Rutas de señalización y comunicación del sistema

Actualizado: 10 Julio 2026 Русский English

Hola, colegas. Comenzamos nuestra conversación sobre la fisiología del estrés en las plantas. Antes de sumergirnos en los mecanismos específicos de tolerancia a la sequía, la salinidad, las temperaturas y otros factores adversos, debemos responder a una pregunta fundamental que atraviesa toda la fisiología del estrés: ¿cómo sabe la planta que algo le está sucediendo y cómo se propaga esa información por todo el organismo?

Imaginen una situación. Una oruga se posa sobre una hoja y comienza a devorarla. O las raíces se encuentran en un suelo excesivamente seco. O las hojas sufren un cambio brusco de temperatura. El daño es local. Pero la respuesta de la planta es sistémica. En algún lugar de las raíces se intensifica la absorción de agua, en otras hojas se cierran los estomas, en los puntos de crecimiento se ralentiza la división celular. ¿Cómo es posible? ¿Cómo se convierte un evento local en una respuesta coordinada de todo el organismo?

La respuesta a esta pregunta reside en la comprensión de los sistemas de señalización de las plantas: aquellos mecanismos que permiten a las células comunicarse entre sí, transmitir información sobre los impactos externos y coordinar las respuestas fisiológicas a nivel de todo el organismo.

A lo largo de esta conferencia, analizaremos secuencialmente cinco niveles clave de esta comunicación:

1. El lenguaje universal de la célula: los iones de calcio.

2. La doble naturaleza de las especies reactivas de oxígeno: del daño a la señal.

3. Las cascadas de proteínas quinasas como amplificadores de señal.

4. La integración hormonal como forma de distribuir los roles en la respuesta al estrés.

5. La fisiología sistémica: cómo el organismo se convierte en un todo unitario.

Hoy comenzaremos con la primera y quizás la más universal de las señales: los iones de calcio.

1. ¿Por qué se llama al calcio una señal universal?

1.1. Un lenguaje que entiende cada célula

Cuando hablamos de sistemas de señalización, en esencia hablamos del lenguaje en el que las células se comunican entre sí y con el entorno externo. Y si en los animales ese lenguaje universal suelen ser los impulsos nerviosos, en las plantas este papel lo desempeñan los mensajeros secundarios: pequeñas moléculas o iones cuya concentración dentro de la célula cambia rápidamente en respuesta a un estímulo externo.

El mensajero secundario más estudiado y quizás el más universal en las plantas son los iones de calcio (Ca²⁺). ¿Por qué el calcio? La respuesta está en sus propiedades únicas y en la organización de la célula vegetal.

En estado de reposo, en ausencia de cualquier tipo de estrés, la concentración de iones de calcio libres en el citosol es extremadamente baja: del orden de 50 a 100 nanomoles (Taiz et al., 2023). Esto es muchas veces menor que la concentración de calcio en la pared celular, en la vacuola o en el retículo endoplásmico. En otras palabras, la célula mantiene un enorme gradiente de concentración de calcio entre el citosol y los distintos compartimentos de almacenamiento.

Esta situación recuerda a un resorte tensado. Basta con que se abran los canales de calcio en las membranas para que el calcio irrumpa literalmente en el citosol, elevando su concentración decenas o incluso cientos de veces en cuestión de segundos o minutos (Taiz et al., 2023; Lambers & Oliveira, 2019). Un aumento tan rápido y potente es una señal de alarma ideal. No requiere la síntesis de nuevas moléculas, es casi instantáneo y le dice directamente a la célula: «ha ocurrido algo inusual».

1.2. ¿Cómo lee la célula la señal de calcio?

Pero el aumento de la concentración de calcio por sí solo es solo la primera parte de la historia. La segunda, no menos importante, es cómo la célula interpreta ese aumento. Aquí entran en escena las proteínas sensoras, capaces de unir iones de calcio y cambiar su estructura y actividad.

El principal de estos sensores es la calmodulina: una proteína pequeña, increíblemente conservada, que se encuentra en prácticamente todos los eucariotas (Lambers & Oliveira, 2019). Cuando el calcio se une a la calmodulina, la proteína cambia su conformación, se «activa» y adquiere la capacidad de interactuar con muchas otras proteínas diana, principalmente con proteínas quinasas.

Además de la calmodulina, las plantas poseen toda una familia de proteínas quinasas dependientes de calcio (CDPK) , enzimas exclusivas de plantas y algunos protistas que combinan en una misma molécula la función de unión al calcio y la fosforilación de proteínas (Taiz et al., 2023; Lambers & Oliveira, 2019). Esto las convierte en «traductores» ideales del lenguaje del calcio al lenguaje de la fosforilación, uno de los mecanismos más extendidos de regulación de la actividad de las proteínas en la célula.

Otro grupo de sensores son las proteínas similares a la calcineurina B (CBL) , que, al unir calcio, interactúan con sus socios, las proteínas quinasas que interactúan con CBL (CIPK) , formando módulos de señalización responsables de respuestas específicas a diversos tipos de estrés (Taiz et al., 2023).

1.3. La señal de calcio no es simplemente «encendido/apagado»

Es importante subrayar aquí una idea clave: la señal de calcio no es un código binario en el que solo existe «hay señal» o «no hay señal». La célula es capaz de distinguir la amplitud, la frecuencia y la localización espacial de los destellos de calcio. Este fenómeno se denomina codificación por calcio (Taiz et al., 2023).

Imaginen que diferentes tipos de estrés —sequía, salinidad, frío, daño mecánico— provocan oscilaciones de la concentración de calcio de distinta naturaleza: en unos casos será un pico único y rápido, en otros una serie de oscilaciones amortiguadas, en otros una meseta prolongada. Y cada uno de estos «patrones» puede ser reconocido por un conjunto específico de sensores y desencadenar un programa de respuesta único (Lambers & Oliveira, 2019).

Este principio —especificidad a través de la universalidad— subyace en toda la fisiología de la señalización vegetal. Un mismo lenguaje de señales, pero diferentes «dialectos» que los distintos sistemas ejecutores entienden.

1.4. Ejemplo: calcio y cierre de estomas

Para hacer esta abstracción más tangible, consideremos un ejemplo clásico: el cierre de los estomas inducido por el ácido abscísico (ABA) en condiciones de déficit hídrico (Taiz et al., 2023).

Cuando las raíces detectan que el suelo se está secando, sintetizan ABA. Esta hormona, transportada por la corriente de agua, llega a las hojas y a las células oclusivas de los estomas. Allí ocurre lo siguiente:

1. El ABA se une a su receptor en el plasmalema.

2. Esto desencadena la apertura de los canales de calcio, y la concentración de Ca²⁺ en el citosol de las células oclusivas aumenta bruscamente, pasando de aproximadamente 50–100 nM a 500–1100 nM (Taiz et al., 2023).

