Regar
1. Por qué la fresa es sensible a la humedad
La fresa es uno de los cultivos frutales más amantes de la humedad. Para entender por qué un riego adecuado es crucial, basta con observar las características botánicas de esta planta.
El sistema radicular: la razón principal
Las raíces de la fresa son superficiales. La mayor parte de las raíces (hasta el 90%) se concentra en la capa superior del suelo, a solo 15‑20 cm de la superficie (Mandal et al., 2021; Sharma et al., 2019). En tiempo seco, esta capa se seca más rápidamente y las raíces no pueden alcanzar la humedad que se conserva en profundidad.
Lo que esto significa para el horticultor: La fresa no puede «esperar» la lluvia como las plantas con raíces pivotantes profundas. Si no se le proporciona riego regular en períodos secos, la cosecha se resiente.
Las hojas respiran y transpiran agua
En el envés de las hojas de fresa hay numerosos estomas, aberturas microscópicas por las que la planta respira y evapora humedad. La densidad estomática en la fresa es muy alta (Mandal et al., 2021). Esto significa que en un día caluroso pierde agua más rápidamente que muchos otros cultivos.
Por qué es importante: En pleno verano, las fresas pueden sufrir estrés hídrico incluso con una humedad del suelo adecuada, simplemente porque la evaporación a través de las hojas es demasiado intensa.
Las bayas son casi agua
Los frutos maduros de la fresa contienen más de un 89% de agua (Mandal et al., 2021). Cuando falta humedad, la planta no puede «llenar» las bayas de jugo: quedan pequeñas, secas y pierden su aspecto comercial.
Peligros de la falta de agua
Las consecuencias del déficit hídrico se manifiestan en todas las etapas:
- Después de la plantación: las raíces no arraigan, las plantas enferman y pueden morir (Bianchi, 2018).
- Durante el crecimiento: las hojas se achican, el desarrollo se ralentiza.
- Durante la floración: disminuye el cuajado de frutos, algunas flores pueden caerse.
- Durante el llenado de las bayas: los frutos son pequeños, secos y pierden dulzor (Westwood, 1993; Sharma et al., 2019).
Peligros del exceso de agua
El exceso de humedad no es menos perjudicial:
- Las raíces se asfixian por falta de oxígeno (Hill & Perry, 2011).
- Aumenta el riesgo de podredumbres radiculares (Phytophthora, Verticillium) y de la podredumbre gris de las bayas (Botrytis cinerea) (Mandal et al., 2021).
- Las bayas se vuelven acuosas, pierden sabor y se conservan peor.
- En condiciones de encharcamiento se activan enfermedades, especialmente en suelos arcillosos y pesados (Westwood, 1993).
La regla de oro
El sistema radicular de la fresa debe encontrarse en un suelo húmedo, pero no encharcado. El aire en el suelo es tan importante para las raíces como el agua. Por lo tanto, la tarea del horticultor no es simplemente regar, sino crear condiciones en las que la humedad llegue de forma regular, sin estancamientos.
En el siguiente capítulo analizaremos cuánta agua necesita la fresa en cada etapa de desarrollo, desde la plantación hasta la cosecha.
2. Necesidades de agua en las distintas fases de desarrollo
Las necesidades de agua de la fresa varían a lo largo de la temporada. Si se riega igual en todas las fases, se corre el riesgo de encharcar las plantas en reposo o de no aportar suficiente humedad en el momento crítico del llenado de las bayas. Analicemos cada etapa por separado.
2.1. Enraizamiento (después de la plantación)
Este período determina si la plantación arraiga y sienta las bases para futuras cosechas.
Qué ocurre con la planta:
Después del trasplante, el sistema radicular está muy dañado. La fresa no puede absorber agua eficazmente hasta que no crecen nuevas raíces absorbentes. Mientras tanto, las hojas siguen transpirando y, si no se repone la humedad, la planta se deseca.
Recomendaciones de riego:
- Durante la primera semana después de la plantación, regar dos veces al día, por la mañana y por la tarde, con 40‑50 m³ de agua por hectárea (aproximadamente 4‑5 litros por 1 m² por riego) (Bianchi, 2018).
- El riego debe ser frecuente y en pequeñas cantidades, para mantener la capa superior del suelo (10‑15 cm) constantemente húmeda, sin encharcar el cuello de la planta.
- En tiempo caluroso y ventoso se aumenta la frecuencia; en tiempo nublado y húmedo se reduce.
Importante:
En este período, el riego por aspersión funciona mejor: una pulverización fina humedece no solo el suelo sino también las hojas, reduciendo su recalentamiento y transpiración (Bianchi, 2018). Sin embargo, en cuanto las plantas empiecen a crecer, es mejor dejar la aspersión (véase capítulo 4).
2.2. Crecimiento de hojas y desarrollo vegetativo
Tras el enraizamiento comienza el crecimiento activo de hojas y estolones. En este momento, la planta construye la «fábrica» de azúcares que alimentará las bayas.
Qué ocurre con la planta:
Se forma un potente aparato foliar. Cuanto más grandes y sanas sean las hojas, mayor será la futura cosecha. Para ello se necesita una humedad estable en la zona radicular.
Recomendaciones de riego:
- Mantener la humedad del suelo en 70‑75% de la capacidad de campo (Potapov et al., 2000; Sharma et al., 2019).
- Según el tiempo, regar 1‑2 veces por semana, mojando el suelo hasta 20‑25 cm de profundidad.
- En suelos arenosos ligeros, regar con más frecuencia (pero con menos cantidad); en suelos arcillosos, menos a menudo pero más abundantemente.
Consecuencias de errores:
- Falta de agua → las hojas se achican, el crecimiento se ralentiza, se forman menos yemas florales.
- Exceso → estancamiento de humedad, favorece las podredumbres radiculares, especialmente en suelos pesados (Westwood, 1993).
2.3. Floración
La floración es una etapa corta pero muy sensible. En ella se decide cuántos ovarios se convertirán en bayas.
