alternar los productos para evitar la resistencia (Jackson, 2003).
- Control biológico. Atraer mariquitas, crisopas y otros insectos depredadores al huerto ayuda a mantener a raya a los pulgones. Para ello, se siembran plantas nectaríferas (eneldo, trigo sarraceno, facelia) en las calles. Los ácaros depredadores Typhlodromus pyri son eficaces contra los ácaros fitófagos (Jackson, 2003). Sin embargo, en huertos particulares este método se usa poco, recurriéndose más a los tratamientos.
Plagas minadoras
Las larvas de estos insectos penetran en el interior de la lámina de la hoja y excavan galerías (minas), alimentándose de los tejidos internos. Exteriormente, aparecen como líneas sinuosas claras o marrones, a veces con manchas ensanchadas.
En el peral se encuentra la polilla minadora del peral (por ejemplo, especies de los géneros Phyllonorycter o Leucoptera). Las larvas invernan en capullos bajo las escamas de las yemas o en grietas de la corteza. En primavera, las mariposas ponen huevos en las hojas jóvenes, y las orugas emergentes excavan minas. En caso de ataque grave, las hojas caen prematuramente (Buckingham, 2010). También puede aparecer la polilla minadora del manzano, pero prefiere el manzano.
Cómo combatirlas:
- Prevención. La recogida y quema de hojas caídas en otoño es la medida principal, ya que en ellas invernan las pupas.
- Pulverización primaveral. Antes de la apertura de las yemas — con aceites minerales para destruir los capullos invernantes.
- Tratamientos estivales. Contra las orugas en activo son eficaces los insecticidas sistémicos (por ejemplo, a base de tiametoxam) o los biopreparados (a base de Bacillus thuringiensis), que se aplican al detectar las primeras minas. El tratamiento debe repetirse a los 7–10 días para cubrir las nuevas generaciones (Buckingham, 2010).
Medidas preventivas generales contra las plagas de las hojas
Independientemente del grupo, existen prácticas universales que reducen significativamente el riesgo de reproducción masiva:
1. Poda sanitaria y limpieza de la corteza. Elimine las ramas secas, dañadas y excesivas. Limpie la corteza muerta de los troncos y ramas gruesas, y selle las heridas con masilla cicatrizante. Así se privan a las plagas de lugares de invernada (Buckingham, 2010).
2. Recogida y destrucción de restos vegetales. Hojas caídas, fruta caída, fruta momificada: todo ello son posibles refugios para las etapas invernantes. En otoño, se rastrillan las hojas y se compostan por separado o se queman.
3. Mantenimiento de la salud de los árboles. El riego regular (especialmente en períodos secos) y una nutrición equilibrada (con énfasis en fósforo y potasio) fortalecen los tejidos y aumentan la resistencia a las plagas chupadoras. Evite el exceso de nitrógeno, que provoca el crecimiento de brotes suculentos atractivos para pulgones y psílidos (Krivko, 2014).
4. Atraer la entomofauna útil. Siembre plantas con flores nectaríferas en las calles. Atraen a insectos depredadores que regulan las poblaciones de pulgones y orugas.
5. Monitoreo regular. Inspeccione cuidadosamente las hojas, especialmente el envés y los brotes jóvenes, entre mayo y agosto. Ante los primeros signos (enrollamiento, clorosis, exudaciones pegajosas, minas), actúe sin esperar a que se produzca la reproducción masiva.
En el próximo capítulo pasaremos a las plagas que afectan a las flores y los frutos, las que nos privan directamente de la cosecha.
3. Plagas de las flores y los frutos
El daño a las flores priva al agricultor de la futura cosecha, y el daño a los frutos los hace inadecuados para el almacenamiento y el consumo. En este capítulo veremos las principales plagas que atacan los órganos reproductores del peral, aprenderemos a reconocerlas por sus signos característicos y a elegir la estrategia de protección adecuada.
Gorgojos (antonomos)
Los gorgojos son escarabajos con la cabeza alargada en forma de "hocico". Los más peligrosos para el peral son el antonomo del manzano (Anthonomus pomorum) y especies afines. Aunque dañan más al manzano, el peral también sufre sus ataques, especialmente en huertos mixtos.
Ciclo de vida y síntomas. Los escarabajos invernan en grietas de la corteza, bajo las hojas caídas y en el suelo. A principios de primavera, cuando la temperatura sube a 6–8 °C, despiertan y suben a la copa. Durante la fase de separación de los botones, las hembras ponen un huevo en el interior de cada botón, perforando un orificio. Luego roen el pedicelo, por lo que el botón se seca, se vuelve marrón y cuelga (signo de la "capucha"). La larva se desarrolla en su interior y pupa allí mismo. Los escarabajos adultos emergen durante la floración y se alimentan de las hojas, haciendo pequeños agujeros (Buckingham, 2010; Westwood, 1993).
Medidas de control:
- Sacudido temprano en primavera. Durante la hinchazón de las yemas, temprano por la mañana con temperaturas inferiores a 10 °C (los escarabajos están entorpecidos), se extiende un plástico o tela bajo el árbol y se sacuden las ramas enérgicamente. Los escarabajos caídos se recogen y destruyen. Es eficaz en huertos pequeños.
- Pulverizaciones. En la fase de "cono verde" o de separación de botones, se aplican insecticidas autorizados (por ejemplo, a base de cipermetrina o lambda-cialotrina). Es importante tratar antes de que las hembras pongan los huevos en el interior de los botones; después, el tratamiento es inútil (Rieger, 2010).
- Recogida de frutos caídos. Las "capuchas" marrones (botones secos con larvas en su interior) se recogen y queman durante la temporada.
Carpocapsas (polillas de la fruta)
Son mariposas cuyas orugas se desarrollan en el interior de los frutos, devorando la pulpa y las semillas. Los frutos dañados caen prematuramente o se vuelven agusanados y no aptos para el consumo.
Carpocapsa del manzano (Cydia pomonella)
Aunque se llama carpocapsa del manzano, daña activamente también al peral, especialmente en regiones de clima templado. Es una de las plagas más peligrosas de los frutales en todo el mundo (Jackson, 2003).
Ciclo de vida. Inverna como oruga en un capullo denso de seda bajo la corteza desprendida, en grietas del tronco, en el suelo cerca de las raíces o en restos vegetales. La pupación se produce en primavera, y el vuelo de las mariposas coincide con la floración o poco después. Las hembras ponen huevos individuales en el haz de las hojas o directamente sobre los frutos jóvenes. Al cabo de 7–14 días (según la temperatura) emergen las orugas. Penetran en el fruto, generalmente por el cáliz o por la pared lateral, y se alimentan en su interior, abriendo galerías hacia la cámara seminal. A las 3–4 semanas, la oruga abandona el fruto, desciende mediante un hilo de seda y busca un lugar para pupar. En regiones meridionales puede dar 2–3 generaciones por temporada; en las septentrionales, una (Westwood, 1993; Rieger, 2010).
