Regar
1. Necesidades hídricas del cerezo
El agua es la base de la vida de cualquier planta, y el cerezo no es una excepción. Participa en todos los procesos clave, desde la fotosíntesis hasta el transporte de nutrientes. Sin embargo, el éxito en el cultivo de esta especie no depende de la cantidad total de precipitaciones, sino de la precisión con la que podamos proporcionar agua al árbol en el momento en que la necesita. El principio fundamental es evitar tanto el déficit como el exceso de humedad.
Para comprender las necesidades hídricas del cerezo hay que tener en cuenta tres factores principales: la edad del árbol, su fase de desarrollo y las condiciones climáticas.
Edad del árbol
La necesidad de agua y su papel en la vida del árbol cambian radicalmente con la edad.
Plantones jóvenes: Para los árboles recién plantados, el agua es cuestión de supervivencia. Su sistema radicular es todavía muy reducido y se encuentra en las capas superiores del suelo, que se secan rápidamente. El objetivo principal del riego durante los primeros 1‑2 años es asegurar la arraigación y estimular el desarrollo de un sistema radicular vigoroso (Mijéiev y Revyakina, 2004). A diferencia de un árbol adulto, las raíces del cerezo no pueden extraer humedad de capas profundas, por lo que los árboles jóvenes requieren un humedecimiento frecuente pero moderado del hoyo de plantación.
Árboles en producción: Un árbol adulto con un sistema radicular desarrollado puede tolerar sequías breves, especialmente si ocurren después de la cosecha. Sin embargo, en períodos críticos del ciclo vegetativo, la falta de agua puede costarle no solo la cosecha actual, sino también la formación de yemas florales para el año siguiente (Westwood, 1993). Observaciones a largo plazo muestran que los árboles con raíces profundas y vigorosas (por ejemplo, sobre patrón Mazzard) son menos sensibles al déficit hídrico que los árboles sobre patrones clonales de bajo vigor (Long et al., 2021).
Fases de desarrollo (períodos críticos)
La mayor demanda de agua en el cerezo se presenta en varias fases clave. El déficit de humedad en estos períodos provoca las pérdidas más graves.
1. Crecimiento activo de brotes (finales de mayo – junio): En este período se forma el aparato foliar del árbol, su «fábrica» de producción de carbohidratos. La falta de agua frena el crecimiento de los brotes, las hojas crecen pequeñas y se reduce el potencial productivo futuro. Se recomienda regar inmediatamente después de la floración para favorecer este crecimiento activo (Mijéiev y Revyakina, 2004).
2. Engorde y maduración del fruto (finales de junio – julio): Este es el período más crítico. Para formar frutos grandes, jugosos y dulces, el árbol necesita la máxima cantidad de agua. La falta de humedad en esta etapa hace que los frutos sean más pequeños, menos jugosos y de peor sabor. Un riego abundante en este período es la clave para una cosecha de alta calidad (Hanson y Proebsting, 1996). Pero aquí hay un matiz importante, del que hablaremos más adelante.
3. Riego de carga otoñal (septiembre – principios de octubre): Después de la cosecha, muchos jardineros se relajan, pero es un gran error. El riego de otoño, también conocido como riego de carga de humedad, es decisivo para una buena invernada. El suelo húmedo se congela más lentamente, lo que protege el sistema radicular. Además, el agua acumulada en el suelo proporciona humedad al árbol a principios de la primavera, cuando las raíces comienzan a despertar y aún no hay hojas que transpirar (Mijéiev y Revyakina, 2004). Este riego es especialmente importante en años secos.
Influencia de las condiciones climáticas
Naturalmente, en regiones áridas la necesidad de riego es mayor que en regiones con precipitaciones suficientes. Sin embargo, hay que tener en cuenta dos aspectos.
- Sequía: En regiones con veranos calurosos y secos, especialmente en latitudes meridionales, la necesidad de agua puede alcanzar 60–70 litros por m² de la proyección de la copa en un solo riego (Mijéiev y Revyakina, 2004).
- Exceso de agua y agrietamiento del fruto: El cerezo, y especialmente la cereza dulce, es muy sensible al exceso de humedad, sobre todo durante la maduración. Las fluctuaciones bruscas de humedad (la sequía seguida de un riego abundante o lluvia) provocan que los frutos absorban agua intensamente y se agrieten. Este proceso se denomina agrietamiento. Por ello, es importante mantener la humedad del suelo en un nivel estable, evitando oscilaciones bruscas (Long et al., 2021). Además, el exceso de humedad en el suelo puede causar asfixia radicular, favorecer enfermedades fúngicas e incluso la muerte del árbol (Webster, 1996).
Por tanto, la tarea principal del jardinero no es simplemente regar el cerezo, sino hacerlo con criterio, teniendo en cuenta su edad, su estado de desarrollo y las condiciones meteorológicas, para obtener una cosecha abundante de frutos grandes y sanos.
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2. Cuándo regar
Elegir el momento adecuado para el riego es un factor clave que determina no solo la salud del árbol, sino también la calidad y cantidad de la futura cosecha. Regar «según un calendario» sin tener en cuenta las necesidades reales de la planta puede ser poco eficaz o incluso perjudicial. Es importante saber en qué períodos del ciclo vegetativo el cerezo es más sensible a la falta de agua y cuándo el exceso puede causar más daño que la sequía.
Árboles jóvenes (primeros 2‑3 años después de la plantación)
En los primeros dos o tres años de vida, el cerezo forma un sistema radicular compacto que se extiende en la capa superficial del suelo, principalmente a 20‑30 cm de profundidad (Mijéiev y Revyakina, 2004). Las raíces del plantón joven aún no pueden extraer humedad de horizontes más profundos, por lo que el secado de la capa superior es crítico. La falta de agua en este período puede provocar un paro del crecimiento, la muerte de brotes e incluso la muerte de la planta.
Inmediatamente después de la plantación. El riego es necesario en el momento de la plantación. Si aún no se ha instalado un sistema de riego, se recomienda verter 11‑19 litros de agua por cada árbol para humedecer el suelo alrededor de las raíces, asegurar un buen contacto raíz‑suelo y eliminar bolsas de aire (Long et al., 2021). En las primeras semanas después de la plantación, se riega con regularidad, especialmente en tiempo seco y caluroso.
Primer año de vegetación. Durante el primer año, se riega el árbol joven a medida que se seca la capa superior del suelo. En las condiciones de la zona central, esto significa aproximadamente 1‑2 riegos por semana en períodos secos. La tarea principal es evitar que se seque la zona radicular. En tiempo caluroso puede ser necesario regar con más frecuencia. El control de la humedad se hace de forma sencilla: se toma un puñado de tierra de 10‑15 cm de profundidad. Si la tierra se desmenuza entre los dedos, es hora de regar.
Período de crecimiento activo de brotes (junio). En este período, los árboles jóvenes forman su aparato foliar y las ramas principales. La falta de humedad en este momento puede ralentizar irreversiblemente el crecimiento y retrasar el inicio de la fructificación. Los riegos deben ser especialmente regulares, especialmente si el tiempo es seco (Mijéiev y Revyakina, 2004).
Período otoñal. Para una mejor invernada de los árboles jóvenes, se realiza un riego de carga en septiembre – principios de octubre, si el otoño es seco. Esto crea una reserva de humedad en el suelo y protege el sistema radicular de la desecación durante las heladas invernales (Mijéiev y Revyakina, 2004).
