Asimilación de carbono

Actualizado: 09 Julio 2026 Русский English

1. ¿Por qué no es suficiente la luz?

¡Estimados oyentes! Antes de comenzar a hablar sobre cómo las plantas construyen su biomasa a partir del aire, detengámonos en una cuestión fundamental. En conferencias anteriores (así como en los cursos de bioquímica y botánica) ya han conocido cómo los cloroplastos capturan la energía luminosa, cómo funcionan los fotosistemas, cómo se transfieren los electrones a lo largo de la cadena de transporte electrónico y cómo finalmente se forman ATP y NADPH.

Parecería que ya está todo: hay energía, hay poder reductor. Se podría construir materia orgánica. Pero imaginemos una obra en construcción. Hay grúas (energía), hay obreros (poder reductor), pero… no hay ladrillos. La luz nos ha dado energía y capacidad reductora, pero no nos ha dado el material de construcción. Y ese material es el carbono.

¿De dónde obtienen las plantas el carbono? La respuesta es obvia: del dióxido de carbono atmosférico. Pero reflexionemos sobre esta frase sencilla. La concentración de CO₂ en el aire es aproximadamente del 0,04 % (400–420 ppm). Es una cantidad extremadamente pequeña. Sin embargo, es de esta fuente tan diluida de donde las plantas extraen casi todo el carbono para construir su cuerpo. Piensen: el 95 % de la masa seca de una planta son productos de la fotosíntesis creados a partir de CO₂ y agua (Kuznetsov y Dmitrieva, 2006).

Por lo tanto, la pregunta «¿por qué no es suficiente la luz?» debemos reformularla: «¿Por qué la energía de la luz no es suficiente para obtener materia orgánica a partir del carbono inorgánico?»

El hecho es que las reacciones fotoquímicas son solo la primera mitad del camino. Generan el poder asimilatorio: ATP y NADPH. Pero estas moléculas por sí solas no pueden convertir el CO₂ en azúcar. Para ello se necesita un mecanismo enzimático que fije el carbono inorgánico y lo incorpore a una molécula orgánica.

Imaginen esta analogía. La fase luminosa es como cargar una batería. La batería está cargada: hay ATP y NADPH. Pero para que estas baterías funcionen y pongan en marcha el mecanismo, se necesita un motor. Ese motor es el ciclo de Calvin, y su pistón clave es la enzima Rubisco.

Y aquí llegamos a la característica más importante de la asimilación del carbono en las plantas. A diferencia de los procesos fotoquímicos, que transcurren a una velocidad colosal (picosegundos), las reacciones enzimáticas del ciclo de Calvin toman segundos y minutos. La velocidad de todo el proceso está limitada precisamente por las reacciones «oscuras» (Hopkins y Hüner, 2009). Ya en 1905, Blackman demostró que la fotosíntesis consta de dos etapas: una rápida, la luminosa, y otra lenta, la enzimática (Medvédev, 2012). Es la lentitud de esta segunda etapa la que determina la eficiencia global.

Además, observen un punto fundamental: el CO₂ es una forma completamente oxidada del carbono (estado de oxidación +4). Para convertirlo en un carbohidrato (donde el carbono tiene en promedio estado de oxidación 0), no solo se necesita energía, sino reducción. Y aquí necesitamos NADPH, que aporta electrones, y ATP, que proporciona la energía para que esos electrones «se instalen» en la molécula.

Así, la luz proporciona energía, pero la tarea de la fotosíntesis como proceso fisiológico integral no es simplemente generar ATP y NADPH, sino construir materia orgánica a partir de materias primas inorgánicas. Precisamente en esto reside la singularidad de la fotosíntesis: es el único proceso en la Tierra en el que la energía de la luz solar se convierte en energía química de compuestos orgánicos con un aumento simultáneo de la energía libre del sistema (Medvédev, 2012).

Idea clave: La luz crea la base energética y reductora, pero la construcción de la materia orgánica comienza con la captura enzimática del CO₂. Es aquí, en el límite entre las fases luminosa y oscura, donde se encuentra la clave del compromiso de la fotosíntesis.

Por tanto, cuando hablamos de asimilación del carbono, no nos referimos simplemente a las «reacciones oscuras». Hablamos del sentido fisiológico de la fotosíntesis — de cómo las plantas crean biomasa, de cómo nacen los carbohidratos a partir del aire y el agua. Y en este proceso, una enzima pequeña, pausada pero la más abundante del planeta, desempeña un papel central: la Rubisco.

Así pues, la luz nos ha dado ATP y NADPH. Pero para convertir el CO₂ en carbohidrato no solo se necesita una fuente de energía, sino también un mecanismo de fijación y reducción del carbono. A este mecanismo está dedicada nuestra conferencia de hoy.

Comenzaremos con el protagonista principal: la enzima Rubisco, que abre las puertas al mundo del carbono orgánico, pero lo hace en sus propias condiciones, muy particulares.

2. Rubisco: la enzima principal de la biosfera

Hemos llegado a la figura central de todo el proceso de asimilación del carbono: la enzima que es la proteína más abundante en la Tierra. Su nombre completo es ribulosa‑1,5‑bisfosfato carboxilasa/oxigenasa. Reconozcamos que es bastante largo. Por eso en la ciencia y en nuestra conferencia la llamaremos abreviadamente Rubisco. Este nombre se ha vuelto familiar porque detrás hay toda una historia de compromisos evolutivos, limitaciones fisiológicas y, al mismo tiempo, una eficiencia asombrosa si se observa a escala planetaria.

2.1. ¿Por qué es Rubisco la enzima más importante?

La Rubisco cataliza la primera reacción en la ruta que convierte el carbono inorgánico en orgánico: la adición de CO₂ a un azúcar de cinco carbonos, la ribulosa‑1,5‑bisfosfato (RuBP). Es la reacción primaria de fijación del carbono. Sin ella no existiría materia orgánica alguna.

Pero aquí nos espera la primera sorpresa. La Rubisco es una enzima muy lenta. Su número de recambio (turnover number), es decir, el número de moléculas de CO₂ que una molécula de enzima puede convertir por segundo, es de solo 1‑6 para plantas superiores (Taiz et al., 2023). En comparación, muchas otras enzimas trabajan miles de veces más rápido. Parecería que con una enzima tan «perezosa» las plantas ni siquiera podrían crecer.

La respuesta es paradójica: la planta compensa la lentitud con una cantidad enorme de Rubisco. En las hojas de las plantas C₃, esta enzima constituye hasta el 50 % de todas las proteínas solubles. Es una inversión colosal de nitrógeno. Según algunas estimaciones, la cantidad total de Rubisco en el planeta es de unas 10 millones de toneladas (Medvédev, 2012). Por eso se llama a la Rubisco la enzima más abundante de la biosfera. Las plantas literalmente «abrumar» el problema de la lentitud con la cantidad.

