Poda y modelado
1. ¿Por qué podar el ciruelo?
Muchos jardineros principiantes consideran la poda como un procedimiento opcional o incluso perjudicial. Sin embargo, para el ciruelo, como para la mayoría de los árboles frutales, la poda no es solo deseable, sino vital. Sin ella, el árbol pierde rápidamente productividad y su vida se acorta drásticamente. Analicemos qué problemas resuelve una poda adecuada.
Regulación del crecimiento
A diferencia del manzano y el peral, que suelen podarse en reposo invernal, los ciruelos y otros frutales de hueso se podan después del inicio de la vegetación, cuando las yemas ya han comenzado a hincharse. Esta es una regla fundamental relacionada con la fisiología del árbol: las heridas invernales en los frutales de hueso cicatrizan mal y se convierten en puerta de entrada para infecciones peligrosas, en particular los agentes del plateado y del cáncer bacteriano (Westwood, 1993). La poda primaveral, cuando los tejidos ya están activos, favorece la rápida cicatrización de los cortes.
La poda permite contener el crecimiento excesivo del árbol. El ciruelo, especialmente sobre patrones vigorosos, tiende a un crecimiento activo de brotes, lo que provoca el espesamiento de la copa. La tarea principal del jardinero es encauzar la energía de crecimiento en la dirección adecuada: hacia la formación de un esqueleto resistente y la producción de madera fructífera. Acortando las ramas estimulamos la brotación de yemas latentes y la formación de brotes laterales, a partir de los cuales se desarrollan las estructuras fructíferas (Potapov et al., 2000).
Iluminación de la copa
La luz es la principal fuente de energía para el árbol frutal. En una copa densa, donde los rayos solares solo penetran en la parte periférica, las ramas interiores se desnudan gradualmente, las hojas se vuelven más pequeñas y pierden su capacidad para realizar una fotosíntesis eficaz. Los frutos formados a la sombra son más pequeños, tienen peor coloración y acumulan menos azúcares (Martin, 2019).
El aclareo de la copa crea los llamados «corredores de luz»: espacios a través de los cuales la luz solar llega a las partes más bajas e interiores del árbol. Esto favorece la formación de madera fructífera no solo en la periferia, sino también en el centro de la copa, lo que aumenta significativamente el rendimiento total y la calidad del fruto (Agusti, 2010).
Productividad
En el ciruelo, como en otros frutales de hueso, las yemas florales se forman principalmente sobre los crecimientos del año anterior y sobre ramilletes de mayo perennes. Sin poda, el árbol envejece más rápido: las ramas viejas y poco productivas mueren, y la zona de fructificación se desplaza hacia la periferia. El rendimiento disminuye y la calidad del fruto empeora (Tarasov et al., 1981).
La poda regular mantiene en la copa un equilibrio entre el crecimiento vegetativo y la fructificación. Estimula la formación de nuevos brotes fuertes, base de las cosechas futuras. En variedades propensas al espesamiento, el aclareo evita la sobrecarga del árbol con frutos, lo que también contribuye a obtener frutos más grandes y de mejor calidad (Kurennoi et al., 1985).
Prolongación de la vida del árbol
Un árbol que envejece es aquel con crecimiento debilitado y rendimiento reducido. Cuando la longitud de los crecimientos anuales disminuye a 15–20 cm, es señal de que ha llegado el momento de realizar una poda de rejuvenecimiento. Esta estimula la brotación de yemas latentes en las ramas viejas, dando al árbol una «segunda vida» (Potapov et al., 2000).
Además, la poda sanitaria —eliminación de ramas enfermas, dañadas y secas— previene la propagación de enfermedades y plagas. Esto no solo alarga el período productivo del árbol, sino que también preserva su salud.
Idea clave del capítulo: La poda del ciruelo no es solo dar forma a la copa. Es un sistema integral de gestión del crecimiento y la fructificación, orientado a obtener cosechas estables de frutos de calidad durante muchos años.
2. Estructura del árbol
Antes de tomar las tijeras de podar, es importante comprender de qué partes se compone el árbol frutal y cómo funcionan. Este conocimiento convierte la poda de una intuición adivinatoria en una gestión consciente del crecimiento y la fructificación.
Eje central (líder)
El eje central es el tronco vertical principal que continúa el crecimiento ascendente del árbol. En manzanos y perales, a menudo se mantiene durante toda la vida del árbol (formando una copa en pisos o de líder modificado). Sin embargo, en el ciruelo, como en la mayoría de los frutales de hueso, el enfoque es diferente.
El ciruelo es un árbol amante de la luz. Si se deja el eje central, la parte superior de la copa sombrea fuertemente las ramas inferiores, lo que provoca el desnudamiento y la reducción de la producción. Por eso, en el ciruelo se elimina el eje central ya en los primeros años después de la plantación, formando la llamada copa en vaso (abierta) sin líder central (Potapov et al., 2000; Tarasov et al., 1981). El centro abierto asegura una penetración uniforme de la luz solar en todos los rincones de la copa, lo que es especialmente importante para los frutales de hueso.
En algunos casos (por ejemplo, en variedades con copa piramidal), se admite la formación según el sistema de líder modificado, en el que se conserva el eje central durante 3–4 años para crear el esqueleto, y luego se elimina (Kurennoi et al., 1985). Pero para la mayoría de los jardineros aficionados, la opción clásica es el vaso abierto.
Ramas principales (ramas de primer orden)
Son las ramas más gruesas y potentes que forman el armazón de toda la copa. En el ciruelo se suelen dejar 3–5 ramas principales, distribuidas uniformemente alrededor del tronco (como los radios de una rueda). La separación entre ellas debe ser suficiente para que en el futuro no se estorben mutuamente.
Un parámetro crítico es el ángulo de inserción de la rama principal respecto al tronco. El ángulo óptimo es de 45–60° (Westwood, 1993). ¿Por qué es tan importante?
- Con un ángulo inferior a 45°, la rama crece demasiado vertical, compite con el líder (mientras existe) y forma una unión débil con el tronco. Bajo el peso de la cosecha, esa rama se rompe fácilmente, dejando una herida profunda.
- Con un ángulo superior a 90° (casi horizontal), la rama se debilita en crecimiento y es difícil formarla como una rama principal funcional.
El ángulo de inserción se establece al formar el plantón joven y se corrige con separadores o ataduras. Cuanto más abierto es el ángulo, más fuerte es la unión y mejor iluminada está la rama (Martin, 2019).
Ramas secundarias (ramas de segundo orden)
Son las ramas que crecen a partir de las principales. No soportan la carga principal del armazón, pero en ellas se concentra la mayor parte de la madera fructífera. Las ramas secundarias deben ser más cortas y débiles que las principales: su función es llenar el volumen de la copa sin competir con las ramas principales.
