Árbol evolutivo de las plantas

Actualizado: 19 Septiembre 2026

1. Del agua a la tierra: la mayor transición en la historia de la vida

Hoy examinaremos el primer y, quizá, el acontecimiento más fundamental en la historia de la vida vegetal: la salida de las plantas del agua a la tierra. Esta transición suele denominarse «la mayor transición» en la historia de la vida, y no por casualidad: creó las condiciones previas para la aparición de todos los ecosistemas terrestres modernos, incluidos los agrocenosis.

1.1. Posición de las plantas en el sistema de la naturaleza viva

Antes de hablar de la transición a la tierra, es necesario definir con claridad de qué organismos se trata. La biología moderna distingue varios reinos de la naturaleza viva. Según las concepciones actuales, las plantas son un reino aparte (Plantae), caracterizado por nutrición autótrofa basada en la fotosíntesis oxigénica, presencia de una pared celular rígida y un modo de vida fijo (Serebryakova et al., 2006; Yakovlev et al., 2006).

Es importante comprender que, históricamente, los botánicos estudiaron no solo las plantas en sentido estricto, sino también los hongos y las bacterias. Sin embargo, la sistemática moderna delimita claramente estos grupos. Hongos — organismos heterótrofos que almacenan glucógeno, no almidón, y que tienen quitina en la pared celular (Yakovlev et al., 2006). Las bacterias son procariotas, carentes de núcleo diferenciado. Las plantas, en cambio, son eucariotas que realizan fotosíntesis oxigénica con liberación de oxígeno (Serebryakova et al., 2006).

Para nuestros fines, es importante subrayar que las plantas son un grupo monofilético, es decir, proceden de un antepasado común. Ese antepasado era un organismo acuático, y fue precisamente desde el medio acuático desde donde las plantas iniciaron su camino hacia la tierra.

1.2. Problemas del medio terrestre

La salida a la tierra no es un simple cambio de escenario. El medio terrestre difiere radicalmente del acuático en toda una serie de parámetros, y cada uno de ellos representa un serio desafío para el organismo (Yakovlev et al., 2006; Raven et al., 2007).

Desecación. En el agua, el organismo está rodeado de líquido que está constantemente disponible. En tierra, el agua puede estar disponible solo periódicamente o encontrarse en el suelo, pero no alrededor de todo el cuerpo. La evaporación desde la superficie del cuerpo se convierte en un problema grave. Como consecuencia, surge la necesidad de cubiertas protectoras: una cutícula que limite la pérdida de agua (Raven et al., 2007).

Gravedad. En el agua, la fuerza de la gravedad se compensa en gran medida por la fuerza de flotación. En tierra, el organismo necesita soporte mecánico para resistir la gravedad. Esto conduce a la necesidad de desarrollar tejidos de sostén y, en última instancia, a la aparición de un sistema vascular (Serebryakova et al., 2006).

Radiación ultravioleta. En el agua, la radiación UV se absorbe parcialmente. En tierra, el organismo queda expuesto a los rayos UV directos, que dañan el ADN y las proteínas. Esto exige el desarrollo de pigmentos protectores y, posiblemente, la capacidad de reparar daños (Raven et al., 2007).

Intercambio gaseoso. En el agua, el CO2 y el O2 están disueltos y disponibles a través de la superficie del cuerpo. En tierra, el intercambio gaseoso se dificulta, ya que el CO2 se encuentra en la atmósfera en baja concentración y el vapor de agua se pierde durante el intercambio gaseoso. Esto crea un dilema: ¿cómo obtener suficiente CO2 sin perder demasiada agua? La solución son los estomas, poros regulados (Raven et al., 2007).

Reproducción. En el agua, los espermatozoides pueden nadar hasta el óvulo. En tierra, para ello se requiere agua o bien inventar nuevas formas de transportar los gametos. Este es uno de los problemas clave que se resolverán a lo largo de toda la evolución de las plantas (Yakovlev et al., 2006).

1.3. Preadaptaciones en las algas verdes

La pregunta clave es: ¿de quién proceden las plantas terrestres? La filogenia molecular moderna da una respuesta inequívoca: los parientes más cercanos de las plantas terrestres son un grupo de algas verdes conocido como estreptofitas (Streptophyta), y en especial las carófitas (Charophyceae) (Judd et al., 2018; Becker et al., 2025).

Las estreptofitas son un clado que incluye tanto formas acuáticas como plantas terrestres. Dentro de las estreptofitas se distinguen varios grupos: Mesostigma, Chlorokybus, Klebsormidiales, Charales, Coleochaetales y Zygnematales. Según los datos actuales, los parientes más cercanos de las plantas terrestres son Charales y Coleochaetales, o bien Zygnematales (Judd et al., 2018; Becker et al., 2025).

¿Por qué precisamente estas algas pudieron dar origen a las plantas terrestres? La razón es que ya poseían preadaptaciones: rasgos que en el medio acuático cumplían unas funciones, pero que en tierra resultaron útiles para tareas completamente distintas (Raven et al., 2007; Ligrone et al., 2012).

División celular con fragmoplasto. En las carófitas, a diferencia de la mayoría de las demás algas verdes, la división celular ocurre con formación de un fragmoplasto, una estructura que dirige la formación de la placa celular entre las células hijas. Esto conduce a la formación de plasmodesmos: puentes citoplasmáticos entre células. Los plasmodesmos garantizan el transporte y la comunicación intercelular, lo cual es críticamente importante para los organismos multicelulares (Ligrone et al., 2012).

Crecimiento apical. En Charales y Coleochaetales, el crecimiento ocurre por división de la célula apical. Esto crea la base para la formación de un cuerpo complejo con tejidos diferenciados (Judd et al., 2018).

Retención del cigoto en el organismo materno. En Charales y Coleochaetales, el cigoto no abandona inmediatamente el organismo materno, sino que permanece en él cierto tiempo recibiendo nutrientes. Este es el rudimento del desarrollo embrionario, característico de todas las plantas terrestres (Renzaglia et al., 2000).

Presencia de cutina y compuestos fenólicos. Algunas carófitas son capaces de sintetizar sustancias relacionadas con la cutina, componente de la cutícula. Esto puede ser una preadaptación a la protección contra la desecación (Ligrone et al., 2012).

Resistencia a los rayos UV. En las carófitas se han descubierto mecanismos de protección contra la radiación UV, incluida la síntesis de compuestos fenólicos (Raven et al., 2007).

1.4. Dirección de la evolución: del dominio haploide al diploide

Uno de los acontecimientos clave durante la transición a la tierra fue el cambio del ciclo vital. En todas las plantas terrestres modernas se observa alternancia de generaciones: un gametofito haploide y un esporofito diploide. Sin embargo, la proporción entre estas generaciones difiere radicalmente entre los distintos grupos.

En las carófitas (y en la mayoría de las algas), el ciclo vital es haploide: la única célula diploide es el cigoto, que inmediatamente sufre meiosis. En las plantas terrestres aparece un esporofito diploide multicelular. Esto fue posible gracias a un retraso de la meiosis y a la inserción de divisiones mitóticas después de la formación del cigoto (Bennici, 2008; Ligrone et al., 2012).

Existen dos teorías principales sobre el origen de la alternancia de generaciones:

1. Teoría antitética (de interpolación): el esporofito surgió como una nueva etapa insertada en el ciclo vital haploide mediante un retraso de la meiosis (Bower, 1890, citado en Bennici, 2008).

2. Teoría homóloga (de transformación): la alternancia de generaciones ya existía en los antepasados, pero ambas generaciones eran isomorfas (Bennici, 2008).

Los datos modernos, incluidos los hallazgos paleobotánicos, apoyan la teoría antitética: en las plantas terrestres primitivas (por ejemplo, en los riniófitos) el gametofito y el esporofito eran relativamente similares en tamaño, pero posteriormente la evolución siguió el camino del aumento del esporofito y la reducción del gametofito (Bennici, 2008; Ligrone et al., 2012).

1.5. Importancia de la transición a la tierra para la evolución y la agricultura

La salida de las plantas a la tierra tuvo consecuencias colosales. En primer lugar, condujo a la formación de ecosistemas terrestres, que se convirtieron en la base de toda la biosfera moderna. En segundo lugar, creó las condiciones previas para la aparición de toda la diversidad de plantas terrestres, desde los musgos hasta las angiospermas (Judd et al., 2018).

¿Pero qué relación tiene esto con la agricultura? La más directa. Todas las plantas cultivadas son plantas terrestres. Su historia evolutiva es la historia de las adaptaciones al medio terrestre. Comprender estas adaptaciones nos permite:

  • Entender por qué las plantas necesitan determinadas condiciones (agua, nutrición mineral, intercambio gaseoso).
  • Identificar rasgos que fueron seleccionados por el ser humano durante la domesticación (por ejemplo, semillas grandes, frutos que no se abren).
  • Utilizar principios evolutivos para el mejoramiento (hibridación, poliploidía, selección).

Así, la transición a la tierra no es solo un acontecimiento abstracto de la antigüedad. Es el fundamento sobre el que se sostiene toda la producción vegetal moderna. Y comprender ese fundamento es necesario para el sistemático y el especialista en la agroesfera.

Conclusión

Hemos examinado la primera y más importante etapa de la evolución de las plantas: la transición del agua a la tierra. Vimos que esta transición fue posible gracias a preadaptaciones que se formaron en las algas carófitas: fragmoplasto y plasmodesmos, crecimiento apical, retención del cigoto, cubiertas protectoras. También discutimos los problemas clave del medio terrestre —desecación, gravedad, UV, intercambio gaseoso y reproducción— y cómo se resolvieron a lo largo de la evolución.

2. Las primeras plantas terrestres: los musgos y sus parientes

En el capítulo anterior examinamos la mayor transición en la historia de la vida: la salida de las plantas del agua a la tierra. Descubrimos que esta transición fue posible gracias a preadaptaciones formadas en las algas carófitas, y que el problema clave del medio terrestre fue la necesidad de resolver las tareas de suministro de agua, intercambio gaseoso, soporte mecánico y reproducción en condiciones de desecación periódica.

Hoy examinaremos el primer grupo de plantas terrestres: los briófitos (Bryophyta sensu lato). Fueron ellos los primeros en colonizar la tierra y aún conservan muchos rasgos característicos de las etapas más tempranas de la evolución de la flora terrestre. Conoceremos los tres grupos modernos de briófitos —hepáticas, musgos y antocerotas—, discutiremos sus rasgos clave, su papel ecológico y su importancia para la sistemática y la agroesfera.

2.1. Los briófitos como grupo parafilético

Ante todo, es necesario hacer una precisión importante. Tradicionalmente, los briófitos se consideraban un único grupo: la división Bryophyta. Sin embargo, los estudios filogenéticos moleculares modernos han demostrado que los briófitos son un grupo parafilético, es decir, un grado de ramificaciones sucesivas, y no un clado (Judd et al., 2018; Shaw et al., 2011; Renzaglia et al., 2000).

Esto significa que los tres grupos de briófitos —hepáticas (Marchantiophyta), musgos (Bryophyta) y antocerotas (Anthocerotophyta)— divergieron de un antepasado común de manera sucesiva, y algunos de ellos están más cerca de las plantas vasculares que entre sí. Según los datos actuales, las hepáticas son el grupo que se separó más tempranamente, luego los musgos, y las antocerotas son el grupo hermano de las plantas vasculares (Renzaglia et al., 2000; Shaw et al., 2011; Ligrone et al., 2012).

Esto es importante comprenderlo para la sistemática: cuando hablamos de «musgos» en sentido amplio, nos referimos a un grado de desarrollo evolutivo, no a un grupo natural. Al mismo tiempo, cada uno de los tres grupos —hepáticas, musgos y antocerotas— es monofilético, es decir, procede de un antepasado común e incluye a todos sus descendientes (Judd et al., 2018).

No obstante, los tres grupos poseen una serie de rasgos comunes que los distinguen de las plantas vasculares. Estos rasgos reflejan su posición en las etapas tempranas de la evolución de la flora terrestre y su estrategia ecológica.

2.2. Rasgos clave de los briófitos

Los briófitos conservan una serie de rasgos característicos de las primeras plantas terrestres. Veámoslos con más detalle.

Dominio del gametofito

Quizá el rasgo más fundamental de los briófitos sea el dominio del gametofito haploide en el ciclo vital. En todas las plantas vasculares, desde los licófitos hasta las angiospermas, domina el esporofito diploide, mientras que el gametofito está reducido. En los briófitos ocurre lo contrario: lo que solemos llamar «musgo» o «hepática» es el gametofito, es decir, la generación haploide (Mauseth, 2016; Goffinet & Buck, 2013).

El esporofito de los briófitos es una formación pequeña, generalmente efímera, que permanece unida al gametofito y depende de él para su nutrición. En los musgos, el esporofito consta de un pedicelo (seta) y una cápsula; en las hepáticas, de un pedicelo y una cápsula; y en las antocerotas, de una cápsula alargada que crece desde la base (Goffinet & Buck, 2013; Mauseth, 2016).

Este dominio del gametofito refleja una etapa antigua de la evolución de las plantas terrestres. En las primeras plantas terrestres, probablemente ambas generaciones eran relativamente similares en tamaño, pero posteriormente la evolución siguió el camino del aumento del esporofito y la reducción del gametofito. Los briófitos conservaron el dominio del gametofito, lo que limita su tamaño y sus posibilidades ecológicas (Ligrone et al., 2012).

Ausencia de vasos verdaderos

El segundo rasgo clave de los briófitos es la ausencia de un sistema vascular verdadero. Carecen de xilema y floema, como los de las plantas vasculares. En su lugar, algunos musgos (por ejemplo, los politricáceos) tienen células especializadas: hidroides (para conducir agua) y leptoides (para conducir sustancias orgánicas). Sin embargo, estas células no tienen paredes secundarias lignificadas y no son homólogas de las traqueidas y células cribosas de las plantas vasculares (Ligrone et al., 2012; Mauseth, 2016).