3. El aumento de calcio provoca la apertura de canales aniónicos: los iones Cl⁻ y malato salen de la célula, lo que despolariza la membrana.

4. La despolarización, a su vez, abre canales de potasio, y el potasio también sale de la célula.

5. La salida de iones provoca la salida de agua, la turgencia de las células oclusivas disminuye y los estomas se cierran.

Obsérvese que en toda esta cadena el calcio actúa como un interruptor que pone en marcha toda una cascada de eventos. Es la primera señal de alarma que le dice a la célula: «empieza a cerrarte».

1.5. ¿Por qué el calcio es universal y no específico?

Si el mismo ion participa en la respuesta a decenas de estrés diferentes, surge una pregunta lógica: ¿cómo la célula no confunde la señal de sequía con la señal de ataque de un patógeno?

La respuesta es que el calcio es una herramienta, no el contenido del mensaje. Su función es transmitir rápidamente la información de que algo ha cambiado. El contenido concreto —qué tipo de estrés, cómo responder a él— lo da el «contexto»:

  • Otras señales que llegan simultáneamente con la de calcio —por ejemplo, especies reactivas de oxígeno u hormonas.
  • El equipo sensorial de la célula en particular: qué receptores y canales posee.
  • El programa que ya está «escrito» en el genoma de la célula y que viene determinado por su diferenciación y su estado fisiológico.

El calcio es un lenguaje universal con el que la célula habla del estrés. Pero el significado de la frase depende de quién, cuándo y en qué contexto la pronuncia (Lambers & Oliveira, 2019).

1.6. De la célula al organismo

Sorprendentemente, la señal de calcio no se limita al interior de una sola célula. Se ha demostrado que, ante un estrés local, por ejemplo, al iluminar una hoja con una luz demasiado intensa, una onda de concentración elevada de calcio se propaga por toda la planta a una velocidad de aproximadamente 1–4 cm por minuto (Taiz et al., 2023). Este fenómeno se denomina onda de calcio. Se desplaza de célula a célula a través de los plasmodesmos y, posiblemente, con la participación del apoplasto, «avisando» a todos los órganos de que en algún lugar ha ocurrido un evento desfavorable.

La onda de calcio es el primer nivel de comunicación sistémica, del que hablaremos con más detalle hacia el final de la conferencia. Pero ya es importante entender que el calcio no es solo una señal intracelular, sino un medio de transmisión rápida de información entre células y tejidos.

Resumen de la sección

Así pues, colegas, hemos visto que los iones de calcio son un lenguaje universal de señalización de estrés en las plantas. Sus propiedades clave son:

1. Rapidez: el cambio de concentración se produce en segundos.

2. Potencia: el gradiente de concentración permite generar una señal fuerte.

3. Reconocibilidad: el calcio se une a proteínas sensoras especiales que traducen su señal en cambios en la actividad de otras proteínas.

4. Informatividad: la naturaleza de la señal de calcio (amplitud, frecuencia, localización) transporta información sobre la naturaleza del estrés.

5. Sistemicidad: las ondas de calcio pueden propagarse por todo el organismo.

El calcio es la primera línea de defensa, la forma más rápida de decirle a la célula: «¡Atención, algo está pasando!». Pero esta señal por sí sola aún no determina la respuesta. La respuesta se forma en los niveles siguientes, donde al calcio se unen otros actores. Y de uno de ellos —las especies reactivas de oxígeno— hablaremos en la siguiente parte de nuestra conferencia.

2. ¿Por qué las especies reactivas de oxígeno son simultáneamente beneficiosas y peligrosas?

2.1. Compañeras inevitables de la vida en una atmósfera oxigenada

Colegas, ya hemos aclarado que el calcio es una señal de alarma universal. Pero el aumento de calcio por sí mismo no es ni el historial de la enfermedad ni el plan de tratamiento. Es solo una «llamada» que exige una mayor interpretación. Y aquí entran en escena otros actores cuyo papel es a la vez crítico y paradójico. Hablamos de las especies reactivas de oxígeno (ERO).

Reflexionemos. Las plantas son organismos aerobios. Viven en una atmósfera que contiene alrededor de un 21 % de oxígeno. Ellas mismas producen oxígeno durante la fotosíntesis. Y este mismo oxígeno, sin el cual la vida es imposible, en determinadas condiciones se convierte en una fuente de grave peligro.

El oxígeno molecular (O₂) en su estado fundamental es relativamente inerte. Pero durante el metabolismo celular puede reducirse de forma incompleta, captando electrones de uno en uno. Como resultado se forman productos intermedios altamente reactivos: anión superóxido (O₂⁻), peróxido de hidrógeno (H₂O₂), radical hidroxilo (•OH) y también oxígeno singlete (¹O₂) —una forma excitada de O₂ que se genera por transferencia de energía desde moléculas de clorofila excitadas (Schopfer & Brennicke, 2016; Pessarakli, 2020).

Estas moléculas y radicales poseen una elevada actividad química. En fisiología se engloban bajo el término «especies reactivas de oxígeno» (ROS, por sus siglas en inglés). Y aquí nos encontramos con una contradicción fundamental: las ERO son a la vez necesarias y mortalmente peligrosas. La tarea de la planta no es deshacerse de ellas por completo, sino mantener su nivel dentro de unos límites estrictamente definidos y fisiológicos.

2.2. La «cara oscura» de las ERO: estrés oxidativo y daños

Cuando la planta se encuentra en condiciones de estrés —ya sea sequía, salinidad, temperaturas extremas o ataque de patógenos—, el equilibrio en la célula se rompe. Las cadenas de transporte de electrones en cloroplastos y mitocondrias se saturan, y el flujo de electrones comienza a «fugar» hacia el oxígeno en mayor medida, generando ERO (Lambers & Oliveira, 2019; Taiz et al., 2023).

Este proceso no es un mero efecto secundario. Bajo un estrés intenso, la velocidad de formación de ERO se multiplica. Y si los sistemas de defensa de la célula no pueden hacer frente, se alcanza un estado denominado estrés oxidativo.

¿Qué peligro supone el estrés oxidativo? Las ERO son oxidantes potentes. Atacan todas las clases principales de biomoléculas:

  • Lípidos: se desencadena la peroxidación de los ácidos grasos poliinsaturados que forman parte de las membranas. Esto altera la fluidez y las propiedades de barrera de las membranas, provoca fugas de iones y metabolitos, y desorganiza el funcionamiento de las proteínas de membrana (Pessarakli, 2020; Schopfer & Brennicke, 2016).
  • Proteínas: la oxidación de residuos de aminoácidos (especialmente cisteína, metionina, histidina, triptófano) conduce a la pérdida de actividad enzimática, formación de grupos carbonilo, agregación y degradación de proteínas.
  • Ácidos nucleicos: las ERO provocan roturas de las cadenas de ADN, modificaciones de bases (por ejemplo, formación de 8-hidroxiguanina), lo que puede causar mutaciones y alterar la transcripción (Schopfer & Brennicke, 2016).