Al formar la copa, se debe procurar que las ramas secundarias no crezcan hacia el interior (dirigiéndolas hacia fuera) y no se crucen. La separación recomendada entre ellas es de unos 30–40 cm (Tarasov et al., 1981). En árboles viejos, las ramas secundarias se van reemplazando gradualmente por otras nuevas; esta es la base de la poda de rejuvenecimiento.
Madera fructífera
Es el material más fino de la copa: ramitas delgadas situadas sobre las ramas secundarias y principales. En ellas se forman y desarrollan las yemas florales. La madera fructífera del ciruelo incluye dos tipos principales de formaciones:
- Ramilletes de mayo — ramitas muy cortas (1–5 cm) con un grupo de yemas florales en el ápice. Son perennes, viven en el ciruelo de 5 a 8 años, dando cosecha cada año (Agusti, 2010). Son la principal fuente de frutos en la mayoría de las variedades de ciruelo europeo.
- Espolones — ramitas cortas (5–15 cm) con yemas florales laterales. Son más comunes en variedades de ciruelo chino y americano.
En el ciruelo, las formaciones fructíferas viven mucho más tiempo que en el melocotonero (donde mueren a los 2–3 años). Sin embargo, con la edad, la productividad de los ramilletes de mayo disminuye, por lo que su renovación periódica es una tarea importante de la poda (Kurennoi et al., 1985).
Formaciones fructíferas y tipos de yemas
Para podar correctamente, hay que distinguir dos tipos de yemas:
- Yemas vegetativas (de crecimiento) — alargadas, puntiagudas, adheridas al brote. De ellas crecen nuevos brotes y hojas.
- Yemas generativas (florales) — redondeadas, más grandes, ligeramente separadas del brote. En el ciruelo suelen ser solitarias (dan una flor y un fruto) o, raramente, agrupadas (2–3 por nudo) (Potapov et al., 2000).
Diferencia importante con el manzano: en el manzano, las yemas florales son mixtas (de una yema salen flores y brote), mientras que en el ciruelo son simples (de la yema floral solo se desarrolla la flor). Por lo tanto, si todos los brotes de una rama son generativos, después de la fructificación el brote puede quedar completamente desnudo y morir. Por eso es tan importante dejar brotes vegetativos de reserva para sustitución.
Visualización para el jardinero
Imagine el árbol como una estructura de tres niveles:
1. Cimientos — tronco y 3–5 ramas principales (armazón).
2. Entrepisos — ramas secundarias (llenan el espacio).
3. Cubierta — madera fructífera con ramilletes de mayo y espolones (donde nace la cosecha).
El objetivo de la poda es mantener los tres niveles en buen estado, reemplazando a tiempo los elementos viejos por otros nuevos.
Idea clave del capítulo: Comprender la estructura del árbol es el idioma con el que el jardinero «habla» con el ciruelo. Sabiendo dónde se forman los frutos y cómo crecen las ramas, podrá tomar decisiones conscientes en cada poda.
3. Formación de árboles jóvenes
Los primeros 3–5 años de vida del ciruelo son el momento de sentar las bases sobre las que se construirá toda la fructificación futura. Los errores cometidos en esta etapa son casi imposibles de corregir en la edad adulta. Por eso, la formación del plantón joven requiere especial atención.
3.1. Primeros años después de la plantación
La primera poda se realiza inmediatamente después de la plantación (en primavera) o, si la plantación fue en otoño, a principios de la primavera siguiente, antes de que comience la savia. Esto equilibra la parte aérea con el sistema radicular, dañado durante el trasplante.
Qué hacemos:
- En un plantón de un año («varita») acortamos el eje central a una altura de 50–70 cm del suelo (Tarasov et al., 1981). Esto estimula la brotación de yemas en la parte inferior del tronco y la formación de las futuras ramas principales.
- Si el plantón ya tiene ramas laterales, dejamos 3–4 de las más fuertes y bien distribuidas, y las acortamos en 1/3 de su longitud. Eliminamos las competidoras y las débiles.
- En el primer año también eliminamos todas las flores (si aparecen), para que el árbol dirija su energía al enraizamiento y al crecimiento vegetativo (Martin, 2019).
Por qué funciona: El acortamiento estimula la brotación de yemas vegetativas, de las que se desarrollan nuevos brotes. Sin esta poda, el plantón crecería en altura formando un único tronco largo con pocas ramas laterales, una forma inadecuada para la copa en vaso.
3.2. Selección de las ramas principales
En el segundo año, el plantón suele haber desarrollado varios brotes laterales fuertes. Nuestra tarea es seleccionar entre ellos el futuro «esqueleto» de la copa.
Criterios de selección de las ramas principales:
1. Número: dejamos 3–4, raramente 5 ramas. Un número mayor provocaría espesamiento (Agusti, 2010).
2. Distribución en el espacio: las ramas deben estar distribuidas uniformemente alrededor del tronco (en círculo, aproximadamente cada 90–120°, para evitar la unilateralidad).
3. Altura sobre el suelo: la rama principal más baja debe comenzar al menos a 40–60 cm de la superficie del suelo, para no dificultar el laboreo de la zona radicular (Potapov et al., 2000).
4. Ángulo de inserción: como ya se ha dicho, 45–60°. Si el ángulo es demasiado agudo, se utilizan separadores o tensores para corregirlo (Westwood, 1993). Para los frutales de hueso, esto es especialmente importante: las ramas con ángulo agudo se unen débilmente al tronco y suelen romperse bajo el peso de la cosecha.
5. Vigor de crecimiento: todas las ramas principales deben tener un vigor aproximadamente igual, para que ninguna domine y sombree a las vecinas. Las ramas más débiles se acortan más que las fuertes, igualando su desarrollo (Kurennoi et al., 1985).
Importante: en esta fase eliminamos todas las ramas que crecen hacia arriba (compitiendo con el líder), hacia el interior de la copa o que se cruzan entre sí. Tampoco permitimos que dos ramas principales salgan del tronco a la misma altura (esto crea un punto débil, la llamada «horquilla»). La separación vertical entre ellas debe ser de al menos 10–15 cm (Tarasov et al., 1981).
3.3. Formación de la forma de la copa
Como ya se ha señalado, para el ciruelo es preferible la copa en vaso (abierta). Esta opción tiene muchas ventajas: buena iluminación, facilidad de recolección, sencillez de mantenimiento y longevidad del árbol.
Plan de formación por años:
Año 2 (después de la plantación):
- Seleccionadas 3–4 ramas principales, las acortamos aproximadamente en 1/3 de su longitud, cortando por encima de una yema externa (o lateral). Esto estimula la ramificación y la formación de ramas secundarias. Acortamos el eje central por encima de la rama principal superior; así se inicia la formación del centro abierto (Potapov et al., 2000). Es importante que la rama principal superior esté dirigida hacia fuera.
- Todos los demás brotes que hayan crecido en el tronco por debajo del primer piso se eliminan por completo, a ras del tronco.