Importante comprender: La lentitud de la Rubisco no es un defecto, sino un compromiso evolutivo entre velocidad y precisión. Volveremos sobre esto.

2.2. Estructura de la Rubisco: un conjunto complejo

La Rubisco es un complejo proteico grande compuesto por ocho subunidades grandes (L) y ocho pequeñas (S), formando una estructura L₈S₈. La masa molecular total del complejo alcanza 540‑550 kDa (Medvédev, 2012; Morot‑Gaudry et al., 2012). Es importante señalar que el centro catalítico se encuentra en las subunidades grandes. Las subunidades pequeñas tienen una función auxiliar, estabilizando la estructura, pero su papel exacto no se conoce por completo.

Desde el punto de vista de la fisiología vegetal, es fundamental que los genes de las subunidades grandes se encuentran en el genoma del cloroplasto, mientras que los genes de las subunidades pequeñas están en el núcleo. Esto significa que la síntesis de la enzima activa requiere un trabajo coordinado de dos sistemas genéticos: el cloroplasto y el núcleo. Las proteínas de las subunidades pequeñas se sintetizan en el citosol, se transportan al cloroplasto, donde se ensamblan con las subunidades grandes sintetizadas in situ. Este proceso de ensamblaje requiere chaperonas (proteínas auxiliares) y energía en forma de ATP (Medvédev, 2012).

2.3. La doble naturaleza de la Rubisco: carboxilasa y oxigenasa

Ahora llegamos al punto más importante: el principal compromiso inherente a la estructura de la Rubisco. Esta enzima es capaz de catalizar no una, sino dos reacciones competitivas:

1. Reacción carboxilasa (principal):

Rubisco + CO₂ + RuBP → dos moléculas de 3‑fosfoglicerato (PGA). Este es el camino hacia los carbohidratos.

2. Reacción oxigenasa (secundaria pero inevitable):

Rubisco + O₂ + RuBP → una molécula de PGA + una molécula de 2‑fosfoglicolato.

Ambas reacciones tienen lugar en el mismo centro activo. El CO₂ y el O₂ compiten por la unión al mismo sustrato, la RuBP. En esencia, la Rubisco no distingue perfectamente entre estos dos gases, y en eso radica su «imperfección» (Hopkins y Hüner, 2009; Morot‑Gaudry et al., 2012).

Pregunta: ¿por qué la evolución no ha creado una enzima más selectiva?

La respuesta se encuentra en la historia de la Tierra. La Rubisco surgió hace unos 3 mil millones de años, cuando la atmósfera era rica en CO₂ y prácticamente carecía de O₂. En aquellas condiciones, el oxígeno no representaba un problema. Sin embargo, con la aparición de la fotosíntesis oxigénica, la atmósfera se saturó de O₂. La Rubisco «no tuvo tiempo» de adaptarse, y su actividad oxigenasa se convirtió en una realidad fisiológica con la que las plantas deben lidiar (Hopkins y Hüner, 2009).

Además, existe un compromiso evolutivo entre velocidad y especificidad: las enzimas que fijan CO₂ rápidamente (alto número de recambio) suelen tener menor especificidad por CO₂ frente a O₂, y viceversa. La Rubisco de plantas C₃ tiene alta especificidad (S_c/o alrededor de 80‑90) pero baja velocidad. La Rubisco de plantas C₄ y algas, que poseen mecanismos de concentración de CO₂, es más rápida pero menos específica (Lambers & Oliveira, 2019; Taiz et al., 2023). Es un compromiso clásico.

2.4. Activación de la Rubisco: una enzima que necesita ser «encendida»

A menudo imaginamos las enzimas como moléculas que trabajan constantemente. Con la Rubisco no es así. En la oscuridad se encuentra en forma inactiva o poco activa. Para que funcione, debe ser activada. Este es un punto fisiológicamente importante, porque vincula la actividad de la Rubisco con la presencia de luz — no directamente, sino a través de las condiciones del estroma del cloroplasto.

La activación de la Rubisco ocurre en varias etapas (Taiz et al., 2023; Medvédev, 2012):

1. Carbamilación. En el centro activo de la Rubisco hay un residuo de lisina que en la oscuridad está protonado. En la luz, cuando el pH del estroma aumenta (debido al transporte de protones a los tilacoides), esta lisina se desprotona y es capaz de unir CO₂. Una molécula de CO₂ (no sustrato, sino activadora) se une a esta lisina, formando un grupo carbamato (–NH‑COO⁻).

2. Unión de Mg²⁺. El carbamato formado atrae electrostáticamente un ion Mg²⁺, que estabiliza la conformación activa de la enzima. Solo después de esto, la Rubisco es capaz de unir el CO₂ sustrato y la RuBP.

Es importante que ambas condiciones — el aumento del pH y el incremento de la concentración de Mg²⁺ en el estroma — son consecuencia directa de las reacciones lumínicas: el transporte de protones al lumen produce la alcalinización del estroma, y como compensación de carga, los iones Mg²⁺ salen del lumen hacia el estroma (Taiz et al., 2023). Así, la activación de la Rubisco depende indirectamente de la luz.

Sin embargo, incluso en su forma activa, la Rubisco puede ser bloqueada por inhibidores — por ejemplo, el sustrato RuBP, que se une a la forma no carbamilada de la enzima y bloquea la activación, o el 2‑carboxi‑D‑arabinitol‑1‑fosfato (CA1P), que se une a la forma activa. Estos inhibidores se acumulan en la oscuridad y deben ser eliminados.

2.5. La Rubisco activasa: la enzima que da servicio a la enzima

Para liberar el centro activo de los inhibidores, las plantas utilizan una proteína especial: la Rubisco activasa (Rubisco activase). Es una enzima dependiente de ATP que interactúa físicamente con la Rubisco, cambia su conformación y facilita la liberación de los inhibidores (Farquhar & Sharkey, 1994; Taiz et al., 2023).

¿Por qué es esto fisiológicamente importante? Porque la Rubisco activasa es sensible a la temperatura y al estado energético de la célula. Bajo estrés térmico, la actividad de la Rubisco activasa disminuye, lo que lleva a la desactivación de la Rubisco y a una caída de la fotosíntesis (Lambers & Oliveira, 2019). Esta es una de las razones por las que en el mediodía caluroso la fotosíntesis puede debilitarse incluso con suficiente iluminación.

Por lo tanto, la actividad de la Rubisco en la hoja es un equilibrio dinámico entre activación (carbamilación) e inhibición. La luz regula este equilibrio a través del pH y del Mg²⁺, así como del estado redox que afecta a la Rubisco activasa.