La ausencia de un sistema vascular verdadero significa que los briófitos no pueden transportar agua eficazmente a grandes distancias. Esto limita su tamaño: la mayoría de los briófitos son plantas pequeñas, normalmente de no más de unos centímetros de altura, aunque algunas especies pueden alcanzar 50 cm o más (Mauseth, 2016; Goffinet & Buck, 2013).

El transporte de agua en los briófitos ocurre principalmente por movimiento capilar a lo largo de la superficie externa de la planta, así como por ósmosis y difusión entre células. Esto es posible porque los briófitos crecen en condiciones de alta humedad o humectación periódica (Mauseth, 2016).

Dependencia del agua para la reproducción

El tercer rasgo clave es la dependencia de la reproducción sexual respecto del agua. En los briófitos, como en todas las plantas con esporas, los gametos masculinos —espermatozoides— son móviles y tienen flagelos. Para alcanzar el óvulo, deben nadar en agua líquida. Esto significa que la reproducción sexual de los briófitos solo es posible en condiciones de suficiente humedad (Mauseth, 2016; Goffinet & Buck, 2013).

Los briófitos tienen estructuras especiales para la reproducción sexual: anteridios (órganos masculinos) y arquegonios (órganos femeninos). Los anteridios producen espermatozoides; los arquegonios contienen el óvulo. La fecundación ocurre dentro del arquegonio, tras lo cual se forma un cigoto que se desarrolla en esporofito (Goffinet & Buck, 2013).

Esta dependencia del agua para la reproducción es una de las razones por las que los briófitos no pudieron convertirse en un grupo dominante de plantas terrestres y por las que no se convirtieron en la base de la agricultura. Las plantas agrícolas deben ser independientes del agua para la reproducción, de modo que puedan cultivarse en condiciones controladas (Yakovlev et al., 2006).

Ausencia de raíces verdaderas

El cuarto rasgo es la ausencia de raíces verdaderas. Los briófitos tienen rizoides: estructuras filamentosas delgadas que fijan la planta al sustrato y participan en cierta medida en la absorción de agua y minerales. Sin embargo, los rizoides no son homólogos de las raíces de las plantas vasculares: no tienen tejidos conductores y no son capaces de absorber agua activamente a grandes distancias (Mauseth, 2016; Goffinet & Buck, 2013).

La ausencia de raíces verdaderas significa que los briófitos no pueden extraer agua eficazmente de las capas profundas del suelo. Dependen de la humedad superficial y de la humedad atmosférica. Esto limita su distribución en hábitats áridos, aunque algunas especies pueden soportar largos períodos de desecación entrando en estado de anabiosis (Mauseth, 2016).

2.3. Tres grupos de briófitos

Veamos ahora con más detalle cada uno de los tres grupos de briófitos.

Hepáticas (Marchantiophyta)

Las hepáticas son el grupo de briófitos que se separó más tempranamente. Cuentan con unas 6.000–9.000 especies y están distribuidas por todo el mundo, pero alcanzan su mayor diversidad en los trópicos (Goffinet & Buck, 2013; Judd et al., 2018).

Morfológicamente, las hepáticas se dividen en dos grupos principales: talosas y foliosas. Las hepáticas talosas tienen un cuerpo en forma de cinta o lámina plana, a menudo con cámaras de aire y poros en la superficie superior. Las hepáticas foliosas tienen un tallo con hojas, que generalmente se disponen en tres filas: dos filas de hojas laterales y una fila de hojas inferiores (anfigastrias) (Goffinet & Buck, 2013).

Un rasgo característico de las hepáticas es la presencia de cuerpos oleosos en las células. Son organelas membranosas que contienen terpenoides y otros metabolitos secundarios. Los cuerpos oleosos son un rasgo exclusivo de las hepáticas, que no se encuentra en otras plantas (Goffinet & Buck, 2013).

El esporofito de las hepáticas suele constar de un pedicelo y una cápsula. La cápsula se abre por fisuras longitudinales (normalmente en cuatro valvas) y, además de esporas, contiene eláteres: células especializadas con engrosamientos espirales que ayudan a dispersar las esporas (Goffinet & Buck, 2013; Mauseth, 2016).

Las hepáticas desempeñan un papel importante en los ecosistemas, especialmente en los bosques tropicales, donde son epífitas. Algunas especies se utilizan en medicina, por ejemplo, Marchantia polymorpha como planta medicinal (Yakovlev et al., 2006).

Musgos (Bryophyta)

Los musgos son el grupo más numeroso de briófitos, con unas 12.000–13.000 especies. Están distribuidos por todo el mundo y desempeñan un papel importante en la cubierta vegetal, especialmente en las regiones templadas y frías (Goffinet & Buck, 2013; Mauseth, 2016).

Los musgos son plantas foliosas. Su gametofito consta de un tallo (caulidio) y hojas (filidios). Las hojas de los musgos suelen tener un nervio (costa) y pueden ser uniestratificadas o multiestratificadas. El tallo de los musgos a menudo tiene células especializadas para conducir agua y nutrientes —hidroides y leptoides—, pero, como ya se señaló, no son vasos verdaderos (Goffinet & Buck, 2013; Mauseth, 2016).

El esporofito de los musgos consta de un pedicelo y una cápsula. La cápsula suele tener un opérculo (tapa), que se desprende cuando las esporas maduran, y un peristoma: estructuras especializadas que regulan la dispersión de las esporas en función de la humedad. El peristoma es un rasgo exclusivo de los musgos, que no se encuentra en otras plantas (Goffinet & Buck, 2013; Shaw et al., 2011).

Los musgos tienen una gran importancia ecológica. Participan en la formación del suelo, regulan el balance hídrico y sirven de refugio para pequeños animales. Son especialmente importantes los musgos esfagnos (Sphagnum), que forman turberas. La turba es un valioso recurso mineral utilizado como combustible, fertilizante y materia prima para la industria química (Yakovlev et al., 2006; Mauseth, 2016).

Antocerotas (Anthocerotophyta)

Las antocerotas son un grupo pequeño, con unas 100–200 especies. Se distribuyen principalmente en los trópicos y subtrópicos, pero también se encuentran en regiones templadas (Goffinet & Buck, 2013; Shaw et al., 2011).

Las antocerotas son plantas talosas. Su cuerpo es una roseta o cinta plana, a menudo con cámaras de aire y poros mucilaginosos, a través de los cuales se secreta mucílago. Las células de las antocerotas suelen tener un cloroplasto grande con un pirenoide, una estructura característica de las algas pero ausente en otras plantas terrestres (Goffinet & Buck, 2013; Renzaglia et al., 2000).

El esporofito de las antocerotas es único: tiene un meristemo basal, que asegura el crecimiento ilimitado de la cápsula. La cápsula se abre por dos valvas y las esporas se dispersan gradualmente. El esporofito de las antocerotas es capaz de realizar fotosíntesis y es en gran medida independiente del gametofito (Goffinet & Buck, 2013; Mauseth, 2016).

Las antocerotas tienen una importancia considerable para la sistemática: son el grupo hermano de las plantas vasculares. Esto significa que estudiar las antocerotas ayuda a comprender qué rasgos eran característicos del antepasado común de todas las plantas terrestres (Renzaglia et al., 2000; Ligrone et al., 2012).

2.4. Importancia moderna de los briófitos

Aunque los briófitos no se convirtieron en la base de la agricultura, desempeñan un papel importante en los ecosistemas modernos y tienen importancia práctica.

Indicadores ambientales. Los briófitos son muy sensibles a la contaminación del aire y a los cambios de humedad. Su composición de especies puede utilizarse para evaluar el estado del medio ambiente. Por ejemplo, la desaparición de algunas especies de musgos puede indicar contaminación del aire por dióxido de azufre (Yakovlev et al., 2006).

Turba. Los musgos esfagnos forman turberas, que son ecosistemas importantes. La turba se utiliza como combustible, fertilizante y materia prima para la industria química. Además, las turberas desempeñan un papel importante en el ciclo global del carbono, acumulando carbono (Mauseth, 2016; Yakovlev et al., 2006).

Plantas ornamentales. Algunos musgos y hepáticas se utilizan en jardinería ornamental, especialmente en paisajismo y en la creación de «jardines de musgo». También se utilizan en acuarística (Yakovlev et al., 2006).

Plantas medicinales. Algunos briófitos se utilizan en la medicina popular. Por ejemplo, Marchantia polymorpha se emplea como planta medicinal, y Sphagnum como antiséptico (Yakovlev et al., 2006).

Importancia científica. Los briófitos son un objeto importante para el estudio de la evolución de las plantas terrestres. Conservan muchos rasgos arcaicos y permiten comprender cómo ocurrió la transición de los antepasados acuáticos a las plantas terrestres (Renzaglia et al., 2000; Ligrone et al., 2012).

2.5. Por qué los musgos no se convirtieron en la base de la agricultura

Ahora respondamos a una pregunta importante: ¿por qué los briófitos, siendo las primeras plantas terrestres, no se convirtieron en la base de la agricultura?

Hay varias razones. En primer lugar, la ausencia de un sistema vascular verdadero limita el tamaño de los briófitos. No pueden alcanzar grandes tamaños como las plantas vasculares y, por tanto, no pueden producir grandes cantidades de biomasa apta para la alimentación humana (Mauseth, 2016).

En segundo lugar, la dependencia del agua para la reproducción hace que los briófitos sean vulnerables a los cambios de humedad. Las plantas agrícolas deben ser independientes del agua para la reproducción, de modo que puedan cultivarse en condiciones controladas (Yakovlev et al., 2006).

En tercer lugar, la ausencia de raíces verdaderas limita la capacidad de los briófitos para extraer agua y minerales del suelo. Esto los hace menos productivos que las plantas vasculares (Mauseth, 2016).

En cuarto lugar, el dominio del gametofito significa que los briófitos no pueden utilizar eficazmente la generación diploide para acumular biomasa. En las plantas vasculares, es precisamente el esporofito la generación dominante y la que produce la mayor parte de la biomasa (Ligrone et al., 2012).

Finalmente, la ausencia de semillas significa que los briófitos no pueden formar órganos de reserva que puedan almacenarse y transportarse. Las semillas son un invento clave que hizo posible la agricultura (Yakovlev et al., 2006).

Así, los briófitos son una etapa importante en la evolución de las plantas terrestres, pero sus limitaciones evolutivas no les permitieron convertirse en la base de la agricultura. Ese papel recayó en las plantas vasculares, que examinaremos en la próxima lección.

3. Aparición de las plantas vasculares: la revolución de la conductividad

En la lección anterior examinamos las primeras plantas terrestres: los briófitos. Descubrimos que sus limitaciones evolutivas —ausencia de un sistema vascular verdadero, dominio del gametofito, dependencia del agua para la reproducción— no les permitieron convertirse en el grupo dominante de la flora terrestre ni en la base de la agricultura.

Hoy examinaremos la siguiente etapa cualitativamente nueva de la evolución de las plantas: la aparición de las plantas vasculares (Tracheophyta). Este acontecimiento suele denominarse «revolución de la conductividad», y no por casualidad: fue precisamente el sistema vascular el que permitió a las plantas alcanzar grandes tamaños, transportar eficazmente agua y nutrientes y, en última instancia, formar los primeros bosques verdaderos. Conoceremos las innovaciones clave de las plantas vasculares, examinaremos sus grupos más antiguos —riniófitos, licófitos, equisetos y helechos— y discutiremos cómo estos acontecimientos crearon las condiciones previas para la evolución posterior y, en última instancia, para el surgimiento de la agricultura.

3.1. ¿Qué son las plantas vasculares?

Las plantas vasculares (Tracheophyta) son un clado que incluye todas las plantas terrestres modernas excepto los briófitos. A ellas pertenecen los licófitos, los equisetos, los helechos, las gimnospermas y las angiospermas (Judd et al., 2018; Raven et al., 2007).

El nombre «vasculares» refleja la innovación clave de este grupo: la presencia de un sistema vascular compuesto por xilema y floema. Es precisamente este sistema el que asegura el transporte de agua, minerales y productos de la fotosíntesis por todo el cuerpo de la planta (Mauseth, 2016; Raven et al., 2007).

Las plantas vasculares se caracterizan por una serie de rasgos comunes que las distinguen de los briófitos:

1. Dominio del esporofito en el ciclo vital.

2. Presencia de vasos verdaderos: xilema y floema.

3. Presencia de raíces, tallos y hojas verdaderos (en la mayoría de los grupos).

4. Paredes celulares lignificadas: la lignina confiere resistencia y rigidez a los tejidos conductores y mecánicos.

5. Esporofito ramificado, que produce numerosos esporangios (Judd et al., 2018; Mauseth, 2016; Ligrone et al., 2012).

Estos rasgos se formaron gradualmente a lo largo de la evolución, y su aparición puede rastrearse en los restos fósiles. Veamos cada uno de ellos con más detalle.

3.2. Xilema y floema: la revolución de la conductividad

El acontecimiento clave en la evolución de las plantas vasculares fue la aparición del sistema conductor, compuesto por dos tipos de tejidos: xilema y floema (Raven et al., 2007; Mauseth, 2016).

Xilema: transporte de agua y minerales

El xilema es el tejido que conduce agua y minerales disueltos desde las raíces hacia las hojas y otros órganos. Los elementos conductores principales del xilema son las traqueidas y los vasos (Raven et al., 2007; Mauseth, 2016).

Las traqueidas son células alargadas con extremos puntiagudos que tienen paredes secundarias lignificadas. El agua se mueve a través de poros: zonas de la pared celular primaria que no están cubiertas por la pared secundaria. Las traqueidas son el tipo principal de células conductoras en la mayoría de las plantas vasculares, excepto en las angiospermas (Raven et al., 2007).

Los vasos son elementos conductores más especializados, formados por elementos de vaso conectados entre sí en tubos largos. Entre los elementos de vaso hay perforaciones: orificios completos a través de los cuales el agua se mueve libremente. Los vasos aparecieron independientemente en varios grupos de plantas vasculares y son más característicos de las angiospermas (Raven et al., 2007; Mauseth, 2016).