Qué ocurre con la planta:
Las flores necesitan humedad suficiente para la polinización y fecundación. Bajo estrés hídrico, algunas flores se secan y los ovarios caen. Además, en esta época son especialmente peligrosas las enfermedades fúngicas que se desarrollan con alta humedad ambiental y agua sobre las flores.
Recomendaciones de riego:
- Mantener la humedad del suelo en alrededor del 75% de la capacidad de campo (Potapov et al., 2000; Sharma et al., 2019).
- Los riegos deben ser moderados, sin encharcar.
- Está terminantemente prohibido utilizar aspersión durante la floración: el agua que cae sobre las flores dificulta la polinización (lava el polen) y favorece el desarrollo de la podredumbre gris (Botrytis cinerea) (Bianchi, 2018; Mandal et al., 2021).
Mejor método:
Riego por goteo o riego por surcos (si los camellones están formados), de modo que el agua llegue solo a las raíces y las hojas y flores permanezcan secas.
2.4. Formación y llenado de las bayas
Esta es la etapa más crítica desde el punto de vista del riego. Aquí se definen el tamaño, la jugosidad y el sabor de las bayas.
Qué ocurre con la planta:
Las bayas de fresa son casi un 90% agua (Mandal et al., 2021). El llenado de los frutos requiere una enorme cantidad de humedad. Si en este período la fresa sufre déficit hídrico, las bayas serán pequeñas, secas, con menor contenido de azúcares y mayor acidez.
Recomendaciones de riego:
- Mantener la humedad del suelo en el 80% o más de la capacidad de campo (Potapov et al., 2000; Sharma et al., 2019).
- En tiempo caluroso, aumentar la frecuencia a 2‑3 veces por semana, especialmente en suelos ligeros.
- Dosis de riego: que el agua penetre al menos 20‑25 cm, donde se concentra la mayor parte de las raíces.
Importante:
No permitir cambios bruscos de humedad –de la sequedad al encharcamiento–, ya que pueden provocar agrietamiento de las bayas y reducir su conservación (Westwood, 1993).
Consecuencias de la falta de agua:
- Reducción del tamaño de las bayas en un 20‑30% o más (Westwood, 1993).
- Deterioro del sabor: disminución de azúcares y compuestos aromáticos.
- Mayor susceptibilidad a las quemaduras solares.
2.5. Después de la cosecha (recuperación e iniciación de yemas)
Tras la recolección, muchos horticultores creen erróneamente que se puede suspender el riego. En realidad, en este momento se inician las yemas florales para la cosecha del año siguiente.
Qué ocurre con la planta:
La fresa regenera su aparato foliar (segunda oleada de crecimiento de hojas) y forma activamente yemas florales. Este proceso requiere humedad, aunque en menor cantidad que durante el llenado de las bayas.
Recomendaciones de riego:
- Mantener la humedad en hasta el 75% de la capacidad de campo (Potapov et al., 2000).
- En otoño seco, realizar un riego de carga (especialmente antes del invierno) para que el suelo entre en el invierno con suficiente reserva de humedad y las raíces no se sequen durante los deshielos.
- Frecuencia: 1 vez cada 5‑7 días según el tiempo.
Consecuencias de la falta de agua:
- Escasa iniciación de yemas florales → baja producción al año siguiente.
- Las plantas invernan peor, especialmente si el otoño es seco y helado.
Tabla resumen: Humedad del suelo por etapas
| Etapa de desarrollo | Humedad recomendada (% de capacidad de campo) | Características del riego |
|---|---|---|
| Enraizamiento | 70‑80% (mantener constantemente) | Frecuente, poca cantidad; aspersión los primeros días |
| Crecimiento de hojas | 70‑75% | 1‑2 veces por semana |
| Floración | 75% | Moderado, sin aspersión |
| Llenado de bayas | 80% o más | 2‑3 veces por semana, abundante |
| Postcosecha | hasta 75% | 1 vez cada 5‑7 días; riego de carga en otoño |
¿De qué otros factores dependen las necesidades de agua?
Las cifras anteriores son orientativas. Las necesidades reales pueden variar según:
- Tipo de suelo: en arena se riega con más frecuencia, en arcilla con menos (Sharma et al., 2019).
- Clima: en calor y viento la evaporación es mayor – aumentar la frecuencia.
- Variedad: algunas variedades son más resistentes a la sequía (p. ej., con raíces más profundas), otras más exigentes en humedad (Martinez‑Ferri et al., 2016, citado en Mandal et al., 2021).
- Método de cultivo: bajo plástico o en túneles la evaporación es menor y los riegos pueden ser menos frecuentes.
Es más importante aprender a «leer» las plantas y el suelo que seguir cifras estrictas – lo veremos en el siguiente capítulo.
3. Cómo determinar la necesidad de riego
Saber cuánta agua necesita la fresa en cada etapa es solo la mitad del trabajo. La otra mitad es reconocer a tiempo que el suelo ya se ha secado y toca coger la regadera o encender el sistema de riego. Por suerte, no se necesitan aparatos de laboratorio. Bastan unas sencillas técnicas que cualquier horticultor puede dominar.
3.1. El método más fiable: evaluación del suelo al tacto
Este método se usa incluso en grandes explotaciones porque es sencillo, rápido y suficientemente preciso (Sharma et al., 2019; Potapov et al., 2000).
Cómo comprobarlo:
1. Tome un puñado de tierra de debajo de las fresas a una profundidad de 5‑10 cm (donde se encuentra la mayor parte de las raíces).
2. Apriételo en el puño y luego abra la mano para observar el terrón.
Interpretación de los resultados:
- El terrón se deshace en la mano – el suelo está demasiado seco. ¡Riegue inmediatamente! Es señal de que la humedad es inferior al 50% de la capacidad de campo (Hill & Perry, 2011). Un mayor secado puede detener el crecimiento y provocar la caída de los ovarios.
- El terrón mantiene la forma, pero se desmorona al apretarlo ligeramente – la humedad está entre el 60‑80% de la capacidad de campo. Es el estado óptimo para la mayoría de las fases de crecimiento (Hill & Perry, 2011; Potapov et al., 2000). No hace falta regar todavía, pero conviene volver a comprobar el suelo en 1‑2 días.