2.6. Sentido fisiológico de la doble función de la Rubisco

Ahora podemos responder a la pregunta clave: ¿por qué es imperfecta la Rubisco?

Porque su actividad oxigenasa no es un error, sino un precio a pagar por su versatilidad y su herencia evolutiva. En la fisiología vegetal moderna, la fotorrespiración (el proceso que comienza con la reacción oxigenasa) ya no se considera un «derroche inútil». Al contrario, cumple importantes funciones protectoras bajo exceso de luz y cuando los estomas están cerrados, cuando el CO₂ dentro de la hoja disminuye y el O₂ aumenta (Hopkins y Hüner, 2009). Además, la fotorrespiración proporciona un flujo de metabolitos que conecta la fotosíntesis con el metabolismo del nitrógeno y la regulación redox (Taiz et al., 2023). Hablaremos de ello en detalle en la sección dedicada a la fotorrespiración.

Recuerden lo principal: La Rubisco no es una herramienta perfecta, pero es precisamente gracias a esta «imperfección» que han surgido todos los mecanismos modernos de regulación de la fotosíntesis, incluida la vía C₄, el metabolismo CAM y la fotorrespiración.

Así pues, resumamos lo dicho sobre la Rubisco:

  • Es la enzima más abundante en la Tierra.
  • Cataliza la primera reacción de fijación del CO₂, pero lo hace lentamente.
  • Posee doble función: carboxilasa (útil) y oxigenasa (secundaria).
  • Esta dualidad es un compromiso evolutivo relacionado con la historia de la atmósfera.
  • La Rubisco requiere activación (carbamilación + Mg²⁺) y mantenimiento (Rubisco activasa), lo que vincula su funcionamiento con las reacciones lumínicas.
  • Su actividad oxigenasa desencadena la fotorrespiración, un proceso que hoy se considera un importante mecanismo fisiológico y no un error.

Ahora que conocemos la enzima clave, pasemos a cómo su producto — el 3‑fosfoglicerato — se convierte en carbohidratos. Esto ocurre en el ciclo de Calvin, donde el ATP y el NADPH encuentran su aplicación definitiva.

3. El ciclo de Calvin: la lógica de la reducción del carbono

Ahora que hemos conocido a la Rubisco — la enzima que «captura» el carbono inorgánico — es el momento de entender qué ocurre después con ese carbono. El producto de la reacción carboxilasa — el 3‑fosfoglicerato (PGA) — es un ácido de tres carbonos. Pero para convertirlo en un carbohidrato que la planta pueda usar para crecer, almacenar o transportar, este ácido debe ser reducido. Para eso existen el ATP y el NADPH obtenidos en las reacciones lumínicas.

El ciclo de Calvin (o ciclo de Calvin‑Benson‑Bassham) es la ruta metabólica central en la que el CO₂ se reduce a carbohidratos. Fue descifrado en la década de 1950 por el grupo de Melvin Calvin utilizando el isótopo radiactivo ¹⁴C (Hopkins & Hüner, 2009; Medvédev, 2012). Hoy lo conocemos como un mecanismo universal que opera en todos los eucariotas fotosintéticos y en la mayoría de las bacterias fotótrofas. No es solo un conjunto de reacciones: es un sistema lógicamente estructurado donde cada etapa está subordinada a un objetivo: reducir continuamente el carbono y al mismo tiempo regenerar el aceptor de CO₂ para que el proceso no se detenga.

3.1. Tres etapas — tres pasos de lógica

Todo el ciclo de Calvin se puede dividir en tres grandes etapas. Son secuenciales, pero están estrechamente interconectadas. Examinemos cada una desde un punto de vista fisiológico.

Etapa 1. Carboxilación (o fijación del CO₂)

Esta es la reacción que ya hemos tratado en la sección sobre la Rubisco. Una molécula de CO₂ se une a la ribulosa‑1,5‑bisfosfato (RuBP) de cinco carbonos. Tras la hidrólisis del intermediario inestable de seis carbonos, se forman dos moléculas de 3‑fosfoglicerato (PGA) (Taiz et al., 2023; Schopfer & Brennicke, 2016). Es importante destacar que en esta etapa todavía no se gasta energía. La reacción es exergónica y procede hacia la formación de PGA. La Rubisco realiza su trabajo, pero el producto — el PGA — aún no es un carbohidrato en sentido estricto. Es una forma oxidada (un ácido carboxílico) y necesita ser reducida.

Etapa 2. Reducción del PGA a triosa fosfato

Aquí es donde comienza la verdadera «construcción». Las dos moléculas de PGA formadas en la primera etapa sufren transformaciones secuenciales:

  • Primero, el PGA es fosforilado por ATP. La enzima fosfoglicerato quinasa transfiere un grupo fosfato del ATP al grupo carboxilo del PGA, formando 1,3‑bisfosfoglicerato. Este es un compuesto de alta energía.
  • Luego, el 1,3‑bisfosfoglicerato es reducido por la gliceraldehído‑3‑fosfato deshidrogenasa dependiente de NADP utilizando NADPH. Como resultado se forma gliceraldehído‑3‑fosfato (GAP) — un azúcar de tres carbonos que ya es un verdadero carbohidrato (triosa) (Farquhar & Sharkey, 1994; Morot‑Gaudry et al., 2012).

Así, por cada molécula de CO₂ (que da dos moléculas de PGA) se requieren 2 ATP y 2 NADPH para obtener dos moléculas de triosa fosfato. Sin embargo, como veremos más adelante, este no es el balance final.

Etapa 3. Regeneración de la RuBP

Ahora tenemos seis moléculas de triosa fosfato (GAP) — exactamente las que se forman al fijar tres moléculas de CO₂ (ya que cada CO₂ produce dos PGA y luego dos GAP). De estas seis triosas, solo una es un producto neto de la asimilación de CO₂. Las otras cinco deben destinarse a regenerar el aceptor original — la RuBP — para que el ciclo pueda continuar (Taiz et al., 2023; Lambers & Oliveira, 2019).

Esta etapa consiste en una serie de reordenamientos enzimáticos en los que los esqueletos de carbono se reorganizan: las triosas (C₃) se convierten en tetrosas (C₄), pentosas (C₅), hexosas (C₆) y sedoheptulosa (C₇), y luego nuevamente en ribulosa‑5‑fosfato, que posteriormente es fosforilada por ATP para dar RuBP. Estas reacciones están catalizadas por enzimas como aldolasa, transcetolasa, fosfatasas e isomerasas. Para regenerar tres moléculas de RuBP a partir de cinco moléculas de GAP se necesitan otras 3 moléculas de ATP (una por cada RuBP formada). Esta reacción de fosforilación está catalizada por la fosforribuloquinasa (Schopfer & Brennicke, 2016; Kuznetsov & Dmitrieva, 2006).