Año 3:
- En cada rama principal dejamos 2–3 ramas secundarias bien situadas (ramas de segundo orden) a unos 30–50 cm del tronco. Las acortamos en 1/3–1/2 de su longitud. Mantenemos el centro de la copa abierto: eliminamos cualquier rama dirigida hacia el interior.
- Seguimos igualando el vigor de las ramas principales (las más débiles se acortan más que las fuertes).
Año 4–5:
- La copa ya tiene la estructura básica. En los años siguientes realizamos poda de mantenimiento: aclareo de zonas densas, eliminación de ramas con ángulo de inserción agudo, mantenimiento del centro abierto.
- Hacia los 5–6 años la formación de la copa está prácticamente terminada y el árbol entra en producción (Tarasov et al., 1981; Kurennoi et al., 1985).
Técnica adicional para acelerar la fructificación:
En variedades vigorosas de ciruelo, para estimular la formación de yemas florales se puede utilizar el doblamiento de ramas hasta una posición horizontal o casi horizontal. Esto reduce el crecimiento vegetativo y favorece la transición de las ramas al estado fructífero (Martin, 2019). El doblado se realiza en primavera o verano, cuando las ramas son más flexibles, fijándolas con cuerdas o pesos.
Idea clave del capítulo: Los primeros cinco años de vida del ciruelo son el momento en que se establece un armazón sólido. La cuidadosa selección y formación de las ramas principales con ángulos adecuados garantizará la longevidad y la alta productividad durante décadas.
4. Poda de mantenimiento
Una vez formada la copa, la tarea principal del jardinero es mantener el árbol en un estado de crecimiento activo y fructificación anual. Esto se logra mediante una poda de mantenimiento (reguladora) regular. A diferencia de la poda de formación, que sigue un plan, la de mantenimiento es un proceso continuo que exige comprender el estado de cada árbol en particular.
4.1. ¿Qué es la poda de mantenimiento y para qué sirve?
La poda de mantenimiento es un sistema de intervenciones anuales (o bianuales) dirigidas a:
- Regular el vigor de crecimiento — estimular la producción de nuevos brotes donde se necesitan y contener el crecimiento excesivo.
- Aclarar la copa — eliminar ramas superfluas que densifican la copa para garantizar una buena iluminación y ventilación.
- Renovar la madera fructífera — sustituir las ramitas fructíferas viejas y poco productivas por otras nuevas.
- Prevenir la sobrecarga de cosecha — regular el número de yemas florales para obtener frutos grandes y de calidad.
Sin la poda de mantenimiento, el ciruelo se «asilvestra» rápidamente: la copa se densifica, los frutos se hacen más pequeños, el rendimiento disminuye y la tendencia a la alternancia se acentúa (Kurennoi et al., 1985).
4.2. Técnicas básicas: aclareo y acortamiento
En la poda de mantenimiento se utilizan dos técnicas principales: el aclareo (eliminación completa de ramas) y el acortamiento (eliminación parcial de un brote o rama). Cada una tiene su objetivo y su efecto.
Aclareo
Qué hacemos: Eliminamos la rama por completo, «a ras» — es decir, por el anillo de inserción en su base (Westwood, 1993).
Cuándo aplicarlo:
- Para eliminar ramas que crecen hacia el interior de la copa, que se cruzan o rozan entre sí.
- Para reducir la densidad — eliminar parte de los brotes donde hay demasiados.
- Para eliminar ramas débiles, enfermas, secas o dañadas.
- Para eliminar ramas con ángulo de inserción agudo, que están mal fijadas y son poco fiables.
- Para eliminar ramas secundarias viejas y poco productivas que ya no dan frutos de calidad.
Reacción del árbol: El aclareo mejora la iluminación dentro de la copa sin provocar una fuerte estimulación del crecimiento. Las ramas restantes reciben más luz y nutrientes, lo que favorece un mejor desarrollo de las formaciones fructíferas en ellas. Sin embargo, el aclareo por sí solo no estimula la producción de nuevos brotes, por lo que debe combinarse con otras técnicas (Potapov et al., 2000).
Técnica: El corte debe pasar exactamente por el borde externo del anillo de inserción (engrosamiento en la base de la rama). Si se deja un muñón, este se secará y puede convertirse en foco de infección. Si se corta demasiado profundo, la herida tardará más en cicatrizar (Tarasov et al., 1981).
Acortamiento
Qué hacemos: Cortamos una parte del brote o rama. El grado de acortamiento puede ser ligero (eliminamos hasta 1/4 de la longitud), moderado (1/4–1/3) o fuerte (más de 1/3) (Kurennoi et al., 1985). Importante: al acortar el ciruelo, el corte siempre se hace por encima de una yema dirigida hacia fuera (para que el nuevo brote crezca en la dirección deseada). El corte debe ser oblicuo, a unos 0,5–1 cm por encima de la yema.
Cuándo aplicarlo:
- Para estimular el crecimiento de nuevos brotes a partir de yemas latentes (especialmente en árboles viejos).
- Para igualar el vigor de las ramas: las más débiles se acortan más que las fuertes.
- Para renovar la madera fructífera: el acortamiento de brotes anuales largos estimula su ramificación y la formación de yemas florales.
- Para regular la carga de cosecha: eliminación de parte de las yemas florales en los brotes.
Reacción del árbol: El acortamiento estimula el crecimiento de brotes cerca del punto de corte. Cuanto más fuerte es el acortamiento, mayor es el crecimiento de respuesta. Sin embargo, el efecto del acortamiento es local: afecta principalmente a la rama podada y no a otras partes de la copa. Además, el acortamiento retrasa el inicio de la fructificación 1–2 años, ya que dirige la energía al crecimiento vegetativo (Martin, 2019).
Importante para el ciruelo: a diferencia del manzano, en el ciruelo no se pueden acortar fuertemente todos los brotes cada año. Esto estimula un crecimiento vegetativo excesivo en detrimento de la fructificación. El acortamiento se aplica de forma selectiva: para variedades con poca capacidad de brotación, más a menudo y más fuerte; para variedades que ramifican bien, menos y más suave (Agusti, 2010).
4.3. Combinación de técnicas
Los jardineros experimentados utilizan ambas técnicas de forma combinada:
- Primero realizan el aclarado — eliminan todo lo superfluo que sombrea la copa o la densifica innecesariamente.
- Luego realizan el acortamiento — estimulan el crecimiento deseado en las ramas restantes.
Este enfoque permite mantener la copa en equilibrio entre el crecimiento vegetativo y la fructificación.
4.4. Regulación de la fructificación
Características de la fructificación del ciruelo a tener en cuenta:
1. En la mayoría de las variedades, las yemas florales se forman sobre los brotes anuales (cosecha futura) y sobre los ramilletes de mayo (formaciones perennes). Por lo tanto, la poda debe tener en cuenta tanto el crecimiento anual como la conservación de los ramilletes productivos (Kurennoi et al., 1985).
