Inflorescencia
Inflorescencia es una parte del sistema de brotes de la planta, que representa un conjunto de brotes modificados (ejes de diversos órdenes) que portan flores y hojas especializadas (brácteas) y está, en mayor o menor medida, separada de la esfera vegetativa de la planta (Yakovlev et al., 2008; Serebryakova et al., 2006). En pocas palabras, la inflorescencia es un sistema de brotes ramificados destinado a albergar y facilitar las funciones de las flores (Bell, 1991).
Si en las plantas con flores primitivas, como las magnolias o los nenúfares, las flores suelen ser solitarias y terminales, durante el curso de la evolución la mayoría de las angiospermas desarrollaron agrupaciones de flores en inflorescencias (Endress, 2010). El significado biológico del surgimiento de las inflorescencias radica en aumentar la probabilidad de polinización: la agrupación de flores las hace más visibles para los insectos polinizadores, facilita el acceso al néctar y al polen, y también promueve una dispersión más eficaz del polen en plantas anemófilas (Yakovlev et al., 2008). Además, las inflorescencias a menudo aseguran la apertura sincronizada de las flores y protegen los brotes jóvenes mediante brácteas (Prenner et al., 2009). Por lo tanto, la inflorescencia no es una suma mecánica de flores, sino un sistema funcional complejo, evolucionado, que desempeña un papel clave en el éxito reproductivo de la planta.
1. Importancia biológica y agronómica de las inflorescencias
La formación de inflorescencias no es solo una agrupación aleatoria de flores, sino un rasgo evolutivo y adaptativo crucial de las angiospermas. Las funciones principales de las inflorescencias se pueden dividir en biológicas (asegurar el éxito reproductivo en la naturaleza) y agronómicas (importancia práctica para el ser humano).
1.1 Funciones biológicas
La función biológica principal de la inflorescencia es aumentar la eficiencia de la polinización y, en consecuencia, la productividad de semillas. Esta función se realiza mediante varios mecanismos:
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Aumento de la visibilidad para los polinizadores. Las flores solitarias pequeñas de muchas especies (por ejemplo, en Apiáceas o Asteráceas) pasarían desapercibidas para los insectos. Al reunirse en una inflorescencia grande y conspicua (umbela compuesta o capítulo), atraen a un número significativamente mayor de polinizadores potenciales (Yakovlev et al., 2008). Incluso si las flores individuales son discretas, la inflorescencia en su conjunto puede poseer una alta atractividad (Spitzer-Rimon et al., 2019).
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Facilitación del acceso a los recursos. En las especies entomófilas, la inflorescencia a menudo constituye una cómoda «plataforma de aterrizaje». Un insecto que visita una inflorescencia poliniza varias flores en una sola visita, lo que ahorra tiempo y energía, y para la planta aumenta la probabilidad de polinización cruzada (Endress, 2010). En las plantas anemófilas (por ejemplo, muchas gramíneas y abedules), las inflorescencias colgantes en forma de amento se mecen fácilmente con el viento, favoreciendo la dispersión del polen (Yakovlev et al., 2008).
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Aseguramiento de la floración secuencial. En las inflorescencias a menudo se observa un orden específico de apertura de las flores: acrópeto (desde la base hacia el ápice, como en un racimo) o basípeto (desde el ápice hacia la base, como en un dicasio). Esto permite a la planta prolongar el período de floración, garantizar la polinización cruzada entre flores de diferentes edades dentro de la inflorescencia y distribuir los recursos de manera más eficiente entre los frutos en desarrollo (Ahn, 2025; Park et al., 2012).
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Protección de los órganos reproductivos. En muchas plantas, una importante función protectora la realizan las brácteas, hojas modificadas en cuyas axilas se insertan las flores o las ramas de la inflorescencia (Bell, 1991). Pueden proteger los botones florales jóvenes de la desecación, el sobrecalentamiento o la herbivoría por insectos. En algunas especies (por ejemplo, en las Aráceas), una gran espata envuelve por completo la inflorescencia en forma de espádice, creando un microclima especial en su interior (Yakovlev et al., 2008).
1.2 Importancia agronómica
Las inflorescencias tienen una importancia práctica colosal para la agricultura, ya que en la mayoría de los casos forman la cosecha de frutos y semillas de las plantas cultivadas.
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Formación del rendimiento. Para los cereales (trigo, arroz, cebada), hortalizas (tomate, pimiento, berenjena), frutales (manzano, peral) y oleaginosas (girasol, colza), el producto principal son los frutos y semillas que se desarrollan a partir de las flores de las inflorescencias. La cantidad y calidad de estos frutos depende directamente de la arquitectura de la inflorescencia y del éxito de su polinización (Sakuma et al., 2020; Ahn, 2025). Por ejemplo, en los cereales panificables, el número de granos por espiga está determinado por el número y la fertilidad de las espiguillas en la espiga compuesta.
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Predicción y mejora genética. El tipo y la estructura de la inflorescencia suelen ser caracteres varietales estables, lo que se utiliza en la mejora genética para crear formas de alto rendimiento. Por ejemplo, en el tomate, la forma de la inflorescencia (racimo simple o inflorescencia compuesta muy ramificada) está controlada por genes específicos (como COMPOUND INFLORESCENCE) y se correlaciona directamente con el rendimiento potencial (Park et al., 2012). La evaluación de los parámetros de la inflorescencia (número de flores, longitud de los pedúnculos, etc.) es la base de las predicciones fisiológicas y de mejora del rendimiento (Dreccer et al., 2019).
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Manejo práctico en agronomía. Comprender la estructura de la inflorescencia es necesario para realizar diversas prácticas agronómicas:
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Regulación de la cosecha: Despunte de tomates, eliminación de parte de las inflorescencias para obtener frutos más grandes.
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Selección de polinizadores: Para cultivos con autoincompatibilidad (muchos frutales: manzano, peral, cerezo), es necesario plantar en la parcela al menos dos variedades inter fértiles con períodos de floración coincidentes (Chabert and Mallinger, 2025).
