El núcleo celular de las plantas
Una de las características más importantes que distinguen a las plantas, hongos, animales y protistas de las bacterias y arqueas es la presencia en sus células de un núcleo definido. Por esta razón, los primeros se denominan eucariotas (del griego eu — bien/verdadero, karyon — núcleo), mientras que los segundos son procariotas (pro — antes).
El núcleo celular de las plantas es un orgánulo membranoso grande, generalmente esférico o elipsoide, que sirve como centro de almacenamiento, reproducción e implementación de la información hereditaria. Precisamente él separa el material genético (ADN) del citoplasma metabólicamente activo, creando un entorno controlado para la función del genoma (von Denffer et al., 1971; Evert, 2006). En el núcleo ocurren procesos clave: la replicación del ADN (duplicación del genoma antes de la división celular), la transcripción (lectura de la información de los genes en ARN mensajero) y la maduración de los ribosomas (Mauseth, 2017).
A diferencia de las células animales, el núcleo vegetal en células maduras suele ser desplazado por la gran vacuola central hacia la periferia, contra la pared celular. No obstante, mantiene una comunicación activa con el citoplasma a través de poros complejamente estructurados en su envoltura y, por regla general, está presente en cada célula viva, ya que es un requisito indispensable para su funcionamiento y división (Bidlack & Jansky, 2021).
Desde el punto de vista evolutivo, la aparición del núcleo fue uno de los eventos clave que dividió la vida en los mundos procariota y eucariota. El genoma de los procariotas es una molécula circular de ADN que yace libre en el citoplasma en una región llamada nucleoide (Evert, 2006). La formación de una envoltura membranosa alrededor del material genético otorgó a los eucariotas una serie de ventajas fundamentales:
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Aislamiento espacial de la transcripción y la traducción. En una célula procariota, la síntesis de ARN a partir del ADN (transcripción) y la síntesis de proteínas a partir del ARN (traducción) ocurren simultáneamente en el mismo compartimento. La envoltura nuclear separó físicamente estos procesos: la transcripción permaneció dentro del núcleo, mientras que la traducción tuvo lugar en el citoplasma. Esto permitió que la célula evolucionara mecanismos complejos de procesamiento del ARN (por ejemplo, el splicing) que modifican el ARN mensajero antes de que salga al citoplasma (Mauseth, 2017).
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Protección y regulación del genoma. La envoltura de doble membrana (cariolema) crea una zona amortiguadora (espacio perinuclear) que protege al ADN de daños causados por especies reactivas de oxígeno y otros compuestos reactivos generados en el citoplasma y los orgánulos (Groves et al., 2025). Además, el núcleo se convirtió en un centro de regulación compleja: ahora se podía controlar estrictamente el acceso a la información genética, activando o desactivando genes específicos en respuesta a señales.
El origen del núcleo sigue siendo objeto de debate científico. Según una de las hipótesis más fundamentadas, la célula ancestral de los eucariotas era una célula similar a una arquea cuya membrana plasmática comenzó a invaginarse alrededor del material genético. Con el tiempo, estas invaginaciones se sellaron, formando la primera envoltura nuclear y dando origen simultáneamente a otras estructuras membranosas intracelulares, como el retículo endoplásmico (Evert, 2006). Es importante subrayar que el núcleo no es simplemente una «bolsa de ADN», sino una estructura altamente integrada cuyo andamiaje interno (nucleoesqueleto) está conectado dinámicamente con el citoesqueleto de la célula y participa en la organización de la cromatina y en la regulación de la expresión génica (Groves et al., 2025; Santos et al., 2020).
En las siguientes secciones examinaremos cómo está organizada esta estructura compleja y qué funciones desempeñan sus componentes en el contexto de la vida de la planta.
La siguiente sección del artículo — «Funciones del núcleo» — se centrará en las principales tareas directivas del núcleo en la célula, con énfasis en las características propias de las plantas (poliploidización, tolerancia a repeticiones y vínculos con programas de muerte celular). Se mantiene el mismo estilo pedagógico y científicamente preciso, basado en las fuentes proporcionadas.
1. Funciones del núcleo
El núcleo celular actúa en la planta como un «centro de control» —informacional, regulador y reproductivo—. Todas las funciones del núcleo están, de una u otra manera, relacionadas con el procesamiento y la implementación de la información genética codificada en el ADN. Estas funciones pueden agruparse en cuatro categorías principales.
1.1. Almacenamiento y mantenimiento de la información hereditaria
Esta es la función primaria y más evidente. En el núcleo, en forma de cromatina (complejo de ADN con proteínas histonas), se almacena prácticamente todo el genoma de la célula. A diferencia de los procariotas, donde el ADN se encuentra en el citoplasma, la envoltura nuclear crea un entorno protector que evita daños al material genético (Mauseth, 2017; Evert, 2006). En las plantas, el núcleo almacena un genoma significativamente más grande que en los animales, a menudo rico en secuencias repetitivas. Al mismo tiempo, las células vegetales muestran una alta tolerancia a la poliploidía —el aumento del número de copias de todo el genoma—. En muchos cultivos agrícolas (por ejemplo, trigo, papa), la poliploidía no solo no causa patologías, sino que es una norma evolutivamente fijada, a menudo asociada con células de mayor tamaño y un mayor rendimiento (Bidlack & Jansky, 2021; von Denffer et al., 1971).
1.2. Implementación de la información genética: regulación de la síntesis de proteínas
El núcleo controla la síntesis de todas las proteínas de la célula, pero lo hace de manera indirecta. En el núcleo ocurre la transcripción —la síntesis de moléculas de ARN mensajero (ARNm) a partir de la plantilla de ADN—. Estas moléculas de ARNm, después de su procesamiento (maduración, que incluye la eliminación de secuencias no codificantes —intrones—), se exportan a través de los poros nucleares al citoplasma, donde tiene lugar la traducción propiamente dicha —el ensamblaje de la cadena proteica— en los ribosomas (Evert, 2006).
El proceso de transcripción y el posterior procesamiento del ARN están estrictamente regulados por el núcleo en respuesta a señales externas e internas. En el núcleo se encuentran proteínas especiales —factores de transcripción— que reconocen regiones específicas del ADN (promotores) e inician o suprimen la lectura de genes concretos. Esto permite que la planta adapte de manera flexible la composición proteica de sus células a las condiciones ambientales cambiantes (luz, sequía, ataque de patógenos) (Lee et al., 2024; Beck, 2010).
1.3. Control del ciclo celular y de la división
El núcleo es el principal organizador de su propia división (mitosis) y, en consecuencia, de la división de toda la célula. Es en el núcleo durante la interfase donde ocurre la replicación precisa (duplicación) del ADN. Durante la mitosis, el núcleo asegura la distribución exacta de las copias del material genético entre las dos células hijas. Los procesos de condensación de la cromatina en cromosomas, la unión de los microtúbulos del huso mitótico a los centrómeros y la separación de las cromátidas están todos controlados por estructuras nucleares (Beck, 2010; Stern’s Introductory Plant Biology, 2021). Esta función tiene una relevancia agronómica directa: comprender el ciclo celular permite manejar el crecimiento y la reproducción de las plantas cultivadas.