Síntomas. Aparece un orificio de entrada en la superficie del fruto, a menudo rodeado de excrementos oscuros (frass). Al cortar el fruto, se ven galerías sinuosas llenas de excrementos marrones y la propia oruga (de color rosado o crema con cabeza oscura) (Buckingham, 2010).
Medidas de control:
- Trampas de feromonas. Se colocan en el huerto al inicio del vuelo de las mariposas (generalmente a finales de mayo o principios de junio, según la región). Las trampas permiten determinar con precisión el inicio del vuelo y el momento del primer tratamiento. En huertos pequeños, las feromonas pueden usarse para la captura masiva de machos (método de desorientación), pero solo es eficaz en superficies de al menos 1 ha (Rieger, 2010).
- Tratamientos químicos. La primera pulverización se realiza 10–14 días después del pico de vuelo de las mariposas (cuando empiezan a emerger las orugas). Se utilizan insecticidas de contacto-ingeridos (piretroides, inhibidores de la síntesis de quitina). Se repite a los 10–14 días para cubrir el período de puesta de huevos y emergencia de orugas. En regiones con dos generaciones, se realiza un tercer tratamiento en julio–agosto (Buckingham, 2010).
- Biopreparados. Los basados en Bacillus thuringiensis son eficaces contra las orugas jóvenes, pero requieren aplicaciones frecuentes (cada 7–10 días) y buena cobertura.
- Medidas sanitarias. Recogida y destrucción regular de la fruta caída (a diario durante el vuelo masivo) y de la fruta momificada en el árbol. En otoño, limpieza de los troncos de corteza muerta y blanqueo. Uso de bandas trampa (cartón corrugado o arpillera) en los troncos para recoger las orugas invernantes (Westwood, 1993).
Polilla oriental de la fruta (Grapholita molesta)
Esta especie es más termófila y predomina en regiones meridionales. A diferencia de la carpocapsa del manzano, también daña los brotes jóvenes (causando la marchitez de las puntas) y los frutos de hueso, pero en el peral daña principalmente los frutos. El ciclo vital es similar al de la carpocapsa del manzano, pero da más generaciones (hasta 4–5 en regiones cálidas). El control es similar, pero se presta especial atención a los tratamientos de principios de primavera contra las orugas que se alimentan de los brotes (Rieger, 2010).
Cecidómidos (agallas de la fruta)
Son pequeños dípteros parecidos a mosquitos. Las larvas de los cecidómidos se desarrollan dentro de los tejidos de la planta, provocando la formación de agallas (abultamientos) o deformaciones de los órganos.
Cecidómido de la fruta del peral (Contarinia pyrivora) — una plaga específica del peral. Las hembras ponen huevos en los botones y flores durante la floración. Las larvas se alimentan de las semillas en desarrollo, destruyéndolas, y secretan sustancias que estimulan el crecimiento hipertrófico de la pared del ovario, que se vuelve abultada, carnosa y no comestible. Los frutos dañados se deforman, se ennegrecen, permanecen en el árbol (momificados) o caen prematuramente. Un solo fruto puede contener decenas de larvas (Jackson, 2003; Buckingham, 2010 — mencionado como "frutos deformes y ennegrecidos que caen siendo aún jóvenes").
Medidas de control:
- Prevención. Recoger y destruir los frutos momificados que quedan en el árbol, ya que en ellos invernan las larvas.
- Pulverizaciones. Durante la hinchazón de los botones y el inicio de la floración, se aplican insecticidas de contacto (piretroides) para eliminar a los adultos antes de la puesta de huevos. Dado que el vuelo del cecidómido coincide con la floración, es importante elegir productos relativamente seguros para las abejas y realizar los tratamientos al atardecer.
- Agronomía. El cavado profundo de los círculos de los troncos en otoño favorece la muerte de parte de las larvas que invernan en el suelo.
Otras plagas de los frutos
Mosca sierra de la fruta del peral
A diferencia de las larvas de la mosca sierra que esqueletizan las hojas, las moscas sierra de la fruta dañan los ovarios. La hembra pone huevos en los botones o en los ovarios jóvenes; las larvas devoran las semillas y la pulpa. Los frutos dañados dejan de crecer y caen. El control es similar al de la carpocapsa: tratamientos inmediatamente después de la floración y recogida de la fruta caída (Westwood, 1993).
Gorgojo de la ciruela (Plum curculio, Conotrachelus nenuphar)
Aunque este escarabajo prefiere la ciruela, también puede dañar el peral, especialmente en las regiones del este de América del Norte. Las hembras hacen incisiones en forma de media luna ("marcas de media luna") en la piel de los frutos jóvenes y ponen huevos en ellas. Las larvas se alimentan de la pulpa, el fruto se deforma y a menudo cae. Los escarabajos adultos invernan en el mantillo del bosque. Control: sacudido de escarabajos a principios de primavera, tratamientos insecticidas durante el período de puesta de huevos (1–2 semanas después de la floración) (Westwood, 1993; Rieger, 2010).
Aves y avispas
Aunque no son insectos plaga, pueden causar daños significativos en el peral, especialmente durante la maduración de los frutos. Las aves picotean los frutos, dejando heridas irregulares que luego son colonizadas por patógenos. Las avispas perforan la piel y devoran la pulpa, haciendo el fruto no comestible. Medidas de protección: redes, repelentes sonoros o visuales, cebos para avispas (trampas dulces colocadas lejos del huerto) (Buckingham, 2010).
Principios generales de protección de flores y frutos
1. Conocimiento preciso de la fenología. El momento de los tratamientos está ligado a las fases de desarrollo del árbol (separación de botones, inicio de floración, fin de floración, inicio del crecimiento del fruto) y al vuelo de las plagas (trampas de feromonas). No trate "por si acaso": es inútil y perjudicial para el medio ambiente.
2. Alternancia de productos. Para evitar la resistencia, alterne insecticidas de diferentes grupos químicos (piretroides, neonicotinoides, inhibidores de la síntesis de quitina). Para cada generación, use productos con diferente modo de acción (Jackson, 2003).
3. Protección de las abejas. Durante la floración, evite el uso de insecticidas altamente tóxicos para las abejas. Si es necesario tratar, hágalo al atardecer (después de la puesta de sol) y elija productos con plazos de seguridad cortos y baja toxicidad para los entomófagos.