Es importante comprender que las traqueidas y los vasos son células muertas que funcionan solo después de la muerte de su contenido. La lignina, depositada en la pared secundaria, les confiere resistencia y estabilidad a la compresión, lo que permite al xilema cumplir no solo una función conductora, sino también de sostén (Raven et al., 2007).

Floema: transporte de productos de la fotosíntesis

El floema es el tejido que conduce los productos de la fotosíntesis (azúcares) desde las hojas hacia otros órganos de la planta. Los elementos conductores principales del floema son las células cribosas y los tubos cribosos (Raven et al., 2007; Mauseth, 2016).

Las células cribosas son células vivas con paredes primarias delgadas. Tienen campos cribosos: zonas a través de las cuales pasa el transporte de sustancias. Las células cribosas son características de las gimnospermas y de algunas plantas vasculares sin semilla (Raven et al., 2007).

Los tubos cribosos son elementos conductores más especializados, formados por elementos de tubo criboso conectados entre sí. Entre los elementos hay placas cribosas con poros grandes. Los tubos cribosos son característicos de las angiospermas y están acompañados por células acompañantes, que regulan su función (Raven et al., 2007; Mauseth, 2016).

A diferencia del xilema, el floema está formado por células vivas que conservan el citoplasma y las membranas. Esto es necesario para el transporte activo de sustancias, que requiere energía (Raven et al., 2007).

Importancia del sistema vascular

La aparición del xilema y el floema fue un acontecimiento clave en la evolución de las plantas terrestres. El sistema vascular permitió:

1. Transportar agua a grandes distancias: desde las raíces hasta las hojas, lo que permitió a las plantas alcanzar grandes tamaños.

2. Proporcionar soporte mecánico: las paredes lignificadas de traqueidas y vasos confieren a la planta resistencia y le permiten crecer verticalmente.

3. Distribuir eficazmente los productos de la fotosíntesis: desde las hojas hacia las raíces, frutos y otros órganos.

4. Crear las condiciones previas para la diferenciación de órganos: raíces, tallos, hojas (Raven et al., 2007; Mauseth, 2016; Ligrone et al., 2012).

Fue precisamente el sistema vascular el que permitió a las plantas salir de los hábitats húmedos y colonizar diversos medios terrestres. También creó las condiciones previas para la aparición de plantas grandes —árboles y arbustos— que forman bosques y producen grandes cantidades de biomasa (Mauseth, 2016).

3.3. Aparición de raíces, tallos y hojas

Con la aparición del sistema vascular se relaciona también la aparición de verdaderos órganos vegetativos: raíces, tallos y hojas. En los briófitos estos órganos están ausentes o representados por rizoides y filidios, que no son homólogos de raíces y hojas verdaderas (Raven et al., 2007; Judd et al., 2018).

Raíces

Las raíces son órganos que cumplen funciones de fijación al sustrato, absorción de agua y minerales. Aparecieron en las plantas vasculares, probablemente de forma independiente en varios grupos (Kenrick, 2002; Friedman et al., 2004).

En las plantas vasculares más antiguas —los riniófitos— no había raíces verdaderas. En su lugar había rizomoides: tallos subterráneos cubiertos de rizoides. Las raíces verdaderas aparecieron más tarde, en los licófitos y los eufilófitos (Raven et al., 2007; Kenrick, 2002).

Las raíces de las plantas vasculares tienen un meristemo apical: tejido educativo terminal que asegura el crecimiento en longitud. También tienen una cofia: capuchón protector que cubre el meristemo apical (Raven et al., 2007).

Tallos

Los tallos son órganos que cumplen funciones de sostén y transporte. Tienen un meristemo apical, que asegura el crecimiento en altura, y un sistema vascular, que conecta raíces y hojas (Raven et al., 2007).

En las plantas vasculares más antiguas, los tallos eran simples y de ramificación dicotómica. No tenían hojas y llevaban solo esporangios en los extremos de las ramas. Estos tallos se denominan prostelas: tienen un cilindro continuo de xilema en el centro (Raven et al., 2007; Mauseth, 2016).

A lo largo de la evolución, los tallos se hicieron más complejos. Aparecieron las sifonostelas —estelas con una cavidad central (médula)— y las eustelas —estelas formadas por haces conductores separados. Estos cambios permitieron a las plantas alcanzar grandes tamaños y formar sistemas ramificados complejos (Raven et al., 2007).

Hojas

Las hojas son órganos que cumplen la función de fotosíntesis. Aparecieron en las plantas vasculares de forma independiente en varios grupos: en los licófitos y en los eufilófitos (Judd et al., 2018; Tomescu, 2009).

En los licófitos, las hojas se denominan microfilos. Suelen ser pequeñas, tienen un solo nervio y no están asociadas a lagunas foliares en la estela. Se cree que los microfilos se originaron a partir de enaciones: excrecencias del tallo que aumentaron gradualmente y adquirieron un sistema conductor (Kenrick & Crane, 1997; Tomescu, 2009).

En los eufilófitos, las hojas se denominan megafilos (o eufilos). Suelen ser más grandes que los microfilos, tienen un sistema de nervios ramificado y están asociadas a lagunas foliares en la estela. Se cree que los megafilos se originaron a partir de ramas que se aplanaron y fusionaron; este proceso lo describe la teoría del teloma (Zimmermann, 1952; Beerling & Fleming, 2007; Galtier, 2010).

La teoría del teloma, propuesta por Walter Zimmermann, explica el origen de las hojas a través de una serie de transformaciones: sobrepasamiento (overtopping), planación (planation) y fusión (webbing). Estos procesos condujeron a la formación de láminas foliares planas con una red de nervios (Beerling & Fleming, 2007; Galtier, 2010; Doyle, 2013).

3.4. Dominio del esporofito en el ciclo vital

Una de las diferencias clave entre las plantas vasculares y los briófitos es el dominio del esporofito en el ciclo vital. En las plantas vasculares, es precisamente el esporofito (generación diploide) el organismo grande, longevo y fotosintético. El gametofito (generación haploide) está reducido y a menudo no es capaz de existir de forma independiente (Judd et al., 2018; Ligrone et al., 2012).

Este cambio ocurrió a lo largo de la evolución y tiene consecuencias importantes. El esporofito, al ser diploide, posee amortiguación genética: las mutaciones nocivas pueden ser compensadas por alelos normales. Esto le da al esporofito una ventaja evolutiva (Ligrone et al., 2012).

Además, el esporofito de las plantas vasculares es capaz de crecimiento ilimitado gracias a los meristemos apicales. Esto le permite alcanzar grandes tamaños y producir una gran cantidad de esporas (Judd et al., 2018).

En las plantas vasculares más antiguas —los riniófitos— el esporofito y el gametofito eran relativamente similares en tamaño. Sin embargo, posteriormente la evolución siguió el camino del aumento del esporofito y la reducción del gametofito. En las plantas vasculares modernas, el gametofito a menudo está representado por apenas unas pocas células (Ligrone et al., 2012; Bennici, 2008).

3.5. Las primeras plantas vasculares: los riniófitos

Las plantas vasculares más antiguas conocidas por restos fósiles pertenecen al grupo de los riniófitos (Rhyniophyta). Aparecieron en el Silúrico tardío, hace unos 425–420 millones de años, y se extinguieron en el Devónico medio, hace unos 380 millones de años (Kenrick & Crane, 1997; Raven et al., 2007).

Los riniófitos eran plantas pequeñas, generalmente de no más de 20–50 cm de altura. Tenían tallos de ramificación dicotómica sin hojas ni raíces. Los esporangios se disponían en los extremos de las ramas. El sistema conductor estaba representado por una prostela: un cilindro continuo de xilema formado por traqueidas con engrosamientos anulares o espirales (Kenrick & Crane, 1997; Raven et al., 2007).

Los géneros más conocidos de riniófitos son Cooksonia, Rhynia, Aglaophyton (antes Rhynia major) y Horneophyton. Cooksonia se considera la planta vascular más antigua conocida: sus restos se han encontrado en rocas del Silúrico tardío (Raven et al., 2007).

Es importante señalar que en algunos riniófitos, por ejemplo en Aglaophyton, las células conductoras no tenían paredes secundarias lignificadas y eran similares a los hidroides de los musgos. Esto indica que la aparición de un sistema vascular verdadero fue un proceso gradual (Kenrick & Crane, 1991; Edwards, 1986).

Los riniófitos probablemente crecían cerca del agua: en las orillas de embalses, en suelos húmedos. No podían vivir en hábitats áridos debido a la ausencia de raíces verdaderas y a su dependencia del agua para la reproducción (Raven et al., 2007).

3.6. Licófitos: las primeras hojas y raíces verdaderas

Los licófitos (Lycopodiophyta) son un grupo antiguo de plantas vasculares que apareció en el Devónico y alcanzó su máximo esplendor en el Carbonífero. Los licófitos modernos están representados por varios géneros: Lycopodium (licopodio), Selaginella (selaginela), Isoetes (isoetes), etc. (Judd et al., 2018; Raven et al., 2007).

Los licófitos se caracterizan por la presencia de microfilos: hojas pequeñas con un solo nervio. También tienen raíces verdaderas con meristemo apical y esporangios laterales, que se disponen en las axilas de las hojas o en su superficie superior (Judd et al., 2018; Kenrick & Crane, 1997).

En el Carbonífero, los licófitos estaban representados por formas arbóreas, como Lepidodendron y Sigillaria. Estos árboles alcanzaban 30–40 metros de altura y formaban bosques extensos. Sus restos se convirtieron en la base para la formación del carbón mineral (Raven et al., 2007; Mauseth, 2016).

Los licófitos arbóreos tenían crecimiento secundario: la capacidad de aumentar el grosor del tallo gracias a la actividad del cámbium. Sin embargo, su cámbium era unifacial: producía solo xilema secundario, pero no floema secundario. Esto limitaba su crecimiento y, probablemente, fue una de las causas de su extinción (Raven et al., 2007; Mauseth, 2016).

3.7. Equisetos: tallos articulados

Los equisetos (Equisetophyta) son un grupo de plantas vasculares que apareció en el Devónico y alcanzó su máximo esplendor en el Carbonífero. Los equisetos modernos están representados por un único género, Equisetum (equiseto), con unas 15 especies (Judd et al., 2018; Raven et al., 2007).

Los equisetos se caracterizan por tallos articulados con hojas verticiladas. Los tallos tienen una superficie acostillada y contienen sílice, que les confiere rigidez. Los esporangios se disponen sobre esporangióforos, reunidos en estróbilos en el ápice de los tallos (Judd et al., 2018; Mauseth, 2016).

En el Carbonífero, los equisetos estaban representados por formas arbóreas, como Calamites. Estos árboles alcanzaban 20 metros de altura y tenían crecimiento secundario con un cámbium bifacial, que producía tanto xilema secundario como floema secundario (Raven et al., 2007; Mauseth, 2016).

Los equisetos modernos son plantas herbáceas pequeñas que crecen en hábitats húmedos. Tienen rizomas con tubérculos que almacenan almidón. Algunas especies de equisetos se utilizan en medicina como diurético (Yakovlev et al., 2006).

3.8. Helechos: hojas grandes y diversidad

Los helechos (Polypodiophyta) son el grupo más diverso de plantas vasculares sin semilla. Aparecieron en el Devónico y alcanzaron su máximo esplendor en el Carbonífero. Los helechos modernos cuentan con más de 12.000 especies y están distribuidos por todo el mundo (Judd et al., 2018; Testo & Sundue, 2016).

Los helechos se caracterizan por megafilos: hojas grandes con un sistema de nervios ramificado. Las hojas de los helechos se denominan frondes. Suelen ser pinnadas o múltiples veces pinnadas. Las hojas jóvenes de los helechos están enrolladas en forma de caracol: este fenómeno se denomina vernación circinada (Judd et al., 2018; Mauseth, 2016).

Los esporangios de los helechos suelen reunirse en soros en el envés de las hojas. En algunos helechos, los esporangios se disponen sobre hojas especializadas: esporófilos. Los helechos pueden ser homospóreos (producen un solo tipo de esporas) y heterospóreos (producen microsporas y megasporas) (Judd et al., 2018; Testo & Sundue, 2016).

En el Carbonífero, los helechos estaban representados por formas arbóreas, como Psaronius. Estos árboles alcanzaban 8 metros de altura y tenían estelas complejas con lagunas foliares. Sus restos también se convirtieron en la base para la formación del carbón mineral (Raven et al., 2007; Mauseth, 2016).

Los helechos modernos son principalmente plantas herbáceas, aunque entre ellos hay también formas arbóreas (por ejemplo, Cyathea). Crecen en bosques tropicales húmedos, donde alcanzan su mayor diversidad (Testo & Sundue, 2016).

3.9. El período Carbonífero: bosques y formación de carbón mineral

El período Carbonífero (hace unos 360–290 millones de años) fue el tiempo en que las plantas vasculares alcanzaron su mayor esplendor. En este período se formaron extensos bosques compuestos por licófitos, equisetos y helechos arbóreos (Raven et al., 2007; Mauseth, 2016).

Estos bosques crecían en hábitats pantanosos: en tierras bajas cubiertas por mares poco profundos o pantanos. El clima era cálido y húmedo, lo que favorecía el crecimiento de las plantas. En estos bosques no había plantas con flores: aparecieron más tarde (Raven et al., 2007; Yakovlev et al., 2006).

Los restos de estos bosques, al acumularse en condiciones de deficiencia de oxígeno (en pantanos), no se descomponían por completo. Con el tiempo quedaron sepultados bajo capas de rocas sedimentarias y, bajo la acción de la presión y la temperatura, se transformaron en carbón mineral (Raven et al., 2007; Mauseth, 2016).

El carbón mineral es un recurso mineral importantísimo que se utiliza como combustible y materia prima para la industria química. Su formación es consecuencia directa de la evolución de las plantas vasculares en el período Carbonífero (Yakovlev et al., 2006).

Es importante señalar que los bosques carboníferos no se parecían a los modernos. Estaban formados por grupos que hoy o bien se han extinguido, o bien están representados por pequeños relicto. Los licófitos, equisetos y helechos arbóreos son ejemplos de grupos arcaicos que alcanzaron su esplendor, pero luego cedieron su lugar a grupos más avanzados (Raven et al., 2007; Mauseth, 2016).