2. El ciruelo suele dar un cuajado excesivo, lo que provoca frutos pequeños y sobrecarga de ramas. La poda reguladora ayuda a reducir el número de yemas florales ya en la fase de formación o a eliminar parte de los frutos cuajados (Potapov et al., 2000).
3. En muchas variedades (por ejemplo, ciruelo chino y ussuriense), la fructificación se produce principalmente sobre los crecimientos anuales. En estas variedades, la poda debe ser más intensa para estimular anualmente la formación de nuevos brotes fuertes. En las variedades europeas (ciruelo europeo), la mayor parte de la cosecha se forma sobre ramilletes de mayo, por lo que la poda debe ser más suave, conservando estas formaciones (Tarasov et al., 1981).
Recomendaciones prácticas para regular la cosecha:
- Anualmente, elimine el 15–20% de las ramitas fructíferas viejas, reemplazándolas por brotes nuevos. Esto asegura una renovación constante de la madera fructífera.
- En variedades con fructificación excesiva (cuando hay demasiadas flores y frutos cuajados), realice un aclareo manual de los frutos o mediante poda temprana (después de la floración, cuando los frutos son del tamaño de un guisante). Deje un fruto por cada 5–7 cm de longitud de brote (Westwood, 1993).
- En variedades propensas a la alternancia (cosecha abundante cada dos años), en el año «de carga» realice un acortamiento más fuerte para reducir el número de yemas florales; en el año «de descarga», una poda ligera para estimular el crecimiento de brotes para la cosecha del año siguiente (Agusti, 2010).
4.5. Técnica adicional: eliminación de chupones
Los chupones son brotes verticales vigorosos que suelen aparecer después de una poda fuerte o de daños en el árbol. Consumen muchos nutrientes pero apenas fructifican. Es necesario eliminarlos al principio de su crecimiento (operaciones en verde), cuando se pueden desprender fácilmente sin dejar heridas. Si se pierde el momento, los chupones se cortan a ras durante la siguiente poda de invierno o primavera (Potapov et al., 2000).
Idea clave del capítulo: La poda de mantenimiento es un diálogo constante con el árbol. Cada año se examina el ciruelo, se evalúa su crecimiento, el estado de la madera fructífera y se ajusta el equilibrio entre vegetación y fructificación. La regla principal: eliminar lo superfluo, pero sin excederse para no alterar los procesos naturales.
5. Poda de rejuvenecimiento
Con la edad, cualquier huerto frutal envejece inevitablemente. En el ciruelo, esto se manifiesta en el debilitamiento de los crecimientos anuales (menos de 15–20 cm), desnudamiento de las ramas principales, empequeñecimiento de los frutos, desplazamiento de la cosecha a la periferia de la copa y, en última instancia, en la reducción de la productividad general. La poda de rejuvenecimiento es una medida radical pero eficaz que puede devolver al árbol viejo una «segunda juventud», alargando su período productivo entre 5 y 10 años o más (Potapov et al., 2000).
5.1. Cuándo es necesaria
La principal señal para el rejuvenecimiento es la longitud de los crecimientos anuales en las ramas principales y secundarias (Westwood, 1993). Si no supera establemente los 15–20 cm, significa que el árbol está perdiendo la capacidad de formar nuevos brotes y, con ellos, de formar yemas florales de calidad.
Otros signos de envejecimiento:
- Las ramas de la parte central e inferior de la copa se desnudan; la madera fructífera muere.
- Los frutos se vuelven más pequeños, su coloración se vuelve más pálida y el contenido de azúcar disminuye.
- La cosecha se concentra principalmente en las zonas más alejadas y periféricas de la copa, lo que es característico de un fuerte espesamiento (Kurennoi et al., 1985).
- Aparecen numerosos brotes verticales (chupones) en los lugares de cortes viejos y en las bases de las ramas: el árbol intenta regenerarse, pero a menudo sin éxito sin la intervención del jardinero (Agusti, 2010).
Importante: el rejuvenecimiento debe realizarse con un alto nivel de tecnología agrícola — con buen riego, abonado y protección contra enfermedades. Un árbol debilitado podría no soportar tal esfuerzo (Martin, 2019). Por lo tanto, antes de comenzar el rejuvenecimiento, es recomendable aplicar fertilizantes y asegurar la humedad del suelo.
5.2. Principios básicos de la poda de rejuvenecimiento
Principio de gradualidad
El rejuvenecimiento es un proceso que se prolonga durante 2–3 años. No intente podar todo de una vez. En una sola temporada, elimine como máximo el 25–30% de la madera viva total (Westwood, 1993). Si se poda demasiado, el árbol producirá una explosión de chupones, pero se debilitará e incluso puede morir. Es mejor realizar el rejuvenecimiento por etapas, comenzando por las ramas más viejas y menos productivas (Potapov et al., 2000).
Principio de «corte a un brote lateral fuerte»
El rejuvenecimiento implica acortar las ramas hasta la zona donde aún hay un brote lateral fuerte (o al menos yemas latentes bien desarrolladas). El corte se hace hacia un lateral — una rama secundaria dirigida hacia fuera de la copa, o hacia un par de yemas vegetativas bien desarrolladas (Tarasov et al., 1981).
Por ejemplo, si una rama principal está desnuda en 1 m desde el tronco, pero más allá hay un brote lateral fuerte, se deja este como continuación y se elimina todo lo que está por encima. Esto estimula el desarrollo de ese brote lateral, que reemplaza gradualmente al eje viejo (Martin, 2019).
Principio de estimulación de yemas latentes
El rejuvenecimiento funciona porque el acortamiento fuerte despierta las yemas latentes en la base de las ramas viejas. De ellas crecen nuevos brotes vigorosos que, en 2–3 años, se convierten en la base del nuevo esqueleto y de la madera fructífera (Westwood, 1993). Es importante dejar suficientes yemas sanas en las ramas para que el árbol pueda recuperarse.
Grado de acortamiento recomendado
- Cuando el crecimiento es de 15–25 cm — acortar hasta madera de 2–3 años (es decir, cortar parte de los crecimientos y la madera del año anterior).
- Cuando el crecimiento es de 10–15 cm — acortar hasta madera de 4–5 años.
- Cuando el crecimiento se ha detenido por completo (crecimientos < 5–10 cm) — acortar hasta madera de 6–8 años o incluso hasta la base de la rama, si tiene yemas latentes bien desarrolladas o brotes laterales (Kurennoi et al., 1985).
Manejo de los chupones
Después de la poda de rejuvenecimiento suelen aparecer muchos chupones. No se deben eliminar todos a la vez, ya que serán el nuevo esqueleto y la madera fructífera. Seleccionamos los más fuertes y mejor situados (unos 3–5 por cada rama grande) y eliminamos el resto. Los chupones que crecen hacia el interior o verticalmente hacia arriba deben ser eliminados (Martin, 2019).