4. Recogida y destrucción de la fruta caída y momificada. Es una práctica clave: interrumpe el ciclo de desarrollo y reduce la población de la siguiente generación. Hágalo a diario durante el período de caída masiva de frutos.
5. Bandas trampa. Coloque bandas de cartón corrugado o arpillera en los troncos a finales del verano (3–4 semanas antes de la cosecha) para que las orugas de la carpocapsa se introduzcan en ellas para invernar. Retire y queme las bandas en invierno.
En el próximo capítulo veremos las plagas que atacan la madera y las raíces del peral; a menudo son menos visibles, pero pueden ser especialmente peligrosas para la vida del árbol.
4. Plagas de la madera y las raíces
Las plagas que atacan la madera y las raíces se encuentran entre las más peligrosas, ya que su actividad suele pasar desapercibida hasta que el árbol comienza a marchitarse visiblemente. El daño a los tejidos conductores interrumpe el transporte de agua y nutrientes, y la destrucción del sistema radicular priva al árbol de soporte y de la capacidad de obtener alimento del suelo. A diferencia de las plagas de hojas y frutos, donde el control da resultados rápidos, aquí la prevención y el mantenimiento de la salud general del árbol son prioritarios.
Escolítidos (barrenillos)
Los escolítidos (Scolytidae) son pequeños escarabajos que excavan galerías bajo la corteza y en la madera. El barrenillo del peral (Scolytus pyri) y especies afines atacan al peral. En Rusia y los países de la CEI también están presentes otras especies de escolítidos que dañan los frutales (Krivko, 2014).
Ciclo de vida y síntomas. Los escarabajos adultos invernan en la corteza o en la capa superficial del suelo. En primavera emergen, se aparean, y las hembras perforan orificios de entrada en la corteza, excavando galerías madre (longitudinales o transversales) en el líber y la albura. A lo largo de las galerías depositan los huevos. Las larvas emergentes excavan sus propias galerías (larvales), generalmente perpendiculares a las maternas, y se alimentan del líber y el cambium. Las galerías de los escolítidos presentan un dibujo característico en la cara interna de la corteza desprendida. En infestaciones masivas, el árbol muere en una o dos temporadas (Westwood, 1993).
Síntomas de infestación:
- Pequeños orificios redondos en la corteza (orificios de vuelo y entrada), de los que emana goma o serrín parduzco.
- Serrín marrón ("polvo de perforación") en la base del tronco o en las horquillas de las ramas.
- Desprendimiento y caída de la corteza, bajo la que se ven galerías.
- Amarilleamiento y secado de las hojas en ramas aisladas o en toda la copa, comenzando por la parte superior.
Factores de riesgo. Los escolítidos atacan casi siempre a árboles debilitados: tras inviernos severos, sequías, daños mecánicos, enfermedades de raíces, o árboles con régimen hídrico alterado (Westwood, 1993; Rieger, 2010). Los árboles sanos y en crecimiento activo pueden secretar resina y "ahogar" a los escarabajos, bloqueando sus galerías.
Medidas de control:
- Principalmente prevención. Mantenga los árboles en buen estado: riego regular en épocas secas, nutrición equilibrada (potasio, fósforo), poda oportuna y sellado de heridas.
- Blanqueo otoñal de troncos y bases de las ramas principales protege contra las grietas por heladas, que son puertas de entrada para los escolítidos. En regiones meridionales, se blanquea en otoño y se repite durante los deshielos invernales (Krivko, 2014).
- Corte y destrucción de ramas infestadas. Cuando se detecten signos de infestación en ramas aisladas, córtelas inmediatamente y quémelas, tomando al menos 30–40 cm de madera sana por debajo de la zona afectada. Selle los cortes con masilla cicatrizante o pintura al óleo.
- Cebos. En huertos pequeños se pueden utilizar troncos-trampa. Coloque ramas delgadas recién cortadas o trozos de troncos de peral en las calles en primavera (antes del vuelo de los escarabajos) como cebo. Al cabo de 2–4 semanas, recoja y queme los troncos con escolítidos, impidiendo que los escarabajos emerjan. Este método requiere un control regular y su destrucción oportuna.
- Tratamientos químicos. Cuando la población es elevada, se aplican insecticidas de contacto durante el vuelo de los escarabajos (primavera, principios de verano) pulverizando los troncos y las ramas principales. Sin embargo, en huertos particulares este método se usa poco debido a la necesidad de cubrir bien la corteza.
Perforadores (grandes cerambícidos y sesíidos)
A diferencia de los escolítidos, cuyas larvas son pequeñas y se alimentan del líber, las larvas de los perforadores son más grandes y excavan galerías profundas en la madera, debilitando la resistencia mecánica de las ramas y el tronco.
Principales especies en el peral (en zona templada):
- Barrenador plano del peral (Agrilus sinuatus) — un escarabajo de la familia de los bupréstidos, cuya larva excava largas galerías espirales bajo la corteza y en la albura, debilitando las ramas y provocando su secado. Los adultos emergen en junio–julio y se alimentan de hojas (Westwood, 1993, menciona barrenadores planos como plagas de frutales).
- Sesía del manzano (Synanthedon myopaeformis) — una mariposa de alas transparentes, parecida a una avispa. Sus larvas penetran en la corteza y excavan galerías en el cambium y la madera superficial, causando abultamientos y agallas, a menudo en el punto de injerto o en la base del tronco (Westwood, 1993, menciona especies afines de sesíidos). Nota: las fuentes principales (Buckingham, Rieger) no destacan la sesía como plaga principal del peral, pero en la práctica rusa (Krivko, 2014) se menciona para el manzano y otros frutales.
Síntomas. Presencia de abultamientos y agallas en la corteza, exudación de goma, desprendimiento de la corteza bajo la que se ven galerías anchas llenas de serrín y excrementos (Jackson, 2003; Westwood, 1993).
Medidas de control:
- Lo mismo que para los escolítidos: mantener la salud de los árboles, cortar y quemar las ramas muy dañadas, limpiar y sellar heridas.
- Para los barrenadores planos — pulverización insecticida a principios de primavera (piretroides) durante la emergencia de los adultos (generalmente en junio) para evitar la puesta de huevos. Esto es especialmente importante en regiones meridionales.
- Destrucción mecánica. Si se detecta un abultamiento en una rama, se puede intentar sondear y extraer la larva con un gancho fino y flexible (alambre), pero este método es laborioso y solo eficaz para daños aislados en árboles pequeños.
