Preparando la tierra
Introducción
El cerezo es un cultivo que, con una correcta elección del terreno y una minuciosa preparación del suelo, puede proporcionar cosechas abundantes durante décadas. Sin embargo, los errores cometidos en la etapa de plantación son difíciles o imposibles de corregir posteriormente (Martin, 2019). En este artículo analizaremos cómo crear las condiciones para que el cerezo pueda crecer activamente, mantenerse sano y fructificar con regularidad.
1. Requisitos del cerezo para el lugar de cultivo
Antes de comenzar a preparar el suelo, es necesario elegir el lugar adecuado para plantar el cerezo. De esta decisión depende no solo la futura productividad, sino también la salud y la longevidad del árbol.
1.1 Insolación
El cerezo es un cultivo amante de la luz. Para un crecimiento, desarrollo y fructificación normales, el árbol necesita al menos 6‑8 horas de luz solar directa al día (Martin, 2019). Con falta de luz:
- los brotes se alargan y se vuelven delgados;
- disminuye la formación de yemas florales;
- los frutos se vuelven más pequeños y pierden dulzor;
- el color de los frutos empeora.
Por lo tanto, elija para la plantación parcelas abiertas y bien iluminadas, evitando la sombra de edificios, vallas o árboles altos.
1.2 Relieve del terreno
Para el cerezo son preferibles lugares elevados y bien iluminados (Mikheev, Revyakina, 2004). Se consideran ideales las parcelas con una ligera pendiente:
- Las laderas sur, suroeste y sureste se calientan más rápidamente en primavera, lo que favorece un inicio temprano de la vegetación. Sin embargo, en las laderas sur de regiones septentrionales existe el riesgo de una floración demasiado temprana y daños en las flores por heladas tardías (Martin, 2019).
- Las laderas norte se calientan más lentamente, retrasando la floración y ayudando a evitar las heladas primaverales, pero son más húmedas y frescas, lo que puede favorecer el desarrollo de enfermedades (Koumanov & Long, 2017).
No se recomienda plantar cerezos en hondonadas, en el fondo de barrancos o en cuencas cerradas: en estos lugares se acumula aire frío, lo que multiplica el riesgo de daños en las flores por heladas primaverales (Longstroth & Perry, 1996; Koumanov & Long, 2017).
1.3 Protección contra los vientos fríos
Los vientos afectan negativamente a los cerezos:
- secan el suelo y las plantas;
- dañan las flores y los ovarios;
- reducen la actividad de los insectos polinizadores (Koumanov & Long, 2017);
- en invierno aumentan la mortalidad de las ramas.
Para proteger el huerto, utilice barreras naturales o artificiales contra el viento. Como cortavientos son adecuadas hileras de árboles (cipreses, casuarinas, abedules, arces, tilos) o pantallas especiales (Agustí, 2010; Potapov et al., 2000). Condición importante: el cortavientos no debe bloquear el flujo de aire frío; debe tener aberturas para permitir que el aire frío drene ladera abajo (Longstroth & Perry, 1996).
En zonas con vientos fuertes, las franjas protectoras se establecen 2‑5 años antes de plantar el huerto (Potapov et al., 2000).
1.4 Riesgo de heladas primaverales
Las flores del cerezo son muy sensibles a las bajas temperaturas. Según Longstroth y Perry (1996), las temperaturas críticas para dañar las yemas son:
| Estado de desarrollo | Temperatura para daño del 10% de flores | Temperatura para daño del 90% de flores |
|---|---|---|
| Hinchazón de yemas | -8,3 °C | -15,0 °C |
| Botón rosado | -2,8 °C | -6,1 °C |
| Floración | -2,2 °C | -3,9 °C |
Para el cerezo, el valor crítico es ‑2 °C durante la floración: a esa temperatura durante 30 minutos se daña aproximadamente el 10% de las flores, y a ‑4 °C se pierde casi toda la cosecha (Longstroth & Perry, 1996).
Cómo reducir el riesgo:
- Elija parcelas con buena circulación de aire y drenaje natural del aire frío (parte media o alta de la ladera).
- Plante el cerezo en lugares protegidos de los vientos del norte.
- En regiones con inviernos severos, dé preferencia a variedades de floración tardía y con período de reposo prolongado de las yemas (Trunov et al., 2012).
1.5 Profundidad del nivel freático
El sistema radicular del cerezo es muy sensible al exceso de humedad. Si las raíces permanecen inundadas durante 8 días o más, la recuperación del árbol es imposible (Longstroth & Perry, 1996).
Por lo tanto:
- El nivel freático no debe estar a menos de 1,5‑2 metros de la superficie del suelo (Mikheev, Revyakina, 2004).