5.3. Restauración de árboles viejos
Para árboles abandonados que no se han podado durante mucho tiempo, se requiere una poda de restauración (sanitaria y de rejuvenecimiento) combinada. Procedimiento:
1. Primer año: poda sanitaria. Eliminar todas las ramas secas, enfermas, rotas y manifiestamente improductivas, así como las que estorban el paso (cuelgan hasta el suelo o se cruzan con las vecinas). Eliminar también todos los chupones del centro de la copa.
2. Segundo año: aclareo y reducción de altura. Aclarar las zonas densas, reducir la altura del árbol a 3–3,5 m, acortando las ramas principales superiores a un lateral. Eliminar las ramas que crecen hacia el interior. Realizar un acortamiento selectivo sobre madera de 3–5 años en las partes más viejas e improductivas (Potapov et al., 2000).
3. Tercer año: rejuvenecimiento final. Realizar un acortamiento más profundo de las ramas viejas restantes (hasta madera de 6–8 años) y formar nuevos elementos del esqueleto a partir de los chupones más fuertes. Después de esto, el árbol debería haber cambiado completamente a crecimiento joven (Westwood, 1993).
Observaciones importantes:
- Los cortes grandes (diámetro superior a 1–1,5 cm) deben cubrirse con masilla cicatrizante o pasta especial para prevenir infecciones y exudación de goma (especialmente importante en el ciruelo) (Tarasov et al., 1981).
- El rejuvenecimiento es mejor realizarlo al comienzo de la vegetación, cuando el árbol está creciendo activamente (abril–mayo en zonas templadas), para que las heridas cicatricen más rápido (Kurennoi et al., 1985).
- El rejuvenecimiento aumenta significativamente el rendimiento y el tamaño de los frutos, pero en el primer año después de una poda fuerte la cosecha puede ser menor; es normal, ya que el árbol dirige sus fuerzas a la recuperación.
Idea clave del capítulo: El rejuvenecimiento es una intervención «quirúrgica» que requiere paciencia y conocimientos, pero permite prolongar la vida de un viejo huerto durante muchos años. Lo principal es hacerlo gradualmente, sin prisas, y dar tiempo al árbol para recuperarse.
6. Calendario de poda
Elegir el momento adecuado para la poda es uno de los factores clave del éxito. Para el ciruelo y otros frutales de hueso, esta cuestión es especialmente crítica, ya que un momento inadecuado no solo puede privarle de la cosecha, sino también matar el árbol.
6.1. Regla de oro para los frutales de hueso
A diferencia del manzano y el peral, que se podan en reposo (invierno o principios de primavera antes del inicio de la savia), el ciruelo, el cerezo, el guindo, el albaricoque y el melocotonero se podan después del inicio de la vegetación, cuando las yemas ya han comenzado a hincharse (Westwood, 1993). Esta diferencia fundamental se debe a la fisiología de los frutales de hueso.
Por qué es tan importante:
- En los frutales de hueso, las heridas infligidas en reposo cicatrizan muy lentamente. A través de los cortes sin cicatrizar, los patógenos de enfermedades peligrosas —principalmente, el plateado (Chondrostereum purpureum) y el cáncer bacteriano (Pseudomonas syringae)— penetran en los tejidos. Estas enfermedades pueden matar todo el árbol (Potapov et al., 2000).
- En primavera, cuando comienza la savia activa, el árbol forma rápidamente callo (tejido de cicatrización) en el lugar del corte, lo que impide la entrada de infecciones. Las heridas cicatrizan más rápido y con menos consecuencias.
- Además, la poda primaveral permite evaluar el estado de las yemas después del invierno: si el invierno fue riguroso, algunas yemas florales pueden haber muerto. Al podar después de la brotación, se ve cuántas yemas florales han sobrevivido y se puede regular con mayor precisión la carga del árbol (Kurennoi et al., 1985).
6.2. Poda primaveral: la época principal
Mejor época: finales de marzo – abril (en regiones del sur, principios de marzo; en el norte, mediados de abril – mayo), cuando el clima es establemente cálido (por encima de +5 °C), pero las yemas aún no se han abierto completamente, o han comenzado a hincharse o incluso muestran puntas verdes (Westwood, 1993). En la zona templada de Rusia, el período óptimo es aproximadamente desde mediados de abril hasta principios de mayo (Tarasov et al., 1981).
Qué hacer en primavera:
- Poda de formación de árboles jóvenes (primeros 3–5 años). Es en primavera cuando se establece la estructura de la copa.
- Poda sanitaria — eliminación de ramas heladas, rotas o enfermas después del invierno.
- Poda reguladora — aclareo y acortamiento para mantener el equilibrio entre crecimiento y fructificación.
- Poda de rejuvenecimiento de árboles viejos, si es necesaria.
Por qué la primavera es la época principal:
- Las heridas cicatrizan rápidamente.
- Se ve bien el estado de las yemas y ramas después del invierno.
- El árbol tiene toda la temporada para recuperarse y formar nuevos crecimientos.
- La poda primaveral estimula el crecimiento de brotes en la temporada actual (Martin, 2019).
6.3. Poda de verano: auxiliar pero importante
La poda de verano se realiza en junio–julio, cuando los brotes crecen activamente pero el crecimiento principal ya casi ha terminado (Potapov et al., 2000). Su objetivo no es estimular, sino limitar y dirigir el crecimiento.
Qué hacer en verano:
- Despunte (pinzado) — eliminación de los ápices de brotes demasiado vigorosos (sobre 4–6 hojas). Esto detiene su crecimiento, favorece la formación de brotes laterales y la inducción de yemas florales (Tarasov et al., 1981).
- Eliminación de chupones, especialmente los que crecen hacia el interior de la copa. En verano son fáciles de arrancar mientras no están lignificados.
- Aclareo de frutos cuajados, si el árbol está sobrecargado (a mano o con tijeras). Esto permite que los frutos restantes crezcan más grandes y de mejor calidad.
- Aclareo ligero de la copa, si está demasiado densa — eliminación de ramas que crecen hacia el interior o se cruzan.
Efecto de la poda de verano:
- Los cortes de verano no estimulan un fuerte crecimiento vegetativo, a diferencia de los de invierno. El árbol ya ha gastado gran parte de sus recursos en el crecimiento, por lo que la respuesta a la poda es menor (Westwood, 1993).
- La eliminación de brotes superfluos mejora el acceso de la luz y el aire a los frutos.
- El despunte estival favorece la diferenciación precoz de yemas generativas, es decir, la formación de la cosecha del año siguiente (Martin, 2019).
Importante: la poda de verano no sustituye a la de primavera, sino que la complementa. Es especialmente útil para variedades vigorosas propensas a un crecimiento vegetativo excesivo (Agusti, 2010).
6.4. Poda de otoño: no recomendada
En otoño, especialmente a finales de septiembre – octubre, no se recomienda podar el ciruelo (Westwood, 1993). ¿Por qué?
- Las heridas hechas en otoño no tienen tiempo de cicatrizar antes del frío. Esto aumenta el riesgo de infección y de daños por heladas en los tejidos alrededor del corte.