Plagas de las raíces
El sistema radicular del peral puede ser atacado por varios grupos de plagas que roen las raíces, reduciendo la absorción de agua y minerales y abriendo la puerta a infecciones (por ejemplo, pudriciones radiculares).
Principales representantes:
- Larvas del escarabajo de mayo (gusano blanco) (Melolontha melolontha y especies afines). Larvas gruesas, blancas o amarillentas (de hasta 4–5 cm de longitud) que viven en el suelo durante 3–4 años y se alimentan de las raíces de árboles y arbustos. Son más peligrosas para las plantas jóvenes y los árboles de hasta 5–7 años. Devoran las raíces finas y, en poblaciones elevadas, pueden roer completamente la raíz principal, provocando la muerte de la planta (Westwood, 1993 — tabla de plagas; Krivko, 2014).
- Pulgones radiculares. En el peral existe una forma radicular del pulgón del peral (género Eriosoma) que en algunas regiones se alimenta de las raíces, causando agallas y debilitando los árboles (Westwood, 1993, menciona pulgones radiculares para otros cultivos; para el peral, la especie específica Eriosoma pyricola).
- Gorgojos de la raíz (por ejemplo, Brachyrhinus ovatus). Los adultos devoran hojas y corteza de brotes jóvenes, pero el daño principal lo causan las larvas, que roen las raíces cerca de la superficie del suelo. Son más peligrosos para plantas jóvenes y viveros (Westwood, 1993).
- Nematodos (gusanos microscópicos, por ejemplo, Pratylenchus penetrans) pueden atacar las raíces del peral, causando agallas y necrosis, lo que perjudica el crecimiento, especialmente en suelos ligeros (Jackson, 2003). Aunque los nematodos no suelen ser la causa de la muerte evidente de los árboles, los debilitan y reducen el rendimiento.
Síntomas de daño por plagas radiculares:
- Crecimiento lento, hojas pequeñas y cloróticas.
- Marchitamiento en tiempo cálido a pesar del riego.
- Raíces expuestas en el círculo del tronco (por erosión) — pueden verse mordeduras o agallas (por pulgones).
- Presencia de larvas blancas en el suelo al cavar.
Medidas de control:
- Cavado y aireación de los círculos de los troncos en otoño y primavera, especialmente en huertos jóvenes. El cavado profundo (a la profundidad de una pala) en otoño saca a la superficie las larvas invernantes de escarabajos, que mueren por las heladas o son devoradas por las aves (Krivko, 2014). Atención: no cave profundamente cerca del tronco para no dañar las raíces superficiales; trate la zona del perímetro de la copa.
- Riego con insecticidas. En caso de infestación masiva por larvas de escarabajo, se puede aplicar al suelo soluciones de insecticidas (a base de imidacloprid, diazinon) según las instrucciones. En huertos particulares, esta es una medida extrema, que es mejor sustituir por biopreparados (por ejemplo, a base de nematodos entomopatógenos Steinernema o Heterorhabditis contra larvas de escarabajo). Estos productos son seguros para las personas y el medio ambiente y eficaces en épocas cálidas y húmedas (primavera–otoño).
- Prevención de pulgones radiculares. Uso de patrones resistentes (incluidos en huertos comerciales; para el huerto particular, elegir una variedad sobre patrón resistente es una buena solución). Inspección sistemática de las plantas jóvenes antes de plantar.
- Rotación de cultivos. No plante perales (ni otros frutales) en un terreno donde antes hubiera frutales sin un descanso de al menos 4–5 años, especialmente si se observó debilitamiento de los árboles debido a problemas de replantación (Jackson, 2003 — detalla la enfermedad de replantación, que puede estar relacionada con la acumulación de patógenos y plagas, incluidos nematodos).
Principios generales de protección de la madera y las raíces
1. La prevención es la base. Los escolítidos, barrenadores y plagas radiculares atacan casi siempre a árboles debilitados. Por lo tanto, todo lo que mejore la salud general del árbol (riego, nutrición, poda, protección contra enfermedades) es también protección contra estas plagas. Evite daños mecánicos en la corteza (por cortadoras, herramientas) y trate las heridas a tiempo.
2. Poda sanitaria. Elimine y queme todas las ramas secas, marchitas, rotas e infestadas por plagas del tronco. Es la medida principal para reducir la población de la plaga. Al podar, tome un trozo de madera sana de al menos 30 cm.
3. Blanqueo. El blanqueo de troncos y bases de las ramas principales en otoño (y repetido durante los deshielos invernales, especialmente en regiones meridionales) protege la corteza de las grietas por heladas y las quemaduras solares, que son puertas de entrada para escolítidos y barrenadores. Utilice blanqueo con sulfato de cobre añadido para una protección adicional (Krivko, 2014).
4. Trampas y cebos. Utilice trampas de feromonas para monitorizar el vuelo de los escolítidos en huertos grandes. En huertos pequeños, emplee troncos-trampa de madera recién cortada de peral o manzano (en primavera), que son colonizados por los escarabajos y luego quemados.
5. Tratamientos insecticidas. Durante el vuelo de los escarabajos (primavera–principios de verano), se puede realizar una pulverización preventiva de los troncos y ramas gruesas con insecticidas de contacto (piretroides). Sin embargo, esta es una medida adicional que no sustituye a la sanidad.
6. Material de plantación. Al comprar plantas jóvenes, inspeccione el sistema radicular para detectar agallas, crecimientos y daños. Adquiera plantas solo en viveros de buena reputación que realicen controles fitosanitarios.
En el próximo capítulo, el quinto, trataremos un sistema integral de medidas preventivas que permitirá minimizar el riesgo de aparición de plagas en general.
5. Prevención
La prevención es la base de un huerto sano. Es mucho más fácil y económico prevenir la reproducción masiva de plagas que combatir las consecuencias. Una prevención bien planificada reduce la necesidad de tratamientos químicos, conserva la entomofauna útil y proporciona una cosecha ecológica. En este capítulo veremos tres áreas clave: medidas sanitarias, mantenimiento del equilibrio biológico y monitoreo regular.
5.1. Medidas sanitarias
Las medidas sanitarias tienen como objetivo eliminar los lugares de invernada y reproducción de las plagas, así como eliminar las fuentes de infección. Son las prácticas más accesibles y eficaces para cualquier agricultor.
Poda y formación de la copa. La poda regular asegura la ventilación e iluminación de la copa, reduciendo la humedad y creando condiciones desfavorables para muchas plagas. Además, la eliminación de ramas secas, rotas, enfermas y excesivas priva a los escolítidos, perforadores y orugas invernantes de la carpocapsa de sus refugios. Todas las ramas cortadas con signos de infestación se queman (Buckingham, 2010). La formación de una copa rala también facilita la inspección y la pulverización.
