Aquí tienes la traducción completa al español del artículo sobre el riego de la remolacha de mesa, manteniendo los macros @page[] y @bio[] sin traducir (solo se traduce el texto entre corchetes).
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Regar
El agua es el principal «material de construcción» del tubérculo. En la remolacha, el contenido de agua alcanza el 83‑87% de su masa (Karataev, Sovetkina, 1984). Por eso, incluso una pequeña falla en el riego afecta el rendimiento y la calidad de las raíces.
Para entender cómo regar correctamente la remolacha, es importante conocer la estructura de la planta y cómo «bebe».
Características del sistema radicular
La remolacha posee un poderoso sistema radicular pivotante. En suelos sueltos, sus raíces penetran hasta 2,5 metros de profundidad y se extienden en un radio de hasta 50 cm (Karataev, Sovetkina, 1984; Kotov, Adritskaya, 2016). Gracias a ello, la planta adulta puede extraer humedad de las capas profundas del suelo y tolerar mejor la sequía temporal que, por ejemplo, el rábano o el nabo.
Sin embargo, esta propiedad solo funciona en plantas adultas. Al principio del crecimiento, el sistema radicular de la remolacha está poco desarrollado y depende completamente de la humedad de la capa superficial del suelo (0‑30 cm).
El agua y la calidad del tubérculo
El tubérculo de la remolacha consta de tres partes (Karataev, Sovetkina, 1984):
- Cabeza (parte epicotilar) – forma la roseta de hojas
- Cuello (hipocótilo) – parte media lisa
- Raíz propiamente dicha – parte inferior con raíces laterales
El engrosamiento del tubérculo ocurre gracias a la actividad de los anillos cambiales. Para la formación normal de estos anillos se necesita una humedad constante. Precisamente con un humedecimiento uniforme se forma un tubérculo liso, uniforme, jugoso, sin grietas ni huecos.
Además, el agua participa en el transporte de nutrientes desde el suelo hacia las hojas y hacia el tubérculo. Con falta de humedad, se altera la fotosíntesis, las hojas pierden turgencia y se retrasa la acumulación de azúcares. Con exceso, la aireación se resiente y la planta absorbe peor los nutrientes (Sood, Gupta, 2018).
Tasa de consumo de agua
En promedio, la remolacha gasta de 120 a 160 m³ de agua para producir 1 tonelada de tubérculos comerciales (Pantelev, 1986). El pico de consumo se produce durante el período de formación y engorde del tubérculo – desde mediados del verano hasta el otoño.
Por lo tanto, en las diferentes fases de crecimiento, la remolacha tiene diferentes necesidades hídricas. Esto lo veremos en el siguiente capítulo.
2. Períodos críticos de necesidad de humedad
La remolacha, como la mayoría de los tubérculos, tiene tres etapas clave en las que la falta de agua causa el mayor daño al rendimiento y la calidad. Perderse una de ellas significa perder hasta un 30‑40% de los tubérculos comerciales y obtener, en lugar de remolacha dulce y jugosa, un producto áspero, amargo o agrietado (Karataev, Sovetkina, 1984).
2.1. Período de germinación (siembra – aparición de 1‑2 hojas verdaderas)
Las semillas de remolacha germinan muy lentamente a +5 °C, y la temperatura óptima para la germinación es de +20…+25 °C (Karataev, Sovetkina, 1984; Kotov, Adritskaya, 2016). Pero lo principal es que las semillas se hinchan y germinan solo con suficiente humedad en la capa superficial del suelo.
Durante este período, las semillas necesitan humedad constante a una profundidad de 2‑4 cm (profundidad de siembra). Si la capa superficial se seca aunque sea durante 2‑3 días, las semillas se «congelan» y pueden no brotar en absoluto. Y si ya han aparecido las plántulas, la sequía en la fase de cotiledones provoca su muerte.
Por qué es crítico:
Las raíces jóvenes aún son muy débiles y no pueden extraer agua de capas profundas – solo trabajan dentro de los 5‑10 cm de la superficie. Por lo tanto, durante este período el riego debe ser regular y poco profundo, para no encharcar pero tampoco permitir que se seque. La humedad óptima del suelo en este momento es de aproximadamente 70‑75% de la capacidad de campo (CC) (Kotov, Adritskaya, 2016).