Especialmente peligroso es el radical hidroxilo (•OH) , tan reactivo que la célula carece de mecanismos enzimáticos para neutralizarlo. La única estrategia es prevenir su formación, evitando la acumulación de H₂O₂ en presencia de iones de metales de transición (reacción de Fenton) (Lambers & Oliveira, 2019).

Cuando los daños se vuelven irreversibles, la célula puede desencadenar la muerte celular programada (apoptosis), una especie de «sacrificio» en beneficio de todo el organismo (Medvedev, 2012).

2.3. La «cara luminosa»: las ERO como moléculas señalizadoras

Pero la fisiología vegetal sería demasiado simple si las ERO solo causaran destrucción. La evolución encontró una solución asombrosa: un nivel moderado de ERO es una señal, no una sentencia.

El papel clave lo desempeña el peróxido de hidrógeno (H₂O₂) . A diferencia del superóxido y del radical hidroxilo, de vida corta, el H₂O₂ es relativamente estable, capaz de difundir a través de las membranas y desplazarse a distancias considerables dentro de la célula y entre células (Taiz et al., 2023). Esto lo convierte en un mensajero señalizador ideal.

¿Cómo puede el H₂O₂ servir como señal? En primer lugar, puede oxidar directamente los grupos tiol (-SH) de las cisteínas en proteínas reguladoras, modificando su conformación y actividad. Este mecanismo subyace en el funcionamiento de muchos factores de transcripción y proteínas quinasas sensibles al estado redox de la célula (Lambers & Oliveira, 2019).

En segundo lugar, el H₂O₂ activa los canales de calcio, provocando una entrada adicional de Ca²⁺ al citosol. Y, a la inversa, el calcio activa las NADPH oxidasas —enzimas que generan anión superóxido, precursor del H₂O₂. Así se forma un bucle de retroalimentación positiva: calcio → activación de NADPH oxidasa → producción de ERO → apertura de canales de calcio → más calcio (Taiz et al., 2023). Este mecanismo permite amplificar rápidamente la señal y extenderla por la célula y, después, por toda la planta.

Además, el H₂O₂ actúa como uno de los reguladores centrales de la expresión de genes de defensa. Activa factores de transcripción que «encienden» la síntesis de enzimas antioxidantes (superóxido dismutasa, catalasa, ascorbato peroxidasa), chaperonas (proteínas de choque térmico) y enzimas de biosíntesis de compuestos protectores (compuestos fenólicos, fitoalexinas) (Schopfer & Brennicke, 2016; Medvedev, 2012).

2.4. El concepto de «ventana oxidativa»: la fisiología como búsqueda del óptimo

Aquí llegamos a una idea clave que distingue la comprensión moderna de la fisiología del estrés de la visión simplista anterior de que «ERO = malo». Esta idea es el concepto de ventana oxidativa (o tampón redox).

Su sentido es que la planta no intenta eliminar todas las ERO hasta cero. Sería imposible y carecería de sentido. En su lugar, la célula mantiene la concentración de ERO dentro de un rango óptimo denominado «ventana»:

  • Por debajo de la ventana: la señal es demasiado débil, los sistemas de defensa no se activan y la planta sigue siendo vulnerable al estrés.
  • Dentro de la ventana: las ERO cumplen una función señalizadora, activando programas adaptativos que aumentan la resistencia.
  • Por encima de la ventana: se produce estrés oxidativo, los daños se vuelven irreversibles y la célula muere.

Este equilibrio se mantiene gracias a un potente sistema antioxidante que funciona como un transportador único (Kuznetsov, 2006; Pessarakli, 2020). Lo componen:

  • Antioxidantes de bajo peso molecular: ascorbato (vitamina C), glutatión, α-tocoferol (vitamina E), carotenoides, flavonoides.
  • Enzimas antioxidantes: superóxido dismutasa (SOD) —convierte el superóxido en H₂O₂; catalasa (CAT) y ascorbato peroxidasa (APX) —descomponen el H₂O₂ en agua; y las enzimas del llamado ciclo ascorbato-glutatión (deshidroascorbato reductasa, glutatión reductasa), que regeneran las formas reducidas de los antioxidantes (Taiz et al., 2023; Schopfer & Brennicke, 2016).

Es importante comprender que este sistema no solo «elimina» las ERO, sino que las mantiene en un nivel señalizador. Cuando el estrés se intensifica, la producción de ERO aumenta y el sistema antioxidante se activa para evitar que se cruce el límite superior de la ventana. Si el estrés disminuye, la actividad de los antioxidantes se reduce y el nivel de ERO vuelve al basal, pero no cae a cero.

2.5. ERO y comunicación sistémica: la onda de señal oxidativa

Y, por último, otro hecho sorprendente: al igual que las ondas de calcio, las ERO pueden propagarse de forma sistémica por la planta. Ante un estrés local (por ejemplo, al iluminar una hoja o dañarla), en el punto de impacto se genera un brote de H₂O₂. Luego, esta onda de señal oxidativa se extiende por la planta a una velocidad de aproximadamente 1–2 cm por minuto, afectando a tejidos lejanos (Taiz et al., 2023).

Este proceso se denomina onda sistémica de ERO (u onda ROS). Se desplaza de célula a célula, probablemente a través de los plasmodesmos y el apoplasto, y su propagación requiere la participación de NADPH oxidasas (proteínas RBOH). Cada célula siguiente a lo largo de la onda activa sus propias NADPH oxidasas, generando ERO y transmitiendo la señal más lejos (Lambers & Oliveira, 2019).

De este modo, las ERO no solo cumplen un papel señalizador intracelular, sino que actúan como mensajeros intercelulares e incluso sistémicos. Interactúan con las ondas de calcio, reforzándose y manteniéndose mutuamente, y forman una red de señalización única que «alerta» rápidamente a todo el organismo sobre un estrés local.

2.6. Resumen: de destructores a constructores de señales

Colegas, resumamos. Las especies reactivas de oxígeno son un ejemplo clásico de la naturaleza dual de las señales fisiológicas. Dependiendo de la concentración y del contexto, las mismas moléculas pueden actuar como un arma mortal o como una herramienta necesaria para la adaptación.

Conclusiones clave:

1. Las ERO son productos inevitables del metabolismo, especialmente bajo estrés.

2. A alta concentración provocan estrés oxidativo: dañan lípidos, proteínas, ADN y conducen a la muerte celular.

3. A baja concentración (señalizadora) activan genes de defensa, favorecen el cierre de estomas y participan en la transmisión sistémica de la señal.

4. La planta mantiene el nivel de ERO en la «ventana óptima» mediante un potente sistema antioxidante que no elimina las ERO por completo, sino que regula su concentración.