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Protección de plantas: Las fases de botón floral y floración son ventanas críticas para la infección por enfermedades (por ejemplo, el carbón volador del trigo penetra a través de las flores) o el daño por plagas.
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Por lo tanto, la inflorescencia es un órgano clave que determina no solo el éxito reproductivo de la planta en la naturaleza, sino también el valor económico de los cultivos en los agroecosistemas.
2. Morfología de la inflorescencia
Para comprender la enorme diversidad de inflorescencias, primero es necesario dominar su estructura básica. Como cualquier brote, la inflorescencia consta de ejes, nudos y entrenudos, pero su estructura está subordinada a la función principal: la disposición óptima de las flores.
2.1 Ejes de la inflorescencia
La base de cualquier inflorescencia es un sistema de ejes ramificados. Se distinguen dos tipos principales de ejes:
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Eje principal (eje de la inflorescencia, pedúnculo floral). Es el tallo central del que parten las ramas laterales. El tallo que porta toda la inflorescencia se llama pedúnculo (Yakovlev et al., 2008; Bell, 1991). Si la inflorescencia consta de una sola flor, su tallo se denomina generalmente pedicelo (ver más abajo).
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Ejes laterales. Son ramas de diversos órdenes que surgen del eje principal. Sobre ellos pueden disponerse ejes del siguiente orden o las propias flores. El conjunto de todos los ejes de la inflorescencia forma su arquitectura.
Los nudos y entrenudos de los ejes de la inflorescencia suelen estar acortados, lo que crea un efecto de compacidad (como en un capítulo o cabezuela) o, por el contrario, alargados (como en una panícula o racimo) (Serebryakova et al., 2006).
2.2 Hojas de la inflorescencia (brácteas)
La diferencia más importante entre un brote reproductivo y uno vegetativo es la presencia de hojas especializadas: las brácteas (Bell, 1991). Son hojas modificadas en cuyas axilas se desarrollan ejes laterales o flores. Las brácteas pueden diferir mucho de las hojas ordinarias:
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Suelen ser más pequeñas, pueden tener una forma simple, ser membranosas, escamosas o reducirse a protuberancias imperceptibles.
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En algunas plantas, las brácteas, por el contrario, son grandes y de colores brillantes, actuando como atrayentes para los polinizadores (por ejemplo, brácteas blancas en el cornejo, rojas en la pascua).
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En algunos casos, las brácteas pueden estar completamente ausentes. Estas inflorescencias se denominan ebracteadas (desnudas) (Serebryakova et al., 2006).
En la base de la flor a menudo hay pequeñas hojuelas llamadas bractéolas. En las dicotiledóneas suele haber dos, situadas a los lados del pedicelo (Bell, 1991).
2.3 Pedicelo
El pedicelo es el segmento del eje entre la bráctea y la flor. Termina en una expansión: el receptáculo, al que se unen todas las partes de la flor. En las flores sésiles, el pedicelo está ausente y la flor parece «unida» directamente al eje de la inflorescencia (Yakovlev et al., 2008). La presencia y longitud de los pedicelos determinan el aspecto general de la inflorescencia: en un racimo los pedicelos están bien desarrollados, mientras que en una espiga son casi imperceptibles.
2.4 Estructura del fitómero de la inflorescencia
En la base de la morfología de la inflorescencia se encuentra una unidad estructural repetitiva: el fitómero (a veces llamado métamero). En términos generales, un fitómero de la inflorescencia incluye:
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Un nudo en el eje.
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Una bráctea que surge del nudo.
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Una estructura axilar: un eje lateral (rama del siguiente orden) o una flor solitaria.
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Un entrenudo hasta el siguiente nudo.
Esta estructura modular repetitiva proporciona la base para la clasificación y la comprensión del desarrollo de las inflorescencias (Park et al., 2012; Hayashi and Konishi, 1991).
2.5 Límites de la inflorescencia
En la práctica, es importante distinguir dónde termina la parte vegetativa de la planta y comienza la inflorescencia. Por lo general, el límite se traza en la última hoja vegetativa normalmente desarrollada (Bell, 1991). Sin embargo, en muchas especies existen formas de transición — desde hojas ordinarias en la base de la inflorescencia hasta pequeñas brácteas en su ápice — lo que a veces dificulta la determinación precisa de los límites (Endress, 2010).
Así pues, la inflorescencia es un sistema ordenado de ejes, hojas y flores, donde cada elemento tiene su nombre y función. Comprender esta morfología básica es necesario para pasar al estudio de la clasificación de las inflorescencias.
3. Clasificación de las inflorescencias (Tipología)

Diagrama de la arquitectura de la inflorescencia del cáñamo (<span lang="la" class="biological-name">Cannabis sativa</span>): racimo compuesto y tipos de terminación en diferentes variedades.
Se muestran fitómeros (entrenudo + hoja reducida + dos brácteas + dos flores solitarias), órdenes de ramificación hasta el séptimo orden, y variantes de flor terminal: en la variedad NB140 – flor terminal pistilada, en NB150 – flor hermafrodita con estambres, en NB130 – inflorescencia indeterminada sin flor terminal.
La diversidad de inflorescencias obedece a ciertos patrones de ramificación. La clasificación moderna se basa en dos caracteres principales: el modo de crecimiento de los ejes (monopodial o simpodial) y el grado de ramificación (simple o compuesto). En consecuencia, se distinguen dos tipos principales: botrioides (racemosas) y cimoides (cimosas) (Endress, 2010; Yakovlev et al., 2008).
3.1 Inflorescencias botrioides (racemosas)
Este tipo se caracteriza por un crecimiento monopodial del eje principal: la yema apical funciona durante todo el período de crecimiento de la inflorescencia y no termina en una flor (excepto en casos raros – véase más abajo). Las flores o inflorescencias laterales se inician en el eje principal en orden acrópeto (de la base al ápice), es decir, las flores más viejas se encuentran en la base y las más jóvenes en el ápice (Endress, 2010; Serebryakova et al., 2006).