Cómo se ve en la práctica:
Los cultivos se riegan cada 1‑2 días con pequeñas dosis – alrededor de 100‑150 m³/ha (aproximadamente 1‑1,5 cubos por 1 m²). En tiempo caluroso y ventoso, los riegos son más frecuentes – una vez al día, a veces incluso dos veces, pero siempre en pequeñas cantidades para no erosionar el suelo ni arrastrar las semillas a mayor profundidad.
2.2. Inicio de la formación del tubérculo (fase de 4‑6 hojas verdaderas – inicio del engrosamiento de la raíz)
Tan pronto como la remolacha produce hojas verdaderas y comienza la fotosíntesis activa, la planta pasa a la formación de tejidos de reserva en la raíz. Es en este período cuando se establece la forma y el tamaño del futuro tubérculo (Karataev, Sovetkina, 1984).
En este momento, el sistema radicular aún no ha alcanzado gran profundidad (la mayor parte de las raíces se encuentra en la capa de 20‑30 cm), pero ya es capaz de absorber más humedad. Sin embargo, la falta de agua en esta fase hace que el tubérculo se forme pequeño y leñoso.
Por qué es crítico:
Aquí ocurre una división celular activa del cambium – los tejidos responsables del engrosamiento de la raíz. Si las células no reciben suficiente agua, se vuelven ásperas y se lignifican. Después ya no es posible recuperar la jugosidad normal. Además, la sequía en esta fase provoca la formación prematura de tallos florales («espigado») – la planta «decide» que las condiciones son malas y se apresura a dar semillas en lugar de engrosar el tubérculo (Karataev, Sovetkina, 1984).
Recomendaciones de régimen:
La humedad del suelo debe mantenerse en 70‑80% de CC, de manera uniforme, sin fluctuaciones bruscas. Los riegos se vuelven menos frecuentes pero más abundantes – hasta 300‑400 m³/ha por vez. El intervalo aproximado es de una vez cada 5‑7 días en tiempo moderado y una vez cada 3‑4 días en calor.
2.3. Período de engorde activo del tubérculo (mediados del verano – cosecha)
Esta es la etapa más crítica. El tubérculo gana peso rápidamente, acumula azúcares, materia seca y pigmentos (betanina, que da el color rojo). Es en este momento cuando se forma el tamaño final, la jugosidad y el dulzor de la remolacha.
La remolacha requiere el máximo de humedad – 80‑85% de CC (Kotov, Adritskaya, 2016). Pero aquí surge un peligro: el exceso de agua después de una sequía, o viceversa, el secado brusco después de un riego abundante, provoca el agrietamiento de los tubérculos.
Por qué es crítico:
El tubérculo crece rápidamente; su piel (peridermis) ya casi no se estira, mientras que los tejidos internos continúan expandiéndose. Si de repente hay mucha humedad, las células internas se «hinchan» y la piel no resiste – el tubérculo se agrieta. Estas grietas son puertas de entrada para pudriciones y enfermedades fúngicas; además, hacen que la remolacha no sea apta para el almacenamiento.
Qué hacer:
- Mantener una humedad uniforme – no permitir grandes fluctuaciones.
- Si el tiempo es seco, regar regularmente cada 5‑7 días, sin esperar a que las hojas se marchiten.
- Cuando se esperen lluvias, suspender el riego 3‑5 días antes para que el tubérculo se «acostumbre» a la humedad.
- Suspender completamente el riego 3‑4 semanas antes de la cosecha para que los tubérculos se sequen ligeramente, se dañen menos durante la recolección y acumulen más azúcares (Pantelev, 1986; Sood, Gupta, 2018).
Resumen de los períodos críticos
| Período | Edad de la planta | Humedad óptima del suelo (CC) | Peligro de deficiencia |
|---|---|---|---|
| Germinación | 0‑2 hojas verdaderas | 70‑75% | Muerte de plántulas, fallos en la nascencia |
| Inicio de la formación del tubérculo | 4‑6 hojas | 70‑80% | Tubérculo pequeño y leñoso, espigado |
| Engorde del tubérculo | Desde la formación hasta la cosecha | 80‑85% | Agrietamiento, pulpa áspera, mala conservación |
3. Cuándo es especialmente importante el riego
Incluso dentro de una misma temporada, la necesidad de agua de la remolacha no es constante. Además de las tres etapas críticas descritas, hay situaciones concretas en las que el riego se convierte en un factor decisivo para obtener una cosecha de calidad.