5. Las ERO interactúan estrechamente con las señales de calcio, formando bucles de retroalimentación positiva que amplifican y extienden la señal por todo el organismo.

Así pues, la fisiología del estrés es la ciencia del mantenimiento del equilibrio entre la destrucción y la señal, entre el estrés y la adaptación. Y las ERO son uno de los ejemplos más claros de cómo la planta utiliza moléculas potencialmente peligrosas para su propia supervivencia.

En la siguiente parte veremos cómo la célula amplifica y transforma estas señales mediante cascadas de proteínas quinasas para traducir la alarma al lenguaje de los cambios fisiológicos concretos.

3. ¿Cómo se amplifica la señal?

3.1. El problema de la señal débil

Colegas, ya sabemos que cuando una planta se enfrenta a un estrés, se producen cambios rápidos en la célula: un aumento del calcio, un brote de especies reactivas de oxígeno. Pero la pregunta es: ¿es suficiente esto para poner en marcha un programa de adaptación completo? Imaginen que oyen un sonido débil: no solo necesitan oírlo, sino entender qué sonido es, de dónde viene y qué hacer en respuesta. Para ello, la señal debe ser amplificada, reconocida y transformada en instrucciones comprensibles para la célula.

Y aquí llegamos a uno de los sistemas de señalización celular más elegantes: las cascadas de proteínas quinasas, que funcionan como amplificadores biológicos de la señal.

3.2. Las proteínas quinasas: una herramienta universal de regulación

¿Qué son las proteínas quinasas? Son enzimas que transfieren un grupo fosfato desde el ATP a determinados residuos de aminoácidos de las proteínas diana. La fosforilación afecta con mayor frecuencia a serina, treonina y tirosina.

¿Para qué sirve? La fosforilación provoca cambios conformacionales en la proteína. Imaginen que una proteína es una máquina molecular compleja con muchas piezas móviles. La unión de un grupo fosfato es como accionar una palanca o girar la llave de encendido. La proteína cambia su estructura espacial, y esto puede:

  • activar o inactivar su actividad enzimática;
  • modificar su capacidad de unión a otras moléculas (sustratos, cofactores, proteínas reguladoras);
  • afectar a su localización intracelular (por ejemplo, «trasladar» la proteína del citosol al núcleo o viceversa);
  • cambiar su tiempo de vida en la célula.

La propiedad más importante de este mecanismo es su reversibilidad. Existen enzimas que fosforilan proteínas (proteínas quinasas) y enzimas que eliminan el grupo fosfato: las proteínas fosfatasas. La célula utiliza esto como un «interruptor» en funcionamiento constante, regulando finamente la actividad de miles de proteínas en respuesta a condiciones en continuo cambio (Taiz et al., 2023; Lambers & Oliveira, 2019).

3.3. La cascada MAPK: una carrera de relevos en la transmisión de la señal

Entre la multitud de proteínas quinasas, ocupa un lugar especial la familia de las MAPK (proteínas quinasas activadas por mitógenos) , del inglés Mitogen-Activated Protein Kinases. Este nombre es histórico, pero en las plantas las MAPK no solo participan en la regulación de la división celular, sino también en las respuestas a prácticamente todos los tipos de estrés conocidos: sequía, salinidad, temperaturas altas y bajas, ataque de patógenos, daños mecánicos (Taiz et al., 2023).

¿Qué hace tan eficaz a la cascada MAPK? Su estructura escalonada. No es una reacción única, sino una secuencia de eventos que funciona como un relevo:

1. Primer escalón: MAP3K (o MAPKKK) . Es la primera quinasa de la cascada. Se activa en respuesta a la llegada de la señal primaria: el aumento de calcio, el incremento de H₂O₂, la unión de una hormona a su receptor. La MAP3K fosforila y activa a la siguiente quinasa.

2. Segundo escalón: MAP2K (o MKK) . Esta quinasa fosforila específicamente a la MAPK, y además en dos residuos de aminoácidos —treonina y tirosina— separados por un solo aminoácido (el denominado motivo TXY). Esta doble fosforilación es condición necesaria para la activación completa de la MAPK.

3. Tercer escalón: MAPK. Es la quinasa final de la cascada. Fosforila numerosas proteínas diana, entre las que se encuentran factores de transcripción, otras quinasas, enzimas, proteínas del citoesqueleto. La MAPK es el «mecanismo ejecutor» que cambia directamente el estado fisiológico de la célula.

Imaginen que cada quinasa activada puede fosforilar no una, sino varias moléculas de la siguiente quinasa. Esto crea un efecto de amplificación en cascada: una señal a la entrada se convierte en miles de proteínas modificadas a la salida (Taiz et al., 2023; Pessarakli, 2020).

3.4. De la señal al programa: cómo la cascada crea especificidad

Parecería que si una cascada amplifica una señal y otra hace lo mismo, ¿cómo distingue la célula qué señal ha llegado exactamente? ¿Cómo no confundir la señal de sequía con la de un patógeno?

Aquí actúan varios niveles de especificidad.

Primer nivel: el receptor. Los diferentes tipos de estrés activan diferentes MAP3K, ya que están acopladas a distintos receptores y sensores. Por ejemplo, el frío activa unas rutas MAPK, mientras que el estrés osmótico activa otras.

Segundo nivel: modular. Los diferentes tipos celulares y estados fisiológicos expresan distintos conjuntos de MAPK. Una misma señal puede provocar respuestas diferentes en la raíz y en la hoja.

Tercer nivel: espacial. Las MAPK pueden localizarse en distintos compartimentos de la célula: algunas cascadas funcionan en el citosol, otras en el núcleo, otras asociadas a membranas. Esto añade una dimensión adicional de especificidad (Lambers & Oliveira, 2019).

Y, por último, cuarto nivel: temporal. La velocidad y la duración de la activación de la cascada MAPK también transmiten información. Una señal rápida y breve puede desencadenar un programa, mientras que una prolongada y que se desvanece gradualmente puede desencadenar otro completamente distinto. Esto recuerda al código de calcio, pero a nivel de fosforilación (Schopfer & Brennicke, 2016).

3.5. MAPK y ERO: una señal que amplifica otra señal

Es especialmente interesante la interacción de las cascadas MAPK con las especies reactivas de oxígeno. Ya hemos comentado que el H₂O₂ puede actuar como molécula señalizadora. Resulta que las cascadas MAPK pueden activarse tanto por acción del H₂O₂ como, a la inversa, desencadenar su producción.

¿Cómo funciona? Uno de los grupos diana de las MAPK son las NADPH oxidasas (proteínas RBOH) , que generan anión superóxido, precursor del H₂O₂. La fosforilación de estas enzimas por la cascada MAPK aumenta su actividad, lo que provoca una emisión adicional de ERO (Taiz et al., 2023; Lambers & Oliveira, 2019).