- La poda otoñal estimula el crecimiento de nuevos brotes que no tendrán tiempo de lignificarse antes del invierno y se helarán, debilitando el árbol.
- En los frutales de hueso, la poda otoñal es especialmente peligrosa por el riesgo de gomosis (exudación abundante de savia pegajosa, que debilita el árbol y crea un medio para patógenos) (Potapov et al., 2000).
Excepción: en regiones del sur con inviernos suaves y otoños largos y cálidos, a veces se realiza una poda sanitaria ligera (eliminación de ramas secas y enfermas), pero nunca de formación o rejuvenecimiento.
Si se ve obligado a podar en otoño, asegúrese de cubrir todos los cortes de más de 1–1,5 cm de diámetro con masilla cicatrizante para reducir el riesgo de infecciones (Tarasov et al., 1981).
6.5. Particularidades según las zonas climáticas
Las fechas dependen de la región, por lo que no se guíe por el calendario, sino por las fases fenológicas (estado del árbol).
Regiones del sur (Mediterráneo, subtropicales):
- Poda primaveral: febrero – principios de marzo. Los inviernos son suaves, por lo que se puede empezar temprano, después de que haya pasado el peligro de heladas fuertes (normalmente temperaturas superiores a 0 °C) (Agusti, 2010). En regiones cálidas, también es posible una poda invernal ligera, pero solo durante los deshielos.
- Poda de verano: mayo–junio, para limitar el crecimiento vigoroso.
- Poda de otoño: no recomendada.
Zona templada (centro de Rusia, región de Chernozem, región del Volga):
- Poda primaveral: mediados de abril – principios de mayo, cuando haya pasado el peligro de heladas tardías, pero las yemas aún no se hayan abierto o apenas comiencen a hincharse (Kurennoi et al., 1985). En este período, los cortes cicatrizan rápidamente y el riesgo de infecciones es mínimo.
- Poda de verano: junio–julio (más concretamente, finales de junio – mediados de julio), cuando los brotes alcanzan 30–50 cm de longitud pero aún no están lignificados (Westwood, 1993). Para la zona templada, el despunte estival es especialmente relevante debido al corto período vegetativo: permite redirigir la energía hacia la maduración de la madera.
Regiones del norte (Urales, Siberia, noroeste de Rusia):
- Poda primaveral: finales de mayo – principios de junio, cuando el clima es establemente cálido y ha pasado el peligro de heladas fuertes. Los ciruelos en estas regiones suelen cultivarse en forma rastrera o arbustiva para protegerse de las heladas, y la poda debe ser lo más suave posible (Potapov et al., 2000).
- Poda de verano: julio–agosto, para eliminar brotes que no madurarán antes del invierno.
- La poda invernal está excluida; incluso durante los deshielos, existe un alto riesgo de daños por heladas.
Recomendación general para todas las regiones: realice la poda principal en primavera, cuando la savia ya ha comenzado a moverse pero las yemas aún no se han abierto: esta es la «ventana dorada» universal para el ciruelo (Tarasov et al., 1981). Utilice la poda de verano como herramienta adicional para controlar el crecimiento y evite en la medida de lo posible las intervenciones otoñales y, sobre todo, invernales.
Idea clave del capítulo: La regla principal de la poda del ciruelo es hacerla en primavera, cuando el árbol ya se ha despertado pero aún no ha florecido. Esto asegura una rápida cicatrización de las heridas y protección contra enfermedades. Las técnicas auxiliares son admisibles en verano, mientras que la poda otoñal e invernal suponen un grave riesgo para la salud del árbol.
7. Errores típicos
Incluso los jardineros experimentados cometen errores al podar el ciruelo. Conocer los escollos más comunes le ayudará a evitarlos y a mantener el árbol sano y productivo durante muchos años. Veamos los fallos más frecuentes y cómo prevenirlos.
7.1. Ignorar el momento de la poda
Error: Podar el ciruelo en invierno o a finales de otoño, por analogía con el manzano y el peral. Este es probablemente el error más común y peligroso para los frutales de hueso.
Por qué es malo: Como ya se explicó en el capítulo 6, las heridas invernales en el ciruelo cicatrizan mal y se convierten en «puertas de entrada» para los patógenos del plateado y del cáncer bacteriano. Además, la poda invernal estimula brotes que no madurarán antes de las heladas (Westwood, 1993; Potapov et al., 2000).
Cómo hacerlo bien: Siga la regla de oro: pode el ciruelo en primavera, cuando ha comenzado la savia pero las yemas aún no se han abierto (o apenas empiezan a hincharse). En verano, solo se permiten operaciones correctivas ligeras (despunte, eliminación de chupones). La poda otoñal e invernal están estrictamente prohibidas (Kurennoi et al., 1985).
7.2. Poda excesiva (acortamiento fuerte)
Error: Acortar todas las ramas en 1/2–2/3 de su longitud cada año. Es un error típico de los jardineros novatos que piensan: «cuanto más pode, mejor crecerá».
Por qué es malo:
- El acortamiento fuerte estimula la aparición de chupones — brotes verticales vigorosos que apenas fructifican y densifican la copa (Martin, 2019).
- El árbol dirige toda su energía a restaurar la masa vegetativa en detrimento de la formación de yemas florales. La fructificación se retrasa 1–2 años (Agusti, 2010).
- En el ciruelo, las yemas florales se forman en brotes de vigor medio (20–40 cm). El acortamiento excesivo destruye esos brotes, privándole de la cosecha futura (Potapov et al., 2000).
Cómo hacerlo bien:
- Aplique un acortamiento selectivo: acorte fuertemente solo aquellas ramas que necesiten rejuvenecimiento (viejas, desnudas) o para estimular el crecimiento en una dirección determinada.
- Para árboles jóvenes, basta con acortar las ramas principales en 1/4–1/3 de su longitud en los primeros años de formación, y luego pasar principalmente al aclareo.
- Guíese por la longitud del crecimiento del año anterior: si es de 30–50 cm, no es necesario acortar; ese brote formará yemas florales por sí solo (Tarasov et al., 1981).
7.3. Técnica de corte incorrecta
Error: Dejar muñones al eliminar ramas o cortar demasiado profundo, dañando el anillo de inserción (Westwood, 1993).
Por qué es malo:
- Un muñón (dejado por encima del anillo) se seca, la corteza muere y, en la grieta resultante, penetran hongos y bacterias. Con el tiempo, el muñón puede provocar la formación de un hueco (Tarasov et al., 1981).
- Un corte profundo (que elimina el anillo de inserción) crea una superficie de herida grande que tardará mucho en cicatrizar. Estas heridas suelen «llorar» goma, debilitando el árbol y atrayendo plagas (Potapov et al., 2000).
Cómo hacerlo bien:
- Al eliminar una rama, haga el corte por el borde exterior del anillo de inserción — el engrosamiento en la base de la rama. Allí se encuentran las células que forman el callo (tejido cicatrizante) (Westwood, 1993).
