Percepción del estrés

Actualizado: 10 Julio 2026 Русский English

Para comprender cómo responden las plantas al estrés, primero debemos responder una pregunta fundamental: ¿cómo sabe una planta que las condiciones ambientales han cambiado?

A diferencia de los animales, las plantas carecen de sistema nervioso. No tienen receptores en el sentido habitual —ojos, oídos, órganos del tacto—. Sin embargo, las plantas poseen una asombrosa capacidad para percibir el entorno y reaccionar adecuadamente. Esta capacidad surgió durante la evolución como condición necesaria para la supervivencia de organismos sésiles que no pueden huir de condiciones desfavorables.

En esta conferencia comenzaremos a desentrañar cómo funciona el sistema de percepción del estrés en las plantas. La pregunta clave que intentaremos responder es: ¿cómo se convierte un cambio físico del entorno externo en una señal fisiológica dentro de la planta?

1. ¿Qué es una señal primaria?

Antes de hablar de complejas cascadas moleculares, síntesis de proteínas y cambios en la expresión génica, comprendamos el principio —lo que denomino señal primaria.

1.1. El estrés como alteración de la homeostasis

Recordemos la definición básica de estrés de la conferencia anterior. La vida es el mantenimiento de un estado ordenado, lejos del equilibrio con el entorno (Hopkins and Hüner, 2009). Ese estado se denomina homeostasis. Cualquier cambio externo que rompa esa homeostasis es estrés. Pero ¿cómo sabe la planta que se ha producido tal alteración?

Es crucial entender la idea clave: la señal primaria es siempre un cambio físico o fisicoquímico dentro de la célula que ocurre antes de que la planta “se dé cuenta” del problema y comience a responder.

En pocas palabras: la planta aún no ha “decidido” nada —no ha activado genes de defensa ni ha empezado a sintetizar proteínas de estrés—. Pero las propiedades físicas de sus células ya han cambiado. Esos cambios son las señales primarias.

1.2. La célula como sistema físico

Para comprender la naturaleza de las señales primarias, debemos considerar la célula no solo como un sistema bioquímico, sino también como un sistema físico. La célula posee:

  • Membranas — bicapa lipídica con proteínas insertadas, con cierta fluidez y permeabilidad.
  • Pared celular — estructura rígida pero elástica que soporta tensión mecánica.
  • Citoplasma — solución acuosa donde se disuelven iones, metabolitos y macromoléculas.
  • Vacuola — compartimento grande que genera presión osmótica (turgencia).

Todas estas estructuras tienen características físicas que pueden modificarse al cambiar las condiciones externas. Precisamente esos cambios se convierten en las primeras señales para la planta.

1.3. Ejemplos de señales primarias

Veamos varios ejemplos concretos de lo que puede actuar como señal primaria.

Señal térmica

Cuando la temperatura ambiente aumenta o disminuye, afecta directamente a las propiedades físicas de las membranas. La bicapa lipídica es una estructura líquido-cristalina. Al calentarse, aumenta la fluidez de la membrana (las moléculas lipídicas se mueven más rápido); al enfriarse, disminuye. A temperaturas críticamente bajas, la membrana puede pasar del estado líquido-cristalino a un estado gel (transición de fase) (Schopfer and Brennicke, 2016; Taiz et al., 2023).

Este es un cambio puramente físico. Incluso antes de que la célula comience a sintetizar proteínas de choque térmico, la membrana ya ha modificado sus propiedades. Estos cambios son percibidos por proteínas de membrana que modifican su conformación en función de la fluidez de los lípidos circundantes. Por tanto, la temperatura se percibe a través de la membrana (Lambers and Oliveira, 2019).

Señal de déficit hídrico

Cuando falta agua en el suelo o aumenta la transpiración, el potencial hídrico de las células disminuye. ¿Qué significa esto a nivel físico?

El potencial hídrico (Ψ_w) se compone de varios términos:

$$Ψ_w = Ψ_s + Ψ_p + Ψ_g + Ψ_m$$

donde:

  • Ψs — potencial osmótico (depende de la concentración de solutos),
  • Ψp — potencial de presión (presión de turgencia),
  • Ψg — potencial gravitatorio,
  • Ψm — potencial mátrico (relacionado con fuerzas capilares en la pared celular).

En el déficit hídrico, el cambio más rápido e importante ocurre en el potencial de presión (Ψp) —es decir, la presión de turgencia (Медведев, 2012; Lambers and Oliveira, 2019).

Cuando la célula pierde agua, su volumen disminuye. Esto reduce la presión del protoplasto contra la pared celular y, en consecuencia, la tensión de la propia pared. La membrana plasmalemática, que en estado túrgido está fuertemente adherida a la pared, comienza a separarse de ella. Cambia la tensión mecánica en la membrana y la pared celular.

Esta es la señal primaria del déficit hídrico —no el ácido abscísico, ni el cierre estomático, sino precisamente el cambio en la turgencia y en la tensión de la membrana y la pared celular (Schopfer and Brennicke, 2016; Taiz et al., 2023).

Señal por cambios en la composición iónica

Cuando aumenta la concentración de sales en el suelo (p. ej., NaCl), también se reduce el potencial hídrico y la turgencia. Pero hay otro aspecto: los propios iones pueden servir como señal.

Los iones que penetran en la célula pueden interactuar directamente con proteínas de membrana y enzimas. Por ejemplo, los iones calcio (Ca²⁺) son clásicos segundos mensajeros. Pero es importante entender la secuencia: primero cambia la concentración de iones en el apoplasto, luego los iones interactúan con canales y receptores de membrana. Los iones ya no son solo nutrientes, sino información (Taiz et al., 2023).

Señal por deficiencia de oxígeno

Cuando las raíces se inundan o el suelo se compacta, la disponibilidad de oxígeno disminuye drásticamente. El oxígeno es necesario para la cadena de transporte de electrones mitocondrial. Al faltar, se interrumpe la fosforilación oxidativa y los electrones comienzan a transferirse a otros aceptores.

Esto produce un cambio en el estado redox de la célula —la relación entre formas reducidas y oxidadas de los transportadores de electrones (NADH/NAD⁺, FADH₂/FAD). El cambio redox ocurre antes de que aparezcan daños visibles en los tejidos. Es otro ejemplo de señal primaria (Медведев, 2012; Taiz et al., 2023).

Señal oxidativa

En muchos tipos de estrés (alta luminosidad, sequía, temperaturas extremas, ataque de patógenos) se observa una mayor producción de especies reactivas de oxígeno (ROS) —anión superóxido (O₂⁻•), peróxido de hidrógeno (H₂O₂), radical hidroxilo (•OH) (Sharma et al., 2012; Taiz et al., 2023).

¿Por qué surge primero el estallido oxidativo? Porque en cualquier célula se generan constantemente ROS como subproducto del metabolismo (aproximadamente el 1‑5% del oxígeno consumido se reduce no a agua, sino a ROS) (Медведев, 2012). Bajo estrés, se rompe el equilibrio entre la producción y la eliminación de ROS, y su concentración aumenta.