1.4. Integración de señales de estrés y participación en la muerte celular programada (MCP)
A diferencia de las visiones «clásicas», el núcleo no solo emite órdenes, sino que también percibe activamente señales sobre el estado de la célula. Bajo diversos tipos de estrés (choque térmico, salinidad, ataque de patógenos, daño al ADN), moléculas señalizadoras llegan al núcleo desde el citoplasma y otros orgánulos (mitocondrias, cloroplastos). El núcleo analiza esta información y activa el programa de expresión génica correspondiente, destinado a sintetizar proteínas protectoras, reparar el ADN o, en caso de daños irreversibles, desencadenar la muerte celular programada (MCP) (Lee et al., 2024; Groves et al., 2025). Por ejemplo, durante la diferenciación del xilema (la madera), el núcleo inicia su propia muerte siguiendo un programa estrictamente controlado, necesario para la formación de los vasos conductores huecos. El núcleo no es aquí un observador pasivo, sino un ejecutor activo, que organiza la destrucción de su propia envoltura y de otras estructuras celulares (Chustecki & Johnston, 2024; Abe & Numata, 2024).
Por lo tanto, las funciones del núcleo no se limitan al almacenamiento pasivo del «plano» genético. Representa un sistema activo y dinámico que lee, interpreta e implementa la información genética, recibiendo y procesando simultáneamente señales de retroalimentación sobre el estado de la célula y su entorno. En las siguientes secciones examinaremos cómo la arquitectura del núcleo y sus componentes moleculares le permiten realizar tareas tan complejas.
2. Arquitectura y estructura
El núcleo celular de las plantas no es una bolsa amorfa de ADN, sino una estructura dinámica y estrictamente organizada, cuya arquitectura está indisolublemente ligada a sus numerosas funciones. Comprender esta arquitectura es esencial para entender los procesos de regulación génica, el ciclo celular y la adaptación de las plantas.
2.1. Forma, tamaño y posición del núcleo en la célula vegetal
En una célula meristemática joven típica (célula de tejido generativo), el núcleo tiene forma esférica o ligeramente elipsoide y ocupa una posición central, llegando a representar hasta la mitad del volumen del protoplasto. Está rodeado por un citoplasma denso, rico en ribosomas y orgánulos (Mauseth, 2017; Evert, 2006).
A medida que la célula madura y se forma una gran vacuola central, la posición del núcleo cambia. Desplazado por la vacuola en crecimiento, el núcleo suele moverse hacia la periferia, situándose en la capa parietal de citoplasma contra la pared celular. Sin embargo, nunca pierde la conexión con la parte central de la célula; a menudo el núcleo está como «suspendido» de hebras citoplasmáticas que cruzan la vacuola (Bidlack & Jansky, 2021; Graham et al., 2014). En algunos tipos de células especializadas (por ejemplo, en los elementos de los tubos cribosos del floema), el núcleo maduro puede degenerar completamente, y la célula funciona sin él, lo que es una excepción rara a la regla general (Evert, 2006).
El tamaño del núcleo varía según el tipo de tejido, la ploidía y la actividad metabólica. En promedio, el diámetro nuclear oscila entre 5 y 25 µm, aunque en células gigantes de algunas algas (por ejemplo, Acetabularia) el núcleo puede alcanzar decenas e incluso cientos de micrómetros (von Denffer et al., 1971). El volumen nuclear tiende a permanecer relativamente constante a medida que la célula crece, mientras que el volumen del citoplasma y la vacuola aumenta, por lo que el tamaño nuclear relativo («relación núcleo‑citoplasma») en células maduras es significativamente menor que en células jóvenes (Mauseth, 2017).
2.2. Unidades estructurales: visión general de los componentes del núcleo
El núcleo de las plantas es un sistema complejamente organizado que consta de varias unidades estructurales clave, cada una de las cuales realiza funciones específicas. Caractericémoslas brevemente.
Envoltura nuclear (cariolema). Separa el nucleoplasma del citoplasma, creando un entorno único para los procesos de transcripción y replicación. La membrana interna sirve como soporte para la organización de la cromatina y la lámina nuclear (Groves et al., 2025).
Poros nucleares (complejos de poro nuclear). Proporcionan un transporte bidireccional selectivo entre el núcleo y el citoplasma. Las moléculas pequeñas y los iones difunden libremente a través de los poros; el transporte de macromoléculas grandes (ARNm, subunidades ribosómicas, proteínas como factores de transcripción) requiere energía y se realiza mediante proteínas transportadoras especiales (Lee et al., 2024).
Lámina nuclear (nucleoesqueleto). Mantiene la forma del núcleo, sirve como andamio para la organización de la cromatina y es un punto de unión para los telómeros y ciertos genes, participando en su regulación. Interactúa con el complejo LINC, conectando el núcleo con el citoesqueleto (filamentos de actina y microtúbulos) (Chustecki & Johnston, 2024).
Cromatina. Depósito de la información genética. La organización tridimensional de la cromatina en el espacio nuclear (dominios topológicamente asociados, dominios nucleares) es fundamental para la regulación precisa de la expresión génica. En la interfase, los cromosomas están descondensados y ocupan territorios específicos.
Nucléolo (nucleolo). Centro de síntesis de ARN ribosómico (ARNr) y ensamblaje de los precursores ribosómicos. Aquí ocurren la transcripción de los genes de ARNr, su procesamiento y su unión con las proteínas ribosómicas importadas desde el citoplasma, formando las subunidades ribosómicas pequeña y grande (Evert, 2006).
Carioplasma (nucleoplasma). Proporciona el entorno interno para que ocurran todos los procesos nucleares. Actúa como disolvente y medio de transporte para las macromoléculas.
Todos estos componentes no funcionan de forma aislada, sino como un sistema único que se reorganiza dinámicamente, capaz de cambiar rápidamente su arquitectura en respuesta a señales y durante el ciclo celular (Santos et al., 2020; Groves et al., 2025).
2.3. Comparación con los núcleos de animales, hongos y otros organismos
Aunque el plan básico de la estructura nuclear es conservador en todos los eucariotas, el núcleo de las plantas posee una serie de diferencias características que reflejan las particularidades del metabolismo, el estilo de vida y la filogenia de las plantas (tabla).
| Característica | Plantas | Animales | Hongos |
|---|---|---|---|
| Forma y dinámica | A menudo variable; en células maduras desplazado por la vacuola hacia la pared; puede cambiar de posición durante la corriente citoplásmica (ciclosis) (Mauseth, 2017). | Generalmente estable, central; estrechamente asociado al centrosoma. | A menudo pequeño, puede ser múltiple (dicarión); migra a través de las hifas. |
| Lámina nuclear | Composición proteica específica (proteínas NMCP/CRWN). Ausencia de láminas clásicas (Groves et al., 2025). | Láminas clásicas A, B, C (filamentos intermedios). | En muchos hongos, la lámina está reducida, pero existen análogos funcionales. |
| Conexión con el citoesqueleto | Unida mediante el complejo LINC a filamentos de actina y microtúbulos; movimiento nuclear a lo largo de la actina (Chustecki & Johnston, 2024). | Conexión con los microtúbulos a través del centrosoma; movimiento sobre microtúbulos con dineína. | Predominantemente conexión con microtúbulos. |
| Comportamiento durante la división | La envoltura nuclear se desintegra; formación del huso sin centríolos (en plantas superiores) (Evert, 2006). | Desintegración de la envoltura nuclear; el huso se forma con participación de centríolos. | A menudo la envoltura nuclear permanece intacta (mitosis cerrada); mecanismos variables. |
| Características del genoma | Genoma grande con muchas repeticiones; alta frecuencia de poliploidía y endopoliploidía (Bidlack & Jansky, 2021). | Genoma más compacto; la poliploidía es rara y a menudo patológica. | Genoma de tamaño pequeño, a menudo con alta densidad génica. |
Una diferencia crucial es la ausencia en las plantas superiores de centríolos — orgánulos que en las células animales organizan los centros de ensamblaje de los microtúbulos del huso de división. En las plantas, su función es asumida por los llamados «polos del huso», cuya estructura no se conoce completamente, pero que aseguran eficazmente la segregación cromosómica (Evert, 2006; Mauseth, 2017). Esta diferencia sirve como un recordatorio más de que la célula vegetal ha evolucionado de manera independiente, desarrollando una serie de mecanismos únicos para procesos celulares fundamentales.