- Las parcelas con nivel freático elevado, suelos anegados y lugares con estancamiento de agua no son en absoluto aptos para el cerezo.
- Si no hay otra parcela, es necesario prever un sistema de drenaje o cultivar el cerezo en montículos artificiales de 40‑50 cm de altura (Westwood, 1993; Mikheev, Revyakina, 2004).
En el siguiente capítulo veremos qué suelos son los más adecuados para el cerezo y cómo evaluar la calidad del suelo en su parcela.
2. Requisitos del suelo
La elección correcta del suelo es la segunda condición más importante para el éxito del cultivo del cerezo, después de la elección del lugar. Dado que los errores cometidos antes de la plantación son prácticamente imposibles de corregir, conviene prestar atención a cada parámetro.
2.1 Composición mecánica
El cerezo se da mejor en suelos francos ligeros y medios, así como en franco‑arenosos (Koumanov & Long, 2017; Mikheev, Revyakina, 2004).
- Los francos son óptimos: retienen bien la humedad y los nutrientes, pero son lo suficientemente sueltos para el crecimiento de las raíces.
- Los franco‑arenosos también son aceptables, pero se secan más rápido y son más pobres en nutrientes, por lo que requieren riegos y fertilizaciones más frecuentes.
- Los suelos arcillosos pesados no son deseables: se calientan lentamente, tienen poca aireación, son propensos al anegamiento y a la formación de costras. Las raíces del cerezo en estas condiciones se asfixian y a menudo son atacadas por podredumbres (Westwood, 1993; Longstroth & Perry, 1996).
- Los suelos arenosos tampoco son ideales: pierden demasiado rápido la humedad y los nutrientes, lo que es especialmente crítico para el cerezo, que reacciona mal a la sequía.
Para el cerezo europeo (Prunus avium) y el cerezo común, se prefieren suelos con predominio de la fracción media: francos ligeros y medios (Krivko, 2014). En las regiones meridionales con riego, también son aceptables suelos más ligeros, pero entonces se requerirá un régimen de riego y abonado más intensivo.
2.2 Estructura del suelo
El cerezo necesita un suelo bien estructurado, es decir, un suelo en el que las partículas individuales (arena, limo, arcilla) estén unidas en agregados (terrones). En ese suelo:
- hay muchos poros por los que circulan el aire y el agua;
- las raíces penetran fácilmente en profundidad y en extensión;
- después de la lluvia o el riego, la superficie no se encostra ni se agrieta.
La estructura depende del contenido de materia orgánica (humus) y de la actividad de los microorganismos del suelo. Si el suelo carece de estructura (polvoriento o compacto), es necesario mejorarlo añadiendo materia orgánica (compost, estiércol bien descompuesto, abonos verdes). Idealmente, el suelo debe ser suelto, desmenuzable y con terrones; tal que al apretarlo en la mano forme un terrón pero se desmorone fácilmente (Martin, 2019).
2.3 Drenaje
Este es quizás el parámetro físico más importante para el cerezo. Las raíces del cerezo son extremadamente sensibles al estancamiento del agua y a la falta de oxígeno. Según Longstroth y Perry (1996), incluso un encharcamiento breve (2‑4 días) provoca la depresión del crecimiento de los brotes, y una inundación de 8 días o más suele llevar a la muerte del árbol.
Indicios de un buen drenaje:
- el agua no se estanca en la superficie después de la lluvia o el riego;
- el suelo no se vuelve jabonoso ni permanece húmedo durante mucho tiempo;
- al cavar un hoyo de 50‑60 cm de profundidad, no se acumula agua en él.
Para comprobar el drenaje, se puede cavar un hoyo de 40‑50 cm de profundidad, llenarlo de agua y cronometrar el tiempo de vaciado. Si el agua desaparece en 3‑4 horas, el drenaje es excelente; si tarda 8‑10 horas, es satisfactorio; si tarda más de un día, el suelo no es apto para el cerezo sin una mejora seria (Martin, 2019).
2.4 Permeabilidad al aire
Las raíces del cerezo, como todas las raíces vivas, necesitan oxígeno para respirar. En suelos compactos, anegados o demasiado apretados, el contenido de oxígeno disminuye, se acumula dióxido de carbono y el sistema radicular comienza a morir. Las raicillas absorbentes son las que más sufren.
La permeabilidad al aire está directamente relacionada con la estructura y la densidad del suelo. La densidad óptima para los frutales es de aproximadamente 1,2‑1,4 g/cm³ (Potapov et al., 2000). Si se supera este valor, se necesita aireación y aporte de materia orgánica. Un laboreo profundo o una labor de subsolado de 40‑60 cm ayudan a crear una capa porosa en la que las raíces se desarrollan libremente (Westwood, 1993; Trunov et al., 2012).