Las ROS son en sí mismas moléculas señalizadoras. Pueden:

  • interactuar con proteínas alterando su actividad,
  • abrir canales iónicos (por ejemplo, canales de calcio),
  • influir en el estado redox celular.

Por tanto, el estallido oxidativo no solo es daño, sino también una señal que desencadena respuestas de defensa (Taiz et al., 2023).

1.4. Sistemas de percepción de señales primarias

¿Cómo percibe la célula estas señales primarias? Existen mecanismos especializados:

1. Percepción física — cambio mecánico en la membrana o pared celular que abre canales iónicos mecanosensibles (Taiz et al., 2023).

2. Percepción biofísica — cambio de conformación o actividad de proteínas en respuesta a temperatura, pH, fuerza iónica (Taiz et al., 2023).

3. Percepción metabólica — acumulación de metabolitos tóxicos o señalizadores (ROS, metilglioxal, etc.) (Taiz et al., 2023).

4. Percepción bioquímica — interacción de una molécula señal (hormona, ion) con un receptor especializado (Taiz et al., 2023).

5. Percepción epigenética — cambios en la estructura de la cromatina en respuesta al estrés (Taiz et al., 2023).

1.5. De la señal primaria a la secundaria

Hemos aclarado qué es una señal primaria: siempre un cambio físico o fisicoquímico en la célula que ocurre antes de que comience la respuesta activa. No es una decisión de la planta, sino un “mensaje” de que algo ha cambiado.

Sin embargo, la señal primaria debe traducirse a un lenguaje que la célula entienda —una señal bioquímica—. Esa señal se denomina señal secundaria o mensajero secundario.

Los segundos mensajeros más comunes en células vegetales son:

  • Iones calcio (Ca²⁺) — señal rápida y universal,
  • Especies reactivas de oxígeno (ROS),
  • ADP‑ribosa cíclica,
  • Ácido fosfatídico y otros lípidos señalizadores.

Los mecanismos de conversión de la señal primaria en secundaria y las cascadas de señalización posteriores se tratarán en próximas conferencias.

Resumen parcial

1. La señal primaria es siempre un cambio físico o fisicoquímico en la célula que ocurre antes de que la planta comience a responder activamente al estrés.

2. La temperatura se percibe mediante la membrana —por cambios en su fluidez, que son detectados por proteínas de membrana.

3. El déficit hídrico se percibe mediante cambios en la turgencia —disminución de la presión sobre la pared celular y alteración de la tensión de membrana (no a través de ABA o cierre estomático).

4. Los cambios en la composición iónica se perciben directamente: los iones interactúan con proteínas de membrana.

5. La deficiencia de oxígeno se percibe mediante el cambio del estado redox —relación entre transportadores de electrones reducidos y oxidados.

6. El estallido oxidativo aparece como una de las primeras respuestas al estrés, porque las ROS se generan constantemente y el estrés rompe el equilibrio entre su producción y eliminación.

En los siguientes capítulos veremos cómo estas señales primarias se convierten en mensajeros secundarios, activan rutas de señalización, modifican la expresión génica y finalmente conducen a la respuesta defensiva de la planta.

2. ¿Cómo percibe la planta el déficit hídrico?

Una vez entendida la naturaleza general de las señales primarias, examinemos cómo la planta siente el estrés más común y relevante para su supervivencia: el déficit hídrico. Este ejemplo es especialmente ilustrativo porque permite seguir todo el recorrido desde el cambio físico hasta la activación de mecanismos de defensa, y demuestra claramente que la percepción de la falta de agua no comienza con una respuesta hormonal, sino con una alteración del estado físico de la célula.

2.1. Potencial hídrico y sus componentes

Para entender cómo la planta percibe el déficit hídrico, debemos recordar qué es el potencial hídrico (Ψw) —una medida termodinámica de la energía libre del agua en un sistema. El potencial hídrico determina la dirección del movimiento del agua: siempre se mueve desde una zona de mayor potencial (menos negativo) a otra de menor potencial (más negativo) (Lambers and Oliveira, 2019). En una célula vegetal, el potencial hídrico es la suma de varios componentes (Медведев, 2012; Lambers and Oliveira, 2019):

$$Ψ_w = Ψ_s + Ψ_p + Ψ_g + Ψ_m$$

donde:

  • Ψspotencial osmótico (relacionado con la concentración de solutos, siempre negativo);
  • Ψppotencial de presión (presión hidrostática, positiva en célula túrgida, generada por la turgencia);
  • Ψgpotencial gravitatorio (importante en árboles altos, normalmente insignificante en herbáceas);
  • Ψmpotencial mátrico (relacionado con fuerzas capilares en la pared celular y el suelo, siempre negativo).

En una célula vegetal típica con buen suministro de agua, el potencial de presión (Ψp) es positivo (0,5‑1,5 MPa) y equilibra el potencial osmótico negativo (Ψs), de modo que el potencial hídrico total es cercano a cero o ligeramente negativo. Ese Ψp positivo es lo que llamamos presión de turgencia —la fuerza con que el contenido celular presiona contra la pared, proporcionando rigidez a los tejidos (Медведев, 2012).

2.2. La disminución de la turgencia es la señal primaria del déficit hídrico

Cuando la planta se encuentra en condiciones de falta de agua (suelo seco, alta transpiración), las raíces no pueden compensar las pérdidas. El agua sale de las células, principalmente de la vacuola, a través de las membranas siguiendo el gradiente de potencial hídrico. El volumen del protoplasto disminuye y la presión sobre la pared celular cae. Esto reduce Ψp —el potencial de presión. Se pierde turgencia (Schopfer and Brennicke, 2016).

Precisamente la disminución de la presión de turgencia es la consecuencia física más temprana y directa del déficit hídrico. Este cambio ocurre antes de que se sintetice ácido abscísico (ABA) o se cierren los estomas. La pérdida de turgencia es la señal primaria (Taiz et al., 2023).

¿Cómo “siente” la célula esa disminución de presión? Es importante entender que la célula no tiene receptores especializados de presión en el sentido convencional. En cambio, la pérdida de turgencia modifica la tensión mecánica (el estrés) de la pared celular y del plasmalema. La membrana, que en estado túrgido está firmemente adherida a la pared y bajo tensión, se afloja al perder agua, se pliega, cambia su curvatura y su estado mecánico (Медведев, 2012; Taiz et al., 2023). Esto ya no es un cambio bioquímico, sino puramente físico, y puede ser percibido por proteínas insertadas en la membrana.

2.3. Mecanosensibilidad celular: percepción de la tensión de membrana

¿Cómo puede la célula “leer” el cambio en la tensión mecánica de la membrana? Las células vegetales disponen de canales iónicos mecanosensibles (Taiz et al., 2023). Estos canales son proteínas transmembrana que cambian su conformación y se abren o cierran en respuesta a la deformación mecánica de la bicapa lipídica. Cuando la turgencia disminuye y la tensión de la membrana se debilita, algunos de estos canales modifican su actividad.