- El terrón es compacto, húmedo, deja una marca mojada en la palma – la humedad se acerca al 80‑100%. No regar aún. Si está demasiado mojado y pegajoso, puede haber encharcamiento y conviene esperar a que se seque.
Por qué funciona:
El suelo cambia su estructura al tacto según su contenido de agua. Esta prueba da una idea mucho más precisa de la humedad disponible para las raíces que la simple inspección superficial, porque la capa superior puede estar seca mientras que a la profundidad de las raíces aún hay suficiente agua, o viceversa.
Matices importantes:
- En suelos franco‑arenosos y arenosos, el terrón se forma peor – fíjese en lo suelto que está.
- En suelos arcillosos, el terrón puede permanecer compacto incluso con falta de agua; evalúe no solo la forma, sino también el color (la arcilla seca se vuelve más clara) y la presencia de grietas.
- Compruebe el suelo en varios puntos de la parcela, ya que la humedad puede distribuirse de forma desigual.
3.2. Observación de las plantas: signos visuales
Las propias plantas «avisan» de la falta de agua si se las observa con atención.
Signos de falta de agua:
- Las hojas pierden turgencia (se caen), especialmente en las horas más calurosas del día. Si por la tarde no se recuperan, es una señal.
- Los limbos foliares se vuelven más pequeños, los bordes pueden enrollarse hacia arriba.
- Las hojas viejas amarillean y se secan antes de lo normal (puede ser envejecimiento natural, pero junto con tiempo seco indica déficit hídrico).
- Las flores y los ovarios caen prematuramente (bajo estrés severo).
- Las bayas se llenan lentamente, quedan pequeñas y secas.
Signos de exceso de agua:
- Las hojas oscurecen, se vuelven mustias pero no secas.
- Aparecen manchas acuosas en las hojas inferiores.
- Aparece moho en la superficie del suelo y signos de podredumbre en el cuello de la planta.
- Las bayas se vuelven acuosas, insípidas y son fácilmente atacadas por la podredumbre gris.
Importante: Algunos signos (p. ej., caída de hojas al mediodía) pueden aparecer incluso con humedad adecuada si hace mucho calor, debido a la transpiración intensa. En ese caso, compruebe el suelo al tacto: si está húmedo, las plantas están bien y no hace falta regar (Potapov et al., 2000).
3.3. Herramientas sencillas para un diagnóstico preciso
Para horticultores que deseen datos más objetivos, existen instrumentos económicos y cómodos.
- Tensiómetro – mide la fuerza con que el suelo retiene el agua (potencial matricial). Se coloca en el suelo a la profundidad de las raíces. Cuando la aguja indica un valor determinado (p. ej., ‑10…‑15 kPa para fresas), es hora de regar (Sharma et al., 2019). Para la mayoría de los aficionados, el tensiómetro es excesivo, pero resulta muy útil en riego por goteo en grandes bancales.
- Medidor de humedad del suelo (electrónico o mecánico) – se introduce en el suelo y muestra la humedad en porcentaje o unidades arbitrarias. Se encuentran en centros de jardinería y ofrecen información bastante precisa para tomar decisiones.
Consejo: Si decide usar un aparato, compare sus lecturas con la prueba al tacto durante las primeras semanas – así lo «calibrará» para su suelo.
3.4. Referencias climáticas
Incluso sin instrumentos, puede guiarse por el tiempo y la experiencia:
- En tiempo caluroso y ventoso, la fresa pierde humedad más rápido – prepárese para regar con mayor frecuencia.
- Si en una semana han caído menos de 20‑25 mm de lluvia y la temperatura supera los +25 °C, probablemente necesitará regar (Sharma et al., 2019).
- En tiempo lluvioso y fresco, reduzca o incluso suspenda el riego, especialmente en suelos pesados.
Referencia: En promedio, las fresas necesitan unos 25‑30 mm de agua por semana (lluvia + riego) durante el período activo (Sharma et al., 2019). Si no llueve, hay que aportar esa cantidad.
3.5. ¿Con qué frecuencia comprobar?
- Durante el enraizamiento y el llenado de bayas – compruebe el suelo a diario o cada dos días.
- Durante el crecimiento de hojas y después de la cosecha – basta con 2‑3 veces por semana.
- Después de la lluvia – compruebe al día siguiente para asegurarse de que el agua ha llegado a las raíces y no ha escurrido superficialmente.
La regla principal
Riegue no según el calendario, sino según el estado del suelo y las plantas.
Aunque se recomiende regar dos veces por semana, en un junio lluvioso puede ser excesivo, y en un mayo seco, insuficiente. La única guía fiable es el propio suelo y el aspecto de las plantas.
En el siguiente capítulo analizaremos qué métodos de riego son más adecuados para las fresas y en qué situaciones conviene cada uno.
4. Métodos de riego
El método de riego influye no solo en la cantidad de agua que reciben las plantas, sino también en la salud de las hojas, el desarrollo de enfermedades y la comodidad del horticultor. Para las fresas, algunos métodos son ideales, otros solo sirven en ciertas fases, y otros es mejor no usarlos. Veamos tres métodos principales.
4.1. Riego por goteo (microirrigación)
Es el método más eficaz y recomendado para fresas, especialmente desde la floración hasta el final de la fructificación (Bianchi, 2018; Sharma et al., 2019).
Cómo funciona:
El agua se suministra en pequeñas cantidades directamente a la zona radicular de cada planta a través de goteros (emisores) o mediante tuberías perforadas (cintas de goteo). El agua se infiltra en el suelo, humedeciendo un volumen limitado donde se encuentran las raíces.
Ventajas:
- Ahorro de agua – las pérdidas por evaporación son mínimas; el agua no llega a las hojas ni se pierde por los pasillos.
- Las hojas y flores permanecen secas – esta es la principal ventaja para las fresas, ya que reduce el riesgo de podredumbre gris (Botrytis cinerea) y otras enfermedades fúngicas (Bianchi, 2018; Mandal et al., 2021).
- El suelo no se compacta – no hay una fuerte presión que rompa la estructura del suelo.
