Meristemos (Tejidos meristemáticos)
Meristemos (tejidos meristemáticos) (del griego meristos — divisible) son tejidos vegetales en permanente funcionamiento cuyas células conservan la capacidad de dividirse durante toda la vida del organismo (Evert, 2006). Gracias a los meristemos se produce el crecimiento indeterminado (abierto) — la formación de nuevas células, tejidos y órganos durante toda la ontogenia, lo que diferencia fundamentalmente a las plantas de la mayoría de los animales.
En pocas palabras, mientras que en los animales todos los órganos se establecen durante la embriogénesis, las plantas los siguen construyendo a lo largo de su vida. Los meristemos actúan como auténticas “fábricas de células”, sentando las bases de los futuros órganos y proporcionando la capacidad de regeneración tras daños (Beck, 2010). Aunque las células de los meristemos constituyen una fracción ínfima del volumen total de la planta (menos del 0,1 %), determinan todo su crecimiento y arquitectura posteriores (Yakovlev et al., 2008).
Origen evolutivo.
Los meristemos son una adquisición evolutiva clave que permitió a las plantas colonizar la tierra y diversificarse en diversos nichos ecológicos. En sus ancestros lejanos —algas unicelulares— el crecimiento era indeterminado pero primitivo: la célula simplemente se agrandaba y luego se dividía en dos. Con la transición a la multicelularidad y, especialmente, a la vida terrestre, surgió la necesidad de centros de crecimiento especializados. Las plantas terrestres más antiguas (por ejemplo, los rinofitos) ya poseían meristemos apicales, aunque menos diferenciados que los de las angiospermas actuales (Evert, 2006).
Durante la evolución, la organización de los meristemos se volvió más compleja. Desde una simple célula apical (como en los helechos y equisetos actuales), de la que deriva todo el cuerpo del brote, las plantas pasaron a meristemos apicales multicelulares con una zonación clara —en gimnospermas y angiospermas. Paralelamente surgieron los meristemos laterales (cambium y felógeno), que permitieron a las plantas engrosarse y formar troncos y copas robustos, lo que constituyó un factor decisivo en su competencia por la luz (Beck, 2010).
Análogos en otros organismos.
Los animales no poseen análogos directos de los meristemos que aseguren un crecimiento ilimitado de todo el organismo. Sin embargo, se puede encontrar similitud funcional y parcialmente morfológica en las células madre de los animales multicelulares (Evert, 2006; Aichinger et al., 2012).
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Semejanzas: Al igual que las células meristemáticas, las células madre animales (por ejemplo, de la epidermis, el intestino, la médula ósea) son capaces de auto‑mantenerse a largo plazo y dan origen a diversas células diferenciadas. También contienen un núcleo y están relativamente libres de estructuras especializadas.
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Diferencia fundamental: Las células madre animales generalmente no son totipotentes (no pueden dar origen a todo un organismo), están confinadas a nichos tisulares específicos y, lo más importante, el crecimiento global del organismo en los animales es determinado y cesa después de alcanzar una cierta edad. Los meristemos vegetales, en cambio, funcionan durante toda la vida, y muchas de sus células conservan la totipotencia —la capacidad, bajo ciertas condiciones (por ejemplo, en cultivo de tejidos), de regenerar una planta completa a partir de una única célula somática.
Por lo tanto, los meristemos son una innovación evolutiva única de las plantas, que les proporciona plasticidad fenotípica, crecimiento a largo plazo y capacidad de regeneración, lo que las ha convertido en los organismos fotosintéticos dominantes del planeta.
1. Funciones de los meristemos
Los meristemos no son solo “lugares donde las células se dividen”. Son centros de control estratégicos para el crecimiento y desarrollo de la planta. Su conjunto de funciones puede dividirse en dos grupos principales: de crecimiento (aumento de tamaño) y morfo genéticas (formación de nuevas estructuras y restauración). Todas las funciones están estrechamente interrelacionadas y son aseguradas por el funcionamiento continuo de los distintos tipos de meristemos.
1.1. Aseguramiento del crecimiento primario (crecimiento en longitud)
Esta función corresponde principalmente a los meristemos apicales, situados en las puntas de los brotes y raíces.
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Meristemo apical del brote produce constantemente nuevas células, que luego se diferencian en tejidos del tallo, hojas y flores. Gracias a ello se produce el alargamiento del brote y se modela su arquitectura. En pastos (gramíneas) y equisetos, los meristemos intercalares situados en las bases de los entrenudos también contribuyen significativamente al alargamiento del tallo. Su actividad permite que el tallo se alargue rápidamente, lo que es importante, por ejemplo, para el espigado (Evert, 2006; Beck, 2010).
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Meristemo apical de la raíz permite el crecimiento de la raíz en longitud. Está protegido por la cofia (caliptra), cuyas células también se renuevan continuamente mediante la división de iniciales especializadas. Es la actividad del meristemo radicular la que permite a la planta penetrar en nuevas capas del suelo en busca de agua y minerales (Dolan et al., 1993).
Los procesos asociados con la actividad de los meristemos apicales y que conducen a la formación de tejidos primarios se denominan colectivamente crecimiento primario.
1.2. Aseguramiento del crecimiento secundario (crecimiento en grosor)
Esta es la prerrogativa de los meristemos laterales — cambium y felógeno (cambium suberoso).
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Cambium — un cilindro unicelular de células meristemáticas situado entre la corteza y la madera en tallos y raíces de plantas perennes. Las células cambiales se dividen periclinalmente (paralelas a la superficie), depositando derivados hacia el interior (hacia el centro del órgano), que se diferencian en xilema secundario (madera), y hacia el exterior, formando floema secundario (liber). Es precisamente gracias al trabajo continuo del cambium que ocurre el engrosamiento anual de los troncos de árboles y arbustos, se forman los anillos de crecimiento y se desarrolla un poderoso sistema conductor y mecánico (Fischer et al., 2019; Evert, 2006).
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Felógeno (cambium suberoso) se origina en la corteza o en la epidermis y deposita células hacia el exterior, que se convierten en súber (felema) — un tejido protector impermeable al agua y a los gases — y hacia el interior, en células parenquimáticas vivas llamadas felodermis. La combinación de felógeno, felema y felodermis forma la peridermis, que reemplaza a la epidermis cuando los tallos y raíces se engrosan (Beck, 2010).
El conjunto de procesos asociados con la actividad de los meristemos laterales se denomina crecimiento secundario. Gracias a él, plantas como robles o secuoyas alcanzan tamaños gigantescos y viven cientos y miles de años.
1.3. Formación de nuevos órganos
Los meristemos son la única fuente de todos los órganos de la planta: hojas, flores, frutos, brotes laterales y raíces.
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Los primordios foliares y florales se inician en los flancos del meristemo apical del brote. Este es uno de los ejemplos más tempranos y llamativos de organogénesis, que determina la arquitectura de la copa y la esfera reproductiva (Aichinger et al., 2012).
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Los brotes laterales (ramas) surgen de meristemos axilares — pequeños grupos de células meristemáticas que se forman en las axilas de las hojas. A veces pueden permanecer latentes durante mucho tiempo (yemas durmientes), activándose cuando el meristemo apical se daña o cambian las condiciones.
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Las raíces laterales se inician endógenamente (dentro de los tejidos) a partir de las células del periciclo — una capa meristemática que rodea el cilindro vascular de la raíz principal. La capacidad del periciclo para formar nuevos meristemos es la base de la ramificación del sistema radicular (Dolan et al., 1993).
1.4. Regeneración y cicatrización de heridas
Una de las funciones adaptativas más importantes de los meristemos es la capacidad de restaurar partes perdidas o dañadas. La plasticidad de las células vegetales les permite “recordar” su pasado meristemático.
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Cuando se dañan la corteza o la madera, el cambium se activa y forma abultamientos de callo — tejido meristemático no especializado que cierra la herida. A partir de las células del callo puede luego diferenciarse una nueva peridermis y, a veces, se inician meristemos traumáticos (herida) que dan origen a yemas o raíces adventicias (Evert, 2006).