En primer lugar, esto afecta a los canales de calcio (por ejemplo, el canal mecanosensible MSL (MscS-like) y la familia de canales asociados al estrés hiperosmótico). La reducción de la turgencia puede abrir canales de calcio y permitir la entrada de Ca²⁺ desde el apoplasto (o desde depósitos intracelulares) al citosol (Taiz et al., 2023). El aumento de calcio citosólico es un clásico segundo mensajero que desencadena toda una cascada: activación de quinasas dependientes de calcio, fosforilación de proteínas, cambios en la expresión génica. Pero es crucial subrayar que la entrada de calcio es ya una respuesta a la señal primaria, es decir, al cambio de tensión.

Además del calcio, la alteración de la tensión de membrana puede influir en la actividad de otros canales iónicos (potasio, cloro) e incluso en la de las acuaporinas, que también pueden regularse mecánicamente (Lambers and Oliveira, 2019). Así, un cambio físico se transforma en señales eléctricas e iónicas que la célula puede interpretar.

2.4. De la señal física a la bioquímica: el papel del ABA

En las fases tempranas del déficit hídrico, además del calcio, se activan otros sistemas de señalización. Una de las respuestas más rápidas es el aumento de la producción de especies reactivas de oxígeno (ROS) en el apoplasto, a menudo asociado a la activación de NADPH‑oxidasas (RBOH) (Taiz et al., 2023). Las ROS también actúan como moléculas señalizadoras; pueden modificar proteínas e influir en canales iónicos.

Solo en etapas más tardías, cuando el déficit hídrico se prolonga, comienza la síntesis de la hormona ácido abscísico (ABA). La síntesis de ABA está inducida precisamente por las señales que surgen de la pérdida de turgencia (Schopfer and Brennicke, 2016). El ABA es ya una señal hormonal que se transporta por la planta, en particular a las hojas, donde provoca el cierre estomático (reduciendo la pérdida de agua) y la reorganización del metabolismo. Sin embargo, es importante recordar: el ABA no es la señal primaria, sino una respuesta secundaria, desencadenada después de que las células ya hayan “sentido” la pérdida de agua mediante la caída de la turgencia.

Por tanto, la secuencia de eventos es:

1. Disminución del potencial hídrico del suelo → salida de agua de las células de raíz y hojas.

2. Reducción de la presión de turgencia (Ψp) → cambio en la tensión mecánica de la membrana y la pared celular (señal primaria).

3. Activación de canales mecanosensibles → entrada de Ca²⁺ y cambios en los flujos iónicos (señales secundarias).

4. Activación de quinasas de proteínas, NADPH‑oxidasas → producción de ROS, fosforilación de proteínas (reacciones bioquímicas tempranas).

5. Inducción de la síntesis de ABA (señal hormonal) y puesta en marcha de programas adaptativos a largo plazo (cierre estomático, síntesis de osmoprotectores, cambios en la expresión génica).

2.5. Señales radiculares: cómo la raíz informa de la sequedad del suelo

La percepción del déficit hídrico por las raíces es especialmente interesante, ya que la raíz es la primera en contactar con el suelo que se seca. Incluso si las hojas mantienen todavía un potencial hídrico relativamente alto, las raíces pueden detectar la sequedad del suelo y activar una ruta de señalización que se transmite a la parte aérea (Taiz et al., 2023). En ese caso, el ABA suele actuar como sustancia señalizadora, sintetizada en las raíces y transportada por el xilema hasta las hojas, donde provoca el cierre estomático. Este mecanismo permite a la planta reaccionar de forma “preventiva” ante una sequía inminente, sin esperar a que la deshidratación alcance un nivel crítico. Pero incluso en este caso, la señal para la síntesis de ABA en las raíces es la disminución de la turgencia en las células de la raíz —de nuevo un cambio físico (Schopfer and Brennicke, 2016).

2.6. ¿Por qué el crecimiento es más sensible al déficit hídrico que la fotosíntesis?

Es interesante que distintos procesos fisiológicos tengan diferente sensibilidad a la caída del potencial hídrico. Por ejemplo, el crecimiento por elongación (alargamiento del tallo, de la raíz) se inhibe incluso con una ligera disminución de la turgencia, mientras que la fotosíntesis se resiente más tarde (Paulsen, 1994; Медведев, 2012). Esto se explica fácilmente porque el crecimiento por elongación depende directamente de la presión de turgencia: el aumento del tamaño celular requiere que la presión intracelular supere un valor umbral necesario para deformar la pared celular. La pérdida de turgencia afecta inmediatamente a la tasa de crecimiento (Schopfer and Brennicke, 2016). La fotosíntesis se ve afectada principalmente por el cierre estomático (que ya es una respuesta protectora mediada por ABA) y por el efecto directo de la deshidratación sobre enzimas y la estructura de los cloroplastos. Esta diferencia de sensibilidad refuerza la idea de que la percepción del déficit hídrico comienza a nivel físico de la célula, no a nivel bioquímico del órgano completo.

Así pues, la respuesta a la pregunta “¿cómo percibe la planta la falta de agua?” se puede resumir: mediante el cambio en la tensión mecánica de las membranas y paredes celulares provocado por la caída de la presión de turgencia, que luego se transforma en una cadena de señales químicas que incluyen iones Ca²⁺, ROS y, finalmente, la hormona ABA.

3. ¿Por qué la temperatura se percibe a través de la membrana?

Tras haber analizado la percepción del déficit hídrico, pasemos a otro factor abiótico crucial: la temperatura. Veremos por qué la membrana es el principal “sensor” de temperatura, y no otra estructura celular. La respuesta se basa en una física simple: la membrana es una estructura ordenada cuyas propiedades dependen directamente de la temperatura ambiente.

3.1. La membrana como estructura física sensible a la temperatura

Las membranas celulares son bicapas lipídicas —fluidos bidimensionales en los que las moléculas de fosfolípidos y proteínas poseen cierta movilidad. Este estado se denomina líquido‑cristalino o fluido. Como cualquier líquido, esta bicapa presenta características que dependen de la temperatura: fluidez y viscosidad (Schopfer and Brennicke, 2016; Lambers and Oliveira, 2019).

Al aumentar la temperatura, las moléculas lipídicas adquieren energía cinética adicional. Se mueven más rápido, rotan, cambian de posición en el plano de la membrana. Esto produce un aumento de la fluidez de la membrana. El grado de fluidez depende de muchos factores, como la longitud y el grado de insaturación de las colas de ácidos grasos: cuantos más dobles enlaces (torceduras en las cadenas), más fluida permanece la membrana a bajas temperaturas (Paulsen, 1994; Schopfer and Brennicke, 2016).