3.2. Balance final: entradas y salidas

Ahora podemos hacer un balance cuantitativo del ciclo de Calvin. Consideremos tres vueltas del ciclo para obtener números enteros claros:

Entradas:

  • 3 moléculas de CO₂ (fijadas)
  • 3 moléculas de RuBP (aceptan CO₂, pero luego se regeneran)
  • 6 moléculas de NADPH (usadas en la etapa de reducción)
  • 9 moléculas de ATP (6 para la fosforilación del PGA, 3 para la regeneración de la RuBP)

Salidas:

  • 1 molécula de gliceraldehído‑3‑fosfato (GAP) — producto neto, que puede destinarse a la síntesis de almidón o sacarosa.
  • 3 moléculas de RuBP — regeneradas y listas para un nuevo ciclo.

Por cada molécula de CO₂ fijada:

$$CO_2 + 2 \, \text{NADPH} + 3 \, \text{ATP} \to \frac{1}{3} \, \text{GAP} + \text{productos de regeneración}$$

O, si se cuenta hasta glucosa (6 CO₂ → 1 hexosa), se necesitan 12 NADPH y 18 ATP (Medvédev, 2012). Esta relación — 2 NADPH y 3 ATP por cada carbono — es una constante fundamental de la fotosíntesis C₃. Determina cuánta energía lumínica debe convertirse en energía química para asegurar el funcionamiento continuo del ciclo.

Recuerden: El ciclo de Calvin no es solo una «fase oscura». Es una compleja maquinaria enzimática que requiere no solo poder reductor (NADPH) sino también energía (ATP) en dos etapas fundamentalmente diferentes: la reducción del carbono propiamente dicha y el mantenimiento de la capacidad aceptora del sistema.

3.3. ¿A dónde va la triosa fosfato — el producto del ciclo?

Una molécula de GAP que sale del ciclo no es un producto final en el sentido de sustancia de reserva. Sirve como «bloque de construcción» que puede utilizarse de varias maneras (Farquhar & Sharkey, 1994; Taiz et al., 2023):

  • En el cloroplasto, el GAP se utiliza para la síntesis de almidón transitorio. Es un depósito temporal que se acumula durante el día y se consume durante la noche.
  • El GAP puede ser exportado del cloroplasto a través del translocador de triosa fosfato a cambio de fosfato inorgánico. En el citosol, a partir de triosas fosfato se sintetiza sacarosa — la principal forma de transporte de carbohidratos, que entra en el floema y se distribuye por toda la planta.
  • Parte del GAP se destina a la síntesis de aminoácidos, ácidos grasos y otros metabolitos — esto ya enlaza con la integración de la fotosíntesis con el metabolismo del nitrógeno y del azufre.

Así, el producto del ciclo de Calvin actúa como un «centro de distribución» desde el que parten flujos de carbono hacia diversas necesidades de la planta.

3.4. ¿Por qué se suele llamar al ciclo de Calvin la parte «lenta» de la fotosíntesis?

A pesar de toda la complejidad del ciclo, su velocidad no está limitada por una única reacción, sino por la combinación de varias etapas clave. Principalmente:

1. La actividad de la Rubisco, que, como recordamos, es baja y requiere activación constante.

2. La velocidad de regeneración de la RuBP, que depende de la actividad de las enzimas de la segunda mitad del ciclo y de la disponibilidad de ATP.

3. La disponibilidad de NADPH y ATP, determinada por la velocidad de las reacciones lumínicas.

Es importante entender: aunque el ciclo de Calvin se denomine «reacciones oscuras», no puede funcionar en la oscuridad (Hopkins & Hüner, 2009). ¿Por qué? No solo porque en la oscuridad no hay aporte de ATP y NADPH. Además, muchas enzimas del ciclo (incluidas la Rubisco, la fosforribuloquinasa, la fructosa‑1,6‑bisfosfatasa) requieren activación lumínica a través del sistema ferredoxina‑tiorredoxina, del que hablaremos en la siguiente sección. Sin luz, simplemente están inactivas. Así que el nombre de «reacciones oscuras» está obsoleto desde hace tiempo; ahora las llamamos reacciones del carbono o reacciones de asimilación del carbono, destacando su dependencia de los productos y la regulación de la fase lumínica (Taiz et al., 2023).

3.5. El ciclo de Calvin y la fotorrespiración — dos caras de la misma moneda

Ya sabemos que la Rubisco puede actuar como oxigenasa. Cuando esto ocurre, en lugar de dos moléculas de PGA se forma una PGA y una molécula de 2‑fosfoglicolato. Este producto no puede ser utilizado en el ciclo de Calvin: es tóxico e inhibe algunas enzimas. Debe ser «eliminado» a través de una ruta compleja que implica cloroplastos, peroxisomas y mitocondrias. Esta ruta se llama fotorrespiración o ciclo C₂.

Es importante señalar que el ciclo de Calvin y la fotorrespiración están funcionalmente relacionados — compiten por el mismo sustrato (RuBP) y determinan la eficiencia neta de la fotosíntesis. Cuanta más reacción oxigenasa, más carbono se pierde como CO₂ y más energía se gasta en la ruta fotorrespiratoria. Por lo tanto, en las plantas C₃ en condiciones cálidas y secas, cuando los estomas están cerrados y la concentración de CO₂ dentro de la hoja disminuye, la fotorrespiración puede «consumir» hasta el 50 % del carbono asimilado (Kuznetsov & Dmitrieva, 2006). Esta es una de las limitaciones fisiológicas más importantes, que la evolución superó creando los mecanismos de concentración de CO₂ C₄ y CAM.

Resumen

El ciclo de Calvin no es solo un esquema bioquímico. Es:

  • La ruta central de reducción del carbono, donde se utilizan los productos de las reacciones lumínicas.
  • Tres etapas: carboxilación (captura de CO₂), reducción (conversión de PGA en triosa) y regeneración (restauración del aceptor RuBP).
  • Estequiometría estricta: 3 CO₂ + 6 NADPH + 9 ATP → 1 triosa fosfato + 3 RuBP regeneradas.
  • El producto del ciclo (GAP) se distribuye entre la síntesis de almidón, sacarosa y otros metabolitos.
  • El ciclo no funciona sin luz — no solo por la ausencia de ATP y NADPH, sino también por la activación dependiente de la luz de sus enzimas clave.
  • Está estrechamente acoplado a la fotorrespiración, y su equilibrio determina la eficiencia neta de la fotosíntesis.

Ahora que entendemos la lógica del ciclo, debemos responder a la pregunta lógica: «¿Cómo controla la luz el funcionamiento de este ciclo, además de suministrar ATP y NADPH?» A esto se dedica la siguiente sección de nuestra conferencia.