Limpieza de troncos y ramas principales. La corteza muerta y descascarillada es un lugar ideal para la invernada de la carpocapsa, tortrícidos, cochinillas y ácaros. En otoño (o a principios de primavera antes de la brotación), se raspa la corteza vieja con raspadores o cepillos duros hasta el tejido sano, extendiendo un plástico bajo el árbol. La corteza y los residuos se queman. Las zonas limpias se blanquean (Westwood, 1993; Buckingham, 2010).
Blanqueo de troncos y bases de las ramas principales. El blanqueo otoñal (y repetido durante los deshielos invernales en regiones meridionales) protege la corteza de las grietas por heladas y las quemaduras solares, que son puertas de entrada para escolítidos y agentes patógenos. Para el blanqueo se utiliza una solución de cal con sulfato de cobre o hierro. Es importante blanquear antes de mediados de enero, mientras el árbol está en reposo profundo (Krivko, 2014).
Recogida y destrucción de restos vegetales. Las hojas caídas, la fruta caída y la fruta momificada (que queda en el árbol) son reservorios para las etapas invernantes. En la fruta caída se desarrollan larvas de carpocapsa; en la fruta momificada, cecidómidos y agentes de podredumbre. Por lo tanto:
- La fruta caída se recoge a diario durante el período de caída masiva (especialmente después de la "caída de junio" y antes de la cosecha) y se entierra en un pozo de compost (profundo) o se quema.
- La fruta momificada se retira del árbol en otoño y se destruye.
- Las hojas caídas se rastrillan en otoño y se compostan en un montón aparte (alternando con tierra) o se incorporan al suelo, pero en huertos particulares suelen quemarse para destruir las esporas de la sarna y las pupas invernantes de las polillas minadoras (Buckingham, 2010).
Bandas trampa. A finales del verano (aproximadamente 3–4 semanas antes de la cosecha), se colocan bandas de cartón corrugado o arpillera en los troncos y las partes inferiores de las ramas principales. Las orugas de la carpocapsa se introducen en ellas para pupar e invernar. Las bandas se retiran después de la caída de las hojas y se queman sin desenrollar. Esta práctica da resultados notables con su uso sistemático (Westwood, 1993).
Cavado otoñal de los círculos de los troncos. El cavado profundo del suelo en los círculos de los troncos (con cuidado para no dañar las raíces; mejor en el perímetro de la copa) en otoño saca a la superficie las pupas invernantes de la carpocapsa, las larvas del escarabajo de mayo y otras plagas del suelo. Mueren por las heladas o son devoradas por las aves. En las calles, el cavado puede hacerse a una profundidad de 15–20 cm (Krivko, 2014). Atención: en patrones enanos con sistema radicular superficial, sustituya el cavado profundo por un aireado superficial.
5.2. Equilibrio biológico
En un huerto sano, la cantidad de plagas está regulada por sus enemigos naturales: insectos depredadores, arañas, aves, avispas parasitoides. La tarea del agricultor es crear condiciones favorables para los organismos beneficiosos.
Atracción de entomófagos. Muchos insectos beneficiosos (mariquitas, crisopas, sírfidos, icneumónidos) necesitan néctar y polen para alimentarse en la fase adulta. La siembra en las calles y en los bordes del huerto de plantas nectaríferas con flores (eneldo, trigo sarraceno, facelia, mostaza, trébol, alfalfa, así como umbelíferas silvestres) los atrae. Es importante que estas plantas florezcan durante toda la temporada. Por ejemplo, la facelia florece desde junio hasta las heladas y es una excelente planta melífera que atrae a muchos insectos beneficiosos (Buckingham, 2010; Jackson, 2003).
Uso de biopreparados. En lugar de insecticidas químicos de amplio espectro, se utilizan agentes biológicos a base de bacterias, hongos o virus que afectan solo a plagas específicas. Los más conocidos:
- Bacillus thuringiensis (Bitoxibacilina, Lepidocida) — contra orugas de lepidópteros (carpocapsas, tortrícidos, polilla invernal).
- Nematodos entomopatógenos (géneros Steinernema, Heterorhabditis) — eficaces contra larvas de escarabajo de mayo, gorgojos de la raíz y plagas del suelo. Se aplican al suelo en suspensión acuosa.
- tos productos son seguros para las personas, los insectos beneficiosos y no dejan residuos tóxicos en los frutos (Jackson, 2003; Buckingham, 2010).
Conservación de ácaros depredadores. Contra los ácaros telarañeros y rojos es eficaz el ácaro depredador Typhlodromus pyri. Sus poblaciones se ven suprimidas por el uso de insecticidas de amplio espectro (especialmente piretroides). Con el uso de acaricidas selectivos e insecticidas suaves, el depredador puede controlar con éxito la abundancia de ácaros dañinos (Jackson, 2003). Para el huerto particular, la recomendación es simple: evite el uso de productos fuertes sin necesidad extrema, y los reguladores naturales trabajarán por usted.
Atracción de aves. Muchas aves (herrerillos, estorninos, colirrojos, trepadores) se alimentan de orugas, pulgones y escarabajos. La colocación de comederos en invierno (pero no durante la fructificación, para no acostumbrar a las aves a los frutos) y cajas nido en primavera ayuda a aumentar su número. Sin embargo, durante la maduración de los frutos pueden ser necesarios repelentes (cintas brillantes, molinetes) para que las aves no dañen la cosecha.
Diversidad de cultivos y rotación. El monocultivo favorece la acumulación de plagas especializadas. En un huerto pequeño, procure combinar diferentes especies y variedades, siembre las calles con hortalizas o abonos verdes, y deje zonas con vegetación natural (arbustos, ortigas) — esto crea refugios para los depredadores y reservorios para la entomofauna útil. Al establecer un nuevo huerto en el lugar de uno antiguo, evite replantar perales y manzanos en el mismo sitio durante al menos 4–5 años debido al riesgo de enfermedades de replantación y acumulación de plagas específicas (Jackson, 2003).
5.3. Monitoreo
"Solo se puede gestionar lo que se mide". El monitoreo regular permite detectar la plaga en una fase temprana, cuando las medidas locales (recogida, poda) pueden prevenir la reproducción masiva.
Inspecciones visuales. De abril a septiembre, inspeccione los árboles con regularidad (al menos una vez por semana):
- Hojas: compruebe el envés en busca de pulgones, puestas de huevos, telarañas (ácaros), minas (polillas minadoras), hojas enrolladas (tortrícidos).