- Posibilidad de fertirrigación – suministro de fertilizantes solubles junto con el riego, lo que ahorra tiempo y mejora la eficiencia de la fertilización (Bianchi, 2018).
- Automatización – los sistemas de goteo se pueden conectar fácilmente a programadores, muy práctico para horticultores ocupados.
Inconvenientes:
- Mayor coste inicial del equipo (cintas de goteo, accesorios, filtros).
- Requiere agua limpia – las partículas pequeñas y las sales pueden obstruir los goteros, por lo que se necesita filtración y limpieza periódica.
- Una presión o longitud de línea inadecuadas pueden provocar humedecimiento desigual – algunas plantas reciben más agua, otras menos (Bianchi, 2018).
Cuándo usarlo:
- Inmediatamente después del enraizamiento y durante toda la temporada – especialmente en floración y llenado de bayas.
- En todos los tipos de suelo, pero especialmente valioso en suelos arenosos, ya que permite aportar agua con frecuencia y en pequeñas dosis, evitando pérdidas profundas.
- En cultivo bajo plástico o en túneles – allí el riego por goteo es casi obligatorio.
Consejo práctico:
Coloque la cinta de goteo bajo una capa de acolchado o directamente bajo el plástico – reduce la evaporación y protege la cinta de la radiación UV, prolongando su vida útil (Bianchi, 2018; Potapov et al., 2000).
4.2. Riego por aspersión
Este método es bien conocido: el agua se pulveriza sobre las plantas a través de aspersores, imitando la lluvia.
Ventajas:
- Humedece uniformemente toda la superficie del suelo.
- Enfría las hojas y reduce la temperatura alrededor de las plantas en calor extremo.
- Es indispensable para la primera etapa – enraizamiento – cuando es importante mantener la humedad no solo del suelo sino también del aire alrededor de las hojas jóvenes (Bianchi, 2018).
- Puede usarse para protección contra heladas – la pulverización fina al congelarse libera calor y protege las flores (Bianchi, 2018; Westwood, 1993).
Inconvenientes:
- Las hojas y flores se mojan, lo que favorece enfermedades fúngicas, especialmente la podredumbre gris y el oídio (Mandal et al., 2021).
- El agua llega a las bayas, reduciendo su conservación y calidad, y puede causar quemaduras solares (las gotas actúan como lentes).
- Grandes pérdidas por evaporación y arrastre por el viento, especialmente en tiempo caluroso.
- Puede compactar la capa superior y formar costra si el riego es demasiado intenso.
Cuándo usarlo:
- Solo en los primeros días después de la plantación (1‑2 semanas) para ayudar al enraizamiento. Una vez que las plantas hayan comenzado a crecer, debe suspenderse o reducirse al mínimo.
- Para protección contra heladas durante la floración – en ese caso se utiliza de forma intencionada.
- En parcelas donde otros sistemas no están disponibles, se puede emplear una aspersión breve por la mañana para que las hojas se sequen antes de la noche, pero es arriesgado.
Importante: Durante la floración, la aspersión está totalmente desaconsejada – el agua lava el polen, dificulta la polinización y reduce significativamente la cosecha (Bianchi, 2018; Mandal et al., 2021).
4.3. Riego superficial (por surcos o inundación)
Es el método tradicional, en el que el agua se hace circular por la superficie del suelo, generalmente por surcos entre las hileras. A veces se utiliza el riego en cuencos alrededor de las plantas.
Ventajas:
- No requiere equipos complejos – basta con llevar el agua con una manguera o disponer un sistema de canales.
- Adecuado para terrenos llanos y suelos arcillosos pesados donde el agua penetra lentamente.
- Puede ser eficaz en las fases iniciales cuando no se necesita una dosificación precisa.
Inconvenientes:
- Consumo de agua muy elevado – las pérdidas por evaporación y filtración profunda alcanzan el 30‑50% (Bianchi, 2018).
- Humectación desigual – especialmente en pendientes o superficies irregulares.
- Las hojas y bayas pueden ensuciarse con salpicaduras de barro.
- Riesgo de encharcamiento del cuello si el agua se estanca en la base de las plantas.
- Compactación del suelo y formación de costra al secarse, que requiere escarda.
- Alto riesgo de propagación de enfermedades a través del agua (esporas y patógenos se transmiten con el agua).
Cuándo usarlo:
- En huertos pequeños cuando no hay otras opciones – pero solo durante el enraizamiento o como último recurso.
- En suelos pesados con buen drenaje y siempre que el agua no se estanque alrededor de las plantas.
Cómo reducir los efectos negativos:
- Haga los surcos a cierta distancia de las plantas para que el agua no toque directamente el cuello.
- Después del riego, airee y afloje la capa superficial para evitar la costra.
- Utilice acolchado (ver capítulo siguiente) para conservar la humedad y reducir la evaporación.
Las recomendaciones modernas tienden a considerar el riego superficial para fresas como un método del pasado (Bianchi, 2018). Debe usarse solo como solución temporal hasta que se instale un sistema de goteo.
4.4. Comparación de métodos: ¿cuál elegir?
| Criterio | Goteo | Aspersión | Superficial |
|---|---|---|---|
| Consumo de agua | Bajo | Medio | Alto |
| Riesgo de enfermedades foliares | Bajo | Alto | Medio |
| Facilidad de automatización | Alta | Media | Baja |
| Inversión inicial | Media | Baja | Muy baja |
| Idoneidad para enraizamiento | Buena | Excelente | Aceptable |
| Idoneidad para floración y fructificación | Excelente | Mala | Aceptable |
| Ahorro de trabajo | Alto | Bajo | Bajo |
Recomendación para el horticultor aficionado:
Si empieza en una parcela pequeña, puede arreglarse con una manguera y un difusor para los primeros riegos, pero para la fase de floración es muy recomendable pasar al riego por goteo. Se venden kits completos de goteo para bancales, fáciles de instalar incluso sin experiencia. Se amortizan con el ahorro de agua, la salud de las plantas y el aumento de la cosecha.
En el próximo capítulo veremos cómo retener la humedad en el suelo y reducir la frecuencia de riego mediante acolchado y mejora de la estructura del suelo.