3.1. En tiempo caluroso y seco
Cuando la temperatura del aire supera los +25…+30 °C, la evaporación desde la superficie de las hojas aumenta drásticamente. La remolacha, aunque tolera mejor el calor que otros tubérculos (por ejemplo, el nabo o la colinaba), durante una sequía prolongada detiene su crecimiento y entra en estado de reposo forzado (Karataev, Sovetkina, 1984).
Qué sucede:
Las hojas pierden turgencia (se marchitan), los estomas se cierran, la fotosíntesis se ralentiza. El tubérculo deja de ganar peso y, si el calor dura 2‑3 semanas, los tejidos se vuelven ásperos y acumulan sustancias amargas.
Consejo práctico:
En períodos secos, regar al menos una vez cada 4‑6 días (en suelos ligeros, con más frecuencia). La dosis de riego aumenta a 300‑500 m³/ha (3‑5 cubos por 1 m²). La mejor hora para regar es temprano por la mañana o al atardecer, para que el agua no se evapore instantáneamente ni cause quemaduras en las hojas.
3.2. En suelos arenosos y franco‑arenosos ligeros
Estos suelos retienen mal la humedad – el agua se filtra rápidamente a horizontes inferiores o se evapora. La remolacha en arena requiere riego de 1,5 a 2 veces más frecuente que en suelos francos (Kotov, Adritskaya, 2016).
Indicador:
La capa superior (5‑10 cm) se seca en 1‑2 días incluso sin calor intenso. Las hojas comienzan a enrollarse ligeramente hacia el mediodía.
Qué hacer:
- Regar con dosis pequeñas (150‑200 m³/ha), pero con intervalos de 2‑3 días en calor y 4‑5 días en tiempo moderado.
- Después del riego, escardillar la superficie (o acolchar) para romper los capilares y reducir la evaporación.
- El riego por goteo funciona muy bien – suministra agua directamente a las raíces sin encharcar los entre‑surcos.
3.3. En suelos francos y arcillosos (con exceso de agua)
Aquí el peligro es el opuesto: el agua se estanca, desplaza el aire del suelo y las raíces comienzan a asfixiarse. En estas condiciones, la remolacha detiene su crecimiento, las hojas adquieren un tono azulado‑violáceo y los tubérculos se vuelven acuosos y se conservan mal (Karataev, Sovetkina, 1984).
Indicador:
Después de la lluvia o el riego, el agua no se absorbe durante varias horas y se forman charcos en la superficie.
Qué hacer:
- Reducir la dosis de riego, pero aumentar la frecuencia – por ejemplo, 200 m³/ha cada 5‑7 días en lugar de 400 m³ cada 10 días.
- Asegurar el drenaje o cultivar la remolacha en camellones o caballones para que el exceso de agua escurra hacia los entre‑surcos.
- Durante los períodos lluviosos, suspender completamente el riego hasta que se seque la capa superior.
3.4. Cuando se combina el riego con la fertilización
La remolacha responde muy bien a los fertilizantes minerales, pero sin humedad no funcionan – las raíces no pueden absorber los gránulos secos. Por lo tanto, la fertilización debe combinarse con el riego (Pantelev, 1986).
Técnica práctica:
- Antes de aplicar el fertilizante, humedecer ligeramente el suelo (150‑200 m³/ha).
- Luego esparcir el fertilizante (especialmente nitrógeno y potasio) y realizar inmediatamente un riego con dosis moderada (200‑250 m³/ha) para «arrastrarlo» hasta la zona radicular.
- En tiempo caluroso, en lugar de fertilizantes secos, es mejor usar fertilizantes líquidos (disueltos) aplicados a través del agua de riego (fertiirrigación).
3.5. Después de una pausa prolongada (si se ha omitido el riego)
A veces, por ausencia o falta de tiempo, se omite el riego y el suelo se seca profundamente. En este caso, no se debe dar un riego abundante de inmediato, ya que casi con seguridad provocará el agrietamiento de los tubérculos (Sood, Gupta, 2018).
Algoritmo correcto:
1. Primer riego – moderado (150‑200 m³/ha) – solo para humedecer la capa superior y «despertar» las raíces.
2. Después de 1‑2 días – segundo riego con una dosis mayor (300‑400 m³/ha) para que el agua alcance una profundidad de 30‑40 cm.
3. Luego, volver al régimen normal.
Este enfoque da tiempo a las raíces para adaptarse y se reduce el riesgo de agrietamiento.