4. ¿Por qué el ciclo solo funciona con luz?

¡Estimados oyentes! Hemos llegado a una pregunta muy importante que a menudo desconcierta a los estudiantes. El ciclo de Calvin se denominaba tradicionalmente «reacciones oscuras» de la fotosíntesis. Pero si es «oscuro», ¿por qué no funciona en la oscuridad? Más aún, si simplemente añadimos ATP y NADPH a cloroplastos aislados en la oscuridad, la reacción no se produce. ¿Por qué?

La respuesta está en el ámbito de la regulación fisiológica. El ciclo de Calvin no es solo un conjunto de enzimas que esperan sustratos. Es un sistema complejo cuya actividad está estrechamente vinculada a la presencia de luz a través de varios mecanismos. Y estos mecanismos no son exotismo bioquímico, sino un elemento clave de la estrategia de la planta: no gastar energía y recursos en la reducción del carbono cuando no hay luz, y activar instantáneamente la síntesis cuando aparece la luz.

4.1. La luz cambia el ambiente interno del cloroplasto

Comencemos por lo más simple pero importante. Cuando la luz incide sobre las membranas de los tilacoides, se pone en marcha la cadena de transporte de electrones. Una de las consecuencias es el transporte de protones desde el estroma hacia el lumen de los tilacoides. Como resultado, el pH del estroma aumenta de aproximadamente 7,0 en la oscuridad a 8,0 en la luz (Taiz et al., 2023; Schopfer & Brennicke, 2016). Al mismo tiempo, como compensación de carga, los iones magnesio (Mg²⁺) salen de los tilacoides hacia el estroma, y su concentración aumenta de 2‑3 mM a 5 mM.

¿Por qué es esto importante para el ciclo de Calvin? Porque varias enzimas clave de este ciclo requieren un ambiente alcalino y la presencia de Mg²⁺ para su actividad:

  • Rubisco (la activación mediante carbamilación, como recordamos, requiere Mg²⁺) (Farquhar & Sharkey, 1994).
  • Fructosa‑1,6‑bisfosfatasa (FBPasa) — enzima que elimina un grupo fosfato de la fructosa‑1,6‑bisfosfato, convirtiéndola en fructosa‑6‑fosfato. Esta enzima tiene un pH óptimo alrededor de 8,0.
  • Sedoheptulosa‑1,7‑bisfosfatasa (SBPasa) — enzima similar que actúa en la etapa de regeneración de la RuBP.
  • Fosforribuloquinasa (PRK) — enzima que fosforila la ribulosa‑5‑fosfato a RuBP utilizando ATP.

Estas enzimas en la oscuridad, a pH 7,0 y con bajo Mg²⁺, son prácticamente inactivas. Cuando se enciende la luz, el medio cambia y ellas se «activan». Este es el primer nivel de regulación, rápido y reversible (Hopkins & Hüner, 2009).

4.2. El sistema ferredoxina‑tiorredoxina — el regulador maestro

Sin embargo, el cambio de pH y la concentración de Mg²⁺ son solo una parte del cuadro. Un mecanismo mucho más elegante y específico se descubrió más tarde: el sistema ferredoxina‑tiorredoxina. Este sistema conecta directamente el flujo de electrones del fotosistema I con la activación de las enzimas del ciclo de Calvin.

¿Cómo funciona?

1. En la luz, el fotosistema I reduce la ferredoxina — una pequeña proteína soluble que contiene un grupo hierro‑azufre.

2. La ferredoxina reducida transfiere electrones a la enzima ferredoxina‑tiorredoxina reductasa.

3. Esta enzima reduce la tiorredoxina — una pequeña proteína reguladora (de unos 12 kDa) que contiene dos cisteínas capaces de formar un enlace disulfuro (S‑S) o, en estado reducido, dos grupos sulfhidrilo (–SH HS–).

4. La tiorredoxina reducida (con grupos –SH) interactúa con las enzimas diana, reduciendo los enlaces disulfuro en su estructura. Esto provoca cambios conformacionales y la activación de la enzima. En la oscuridad, cuando cesa el flujo de electrones, la tiorredoxina se oxida y las enzimas vuelven a su forma inactiva (Taiz et al., 2023; Schopfer & Brennicke, 2016; Medvédev, 2012).

Este mecanismo se describió por primera vez para la fructosa‑1,6‑bisfosfatasa y luego se encontró para otras enzimas clave (Lambers & Oliveira, 2019).

¿Qué enzimas del ciclo de Calvin se regulan a través de la tiorredoxina?

  • Fructosa‑1,6‑bisfosfatasa (FBPasa) — se activa por reducción.
  • Sedoheptulosa‑1,7‑bisfosfatasa (SBPasa) — se activa por reducción.
  • Fosforribuloquinasa (PRK) — se activa por reducción.
  • Gliceraldehído‑3‑fosfato deshidrogenasa dependiente de NADP (GAPDH) — se activa por reducción (Schopfer & Brennicke, 2016).

Obsérvese que todas estas enzimas se encuentran en dos puntos clave del ciclo — en la etapa de reducción (GAPDH) y en la etapa de regeneración de la RuBP (FBPasa, SBPasa, PRK). Al activarlas, la luz «enciende» todo el ciclo, precisamente en los puntos donde se requiere gasto de energía.

4.3. ¿Se regula la Rubisco a través de la tiorredoxina?

La Rubisco en sí misma, como recordamos, se activa mediante carbamilación y unión de Mg²⁺. Pero también aquí hay una conexión con la luz a través de la tiorredoxina, aunque no directa. La actividad de la Rubisco activasa — la enzima que elimina los inhibidores de la Rubisco — también depende del estado redox. En algunas especies de plantas, la Rubisco activasa contiene cisteínas reguladoras y su actividad está modulada por la tiorredoxina (Taiz et al., 2023). Así, incluso la activación de la Rubisco está indirectamente ligada a la regulación lumínica.

4.4. Ensamblaje de complejos supramoleculares — otro nivel de regulación

Pero esto no es todo. En los últimos años se ha descubierto que algunas enzimas del ciclo de Calvin se ensamblan en complejos supramoleculares inactivos en la oscuridad. Por ejemplo, la gliceraldehído‑3‑fosfato deshidrogenasa (GAPDH) y la fosforribuloquinasa (PRK) en la oscuridad se unen a una pequeña proteína reguladora CP12, formando un complejo ternario en el que ambas enzimas están inactivas (Taiz et al., 2023; Lambers & Oliveira, 2019). CP12 contiene cuatro cisteínas capaces de formar dos enlaces disulfuro.