5. Cómo reducir la evaporación del agua
Incluso con un riego ideal, una parte importante del agua se pierde no por las plantas, sino por evaporación desde la superficie del suelo. En tiempo caluroso, las pérdidas pueden alcanzar el 30‑50% del agua aportada. La tarea del horticultor es minimizar estas pérdidas para que cada litro de agua trabaje a favor de la cosecha y no se escape al aire. Esto se consigue con tres métodos principales: acolchado, uso de agrotextiles y mejora de la estructura del suelo. Funcionan bien por separado y se complementan perfectamente.
5.1. Acolchado (mulching)
El acolchado es una capa de material orgánico o inorgánico que cubre la superficie del suelo alrededor de las plantas. Para las fresas, el acolchado no es solo un recurso útil, sino un elemento prácticamente obligatorio de la técnica de cultivo (Bianchi, 2018; Hill & Perry, 2011).
Cómo reduce la evaporación el acolchado:
- Crea una barrera física entre el suelo húmedo y el aire seco.
- Impide el calentamiento directo del suelo por el sol, reduciendo la temperatura de la capa superior.
- Disminuye la velocidad del viento en la superficie del suelo, que «extrae» la humedad.
- Evita la formación de costra superficial, a través de la cual la evaporación es más rápida.
Tipos de acolchado y sus características:
- Paja (de trigo, centeno) – material clásico para fresas. Es suelta, permite el paso del aire, retiene bien la humedad y, lo más importante, evita que las bayas toquen el suelo, protegiéndolas de la podredumbre (Hill & Perry, 2011). Use solo paja limpia, sin semillas de malas hierbas (¡no heno!). Capa: 5‑10 cm después del asentamiento.
- Hierba cortada (seca) – material accesible, pero debe secarse antes de extenderla, de lo contrario se apelmaza y puede pudrirse. Capa: 3‑5 cm.
- Compost o estiércol bien descompuesto – no solo conserva la humedad, sino que también nutre las plantas. Colocar una capa de 2‑3 cm. Asegúrese de que el compost esté completamente maduro, de lo contrario puede «quemar» las raíces delicadas (Hill & Perry, 2011).
- Serrín y astillas de madera – buenos para los pasillos, pero no para el contacto directo con las plantas, ya que al descomponerse pueden retener nitrógeno del suelo. Si los usa, compense con fertilización nitrogenada adicional.
- Película de polietileno negro – la más eficaz para suprimir malas hierbas y conservar la humedad. Bloquea casi por completo la evaporación y calienta el suelo, acelerando el crecimiento en primavera (Bianchi, 2018). Sin embargo, no permite el paso del aire y puede sobrecalentar el suelo en climas cálidos, por lo que se usa más en zonas templadas o combinado con riego por goteo (la película se coloca antes de plantar y luego se hacen agujeros para las plantas).
- Películas reflectantes (blancas, aluminizadas) – reflejan la luz solar, evitando el sobrecalentamiento. Se usan en regiones calurosas o para proteger del calor en túneles (Bianchi, 2018).
- Películas biodegradables – una opción moderna que se descompone en el suelo en 2‑3 meses, sin necesidad de retirarla. Aún más caras que la película convencional, pero prácticas para cultivos anuales (Bianchi, 2018).
Consejos prácticos para el acolchado:
- Coloque el acolchado después de que el suelo se haya calentado (normalmente a finales de primavera); de lo contrario, retrasará el crecimiento.
- La capa de acolchado debe ser de al menos 5 cm para materiales orgánicos y continua, sin calvas.
- No cubra el cuello de la planta con el acolchado – deje un espacio libre de 2‑3 cm alrededor para evitar la podredumbre.
- En otoño, antes del invierno, se puede aumentar la capa – protegerá las raíces de las heladas (Hill & Perry, 2011).
Qué aporta el acolchado (además del ahorro de agua):
- Suprime el crecimiento de malas hierbas.
- Las bayas se mantienen limpias y no se pudren por contacto con el suelo.
- Suaviza las fluctuaciones de temperatura del suelo.
- El acolchado orgánico se descompone con el tiempo y fertiliza el suelo.
5.2. Agrotextil (tela no tejida de cobertura)
Es una tela sintética que se extiende sobre el bancal y se fija por los bordes. A diferencia de la película, el agrotextil es transpirable – deja pasar el aire y el agua, pero reduce significativamente la evaporación.
Cómo funciona:
- El material dificulta el movimiento del aire en la superficie del suelo, reduciendo la evaporación.
- Sombrea el suelo (si es negro) o refleja la luz (si es blanco), disminuyendo el calentamiento.
- El agua de lluvia y de riego pasa libremente a través de la tela hacia las raíces.
Variedades:
- Agrotextil negro – el más popular. Bloquea completamente la luz, suprimiendo las malas hierbas, y calienta el suelo en primavera. Adecuado para regiones septentrionales y templadas (Potapov et al., 2000).
- Agrotextil blanco o claro – refleja la luz solar, evitando el sobrecalentamiento del suelo. Se usa en climas cálidos o para proteger del calor en verano (Bianchi, 2018).
- Bicolor (negro‑blanco) – lado negro hacia abajo (control de malas hierbas), lado blanco hacia arriba (reflejo de luz). Opción universal.
Ventajas frente al acolchado orgánico:
- No necesita renovarse anualmente – dura 3‑5 años.
- No atrae roedores ni insectos (a diferencia de la paja).
- Permite el paso del agua y el aire, sin efecto invernadero.
- Se combina perfectamente con el riego por goteo (la cinta se coloca directamente bajo la tela).
Cómo usarlo:
- Extiéndalo sobre el bancal preparado antes de plantar.
- Fije los bordes con piedras, estacas o tierra.
- Haga cortes en forma de cruz o círculo en los lugares de plantación y trasplante.
- Con el tiempo, la superficie de la tela puede obstruirse con polvo; lávela ocasionalmente con agua.
Limitaciones:
- Inversión inicial más alta que la paja.
- Bajo radiación solar intensa, el material negro puede sobrecalentar el suelo, por lo que en regiones cálidas conviene usar colores claros.