Las inflorescencias botrioides se dividen en simples (las flores se insertan directamente sobre el eje principal) y compuestas (el eje principal no lleva flores individuales sino inflorescencias parciales).
Inflorescencias botrioides simples:
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Inflorescencia en espiga de la orquídea <span lang="la" class="biological-name">Ophrys insectifera</span>. Flores sésiles dispuestas secuencialmente sobre un eje principal alargado.
En la espiga, a diferencia del racimo, los pedicelos están ausentes (flores sésiles). Es uno de los tipos de inflorescencia más comunes en plantas anemófilas, así como en algunas entomófilas (como en este ejemplo).

Inflorescencia en corimbo de la milenrama <span lang="la" class="biological-name">Achillea filipendulina</span>. Las flores se disponen casi en un mismo plano gracias a la diferente longitud de los pedicelos.
En el corimbo, los pedicelos inferiores son más largos que los superiores, creando un efecto de «cima plana». Esta estructura es característica de muchos miembros de la familia Rosaceae, por ejemplo, peral y serbal.
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Racimo. Eje principal alargado, flores sobre pedicelos bien desarrollados de longitud aproximadamente igual. Ejemplos: cerezo de ave, altramuz, col (en semilla).
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Corimbo. Variante del racimo con el eje principal acortado y longitud variable de los pedicelos: los pedicelos inferiores son más largos que los superiores, por lo que todas las flores se sitúan aproximadamente al mismo nivel. Ejemplo: peral, espirea (Yakovlev et al., 2008).
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Espiga. Eje principal alargado, pero las flores son sésiles (sin pedicelos). Ejemplo: llantén, orquídeo. En las gramíneas, la espiga compuesta (ver más abajo) es la inflorescencia más importante de los cereales (Sakuma et al., 2020).
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Espádice. Espiga con el eje principal muy engrosado, carnoso. A menudo rodeado por una hoja grande llamada espata. Característico de las aráceas (calla), así como del maíz, donde las inflorescencias femeninas son espádices (Bell, 1991).
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Amento. Espiga (raramente racimo) colgante, que generalmente porta flores unisexuales y cae entera después de la fructificación. Típico de árboles anemófilos (abedul, sauce, álamo) (Yakovlev et al., 2008).
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Cabezuela. Eje principal muy acortado y ensanchado, flores sésiles o con pedicelos muy cortos, reunidas en un grupo denso. Ejemplo: trébol, alfalfa.
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Capítulo. Cabezuela especializada con un receptáculo ensanchado en forma de platillo, sobre el que se disponen densamente flores sésiles. Externamente, el capítulo está rodeado por un involucro de brácteas modificadas. Es la inflorescencia característica de la familia Asteraceae (Compuestas) – girasol, aster, diente de león (Ahn, 2025; Yakovlev et al., 2008).
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Umbela. Pedicelos de aproximadamente la misma longitud surgen del ápice de un eje principal acortado. La umbela simple es característica del cerezo, la prímula.
Inflorescencias botrioides compuestas:

Diagrama de una panícula — inflorescencia compuesta ramificada con eje principal monopódico y ejes laterales ramificados.
La ilustración muestra el eje principal, del que parten ramas laterales de diferentes órdenes que portan flores sobre pedicelos. El grado de ramificación disminuye desde la base hacia el ápice, creando una forma piramidal característica.
En estas inflorescencias, sobre el eje principal se desarrollan no flores, sino inflorescencias parciales (que tienen la estructura descrita anteriormente).

Inflorescencia en umbela compuesta de <span lang="la" class="biological-name">Lomatium utriculatum</span>. Se aprecian claramente los radios de la umbela compuesta y las umbélulas en sus extremos.
En la umbela compuesta, los radios parten del ápice del eje principal, y cada radio lleva en su extremo una inflorescencia simple en umbela — la umbélula. Esta arquitectura es característica de muchos miembros de la familia Apiaceae (Umbelíferas).
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Panícula. Inflorescencia compuesta, ramificada repetidamente, en la que el grado de ramificación de los ejes laterales disminuye desde la base hacia el ápice (forma piramidal). Las inflorescencias parciales son racimos o espigas simples. Ejemplos: lila, vid, avena, arroz (Dreccer et al., 2019; Park et al., 2012). En las gramíneas, la avena, el mijo y el arroz tienen panícula.
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Espiga compuesta. El eje principal lleva inflorescencias parciales sésiles llamadas espiguillas, cada una de las cuales es una espiga simple (en las gramíneas, de varias flores cubiertas por escamas). Es la inflorescencia típica del trigo, centeno, cebada (Sakuma et al., 2020).
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Umbela compuesta. Las inflorescencias parciales (umbelas simples, llamadas umbélulas) parten del ápice del eje principal sobre radios de diferente longitud. Característica de la familia Apiaceae (Umbelíferas) – eneldo, zanahoria, cilantro.
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Corimbo compuesto. Las inflorescencias parciales (racimos o corimbos cortos) se disponen sobre el eje principal de manera que todas quedan aproximadamente en un mismo plano. Ejemplo: serbal, viburno.
3.2 Inflorescencias cimoides (cimosas)
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Diagrama de un dicasio — inflorescencia cimosa con dos ramas laterales opuestas debajo de la flor terminal.
Se muestra el principio de crecimiento simpodial: la flor terminal se abre primero, luego las flores de los ejes laterales. Esta estructura es característica de muchos miembros de la familia Caryophyllaceae.
Este tipo se caracteriza por un crecimiento simpodial: el eje principal termina en una flor, y el crecimiento posterior de la inflorescencia se realiza mediante uno o varios ejes laterales, que se comportan de manera similar. Las flores se abren en orden basípeto (de arriba abajo), es decir, la primera en abrirse es la flor terminal del eje principal (Endress, 2010; Serebryakova et al., 2006).
