Plastidios

Actualizado: 30 Mayo 2026EnglishРусский

Plastidios de la célula vegetal son orgánulos semiautónomos de doble membrana, de origen eucariótico, característicos de plantas fotosintéticas, algas y algunos protistas que entraron en simbiosis con algas. Poseen su propia molécula de ADN circular (plastoma), ribosomas 70S y son capaces de dividirse, pero la mayoría de las proteínas plastidiales están codificadas en el núcleo e importadas desde el citosol (Jarvis & López‑Juez, 2013; Evert, 2006). Los plastidios muestran una gran diversidad estructural y funcional: pueden ser verdes (cloroplastos), amarillos, anaranjados o rojos (cromoplastos), e incoloros (leucoplastos) (Choi et al., 2021; Sierra et al., 2023).

Según la teoría endosimbiótica ampliamente aceptada, los plastidios se originaron a partir de una cianobacteria antigua que fue fagocitada por un ancestro eucariótico heterótrofo hace unos 1 000–1 500 millones de años (Jarvis & López‑Juez, 2013; Renna et al., 2026). Durante la coevolución, el endosimbionte perdió su pared celular, transfirió la mayoría de sus genes al núcleo del huésped y se convirtió en un orgánulo rodeado por dos membranas (la membrana externa derivada de la vacuola fagosomal del huésped, la interna de la membrana plasmática de la cianobacteria). Las pruebas clave de esta teoría incluyen la similitud de las secuencias del ARNr 16S de los ribosomas plastidiales con las de las cianobacterias modernas, la presencia de una capa de peptidoglicano en los plastidios de algas glaucofitas y la homología de las proteínas de división de plastidios (FtsZ) con las proteínas bacterianas de división (López‑Juez, 2007; Evert, 2006; Renna et al., 2026).

También existe la hipótesis del «ménage à trois» (triple alianza), según la cual, en las etapas tempranas de la evolución de los plastidios, no solo participó una cianobacteria sino también bacterias del grupo Chlamydiae. Estas bacterias podrían haber aportado genes que facilitan la integración metabólica del endosimbionte con el huésped (por ejemplo, genes de transportadores y de importación de proteínas). Aunque esta hipótesis sigue siendo discutida, explica la presencia en los proteomas plastidiales de proteínas de origen clamidial (Renna et al., 2026).

En las plantas superiores, todos los plastidios provienen de proplastidios indiferenciados que se forman en tejidos meristemáticos (embrión, puntos de crecimiento de raíz y tallo). Los proplastidios son orgánulos pequeños e incoloros (0,5–1,0 μm) que, durante la diferenciación celular bajo la influencia de la luz, hormonas y señales tisulares, se transforman en cloroplastos, cromoplastos, leucoplastos o etioplastos (Jarvis & López‑Juez, 2013; Choi et al., 2021). En la mayoría de las angiospermas, los plastidios se heredan por vía materna (a través del citoplasma del óvulo), lo que es importante para la selección citoplasmática y la conservación de caracteres de valor agronómico (Evert, 2006).

Por lo tanto, los plastidios no son meras «fábricas de fotosíntesis», sino un sistema dinámico de orgánulos interconvertibles unidos por un origen endosimbiótico común. Comprender su naturaleza evolutiva es esencial para entender la sensibilidad a herbicidas, las técnicas biotecnológicas de transformación del plastoma y los mecanismos de tolerancia al estrés en las plantas (Sierra et al., 2023; Altamura et al., 2024).

1. Funciones de los plastidios

Los plastidios realizan una amplia gama de funciones que van mucho más allá de la fotosíntesis. Sus funciones están determinadas por su capacidad de especializarse (diferentes tipos de plastidios) y de interconvertirse, lo que permite a la planta redistribuir de manera flexible las tareas metabólicas según el tipo de tejido, la etapa de desarrollo y las condiciones ambientales (Sierra et al., 2023; Choi et al., 2021). A continuación se enumeran las funciones principales basándose en las fuentes proporcionadas.

1.1. Fotosíntesis

La función principal de los cloroplastos es la conversión dependiente de la luz de dióxido de carbono y agua en compuestos orgánicos con liberación de oxígeno. La fotosíntesis incluye la fase lumínica (en las membranas de los tilacoides) y la fase oscura (ciclo de Calvin en el estroma). Los cloroplastos contienen pigmentos: clorofilas a y b, así como carotenoides (luteína, β‑caroteno, xantofilas), que participan en la absorción de luz y la fotoprotección (Jarvis & López‑Juez, 2013; Evert, 2006). La fotosíntesis proporciona la materia orgánica que constituye la base del rendimiento de los cultivos.

1.2. Almacenamiento de sustancias de reserva

Los leucoplastos (amiloplastos, elaioplastos, proteinoplastos) sirven como depósitos de almidón, lípidos y proteínas de reserva. Los amiloplastos acumulan almidón en tubérculos de papa, raíces reservantes y endospermo de cereales; también actúan como estatolitos en la cofia de la raíz, asegurando el gravitropismo. Los elaioplastos sintetizan y almacenan aceites (semillas de colza, girasol, aguacate). Los proteinoplastos contienen proteínas de reserva (gránulos de aleurona en semillas de cereales y legumbres) (Choi et al., 2021; Sierra et al., 2023; Evert, 2006).

1.3. Síntesis de metabolitos clave

Los plastidios son centros de muchas rutas biosintéticas:

  • Síntesis de ácidos grasos (en el estroma plastidial) con su posterior exportación al retículo endoplasmático para la formación de lípidos de membrana.

  • Ruta del shikimato para la síntesis de aminoácidos aromáticos (fenilalanina, tirosina, triptófano) – diana del herbicida glifosato.

  • Ruta de los isoprenoides (ruta MEP): síntesis de carotenoides, fitol (componente de la clorofila), tocoferoles (vitamina E), filoquinonas (vitamina K1) y giberelinas.

  • Asimilación de nitrógeno y azufre: reducción de nitratos y sulfatos a aminoácidos (glutamato, aspartato, cisteína) (Jarvis & López‑Juez, 2013; Evert, 2006; Rodriguez‑Concepcion & Lu, 2026).

1.4. Formación del color de flores y frutos (atracción)

Los cromoplastos acumulan carotenoides (licopeno, β‑caroteno, xantofilas), dando a los frutos y pétalos tonalidades amarillas, anaranjadas y rojas. Esto tiene un triple significado: atracción de polinizadores y dispersores de semillas, marcador visual de madurez para la cosecha y aumento del valor nutricional (β‑caroteno es provitamina A). Los cromoplastos a menudo se forman a partir de cloroplastos durante la maduración de los frutos (tomate, pimiento, calabaza) (Rodriguez‑Concepcion & Lu, 2026; Choi et al., 2021; Sadali et al., 2019).

1.5. Síntesis de fitohormonas y función de señalización

En los plastidios se sintetizan precursores del ácido abscísico (ABA) – xanthoxina – así como citoquininas y algunas formas de ácido jasmónico. Además, los plastidios participan en la señalización retrógrada: bajo estrés (sequía, salinidad, fotodaño) generan moléculas señal (especies reactivas de oxígeno, 3′-fosfoadenosina-5′-fosfato (PAP), β‑ciclocitral, metileritritol ciclodifosfato (MEcPP)), que modifican la expresión de genes nucleares adaptando la célula a las nuevas condiciones (Jarvis & López‑Juez, 2013; Altamura et al., 2024; Sierra et al., 2023).

1.6. Participación en el estrés y la defensa

Bajo la acción de metales pesados (Cd, Pb, As), salinidad o sequía, se producen cambios ultraestructurales característicos en los plastidios: hinchamiento de los tilacoides, aumento del número y tamaño de los plastoglóbulos, acumulación o degradación del almidón. Los plastidios generan señales que activan la expresión de genes antioxidantes y de genes de choque térmico. Los plastidios sensoriales de la epidermis y el floema (SEP) se especializan en percibir patógenos y estreses abióticos, desplazándose hacia el núcleo y formando estrémulas (Altamura et al., 2024; Sierra et al., 2023).

1.7. Funciones ecológicas y adaptativas

Los cromoplastos brillantes en los pétalos atraen a los polinizadores, y en los frutos a los dispersores de semillas. En algunas plantas (por ejemplo, especies de Begonia en condiciones de sombra intensa), los cloroplastos se convierten en iridoplastos – plastidios especializados con laminillas tilacoidales ordenadas que aumentan la eficiencia de captación de luz (Sierra et al., 2023). En las xerófitas y suculentas, los plastidios participan en el almacenamiento de agua y la protección contra los rayos UV.

1.8. Interacción con otros orgánulos

Los plastidios están estrechamente relacionados con el retículo endoplasmático (intercambio de lípidos), las mitocondrias (fotorrespiración, lanzadera malato‑aspartato), los peroxisomas (ruta del glicolato) y la vacuola (autofagia de plastidios senescentes). Estas interacciones ocurren a través de sitios de contacto de membrana (MCS) y estrémulas (Renna et al., 2026; Altamura et al., 2024).

1.9. Importancia para la práctica agrícola

Para el agrónomo, las funciones de los plastidios son importantes en los siguientes aspectos:

  • Rendimiento (fotosíntesis, acumulación de almidón y aceites).

  • Calidad del producto (color de los frutos, contenido de carotenoides y proteínas).

  • Resistencia a herbicidas (dianas en plastidios – EPSPS, proteína D1, protoporfirinógeno oxidasa).

  • Biotecnología (transformación del plastoma para obtener proteínas recombinantes y carotenoides).

  • Tolerancia al estrés (señalización retrógrada y activación de genes de defensa) (Jarvis & López‑Juez, 2013; Altamura et al., 2024; Rodriguez‑Concepcion & Lu, 2026).

2. Tipos de plastidios

Diagrama de los tipos de plastidios

Tipos de plastidios: Diversidad y funciones principales

Representación esquemática de los principales tipos de plastidios.

En las plantas superiores se distinguen varios tipos principales de plastidios, que difieren en su composición pigmentaria, ultraestructura, forma, tamaño y funciones. Todos ellos están genéticamente emparentados y proceden de pequeños proplastidios indiferenciados que se forman en los tejidos meristemáticos (embrión, puntos de crecimiento de la raíz y del tallo). Bajo la influencia de la luz, señales tisulares específicas, fitohormonas y la etapa de ontogenia, los proplastidios se transforman en cloroplastos, cromoplastos, leucoplastos o etioplastos. Todos los plastidios son capaces de interconvertirse, aunque el grado de reversibilidad de estos procesos es variable: por ejemplo, la transición de cloroplasto a cromoplasto durante la maduración del fruto es irreversible en la mayoría de los cultivos (Jarvis & López‑Juez, 2013; Choi et al., 2021; Evert, 2006).

A continuación se examinan detalladamente cada uno de los tipos principales de plastidios, con énfasis en su ultraestructura, composición química, localización celular y función fisiológica. Al final del apartado se presenta una tabla resumen para sistematizar el conocimiento.

2.1. Cloroplastos

Los cloroplastos son el tipo de plastidio más estudiado, el que realiza la fotosíntesis. Contienen pigmentos verdes – clorofilas a y b – así como carotenoides (luteína, β‑caroteno, violaxantina, neoxantina). Los cloroplastos se encuentran en todas las partes verdes de las plantas; son especialmente numerosos en el mesófilo de la hoja y en los tallos jóvenes (Evert, 2006; Wise, 2007, citado en Choi et al., 2021).

Forma, tamaño y posición en la célula. En las plantas superiores, los cloroplastos tienen forma de lente biconvexa o elipsoidal, más raramente acopada o cintiforme (en algunas algas). Dimensiones características: longitud 5–10 μm, anchura 2–4 μm, espesor 1–2 μm. Una célula típica del mesófilo foliar contiene de 50 a 150 cloroplastos (Evert, 2006). Se disponen en posición parietal, a lo largo de la pared celular, lo que optimiza la captación de luz y facilita el intercambio gaseoso. Cuando cambia la iluminación, los cloroplastos son capaces de moverse (fototaxia): con poca luz se acumulan en las paredes paralelas a la superficie de la hoja; con luz intensa se orientan a lo largo de las paredes perpendiculares a la incidencia de la luz para evitar el fotodaño (Jarvis & López‑Juez, 2013; Evert, 2006).

Composición química. En base a masa seca, los cloroplastos contienen: proteínas (50–55%, principalmente enzimas del ciclo de Calvin y proteínas de membrana de los fotosistemas); lípidos (25–30%), predominantemente galactolípidos y fosfolípidos de las membranas tilacoidales; pigmentos (8–12%): clorofila a, clorofila b, carotenoides; ácidos nucleicos (3–5%): plastoma (ADN circular) y ARN; compuestos de bajo peso molecular (ascorbato, glutatión, almidón, iones Mg2+, Fe2+). Los carotenoides cumplen una función fotoprotectora, apagan las especies reactivas de oxígeno y participan en la disipación no fotoquímica del exceso de energía (Evert, 2006; Jarvis & López‑Juez, 2013).

Funciones. La función principal de los cloroplastos es la fotosíntesis, que comprende la fase lumínica (en las membranas tilacoidales) y la fase oscura (ciclo de Calvin en el estroma). Además, en los cloroplastos tienen lugar: la síntesis de ácidos grasos, aminoácidos, isoprenoides (carotenoides, tocoferoles, filoquinonas), así como el depósito temporal de almidón. Los cloroplastos participan en la señalización retrógrada, transmitiendo al núcleo información sobre el estado redox de la cadena de transporte de electrones (Jarvis & López‑Juez, 2013; Altamura et al., 2024; Rodriguez‑Concepcion & Lu, 2026).