Así se crea un mecanismo de retroalimentación positiva: estrés → calcio → activación de MAPK → fosforilación de NADPH oxidasa → aumento de la producción de ERO → las ERO activan nuevas cascadas MAPK → la señal se intensifica.

Este bucle es uno de los mecanismos clave para la amplificación y propagación de la señal de estrés. Permite que un evento local se convierta en una señal potente que pueda transmitirse a larga distancia.

3.6. Por qué es importante hablar de amplificación y no solo de transmisión

Colegas, es importante subrayar aquí la diferencia fundamental. El sistema de señalización de la planta no es simplemente un «cable» o una «línea telefónica» por la que la información se transmite sin cambios. Es un sistema activo, dependiente de energía, de amplificación y transformación.

Cada etapa de la cascada puede:

  • amplificar la señal: una molécula de quinasa activada puede fosforilar muchas moléculas de la siguiente;
  • modular la señal: en cada etapa es posible la regulación, el «ajuste» de la intensidad de la respuesta;
  • integrar señales: a nivel de MAP2K o MAPK pueden converger señales de diferentes sensores primarios, creando una respuesta compleja y multidimensional;
  • crear memoria: algunas fosforilaciones pueden mantenerse durante largos períodos, proporcionando un «recuerdo» del estrés sufrido.

3.7. De la amplificación a la acción: MAPK y factores de transcripción

Y, finalmente, el paso más importante: la activación de factores de transcripción. Las cascadas MAPK fosforilan factores de transcripción específicos, que luego se trasladan al núcleo, se unen a regiones reguladoras del ADN y ponen en marcha la transcripción de cientos de genes de defensa (Medvedev, 2012; Kuznetsov, 2006).

Entre estos genes se incluyen:

  • genes de enzimas antioxidantes (SOD, CAT, APX) —para mantener las ERO en la «ventana»;
  • genes de enzimas de síntesis de osmolitos (prolina, glicina betaína, azúcares) —para la adaptación osmótica;
  • genes de proteínas de choque térmico (HSP) —para proteger contra la desnaturalización de proteínas;
  • genes de enzimas de síntesis de ABA —para desencadenar la señalización hormonal;
  • genes de proteínas PR y fitoalexinas —para la defensa contra patógenos.

De este modo, las cascadas MAPK actúan como un puente entre la percepción primaria de la señal y la reprogramación del programa génico, garantizando una respuesta rápida y adecuada al estrés.

3.8. Resumen: la amplificación como base de la adaptación

Así, colegas, hemos visto que la amplificación de la señal no es un mero detalle técnico, sino la base de la adaptación. Sin la amplificación en cascada, la célula no podría pasar de señales rápidas pero débiles (aumento de Ca²⁺, brote de ERO) a programas lentos pero potentes de cambio en la expresión génica, el crecimiento y el desarrollo.

Conclusiones clave:

1. Las proteínas quinasas son reguladores universales que transmiten la señal mediante fosforilación, modificando la actividad, localización e interacciones de las proteínas diana.

2. La cascada MAPK es un sistema de tres escalones (MAP3K → MAP2K → MAPK) que funciona como un relevo y proporciona una amplificación múltiple de la señal.

3. La especificidad se logra mediante la combinación de receptores, tipos celulares, localización espacial y características temporales de activación.

4. La interacción con las ERO crea bucles de retroalimentación positiva que amplifican y extienden la señal por la célula y el organismo.

5. Las dianas finales de las MAPK son los factores de transcripción, que cambian el programa genético de la célula y ponen en marcha la síntesis de proteínas protectoras.

Ahora que sabemos cómo se amplifican y transforman las señales dentro de la célula, estamos preparados para pasar al siguiente nivel de integración: la regulación hormonal, donde las distintas vías de señalización se combinan en una respuesta coordinada de todo el organismo.

4. ¿Por qué las hormonas distribuyen los roles?

4.1. De las señales intracelulares a la comunicación intercelular

Colegas, ya hemos recorrido un largo camino. Vimos cómo la célula percibe el estrés a través del aumento de calcio, cómo las especies reactivas de oxígeno sirven a la vez como señal y como amenaza, y cómo las cascadas de proteínas quinasas amplifican esta señal muchas veces, preparando el terreno para el cambio del programa genético.

Pero todo esto ocurría dentro de una sola célula. Ahora imaginen la magnitud del problema. Una planta puede tener miles de hojas, kilómetros de raíces, millones de células. El estrés puede surgir en un solo punto —por ejemplo, una raíz se seca o una oruga devora una hoja. Pero la respuesta debe ser sistémica: los estomas de otras hojas se cierran, el crecimiento de las raíces se acelera o se ralentiza, y en los puntos de crecimiento se ponen en marcha programas de reposo. ¿Cómo se coordina esta compleja orquesta?

La respuesta son las hormonas. Son precisamente las hormonas las que se convierten en aquellas moléculas señalizadoras capaces de desplazarse a grandes distancias y unificar las respuestas de los distintos órganos. Y, lo que es más importante, las hormonas distribuyen los roles entre las diferentes partes de la planta, creando una estrategia de supervivencia integrada.

4.2. Las hormonas como directores de orquesta, no como solistas

Aquí llegamos a un principio metodológico fundamental: las hormonas no actúan de forma aislada, sino en complejas redes de interacción. No simplemente «activan» o «desactivan» procesos. Crean el contexto en el que otras señales adquieren un significado determinado.

Un ejemplo clásico es el antagonismo entre citoquininas y ácido abscísico (ABA) (Taiz et al., 2023; Kuznetsov, 2006). En condiciones normales de suministro de agua, predominan en la planta las citoquininas, que mantienen el crecimiento, la división celular y retrasan el envejecimiento de las hojas. En cuanto las raíces detectan que el suelo se seca, la síntesis de citoquininas disminuye y la producción de ABA aumenta bruscamente. El ABA comienza a dominar, y toda la fisiología de la planta se reestructura: se cierran los estomas, se inhibe el crecimiento de los brotes y se activa el crecimiento de las raíces en busca de agua.

Pero no se trata de que las citoquininas sean «hormonas de crecimiento» y el ABA sea «hormona del estrés». Esa es una visión demasiado simplificada. Lo que realmente importa es la proporción entre hormonas. Una misma hormona puede producir efectos diferentes según las otras hormonas con las que interactúe y el contexto fisiológico en el que actúe (Kuznetsov, 2006).

4.3. El ABA como integrador del déficit hídrico

El ácido abscísico es, probablemente, la hormona de estrés más estudiada en las plantas. Su papel en el déficit hídrico ya lo hemos comentado parcialmente, pero ahora veámoslo como un instrumento de integración (Lambers & Oliveira, 2019; Pessarakli, 2020).