Así, el núcleo de las plantas no es simplemente un análogo del núcleo animal, sino un orgánulo con una marcada especificidad propia, determinada por el estilo de vida de la planta y las particularidades de su biología celular.
3. Unidades estructurales del núcleo
Como ya hemos señalado, el núcleo no es una masa única, sino un sistema altamente organizado compuesto por varias unidades estructurales funcionalmente distintas pero íntimamente interconectadas. Cada una de ellas desempeña un papel insustituible en el funcionamiento del núcleo. En esta sección examinaremos en detalle dos de las estructuras más importantes que forman los límites del núcleo y controlan sus conexiones con el citoplasma circundante.
3.1. Envoltura nuclear (Cariolema)
La envoltura nuclear (sinónimos: cariolema, sobre nuclear) es una estructura de doble membrana que separa físicamente el contenido del núcleo (nucleoplasma) del citoplasma. Su función principal es crear un entorno aislado para el almacenamiento y la expresión del material genético, así como asegurar el transporte selectivo de sustancias (Evert, 2006; Beck, 2010).
La cariolema consta de dos membranas bilipídicas paralelas, cada una de unos 6–8 nm de espesor:
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Membrana nuclear externa — orientada hacia el citoplasma. Es importante destacar que es una continuación directa de las membranas del retículo endoplásmico rugoso (RER). En su superficie a menudo hay ribosomas, donde se sintetizan proteínas que luego pasan al espacio perinuclear o a los canales del RE (Serebryakova et al., 2006; von Denffer et al., 1971).
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Membrana nuclear interna — orientada hacia el interior del núcleo. Tiene una composición proteica única y sirve como lugar de unión de la cromatina y de las fibras de la lámina nuclear (nucleoesqueleto), que organizan la estructura del núcleo en interfase (Groves et al., 2025; Evert, 2006).
Entre las membranas externa e interna se encuentra el espacio perinuclear (de 20–40 nm de ancho), que se comunica con el lumen del RE. Este espacio actúa como una zona amortiguadora y puede participar en el transporte de ciertas moléculas (Graham et al., 2014).
Esta construcción —la fusión directa de la membrana nuclear externa con las membranas del RE— es exclusiva de las células eucariotas y subraya la unidad funcional del compartimento nuclear y del sistema de endomembranas de la célula. Proporciona no solo una función de barrera, sino también cierta estabilidad mecánica.
3.2. Poros nucleares (Complejo del poro)

Estructura esquemática del complejo del poro nuclear
Representación esquemática del complejo del poro nuclear (CPN) en vista lateral. El diagrama muestra los principales componentes estructurales: 1 - envoltura nuclear, 2 - anillo externo, 3 - radios, 4 - cesta, 5 - fibras citoplasmáticas.
La envoltura nuclear no es continua: posee aberturas especializadas —los poros nucleares— donde las membranas externa e interna se fusionan formando un canal continuo. Sin embargo, estos poros no son simples «agujeros», sino complejos ensamblajes proteicos conocidos como complejos de poro nuclear (NPC, por sus siglas en inglés). Se encuentran entre los complejos proteicos más grandes y complejos de la célula eucariota, con masas moleculares que pueden alcanzar 100–120 MDa (Evert, 2006; Beck, 2010).
Estructura del complejo del poro (generalizada): En la parte central del canal hay una barrera de transporte formada por proteínas con dominios flexibles no estructurados que crean un filtro selectivo. Una estructura anular rodea este canal y está anclada en la envoltura nuclear. Desde el anillo interno se extiende una «cesta» hacia el nucleoplasma, y hacia el citoplasma se extienden fibrillas citoplasmáticas. Estos elementos participan en el reconocimiento y el acoplamiento de las partículas de transporte (Graham et al., 2014; Stern’s Introductory Plant Biology, 2021).
Funciones de los poros nucleares:
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Transporte selectivo. A través de los poros ocurre la difusión pasiva libre de moléculas pequeñas (iones, metabolitos pequeños) y el transporte activo, dependiente de energía, de macromoléculas grandes (proteínas, ARN, partículas ribonucleoproteicas) (Lee et al., 2024).
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Importación de proteínas al núcleo. Las proteínas sintetizadas en el citoplasma pero destinadas a funcionar en el núcleo (histonas, ADN y ARN polimerasas, factores de transcripción) contienen una secuencia de aminoácidos específica —la señal de localización nuclear (NLS, por sus siglas en inglés)—. Receptores especiales (importinas) reconocen la NLS y guían a la proteína a través del canal del poro con gasto de energía GTP (Mauseth, 2017).
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Exportación de ARN desde el núcleo. Las moléculas de ARN mensajero (ARNm), ARN de transferencia (ARNt), ARN ribosómico (ARNr) en complejo con proteínas (ribonucleoproteínas) se exportan al citoplasma a través de los poros. Para ello se utilizan señales de exportación nuclear (NES) y receptores exportinas (Evert, 2006).
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Ensamblaje y exportación de subunidades ribosómicas. Las subunidades ribosómicas grandes y pequeñas, ensambladas en el nucléolo, se transportan por separado a través de los poros hacia el citoplasma, donde finalmente se combinan en ribosomas funcionales (Lee et al., 2024).
El número de poros nucleares en una sola célula puede alcanzar varios miles, y su densidad varía según la actividad transcripcional de la célula. En células con alta síntesis de ARN (por ejemplo, en los meristemos), el número de poros es significativamente mayor. Así, el complejo de poro nuclear no es solo una abertura, sino una compuerta molecular dinámica que controla estrictamente el intercambio informativo y metabólico entre el núcleo y el citoplasma, siendo un regulador central de la expresión génica (Bidlack & Jansky, 2021).
En las siguientes secciones continuaremos con las unidades estructurales restantes: lámina nuclear, cromatina, nucléolo y carioplasma.
3.3. Lámina nuclear (nucleoesqueleto)
La membrana nuclear interna no se queda sin soporte. En su cara nucleoplásmica se encuentra una red proteica conocida como lámina nuclear (o nucleoesqueleto). En los animales está construida por proteínas láminas (filamentos intermedios de tipo V), que forman una red ordenada, proporcionan resistencia mecánica al núcleo, sirven como plataforma para la unión de la cromatina y participan en el ensamblaje/desensamblaje de la envoltura nuclear durante la división celular (Evert, 2006; Beck, 2010).
En las plantas la situación es diferente. Sus genomas no contienen homólogos directos de las láminas animales. Sin embargo, esto no significa que las plantas carezcan de nucleoesqueleto. El análogo funcional de la lámina nuclear está formado por proteínas de la familia NMCP/CRWN (Nuclear Matrix Constituent Proteins / CROWDED NUCLEI). Estas proteínas poseen largos dominios α-helicoidales característicos de proteínas filamentosas y son capaces de formar una red fibrilar a lo largo de la membrana nuclear interna (Groves et al., 2025; Evert, 2006).
En Arabidopsis thaliana, la familia CRWN incluye cuatro proteínas (CRWN1–CRWN4), que interactúan entre sí y con otros componentes de la envoltura nuclear, incluidas las proteínas SUN (parte del complejo LINC) y KAKU4 (una proteína específica de angiospermas que también participa en el mantenimiento de la forma nuclear) (Serebryakova et al., 2006; Groves et al., 2025).