Elementos constituyentes (subestructura). El cloroplasto está rodeado por dos membranas (externa e interna), entre las cuales se encuentra el espacio intermembrana. El contenido interno es el estroma (matriz proteico‑lipídica que contiene enzimas del ciclo de Calvin, ADN circular, ribosomas 70S, gránulos de almidón y plastoglóbulos). En el estroma se encuentra inmerso el sistema de tilacoides – sacos membranosos aplanados. Los tilacoides forman pilas – grana (de 10 a 100 tilacoides por grana). Las granas están conectadas entre sí por tilacoides del estroma (lamelas). Las membranas tilacoidales contienen los complejos pigmento‑proteína de los fotosistemas I y II, la ATP sintasa y el complejo citocromo b6f (Evert, 2006; Jarvis & López‑Juez, 2013).

Es importante subrayar que la membrana tilacoidal es impermeable a los protones, lo que es necesario para generar el gradiente electroquímico en la fase lumínica. El estroma contiene ribosomas 70S (de tipo procariota), ADN circular (varias copias por cloroplasto), gránulos de almidón (almidón transitorio depositado durante el día), plastoglóbulos (gotitas lipídicas que contienen tocoferoles y quinonas) y enzimas del ciclo de Calvin (incluyendo la Rubisco – hasta el 50% de la proteína soluble de la hoja). Los cloroplastos se dividen por fisión binaria (independientemente de la división celular), y sus proteínas se sintetizan parcialmente in situ (en los ribosomas plastidiales) y parcialmente se importan desde el citosol a través de los complejos especializados TIC/TOC (Jarvis & López‑Juez, 2013; Evert, 2006).

Características del desarrollo. Los proplastidios en los meristemos, bajo la influencia de la luz, se diferencian en cloroplastos. En ausencia de luz, los proplastidios se convierten en etioplastos, que contienen un cuerpo prolamelar. Al ser iluminados, los etioplastos se transforman rápidamente (en cuestión de horas) en cloroplastos. En muchas plantas, los cloroplastos también pueden formarse a partir de leucoplastos (por ejemplo, el reverdecimiento de los tubérculos de papa expuestos a la luz) o a partir de cromoplastos (raro reverdecimiento en cítricos) (Choi et al., 2021; Evert, 2006; Rodríguez‑Concepción & Stange, 2013, citado en Choi et al., 2021).

Importancia para la ciencia agronómica. Los cloroplastos son la principal fuente de materia orgánica en los cultivos agrícolas. La selección para aumentar el número de cloroplastos en las hojas, mejorar la eficiencia fotosintética y la resistencia a la fotoinhibición son direcciones importantes para aumentar el rendimiento. Comprender los mecanismos de importación de proteínas a los cloroplastos y su señalización retrógrada se utiliza para crear variedades resistentes a herbicidas y tolerantes al estrés (Altamura et al., 2024; Jarvis & López‑Juez, 2013).

2.2. Cromoplastos

Forma, tamaño y posición en la célula. Los cromoplastos son plastidios especializados en la síntesis y acumulación de pigmentos carotenoides, que confieren a los tejidos colores amarillo, naranja o rojo. Presentan una gran diversidad morfológica: la forma puede ser esférica, elipsoidal, acicular, falciforme, fusiforme o incluso cristaloide. Los tamaños varían de 3 a 7 μm. En la célula, los cromoplastos suelen distribuirse de forma difusa, sin la estricta posición parietal característica de los cloroplastos. La forma y el tamaño dependen de la especie vegetal, el tipo de tejido y el estado de desarrollo: en los frutos maduros de tomate los cromoplastos son redondeados, en la zanahoria (raíz) son alargados, en los pétalos del ranúnculo son angulosos (Sitte et al., 1980, citado en Evert, 2006; Sadali et al., 2019; Sierra et al., 2023).

Composición química. Los cromoplastos carecen prácticamente de clorofilas (su contenido no supera el 0,1–0,5% del nivel de los cloroplastos), por lo que son incapaces de realizar la fotosíntesis. Los pigmentos principales son los carotenoides:

  • β‑caroteno (naranja, muy extendido en raíces de zanahoria y calabaza);

  • licopeno (rojo, característico de los frutos maduros de tomate y sandía);

  • xantofilas (amarillas: luteína, violaxantina, neoxantina, capsantina – en el pimiento).

Los carotenoides se acumulan en el estroma ya sea en forma de gotitas (en los plastoglóbulos), o como cristales, o como estructuras fibrilares o tubulares en complejo con lípidos y proteínas específicas (fibrilinas). El contenido de lípidos en los cromoplastos puede alcanzar el 40% de la masa seca, lo que asegura la disolución de los carotenoides hidrofóbicos. Se conservan los ribosomas y el plastoma, pero su actividad transcripcional está significativamente reducida en comparación con los cloroplastos. Las proteínas son menos abundantes en los cromoplastos porque muchas enzimas fotosintéticas se degradan (Camara et al., 1995, citado en Choi et al., 2021; Evert, 2006).

Funciones. Las principales funciones de los cromoplastos son:

  1. Atracción – los colores brillantes de pétalos, frutos y semillas atraen a los polinizadores (insectos, aves) y a los dispersores de semillas (animales). Es un factor ecológico y evolutivo crucial.

  2. Almacenamiento de carotenoides – la acumulación de provitamina A (β‑caroteno) y antioxidantes (licopeno, luteína) aumenta el valor nutricional de frutos y raíces (zanahoria, calabaza, pimiento dulce, tomate).

  3. Depósito de metabolitos excedentes – cuando los cloroplastos se destruyen durante la maduración del fruto, los carotenoides no se degradan sino que se conservan en los cromoplastos, previniendo el estrés oxidativo.

  4. Síntesis de algunos isoprenoides (en menor medida que en los cloroplastos) y participación en la formación de compuestos aromáticos (Rodriguez‑Concepcion & Lu, 2026; Sadali et al., 2019).

Para la práctica agrícola, la selección por coloración intensa de los cromoplastos está directamente relacionada con la calidad comercial de hortalizas y frutas. Las variedades de tomate con alto contenido de licopeno (rojas) y de zanahoria con alto β‑caroteno (naranjas) se crean mediante el control genético de la diferenciación de cromoplastos (Giuliano et al., 2008, citado en Choi et al., 2021).

Tipos de cromoplastos (clasificación ultraestructural). Los cromoplastos son la categoría más heterogénea de plastidios. Según la forma de las estructuras que contienen carotenoides, se distinguen cuatro tipos principales (Sitte et al., 1980, citado en Evert, 2006; Sadali et al., 2019):

Tipo de cromoplasto Características Ejemplos
Globular Numerosos plastoglóbulos, a menudo concentrados bajo la envoltura. Pueden persistir restos de tilacoides. Pétalos de ranúnculo (Ranunculus repens), frutos amarillos de pimiento (Capsicum), tépalos de tulipán (Tulipa), frutos cítricos.
Membranoso Hasta 20 membranas concéntricas (pareadas) que contienen carotenoides. Ausencia de tilacoides. Pétalos de narciso (Narcissus pseudonarcissus) y Citrus sinensis.
Tubular Los carotenoides están incluidos en “túbulos” lipoproteicos filamentosos. Frutos rojos de pimiento (Capsicum annuum), hipanto de rosa mosqueta (Rosa), pétalos de capuchina (Tropaeolum).
Cristalino Contienen inclusiones cristalinas de caroteno puro (β‑caroteno o licopeno), que surgen en el interior de los tilacoides y se conservan dentro de la envoltura. Raíz de zanahoria (Daucus carota), fruto de tomate (Solanum lycopersicum).

Los cromoplastos globulares se consideran el tipo más extendido y evolutivamente antiguo (Camara et al., 1995, citado en Evert, 2006).

Desarrollo (origen). Los cromoplastos pueden desarrollarse por varias vías (Choi et al., 2021; Sadali et al., 2019):

  • A partir de cloroplastos (vía más estudiada) – durante la maduración del fruto (tomate, pimiento, ají) o la senescencia de los pétalos. El proceso incluye: degradación de la clorofila, destrucción de las membranas tilacoidales, desaparición de los ribosomas plastidiales y del ARNr, síntesis aumentada de carotenoides y su acumulación en plastoglóbulos o cristales. Esta transición suele ser irreversible.

  • A partir de proplastidios – por ejemplo, en frutos de sandía, papaya, así como en callos de zanahoria durante la diferenciación.

  • A partir de leucoplastos – en raíces de zanahoria (las raíces blancas contienen amiloplastos, las naranjas – cromoplastos), en las inflorescencias de coliflor (mutante Orange), en el endospermo de arroz y maíz transgénicos sobreexpresando genes de carotenogénesis.

En algunas especies es posible la transición inversa – reverdecimiento (cromoplasto → cloroplasto), por ejemplo en cítricos bajo tratamiento con luz azul, en pepino y calabaza. Sin embargo, en la mayoría de los cultivos (tomate, pimiento) este proceso no se observa (Choi et al., 2021; Rodriguez‑Concepcion & Lu, 2026).

Elementos constituyentes (subestructura). Al igual que los cloroplastos, los cromoplastos están rodeados por dos membranas (externa e interna). El sistema tilacoidal está ausente o reducido a vesículas aisladas. El espacio interior está lleno de estroma, en el que se encuentran:

  • Plastoglóbulos (gotitas lipídicas) – su número está muy aumentado en comparación con los cloroplastos; en ellos se disuelven los carotenoides (en los cromoplastos globulares).

  • Estructuras proteicas fibrilares o tubulares (por ejemplo, en el pimiento se forman estructuras que unen capsantina y capsorrubina).

  • Cristales de carotenoides (en la zanahoria cristaliza el β‑caroteno, en el tomate el licopeno).

  • ADN circular, ribosomas 70S (aunque la traducción está muy reducida), a veces membranas tilacoidales residuales (Evert, 2006; Sadali et al., 2019).

Reguladores moleculares. Genes clave que controlan el desarrollo de los cromoplastos:

  • RIN (Ripening Inhibitor), TAGL1, NOR – factores de transcripción MADS‑box y NAC del tomate, que regulan la maduración del fruto y la expresión de los genes de carotenogénesis (PSY1, PDS).

  • OR (Orange) – proteína con actividad de chaperona (tipo DnaJ), estabiliza la fitoeno sintasa (PSY) y favorece la acumulación de β‑caroteno. La mutación Or en la coliflor produce cromoplastos en las inflorescencias en lugar de leucoplastos.

  • HY5 – factor de transcripción bZIP activado por la luz, que se une a los promotores de PSY y PDS.

  • SlSGR1 (Stay‑Green 1) – represor que interactúa con PSY1 e inhibe su actividad (Choi et al., 2021; Rodriguez‑Concepcion & Lu, 2026).

Importancia para la ciencia agronómica. Los cromoplastos determinan el aspecto comercial y el valor nutricional de frutos y raíces. Comprender su biología es necesario para:

  • gestionar los momentos de cosecha (tomate, pimiento, zanahoria) – la conversión de cloroplastos en cromoplastos se correlaciona con la acumulación de azúcares y el ablandamiento de las paredes celulares;

  • seleccionar por mayor contenido de carotenoides (β‑caroteno, licopeno, luteína);

  • crear plantas transgénicas con cromoplastos en tejidos no característicos (por ejemplo, «arroz dorado» con β‑caroteno en el endospermo);

  • utilizar los cromoplastos como biorreactores para acumular carotenoides valiosos (Rodriguez‑Concepcion & Lu, 2026; Choi et al., 2021; Sadali et al., 2019).

2.3. Leucoplastos

Forma, tamaño y posición en la célula. Los leucoplastos (del griego leukós – blanco) son plastidios incoloros carentes de pigmentos fotosintéticos. Tienen forma redondeada, ovoide, ameboide o irregular; su tamaño es normalmente de 1–3 μm (en algunos casos hasta 5 μm). En la célula, los leucoplastos se localizan con mayor frecuencia cerca del núcleo o alrededor de la vacuola central, así como en tejidos no expuestos a la luz: raíces, tubérculos, semillas, endospermo, parénquima de reserva de tallos y bulbos. En los amiloplastos (un tipo de leucoplasto que almacena almidón), la forma está determinada por el número y la disposición de los gránulos de almidón: con un gránulo grande se asemejan a un huso; con muchos gránulos pequeños conservan la redondez (Carde, 1984, citado en Evert, 2006; Choi et al., 2021).

Composición química. Los leucoplastos prácticamente no contienen pigmentos (clorofilas ni carotenoides). En su estroma están presentes:

  • enzimas de síntesis de almidón (ADP‑glucosa pirofosforilasa, almidón sintasas, enzima ramificante);

  • enzimas de síntesis de ácidos grasos (acetil‑CoA carboxilasa, complejo FAS);

  • proteínas de reserva (en los proteinoplastos);

  • su propio plastoma, ribosomas 70S, aunque su actividad transcripcional es menor que en los cloroplastos;

  • lípidos (15–25% de la masa seca), principalmente del conjunto de membranas.

El almidón (hasta el 50–70% de la masa seca en los amiloplastos del tubérculo de papa) es una mezcla de amilosa y amilopectina. Los lípidos en los elaioplastos se acumulan como triacilgliceroles (aceites) (Evert, 2006; Sierra et al., 2023).