Cuando las raíces se encuentran en un suelo seco, sintetizan ABA. Esta hormona asciende con la corriente de transpiración hasta las hojas, donde:

  • Cierra los estomas —ya hemos analizado este mecanismo con la participación del calcio.
  • Cambia el programa genético: el ABA activa factores de transcripción que ponen en marcha la síntesis de cientos de proteínas protectoras, incluidas las proteínas LEA, las dehidrinas y las enzimas de síntesis de osmolitos.
  • Inhibe el crecimiento de los brotes —para ahorrar recursos y centrarse en la supervivencia.
  • Estimula el crecimiento de las raíces —dirige los asimilados hacia la parte subterránea, aumentando la superficie de absorción de agua.

Pero el ABA no actúa solo. Su señal es modulada por otras hormonas. Por ejemplo, las citoquininas pueden atenuar el efecto del ABA sobre los estomas, mientras que el etileno puede potenciarlo o atenuarlo según la concentración y el estado fisiológico. Así se logra un ajuste fino de la respuesta: con un déficit hídrico leve, la planta puede mantener cierto crecimiento; con uno severo, se vuelca por completo en la supervivencia.

4.4. Etileno, ácido jasmónico y ácido salicílico —defensa contra daños y patógenos

Otro grupo de hormonas está relacionado con la respuesta a daños mecánicos y al ataque de patógenos. Aquí los papeles clave los desempeñan el etileno, el ácido jasmónico (AJ) y el ácido salicílico (AS) (Medvedev, 2012; Schopfer & Brennicke, 2016).

El esquema de interacción de estas hormonas recuerda a una encrucijada donde cada señal elige su camino:

  • El ácido salicílico se asocia principalmente con la respuesta a patógenos biótrofos (los que se alimentan de células vivas, como virus, algunos hongos y bacterias). Participa en la formación de la resistencia sistémica adquirida (SAR) y desencadena la síntesis de proteínas PR (relacionadas con patogénesis), incluidas quitinasas y β-1,3-glucanasas, que destruyen las paredes celulares de los patógenos (Medvedev, 2012).
  • El ácido jasmónico y el etileno responden principalmente a patógenos necrótrofos (los que matan células y se alimentan de tejido muerto) y a insectos fitófagos. Activan la síntesis de inhibidores de proteasas, lectinas y fitoalexinas —compuestos de bajo peso molecular con actividad antimicrobiana (Medvedev, 2012).

Pero quizás lo más interesante sea la regulación cruzada entre estas vías. Se ha establecido que el AS y el AJ suelen actuar de manera antagónica: la activación de la vía dependiente de AS puede suprimir la dependiente de AJ, y viceversa (Medvedev, 2012). Esto permite a la planta elegir la estrategia de defensa más adecuada según la naturaleza del enemigo.

Imaginen: la planta es atacada por un hongo necrótrofo. «Comprende» que debe activar la vía del AJ para matar al patógeno junto con las células dañadas. Si activara simultáneamente la vía del AS con sus proteínas PR, la eficacia de la defensa podría disminuir porque los recursos se dispersarían. Por ello, la planta posee mecanismos que le permiten tomar una decisión y concentrarse en lo esencial. Esto es la «distribución de roles» a nivel de la regulación hormonal.

4.5. El equilibrio hormonal como lenguaje de integración

Así pues, la idea clave de esta sección es que las hormonas no mandan, coordinan. Crean señales integrales que reflejan el estado fisiológico general de la planta. Lo importante no es la cantidad de una hormona concreta, sino el equilibrio entre hormonas, que determina el carácter de la respuesta.

Este enfoque se denomina equilibrio hormonal. Plantea que el estado fisiológico de la planta no se describe como resultado de la acción de una sola hormona, sino como resultado de interacciones competitivas y sinérgicas entre ellas (Kuznetsov, 2006).

¿Cómo funciona esto en la práctica?

  • La relación ABA/citoquininas determina la estrategia de uso del agua: ABA alto y citoquininas bajas —modo de ahorro de agua; ABA bajo y citoquininas altas —crecimiento.
  • La relación AJ/AS determina la estrategia de defensa contra patógenos: predominio de AJ —defensa contra necrótrofos e insectos; predominio de AS —defensa contra biótrofos.
  • La interacción entre ABA, etileno y jasmonatos determina la respuesta a estreses complejos, como la combinación de sequía y salinidad.

4.6. Hormonas y señalización sistémica: vías rápidas y lentas

Es importante hacer aquí otra distinción. La regulación hormonal funciona en dos escalas temporales.

La vía rápida se da cuando la hormona ya está sintetizada y se transporta por la planta con la corriente de agua o a través del floema. Por ejemplo, ante un secado brusco del suelo, el ABA llega de las raíces a las hojas en cuestión de minutos. Esta vía proporciona una respuesta inmediata.

La vía lenta ocurre cuando el estrés induce la síntesis de la hormona de novo en los órganos que lo sufren directamente. Luego, esa hormona puede transportarse sistémicamente o inducir la síntesis de otras hormonas en partes distantes de la planta. Esta vía proporciona una adaptación a estreses prolongados (Taiz et al., 2023).

Es interesante que las hormonas puedan interactuar con las señales de calcio y ERO, creando una red integrada única. Por ejemplo, el ABA, como ya hemos visto, provoca un aumento de calcio en las células oclusivas y desencadena la producción de ERO. A su vez, las ERO pueden influir en la síntesis de ABA y otras hormonas. Así surgen bucles reguladores en los que las señales rápidas (Ca²⁺, ERO) y las lentas (hormonas) se refuerzan y modulan mutuamente (Lambers & Oliveira, 2019).

4.7. Ejemplo: interacción entre ABA y etileno en condiciones de salinidad

Para hacer esta discusión abstracta más concreta, consideremos un ejemplo complejo: la respuesta de la planta a la salinidad. Este estrés combina un componente osmótico (como en la sequía) y un componente iónico (toxicidad por Na⁺ y Cl⁻).

Bajo salinidad, aumenta el nivel de ABA en la planta, lo que provoca el cierre de estomas. Pero esta es solo la primera línea de defensa. Paralelamente, se activa la síntesis de etileno, que puede:

  • estimular la formación de aerénquima —cavidades aeríferas que facilitan la respiración de las raíces;
  • activar la síntesis de proteínas implicadas en la compartimentación de iones en la vacuola;
  • modular la expresión de genes responsables de la síntesis de osmolitos.

La relación ABA/etileno determina si la planta se dedicará principalmente a «ahorrar agua» o a «adaptarse al estrés iónico» al mismo tiempo. En unas especies domina la respuesta mediada por ABA, en otras la dependiente de etileno. Esto es la «distribución de roles» a nivel de estrategias taxonómicas y ecológicas (Kuznetsov, 2006).

4.8. Resumen: las hormonas como integradoras de señales

Colegas, resumamos. Las hormonas en el sistema de señalización del estrés cumplen varias funciones críticas:

1. Comunicación a larga distancia: las hormonas pueden desplazarse por la planta, conectando las respuestas de raíces, hojas, tallos y puntos de crecimiento.