Principales funciones de la lámina nuclear en plantas:
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Mantenimiento de la forma y el tamaño del núcleo. Las mutaciones en los genes CRWN provocan cambios en la forma nuclear (se vuelve más redondeada) y una reducción del tamaño nuclear, lo que afecta el crecimiento y desarrollo general de la planta (Groves et al., 2025).
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Organización de la cromatina y regulación de la expresión génica. La lámina sirve como andamio para la unión de regiones específicas de la cromatina —dominios asociados a la lámina (LADs)—. Los genes anclados a la lámina suelen estar reprimidos o tener niveles bajos de expresión. De este modo, la lámina nuclear participa en la organización espacial del genoma y su regulación (Santos et al., 2020; Groves et al., 2025).
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Acoplamiento al citoesqueleto. A través del complejo LINC (proteínas SUN-KASH), la lámina nuclear está conectada con los filamentos de actina y microtúbulos del citoplasma. Esto permite que el núcleo cambie su posición dentro de la célula (por ejemplo, durante la diferenciación o en respuesta a estímulos) y perciba señales mecánicas del entorno externo (Chustecki & Johnston, 2024).
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Respuesta al estrés. Bajo choque térmico y otras condiciones de estrés, las proteínas CRWN pueden disociarse temporalmente de la periferia nuclear y redistribuirse en el nucleoplasma, acompañado de cambios en la arquitectura nuclear y la reorganización del genoma (Groves et al., 2025).
Por lo tanto, la lámina nuclear vegetal no es simplemente un análogo, sino una estructura evolucionada independientemente que combina funciones de soporte y regulación, asegurando la organización dinámica del núcleo.
3.4. Cromatina
Si la envoltura nuclear es el «muro de la fortaleza» y la lámina es su «armazón interno», entonces la cromatina es el «archivo estatal» y a la vez la «oficina de trabajo» del núcleo. Es en la cromatina donde se almacena, replica y lee la información genética.
Composición química y estructura
La cromatina es un complejo de ácido desoxirribonucleico (ADN) con proteínas, así como una pequeña cantidad de ARN. El principal componente proteico de la cromatina son las histonas. Se trata de proteínas pequeñas, ricas en aminoácidos básicos (lisina, arginina), que forman «carretes» alrededor de los cuales se enrolla la molécula de ADN. La unidad básica de empaquetamiento de la cromatina es el nucleosoma, que consta de un octámero de histonas (dos moléculas de cada una de las histonas H2A, H2B, H3 y H4) alrededor del cual se enrollan aproximadamente 1,65 vueltas de ADN (unas 146 pares de bases) (Evert, 2006; Mauseth, 2017).
Además de las histonas, la cromatina contiene proteínas no histonas — una enorme variedad de factores de transcripción, enzimas de replicación, reparación, modificación de histonas, etc. Son estas proteínas las que proporcionan la función reguladora de la cromatina.
Eucromatina y heterocromatina
En el núcleo en interfase, la cromatina no es uniforme. Con el microscopio óptico se pueden distinguir dos tipos de tinción:
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Eucromatina (del griego eu — bien) — forma de cromatina menos condensada, más «suelta». Los genes en la eucromatina son accesibles para la transcripción (genéticamente activos). La eucromatina se localiza preferentemente en la parte central del núcleo y se tiñe débilmente (Santos et al., 2020; Beck, 2010).
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Heterocromatina (del griego heteros — otro, distinto) — forma altamente condensada y compacta. En las regiones heterocromáticas normalmente no ocurre transcripción (o está fuertemente suprimida). La heterocromatina a menudo se encuentra en la periferia nuclear, adyacente a la envoltura nuclear, y se tiñe intensamente con colorantes básicos (Evert, 2006).
En las plantas, especialmente en especies con genomas grandes (por ejemplo, en los cereales), la heterocromatina constituye una parte significativa del núcleo y a menudo forma cromocentros visibles — grumos de material que se tiñe intensamente, observables incluso con el microscopio óptico (Serebryakova et al., 2006; Santos et al., 2020). Los cromocentros suelen contener secuencias repetitivas de ADN y genes inactivos.
Cromosomas: la cromatina en fase de división
Cuando la célula se prepara para dividirse (en mitosis o meiosis), la cromatina sufre condensación (espiralización). Los filamentos de cromatina se enrollan y acortan repetidamente, volviéndose visibles al microscopio óptico como estructuras alargadas individuales: los cromosomas. Cada cromosoma consta de dos copias idénticas —cromátidas— unidas en la región del centrómero (constricción primaria) (Mauseth, 2017; Bidlack & Jansky, 2021). El centrómero sirve como punto de unión de las fibras del huso de división, asegurando la segregación de las cromátidas hacia los polos opuestos de la célula. En los extremos de los cromosomas se encuentran los telómeros — estructuras especializadas que protegen los extremos del ADN de la degradación y la fusión.
Una vez finalizada la división, los cromosomas se descondensan y vuelven al estado de cromatina característico del núcleo en interfase.
Dinámica y regulación epigenética
Es importante entender que el estado de la cromatina (su grado de condensación) no es fijo de una vez para siempre. Se regula dinámicamente mediante modificaciones químicas de las histonas (acetilación, metilación, fosforilación, etc.) y la metilación del propio ADN. Estas modificaciones, conocidas como marcas epigenéticas, determinan la accesibilidad de los genes a los factores de transcripción, sin cambiar la secuencia primaria del ADN (Santos et al., 2020; Evert, 2006). Gracias a la regulación epigenética, una misma célula puede diferenciarse en célula de raíz, hoja o flor, poseyendo un genoma absolutamente idéntico.
3.5. Nucléolo (Nucleolo)
Si la cromatina es el «archivo» de la información genética, el nucléolo (nucleolo) es la «fábrica» más grande y más visible del núcleo al microscopio óptico. Es un cuerpo denso, sin membrana, dentro del nucleoplasma. El número de nucléolos por núcleo varía (generalmente de uno a varios) y depende de la ploidía de la célula y del número de organizadores nucleolares — regiones cromosómicas donde se encuentran los genes de ARN ribosómico (ARNr) (Evert, 2006; Mauseth, 2017).
Estructura del nucléolo
Ultrastructuralmente, el nucléolo se divide en tres compartimentos principales, que reflejan las etapas secuenciales de la biogénesis de los ribosomas (Lee et al., 2024; Beck, 2010):
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Centro fibrilar (CF): Contiene los genes de ARNr (ADNr) relativamente «en reposo» y la ARN polimerasa I. Se considera el lugar de iniciación de la transcripción.
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Componente fibrilar denso (CFD): Situado alrededor del CF. Aquí ocurren la transcripción activa del ADNr y el procesamiento inicial (corte) del precursor del ARNr (pre-ARNr 45S).
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Componente granular (CG): Ocupa la periferia del nucléolo. Aquí se ensamblan los precursores de las subunidades ribosómicas: el pre-ARNr se combina con las proteínas ribosómicas importadas desde el citoplasma, formando las subunidades ribosómicas grande y pequeña.
La formación del nucléolo ocurre mediante el fenómeno de separación de fase líquido-líquido (LLPS). Proteínas como la fibrilarina (en el CFD) y la nucleofosmina/B23 (en el CG), gracias a sus regiones intrínsecamente desordenadas, son capaces de formar gotas concentradas (condensados) dentro del núcleo, creando así compartimentación sin necesidad de membranas (Lee et al., 2024; Santos et al., 2020).
Funciones del nucléolo
La función principal, históricamente reconocida del nucléolo, es la biogénesis de ribosomas. Este proceso incluye:
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Transcripción de los genes de ARNr (18S, 5.8S, 25S/28S) por la ARN polimerasa I.