Funciones y variedades. Los leucoplastos realizan tres funciones principales según su especialización (Jarvis & López‑Juez, 2013; Choi et al., 2021):

  1. Amiloplastos – almacenamiento de almidón. Se encuentran en tubérculos (papa), raíces reservantes (mandioca, batata), endospermo de cereales (trigo, arroz, maíz), legumbres, así como en estatolitos – células especializadas de la cofia radicular, donde los amiloplastos actúan como sensores del gravitropismo. La forma de los gránulos de almidón es específica de cada especie y se utiliza para el microdiagnóstico de harinas.

  2. Elaioplastos (oleoplastos) – síntesis y acumulación de lípidos (aceites) en semillas de cultivos oleaginosos (girasol, colza, lino, olivo, aguacate), así como en granos de polen (la formación de la exina involucra a los elaioplastos) y en estructuras secretoras de cítricos.

  3. Proteinoplastos – acumulación de proteínas de reserva. Característicos de la capa de aleurona del endospermo de cereales (trigo, maíz, arroz) y de algunas semillas de legumbres. Las proteínas en ellos suelen formar cristaloides o inclusiones amorfas.

En una misma especie, diferentes tejidos pueden desarrollar distintos tipos de leucoplastos, y en algunos casos un leucoplasto puede almacenar dos tipos de sustancias simultáneamente (por ejemplo, almidón y proteína en el endospermo del maíz) (Evert, 2006; Sadali et al., 2019).

Para el agrónomo, los leucoplastos tienen importancia económica directa:

  • El rendimiento de la papa está determinado en un 75–80% por el almidón de los amiloplastos.

  • El contenido de aceite de las semillas depende del número y tamaño de los elaioplastos.

  • El contenido proteico del grano de los cereales está asociado al desarrollo de proteinoplastos en la capa de aleurona.

Elementos constituyentes (subestructura). Como todos los plastidios, los leucoplastos están rodeados por dos membranas (externa e interna). El sistema tilacoidal está completamente ausente (o representado por vesículas aisladas). En el estroma se encuentran:

  • uno o varios gránulos de almidón (en los amiloplastos) – los gránulos pueden ser simples (un punto de crecimiento) o compuestos (múltiples centros de cristalización); alrededor de los gránulos se conserva una fina capa de estroma;

  • plastoglóbulos (escasos, pequeños);

  • estructuras fibrilares (en los proteinoplastos – depósitos de proteínas de reserva en forma de cristaloides o masas amorfas);

  • gotitas lipídicas en los elaioplastos (sin membrana circundante, a diferencia de los cuerpos lipídicos citoplasmáticos);

  • ADN propio (plastoma) y ribosomas 70S – aunque su número es menor que en los cloroplastos, se conserva la actividad biosintética (especialmente la síntesis de ácidos grasos);

  • enzimas glucolíticas y de la vía de las pentosas fosfato (proporcionan equivalentes reductores para la síntesis de almidón y ácidos grasos) (Evert, 2006; Jarvis & López‑Juez, 2013).

Interconversiones. Los leucoplastos poseen un alto potencial de transformación:

  • Al ser iluminados, los amiloplastos del tubérculo de papa o de las raíces reservantes pueden convertirse en cloroplastos (proceso de «reverdecimiento», que conduce a la acumulación de solaninas tóxicas y requiere almacenamiento en oscuridad).

  • En las hojas que crecen en la oscuridad, los proplastidios se convierten en etioplastos, no en leucoplastos.

  • Durante la maduración de los frutos y la senescencia de los pétalos, los amiloplastos pueden transformarse en cromoplastos (por ejemplo, en frutos de plátano) (Choi et al., 2021; Evert, 2006).

Los leucoplastos no son depósitos pasivos. Participan activamente en la regulación del metabolismo de los carbohidratos: en los amiloplastos, el almidón se hidroliza a glucosa y maltosa, que se exportan al citosol a través de transportadores específicos. En los tejidos de reserva, los leucoplastos forman una red con el retículo endoplasmático y la vacuola, coordinando la síntesis, el almacenamiento y la movilización de las reservas (Zeeman et al., 2010, citado en Jarvis & López‑Juez, 2013).

Casos especiales. En algunas plantas existen formas de transición entre leucoplastos y otros plastidios:

  • Amilocromoplastos – contienen simultáneamente gránulos de almidón y cristales de carotenoides (en frutos de calabaza, palma durazno, batata).

  • Los leucoplastos pueden diferenciarse en cromoplastos durante la maduración de los frutos (zanahoria, coliflor) (Choi et al., 2021; Rodriguez‑Concepcion & Lu, 2026).

Importancia para la ciencia agronómica. Los leucoplastos son orgánulos clave para la acumulación de la cosecha (almidón, aceites, proteínas). La selección para aumentar el tamaño y el número de amiloplastos (papa, cereales), elaioplastos (colza, girasol) y proteinoplastos (trigo, maíz) es una vía directa para aumentar la productividad. Comprender los mecanismos de conversión de leucoplastos a cloroplastos es importante para prevenir el reverdecimiento de los tubérculos durante el almacenamiento y para gestionar la calidad de las raíces reservantes.

2.4. Proplastidios

Forma, tamaño y posición en la célula. Los proplastidios son los más pequeños y menos diferenciados de todos los tipos de plastidios. Tienen forma redondeada, ovoide o ameboide, y su diámetro suele ser de 0,5–1,0 μm (rara vez hasta 1,5 μm). Los proplastidios se forman en los tejidos meristemáticos – puntos de crecimiento de la raíz y del tallo, cambium, y en el embrión de la semilla. En la célula en división, los proplastidios se distribuyen uniformemente entre las células hijas durante la mitosis. También se pueden encontrar en algunas células diferenciadas que conservan la capacidad de desdiferenciarse (por ejemplo, en el parénquima de la corteza tras una herida) (Jarvis & López‑Juez, 2013; Evert, 2006; Sadali et al., 2019).

Composición química. Los proplastidios son incoloros, ya que no contienen clorofila; los carotenoides están presentes solo en trazas (generalmente < 0,1% de la masa seca). La materia seca se compone principalmente de:

  • proteínas (40–45%) – enzimas de replicación del ADN, transcripción, traducción, así como proteínas de importación (complejos TIC/TOC);

  • lípidos (20–25%) – principalmente fosfolípidos de la doble membrana;

  • ácidos nucleicos (5–10%) – plastoma (varias copias de ADN circular por orgánulo), ARN;

  • pequeñas cantidades de almidón (rara vez), ausencia de pigmentos y proteínas tilacoidales.

El metabolismo energético de los proplastidios se mantiene mediante la oxidación de azúcares procedentes del citosol; no fotosintetizan ni almacenan cantidades significativas de sustancias (Kirk & Tilney‑Bassett, 1978, citado en Evert, 2006; Sadali et al., 2019).

Funciones. Los proplastidios realizan una función única pero fundamental: la biogénesis de todos los tipos de plastidios. Dependiendo de las señales (luz, factores tisulares específicos, hormonas, etapa de desarrollo), un proplastidio se diferencia en:

  • cloroplasto (al ser iluminado en tejidos verdes),

  • cromoplasto (en flores y frutos, generalmente a través de la etapa de cloroplasto),

  • leucoplasto (en órganos de reserva, en la oscuridad),

  • etioplasto (en hojas que crecen en oscuridad total).

Además, los proplastidios son capaces de división autónoma (fisión binaria), lo que asegura el aumento del número de plastidios durante el crecimiento de las células y los tejidos. La velocidad de división de los proplastidios es máxima en los meristemos y disminuye a medida que la célula se diferencia. Por lo tanto, los proplastidios son la «forma madre» que mantiene el genoma plastidial a lo largo de las generaciones celulares (Jarvis & López‑Juez, 2013; Choi et al., 2021).

Para la ciencia agronómica, comprender los proplastidios es importante porque:

  • La herencia de los plastidios (en la mayoría de las angiospermas – materna) está determinada por el destino de los proplastidios en el óvulo y la fecundación.

  • La propagación clonal de cultivos (papa, frutales, ornamentales) conserva el tipo plastidial de la planta original precisamente gracias a la división de los proplastidios en los meristemos.

  • La ingeniería genética a menudo utiliza la transformación de proplastidios (por ejemplo, en cultivo de tejidos), lo que da lugar a líneas transgénicas estables con altos niveles de expresión («fábricas plastidiales» vegetales para la síntesis de proteínas y carotenoides) (Jarvis & López‑Juez, 2013; Sadali et al., 2019).

Elementos constituyentes (subestructura). Los proplastidios están rodeados por dos membranas (externa e interna), que ya contienen los translocadores TOC y TIC (translocón de la envoltura externa/interna del cloroplasto), listos para importar proteínas codificadas por el núcleo. El espacio interno – estroma – está lleno de una matriz de grano fino. El sistema tilacoidal está completamente ausente. En el estroma se pueden distinguir:

  • ADN circular (2–10 copias por proplastidio), unido a proteínas similares a las bacterianas;

  • ribosomas 70S (tipo procariota);

  • pequeñas vesículas o estructuras tubulares – primordios de membranas internas que se desarrollarán en tilacoides o se degradarán;

  • cuerpos fibrilares – presumiblemente depósitos de hierro (similares a la ferritina) (Evert, 2006; Jarvis & López‑Juez, 2013).

Es importante subrayar que los proplastidios no son precursores pasivos, sino orgánulos que se dividen y metabolizan activamente. Mantienen su propio genoma en un estado competente para la replicación y son sensibles a las señales lumínicas y hormonales que desencadenan su diferenciación. Durante el envejecimiento o el estrés, ¿pueden formarse proplastidios de novo a partir de plastidios más diferenciados? No, la vía inversa no existe: los cromoplastos altamente especializados y los leucoplastos maduros no se convierten en proplastidios. Por lo tanto, mantener la población de proplastidios en los meristemos es críticamente importante para los cultivos agrícolas perennes (frutales, bayas, vid, pastos) (Thomson & Whatley, 1980, citado en Sadali et al., 2019; Sierra et al., 2023).

División de los proplastidios. El mecanismo de división de los proplastidios es similar a la división bacteriana e incluye la proteína FtsZ (homóloga de la proteína bacteriana de división celular). En el estroma del proplastidio se forma un anillo de FtsZ, al que luego se unen proteínas adicionales (ARC6, PARC6, PDV1, PDV2) en las membranas interna y externa. Esto asegura la correcta división del orgánulo. La división de los proplastidios está coordinada con el ciclo celular: en los meristemos se dividen aproximadamente de forma síncrona con la célula, mientras que en los tejidos en diferenciación su división puede continuar después de que la célula haya cesado de dividirse (Jarvis & López‑Juez, 2013; Evert, 2006).

Importancia para la biotecnología. Los proplastidios son el objetivo ideal para la transformación del plastoma porque:

  • se transforman fácilmente mediante bombardeo de microproyectiles;

  • la recombinación homóloga en el plastoma permite insertar los transgenes con precisión;

  • la ausencia de efecto de posición y el alto número de copias del gen permiten una sobreexpresión (hasta el 20–40% de la proteína soluble total de la célula);

  • la herencia materna de los plastidios evita la dispersión de los transgenes a través del polen (biocontención) (Maliga, 2004, citado en Jarvis & López‑Juez, 2013; Sadali et al., 2019).

Sobre esta base, los proplastidios se utilizan para la producción de proteínas recombinantes (vacunas, anticuerpos, enzimas), así como para la biofortificación (enriquecimiento con carotenoides).

2.5. Etioplastos

Forma, tamaño y posición en la célula. Los etioplastos (del griego etióo – palidecer, languidecer) son una forma intermedia de plastidios que se forma a partir de proplastidios en plántulas etioladas de plantas superiores cultivadas en oscuridad total (o en tejidos privados de luz). Los etioplastos tienen forma redonda u ovalada, y un tamaño de 1,5–3 μm. En las células típicas de hojas etioladas de gramíneas (trigo, cebada, maíz) o dicotiledóneas (guisante, judía), los etioplastos pueden ocupar hasta el 20–30% del volumen del citoplasma. Al ser iluminados, se transforman muy rápidamente (en 2–6 horas) en cloroplastos normales, lo que los convierte en un modelo importante para estudiar la biogénesis del aparato fotosintético (Boardman, 1968, citado en Jarvis & López‑Juez, 2013; López‑Juez, 2007; Evert, 2006).

Composición química. Los etioplastos carecen de clorofila pero contienen protochlorofilida (precursor de la clorofila) en forma unida a proteínas. La protochlorofilida confiere a los etioplastos un ligero tono amarillo‑anaranjado (de ahí el nombre de «etiolados» – pálidos). Composición por componentes principales:

  • proteínas (40–45%) – enzimas de la biosíntesis de clorofila (incluyendo NADPH‑protochlorofilida oxidorreductasa, POR), proteínas de importación, proteínas ribosómicas;

  • lípidos (20–30%) – principalmente galactolípidos y fosfolípidos de las membranas del cuerpo prolamelar;

  • protochlorofilida (0,1–0,5%) en complejo con la proteína POR;

  • carotenoides (trazas, principalmente luteína y violaxantina);

  • propio plastoma, ribosomas 70S (Jarvis & López‑Juez, 2013; Choi et al., 2021).

El almidón suele estar ausente en los etioplastos o aparece en microcantidades. El estroma también contiene pequeños plastoglóbulos.

Funciones. Los etioplastos no realizan la fotosíntesis. Su función principal es «esperar la luz». En la oscuridad, acumulan la enzima NADPH‑protochlorofilida oxidorreductasa (POR) y su sustrato – la protochlorofilida. En la primera exposición a la luz, ocurre lo siguiente:

  • reducción fotoquímica de la protochlorofilida a clorofilida (seguida de esterificación a clorofila a);

  • rápida desestructuración del cuerpo prolamelar;

  • formación de membranas tilacoidales y grana;

  • activación de la síntesis de clorofila b y carotenoides;

  • ensamblaje de los complejos captadores de luz.

