Megasporogénesis y desarrollo del gametofito femenino en plantas

Actualizado: 07 Junio 2026EnglishРусский

La reproducción en las angiospermas representa un ciclo complejo en el que se alternan la fase esporofítica diploide y la fase gametofítica haploide (Raven et al., 2013). Un papel clave en la formación de la generación gametofítica femenina corresponde a dos procesos secuenciales que ocurren en el óvulo: la megasporogénesis y el desarrollo del gametofito femenino (Lersten, 2004; Beck, 2010).

Megasporogénesis es el proceso de formación de megásporas haploides en el nucelo (megasporangio) del óvulo. En el caso típico, comienza con la diferenciación de una célula subepidérmica del nucelo, que aumenta de tamaño y se transforma en una megasporocita (célula madre de las megásporas) (Kaur et al., 2024). La megasporocita entra en meiosis y, como resultado de dos divisiones sucesivas, a partir de una célula diploide se forman cuatro megásporas haploides, generalmente dispuestas en una tétrada lineal (Jiang & Zheng, 2022). En la inmensa mayoría de las plantas con flores (alrededor del 70 %), la megasporogénesis termina con la degeneración de tres megásporas, y solo una (generalmente la calazal) sobrevive como megáspora funcional (Lersten, 2004; Huang et al., 2025).

El desarrollo del gametofito femenino (o megagametogénesis) es el proceso de formación de un gametofito femenino pluricelular a partir de la megáspora funcional, el cual en las angiospermas recibe el nombre de saco embrionario (Beck, 2010). La megáspora funcional (haploide) experimenta tres divisiones mitóticas sucesivas, que dan lugar a ocho núcleos haploides. Estos núcleos migran luego hacia los polos del futuro saco embrionario, tras lo cual ocurre la diferenciación celular: se forman el aparato ovular (la ovocélula y dos sinérgidas), la célula central con dos núcleos polares y tres células antipodales. De este modo, el gametofito femenino maduro de la mayoría de las angiospermas es una estructura de siete células y ocho núcleos (Lersten, 2004; Raven et al., 2013). Este tipo de desarrollo se denomina tipo Polygonum (por el género en el que se describió por primera vez) y se considera el más extendido (Kaur et al., 2024).

Ambos procesos —megasporogénesis y desarrollo del gametofito femenino— aseguran la formación de las células sexuales femeninas (ovocélula y célula central) que participan en la doble fecundación, exclusiva de las angiospermas. El conocimiento de estos procesos es fundamental para la agronomía, el fitomejoramiento y la biotecnología modernos, ya que de su correcto desarrollo dependen el cuajado de semillas, la productividad y la calidad de los cultivos agrícolas (Liu et al., 2025; Su et al., 2025).

1. Papel biológico y contexto evolutivo

1.1. Reducción evolutiva del gametofito femenino

Comparación de gametofitos y gametos en Chlamydomonas, musgos, helechos, gimnospermas y angiospermas

Comparación de gametofitos y gametos en un alga verde y en los principales linajes de plantas terrestres

La evolución de las plantas terrestres ha estado acompañada por la reducción del gametofito (de pluricelular a pocas células) y la pérdida de movilidad de los gametos masculinos en las plantas con semilla. Las angiospermas presentan el gametofito femenino más reducido: el saco embrionario de 7 células y 8 núcleos.

En la línea evolutiva de las plantas se observa una tendencia constante a la reducción de la fase haploide (gametofito) en favor de la fase diploide (esporofito). Mientras que en musgos y helechos el gametofito femenino (prótalo) es una planta verde independiente, pluricelular y longeva, en las gimnospermas el gametofito está muy reducido y se desarrolla sobre el esporofito, y en las angiospermas alcanza una miniaturización extrema (Raven et al., 2013; Becker et al., 2025).

El gametofito femenino de las angiospermas —el saco embrionario— consta típicamente de solo siete células y ocho núcleos. Esto es el resultado de una larga reducción evolutiva que ha proporcionado varias ventajas clave:

  1. Velocidad de desarrollo. La reducción del número de divisiones celulares permite completar más rápidamente la formación del gameto femenino tras la polinización.

  2. Economía de recursos. El esporofito (planta madre) gasta menos nutrientes en la construcción del gametofito.

  3. Protección frente al ambiente. La inmersión total del gametofito en los tejidos del esporofito (el óvulo) aísla de manera fiable a la ovocélula de la desecación, los cambios de temperatura y los daños (Lersten, 2004).

1.2. Principales innovaciones evolutivas

El desarrollo del gametofito femenino en las angiospermas está indisolublemente ligado a dos innovaciones evolutivas principales: el óvulo (megasporangio integumentado) y la doble fecundación.

El óvulo es un megasporangio modificado rodeado por uno o dos tegumentos. La presencia de los tegumentos protege al gametofito femenino en desarrollo y, tras la fecundación, forma la cubierta de la semilla (Beck, 2010). Es importante señalar que, a diferencia de las gimnospermas, donde los óvulos están dispuestos abiertamente sobre los megasporofilos, en las angiospermas están encerrados dentro del ovario del pistilo. Esto proporciona una protección adicional y crea las condiciones para el crecimiento dirigido de los tubos polínicos a través de los tejidos del estigma y el estilo hasta el óvulo.