- No deje muñones ni corte «al ras» del tronco; un corte preciso en el anillo asegura una cicatrización rápida (Tarasov et al., 1981).
- Para ramas grandes (más de 3–4 cm de diámetro), elimínelas en tres pasos para evitar desgarros de la corteza (Martin, 2019):
- Primer corte inferior, de 1/4–1/3 del diámetro, a 20–30 cm del tronco (para que la sierra no se atasque).
- Segundo corte superior, 3–5 cm más lejos del tronco que el inferior; la rama se romperá por el corte inferior sin dañar la corteza del tronco.
- Eliminación del muñón restante con un corte a ras del anillo.
- Todos los cortes (especialmente en el acortamiento) hágalos por encima de una yema o rama lateral dirigida hacia fuera. El corte debe ser oblicuo, a 0,5–1 cm de la yema, con inclinación opuesta a ella para que el agua no se acumule y provoque podredumbre (Tarasov et al., 1981).
7.4. Ignorar las características de fructificación del ciruelo
Error: Podar el ciruelo con los mismos criterios que el manzano: acortar fuertemente todos los brotes cada año para estimular las formaciones fructíferas.
Por qué es malo: En el manzano, las yemas florales son mixtas (de una yema salen brote y flores), y el acortamiento estimula su formación. En el ciruelo, las yemas florales son simples (solo flores) y se forman principalmente en brotes del año anterior y en ramilletes de mayo. El acortamiento fuerte destruye ambos, privándole de la cosecha del año en curso (Agusti, 2010; Kurennoi et al., 1985).
Cómo hacerlo bien:
- Tenga en cuenta el tipo de madera en que fructifica su variedad. La mayoría de las variedades de ciruelo europeo fructifican sobre ramilletes de mayo (perennes) y sobre crecimientos del año anterior. Por lo tanto, la poda debe ser suave y selectiva: conserve los ramilletes de mayo, elimine solo los viejos o débiles (Potapov et al., 2000).
- En variedades que fructifican principalmente sobre brotes anuales (ciruelo chino, ussuriense), la poda debe ser más intensa para estimular la producción anual de nuevos brotes fuertes, pero tampoco se exceda.
- Recuerde: el acortamiento fuerte en el ciruelo estimula el crecimiento, no la fructificación. Úselo solo para rejuvenecimiento o formación; para la fructificación, deje brotes de 20–40 cm de longitud con un buen número de yemas vegetativas (Westwood, 1993).
7.5. Poda sanitaria insuficiente o excesiva
Error 1: Ignorar la poda sanitaria — dejar ramas secas, enfermas y dañadas «por si acaso». Error 2: Eliminar una gran cantidad de ramas sanas con la excusa de una «limpieza sanitaria».
Por qué es malo: En el primer caso, las ramas enfermas se convierten en focos de infección que se extienden gradualmente por todo el árbol (Westwood, 1993). En el segundo, el árbol pierde una parte importante de su aparato foliar y de sus estructuras fructíferas, debilitándose y reduciendo la cosecha (Martin, 2019).
Cómo hacerlo bien:
- Realice la poda sanitaria anualmente en primavera: elimine todas las ramas secas, heladas, rotas y claramente enfermas.
- Si no está seguro de si una rama está viva, haga una prueba sencilla: raspe ligeramente la corteza; si el tejido subyacente es verde, la rama está viva; si es marrón, está seca o dañada.
- El volumen de la poda sanitaria no debe superar el 10–15% de la copa al año. Si hay muchas ramas enfermas, reparta la eliminación en 2–3 años para no debilitar excesivamente el árbol (Potapov et al., 2000).
7.6. Descuido del sellado de heridas
Error: Dejar cortes grandes (más de 2 cm de diámetro) sin sellar, especialmente en frutales de hueso.
Por qué es malo: En el ciruelo, las heridas grandes son propensas a la gomosis — exudación abundante de savia pegajosa. Esto debilita el árbol, atrae plagas y favorece el desarrollo de enfermedades. Además, una herida sin proteger cicatriza más lentamente y puede convertirse en puerta de entrada para infecciones (Westwood, 1993; Tarasov et al., 1981).
Cómo hacerlo bien:
- Todos los cortes de más de 1,5–2 cm de diámetro deben cubrirse con masilla cicatrizante, pasta especial o pintura al óleo sobre aceite de linaza natural (no use pinturas sintéticas).
- Antes de aplicar la masilla, limpie la herida con un cuchillo afilado para que quede lisa, sin desgarros de corteza. Esto acelera la cicatrización (Martin, 2019).
- Atención: no selle los cortes inmediatamente después de podar si el tiempo es húmedo; déjelos secar un par de horas en tiempo seco. En tiempo lluvioso, espere a que se seque (Kurennoi et al., 1985).
7.7. Podar sin tener en cuenta las características de la variedad y el patrón
Error: Aplicar la misma estrategia de poda a todas las variedades de ciruelo.
Por qué es malo: Las variedades difieren mucho en vigor de crecimiento, tipo de fructificación y respuesta a la poda. Por ejemplo, las variedades de ciruelo chino y ussuriense fructifican sobre brotes anuales, por lo que se podan más intensamente para estimular nuevos brotes. Las variedades europeas (Hungarian, Reina Claudia) fructifican sobre ramilletes de mayo, por lo que la poda debe ser más suave (Agusti, 2010; Kurennoi et al., 1985). Además, las variedades injertadas sobre patrones enanos requieren menos poda que las vigorosas.
Cómo hacerlo bien:
- Conozca las características de su variedad: tipo de fructificación, vigor, tendencia al espesamiento.
- Las variedades vigorosas y las que fructifican sobre crecimiento anual se podan más severamente (acortamiento de 1/3–1/2). Las variedades de crecimiento débil y fructificación sobre ramilletes de mayo — más ligeramente (aclarado, eliminación de ramas viejas y débiles, acortamiento mínimo).
- Tenga en cuenta el tipo de patrón: los patrones enanos producen árboles pequeños que se podan menos; los patrones vigorosos requieren una formación y control de la copa más intensos (Potapov et al., 2000).
7.8. Podar sin un plan y sin visualizar el objetivo final
Error: Empezar a podar sin una idea clara de la forma de copa que se quiere obtener finalmente.
Por qué es malo: La poda caótica conduce a un desarrollo unilateral, horquillas débiles, espesamiento o, por el contrario, desnudamiento de la copa. El árbol se vuelve menos productivo y menos duradero (Martin, 2019).
Cómo hacerlo bien:
- Antes de empezar, aléjese 2–3 metros del árbol y visualice cómo debería ser la copa ideal para su variedad y tipo de huerto.
- Defina los objetivos principales de la poda actual (formación, rejuvenecimiento, limpieza sanitaria) y las zonas prioritarias (parte superior, laterales, interior). No intente hacerlo todo en una temporada; reparta las tareas en 2–3 años.