- No se descompone; al final de la temporada debe retirarse y desecharse (a menos que sea biodegradable).
5.3. Mejora de la estructura del suelo
El acolchado y el agrotextil actúan «desde arriba», pero también se puede influir en la evaporación «desde dentro» mejorando la estructura del suelo.
Por qué la estructura es importante:
En un suelo bien estructurado existen poros grandes y pequeños. Los poros grandes aseguran el drenaje; los pequeños retienen el agua en los capilares. Cuando la estructura está alterada (suelo compactado, «sellado» o, por el contrario, demasiado suelto y arenoso), el agua se pierde rápidamente en profundidad (y las raíces no pueden aprovecharla) o se estanca en la superficie y se evapora.
Cómo mejorar la estructura del suelo para reducir la evaporación:
- Aportar materia orgánica (compost, estiércol) – es el método principal. La materia orgánica actúa como una esponja: absorbe agua al regar y la libera lentamente a las raíces. Al mismo tiempo, une las partículas arenosas y afloja las arcillosas, creando un sistema capilar óptimo (Hill & Perry, 2011; Potapov et al., 2000). En los bancales de fresas, conviene incorporar 5‑10 kg de compost por 1 m² (o 50‑100 t/ha) antes de plantar.
- Aumentar el contenido de humus – cuanto más humus, mayor es la capacidad de retención de agua del suelo. Esto reduce la frecuencia de riego porque el suelo conserva la humedad por más tiempo (Westwood, 1993).
- Abonos verdes (cultivos de cobertura) – sembrar mostaza, avena, facelia y enterrarlos en el suelo un año antes de plantar fresas mejora la estructura, aumenta la materia orgánica y la capacidad de retención (Hill & Perry, 2011).
- Evitar las labores profundas – el laboreo profundo frecuente rompe los capilares y aumenta la evaporación. Basta con un escardado superficial (5‑8 cm) después del riego y la lluvia para romper la costra, sin alterar los capilares inferiores (Potapov et al., 2000).
- Añadir arena a suelos arcillosos y arcilla a suelos arenosos – pero es un proceso largo y laborioso. La materia orgánica actúa mucho más rápido.
Efecto directo sobre el riego:
- Un suelo bien estructurado retiene la humedad en la zona radicular y evita que se evapore rápidamente desde la superficie, porque el agua asciende por capilaridad solo cuando la planta la necesita, no de forma continua.
- Cuando el agua asciende capilarmente, se mueve de abajo hacia arriba, pero si la capa superior está acolchada, la evaporación superficial queda bloqueada y la humedad permanece cerca de las raíces.
El enfoque combinado – la mejor estrategia
En la práctica, el máximo efecto se logra combinando:
Acolchado orgánico (o agrotextil) + buena estructura del suelo + riego por goteo
Por ejemplo:
- Antes de plantar, incorporar compost (estructura).
- Colocar la cinta de goteo.
- Cubrir el bancal con agrotextil negro o acolchar con paja.
- En este sistema, las pérdidas por evaporación son mínimas y las fresas reciben el agua justa y necesaria.
Conclusión: Al reducir la evaporación, no solo ahorramos agua, sino que también disminuimos la frecuencia de riego, lo que ahorra tiempo y esfuerzo. Esto es especialmente importante en períodos calurosos, donde cada día cuenta.
En el siguiente y último capítulo, repasaremos los errores más comunes al regar fresas y cómo evitarlos.
6. Errores en el riego
Incluso con un conocimiento adecuado de las necesidades de agua de la fresa, muchos horticultores cometen los mismos errores típicos. Reducen la cosecha, favorecen enfermedades e incluso pueden matar las plantas. En este capítulo analizaremos las principales «trampas» y cómo evitarlas.
6.1. Error: riego superficial – mojar solo la capa superior
Cómo se manifiesta: El horticultor riega con frecuencia pero con poca cantidad – solo para humedecer la superficie. Como resultado, el agua no llega a la mayor parte de las raíces, que se encuentran a 15‑20 cm de profundidad.
Por qué es perjudicial: Las raíces de la fresa son superficiales, pero la mayor parte se concentra en la capa de 10‑25 cm (Sharma et al., 2019). Si solo se mojan 2‑3 cm, las raíces no reciben humedad y tienden a desarrollarse aún más cerca de la superficie, siendo más vulnerables a la sequía y el sobrecalentamiento. Además, los riegos superficiales frecuentes compactan el suelo y favorecen las malas hierbas en la capa superior (Westwood, 1993).
Cómo evitarlo: Riegue con menos frecuencia pero con mayor cantidad, de modo que el agua penetre al menos 20‑25 cm. Compruébelo cavando una hora después del riego para ver la profundidad de mojado. Para la mayoría de los suelos, esto equivale a 20‑30 L/m² por riego (o 20‑30 minutos de riego por goteo con cinta de 1,5‑2 L/h por emisor). En riego por goteo, ajuste la duración: por ejemplo, con 1,5 L/h por planta y 30 cm entre goteros, para mojar 25 cm pueden ser necesarias 1‑2 horas según el tipo de suelo.
6.2. Error: regar en las horas más calurosas del día
Cómo se manifiesta: Riego a mediodía, cuando el sol está en su punto más alto, especialmente con aspersión o manguera con difusor.
Por qué es perjudicial: Las gotas de agua sobre las hojas actúan como lentes, concentrando los rayos solares y causando quemaduras (Hill & Perry, 2011). Además, gran parte del agua se evapora antes de llegar a las raíces – la eficiencia del riego disminuye drásticamente. En riego por goteo en pleno calor, el agua se calienta en las tuberías y puede llegar a las raíces tibia, lo que las estresa (Westwood, 1993).
Cómo evitarlo: Riegue temprano por la mañana (antes de las 8‑9 h) o por la tarde (después de las 18‑19 h), cuando el sol no es intenso. El riego matinal es preferible porque las hojas se secan antes del calor, reduciendo el riesgo de enfermedades fúngicas. El riego vespertino también es aceptable, pero las plantas permanecen húmedas toda la noche, lo que puede favorecer patógenos, especialmente la podredumbre gris (Bianchi, 2018). Si usa riego por goteo, puede regar en pleno calor sin riesgo de quemaduras, ya que el agua no toca las hojas.