3.6. Un mes antes de la cosecha
Como ya se mencionó, suspender completamente el riego 3‑4 semanas antes de la cosecha prevista (Karataev, Sovetkina, 1984; Sood, Gupta, 2018).
Por qué:
- Los tubérculos se vuelven más secos y densos, lo que mejora su conservación.
- Aumenta la concentración de azúcares, ya que la planta deja de diluirlos con agua.
- Disminuye el riesgo de daños mecánicos durante la extracción – los tubérculos secos son menos frágiles.
La excepción – si el otoño es anormalmente caluroso y seco, y el suelo se seca tanto que los tubérculos comienzan a marchitarse. En ese caso, realizar un riego de mantenimiento (no más de 200 m³/ha) 2‑3 semanas antes de la cosecha, pero no más tarde.
Conclusión principal: el riego de la remolacha no es simplemente «echar agua», sino un ajuste fino en función del clima, el suelo y la fase de crecimiento. En el siguiente capítulo veremos cómo determinar la falta de humedad por signos externos, para no tener que adivinar, sino actuar con precisión.
4. Cómo determinar la falta de humedad
El jardinero no necesita instrumentos para saber cuándo regar la remolacha. La propia planta da señales. Lo principal es aprender a leerlas. En este capítulo analizaremos los signos externos de déficit hídrico, los métodos para comprobar el suelo y los errores típicos de evaluación.
4.1. Señales de las hojas
Las hojas de la remolacha son el indicador más sensible del estrés hídrico. Reaccionan a la falta de humedad antes que el tubérculo.
Primeros signos (déficit leve)
- Pérdida de turgencia a mediodía. Las hojas se vuelven blandas, ligeramente caídas, pero se recuperan por la mañana. Es una señal de que hay que regar, pero aún hay tiempo.
- Las hojas se oscurecen y adquieren un tono mate, apagado, en lugar del brillo verde intenso.
Déficit moderado
- Bordes de las hojas enrollados hacia adentro o hacia arriba – la planta intenta reducir la evaporación.
- Crecimiento lento – aparecen hojas nuevas con menos frecuencia y son más pequeñas.
- Las hojas inferiores comienzan a amarillear y secarse – la planta sacrifica las hojas viejas para ahorrar agua para las jóvenes y el tubérculo (Karataev, Sovetkina, 1984).
Déficit severo (crítico)
- Las hojas se marchitan y no se recuperan ni siquiera por la noche.
- Los bordes de las hojas se vuelven marrones, aparecen manchas necróticas secas.
- Con sequía prolongada, la planta puede emitir un tallo floral prematuramente («espigado») – un intento de dejar descendencia en condiciones de estrés (Kotov, Adritskaya, 2016).
Importante: no confundir el marchitamiento por falta de agua con el marchitamiento por exceso de calor o enfermedades. Si después del riego la turgencia se recupera en 2‑3 horas, el problema era el agua.
4.2. El estado del suelo – el criterio objetivo principal
Confiar solo en las hojas es arriesgado: también pueden marchitarse por exceso de humedad (cuando las raíces se asfixian). Por lo tanto, el mejor método es comprobar el suelo a la profundidad donde se encuentra la mayor parte de las raíces (15‑30 cm).
Prueba de campo sencilla (con el dedo o la pala)
1. Capa superficial (0‑10 cm) – ¿está seca? Esto es normal a mediados del verano. Lo importante es lo que hay debajo.
2. Capa de 10‑20 cm – apriete un puñado de tierra en el puño:
- Si no se forma un terrón y la tierra se desmorona – la humedad es críticamente baja, se necesita riego urgente.
- Si se forma un terrón pero se desmorona con una presión ligera – la humedad está en el límite inferior del óptimo, es conveniente regar en los próximos 1‑2 días.
- Si el terrón es plástico y deja una mancha húmeda en la palma – la humedad es suficiente, se puede retrasar el riego.
- Si del terrón escurre agua – exceso de humedad, no regar, y si la situación se repite, se necesita drenaje.
3. Capa de 20‑30 cm – aquí debe mantenerse una humedad moderada constante. Si a esta profundidad el suelo está seco y polvoriento, significa que el riego ha sido demasiado superficial y no ha llegado a las raíces.