2.5 Capacidad de retención de agua
El cerezo no tolera el estancamiento del agua, pero tampoco soporta largas sequías. Por tanto, el suelo debe retener suficiente humedad pero sin retener el exceso. Una buena capacidad de retención se consigue en suelos francos y con un contenido de materia orgánica de al menos el 2‑3%.
Valores orientativos de humedad disponible para la planta:
- capacidad de campo (cantidad máxima de agua que el suelo puede retener contra la gravedad) — para francos alrededor del 25‑30% del peso del suelo;
- punto de marchitez (cuando la planta ya no puede extraer agua) — alrededor del 13‑17% para francos (Westwood, 1993).
El cerezo comienza a sufrir déficit hídrico cuando la reserva de agua disponible cae por debajo del 50‑60% de la capacidad de campo. Por ello, en regiones áridas es obligatorio el riego, y en suelos ligeros, el acolchado y los riegos regulares.
En resumen: el suelo ideal para el cerezo es un franco estructurado o franco ligero, con una capa fértil de al menos 60‑80 cm, bien drenado, con pH cercano a neutro y contenido de materia orgánica no inferior al 2%. Si su suelo no cumple estos requisitos, no se desanime — en los siguientes capítulos veremos en detalle cómo mejorarlo.
¿Continuamos?
3. Acidez del suelo
La reacción de la solución del suelo (pH) es uno de los parámetros clave que determinan la disponibilidad de nutrientes para el cerezo. Incluso en un suelo fértil pero demasiado ácido o alcalino, el árbol carecerá de nutrientes, enfermará y fructificará mal.
3.1 pH óptimo para el cerezo
El cerezo prefiere suelos con reacción cercana a la neutra (Mikheev, Revyakina, 2004). El rango óptimo de pH es de 6,0 a 7,0 (Koumanov & Long, 2017; Westwood, 1993). Los valores extremos admisibles son de 5,5 a 7,5; sin embargo, una vez traspasados estos límites, comienzan los problemas de absorción de nutrientes.
Con pH inferior a 5,5:
- aumenta la solubilidad del aluminio y del manganeso hasta niveles tóxicos;
- empeora la absorción de fósforo, calcio y magnesio;
- disminuye la actividad de las bacterias beneficiosas del suelo (fijadoras de nitrógeno, nitrificantes);
- las raíces se vuelven más vulnerables a las enfermedades fúngicas.
Con pH superior a 7,0‑7,5:
- el hierro, manganeso, zinc y boro pasan a formas no disponibles para las plantas;
- se desarrolla clorosis (amarilleamiento de las hojas, especialmente las jóvenes);
- disminuye la eficacia de los fertilizantes fosfatados.
3.2 Determinación de la acidez
El pH exacto solo puede determinarse mediante un análisis de suelo en laboratorio. Este es el método recomendado: es económico y ofrece una imagen completa no solo del pH sino también del contenido de los principales nutrientes (Martin, 2019; Agustí, 2010). Se toman muestras de varios puntos de la parcela, se mezclan y se envían a un laboratorio agroquímico.
Si no se dispone de análisis de laboratorio, se puede utilizar:
1. Papel de tornasol (se vende en centros de jardinería) — proporciona una estimación aproximada del pH.
2. Medidor electrónico de pH — más preciso que el papel de tornasol, pero requiere calibración.
3. Métodos populares (por ejemplo, mediante malas hierbas indicadoras): en suelos ácidos suelen crecer la cola de caballo, la acedera, el llantén, el botón de oro; en suelos neutros y ligeramente alcalinos, la quinoa, la ortiga, el bledo blanco. Estos indicios son solo orientativos, pero pueden sugerir si existe un problema.
3.3 Corrección de la reacción del suelo
Reducción de la acidez (encalado)
Si el pH es inferior a 5,5, es necesario encalar el suelo. Esto es especialmente importante para el cerezo: en suelos ácidos suele sufrir podredumbres radiculares y utiliza peor el nitrógeno.
Materiales para el encalado:
- Harina de caliza (dolomítica) — preferible, ya que contiene magnesio, que suele ser deficiente en suelos ácidos (Westwood, 1993; Koumanov & Long, 2017).
- Cal viva (apagada) — actúa más rápido, pero es más difícil de distribuir uniformemente y puede quemar las raíces en contacto directo.
- Tiza, marga, ceniza — encalantes más suaves, actúan más lentamente.
Las dosis de aplicación dependen de la composición mecánica del suelo y del pH inicial. Dosis orientativas para una profundidad de 20 cm (Krivko, 2014):
| pH inicial | Suelos ligeros (franco‑arenosos) | Suelos pesados (francos) |
|---|---|---|
| 4,0‑4,5 | 1,5‑2,0 t/ha | 9‑12 t/ha |
| 4,5‑5,0 | 1,0‑1,5 t/ha | 6‑9 t/ha |
| 5,0‑5,5 | 0,5‑1,0 t/ha | 3‑6 t/ha |
En términos de 100 m², esto equivale aproximadamente a 10‑20 kg en suelos ligeros y 40‑120 kg en suelos pesados.