La segunda y más significativa adquisición evolutiva es la doble fecundación. Un espermatozoide fecunda la ovocélula, dando origen al cigoto (futuro embrión). El segundo espermatozoide se fusiona con los dos núcleos polares de la célula central, formando un endospermo triploide —un tejido de reserva único que nutre al embrión en desarrollo (Raven et al., 2013; Su et al., 2025). Este mecanismo garantiza que la movilización de los recursos nutritivos de la planta madre se produzca solo si la fecundación ha sido exitosa, lo que aumenta la eficiencia reproductiva.

1.3. Importancia biológica para la práctica agrícola

Comprender el papel biológico de la megasporogénesis y del desarrollo del gametofito femenino tiene una importancia aplicada directa en la agricultura:

  • Formación de la cosecha de semillas. Las alteraciones en cualquier etapa —desde la diferenciación de la megasporocita hasta la maduración del saco embrionario— provocan esterilidad de los óvulos, disminución del cuajado de semillas y, en consecuencia, pérdidas de rendimiento. Por ejemplo, las anomalías en la formación de la megáspora funcional o en las divisiones mitóticas posteriores pueden dar lugar a la formación de semillas vacías (Lersten, 2004; Cao et al., 2018).

  • Fitomejoramiento y biotecnología. El conocimiento de los tipos de desarrollo del saco embrionario (mono-, bi- o tetraspórico) se utiliza para la creación de líneas haploides (mediante el cultivo de óvulos y de sacos embrionarios no fecundados), lo que acelera la obtención de líneas homocigotas en cultivos como maíz, trigo y arroz (Liu et al., 2025). Además, la comprensión de los mecanismos epigenéticos que controlan el destino de las células en el gametofito en desarrollo abre vías para manipular la apomixis —la reproducción asexual por semillas—, lo que es crucial para fijar los híbridos heteróticos (Jiang & Zheng, 2022; Huang et al., 2025).

Por lo tanto, la reducción evolutiva del gametofito femenino en las angiospermas no condujo a una simplificación, sino a la creación de un sistema reproductivo altamente eficiente y protegido, en el que todas las etapas —desde la meiosis en la megasporocita hasta la diferenciación celular en el saco embrionario— están bajo un estricto control genético y epigenético. Este sistema es la base del éxito de las plantas con flores en la colonización de la tierra y sustenta la producción moderna de semillas productivas.

2. Tipos de desarrollo del gametofito femenino

El desarrollo del gametofito femenino en las angiospermas se caracteriza por una diversidad considerable, que afecta tanto al destino de los productos de la meiosis (megásporas) como al curso posterior de las divisiones mitóticas. La clasificación actual se basa en el tipo de desarrollo del saco embrionario, determinado por cuántas de las cuatro megásporas haploides participan en su formación. Se distinguen tres tipos principales: monospórico, bispórico y tetraspórico (Lersten, 2004; Kaur et al., 2024).

2.1. Desarrollo monospórico (tipo Polygonum)

Este es el tipo más extendido, presente en aproximadamente el 70 % de las angiospermas (Beck, 2010). Su característica clave es que solo una de las cuatro megásporas resultantes de la meiosis de la megasporocita participa en el desarrollo del saco embrionario.

El proceso ocurre de la siguiente manera: tras completarse la meiosis, se forma una tétrada lineal de megásporas haploides. Tres megásporas (generalmente las situadas en el lado micropilar) sufren muerte celular programada y degeneran. Una, a menudo la más inferior, la megáspora calazal, sobrevive y se convierte en la megáspora funcional. Es a partir de esta megáspora, mediante tres divisiones mitóticas sucesivas, que se forma el saco embrionario de ocho núcleos y, posteriormente, de siete células. Esta vía clásica se describió por primera vez en detalle para el género Polygonum (polígono o hierba de la plata), de ahí su segundo nombre —tipo Polygonum (Lersten, 2004; Raven et al., 2013).

El gametofito femenino maduro de tipo monospórico tiene la estructura estándar: tres células antipodales, una célula central con dos núcleos polares (que a menudo se fusionan antes de la fecundación), una ovocélula y dos sinérgidas (Huang et al., 2025). Este tipo de desarrollo es característico de la mayoría de los cultivos agrícolas, incluidos el trigo, el maíz, el tomate y las leguminosas (Su et al., 2025).

2.2. Desarrollo bispórico (tipo Allium)

El tipo bispórico es mucho más raro, presente en aproximadamente el 12 % de las especies de angiospermas. Los ejemplos clásicos son las especies del género Allium (cebolla), por lo que a menudo se denomina tipo Allium (Bell, 1991; Kaur et al., 2024).

La diferencia fundamental con el tipo monospórico es que tras la primera división meiótica no se produce citocinesis (formación de la pared celular). En consecuencia, se forma una díada binucleada en lugar de una tétrada. A continuación, cada una de las dos células diploides de la díada (cada una contiene dos núcleos haploides) experimenta la segunda división meiótica. La citocinesis tampoco ocurre después de la segunda división, o solo ocurre parcialmente. El resultado final es una única megáspora binucleada (la funcional), en la que cada núcleo es producto de una de las dos divisiones meióticas. Así, dos núcleos provenientes de dos megásporas diferentes de la díada original participan en la formación del gametofito femenino. El desarrollo posterior del gametofito sigue el mismo escenario que el tipo monospórico: dos divisiones mitóticas producen ocho núcleos que luego se organizan en la estructura estándar de siete células (Lersten, 2004).