Al enfriarse, por el contrario, la energía cinética disminuye, y la membrana se vuelve más viscosa, rígida y menos permeable. A una temperatura crítica, la bicapa lipídica puede sufrir una transición de fase del estado líquido‑cristalino a un estado más ordenado, gel (sólido‑gel), similar a como se solidifica el aceite vegetal en el refrigerador (Taiz et al., 2023). Esta transición cambia drásticamente las propiedades físicas de la membrana —permeabilidad, actividad de las proteínas insertadas y capacidad para mantener gradientes iónicos. Esos cambios físicos son la señal primaria de temperatura para la célula (Lambers and Oliveira, 2019).

3.2. ¿Por qué la membrana y no otra cosa?

¿Por qué la temperatura se percibe a través de la membrana y no, por ejemplo, del citoplasma o la pared celular? Hay varias razones:

1. La membrana es una estructura ordenada. A diferencia del citoplasma, que es una solución acuosa sin orden de largo alcance, la membrana es una estructura altamente organizada. Los cambios de temperatura alteran el grado de orden de esa estructura, lo que es fácilmente detectable.

2. La membrana está en una interfase. Es la interfase entre dos compartimentos acuosos (citoplasma y apoplasto, o matriz y espacio intermembrana). Las propiedades físicas de esta interfase dependen fuertemente de la temperatura.

3. Las proteínas de membrana dependen funcionalmente del entorno lipídico. La función de las proteínas de membrana (transportadores, canales, receptores) depende de la fluidez de los lípidos circundantes. El cambio de fluidez modifica su conformación y, por tanto, su actividad.

4. Los receptores de temperatura están insertados en la membrana. Incluso si existen termo‑sensores proteicos específicos, están inmersos en la membrana y “leen” su estado, no la temperatura directamente (Taiz et al., 2023; Lambers and Oliveira, 2019).

3.3. ¿Cómo transmite la membrana la información térmica?

El cambio en las propiedades físicas de la membrana debe traducirse al lenguaje de las señales bioquímicas. ¿Cómo ocurre?

1. Activación de canales iónicos. Los cambios en la fluidez y el grosor de la membrana pueden inducir cambios conformacionales en los canales iónicos. Por ejemplo, algunos canales de calcio son sensibles a la tensión mecánica en la membrana, que a su vez depende de la temperatura. El calor o el frío pueden abrir esos canales, provocando una entrada de Ca²⁺ al citosol (Taiz et al., 2023).

2. Cambios en la actividad enzimática. Enzimas insertadas en la membrana (NADPH‑oxidasas, fosfolipasas) pueden modificar su actividad al cambiar el estado físico de la bicapa. Esto genera segundos mensajeros —por ejemplo, la activación de la fosfolipasa C puede producir inositol trifosfato (IP₃), que libera calcio de depósitos intracelulares (Lambers and Oliveira, 2019).

3. Activación de proteínas receptoras. Algunas proteínas de membrana funcionan como termosensores. Por ejemplo, la proteína COLD1 (Chilling Tolerance Divergence 1) identificada en arroz es una proteína de membrana implicada en la percepción del frío. Se cree que interactúa con una proteína G y cambia su actividad al bajar la temperatura, activando la señalización por calcio (Ma et al., 2015, citado en Taiz et al., 2023). Otro ejemplo son las histidina quinasas en cianobacterias, sistemas clásicos de dos componentes insertados en la membrana (Murata and Los, 1997, citado en Taiz et al., 2023). Así, incluso los sensores especializados están “sintonizados” para percibir el estado de la membrana.

4. Cambios en la permeabilidad de la membrana. La transición de fase al estado gel (por enfriamiento severo) puede aumentar bruscamente la permeabilidad, especialmente para iones y metabolitos pequeños. La fuga de iones de la célula es un síntoma clásico de daño por frío y es consecuencia de ese cambio físico, no de una disfunción bioquímica (Schopfer and Brennicke, 2016).

3.4. Temperatura y síntesis de proteínas de choque térmico

Merece una mención especial la famosa respuesta al choque térmico (síntesis de proteínas de choque térmico, HSP). Cuando la temperatura supera cierto umbral, se activa en las células la síntesis de una clase especial de proteínas que actúan como chaperonas —ayudan a otras proteínas a plegarse correctamente y evitan su agregación durante la desnaturalización (Schopfer and Brennicke, 2016; Lambers and Oliveira, 2019).

La inducción de la síntesis de HSP está relacionada con la activación de los factores de choque térmico (HSF). En condiciones normales, los HSF están inactivos, unidos a las proteínas Hsp70/Hsp90. Al aumentar la temperatura, esas chaperonas se unen a proteínas desnaturalizadas, liberando a los HSF. Los HSF libres se trimerizan, penetran en el núcleo y activan la transcripción de los genes HSP (Nakamoto and Akter, 2020; Taiz et al., 2023). Es importante señalar que este proceso se desencadena por el daño a las proteínas, no por el efecto directo de la temperatura sobre la membrana.

Sin embargo, en el caso de las HSP y otras respuestas a alta temperatura, la membrana sigue desempeñando un papel importante. En primer lugar, el cambio de fluidez de la membrana puede ser la señal inicial que active los canales de calcio y otras vías que interactúan con la regulación de los genes HSP. En segundo lugar, la propia síntesis de HSP puede proteger la membrana: algunas pequeñas HSP (sHSP) pueden unirse a la membrana y estabilizarla, evitando la transición de fase y la fuga de iones (Nakamoto and Akter, 2020).

3.5. Choque por frío y endurecimiento

Al bajar la temperatura ocurre un fenómeno similar: el cambio de fluidez de la membrana activa rutas de señalización características del estrés por frío. Una de las vías clave es la cascada CBF/DREB1 en Arabidopsis y otras plantas de clima templado (Taiz et al., 2023). La inducción de esta vía comienza con la percepción del cambio en la membrana (probablemente mediante los mecanismos descritos) y conduce a la activación de los factores de transcripción CBF, que a su vez activan la expresión de múltiples genes de frío (genes COR).

Un aspecto importante de la percepción térmica es el endurecimiento (aclimatación) —la capacidad de las plantas para aumentar su tolerancia al frío o al calor tras una exposición previa a temperaturas subletales (Schopfer and Brennicke, 2016; Paulsen, 1994). El endurecimiento implica cambios en la composición lipídica de la membrana (aumento de ácidos grasos insaturados durante el endurecimiento por frío), lo que eleva la temperatura de transición de fase de la membrana al gel. Esto es, esencialmente, modificar la propia estructura física del “sensor”, haciendo que la membrana sea menos sensible al estrés por frío. Es uno de los ejemplos más convincentes de cómo las propiedades físicas de las membranas determinan la sensibilidad térmica de las plantas.

Así, la respuesta a “¿por qué la temperatura se percibe a través de la membrana?” es: porque la membrana es una estructura física cuyas propiedades (fluidez, viscosidad, estado de fase) dependen directa y predeciblemente de la temperatura. La modificación de esas propiedades altera el funcionamiento de las proteínas insertadas (canales, enzimas, receptores), generando señales intracelulares (calcio, señales redox, activación de quinasas) que luego activan programas específicos de respuesta al calor o al frío. En este sentido, la membrana actúa como un termosensor —no como un órgano sensorial especializado, sino como una estructura física sensible a la temperatura que transforma un estímulo físico en una señal bioquímica.