Así, los etioplastos son una forma especializada y adaptativa para la supervivencia en la oscuridad, que permite a la planta comenzar la fotosíntesis de manera «instantánea» (en cuestión de horas) al salir a la luz. Sin esta preparación, la síntesis de clorofila en la oscuridad sería imposible debido a la falta de luz necesaria para la reducción de la protochlorofilida (Reinbothe et al., 2010, citado en Jarvis & López‑Juez, 2013; Choi et al., 2021).

Elementos constituyentes (subestructura). Los etioplastos están rodeados por una doble membrana. Su estroma contiene una estructura única – el cuerpo prolamelar (prolamellar body, PLB) – una red cúbica tridimensional regular de túbulos membranosos (diámetro de los túbulos ~20 nm), compuesta principalmente de lípidos y complejos POR‑protochlorofilida. Adyacentes al cuerpo prolamelar se encuentran las membranas prolamelares (o tilacoides proplastidiales) – pequeñas vesículas membranosas aplanadas que, al ser iluminadas, se convierten en tilacoides primarios y luego en grana (Gunning, 2001, citado en Evert, 2006; Jarvis & López‑Juez, 2013).

El estroma también contiene:

  • ADN circular (plastoma) con alta actividad transcripcional;

  • ribosomas 70S;

  • pequeños plastoglóbulos;

  • proteínas de reserva (en pequeña cantidad).

Al iluminarse, el cuerpo prolamelar se desmonta rápidamente (en 1–2 horas), y sus lípidos y proteínas se reorganizan en membranas tilacoidales. Este proceso es uno de los modelos más espectaculares de biogénesis de membranas en células vegetales (Sundqvist & Dahlin, 1997, citado en Jarvis & López‑Juez, 2013).

Desarrollo. En condiciones naturales, los etioplastos se forman a partir de proplastidios en embriones de semillas que germinan en la oscuridad (bajo una capa de suelo). Tan pronto como la plántula alcanza la superficie y se ilumina, los etioplastos se transforman rápidamente en cloroplastos. Si la planta permanece en la oscuridad durante un período prolongado (varias semanas), los etioplastos pueden degenerar: el cuerpo prolamelar pierde su orden, disminuye el contenido de POR y los plastidios se vuelven incapaces de reverdecer normalmente (López‑Juez, 2007; Choi et al., 2021).

Regulación. La formación de etioplastos está controlada por represores de la fotomorfogénesis – las proteínas DET1, COP1 y los factores de transcripción PIF (phytochrome‑interacting factors). En la oscuridad, estos represores están activos y el desarrollo de los cloroplastos se bloquea en la etapa de etioplasto. Al iluminarse, se produce la degradación de PIF y la inactivación de COP1, lo que desencadena la diferenciación de cloroplastos (Choi et al., 2021; Altamura et al., 2024).

Importancia para la ciencia agronómica. Aunque en condiciones de campo los etioplastos completamente desarrollados son raros (excepto en plántulas que atraviesan una gruesa capa de suelo o bajo acolchado), comprender la etapa de etioplasto es importante para:

  • la producción de semillas – cuando se hacen germinar semillas en la oscuridad (por ejemplo, en la comprobación de la germinación en rollos de papel de filtro), se forman etioplastos, y la iluminación posterior provoca el «reverdecimiento», lo que indica la viabilidad de las plántulas;

  • el control de malezas – las plántulas de malezas que emergen del suelo pasan por una etapa de etioplasto que es especialmente sensible a algunos herbicidas (por ejemplo, norflurazón, que inhibe la síntesis de carotenoides necesarios para la formación del cuerpo prolamelar);

  • la fisiología del almacenamiento – en los órganos de reserva almacenados en la oscuridad (cebolla, papa), los etioplastos no suelen formarse (allí se desarrollan amiloplastos), pero durante la brotación de las yemas en los tubérculos en la oscuridad se pueden observar etioplastos en los brotes jóvenes etiolados (Choi et al., 2021; Evert, 2006).

Resumen breve. Los etioplastos son una forma transitoria y estrictamente adaptada a la oscuridad que no existe en la naturaleza con iluminación normal, pero que es extremadamente útil para la biología vegetal experimental (estudio de la biogénesis de los tilacoides, el papel de los carotenoides en la formación de membranas) y para comprender la regulación por luz del desarrollo de los plastidios.

Tabla resumen: tipos de plastidios en plantas superiores

A continuación se presenta una tabla que sistematiza las características clave de los diferentes tipos de plastidios, su subestructura, funciones y ejemplos de tejidos. La tabla se basa en la información de las fuentes citadas (Jarvis & López‑Juez, 2013; Evert, 2006; Choi et al., 2021; Sierra et al., 2023; Sadali et al., 2019; Rodriguez‑Concepcion & Lu, 2026; Altamura et al., 2024).

Tipo de plastidio Forma y tamaño Pigmentos / color Funciones principales Subestructura Tejidos típicos / ejemplos
Proplastidio Redondeado, 0,5–1,0 μm Incoloro (trazas de carotenoides) Biogénesis de todos los tipos de plastidios; división Dos membranas, estroma, vesículas, ADN, ribosomas 70S Meristemos (ápices de raíz y tallo), embrión de la semilla
Etioplasto Redondeado, 1,5–3 μm Amarillo‑anaranjado (protochlorofilida) Anticipación de la luz; conversión rápida a cloroplasto al iluminarse Cuerpo prolamelar (red cúbica), vesículas membranosas adyacentes Plántulas etioladas (en oscuridad)
Cloroplasto Lenticular, 5–10 × 2–4 μm Verde (clorofilas a, b, carotenoides) Fotosíntesis, síntesis de ácidos grasos, aminoácidos, isoprenoides, señalización retrógrada Dos membranas, grana (pilas de tilacoides), tilacoides del estroma, estroma con gránulos de almidón, ADN, ribosomas 70S, plastoglóbulos Mesófilo de la hoja, partes verdes de los tallos
Cromoplasto (general) Diversa (esférica, acicular, cristaloide), 3–7 μm Amarillo, naranja, rojo (carotenoides: β‑caroteno, licopeno, xantofilas) Atracción (color de frutos y flores), almacenamiento de carotenoides Dos membranas, ausencia de tilacoides, numerosos plastoglóbulos, a veces cristales o túbulos de carotenoides Frutos en maduración (tomate, pimiento), pétalos (ranúnculo), raíces reservantes (zanahoria)
— Cromoplasto globular Redondeado Gotitas de carotenoides Almacenamiento en plastoglóbulos Numerosos plastoglóbulos Pétalos de ranúnculo, pimiento amarillo
— Cromoplasto membranoso Redondeado u oval Membranas concéntricas Formación de membranas carotenoides Hasta 20 membranas concéntricas (pareadas) Pétalos de narciso, cítricos
— Cromoplasto tubular Fusiforme Fibrillas o túbulos Estructuración de carotenoides Túbulos lipoproteicos Pimiento rojo, rosa mosqueta
— Cromoplasto cristalino Irregular, anguloso Cristales de caroteno Compactación máxima de carotenoides Cristales de β‑caroteno o licopeno Zanahoria, tomate
Leucoplasto (general) Redondeado o ameboide, 1–3 μm Incoloro Almacenamiento, síntesis de ácidos grasos Dos membranas, ausencia de tilacoides, estroma con enzimas Tejidos de reserva (raíces, tubérculos, semillas, endospermo)
— Amiloplasto Fusiforme o redondeado (depende del número de gránulos de almidón) Incoloro Almacenamiento de almidón; gravitropismo (estatolitos) Uno o varios gránulos de almidón, plastoglóbulos escasos Tubérculos de papa, raíces reservantes, endospermo de cereales, estatolitos de la cofia radicular
— Elaioplasto Redondeado Incoloro Síntesis y acumulación de aceites (triacilgliceroles) Gotitas lipídicas en el estroma, a menudo sin membrana circundante Semillas de cultivos oleaginosos (colza, girasol, lino), granos de polen, estructuras secretoras de cítricos
— Proteinoplasto Redondeado o con inclusiones cristaloides Incoloro Acumulación de proteínas de reserva Cristales proteicos o masas amorfas en el estroma Capa de aleurona del endospermo de cereales (trigo, maíz), semillas de legumbres
Gerontoplasto Irregular, deformado Parduzco‑amarillento (carotenoides, productos de degradación) Reutilización de nutrientes durante la senescencia Tilacoides degradados, plastoglóbulos agrandados, envoltura degradada Hojas senescentes, tegumento interno de la semilla (jatropa)
Iridoplasto (lameloplasto) Aplanado, con lamelas ordenadas Verde (clorofila) + color estructural Mayor eficiencia de captación de luz en sombra Tilacoides con espaciado interlaminar regular (cristal fotónico) Epidermis de la hoja de Begonia, Selaginella en condiciones de sombra
Plastidio sensorial (SEP) Pequeño (menor que los cloroplastos), redondeado Verde pálido (poca clorofila) Percepción de patógenos, estreses abióticos, formación de estrémulas Grana poco desarrolladas, numerosas estrémulas, forma variable Células epidérmicas (células en empedrado), parénquima del floema

Notas sobre la tabla:

  1. El etioplasto no es un tipo permanente independiente, sino una forma intermedia adaptada a la oscuridad entre el proplastidio y el cloroplasto.

  2. Los leucoplastos a menudo se denominan con un término colectivo, y para sus variedades funcionales se utilizan nombres específicos (amiloplasto, elaioplasto, proteinoplasto).

  3. Los tamaños y formas de los plastidios pueden variar según la especie de planta, el tipo de tejido, el estado fisiológico de la célula y las condiciones ambientales.

  4. Los iridoplastos y los plastidios sensoriales (SEP) son tipos especializados descritos relativamente hace poco; sus funciones y distribución se están estudiando activamente.

3. Interconversiones de los plastidios

Diagrama esquemático de las interconversiones de plastidios

Esquema de las transiciones entre los diferentes tipos de plastidios en la célula vegetal.

Los proplastidios se diferencian en cloroplastos, etioplastos, leucoplastos y cromoplastos. Son posibles transiciones inversas (por ejemplo, leucoplasto → cloroplasto durante el reverdecimiento de los tubérculos). En la mayoría de los cultivos, los cromoplastos son irreversibles. Choi H., Yi T., Ha S.-H. (2021), figura 1, <a class="common-share-detail" rel='nofollow' href='https://creativecommons.org/licenses/by/4.0/' aria-label='Common Share CC BY 4.0' target='_blank'>CC BY 4.0</a>.

Una de las características únicas del aparato plastidial de las plantas superiores es la capacidad de los plastidios para cambiar de un tipo a otro dependiendo de la diferenciación tisular, las condiciones de luz, las señales hormonales y la etapa de desarrollo del órgano. Estas transformaciones son posibles porque todos los plastidios provienen de un precursor común – el proplastidio – y su genoma (plastoma) permanece estable, mientras que el proteoma y la ultraestructura se remodelan bajo la influencia de factores codificados por el núcleo (Jarvis & López‑Juez, 2013; Sierra et al., 2023). En la base de las interconversiones están los cambios en la expresión de los genes nucleares y plastidiales, la remodelación del sistema de membranas y los cambios en la composición de pigmentos (Choi et al., 2021; Evert, 2006). A continuación se presentan las principales vías de transformación confirmadas experimentalmente en plantas superiores.

3.1. Proplastidio → cloroplasto (vía principal de «reverdecimiento»)

La vía mejor estudiada. En las células de la hoja iluminadas, el proplastidio recibe señales (a través de fitocromos, criptocromos, señales retrógradas de los propios plastidios) que desencadenan:

  • síntesis masiva de clorofilas y carotenoides;

  • formación de membranas tilacoidales (primero a partir de vesículas del proplastidio, luego empaquetamiento en grana);

  • activación de genes que codifican proteínas de los fotosistemas (Rubisco, LHC, citocromo b6f);

  • aumento del número de copias del plastoma y de los ribosomas.

El proceso lleva desde varias horas (en plántulas) hasta varios días (en tejidos de crecimiento lento). Esta vía es característica de todos los órganos verdes y constituye la base de la actividad fotosintética de las plantas (Jarvis & López‑Juez, 2013; Evert, 2006; Choi et al., 2021).

3.2. Proplastidio → etioplasto (alternativa en oscuridad)

En las hojas que crecen en oscuridad total, los proplastidios se convierten no en cloroplastos sino en etioplastos. El meristemo de la hoja está programado para convertirse en cloroplasto, pero la ausencia de luz bloquea las etapas finales de la biosíntesis de clorofila. Como resultado, se acumula protochlorofilida y se forma un cuerpo prolamelar (PLB). Al iluminarse, el etioplasto se convierte rápidamente en cloroplasto (véase 3.6). Esta vía se utiliza ampliamente en fisiología experimental para estudiar la biogénesis de los tilacoides (López‑Juez, 2007; Choi et al., 2021).

3.3. Proplastidio → leucoplasto

En tejidos que se desarrollan en la oscuridad (raíces, tubérculos, endospermo) o iluminados pero genéticamente programados para el almacenamiento, los proplastidios se diferencian en leucoplastos (amiloplastos, elaioplastos, proteinoplastos). Las señales incluyen bajos niveles de luz, altas concentraciones de azúcares y factores de transcripción tisulares específicos. Durante este proceso:

  • se suprime la síntesis de clorofila (aunque los genes biosintéticos pueden permanecer reprimidos);

  • se inducen las enzimas de síntesis de almidón (ADP‑glucosa pirofosforilasa, almidón sintasa) o de lípidos (acetil‑CoA carboxilasa);

  • no se forman tilacoides; el sistema de membranas se limita a las dos envolturas y ocasionalmente a vesículas aisladas.