Árboles en producción
En los árboles adultos, el sistema radicular es más ramificado, pero la mayor parte de las raíces absorbentes (hasta el 80%) se concentra en los primeros 45 cm de suelo (Neilsen et al., 2017; Long et al., 2021). Por lo tanto, el humedecimiento oportuno de este horizonte sigue siendo determinante para el rendimiento y la calidad de la fruta.
Períodos críticos de demanda de humedad
Para los árboles en producción se distinguen varios períodos clave en los que el déficit de humedad es más peligroso:
1. Período de crecimiento activo de brotes (junio). En este momento se produce la formación de nuevo aparato foliar y brotes del año en curso, así como la iniciación de yemas florales, base de la cosecha del año siguiente (Westwood, 1993; Mijéiev y Revyakina, 2004). El déficit hídrico en este período limita el crecimiento de los brotes, reduce la superficie foliar y, en consecuencia, la productividad fotosintética. El árbol entra en estrés, lo que afecta a todas las etapas posteriores.
2. Período de engorde y maduración del fruto (finales de junio – julio). Este es quizás el período más importante para el riego. El crecimiento del fruto en el cerezo se produce en tres etapas, y durante la tercera etapa —después de la endurecimiento del hueso— comienza el aumento intensivo del peso de la baya (Flore, 1994; Edin et al., 1997; Mandal et al., 2021). En ese momento, las células del mesocarpio (pulpa) se expanden activamente, y para ello se requiere un suministro constante de agua. Las investigaciones muestran que es precisamente en este período (Estadios I y III del crecimiento del fruto) cuando el déficit hídrico debe ser mínimo; de lo contrario, los frutos serán pequeños (Flore y Layne, 1999; Neilsen et al., 2017). En tiempo seco, son eficaces los riegos inmediatamente después de la floración (finales de mayo – principios de junio) y tres o cuatro semanas después de la floración (segunda quincena de junio) (Mijéiev y Revyakina, 2004).
Algunas fuentes recomiendan mantener la humedad del suelo cerca de la capacidad de campo durante todo el período de crecimiento activo del fruto, para garantizar un acceso constante al agua (Hanson y Proebsting, 1996; Long et al., 2021). Esto previene el estrés y permite obtener el máximo tamaño y peso de las bayas.
3. Período de 10 a 14 días antes de la cosecha. En este momento, el régimen de riego suele ajustarse para aumentar la concentración de azúcares en los frutos. En lugar de mantener la humedad al 80‑95% de la capacidad de campo, se reduce al 80‑90% (Long et al., 2021). Esto permite «secar» el árbol sin estrés, favoreciendo la acumulación de azúcares, pero manteniendo un nivel suficiente de humedad para completar el crecimiento de los frutos. Es importante evitar el exceso de riego antes de la cosecha, ya que puede provocar el agrietamiento de los frutos (Westwood, 1993; Mijéiev y Revyakina, 2004).
4. Después de la cosecha. Este período se ignora a menudo, pero es fundamental para la futura cosecha. Tras la recolección, continúa el crecimiento de los brotes y la iniciación de yemas florales para el año siguiente (Mijéiev y Revyakina, 2004). La falta de humedad en este momento puede reducir la formación de yemas y perjudicar la invernada. Sin embargo, después de la cosecha la necesidad de agua del árbol disminuye, por lo que los riegos pueden hacerse con menos frecuencia y en menores volúmenes (Neilsen et al., 2017; Long et al., 2021). En veranos calurosos, después de la cosecha, se recomienda mantener la humedad por encima del 50% del agua disponible en el suelo, especialmente en suelos ligeros o en árboles sobre patrones enanos (Long et al., 2021).
5. Riego de carga otoñal (septiembre – principios de octubre). Este riego es obligatorio en otoños secos. Crea una reserva de humedad en el suelo, favorece una mejor invernada, ya que el suelo húmedo se congela más lentamente, y evita la desecación de los tejidos del árbol durante las heladas invernales (Westwood, 1993; Mijéiev y Revyakina, 2004). La dosis de riego es de 100‑150 litros por árbol adulto (Mijéiev y Revyakina, 2004).
Particularidades estacionales y adaptaciones regionales
La época y frecuencia del riego dependen de las condiciones climáticas de la región.
En regiones áridas con veranos calurosos y escasas precipitaciones, los riegos son necesarios prácticamente durante todo el período vegetativo. Son especialmente críticos los riegos durante el crecimiento activo de brotes y el desarrollo del fruto. Investigaciones en regiones como Washington (EE.UU.) muestran que el cerezo puede consumir hasta 750‑1000 mm de agua por temporada (Hanson y Proebsting, 1996; Neilsen et al., 2017). En estas condiciones, es importante un riego regular con control de la humedad del suelo.
En regiones con humedad suficiente, la tarea principal es evitar que el suelo se seque en los períodos críticos, pero sin excederse en el riego. En veranos lluviosos, se reducen o suspenden los riegos. Es importante basarse en la humedad real del suelo, no en un plan de calendario.
En regiones con inviernos fríos, el riego de carga otoñal es obligatorio, ya que ayuda a los árboles a soportar las heladas (Mijéiev y Revyakina, 2004). Es importante que el riego se realice antes de que comiencen las heladas persistentes, generalmente en septiembre o principios de octubre.
Cómo determinar cuándo regar
No hay que guiarse por el calendario, sino por el estado del suelo y del árbol.
El método más sencillo es comprobar el suelo a 10‑15 cm de profundidad. Si el suelo está seco y se desmenuza, es hora de regar. Si está húmedo y forma un terrón, se puede posponer el riego.
Uso de medidores de humedad (tensiómetros). Para un control más preciso, se recomienda instalar tensiómetros a 30 y 60 cm de profundidad. En suelos francos o franco‑arenosos, el riego debe comenzar cuando la lectura del tensiómetro a 30 cm alcance los 30 kPa (Long et al., 2021). Los valores umbral varían según el tipo de suelo: para francos ligeros — 20‑30 kPa, para suelos arcillosos — 35‑45 kPa (Long et al., 2021).
Signos externos de déficit hídrico en el cerezo: hojas caídas, pérdida de turgencia, frutos pequeños y poco coloreados. Sin embargo, cuando aparecen estos signos, el árbol ya está bajo estrés, por lo que es mejor utilizar métodos preventivos de control de la humedad.
Particularidades del riego según el tipo de suelo
El tipo de suelo influye directamente en la frecuencia y el volumen de riego.
Suelos arenosos y franco‑arenosos. El agua se filtra rápidamente a capas profundas, por lo que el riego debe ser más frecuente (1‑2 veces por semana en tiempo caluroso) pero con menores volúmenes. La profundidad de mojado debe ser de 30‑40 cm. Estos suelos también requieren fertilizaciones más frecuentes, ya que los nutrientes se lixivian con el agua (Westwood, 1993; Mijéiev y Revyakina, 2004).
Suelos francos y arcillosos. Retienen la humedad durante más tiempo, por lo que los riegos pueden ser menos frecuentes (cada 7‑10 días) pero más abundantes. Sin embargo, en estos suelos es peligroso el exceso de agua, que puede provocar la pudrición de las raíces (Westwood, 1993; Webster, 1996). Es importante asegurarse de que el agua no se estanque en el hoyo de plantación.
Comprender cuándo y cuánto regar es la base para desarrollar un sistema de riego eficaz, que se tratará en los próximos capítulos. Elegir el momento adecuado garantiza que el árbol reciba la humedad justo cuando más la necesita, lo que permitirá obtener cosechas estables y de alta calidad.