3.10. Importancia de la aparición de las plantas vasculares para la sistemática y la agroesfera

La aparición de las plantas vasculares es una etapa clave en la evolución de la flora terrestre. Creó las condiciones previas para:

1. La formación de ecosistemas terrestres: bosques, praderas, pantanos.

2. El aumento de la biomasa: las plantas vasculares producen mucha más biomasa que los briófitos.

3. La aparición de nuevos nichos ecológicos: las plantas vasculares colonizaron hábitats diversos, desde los trópicos húmedos hasta los desiertos áridos.

4. La evolución de las plantas con semilla: el sistema vascular se convirtió en la base para la ulterior complejización de las plantas (Judd et al., 2018; Raven et al., 2007).

Para la sistemática y la agroesfera, comprender la evolución de las plantas vasculares es importante porque:

  • Todas las plantas cultivadas son plantas vasculares. Su historia evolutiva es la historia de las adaptaciones al medio terrestre.
  • Los rasgos de las plantas vasculares —presencia de raíces, tallos, hojas, semillas— son los rasgos que el ser humano seleccionó durante la domesticación.
  • Comprender la evolución permite entender mejor qué rasgos son homólogos y cuáles análogos. Esto es importante para la sistemática y el mejoramiento.
  • Los restos fósiles de plantas vasculares son una fuente de información sobre las floras antiguas, que puede utilizarse para comprender los ecosistemas modernos (Judd et al., 2018; Yakovlev et al., 2006).

Conclusión

Hemos examinado la aparición de las plantas vasculares, una etapa clave en la evolución de la flora terrestre. Descubrimos que las plantas vasculares se caracterizan por la presencia de xilema y floema, el dominio del esporofito y la presencia de raíces, tallos y hojas verdaderos. Examinamos los grupos más antiguos de plantas vasculares —riniófitos, licófitos, equisetos y helechos— y discutimos su papel en la formación de los bosques carboníferos y en la formación del carbón mineral.

También discutimos la importancia de esta etapa para la sistemática y la agroesfera. Comprender la evolución de las plantas vasculares es necesario para entender la sistemática de las plantas cultivadas y para desarrollar estrategias de mejoramiento.

En la próxima lección examinaremos la siguiente gran etapa de la evolución de las plantas: la aparición de la semilla, que permitió a las plantas liberarse por completo de la dependencia del agua para la reproducción y creó las condiciones previas para la aparición de los cultivos agrícolas modernos.

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4. Aparición de la semilla: independencia del agua

En el capítulo anterior examinamos la aparición de las plantas vasculares: la revolución de la conductividad, que permitió a las plantas alcanzar grandes tamaños, transportar eficazmente agua y nutrientes y formar los primeros bosques verdaderos. Descubrimos que las plantas vasculares dominaron en el período Carbonífero, pero aún conservaban una dependencia fundamental del agua para la reproducción sexual: sus espermatozoides eran móviles y debían nadar hasta el óvulo en agua líquida.

Hoy examinaremos la siguiente etapa cualitativamente nueva de la evolución de las plantas: la aparición de la semilla. Este acontecimiento suele denominarse «liberación del agua», y no por casualidad: fue precisamente la semilla la que permitió a las plantas liberarse por completo de la dependencia del agua para la reproducción y la dispersión. Conoceremos las innovaciones clave que condujeron a la aparición de la semilla, examinaremos las primeras plantas con semilla —las gimnospermas— y discutiremos por qué la semilla se convirtió en la base de la agricultura moderna.

4.1. El problema de la reproducción en el medio húmedo

Para comprender la importancia de la semilla, primero hay que tomar conciencia del problema que resolvió. En todas las plantas con esporas —briófitos, licófitos, equisetos y helechos— la reproducción sexual depende del agua líquida. Sus gametos masculinos —espermatozoides— son móviles y tienen flagelos. Para alcanzar el óvulo, deben nadar en agua. Esto significa que la reproducción sexual solo es posible en condiciones de suficiente humedad (Raven et al., 2007; Mauseth, 2016).

Esta dependencia del agua impone serias limitaciones a la distribución de las plantas. Las plantas con esporas no pueden colonizar hábitats áridos, porque sus espermatozoides no pueden llegar al óvulo. Incluso en latitudes templadas, la reproducción sexual de muchas plantas con esporas está ligada a las estaciones húmedas (Yakovlev et al., 2006).

Además, en las plantas con esporas, el gametofito —la generación haploide que produce los gametos— a menudo es un organismo independiente que debe crecer en un medio húmedo. En los helechos, el gametofito (protonema) es una pequeña lámina que crece en la superficie del suelo y necesita humedad constante. En los licófitos, el gametofito puede ser subterráneo y depender de simbiosis con hongos, pero aun así necesita agua para la fecundación (Raven et al., 2007; Mauseth, 2016).

Así, la dependencia del agua para la reproducción fue uno de los principales factores que limitaban la distribución de las plantas con esporas. La solución de este problema se hizo posible gracias a la aparición de la semilla.

4.2. Condiciones previas para la aparición de la semilla: heterosporía y endosporía

La aparición de la semilla no fue un acontecimiento único: fue un proceso prolongado que incluyó varias etapas sucesivas. Las condiciones previas clave fueron la heterosporía y la endosporía (Judd et al., 2018; Raven et al., 2007).

Heterosporía

La heterosporía es la producción de dos tipos de esporas: microsporas y megasporas. Las microsporas dan origen a gametofitos masculinos, y las megasporas, a femeninos. La heterosporía surgió independientemente en varios grupos de plantas vasculares: en los licófitos (Selaginella, Isoetes), en algunos helechos (helechos acuáticos) y en las plantas con semilla (Judd et al., 2018; Bateman & DiMichele, 1994).

En las plantas heterospóreas, los gametofitos están reducidos y se desarrollan dentro de la espora: este fenómeno se denomina endosporía. La microspora germina en un gametofito masculino que consta de apenas unas pocas células y produce espermatozoides. La megaspora germina en un gametofito femenino que permanece dentro de la espora y produce óvulos (Judd et al., 2018; Raven et al., 2007).

La heterosporía y la endosporía crearon las condiciones previas para la aparición de la semilla. En las plantas heterospóreas, el gametofito femenino ya no es un organismo independiente: se desarrolla dentro de la megaspora, que puede ser retenida en la planta madre. Esto abrió el camino hacia la formación de la semilla (Judd et al., 2018; Ligrone et al., 2012).

Retención de la megaspora

El siguiente paso importante fue la retención de la megaspora en la planta madre. En las plantas heterospóreas, como Selaginella, la megaspora todavía se libera del esporangio y germina en el suelo. Sin embargo, en las plantas con semilla, la megaspora permanece dentro del megasporangio, que a su vez permanece en la planta madre (Judd et al., 2018; Mauseth, 2016).

Este cambio tiene una enorme importancia. Si la megaspora y el gametofito femenino permanecen en la planta madre, pueden recibir de ella nutrientes y agua. La planta madre puede protegerlos de la desecación y de otros factores desfavorables. Esto crea la base para la formación de la semilla (Judd et al., 2018; Raven et al., 2007).

Reducción del número de megasporas

Otro paso importante fue la reducción del número de megasporas funcionales. En la mayoría de las plantas heterospóreas, en el megasporangio se forman varias megasporas (normalmente cuatro). En las plantas con semilla, solo una megaspora permanece funcional y las demás degeneran (Judd et al., 2018; Mauseth, 2016).

Este cambio también tiene una importancia considerable. Si en el megasporangio queda solo una megaspora, puede recibir más nutrientes y espacio para desarrollarse. Esto permite al gametofito femenino alcanzar mayor tamaño y producir más óvulos (Judd et al., 2018).

4.3. Formación de la semilla: innovaciones clave

La semilla es una estructura compleja que incluye varios componentes: embrión, reserva de nutrientes y cubierta seminal. La formación de la semilla incluyó varias innovaciones clave (Judd et al., 2018; Mauseth, 2016).

Integumento

El integumento es una cubierta que rodea el megasporangio (nucelo). En las plantas con semilla, el integumento forma la cubierta seminal. El integumento tiene una abertura en el ápice: el micrópilo, a través del cual el polen puede penetrar hasta el gametofito femenino (Judd et al., 2018; Mauseth, 2016).

El origen del integumento es objeto de debate. Según una hipótesis, el integumento se originó a partir de telomas estériles que rodeaban el megasporangio y se fusionaron gradualmente. Según otra hipótesis, el integumento se originó a partir de esporangios esterilizados (sinangios) que rodeaban el megasporangio (Judd et al., 2018; Doyle, 2013; Kenrick & Crane, 1997).

Los restos fósiles de las primeras plantas con semilla, como Elkinsia polymorpha del Devónico tardío, muestran etapas intermedias de la formación del integumento. En Elkinsia, el megasporangio está rodeado por varios lóbulos integumentarios que no se han fusionado por completo. Esto indica que el integumento se formó por fusión de lóbulos separados (Judd et al., 2018; Raven et al., 2007).

Tubo polínico

En las plantas con semilla, el gametofito masculino —el grano de polen— es transportado hasta el gametofito femenino por el viento o por animales. Al germinar, el grano de polen forma un tubo polínico, que lleva los espermatozoides (o espermios) hasta el óvulo (Judd et al., 2018; Mauseth, 2016).

En las gimnospermas, como las cícadas y Ginkgo, los espermatozoides todavía son móviles y tienen flagelos. Sin embargo, en la mayoría de las gimnospermas (coníferas, gnetofitas) y en todas las angiospermas, los espermatozoides son inmóviles y son transportados hasta el óvulo por el tubo polínico. Este fenómeno se denomina sifonogamia (Judd et al., 2018; Mauseth, 2016; Raven et al., 2007).

El tubo polínico es una innovación clave que permitió a las plantas con semilla liberarse por completo del agua para la fecundación. Incluso si los espermatozoides son móviles (como en las cícadas y Ginkgo), se desplazan en el líquido que secreta el propio gametofito femenino, y no en el medio externo (Judd et al., 2018; Mauseth, 2016).

Reserva de nutrientes

La semilla contiene una reserva de nutrientes necesarios para que el embrión germine. En las gimnospermas, la reserva de nutrientes es el gametofito femenino (tejido haploide). En las angiospermas, la reserva de nutrientes es el endospermo, que se forma como resultado de la doble fecundación (Judd et al., 2018; Mauseth, 2016).

La reserva de nutrientes permite al embrión sobrevivir a condiciones desfavorables e iniciar el crecimiento cuando las condiciones se vuelven favorables. Esta es otra innovación clave que distingue a las plantas con semilla de las plantas con esporas (Judd et al., 2018; Raven et al., 2007).

Estado de latencia

La semilla puede encontrarse en estado de latencia: un estado fisiológico en el que el embrión no crece, incluso si las condiciones externas son favorables. El estado de latencia permite a la semilla sobrevivir a estaciones desfavorables (invierno, sequía) y germinar solo cuando las condiciones son realmente adecuadas para el crecimiento (Mauseth, 2016; Hartmann et al., 2011).

El estado de latencia es una adaptación que permite a las plantas con semilla sincronizar la germinación con condiciones favorables. Es otra innovación clave que contribuyó al éxito de las plantas con semilla (Mauseth, 2016).

4.4. Las primeras plantas con semilla: las gimnospermas

Las gimnospermas (Gymnospermae) son un grupo de plantas con semilla en las que las semillas no están encerradas en un ovario (fruto). Las semillas de las gimnospermas se disponen abiertamente sobre megasporófilos o sobre estructuras especializadas: conos o piñas (Judd et al., 2018; Mauseth, 2016).

Las gimnospermas aparecieron en el Devónico tardío, hace unos 365 millones de años. Alcanzaron su máximo esplendor en el Mesozoico, hace unos 250–65 millones de años, y todavía desempeñan un papel importante en la cubierta vegetal, especialmente en regiones templadas y frías (Judd et al., 2018; Raven et al., 2007).

Las gimnospermas modernas están representadas por varios grupos: cícadas (Cycadophyta), ginkgos (Ginkgophyta), coníferas (Coniferophyta) y gnetofitas (Gnetophyta). En total se conocen unas 1.000 especies de gimnospermas (Judd et al., 2018; Mauseth, 2016).

Progimnospermas

Las progimnospermas (Progymnospermophyta) son un grupo extinto de plantas que se considera ancestral de las plantas con semilla. Aparecieron en el Devónico medio, hace unos 390 millones de años, y se extinguieron en el Carbonífero (Judd et al., 2018; Raven et al., 2007).

Las progimnospermas combinaban rasgos de plantas con esporas y de plantas con semilla. Tenían crecimiento secundario —capacidad de aumentar el grosor del tallo gracias a la actividad del cámbium— y producían heterosporas. Sin embargo, aún no formaban semillas verdaderas: sus megasporas se liberaban del esporangio y germinaban en el suelo (Judd et al., 2018; Mauseth, 2016).

El género más conocido de progimnospermas es Archaeopteris. Era un árbol grande, que alcanzaba 8–10 metros de altura, con hojas parecidas a las de los helechos y madera secundaria. Archaeopteris era heterospóreo, pero no formaba semillas (Judd et al., 2018; Raven et al., 2007).

Helechos con semilla

Los helechos con semilla (Pteridospermophyta) son un grupo extinto de plantas con semilla que tenían hojas parecidas a las de los helechos y formaban semillas. Aparecieron en el Devónico tardío y alcanzaron su máximo esplendor en el Carbonífero (Judd et al., 2018; Mauseth, 2016).

Los helechos con semilla fueron un grupo diverso. Algunos eran pequeños arbustos, otros, árboles grandes. Sus hojas eran pinnadas, como las de los helechos, pero sobre ellas se disponían semillas, no esporangios. Esto indica que los helechos con semilla fueron un grupo de transición entre las plantas con esporas y las plantas con semilla (Judd et al., 2018; Raven et al., 2007).