2.3. Desarrollo tetraspórico (tipo Fritillaria)

El desarrollo tetraspórico es el más antiguo evolutivamente entre las angiospermas, pero en las plantas con flores actuales se encuentra solo en aproximadamente el 5-10 % de las especies. El nombre deriva del género Fritillaria (fritilaria), donde se estudió por primera vez en detalle (Kaur et al., 2024).

En este caso, la citocinesis está ausente durante toda la meiosis. La megasporocita experimenta las dos divisiones meióticas, pero no se forman paredes celulares ni después de la primera ni después de la segunda división. Como resultado, se forma una única megáspora grande, tetranucleada, que contiene los cuatro núcleos haploides. Esta megáspora se convierte en la funcional. Posteriormente, los núcleos experimentan una división mitótica (aumentando su número a ocho), tras lo cual ocurre la migración nuclear y la diferenciación celular (Raven et al., 2013). Sin embargo, a diferencia del tipo monospórico, la distribución del material genético en dicho gametofito puede ser más compleja.

Un ejemplo característico del tipo tetraspórico es el desarrollo del saco embrionario en la mayoría de las especies de lirios. Después de la meiosis, los cuatro núcleos se separan: uno se dirige al polo micropilar, tres al polo calazal. Luego, el núcleo del extremo micropilar se divide, produciendo dos núcleos haploides, mientras que los tres núcleos del polo calazal se fusionan y se dividen, formando dos núcleos triploides. Así, se forma una etapa de cuatro núcleos compuesta por dos núcleos haploides y dos triploides. A continuación sigue otra división mitótica, que da lugar a ocho núcleos que se organizan en el saco embrionario de siete células (Lersten, 2004).

2.4. Otras variantes y su distribución

Además de los tres tipos principales, existen otras variantes de desarrollo menos frecuentes. Por ejemplo, en las familias Onagraceae y Asteraceae se encuentra el tipo Oenothera, que a menudo se considera una modificación del tipo monospórico. Su peculiaridad es que solo cuatro núcleos participan en la formación del saco embrionario, no ocho: la primera división mitótica de la megáspora funcional produce dos núcleos que luego migran hacia los polos, mientras que la segunda división no ocurre (Bell, 1991).

Es importante señalar que en los grupos más antiguos (basales) de angiospermas —como Amborellaceae, Nymphaeales (nenúfares) y Austrobaileyales— la estructura del gametofito femenino difiere del tipo Polygonum clásico. En estas plantas a menudo se encuentran sacos embrionarios con cuatro células y cuatro núcleos (similares al tipo Oenothera), y en Amborella se ha descrito una estructura única con nueve núcleos en ocho células (Beck, 2010; Becker et al., 2025). Esto indica que el tipo Polygonum, a pesar de su amplia presencia actual, es evolutivamente derivado y no el estado ancestral de todas las angiospermas.

En el trabajo agrícola práctico, conocer el tipo de desarrollo del gametofito femenino es importante para el fitomejoramiento (por ejemplo, para superar la incompatibilidad) y para comprender las causas de la esterilidad. Así, los tipos bispórico y tetraspórico pueden estar asociados con la formación de gametos no reducidos, lo que se utiliza para obtener formas poliploides y haploides (Liu et al., 2025; Su et al., 2025).

Tabla resumen de los principales tipos de desarrollo del gametofito femenino

Tipo Participación de megásporas Número de núcleos antes de mitosis Ejemplos de plantas
Monospórico (tipo Polygonum) 1 (de 4) 1 Trigo, maíz, tomate, Arabidopsis, la mayoría de dicotiledóneas
Bispórico (tipo Allium) 2 (de 4) 2 Cebolla, ajo, algunas liliáceas
Tetraspórico (tipo Fritillaria) 4 (todas) 4 Lirio, fritilaria, algunas gramíneas

3. Etapas del proceso

Etapas del desarrollo del gametofito femenino: desde la célula arquesporial hasta el saco embrionario maduro

Esquema del desarrollo del gametofito femenino en <span lang="la" class="biological-name">Arabidopsis thaliana</span>

El esquema muestra las etapas secuenciales: diferenciación de la megasporocita (MMC), meiosis con formación de tétrada de megásporas, degeneración de tres megásporas y formación de la megáspora funcional (FM), tres divisiones mitóticas (etapas FG1-FG5) y diferenciación celular en el saco embrionario maduro (FG7). Las flechas indican los tejidos del óvulo (tegumentos, cálaza, micrópilo).

El proceso de formación del gametofito femenino en las angiospermas se divide en dos fases principales: megasporogénesis y megagametogénesis (desarrollo del saco embrionario). En el desarrollo típico (monospórico, tipo Polygonum), característico de la mayoría de las angiospermas, estas fases incluyen una sucesión secuencial de eventos celulares estrictamente localizados en el nucelo del óvulo (Lersten, 2004; Beck, 2010; Kaur et al., 2024).