4. ¿Cómo detecta la célula los cambios en la composición del medio?

Ya hemos hablado de cómo la planta percibe el déficit hídrico (mediante cambios en la turgencia) y la temperatura (mediante cambios en el estado físico de las membranas). Ahora nos ocupamos de otro tipo de estrés fundamental: los cambios en la composición química del medio, especialmente el aumento de la concentración de sales (salinidad) y las variaciones en la disponibilidad de iones (metales pesados, deficiencia o exceso de elementos minerales). En este caso, los iones actúan no solo como nutrientes o tóxicos, sino también como señales informativas. ¿Cómo “nota” la célula los cambios en la composición iónica?

4.1. Los iones como agentes físicos y químicos

Cuando cambia la concentración de iones en la solución del suelo, afecta a la planta al menos de dos maneras.

Primero, efecto osmótico: cualquier soluto disminuye el potencial hídrico de la solución (Lambers and Oliveira, 2019). El aumento de sales (p. ej., NaCl) en el suelo reduce el potencial hídrico externo. Como el agua se mueve de mayor a menor potencial, el agua comienza a salir de las células de la raíz. Esto produce pérdida de turgencia —exactamente la misma señal primaria que vimos en la sección anterior (apartado 2). Así, el estrés salino tiene un componente osmótico que se percibe mediante mecanismos ya conocidos: caída de la presión de turgencia, cambio en la tensión de membrana, activación de canales mecanosensibles (Taiz et al., 2023).

Pero a diferencia del déficit hídrico puro (sequía), el estrés salino también tiene un efecto iónico. Los iones de las sales (principalmente Na⁺ y Cl⁻) pueden penetrar en la célula y afectar directamente a su metabolismo. Aquí actúan no solo como sustancias tóxicas, sino también como moléculas señalizadoras. Incluso los iones que no son tóxicos a concentraciones normales (p. ej., K⁺) pueden servir como señal al cambiar su concentración.

4.2. ¿Cómo “siente” la célula el cambio en la concentración de iones?

A diferencia de la turgencia o la temperatura, el cambio en la composición iónica puede percibirse de varias formas.

Cambio en el potencial de membrana

La membrana celular es una barrera semipermeable y presenta un potencial de membrana —diferencia de potencial eléctrico entre el citoplasma y el exterior, debida a la distribución desigual de iones. Cuando la concentración externa de ciertos iones cambia, afecta inevitablemente a los potenciales de equilibrio de esos iones (calculados mediante la ecuación de Nernst). Por ejemplo, un aumento de Na⁺ o Cl⁻ extracelular modifica los gradientes electroquímicos y puede provocar despolarización o hiperpolarización de la membrana (Schopfer and Brennicke, 2016; Lambers and Oliveira, 2019).

El cambio en el potencial de membrana afecta a la actividad de los canales iónicos dependientes de voltaje (potasio, calcio, cloro). Algunos canales solo se abren a determinados potenciales. Por tanto, la alteración de la composición del medio, al modificar el potencial, puede influir directamente en la permeabilidad iónica y activar cascadas de señalización (Taiz et al., 2023). Este mecanismo es de naturaleza biofísica.

Interacción directa de los iones con proteínas receptoras

Algunos iones pueden unirse directamente a proteínas (receptores, enzimas) y modificar su conformación y actividad. Es similar a la acción de hormonas u otras moléculas señalizadoras, pero aquí la señal es el ion.

El ejemplo más estudiado es el ion calcio Ca²⁺. Aunque el Ca²⁺ es un macronutriente esencial, su concentración en el citosol es muy baja (unos 100 nM), mientras que en el apoplasto y en los depósitos intracelulares es milimolar (Paulsen, 1994; Taiz et al., 2023). Ante diversos estreses (choque osmótico, estrés salino, daño mecánico) se abren canales de calcio y el Ca²⁺ entra al citosol, aumentando su concentración. Esto activa proteínas fijadoras de calcio (calmodulina, quinasas dependientes de calcio) y desencadena cascadas de señalización (Lambers and Oliveira, 2019; Taiz et al., 2023). Es decir, el Ca²⁺ actúa como segundo mensajero —una señal que transmite información sobre el cambio externo (incluyendo cambios en la composición iónica externa).

Pero el Ca²⁺ es también un ion. Su concentración en el apoplasto puede variar según la composición de la solución del suelo. El aumento de Na⁺ extracelular puede afectar a los canales de calcio y a su capacidad para conducir Ca²⁺. Así, un cambio en un ion (Na⁺) puede modular indirectamente la función señalizadora de otro (Ca²⁺).

Los iones como sustratos de transportadores de membrana

Muchos transportadores de membrana (simportadores, antiportadores, bombas) se unen a iones y los transportan a través de la membrana. Por ejemplo, el antiportador Na⁺/H⁺ (SOS1 en Arabidopsis) expulsa Na⁺ de la célula usando el gradiente de H⁺ generado por la H⁺‑ATPasa (Taiz et al., 2023; Lambers and Oliveira, 2019). Este transportador se activa al aumentar el Na⁺ intracelular, pero también puede ser fosforilado y activado por rutas de señalización iniciadas por el propio Na⁺. Es decir, el ion puede ser tanto sustrato como regulador de la actividad del transportador.

Además, existen canales iónicos regulados por iones desde el interior (canales activados por ligando). Por ejemplo, algunos canales se abren al unirse Ca²⁺ en la cara citosólica (canales activados por calcio). Esto convierte a los iones no solo en portadores de carga, sino también en moduladores de su propio transporte.

4.3. Particularidades de la percepción del estrés salino

El estrés salino (alta concentración de NaCl) es un ejemplo clásico de cómo la célula percibe un cambio en la composición iónica del medio. En las plantas, el Na⁺ suele ser tóxico a altas concentraciones porque compite con el K⁺ por la unión a enzimas y transportadores (Paulsen, 1994; Taiz et al., 2023). Sin embargo, el Na⁺ no entra pasivamente; su entrada está regulada, y la célula puede “sentirlo” incluso antes de que la concentración sea tóxica.

El complejo sensor SOS (Salt Overly Sensitive) es una de las vías de percepción del estrés salino más estudiadas en Arabidopsis. Sus componentes clave son:

  • SOS3 (CBL4) — proteína fijadora de calcio que se activa al aumentar el Ca²⁺ citosólico (que a su vez puede ser desencadenado por la entrada de Na⁺).
  • SOS2 (CIPK24) — proteína quinasa que se une a SOS3 y se activa.
  • SOS1 — antiportador Na⁺/H⁺ de la membrana plasmática, que es fosforilado por SOS2 y activado, expulsando Na⁺ de la célula (Taiz et al., 2023; Lambers and Oliveira, 2019).