En los tubérculos de papa, los amiloplastos se forman a partir de proplastidios en los estolones durante la iniciación del tubérculo; este proceso está regulado por la fitohormona giberelina (inhibe) y el ácido abscísico (activa) (Choi et al., 2021; Evert, 2006; Sierra et al., 2023).

3.4. Proplastidio → cromoplasto (vía directa)

En algunos frutos (sandía, papaya) y en callos de zanahoria, los cromoplastos se desarrollan directamente a partir de proplastidios, sin pasar por la etapa de cloroplasto. En estos casos, los carotenoides se acumulan sin la formación previa del aparato fotosintético (Choi et al., 2021; Rodriguez‑Concepcion & Lu, 2026).

3.5. Etioplasto → cloroplasto (transición dependiente de la luz)

La transición más rápida y más estudiada. Cuando las plántulas etioladas se iluminan:

  • la luz activa la protochlorofilida oxidorreductasa (POR), reduciendo la protochlorofilida a clorofilida;

  • el cuerpo prolamelar se desmonta y sus membranas se reorganizan en tilacoides;

  • en 4–6 horas se forman las grana y se inicia la fotosíntesis completa.

El proceso depende de la actividad de las enzimas de biosíntesis de carotenoides (los carotenos son necesarios para la formación del PLB). En mutantes con defectos en la síntesis de carotenoides, los etioplastos no se forman o no pueden diferenciarse normalmente (Choi et al., 2021; Evert, 2006).

3.6. Cloroplasto → cromoplasto (maduración del fruto y senescencia)

Ejemplos clásicos: maduración de frutos de tomate, pimiento, cítricos, así como la senescencia de pétalos y hojas otoñales. El proceso incluye:

  • degradación de la clorofila (activación de la clorofilasa y de las enzimas de la vía de la feoforbida);

  • ruptura de las membranas tilacoidales con liberación de lípidos;

  • aumento de la síntesis de carotenoides (especialmente licopeno y β‑caroteno) a través de la vía de los isoprenoides plastidiales (MEP);

  • acumulación de carotenoides en plastoglóbulos y/o estructuras cristalinas;

  • reducción de las enzimas fotosintéticas.

Esta transformación es irreversible en la mayoría de los cultivos (tomate, pimiento, zanahoria). Sin embargo, en algunas especies (cítricos, pepino, calabaza) es posible el proceso inverso – reverdecimiento (cromoplasto → cloroplasto) bajo ciertas condiciones (irradiación con luz azul, separación del fruto de la planta) (Choi et al., 2021; Rodriguez‑Concepcion & Lu, 2026; Sadali et al., 2019).

3.7. Cloroplasto → leucoplasto (amiloplasto)

Ocurre en órganos de reserva cuando un órgano verde cambia al almacenamiento de almidón. El ejemplo mejor estudiado es el tubérculo de papa. En los estolones jóvenes, las células contienen cloroplastos; durante el engrosamiento del estolón y la iniciación del tubérculo, pierden clorofila, destruyen los tilacoides y se convierten en amiloplastos que acumulan hasta el 80% de la masa seca en forma de almidón. De manera similar, durante la maduración de las semillas de legumbres, los cloroplastos de las cubiertas seminales se convierten en amiloplastos o proteinoplastos (Jarvis & López‑Juez, 2013; Evert, 2006; Choi et al., 2021).

3.8. Leucoplasto → cloroplasto (reverdecimiento de órganos de reserva)

Posible en tejidos que inicialmente se desarrollaron en la oscuridad o como órganos de reserva pero que luego se exponen a la luz. Ejemplos clásicos:

  • reverdecimiento de los tubérculos de papa durante el almacenamiento en luz (los amiloplastos se convierten en cloroplastos, acumulando clorofila y solaninas tóxicas);

  • reverdecimiento de raíces de zanahoria, rábano si emergen del suelo;

  • reverdecimiento del endospermo de cereales durante la germinación en luz.

En estos casos, el almidón de los leucoplastos se hidroliza, se forman nuevas membranas tilacoidales y se sintetizan clorofilas y carotenoides. Esta vía es reversible: al regresar a la oscuridad, los cloroplastos pueden rediferenciarse en leucoplastos (pero el proceso suele ser incompleto) (Evert, 2006; Choi et al., 2021).

3.9. Leucoplasto → cromoplasto

Ocurre en raíces de zanahoria (las raíces blancas contienen amiloplastos, las naranjas – cromoplastos), en el mutante de coliflor Orange (los leucoplastos de las inflorescencias se convierten en cromoplastos con alto contenido de β‑caroteno), y en el endospermo de arroz y maíz transgénicos con sobreexpresión de genes de carotenogénesis (Choi et al., 2021; Rodriguez‑Concepcion & Lu, 2026).

3.10. Cromoplasto → cloroplasto (casos raros)

En la gran mayoría de las plantas, los cromoplastos están diferenciados terminalmente y no se convierten en cloroplastos. Excepciones:

  • algunos frutos (naranja, melocotón) pueden acumular clorofila en la cáscara bajo iluminación prolongada, pero esto no ocurre por conversión inversa de los cromoplastos sino por división de proplastidios y formación de nuevos cloroplastos;

  • los pétalos de algunas flores (por ejemplo, especies de Caltha) se vuelven verdes después de la polinización – aquí, probablemente, los cromoplastos vuelven a adquirir tilacoides, pero los detalles no están claros;

  • el reverdecimiento de cítricos bajo tratamiento con luz azul es el caso mejor documentado pero sigue siendo raro (Choi et al., 2021; Rodriguez‑Concepcion & Lu, 2026).

Para la práctica agrícola, es importante que el color de los frutos de la mayoría de los cultivos (tomate, pimiento, zanahoria) sea irreversible, por lo que los frutos verdes cosechados inmaduros no maduran hasta adquirir una coloración brillante después de la cosecha – la transición de cloroplasto a cromoplasto requiere una planta intacta y hojas fotosintéticamente activas.

3.11. Cloroplasto → gerontoplasto (senescencia)

Durante la senescencia natural de las hojas o bajo estrés, los cloroplastos se convierten en gerontoplastos – plastidios con el sistema tilacoidal degradado, plastoglóbulos agrandados y acumulación de productos lipofílicos de degradación. Este proceso es irreversible y está dirigido a la reutilización de nutrientes (nitrógeno, fósforo) de las membranas y proteínas desensambladas. Los gerontoplastos no pueden volver a convertirse en cloroplastos (Choi et al., 2021; Altamura et al., 2024).

3.12. Significado biológico de las interconversiones

La capacidad de los plastidios para cambiar de tipo permite a la planta:

  • utilizar los recursos de manera económica (fotosíntesis en la hoja verde, almacenamiento en el tubérculo, atracción en el fruto);

  • adaptarse a los cambios de iluminación (etioplasto → cloroplasto en plántulas);

  • redistribuir el carbono y el nitrógeno según la estación (en otoño, los cloroplastos de las hojas se convierten en gerontoplastos similares a cromoplastos con reutilización del nitrógeno).

Las interconversiones de plastidios no son procesos caóticos sino estrictamente regulados que involucran genes nucleares (por ejemplo, las familias de factores de transcripción GLK, GATA, RIN, NOR, OR) y señales plastidiales (estado redox, acumulación de tetrapirroles, carotenoides). Comprender estas vías abre oportunidades para el control biotecnológico de los tiempos de maduración, la calidad de los frutos y la tolerancia al estrés de las plantas cultivadas (Jarvis & López‑Juez, 2013; Rodriguez‑Concepcion & Lu, 2026; Choi et al., 2021).

4. Biogénesis y procesos dinámicos

La biogénesis de los plastidios (el proceso de su formación, crecimiento, división y diferenciación) y los procesos dinámicos (movimiento intracelular, intercambio de proteínas, replicación del genoma) constituyen la base del funcionamiento del aparato plastidial durante toda la vida de la célula vegetal. A diferencia de la mayoría de los orgánulos eucariotas, los plastidios no se crean de nuevo en cada célula, sino que surgen únicamente por división de plastidios preexistentes (principio «omnis plastida e plastida»). Este principio fue demostrado experimentalmente ya en el siglo XIX y posteriormente confirmado a nivel molecular (Whatley, 1978; Jarvis & López‑Juez, 2013).

4.1. Origen de los plastidios en el ciclo celular

Las células meristemáticas contienen proplastidios – pequeños orgánulos (0,5–1,0 μm) con un sistema de membranas poco desarrollado. Antes de la división celular, los proplastidios duplican su ADN y se dividen por fisión binaria, después de lo cual los proplastidios hijos se distribuyen entre las células hijas durante la mitosis (generalmente de manera uniforme, aunque se conocen casos de distribución asimétrica que conducen a heterogeneidad hereditaria citoplasmática). El número de proplastidios por célula se mantiene con alta precisión; en el meristemo de la raíz de Arabidopsis thaliana hay aproximadamente 10–20 proplastidios por célula, en el tabaco hasta 50 (Pyke & Leech, 1994, citado en Jarvis & López‑Juez, 2013).

El proceso de división de los plastidios comprende tres etapas:

  1. Replicación del plastoma – el ADN circular del plastidio se replica utilizando sus propias ADN polimerasas (del tipo de la ADN polimerasa III bacteriana) y varias proteínas auxiliares codificadas por el núcleo.

  2. División – se realiza mediante estructuras anulares: un anillo interno (proteína FtsZ – homóloga de la proteína bacteriana de división celular) en la membrana interna y un anillo externo (proteínas ARC5, PARC6, PDV1/2) en la membrana externa. FtsZ forma el anillo Z, al que se unen otros factores que aseguran la estrangulación del plastidio.

  3. Segregación – separación de los dos plastidios hijos, cada uno de los cuales recibe al menos una copia del plastoma (Jarvis & López‑Juez, 2013; Evert, 2006; Miyagishima, 2011, citado en Jarvis & López‑Juez, 2013).

4.2. Diferenciación de los proplastidios (biogénesis de plastidios especializados)

A medida que la célula sale del meristemo y comienza la diferenciación, los proplastidios, bajo la influencia de señales (luz, hormonas, señales metabólicas), se transforman en cloroplastos, leucoplastos, cromoplastos o etioplastos (para más detalles, véanse las secciones 2 y 3). Este proceso requiere:

  • expresión coordinada de genes nucleares y plastidiales – el núcleo aporta la gran mayoría de las proteínas plastidiales (alrededor de 3000 tipos, incluyendo proteínas de los fotosistemas, enzimas de síntesis de almidón, componentes del aparato de traducción); el genoma plastidial codifica solo unas 100 proteínas (principalmente subunidades de los complejos fotosintéticos y proteínas ribosómicas);

  • importación de proteínas a través de la envoltura – mediante translocones de la membrana externa (TOC) e interna (TIC) (Jarvis & López‑Juez, 2013; Renna et al., 2026).

Mecanismo de importación: el precursor de la proteína se sintetiza en los ribosomas citoplasmáticos con un péptido señal N‑terminal (péptido de tránsito), se une a los receptores TOC y se desplaza a través de un canal hacia el estroma, donde el péptido señal es escindido por una peptidasa señal. Más del 95% de las proteínas plastidiales se importan por esta vía (Jarvis & López‑Juez, 2013; Renna et al., 2026; Evert, 2006).

4.3. Regulación de la importación de proteínas por el sistema ubiquitina‑proteasoma (UPS)

El nivel de importación de proteínas a los plastidios se regula dinámicamente. Un mecanismo crucial es la ubiquitinación y posterior degradación de los componentes del complejo TOC por la ubiquitina ligasa E3 anclada a la membrana SP1 (Suppressor of ppi1 locus 1). SP1 se localiza en la membrana externa del plastidio y, bajo ciertas señales (por ejemplo, durante el cambio de tipo de plastidio), marca los receptores TOC (Toc159, Toc33) para su destrucción por el proteasoma 26S en el citosol. Esto permite cambiar la importación de un conjunto de proteínas «fotosintético» a uno «no fotosintético» y viceversa, lo que es necesario para las interconversiones de los plastidios (Jarvis & López‑Juez, 2013; Sadali et al., 2019; Ling et al., 2012, citado en Sadali et al., 2019).

4.4. Dinámica de los plastidios en la célula

Los plastidios no son orgánulos estáticos. Son capaces de moverse (taxis) a lo largo de los microfilamentos de actina con la participación de proteínas motoras (miosinas). El movimiento de los plastidios tiene significado fisiológico:

  • fototaxia – en las células de la hoja con poca luz, los cloroplastos se acumulan a lo largo de las paredes perpendiculares a los rayos incidentes (para captar el máximo de luz); con luz intensa, se orientan a lo largo de las paredes paralelas a la incidencia de la luz o se desplazan hacia el interior de la célula (para evitar el fotodaño). Este fenómeno se describe como respuestas de evitación/acumulación de cloroplastos en plantas superiores (Wada et al., 2003, citado en Jarvis & López‑Juez, 2013; Evert, 2006).

  • ciclosis (corriente citoplasmática) arrastra los plastidios pasivamente, pero estos pueden fijarse temporalmente a los filamentos de actina.