3.1. Megasporogénesis: de la megasporocita a la megáspora funcional

Diferenciación de la megasporocita

El desarrollo comienza cuando una de las células de la capa subepidérmica (L2) en la parte apical del nucelo del óvulo detiene las divisiones mitóticas, aumenta de tamaño y se diferencia en una megasporocita (también llamada célula madre de las megásporas). Esta es la primera célula de la línea germinal femenina. La megasporocita tiene un núcleo grande, citoplasma denso y un nucléolo prominente (Huang et al., 2025; Jiang & Zheng, 2022). En esta época, se deposita calosa (β-1,3-glucano) alrededor de la megasporocita, aislándola de las células somáticas circundantes (Lersten, 2004).

Meiosis y formación de la tétrada de megásporas

La megasporocita (2n) entra en meiosis. Primero ocurre la replicación del ADN, luego dos divisiones meióticas sucesivas (meiosis I y meiosis II). Como resultado, se forman cuatro células haploides (n) —las megásporas. En la mayoría de las plantas, la citocinesis (formación de paredes celulares) ocurre secuencialmente después de cada división, y las cuatro megásporas se alinean en una tétrada lineal a lo largo del eje micrópilo-cálaza (Raven et al., 2013; Cao et al., 2018).

Es importante señalar que la finalización de la meiosis y la formación de la tétrada están acompañadas por el depósito de calosa en las paredes celulares de los tabiques recién formados. Esto es fácilmente detectable con azul de anilina y sirve como marcador de la etapa (Lersten, 2004).

Selección de la megáspora funcional

Inmediatamente después de la formación de la tétrada, se inicia la muerte celular programada de tres de las cuatro megásporas. En el desarrollo monospórico típico, solo la megáspora más inferior, la calazal, sobrevive (se vuelve funcional), mientras que las tres megásporas situadas más cerca del micrópilo degeneran (Lersten, 2004; Kaur et al., 2024).

Los mecanismos que determinan el destino de las megásporas se están estudiando activamente. Según los datos actuales, en la selección intervienen:

  • Información posicional — probablemente un gradiente de auxina y otras moléculas señal (Huang et al., 2025).

  • Paredes de calosa — las megásporas degeneradas retienen la calosa durante mucho tiempo, mientras que alrededor de la megáspora funcional desaparece rápidamente, lo que posiblemente facilita la absorción de nutrientes (Lersten, 2004).

  • Expresión genética específica — por ejemplo, en Arabidopsis, la proteína AGP18 (una arabinogalactano proteína) es necesaria para suprimir megásporas adicionales; cuando se sobreexpresa, pueden sobrevivir varias megásporas, pero no son capaces de desarrollarse más (Cao et al., 2018; Kaur et al., 2024).

Curiosamente, en algunas plantas (por ejemplo, en representantes de la familia Onagraceae), la megáspora funcional es la micropilar, no la calazal. En el tipo de desarrollo tetraspórico (por ejemplo, en el lirio), no se produce degeneración de megásporas —los cuatro núcleos participan en la construcción del saco embrionario (Raven et al., 2013; Bell, 1991).

3.2. Megagametogénesis: desarrollo del saco embrionario

Divisiones mitóticas de la megáspora funcional

La megáspora funcional (n) que sobrevivió a la megasporogénesis comienza a aumentar de volumen. Su núcleo experimenta tres divisiones mitóticas sucesivas. Dado que no se forman paredes celulares durante estas divisiones, se desarrolla un sincitio —una célula grande que contiene ocho núcleos haploides (Raven et al., 2013). Estas divisiones ocurren rápida y sincrónicamente. Las etapas del desarrollo se designan comúnmente por el número de núcleos: etapa binucleada (FG1), tetranucleada (FG2) y octanucleada (FG3) del saco embrionario (Huang et al., 2025; Su et al., 2025).

Migración nuclear y diferenciación celular

Micrografía de un saco embrionario maduro

Saco embrionario maduro de tipo Polygonum en un óvulo

Micrografía donde se observan las sinérgidas (syn), la ovocélula (eggc), los núcleos polares (pn) y las antípodas (antip). La imagen muestra la disposición real de las células en el óvulo antes de la fecundación.

Después de completar la tercera mitosis, los ocho núcleos comienzan a migrar hacia los polos de la célula en desarrollo: cuatro núcleos se desplazan hacia el polo micropilar, cuatro hacia el polo calazal. Luego, un núcleo de cada polo migra hacia el centro. Estos dos núcleos, situados en la región central del saco embrionario, se denominan núcleos polares (Lersten, 2004; Beck, 2010).

Posteriormente ocurre la diferenciación celular —la formación de paredes celulares que separan el citoplasma alrededor de los núcleos individuales. Esto da como resultado una estructura de siete células y ocho núcleos:

  1. En el polo micropilar se forma el aparato ovular, compuesto por tres células:

    • una ovocélula grande;

    • dos sinérgidas más pequeñas situadas a los lados. Las sinérgidas tienen una estructura especializada —el aparato filiforme (un engrosamiento de la pared celular)— que participa en la atracción y conducción del tubo polínico (Raven et al., 2013; Bell, 1991).

  2. En el polo calazal se forman tres células antipodales (antípodas). Su función no se comprende completamente, pero en muchas plantas desempeñan un papel en la nutrición del endospermo en desarrollo, y en las gramíneas pueden proliferar formando estructuras pluricelulares (Lersten, 2004).