En la luz, la tiorredoxina reducida reduce los enlaces disulfuro en CP12 y en la propia PRK. Esto provoca la disociación del complejo y las enzimas se liberan en forma activa. Este mecanismo asegura una transición muy rápida del estado «apagado» al «encendido» — literalmente en cuestión de segundos después de la iluminación. En la oscuridad, las enzimas se vuelven a ensamblar en complejos y se inactivan.

Importante: Todos estos mecanismos reguladores (pH, Mg²⁺, tiorredoxina, ensamblaje de complejos) actúan de forma coordinada y rápida. Gracias a ellos, al pasar de la oscuridad a la luz, el ciclo de Calvin puede activarse en cuestión de minutos, a pesar de que las reacciones enzimáticas en sí mismas son relativamente lentas (Farquhar & Sharkey, 1994).

4.5. Sentido fisiológico: ¿por qué es importante?

¿Para qué necesita la planta una regulación tan compleja y multi nivel? La respuesta es obvia: ahorro de recursos y prevención de ciclos inútiles.

Imaginen que el ciclo de Calvin estuviera activo en la oscuridad. En la oscuridad no hay transporte fotosintético de electrones, no hay aporte de NADPH y ATP de las reacciones lumínicas. Pero si las enzimas del ciclo estuvieran activas, podrían intentar reducir el CO₂ utilizando ATP y NADPH obtenidos de la respiración (mitocondrial). Esto llevaría a un derroche de energía — en realidad, a funcionar en vacío. Además, sin un suministro constante de CO₂ (los estomas suelen estar cerrados por la noche) y sin la regeneración del aceptor (que requiere ATP), el ciclo se detendría rápidamente, pero con un consumo inútil de recursos.

Además, existe el riesgo de ciclos inútiles (futile cycles). En el estroma del cloroplasto, además del ciclo de Calvin, existe la vía oxidativa de las pentosas fosfato, que puede funcionar en sentido inverso. Si ambas vías estuvieran activas simultáneamente, el carbono podría reducirse y oxidarse cíclicamente, gastando ATP sin ningún resultado útil. La regulación lumínica evita esto: en la oscuridad, las enzimas del ciclo de Calvin están inactivas, mientras que las enzimas de la vía oxidativa de las pentosas fosfato, por el contrario, se activan (a través de la misma tiorredoxina pero con efecto opuesto) (Hopkins & Hüner, 2009).

Así, la regulación lumínica del ciclo de Calvin no es simplemente «encendido» y «apagado». Es un sistema que:

  • Ahorra ATP y equivalentes reductores en la oscuridad.
  • Previene ciclos inútiles entre asimilación y disimilación.
  • Asegura un arranque instantáneo de la fotosíntesis cuando aparece la luz.
  • Coordina el funcionamiento del cloroplasto con el estado energético general de la célula.

Resumen

Entonces, ¿por qué el ciclo de Calvin solo funciona con luz? Porque:

1. La luz cambia el pH y la concentración de Mg²⁺ en el estroma, lo que es necesario para la actividad de varias enzimas clave.

2. La luz, a través del sistema ferredoxina‑tiorredoxina, reduce directamente los enlaces disulfuro en las enzimas, activándolas.

3. La luz provoca la disociación de complejos supramoleculares inactivos, liberando las enzimas en forma activa.

4. Esta regulación previene el gasto inútil de energía en la oscuridad y activa rápidamente la asimilación cuando se reanuda la iluminación.

Por tanto, la regulación del ciclo de Calvin por la luz es uno de los ejemplos más elegantes de integración de procesos fotofísicos y bioquímicos en la fisiología vegetal. La luz no solo proporciona energía; es una señal que reorganiza todo el aparato enzimático del cloroplasto.

5. Fotorrespiración: no un error, sino un compromiso

¡Estimados oyentes! Hemos examinado tres elementos clave de la asimilación del carbono: la Rubisco como «puerta de entrada», el ciclo de Calvin como «cadena de montaje» y la regulación lumínica como «sistema de control». Ahora llegamos a un proceso que durante mucho tiempo se consideró un lamentable error de la evolución, pero que en realidad es una parte integral de la fisiología de las plantas C₃. Se trata de la fotorrespiración.

La fotorrespiración es el proceso que comienza con la reacción oxigenasa de la Rubisco y conduce a la liberación de CO₂ en la luz. Durante mucho tiempo se la consideró un «desperdicio metabólico», un gasto sin sentido del carbono asimilado. Hoy, los fisiólogos vegetales entienden la fotorrespiración de otra manera: como un compromiso evolutivo que, a pesar de su «derroche», cumple importantes funciones fisiológicas. Veamos por qué es así.

5.1. ¿De dónde proviene la fotorrespiración? La reacción oxigenasa de la Rubisco

Ya sabemos que la Rubisco es una enzima con doble función. En condiciones atmosféricas normales (21 % O₂, 0,04 % CO₂), alrededor del 20‑25 % de las reacciones catalizadas por la Rubisco no son carboxilación, sino oxigenación de la ribulosa‑1,5‑bisfosfato (Farquhar & Sharkey, 1994; Hopkins & Hüner, 2009). Como resultado, en lugar de dos moléculas de 3‑fosfoglicerato (PGA), se forman una molécula de PGA y una molécula de 2‑fosfoglicolato (Taiz et al., 2023).

¿Por qué tanto? Porque en la atmósfera hay aproximadamente 500 veces más O₂ que CO₂. Aunque la Rubisco «prefiere» el CO₂ entre 80 y 100 veces (su especificidad), la enorme ventaja en concentración de O₂ hace inevitable la reacción oxigenasa (Lambers & Oliveira, 2019). Al aumentar la temperatura, la especificidad de la Rubisco por el CO₂ disminuye y la proporción de la reacción oxigenasa aumenta — por eso la fotorrespiración se intensifica con el calor (Morot‑Gaudry et al., 2012).

El 2‑fosfoglicolato es un compuesto tóxico. No puede ser utilizado en el ciclo de Calvin e inhibe algunas enzimas. Por lo tanto, la planta se ve obligada a «eliminarlo» a través de una compleja ruta metabólica que involucra tres orgánulos: cloroplasto, peroxisoma y mitocondria.

5.2. La ruta metabólica de la fotorrespiración: cooperación de tres orgánulos

La fotorrespiración no es solo una reacción secundaria, sino un ciclo metabólico completo, a menudo llamado ciclo C₂ o ruta del glicolato (en honor al investigador Tolbert que la describió). Sigamos la ruta del carbono (Taiz et al., 2023; Medvédev, 2012).

1. En el cloroplasto: El 2‑fosfoglicolato formado por la reacción oxigenasa es desfosforilado por la enzima fosfoglicolato fosfatasa a glicolato. El glicolato abandona el cloroplasto a través de transportadores específicos en la membrana del cloroplasto.