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Esta propiedad se utiliza ampliamente en horticultura: los injertos y esquejes se basan en la capacidad del cambium del patrón y del injerto para formar un callo unificado y restaurar el sistema conductor.
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La eliminación del meristemo apical (por ejemplo, mediante despunte) suprime la dominancia apical, lo que lleva a la activación de meristemos axilares durmientes y a la formación de un arbusto más ramificado (Serebryakova et al., 2006).
1.5. Formación de callo
El callo es una forma especializada de tejido meristemático que surge de cualquier célula viva diferenciada en respuesta a una herida o durante el cultivo in vitro (en tubo de ensayo). Las células del callo son totipotentes: pueden diferenciarse en cualquier tejido vegetal e incluso regenerar un organismo completo. Esta propiedad es la base de los métodos de micropropagación clonal, hibridación somática e ingeniería genética de plantas, donde el callo sirve como material de partida para obtener plantas genéticamente idénticas o transgénicas (Evert, 2006; Beck, 2010).
Por lo tanto, los meristemos no realizan meramente una función de crecimiento, sino un papel integrado como sistema arquitectónico dinámico que construye, remodela y repara todo el cuerpo de la planta a lo largo de su vida. Comprender estas funciones es la base para el manejo práctico del crecimiento y desarrollo en agronomía y biotecnología.
2. Características citológicas de las células meristemáticas (estructura general)
A pesar de la diversidad de tipos de meristemos (apicales, laterales, intercalares), sus células presentan una sorprendente similitud, que refleja su propósito principal: la división y la síntesis. Estos rasgos son tan característicos que permiten identificar sin ambigüedad el tejido meristemático en cualquier corte. Consideremos las principales características estructurales de las células meristemáticas, típicas de ellas durante la fase de división activa (Evert, 2006; Beck, 2010).
2.1. Forma y tamaño
Las células de los meristemos apicales y de sus derivados más inmediatos tienen forma isodiamétrica (aproximadamente igual largo, ancho y alto) poligonal, a menudo con 14 caras (Serebryakova et al., 2006). Sin embargo, dependiendo de su ubicación dentro del meristemo y del tipo de tejido, la forma puede variar:
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En el meristemo apical del brote (zona central), las células son generalmente poligonales, estrechamente empaquetadas.
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En el cambium (meristemo lateral), las células son prosenquimatosas, es decir, muy alargadas a lo largo del eje del órgano, con forma fusiforme o tabular (Serebryakova et al., 2006; Evert, 2006).
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El tamaño de las células meristemáticas es generalmente pequeño (de 5 a 30 μm). El tamaño pequeño proporciona una alta relación superficie/volumen, importante para un metabolismo intensivo.
2.2. Pared celular
La pared celular de las células meristemáticas es primaria, delgada (0,1–0,5 μm), no lignificada. Su base son pectinas y hemicelulosas, mientras que el contenido de celulosa es bajo (menos del 30 %). Esta pared es altamente plástica y capaz de estirarse durante el crecimiento celular. La ausencia de engrosamientos secundarios es un rasgo crucial que distingue a los meristemos de los tejidos mecánicos. Los espacios intercelulares están ausentes, lo que asegura un contacto estrecho y una transmisión eficiente de señales (Serebryakova et al., 2006; Evert, 2006).
2.3. Protoplasto: citoplasma, vacuolas y orgánulos
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Citoplasma: Caracterizado por una alta densidad (denso, viscoso). Esto se debe a la enorme cantidad de ribosomas, polisomas y una alta actividad sintética. Bajo el microscopio óptico, el citoplasma aparece homogéneo o finamente granular.
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Vacuolas: Numerosas pero muy pequeñas (a menudo invisibles al microscopio óptico). La ausencia de una vacuola central grande es una diferencia clave con las células parenquimáticas maduras. Las vacuolas pequeñas no desvían recursos hacia el almacenamiento y mantienen una alta actividad metabólica.
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Plastidios: Se encuentran en estado indiferenciado —como proplastidios. Son cuerpos pequeños (1–2 μm) incoloros que, según la función de la célula, pueden transformarse posteriormente en cloroplastos (en tejidos fotosintéticos), leucoplastos (en tejidos de almacenamiento) o cromoplastos (en partes coloreadas de flores y frutos) (Serebryakova et al., 2006; Evert, 2006).
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Mitocondrias: Pequeñas, con crestas simples, pero numerosas, lo que refleja la alta demanda energética de las células en división.
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Retículo endoplasmático (RE) y aparato de Golgi: Bien desarrollados (especialmente el RE rugoso), ya que aseguran la síntesis y el transporte de proteínas y polisacáridos para la construcción de nuevas paredes celulares y orgánulos.
2.4. Núcleo y ciclo celular
El núcleo en una célula meristemática es grande, redondo y ocupa una posición central. La relación nucleocitoplasmática (relación entre el volumen del núcleo y el volumen de la célula) es significativamente mayor que en las células diferenciadas. El núcleo contiene nucléolos bien visibles, lo que indica una intensa síntesis de ARN ribosómico. Las células meristemáticas se encuentran en fases activas del ciclo celular:
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Una larga interfase (G1, S, G2), durante la cual ocurren la replicación del ADN y la preparación para la mitosis.
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Una mitosis corta (fase M), que asegura un rápido aumento del número de células.
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En la zona central del meristemo apical (el centro quiescente) y en el cambium durante el reposo, las células pueden permanecer detenidas durante mucho tiempo en la fase G1, conservando el potencial para dividirse cuando sea necesario (Aichinger et al., 2012; Dubrovsky & Vissenberg, 2021).
2.5. Características de los diferentes tipos de meristemos
Aunque los rasgos descritos anteriormente son comunes, también existen diferencias:
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Células de los meristemos apicales son las más pequeñas, con el citoplasma más denso y vacuolas pequeñas.
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Células del cambium están más vacuolizadas, con una o varias vacuolas grandes, lo que es característico de los meristemos laterales. Sin embargo, conservan la capacidad de dividirse periclinalmente (Beck, 2010).
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Meristemos intercalares de las gramíneas son estructuralmente similares a los apicales, pero no se encuentran en la punta sino en las bases de los entrenudos.
Por lo tanto, el retrato citológico de una célula meristemática es el de una célula “eternamente joven”, no especializada, altamente activa, orientada a la división y la síntesis, lo que le permite ser la base para la construcción de todo el cuerpo de la planta. Comprender estas características citológicas es necesario para diagnosticar tipos de tejidos y manejar los procesos de crecimiento en agronomía.
3. Clasificación de los meristemos
La diversidad de meristemos en plantas superiores refleja la complejidad de su organización y la necesidad de diferentes tipos de crecimiento. Para sistematizar el conocimiento, los meristemos se clasifican según varios criterios clave: por origen (primarios/secundarios), por posición en el cuerpo de la planta (apicales, laterales, intercalares, de herida) y por actividad (obligados/facultativos). Esta clasificación multifacética permite describir con precisión cualquier centro educativo y comprender su papel en el desarrollo de un órgano particular o de toda la planta (Evert, 2006; Serebryakova et al., 2006).
3.1. Clasificación por origen
Por origen, los meristemos se dividen en primarios y secundarios. La diferencia clave es a partir de qué células se forman: directamente de tejidos embrionarios o por desdiferenciación de células ya maduras.
Meristemos primarios
Los meristemos primarios se establecen durante la embriogénesis y son descendientes directos de las células del embrión. Conservan actividad meristemática durante toda la vida de la planta (en perennes) o durante la temporada de crecimiento (en anuales). Incluyen:
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Meristemos apicales del brote y la raíz (junto con sus derivados — procambium, protodermis y meristemo fundamental). Las células de estos meristemos son inicialmente embrionarias y nunca pasan por una diferenciación completa.