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3. Cuánto regar
Determinar el volumen correcto de agua para el riego es uno de los problemas más frecuentes a los que se enfrentan los jardineros. Tanto la falta como el exceso de humedad son igualmente perjudiciales para el cerezo. El principio clave es: regar con poca frecuencia pero abundantemente, para que el agua penetre en toda la profundidad de la capa radicular activa y no solo humedezca la superficie.
Dosis de riego
La cantidad de agua que necesita un cerezo depende de su edad, tamaño, tipo de suelo y condiciones climáticas. No existe una cifra universal, pero hay referencias contrastadas por la práctica.
Para árboles jóvenes (primeros 2‑3 años después de la plantación). El sistema radicular todavía se está formando y se encuentra a poca profundidad, principalmente a 20‑30 cm (Mijéiev y Revyakina, 2004). En tiempo seco, basta con verter 20‑30 litros por cada árbol joven en un riego. En veranos calurosos y en suelos arenosos, este volumen puede aumentarse a 40‑50 litros, pero regando con más frecuencia — cada 5‑7 días. Inmediatamente después de la plantación, se recomienda verter 11‑19 litros por plantón para compactar el suelo alrededor de las raíces y eliminar bolsas de aire (Long et al., 2021).
Para árboles adultos en producción. La dosis de riego es considerablemente mayor. De media, un árbol adulto (mayor de 5‑6 años) necesita de 50 a 100 litros por riego. En tiempo caluroso y seco, especialmente durante el engorde del fruto, el volumen puede alcanzar los 150 litros. En la bibliografía se indican las siguientes orientaciones: en las condiciones de la zona central de Rusia, para mojar el suelo hasta 40 cm de profundidad se necesitan una media de 50‑60 litros por metro cuadrado de hoyo de plantación (Mijéiev y Revyakina, 2004). Con una superficie de hoyo de unos 4‑6 m² para un árbol adulto, esto da 200‑360 litros por árbol, lo que coincide con la práctica de los huertos intensivos.
Se puede hacer un cálculo más preciso conociendo el tipo de suelo y su capacidad de retención. Por ejemplo, para un suelo franco con capacidad de campo del 24% y punto de marchitez del 12%, el agua disponible es el 12% del peso del suelo (Westwood, 1993). Para reponer la humedad en una capa de 40 cm sobre 1 m², se necesitan aproximadamente 50‑60 litros de agua, lo que coincide con la recomendación de Mijéiev y Revyakina (2004).
Riego de carga otoñal. La dosis para un árbol adulto es de 100‑150 litros. Este riego se realiza en otoño seco (septiembre – principios de octubre) para crear una reserva de humedad para el invierno (Mijéiev y Revyakina, 2004).
Necesidad estacional. En regiones áridas con escasas precipitaciones, el cerezo puede consumir 750‑1000 mm de agua por temporada (Hanson y Proebsting, 1996; Neilsen et al., 2017). A modo de comparación: en huertos comerciales de Oregón (EE.UU.), las dosis mensuales medias de riego son: mayo — 10 cm, junio — 15 cm, julio — 20 cm, agosto — 18 cm, septiembre — 10 cm (Long et al., 2021). En un huerto familiar, estas cifras pueden usarse como orientación, ajustándolas según las precipitaciones reales.
Profundidad de mojado del suelo
La profundidad a la que debe llegar el agua es un parámetro tan importante como el volumen.
Por qué es importante. La mayor parte de las raíces absorbentes del cerezo se encuentra en los primeros 45 cm, aunque algunas raíces pueden llegar a 60‑90 cm (Neilsen et al., 2017; Long et al., 2021). Si solo se moja la capa superficial (10‑15 cm), las raíces no se desarrollarán en profundidad, el árbol se volverá superficial, sufrirá con la sequía y tolerará peor las heladas. Además, con el riego superficial, la humedad se evapora rápidamente y el agua se utiliza de forma ineficaz.
Profundidad recomendada. Para el cerezo, la profundidad óptima de mojado es de 40‑60 cm. Corresponde a la zona donde se encuentra la mayor parte de las raíces activas. En veranos calurosos y en suelos ligeros, la profundidad puede aumentarse a 60‑70 cm para crear una reserva de humedad para varios días.
Cómo comprobar la profundidad. La forma más sencilla es cavar un pequeño hoyo con una pala o usar un barreno. Si a 40 cm el suelo está húmedo, el riego se ha hecho correctamente. Si está seco, no había suficiente agua. También se puede utilizar una varilla metálica: el suelo húmedo se penetra más fácilmente, el seco ofrece más resistencia.
En la práctica, esto significa que en un solo riego hay que aportar suficiente agua para que moje el suelo hasta la profundidad deseada. En suelos arenosos se necesita menos agua (se filtra más rápido), en suelos arcillosos más, pero la velocidad de infiltración es menor, por lo que el riego debe ser más prolongado pero con menor intensidad para evitar la escorrentía superficial.
Control de la humedad del suelo
Para no tener que adivinar si hay suficiente humedad, es útil utilizar métodos de control sencillos y accesibles.
Método visual‑táctil. Se toma una muestra de suelo a 10‑15 cm de profundidad y se aprieta en la palma. Si el suelo está seco y se desmenuza, es hora de regar. Si está húmedo y forma un terrón, se puede posponer. A 30‑40 cm de profundidad, el suelo debe estar siempre húmedo. Este método es sencillo pero requiere experiencia.
Uso de medidores de humedad. Para un control más preciso, se recomienda instalar tensiómetros u otros sensores de humedad a 30 y 60 cm (Long et al., 2021). Estos instrumentos miden la humedad del suelo en unidades de presión (kPa) y permiten determinar cuándo iniciar el riego.
Valores umbral para el cerezo:
- En suelos francos y franco‑arenosos, el riego debe comenzar cuando la lectura del tensiómetro a 30 cm alcance los 30‑40 kPa (Long et al., 2021).
- En francos ligeros — 20‑30 kPa, en arcillosos — 35‑45 kPa.
- Se suspende el riego cuando las lecturas a 30 cm vuelven a valores de 10‑20 kPa (capacidad de campo) (Long et al., 2021).
Para los jardineros aficionados, una buena regla empírica es mantener la humedad del suelo en la zona radicular cerca de la capacidad de campo, sin permitir una disminución superior al 50% del agua disponible (Long et al., 2021). Esto significa que hay que regar cuando el suelo se ha secado aproximadamente a la mitad de su capacidad máxima de retención.
Reducción admisible de la humedad. Para el cerezo, la reducción admisible del agua disponible en el suelo es de aproximadamente el 50% (Long et al., 2021). Es decir, hay que regar cuando los árboles han utilizado la mitad del agua que las raíces pueden absorber. Así se evita el estrés y se mantiene un crecimiento constante.
Ejemplo práctico. Si la capacidad de campo de un suelo franco es del 24% (humedad gravimétrica) y el punto de marchitez es del 12%, el agua disponible es del 12%. Una reducción del 50% significa que el riego debe comenzar cuando la humedad baje al 18% (24% ‑ 6% = 18%). En la práctica, esto corresponde a lecturas del tensiómetro de unos 30‑40 kPa.
Influencia del tipo de suelo en las dosis de riego
El tipo de suelo determina no solo la frecuencia, sino también el volumen de riego.
Suelos arenosos y franco‑arenosos. El agua se filtra rápidamente, por lo que el riego debe ser más frecuente (cada 3‑5 días en tiempo caluroso) pero con menores volúmenes: 30‑40 litros para un árbol joven y 60‑80 litros para uno adulto. La profundidad de mojado se alcanza más rápido, pero la retención de humedad es pobre.