Regla importante: la cal y los fertilizantes nitrogenados (especialmente los amoniacales) deben aplicarse por separado, con un intervalo de al menos 2‑3 semanas, para evitar pérdidas de nitrógeno. La cal es mejor aplicarla durante el laboreo otoñal — durante el invierno reacciona con el suelo y en primavera la reacción se estabiliza (Westwood, 1993; Krivko, 2014).
Aumento de la acidez (acidificación)
Si el pH es superior a 7,5 (lo cual es raro en las zonas de cultivo del cerezo, pero posible en chernozems carbonatados o después de un encalado excesivo), se acidifica el suelo:
- azufre elemental (hasta 50‑100 g/m² según el grado de alcalinidad);
- fertilizantes fisiológicamente ácidos — sulfato amónico, superfosfato, nitrato potásico (Trunov et al., 2012);
- hojarasca de coníferas, turba alta, serrín fresco — acidifican el suelo al descomponerse, pero actúan lentamente.
Importante: en suelos fuertemente carbonatados (con contenido de CaCO3 superior al 10‑15%), la acidificación es casi inútil — el suelo "se resiste" debido a su alta capacidad tampón. En estos casos, es mejor utilizar portainjertos especiales resistentes a los carbonatos (por ejemplo, el cerezo de Mahaleb, algunos portainjertos clonales) o aplicar formas quelatadas de microelementos en abonos foliares (Westwood, 1993; Krivko, 2014).
3.4 Cuándo y cómo aplicar cal en la preparación para el cerezo
El encalado es una operación de efecto duradero. Solo es eficaz si se mezcla cuidadosamente con el suelo hasta la profundidad de la zona radicular (al menos 20‑25 cm). Por lo tanto:
1. La cal se aplica 1‑2 años antes de la plantación, preferiblemente durante el subsolado (Westwood, 1993; Martin, 2019).
2. Se distribuye uniformemente sobre la superficie y se incorpora inmediatamente al suelo.
3. No se debe mezclar cal con estiércol o fertilizantes fosfatados en el mismo momento — reaccionan entre sí, reduciendo su eficacia mutua.
Si la plantación está prevista para el año siguiente y el pH es críticamente bajo, se puede aplicar un encalado "rápido" con cal apagada, pero entonces deben transcurrir al menos 4 meses después de la aplicación (Koumanov & Long, 2017) — es el tiempo mínimo para la estabilización de la reacción.
En parcelas pequeñas para jardines de aficionados, es aceptable aplicar cal en los hoyos de plantación (0,5‑1 kg de harina dolomítica por hoyo), mezclándola bien con la tierra, pero esto es menos eficaz que el encalado general de toda la parcela.
Conclusión principal: la acidez no es un detalle secundario, sino un factor fundamental para la salud del sistema radicular y la absorción de nutrientes. Debe corregirse con antelación, sin prisas, y siempre bajo el control del análisis del suelo. En el siguiente capítulo veremos cómo mejorar las propiedades físicas del suelo — su estructura, capacidad de retención de agua y permeabilidad al aire — mediante enmiendas orgánicas y minerales.
4. Mejora del suelo
La mayoría de los suelos necesitan, en mayor o menor medida, una mejora antes de plantar el cerezo. Es importante entender que estamos preparando el medio en el que el árbol vivirá durante décadas. La estructura y la fertilidad solo pueden mejorarse antes de la plantación — después, el laboreo profundo y la incorporación de materia orgánica serán extremadamente difíciles (Martin, 2019; Westwood, 1993).
4.1 Materia orgánica: la base de la fertilidad
La materia orgánica (humus, compost, abonos verdes) es la "sangre" del suelo. Simultáneamente:
- mejora la estructura (aglutina las partículas en terrones);
- aumenta la capacidad de retención de agua (especialmente en arenas);
- incrementa la permeabilidad al aire (especialmente en arcillas);
- sirve como fuente de nutrientes para las plantas y la microflora del suelo;
- aumenta la capacidad de intercambio catiónico (capacidad del suelo para retener nutrientes) (Westwood, 1993; Trunov et al., 2012).
El contenido óptimo de materia orgánica en el suelo para el cerezo es de al menos 2‑3%, y preferiblemente del 3‑5% (Koumanov & Long, 2017). La mayoría de los suelos de Rusia y Ucrania contienen solo un 1‑1,5% (Agustí, 2010). Por lo tanto, la tarea del jardinero es aumentar este valor al menos en un 1‑1,5%.