6.3. Error: riego por aspersión durante la floración y fructificación
Cómo se manifiesta: Uso de aspersores o mangueras con difusor cuando las fresas están en flor o las bayas en llenado.
Por qué es perjudicial: Es uno de los errores más graves y comunes. El agua sobre las flores lava el polen, dificulta la polinización y reduce el cuajado (Mandal et al., 2021). Las flores y ovarios mojados son el medio ideal para la podredumbre gris (Botrytis cinerea), que puede destruir entre el 30‑50% de la cosecha (Mandal et al., 2021). Además, las hojas y bayas mojadas en tiempo caluroso son más propensas a quemaduras solares y manchas foliares (Bianchi, 2018; Sharma et al., 2019).
Cómo evitarlo: En cuanto las fresas comiencen a florecer, cambie completamente al riego por goteo o al riego muy cuidadoso al pie de la planta con manguera sin pulverizar. Si no dispone de goteo, vierta el agua en surcos entre hileras o en cuencos alrededor de los arbustos, procurando no mojar hojas ni flores. Si debe usar aspersión (por ejemplo, para protección contra heladas), hágalo solo en casos extremos y por poco tiempo; en condiciones normales, evítela hasta la cosecha.
6.4. Error: encharcamiento – «por si acaso»
Cómo se manifiesta: El horticultor riega con demasiada frecuencia y abundancia, temiendo que a las fresas les falte agua. El suelo está constantemente mojado o incluso con charcos.
Por qué es perjudicial: Las raíces de la fresa necesitan no solo agua, sino también oxígeno para respirar. Cuando se encharca, los poros del suelo se llenan de agua, desplazando el aire, y las raíces se asfixian (Hill & Perry, 2011). En estas condiciones, los patógenos de podredumbres radiculares – Phytophthora, Verticillium, Pythium – se activan (Sharma et al., 2019). Las bayas se vuelven acuosas, insípidas y se pudren fácilmente incluso en la planta. Además, el exceso de agua lixivia los nutrientes (especialmente el nitrógeno) de la zona radicular (Westwood, 1993).
Cómo evitarlo: Compruebe la humedad del suelo antes de cada riego (véase capítulo 3). Deje que la capa superior se seque ligeramente entre riegos – eso indica que el aire ha vuelto a las raíces. En suelos arcillosos pesados, los intervalos deben ser mayores; en arenosos, menores. Recuerde: la fresa tolera mejor un breve secado que un encharcamiento permanente.
6.5. Error: cambios bruscos de humedad
Cómo se manifiesta: Una situación de «todo o nada» – un largo período de sequía seguido de un riego abundante, o viceversa.
Por qué es perjudicial: Los cambios bruscos de humedad provocan estrés fisiológico en las plantas. Las bayas pueden agrietarse (especialmente durante el llenado) porque tras la sequía absorben agua rápidamente y la piel no resiste (Westwood, 1993). Además, este régimen de «vaivén» debilita el sistema inmunitario de las plantas, haciéndolas más susceptibles a enfermedades y plagas (Potapov et al., 2000). Las yemas florales que se inician después de la cosecha también sufren con la humedad inestable.
Cómo evitarlo: Procure mantener una humedad uniforme en la zona radicular durante toda la temporada, especialmente durante la floración y el llenado de las bayas. Utilice acolchado (véase capítulo 5) para suavizar las fluctuaciones – evita que el suelo se seque demasiado rápido y protege contra el encharcamiento tras lluvias intensas. El riego por goteo con programador automático es la mejor manera de mantener una humedad constante.
6.6. Error: ignorar el clima – regar después de la lluvia
Cómo se manifiesta: El horticultor riega según un horario fijo, sin tener en cuenta las precipitaciones.
Por qué es perjudicial: El exceso de agua no solo es un desperdicio de recursos, sino una vía directa al encharcamiento con las consecuencias descritas. Después de una lluvia incluso ligera (5‑10 mm), la necesidad de riego puede disminuir varios días, especialmente si el suelo está bien estructurado y acolchado (Sharma et al., 2019).
Cómo evitarlo: Ajuste siempre el riego según el tiempo real. Si ha llovido, compruebe el suelo a 10 cm de profundidad – si está húmedo, posponga el riego. En períodos lluviosos, los intervalos pueden ampliarse a 7‑10 días; en períodos secos, reducirse a 2‑3 días. Consulte la previsión: si se espera lluvia, puede omitir el riego del día anterior.
6.7. Error: regar con agua fría de pozo
Cómo se manifiesta: Usar agua directamente del pozo o sondeo, sin calentarla previamente al sol.
Por qué es perjudicial: El agua fría (especialmente por debajo de +10 °C) provoca un shock térmico en las raíces, ralentiza su actividad y la absorción de nutrientes (Westwood, 1993). Esto es especialmente peligroso al regar en un día caluroso, cuando el contraste de temperatura es máximo. El estrés por frío debilita las plantas y puede retrasar el crecimiento y la floración.
Cómo evitarlo: Llene recipientes (depósitos, barriles, regaderas grandes) el día anterior al riego para que el agua alcance la temperatura ambiente o del suelo. En riego por goteo, este problema es menor porque el agua fluye lentamente y se calienta en las tuberías, pero al principio es mejor usar agua reposada y templada.
6.8. Error: regar sin considerar el tipo de suelo
Cómo se manifiesta: Aplicar las mismas dosis de riego en diferentes parcelas, por ejemplo, igual para arena que para arcilla.
Por qué es perjudicial: Los suelos arenosos drenan rápido pero retienen mal el agua – por lo tanto, en arena se riega con más frecuencia pero en menor cantidad (Sharma et al., 2019). Los suelos arcillosos, por el contrario, retienen la humedad mucho tiempo pero absorben lentamente – por eso los riegos deben ser menos frecuentes pero más abundantes; de lo contrario, el agua escurre y se estanca.