Suelos francos y arcillosos. El agua se infiltra lentamente pero se retiene bien. Se puede regar con menos frecuencia (cada 7‑10 días) pero más abundantemente: hasta 100‑150 litros por árbol adulto. En estos suelos es importante evitar el exceso de agua y el estancamiento, ya que las raíces del cerezo son sensibles a la falta de oxígeno (Webster, 1996; Westwood, 1993).
Los suelos arcillosos pesados y anegados no son recomendables para el cerezo, ya que las raíces se asfixian. Si ya hay un huerto en estos suelos, el riego debe ser mínimo y solo en los períodos más secos.
Conclusión
El volumen correcto de riego no es un número aleatorio, sino un cálculo basado en el conocimiento de las necesidades del árbol y las propiedades del suelo. Reglas principales:
- Mojar el suelo a una profundidad de 40‑60 cm.
- Un árbol adulto recibe 50‑100 litros por riego, en tiempo caluroso hasta 150 litros.
- Un árbol joven — 20‑40 litros.
- En otoño — riego de carga de 100‑150 litros.
- Controlar la humedad con métodos sencillos o con instrumentos.
- Tener en cuenta el tipo de suelo: la arena requiere más frecuencia pero menos cantidad; la arcilla, menos frecuencia pero más cantidad.
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4. Métodos de riego
La elección del método de riego viene determinada por múltiples factores: tamaño de la parcela, tipo de suelo, disponibilidad de agua, presupuesto e incluso preferencias personales. Cada método existente tiene sus ventajas e inconvenientes. La tarea del jardinero es elegir el que mejor combine eficiencia de humedecimiento, ahorro de recursos y comodidad de uso.
Riego del hoyo de plantación (por superficie)
Este método es el clásico de la jardinería doméstica. El agua se aplica directamente a la zona donde se concentra la mayor parte de las raíces, es decir, al hoyo de plantación.
Formas de realización. La opción más sencilla es verter agua de una regadera o manguera bajo el árbol. Sin embargo, el agua puede extenderse sin alcanzar la profundidad necesaria. Es mucho más eficaz utilizar técnicas que dirijan la humedad a las raíces:
- Surcos anulares (zanjas). En la periferia de la proyección de la copa se hacen uno o varios surcos de 15‑25 cm de profundidad y 20‑30 cm de anchura. Se vierte agua en ellos. Los surcos se colocan a 40‑50 cm de distancia entre sí (Mijéiev y Revyakina, 2004). Este método asegura una distribución uniforme de la humedad en toda el área de raíces absorbentes. Una vez que el agua se ha infiltrado, los surcos se nivelan o se cubren con mulch.
- Riego en hoyos. Alrededor del árbol, también en la periferia de la copa, se cavan varios hoyos de 20‑30 cm de profundidad (normalmente 4‑6). Se vierte agua en ellos, que se filtra gradualmente hacia el interior. Este método es especialmente bueno en suelos compactos donde el agua se infiltra lentamente (Mijéiev y Revyakina, 2004).
- Inundación del hoyo de plantación. En terrenos llanos, se puede simplemente llenar el hoyo de agua, después de hacer un borde de tierra de 15‑20 cm de altura alrededor de su perímetro. El agua se infiltra lentamente, humedeciendo el suelo de forma uniforme.
Ventajas. Simplicidad y accesibilidad. No requiere equipos especiales. Es adecuado para huertos pequeños (hasta 5‑10 árboles). Permite dosificar el agua con precisión para cada árbol.
Inconvenientes. Es laborioso, especialmente con muchos árboles. Requiere renovar regularmente los surcos y hoyos. Si se riega descuidadamente, puede erosionar el suelo y dejar raíces al descubierto. En pendientes, el agua puede escurrirse sin llegar a su destino. Con el riego superficial sin depresiones, una parte importante de la humedad se evapora sin penetrar en profundidad.
Riego por goteo
El riego por goteo es uno de los métodos más eficientes y ahorradores de agua, ampliamente utilizado en huertos modernos (Long et al., 2021; Neilsen et al., 2017). El agua se suministra en pequeñas cantidades directamente a la zona radicular a través de emisores (goteros).
Principio de funcionamiento. El sistema consta de una tubería principal, filtro, regulador de presión y líneas de goteo (normalmente tubos finos) colocadas a lo largo de las filas de árboles. Los goteros se colocan junto a cada árbol, normalmente 2‑4 unidades a una distancia de 25‑50 cm del tronco (Agustí, 2010; Long et al., 2021). El agua se suministra a baja presión y se filtra lentamente (1‑4 litros por hora) en el suelo, formando un bulbo húmedo que corresponde a la zona radicular activa.
Ventajas del riego por goteo:
- Ahorro de agua. El agua llega directamente a las raíces, con pérdidas mínimas por evaporación y escorrentía (Agustí, 2010). En comparación con el aspersión, el ahorro puede alcanzar el 40‑60%.
- Humedad constante. El suelo en la zona de raíces se mantiene en un estado óptimo de humedad sin fluctuaciones bruscas, lo cual es especialmente importante para el cerezo durante el crecimiento del fruto (Long et al., 2021).
- Posibilidad de fertirrigación. A través del sistema de goteo se pueden aplicar fácilmente fertilizantes solubles directamente a la zona radicular (Neilsen et al., 2017; Agustí, 2010).
- Menos malas hierbas. Solo se humedece la zona radicular, mientras que las calles permanecen secas, lo que frena el crecimiento de malas hierbas.
- Apto para cualquier relieve. El riego por goteo es eficaz incluso en pendientes pronunciadas donde otros métodos provocan escorrentía.
- Menos enfermedades. El agua no llega a las hojas ni a los frutos, por lo que se reduce el riesgo de infecciones fúngicas (por ejemplo, moniliosis o coccomicosis).
Inconvenientes:
- Elevado coste del equipo. Se necesitan tuberías, accesorios, filtros, goteros y posiblemente una bomba.
- Obstrucción de los goteros. Los emisores pueden obstruirse con partículas mecánicas, sales o algas. Se necesita un sistema de filtración y un lavado periódico.
- Zona de humedecimiento limitada. Las raíces se concentran en zonas húmedas locales. En caso de sequía severa y fallo del sistema, el árbol puede sufrir rápidamente, ya que otras zonas del suelo permanecen secas (Agustí, 2010). En períodos lluviosos, el exceso de humedad en la zona local puede provocar la pudrición de las raíces.
- Sensibilidad a las variaciones de presión. Para un funcionamiento uniforme de todos los goteros se necesita una presión estable y un diseño preciso del sistema.
Recomendaciones para jardineros aficionados. El riego por goteo se justifica en huertos de 10‑15 árboles o más. Para un huerto pequeño, se pueden adquirir kits de goteo ya preparados que se conectan a un barril o al grifo. Es importante instalar un filtro (de malla o de discos) y comprobar regularmente (cada 2‑3 semanas) el funcionamiento de los goteros. Al plantar árboles jóvenes, los goteros se colocan a 25 cm del tronco; a medida que crecen, se van alejando (Agustí, 2010).
Riego por aspersión
El riego por aspersión es aquel en el que el agua se pulveriza en el aire y cae sobre las plantas y el suelo en forma de gotas, imitando la lluvia natural. En horticultura se utilizan tanto sistemas fijos como móviles.
Variedades. En los huertos familiares se suelen utilizar boquillas aspersoras conectadas a una manguera, o pequeños aspersores fijos instalados entre los árboles. En huertos comerciales pueden emplearse aspersores tanto por encima de la copa como por debajo de ella (Agustí, 2010; Long et al., 2021).