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Meristemos intercalares, aunque aparecen más tarde, también son primarios porque surgen de tejidos no diferenciados que quedan de los meristemos apicales en las bases de los entrenudos (por ejemplo, en gramíneas) o en las bases de las hojas (Evert, 2006; Beck, 2010).
Todos los tejidos que se forman a partir de meristemos primarios se denominan tejidos primarios, y el crecimiento mismo es crecimiento primario. El cuerpo primario de la planta (brote y raíz) consiste en estos tejidos.
Meristemos secundarios
Los meristemos secundarios (o meristemos foliculares) surgen de células diferenciadas y maduras mediante desdiferenciación — un retorno a un estado meristemático con pérdida de rasgos especializados y reanudación de la capacidad de división. Esta es una adquisición evolutivamente posterior, característica principalmente de las plantas con semilla (gimnospermas y angiospermas).
Ejemplos clásicos de meristemos secundarios:
Cambium (cambium vascular). Sus células iniciales se originan a partir de dos fuentes:
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Cambium fascicular — un remanente del procambium entre el xilema primario y el floema primario en los haces vasculares. Formalmente, es un meristemo primario.
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Cambium interfascicular — surge por desdiferenciación de células parenquimáticas de los radios medulares (entre haces). Este es un meristemo puramente secundario. Juntos forman un anillo cambial continuo. Por lo tanto, el cambium es un tejido de origen mixto, pero en general se clasifica como meristemo secundario (Evert, 2006).
Felógeno (cambium suberoso). Surge en varias capas de la corteza (a veces en la epidermis) a partir de células ya diferenciadas de colénquima o parénquima que recuperan la capacidad de dividirse. Este es un meristemo secundario típico.
Meristemos de herida (traumáticos). Se forman a partir de células parenquimáticas vivas alrededor del sitio de la lesión. Su división conduce a la formación de callo — una masa de células no especializadas que luego se diferencia en súber o (en condiciones favorables) en nuevos órganos (Evert, 2006; Serebryakova et al., 2006).
Las células de los meristemos secundarios son generalmente más vacuolizadas y tienen una forma más alargada (prosenquimatosa) que las células de los meristemos apicales primarios (por ejemplo, las células del cambium están muy alargadas a lo largo del eje del tallo). Sin embargo, su capacidad funcional para dividirse y producir nuevos tejidos no es inferior, y a menudo superior, a la de los meristemos primarios (Beck, 2010).
Comprender el origen de los meristemos es importante para explicar el fenómeno del crecimiento secundario (engrosamiento), característico de árboles y arbustos. Está totalmente asegurado por el trabajo de los meristemos secundarios — el cambium y el felógeno. Sin la capacidad de las células maduras para volver a un estado meristemático, fenómenos como la formación de corteza, la cicatrización de heridas y la propagación vegetativa (por ejemplo, la formación de raíces adventicias en esquejes) serían imposibles.
3.2. Clasificación por posición en la planta
Por posición en el cuerpo de la planta, se distinguen varios tipos de meristemos: apicales, laterales, intercalares, periféricos (flancos) y de herida (traumáticos). Esta clasificación refleja la organización espacial de los procesos de crecimiento y su contribución a la formación de la arquitectura de la planta (Evert, 2006; Beck, 2010).
Meristemos apicales
Los meristemos apicales se localizan en las puntas de todos los brotes y raíces (principales y laterales). Proporcionan crecimiento primario — alargamiento de los ejes e iniciación de nuevos órganos (hojas, flores, raíces laterales).
Meristemo apical del brote (cono de crecimiento) — una estructura cónica o en forma de cúpula protegida por primordios foliares más viejos. En angiospermas, se divide en túnica (una o varias capas de células que se dividen anticlinalmente) y corpus (masa interna con divisiones celulares aleatorias). En gimnospermas y helechos, a menudo hay una única célula apical grande (inicial) que es la fuente de todos los tejidos del brote (Evert, 2006; Aichinger et al., 2012).

Meristemo apical de la raíz
Micrografía de un corte longitudinal de una raíz de cebolla (Allium). Se observa claramente la cofia (Root cap) que protege el meristemo apical (Apical meristem), así como las zonas de división, elongación y diferenciación celular.
Meristemo apical de la raíz se localiza subterminalmente (debajo de la cofia). También consiste en iniciales, cuyos derivados forman todos los tejidos de la raíz (rizodermis, corteza, cilindro central). Una estructura importante es el centro quiescente — un grupo de células que se dividen lentamente en el centro del meristemo apical, que sirve como reserva para la restauración del meristemo después de daños (Dolan et al., 1993; Dubrovsky & Vissenberg, 2021).
Meristemos laterales

Felógeno (cambium suberoso)
Micrografía de un corte transversal de tallo de tilo (Tilia), que muestra la capa de cambium suberoso (cork cambium) — un meristemo lateral secundario que produce corcho.
Los meristemos laterales se localizan paralelos a las superficies laterales de los órganos axiales (tallos y raíces), formando capas cilíndricas. Proporcionan crecimiento secundario — aumento del grosor del órgano. Estos incluyen:
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Cambium vascular (cambium) — un anillo de células meristemáticas entre el xilema secundario (madera) y el floema secundario (liber). Como resultado de su actividad se forman los anillos anuales de crecimiento de la madera. El cambium está presente en todas las gimnospermas y en la mayoría de las angiospermas dicotiledóneas (Fischer et al., 2019; Evert, 2006).
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Felógeno (cambium suberoso) — surge en la corteza (a veces en la epidermis) y deposita células hacia el exterior, formando corcho (felema), y hacia el interior — felodermis. La combinación de felógeno, felema y felodermis se denomina peridermis. La peridermis reemplaza a la epidermis en tallos y raíces envejecidos, cumpliendo una función protectora (Beck, 2010).
En plantas monocotiledóneas (por ejemplo, palmas, drácenas), el cambium típico está ausente, pero algunas especies tienen un meristemo de engrosamiento primario (engrosamiento secundario atípico), que también puede considerarse una forma especial de meristemo lateral (Evert, 2006).
Meristemos intercalares
Los meristemos intercalares son regiones de células que se dividen activamente insertadas entre tejidos maduros. Surgen como derivados de los meristemos apicales, pero a diferencia de ellos no tienen iniciales propias y eventualmente se diferencian por completo. Un ejemplo típico son las bases de los entrenudos en gramíneas (por ejemplo, trigo, maíz) y equisetos. Gracias a los meristemos intercalares, los tallos de las gramíneas se alargan rápidamente (por ejemplo, durante el espigado). Dichos meristemos pueden permanecer activos durante mucho tiempo, pero finalmente sus células dejan de dividirse y se convierten en parénquima (Evert, 2006; Beck, 2010).
Meristemos periféricos (de flanco)
Este tipo a menudo se considera como parte del meristemo apical del brote. La zona periférica (o anillo inicial, anneau initial en autores franceses) se localiza en los flancos del domo apical, directamente debajo de la túnica. Las células aquí se dividen particularmente activamente y dan origen a los primordios foliares y a los meristemos axilares — los rudimentos de los brotes laterales. Por lo tanto, el meristemo periférico es el principal centro organogénico del brote (Serebryakova et al., 2006; Evert, 2006).
Meristemos de herida (traumáticos)
Los meristemos de herida surgen en sitios de daño tisular a partir de células parenquimáticas vivas que se desdiferencian (vuelven a un estado meristemático). Su división conduce a la formación de callo — una masa de células no especializadas, que luego puede diferenciarse en corcho (peridermis) o, en algunos casos, en yemas o raíces adventicias. Los meristemos de herida juegan un papel clave en la regeneración de las plantas, lo que se utiliza ampliamente en horticultura (injertos, esquejes) y biotecnología (cultivo de callo) (Evert, 2006; Beck, 2010).
Tabla resumen
Para mayor claridad, los principales tipos de meristemos por posición se resumen en la tabla.