2. Integración de señales: combinan información de diferentes sensores (calcio, ERO, potencial de membrana) en programas reguladores unitarios.

3. Distribución de roles: las distintas hormonas y sus proporciones determinan qué respuesta concreta se activará en unas condiciones determinadas.

4. Coordinación temporal: enlazan los componentes rápidos (segundos-minutos) y lentos (horas-días) de la respuesta al estrés.

5. Regulación cruzada: el antagonismo y la sinergia entre hormonas crean un sistema flexible de toma de decisiones.

Así, las hormonas son los directores de la orquesta de procesos fisiológicos. No interpretan la música ellas mismas, pero determinan qué instrumentos y en qué momento deben sonar. Y es a través del sistema hormonal como las señales locales se transforman en una respuesta coordinada de todo el organismo.

5. ¿Por qué una sola lesión la siente toda la planta?

5.1. De un evento local a una respuesta sistémica

Colegas, hemos recorrido un largo camino. Empezamos con cómo una célula individual percibe una señal a través del aumento de calcio, luego vimos cómo las especies reactivas de oxígeno sirven a la vez como peligro y como señal, analizamos cómo las cascadas de proteínas quinasas amplifican esa señal y, finalmente, comprendimos cómo las hormonas integran estas señales a nivel de todo el organismo.

Pero queda la pregunta principal que planteamos al principio de la conferencia: ¿cómo se convierte una lesión local en una respuesta de toda la planta? ¿Por qué, por ejemplo, cuando las raíces se encuentran en un suelo seco, los estomas de las hojas se cierran? ¿Por qué, cuando una hoja es atacada por un patógeno, las demás hojas se vuelven más resistentes?

La respuesta a esta pregunta se halla en el campo de la fisiología sistémica: la ciencia que estudia cómo las distintas partes de la planta interactúan entre sí para formar un organismo único e integrado. Y hoy veremos que todos los mecanismos considerados anteriormente —calcio, ERO, cascadas MAPK, hormonas— trabajan en una única red que garantiza la respuesta sistémica.

5.2. Tres pilares de la señalización sistémica

Las investigaciones modernas muestran que la respuesta sistémica de la planta al estrés se basa en tres mecanismos interconectados (Taiz et al., 2023; Lambers & Oliveira, 2019):

1. Onda sistémica de especies reactivas de oxígeno (onda ERO) : una señal rápida que se propaga a través del apoplasto y los plasmodesmos.

2. Onda sistémica de calcio: una señal estrechamente vinculada a la onda ERO y que se propaga de manera similar.

3. Señales hormonales sistémicas: señales más lentas pero más duraderas transmitidas a través del floema y el xilema.

Los tres mecanismos funcionan de manera coordinada, creando un sistema único de alerta rápida y reestructuración fisiológica a largo plazo.

5.3. La onda ERO: una señal de alarma rápida

Como ya hemos comentado, ante un estrés local (por ejemplo, al iluminar una hoja con luz demasiado intensa o al dañarla mecánicamente), se genera un brote de especies reactivas de oxígeno en el punto de impacto (Lambers & Oliveira, 2019; Taiz et al., 2023).

Pero lo más sorprendente es que esta señal no permanece localizada. Se propaga de célula en célula a una velocidad de aproximadamente 1–4 cm por minuto. ¿Cómo ocurre?

Las NADPH oxidasas (proteínas RBOH) desempeñan un papel clave. Cuando la célula en el punto de daño genera ERO, esto provoca la activación de las proteínas RBOH en las células vecinas. Estas, a su vez, comienzan a producir sus propias ERO. Así se genera una onda autosostenida que puede propagarse a distancias considerables: de una hoja a otra, de la raíz al brote (Taiz et al., 2023).

Experimentalmente se ha demostrado mediante colorantes fluorescentes sensibles a ERO. Cuando una hoja de Arabidopsis se sometía a un estrés local, a los pocos minutos la onda de señal oxidativa alcanzaba las hojas distales. En mutantes con genes RBOH alterados, dicha onda no se producía y la respuesta sistémica no se desarrollaba (Taiz et al., 2023).

Es importante entender que la onda ERO no es solo «información de que algo ha sucedido». Es una señal que, por sí misma, activa programas de defensa en los tejidos distales, preparándolos para un posible estrés.

5.4. La onda de calcio: compañera de la señal ERO

La onda ERO no existe de forma aislada. Está estrechamente vinculada a la onda de calcio: la propagación de una concentración elevada de Ca²⁺ de célula en célula.

El mecanismo de esta conexión ya lo hemos comentado: las ERO activan los canales de calcio, provocando la entrada de Ca²⁺ al citosol. Y el calcio, a su vez, activa las proteínas RBOH, potenciando la producción de ERO. Así se forma un bucle de retroalimentación positiva que mantiene y amplifica la propagación de ambas señales (Taiz et al., 2023; Lambers & Oliveira, 2019).

Curiosamente, la onda de calcio puede preceder a la onda ERO o seguirla, según el tipo de estrés y el estado fisiológico de la planta. Pero en cualquier caso, estas dos señales funcionan como un módulo único de señalización sistémica.

5.5. Señales hidráulicas y eléctricas: más rápidas que las hormonas

Además de las ERO y el calcio, existen otros mecanismos de transmisión rápida de información sistémica. En particular, las señales hidráulicas: cambios de presión en los vasos del xilema que pueden propagarse a la velocidad del flujo de agua (Schopfer & Brennicke, 2016; Kuznetsov, 2006).

Ante un cambio brusco del potencial hídrico, por ejemplo, durante el secado del suelo, se genera un impulso hidráulico en el xilema. Esta señal puede llegar a las hojas en segundos, provocando un cierre rápido de los estomas, incluso antes de que el ABA procedente de las raíces haya tenido tiempo de llegar a las hojas.

Además, las plantas poseen señales eléctricas: cambios del potencial de membrana que se propagan por los tejidos, similares a los impulsos nerviosos de los animales, aunque mucho más lentos (Schopfer & Brennicke, 2016). Estas señales se han estudiado especialmente bien en la mimosa (Mimosa pudica) y en la atrapamoscas de Venus (Dionaea muscipula), pero también se han encontrado en muchas otras plantas.

Las señales eléctricas pueden activar los canales de calcio, provocando un aumento de Ca²⁺ y, de este modo, desencadenar toda la cascada de respuestas sistémicas. Así, vemos un complejo sistema multimodal de señalización rápida en el que las señales hidráulicas, eléctricas y químicas (ERO, Ca²⁺) trabajan en estrecha interconexión.