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Procesamiento (corte y modificación) del transcrito primario con la ayuda de pequeños ARN nucleolares (snoRNA).
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Ensamblaje de los precursores de las subunidades ribosómicas (40S y 60S) con la participación de más de 200 proteínas auxiliares (factores de biogénesis ribosómica) (Lee et al., 2024).
Sin embargo, investigaciones modernas muestran que las funciones del nucléolo son mucho más amplias:
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Regulación del ciclo celular y respuesta al estrés: El nucléolo actúa como un «sensor» de estrés. Ante daños en el ADN o inhibición de la transcripción del ARNr, las proteínas nucleolares (por ejemplo, la nucleofosmina) se liberan al nucleoplasma y al citoplasma, donde interactúan con factores de transcripción como p53 (en animales) o sus análogos funcionales en plantas (ANAC082), desencadenando la detención del ciclo celular o la muerte celular programada (Lee et al., 2024; Groves et al., 2025).
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Secuestro (almacenamiento temporal) de proteínas: El nucléolo puede servir como lugar de almacenamiento temporal de muchas proteínas reguladoras (quinasas, factores de splicing, proteínas teloméricas), controlando su actividad y previniendo interacciones no deseadas con la cromatina (Lee et al., 2024).
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Participación en la organización del genoma: El nucléolo interactúa con regiones cromosómicas específicas, formando los dominios asociados al nucléolo (NADs) — regiones de heterocromatina que se adosan al nucléolo y participan en la regulación de genes y el mantenimiento de la estructura del genoma (Santos et al., 2020).
En las plantas, el tamaño del nucléolo a menudo se correlaciona con la actividad metabólica de la célula: en células meristemáticas en división activa, los nucléolos son grandes, mientras que en células en reposo son pequeños (Mauseth, 2017). Esto convierte el estudio de los nucléolos en un valioso rasgo diagnóstico en citología vegetal y en la mejora genética por vigor de crecimiento.
3.6. Carioplasma (jugo nuclear)
Para concluir la revisión de las unidades estructurales del núcleo, es necesario mencionar el medio en el que se encuentran. El carioplasma (o jugo nuclear) es el contenido semilíquido, coloidal del núcleo que llena el espacio entre la cromatina, el nucléolo y otras estructuras (von Denffer et al., 1971; Serebryakova et al., 2006).
Composición del carioplasma
En su composición química, el carioplasma es similar al hialoplasma (citosol), pero tiene varias características distintivas:
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Agua — constituye una parte significativa (alrededor del 85%).
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Iones (K+, Mg2+, Ca2+, fosfatos, cloruros) — mantienen la fuerza iónica y el pH.
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Proteínas solubles — incluyen enzimas (ARN polimerasas, ADN polimerasas, topoisomerasas), histonas (temporalmente en solución antes del ensamblaje en nucleosomas), factores de transcripción y de splicing (Evert, 2006).
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Nucleótidos (ATP, GTP) — sirven como sustratos para la síntesis de ARN y como fuentes de energía para el transporte activo a través de los poros y otros procesos.
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Varios tipos de ARN — pre-ARNm (ARN nuclear heterogéneo, hnRNA), ARN nuclear pequeño (snRNA), ARN nucleolar pequeño (snoRNA), así como ARNm y ARNt maduros en ruta hacia la exportación (Beck, 2010).
Funciones del carioplasma
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Proporcionar el entorno interno: El carioplasma crea las condiciones óptimas para el trabajo de las enzimas nucleares — viscosidad, composición iónica, pH, concentraciones de sustratos específicos.
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Medio de transporte: Es en el carioplasma donde ocurren la difusión y el movimiento dirigido de macromoléculas y partículas ribonucleoproteicas desde sus lugares de síntesis (por ejemplo, sitios de transcripción en la cromatina) hacia los poros nucleares (Santos et al., 2020).
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Participación en el ensamblaje y desensamblaje de estructuras: Durante el ciclo celular, el carioplasma sirve como un «reservorio» a partir del cual se ensamblan en telofase la nueva envoltura nuclear, la lámina y los nucléolos (Evert, 2006).
Es importante destacar que el carioplasma no es un disolvente inerte, sino un medio organizado dinámicamente. En él, al igual que en el citoplasma, ocurren procesos de separación de fase que conducen a la formación de cuerpos nucleares sin membrana (por ejemplo, el nucléolo, los cuerpos de Cajal, los speckles), que concentran proteínas y ARN específicos para la ejecución eficiente de los procesos nucleares (Santos et al., 2020; Lee et al., 2024).
Así, el carioplasma desempeña no solo un papel pasivo, sino también activo, uniendo todos los componentes del núcleo en un único sistema funcional. Junto con la envoltura nuclear, los poros, la lámina, la cromatina y el nucléolo, proporciona el entorno interno único necesario para el almacenamiento, la replicación y la implementación del programa genético.
Con esto concluye la revisión de las unidades estructurales del núcleo. En las siguientes secciones del artículo pasaremos a los procesos dinámicos: biogénesis, funcionamiento e interconexión del núcleo con otros compartimentos de la célula vegetal.
4. Biogénesis y procesos dinámicos (funcionamiento)
El núcleo celular no es una estructura estática. A lo largo de la vida de la célula, el núcleo experimenta cambios cíclicos predecibles asociados con la división, el crecimiento y la diferenciación. Además, lleva a cabo continuamente numerosos procesos dinámicos: replicación del ADN, transcripción, procesamiento del ARN, reparación de daños y transporte selectivo de macromoléculas. En esta sección examinaremos los aspectos clave de la biogénesis y el funcionamiento del núcleo, prestando especial atención a las características propias de las plantas.
4.1. Ciclo celular y mitosis
Todas las células somáticas de las plantas atraviesan el ciclo celular — una secuencia ordenada de eventos que conducen a la división celular. Clásicamente, el ciclo celular se divide en interfase (el período entre divisiones) y mitosis (división del núcleo), seguida generalmente por citocinesis (división del citoplasma) (Bidlack & Jansky, 2021; Evert, 2006).
La interfase ocupa hasta el 90% del tiempo del ciclo y, a su vez, se divide en tres fases:
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Fase G1 (del inglés gap — intervalo): la célula crece, sintetiza proteínas y ARN, y aumenta el número de orgánulos. Se produce la preparación para la replicación del ADN.
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Fase S (síntesis): en el núcleo ocurre la replicación (duplicación) del ADN. Cada cromosoma se convierte en dos cromátidas hermanas unidas por el centrómero. Este proceso está estrictamente controlado por sistemas enzimáticos especializados y requiere la copia precisa de una enorme cantidad de información genética (Mauseth, 2017; Beck, 2010).
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Fase G2: la célula completa la preparación para la división; se sintetizan las proteínas necesarias para la mitosis (tubulina para los microtúbulos del huso, cinesinas, quinasas dependientes de ciclinas). En las células vegetales, al final de la fase G2 se forma la banda de preprofase — un anillo de microtúbulos y filamentos de actina debajo del plasmalema que marca el futuro plano de división celular (Evert, 2006; Beck, 2010).
A la interfase le sigue la mitosis (fase M). En las plantas superiores, la mitosis presenta una serie de características que la diferencian de la mitosis animal (von Denffer et al., 1971; Mauseth, 2017).
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Profase. La cromatina se condensa en cromosomas visibles (cada uno formado por dos cromátidas). Los nucléolos desaparecen gradualmente. La envoltura nuclear se fragmenta en vesículas membranosas que se vuelven indistinguibles de las cisternas del retículo endoplásmico. En el citoplasma se forma el huso de división — un sistema de microtúbulos que organiza la segregación de los cromosomas. Importante: las plantas superiores carecen de centríolos, y la formación del huso ocurre bajo el control de «polos» membranosos, cuyo mecanismo no se comprende completamente (Evert, 2006; Serebryakova et al., 2006).