Las inflorescencias cimoides suelen ser partes de estructuras más complejas (por ejemplo, tirsos) y rara vez se encuentran en estado puro como toda la inflorescencia. Tipos principales:
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Dicasio. Debajo de la flor terminal se desarrollan dos ejes laterales opuestos, que también terminan en flores y pueden ramificarse de manera similar. El resultado es una inflorescencia bifurcada. Ejemplo: pamplina, clavel.
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Monocasio. Después de la floración del eje principal, se desarrolla solo un eje lateral, que también termina en una flor. Dependiendo de la disposición de las flores posteriores, se distingue el cincino (las flores se disponen en espiral) y el escapo (las flores se disponen en zigzag en un mismo plano). Ejemplos: nomeolvides, gladiolo (Bell, 1991; Hayashi and Konishi, 1991).
3.3 Inflorescencias mixtas y agregadas

Diagramas clásicos de inflorescencias cimosas del atlas botánico de Gustav Hegi (1906).
Las ilustraciones muestran varios tipos de monocasios y dicasios, así como sus combinaciones. Estos diagramas ayudan a comprender los principios de la ramificación simpodial y la secuencia de apertura de las flores.
En la naturaleza se encuentran a menudo inflorescencias que combinan caracteres de los tipos botrioide y cimoide. La más conocida es el tirso – un eje principal que crece de forma monopódica (como en un racimo), pero las inflorescencias laterales sobre él son cimosas (dicasios o monocasios) (Endress, 2010). El tirso está ampliamente extendido, por ejemplo, en las Lamiaceae (menta, salvia), Solanaceae (tomate, patata), Scrophulariaceae. Las inflorescencias complejas construidas a partir de capítulos, umbelas o espiguillas elementales se denominan a menudo agregadas: «panícula de capítulos» (en algunas asteráceas), «panícula de umbelas» (en araliáceas) (Yakovlev et al., 2008).
3.4 Principios de desarrollo y evolución
Desde el punto de vista ontogenético, las inflorescencias botrioides con crecimiento indeterminado se consideran más primitivas. Las inflorescencias cimoides generalmente surgen secundariamente como resultado de la especialización a ciertos tipos de polinización. Se ha establecido que dentro de una misma inflorescencia, la transición desde la ramificación botrioide en la base hacia la cimoide en el ápice (los llamados tirsos) es evolutivamente más avanzada (Endress, 2010). Comprender estos patrones es necesario no solo para los taxónomos, sino también para los mejoradores, ya que la arquitectura de la inflorescencia en muchos cultivos (tomate, girasol, cereales) está directamente relacionada con la productividad (Park et al., 2012; Ahn, 2025).
4. Estructura anatómica de la inflorescencia
La inflorescencia, como cualquier otro órgano vegetal, consta de varios tipos de tejidos que le proporcionan resistencia, conducción de nutrientes y protección. Aunque el plan general de la estructura de los ejes de la inflorescencia es similar al del tallo vegetativo, presenta una serie de características relacionadas con el desempeño de la función reproductiva.
4.1 Sistema conductor
Los ejes de la inflorescencia deben proporcionar un transporte intensivo de agua, sales minerales y, principalmente, sustancias orgánicas (asimilados) hacia las flores y frutos en desarrollo. El sistema conductor está representado por haces vasculares que recorren todos los ejes.
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Xilema (del griego xylon – madera) proporciona el flujo ascendente de agua y minerales desde las raíces a las flores y hojas de la inflorescencia.
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Floema (del griego phloos – corteza, líber) proporciona el flujo descendente de sustancias orgánicas, principalmente sacarosa, desde las hojas fotosintéticas a las flores y óvulos en crecimiento (Serebryakova et al., 2006).
Una característica importante de las inflorescencias es el fuerte desarrollo de los haces vasculares en las zonas de unión de las flores y las ramas, especialmente en los nudos. Esto asegura un suministro eficiente de cada elemento de la inflorescencia. En muchas especies, en los lugares de inserción de los pedicelos se forman «nudos» vasculares que pueden actuar como zonas de retención de nutrientes, influyendo en el orden de apertura de las flores y el desarrollo de los frutos (Park et al., 2012). En cultivos con inflorescencias y frutos grandes (girasol, tomate, maíz), el sistema conductor del pedúnculo está especialmente bien desarrollado para transportar una gran cantidad de asimilados a la cosecha en formación (Ahn, 2025).
4.2 Tejidos mecánicos
Las inflorescencias, especialmente las grandes y pesadas (por ejemplo, las del girasol, los espádices del maíz, las panículas del mijo), deben soportar su propio peso y el impacto del viento y la lluvia. Esta función la realizan los tejidos mecánicos, principalmente colénquima y esclerénquima.
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Colénquima se encuentra justo debajo de la epidermis y está formado por células vivas con paredes engrosadas de manera desigual. Proporciona resistencia a los ejes jóvenes en crecimiento de la inflorescencia.
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Esclerénquima son células muertas con paredes engrosadas uniformemente, a menudo lignificadas (esclereidas o fibras). Forma un cilindro continuo o cordones en la corteza y la médula, proporcionando una resistencia excepcional a la flexión y compresión (Yakovlev et al., 2008).
El esclerénquima está especialmente desarrollado en los ejes de las inflorescencias de las gramíneas (caña), donde forma un anillo de tejido mecánico, así como en los pedicelos y receptáculos de los capítulos de las asteráceas. En las especies anemófilas con amentos largos y delgados, los tejidos mecánicos aseguran su flexibilidad y resistencia al viento (Endress, 2010).
4.3 Tejidos protectores y estructuras secretoras
La superficie de los ejes de la inflorescencia y las brácteas está cubierta por epidermis. La epidermis a menudo presenta una cutícula – capa cerosa que protege contra la desecación y el mojado. También pueden haber tricomas (pelos) y glándulas en la superficie.