Tabla. Clasificación de los meristemos por posición en la planta.
| Tipo de meristemo | Localización | Función principal | Ejemplos |
|---|---|---|---|
| Apicales | Puntas de brotes y raíces | Crecimiento primario (alargamiento), iniciación de hojas y flores | Cono del brote, meristemo apical de la raíz |
| Laterales | Capas cilíndricas en tallos y raíces (cambium, felógeno) | Crecimiento secundario (engrosamiento), formación de peridermis | Cambium vascular, cambium suberoso (felógeno) |
| Intercalares | Regiones insertadas en entrenudos (gramíneas, equisetos), en las bases de las hojas | Alargamiento rápido (del tallo, de la hoja) | Entrenudos del trigo, equisetos |
| Periféricos | Flancos del meristemo apical del brote (anillo inicial) | Iniciación de primordios foliares y florales, yemas axilares | Zona de flanco del cono de crecimiento |
| De herida | Sitios de lesión | Regeneración, formación de callo, cicatrización de heridas | Callo en un esqueje, callo de unión de injerto |
Esta clasificación por posición permite determinar rápidamente qué tipo de crecimiento (primario o secundario) predomina en una parte determinada de la planta y qué meristemos son responsables de la formación de órganos específicos.
3.3. Clasificación por actividad
Según el grado y la naturaleza de la actividad, los meristemos se subdividen en obligados (permanentes) y facultativos (temporales). Esta división refleja su papel en el crecimiento y su capacidad de auto‑mantenimiento a largo plazo.
Meristemos obligados (permanentes) son tejidos que nunca se diferencian completamente y conservan la capacidad de dividirse durante toda la vida de la planta. Contienen su propia población de células iniciales, que aseguran la auto‑renovación del meristemo. Los meristemos obligados incluyen los meristemos apicales (brote y raíz) y los meristemos laterales (cambium y felógeno). Son los responsables del crecimiento indeterminado (Evert, 2006; Beck, 2010).
Meristemos facultativos (temporales) son regiones de tejido meristemático que surgen de células diferenciadas temporalmente (por ejemplo, durante la iniciación de primordios foliares, yemas axilares, crecimiento intercalar) y eventualmente se diferencian completamente, perdiendo la capacidad de dividirse. No tienen iniciales permanentes propias. Estos incluyen:
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Meristemos intercalares de gramíneas y equisetos (al final de la temporada de crecimiento, sus células se convierten en parénquima maduro).
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Meristemos periféricos (de flanco) — su actividad está asociada con la formación de primordios específicos, después de lo cual dejan de funcionar como meristemos.
Yemas durmientes (por ejemplo, en árboles) son meristemos axilares que pueden permanecer latentes durante mucho tiempo, pero que al activarse (después de la eliminación de la yema terminal) despiertan y dan origen a brotes laterales. También pueden considerarse facultativos.
Meristemos de herida — surgen solo en respuesta a una lesión y generalmente se diferencian después de cumplir su función regenerativa (Evert, 2006; Serebryakova et al., 2006).
Comprender esta división es importante para la agronomía práctica: por ejemplo, el despunte (eliminación del meristemo apical) activa meristemos axilares durmientes, lo que lleva al macollamiento y a un aumento del rendimiento.
4. Procesos: cómo funciona el meristemo
Un meristemo no es solo un grupo de células en división, sino un sistema dinámico en el que varios procesos fundamentales transcurren de manera coordinada: el ciclo celular (con mitosis), el crecimiento por expansión y la citodiferenciación. Estos procesos están espacial y temporalmente separados dentro del meristemo, formando un gradiente desde las células iniciales que se dividen, pasando por la zona de elongación, hasta los tejidos maduros.
4.1. Ciclo celular y mitosis en el meristemo
La base del funcionamiento de cualquier meristemo es el ciclo celular — el período de existencia de una célula desde una división hasta la siguiente. En las células meristemáticas es significativamente más corto que en las diferenciadas, y va desde varias horas hasta varios días, dependiendo de la especie vegetal, el tipo de meristemo y las condiciones ambientales (Evert, 2006; Beck, 2010).
El ciclo celular se divide clásicamente en cuatro fases:
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G1 (fase pre‑sintética, gap 1) — período de crecimiento celular activo después de la mitosis, síntesis de proteínas, ARN y preparación para la replicación del ADN. En esta fase, las células del centro quiescente pueden permanecer detenidas durante mucho tiempo, conservando el potencial de dividirse.
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S (fase sintética, synthesis) — ocurre la replicación del ADN, duplicando el material cromosómico. Esta es una etapa clave después de la cual la célula está genéticamente lista para la división.
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G2 (fase post‑sintética, gap 2) — continúa la síntesis de proteínas (incluyendo tubulina para el huso), ARN, y se completa la preparación para la mitosis.
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M (mitosis) — división nuclear propiamente dicha, seguida generalmente de citocinesis (división del citoplasma y formación de una nueva pared celular). La mitosis en los meristemos sigue el esquema general: profase → metafase → anafase → telofase (Serebryakova et al., 2006).
Características de la mitosis en meristemos vegetales:
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Ausencia de centriolos (en plantas superiores); el huso se forma por microtúbulos organizados en zonas especiales — los polos.
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Formación de un fragmoplasto en la telofase — una estructura que guía la deposición de nuevas paredes celulares entre los núcleos hijos. La división celular es siempre centrífuga — desde el centro hacia la periferia.
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En los meristemos laterales (cambium) predominan las divisiones periclinales (paralelas a la superficie), que aumentan el número de capas celulares y el grosor del órgano, mientras que en la túnica del meristemo apical dominan las divisiones anticlinales (perpendiculares a la superficie), que aumentan el área superficial.
Regulación del ciclo celular en los meristemos se realiza mediante una compleja red de factores: fitohormonas (auxinas, citoquininas, giberelinas), señales peptídicas (por ejemplo, péptidos CLE), proteínas reguladoras (ciclinas, quinasas dependientes de ciclinas) y el estado del centro quiescente. Las citoquininas estimulan la división celular, mientras que las auxinas son importantes para mantener la identidad meristemática (Aichinger et al., 2012; Fischer et al., 2019).
Organización espacial del ciclo celular dentro de un meristemo es heterogénea:
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En las células iniciales (incluidas las del centro quiescente), la actividad mitótica es mínima o ausente — se dividen raramente, manteniendo el pool de células madre.
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La mayor actividad mitótica se observa en la zona inmediatamente adyacente a las iniciales (zona subinicial), donde las células ciclan rápidamente, dando lugar a una masa de derivados.
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En las zonas periféricas del meristemo (zona periférica del brote), la actividad mitótica también es alta, pero dirigida a la iniciación de primordios.
Comprender el ciclo celular en los meristemos permite manipular el crecimiento vegetal: por ejemplo, el tratamiento con citoquininas estimula la división celular del cambium y aumenta la productividad, mientras que los retardantes (inhibidores de giberelinas) disminuyen la actividad mitótica, lo que es útil para formas compactas (Evert, 2006).
4.2. Crecimiento por expansión (expansión celular)
Después de que una célula producida en el meristemo deja de dividirse, entra en la fase de crecimiento por expansión (o expansión celular). Este es un proceso de aumento irreversible del tamaño celular, que puede incrementar su volumen decenas o incluso cientos de veces en comparación con el estado meristemático original. Es el crecimiento por expansión el que proporciona la mayor parte del aumento de tamaño del órgano (por ejemplo, alargamiento del tallo o de la raíz, expansión de la lámina foliar), mientras que la división celular solo aporta el “material de construcción” (Beck, 2010; Evert, 2006).
Mecanismo del crecimiento por expansión
Tres factores interrelacionados juegan un papel clave en este proceso: la presión de turgencia, los cambios en las propiedades de la pared celular (la pared se vuelve plástica) y el potencial hídrico.