Así, la entrada de Na⁺ (o, más precisamente, su efecto sobre el potencial de membrana y la homeostasis del calcio) activa una cascada que refuerza la salida de Na⁺. Es un ejemplo de cómo la célula detecta el desequilibrio iónico y reacciona ante él.

4.4. Iones de metales pesados: un caso especial

Los iones de metales pesados (Cd²⁺, Pb²⁺, Cu²⁺, etc.) también representan un cambio en la composición del medio, pero su percepción puede diferir de la de los macronutrientes. Los metales pesados a menudo mimetizan a iones esenciales y utilizan sus transportadores para entrar en la célula. Por ejemplo, el Cd²⁺ puede entrar a través de transportadores de Zn²⁺ o Ca²⁺ (Taiz et al., 2023).

Una vez dentro, los iones de metales pesados pueden interactuar directamente con proteínas, reemplazando iones esenciales (Fe²⁺ o Zn²⁺) en centros activos de enzimas, provocando su inactivación. Esto también puede servir como señal: la inactivación de una enzima puede generar acumulación de intermediarios, cambios en el estado redox o activación de genes de estrés. Además, los metales pesados son potentes catalizadores de reacciones de Fenton, generando especies reactivas de oxígeno (ROS), que a su vez actúan como señales (Paulsen, 1994; Taiz et al., 2023). Por tanto, un cambio en la composición iónica puede inducir estrés oxidativo, del que ya hablamos como una de las señales tempranas (apartado 1).

4.5. Integración de señales: de los iones a la respuesta fisiológica

En resumen, ¿cómo “nota” la célula un cambio en la composición del medio?

1. Componente osmótico: el cambio en la concentración de sales reduce el potencial hídrico, provocando pérdida de agua y caída de la turgencia —señal primaria percibida por canales mecanosensibles y alteración de la tensión de membrana (igual que en el déficit hídrico).

2. Componente iónico: los propios iones (especialmente Na⁺) pueden modificar el potencial de membrana, abrir canales iónicos, activar rutas de señalización (p. ej., la vía SOS) y servir como sustrato o regulador de transportadores.

3. Señales secundarias: los cambios en los flujos iónicos, especialmente de Ca²⁺, generan una señal de calcio que activa quinasas, fosfatasas, NADPH‑oxidasas, produciendo ROS y otros mensajeros secundarios.

4. Efectos indirectos: los iones de metales pesados pueden dañar directamente proteínas y generar ROS, que también actúan como señales.

Este mecanismo complejo permite a la célula no solo registrar el hecho del cambio químico, sino también distinguir entre distintos tipos de iones y sus concentraciones, adaptando la respuesta en consecuencia.

En la siguiente parte veremos cómo la planta percibe la falta de oxígeno y por qué esa señal aparece antes de que se manifiesten daños visibles.

5. ¿Por qué la deficiencia de oxígeno se percibe antes de que aparezcan daños?

Hemos analizado cómo las plantas perciben el déficit hídrico, la temperatura y los cambios en la composición iónica. Ahora pasamos a otro factor abiótico crucial: la deficiencia de oxígeno. Este estado, conocido como hipoxia (deficiencia parcial) o anoxia (ausencia total), se produce durante el encharcamiento de raíces, la compactación del suelo y también en algunos tejidos internos con alta respiración (p. ej., meristemos). La pregunta clave es: ¿por qué la planta “siente” la falta de oxígeno mucho antes de que aparezcan daños visibles en los tejidos? La respuesta reside en el cambio de un parámetro fundamental del metabolismo celular: el estado redox, que ocurre inmediatamente al interrumpirse el suministro de oxígeno.

5.1. El oxígeno como aceptor final de electrones en la respiración

Recordemos que el oxígeno es necesario para el funcionamiento de la cadena de transporte de electrones (CTE) mitocondrial. Durante la fosforilación oxidativa, los transportadores reducidos (NADH y FADH₂) ceden electrones a la CTE, y el aceptor final de esos electrones es el oxígeno molecular (O₂), que se reduce a agua (Медведев, 2012; Lambers and Oliveira, 2019). Este proceso —respiración aeróbica— es la principal fuente de ATP en las células vegetales y proporciona hasta el 95% de la energía que consume la célula.

Mientras hay suficiente oxígeno, los electrones fluyen a través de la CTE y las formas oxidadas NAD⁺ y FAD se regeneran, manteniendo el equilibrio de los pares redox. Cuando disminuye la disponibilidad de oxígeno, la CTE no puede transferir electrones más allá, y estos comienzan a acumularse en los transportadores previos. Esto produce la reducción del pool de transportadores: la relación NADH/NAD⁺ y FADH₂/FAD aumenta bruscamente (Медведев, 2012; Schopfer and Brennicke, 2016). Ese cambio de relaciones es el cambio del estado redox de la célula.

5.2. El estado redox como señal primaria de hipoxia

El estado redox no es un mero indicador abstracto. Determina la actividad de numerosas enzimas, proteínas reguladoras y factores de transcripción sensibles a la proporción entre formas reducidas y oxidadas de coenzimas (p. ej., NADH/NAD⁺). Durante la hipoxia, el cambio en esa proporción ocurre antes de que se acumulen metabolitos tóxicos (etanol, ácido láctico, acetaldehído) o se dañen las membranas. Esa es la señal primaria de la deficiencia de oxígeno (Taiz et al., 2023).

El estado redox puede afectar a la célula al menos de dos maneras:

1. Modificando la actividad enzimática. Muchas enzimas del ciclo de Krebs, la glucólisis y otras rutas metabólicas están reguladas por la relación NADH/NAD⁺. En hipoxia, la acumulación de NADH inhibe la citrato sintasa, la isocitrato deshidrogenasa y otras enzimas, ralentizando el ciclo de Krebs. Esto estimula la glucólisis y el cambio a vías enzimáticas que no requieren oxígeno (Медведев, 2012). Así, el cambio redox reestructura inmediatamente el metabolismo.

2. Influyendo en proteínas reguladoras. Algunas proteínas sensoras, como los factores de transcripción de la familia ERF (Ethylene Response Factor) en plantas, contienen residuos de aminoácidos sensibles a la oxidación que estabilizan o desestabilizan la proteína según la concentración de oxígeno. En Arabidopsis y arroz, las proteínas del grupo VII ERF se degradan en presencia de oxígeno por la vía N‑terminal, y en hipoxia se estabilizan y activan la expresión de genes que codifican enzimas de fermentación (Taiz et al., 2023). Esto es un ejemplo de percepción directa del nivel de oxígeno, aunque a nivel molecular (véase la salvedad en la condición). Sin embargo, el cambio redox sigue siendo una señal más fundamental y temprana.

5.3. ¿Por qué el cambio redox precede al daño?