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Tricomas pueden cumplir una función protectora (contra la herbivoría por insectos, el sobrecalentamiento) y participar en la creación de un microclima alrededor de los botones florales jóvenes.
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Pelos glandulares y nectarios a menudo se encuentran en los ejes de la inflorescencia y las brácteas. Secretan néctar, que atrae a los insectos polinizadores. En algunas plantas (por ejemplo, el algodón), hay nectarios extraflorales en las brácteas y pedicelos (Yakovlev et al., 2008; Spitzer-Rimon et al., 2019).
En muchas especies, los tejidos de la inflorescencia contienen idioblastos – células especializadas que contienen taninos, aceites esenciales, alcaloides o cristales de oxalato de calcio. Estas sustancias pueden repeler a los herbívoros y proteger la inflorescencia de los patógenos (Bell, 1991).
4.4 Formación de zonas de abscisión
Una característica anatómica importante de los pedicelos y los pedúnculos fructíferos es la presencia en su base de una capa de abscisión (separación). Son varias hileras de células pequeñas, de paredes delgadas y a menudo lignificadas que, cuando los frutos maduran o las flores se secan, se rompen o ablandan, lo que lleva al desprendimiento del fruto o de la flor marchita (Ahn, 2025). En los cultivos de cereales, la fuerza de retención del grano en la espiga (resistencia al desgrane) está determinada precisamente por la estructura de la capa de abscisión en la base de las espiguillas.
Conclusión
La estructura anatómica de la inflorescencia es un complejo de tejidos interconectados especializados para realizar tres tareas principales: conducción de sustancias, provisión de resistencia mecánica y protección de los órganos reproductivos. Las características anatómicas de las inflorescencias (haces conductores, fibras mecánicas, zonas de abscisión) tienen una gran importancia práctica, ya que determinan la resistencia al vuelco, la facilidad de trilla y la transportabilidad de la cosecha.
5. Formación y desarrollo (Ontogenia de la inflorescencia)

Etapas del desarrollo de la inflorescencia del trigo: desde el doble abultamiento hasta el estadio de antera blanca.
El diagrama muestra: (a) estadio de doble abultamiento – formación de primordios de espiguilla y hoja; (b) estadio de espiguilla terminal; (c) estadio de antera blanca – funcionamiento activo del meristemo de la espiguilla y formación de flores.
El desarrollo de la inflorescencia es un proceso regular de transformación de los puntos de crecimiento vegetativos en generativos, que incluye varias etapas secuenciales. Comprender la ontogenia de la inflorescencia es necesario para controlar el momento de la floración, predecir el rendimiento e interpretar las observaciones fenológicas en la producción vegetal.
5.1 Transición del crecimiento vegetativo al reproductivo
La iniciación de la inflorescencia comienza con la transformación del meristemo apical vegetativo del brote en un meristemo de la inflorescencia (IM). Esta transición está controlada por un complejo de factores endógenos (edad de la planta, estado hormonal) y exógenos (fotoperiodo, temperatura, nutrición) (González-Suárez et al., 2025).
En la mayoría de las plantas, el primer signo visible de la transición es un aumento de tamaño y un cambio de forma del meristemo apical – se vuelve más ancho y convexo (forma de «paraguas» o «cúpula»). En las gramíneas, esta transición se expresa morfológicamente en el estadio de «doble abultamiento» (double ridge) – en el meristemo apical aparecen dos tipos de primordios: el primordio de la futura espiguilla y un primordio foliar subdesarrollado (Sakuma et al., 2020; Dreccer et al., 2019). En las dicotiledóneas, como el tomate, la transición del meristemo vegetativo al generativo también va acompañada de su agrandamiento y un cambio en el patrón de iniciación de los primordios foliares (Park et al., 2012).
Un papel clave en este cambio lo desempeñan factores hormonales y genéticos, en particular la interacción del florígeno (proteína FT) y los sistemas anti-florígenos (por ejemplo, TERMINAL FLOWER1 en Arabidopsis), que integran las señales ambientales (Landrein et al., 2025). En los cultivos de invierno y bienales, una condición necesaria para la transición es la vernalización – la exposición a temperaturas bajas, que suprime la expresión de genes represores de la floración (por ejemplo, FLC en las brasicáceas) (González-Suárez et al., 2025).
5.2 Secuencia de iniciación de los elementos de la inflorescencia
Después de transformarse en inflorescencia, el meristemo apical comienza a formar ejes y flores en una secuencia determinada. Se distinguen dos tipos principales de iniciación (Serebryakova et al., 2006):
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Acrópeta (del griego akron – extremo, petra – piedra). Las flores o inflorescencias laterales se inician primero en la base de la inflorescencia, y las más jóvenes en el ápice. Este tipo es característico de las inflorescencias botrioides (racemosas) – racimo, espiga, panícula. La apertura de las flores durante el desarrollo acrópeto suele ocurrir de abajo arriba (centrípetamente con respecto a la inflorescencia en su conjunto).
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Basípeta (del griego basis – base, petra – piedra). La flor terminal del eje principal se inicia primero, y luego secuencialmente las flores o ejes laterales de arriba abajo. Este tipo es característico de las inflorescencias cimoides (cimosas) – dicasios, monocasios. La apertura de las flores procede de arriba abajo.
En las inflorescencias complejas, como el tirso, el orden acrópeto puede mantenerse en el eje principal (que crece de forma monopódica), mientras que en las ramas laterales cimosas el orden es basípeto (Endress, 2010). Comprender el tipo de iniciación ayuda al agrónomo a evaluar el grado de desarrollo de la inflorescencia en diferentes etapas.
5.3 Fases fenológicas del desarrollo de la inflorescencia en los principales cultivos
En agronomía se utilizan sistemas de escalas fenológicas (por ejemplo, la escala Zadoks para cereales, la escala BBCH para un amplio rango de cultivos) que detallan las etapas de formación de la inflorescencia. Fases clave:
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Para cultivos de cereales (trigo, cebada, centeno, avena, arroz):
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Encañado (Stem elongation). Inicio del crecimiento rápido de los entrenudos, elevación del meristemo apical desde la superficie del suelo. Dentro del tallo ocurre la diferenciación de la espiga.