  3. En el centro permanece la gran célula central, que contiene los dos núcleos polares. A menudo (pero no siempre) estos núcleos se fusionan antes de la fecundación, formando un solo núcleo secundario (diploide) de la célula central. En la mayoría de las angiospermas, los núcleos polares son haploides, por lo que tras la fusión forman un núcleo diploide (2n), pero en algunos taxones (por ejemplo, en las liliáceas) uno de los núcleos polares puede ser triploide (Beck, 2010; Raven et al., 2013).

Por lo tanto, el gametofito femenino maduro (saco embrionario) contiene siete células con ocho núcleos: tres antípodas (a veces son pluricelulares o están reducidas), la célula central con dos núcleos polares, la ovocélula y dos sinérgidas. En este momento, el óvulo está listo para la fecundación (Huang et al., 2025).

3.3. Comparación con el gametofito masculino (grano de polen)

Para comprender mejor la especificidad del gametofito femenino, es útil comparar su desarrollo con el del masculino (Raven et al., 2013):

Característica Gametofito femenino (saco embrionario) Gametofito masculino (grano de polen)
Célula inicial Megáspora funcional (n) Microspora (n)
Número de divisiones mitóticas 3 1 (o 2 en algunas especies)
Células en el gametofito maduro 7 (con 8 núcleos) 2 o 3
Células principales Ovocélula + sinérgidas + célula central + antípodas Célula vegetativa + célula generativa (o dos espermatozoides)
Presencia de célula nutricia Célula central (se convierte en endospermo) Célula vegetativa (nutre a los espermatozoides)

3.4. Interacciones intercelulares y control del desarrollo

El desarrollo del gametofito femenino no es un proceso autónomo. Las células del saco embrionario interactúan constantemente con los tejidos esporofíticos circundantes (nucelo, tegumentos). Por ejemplo, en Arabidopsis thaliana, las β-1,3-glucanasas sintetizadas en las células del nucelo controlan el depósito de calosa en la pared de la megáspora en desarrollo, lo que afecta al transporte intercelular de señales y nutrientes (Huang et al., 2025; Kaur et al., 2024).

Las etapas clave —iniciación de la meiosis, selección de la megáspora funcional, iniciación y detención de las mitosis, diferenciación celular— están reguladas por una compleja red de genes, fitohormonas, ARN pequeños y factores de transcripción. El análisis detallado de estos mecanismos reguladores escapa al alcance de este artículo y se abordará en secciones especializadas sobre genética y fisiología vegetal.

4. Factores y alteraciones

El desarrollo normal de la megasporogénesis y del gametofito femenino depende de una compleja interacción entre factores internos (genéticos, epigenéticos, hormonales) y externos (temperatura, nutrición, estrés). Las alteraciones en cualquier etapa pueden conducir a la esterilidad de los óvulos, al aborto del saco embrionario y a una reducción de la productividad de semillas. Comprender estos factores es de vital importancia para la agronomía, especialmente en el fitomejoramiento para la tolerancia al estrés y en la producción de semillas.

4.1. Factores genéticos y epigenéticos

Tres megasporocitas agrandadas en el óvulo del mutante septuple ick

Megasporocitas (MMC) supernumerarias en el óvulo de una planta mutante de Arabidopsis

La imagen de contraste de interferencia diferencial (DIC) muestra un óvulo de un mutante con tres células agrandadas identificadas como megasporocitas. Normalmente, solo se forma una megasporocita. Esta alteración se observa tras la inactivación de los genes inhibidores de quinasas dependientes de ciclina (ICK/KRP).

Los genes específicos, los factores de transcripción y los mecanismos epigenéticos desempeñan un papel fundamental en el control del desarrollo del gametofito femenino (véanse las secciones 2 y 3). Las alteraciones en su funcionamiento producen fenotipos característicos: formación de megasporocitas adicionales, múltiples megásporas funcionales o ausencia total del saco embrionario (Huang et al., 2025; Jiang & Zheng, 2022).

  • Genes reguladores de la iniciación de la línea germinal. Las mutaciones en los genes SPOROCYTELESS/NOZZLE (SPL/NZZ) y WUSCHEL (WUS) provocan la ausencia total de megasporocita en el óvulo. SPL/NZZ es necesario para la transición de una célula somática al programa germinal, mientras que WUS, actuando aguas abajo en la cascada, mantiene la diferenciación posterior (Jiang & Zheng, 2022; Kaur et al., 2024).

  • Genes que restringen el número de megasporocitas. Normalmente, solo se diferencia una megasporocita en el nucelo. Las mutaciones en genes que codifican las proteínas AGO4, AGO6, AGO8 y AGO9 (componentes de la vía de los ARN pequeños), así como en RDR6 y DCL3, provocan la aparición de varias megasporocitas por óvulo. Esto indica un papel del silenciamiento dependiente de ARN en la supresión del destino germinal en las células somáticas vecinas (Jiang & Zheng, 2022; Kaur et al., 2024).

  • Genes que controlan la transición a la meiosis. Las quinasas dependientes de ciclina (CDK) y sus inhibidores (ICK/KRP) aseguran el cambio de la megasporocita de las divisiones mitóticas a la meiosis. En Arabidopsis, las mutaciones en los genes KRP4, KRP6, KRP7 o en el gen relacionado con retinoblastoma RBR1 provocan una división mitótica adicional de la megasporocita, lo que da lugar a la formación de múltiples megasporocitas (Cao et al., 2018; Kaur et al., 2024).