2. En el peroxisoma: El glicolato es oxidado por la glicolato oxidasa a glioxilato. En esta reacción se consume O₂ y se produce H₂O₂. El peróxido de hidrógeno tóxico es inmediatamente descompuesto por la catalasa en agua y oxígeno. Luego, el glioxilato sufre una transaminación con glutamato, formando glicina. La glicina sale del peroxisoma y se dirige a la mitocondria.

3. En la mitocondria: Dos moléculas de glicina (cada una con 2 átomos de carbono) reaccionan catalizadas por el complejo glicina descarboxilasa (GDC) y la serina hidroximetiltransferasa (SHMT). Como resultado se forman: una molécula de serina (3 átomos de carbono), una molécula de CO₂ (liberada), una molécula de NH₃ (amoníaco) y se reduce NAD⁺ a NADH.

4. Retorno al peroxisoma: La serina regresa al peroxisoma, donde a través de una serie de reacciones (desaminación, reducción) se convierte en glicerato.

5. Retorno al cloroplasto: El glicerato entra en el cloroplasto, es fosforilado por la glicerato quinasa utilizando ATP y se convierte en 3‑fosfoglicerato (PGA) — el mismo producto que puede ser incorporado al ciclo de Calvin (Hopkins & Hüner, 2009; Taiz et al., 2023).

Así, a partir de dos moléculas de glicolato (4 átomos de carbono), se pierde una molécula de CO₂ (1 átomo) y tres átomos de carbono regresan al ciclo de Calvin como PGA. Esto significa que se recupera el 75 % del carbono que podría haberse perdido. Si se cuenta desde las dos moléculas originales de RuBP (10 átomos de carbono), el resultado final son tres moléculas de PGA (9 átomos de carbono) — se recupera el 90 % del carbono (Morot‑Gaudry et al., 2012).

5.3. El costo energético de la fotorrespiración

La fotorrespiración es un proceso costoso. Para «eliminar» dos moléculas de fosfoglicolato se requiere:

  • Una molécula adicional de ATP (para la fosforilación del glicerato).
  • Equivalentes reductores (NADH que se produce en la mitocondria durante la acción del GDC, pero que luego se usa para la reducción del hidroxipiruvato en el peroxisoma).
  • Reasimilación del amoníaco (NH₃) liberado en la mitocondria, que requiere otra molécula de ATP y ferredoxina reducida (a través de glutamina sintetasa y glutamato sintasa) (Taiz et al., 2023).

En total, cada ciclo fotorrespiratorio «consume» energía adicional y equivalentes reductores que podrían haberse utilizado para la fijación de CO₂. Además, el CO₂ liberado se pierde parcialmente, aunque parte puede ser refijado si hay Rubisco activa cerca.

En condiciones cálidas y secas, cuando los estomas están cerrados y la concentración de CO₂ dentro de la hoja disminuye, la proporción de la reacción oxigenasa aumenta. En tales condiciones, las pérdidas por fotorrespiración pueden alcanzar el 30‑50 % del carbono potencialmente fijado (Kuznetsov & Dmitrieva, 2006). Es por eso que en los trópicos y subtrópicos la evolución tomó el camino de crear la vía C₄, que minimiza la fotorrespiración.

5.4. ¿Para qué necesitan las plantas la fotorrespiración? (Significado fisiológico)

Si la fotorrespiración es tan costosa, ¿por qué se ha mantenido en la evolución? ¿Por qué la selección natural no eliminó las plantas con Rubisco «imperfecta»? La respuesta es multifacética, y hoy los investigadores identifican al menos cuatro funciones importantes de la fotorrespiración.

Mecanismo de rescate (reciclaje de carbono)

Como ya hemos visto, la fotorrespiración permite recuperar el 75‑90 % del carbono que de otro modo se perdería como fosfoglicolato. Sin esta ruta, incluso una pequeña cantidad de reacción oxigenasa llevaría a una rápida acumulación de fosfoglicolato tóxico y al cese de la fotosíntesis (Hopkins & Hüner, 2009).

Protección contra la fotoinhibición (sumidero seguro de electrones)

Esta es probablemente una de las funciones más importantes de la fotorrespiración. Cuando hay demasiada luz (por ejemplo, al mediodía) y poco CO₂ (estomas cerrados), la cadena de transporte de electrones se sobrecarga. El exceso de electrones puede dar lugar a la formación de especies reactivas de oxígeno y dañar el fotosistema II — un estado que se denomina fotoinhibición (Lambers & Oliveira, 2019).

En esta situación, la fotorrespiración actúa como una «válvula de seguridad». Consume equivalentes reductores (NADPH y ATP) para la eliminación «inútil» del fosfoglicolato, aliviando así la cadena de transporte de electrones y previniendo el daño fotoxidativo (Taiz et al., 2023; Medvédev, 2012). Mutantes de Arabidopsis que carecen de enzimas clave de la fotorrespiración no sobreviven en atmósfera normal, pero crecen perfectamente en condiciones de alto CO₂ (donde la reacción oxigenasa está suprimida). Esta es una prueba directa de que la fotorrespiración es necesaria para la supervivencia en las condiciones atmosféricas actuales (Hopkins & Hüner, 2009).

Integración con el metabolismo del nitrógeno

La fotorrespiración está estrechamente relacionada con el metabolismo del nitrógeno. Durante la reacción de la glicina descarboxilasa se libera amoníaco (NH₃). Este amoníaco debe ser rápidamente refijado a través de la ruta glutamina sintetasa/glutamato sintasa (GS/GOGAT). Esto requiere ATP y ferredoxina reducida. Así, la fotorrespiración sirve como fuente adicional de amoníaco que puede utilizarse para la síntesis de aminoácidos cuando la nutrición nitrogenada es limitada (Taiz et al., 2023). Además, la serina y la glicina formadas en la fotorrespiración son aminoácidos importantes utilizados para la síntesis de proteínas y otros compuestos (Farquhar & Sharkey, 1994).

Señalización redox

En los últimos años se ha descubierto que los productos de la fotorrespiración (por ejemplo, H₂O₂ en los peroxisomas) son moléculas señalizadoras que informan a la célula sobre el estrés y desencadenan programas protectores. Esto vincula la fotorrespiración con la tolerancia de las plantas a la sequía, la salinidad y las altas temperaturas (Taiz et al., 2023; Lambers & Oliveira, 2019).

5.5. ¿Por qué las plantas C₄ y CAM no tienen fotorrespiración apreciable?