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Espigado (Heading). Aparición de la parte superior de la inflorescencia (espiga o panícula) a partir de la vaina de la hoja (Dreccer et al., 2019). Esta fase es críticamente importante, ya que determina la susceptibilidad a enfermedades (por ejemplo, el carbón volador del trigo infecta precisamente durante el espigado).
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Floración (Flowering). Extrusión de las anteras, apertura de las flores y polinización. En el trigo, la floración a menudo comienza con las flores de la parte media de la espiga (Sakuma et al., 2020).
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Para cultivos de leguminosas y oleaginosas (guisante, soja, colza, girasol):
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Botón floral (Bud formation). Aparición de botones florales visibles de la inflorescencia (racimo, capítulo).
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Inicio de la floración (Beginning of flowering). Apertura de las primeras flores de la inflorescencia. En las inflorescencias complejas (capítulo del girasol), la floración comienza con las flores del borde y progresa hacia el centro (centrípetamente) (Ahn, 2025).
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Para cultivos frutales y hortícolas (tomate, manzano, vid):
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Diferenciación de la inflorescencia. Formación de primordios de la inflorescencia en las yemas generativas (generalmente en el año anterior).
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Emergencia de la inflorescencia (en vid). Crecimiento y ramificación de la inflorescencia (panícula) después de la brotación de las yemas.
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5.4 Bases molecular-genéticas del desarrollo de la inflorescencia (concepto del «reloj de maduración»)
Investigaciones recientes, especialmente en tomate, han demostrado que el desarrollo de la inflorescencia está gobernado por un «reloj de maduración del meristemo» (meristem maturation clock) (Park et al., 2012). Durante el desarrollo, el meristemo apical pasa por una serie de estados secuenciales, cada uno correspondiente a un conjunto específico de factores de transcripción. En el tomate y otras solanáceas que crecen de forma simpodial, la inflorescencia se forma como resultado de que el meristemo, después de pasar por una etapa de formación de varias hojas, termina en una flor. El gen COMPOUND INFLORESCENCE (S) y otros reguladores (FALSIFLORA, ANANTHA) controlan la velocidad de esta maduración (Park et al., 2012). Las mutaciones que ralentizan la maduración conducen a la formación de inflorescencias más ramificadas con un mayor número de flores.
En Arabidopsis y especies afines, los genes de la familia MADS-box (SOC1, SVP, APETALA1) y la proteína LEAFY desempeñan papeles cruciales en el cambio del crecimiento vegetativo a la formación de flores (González-Suárez et al., 2025). El circuito regulador WUSCHEL–CLAVATA controla el mantenimiento de la población de células madre y determina el tamaño del meristemo, que a su vez influye en el número de flores en la inflorescencia (Landrein et al., 2025). En los cultivos de cereales, los genes similares a FRIZZY PANICLE (FZP) controlan la transición de la formación de ramas de la inflorescencia a la formación de espiguillas, determinando la arquitectura final de la espiga compuesta o la panícula (Sakuma et al., 2020).
Así pues, la formación de la inflorescencia es un proceso estrictamente programado que incluye un cambio en el destino del meristemo, la iniciación ordenada de los elementos y está gobernado por una compleja red de genes reguladores. El conocimiento de la ontogenia de la inflorescencia y su base genética permite a los mejoradores y agrónomos influir intencionadamente en la arquitectura del rendimiento y adaptar las variedades a condiciones específicas.
6. Influencia de los factores ambientales en la inflorescencia (Plasticidad ecológica)
La arquitectura de la inflorescencia y su éxito reproductivo no son rasgos rígidamente determinados. Se forman bajo la influencia de un complejo de factores abióticos (luz, temperatura, humedad, nutrición mineral), que pueden provocar cambios morfológicos significativos — desde la variación en el número de flores hasta la transformación completa de la estructura. Esta capacidad de la inflorescencia para alterar sus parámetros en respuesta a las condiciones ambientales se denomina plasticidad ecológica.
6.1 Luz y fotoperiodo
La luz es un factor señal clave que controla la transición a la floración y el desarrollo posterior de la inflorescencia.
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Sensibilidad fotoperiódica. En muchas especies (especialmente en plantas de latitudes templadas), la iniciación de la inflorescencia es inducida por una duración del día específica. Por ejemplo, en la planta de día corto Cannabis sativa, bajo condiciones de día largo (16 h) se forman flores solitarias en las axilas de las hojas, pero al pasar a día corto (12 h) ocurre una ramificación intensa, formando inflorescencias compuestas en racimo (Spitzer-Rimon et al., 2019). Por lo tanto, el fotoperiodo influye no solo en la iniciación de las flores, sino también en la arquitectura de ramificación de la inflorescencia.
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Intensidad y calidad de la luz. La poca luz o el sombreado generalmente conducen al alargamiento de los entrenudos en la inflorescencia (etiolación), lo que puede reducir su compacidad. Un alto contenido de luz roja lejana (FR), característico de condiciones de sombra, en muchas especies estimula la ramificación de la inflorescencia y puede causar «reversión vegetativa» — la transformación de flores en brotes vegetativos (Dreccer et al., 2019; González-Suárez et al., 2025).
6.2 Temperatura
El régimen de temperatura durante el período de formación de la inflorescencia afecta la velocidad de desarrollo, el número de flores y su fertilidad.
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Efecto sobre la fenología. La temperatura elevada acelera el desarrollo y la maduración de las inflorescencias, acortando el tiempo desde la botonadura hasta la floración. Esto puede llevar a una reducción del número de flores debido a un paso más rápido por las fases de iniciación (Dreccer et al., 2019). Las temperaturas bajas, por el contrario, ralentizan el crecimiento y pueden promover un aumento del número de flores por inflorescencia, ya que el meristemo permanece más tiempo en fase vegetativa (González-Suárez et al., 2025).