Fuentes de materia orgánica:
- Estiércol bien descompuesto (¡no fresco!) — aplicar 30‑60 t/ha, en términos de 100 m² — 300‑600 kg (Agustí, 2010; Trunov et al., 2012).
- Compost (maduro, descompuesto) — dosis similares, es más seguro y uniforme en composición.
- Turba (de tierras bajas, neutralizada) — retiene bien la humedad y mejora la estructura, pero es pobre en nutrientes.
- Abonos verdes — plantas que se cultivan en la parcela y se incorporan al suelo antes de la plantación. Son especialmente valiosas las leguminosas (altramuz, veza, guisante, trébol), que enriquecen el suelo con nitrógeno (Potapov et al., 2000; Trunov et al., 2012). Los abonos verdes se siembran uno o dos años antes de la plantación y luego se entierran o se labran.
Cuándo y cómo aplicar la materia orgánica: El mejor método es la distribución uniforme sobre la superficie seguida de subsolado o laboreo profundo hasta 40‑60 cm (Westwood, 1993; Trunov et al., 2012). La materia orgánica debe incorporarse a la zona radicular, no dejarse en la superficie. Con la incorporación profunda, se descompone gradualmente, creando una reserva de humus a largo plazo.
¡Precaución! El estiércol fresco, la paja y el serrín fresco consumen mucho nitrógeno durante la descomposición y pueden inhibir las raíces. Por lo tanto, se aplican con antelación (1‑2 años antes) o se utilizan solo materiales completamente descompuestos.
4.2 Mejora de suelos pesados (arcilla, franco compacto)
Los suelos arcillosos son un problema para el cerezo: tienen poca aireación, se calientan lentamente y son propensos al anegamiento. Sin embargo, se pueden mejorar significativamente.
Principales técnicas:
1. Incorporación de arena gruesa (de construcción, de río) en una proporción aproximada de 1:1 con el suelo en la zona radicular. Esto aumenta la porosidad y mejora el drenaje.
2. Aplicación abundante de materia orgánica (compost, humus) — "esponja" el suelo pesado y favorece la formación de agregados.
3. Encalado (si el pH es bajo) — el calcio favorece la unión de las partículas arcillosas en terrones estables, mejorando la estructura (Westwood, 1993).
4. Subsolado o laboreo profundo hasta 50‑70 cm con inversión del perfil (si el horizonte de humus lo permite). Esto rompe la capa compacta del subsuelo (Westwood, 1993; Krivko, 2014).
5. Plantación en caballones o montículos de 30‑50 cm de altura, para que el sistema radicular quede por encima del nivel de humedad estancada (Westwood, 1993; Mikheev, Revyakina, 2004).
Qué evitar: no labrar el suelo arcilloso en estado húmedo — esto destruye la estructura y crea terrones que luego son difíciles de romper. Trabaje solo con una humedad óptima (el suelo se desmenuza en terrones, no se pega).
4.3 Mejora de suelos ligeros (arena, franco‑arenoso)
Los suelos ligeros son el otro extremo: se calientan rápidamente y están bien aireados, pero no retienen la humedad ni los nutrientes. El cerezo en arenas sufre mucho por la sequía y carece de nutrientes sin riegos y abonados frecuentes.
Principales técnicas:
1. Incorporación de arcilla, franco o suelo franco (hasta el 30‑40% del volumen de la zona radicular) — aumenta significativamente la capacidad de retención de agua y la capacidad de intercambio catiónico.
2. Aplicación abundante y repetida de materia orgánica (compost, estiércol bien descompuesto) — la materia orgánica en arenas actúa como una esponja: retiene la humedad y los iones de nutrientes. En suelos arenosos, las dosis de materia orgánica pueden aumentarse hasta 80‑100 t/ha (Trunov et al., 2012; Koumanov & Long, 2017).
3. Arcillado — incorporación de arcilla bentonítica o franco seguida de laboreo. Es un método radical pero muy eficaz.
4. Acolchado regular de la superficie (con turba, compost, hierba cortada) para reducir la evaporación.
5. Aplicación de fertilizantes potásicos y magnésicos con mayor frecuencia y en dosis más altas — en arenas se lavan rápidamente (Westwood, 1993).
Importante: En suelos muy ligeros sin posibilidad de riego, el cultivo del cerezo es extremadamente arriesgado. Es mejor asegurarse de antemano de que se puede proporcionar un riego regular, especialmente en los primeros 2‑3 años y durante la formación del fruto.