Los géneros más conocidos de helechos con semilla son Lyginopteris, Medullosa y Glossopteris. Sus restos se han encontrado en depósitos carboníferos y pérmicos de todo el mundo (Judd et al., 2018; Mauseth, 2016).

Coníferas

Las coníferas (Coniferophyta) son el grupo más numeroso de gimnospermas modernas. Cuentan con unas 600 especies y están distribuidas por todo el mundo, especialmente en regiones templadas y frías (Judd et al., 2018; Mauseth, 2016).

Las coníferas se caracterizan por hojas aciculares o escuamiformes y conos, en los que se forman las semillas. Tienen crecimiento secundario y a menudo alcanzan grandes tamaños: algunas especies, como la secuoya, alcanzan 100 metros de altura (Judd et al., 2018; Mauseth, 2016).

Las coníferas aparecieron en el Carbonífero, hace unos 300 millones de años, y alcanzaron su máximo esplendor en el Mesozoico. Hoy forman bosques extensos en las regiones templadas y frías del hemisferio norte (Judd et al., 2018; Raven et al., 2007).

4.5. Importancia de la semilla para la agricultura

La aparición de la semilla tuvo una importancia colosal para la evolución de las plantas y para la civilización humana. La semilla es una aromorfosis clave que creó las condiciones previas para el surgimiento de la agricultura (Fuller, 2007; Hartmann et al., 2011).

Almacenamiento

Las semillas pueden almacenarse durante mucho tiempo sin perder viabilidad. Esto permite al ser humano almacenar semillas para sembrar en la temporada siguiente o para usar como alimento. Las esporas, en cambio, no pueden almacenarse tanto tiempo: pierden viabilidad rápidamente (Hartmann et al., 2011; Mauseth, 2016).

La capacidad de las semillas para almacenarse durante largo tiempo se convirtió en la base de la agricultura. El ser humano puede recoger la cosecha, conservar parte de las semillas para sembrar y utilizar el resto para alimentarse. Esto creó la base para el modo de vida sedentario y el desarrollo de la civilización (Fuller, 2007; Yakovlev et al., 2006).

Transporte

Las semillas se transportan fácilmente a grandes distancias. Son compactas, ligeras y pueden transportarse sin equipo especial. Esto permitió al ser humano difundir las plantas cultivadas por todo el mundo (Fuller, 2007; Hartmann et al., 2011).

El transporte de semillas también favoreció el intercambio de plantas cultivadas entre distintas regiones. Muchos cultivos agrícolas fueron domesticados en una región y luego se difundieron por todo el mundo (Fuller, 2007).

Siembra

Las semillas permiten controlar la siembra. El ser humano puede elegir el mejor momento para sembrar, preparar el suelo y plantar las semillas a la profundidad adecuada. Esto aumenta el rendimiento y la previsibilidad de la producción agrícola (Fuller, 2007; Hartmann et al., 2011).

Las esporas, en cambio, no permiten tal control. Se dispersan por el viento o el agua, y el ser humano no puede controlar su dispersión. Esto hace que las plantas con esporas sean menos adecuadas para la agricultura (Fuller, 2007).

Mejoramiento

Las semillas crean la base para el mejoramiento: el proceso de selección de plantas con rasgos deseados. El ser humano puede seleccionar semillas de las mejores plantas y sembrarlas en la temporada siguiente. Esto permite mejorar las plantas cultivadas a lo largo de generaciones (Fuller, 2007; Soltis et al., 2014).

El mejoramiento se hizo posible porque las semillas contienen información genética y pueden transmitirla a la descendencia. Esto permite al ser humano crear nuevas variedades con rasgos mejorados: semillas grandes, frutos jugosos, resistencia a enfermedades (Fuller, 2007; Soltis et al., 2014).

Valor nutritivo

Las semillas son ricas en nutrientes: proteínas, grasas, carbohidratos. Son una fuente importante de alimento para humanos y animales. Muchos cultivos agrícolas se cultivan precisamente por sus semillas: trigo, arroz, maíz, judías, guisantes, girasol (Fuller, 2007; Hartmann et al., 2011).

El valor nutritivo de las semillas está relacionado con la presencia de sustancias de reserva, necesarias para que el embrión germine. Estas sustancias —almidón, proteínas, grasas— son utilizadas por el ser humano como alimento (Hartmann et al., 2011).

4.6. Las gimnospermas y la agricultura

Aunque las gimnospermas no se convirtieron en la base de la agricultura (ese papel recayó en las angiospermas), algunas gimnospermas tienen una importancia económica considerable.

Coníferas: fuente de madera, utilizada en construcción, producción de papel y muebles. El pino, el abeto, el alerce y el pinsapo son importantes especies forestales (Yakovlev et al., 2006; Judd et al., 2018).

Cícadas: fuente de almidón (sagú), utilizado como alimento en algunas regiones. Sin embargo, las cícadas son tóxicas y requieren un tratamiento especial (Yakovlev et al., 2006).

Ginkgo: se utiliza en medicina y como planta ornamental. Sus semillas son comestibles, pero tienen un olor desagradable (Yakovlev et al., 2006).

Gnetofitas: algunas especies se utilizan en medicina (efedra) y como fuente de aceite alimentario (gnetum) (Yakovlev et al., 2006).

4.7. Transición hacia las angiospermas

Las gimnospermas dominaron en el Mesozoico, pero en el Cretácico —hace unos 130–100 millones de años— aparecieron las angiospermas (Angiospermae), que rápidamente se convirtieron en el grupo dominante. Las angiospermas se diferencian de las gimnospermas por la presencia de flor y fruto, así como por la doble fecundación (Judd et al., 2018; Soltis et al., 2014).

La transición hacia las angiospermas se convirtió en la siguiente gran etapa de la evolución de las plantas. Las angiospermas crearon nuevas posibilidades para la reproducción y la dispersión, lo que las convirtió en la base de la agricultura moderna (Judd et al., 2018; Fuller, 2007).

Conclusión

Hemos examinado la aparición de la semilla, una etapa clave en la evolución de las plantas terrestres. Descubrimos que la semilla permitió a las plantas liberarse de la dependencia del agua para la reproducción y la dispersión. La semilla incluye embrión, reserva de nutrientes y cubierta seminal, y puede encontrarse en estado de latencia, lo que permite superar condiciones desfavorables.

Examinamos las primeras plantas con semilla —las gimnospermas— y discutimos su papel en la evolución y su uso económico. También discutimos la importancia de la semilla para la agricultura: almacenamiento, transporte, siembra, mejoramiento y valor nutritivo.

En la próxima lección examinaremos la siguiente gran etapa de la evolución de las plantas: la aparición de la flor, el fruto y la doble fecundación, que convirtieron a las angiospermas en el grupo dominante y en la base de la producción vegetal moderna.

5. Aparición de la flor, el fruto y la doble fecundación

En el capítulo anterior examinamos la aparición de la semilla, una etapa clave en la evolución de las plantas terrestres que les permitió liberarse de la dependencia del agua para la reproducción y la dispersión. Descubrimos que las primeras plantas con semilla —las gimnospermas— dominaron en el Mesozoico, pero en el Cretácico apareció un nuevo grupo —las angiospermas, o plantas con flores— que rápidamente se convirtió en el grupo dominante de la flora terrestre.

Hoy examinaremos la siguiente etapa cualitativamente nueva de la evolución de las plantas: la aparición de la flor, el fruto y la doble fecundación. Estas innovaciones convirtieron a las angiospermas en el grupo dominante y crearon la base de la producción vegetal moderna. Conoceremos la estructura de la flor, examinaremos su origen evolutivo, discutiremos los mecanismos de la doble fecundación y la formación del fruto, y averiguaremos por qué estos acontecimientos tienen relación directa con la sistemática y la agroesfera.

5.1. Angiospermas: innovaciones clave

Las angiospermas (Angiospermae), o plantas con flores (Magnoliophyta), son el grupo más numeroso de plantas modernas, con más de 250.000 especies. Dominan en la mayoría de los ecosistemas terrestres y constituyen la base de la agricultura moderna (Judd et al., 2018; Raven et al., 2007).

Las angiospermas se caracterizan por una serie de innovaciones clave que las distinguen de las gimnospermas:

1. Presencia de flor: un brote reproductivo especializado que contiene microsporófilos (estambres) y megasporófilos (carpelos).

2. Presencia de carpelo: estructura especializada similar a una hoja que rodea los óvulos y forma el ovario.

3. Doble fecundación: proceso en el que un espermio fecunda el óvulo y el segundo se fusiona con la célula central, formando el endospermo.

4. Gametofito femenino reducido: generalmente consta de ocho células (tipo Polygonum).

5. Gametofito masculino reducido: generalmente consta de tres células (dos espermios y una célula del tubo).

6. Vasos en el xilema: la mayoría de las angiospermas tienen vasos, que aseguran un transporte de agua más eficiente.

7. Células acompañantes en el floema: células especializadas que regulan la función de los tubos cribosos (Judd et al., 2018; Mauseth, 2016; Rudall, 2013).

Estas innovaciones se formaron a lo largo de la evolución y proporcionaron a las angiospermas ventajas que les permitieron convertirse en el grupo dominante. Veamos cada una con más detalle.

5.2. La flor: estructura y origen

La flor es un brote reproductivo especializado que contiene órganos estériles y fértiles. Los órganos estériles —el perianto (cáliz y corola)— cumplen funciones de protección y atracción de polinizadores. Los órganos fértiles —estambres (microsporófilos) y carpelos (megasporófilos)— producen microsporas y megasporas, respectivamente (Judd et al., 2018; Mauseth, 2016; Rudall, 2013).

Estructura de la flor

Una flor típica consta de las siguientes partes (Judd et al., 2018; Mauseth, 2016):

  • Pedicelo: el tallo que sostiene la flor.
  • Receptáculo: el extremo ensanchado del pedicelo al que se unen las demás partes de la flor.
  • Cáliz: conjunto de sépalos, que suelen ser verdes y cumplen una función protectora.
  • Corola: conjunto de pétalos, que suelen estar coloreados y cumplen la función de atraer polinizadores.
  • Androceo: conjunto de estambres, que producen polen. Cada estambre consta de filamento y antera.
  • Gineceo: conjunto de carpelos, que producen óvulos. Cada carpelo consta de ovario, estilo y estigma.

El perianto (cáliz y corola juntos) puede ser doble (diferenciado en cáliz y corola) o simple (no diferenciado, formado por tépalos). Las flores pueden ser hermafroditas (contienen estambres y carpelos) o unisexuales (solo estambres o solo carpelos). Las plantas pueden ser monoicas (flores masculinas y femeninas en la misma planta) o dioicas (flores masculinas y femeninas en plantas distintas) (Judd et al., 2018; Mauseth, 2016).

Origen de la flor

El origen de la flor es uno de los problemas más debatidos de la botánica evolutiva. Existen dos hipótesis principales (Judd et al., 2018; Rudall, 2013; Doyle, 2013):

1. Hipótesis eúanta (estrobilar): la flor se originó a partir de un estróbilo hermafrodita (cono), similar a los estróbilos de algunas gimnospermas (por ejemplo, Bennettitales). Según esta hipótesis, los carpelos se originaron a partir de megasporófilos, y los estambres, a partir de microsporófilos. La flor representa un eje único con esporófilos adheridos.

2. Hipótesis pseudántica (connal): la flor se originó a partir de un conjunto de estróbilos unisexuales que se fusionaron en una única estructura. Según esta hipótesis, los carpelos y los estambres tienen distinto origen y no son homólogos de los esporófilos.

Los datos filogenéticos moleculares modernos apoyan la hipótesis eúanta. Se cree que la flor se originó a partir de un estróbilo hermafrodita similar a los estróbilos de Bennettitales, que eran cercanos a los antepasados de las angiospermas (Judd et al., 2018; Rudall, 2013; Doyle, 2013).

Es importante señalar que el carpelo es una innovación clave de las angiospermas. El carpelo es una estructura especializada similar a una hoja que rodea los óvulos y forma el ovario. El ovario protege los óvulos de la desecación y el daño, y también asegura la selectividad durante la polinización: el estigma captura el polen y asegura su germinación (Judd et al., 2018; Mauseth, 2016; Rudall, 2013).

Polinización y coevolución con los polinizadores

Una de las innovaciones clave de las angiospermas es la flor como órgano de atracción de polinizadores. A diferencia de las gimnospermas, que se polinizan principalmente por el viento, las angiospermas utilizan ampliamente animales polinizadores: insectos, aves, murciélagos (Judd et al., 2018; Mauseth, 2016; Rudall, 2013).

Las flores atraen a los polinizadores mediante color, aroma y néctar. En el curso de la evolución surgieron diversos síndromes de polinización: complejos de rasgos que corresponden a determinados grupos de polinizadores (Judd et al., 2018; Mauseth, 2016).

Por ejemplo, las flores polinizadas por abejas suelen tener coloración brillante (amarilla o azul), aroma agradable y una plataforma de aterrizaje cómoda para las abejas. Las flores polinizadas por mariposas suelen tener corolas tubulares largas y coloración brillante. Las flores polinizadas por aves suelen ser rojas, sin aroma, con gran cantidad de néctar. Las flores polinizadas por murciélagos suelen ser blancas o cremosas, con un aroma fuerte que atrae a los murciélagos por la noche (Judd et al., 2018; Mauseth, 2016).

La coevolución entre flores y polinizadores es uno de los ejemplos más claros de influencia evolutiva mutua. Las flores se adaptan a determinados polinizadores, y los polinizadores se adaptan a determinadas flores. Esto conduce a la especialización y a la diversidad tanto de flores como de polinizadores (Judd et al., 2018; Mauseth, 2016; Rudall, 2013).

5.3. El fruto: protección y dispersión de las semillas

El fruto es el ovario maduro (o el ovario junto con otras partes de la flor) que contiene las semillas. El fruto cumple dos funciones principales: protección de las semillas y dispersión de las semillas (Judd et al., 2018; Mauseth, 2016).