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Estrés térmico. Las altas temperaturas (calor) durante la formación de los órganos generativos a menudo conducen a la esterilidad del polen, manifestándose como reducción de las flores apicales (aborto) y disminución del cuajado de semillas por fruto (Chabert and Mallinger, 2025; Sakuma et al., 2020). En los cereales, el estrés térmico durante la meiosis provoca esterilidad de las espiguillas. Las bajas temperaturas bajo cero (heladas) en la fase de floración pueden dañar las flores, lo que lleva a granos vacíos y pérdida de cosecha.
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Vernalización. En los cultivos de invierno y bienales, se requiere una exposición prolongada a temperaturas bajas (vernalización) para pasar a la formación de la inflorescencia. Sin este tratamiento, la planta permanece en estado vegetativo (González-Suárez et al., 2025).
6.3 Nutrición mineral
El suministro de nutrientes minerales, principalmente nitrógeno y fósforo, influye fuertemente en los parámetros de la inflorescencia.
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Nitrógeno. Un alto contenido de nitrógeno en el suelo estimula el crecimiento vegetativo, pero también puede aumentar el tamaño de la inflorescencia (longitud del racimo, número de flores) en muchos cultivos, si no se supera un cierto umbral (Landrein et al., 2025). Sin embargo, el exceso de nitrógeno a menudo conduce a un alargamiento excesivo de los entrenudos, al vuelco de los tallos y a una menor resistencia de la inflorescencia. La deficiencia de nitrógeno, por el contrario, reduce el número de flores y provoca la finalización prematura del desarrollo de la inflorescencia.
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Fósforo. La deficiencia de fósforo es crítica en la etapa de iniciación de las flores. La falta de fósforo ralentiza la formación de la inflorescencia, reduce el número de flores y disminuye la fertilidad (número de semillas cuajadas) (Chabert and Mallinger, 2025).
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Efecto sobre la ramificación. En el tomate y otras solanáceas, una mejor nutrición mineral puede potenciar la ramificación de la inflorescencia al prolongar el período de actividad del meristemo (Park et al., 2012). Por el contrario, la deficiencia de nutrientes a menudo conduce a la reducción de las ramas laterales de la inflorescencia.
6.4 Régimen hídrico y sequía
El estrés hídrico es uno de los factores más fuertes que limitan el desarrollo reproductivo.
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Reducción de flores. La sequía durante la botonadura y la floración provoca un aborto masivo de flores, especialmente en la parte superior (apical) de la inflorescencia, donde se encuentran las flores más jóvenes y competitivas (Hayashi and Konishi, 1991). Este fenómeno está bien estudiado en cereales (trigo, maíz) y leguminosas (soja).
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Aborto de ovarios. Con un déficit hídrico prolongado, los procesos de polinización y fecundación pueden verse alterados, y los ovarios en desarrollo pueden morir. Esto se manifiesta en la formación de frutos «vacíos» sin semillas (Chabert and Mallinger, 2025).
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Cambios estructurales. En algunas especies, con falta de humedad, las inflorescencias se vuelven más compactas, con entrenudos acortados, lo que es una respuesta adaptativa para reducir la transpiración (Doidy et al., 2024).
6.5 Fenómeno de vegetativización (prolificación) de la inflorescencia
Bajo la influencia de factores desfavorables (día largo, temperaturas elevadas, lesiones) o mutaciones, puede ocurrir la vegetativización (o proliferación) de la inflorescencia — un desarrollo inverso en el que las flores se convierten en brotes vegetativos (hojas, tallos). En este caso, el eje de la inflorescencia continúa creciendo, y en lugar de flores se forman rosetas de hojas o nuevos brotes vegetativos (González-Suárez et al., 2025; Endress, 2010). Este fenómeno se observa a menudo en rosas, brasicáceas (coliflor, brócoli) y algunas gramíneas, y puede ser utilizado en la mejora genética (por ejemplo, la creación de inflorescencias gigantes en la coliflor).
7. Manejo práctico e importancia agronómica
El conocimiento de la morfología, ontogenia y plasticidad ecológica de las inflorescencias subyace en muchas prácticas agronómicas y de mejora genética destinadas a aumentar el rendimiento, mejorar la calidad del producto y la tolerancia de las plantas a los estreses.
7.1 Regulación de la carga y la arquitectura de la inflorescencia
Una práctica agronómica clave es la regulación del número de flores y ovarios en la inflorescencia para optimizar el tamaño y la calidad de los frutos.
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Despunte (eliminación de brotes laterales). En tomate, pimiento, berenjena y otros cultivos solanáceos, la eliminación de brotes vegetativos excesivos (chupones) redirige los asimilados hacia las inflorescencias restantes. Una operación más drástica — la eliminación de parte de las inflorescencias (regulación de la carga) — permite obtener frutos más grandes y uniformes (por ejemplo, en variedades de tomate, pimiento de fruto grande) (Park et al., 2012).
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Despunte apical (eliminación del ápice de la inflorescencia). En el maíz, la eliminación de la inflorescencia masculina (panícula) en la fase de espigado (despunte) estimula el flujo de asimilados hacia las mazorcas en formación y se utiliza para producir maíz semillero y prevenir la polinización cruzada no deseada. En cultivos ornamentales, el despunte del brote principal induce la ramificación de la inflorescencia (por ejemplo, en crisantemo).
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Uso de reguladores del crecimiento. Los retardantes (por ejemplo, cloruro de clormecuat, paclobutrazol) inhiben el alargamiento celular, lo que conduce al acortamiento de los entrenudos de la inflorescencia, aumento de la resistencia del tallo (al vuelco) y, a veces, a un mayor número de flores (Landrein et al., 2025). Los estimulantes de la floración (giberelinas) pueden inducir el desarrollo de inflorescencias en algunos cultivos en condiciones desfavorables, pero su uso debe ser cauteloso, ya que pueden causar vegetativización (prolificación) (González-Suárez et al., 2025).