Prueba con la pala
Cave un hoyo de 20‑25 cm de profundidad en el entre‑surco. Evalúe la humedad del suelo visualmente y al tacto:
- Seca, polvorienta – se necesita riego inmediato.
- Ligeramente húmeda pero no mojada – óptimo.
- Mojada, pegajosa – exceso de riego, suspender el riego.
4.3. Signos indirectos relacionados con el clima
Los jardineros experimentados tienen en cuenta no solo el estado del suelo, sino también las condiciones climáticas:
- Tiempo caluroso y ventoso – la evaporación aumenta bruscamente. Incluso si el suelo aún está húmedo, puede ser necesario regar antes de lo habitual.
- Tiempo nublado y fresco estable – la evaporación disminuye, los intervalos entre riegos pueden alargarse.
- Después de lluvias abundantes – se omite el riego, pero siempre se comprueba la profundidad de empapado – a veces la lluvia moja solo los 5‑7 cm superiores, y el suelo de debajo permanece seco.
4.4. ¿Con qué frecuencia comprobar?
En tiempo caluroso – comprobar el suelo cada 2‑3 días.
En tiempo moderado – una vez cada 5‑7 días.
En período lluvioso – es suficiente una comprobación cada 7‑10 días.
Prestar especial atención durante la fase de engorde del tubérculo (véase el capítulo 2), cuando incluso un déficit breve de humedad puede provocar agrietamiento.
4.5. Error típico: humedecimiento superficial
Muchos jardineros riegan con frecuencia pero en pequeñas cantidades – «rocían» la superficie. Como resultado:
- Las raíces no se desarrollan en profundidad, sino que se quedan en la capa superior.
- Ante la más mínima sequía, la planta sufre porque la capa superior se seca más rápidamente.
- La remolacha forma un tubérculo pequeño y débil.
Regla: es mejor regar con menos frecuencia pero abundantemente que con frecuencia pero superficialmente. Una planta adulta necesita humedad a una profundidad de 25‑40 cm. Para ello, la dosis única debe ser de al menos 300‑400 m³/ha (3‑4 cubos por 1 m²) para que el agua penetre profundamente.
Resumen: sus principales ayudas
| Qué comprobar | Signo de normalidad | Signo de déficit |
|---|---|---|
| Hojas (turgencia) | Firmes, brillantes | Marchitas, opacas, enrolladas |
| Suelo (terrón a 15‑20 cm) | Se forma, no se desmorona | Se desmorona en polvo |
| Profundidad de la capa húmeda | Al menos 20‑25 cm | Solo 5‑10 cm |
| Hora del día | Se recupera por la mañana | El marchitamiento no desaparece ni de noche |
5. Cómo evitar el agrietamiento: el principal problema del riego
El agrietamiento de los tubérculos es el problema más común y frustrante en el cultivo de la remolacha de mesa. Un tubérculo agrietado pierde su aspecto comercial, se conserva mal, se vuelve áspero y pierde jugosidad. En este capítulo analizaremos por qué ocurre y cómo prevenirlo.
5.1. ¿Por qué se agrieta la remolacha?
La causa principal son las fluctuaciones bruscas de la humedad del suelo (Karataev, Sovetkina, 1984; Kotov, Adritskaya, 2016).
El mecanismo es simple:
- Durante el período seco, el crecimiento del tubérculo se ralentiza, su piel (peridermis) se vuelve menos elástica y más densa.
- Después de un riego abundante o una lluvia, las células del interior del tubérculo comienzan a crecer e hincharse rápidamente al absorber agua.
- La piel ya no puede estirarse y el tubérculo se rompe por la presión interna.
Cuanto mayor ha sido el déficit de humedad, más activo será el crecimiento después del riego y mayor el riesgo de rotura. En la literatura, este fenómeno se describe como resultado de un suministro desigual de agua durante la vegetación (Karataev, Sovetkina, 1984).
Factores secundarios:
- Exceso de fertilizantes nitrogenados en la fase de engorde – estimulan un crecimiento demasiado rápido de los tejidos, y la piel no puede seguir el ritmo (Sood, Gupta, 2018).
- Suelos arcillosos pesados – retienen el agua durante mucho tiempo después del riego y luego se secan bruscamente, creando condiciones ideales para el agrietamiento.
- Lluvias tardías de verano después de una sequía prolongada – la causa más frecuente de agrietamiento masivo precisamente durante el engorde del tubérculo (Karataev, Sovetkina, 1984).