Ventajas:
- Humedecimiento uniforme. Cubre una gran superficie, incluidas las calles, lo que puede ser útil para mantener el césped o cultivos cubierta.
- Enfriamiento y protección contra heladas. En regiones con riesgo de heladas primaverales, el aspersión puede utilizarse para proteger las flores: al congelarse, el agua libera calor (Agustí, 2010; Long et al., 2021).
- Lavado de hojas. Elimina el polvo y algunos insectos.
- Automatización. El sistema se puede automatizar fácilmente con temporizadores y sensores de lluvia.
Inconvenientes:
- Elevado consumo de agua. Una parte importante de la humedad se pierde por evaporación, especialmente en tiempo caluroso y ventoso.
- El agua cae sobre hojas y frutos. Esto puede favorecer el desarrollo de enfermedades fúngicas (moniliosis, coccomicosis), especialmente en tiempo fresco y húmedo (Agustí, 2010; Webster, 1996).
- Compactación del suelo. Las gotas fuertes pueden destruir la estructura de la capa superior del suelo, formando una costra.
- Dependencia del viento. El viento puede desviar las gotas, haciendo el riego desigual.
- Dificultad en pendientes. En pendientes pronunciadas, el agua puede escurrirse sin infiltrarse, provocando erosión.
Cuándo aplicarlo. El aspersión se utiliza más a menudo en grandes superficies donde otros métodos son muy laboriosos. En huertos pequeños puede estar justificado si el terreno es llano, el agua es barata y las enfermedades no suponen una amenaza grave. Para el cerezo, sensible a las infecciones fúngicas, es preferible el aspersión bajo la copa, cuando el agua se distribuye debajo de la copa sin mojar el follaje (Agustí, 2010). De lo contrario, es mejor combinar el aspersión con tratamientos fungicidas preventivos.
Riego subsuperficial
Este método consiste en suministrar agua directamente a la capa radicular a través de tuberías especiales o mangueras porosas enterradas a 20‑40 cm de profundidad.
Principio de funcionamiento. A lo largo de las filas de árboles, a 30‑40 cm de profundidad, se colocan tuberías perforadas o mangueras porosas especiales (por ejemplo, de polietileno espumado). El agua a baja presión se filtra a través de las paredes y humedece el suelo en un radio de 20‑40 cm (Long et al., 2021).
Ventajas:
- Pérdidas mínimas por evaporación. El agua va directamente a la zona radicular y es utilizada completamente por la planta.
- Sin contacto del agua con hojas y frutos. Reduce el riesgo de enfermedades fúngicas.
- Conserva la estructura del suelo. No se forma costra ni se altera la aireación.
- Posibilidad de fertirrigación. Los fertilizantes se aplican con el agua directamente a las raíces.
- Humedecimiento uniforme. Con un diseño adecuado, la humedad se distribuye por toda la zona radicular.
Inconvenientes:
- Complejidad de instalación y reparación. Requiere abrir zanjas y colocar tuberías. La reparación en caso de obstrucción o daño es muy difícil.
- Elevado coste. Especialmente si se necesita equipos de bombeo y filtros.
- Obstrucción de los poros. Las paredes porosas pueden obstruirse con sales y partículas mecánicas, reduciendo la capacidad de flujo. Se requiere un lavado periódico con soluciones especiales.
- Ámbito de aplicación limitado. Es eficaz en terrenos llanos con suelo homogéneo. En pendientes o suelos arcillosos pesados funciona peor.
Uso en el huerto familiar. El riego subsuperficial en estado puro rara vez se utiliza en huertos pequeños debido a su complejidad y coste. Sin embargo, los jardineros pueden usar una versión simplificada: enterrar botellas de plástico con agujeros a 25‑30 cm de profundidad o utilizar trozos de mangueras porosas. Pero estos sistemas caseros suelen obstruirse y requieren un mantenimiento frecuente. En general, el riego subsuperficial es más propio de huertos industriales intensivos.
Tabla comparativa de métodos de riego
| Método | Eficiencia | Coste | Trabajo | Riesgo de enfermedades |
|---|---|---|---|---|
| Hoyo de plantación (surcos, hoyos) | Media | Bajo | Alto | Bajo |
| Goteo | Alta | Alto (medio para kits pequeños) | Bajo (después de la instalación) | Bajo |
| Aspersión | Media | Medio | Medio | Alto (si es por encima de la copa) |
| Subsuperficial | Alta | Muy alto | Muy alto | Bajo |
Recomendaciones para elegir el método
Para la mayoría de los jardineros aficionados con 5 a 20 cerezos, la mejor opción es un enfoque combinado:
1. Riego por goteo — para el riego regular durante la temporada, especialmente durante el engorde del fruto. Ahorra agua y tiempo, proporciona humedad a las raíces sin riesgo de enfermedades. En parcelas pequeñas se pueden usar kits de goteo económicos conectados a un barril o al grifo.
2. Riego del hoyo de plantación (surcos, hoyos) — como método de respaldo o adicional, por ejemplo, para aplicar fertilizantes líquidos o para el riego de carga otoñal. Este método no requiere equipos y es accesible para todos.
3. Aspersión — se puede utilizar en casos de emergencia (por ejemplo, para protección contra heladas) o para regar el césped en las calles, pero no como método principal para el cerezo debido al riesgo de enfermedades fúngicas.
Nota importante. Independientemente del método elegido, lo fundamental sigue siendo respetar las dosis de riego y la profundidad de mojado (40‑60 cm). Incluso el sistema más perfecto no dará resultados si se riega con frecuencia pero en pequeñas cantidades, mojando solo la superficie.
En el siguiente capítulo veremos cómo conservar la humedad en el suelo y reducir la frecuencia de riego mediante el acolchado y un manejo adecuado del suelo.
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5. Conservación de la humedad
El riego adecuado es solo la mitad del éxito. La segunda parte, igual de importante, es retener la humedad en el suelo para que no se evapore inútilmente y esté disponible para las raíces. Una buena conservación de la humedad permite reducir el número de riegos, ahorrar agua y trabajo, y crear un régimen hídrico más estable y favorable para el árbol. Este capítulo aborda tres aspectos principales: el acolchado, el manejo del suelo y la reducción de la evaporación.
Acolchado (mulching)
El acolchado consiste en cubrir la superficie del suelo en el hoyo de plantación con una capa de material orgánico o inorgánico. Esta técnica es uno de los métodos más eficaces y asequibles para conservar la humedad en la jardinería amateur.
Cómo funciona. El acolchado actúa como una barrera física entre el suelo y la atmósfera. Interrumpe el ascenso capilar del agua desde las capas inferiores hacia la superficie, donde podría evaporarse. Además, el acolchado reduce el calentamiento del suelo por los rayos solares, lo que también disminuye la evaporación. El acolchado orgánico absorbe y retiene humedad en sí mismo, liberándola gradualmente al suelo (Westwood, 1993; Agustí, 2010).
Tipos de acolchado y sus características.
Acolchado orgánico. Incluye paja, heno, hierba cortada, serrín, astillas, corteza, hojarasca, compost, turba. El acolchado orgánico no solo conserva la humedad, sino que al descomponerse mejora la estructura del suelo, aumenta el contenido de humus y nutrientes (Westwood, 1993; Neilsen et al., 2017). Sin embargo, durante la descomposición, los microorganismos consumen nitrógeno, por lo que en los primeros años de uso de este acolchado puede ser necesario un aporte adicional de fertilizantes nitrogenados (Neilsen et al., 2017; Long et al., 2021).