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Formación de la vacuola central. Una célula joven, recién separada del meristemo, contiene muchas vacuolas pequeñas. Durante la fase de expansión, se fusionan para formar una gran vacuola central, que puede ocupar hasta el 90 % del volumen celular. La vacuola acumula sustancias osmóticamente activas (azúcares, sales, ácidos orgánicos), lo que reduce significativamente el potencial hídrico dentro de la célula (Serebryakova et al., 2006).
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Absorción de agua y turgencia. El agua entra en la célula osmóticamente desde las células vecinas o el apoplasto. La creciente presión del protoplasto sobre la pared celular (turgencia) tiende a estirarla.
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Ablandamiento (relajación) de la pared celular. Para que la pared pueda estirarse bajo la presión interna, debe volverse plástica. Este proceso está regulado por un complejo de factores:
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“Crecimiento ácido”: la auxina (AIA) activa las bombas de protones (H\+-ATPasas) en la membrana plasmática, acidificando el apoplasto (el pH baja a 4,5–5,0). El pH bajo activa las enzimas expansinas, que rompen los puentes de hidrógeno entre las microfibrillas de celulosa y los polisacáridos de la matriz, haciendo que la pared sea más susceptible al estiramiento (Beck, 2010; Evert, 2006).
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Enzimas de remodelado de la pared: las xiloglucano endotransglicosilasas (XET) y otras proteínas reorganizan la red de polisacáridos, permitiendo que las microfibrillas se deslicen entre sí.
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Síntesis de nueva pared. Simultáneamente a la expansión, se produce la síntesis de nuevos componentes de la pared (celulosa, hemicelulosas, pectinas) para evitar el adelgazamiento y la rotura. El material es entregado por vesículas del aparato de Golgi e integrado en la red en expansión (Evert, 2006).
Orientación de la expansión: papel de los microtúbulos y la celulosa
Una observación clave: las células crecen predominantemente en una dirección perpendicular a la orientación de las microfibrillas de celulosa en la pared. Las microfibrillas actúan como “refuerzo”, restringiendo la expansión en una dirección y dirigiéndola en otra.
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Si las microfibrillas están dispuestas al azar, la célula crece uniformemente en todas direcciones (expansión isodiamétrica).
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Si las microfibrillas están orientadas transversalmente (como anillos alrededor del eje celular), la célula crece predominantemente en la dirección longitudinal (volviéndose alargada). Esta orientación es creada por los microtúbulos corticales, que guían el movimiento de los complejos sintetizadores de celulosa (rosetas) en la membrana plasmática (Beck, 2010; Evert, 2006).
En la zona de elongación cesan las divisiones, el fragmoplasto desaparece y los microtúbulos se reorientan, estableciendo el vector de la forma final de la célula. El control hormonal (auxinas, giberelinas) actúa precisamente en esta etapa, estimulando el ablandamiento de la pared y la reorientación de los microtúbulos.
4.3. Citodiferenciación
La citodiferenciación (o diferenciación celular) es el proceso mediante el cual una célula que ha salido del meristemo adquiere gradualmente las características estructurales y funcionales propias de un tipo particular de tejido permanente (vasos, tubos cribosos, fibras, parénquima, etc.). La diferenciación es la realización de un programa genético bajo la influencia de información posicional e interacciones con las células vecinas (Evert, 2006; Serebryakova et al., 2006).
Principios clave de la citodiferenciación
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Control posicional, no linaje lineal. El factor decisivo no es de qué célula inicial provino la célula, sino su posición final en el órgano en desarrollo. Experimentos de ablación con láser (en Arabidopsis thaliana) han demostrado que las células destruidas pueden ser reemplazadas por vecinas, que luego se diferencian de acuerdo con su nueva posición (Dolan et al., 1993; Evert, 2006). Esta es una diferencia fundamental con los animales, donde el destino celular a menudo está determinado por un linaje estrictamente fijo.
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Determinación y competencia. La determinación es la fijación de una vía de desarrollo (la célula ya “sabe” lo que llegará a ser, aunque todavía puede verse no especializada). La competencia es la capacidad de una célula para responder a una señal diferenciadora. Por ejemplo, solo las células ubicadas en una posición particular con respecto al flujo de auxina son competentes para diferenciarse en elementos vasculares (Evert, 2006).
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Gradualidad y gradiente. La diferenciación ocurre gradualmente a medida que la célula se aleja del meristemo. En la raíz se puede observar un gradiente: cerca de la punta — células en división; más arriba — células en crecimiento; aún más arriba — comenzando a diferenciarse. El floema generalmente se diferencia primero, luego el xilema, y finalmente los tejidos de almacenamiento (Evert, 2006).
Principales cambios citológicos durante la diferenciación
Dependiendo de la función final de la célula, la diferenciación implica diferentes conjuntos de cambios:
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Desarrollo del sistema vacuolar: pequeñas vacuolas se fusionan en una gran vacuola central (característico de la mayoría de las células parenquimáticas). En células maduras, proporciona funciones de almacenamiento y osmorregulación.
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Transformación de los plastidios: los proplastidios se convierten en cloroplastos (en tejidos fotosintéticos), leucoplastos (en tejidos de almacenamiento, por ejemplo, amiloplastos para almidón) o cromoplastos (en pétalos y frutos para atraer polinizadores/dispersores) (Serebryakova et al., 2006).
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Engrosamiento y modificación de la pared celular: síntesis de una pared celular secundaria, deposición de lignina (en xilema y esclerénquima), suberina (en corcho, endodermis) o cutina (en la epidermis). Estos cambios son irreversibles y a menudo conducen a la muerte del protoplasto (por ejemplo, en vasos, traqueidas, fibras).
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Cambios especializados en el protoplasto:
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En los tubos cribosos del floema, el núcleo y la mayoría de los orgánulos degeneran, el citoplasma se conserva solo en una capa parietal, aparecen proteína P (proteína del floema) y calosa en las placas cribosas (Evert, 2006).
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En las células glandulares y secretoras, el retículo endoplasmático y el aparato de Golgi están muy desarrollados para la síntesis de aceites esenciales, néctar, resinas.
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En las células acompañantes de los tubos cribosos, se retiene un citoplasma denso con un núcleo grande y numerosas mitocondrias para respaldar el metabolismo de los elementos cribosos vecinos.
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Muerte celular programada (MCP): En los elementos traqueales (vasos y traqueidas) y fibras, la diferenciación termina con MCP, en la que el protoplasto se lisas, mientras que las paredes permanecen y cumplen funciones conductoras o de soporte (Evert, 2006).
Diferenciación y totipotencia
Es importante enfatizar que incluso las células diferenciadas conservan la totipotencia — la capacidad, bajo ciertas condiciones (por ejemplo, en cultivo de tejidos, tras una herida), de “recordar” su pasado meristemático, desdiferenciarse y dar origen a una nueva planta. Esta propiedad se utiliza activamente en la biotecnología vegetal (micropropagación clonal, producción de haploides a partir de granos de polen) (Evert, 2006; Beck, 2010).
Por lo tanto, los procesos del ciclo celular, crecimiento por expansión y diferenciación forman un continuo de transformaciones que convierten a una célula meristemática de un “bloque de construcción universal” en un elemento especializado del tejido vegetal. Comprender estos procesos es la clave para manejar el crecimiento, desarrollo y productividad de las plantas cultivadas.
4.4. Las tres zonas de un meristemo
El funcionamiento de un meristemo no se limita a la zona de células en división. En un meristemo apical típico (especialmente en la raíz), se pueden distinguir tres zonas sucesivas, que reflejan diferentes etapas del desarrollo celular: la zona de división, la zona de elongación (crecimiento) y la zona de diferenciación. Estas zonas se fusionan gradualmente entre sí, creando un gradiente desde células no especializadas en división hasta tejidos maduros (Evert, 2006; Beck, 2010).
Zona de división (zona meristemática)
Esta es la parte más distal (en la raíz — más cercana a la punta) del meristemo, donde las células mantienen una alta actividad mitótica. En la raíz está protegida por la cofia y ocupa los primeros 250–500 μm desde la punta (en Arabidopsis unos 250 μm). Características:
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Células pequeñas, isodiamétricas, con citoplasma denso y vacuolas pequeñas.