7.2 Predicción del rendimiento y mejora genética
La arquitectura de la inflorescencia sirve como un marcador morfológico fiable para seleccionar genotipos de alto rendimiento.
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Evaluación de los componentes del rendimiento. En los cultivos de cereales, el recuento directo del número de espigas productivas por unidad de superficie, el número de espiguillas por espiga y el número de granos por espiguilla es la base para calcular la estructura del rendimiento (Sakuma et al., 2020). En el girasol, el número de aquenios por capítulo se correlaciona con el diámetro del capítulo, que es fácil de medir. En el tomate y las leguminosas, el número de flores por inflorescencia (racimo) es un rasgo predictivo del rendimiento potencial (Park et al., 2012).
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Mejora genética para una arquitectura deseada. Los genes que controlan la ramificación de la inflorescencia son objetivos de la mejora genética. Por ejemplo, en el tomate, los alelos del gen COMPOUND INFLORESCENCE (S) que determinan la formación de inflorescencias compuestas ramificadas se han fijado en algunas variedades para aumentar el rendimiento (Park et al., 2012). En los cereales, los genes responsables del número de espiguillas (FRIZZY PANICLE, etc.) se utilizan para crear formas con espigas compuestas o panículas más productivas (Sakuma et al., 2020; Ahn, 2025).
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Uso de la heterosis. Para muchos cultivos de polinización cruzada (centeno, girasol, maíz), la producción de semillas híbridas requiere un sistema eficaz para controlar la polinización. Comprender la estructura de las inflorescencias masculinas y femeninas, así como la fenología de su floración, es fundamental para organizar la hibridación (Chabert and Mallinger, 2025).
7.3 Manejo de la polinización y selección de variedades polinizadoras
Para cultivos con autoincompatibilidad parcial o total (manzano, peral, cerezo, muchas brasicáceas, algunas variedades de tomate), es necesario asegurar la polinización cruzada.
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Selección de variedades polinizadoras. Al establecer un huerto o sembrar un campo, es importante colocar variedades inter fértiles en estrecha proximidad entre sí. Los períodos de floración de las variedades deben coincidir, y sus inflorescencias deben ser compatibles con respecto a los factores de autoincompatibilidad genética (SI) o depresión endogámica temprana (EID) (Chabert and Mallinger, 2025). Por ejemplo, para la variedad de manzano ‘Antonovka’, los polinizadores adecuados con floración simultánea son ‘Anis’, ‘Shtreifling’.
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Uso de polinizadores. En cultivo protegido (invernaderos), se utilizan abejorros (Bombus terrestris) o abejas para la polinización de tomates, pimientos y berenjenas. La eficiencia de la polinización depende directamente de la arquitectura de la inflorescencia: en el tomate, el racimo debe ser abierto y accesible a los insectos (Dreccer et al., 2019).
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Pronósticos fenológicos. El conocimiento de las fases de desarrollo de la inflorescencia (botonadura, floración) permite realizar oportunamente aplicaciones de fertilizantes, riegos, tratamientos fitosanitarios y determinar con precisión las fechas de cosecha. Para los frutales de hueso (cerezo, albaricoque), es importante pronosticar las fechas de floración para elegir los momentos óptimos de medidas de protección contra las heladas.
7.4 Protección de las inflorescencias contra enfermedades y plagas
Las inflorescencias son los órganos vegetales más vulnerables, ya que sirven como «puertas de entrada» para muchos patógenos.
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Enfermedades fúngicas. El carbón volador de los cereales (Ustilago tritici, U. nuda) infecta la inflorescencia en la etapa de espigado, convirtiendo la espiga en una masa de esporas oscuras. La septoriosis y la fusariosis de la espiga causan la muerte de las flores y los granos. Los tratamientos con fungicidas deben realizarse estrictamente en las fases de encañado e inicio del espigado (Sakuma et al., 2020).
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Enfermedades bacterianas y víricas. El fuego bacteriano de los frutales penetra a través de las flores, provocando el marchitamiento y ennegrecimiento de las inflorescencias. El virus del mosaico del tabaco (TMV) infecta los tomates a través de los pedicelos.
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Plagas. El gorgojo de la flor del manzano (Anthonomus pomorum) pone huevos en los botones florales, provocando su secado. Los trips y los pulgones a menudo se concentran en las inflorescencias. El monitoreo agronómico de la fase de botonadura es necesario para la aplicación oportuna de insecticidas.
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Uso de resistencia. La mejora genética de variedades con inflorescencias densas y cerradas (por ejemplo, en la col – repollo), que son menos accesibles a las plagas y patógenos, es una dirección importante.
7.5 Impacto de los estreses y medidas de adaptación
El conocimiento de la plasticidad ecológica de la inflorescencia permite desarrollar estrategias para reducir los daños por estrés.
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Adaptación a la sequía. En variedades de trigo y cebada tolerantes a la sequía, la inflorescencia (espiga) a menudo tiene una capa cerosa, escamas pequeñas y la capacidad de abortar las flores menos valiosas (apicales) bajo déficit hídrico (Hayashi and Konishi, 1991; Sakuma et al., 2020).
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Resistencia al vuelco. Las inflorescencias cortas y compactas con pedúnculos gruesos y tejido mecánico bien desarrollado (esclerénquima) son menos propensas al vuelco. Este rasgo se selecciona en cereales y cultivos ornamentales (Ahn, 2025).
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Uso de protectores contra el estrés. El tratamiento de las plantas con ácido salicílico, brasinosteroides o ácido abscísico en la fase de botonadura puede aumentar la tolerancia al calor y a la sequía de las inflorescencias, reduciendo el aborto de flores (Chabert and Mallinger, 2025; Landrein et al., 2025).
Referencias
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