- Brotes jóvenes: busque puntas marchitas (signo de polilla oriental), grietas en la corteza.
- Botones y flores: preste atención a las "capuchas" marrones y secas (antonomos), ovarios deformados (cecidómidos).
- Frutos: revise si hay orificios de entrada, excrementos, marcas de picaduras (carpocapsas, gorgojos, aves).
- Troncos y ramas principales: busque pequeños orificios, serrín, abultamientos (escolítidos, barrenadores).
Trampas de feromonas. Son herramientas prácticas para determinar el inicio del vuelo de la carpocapsa, la polilla oriental y los tortrícidos. Una trampa con atrayente feromonal atrae a los machos. El conteo regular de mariposas capturadas (cada 3–5 días) permite determinar con precisión el pico de vuelo y el momento del primer tratamiento. Las trampas de feromonas se venden en tiendas especializadas y son fáciles de usar (Rieger, 2010; Buckingham, 2010).
Registro de las condiciones meteorológicas. La temperatura y la humedad determinan la velocidad de desarrollo de las plagas. Por ejemplo, para la carpocapsa, la suma de temperaturas efectivas (por encima de 10 °C) desde el pico de vuelo hasta la emergencia de las orugas es de unos 100–150 grados-día. En regiones con clima cálido puede haber dos generaciones, lo que requiere tratamientos adicionales. Conociendo estas pautas, puede ajustar el momento de los tratamientos sin esperar a que aparezcan los daños visibles (Jackson, 2003).
Valores umbral. Para decidir si se trata, existe el concepto de umbral económico de daño (UED): la población de la plaga a partir de la cual el daño esperado supera el coste del tratamiento. Para los agricultores particulares, estas cifras pueden ser demasiado académicas, pero el principio es claro: se trata solo cuando se detecta un exceso sostenido del nivel aceptable. Por ejemplo, si se encuentran más de 10 puestas de huevos de carpocapsa en 100 hojas o más del 5% de frutos con daños, se requiere tratamiento (Buckingham, 2010; Jackson, 2003).
Llevar un registro. Anote las fechas de aparición de las primeras plagas, la intensidad del vuelo, los tratamientos realizados y las condiciones meteorológicas. Esto permitirá predecir la aparición de plagas el año siguiente y planificar las medidas preventivas con mayor precisión.
Resumen de prevención:
- Sanidad — elimine todas las fuentes de infección e invernada: ramas enfermas, corteza muerta, fruta caída, hojas.
- Biodiversidad — atraiga a los enemigos naturales, use biopreparados, evite el monocultivo.
- Monitoreo — inspeccione regularmente los árboles, use trampas de feromonas, tenga en cuenta el clima.
Estos tres pilares de la prevención le permitirán mantener el huerto en buen estado con intervenciones mínimas. En el próximo y último capítulo veremos métodos específicos de protección: mecánicos, biológicos, químicos y su integración en un sistema único de protección del peral.
6. Métodos de protección
En los capítulos anteriores hemos analizado por qué aparecen las plagas, qué especies afectan al peral y cómo prevenir su reproducción masiva. Ahora pasamos a los métodos concretos de protección que se pueden aplicar en el huerto. Es importante entender que ningún método ofrece una garantía del 100%, pero su combinación razonable dentro de un sistema integrado permite controlar eficazmente las poblaciones de plagas con el mínimo daño para el medio ambiente y la salud humana.
Todos los métodos de protección se dividen en cuatro grupos: mecánicos, biológicos, químicos e integrados (que combinan todos los anteriores). Los veremos a continuación.
6.1. Métodos mecánicos de protección
Los métodos mecánicos son acciones físicas contra las plagas: recogida, captura, destrucción y creación de barreras. Son laboriosos, pero ecológicamente impecables y especialmente eficaces en huertos pequeños.
Sacudido de escarabajos. A principios de primavera, durante la hinchazón de las yemas, a temperaturas inferiores a 10 °C (los escarabajos están entorpecidos), se extiende un plástico o lona bajo los árboles y, con un palo con un extremo acolchado, se sacuden las ramas vigorosamente. Los escarabajos antónomos, gorgojos y otros que caen se recogen y destruyen. Repita el procedimiento 2–3 veces con intervalos de 3–5 días (Buckingham, 2010; Westwood, 1993). Por qué funciona: a baja temperatura, los insectos pierden la capacidad de volar rápidamente y se desprenden fácilmente.
Recogida de orugas y puestas de huevos. Durante la temporada, en las inspecciones, retire manualmente:
- Hojas enrolladas con orugas de tortrícidos: córtelas y quémelas.
- Puestas de huevos en las hojas (muchas plagas las ponen en el envés): raspe o corte junto con la hoja.
- Nidos de la polilla invernal y otras orugas visibles en la copa.
Bandas trampa. Como ya se mencionó en el capítulo de prevención, las bandas de cartón corrugado o arpillera colocadas en los troncos a finales del verano recogen las orugas de la carpocapsa que se van a invernar. Las bandas se retiran tras la caída de las hojas y se queman. Con el uso sistemático, este método reduce la población de carpocapsa entre un 30 y un 50% (Westwood, 1993). Por qué funciona: las orugas buscan refugios oscuros y con rendijas para capullar; el cartón corrugado imita la corteza descascarillada.
Recogida de fruta caída. La recogida diaria de los frutos caídos (especialmente durante la caída masiva) es una de las prácticas más eficaces. No deje la fruta caída en el huerto; entiérrela profundamente (al menos 50 cm) o quémela. Esto destruye las larvas de carpocapsa que aún no han abandonado el fruto e interrumpe su ciclo vital (Buckingham, 2010).
Poda de ramas dañadas. Cuando se detecten signos de escolítidos, barrenadores o sesíidos (marchitamiento de ramas, serrín), corte inmediatamente las ramas infestadas y quémelas, tomando al menos 30–40 cm de madera sana por debajo de la zona afectada. Selle los cortes con masilla cicatrizante o pintura al óleo. Por qué es importante: la eliminación de la madera infestada elimina la población de la plaga, impidiendo su propagación.
Barreras. Coloque fundas protectoras de malla o plástico en los troncos de los árboles jóvenes para protegerlos de los roedores (liebres y ratones) en invierno. Contra las hormigas, que dispersan los pulgones, aplique bandas adhesivas (pegamento no seco) en los troncos; impiden que las hormigas suban a la copa. Por qué funciona: una barrera física interrumpe el camino de la plaga hacia la fuente de alimento.