Estructura del fruto

El fruto consta del pericarpio, que puede diferenciarse en tres capas (Judd et al., 2018; Mauseth, 2016):

  • Exocarpio: capa externa, que puede ser coriácea, pubescente o espinosa.
  • Mesocarpio: capa media, que puede ser jugosa, carnosa o fibrosa.
  • Endocarpio: capa interna, que puede ser dura (como en la drupa) o membranosa.

Los frutos pueden ser secos (con pericarpio coriáceo o leñoso) o carnosos (con pericarpio carnoso). Los frutos secos pueden ser dehiscentes (se abren) o indehiscentes (no se abren). Los frutos carnosos suelen ser indehiscentes y se dispersan por animales (Judd et al., 2018; Mauseth, 2016).

Tipos de frutos

Existen muchos tipos de frutos, que se clasifican según distintos criterios (Judd et al., 2018; Mauseth, 2016):

  • Folículo: fruto seco dehiscente de un solo carpelo (por ejemplo, en la peonía).
  • Legumbre: fruto seco dehiscente de un solo carpelo, que se abre por dos suturas (por ejemplo, en el guisante, la judía).
  • Silicua: fruto seco dehiscente de dos carpelos (por ejemplo, en la col, el rábano).
  • Cápsula: fruto seco dehiscente de varios carpelos (por ejemplo, en la amapola, el algodón).
  • Nuez: fruto seco indehiscente con pericarpio leñoso (por ejemplo, en el avellano, el roble).
  • Aquenio: fruto seco indehiscente con pericarpio coriáceo (por ejemplo, en el girasol).
  • Cariopsis: fruto seco indehiscente en el que el pericarpio se fusiona con la cubierta seminal (por ejemplo, en el trigo, el maíz).
  • Drupa: fruto carnoso con endocarpio duro (por ejemplo, en la cereza, el melocotón).
  • Baya: fruto carnoso con pericarpio carnoso (por ejemplo, en el tomate, la uva).
  • Pomo: fruto carnoso formado a partir de un ovario ínfero (por ejemplo, en el manzano, el peral).

Dispersión de las semillas

Los frutos están adaptados a diversos modos de dispersión de las semillas (Judd et al., 2018; Mauseth, 2016):

  • Anemocoria: dispersión por el viento (por ejemplo, sámaras en el arce, vilano en el diente de león).
  • Hidrocoria: dispersión por el agua (por ejemplo, el coco).
  • Zoocoria: dispersión por animales (por ejemplo, frutos carnosos que son comidos por animales y cuyas semillas se eliminan con los excrementos).
  • Autocoria: dispersión por la propia planta (por ejemplo, frutos dehiscentes que lanzan las semillas).

Los frutos carnosos son una adaptación clave de las angiospermas. Atraen a los animales, que comen los frutos y dispersan las semillas a grandes distancias. Esto asegura una dispersión eficaz y la colonización de nuevos hábitats (Judd et al., 2018; Mauseth, 2016).

5.4. Doble fecundación y endospermo

La doble fecundación es una peculiaridad exclusiva de las angiospermas. A diferencia de las gimnospermas, en las que un espermio fecunda el óvulo, en las angiospermas dos espermios participan en la fecundación (Judd et al., 2018; Mauseth, 2016; Becker et al., 2025).

Mecanismo de la doble fecundación

El proceso de doble fecundación incluye las siguientes etapas (Judd et al., 2018; Mauseth, 2016; Becker et al., 2025):

1. Germinación del grano de polen en el estigma. El grano de polen contiene dos espermios y una célula del tubo.

2. Crecimiento del tubo polínico a través del estilo hasta el ovario. El tubo polínico lleva los espermios hasta el óvulo.

3. Penetración del tubo polínico en el óvulo a través del micrópilo.

4. Liberación de los espermios en el saco embrionario (gametofito femenino).

5. Fecundación del óvulo: un espermio se fusiona con el óvulo, formando el cigoto (2n).

6. Fecundación de la célula central: el segundo espermio se fusiona con la célula central, que contiene dos núcleos polares (n + n), formando el endospermo (3n).

Así, la doble fecundación conduce a la formación del cigoto (2n) y del endospermo (3n). El cigoto se desarrolla en embrión, y el endospermo se convierte en el tejido nutritivo que proporciona nutrientes al embrión (Judd et al., 2018; Mauseth, 2016; Becker et al., 2025).

Endospermo: tejido nutritivo para el embrión

El endospermo es un tejido triploide (3n) que se forma por la fusión del segundo espermio con la célula central. El endospermo proporciona al embrión nutrientes (almidón, proteínas, grasas) y le permite sobrevivir al período de latencia y germinar (Judd et al., 2018; Mauseth, 2016; Becker et al., 2025).

El endospermo puede ser nuclear (los núcleos no están separados por paredes celulares), celular (los núcleos están separados por paredes celulares) o heterótrofo (tejido de reserva). En muchas angiospermas, el endospermo es consumido completamente por el embrión antes de la maduración de la semilla, y las sustancias de reserva se depositan en los cotiledones (por ejemplo, en el guisante, la judía). En otras angiospermas, el endospermo se conserva en la semilla madura (por ejemplo, en el trigo, el maíz, el arroz) (Judd et al., 2018; Mauseth, 2016).

El endospermo es una innovación clave de las angiospermas. Asegura el desarrollo rápido del embrión y una alta energía de germinación, lo que da a las angiospermas una ventaja sobre las gimnospermas, en las que las sustancias de reserva se depositan en el gametofito femenino (Judd et al., 2018; Mauseth, 2016; Becker et al., 2025).

Importancia de la doble fecundación

La doble fecundación tiene varias consecuencias importantes (Judd et al., 2018; Mauseth, 2016; Becker et al., 2025):

1. Uso eficiente de los recursos: el endospermo se forma solo después de la fecundación, lo que evita el gasto innecesario de recursos en tejido nutritivo si la fecundación no ha ocurrido.

2. Desarrollo rápido del embrión: el endospermo proporciona nutrientes al embrión desde el comienzo de su desarrollo.

3. Alta energía de germinación: las semillas con endospermo germinan más rápido y con más energía que las semillas sin endospermo.

4. Ventaja evolutiva: la doble fecundación y el endospermo dan a las angiospermas una ventaja sobre las gimnospermas, lo que contribuyó a su dominio (Judd et al., 2018; Mauseth, 2016; Becker et al., 2025).

5.5. Por qué las angiospermas se convirtieron en el grupo dominante

Las angiospermas aparecieron en el Cretácico, hace unos 130–100 millones de años, y rápidamente se convirtieron en el grupo dominante de la flora terrestre. Su éxito está relacionado con una serie de innovaciones clave (Judd et al., 2018; Rudall, 2013; Soltis et al., 2014):

1. Flor y coevolución con polinizadores: la flor asegura una polinización eficaz mediante animales, lo que aumenta la probabilidad de fecundación y reduce la dependencia del viento.

2. Fruto y dispersión de semillas: el fruto protege las semillas y asegura su dispersión por animales, viento o agua.

3. Doble fecundación y endospermo: el endospermo asegura el desarrollo rápido del embrión y una alta energía de germinación.

4. Vasos en el xilema: los vasos aseguran un transporte de agua más eficiente, lo que permite a las angiospermas alcanzar grandes tamaños y crecer en condiciones más áridas.

5. Células acompañantes en el floema: regulan la función de los tubos cribosos y aseguran un transporte más eficiente de los productos de la fotosíntesis.

6. Ciclo vital rápido: muchas angiospermas son plantas anuales o bienales, que crecen y se reproducen rápidamente. Esto les permite colonizar rápidamente nuevos hábitats y adaptarse a los cambios ambientales (Judd et al., 2018; Rudall, 2013; Soltis et al., 2014).

5.6. Importancia para la sistemática y la agroesfera

La aparición de la flor, el fruto y la doble fecundación tiene una importancia colosal para la sistemática y la agroesfera.

Para la sistemática

  • La flor es un rasgo clave para la clasificación de las angiospermas. La estructura de la flor (número de piezas, disposición, simetría) se utiliza para delimitar familias, géneros y especies.
  • El fruto también es un rasgo importante para la clasificación. El tipo de fruto (seco o carnoso, dehiscente o indehiscente) se utiliza para diferenciar taxones.
  • La doble fecundación es una peculiaridad exclusiva de las angiospermas que las distingue de todas las demás plantas (Judd et al., 2018; Mauseth, 2016).

Para la agroesfera

  • La flor es el órgano que el ser humano utiliza para el mejoramiento. Muchas plantas ornamentales se cultivan por sus flores. La polinización y fecundación son procesos clave que deben comprenderse para la reproducción exitosa de las plantas cultivadas.
  • El fruto es el órgano que el ser humano utiliza como alimento. Muchos cultivos agrícolas se cultivan por sus frutos: manzanas, peras, cerezas, tomates, pepinos, calabazas.
  • Las semillas son el órgano que el ser humano utiliza para sembrar y como alimento. Los cereales (trigo, arroz, maíz), las leguminosas (guisante, judía, soja) y las oleaginosas (girasol, colza) se cultivan por sus semillas.
  • La doble fecundación y el endospermo son procesos que aseguran el valor nutritivo de las semillas. El endospermo de los cereales es la principal fuente de alimento para la humanidad (Judd et al., 2018; Mauseth, 2016; Fuller, 2007).

5.7. Principales familias de angiospermas y su importancia económica

Las angiospermas incluyen numerosas familias de gran importancia económica. Veamos algunas (Judd et al., 2018; Yakovlev et al., 2006):

  • Gramíneas (Poaceae): trigo, arroz, maíz, cebada, avena, centeno. Son los cultivos alimentarios más importantes y proporcionan la mayor parte de las calorías en la alimentación humana.
  • Leguminosas (Fabaceae): guisante, judía, soja, lenteja, altramuz. Son ricas en proteínas y capaces de simbiosis con bacterias fijadoras de nitrógeno.
  • Solanáceas (Solanaceae): patata, tomate, pimiento, berenjena. Son importantes cultivos hortícolas.
  • Cucurbitáceas (Cucurbitaceae): pepino, calabaza, sandía, melón. Son importantes cultivos de cucurbitáceas.
  • Brasicáceas (Brassicaceae): col, rábano, nabo, mostaza, colza. Son importantes cultivos hortícolas y oleaginosos.
  • Rosáceas (Rosaceae): manzano, peral, cerezo, ciruelo, frambueso, fresa. Son importantes cultivos frutales y de bayas.
  • Asteráceas (Asteraceae): girasol, lechuga, alcachofa. Son importantes cultivos oleaginosos y hortícolas.

Conclusión

Hemos examinado la aparición de la flor, el fruto y la doble fecundación, innovaciones clave de las angiospermas que las convirtieron en el grupo dominante de la flora terrestre. Descubrimos que la flor es un brote reproductivo especializado que asegura una polinización eficaz mediante animales. El fruto es el ovario maduro que protege las semillas y asegura su dispersión. La doble fecundación es una peculiaridad exclusiva de las angiospermas que conduce a la formación del cigoto y del endospermo.

También discutimos la importancia de estas innovaciones para la sistemática y la agroesfera. Comprender la evolución de la flor, el fruto y la doble fecundación es necesario para entender la sistemática de las plantas cultivadas y para desarrollar estrategias de mejoramiento.

En la próxima lección examinaremos los acontecimientos filogenéticos que dieron origen a la agricultura moderna. Discutiremos la aparición de las familias clave —gramíneas, leguminosas, solanáceas, cucurbitáceas— y la relación entre las innovaciones evolutivas y los rasgos de valor económico.

Garshinka

6. Acontecimientos filogenéticos que dieron origen a la agricultura moderna

En los capítulos anteriores recorrimos el camino desde las primeras plantas terrestres hasta las angiospermas, y examinamos las aromorfosis clave: la salida a la tierra, la aparición del sistema vascular, el surgimiento de la semilla, la formación de la flor, el fruto y la doble fecundación. Descubrimos que cada una de estas innovaciones creaba nuevas posibilidades ecológicas y condiciones previas para el uso económico de las plantas.

Hoy examinaremos cómo los acontecimientos filogenéticos que ocurrieron a lo largo de cientos de millones de años condujeron a la aparición de aquellos grupos de plantas que se convirtieron en la base de la agricultura moderna. Discutiremos las familias clave —gramíneas, leguminosas, solanáceas, cucurbitáceas y otras—, la relación entre las innovaciones evolutivas y los rasgos de valor económico, así como el papel de la poliploidía y la hibridación en la evolución de las plantas cultivadas.

6.1. De la evolución a la domesticación: lógica general

Antes de pasar a las familias concretas, es importante comprender la lógica general de la relación entre evolución y agricultura. El ser humano no «creó» las plantas cultivadas desde cero: seleccionó aquellos rasgos que surgieron en el curso de la evolución natural y resultaron útiles para él (Fuller, 2007; Yakovlev et al., 2006).

Esto significa que la historia filogenética de las plantas determina qué rasgos están disponibles para la domesticación. Por ejemplo, si un grupo de plantas no produce semillas grandes, el ser humano no puede domesticarlo como cultivo cerealista. Si un grupo no forma frutos carnosos, no se convertirá en cultivo frutal. Así, el legado evolutivo limita y orienta la domesticación (Fuller, 2007; Judd et al., 2018).

Por otro lado, la domesticación también es un proceso evolutivo. El ser humano crea nuevas condiciones de selección, en las que sobreviven y se reproducen aquellas plantas que le resultan más útiles. Esto conduce a cambios evolutivos rápidos: el síndrome de domesticación (Fuller, 2007; Mauseth, 2016).

El síndrome de domesticación es un conjunto de rasgos que distinguen a las plantas cultivadas de sus antepasados silvestres. Entre ellos:

1. Aumento del tamaño de las semillas o los frutos: el ser humano selecciona plantas con órganos comestibles más grandes.

2. Pérdida de la dispersión natural de las semillas: las plantas cultivadas no «dispersan» las semillas, sino que las conservan en la planta hasta la cosecha.

3. Pérdida de la latencia de las semillas: las semillas cultivadas germinan rápida y uniformemente.

4. Maduración sincrónica: todas las plantas maduran al mismo tiempo, lo que facilita la cosecha.

5. Reducción del amargor o la toxicidad: el ser humano selecciona plantas con menor contenido de sustancias defensivas.

6. Aumento de la productividad: las plantas cultivadas producen más biomasa o semillas (Fuller, 2007; Mauseth, 2016; Hartmann et al., 2011).