  • Genes para la selección de la megáspora funcional. En Arabidopsis, una mutación en el gen AGP18 (que codifica una arabinogalactano proteína) provoca la supervivencia no de una, sino de varias megásporas de la tétrada. Sin embargo, estas megásporas funcionales "supernumerarias" no son capaces de desarrollarse normalmente y degeneran (Kaur et al., 2024). Un fenotipo similar se observa en mutantes mir822 (Tovar-Aguilar et al., 2023, citado en Kaur et al., 2024).

Las alteraciones epigenéticas (por ejemplo, cambios en la metilación del ADN o en las modificaciones de las histonas en loci que controlan el desarrollo del gametofito) pueden provocar anomalías similares, especialmente bajo estrés (Jiang & Zheng, 2022; Su et al., 2025).

4.2. Regulación fitohormonal

El desarrollo del gametofito femenino es sensible al equilibrio de las fitohormonas. Aunque aún no se ha dilucidado el panorama completo, se sabe que las siguientes hormonas desempeñan un papel importante:

  • Auxina. Su gradiente, creado por el transporte polar (proteínas PIN), es necesario para la correcta especificación de la megasporocita. La alteración de la síntesis o el transporte de auxina (por ejemplo, en mutantes pin1 o mediante el tratamiento con inhibidores del transporte) provoca la formación de megasporocitas adicionales o la alteración de la polaridad del saco embrionario (Huang et al., 2025; Yu et al., 2025).

  • Brassinosteroides (BR). La vía de señalización de los BR, a través de los factores de transcripción de la familia BZR1, restringe la adquisición del destino germinal por parte de las células adyacentes a la megasporocita. Los mutantes en el receptor BRI1 o en los factores BZR1 forman múltiples megasporocitas (Huang et al., 2025; Su et al., 2025).

  • Giberelinas (GA) y citoquininas. Se ha demostrado que las GA, a través de los receptores GID1 y los represores DELLA, participan en el control del número de óvulos y del desarrollo del saco embrionario, mientras que las citoquininas, a través de los receptores AHK, son necesarias para la formación normal del gametofito femenino. La alteración de la síntesis o la percepción de estas hormonas conduce a la esterilidad femenina (Huang et al., 2025; Kaur et al., 2024).

4.3. Factores externos (condiciones de estrés)

El gametofito femenino es especialmente sensible a los estreses abióticos, lo que constituye una de las principales causas de pérdida de rendimiento en condiciones desfavorables. Los más críticos son:

Temperatura. El período que va desde la meiosis de la megasporocita hasta la fecundación es una de las fases más termosensibles. La exposición breve a temperaturas altas o bajas durante este período puede provocar:

  • alteración del apareamiento de cromosomas en la meiosis y formación de gametos desequilibrados;

  • degeneración de la megáspora funcional;

  • alteración de la migración nuclear y de la diferenciación celular en el saco embrionario;

  • aborto de los óvulos antes o después de la fecundación. Por ejemplo, en arroz y trigo, el estrés térmico durante la megasporogénesis aumenta drásticamente el número de óvulos estériles (Liu et al., 2025; Beck, 2010).

Déficit hídrico (sequía). El déficit de agua durante la etapa de desarrollo del saco embrionario provoca retrasos en las divisiones mitóticas de la megáspora funcional, anomalías en el tamaño y la posición de los núcleos, así como una degeneración prematura de las células del aparato ovular. Esto conduce a una reducción del cuajado de semillas (Lersten, 2004).

Nutrición (elementos minerales). La deficiencia de boro (B) es crítica para el desarrollo de los tubos polínicos, pero también afecta a la formación del saco embrionario: con deficiencia de B se altera la elongación celular, la formación de sinérgidas y de la célula central. La deficiencia de calcio (Ca2+) puede alterar la formación de las paredes celulares y la polaridad de la ovocélula (Lersten, 2004; Kaur et al., 2024).

Otros estreses. La salinidad del suelo, los metales pesados y el ozono también afectan negativamente al desarrollo del gametofito femenino, provocando un aumento del número de sacos embrionarios abortados y una reducción de la fertilidad.

4.4. Principales tipos de alteraciones (anomalías)

En experimentos y en poblaciones naturales se pueden observar las siguientes desviaciones del desarrollo normal:

  1. Megasporocitas supernumerarias. En un mismo óvulo se diferencian dos o más megasporocitas. Causas: mutaciones en genes de ARN pequeños (AGO9, RDR6) o alteración de la regulación hormonal. Si cada una de ellas completa la meiosis, pueden formarse varias tétradas de megásporas en el óvulo. Sin embargo, normalmente solo una de las megasporocitas da lugar a una megáspora funcional (Kaur et al., 2024).

  2. Supervivencia de más de una megáspora de la tétrada. En lugar de una megáspora funcional, sobreviven dos, tres o incluso las cuatro (Cao et al., 2018). A menudo esto se acompaña de una alteración de la selección (por ejemplo, mutaciones AGP18). En algunos casos, estas megásporas funcionales "supernumerarias" pueden iniciar el desarrollo de varios sacos embrionarios en un mismo óvulo, pero suelen ser inviables.