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Alto índice mitótico (porcentaje de células en mitosis).
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Presencia de un centro quiescente (en la raíz) — un grupo de células en el centro de la zona de división con baja actividad mitótica, que sirve como reserva para la restauración del meristemo (Dolan et al., 1993; Dubrovsky & Vissenberg, 2021).
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En el brote, la zona de división incluye la zona central (corpus) y la túnica, así como los meristemos de flanco (zona periférica) donde se inician los primordios foliares (Evert, 2006; Aichinger et al., 2012).
Zona de elongación
Ubicada proximal a la zona de división (más cerca de la base del órgano). Aquí las células dejan de dividirse pero crecen activamente por expansión. Esta zona puede alcanzar varios milímetros (en la raíz de Arabidopsis unos 250–500 μm). Características:
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Se forma una gran vacuola central, las células aumentan en longitud (en la raíz — hasta 10–20 veces en comparación con las células meristemáticas).
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Las paredes celulares sufren deformación plástica (bajo la acción de la turgencia y enzimas) y simultáneamente se depositan nuevas capas.
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Los microtúbulos se reorientan transversalmente, dirigiendo la deposición de celulosa, lo que determina el vector de crecimiento (generalmente longitudinal) (Beck, 2010).
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Síntesis intensiva de proteínas y ARN, dirigida a construir nuevos componentes citoplasmáticos y de la pared.
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En esta zona no hay divisiones, y las células aún no están totalmente diferenciadas (sin engrosamientos especializados de la pared ni inclusiones específicas).
Zona de diferenciación (zona de maduración)
La zona más proximal, donde las células adquieren sus características estructurales y funcionales finales. Comienza donde termina la elongación activa. Aquí:
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Las células completan la diferenciación: se forman paredes secundarias (vasos, fibras), se depositan suberina o lignina, aparecen inclusiones especializadas (almidón en amiloplastos, proteínas, antocianinas).
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Ocurre muerte celular programada para los elementos conductores del xilema y algunos tejidos mecánicos.
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En la raíz, en esta zona se forman los pelos radiculares a partir de tricoblastos, y la endodermis adquiere las bandas de Casparian (Evert, 2006; Serebryakova et al., 2006).
Importante: los límites entre las zonas no son nítidos. Por ejemplo, en la raíz, el protofloema (los primeros tubos cribosos) puede comenzar a diferenciarse ya en la zona de elongación, y algunas células del parénquima continúan expandiéndose incluso después de haber comenzado la diferenciación (Evert, 2006).
4.5. Muerte celular programada como parte de la diferenciación
La muerte celular programada (MCP) es un proceso genéticamente controlado de autodestrucción activa de una célula, que es una parte integral del desarrollo normal en muchos tejidos vegetales. En el contexto de los meristemos y sus derivados, la MCP es la conclusión lógica de la diferenciación para aquellas células que, en el estado maduro, deben estar muertas pero continúan realizando sus funciones (Evert, 2006; Beck, 2010).
Ejemplos clásicos de MCP en tejidos vegetales
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Diferenciación de elementos traqueales (vasos y traqueidas) del xilema. Este es el ejemplo más estudiado. La célula precursora (elemento de vaso) primero deposita una pared secundaria lignificada (anular, espiral, reticulada o punteada). Luego, después de completar la pared, ocurre la lisis del protoplasto: la vacuola se rompe, liberando enzimas hidrolíticas (proteasas, nucleasas) que degradan el núcleo, el citoplasma y todos los orgánulos. La membrana plasmática se conserva brevemente, pero finalmente también se rompe en la región de las placas de perforación, creando una luz continua para la conducción de agua. Solo queda la pared celular (a veces con restos de la membrana plasmática). Los reguladores clave de la MCP en el xilema son las proteínas VND6 y VND7 (Fischer et al., 2019; Evert, 2006).
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Formación de fibras de esclerénquima. Del mismo modo, las fibras (fibras liberianas y xilemáticas) mueren después de depositar paredes secundarias gruesas, cumpliendo una función de soporte. Su luz está llena de aire o, raramente, con restos de protoplasto.
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Aerénquima. En plantas acuáticas y de humedales, en respuesta a hipoxia (falta de oxígeno), las células de la corteza de la raíz inician la MCP, lo que resulta en grandes espacios llenos de aire (aerénquima) que facilitan el intercambio gaseoso. Este proceso es inducido por el etileno e implica la activación de hidrolasas (Evert, 2006).
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Células de la cofia (caliptra). Las células externas de la cofia se desprenden continuamente y mueren, siendo reemplazadas por nuevas células formadas a partir del caliptrógeno. Este es un ejemplo de MCP en un tejido que se renueva constantemente.
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Células sensoriales durante la formación de la mosaico foliar (hojas perforadas). En algunas plantas (por ejemplo, Monstera), áreas del tejido de la lámina foliar mueren de manera programada, creando agujeros característicos.
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Finalización del desarrollo de los tubos cribosos del floema. Aunque los elementos cribosos permanecen vivos, también sufren una MCP “simplificada”: degradación del núcleo, desaparición del tonoplasto y de la mayoría de los orgánulos, pero conservación de la membrana plasmática, algunos plastidios y RE liso. No es una muerte completa, sino autólisis selectiva, que permite a la célula conservar la capacidad de transportar asimilados (Evert, 2006).
Mecanismos moleculares y características de la MCP en plantas
La MCP en plantas difiere de la apoptosis en animales, aunque hay algunas características comunes.
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Apoptosis en animales: acompañada de encogimiento celular, fragmentación nuclear, formación de cuerpos apoptóticos y fagocitosis. No es típica de las plantas debido a la presencia de una pared celular rígida (Evert, 2006).
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MCP en plantas: se asocia más frecuentemente con la ruptura de la vacuola y la liberación de hidrolasas que lisan el protoplasto desde el interior. Signos morfológicos: condensación de la cromatina, fragmentación del ADN (patrón de escalera), redondeo del núcleo, desaparición del nucléolo. La vacuola actúa como un “compartimento lisosomal”.
Regulación de la MCP se realiza mediante complejas cascadas de señalización: hormonas (etileno, ácido abscísico, giberelinas), especies reactivas de oxígeno (ERO), proteínas (GTPasas Rac/Rop), factores de transcripción (proteínas de dominio NAC). Por ejemplo, en Arabidopsis las proteínas VND6 y VND7 activan directamente los genes que codifican hidrolasas, así como los genes involucrados en la síntesis de pared secundaria (Fischer et al., 2019; Evert, 2006).
Importancia de la MCP para los meristemos y el desarrollo
La muerte celular programada no es una catástrofe sino una herramienta para la morfogénesis. En el contexto de los meristemos, esta:
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Hace espacio para nuevos tejidos (por ejemplo, durante la formación de cavidades de aerénquima).
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Crea elementos conductores funcionales (vasos, traqueidas).
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Participa en la eliminación de estructuras obsoletas (por ejemplo, células de la cofia).
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Protege a la planta de patógenos a través de la respuesta hipersensible — MCP rápida de las células alrededor del sitio de infección, aislando la infección (Evert, 2006).
Por lo tanto, la MCP es el acto final en el desarrollo de tejidos especializados derivados de los meristemos. Comprender los mecanismos de la MCP abre oportunidades para manejar la calidad de la madera (por ejemplo, reducir la lignificación para la industria de pulpa y papel) y la resistencia de las plantas al estrés.
5. Factores que regulan la actividad de los meristemos
La actividad de los meristemos no es autónoma ni constante. Está finamente regulada por una compleja red de señales endógenas (fitohormonas, péptidos) y modulada por condiciones externas (luz, temperatura, fotoperiodo, estímulos mecánicos). Esto permite a la planta adaptar su crecimiento y desarrollo a un entorno cambiante. Comprender estos reguladores es clave para manejar el rendimiento de los cultivos, la calidad de la madera y la tolerancia al estrés.