5.2. Cómo prevenir el agrietamiento: principios fundamentales
Mantener un régimen de riego uniforme
Lo más importante es no permitir largas interrupciones en el riego durante el crecimiento activo del tubérculo (desde mediados del verano hasta la cosecha).
Régimen práctico:
- Regar regularmente – idealmente una vez cada 5‑7 días en ausencia de lluvias.
- La dosis de riego debe ser suficiente para humedecer el suelo hasta una profundidad de 30‑40 cm (alrededor de 300‑500 m³/ha por riego).
- En tiempo caluroso, acortar el intervalo a 3‑4 días, pero reducir ligeramente la dosis.
No permitir que el suelo se seque
Basarse en el estado del suelo a una profundidad de 20‑30 cm (véase el capítulo 4). Si el suelo allí comienza a desmoronarse, está al límite. Es mejor regar un poco antes que después.
Recuerde: es más seguro mojar ligeramente de más (si hay drenaje) que permitir el secado y posterior riego brusco.
Restablecer el riego gradualmente después de una pausa
Si por alguna razón se ha omitido el riego y el suelo se ha secado:
No hacer esto:
❌ Dar la dosis completa de inmediato (400‑500 m³/ha) – esto casi con seguridad provocará agrietamiento.
Algoritmo correcto:
1. Primer riego – dosis reducida (150‑200 m³/ha) para humedecer ligeramente y «despertar» las raíces.
2. Después de 1‑2 días – segundo riego con la dosis completa (300‑400 m³/ha).
3. Luego, volver al régimen normal (Pantelev, 1986).
Tener en cuenta el pronóstico del tiempo
Si los meteorólogos anuncian lluvias abundantes:
- Suspender el riego 2‑3 días antes de las lluvias para que el suelo tenga tiempo de secarse ligeramente.
- Durante los períodos lluviosos, no regar.
- Después de las lluvias, comprobar la profundidad de empapado: si la humedad ha penetrado 20‑30 cm, se puede retrasar el siguiente riego.
Importante: especialmente peligrosos son los aguaceros de verano después de una sequía prolongada – son los que más frecuentemente causan agrietamiento masivo. Si sabe que se acercan lluvias, es mejor humedecer ligeramente el suelo 1‑2 días antes para que el cambio no sea tan brusco.
Elegir bien la parcela
- Evitar terrenos con suelos arcillosos pesados propensos al agrietamiento por fluctuaciones de humedad (Kotov, Adritskaya, 2016).
- En estos suelos, es mejor cultivar la remolacha en camellones o caballones – se secan más rápido y no retienen agua.
- Si es posible, utilizar riego por goteo – proporciona el humedecimiento más uniforme y las menores variaciones de humedad.
No abusar del nitrógeno
El exceso de nitrógeno durante la formación del tubérculo provoca un crecimiento demasiado rápido de los tejidos, que no tienen tiempo de «lignificarse», y la piel se vuelve fina y vulnerable (Sood, Gupta, 2018).
Recomendación: aplicar la mayor parte del nitrógeno al comienzo del crecimiento (antes del cierre de las filas), y durante el engorde del tubérculo reducir la proporción de fertilizantes nitrogenados y aumentar la nutrición potásica y fosforada.
5.3. Qué hacer con los tubérculos ya agrietados
Si el agrietamiento ya se ha producido:
1. No guardar estos tubérculos para almacenamiento prolongado – a través de las grietas entran patógenos de podredumbre y se estropean rápidamente (Pantelev, 1986).
2. Utilizarlos primero – para procesamiento, cocción, congelación o conservas.
3. Si las grietas son pequeñas, el tubérculo se puede consumir en los próximos días, pero no almacenar.
Resumen: cómo evitar el agrietamiento – «reglas de oro»
| Regla | Por qué funciona |
|---|---|
| Regar regularmente, sin largas interrupciones | La piel mantiene su elasticidad, el crecimiento es uniforme |
| Restablecer el riego gradualmente después de una sequía | Se evita un salto brusco de presión interna |
| Tener en cuenta el pronóstico de lluvias y ajustar el riego con antelación | Se reduce la brusquedad de los cambios de humedad |
| Utilizar riego por goteo o riego por surcos | Humedecimiento más uniforme sin encharcamientos |
| No aplicar exceso de nitrógeno durante el engorde del tubérculo | La piel se vuelve más resistente, los tejidos maduran gradualmente |
6. Errores en el riego: lo que no se debe hacer
Incluso conociendo todas las reglas, es fácil cometer un error en la práctica. Algunos parecen insignificantes, pero provocan pérdidas de cosecha, deterioro del sabor o la muerte total de las plantas. En este capítulo analizaremos los errores más comunes al regar la remolacha de mesa y cómo evitarlos.