Los daños durante la hipoxia prolongada se deben a varias causas:

  • Acumulación de productos tóxicos de la fermentación (etanol, acetaldehído, ácido láctico), que dañan membranas e inhiben enzimas.
  • Acidificación del citoplasma por la formación de ácidos orgánicos, que altera las enzimas dependientes del pH.
  • Deficiencia de ATP → cese de la síntesis de proteínas, alteración del transporte, pérdida de gradientes iónicos.
  • Producción de especies reactivas de oxígeno (ROS) durante la reoxigenación tras la hipoxia, así como en la propia CTE cuando el oxígeno se reduce parcialmente.

Sin embargo, todos estos procesos son secundarios. Se desarrollan después de que el estado redox ya haya cambiado. Por ejemplo, el cambio a la fermentación (alcohólica o láctica) es una respuesta adaptativa dirigida a regenerar NAD⁺ a partir de NADH para que la glucólisis pueda seguir produciendo al menos 2 ATP por molécula de glucosa (Медведев, 2012). Esta respuesta se activa precisamente por el cambio redox, no por la acumulación de daños. Por tanto, la modificación de la proporción entre transportadores reducidos y oxidados es una señal de “alerta temprana” que activa mecanismos protectores antes de que la célula sufra por toxinas o falta de energía.

5.4. Percepción de la hipoxia a través de cambios metabólicos

Es interesante que la falta de oxígeno también influye indirectamente en otros procesos fisiológicos. Por ejemplo, durante la hipoxia se inhibe la fosforilación oxidativa mitocondrial, lo que lleva a la acumulación de ADP y fosfato inorgánico. Esto estimula la glucólisis mediante el efecto Pasteur (aceleración de la glucólisis cuando falta ATP) (Медведев, 2012). Además, la hipoxia activa la síntesis de etileno, que a su vez puede inducir la formación de aerénquima y otras adaptaciones al encharcamiento (Schopfer and Brennicke, 2016). Pero nuevamente, estos cambios ocurren después de que el estado redox se haya desplazado. Por lo tanto, la percepción de la hipoxia comienza precisamente con la interrupción del flujo electrónico en la cadena respiratoria.

5.5. Comparación con otros tipos de estrés

Es importante destacar que, en el caso de la deficiencia de oxígeno, la señal primaria no es un cambio en alguna estructura física (como para la temperatura o la turgencia), sino un cambio en el estado metabólico —la relación entre coenzimas reducidas y oxidadas. Este cambio ocurre antes de cualquier alteración visible, como hinchazón de mitocondrias, degradación de membranas o aparición de necrosis. Así, la célula se entera de antemano de la falta de oxígeno por los cambios en los flujos de electrones, incluso antes de que aparezcan daños. Esa es la respuesta a la pregunta: porque los sistemas reguladores sensibles reaccionan ante el cambio en la relación NADH/NAD⁺ y otros pares redox, que es una consecuencia directa de la falta de oxígeno, y no ante las consecuencias tardías de esa falta.

6. ¿Por qué aparece primero el estallido oxidativo?

Hemos visto cómo la planta percibe el déficit hídrico (mediante cambios en la turgencia), la temperatura (mediante cambios en la fluidez de la membrana), los cambios en la composición iónica (mediante el potencial de membrana e interacciones directas) y la deficiencia de oxígeno (mediante el cambio redox). Ahora llegamos a la respuesta quizás más universal y rápida ante cualquier estrés: el estallido oxidativo. ¿Por qué, cuando se produce un estrés, lo primero que aparece en la célula son las especies reactivas de oxígeno (ROS)? ¿Por qué esto no es solo daño, sino una señal? Para responder, debemos entender que las ROS no son un subproducto accidental, sino una consecuencia lógica del funcionamiento de las cadenas de transporte de electrones respiratoria y fotosintética, y que su producción no es una catástrofe, sino una herramienta.

6.1. Especies reactivas de oxígeno: compañeras inevitables de la vida en ambiente aeróbico

Comencemos con un hecho fundamental: en cualquier célula que utilice oxígeno para la respiración o la fotosíntesis, se generan constantemente especies reactivas de oxígeno (ROS): anión superóxido (O₂⁻•), peróxido de hidrógeno (H₂O₂), radical hidroxilo (•OH) y oxígeno singlete (¹O₂) (Sharma et al., 2012; Медведев, 2012). Esto es inevitable porque en las cadenas de transporte de electrones (mitocondrial, cloroplástica, microsomal) una parte de los electrones “se escapa” directamente al oxígeno, sin esperar a completar la reducción tetraelectrónica a agua. Normalmente, alrededor del 1‑5% del oxígeno consumido se convierte en ROS (Медведев, 2012). Esto significa que las ROS no son una rareza, sino un fondo constante del metabolismo celular.

Las células vegetales poseen un potente sistema antioxidante (sodio dismutasas, catalasas, peroxidasas, ascorbato, glutatión, carotenoides, etc.) que normalmente elimina eficazmente esas ROS, manteniendo su concentración en un nivel bajo y no peligroso (Sharma et al., 2012; Taiz et al., 2023). Este equilibrio entre producción y eliminación de ROS mantiene la homeostasis redox de la célula.

6.2. Ruptura del equilibrio bajo estrés: condiciones para el estallido oxidativo

Cuando la planta sufre cualquier estrés —sequía, salinidad, temperatura extrema, exceso de luz, falta de oxígeno o ataque de patógenos— el equilibrio entre producción y eliminación de ROS se rompe. ¿Por qué?

  • En el déficit hídrico, los estomas se cierran, disminuye la entrada de CO₂, y la cadena de transporte de electrones fotosintética se sobrecarga de electrones que no pueden usarse para reducir CO₂. Esto aumenta la “fuga” de electrones al oxígeno en los cloroplastos (Paulsen, 1994; Taiz et al., 2023).
  • En el estrés térmico (especialmente a altas temperaturas), cambia la actividad enzimática y la fluidez de las membranas, lo que puede alterar el funcionamiento de los fotosistemas y los complejos mitocondriales, favoreciendo la formación de ROS (Paulsen, 1994; Lambers and Oliveira, 2019).
  • En la salinidad, el exceso de Na⁺ puede dañar las cadenas de transporte de electrones e inhibir las enzimas antioxidantes (Taiz et al., 2023).
  • En la deficiencia de oxígeno, los electrones se estancan en transportadores intermedios de la mitocondria, y una parte reduce el oxígeno a superóxido; además, durante la reoxigenación tras la hipoxia se produce una gran generación de ROS (Медведев, 2012; Taiz et al., 2023).
  • Durante el ataque de patógenos, se activa la NADPH‑oxidasa de la membrana plasmática, que genera específicamente superóxido en el apoplasto como parte de la respuesta defensiva (el llamado “estallido respiratorio”) (Taiz et al., 2023).

Por tanto, prácticamente cualquier estrés aumenta la producción de ROS y/o disminuye la actividad del sistema antioxidante. Por eso, la concentración de ROS en la célula comienza a aumentar. Esto ocurre muy rápidamente, a menudo en segundos o minutos tras el inicio del estrés.

6.3. ¿Por qué esto no es solo daño, sino señal?