  • formación de estrémulas (stromules) – protrusiones tubulares llenas de estroma que pueden conectar plastidios entre sí o con el núcleo. Las estrémulas son especialmente numerosas en los plastidios sensoriales de la epidermis y el floema y participan en la señalización retrógrada bajo estrés (Altamura et al., 2024; Renna et al., 2026; Sierra et al., 2023).

4.5. Renovación y reparación (dinámica de membranas y proteínas)

Las membranas tilacoidales de los cloroplastos se renuevan continuamente: los fotosistemas (especialmente el fotosistema II) se reparan después de sufrir daños por la luz (la proteína D1 se degrada y se vuelve a sintetizar cada 30–60 minutos). Los plastoglóbulos sirven como reservorio de lípidos, tocoferoles y quinonas, y participan en la síntesis de isoprenoides. Dentro del estroma se produce un recambio constante de almidón: durante el día se sintetiza a partir de los asimilados, por la noche se hidroliza a azúcares que se exportan al citosol. En los amiloplastos de tipo almacenador, el almidón se acumula hasta un cierto límite, pero durante la germinación de la semilla o del tubérculo comienza su movilización (Zeeman et al., 2010, citado en Jarvis & López‑Juez, 2013; Evert, 2006).

4.6. Replicación y herencia del plastoma

Cada plastidio contiene de 10 a 100 copias de una molécula de ADN circular (longitud de 120 a 160 kb en plantas superiores). En las células jóvenes (meristemos), el número de copias de ADN por plastidio es bajo, pero durante la diferenciación, especialmente en los cloroplastos, el número de copias aumenta por endorreplicación (hasta 1000–10000 copias por célula en el mesófilo de la hoja). El plastoma contiene alrededor de 110–130 genes que codifican: componentes de los fotosistemas (psa, psb), complejo citocromo _b6_f (pet), ATP sintasa (atp), proteínas ribosómicas (rpl, rps), ARNt y algunas otras proteínas (por ejemplo, la subunidad grande de la Rubisco; la subunidad pequeña está codificada por el núcleo).

La herencia de los plastidios en la mayoría de las plantas con flores es materna (mitótica): los plastidios del óvulo se transmiten a la descendencia, mientras que los plastidios de los espermatozoides generalmente no entran en el cigoto o se degradan. Esto es importante para la selección: los rasgos codificados por el plastoma (por ejemplo, la resistencia a algunos herbicidas) se transmiten solo por vía materna. En las coníferas y algunas plantas con flores (por ejemplo, Pelargonium) se ha descrito herencia biparental (bilateral) (Birky, 1995, citado en Jarvis & López‑Juez, 2013; Evert, 2006).

4.7. Los plastidios como plataforma de señalización: señalización retrógrada

Los plastidios monitorizan constantemente su estado (nivel de estrés oxidativo, carga energética, concentración de tetrapirroles, integridad del aparato fotosintético) y envían señales al núcleo – este mecanismo se denomina señalización retrógrada. Las moléculas señal incluyen especies reactivas de oxígeno (oxígeno singlete, H2O2), 3′-fosfoadenosina-5′-fosfato (PAP), β‑ciclocitral, metileritritol ciclodifosfato (MEcPP), hemo y otros. Estas señales modulan la expresión de genes nucleares, adaptando la célula a la sequía, la salinidad, la luz alta o baja, y a los patógenos (Jarvis & López‑Juez, 2013; Altamura et al., 2024; Sierra et al., 2023).

Un integrador clave de las señales retrógradas es la proteína GUN1 (Genomes Uncoupled 1), localizada en los plastidios. Las mutaciones en GUN1 alteran la señalización retrógrada y hacen que las plantas no puedan regular adecuadamente la expresión de los genes nucleares fotosintéticos (Jarvis & López‑Juez, 2013; Pogson et al., 2015).

4.8. Degradación de plastidios y reciclaje plastidial

Durante el envejecimiento celular o la muerte celular programada, los plastidios se degradan en dos etapas:

  • primero, se produce fragmentación de las membranas internas y exportación de metabolitos (proteínas, lípidos, pigmentos) al citosol o a la vacuola;

  • luego, los restos del orgánulo entran en la vacuola mediante microautofagia (para plastidios pequeños) o macroautofagia (para cloroplastos grandes envueltos por una membrana autofágica).

Este proceso es especialmente intenso durante la maduración de los frutos (la destrucción de los cloroplastos durante la transformación en cromoplastos no es una degradación completa – se conservan la envoltura y el ADN) y durante la senescencia de las hojas. Los aminoácidos y azúcares liberados se transportan a las partes más jóvenes de la planta (Hörtensteiner & Kräutler, 2011; Izumi et al., 2017, citado en Altamura et al., 2024; Choi et al., 2021).

4.9. Biogénesis in vitro y significado biotecnológico

La comprensión de la biogénesis de los plastidios se utiliza para:

  • transformación de plastidios (biolística) – introducción de transgenes en el plastoma, lo que proporciona altos niveles de expresión (hasta el 20–40% de la proteína soluble total) y ausencia de efecto de posición. La transformación de plastidios es indispensable para obtener plantas que sinteticen proteínas recombinantes (vacunas, anticuerpos, enzimas) y metabolitos valiosos (carotenoides, vitaminas).

  • regulación de la maduración y el almacenamiento – por ejemplo, suprimiendo el reverdecimiento de los tubérculos de papa mediante la inhibición de la conversión de amiloplastos en cloroplastos.

  • creación de cultivos resistentes a herbicidas – expresión en plastidios de versiones mutantes de los genes diana (por ejemplo, EPSPS para resistencia al glifosato) (Jarvis & López‑Juez, 2013; Sadali et al., 2019; Choi et al., 2021).

5. Diferencias con las células animales, fúngicas y procariotas

Los plastidios son una característica única de la célula vegetal (así como de las células de algas y algunos protistas que entraron en endosimbiosis con algas). Su ausencia es un rasgo diagnóstico clave que permite distinguir las plantas de los animales, hongos y la mayoría de los procariotas. A continuación se presentan las principales características comparativas, basadas en las fuentes (Evert, 2006; Renna et al., 2026; Sierra et al., 2023; Yakovlev et al., 2008; Serebryakova et al., 2006; Andreeva & Rodman, 2002).

5.1. Comparación con las células animales

Rasgo Célula vegetal Célula animal
Presencia de plastidios Presentes (proplastidios, cloroplastos, cromoplastos, leucoplastos) Ausentes
Tipo de metabolismo energético Fotosíntesis (en cloroplastos) + respiración (en mitocondrias) Solo respiración (mitocondrias)
Almacenamiento de almidón En amiloplastos (intracelular) Los animales almacenan glucógeno en el citosol (no en orgánulos)
Síntesis de ácidos grasos En plastidios (y también en el retículo endoplasmático) En el citosol (la síntesis de ácidos grasos no está compartimentalizada en orgánulos especializados)
Capacidad de replicación autónoma del genoma Los plastidios tienen su propio ADN y se dividen independientemente; el núcleo controla la mayoría de las proteínas Las mitocondrias tienen su propio ADN (homólogo al bacteriano), pero no hay plastidios
Presencia de pared celular Presente (celulósica) Ausente
Centriolos Ausentes en la mayoría de las plantas superiores Presentes
Vacuolas Vacuola central grande (hasta el 90% del volumen celular) Vacuolas pequeñas temporales (pinocíticas, fagocíticas)

Las células animales nunca contienen plastidios y son incapaces de realizar la fotosíntesis. Una excepción son algunas babosas marinas (por ejemplo, Elysia chlorotica) que retienen temporalmente plastidios de las algas ingeridas (cleptoplastia), pero este es un rasgo adquirido, no hereditario (Rumpho et al., 2008, citado en Evert, 2006). Por lo tanto, la presencia de plastidios es uno de los principales rasgos que distinguen a las plantas de los animales a nivel celular (Yakovlev et al., 2008; Serebryakova et al., 2006).

5.2. Comparación con las células fúngicas

Rasgo Célula vegetal Célula fúngica
Presencia de plastidios Presentes Ausentes
Pared celular Celulósica Quitinosa (en la mayoría)
Nutrición Autótrofa (fotosíntesis) o heterótrofa en plantas parásitas (pero los plastidios se conservan, aunque reducidos) Estrictamente heterótrofa (saprotrofos, parásitos, simbiontes)
Sustancia de reserva Almidón (en amiloplastos) Glucógeno (en el citosol)
Centriolos Ausentes en la mayoría Presentes en muchos (en células en etapas de esporulación)

Los hongos no tienen plastidios ni ningún homólogo de ellos. Incluso en los hongos más primitivos (quitridiomicetos, zigomicetos) están ausentes los precursores endosimbióticos cianobacterianos. Esta es una de las diferencias más importantes utilizadas en sistemática para separar los hongos de las plantas. En algunas plantas con flores parásitas (por ejemplo, Rafflesia, Monotropa), los plastidios se conservan, aunque pierden la función fotosintética (reducción del genoma, pérdida de tilacoides). En los hongos, sin embargo, los plastidios están ausentes incluso en forma reducida (Yakovlev et al., 2008; Serebryakova et al., 2006; Andreeva & Rodman, 2002).

5.3. Comparación con los procariotas (bacterias y arqueas)

Rasgo Célula vegetal (eucariota) Procariotas
Presencia de plastidios Presentes (rodeados por dos membranas) Ausentes (no hay orgánulos membranosos en absoluto)
Fotosíntesis En cloroplastos (sistema tilacoidal altamente organizado con grana) En bacterias fotosintéticas – en invaginaciones de la membrana (cromatóforos en bacterias púrpuras) o en tilacoides (cianobacterias), pero no hay una doble membrana que separe el aparato del citoplasma
Genoma Los plastidios tienen ADN circular (homólogo al de las cianobacterias) ADN circular en el nucleoide
Ribosomas 70S (plastidiales) y 80S (citoplasmáticos) 70S (todos)
Sensibilidad a antibióticos Los plastidios son sensibles a estreptomicina, espectinomicina, tetraciclina (como las bacterias) Las bacterias son sensibles a los mismos antibióticos
Mecanismo de división División de plastidios con participación de la proteína FtsZ (homóloga de la FtsZ bacteriana) División celular con participación de FtsZ (homóloga)
Pared celular Celulósica Peptidoglucano (mureína)

La conclusión evolutiva más importante: los plastidios son descendientes de cianobacterias, por lo que sus ribosomas, mecanismos de división (proteína FtsZ) y replicación del ADN presentan rasgos procariotas. Precisamente en esta similitud se basa la acción de algunos antibióticos (por ejemplo, estreptomicina y espectinomicina), que inhiben la síntesis de proteínas en los ribosomas plastidiales (70S) sin afectar a los ribosomas citoplasmáticos (80S). Sin embargo, la célula vegetal en su conjunto es eucariota, y su genoma nuclear contiene genes heredados de arqueas (aparato informacional) y de alfaproteobacterias (mitocondrias) (Margulis, 1970; Keeling, 2010; Jarvis & López‑Juez, 2013).

5.4. Comparación con otros eucariotas que poseen plastidios

Los plastidios están presentes no solo en plantas superiores, sino también en:

  • Algas (verdes, rojas, pardas, diatomeas, etc.), aunque sus plastidios pueden tener diferentes orígenes evolutivos (endosimbiosis primaria en algas verdes y rojas, secundaria – en algas pardas, diatomeas, euglenoides). En las plantas superiores, los plastidios proceden de una endosimbiosis primaria (como en las algas verdes).

  • Euglenoides – plastidios rodeados por tres membranas (resultado de endosimbiosis secundaria con un alga verde).

  • Parásitos apicomplejos (parásito de la malaria) – un plastidio rudimentario – apicoplasto, no fotosintético, pero involucrado en la síntesis de ácidos grasos e isoprenoides (McFadden, 2001, citado en Renna et al., 2026).

Para la ciencia agronómica, es importante que en las plantas cultivadas los plastidios son más cercanos a los de las algas verdes y difieren de los plastidios de otros eucariotas en su conjunto de pigmentos (clorofilas a y b en plantas superiores y algas verdes, mientras que las algas pardas tienen clorofilas a y c, y las algas rojas tienen ficobiliproteínas). Este conocimiento es importante para los tratamientos con herbicidas (diferentes grupos de algas pueden tener diferente sensibilidad a los inhibidores de los procesos plastidiales) (Evert, 2006; Choi et al., 2021).

5.5. Breve resumen de las diferencias

  • Animales y hongos – carecen de plastidios, lo que determina su heterotrofia y ausencia de fotosíntesis. Las células animales y fúngicas también carecen de pared celular (en los hongos la pared es quitinosa), y la sustancia de reserva es el glucógeno, no el almidón.

  • Procariotas – no tienen orgánulos membranosos, por lo que la fotosíntesis en cianobacterias ocurre en invaginaciones de la membrana plasmática (tilacoides), no dentro de un orgánulo de doble membrana. Sin embargo, los procariotas son similares a los plastidios en el tipo de ribosomas (70S), sensibilidad a antibióticos y presencia de división dependiente de FtsZ.

  • Plantas – el único grupo de eucariotas (junto con las algas verdes y rojas) que posee plastidios primarios derivados de una cianobacteria endosimbiótica.

La presencia de plastidios no es solo un rasgo diagnóstico para distinguir las plantas de los animales, sino también una razón clave para las diferencias en el metabolismo (capacidad de autotrofia), la arquitectura celular (necesidad de clorofilas y membranas tilacoidales) y las respuestas al estrés (por ejemplo, fotoinhibición). Para el agrónomo, comprender estas diferencias es importante al desarrollar herbicidas (que actúan selectivamente sobre los plastidios pero no sobre las células animales) y al evaluar las posibilidades de la transgénesis (por ejemplo, la transferencia de genes plastidiales de plantas a animales es imposible en condiciones naturales) (Yakovlev et al., 2008; Serebryakova et al., 2006; Andreeva & Rodman, 2002; Evert, 2006).