Cobertores y repelentes. Contra las aves que dañan los frutos en maduración, utilice redes (colocadas sobre el árbol o sobre ramas individuales), repelentes brillantes (CD viejos, cintas reflectantes) y dispositivos sonoros. Para las avispas, cuelgue trampas con cebo (líquido dulce con insecticida) a cierta distancia de los árboles frutales (Buckingham, 2010).
6.2. Métodos biológicos de protección
Los métodos biológicos utilizan los enemigos naturales de las plagas: depredadores, parásitos y agentes patógenos de insectos. Son seguros para el medio ambiente, no dejan residuos tóxicos y pueden ser muy eficaces si se aplican correctamente.
Atracción y conservación de entomófagos. Los insectos depredadores —mariquitas, crisopas, sírfidos, chinches depredadoras— se alimentan activamente de pulgones, psílidos, huevos y orugas jóvenes. Las avispas parasitoides (icneumónidos, Trichogramma) ponen sus huevos dentro de los huevos u orugas de las plagas, destruyéndolos desde dentro. Para atraer a estos ayudantes:
- Siembre plantas nectaríferas en las calles y bordes del huerto (eneldo, facelia, trigo sarraceno, mostaza, trébol, alfalfa). Proporcionan néctar y polen a los entomófagos adultos en períodos en que las plagas son escasas.
- Evite el uso de insecticidas de amplio espectro que matan a los insectos beneficiosos. Elija productos selectivos o biopreparados.
- Deje zonas con vegetación natural (setos, arbustos) que sirvan de refugio a los entomófagos (Jackson, 2003; Buckingham, 2010).
Uso de biopreparados. Son productos a base de microorganismos vivos (bacterias, hongos, virus) o de sus metabolitos, que actúan selectivamente sobre ciertos grupos de plagas:
- Bacillus thuringiensis (Bitoxibacilina, Lepidocida) — preparado bacteriano, eficaz contra orugas de lepidópteros (carpocapsas, tortrícidos, polilla invernal, minadores). La oruga que come una hoja tratada deja de alimentarse y muere en 2–4 días. Es seguro para humanos, abejas y entomófagos. Requiere aplicaciones repetidas (cada 7–10 días), ya que su acción es corta (Jackson, 2003; Buckingham, 2010).
- Nematodos entomopatógenos (géneros Steinernema, Heterorhabditis) — gusanos microscópicos que penetran en las larvas de plagas del suelo (escarabajo de mayo, gorgojos) y las matan. Se aplican al suelo en suspensión acuosa en primavera u otoño, a temperaturas superiores a 15 °C. Son seguros para los animales de sangre caliente y las lombrices de tierra.
- Preparados a base de avermectinas (por ejemplo, Fitoverm, Akarin) — metabolitos del hongo del suelo Streptomyces avermitilis. Son eficaces contra ácaros, pulgones, psílidos y algunas orugas. Tienen un plazo de seguridad corto (2–3 días) y son relativamente seguros para los insectos beneficiosos.
Desorientación feromonal. En grandes huertos se utilizan difusores de feromonas, que se distribuyen uniformemente y crean una alta concentración de feromona de la hembra en el aire. Los machos no pueden encontrar a las hembras, no se produce el apareamiento y la siguiente generación no aparece. El método es eficaz contra la carpocapsa, la polilla oriental y los tortrícidos, pero requiere una superficie de al menos 1 ha para ser efectivo y la sustitución anual de los difusores (Rieger, 2010; Jackson, 2003). Para huertos pequeños, este método suele ser inaccesible por su alto coste y la necesidad de gran superficie.
Trichogramma. Son avispas microscópicas que parasitan los huevos de carpocapsas, tortrícidos y otros lepidópteros. En huertos particulares, se puede adquirir Trichogramma en biolaboratorios especializados y liberarlo en el huerto durante la puesta de huevos de las plagas (1–2 liberaciones por temporada). Es un método eficaz y ecológico que requiere un cumplimiento preciso de los plazos (Buckingham, 2010).
6.3. Métodos químicos de protección
Los insecticidas y acaricidas químicos son un recurso de último recurso, al que se recurre cuando las poblaciones de plagas son elevadas y los métodos mecánicos y biológicos ya no son suficientes. El uso correcto de los productos químicos requiere atención, el respeto de los plazos y las dosis.
Clasificación según el modo de acción:
- Contacto — matan la plaga al entrar en contacto directo con su cuerpo. Solo son eficaces en el momento de la aplicación; no protegen los nuevos brotes. Ejemplos: piretroides (permetrina, cipermetrina, lambda-cialotrina).
- Ingestión — se absorben en los tejidos de la planta y matan a la plaga cuando se come la hoja o el fruto tratado. Ejemplos: algunos organofosforados (malatión).
- Sistémicos — penetran en el sistema vascular de la planta y se distribuyen por todos los tejidos, haciendo que toda la planta sea tóxica para las plagas chupadoras y masticadoras. Eficaces contra pulgones, psílidos, cochinillas. Ejemplos: neonicotinoides (imidacloprid, tiametoxam), acetamiprid.
- Acaricidas — productos específicos contra los ácaros (los insecticidas comunes no actúan contra los ácaros). Ejemplos: clofentezina, bifenazato, propargito.
- Inhibidores de la síntesis de quitina — alteran la formación de la cutícula en las larvas, impidiendo la muda y causando su muerte. Ejemplos: diflubenzurón, metoxifenocida. Son relativamente seguros para los insectos beneficiosos, pero actúan lentamente.
Reglas importantes de aplicación:
1. Respete el momento de los tratamientos. Los productos químicos son más eficaces en la fase de desarrollo más vulnerable de la plaga:
- Contra la carpocapsa — 10–14 días después del pico de vuelo de las mariposas (determinado por trampas de feromonas), cuando empiezan a emerger las orugas.
- Contra pulgones y psílidos — cuando aparecen las primeras colonias en primavera, antes de la reproducción masiva.
- Contra ácaros — al detectar los primeros signos de daño (mayo–junio).
- Contra antónomos — en la fase de "cono verde" (antes de la apertura de los botones).
- Contra escolítidos — durante el vuelo de los escarabajos (primavera–principios de verano).
2. Alterne productos. El uso del mismo insecticida varias veces por temporada provoca resistencia. Alterne productos de diferentes grupos químicos (por ejemplo, piretroide → neonicotinoide → inhibidor de quitina). Esta es una recomendación para prevenir la resistencia, respaldada por numerosos estudios (Jackson, 2003; Rieger, 2010).