- Empiece la poda de arriba abajo y con la eliminación de ramas grandes (defectos del esqueleto), luego pase a las secundarias y a la madera fructífera. Las decisiones grandes siempre deben preceder a los detalles (Potapov et al., 2000).
Idea clave del capítulo: La mayoría de los errores en la poda del ciruelo se deben al incumplimiento de los plazos (poda invernal), a la intensidad excesiva del acortamiento y a ignorar las características biológicas de la especie. Recuerde: la regla de oro para el ciruelo es la poda primaveral y un enfoque suave, teniendo en cuenta el tipo de fructificación de su variedad. Y tenga siempre presente el objetivo final: una copa fuerte y bien iluminada que le proporcione cosechas durante muchos años.
Conclusión
La formación y poda del ciruelo no es un procedimiento puntual, sino un proceso continuo que dura toda la vida del árbol. Dominando los fundamentos —comprensión de la estructura del árbol, el momento adecuado, las técnicas básicas y el conocimiento de las características biológicas del ciruelo— podrá convertir esta tarea de intimidante en fascinante y creativa.
Recuerde los principios principales:
1. Empiece la formación desde los primeros años — establezca un esqueleto sólido de 3–5 ramas con ángulos de inserción adecuados.
2. Pode solo en primavera, cuando el árbol ya ha iniciado la savia; para los frutales de hueso, esta es la regla número uno.
3. Combine aclareo y acortamiento, pero recuerde que en el ciruelo la fructificación depende de la conservación de los ramilletes de mayo y de los crecimientos del año anterior.
4. Rejuvenezca gradualmente, sin eliminar más del 25–30% de la copa en una sola temporada.
5. Evite los errores típicos: poda invernal, acortamiento excesivo, técnica incorrecta de corte y desconocimiento de las peculiaridades varietales.
Y, sobre todo: observe su árbol. Cada ciruelo es único, y lo mejor que puede hacer es aprender de él, observando cómo responde a sus acciones y ajustando su enfoque a sus necesidades. Entonces su árbol le recompensará con cosechas generosas de frutos grandes, aromáticos y jugosos durante muchos años.
Referencias
- (2003). ‘Tree Fruits’, in Cornell Guide to Growing Fruit at Home. Ithaca, NY: Cornell Cooperative Extension, pp. 14-42.
- Agusti, M. (2010). ‘Frutales de hueso’, in Fruticultura. Madrid, Spain: Ediciones Mundi-Prensa, pp. 273-308.
- Buckingham, A. (2010). ‘Plums’, in Grow Fruit. New York, NY: DK Publishing, pp. 103-120.
- Buckingham, A. (2010). ‘Soft Fruit’, in Grow Fruit. New York, NY: DK Publishing, pp. 178-182.
- Buckingham, A. (2010). ‘The Fruit Gardener’, in Grow Fruit. New York, NY: DK Publishing, pp. 10-40.
- Martin, O. (2019). ‘Pruning and Training Pome and Stone Fruit Trees’, in Fruit Trees for Every Garden. New York: The Speed Press, ch. 6.
- Westwood, M.Neil. (1993). ‘Cultural Practices’, in Temperate-zone. Pomology. Physiology and Culture. Portland, Oregon: Timber Press, pp. 178-216.
- Кривко, Н.П. (2014). ‘Закладка сада [Planting a garden]’, in Плодоводство [Fruit growing]. Санкт-Петербург: Лань, pp. 99-124.
- Кривко, Н.П. (2014). ‘Обрезка и формирование кроны плодовых деревьев [Pruning and shaping the crown of fruit trees]’, in Плодоводство [Fruit growing]. Санкт-Петербург: Лань, pp. 125-157.
- Куренной, Н.М. (1985). ‘Культура ягодных растений [Berry plant culture]’, in Плодоводство [Fruit growing]. Москва: Агропромиздат, pp. 337-385.
- Куренной, Н.М. (1985). ‘Плодовый сад [Orchard]’, in Плодоводство [Fruit growing]. Москва: Агропромиздат, pp. 155-336.
- Потапов, В.А., Фаустов, В.В., Пильщикова, Ф.Н. (2000). ‘Плодовый сад [Orchard]’, in Плодоводство [Fruit growing]. Москва: Колос, pp. 207-369.
- Потапов, В.А., Фаустов, В.В., Пильщикова, Ф.Н. (2000). ‘Семечковые культуры [Pome crops]’, in Плодоводство [Fruit growing]. Москва: Колос, pp. 370-386.
- Тарасов, В.М., Фаустов, В.В., Никиточкина, Т.Д. (1981). ‘Закономерности роста и плодоношения сливы и алычи [Patterns of growth and fruiting of plums and cherry plums]’, in Практикум по плодоводству [Fruit growing workshop]. Москва: Колос, pp. 72-80.
- Тарасов, В.М., Фаустов, В.В., Никиточкина, Т.Д. (1981). ‘Метод биологического обследования по П. Г. Шитту [The method of biological survey according to P.G. Schitt]’, in Практикум по плодоводству [Fruit growing workshop]. Москва: Колос, pp. 315-322.
- Тарасов, В.М., Фаустов, В.В., Никиточкина, Т.Д. (1981). ‘Обрезка яблони и груши [Pruning apple and pear trees]’, in Практикум по плодоводству [Fruit growing workshop]. Москва: Колос, pp. 274-285.
- Тарасов, В.М., Фаустов, В.В., Никиточкина, Т.Д. (1981). ‘Освоение приемов работы садовым ножом, секатором и садовой пилой [Mastering the techniques of working with a garden knife, pruning shears, and a garden saw]’, in Практикум по плодоводству [Fruit growing workshop]. Москва: Колос, pp. 250-258.
- Тарасов, В.М., Фаустов, В.В., Никиточкина, Т.Д. (1981). ‘Приемы формирования кроны плодовых растений [Techniques for shaping the crown of fruit trees Plants]’, in Практикум по плодоводству [Fruit growing workshop]. Москва: Колос, pp. 258-265.
- Тарасов, В.М., Фаустов, В.В., Никиточкина, Т.Д. (1981). ‘Системы формирования яблони и груши в садах на сильнорослых подвоях [Systems for shaping apple and pear trees in orchards on vigorous rootstocks]’, in Практикум по плодоводству [Fruit growing workshop]. Москва: Колос, pp. 265-274.
- Тарасов, В.М., Фаустов, В.В., Никиточкина, Т.Д. (1981). ‘Формирование и обрезка косточковых пород [Shaping and pruning stone fruit trees]’, in Практикум по плодоводству [Fruit growing workshop]. Москва: Колос, pp. 291-298.
- Трунов, Ю.В., Самощенков, Е.Г., Дорошенко, Т.Н. (2012). ‘Технология производства плодов [Fruit production technology]’, in Плодоводство [Fruit growing]. Москва: КолосС, pp. 212-328.