  3. Alteración de las mitosis en el saco embrionario. Anomalías en el huso acromático, segregación cromosómica incorrecta, falta de sincronía en las divisiones. Esto conduce a la formación de sacos embrionarios con un número anómalo de núcleos (por ejemplo, 4 o 16 en lugar de 8) o a la formación de células con ploidía incorrecta (Beck, 2010).

  4. Defectos en la diferenciación celular. Alteración de la migración nuclear, ausencia o duplicación de células individuales (por ejemplo, dos células centrales en lugar de una, ausencia de sinérgidas). Estos sacos embrionarios a menudo no son capaces de ser fecundados.

  5. Aborto completo del óvulo. Detención del desarrollo en cualquier etapa (desde la megasporocita hasta el saco embrionario maduro) seguida de degeneración de todas las células. Es el resultado más frecuente en condiciones de estrés severo o mutaciones graves (Lersten, 2004).

Tabla. Principales factores que afectan el desarrollo del gametofito femenino y posibles consecuencias de su alteración.

Factor Función normal Tipo de alteración (ejemplo) Consecuencia
Genes (SPL/NZZ, WUS) Iniciación y mantenimiento del destino germinal Mutación (pérdida de función) Ausencia de megasporocita, esterilidad
Genes de ARN pequeños (AGO9, RDR6) Supresión del destino germinal en células somáticas Mutación Formación de varias megasporocitas
Inhibidores de CDK (KRP) Cambio de mitosis a meiosis Mutación (pérdida de función) Múltiples megasporocitas (división mitótica)
Auxina Polaridad, especificación de la megasporocita Alteración del transporte (inhibidores NPA) Múltiples megasporocitas, anomalías del saco embrionario
Temperatura Curso normal de la meiosis y las mitosis Estrés térmico / por frío Degeneración de megásporas, anomalías nucleares, esterilidad
Déficit hídrico Turgencia, migración nuclear Sequía Alteración de mitosis, degeneración prematura de la ovocélula

Por lo tanto, el desarrollo normal del gametofito femenino es el resultado de una regulación precisa de los programas genéticos, el paisaje epigenético, el equilibrio hormonal y las condiciones ambientales favorables. Cualquier desviación significativa en estos factores conduce a una alteración de la fertilidad y a una reducción de la productividad de las plantas, lo que debe tenerse en cuenta en la práctica agronómica y en los programas de fitomejoramiento.

5. Manejo aplicado e importancia

El conocimiento de los mecanismos de la megasporogénesis y del desarrollo del gametofito femenino tiene una importancia no solo fundamental, sino también claramente aplicada. El manejo de estos procesos permite resolver desafíos clave de la agronomía, el fitomejoramiento y la biotecnología modernos: desde el aumento del rendimiento de semillas hasta la creación acelerada de nuevas variedades e híbridos.

5.1. Manejo de la fertilidad y la productividad de semillas

Comprender las etapas críticas del desarrollo del gametofito femenino proporciona herramientas para controlar la productividad de semillas.

Protección frente a estreses. Como se indicó en la sección 4, el gametofito femenino es extremadamente sensible a las altas temperaturas, la sequía y las deficiencias nutricionales. Las prácticas agronómicas (riego, ajuste de las fechas de siembra para evitar el pico de calor, optimización de la nutrición mineral, especialmente con boro y calcio) permiten minimizar el aborto de los sacos embrionarios y aumentar el cuajado de semillas (Lersten, 2004; Beck, 2010).

Creación de líneas con esterilidad masculina. Aunque la esterilidad masculina citoplasmática clásica (EMC) está asociada con el gametofito masculino, también existen formas de esterilidad femenina debidas a alteraciones en la megasporogénesis o en el desarrollo del saco embrionario. El estudio de estas formas permite crear líneas restauradoras de la fertilidad para la producción de semillas híbridas (Kaur et al., 2024; Su et al., 2025).

5.2. Biotecnología: obtención de plantas haploides

Uno de los aspectos aplicados más significativos es el uso del cultivo de óvulos no fecundados y de sacos embrionarios para obtener plantas haploides. Los haploides (2n = x) son extremadamente valiosos en el fitomejoramiento, ya que tras la duplicación cromosómica (por ejemplo, con colchicina) producen líneas doble haploides completamente homocigotas en una o dos generaciones, en lugar de las 6-7 generaciones de endogamia (Liu et al., 2025; Su et al., 2025).

La tecnología se basa en la capacidad de las células del saco embrionario no fecundado (generalmente la ovocélula, pero a veces las sinérgidas o las antípodas) para experimentar androgénesis in vitro —desarrollarse hasta convertirse en una planta haploide sin fecundación. Etapas del método:

  1. Aislamiento de óvulos no polinizados en la etapa de saco embrionario maduro.

  2. Cultivo de los óvulos en un medio suplementado con fitohormonas (auxinas, citoquininas) y, a menudo, con inductores de estrés (temperatura alta, choque osmótico) para cambiar las células del gametofito de la gametogénesis al desarrollo esporofítico.