Ahora se entiende por qué las plantas C₄ y CAM prácticamente no fotorrespiran. Poseen mecanismos de concentración de CO₂ alrededor de la Rubisco:

  • En las plantas C₄, esto se logra mediante la separación espacial: la fijación primaria de CO₂ (mediante la PEP carboxilasa) ocurre en las células del mesófilo, y luego el CO₂ se libera en las células de la vaina perivascular, donde se encuentra la Rubisco. La concentración de CO₂ allí puede ser de 10 a 20 veces superior a la atmosférica, lo que suprime casi por completo la reacción oxigenasa (Morot‑Gaudry et al., 2012; Taiz et al., 2023).
  • En las plantas CAM (metabolismo ácido de las crasuláceas), lo mismo se logra mediante la separación temporal: por la noche, el CO₂ se fija mediante la PEP carboxilasa en malato, y durante el día, el malato se descarboxila, creando una alta concentración de CO₂ alrededor de la Rubisco mientras los estomas están cerrados (Lambers & Oliveira, 2019).

Esto permite a las plantas C₄ y CAM evitar los costos energéticos de la fotorrespiración y competir con éxito en condiciones cálidas, secas y con escasez de agua.

5.6. La fotorrespiración como compromiso evolutivo: visión final

Entonces, ¿cómo debemos considerar hoy la fotorrespiración en la fisiología vegetal?

1. Es una consecuencia inevitable de la estructura de la Rubisco, que surgió en una atmósfera libre de oxígeno y no fue «diseñada» para el nivel actual de O₂. Cambiar la Rubisco sin perder sus propiedades catalíticas es extremadamente difícil (Farquhar & Sharkey, 1994).

2. No es un error, sino un compromiso. Las plantas pagan por la fotorrespiración con parte del carbono asimilado y energía, pero a cambio obtienen protección contra la fotoinhibición, integración con el metabolismo del nitrógeno y la capacidad de sobrevivir en condiciones de déficit de CO₂ (Hopkins & Hüner, 2009).

3. Es un elemento regulador importante de la fotosíntesis, que ayuda a equilibrar los flujos de electrones, carbono y nitrógeno en la célula (Taiz et al., 2023).

4. Es un «puente» evolutivo hacia estrategias más avanzadas. Precisamente la «imperfección» de la Rubisco estimuló la aparición de las vías C₄ y CAM, que se convirtieron en importantes estrategias adaptativas en los trópicos y zonas áridas (Lambers & Oliveira, 2019).

Resumen de la sección «Fotorrespiración»

La fotorrespiración comienza con la reacción oxigenasa de la Rubisco, que produce 2‑fosfoglicolato.

El 2‑fosfoglicolato se elimina a través del ciclo C₂, en el que participan el cloroplasto, el peroxisoma y la mitocondria.

A partir de dos moléculas de glicolato se pierde una molécula de CO₂ y tres regresan al ciclo de Calvin (reciclaje del 75 %).

La fotorrespiración requiere gastos adicionales de ATP y equivalentes reductores.

Funciones fisiológicas de la fotorrespiración:

  • Recupera carbono de la pérdida total.
  • Protege contra la fotoinhibición, actuando como sumidero de electrones bajo exceso de luz.
  • Integra el metabolismo del carbono y del nitrógeno (reasimilación de NH₃, síntesis de serina/glicina).
  • Participa en la señalización redox (a través de H₂O₂).

Las plantas C₄ y CAM «evitan» la fotorrespiración mediante la concentración de CO₂, lo que las hace más eficientes en climas cálidos y secos.

Hoy, la fotorrespiración se considera un compromiso evolutivo, no un error de la naturaleza — es el precio a pagar por la versatilidad de la Rubisco y, al mismo tiempo, un importante mecanismo adaptativo.

Conclusión de la conferencia

¡Estimados oyentes! Hemos recorrido el camino desde la pregunta «¿Cómo se convierte el CO₂ en carbohidrato?» hasta comprender que la asimilación del carbono es un proceso complejo, de múltiples etapas y con una gran regulación. Hemos visto:

  • Que la Rubisco es una enzima lenta pero ubicua que vigila la entrada del carbono en el mundo orgánico.
  • Que el ciclo de Calvin no es solo un conjunto de reacciones, sino una máquina lógicamente estructurada con tres etapas funcionales, donde cada molécula de ATP y NADPH tiene su lugar estricto.
  • Que la luz regula este ciclo no solo mediante el suministro de energía, sino también a través del sistema ferredoxina‑tiorredoxina, que «activa» las enzimas clave.
  • Que la fotorrespiración no es una «avería», sino un acompañante inevitable e incluso beneficioso de la fotosíntesis C₃, que ayuda a la planta a sobrevivir en condiciones de estrés, pero a costa de energía y parte del carbono.

Todos estos elementos conforman el retrato fisiológico de la asimilación del carbono en las plantas. Comprender este retrato es necesario no solo para la ciencia fundamental, sino también para tareas aplicadas — aumentar el rendimiento de los cultivos, la selección por eficiencia fotosintética y la adaptación de las plantas al cambio climático.

Referencias

  1. Farquhar, G.D., Sharkey, T.D. (1994). ‘Photosynthesis and Carbon Assimilation’, in Boote, K.J., Bennett, J.M., Sinclair, T.R., Paulsen, G.M. (ed.) Physiology and Determination of Crop Yield. Florida, USA: American Society of Agronomy, Crop Science Society of America, Soil Science Society of America, pp. 187-210.
  2. Hopkins, W.G., Hüner, N.P..A. (2009). ‘Energy Conservation in Photosynthesis: CO2 Assimilation’, in Introduction to Plant Physiology. Hoboken, NJ: John Wiley & Sons, pp. 129-150.
  3. Lambers, H., Oliveira, R.S. (2019). ‘Photosynthesis, Respiration, and Long-Distance Transport: Photosynthesis’, in Plant Physiological Ecology. Cham: Springer International Publishing, 11-114.
  4. Morot-Gaudry, J., Maurel, C., Moreau, F., Prat, R., Sentenac, H. (2012). ‘Photosynthèse: aspects métaboliques’, in Biologie végétale. Nutrition et métabolisme. Cours et questions de révision. Paris: Dunod, pp. 121-154.
  5. Schopfer, P., Brennicke, A. (2010). ‘Photosynthese als Funktion des Chloroplasten’, in Pflanzenphysiologie. Berlin, Heidelberg: Springer Berlin Heidelberg, 167-213.
  6. Taiz, L., Møller, I.Max., Murphy, A., Zeiger, E. (2023). ‘Photosynthesis: The Carbon Reactions’, in Plant Physiology and Development. New York, NY: Oxford University Press, pp. 281-320.
  7. Кузнецов, В.В. (2006). ‘Фотосинтез [Photosynthesis]’, in Физиология растений [Physiology of plants]. Москва: Высшая школа, pp. 203-309.
  8. Медведев, С.С. (2012). ‘Фотосинтез [Photosynthesis]’, in Физиология растений [Physiology of plants]. Санкт-Петербург: БХВ-Петербург, pp. 33-100.