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Metafase. Los cromosomas se alinean en el plano ecuatorial (placa metafásica). Cada centrómero se une a los microtúbulos del huso.
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Anafase. Las cromátidas hermanas se separan y se desplazan hacia polos opuestos de la célula, convirtiéndose en cromosomas hijos.
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Telofase. Los cromosomas hijos alcanzan los polos, se descondensan (desespiralizan) y se vuelven indistinguibles. Alrededor de cada grupo se reconstituye la envoltura nuclear a partir de vesículas del RE, y reaparecen los nucléolos. Se forma el fragmoplasto — una estructura de microtúbulos y vesículas del aparato de Golgi en el plano de la antigua banda de preprofase. Las vesículas se fusionan para formar la placa celular (lámina media), que crece desde el centro hacia la periferia y divide el citoplasma en dos células hijas (citocinesis) (Evert, 2006; Graham et al., 2014).
4.2. Replicación y transcripción
La replicación del ADN es el evento clave de la fase S. La llevan a cabo complejos enzimáticos especializados que «desenrollan» la doble hélice del ADN y sintetizan dos nuevas cadenas a partir de cada cadena parental (Evert, 2006). La replicación ocurre simultáneamente en múltiples sitios de los cromosomas (replicones), lo que asegura la alta velocidad de copia de los gigantescos genomas vegetales.
La transcripción — síntesis de moléculas de ARN a partir de la plantilla de ADN — es realizada por tres ARN polimerasas principales en el núcleo (Evert, 2006; Mauseth, 2017):
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ARN polimerasa I — transcribe los genes de ARN ribosómico (ARNr) en el nucléolo.
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ARN polimerasa II — transcribe los genes que codifican proteínas, dando lugar a precursores de ARN mensajero (pre-ARNm), así como algunos ARN nucleares pequeños.
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ARN polimerasa III — sintetiza ARN de transferencia (ARNt), ARNr 5S y otros ARN pequeños.
La transcripción en plantas, como en otros eucariotas, está estrictamente regulada. Factores de transcripción específicos (proteínas que reconocen secuencias particulares del ADN en los promotores de los genes) determinan qué gen y en qué momento se activará (Lee et al., 2024). Una característica única de los genes vegetales es su alta sensibilidad a señales externas (luz, temperatura, sequía, ataque de patógenos), lo que requiere un ajuste rápido y flexible de la transcripción.
4.3. Procesamiento del ARN y exportación desde el núcleo
Los transcritos primarios sintetizados por la ARN polimerasa II (pre-ARNm) no son moléculas funcionales maduras. En el núcleo experimentan un procesamiento (maduración) que incluye tres etapas principales (Evert, 2006; Lee et al., 2024):
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Capping (adición de caperuza) — adición de una «caperuza» especial (7-metilguanosina) al extremo 5′ del pre-ARNm, que protege al ARN de la degradación y es necesaria para la iniciación de la traducción.
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Poliadenilación — adición de una cadena de nucleótidos de adenina (cola poli(A)) al extremo 3′, que también aumenta la estabilidad del ARN y participa en su exportación.
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Splicing (empalme) — eliminación de las secuencias no codificantes (intrones) y unión de las regiones codificantes (exones). El splicing es llevado a cabo por complejos ribonucleoproteicos especializados —espliceosomas—. En las plantas, el splicing tiene características particulares en comparación con los animales (por ejemplo, aparecen con frecuencia intrones con límites no canónicos), lo que refleja la antigua evolución de este sistema (Santos et al., 2020).
En las plantas también está muy extendido el splicing alternativo, mediante el cual a partir de un solo transcrito primario pueden formarse diferentes ARNm maduros (eliminando distintas combinaciones de exones). Esto aumenta significativamente la diversidad de proteínas codificadas por un número limitado de genes y desempeña un papel importante en la adaptación al estrés (Lee et al., 2024).
Los ARNm maduros, los ARNt y las subunidades ribosómicas se transportan desde el núcleo al citoplasma a través de los poros nucleares. Este proceso es activo, dependiente de energía y requiere la participación de receptores especiales llamados exportinas, que reconocen señales de exportación nuclear (NES) en las moléculas de ARN (en complejo con proteínas) (Evert, 2006; Beck, 2010).
4.4. Endopoliploidía y endomitosis
En muchas células vegetales durante la diferenciación no se produce una mitosis completa ni citocinesis. En lugar de ello, los núcleos pueden replicar el ADN repetidamente sin división posterior — un proceso llamado endopoliploidía (o endomitosis) (Mauseth, 2017; Chustecki & Johnston, 2024). Como resultado, el núcleo se vuelve poliploide (contiene 4C, 8C, 16C o más copias del genoma), pero la célula permanece uninucleada. La endopoliploidía está muy extendida en tejidos vegetales especializados: en las células del endospermo, el parénquima de la hoja, los tricomas, las células del floema y en frutos maduros (por ejemplo, tomates). Los núcleos poliploides grandes suelen tener mayor tamaño y una actividad transcripcional incrementada, lo que permite a las células sintetizar proteínas y metabolitos secundarios de manera más eficiente. Esta propiedad se utiliza en la mejora genética: las variedades poliploides de cultivos a menudo tienen frutos más grandes y mayor rendimiento (Bidlack & Jansky, 2021).
4.5. Dinámica de las estructuras nucleares durante el estrés y el desarrollo
El núcleo es un sistema extremadamente dinámico. En respuesta a factores de estrés (choque térmico, sequía, salinidad, ataque de patógenos) ocurren cambios rápidos en la organización nuclear:
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Movimiento del núcleo dentro de la célula. En las plantas, el núcleo puede cambiar su posición en respuesta a la luz, estímulos mecánicos o señales de patógenos. Estos movimientos están mediados por el citoesqueleto de actina y el complejo LINC (Groves et al., 2025; Chustecki & Johnston, 2024).
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Reorganización de la cromatina. El choque térmico y otros estreses inducen la descondensación de la heterocromatina, cambios en las interacciones entre los territorios cromosómicos y la reorganización de los dominios nucleares. Esto puede estar asociado con la activación de genes de respuesta al estrés (Santos et al., 2020).
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Cambios en la composición del nucléolo y en la transcripción del ARNr. Bajo estrés, la transcripción del ARNr se suprime, el nucléolo puede desorganizarse (estrés nucleolar) y sus proteínas se liberan para participar en la regulación de la transcripción de genes que controlan el ciclo celular y la muerte programada (Lee et al., 2024).
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Reparación del ADN. Los daños en el ADN causados por radiación UV, estrés oxidativo o toxinas son reparados activamente por los sistemas de reparación nuclear (reparación por escisión, unión de extremos no homólogos, etc.). Estos procesos requieren la movilización de numerosas proteínas de reparación hacia los sitios de daño, lo que se manifiesta como la formación de focos nucleares (Mauseth, 2017).
Por lo tanto, la biogénesis y los procesos dinámicos en el núcleo son un transportador que funciona continuamente y que garantiza el almacenamiento, la replicación y la implementación de la información genética, así como la rápida adaptación de la planta a las condiciones cambiantes. En la siguiente sección examinaremos cómo interactúa el núcleo con otros orgánulos de la célula (citoplasma, retículo endoplásmico, vacuola, cloroplastos y mitocondrias), formando una red metabólica y de señalización unificada.