Es importante comprender: el aumento inicial de ROS durante el estrés no es una catástrofe, sino una señal de alarma. ¿Por qué?

En primer lugar, la concentración de ROS al principio no aumenta hasta un nivel tóxico, sino hasta un nivel que activa sensores sensibles. Por ejemplo, el H₂O₂ a concentraciones bajas (micromolares) puede actuar como señal, mientras que los efectos tóxicos (daño de membranas, oxidación de proteínas) se desarrollan a concentraciones mucho más altas (Taiz et al., 2023; Sharma et al., 2012). Así, la célula tiene un “margen de seguridad” —puede usar ROS como señal sin morir.

En segundo lugar, las ROS pueden oxidar selectivamente proteínas específicas, modificando su actividad. Por ejemplo, la oxidación de grupos tiol (–SH) en residuos de cisteína de ciertos factores de transcripción, quinasas y fosfatasas puede activarlos o inhibirlos, provocando cambios en la expresión génica (Taiz et al., 2023). No es un daño aleatorio, sino un mecanismo regulador.

En tercer lugar, las ROS pueden servir como señales para la transmisión sistémica de información por toda la planta. Se sabe que el H₂O₂ y otras ROS pueden difundirse por el apoplasto, provocando respuestas en órganos distantes. Esta es la base de la aclimatación adquirida sistémica (systemic acquired acclimation, SAA) durante el estrés (Taiz et al., 2023).

Por tanto, el estallido oxidativo no es simplemente una consecuencia del daño, sino un mecanismo evolutivo de alerta rápida para la célula. Aparece primero porque:

1. Las ROS son metabolitos siempre presentes, que se producen y eliminan continuamente.

2. Cualquier estrés rompe inmediatamente el equilibrio entre producción y eliminación de ROS.

3. La célula es sensible a los cambios en la concentración de ROS mediante proteínas sensoras especializadas y mediante cambios en el estado redox.

4. Las ROS pueden activar rápidamente cascadas de señalización (calcio, fosforilación) y modificar la expresión génica.

6.4. Mecanismos del estallido oxidativo: fuentes de ROS

¿De dónde provienen las ROS durante el estrés? Las principales fuentes son:

  • Cloroplastos. Con exceso de luz o limitación de CO₂, los electrones se transfieren desde el fotosistema I al oxígeno (reacción de Mehler), formando superóxido. También puede formarse oxígeno singlete al dañarse el fotosistema II (Paulsen, 1994; Lambers and Oliveira, 2019).
  • Mitocondrias. En la cadena respiratoria, parte de los electrones pueden reducir oxígeno a superóxido a nivel de los complejos I y III. Se generan especialmente muchas ROS cuando la CTE está dañada o durante la reoxigenación tras hipoxia (Медведев, 2012).
  • Apoplasto y plasmalema. Las NADPH‑oxidasas (proteínas RBOH) generan específicamente superóxido en respuesta a muchos estreses, especialmente durante el ataque de patógenos y el estrés osmótico. Es un proceso activo y regulado (Taiz et al., 2023; Lambers and Oliveira, 2019).
  • Peroxisomas y glioxisomas. En estos orgánulos tienen lugar reacciones oxidativas (fotorrespiración, β‑oxidación de ácidos grasos) que producen H₂O₂ (Медведев, 2012).
  • Pared celular. Las peroxidasas de la pared celular pueden generar ROS en respuesta a daños mecánicos o patógenos (Taiz et al., 2023).

6.5. ¿Por qué el estallido oxidativo aparece antes que otras respuestas?

Comparemos la velocidad de aparición del estallido oxidativo con otras señales:

  • Cambio en la turgencia — proceso físico, puede ocurrir en segundos, pero es específico del estrés hídrico.
  • Cambio en la fluidez de la membrana — respuesta física rápida, pero también específica de la temperatura.
  • Cambio redox por falta de oxígeno — rápido, pero específico de la hipoxia.
  • Estallido oxidativo — es una respuesta universal, que ocurre prácticamente ante cualquier estrés. Porque cualquier estrés, de una u otra manera, altera el transporte de electrones o la defensa antioxidante. Y como las ROS ya están presentes en la célula, su concentración comienza a aumentar inmediatamente al aparecer el desequilibrio.

Además, el estallido oxidativo puede ocurrir de manera deliberada, como un proceso activamente regulado (a través de NADPH‑oxidasas). No es solo una consecuencia pasiva del estrés, sino parte de una respuesta genéticamente programada.

6.6. El estallido oxidativo como integrador de señales

Es interesante que las ROS pueden interactuar con otros segundos mensajeros. Por ejemplo, el H₂O₂ puede activar canales de calcio, elevando el Ca²⁺ citosólico. A su vez, el aumento de Ca²⁺ puede activar la NADPH‑oxidasa, generando más ROS. Así se crea un bucle de retroalimentación positiva que amplifica rápidamente la señal (Taiz et al., 2023). Esto permite que incluso un estrés débil desencadene una potente respuesta señalizadora.

Por consiguiente, el estallido oxidativo es la primera señal universal de alarma porque:

  • Las ROS son compañeras constantes del metabolismo aeróbico.
  • Cualquier estrés rompe inmediatamente el equilibrio entre producción y eliminación de ROS.
  • La célula puede percibir ese cambio mediante sensores especializados.
  • Las ROS pueden activar rápidamente múltiples vías protectoras.
  • El estallido oxidativo puede ser un proceso activamente regulado (mediante NADPH‑oxidasas), no solo una consecuencia pasiva.

Resumen final de la conferencia.

Hemos examinado cinco tipos principales de señales primarias que permiten a la planta detectar cambios en las condiciones ambientales:

1. Déficit hídrico → disminución de la turgencia → cambio en la tensión mecánica de la membrana y pared celular → activación de canales mecanosensibles.

2. Estrés térmico → cambio en la fluidez de la bicapa lipídica → cambio en la actividad de proteínas de membrana → generación de señales bioquímicas.

3. Cambio en la composición iónica → cambio en el potencial de membrana, interacción directa de iones con proteínas, activación de transportadores → desencadenamiento de cascadas de señalización (calcio, vía SOS).

4. Deficiencia de oxígeno → cambio del estado redox (NADH/NAD⁺, FADH₂/FAD) → reorganización metabólica y activación de programas adaptativos.

5. Estallido oxidativo → aumento de la concentración de ROS (superóxido, peróxido de hidrógeno) → señal universal de alarma que interactúa con otros sistemas señalizadores.

Todas estas señales primarias surgen antes de que se desarrollen daños visibles, y sirven a la planta como alertas tempranas, permitiéndole activar mecanismos de defensa de forma anticipada.

En las próximas conferencias veremos cómo estas señales primarias se convierten en segundos mensajeros (calcio, ROS, fosforilación de proteínas) y cómo ponen en marcha programas específicos de respuesta —desde la síntesis de osmoprotectores hasta cambios morfológicos y el cierre de estomas.

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