4.4 Particularidades de suelos problemáticos
Suelos salinos. El cerezo, como la mayoría de los frutales, es sensible a la salinidad (Koumanov & Long, 2017). Con un contenido de sales superior a 1,3‑2,5 dS/m en el agua y 1,9‑3,1 dS/m en el suelo, el rendimiento puede disminuir entre un 10 y un 50%. Si la parcela es salina:
- antes de la plantación se realizan riegos de lavado (riego abundante con evacuación del agua) para eliminar las sales;
- se aplica yeso para reemplazar el sodio por calcio (Westwood, 1993);
- se acumula materia orgánica — reduce la toxicidad de las sales.
Suelos carbonatados (alcalinos) — típicos de las regiones meridionales. Con pH superior a 7,5, el cerezo suele desarrollar clorosis por deficiencia de hierro. En este caso:
- se aplican fertilizantes fisiológicamente ácidos (sulfato amónico, sulfato potásico);
- se utilizan quelatos de hierro para abonos foliares;
- se eligen variedades y portainjertos resistentes a la clorosis (por ejemplo, el cerezo de Mahaleb, portainjertos clonales de las series VVA, OD, etc. (Krivko, 2014)).
Suelos anegados y turbosos — son poco aptos para el cerezo debido a la alta acidez y la proximidad del nivel freático. Si es necesario utilizarlos:
- se drenan (drenajes, zanjas);
- se añaden arena y arcilla para mejorar las propiedades físicas;
- se encalan hasta alcanzar una reacción neutra;
- se plantan en caballones o montículos.
Suelos con capa de subsuelo compactada ("suela de labor") — típicos de parcelas que han estado muchos años bajo cultivos herbáceos. La capa compacta a 20‑40 cm de profundidad impide que las raíces profundicen, creando un "nivel freático colgado". Antes de plantar es necesario:
- realizar un laboreo profundo (subsolado, escarificado) hasta 50‑60 cm;
- si es posible, subsolado con inversión, pero solo si no se saca a la superficie un subsuelo infértil (Westwood, 1993; Potapov et al., 2000).
Principio importante: la mejora del suelo no es un proceso de un día. Es mejor comenzar la preparación 1‑2 años antes de la plantación. Siembre abonos verdes, añada materia orgánica, realice un laboreo profundo, deje que el suelo "se asiente", y realice un nuevo análisis de pH y nutrientes. Así tendrá la certeza de que los jóvenes plantones se encontrarán en las condiciones óptimas.
En el siguiente capítulo final, veremos los pasos concretos para preparar la parcela inmediatamente antes de la plantación — desde la limpieza hasta el marcado de los lugares de plantación.
5. Preparación de la parcela
Una vez elegida la parcela, evaluados y, en lo posible, mejorados los parámetros del suelo, llega la etapa final, pero no menos importante: la preparación directa del terreno y de los hoyos de plantación. Aquí es importante no tener prisa y realizar todas las operaciones en el orden correcto.
5.1 Limpieza del terreno
La superficie de la parcela debe estar limpia de todo lo que pueda dificultar el crecimiento de las raíces y el trabajo de la maquinaria.
Eliminación de árboles y tocones. Si la parcela estaba ocupada por un viejo huerto o bosque, es necesario arrancar los tocones y eliminar las raíces grandes. Las raíces de árboles viejos que quedan en el suelo pueden ser fuente de enfermedades (por ejemplo, podredumbre radicular por Armillaria) y dificultar el desarrollo de las raíces del joven cerezo (Longstroth & Perry, 1996; Koumanov & Long, 2017). Lo mejor es realizar el arranque con un tractor equipado con un arrancador o manualmente, con la posterior extracción de todos los fragmentos de raíces de más de 2‑3 cm de diámetro.
Eliminación de piedras y rocas. Las piedras grandes no solo dificultan el laboreo, sino que también crean focos de humedad y dificultan la distribución uniforme de las raíces. Deben ser retiradas de la parcela.
Control de malas hierbas perennes. Las malas hierbas rizomatosas y de raíz brotante (grama, cardo, diente de león, enredadera) pueden suprimir gravemente a los árboles jóvenes, especialmente en los primeros años. La forma más eficaz de destruirlas es con antelación: aplicando herbicidas sistémicos (por ejemplo, glifosato) un año antes de la plantación, o realizando durante la temporada múltiples cultivaciones y escardas que agoten las reservas de las raíces (Martin, 2019; Trunov et al., 2012). Importante: los herbicidas deben estar completamente descompuestos en el momento de la plantación, por lo que se utilizan al menos 3‑4 meses antes de plantar los plantones.
Recogida y eliminación de restos vegetales. Todos los restos de cultivos, hojas, ramas deben ser retirados de la parcela o compostados en un montón aparte (no en el lugar de plantación) para no atraer roedores ni provocar enfermedades fúngicas.