- Paja y heno — retienen bien la humedad, pero pueden contener semillas de malas hierbas. La capa debe ser de al menos 10‑15 cm para un acolchado eficaz.
- Serrín y astillas — se descomponen lentamente, conservan bien la humedad, pero pueden acidificar el suelo. Es mejor usar serrín descompuesto o compostado con fertilizantes nitrogenados.
- Corteza y astillas de coníferas — decorativas, duraderas, pero se descomponen lentamente y también pueden acidificar el suelo.
- Compost y estiércol — no solo acolchan, sino que fertilizan y mejoran la estructura del suelo. Capa de 5‑8 cm.
- Hierba cortada — material accesible, se descompone rápidamente, pero puede contener semillas de malas hierbas. Se coloca en capa de 5‑7 cm, previamente secada.
Acolchado inorgánico. Incluye película de polietileno negro o reflectante, geotextil (tela de jardín), fieltro bituminoso, cartón. Estos materiales evitan por completo la evaporación, impiden el crecimiento de malas hierbas, pero no mejoran el suelo (Agustí, 2010; Long et al., 2021).
- Película de polietileno negro — la opción más barata. Retiene eficazmente la humedad y suprime las malas hierbas, pero no deja pasar el aire y puede sobrecalentar el suelo en verano. No se recomienda para uso prolongado, ya que altera el intercambio gaseoso de las raíces.
- Geotextil (tela de jardín) — material transpirable, permite el paso del aire y el agua, pero impide la evaporación y el crecimiento de malas hierbas. Dura 5‑7 años o más. Se utiliza a menudo en huertos intensivos (Long et al., 2021; Agustí, 2010).
- Películas reflectantes (blancas, plateadas) — además de conservar la humedad, reflejan la luz hacia la copa, mejorando la iluminación y el color de los frutos (Long et al., 2021). Se utilizan en huertos comerciales.
Reglas para colocar el acolchado.
1. Grosor de la capa para acolchado orgánico — al menos 5‑8 cm, óptimo 10‑15 cm. Una capa más fina no es eficaz, ya que se seca rápidamente y no impide el crecimiento de malas hierbas.
2. Separación del tronco — 5‑10 cm. El acolchado no debe tocar el tronco para evitar la pudrición de la corteza y enfermedades fúngicas, y para no crear refugio a roedores (Agustí, 2010; Long et al., 2021).
3. Superficie de acolchado — debe corresponder a la proyección de la copa, ya que la mayor parte de las raíces absorbentes se encuentra en esa zona (Westwood, 1993). A medida que el árbol crece, se amplía la zona acolchada.
4. Preparación del suelo — antes de colocar el acolchado, se labra y se riega. El acolchado se coloca sobre suelo húmedo.
5. Renovación de la capa — el acolchado orgánico se descompone con el tiempo, por lo que se repone anualmente o cada 2‑3 años para mantener el grosor necesario.
Ventajas del acolchado. Reduce la evaporación entre un 30‑70% según el tipo de acolchado y el clima (Agustí, 2010; Westwood, 1993). Suprime el crecimiento de malas hierbas, reduciendo la competencia por agua y nutrientes. Mejora la estructura del suelo y su actividad biológica (cuando se usa orgánico). Protege del sobrecalentamiento en verano y de la congelación en invierno. Previene la formación de costra y la erosión.
Inconvenientes y riesgos. El acolchado orgánico puede atraer roedores (ratones, topillos), especialmente en invierno, por lo que en épocas frías suele retirarse o alejarse del tronco (Cornell Guide, 2003; Long et al., 2021). En suelos arcillosos pesados, una capa gruesa de acolchado puede favorecer el encharcamiento y la pudrición de raíces en años lluviosos (Cornell Guide, 2003). El acolchado orgánico puede introducir semillas de malas hierbas si se usa material de mala calidad.
Recomendaciones prácticas. Para jardineros aficionados, la mejor elección es el acolchado orgánico (compost, estiércol, hierba cortada, corteza). Es accesible, mejora el suelo y conserva eficazmente la humedad. Una capa de 8‑10 cm colocada en primavera después del primer riego proporciona humedad al árbol durante toda la temporada, reduciendo el número de riegos en 1,5‑2 veces. En regiones áridas y en suelos arenosos, el acolchado es prácticamente obligatorio.
Manejo del suelo
La forma en que el jardinero cultiva el suelo en el huerto influye directamente en la capacidad del terreno para retener la humedad. Hay dos enfoques principales: el laboreo (barbecho negro) y el encespedado (césped o cultivos cubierta). Ambos tienen ventajas e inconvenientes.
Laboreo (barbecho negro). Este método consiste en labrar y remover el suelo en los hoyos de plantación y entre las filas, sin cubierta vegetal (Agustí, 2010; Mijéiev y Revyakina, 2004).
Cómo funciona. El laboreo rompe los capilares en la capa superior del suelo, por donde el agua asciende a la superficie y se evapora. La capa superior queda suelta, actuando como «mulch seco» que impide una mayor evaporación (Westwood, 1993). Además, el suelo suelto permite una mejor aireación de las raíces y absorbe más rápidamente las precipitaciones y el agua de riego.
Ventajas:
- Conservación eficaz de la humedad en períodos secos.
- Mejora de la aireación de las raíces.
- Simplicidad y accesibilidad (no requiere materiales especiales).
- Posibilidad de aplicar fertilizantes durante el laboreo.
Inconvenientes:
- Es laborioso: el laboreo regular requiere tiempo y esfuerzo.
- Degradación de la estructura del suelo con laboreos profundos frecuentes.
- Erosión en pendientes (el suelo desnudo se lava fácilmente con la lluvia y es arrastrado por el viento).
- Reducción de la actividad biológica y del contenido de materia orgánica (Agustí, 2010; Westwood, 1993).
Práctica. Durante los primeros 2‑3 años después de la plantación, mientras los árboles jóvenes aún no han ocupado toda la superficie, se labra el suelo del hoyo a 8‑10 cm de profundidad después de cada riego o lluvia para evitar la formación de costra. Se eliminan las malas hierbas (Mijéiev y Revyakina, 2004). Los árboles adultos se mantienen en barbecho negro con una labor de otoño o primavera a 20‑25 cm en las calles y no más de 10‑15 cm cerca del tronco para no dañar las raíces (Mijéiev y Revyakina, 2004). La labor se combina con la aplicación de fertilizantes.
Encespedado (césped o cultivos cubierta). Este método consiste en mantener las calles e incluso los hoyos de plantación bajo una cubierta herbácea permanente (natural o sembrada). En las calles se siembran gramíneas para césped o mezclas especiales (trébol, poa, festuca) (Agustí, 2010; Long et al., 2021).
Cómo funciona. La hierba protege el suelo del sobrecalentamiento y de la evaporación directa, reduce la velocidad del viento en la superficie. Además, las raíces de la hierba estructuran el suelo, mejoran su permeabilidad y su capacidad de retención. Sin embargo, la hierba consume agua y compite con el árbol (Agustí, 2010; Long et al., 2021).
Ventajas:
- Protección contra la erosión.
- Mejora de la estructura del suelo y aumento de la materia orgánica.
- Permite el paso de maquinaria en cualquier clima (con césped denso).
- Reduce el sobrecalentamiento del suelo en verano.
- Aspecto estético del huerto.
Inconvenientes:
- Competencia por agua y nutrientes. En regiones áridas esto puede ser crítico (Agustí, 2010).
- Requiere siega regular (al menos 3‑4 veces por temporada).
- La hierba puede ser refugio de roedores y plagas.
- El encespedado aumenta la necesidad de fertilizantes (en 1,5‑2 veces) (Mijéiev y Revyakina, 2004).