Estos rasgos surgieron en el curso de la evolución bajo la acción de la selección artificial. El ser humano actuó como mejorador, aunque no fuera plenamente consciente de ello (Fuller, 2007; Soltis et al., 2014).

6.2. Gramíneas (Poaceae): base de la seguridad alimentaria

Las gramíneas (Poaceae, o Gramineae) son, sin duda, la familia de angiospermas más importante desde el punto de vista agrícola. A ellas pertenecen el trigo, el arroz, el maíz, la cebada, la avena, el centeno, el sorgo y el mijo: cultivos que proporcionan la mayor parte de las calorías en la alimentación de la humanidad (Judd et al., 2018; Fuller, 2007).

Condiciones previas evolutivas

Las gramíneas son plantas monocotiledóneas, que proceden de un antepasado común con otras monocotiledóneas (lirios, orquídeas, palmeras) en el Cretácico. Sus rasgos evolutivos clave incluyen (Judd et al., 2018; Mauseth, 2016):

  • Reducción de la flor: las flores de las gramíneas son pequeñas, poco vistosas y se reúnen en inflorescencias especializadas (espiguillas, panículas). Se polinizan por el viento, no por animales.
  • Fruto en cariopsis: fruto seco indehiscente en el que el pericarpio se fusiona con la cubierta seminal. Esto asegura la protección de la semilla y permite almacenarla durante largo tiempo.
  • Endospermo grande: reserva de nutrientes (almidón) en la semilla. Es precisamente el endospermo de las gramíneas lo que el ser humano utiliza como alimento (harina, sémola).
  • Crecimiento herbáceo: las gramíneas son plantas herbáceas con tallos especializados (cañas) que crecen rápidamente y se recuperan con facilidad después de la siega o el pastoreo.
  • Macollamiento: capacidad de formar muchos brotes desde la base, lo que aumenta la productividad (Judd et al., 2018; Mauseth, 2016).

Domesticación de las gramíneas

La domesticación de las gramíneas comenzó hace unos 10.000–12.000 años en varias regiones del mundo de forma independiente (Fuller, 2007):

  • Trigo y cebada: en el Creciente Fértil (Oriente Próximo).
  • Arroz: en el valle del Yangtsé (China).
  • Maíz: en Mesoamérica (México).
  • Sorgo y mijo: en África (Sáhara y Sahel).

Un acontecimiento clave en la domesticación de las gramíneas fue la pérdida de la dispersión natural de las semillas (non-shattering). En las gramíneas silvestres, las espiguillas se deshacen al madurar y las semillas caen al suelo. En las gramíneas cultivadas, las espiguillas permanecen en la planta hasta la cosecha. Este cambio surgió como resultado de una mutación y fue seleccionado por el ser humano (Fuller, 2007).

Los datos arqueobotánicos muestran que el aumento del tamaño de las semillas ocurrió relativamente rápido: en los primeros 500–1.000 años de cultivo. La pérdida de la dispersión ocurrió más lentamente: a lo largo de 1.000–2.000 años. Esto indica que distintos rasgos del síndrome de domesticación evolucionaron a distinta velocidad (Fuller, 2007).

Importancia económica

Las gramíneas son la base de la seguridad alimentaria de la humanidad. El trigo, el arroz y el maíz juntos proporcionan más del 50% de las calorías en la alimentación mundial. También se utilizan como forraje para el ganado, materia prima para la producción de papel, combustible (etanol) y otros productos (Judd et al., 2018; Fuller, 2007).

6.3. Leguminosas (Fabaceae): fuente de proteína y nitrógeno

Las leguminosas (Fabaceae, o Leguminosae) son la segunda familia de angiospermas en importancia. A ellas pertenecen el guisante, la judía, la soja, la lenteja, el garbanzo, el altramuz, el cacahuete, el trébol y la alfalfa (Judd et al., 2018; Yakovlev et al., 2006).

Condiciones previas evolutivas

Las leguminosas son plantas dicotiledóneas que se originaron en el Cretácico. Sus rasgos evolutivos clave incluyen (Judd et al., 2018; Mauseth, 2016):

  • Fruto en legumbre: fruto seco dehiscente que se abre por dos suturas y dispersa las semillas.
  • Simbiosis con bacterias fijadoras de nitrógeno: las leguminosas forman nódulos en las raíces, en los que viven bacterias Rhizobium. Estas bacterias fijan el nitrógeno atmosférico y lo transforman en una forma disponible para la planta. Esto permite a las leguminosas crecer en suelos pobres y enriquecer el suelo con nitrógeno.
  • Alto contenido de proteína en las semillas: las semillas de las leguminosas son ricas en proteínas (20–40%), lo que las convierte en una valiosa fuente de alimento.
  • Diversidad de formas de vida: desde hierbas hasta árboles y lianas (Judd et al., 2018; Mauseth, 2016).

Domesticación de las leguminosas

La domesticación de las leguminosas comenzó al mismo tiempo que la de las gramíneas, hace unos 10.000–12.000 años. El guisante y la lenteja fueron domesticados en el Creciente Fértil, la judía en Mesoamérica y la soja en China (Fuller, 2007).

A diferencia de las gramíneas, en las leguminosas el aumento del tamaño de las semillas ocurrió más lentamente. Los datos arqueobotánicos muestran que en las leguminosas las semillas aumentaron de tamaño 2.000–4.000 años más tarde que en las gramíneas. Esto se debe a diferencias en la arquitectura genética y la fisiología de las semillas (Fuller, 2007).

Importancia económica

Las leguminosas son la fuente más importante de proteína vegetal para humanos y animales. La soja es uno de los cultivos oleaginosos y proteicos más importantes del mundo. Además, las leguminosas se utilizan como abono verde (siderales) gracias a su capacidad de fijar nitrógeno (Judd et al., 2018; Yakovlev et al., 2006).

6.4. Solanáceas (Solanaceae): hortalizas y medicinas

Las solanáceas (Solanaceae) son una familia de dicotiledóneas que incluye la patata, el tomate, el pimiento, la berenjena, el tabaco, la belladona y el estramonio (Judd et al., 2018; Yakovlev et al., 2006).

Condiciones previas evolutivas

Las solanáceas se originaron en el Cretácico en América del Sur. Sus rasgos evolutivos clave incluyen (Judd et al., 2018; Mauseth, 2016):

  • Frutos carnosos en baya: muchas solanáceas tienen frutos carnosos y de colores vivos, que atraen a los animales dispersantes.
  • Alcaloides: las solanáceas sintetizan alcaloides (nicotina, atropina, solanina) que las protegen de los herbívoros. Algunas de estas sustancias se utilizan en medicina.
  • Diversidad de formas de vida: desde hierbas hasta arbustos y pequeños árboles (Judd et al., 2018; Mauseth, 2016).

Domesticación de las solanáceas

La domesticación de las solanáceas ocurrió en distintas regiones:

  • Patata: domesticada en los Andes (América del Sur) hace unos 8.000–5.000 años.
  • Tomate: domesticado en Mesoamérica y luego difundido por todo el mundo.
  • Pimiento: domesticado en Mesoamérica y América del Sur.
  • Berenjena: domesticada en el sur y este de Asia (Judd et al., 2018; Yakovlev et al., 2006).

Importancia económica

Las solanáceas son cultivos hortícolas importantísimos. La patata es uno de los principales cultivos alimentarios del mundo. El tomate es uno de los cultivos hortícolas más populares. El pimiento y la berenjena también se cultivan ampliamente. Además, las solanáceas son fuente de sustancias medicinales (atropina, nicotina) y estimulantes (tabaco; la cafeína, aunque presente en otras familias) (Judd et al., 2018; Yakovlev et al., 2006).

6.5. Cucurbitáceas (Cucurbitaceae): cultivos de calabazas y melones

Las cucurbitáceas (Cucurbitaceae) son una familia de dicotiledóneas que incluye el pepino, la calabaza, la sandía, el melón, el calabacín y la calabaza de verano (Judd et al., 2018; Yakovlev et al., 2006).

Condiciones previas evolutivas

Las cucurbitáceas se originaron en los trópicos de Asia, África y América. Sus rasgos evolutivos clave incluyen (Judd et al., 2018; Mauseth, 2016):

  • Frutos carnosos en pepónide: frutos grandes y carnosos con exocarpio duro y mesocarpio carnoso.
  • Crecimiento trepador: la mayoría de las cucurbitáceas son lianas con zarcillos que les ayudan a sujetarse a un soporte.
  • Monoecia o dioecia: muchas cucurbitáceas tienen flores unisexuales (Judd et al., 2018; Mauseth, 2016).

Domesticación de las cucurbitáceas

Las cucurbitáceas fueron domesticadas en distintas regiones:

  • Pepino: en la India.
  • Sandía: en África.
  • Melón: en África o Asia.
  • Calabaza: en Mesoamérica (Judd et al., 2018; Yakovlev et al., 2006).

Importancia económica

Las cucurbitáceas son importantes cultivos de calabaza y hortícolas. Se utilizan como alimento fresco, hervido, frito y en conserva. Algunas especies (por ejemplo, la luffa) se utilizan como cultivos técnicos (Judd et al., 2018; Yakovlev et al., 2006).

6.6. Otras familias importantes

Además de las enumeradas, toda una serie de otras familias de angiospermas tiene una importancia económica considerable (Judd et al., 2018; Yakovlev et al., 2006):

  • Crucíferas (Brassicaceae): col, rábano, nabo, mostaza, colza. Importantes cultivos hortícolas y oleaginosos.
  • Rosáceas (Rosaceae): manzano, peral, cerezo, ciruelo, frambueso, fresa. Importantes cultivos frutales y de bayas.
  • Asteráceas (Asteraceae): girasol, lechuga, alcachofa. Importantes cultivos oleaginosos y hortícolas.
  • Umbelíferas (Apiaceae): zanahoria, perejil, eneldo, apio, cilantro. Importantes cultivos hortícolas y aromáticos.
  • Aliáceas (Alliaceae): cebolla, ajo. Importantes cultivos hortícolas.
  • Vitáceas (Vitaceae): vid. Importante cultivo frutal.
  • Oleáceas (Oleaceae): olivo, fresno. El olivo es un importante cultivo frutal.
  • Palmáceas (Arecaceae): cocotero, palmera datilera, palma aceitera. Importantes cultivos alimentarios y técnicos (Judd et al., 2018; Yakovlev et al., 2006).

6.7. El papel de la poliploidía y la hibridación en la evolución de las plantas cultivadas

La poliploidía es el aumento del número de juegos de cromosomas en las células. La poliploidía está ampliamente extendida entre las plantas y desempeña un papel importante en la evolución y la selección de las plantas cultivadas (Soltis et al., 2014; Mauseth, 2016).

Tipos de poliploidía

Se distinguen dos tipos principales de poliploidía (Soltis et al., 2014; Mauseth, 2016):

1. Autopoliploidía: aumento del número de juegos de cromosomas dentro de una misma especie. Por ejemplo, es autopoliploide la alfalfa (Medicago sativa), que tiene 4 juegos de cromosomas (4n).

2. Alopoliploidía: aumento del número de juegos de cromosomas como resultado de la hibridación entre especies diferentes. Por ejemplo, es alopoliploide el trigo (Triticum aestivum), que tiene 6 juegos de cromosomas (6n) y procede de la hibridación de tres especies diferentes.

Importancia de la poliploidía para la agricultura

La poliploidía tiene varias consecuencias importantes para la agricultura (Soltis et al., 2014; Mauseth, 2016):

  • Aumento del tamaño de las células y los órganos: las plantas poliploides a menudo tienen células más grandes, lo que conduce a un aumento del tamaño de los frutos, las semillas y las hojas. Esto es especialmente valioso para los cultivos hortícolas y frutales.
  • Aumento de la productividad: las plantas poliploides a menudo son más productivas que las diploides.
  • Resistencia a condiciones desfavorables: las plantas poliploides a menudo son más resistentes a la sequía, el frío y las enfermedades.
  • Nuevas combinaciones de genes: la alopoliploidía permite combinar genes de especies diferentes, creando nuevos caracteres.

Muchas de las plantas cultivadas más importantes son poliploides (Soltis et al., 2014; Mauseth, 2016):

  • Trigo (Triticum aestivum): hexaploide (6n).
  • Papa (Solanum tuberosum): tetraploide (4n).
  • Algodón (Gossypium hirsutum): tetraploide (4n).
  • Tabaco (Nicotiana tabacum): tetraploide (4n).
  • Café (Coffea arabica): tetraploide (4n).
  • Plátano (Musa × paradisiaca): triploide (3n).
  • Fresa (Fragaria × ananassa): octoploide (8n) (Soltis et al., 2014; Mauseth, 2016).

Hibridación

La hibridación es el cruzamiento entre especies o variedades diferentes. La hibridación se utiliza ampliamente en la selección para crear nuevas variedades con caracteres deseados (Soltis et al., 2014; Fuller, 2007).

Ejemplos de plantas cultivadas híbridas (Soltis et al., 2014; Yakovlev et al., 2006):

  • Trigo: resultado de la hibridación de varias especies.
  • Triticale: híbrido de trigo y centeno.
  • Colza: híbrido de diferentes especies de col.
  • Fresa de jardín: híbrido de varias especies de fresa.
  • Vid cultivada: híbrido de varias especies de vid.

La hibridación permite combinar caracteres valiosos de diferentes especies: rendimiento, resistencia a enfermedades, calidad de los frutos. También crea diversidad genética, necesaria para la selección posterior (Soltis et al., 2014; Fuller, 2007).

6.8. Relación entre las innovaciones evolutivas y los caracteres de valor económico

Resumamos: ¿qué innovaciones evolutivas se convirtieron en la base de caracteres de valor económico?