6. Interconexiones con otras partes de la célula

Los plastidios no son compartimentos aislados; están integrados en una compleja red de interacciones intracelulares, coordinando su trabajo con el núcleo, el retículo endoplasmático (RE), las mitocondrias, los peroxisomas, la vacuola, el citoesqueleto y los plasmodesmos. Estas interconexiones aseguran la coordinación del metabolismo, el suministro de energía, la señalización y las respuestas al estrés. A continuación se describen los principales socios de los plastidios en la comunicación intracelular (Renna et al., 2026; Jarvis & López‑Juez, 2013; Altamura et al., 2024; Sierra et al., 2023; Evert, 2006).

6.1. Interconexión con el núcleo (señalización bidireccional)

El núcleo y los plastidios están conectados por señalización anterógrada (del núcleo a los plastidios) y retrógrada (de los plastidios al núcleo).

Regulación anterógrada. El núcleo codifica la gran mayoría de las proteínas plastidiales (alrededor de 3000 tipos, incluyendo todas las enzimas del ciclo de Calvin, componentes de los fotosistemas, proteínas de importación TIC/TOC, factores de transcripción del genoma plastidial). La expresión de estos genes nucleares está controlada por la luz, fitohormonas y factores tisulares específicos. Por ejemplo, la proteína GOLDEN2-LIKE (GLK) activa la transcripción de genes nucleares de fotosíntesis, lo que conduce al desarrollo de cloroplastos (Waters et al., 2009, citado en Pogson et al., 2015; Sierra et al., 2023). Los fotorreceptores (fitocromos, criptocromos) a través de cascadas de factores de transcripción (HY5, PIFs) regulan la expresión de los genes nucleares asociados a la fotosíntesis (PhANGs) y de los genes de factores sigma que controlan la transcripción del genoma plastidial (Jarvis & López‑Juez, 2013; Altamura et al., 2024).

Señalización retrógrada. Los plastidios transmiten al núcleo información sobre su estado funcional: nivel de estrés oxidativo, funcionamiento de los fotosistemas, acumulación de tetrapirroles, ATP y metabolitos. Se conocen varias vías de señalización:

  • Vía de los tetrapirroles: el hemo, sintetizado por la ferroquelatasa 1 (FC1) en los plastidios, actúa como una señal positiva que favorece la expresión de genes nucleares fotosintéticos. La alteración de la síntesis de tetrapirroles (por ejemplo, en mutaciones gun) bloquea esta señalización (Jarvis & López‑Juez, 2013).

  • Señal oxidativa: el oxígeno singlete (1O2), generado en el fotosistema II bajo estrés, activa las proteínas EXECUTER1/2 e induce genes nucleares de respuesta al estrés (Kim & Apel, 2013, citado en Altamura et al., 2024).

  • Señales metabólicas: 3′-fosfoadenosina-5′-fosfato (PAP), β‑ciclocitral (producto de la oxidación del β‑caroteno), metileritritol ciclodifosfato (MEcPP) – todas modulan la expresión de genes nucleares mediante la represión de exorribonucleasas (XRN) o la activación de factores de transcripción (Estavillo et al., 2011; Jarvis & López‑Juez, 2013).

  • Señal proteica: la proteína GUN1 (Genomes Uncoupled 1) se localiza en los plastidios y actúa como integradora de múltiples señales retrógradas; las mutaciones gun1 alteran la coordinación de la expresión nuclear y plastidial (Jarvis & López‑Juez, 2013).

Por lo tanto, el núcleo y los plastidios forman una red reguladora única necesaria para la fotosíntesis, el desarrollo y la adaptación al estrés.

6.2. Interconexión con el retículo endoplasmático (RE)

El RE y los plastidios están estrechamente vinculados por el intercambio de lípidos y proteínas. Los lípidos sintetizados en los plastidios (por ejemplo, ácidos grasos) se exportan al RE para su incorporación en membranas o para la síntesis de lípidos extraplastidiales (fosfolípidos, sulfolípidos). Recíprocamente, algunos lípidos sintetizados en el RE (por ejemplo, fosfatidilcolina) entran en los plastidios. Este intercambio ocurre a través de sitios de contacto de membrana (MCS) – regiones donde la membrana externa del plastidio y la membrana del RE se aproximan (distancia 10–30 nm), donde actúan proteínas transportadoras de lípidos (complejos TGD, VAP27-ORP2A) (Renna et al., 2026; Pan et al., 2024; Wang & Benning, 2012, citado en Renna et al., 2026).

Proteínas clave de los sitios de contacto:

  • VAP27 (proteína asociada a VAMP) en la membrana del RE y ORP2A (proteína de unión a oxiesterol) en la membrana externa del plastidio forman un complejo que regula la homeostasis de lípidos (mono‑ y digalactosildiacilgliceroles) y esteroles (Renna et al., 2026).

  • TGD1-5 participan en el transporte de lípidos del RE a los plastidios (Wang & Benning, 2012, citado en Pan et al., 2024).

Además, existe una vía no canónica de importación de proteínas a los plastidios a través del RE y el aparato de Golgi (proteínas glicosiladas, por ejemplo, α‑amilasa, anhidrasa carbónica CAH1). Estas proteínas se sintetizan en el RE rugoso, pasan por el Golgi y luego se entregan a los plastidios mediante transporte vesicular (Villarejo et al., 2005; Kitajima et al., 2009; Renna et al., 2026).

6.3. Interconexión con el aparato de Golgi y los endosomas

Los plastidios están conectados con el aparato de Golgi y la red trans‑Golgi (TGN) mediante transporte vesicular. Las proteínas glicosiladas destinadas a los plastidios (NPP1, NPP2, NPP6) pasan por el Golgi, donde se modifican, y luego en vesículas alcanzan la envoltura plastidial (Nanjo et al., 2006; Kaneko et al., 2016, citado en Renna et al., 2026). Además, los endosomas (cuerpos multivesiculares) pueden interactuar con los plastidios, posiblemente participando en el reciclaje de membranas y la señalización (Spitzer et al., 2015, citado en Renna et al., 2026; Altamura et al., 2024).

6.4. Interconexión con las mitocondrias

Las mitocondrias y los plastidios intercambian metabolitos y equivalentes energéticos. En una hoja durante el día, los cloroplastos liberan oxígeno y reducen el NADP\+ a NADPH, mientras que las mitocondrias consumen oxígeno y generan ATP. Varios puntos clave de acoplamiento:

  • Fotorrespiración. En los cloroplastos, la Rubisco puede oxigenar la ribulosa-1,5-bisfosfato produciendo fosfoglicolato. El fosfoglicolato se convierte en glicolato, que se transporta al peroxisoma, y luego la glicina pasa a la mitocondria, donde se convierte en serina con liberación de CO2. Este proceso devuelve carbono al cloroplasto pero requiere la participación de mitocondrias y peroxisomas (Bauwe et al., 2010, citado en Jarvis & López‑Juez, 2013; Evert, 2006).

  • Lanzadera de ácidos orgánicos. El malato y el aspartato pueden intercambiarse entre cloroplastos y mitocondrias para equilibrar el potencial redox y transferir equivalentes reductores (mediante sistemas lanzadera).

  • Síntesis de hemo. El hemo (precursor de los citocromos) se sintetiza parcialmente en plastidios y parcialmente en mitocondrias, siendo los productos intermedios (por ejemplo, el ácido 5-aminolevulínico en plantas se forma en los plastidios, no en las mitocondrias, a diferencia de los animales) (Tanaka & Tanaka, 2007, citado en Jarvis & López‑Juez, 2013).

Sitios de contacto plastidio‑mitocondria. En Arabidopsis se ha descrito un complejo MTL (lipoproteína transmembrana mitocondrial) que incluye las proteínas AtMic60, OEP7 y OMP24, el cual asegura el transporte de galactoglicerolípidos entre los orgánulos (Michaud et al., 2016, citado en Renna et al., 2026). Bajo deficiencia de fosfato, el número de estos contactos aumenta.

6.5. Interconexión con los peroxisomas

Los peroxisomas (microcuerpos) en las plantas están estrechamente vinculados a los plastidios en la fotorrespiración y en el metabolismo de especies reactivas de oxígeno. En el ciclo fotorrespiratorio, el glicolato del cloroplasto entra en el peroxisoma, donde se oxida a glioxilato con formación de H2O2. La catalasa peroxisomal descompone el H2O2. El glioxilato se transamina luego a glicina, que pasa a la mitocondria. En retorno, la serina sale de la mitocondria, se convierte en el peroxisoma en hidroxipiruvato y finalmente en glicerato, que regresa al cloroplasto (Huang et al., 1983; Reumann & Weber, 2006, citado en Renna et al., 2026; Evert, 2006).

Los peroxisomas y los cloroplastos están próximos a una distancia de 10–80 nm, y su interacción está mediada por la proteína PEX10 (proteína RING peroxisomal). En los mutantes pex10 el contacto se altera y el metabolismo del glicolato se resiente (Schumann et al., 2007, citado en Renna et al., 2026). Mediante pinzas ópticas se ha demostrado que los peroxisomas forman prolongaciones (peroxules) que se conectan físicamente con los cloroplastos, facilitando el transporte de metabolitos (Gao et al., 2016, citado en Renna et al., 2026).

6.6. Interconexión con la vacuola

La vacuola actúa como depósito de metabolitos sintetizados en los plastidios o en el citosol. Durante la senescencia o el estrés, la vacuola participa en la degradación autofágica de plastidios: los cloroplastos (o sus fragmentos) son envueltos por una membrana autofágica y transportados a la vacuola, donde las hidrolasas degradan sus componentes, liberando aminoácidos y azúcares para su reutilización (Ishida et al., 2008, citado en Altamura et al., 2024; Izumi et al., 2017, citado en Jarvis & López‑Juez, 2013). En los nectarios, los amiloplastos se adhieren estrechamente a la vacuola y transfieren a ella gránulos de almidón, que luego se hidrolizan para proporcionar energía para la secreción de néctar (Pacini et al., 2003, citado en Renna et al., 2026).

En la vacuola se acumulan antocianinas y otros pigmentos que complementan la coloración producida por los cromoplastos. La diferencia: los cromoplastos proporcionan tonos amarillos, anaranjados y rojos mediante carotenoides; las antocianinas en las vacuolas dan color rojo, azul y púrpura.

6.7. Interconexión con el citoesqueleto (actina y microtúbulos)

Los plastidios se mueven por el citoplasma y se fijan en posiciones específicas gracias a la interacción con microfilamentos de actina. El movimiento de los plastidios (respuesta de evitación/acumulación de cloroplastos) se realiza mediante miosinas unidas a la membrana externa del plastidio (Wada et al., 2003, citado en Jarvis & López‑Juez, 2013). Los microtúbulos participan en la orientación de los plastidios durante la división celular (asegurando la distribución equitativa de los proplastidios entre las células hijas) y en la formación del cuerpo prolamelar en los etioplastos (Evert, 2006).

En células polarizadas (por ejemplo, en la cofia de la raíz), los amiloplastos (estatolitos) sedimentan en la parte inferior de la célula bajo la acción de la gravedad, interactuando con los filamentos de actina y transmitiendo la señal gravitatoria mediante cambios de presión sobre las membranas. Este es un mecanismo clave del gravitropismo (Kiss, 2000, citado en Evert, 2006).

6.8. Interconexión con los plasmodesmos y la pared celular

Los plastidios están conectados con las células vecinas a través de plasmodesmos – canales citoplasmáticos que atraviesan las paredes celulares. Aunque los plastidios mismos no pasan a través de los plasmodesmos (su tamaño es demasiado grande), las moléculas señal sintetizadas en los plastidios (por ejemplo, PAP, β‑ciclocitral, ABA) pueden moverse a través de los plasmodesmos. Las estrémulas – prolongaciones tubulares de los plastidios – pueden alcanzar los campos de plasmodesmos y posiblemente participar en la comunicación intercelular (Kwok & Hanson, 2004; Hanson & Sattarzadeh, 2011, citado en Renna et al., 2026; Altamura et al., 2024).

Aunque no existen contactos físicos directos entre los plastidios y la pared celular, los plastidios fotosintetizadores suministran a la pared azúcares (la celulosa y las hemicelulosas se construyen a partir de glucosa que proviene de los cloroplastos), así como oxígeno para las enzimas oxidativas de la pared (peroxidasas). A su vez, la pared celular determina la forma de la célula, lo que influye en la disposición de los plastidios (por ejemplo, la disposición parietal de los cloroplastos en la hoja).

6.9. Papel de las estrémulas (stromules) en los contactos interorgánulos

Las estrémulas son prolongaciones tubulares dinámicas de los plastidios llenas de estroma, cubiertas por una doble membrana y con un diámetro de aproximadamente 0,5 μm. Se han encontrado en todos los tipos de plastidios, pero especialmente en plastidios no verdes y en los plastidios sensoriales de la epidermis y el floema. Las estrémulas pueden:

  • conectar diferentes plastidios dentro de una misma célula (posiblemente para el intercambio de metabolitos y señales);

  • acercarse al núcleo, al RE, a las mitocondrias y a la membrana plasmática, formando sitios de contacto de membrana;

  • aumentar en número bajo estrés (sequía, salinidad, patógenos) y bajo la influencia del ácido abscísico (ABA) y las estrigolactonas (Renna et al., 2026; Altamura et al., 2024; Sierra et al., 2023).