5. Interconexión con otros compartimentos celulares
El núcleo celular no es un «centro de mando» aislado que exista en el vacío. Para gestionar eficazmente los procesos celulares, el núcleo debe intercambiar constantemente información y sustancias con el citoplasma y otros orgánulos. Este diálogo bidireccional está garantizado por contactos físicos directos, puentes membranosos y sistemas de moléculas señalizadoras. En esta sección examinaremos los principales canales de comunicación entre el núcleo y otros compartimentos de la célula vegetal, destacando su importancia funcional.
5.1. Núcleo ↔ Citoplasma: transporte y señalización
La conexión más evidente e intensa del núcleo es con el citoplasma. Este intercambio ocurre a través de los poros nucleares (descritos en detalle en la sección 3.2). El transporte a través de los poros incluye:
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Importación de proteínas al núcleo. Los factores de transcripción, las enzimas de replicación/ reparación, las proteínas ribosómicas y otras proteínas nucleares se sintetizan en los ribosomas del citoplasma. Contienen una señal de localización nuclear (NLS) y se importan a través de los poros con gasto de energía (Evert, 2006; Beck, 2010).
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Exportación de ARN. Los ARNm maduros, ARNt, ARNr (en forma de subunidades ribosómicas) y otros ARN no codificantes abandonan el núcleo a través de los poros, dirigiéndose a sus lugares de función en el citoplasma (Lee et al., 2024).
Sin embargo, la conexión del núcleo con el citoplasma no se limita al transporte de moléculas. El citoplasma «sonda» constantemente el estado del núcleo y le envía señales. Por ejemplo, la concentración de calcio (Ca2+) en el citoplasma influye en la actividad de los factores de transcripción nucleares; el estado metabólico de la célula (niveles de ATP, NADPH) puede modular la expresión génica a través de sensores nucleares. Este intercambio bidireccional de información subyace en todas las respuestas adaptativas de la planta (Chustecki & Johnston, 2024).
5.2. Núcleo ↔ Retículo endoplásmico (RE): continuidad de membranas
Como ya se señaló en la sección 3.1, la membrana externa de la envoltura nuclear es una continuación directa de las membranas del retículo endoplásmico rugoso (RE). El espacio perinuclear es continuo con el lumen del RE (Evert, 2006; von Denffer et al., 1971). Esta continuidad estructural tiene una importancia fundamental:
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Transporte de lípidos y proteínas de membrana. Los lípidos y proteínas sintetizados en el RE pueden desplazarse hacia la envoltura nuclear sin necesidad de transporte vesicular, simplemente difundiendo dentro del sistema de membranas común (Serebryakova et al., 2006).
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Suministro de precursores para el ensamblaje de la envoltura nuclear. Después de la mitosis, las vesículas que forman la nueva envoltura nuclear son de origen RE (Beck, 2010).
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Canales de transmisión de señales. El RE actúa como depósito de iones calcio. Los cambios en la concentración de Ca2+ en el lumen del RE pueden afectar las regiones adyacentes de la envoltura nuclear y modular el transporte a través de los poros (Neuhaus & Trentmann, 2014).
5.3. Núcleo ↔ Citoesqueleto: posicionamiento y mecanotransducción
El núcleo está físicamente conectado al citoesqueleto — microtúbulos y filamentos de actina — a través del complejo LINC (Linker of Nucleoskeleton and Cytoskeleton). En las células vegetales, el complejo LINC está formado por proteínas SUN en la membrana nuclear interna (por ejemplo, AtSUN1, AtSUN2) y proteínas KASH en la membrana externa (por ejemplo, WIP/WIT o SINE) (Groves et al., 2025; Chustecki & Johnston, 2024).
Esta conexión proporciona:
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Movimiento nuclear. El núcleo puede desplazarse dentro del citoplasma a lo largo de los filamentos de actina (en plantas) o de los microtúbulos (en animales). En las plantas, el núcleo cambia su posición en respuesta a la luz (en las hojas), durante el desarrollo de los pelos radiculares y en el proceso de fecundación (movimiento del núcleo vegetativo en el tubo polínico) (Groves et al., 2025).
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Orientación del plano de división. La banda de preprofase (un anillo de microtúbulos y actina) en las plantas marca el futuro lugar de la división, y su formación depende del correcto posicionamiento del núcleo (Evert, 2006).
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Mecanosensibilidad. A través del complejo LINC, el núcleo puede percibir tensiones mecánicas (flexión, estiramiento) y convertirlas en una señal bioquímica, alterando la expresión génica (mecanotransducción). Esto es importante para el crecimiento en suelos compactos, la resistencia al viento y el desarrollo de tejidos (Chustecki & Johnston, 2024).
5.4. Núcleo ↔ Cloroplastos y mitocondrias: señalización retrógrada
La relación del núcleo con los orgánulos semiautónomos —cloroplastos y mitocondrias— es bidireccional (Evert, 2006; Mauseth, 2017). La señalización anterógrada directa (desde el núcleo hacia los orgánulos) es bien conocida: los genes nucleares codifican la gran mayoría de las proteínas de cloroplastos y mitocondrias. Pero también existe una conexión inversa —la señalización retrógrada (desde los orgánulos hacia el núcleo)—. Cuando los cloroplastos o las mitocondrias sufren estrés (exceso de luz, deficiencia de ATP, estrés oxidativo), generan moléculas señalizadoras (por ejemplo, especies reactivas de oxígeno, metabolitos, cambios en el estado redox). Estas señales son percibidas por el núcleo, que ajusta la expresión de los genes correspondientes para la adaptación (Lee et al., 2024; Chustecki & Johnston, 2024).
Ejemplo: cuando el aparato fotosintético se daña, los cloroplastos envían una señal al núcleo, lo que conduce a la activación de genes que codifican enzimas antioxidantes y proteínas de reparación. Este proceso ayuda a mantener la homeostasis y asegura la supervivencia de la planta en condiciones adversas (Santos et al., 2020).
5.5. Núcleo ↔ Vacuola: regulación del crecimiento y la turgencia
Aunque el contacto físico directo entre el núcleo y la vacuola es menos pronunciado, su interrelación es importante para el crecimiento celular. Como se señaló anteriormente, en las células vegetales maduras el núcleo suele ser desplazado por la vacuola hacia la periferia. Sin embargo, el núcleo puede influir en el desarrollo y el tono de la vacuola a través de la regulación de la expresión de genes de acuaporinas (canales de agua) y transportadores de iones (Neuhaus & Trentmann, 2014; Zhang et al., 2015). A su vez, los cambios en la presión de turgencia provocados por estreses osmóticos se transmiten al núcleo a través del citoesqueleto y pueden modular su posición y actividad. De este modo, el núcleo y la vacuola participan en un sistema unificado que mantiene el equilibrio hídrico y el tamaño celular.
5.6. Integración de señales: el núcleo como centro de conexión (hub)
El núcleo es el integrador central de las señales que provienen de todos los compartimentos celulares. No solo reacciona pasivamente a cada señal por separado. Las señales del RE, las mitocondrias, los cloroplastos, el citoesqueleto y el entorno externo se procesan conjuntamente (dialogo cruzado, cross‑talk). El núcleo «toma la decisión» de poner en marcha un programa integral de expresión génica que optimiza el funcionamiento de toda la célula en las condiciones dadas (Lee et al., 2024; Santos et al., 2020).
Así, el núcleo celular de las plantas no es un «centro de mando» aislado, sino un participante activo en un diálogo complejo y multicanal dentro de la célula. A la vez dicta, escucha y ajusta sus órdenes en función de la información recibida. Esta capacidad de integración de señales constituye la base de la notable plasticidad y adaptabilidad de las plantas, permitiéndoles sobrevivir en condiciones ambientales en constante cambio.
En la siguiente y última sección del artículo, examinaremos la importancia aplicada del conocimiento sobre el núcleo celular en la agricultura y la biotecnología.