Enfoque combinado (recomendado). Lo más eficaz es combinar el encespedado de las calles con el acolchado o el laboreo de la franja radicular (Agustí, 2010; Cornell Guide, 2003). En las calles — césped o cultivos cubierta (protegen contra la erosión y la compactación), y en la franja radicular de 1,5‑2 m de ancho — acolchado (orgánico o geotextil) o laboreo. Este enfoque minimiza la competencia por la humedad, conserva la estructura del suelo y ahorra trabajo.
Efecto sobre la humedad. El encespedado en veranos calurosos puede aumentar el consumo de agua por el árbol en un 10‑20% debido a la transpiración de la hierba (Agustí, 2010; Long et al., 2021). Por tanto, en regiones áridas sin riego no se recomienda el encespedado; se sustituye por barbecho negro. Con riego por goteo, el encespedado es aceptable, pero las dosis de riego deben aumentarse.
Reducción de la evaporación
Además del acolchado y el manejo adecuado del suelo, existen otras técnicas para reducir las pérdidas de humedad.
Elección de la hora de riego. Esta es la forma más sencilla y eficaz. Regar por la mañana o por la noche (antes de las 10 a.m. o después de las 6 p.m.) reduce significativamente las pérdidas por evaporación en comparación con el riego diurno, cuando el sol está más activo (Westwood, 1993). En días calurosos, incluso el riego matutino es más eficaz que el vespertino, ya que la humedad tiene tiempo de penetrar más profundamente durante la noche.
Sombreamiento. En regiones muy calurosas, se pueden utilizar mallas de sombreo o plantar plantas cortavientos altas (girasol, maíz) en el lado oeste para crear sombra durante las horas de la tarde. Sin embargo, hay que evitar que el sombreado sea excesivo y reduzca la fotosíntesis. En huertos familiares esta técnica se usa raramente.
Plantación adecuada y formación de la copa. Una copa densa da sombra al hoyo de plantación, reduciendo el calentamiento del suelo y la evaporación. Por lo tanto, una poda oportuna orientada a aclarar y mejorar la iluminación ayuda indirectamente a conservar la humedad (Westwood, 1993). Además, una formación con tronco bajo y copa extendida da más sombra al hoyo que un árbol alto y compacto.
Control de malas hierbas. Las malas hierbas son competidores poderosos por el agua. Roban al cerezo no solo nutrientes, sino también una cantidad significativa de humedad. Las malas hierbas en la franja radicular son especialmente peligrosas en los primeros años después de la plantación. La eliminación regular de malas hierbas (laboreo, escarda, herbicidas, acolchado) permite ahorrar hasta un 20‑30% de agua (Cornell Guide, 2003; Long et al., 2021).
Mejora de la estructura del suelo. La aplicación de fertilizantes orgánicos (compost, estiércol) y el uso de abonos verdes aumenta el contenido de materia orgánica en el suelo, lo que eleva su capacidad de retención de agua. Un suelo con alto contenido de humus retiene más agua y se seca más lentamente (Westwood, 1993; Neilsen et al., 2017). En suelos arenosos esta técnica es especialmente importante.
Estrategia integrada de conservación de la humedad
Para la mayoría de los jardineros aficionados, la estrategia óptima de conservación de la humedad es la siguiente:
1. Acolchado del hoyo de plantación con material orgánico (compost, corteza, hierba cortada) en una capa de 8‑10 cm, con separación del tronco. Esta es la técnica principal que da mayor efecto con mínimo coste.
2. Laboreo (o uso de geotextil) en la franja radicular para suprimir malas hierbas.
3. Encespedado de las calles (césped) para proteger contra la erosión y mejorar la estructura del suelo, con siega regular.
4. Riego por la mañana o por la noche para minimizar la evaporación.
5. Aporte de materia orgánica para aumentar la capacidad de retención de agua del suelo.
Este sistema permite reducir el número de riegos entre un 30‑50% incluso en veranos calurosos, proporcionando al árbol un acceso estable a la humedad y aliviando la carga de trabajo del jardinero.
En el próximo capítulo final analizaremos los errores típicos en el riego del cerezo, es decir, lo que no se debe hacer para no dañar el árbol.
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6. Errores típicos
Incluso con la mejor intención, el jardinero puede cometer errores que anulen todos los esfuerzos en el cuidado del cerezo. Algunos son evidentes, otros menos, pero todos afectan negativamente a la salud del árbol, el rendimiento y la calidad de los frutos. En este capítulo se describen los errores más comunes en el riego del cerezo y cómo evitarlos.
Error 1. Riego superficial
En qué consiste. El jardinero riega con frecuencia pero con poca cantidad, mojando solo los 5‑10 cm superiores del suelo. El agua no llega a la mayor parte de las raíces, que en el cerezo se encuentran a 20‑45 cm de profundidad (Neilsen et al., 2017; Long et al., 2021).
Por qué es malo. Las raíces, buscando humedad, se desarrollan superficialmente, volviéndose más vulnerables a la sequía y las heladas. En tiempo caluroso, la capa superior se seca rápidamente y el árbol sufre estrés, aunque el jardinero riegue con regularidad. Además, los riegos superficiales frecuentes favorecen la formación de costra, que perjudica la aireación (Westwood, 1993).
Cómo evitarlo. Regar con poca frecuencia pero abundantemente. Un árbol adulto debe recibir 50‑100 litros por riego para que el agua moje el suelo hasta 40‑60 cm. Comprobar la profundidad de mojado con una pala o barreno. Utilizar surcos, hoyos o riego por goteo para dirigir el agua en profundidad, no que se extienda por la superficie (Mijéiev y Revyakina, 2004).
Error 2. Exceso de riego y estancamiento de agua
En qué consiste. El jardinero riega con demasiada frecuencia o en exceso, especialmente en suelos arcillosos pesados donde el agua no se infiltra y se estanca en el hoyo de plantación.
Por qué es malo. Las raíces del cerezo son extremadamente sensibles a la falta de oxígeno en suelos anegados (Webster, 1996; Westwood, 1993). El estancamiento provoca la pudrición de las raíces, el desarrollo de enfermedades fúngicas (por ejemplo, phytophthora) y puede causar la muerte del árbol. Incluso un encharcamiento breve (8‑10 días) puede ser letal, especialmente en árboles sobre patrones sensibles (Beckman, 1990; citado en Webster, 1996). Además, el exceso de humedad durante la maduración provoca el agrietamiento de los frutos (Westwood, 1993; Mijéiev y Revyakina, 2004).
Cómo evitarlo. Basarse en el estado del suelo, no en el calendario. Antes de regar, comprobar la humedad a 10‑15 cm: si el suelo está húmedo, posponer el riego. En suelos arcillosos, regar con menos frecuencia (cada 7‑10 días) y asegurarse de que el agua no se estanque. Proveer drenaje al plantar. Si el terreno es propenso al encharcamiento, plantar el cerezo en montículos o caballones (Webster, 1996). No regar si se esperan lluvias fuertes en los próximos días.
Error 3. Incumplimiento de los plazos de riego en períodos críticos
En qué consiste. El jardinero omite los riegos en fases clave del desarrollo —crecimiento activo de brotes (junio) y engorde del fruto (finales de junio – julio)— o riega demasiado tarde, cuando el árbol ya está estresado.
Por qué es malo. Durante el crecimiento activo de brotes, la falta de humedad limita la formación del aparato foliar y la iniciación de yemas florales para la próxima cosecha (Westwood, 1993; Mijéiev y Revyakina, 2004). Durante el engorde del fruto, el déficit hídrico reduce directamente el tamaño y peso de las bayas (Long et al., 2021; Neilsen et al., 2017). Regar con retraso no compensa el daño ya causado.