5.1. Regulación hormonal
Las fitohormonas actúan como los principales mensajeros químicos que controlan la división, expansión y diferenciación celular en los meristemos.
Auxinas (AIA, ácido indol‑3‑acético)
Las auxinas son reguladores centrales de la actividad meristemática.
Fuentes: Meristemos apicales del brote, hojas jóvenes, semillas en desarrollo. La auxina natural principal es el AIA.
Transporte polar: El movimiento de la auxina desde el ápice hacia las partes basales (transporte polar) crea gradientes de concentración que actúan como señales posicionales. El transporte es realizado por proteínas transportadoras específicas: AUX/LAX (influx) y PIN (eflujo) (Fischer et al., 2019; Evert, 2006).
Efectos sobre los meristemos:
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Meristemo apical del brote: La auxina sintetizada en hojas jóvenes y transportada hacia la base de los primordios induce la iniciación de nuevas hojas y suprime el desarrollo de yemas axilares (dominancia apical). Las altas concentraciones de auxina en la zona central mantienen la identidad de las células madre (Aichinger et al., 2012).
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Cambium: El máximo de auxina en la zona cambial estimula la división de las células cambiales y la diferenciación de los derivados en xilema (hacia altas concentraciones) y floema (hacia bajas concentraciones). La eliminación de la yema terminal (fuente de auxina) detiene la actividad cambial; la auxina exógena la restablece (Fischer et al., 2019).
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Meristemo apical de la raíz: La auxina se acumula en el centro quiescente (CQ), manteniendo su función organizadora. Un máximo local de auxina determina la posición del CQ y regula la división de las células iniciales (Dubrovsky & Vissenberg, 2021).
Citoquininas
Las citoquininas actúan como antagonistas de las auxinas en muchos procesos y estimulan la división celular.
Síntesis: Principalmente en raíces (especialmente en el meristemo apical de la raíz), luego se transportan al brote a través del xilema.
Efectos sobre los meristemos:
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Cambium: Las citoquininas estimulan la división de las células cambiales y aumentan la producción de floema. Junto con las auxinas mantienen el equilibrio entre xilema y floema (Fischer et al., 2019).
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Meristemo apical del brote: Las citoquininas producidas en las raíces activan la división celular en el meristemo, promueven la liberación de las yemas axilares de la latencia (superación de la dominancia apical) y aumentan el tamaño del meristemo.
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Centro quiescente (CQ): Las citoquininas, junto con las auxinas, son necesarias para mantener la quiescencia de las células del CQ y la identidad de las células madre (Aichinger et al., 2012).
Giberelinas (GAs)
Las giberelinas son estimuladoras del crecimiento por expansión y, en ciertos contextos, de la división.
Efectos: Alargamiento de entrenudos mediante la activación de meristemos intercalares (gramíneas), estimulación de la división de células cambiales y, lo que es importante, diferenciación de fibras xilemáticas (aumentan la longitud y el número de fibras en la madera). La aplicación de giberelinas se utiliza para mejorar el crecimiento y modificar la calidad de la madera (Fischer et al., 2019; Evert, 2006).
Etileno
Una hormona gaseosa que regula muchos procesos de desarrollo y respuestas al estrés.
Efectos: Estimula la formación de aerénquima mediante MCP, puede activar la división de células cambiales (especialmente durante la formación de madera de tensión en frondosas en respuesta a estrés mecánico). Participa en la maduración de frutos y la senescencia de hojas (Evert, 2006; Fischer et al., 2019).
Ácido abscísico (ABA)
El ABA es una hormona de estrés y latencia.
Efectos sobre los meristemos: Niveles altos de ABA inducen la latencia (dormancia) de los meristemos apicales al final de la temporada de crecimiento (especialmente en plantas perennes). El ABA también participa en el cierre estomático y la adaptación a la sequía, afectando indirectamente la actividad meristemática a través de cambios en el estado hídrico (Evert, 2006).
Jasmonatos (JA, JAs)
Los jasmonatos son importantes reguladores del desarrollo y la defensa.
Efectos: Participan en la formación del cambium y el crecimiento secundario (especialmente bajo carga mecánica). Los jasmonatos también activan respuestas de defensa que pueden modular la actividad meristemática cuando son dañados por insectos o patógenos (Fischer et al., 2019).
5.2. Regulación peptídica (péptidos CLE)
Los péptidos CLE (relacionados con CLAVATA3/ESR) son una familia de moléculas señalizadoras que juegan un papel clave en el mantenimiento de las células madre del meristemo.
Modo de acción: Se secretan en el apoplasto, se unen a quinasas receptoras (por ejemplo, CLV1, CLV2, CRN, BAM) en células vecinas, desencadenando una cascada de señales que suprime la expresión de genes reguladores (por ejemplo, WUSCHEL en el brote) (Aichinger et al., 2012; Fischer et al., 2019).
Papel en el brote: CLV3, expresado en las células madre (zona central), se une al receptor CLV1 en células subyacentes (el centro organizador), limitando el tamaño del pool de células madre (retroalimentación negativa). Las mutaciones en el sistema CLV conducen a meristemos gigantes y fasaciones.
Papel en la raíz: CLE40 regula la diferenciación de las células de la columela.
Papel en el cambium: TDIF (CLE41/44), secretado por las células del floema, se une al receptor PXY/TDR en el cambium, estimulando la división de las células cambiales y suprimiendo la diferenciación en xilema.
5.3. Factores externos (ambientales)
Luz
La luz es una señal clave para activar los meristemos después de la germinación. Actúa no solo a través de la fotosíntesis (suministro de energía) sino también a través de los fitocromos y criptocromos, que regulan la expresión génica, incluidos los genes involucrados en la señalización de citoquininas (Aichinger et al., 2012). El fotoperiodo controla la transición del crecimiento vegetativo a la floración, cambiando el patrón de trabajo del meristemo apical del brote.
Temperatura
La temperatura afecta significativamente la velocidad del ciclo celular en los meristemos. El calor moderado (óptimo) acelera la división, las bajas temperaturas la ralentizan o la detienen (vernalización en cultivos de invierno requiere exposición prolongada a temperaturas bajas positivas para inducir la floración). Las temperaturas extremas pueden dañar los meristemos. En plantas perennes, el fotoperiodo corto y la disminución de la temperatura en otoño inducen la transición del meristemo apical a un estado de latencia (dormancia) (Evert, 2006).
Fotoperiodo
La duración del día es una señal crucial para la regulación estacional de la actividad meristemática (especialmente en plantas perennes y formas de invierno). Los días cortos en otoño inducen la formación de yemas durmientes y el cese de la actividad cambial en los árboles. Los días largos en primavera y verano activan el crecimiento. En plantas que florecen con una duración de día específica, el fotoperiodo determina el cambio del meristemo apical del desarrollo vegetativo al reproductivo (Evert, 2006; Aichinger et al., 2012).
Señales mecánicas
El estrés mecánico (viento, lluvia, tacto, peso propio) causa tigmomorfogénesis — reducción del crecimiento en longitud y aumento del engrosamiento secundario (el tallo se vuelve más robusto). El estrés mecánico activa la expresión de genes relacionados con auxinas, etileno y jasmonatos, y estimula la división de las células cambiales. Este fenómeno se utiliza en la práctica del despunte (eliminación de puntas de brotes) para mejorar la ramificación, y en el cultivo de plantaciones arbóreas resistentes al viento (Fischer et al., 2019; Evert, 2006).
5.4. Mecanismos reguladores endógenos: dominancia apical
Dominancia apical es la supresión del crecimiento de los meristemos axilares (laterales) por el meristemo apical del brote. El mecanismo principal: la auxina, sintetizada en el meristemo apical y en las hojas jóvenes, se transporta hacia abajo en el tallo e inhibe la activación y el crecimiento de las yemas axilares. La eliminación del meristemo apical (despunte, pinzamiento) elimina la fuente de auxina, lo que lleva a la activación de los meristemos axilares y a la ramificación. Este principio se utiliza ampliamente en horticultura y producción de cultivos para dar forma a los arbustos, aumentar el número de brotes fructíferos y mejorar el rendimiento (Evert, 2006; Serebryakova et al., 2006).