  3. Regeneración de plantas regenerantes haploides.

  4. Identificación de haploides (citológicamente o mediante marcadores).

  5. Duplicación cromosómica (generalmente con colchicina) para obtener dobles haploides fértiles.

El método se aplica con éxito a muchos cultivos: arroz, cebada, trigo, maíz, tabaco, remolacha azucarera, cebolla (donde el tipo de desarrollo bispórico es eficaz), colza. En maíz se utiliza a menudo otro enfoque —la inducción de haploides a través de un gametofito masculino inusual (líneas cromosómicas inductoras)—, pero el conocimiento del lado femenino del proceso ayuda a comprender las interacciones (Liu et al., 2025; Yu et al., 2025).

5.3. Superación de la incompatibilidad (rescate de embriones)

En la hibridación lejana (entre diferentes especies o géneros), a menudo surgen barreras postcigóticas: el endospermo no se desarrolla normalmente y el embrión muere en etapas tempranas por falta de nutrición. El conocimiento de los momentos y las etapas del desarrollo del gametofito femenino permite aplicar el método de cultivo de embriones (rescate de embriones). Los óvulos en la etapa de embrión temprano (antes de su degeneración) se extraen y se transfieren a un medio nutritivo artificial, donde el embrión continúa su desarrollo sin endospermo. Esto se utiliza ampliamente en el fitomejoramiento de cultivos frutales, cereales y ornamentales (Beck, 2010; Bell, 1991).

5.4. Control de calidad de semillas y diagnóstico de alteraciones

El análisis citológico del desarrollo del saco embrionario (utilizando aclaramiento de óvulos, microscopía de fluorescencia con azul de anilina para detectar calosa, inmunocitoquímica) es una herramienta importante en la producción de semillas y en la investigación científica. Permite:

  • Evaluar el impacto de los estreses (calor, sequía) en la formación del gametofito femenino.

  • Identificar las causas de la reducción de la productividad de semillas (esterilidad femenina frente a masculina o alteraciones de la doble fecundación).

  • Seleccionar líneas con desarrollo normal del saco embrionario para la multiplicación.

  • Identificar formas apomícticas (desarrollo de semillas sin fecundación) por la presencia de un saco embrionario no reducido o partenogénesis (Jiang & Zheng, 2022; Kaur et al., 2024).

5.5. Potencial para la creación de cultivos apomícticos

La apomixis —reproducción asexual por semillas— permite fijar y propagar híbridos con heterosis. En la mayoría de las apomícticas, el gametofito femenino se forma sin meiosis (no reducido) y la ovocélula se desarrolla hasta convertirse en embrión sin fecundación. El estudio de los genes que controlan la selección de la megáspora funcional (por ejemplo, AGP18, miR822), así como de los reguladores de la transición de mitosis a meiosis (inhibidores de CDK, RBR1), abre el camino a la ingeniería de la apomixis en cultivos híbridos. Ya se han obtenido sistemas experimentales "MiMe" (mitosis en lugar de meiosis) en arroz y maíz que, combinados con una mutación que confiere partenogénesis, producen clones apomícticos (Cao et al., 2018; Yu et al., 2025; Su et al., 2025).

Tabla. Importancia aplicada del manejo del gametofito femenino.

Área de aplicación Objetivo Método Conocimiento utilizado
Producción de semillas Aumentar el cuajado de semillas Optimización de las condiciones de cultivo, selección de variedades Factores de estrés, fases críticas (meiosis, mitosis)
Fitomejoramiento Obtención acelerada de líneas homocigotas Cultivo de óvulos no fecundados (haploides) Etapas del desarrollo del saco embrionario (FG1–FG7), morfología del óvulo
Fitomejoramiento Superación de la incompatibilidad Embriocultura (rescate de embriones) Momento del desarrollo del embrión y degeneración del endospermo
Fitomejoramiento Fijación de la heterosis Creación de líneas apomícticas (ej. mediante "MiMe") Genes de control de la meiosis (KRP, RBR1) y partenogénesis
Diagnóstico Evaluación de la fertilidad, tolerancia al estrés Análisis citológico de óvulos Tipos de desarrollo del gametofito, marcadores (calosa, tinciones nucleares)

Por lo tanto, el conocimiento detallado de la megasporogénesis y del desarrollo del gametofito femenino sirve como base para una serie de técnicas biotecnológicas y de fitomejoramiento clave, que permiten no solo diagnosticar las alteraciones de la reproducción, sino también manipularla de manera dirigida para obtener nuevos genotipos y aumentar la productividad de los cultivos agrícolas.

Referencias

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  2. Becker, A., Chen, X., Dresselhaus, T., Gutsche, N., Müller-Schüssele, S.J., Sprunck, S., Theißen, G., Vries, S.d., Zachgo, S. (2025). ‘Sexual reproduction in land plants: an evolutionary perspective’, Plant Reproduction, 38(2). doi: 10.1007/s00497-025-00522-4 (PubMed)
  3. Bell, A. D. (1991). Plant Form: An Illustrated Guide to Flowering Plant Morphology. Oxford: Oxford University Press
  4. Cao, L., Wang, S., Venglat, P., Zhao, L., Cheng, Y., Ye, S., Qin, Y., Datla, R., Zhou, Y., Wang, H. (2018). ‘Arabidopsis ICK/KRP cyclin-dependent kinase inhibitors function to ensure the formation of one megaspore mother cell and one functional megaspore per ovule’, PLOS Genetics, 14(3), e1007230. doi: 10.1371/journal.pgen.1007230 (PubMed)
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