6.1. Riego superficial en lugar de profundo
Es el error más extendido. Los jardineros riegan con frecuencia (cada 1‑2 días) pero en poca cantidad – mojando solo los 5‑10 cm superiores del suelo. Como resultado:
- Las raíces no se desarrollan en profundidad, sino que permanecen en la capa superficial.
- Ante la más mínima sequía, la planta sufre porque la capa superior se seca rápidamente.
- El tubérculo se forma pequeño, deformado, con pulpa áspera (Karataev, Sovetkina, 1984).
Cómo evitarlo: regar menos frecuentemente pero más abundantemente. La remolacha adulta necesita humedad a una profundidad de 25‑40 cm. La dosis única – al menos 300‑400 m³/ha (3‑4 cubos por 1 m²). Comprobar la profundidad de empapado con una pala.
6.2. Riego abundante después de una sequía prolongada
Ya lo hemos mencionado en el capítulo sobre el agrietamiento, pero es tan común que lo repetimos aparte. Queriendo «compensar» los riegos omitidos, los jardineros dan una gran cantidad de agua de una vez. El resultado – agrietamiento masivo de los tubérculos (Sood, Gupta, 2018).
Cómo evitarlo: después de una pausa, reanudar el riego en dos pasos – primero una dosis pequeña (150‑200 m³/ha), y después de 1‑2 días la dosis completa.
6.3. Riego en las horas más calurosas del día
Regar al mediodía, cuando el sol está en su cenit, provoca:
- Una parte significativa del agua se evapora sin llegar a las raíces.
- Las gotas de agua sobre las hojas actúan como lentes y pueden causar quemaduras en el limbo foliar.
- El cambio brusco de temperatura (agua fría + suelo caliente) provoca estrés en las raíces y el crecimiento se detiene temporalmente (Pantelev, 1986).
Cómo evitarlo: regar temprano por la mañana (antes de las 8‑9 a.m.) o por la tarde (después de las 5‑6 p.m.). En estos casos, el agua se absorbe completamente y las plantas tienen tiempo de «beber» antes del calor o refrescarse durante la noche.
6.4. Exceso de riego y encharcamiento
En suelos arcillosos pesados o con riegos demasiado frecuentes y abundantes, el agua se estanca en la capa superior, desplazando el aire. Las raíces se «asfixian» por falta de oxígeno y se desarrollan podredumbres. Las hojas se vuelven verde pálido o amarillentas y el crecimiento se detiene (Kotov, Adritskaya, 2016).
Signos de encharcamiento:
- Aparición de algas verdes o musgo en la superficie del suelo.
- El agua no se absorbe durante varias horas.
- Las plantas parecen deprimidas aunque el suelo esté húmedo.
Cómo evitarlo:
- En suelos pesados, cultivar la remolacha en camellones o caballones para que el agua escurra hacia los entre‑surcos.
- Reducir la dosis de riego, pero mantener la frecuencia (por ejemplo, 200 m³/ha en lugar de 400 m³).
- Durante lluvias prolongadas, suspender el riego hasta que se seque la capa superior.
6.5. Riego con agua fría de pozo o aljibe
El agua de capas profundas tiene una temperatura de +8…+12 °C, mientras que la temperatura óptima del suelo para la remolacha es de +18…+22 °C (Sood, Gupta, 2018). El agua fría provoca un shock en las raíces: dejan de absorber agua y nutrientes, y el crecimiento se ralentiza.
Cómo evitarlo: si usa un pozo o aljibe, llene recipientes (barriles, depósitos) y deje que el agua se caliente al sol durante el día. La temperatura del agua de riego debe ser cercana a la del suelo – no inferior a +15…+18 °C.
6.6. Riego por aspersión durante la floración o con alta humedad
En algunas regiones (especialmente en el centro de Rusia) se utiliza a menudo el riego por aspersión. Sin embargo, si el aire ya está húmedo (nieblas, rocío) y las temperaturas son moderadas, el exceso de humedad en las hojas crea condiciones para el desarrollo de mildiu velloso (peronosporosis) y otras enfermedades fúngicas (Karataev, Sovetkina, 1984; Kotov, Adritskaya, 2016).