Cómo evitarlo: Conozca su tipo de suelo. Si no está seguro, haga una prueba sencilla: ponga un poco de tierra en un frasco con agua, agite y deje reposar un día – las capas mostrarán la proporción de arena, arcilla y materia orgánica. Ajuste la frecuencia y la cantidad en consecuencia. En arena – más a menudo (2‑3 veces por semana), poca cantidad; en arcilla – menos a menudo (1 vez cada 5‑7 días), pero suficiente para mojar toda la zona radicular.
6.9. Error: riego desigual en la parcela
Cómo se manifiesta: En el riego manual, unas plantas reciben más agua y otras menos; con aspersión, una parte del bancal puede estar encharcada y otra seca.
Por qué es perjudicial: El riego desigual provoca que algunas plantas sufran sequía (bayas pequeñas, crecimiento débil) y otras encharcamiento (enfermedades, mala calidad de las bayas). El resultado es una cosecha heterogénea y una menor productividad general.
Cómo evitarlo: En el riego manual, utilice referencias – por ejemplo, mida el tiempo de riego por planta o use una regadera de volumen conocido. En riego por goteo, verifique la uniformidad de distribución (todos los goteros deben funcionar). Si el terreno es irregular (pendiente), las líneas de goteo deben seguir las curvas de nivel para evitar que el agua se desplace. Con aspersión, asegúrese de que los aspersores cubran toda la zona de manera uniforme, sin «zonas muertas».
6.10. Error: suspender el riego después de la cosecha
Cómo se manifiesta: En cuanto se recogen las bayas, se deja de regar «hasta el año que viene».
Por qué es perjudicial: La fresa no entra en reposo profundo inmediatamente después de la fructificación. En este período se inician las yemas florales para la siguiente temporada, crecen los estolones y nuevas rosetas (Hill & Perry, 2011; Potapov et al., 2000). Con falta de agua, estos procesos se ralentizan y la futura cosecha puede disminuir un 20‑30% o más. Además, las plantas se debilitan y soportan peor el invierno.
Cómo evitarlo: Continúe con riegos moderados después de la cosecha en tiempo seco – mantenga la humedad del suelo en el 70‑75% de la capacidad de campo. La frecuencia puede ser menor (1 vez cada 5‑7 días), pero no la suspenda completamente hasta que lleguen lluvias constantes o el frío. A finales de septiembre – octubre, realice un riego de carga (moje el suelo hasta 30‑40 cm) para que las plantas entren en el invierno con reservas de humedad.
Tabla resumen: errores frecuentes y soluciones
| Error | Síntoma | Solución |
|---|---|---|
| Riego superficial | Solo la capa superior está mojada | Riegue más profundo, hasta 20‑25 cm |
| Riego en pleno calor | Riego al mediodía | Riegue por la mañana o al atardecer |
| Aspersión en floración | Flores mojadas → enfermedades | Cambiar a goteo o riego al pie |
| Encharcamiento | Suelo constantemente mojado | Deje que el suelo se seque entre riegos |
| Cambios bruscos | Sequía seguida de inundación | Mantenga humedad uniforme, use acolchado |
| Riego después de lluvia | Exceso de agua | Ajuste según el tiempo real |
| Agua fría | Directamente del pozo | Caliente el agua antes de regar |
| Ignorar el tipo de suelo | Mismo régimen en arena y arcilla | Adapte frecuencia y cantidad al tipo de suelo |
| Riego desigual | Unas plantas secas, otras empapadas | Controle la uniformidad del riego |
| Suspender riego tras la cosecha | Sin riego en agosto‑septiembre | Continúe con riego moderado hasta otoño; riego de carga |
La conclusión principal de este capítulo – y de todo el artículo
La fresa responde bien al riego adecuado, pero sufre con los errores. Observe el suelo y las plantas, riegue según necesidad, no según un horario, y use métodos que reduzcan la evaporación. Entonces sus fresas le recompensarán con bayas grandes, jugosas y dulces, incluso en veranos secos.
Referencias
- (2003). ‘Strawberries’, in Cornell Guide to Growing Fruit at Home. Ithaca, NY: Cornell Cooperative Extension, pp. 54-64.
- Bianchi, P.G. (2018). ‘Técnicas de cultivo’, in Guía completa del cultivo de las fresas. Ireland: Editorial De Vecchi, S. A., pp. 20-45.
- Hill, L., Perry, L. (2011). ‘Improving Your Soil’, in The Fruit Gardener’s Bible. North Adams, MA: Storey Publishing, pp. 212-232.
- Hill, L., Perry, L. (2011). ‘Strawberries’, in The Fruit Gardener’s Bible. North Adams, MA: Storey Publishing, pp. 46-62.
- Martin, O. (2019). ‘How You Grow a Tree’, in Fruit Trees for Every Garden. New York: The Speed Press, ch. 5.
- Pandey, V., Sharma, R.M., Kumar, D., Sharma, S.D., Jena, S.K. (2019). ‘Water Management’, in Strawberries. Boca Raton, FL : CRC Press, Taylor & Francis Group, 2019.: CRC Press, 229-268.
- Quintero-Arias, G., Vargas, J., Acuña-Caita, J.F., Valenzuela, J.L. (2021). ‘Strawberry’, in Mandal, D., Wermund, U., Phavaphutanon, L., Cronje, R. (ed.) Temperate Fruits. Production, Processing, and Marketing. Burlington, Canada: Apple Academic Press, pp. 449-490.
- Rai, P.K. (2019). ‘Soil’, in Strawberries. Boca Raton, FL : CRC Press, Taylor & Francis Group, 2019.: CRC Press, 169-178.
- Westwood, M.Neil. (1993). ‘Cultural Practices’, in Temperate-zone. Pomology. Physiology and Culture. Portland, Oregon: Timber Press, pp. 178-216.
- Потапов, В.А., Фаустов, В.В., Пильщикова, Ф.Н. (2000). ‘Плодовый сад [Orchard]’, in Плодоводство [Fruit growing]. Москва: Колос, pp. 207-369.
- Трунов, Ю.В., Самощенков, Е.Г., Дорошенко, Т.Н. (2012). ‘Ягодные культуры [Berry crops]’, in Плодоводство [Fruit growing]. Москва: КолосС, pp. 386-412.