5.6. La resistencia sistémica adquirida (SAR) como modelo de fisiología sistémica

Veamos ahora cómo funcionan todos estos mecanismos en uno de los ejemplos más estudiados de respuesta sistémica: la resistencia sistémica adquirida (SAR, Systemic Acquired Resistance) (Medvedev, 2012; Taiz et al., 2023).

Cuando una planta se enfrenta a un patógeno, en el lugar de la infección se desarrolla una reacción de hipersensibilidad: muerte local de las células junto con el patógeno. Pero la defensa no termina ahí. Al cabo de unos días, toda la planta se vuelve más resistente a un amplio espectro de patógenos. ¿Cómo ocurre?

Primera etapa: reacción local. En el lugar de la infección:

  • Se activa la NADPH oxidasa, generando superóxido y H₂O₂.
  • Se produce una explosión oxidativa que mata al patógeno y desencadena la muerte programada de las células infectadas.
  • Se activa la síntesis de ácido salicílico (AS).
  • Se pone en marcha la expresión de genes de defensa, incluidas las proteínas PR y las enzimas de síntesis de fitoalexinas.

Segunda etapa: generación de la señal sistémica. El ácido salicílico sintetizado en el lugar de la infección se convierte parcialmente en salicilato de metilo, un compuesto volátil que puede propagarse por el aire. Además, el AS y su éster metílico se transportan por el floema hacia las partes distales de la planta (Medvedev, 2012).

Tercera etapa: preparación sistémica. En los tejidos distales:

  • Se acumula ácido salicílico.
  • Se activa la expresión de los genes PR, pero no de inmediato a plena capacidad, sino hasta un nivel «preestablecido».
  • La planta se vuelve «sensibilizada», preparada para una respuesta más rápida y potente ante un nuevo ataque.

Este estado puede mantenerse durante varias semanas. Ante una nueva infección, incluso una señal débil desencadena una respuesta defensiva potente, mucho más rápida y eficaz que la infección primaria.

5.7. La SAR como ejemplo de integración de todos los niveles de señalización

¿Qué hace de la SAR un modelo tan demostrativo? Que en ella participan todos los mecanismos que hemos comentado a lo largo de la conferencia:

1. Calcio: participa en la señalización temprana durante el reconocimiento del patógeno.

2. ERO: actúan como moléculas señalizadoras que desencadenan la reacción de hipersensibilidad y activan las señales sistémicas.

3. Cascadas MAPK: amplifican y transmiten la señal, activando factores de transcripción.

4. Hormonas (AS, AJ, etileno): actúan como integradoras y señales de larga distancia, distribuyendo los roles entre las distintas partes de la planta.

5. Ondas sistémicas (ERO, Ca²⁺): garantizan la alerta rápida de los tejidos distales.

Así, la SAR es la quintaesencia de la fisiología sistémica: un evento local (infección) se convierte, a través de una cascada de eventos señalizadores, en una reestructuración global de todo el organismo.

5.8. Mecanismos de «memoria» del estrés

Una de las características más intrigantes de la respuesta sistémica es la capacidad de la planta para «recordar» el estrés sufrido. Ya hemos mencionado que la SAR puede mantenerse durante varias semanas. Pero existen otras formas de memoria del estrés.

Por ejemplo, las plantas que ya han sufrido sequía responden más rápida y eficazmente ante una nueva exposición. Este fenómeno se denomina imprimación o *priming* (del inglés) (Taiz et al., 2023; Pessarakli, 2020).

Los mecanismos de imprimación pueden incluir:

  • Cambios epigenéticos: modificaciones de histonas y metilación del ADN que alteran la accesibilidad de los genes para la transcripción. Estos cambios pueden persistir durante mucho tiempo e incluso transmitirse a la siguiente generación (Taiz et al., 2023; Lambers & Oliveira, 2019).
  • Acumulación de proteínas y metabolitos protectores: por ejemplo, osmolitos o proteínas de choque térmico que permanecen en las células después del estrés.
  • Cambios en las redes de señalización: por ejemplo, un aumento del nivel de ciertos factores de transcripción que hace que la célula sea más sensible a una señal repetida.

Así, la planta no solo responde al estrés, sino que aprende de su experiencia. Y esa experiencia, registrada en diferentes niveles —desde las señales rápidas hasta la memoria epigenética—, pasa a formar parte de su estrategia de supervivencia.

5.9. La fisiología sistémica como base para entender la integridad de la planta

Colegas, volvamos ahora a la pregunta principal con la que empezamos: ¿cómo se convierte una lesión local en una respuesta de toda la planta?

Ahora podemos responderla de la siguiente manera:

1. Percepción local: las células del lugar del daño reconocen el estrés a través de sensores de membrana e intracelulares.

2. Señalización intracelular: se desencadena la señal de calcio, el brote de ERO y la activación de las cascadas MAPK.

3. Reacción local: en el lugar del daño se ponen en marcha programas de defensa: producción de antioxidantes, síntesis de hormonas, cambios en la expresión génica.

4. Generación de la señal sistémica: en el lugar del daño se crean señales capaces de propagarse: onda ERO, onda de calcio, señales hormonales (ABA, AS, AJ, etileno), señales hidráulicas y eléctricas.

5. Propagación de la señal sistémica: las señales se extienden por toda la planta: las ERO y el calcio, a través del apoplasto y los plasmodesmos; las hormonas, por el floema y el xilema; las señales hidráulicas y eléctricas, a través de los tejidos.

6. Preparación sistémica: los tejidos distales reciben la señal y ponen en marcha programas de «alerta», a menudo a un nivel subóptimo (imprimación).

7. Respuesta sistémica: ante un nuevo estrés, los tejidos preparados responden con mayor rapidez y eficacia, garantizando la supervivencia de todo el organismo.

5.10. Resumen final: el organismo unitario como resultado de la integración de señales

Colegas, permítanme resumir toda nuestra conferencia. Comenzamos con cómo una célula individual puede percibir el estrés a través de señales universales: el calcio y las ERO. Luego vimos cómo estas señales se amplifican mediante las cascadas MAPK y se transforman en cambios del programa genético. Después comprendimos cómo las hormonas integran estas señales a nivel de todo el organismo, distribuyendo los roles entre los distintos tejidos. Y, finalmente, hemos visto que todos estos mecanismos funcionan en una única red, proporcionando una respuesta sistémica que convierte a la planta en un organismo unitario y coordinado.

¿Qué es, pues, una planta a la luz de todo esto? No es solo un conjunto de células, tejidos y órganos. Es una red de comunicación compleja en la que cada célula intercambia constantemente información con las demás, donde los eventos locales se convierten en reestructuraciones globales, donde la experiencia pasada determina las respuestas futuras.

Y es precisamente esta sistemicidad la clave para entender la fisiología del estrés. Sin ella, solo veríamos moléculas aisladas, reacciones aisladas, genes aislados. Pero la planta es más que la suma de sus partes. Y la fisiología sistémica nos proporciona las herramientas para comprender esa totalidad.

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