Innovación evolutivaCarácter de valor económicoEjemplos de cultivos
SemillaSemillas grandes, reserva de nutrientesTrigo, arroz, maíz, guisante, judía
FlorAtracción de polinizadores, diversidad de formasManzano, cerezo, girasol
FrutoFrutos carnosos, protección de las semillas, dispersiónTomate, pepino, sandía, manzana
Doble fecundaciónEndospermo, valor nutritivo de las semillasCereales, oleaginosas
Vasos en el xilemaTransporte eficaz, crecimientoTodas las plantas cultivadas
Simbiosis con bacterias fijadoras de nitrógenoEnriquecimiento del suelo con nitrógeno, semillas proteicasLeguminosas
PoliploidíaFrutos grandes, productividad, resistenciaTrigo, papa, algodón
HibridaciónNuevas combinaciones de caracteresTriticale, colza, fresa

Esta tabla muestra que el legado evolutivo determina qué caracteres están disponibles para la domesticación. Comprender los acontecimientos filogenéticos nos permite entender mejor por qué unos grupos de plantas se convirtieron en cultivadas y otros no (Fuller, 2007; Judd et al., 2018; Soltis et al., 2014).

6.9. Importancia para la sistemática y la agrosfera

Comprender los acontecimientos filogenéticos que dieron origen a la agricultura moderna tiene una importancia considerable para la sistemática y la agrosfera.

Para la sistemática

  • Las relaciones filogenéticas de las plantas cultivadas con sus parientes silvestres permiten determinar qué especies silvestres pueden utilizarse para la selección.
  • La homología de los caracteres: comprender qué caracteres son homólogos y cuáles análogos permite clasificar correctamente las plantas cultivadas.
  • La historia evolutiva de las familias permite predecir qué caracteres pueden tener las especies aún no estudiadas (Judd et al., 2018; Fuller, 2007).

Para la agrosfera

  • Selección: comprender los mecanismos evolutivos (poliploidía, hibridación, mutaciones) permite crear nuevas variedades con caracteres deseados.
  • Conservación de los recursos genéticos: los parientes silvestres de las plantas cultivadas son fuente de genes de resistencia a enfermedades, sequía y frío. Su conservación es necesaria para la selección futura.
  • Agrotecnia: comprender las adaptaciones evolutivas de las plantas cultivadas permite optimizar las condiciones de su cultivo (riego, fertilización, fechas de siembra) (Fuller, 2007; Soltis et al., 2014; Yakovlev et al., 2006).

Conclusión

Así, hemos examinado los acontecimientos filogenéticos que dieron origen a la agricultura moderna. Hemos establecido que las familias clave de angiospermas —gramíneas, leguminosas, solanáceas, cucurbitáceas y otras— surgieron en el curso de la evolución y adquirieron caracteres que las hicieron aptas para la domesticación. Hemos discutido el papel de la poliploidía y la hibridación en la evolución de las plantas cultivadas y hemos mostrado cómo las innovaciones evolutivas se relacionan con los caracteres de valor económico.

En la lección final resumiremos todo el curso y discutiremos por qué comprender la evolución es necesario para la sistemática y la selección.

7. Conclusión

Concluimos el ciclo de lecciones dedicadas al árbol evolutivo de las plantas. Hemos recorrido un largo camino: desde las primeras plantas terrestres, que tímidamente colonizaban las orillas húmedas de las cuencas del Silúrico, hasta las angiospermas, que dominan en los ecosistemas modernos y constituyen la base de la agricultura. Hemos examinado los aromorfosis clave que ampliaron sucesivamente las posibilidades de las plantas y crearon las premisas para su uso económico.

Hoy resumiremos todo el curso. Repasaremos una vez más la secuencia de los aromorfosis clave, discutiremos cómo cada uno de ellos creó nuevas posibilidades ecológicas y mostraremos por qué comprender la evolución es necesario para la sistemática y la selección. Esta conclusión no es una simple repetición de lo ya visto, sino un intento de construir un cuadro integral que le ayude a ver la lógica del proceso evolutivo y su relación con la agrosfera.

7.1. Secuencia de los aromorfosis clave

La evolución de las plantas terrestres es una secuencia de aromorfosis clave, cada uno de los cuales cambiaba cualitativamente las posibilidades de las plantas y abría nuevos nichos ecológicos. Examinemos esta secuencia una vez más (Judd et al., 2018; Mauseth, 2016; Raven et al., 2007).

Primer aromorfosis: la salida a tierra firme. Esta transición fue posible gracias a las preadaptaciones formadas en las algas carofitas: fragmoplasto y plasmodesmos, crecimiento apical, retención del cigoto en el organismo materno, cubiertas protectoras. Las primeras plantas terrestres —las briofitas— conservaron la dependencia del agua para la reproducción y el predominio del gametofito. Sus limitaciones evolutivas no les permitieron convertirse en la base de la agricultura, pero colonizaron la tierra firme y crearon las premisas para la evolución posterior (Ligrone et al., 2012; Renzaglia et al., 2000; Bennici, 2008).

Segundo aromorfosis: la aparición del sistema vascular. El xilema y el floema aseguraron un transporte eficaz de agua y nutrientes, lo que permitió a las plantas alcanzar grandes tamaños, formar raíces, tallos y hojas verdaderos, y dominar en el ciclo vital el esporofito. Las plantas vasculares —licopodios, equisetos, helechos— formaron los primeros bosques verdaderos en el período Carbonífero. Sus restos se convirtieron en la base de la formación del carbón mineral. La aparición del sistema vascular creó las premisas para la evolución posterior: las plantas con semilla (Kenrick & Crane, 1997; Raven et al., 2007; Doyle, 2013).

Tercer aromorfosis: la aparición de la semilla. La semilla permitió a las plantas liberarse por completo de la dependencia del agua para la reproducción y la dispersión. La semilla incluye el embrión, la reserva de nutrientes y la cubierta seminal, y puede permanecer en estado de reposo, lo que permite superar condiciones desfavorables. Las gimnospermas —las primeras plantas con semilla— dominaron en el Mesozoico. La semilla creó las premisas para la agricultura: almacenamiento, transporte, siembra, selección (Judd et al., 2018; Mauseth, 2016; Fuller, 2007).

Cuarto aromorfosis: la aparición de la flor, el fruto y la doble fecundación. La flor aseguró una polinización eficaz con ayuda de animales, el fruto la protección y dispersión de las semillas, la doble fecundación la formación del endospermo, tejido nutritivo para el embrión. Las angiospermas se convirtieron en el grupo dominante de la flora terrestre y en la base de la fitotecnia moderna (Judd et al., 2018; Rudall, 2013; Becker et al., 2025).

Quinto aromorfosis: poliploidía e hibridación. Estos mecanismos genéticos aseguraron el aumento del tamaño de los órganos, el incremento de la productividad y la resistencia a condiciones desfavorables. Muchas de las plantas cultivadas más importantes son poliploides (trigo, papa, algodón) o híbridos (triticale, colza, fresa). La poliploidía y la hibridación se convirtieron en mecanismos clave de la evolución de las plantas cultivadas (Soltis et al., 2014; Mauseth, 2016).

7.2. Cada transición creaba nuevas posibilidades ecológicas

Es importante comprender que cada aromorfosis no solo «mejoraba» las plantas: creaba nuevas posibilidades ecológicas que abrían el camino para la evolución posterior. Examinemos esta lógica una vez más.

La salida a tierra firme creó la posibilidad de utilizar los recursos terrestres: luz, CO2, minerales del suelo. Pero también creó problemas: desecación, gravedad, UV, intercambio gaseoso. La solución de estos problemas se convirtió en la fuerza motriz de la evolución posterior (Raven et al., 2007; Yakovlev et al., 2006).

El sistema vascular permitió a las plantas alcanzar grandes tamaños y colonizar diversos hábitats terrestres. Pero también creó la posibilidad de formar órganos complejos —raíces, tallos, hojas— y de diferenciar tejidos. Esto abrió el camino para la aparición de las plantas con semilla (Kenrick & Crane, 1997; Doyle, 2013).

La semilla permitió a las plantas liberarse del agua para la reproducción y dispersarse a grandes distancias. Pero también creó la posibilidad de acumular reservas nutritivas y de entrar en estado de reposo. Esto abrió el camino para la aparición de las angiospermas (Judd et al., 2018; Mauseth, 2016).

La flor y el fruto permitieron a las angiospermas utilizar animales para la polinización y la dispersión de las semillas. Pero también crearon la posibilidad de la coevolución: influencia evolutiva mutua de flores y polinizadores, frutos y dispersores. Esto condujo a una enorme diversidad de angiospermas (Judd et al., 2018; Rudall, 2013).

La poliploidía y la hibridación permitieron a las plantas cultivadas adquirir nuevos caracteres y adaptarse a nuevas condiciones. Pero también crearon la posibilidad de una evolución rápida bajo la acción de la selección artificial. Esto condujo a la aparición de las variedades y los cultivos modernos (Soltis et al., 2014; Fuller, 2007).

Así, la evolución de las plantas terrestres no es simplemente una secuencia de cambios aleatorios. Es un proceso regular en el que cada aromorfosis creaba nuevas posibilidades y abría el camino para la etapa siguiente.

7.3. Por qué comprender la evolución es necesario para la sistemática

La sistemática es la ciencia de la diversidad de los organismos y su clasificación. La sistemática moderna se construye sobre el principio filogenético: la clasificación debe reflejar las relaciones evolutivas entre los organismos (Judd et al., 2018; Yakovlev et al., 2006).

Comprender la evolución es necesario para la sistemática por varias razones.

En primer lugar, las relaciones filogenéticas determinan qué grupos son monofiléticos (proceden de un antepasado común e incluyen a todos sus descendientes), cuáles son parafiléticos (incluyen a no todos los descendientes del antepasado común) o polifiléticos (proceden de antepasados diferentes). Por ejemplo, las briofitas son un grupo parafilético, y las angiospermas, monofilético. Comprender esto permite construir una clasificación natural (Judd et al., 2018; Renzaglia et al., 2000).

En segundo lugar, comprender la evolución permite distinguir los caracteres homólogos de los análogos. Los caracteres homólogos son los heredados de un antepasado común. Los caracteres análogos son los surgidos independientemente en grupos diferentes. Por ejemplo, las hojas de los licopodios (microfilos) y las hojas de los helechos (megafilos) son órganos análogos, no homólogos. Comprender esto permite interpretar correctamente los caracteres y construir la clasificación (Tomescu, 2009; Kenrick & Crane, 1997).

En tercer lugar, comprender la evolución permite predecir qué caracteres pueden tener las especies aún no estudiadas. Por ejemplo, si sabemos que una familia se caracteriza por un determinado tipo de fruto, podemos esperar que las nuevas especies de esa familia tengan el mismo tipo de fruto. Esto es importante para la determinación y la clasificación de las plantas (Judd et al., 2018).

En cuarto lugar, comprender la evolución permite entender la dirección y la velocidad de los cambios evolutivos. Por ejemplo, sabemos que la pérdida de la dispersión natural de las semillas en los cereales ocurrió más lentamente que el aumento del tamaño de las semillas. Este conocimiento ayuda a interpretar los datos arqueobotánicos y a comprender los procesos de domesticación (Fuller, 2007).

7.4. Por qué comprender la evolución es necesario para la selección

La selección es la ciencia de la creación de nuevas variedades de plantas cultivadas. La selección moderna se construye sobre principios genéticos y evolutivos (Soltis et al., 2014; Fuller, 2007).

Comprender la evolución es necesario para la selección por varias razones.

En primer lugar, comprender la evolución permite determinar los parientes silvestres de las plantas cultivadas. Los parientes silvestres son fuente de genes de resistencia a enfermedades, sequía y frío. Por ejemplo, las especies silvestres de trigo son fuente de genes de resistencia a la roya. Comprender las relaciones filogenéticas permite encontrar estos parientes y utilizarlos en la selección (Judd et al., 2018; Soltis et al., 2014).

En segundo lugar, comprender la evolución permite entender los mecanismos genéticos que subyacen a los caracteres de valor económico. Por ejemplo, comprender que la poliploidía conduce al aumento del tamaño de las células y los órganos permite utilizar la poliploidización para crear nuevas variedades con frutos grandes (Soltis et al., 2014; Mauseth, 2016).

En tercer lugar, comprender la evolución permite predecir las consecuencias de las decisiones de selección. Por ejemplo, si seleccionamos plantas con semillas grandes, podemos esperar que esto conduzca a una disminución del número de semillas o a una reducción de la resistencia a enfermedades. Comprender los compromisos evolutivos permite evitar consecuencias indeseables (Fuller, 2007; Soltis et al., 2014).

En cuarto lugar, comprender la evolución permite utilizar los mecanismos evolutivos para crear nuevas variedades. Por ejemplo, la hibridación permite combinar caracteres valiosos de especies diferentes, y la poliploidía, aumentar la productividad. Comprender estos mecanismos permite crear deliberadamente nuevas variedades (Soltis et al., 2014; Yakovlev et al., 2006).

7.5. El árbol evolutivo de las plantas y la agrosfera: cuadro final

Resumamos. El árbol evolutivo de las plantas es una secuencia de aromorfosis clave, cada uno de los cuales creaba nuevas posibilidades ecológicas y premisas para el uso económico. Podemos representar esta secuencia en forma de esquema:

EtapaAromorfosisPosibilidades ecológicasImportancia económica
Salida a tierra firmePreadaptaciones de las carofitasColonización del medio terrestrePremisas para todas las plantas terrestres
Plantas vascularesXilema y floemaGrandes tamaños, bosquesMadera, carbón mineral
Plantas con semillaSemillaIndependencia del aguaAlmacenamiento, siembra, selección
AngiospermasFlor, fruto, doble fecundaciónCoevolución con animalesBase de la fitotecnia moderna
Poliploidía e hibridaciónAumento del tamaño, productividadAdaptación a nuevas condicionesCreación de nuevas variedades

Este esquema muestra que el legado evolutivo determina qué caracteres están disponibles para la domesticación. Comprender este legado nos permite entender mejor por qué unos grupos de plantas se convirtieron en cultivadas y otros no (Fuller, 2007; Judd et al., 2018; Soltis et al., 2014).

Максидом

Referencias

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