3. Observe el plazo de seguridad (período entre la aplicación y la cosecha). Es un requisito obligatorio que figura en la etiqueta de cada producto. Cúmplalo estrictamente para que los frutos sean seguros para el consumo. El plazo varía de 2–3 días (avermectinas) a 30–40 días (algunos sistémicos). Para las variedades tempranas y los tratamientos de verano, elija productos con un plazo de seguridad corto (Buckingham, 2010).
4. Protección de las abejas. No pulverice durante la floración. Si el tratamiento es necesario, realícelo al atardecer, cuando las abejas no vuelan. Elija productos con baja toxicidad para las abejas (clase de peligro III o IV). En muchas regiones, los tratamientos durante la floración están prohibidos por ley (Buckingham, 2010; Jackson, 2003).
5. Prepare correctamente la solución de trabajo. Utilice solo las dosis recomendadas. Aumentar la dosis no mejora la eficacia, pero aumenta el riesgo de fitotoxicidad y acumulación de residuos. Mezcle los productos solo según las tablas de compatibilidad (Krivko, 2014). No mezcle insecticidas químicos con biopreparados a menos que se indique en las instrucciones.
6. Pulverice completamente. El tratamiento solo es eficaz si se moja bien toda la copa, especialmente el envés de las hojas, donde se concentran las plagas. Utilice pulverizadores de gota fina y elija días sin viento.
¿Cuándo están justificados los tratamientos químicos?
- Cuando se detecta un nivel umbral de plaga (por ejemplo, 5–10 puestas de huevos de carpocapsa por 100 hojas o más del 5% de frutos con daños).
- Cuando los pulgones o psílidos aparecen en masa, amenazando con la defoliación.
- En regiones con dos o tres generaciones de carpocapsa (regiones meridionales), donde los tratamientos químicos son imprescindibles para obtener una cosecha de calidad.
- En huertos jóvenes, donde el debilitamiento del árbol por plagas puede retrasar la entrada en producción varios años (Buckingham, 2010; Rieger, 2010).
6.4. Sistema integrado de protección (MIP)
El Manejo Integrado de Plagas (MIP) es un enfoque sistemático que combina todos los métodos disponibles (mecánicos, biológicos, químicos y agronómicos) en una estrategia única. El objetivo del MIP no es la eliminación total de las plagas, algo imposible y perjudicial, sino mantener sus poblaciones en niveles que no causen daños económicos, con el mínimo uso de productos químicos (Westwood, 1993; Jackson, 2003).
Principios clave del MIP para el peral:
1. La prevención es la base. Las medidas sanitarias (poda, limpieza de corteza, recogida de fruta caída, blanqueo) son la primera y principal línea de defensa.
2. Monitoreo regular. La inspección semanal de los árboles y el uso de trampas de feromonas permiten detectar a tiempo los problemas, en lugar de reaccionar ante las consecuencias.
3. Valores umbral. Se trata solo cuando se supera el umbral económico de daño. Para la carpocapsa, el umbral es de más de 5–10 puestas de huevos por 100 hojas o más del 3% de frutos dañados (los umbrales varían según la región; consulte a los agrónomos locales) (Jackson, 2003; Buckingham, 2010).
4. Prioridad a los métodos mecánicos y biológicos. Se comienza con medidas no químicas (recolección manual, bandas trampa, biopreparados). Los tratamientos químicos son el último recurso, solo cuando se demuestra su necesidad.
5. Elección de productos selectivos. Cuando el tratamiento químico sea inevitable, elija productos con el menor impacto sobre la entomofauna útil (por ejemplo, inhibidores de la síntesis de quitina, avermectinas, biopreparados) y con un plazo de seguridad corto.
6. Alternancia y rotación. Para evitar la resistencia, alterne productos de un año a otro y dentro de la temporada (no más de 2–3 aplicaciones consecutivas del mismo producto).
7. Conservación de los organismos beneficiosos. Cree en el huerto y sus alrededores condiciones para los enemigos naturales de las plagas (plantas nectaríferas, setos, evitar insecticidas de amplio espectro).
Calendario orientativo de protección integrada del peral:
| Estación | Actividad |
|---|---|
| Otoño (tras la caída de las hojas) | Limpiar y blanquear troncos; recoger y destruir hojas caídas, fruta caída y momificada; retirar y quemar bandas trampa; cavar profundo los círculos de los troncos; podar ramas secas y dañadas. |
| Invierno (deshielos, regiones meridionales) | Repetir el blanqueo de troncos para proteger de las quemaduras solares. |
| Principios de primavera (antes de la brotación, temperatura 4–5 °C) | Pulverizar con aceites minerales (Preparado 30) contra huevos invernantes de pulgones, ácaros y psílidos. Sacudir y destruir los antónomos. |
| Fase de "cono verde" | Si es necesario, aplicar insecticida contra antónomos. |
| Período de floración | Prohibición de tratamientos químicos. Monitoreo. Recogida manual de orugas. Colocar trampas de feromonas para carpocapsa. |
| 10–14 días después del pico de vuelo de la carpocapsa (aproximadamente en junio) | Primer tratamiento con biopreparado (Bacillus thuringiensis) o insecticida (según la población). Repetir a los 10–14 días si es necesario. |
| Junio–julio | Recogida regular de fruta caída. Monitoreo. Si aparece la segunda generación de carpocapsa, segundo tratamiento (dos en regiones meridionales). Bandas trampa (a finales de julio–principios de agosto). |
| Verano (si es necesario) | Tratamientos con acaricidas (si se detectan ácaros); insecticidas sistémicos (si hay reproducción masiva de pulgones o psílidos); biopreparados contra orugas. |
| Agosto–septiembre | Monitoreo de frutos. Recogida de fruta caída. Retirar las bandas trampa después de la cosecha. |
Conclusión final. La protección del peral contra las plagas no es una acción puntual, sino un trabajo sistemático a lo largo de todo el año. La combinación de prevención, observación regular e intervenciones oportunas y específicas permite al agricultor obtener cosechas estables de frutos de calidad con costes mínimos y el menor impacto ambiental. Recuerde: un árbol sano y bien cuidado es la mejor defensa contra todas las adversidades.
Referencias
- Buckingham, A. (2010). ‘Pears’, in Grow Fruit. New York, NY: DK Publishing, pp. 81-102.
- Jackson, J.E. (2003). ‘Diseases, pests, and resistance to these’, in Biology of Apples and Pears. Cambridge, UK: Cambridge University Press, pp. 448-472.
- Rieger, M. (2010). ‘Apricot (Prunus armeniaca)’, in Introduction to Fruit Crops. New York, NY: Food Products Press, pp. 65-74.
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