5.2 Laboreo principal del suelo
Después de la limpieza, se procede al laboreo profundo. El objetivo principal es crear en la zona radicular (0‑50 cm) un medio suelto, homogéneo y bien aireado, libre de terrones y compactaciones. Esta etapa es la única oportunidad de mezclar a fondo la materia orgánica, los fertilizantes y las enmiendas con el suelo hasta una profundidad de 40‑60 cm.
El subsolado es el método más fiable para grandes superficies. Se realiza con arados (por ejemplo, PPN-40, PPU-50 o similares) a una profundidad de 45‑60 cm (en chernozems profundos) y 35‑50 cm (en suelos podzólicos y forestales grises) (Trunov et al., 2012; Krivko, 2014). La profundidad se elige en función del espesor del horizonte de humus — no se debe sacar a la superficie el subsuelo infértil. Durante el subsolado, la parcela se ara primero con inversión del perfil, luego se gradea o se cultiva para nivelar.
Si el subsolado no es posible (por ejemplo, en laderas rocosas o muy erosionadas), se aplica el cultivo en bandas — laboreo profundo solo en la zona de las futuras hileras, con un ancho de 1,5‑2 m, incorporando materia orgánica y fertilizantes específicamente en esas bandas (Potapov et al., 2000; Krivko, 2014).
Condiciones importantes:
- El laboreo se realiza 2‑3 meses antes de la plantación (en otoño — en junio‑julio, en primavera — en septiembre‑octubre) para que el suelo tenga tiempo de asentarse y recuperar la estructura capilar (Trunov et al., 2012).
- Se trabaja solo con humedad óptima (el suelo no se pega a la herramienta pero tampoco levanta polvo). En estado húmedo, los suelos arcillosos se convierten en terrones; en estado seco, se pulverizan excesivamente.
- Durante el subsolado, se incorporan simultáneamente materia orgánica (compost, estiércol bien descompuesto), fertilizantes fosfórico‑potásicos y enmiendas (cal, yeso), si el análisis del suelo lo requiere (Agustí, 2010; Westwood, 1993).
Después del arado, la superficie se nivela con gradas o cultivadores — esto facilitará el trazado posterior y la plantación.
5.3 Trazado del huerto
Un trazado correcto de la parcela es la clave para un cuidado cómodo y una iluminación uniforme de los árboles.
Elección del marco de plantación. La distancia entre árboles depende del vigor de la variedad y del portainjerto, así como de la fertilidad del suelo. Para el cerezo sobre portainjertos vigorosos (cerezo silvestre, Mahaleb), los marcos óptimos son de 5‑6 × 3‑4 m; para variedades sobre portainjertos clonales de vigor medio o bajo — de 4‑5 × 2‑3 m (Krivko, 2014; Mikheev, Revyakina, 2004). En jardines de aficionados en parcelas pequeñas, se aceptan 3‑4 m entre hileras y 2,5‑3 m entre árboles, pero con poda anual y limitación de la copa.
Orientación de las hileras. En terrenos llanos, es mejor orientar las hileras de norte a sur — esto asegura una iluminación uniforme de ambos lados de la copa a lo largo del día (Agustí, 2010; Potapov et al., 2000). En laderas, las hileras siempre se trazan a través de la pendiente (siguiendo las curvas de nivel) para prevenir la erosión hídrica (Koumanov & Long, 2017; Trunov et al., 2012). Se admiten ligeras curvas en las hileras, siempre que la dirección principal siga las curvas de nivel.
Marcado de los lugares de plantación. El método más preciso es utilizar una cinta métrica o cuerda y estacas. Primero se establece una línea base (generalmente a lo largo del límite de la parcela o del camino), luego con un triángulo rectángulo (3:4:5) se construye una perpendicular y se marcan todas las hileras y hoyos (Westwood, 1993; Agustí, 2010). Para grandes superficies se utilizan marcadores con tractor y máquinas plantadoras. En un jardín de aficionado, basta con clavar estacas en los lugares de los futuros hoyos.
Deje franjas de maniobra de 6‑8 m de ancho en los extremos de las hileras para facilitar el trabajo de la maquinaria (Potapov et al., 2000).
5.4 Preparación de los hoyos de plantación
El remate de la preparación es la creación de lugares individuales para cada plantón.
Hoyos. El tamaño óptimo es diámetro 60‑80 cm, profundidad 50‑60 cm (Mikheev, Revyakina, 2004). La capa fértil superior (20‑30 cm) se aparta por separado de la inferior (menos fértil). Es mejor preparar el hoyo 2‑4 semanas antes de la plantación para que "madure" y la tierra se asiente.
Si se utiliza un barreno, especialmente en suelos pesados y húmedos, es obligatorio aflojar las paredes del hoyo con una pala o horca; de lo contrario, se forma una superficie "enlucida" que impide la penetración de las raíces y el drenaje (Westwood, 1993; Longstroth & Perry, 1996). Raspar las paredes del hoyo o utilizar una herramienta de plantación más ancha (pala en lugar de barreno) ayuda a evitar este problema.