6. Importancia aplicada en las ciencias agrarias
El conocimiento de la citología y la organización estructural‑funcional del núcleo celular de las plantas no solo tiene un valor fundamental, sino también una marcada relevancia aplicada. Subyace en los métodos modernos de mejora genética, producción de semillas, biotecnología y fitopatología. Comprender el funcionamiento del núcleo permite manipular la herencia de manera dirigida, aumentar el rendimiento, la tolerancia al estrés y la calidad de los productos agrícolas.
6.1. Citogenética y mejora genética: manipulaciones del genoma
La base de la mayoría de los programas de mejora es el análisis y la modificación del material hereditario. El núcleo celular proporciona al fitomejorador herramientas clave:
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Cariotipado. El análisis del número, forma y tamaño de los cromosomas (cariotipo) permite identificar con precisión variedades, líneas e híbridos, y detectar reordenamientos cromosómicos (translocaciones, deleciones, duplicaciones). Esto es especialmente importante en la hibridación lejana, cuando es necesario controlar el comportamiento de cromosomas foráneos (Mauseth, 2017; Serebryakova et al., 2006).
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Poliploidización. Como ya se ha señalado, la poliploidía (aumento múltiple del número de juegos cromosómicos) está muy extendida en los cultivos y a menudo se acompaña de un aumento del tamaño de células, órganos y del rendimiento. Ejemplos clásicos son las variedades poliploides de trigo (hexaploide Triticum aestivum), papa (tetraploide), fresa (octoploide), caña de azúcar (autopoliploides). Los mejoradores utilizan la inducción de poliploidía con colchicina (inhibidor del huso de división) para crear nuevas formas de alto rendimiento (Bidlack & Jansky, 2021; von Denffer et al., 1971).
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Selección de haploides. La obtención de plantas haploides (con un solo juego de cromosomas) permite alcanzar rápidamente la homocigosis (en 1–2 generaciones en lugar de 5–7 en los cruzamientos tradicionales). Los haploides se obtienen mediante el cultivo de anteras (microsporas) o de sacos embrionarios no fecundados. La posterior duplicación cromosómica da lugar a líneas doble haploides completamente homocigotas, que pueden utilizarse inmediatamente como formas parentales de híbridos (Abe & Numata, 2024; Lee et al., 2024).
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Endopoliploidía como carácter. El grado de endopoliploidía en tejidos diferenciados (por ejemplo, en el hipocótilo o en el parénquima de la hoja) se correlaciona con el potencial de crecimiento y la tolerancia al estrés. Este carácter puede servir como marcador citológico para seleccionar genotipos prometedores (Chustecki & Johnston, 2024).
6.2. Control citológico de la calidad de semillas y tolerancia al estrés
El estado del núcleo es un indicador sensible del estado fisiológico de la célula y de toda la planta. En agronomía se utilizan los siguientes enfoques:
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Evaluación de la viabilidad de las semillas. Mediante tinciones (por ejemplo, carmín acético o tinción de Feulgen) se puede evaluar el estado de los núcleos en las células del embrión. Las semillas con núcleos degradados o picnóticos (arrugados, hipercromáticos) tienen baja germinación (Evert, 2006). El tamaño de los nucléolos en las células de la raíz o del coleóptilo se correlaciona con la intensidad de los procesos de crecimiento y puede servir como prueba rápida de la energía germinativa.
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Diagnóstico de daños por estrés. El choque térmico, la salinidad, la sequía, las cargas de herbicidas provocan cambios característicos en el núcleo: la cromatina se condensa (heterocromatinización), el nucléolo se desorganiza (estrés nucleolar), la envoltura nuclear puede desprenderse. El análisis citológico de estos cambios permite evaluar el grado de daño y seleccionar las condiciones óptimas de cultivo (Lee et al., 2024; Groves et al., 2025).
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Monitoreo de la contaminación mutagénica. La frecuencia de micronúcleos (fragmentos de cromosomas no incluidos en el núcleo principal) en las células de las meristemas radiculares es una prueba fiable de la actividad mutagénica del suelo, el agua o los plaguicidas aplicados (Mauseth, 2017).
6.3. Biotecnología e ingeniería genética: el núcleo como diana
Las biotecnologías modernas son imposibles sin manipulaciones del genoma nuclear.
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Transformación nuclear. La mayoría de los métodos de modificación genética de plantas apuntan a la integración de ADN foráneo en el genoma nuclear. Se utilizan la transformación mediada por Agrobacterium (un mecanismo natural de transferencia de ADN al núcleo) o la biobalística (bombardeo con micropartículas recubiertas de ADN). La comprensión de los mecanismos de importación nuclear, integración y expresión de los transgenes permite crear cultivos con características deseadas (resistencia a herbicidas, resistencia a insectos, composición mejorada) (Abe & Numata, 2024).
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Edición genómica. Las tecnologías CRISPR/Cas, TALEN, ZFN han revolucionado la mejora genética. Estos sistemas permiten introducir cambios puntuales, deleciones o inserciones en loci específicos del ADN nuclear. A diferencia de la transgénesis clásica, la edición puede producir cambios indistinguibles de mutaciones naturales, lo que simplifica la aprobación regulatoria. Ya se han creado variedades de arroz, trigo, tomate y soja con rasgos agronómicos mejorados (resistencia a enfermedades, tolerancia a la sequía, mayor contenido de nutrientes) (Abe & Numata, 2024; Lee et al., 2024).
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Diana para la entrega. La eficiencia de la ingeniería genética depende directamente de la capacidad de llevar las construcciones genéticas al núcleo. Para ello se desarrollan péptidos especiales (señales de localización nuclear — NLS) conjugados con ADN o ARN, así como nanopartículas que proporcionan una entrega dirigida al compartimento nuclear (Abe & Numata, 2024).
6.4. Fitopatología: el núcleo como escenario de la interacción planta‑patógeno
Muchos patógenos (virus, bacterias, hongos, oomicetos) han aprendido a manipular los procesos nucleares de la planta huésped para suprimir sus respuestas de defensa.
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Efectores de patógenos que tienen como diana el núcleo. Las proteínas efectoras secretadas por patógenos (por ejemplo, Phytophthora infestans, Pseudomonas syringae, royas) se transportan al núcleo de la célula vegetal. Allí interactúan con factores de transcripción, modifican las histonas o alteran el funcionamiento del espliceosoma, suprimiendo la expresión de los genes de inmunidad (Lee et al., 2024; Groves et al., 2025).
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Proteínas virales y el nucléolo. Muchos virus de plantas utilizan proteínas del huésped localizadas en el nucléolo (por ejemplo, fibrilarina) para la replicación, el transporte y el camuflaje frente a los sistemas de defensa (Lee et al., 2024). Comprender estas interacciones abre vías para crear resistencia mediante la edición de los genes diana.
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Diagnóstico citogenético de enfermedades. Algunas infecciones víricas y por micoplasmas provocan cambios característicos en la estructura del núcleo y los cromosomas (fragmentación, formación de inclusiones intranucleares), que pueden utilizarse para un diagnóstico rápido (Serebryakova et al., 2006).
6.5. Valor educativo y formativo
Finalmente, el conocimiento profundo de la citología, anatomía y morfología del núcleo es una parte obligatoria de la formación de agrónomos, fitomejoradores, biotecnólogos y fitopatólogos. Solo comprendiendo cómo se construye y funciona el «centro de mando» de la célula vegetal puede el especialista utilizar competentemente los métodos biotecnológicos modernos, interpretar los resultados del análisis citogenético y tomar decisiones fundamentadas en el trabajo de mejora y producción de semillas.
Referencias
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