Cómo evitarlo. Seguir un calendario de riegos vinculado a las fases fenológicas. En la zona central de Rusia se recomienda regar inmediatamente después de la floración (finales de mayo – principios de junio), 3‑4 semanas después de la floración (segunda quincena de junio) y, si es necesario, en julio (Mijéiev y Revyakina, 2004). En veranos calurosos, los riegos de junio y julio son obligatorios. No olvidar el riego de carga otoñal (septiembre – principios de octubre), especialmente en años secos.
Error 4. Riego con agua fría
En qué consiste. Utilizar agua de pozo o sondeo con temperatura inferior a 10‑12 °C directamente para el riego de las raíces.
Por qué es malo. El agua fría provoca un shock radicular, reduce la absorción y asimilación de nutrientes. Esto es especialmente peligroso en días calurosos, cuando el fuerte contraste de temperaturas puede dañar las finas raíces absorbentes. En agua fría, los procesos bioquímicos en el suelo se ralentizan y disminuye la actividad microbiana (Westwood, 1993).
Cómo evitarlo. Si es posible, dejar reposar el agua en barriles o depósitos al sol durante 1‑2 días. La temperatura del agua debe ser cercana a la del suelo (15‑20 °C). En caso extremo, el riego con agua fría solo es aceptable con riego por goteo, donde el agua se aplica lentamente y se calienta en el camino hacia las raíces.
Error 5. Riego por aspersión sobre las hojas en días soleados
En qué consiste. El jardinero usa el aspersión a mediodía, cuando el agua cae sobre las hojas y frutos y se evapora bajo el sol directo.
Por qué es malo. Las gotas de agua sobre las hojas actúan como lentes, intensificando la radiación solar y causando quemaduras en hojas y frutos (Westwood, 1993). Además, las hojas húmedas en tiempo cálido son un entorno ideal para enfermedades fúngicas (moniliosis, coccomicosis, septoria). El aspersión durante la maduración es especialmente peligroso, ya que el agua sobre las bayas puede provocar su agrietamiento (Agustí, 2010; Webster, 1996).
Cómo evitarlo. Utilizar riego del hoyo de plantación, goteo o riego subsuperficial, métodos en los que el agua no moja el follaje. Si por alguna razón debe usar aspersión, hágalo solo por la mañana o al atardecer, cuando el sol no está activo. Durante la maduración del fruto, es mejor evitar por completo el aspersión.
Error 6. Ignorar el riego de carga otoñal
En qué consiste. El jardinero no realiza el riego de otoño, creyendo que después de la cosecha el árbol ya no necesita agua, o confiando en las lluvias otoñales.
Por qué es malo. El riego de carga otoñal crea una reserva de humedad en el suelo para el invierno. El suelo húmedo se congela más lentamente, protegiendo el sistema radicular del frío. Además, el árbol consume humedad incluso en invierno (evaporación a través de la corteza, respiración), y en otoño seco puede sufrir desecación de tejidos (Mijéiev y Revyakina, 2004; Westwood, 1993). Este riego es especialmente importante para árboles jóvenes y en regiones con inviernos duros y con poca nieve.
Cómo evitarlo. Realizar el riego de carga anualmente en septiembre – principios de octubre, si el otoño es seco. Dosis: 100‑150 litros para un árbol adulto, 40‑60 litros para uno joven. Regar después de la caída de las hojas pero antes de que lleguen las heladas persistentes. Si el otoño es lluvioso, el riego puede reducirse o anularse, pero el control de la humedad es obligatorio.
Error 7. Elección incorrecta del método de riego
En qué consiste. Utilizar un método que no se corresponde con el tipo de suelo, el relieve o la edad de los árboles. Por ejemplo, aspersión en suelos arcillosos que provoca encharcamiento; riego superficial en pendientes donde el agua escurre sin infiltrarse; riego por goteo sin filtración en suelos arenosos donde los goteros se obstruyen rápidamente.
Por qué es malo. Cada método es adecuado para determinadas condiciones. Una elección incorrecta conduce a un uso ineficaz del agua, estrés del árbol, desarrollo de enfermedades o incluso la muerte de la planta (Agustí, 2010; Long et al., 2021).
Cómo evitarlo. Al elegir el método de riego, tener en cuenta:
- Tipo de suelo: arena — goteo o riego frecuente en hoyos; arcilla — surcos o riego abundante y poco frecuente con control de humedad.
- Relieve: en pendientes — goteo o subsuperficial; en terreno llano — cualquier método.
- Edad de los árboles: jóvenes — riego del hoyo; adultos — goteo o surcos.
- Disponibilidad de agua: si es escasa — goteo, el más económico.
- ra la mayoría de los jardineros aficionados, la mejor opción es combinar el riego por goteo (riegos regulares durante la temporada) y el riego por surcos (carga otoñal y riegos de emergencia).
Error 8. Ignorar el control de la humedad del suelo
En qué consiste. El jardinero riega «a ojo», sin comprobar a qué profundidad se ha secado el suelo y si el árbol ha recibido suficiente agua.
Por qué es malo. Sin control de la humedad es imposible determinar ni el volumen necesario ni la frecuencia de los riegos. Esta es la causa principal del riego superficial y del exceso de riego. El jardinero actúa al azar, no según las necesidades del árbol.
Cómo evitarlo. Utilizar métodos de control sencillos y accesibles:
- Visual‑táctil: apretar un puñado de tierra de 10‑15 cm: si se desmenuza, es hora de regar.
- Barreno o pala: comprobar la profundidad de mojado (40‑60 cm) después de cada riego.
- Tensiómetros o medidores de humedad: para un control más preciso (especialmente útil en huertos intensivos) (Long et al., 2021).
- Llevar un registro: fecha de riego, volumen, profundidad de mojado, condiciones climáticas — esto ayudará a establecer un esquema óptimo para su parcela.
Conclusión: cómo evitar errores — reglas prácticas
Para que el riego del cerezo sea beneficioso y no perjudicial, recuerde algunas reglas simples pero importantes:
1. Regar con poca frecuencia pero abundantemente. El agua debe mojar el suelo hasta 40‑60 cm, no solo la superficie.
2. Tener en cuenta las fases de desarrollo. Los períodos más importantes — crecimiento de brotes (junio) y engorde del fruto (finales de junio – julio). No saltarse los riegos en estas épocas.
3. Controlar la humedad. Basarse en el estado del suelo, no en el calendario. Utilizar métodos sencillos de comprobación.
4. Evitar el exceso de agua. En suelos arcillosos, regar con menos frecuencia; en arenosos, con más frecuencia pero con menores dosis.
5. Realizar el riego de carga otoñal. Es la clave para una buena invernada.
6. Elegir el método de riego adecuado a sus condiciones. Goteo — para ahorrar agua y salud de los árboles; surcos — por simplicidad y accesibilidad; aspersión — solo si es necesario y con precaución.
7. Acolchar y labrar. Ayuda a conservar la humedad y reduce el número de riegos.
8. No regar con agua fría ni sobre las hojas en días soleados.
Siguiendo estas reglas, asegurará un régimen hídrico óptimo para su cerezo, lo que garantiza árboles sanos, cosechas estables de frutos grandes, jugosos y dulces, y además ahorrará tiempo y esfuerzo. Recuerde: el riego adecuado no es difícil, solo requiere atención y comprensión de las necesidades de las plantas.
Referencias
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