En terrenos anegados con nivel freático cercano o suelo arcilloso pesado, no se utilizan hoyos; en su lugar, se levantan montículos (caballones) de 40‑50 cm de altura y 1,3‑1,5 m de ancho en la base (Mikheev, Revyakina, 2004; Westwood, 1993). El plantón se coloca en la cima del montículo, las raíces se extienden por las laderas y se cubren con tierra. Esto protege al sistema radicular de inundaciones y proporciona aireación.
Aplicación de fertilizantes en el hoyo. Se recomienda mezclar la capa fértil superior con:
- 1‑2 cubos de compost o estiércol bien descompuesto;
- 200‑300 g de superfosfato (o 100‑150 g de superfosfato doble);
- 50‑60 g de sulfato potásico (o 0,5‑1 l de ceniza de madera);
- si el suelo es ácido — 0,5‑1 kg de harina dolomítica o tiza (Mikheev, Revyakina, 2004).
La mezcla se homogeneiza y se echa en el fondo del hoyo formando un montículo. No se deben poner fertilizantes nitrogenados ni estiércol fresco en el hoyo — pueden quemar las raíces jóvenes (Agustí, 2010; Westwood, 1993). El nitrógeno se aplica solo superficialmente después de que comience el crecimiento.
La profundidad de plantación es un punto crítico. El cuello de la raíz (zona de transición de las raíces al tronco), una vez asentada la tierra, debe quedar a nivel de la superficie o ligeramente más alto (2‑3 cm) en suelos pesados (Longstroth & Perry, 1996; Mikheev, Revyakina, 2004). En suelos arenosos ligeros se admite enterrar hasta 5‑8 cm, pero en portainjertos enanos y clonales nunca se debe enterrar el punto de injerto — esto puede provocar que el árbol enraíce por sí mismo y pierda el efecto enanizante (Westwood, 1993; Trunov et al., 2012). Al enterrar el injerto en portainjertos de bajo vigor, el árbol crece vigorosamente y entra en fructificación más tarde.
Plantación. En el fondo del hoyo se forma un pequeño montículo con la mezcla preparada; sobre él se coloca el plantón (preferiblemente con el lado sur orientado hacia la estaca). Las raíces se extienden en todas direcciones, sin doblarlas hacia arriba ni enredarlas. Luego se cubre con la mezcla fértil, sacudiendo ligeramente el plantón para rellenar los huecos. Se apisona la tierra con el pie, comenzando desde los bordes del hoyo hacia el centro, pero sin apretar demasiado. Se forma un alcorque de unos 50 cm de diámetro para el riego.
Riego y acolchado. Inmediatamente después de plantar, se vierten en el alcorque 2‑3 cubos de agua (20‑30 l). Una vez absorbida el agua, se cubre el alcorque con turba, humus, hierba cortada o compost en una capa de 5‑8 cm. Esto conserva la humedad, evita la formación de costra y suprime el crecimiento de malas hierbas (Westwood, 1993; Martin, 2019). En los montículos, el acolchado se coloca sobre toda la superficie alrededor del tronco, pero sin tocar la corteza para evitar pudriciones.
Tutorado. El árbol joven debe atarse a una estaca (colocada en el lado sur para que no sombree al plantón). La atadura debe ser en forma de "ocho" — no comprime la corteza y permite que el tronco se engrose (Mikheev, Revyakina, 2004). La estaca se clava de modo que quede 15‑20 cm por debajo de la copa.
En lugar de conclusión
La elección del lugar para el cerezo y la preparación del suelo son los cimientos que determinarán la salud, la productividad y la longevidad del huerto durante décadas. No escatime tiempo ni esfuerzo en esta etapa:
- analice su parcela — relieve, régimen de vientos, profundidad del nivel freático;
- realice un análisis de suelo — pH, textura, contenido de los principales elementos;
- si es necesario, corrija el pH (encalado o acidificación), mejore la estructura y la fertilidad con aportes de materia orgánica y aditivos minerales;
- limpie y planifique cuidadosamente el terreno;
- prepare correctamente los hoyos o montículos, respetando la profundidad de plantación.
Es mejor retrasar la plantación un año y preparar la parcela adecuadamente que pasar décadas luchando contra las consecuencias de los errores. El cerezo es un cultivo agradecido y, con una preparación adecuada del suelo, responderá con cosechas estables de frutos de calidad que alegrarán a usted y a su familia.
Referencias
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- Agusti, M. (2010). ‘Tecnicas de cultivo’, in Fruticultura. Madrid, Spain: Ediciones Mundi-Prensa, pp. 207-246.
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