Por lo tanto, la actividad de los meristemos es el resultado de interacciones complejas entre factores endógenos y exógenos. Comprender estas redes reguladoras permite al agrónomo influir deliberadamente en el crecimiento y desarrollo de las plantas cultivadas, optimizando su arquitectura, tiempo de floración y productividad.
6. Importancia agronómica y práctica
Los meristemos no son solo un objeto fundamental de la ciencia botánica, sino también una herramienta esencial en manos de agrónomos, jardineros, forestales y biotecnólogos. Al controlar la actividad de los tejidos meristemáticos, se puede modificar intencionadamente la arquitectura de la planta, estimular la formación de raíces, regular los tiempos de floración y fructificación, aumentar la resistencia al vuelco y utilizar métodos de propagación vegetativa para conservar genotipos valiosos. Comprender el funcionamiento de los meristemos subyace en muchas prácticas agronómicas y biotecnologías modernas.
6.1. Control del crecimiento y la forma de la planta (arquitectura)
Dominancia apical: eliminación de puntas (despunte, pinzamiento, descopado)
Como se señaló en la sección 5.4, el meristemo apical del brote suprime el crecimiento de las yemas axilares mediante una señal de auxina. La eliminación artificial del meristemo apical (despunte, pinzamiento, descopado) elimina esta supresión, lo que lleva a la activación de los meristemos axilares latentes y a un mayor ramificación.
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En horticultura y cultivo de hortalizas: La formación de arbustos en tomates, pimientos, pepinos, berenjenas produce una planta compacta con más brotes fructíferos y mayor rendimiento. En frutales, la formación de la copa (eliminación del líder central) crea una forma conveniente para el manejo y la cosecha.
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En floricultura ornamental: El despunte de las puntas estimula el macollamiento, haciendo la planta más tupida y florífera (Evert, 2006; Serebryakova et al., 2006).
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Descopado (en viticultura, etc.): La eliminación parcial de la punta del brote no solo mejora la ramificación, sino que también redirige los asimilados a los órganos restantes (por ejemplo, racimos de uva), mejorando la calidad de la cosecha.
Deschuponado (eliminación de meristemos laterales)
El deschuponado es la eliminación de los meristemos axilares (chupones), especialmente en las primeras etapas de su desarrollo. A diferencia del despunte, se eliminan los meristemos laterales, no el principal. Se utiliza principalmente en el cultivo de tomate: eliminar los chupones (brotes de segundo orden) redirige los nutrientes hacia los racimos florales, acelerando la maduración de los frutos y aumentando su tamaño (Evert, 2006).
Uso de retardantes
Retardantes — compuestos químicos (inhibidores de giberelinas) que suprimen la actividad de los meristemos intercalares y el crecimiento por expansión. No matan la planta, solo ralentizan el alargamiento de los entrenudos, haciendo que el tallo sea más corto y grueso (resistente al vuelco). Se utilizan ampliamente en cereales (trigo, cebada, arroz) y en floricultura para obtener plantas compactas con tallos florales robustos. Reducir la altura del tallo disminuye el riesgo de vuelco antes de la cosecha, facilitando la cosecha mecanizada y reduciendo las pérdidas de rendimiento (Evert, 2006).
6.2. Estimulación de la formación de raíces
La capacidad de las células diferenciadas para desdiferenciarse y formar raíces adventicias se utiliza ampliamente en la propagación vegetativa por esquejes.
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Auxinas (heteroauxina, hormonas de enraizamiento, AIB): Tratar el extremo cortado de un esqueje con auxinas exógenas estimula la desdiferenciación de las células del cambium, periciclo y parénquima en la región de la herida, seguida de su diferenciación en focos meristemáticos, a partir de los cuales se desarrollan raíces adventicias. Esto es especialmente importante para especies difíciles de enraizar (coníferas, muchos frutales) (Evert, 2006; Serebryakova et al., 2006).
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Uso en silvicultura y horticultura: El esquejado con tratamiento de auxinas es el método principal de propagación de muchos cultivos ornamentales y frutales, así como de algunas especies maderables.
6.3. Propagación vegetativa y conservación de genotipos
La capacidad de los meristemos para dividirse y la totipotencia de las células vegetales subyacen en prácticamente todos los métodos de propagación vegetativa (esquejes, acodos, injertos, cultivo de tejidos). Esto permite producir clones genéticamente idénticos, conservando rasgos valiosos de la variedad.
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Micropropagación clonal (cultivo de meristemos): Aislar meristemos apicales (a menudo de 0,1–0,5 mm de tamaño) y cultivarlos en medio nutritivo produce un gran número de plantas regeneradas libres de virus. Los meristemos apicales generalmente están libres de virus (los virus no invaden la zona de división), lo que hace que este método sea indispensable para sanitizar el material de plantación de papa, bayas, frutales, ornamentales y flores (Evert, 2006).
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Cultivos de callo: El callo (una masa de células desdiferenciadas) puede inducirse en cualquier explante. A partir del callo se pueden obtener directamente brotes adventicios o utilizarlo para cultivo en suspensión y posterior regeneración de plantas. Esta es la base para la hibridación somática, la ingeniería genética y la producción de plantas haploides (a partir de granos de polen).
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Regeneración a partir de yemas latentes: En muchos árboles y arbustos (roble, abedul, tilo), los meristemos axilares latentes persisten en la madera vieja y pueden activarse tras una lesión (rebrote de cepa). Esto se utiliza en silvicultura para regenerar bosques después de las cortas (Serebryakova et al., 2006).
6.4. Aspectos agroecosistémicos: vínculos con el rendimiento y la resiliencia
Actividad del cambium → grosor del tallo → resistencia al vuelco y rendimiento de biomasa
La actividad del cambium vascular no solo determina el engrosamiento a largo plazo de los troncos de los árboles, sino también, en cultivos anuales y bienales, el diámetro del tallo. Un tallo más grueso (debido a un xilema secundario robusto y fibras mecánicas) es más resistente al vuelco, especialmente durante el llenado del grano (cereales) y la fructificación (tomate, girasol). Además, una sección transversal más grande de tejidos conductores mejora el transporte de agua y minerales hacia el ápice y el flujo de asimilados desde las hojas a los órganos de almacenamiento (raíces tuberosas, tubérculos, granos). Por lo tanto, el mejoramiento para un mayor desarrollo del cambium (sin masa vegetativa excesiva) es una dirección importante para aumentar la productividad de cereales, cultivos industriales y forrajeros (Fischer et al., 2019; Evert, 2006).
Calidad de la madera (cultivos forestales)
En especies forestales (pino, abeto, roble, fresno), la calidad de la madera depende directamente de la actividad del cambium. Regular la proporción de madera temprana y tardía, la longitud de traqueidas y fibras, y el grosor de la pared celular — todo está determinado por la actividad del meristemo cambial y la diferenciación de sus derivados. Comprender la regulación hormonal (auxinas, giberelinas, jasmonatos) y ambiental del cambium permite el mejoramiento para mejorar las propiedades mecánicas de la madera, su densidad y resistencia a la pudrición (Fischer et al., 2019).
Recuperación después de daños
Los meristemos (especialmente los meristemos de herida y las yemas latentes) juegan un papel clave en la recuperación de las plantas después de estreses bióticos y abióticos: heladas, daños por granizo, ataque de plagas. La activación de yemas latentes y la formación de brotes adventicios a partir del meristemo del periciclo (retoños de raíz) permiten que la planta se regenere y sobreviva en condiciones extremas. Esto debe tenerse en cuenta en las estrategias de protección vegetal y al establecer plantaciones perennes (Serebryakova et al., 2006).
Referencias
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