Cómo evitarlo:
- En tiempo nublado y húmedo, utilizar el riego por surcos (entre las filas) en lugar de aspersión.
- Si utiliza aspersión, hágalo en la primera mitad del día para que las hojas se sequen por la noche.
6.7. Suspender el riego demasiado pronto o demasiado tarde
Suspender demasiado pronto (por ejemplo, 6‑8 semanas antes de la cosecha) provoca que el tubérculo no gane peso y se vuelva áspero y duro.
Suspender demasiado tarde (hasta la cosecha) hace que los tubérculos sean acuosos, reduce el contenido de azúcares y perjudica la conservación (Pantelev, 1986).
Momento óptimo: suspender el riego 3‑4 semanas antes de la cosecha. Es una práctica agronómica estándar aprobada en los libros de texto de horticultura (Karataev, Sovetkina, 1984; Sood, Gupta, 2018). En otoños calurosos y secos, se permite un riego de mantenimiento 2 semanas antes de la cosecha, pero no más tarde.
6.8. Riego sin tener en cuenta el tipo de suelo
Muchos jardineros aplican el mismo esquema de riego para todos los suelos. Es un error:
- En arenas y francos arenosos, el riego debe ser más frecuente pero con dosis menores (el agua se filtra rápidamente).
- En francos y arcillas, menos frecuente pero más abundante (el agua se retiene más tiempo).
Cómo evitarlo: véase el capítulo 3, donde se describe detalladamente la táctica de riego para diferentes suelos.
Resumen: principales errores y cómo evitarlos
| Error | Consecuencia | Cómo hacerlo correctamente |
|---|---|---|
| Riego superficial | Tubérculos pequeños y ásperos | Regar hasta una profundidad de 30‑40 cm |
| Riego abundante después de sequía | Agrietamiento | Reanudar gradualmente en 2 pasos |
| Riego en horas de calor | Evaporación, quemaduras, estrés | Regar por la mañana o al atardecer |
| Exceso de riego | Pudrición de raíces | En suelos pesados – camellones, reducir dosis |
| Riego con agua fría | Shock, parada del crecimiento | Calentar el agua a +15…+18 °C |
| Aspersión tardía | Enfermedades fúngicas | Riego por surcos o por la mañana |
| Suspender el riego demasiado pronto | Tubérculo pequeño y áspero | Suspender 3‑4 semanas antes de la cosecha |
| Mismo régimen para todos los suelos | Pérdida de agua o encharcamiento | Ajustar según el tipo de suelo |
Conclusión
El riego de la remolacha de mesa no es simplemente «echar agua», sino un sistema bien pensado que tiene en cuenta la fase de crecimiento de la planta, el clima, el tipo de suelo e incluso la temperatura del agua. Dominando estos principios, podrá obtener tubérculos uniformes, jugosos y dulces, sin grietas, que se conservarán durante mucho tiempo y le brindarán satisfacción a usted y a su familia.
Recuerde las tres reglas principales:
1. Regularidad – no permita largas interrupciones en el riego, especialmente a mediados del verano.
2. Profundidad – el agua debe llegar a las raíces a 25‑40 cm.
3. Gradualidad – no dé cambios bruscos de humedad, especialmente después de una sequía y antes de las lluvias.
Siga estas recomendaciones y su remolacha le agradecerá con una cosecha abundante.
Referencias
- Sood, S., Gupta, N. (2017). ‘Beetroot’, in Rana, M.K. (ed.) Vegetable Crops Science. : CRC Press, 247-260.
- Каратаев, Е.С., Советкина, В.Е. (1984). ‘Столовые корнеплоды [Table root vegetables]’, in Овощеводство [Vegetable growing]. Москва: Колос, pp. 141-171.
- Котов, В.П., Адрицкая, Н.А. (2016). ‘Технологии возделывания овощных культур [Vegetable cultivation technologies]’, in Овощеводство [Vegetable growing]. Санкт-Петербург: Лань, pp. 153-361.
- Пантиелев, Я.Х. (1986). ‘Особенности агротехники овощных культур [Features of agricultural technology of vegetable crops]’, in Сезонные работы в овощеводстве [Seasonal work in vegetable growing]. Москва: Агропромиздат, 159-232.