Las estrémulas no contienen ADN ni ribosomas, pero a través de ellas pueden moverse proteínas solubles (por ejemplo, GFP), así como macromoléculas (hasta 550 kDa). Se propone que las estrémulas facilitan la señalización retrógrada y la entrega de metabolitos al núcleo y otros orgánulos (Hanson & Hines, 2018, citado en Altamura et al., 2024).

6.10. Importancia para la ciencia agronómica

Comprender las interconexiones de los plastidios con otros compartimentos es importante para:

  • Gestionar el proceso productivo: apuntar a reguladores nucleares de las funciones plastidiales (por ejemplo, aumentar la expresión de los genes GLK puede incrementar la fotosíntesis y el rendimiento) (Waters et al., 2009, citado en Pogson et al., 2015).

  • Estrategia herbicida: algunos herbicidas alteran no solo los plastidios sino también las mitocondrias (por ejemplo, inhibidores del gradiente de protones); la selectividad se basa en diferentes niveles de sensibilidad.

  • Biotecnología: la transformación de plastidios (vectores plastidiales) proporciona altos niveles de expresión, pero requiere coordinación con las señales nucleares para la estabilidad.

  • Adaptación al estrés: la señalización retrógrada es una diana para crear variedades tolerantes a la sequía y la salinidad (Chan et al., 2016; Altamura et al., 2024).

  • Vías de señalización de estrés: los plastidios sensoriales de la epidermis y el floema (SEP) activan programas de defensa ante el ataque de patógenos y la exposición a metales pesados (Sierra et al., 2023; Altamura et al., 2024).

7. Importancia aplicada

El estudio de los plastidios en la célula vegetal tiene una importancia aplicada directa para la agricultura, la biotecnología, la selección vegetal, la industria alimentaria y la ecología. Comprender la estructura, las funciones y la dinámica de los plastidios permite influir de manera dirigida en la productividad de las plantas, la calidad de las cosechas, la tolerancia al estrés y la eficiencia del almacenamiento (Jarvis & López‑Juez, 2013; Sadali et al., 2019; Choi et al., 2021). A continuación se enumeran las principales direcciones del uso aplicado del conocimiento sobre los plastidios.

7.1. Selección vegetal y genética: herencia citoplasmática

Dado que los plastidios en la mayoría de las plantas con flores se heredan por vía materna (a través del citoplasma del óvulo), los rasgos codificados por el plastoma no se segregan según las leyes mendelianas en los cruzamientos. Esta propiedad se utiliza en la selección vegetal para:

  • Obtener esterilidad masculina citoplasmática (EMC). Las mutaciones en genes plastidiales (o en genes mitocondriales, pero a menudo en combinación con los plastidiales) causan esterilidad del polen. La EMC se utiliza ampliamente en la producción de semillas híbridas de maíz, girasol, arroz, remolacha azucarera, cebolla y muchos otros cultivos, ya que evita la costosa emasculación de las flores (Hanson & Bentolila, 2004, citado en Evert, 2006; Andreeva & Rodman, 2002).

  • Conservar genotipos élite durante la propagación vegetativa. En la micropropagación clonal (papa, frutales, bayas, ornamentales), el genotipo plastidial de la planta original se transmite completamente a la descendencia, lo que garantiza la estabilidad de los caracteres de valor agronómico asociados a los plastidios (por ejemplo, resistencia a herbicidas, color del fruto o contenido de carotenoides) (Jarvis & López‑Juez, 2013; Sadali et al., 2019).

7.2. Biotecnología vegetal: transformación de plastidios

Los plastidios (principalmente cloroplastos y proplastidios) son una diana prometedora para la transformación genética. La transformación de plastidios (transformación del plastoma) tiene una serie de ventajas sobre la transformación nuclear:

  • Alta expresión – hasta el 10–20% de la proteína soluble total de la célula (hasta el 70% en algunas construcciones), debido a que el plastoma está presente en un alto número de copias (hasta 10 000 por célula) (Maliga, 2004, citado en Jarvis & López‑Juez, 2013).

  • Ausencia de efecto de posición – el transgén se inserta en una región estrictamente definida del plastoma mediante recombinación homóloga, eliminando la variabilidad de expresión típica de los transformantes nucleares.

  • Seguridad ambiental – los plastidios en la mayoría de los cultivos se heredan por vía materna, lo que evita la dispersión de transgenes a través del polen a parientes silvestres (biocontención).

  • Ingeniería multigénica – la organización en operón del plastoma permite la expresión simultánea de varios genes (por ejemplo, una ruta biosintética completa de una vitamina o un anticuerpo) (Bock, 2015, citado en Jarvis & López‑Juez, 2013).

Logros prácticos de la biotecnología de plastidios:

  • Creación de plantas de tabaco que sintetizan β‑caroteno (provitamina A) en las hojas (tabaco «dorado») (Wurbs et al., 2007, citado en Jarvis & López‑Juez, 2013).

  • Producción de «arroz dorado» con endospermo que contiene β‑caroteno (segunda generación) – lograda mediante transformación de plastidios (la primera generación fue transformación nuclear; la plastidial da niveles de acumulación más altos) (Ye et al., 2000, citado en Choi et al., 2021).

  • Producción de proteínas terapéuticas (anticuerpos, vacunas, interferones) en cloroplastos de tabaco y lechuga (rendimientos enormes por hectárea de biomasa procesada) (Daniell et al., 2016, citado en Jarvis & López‑Juez, 2013).

  • Creación de cultivos resistentes a herbicidas mediante la introducción de copias mutantes de genes que codifican enzimas diana de herbicidas (por ejemplo, 5-enolpiruvilshikimato-3-fosfato sintasa, EPSPS, para resistencia al glifosato). La expresión plastidial de estos genes evita la transferencia de resistencia a especies de malezas a través del polen (Daniell, 2002, citado en Sadali et al., 2019).

7.3. Estrategia herbicida: dianas en los plastidios

Muchos herbicidas comerciales actúan sobre procesos localizados en los plastidios, lo que explica su toxicidad selectiva para las plantas (los animales carecen de plastidios). Principales dianas plastidiales (Jarvis & López‑Juez, 2013; Lichtenthaler, 1999, citado en Evert, 2006; Andreeva & Rodman, 2002):

Herbicida (principio activo) Mecanismo de acción Diana plastidial
Glifosato Inhibición de la 5-enolpiruvilshikimato-3-fosfato sintasa (EPSPS) en plastidios Ruta del shikimato para la síntesis de aminoácidos aromáticos (en plastidios)
Simazina, atrazina (triazinas) Bloqueo del transporte de electrones en el fotosistema II (unión a la proteína D1) Membrana tilacoidal de los cloroplastos
Diquat, paraquat (bipiridilos) Generación de especies reactivas de oxígeno en el fotosistema I (alteración del ciclo redox) Membrana tilacoidal (aceptor de electrones del fotosistema I)
Norflurazón (inhibidor de la DOXP sintasa) Bloquea la síntesis de carotenoides en plastidios (ruta MEP) Ruta plastidial de los isoprenoides
Oxifluorfeno (éter difenílico) Inhibición de la protoporfirinógeno oxidasa (PPO) en plastidios (y en mitocondrias) Síntesis de clorofila (acumulación de tetrapirroles fototóxicos)

Comprender la localización plastidial de estas dianas permite desarrollar herbicidas de nueva generación con un impacto mínimo en los animales. La selección de cultivos resistentes a herbicidas (por ejemplo, maíz y soja «Roundup Ready») se logra introduciendo en la planta un gen plastidial (o nuclear) EPSPS mutante insensible al glifosato (Daniell, 2002, citado en Sadali et al., 2019).

7.4. Control de la maduración de los frutos y calidad del producto

La conversión de cloroplastos en cromoplastos determina el color, el sabor y el aroma de muchos frutos (tomate, pimiento, cítricos, plátano, sandía, calabaza). Importancia agronómica:

  • Regulación de la maduración. El tratamiento de los frutos después de la cosecha con gases (etileno para acelerar, 1‑metilciclopropeno, 1‑MCP, para retardar) afecta la velocidad de degradación de los cloroplastos y la síntesis de carotenoides. La atmósfera controlada (bajo O2, alto CO2) suprime la conversión de cloroplastos en cromoplastos, lo que permite almacenar durante más tiempo tomates y pimientos verdes (Brady, 1987, citado en Sadali et al., 2019; Rodriguez‑Concepcion & Lu, 2026).

  • Aumento del valor nutricional. La selección por alto contenido de β‑caroteno en los cromoplastos de zanahoria, calabaza, batata y mango permite enriquecer la dieta con provitamina A, lo que es especialmente importante en regiones con deficiencia de esta vitamina (Giuliano et al., 2008, citado en Choi et al., 2021).

  • Mejora del aspecto comercial. La creación de variedades con frutos de color rojo intenso (licopeno), naranja (β‑caroteno) o amarillo (xantofilas) se basa en el control genético de la diferenciación plastidial (por ejemplo, mutaciones en el gen Or en la coliflor, que provocan la acumulación de cromoplastos en las inflorescencias) (Li et al., 2006, citado en Rodriguez‑Concepcion & Lu, 2026).

7.5. Almacenamiento de la cosecha: el problema del reverdecimiento

La conversión de amiloplastos en cloroplastos con luz (reverdecimiento) en los tubérculos de papa, las raíces de zanahoria y nabo reduce la calidad comercial y conduce a la acumulación de solaninas tóxicas (papa) o clorofila que empeora el sabor. Medidas aplicadas:

  • Almacenamiento en oscuridad a temperatura y humedad controladas.

  • Uso de variedades con baja capacidad de reverdecimiento (baja expresión de genes de síntesis de clorofila en leucoplastos).

  • Aplicación de inhibidores de la síntesis de clorofila (por ejemplo, hidrazida maleica) durante el almacenamiento prolongado (Ruf & Eckstein, 1994, citado en Evert, 2006; Andreeva & Rodman, 2002).

7.6. Fitopatología y protección de plantas

Algunos virus y bacterias patógenas atacan los plastidios o alteran sus funciones. Por ejemplo:

  • El virus del mosaico del tabaco (TMV) provoca la agregación de los cloroplastos y reduce la fotosíntesis.

  • El virus del mosaico amarillo del nabo (TYMV) replica su ARN en los cloroplastos.

  • Las bacterias del género Xanthomonas secretan efectores que alteran la señalización retrógrada de los plastidios, suprimiendo las respuestas de defensa del huésped (Padmanabhan et al., 2009, citado en Jarvis & López‑Juez, 2013).

Comprender los plastidios como escenario de la interacción patógeno‑planta abre vías para crear variedades resistentes, por ejemplo, expresando péptidos antimicrobianos en los plastidios o suprimiendo proteínas virales mediante interferencia de ARN (Daniell et al., 2016, citado en Jarvis & López‑Juez, 2013). Además, los plastidios sensoriales de la epidermis y el floema activan programas de defensa ante el ataque de patógenos (por ejemplo, el hongo Phytophthora infestans), desplazándose hacia el núcleo y formando estrémulas (Irieda & Takano, 2021, citado en Altamura et al., 2024; Sierra et al., 2023).

7.7. Plastidios como sensores de estrés y herramientas para aumentar la tolerancia

Dado que los plastidios participan en la señalización retrógrada (Chan et al., 2016, citado en Altamura et al., 2024), pueden utilizarse como biosensores (por ejemplo, proteínas fluorescentes codificadas genéticamente bajo el control de promotores plastidiales para monitorear el estado de la planta). Mejorar las señales retrógradas que aumentan la resistencia a la sequía y al estrés térmico es una dirección prometedora de la biotecnología. La expresión en plastidios de genes que codifican enzimas que destruyen especies reactivas de oxígeno (superóxido dismutasa, ascorbato peroxidasa) ya ha demostrado aumentar la tolerancia del tabaco y el tomate al estrés oxidativo (Foyer & Shigeoka, 2011, citado en Jarvis & López‑Juez, 2013). Además, las mutaciones en el gen MSH1 (MutS HOMOLOG 1), localizado en plastidios sensoriales, causan cambios epigenéticos que pueden heredarse y aumentar la resistencia a estreses abióticos (Virdi et al., 2016; Xu et al., 2011, citado en Altamura et al., 2024; Sierra et al., 2023).

7.8. Valor nutricional y forrajero: biofortificación de plastidios

Aumentar el contenido en plastidios de aminoácidos esenciales, vitaminas (A, E, K, C – parcialmente sintetizada en plastidios) y hierro (proteínas tipo ferritina) es un objetivo de la selección clásica y la ingeniería genética. Ejemplos:

  • β‑caroteno (provitamina A) – en cromoplastos y cloroplastos.

  • Tocoferoles (vitamina E) – en los plastoglóbulos de cloroplastos y cromoplastos.

  • Filoquinona (vitamina K1) – en las membranas tilacoidales.

  • Hierro – puede acumularse en los cloroplastos en forma unida sin causar toxicidad (Zuluaga & Pilon, 2020, citado en Jarvis & López‑Juez, 2013).

7.9. Uso industrial y médico de los productos plastidiales

Los plastidios sirven como fuente de compuestos valiosos utilizados en la industria y la medicina:

  • Almidón de amiloplastos – materia prima para las industrias alimentaria, textil, papelera y farmacéutica.

  • Carotenoides de cromoplastos – colorantes naturales (β‑caroteno, licopeno, capsantina), suplementos antioxidantes, provitaminas.

  • Aceites de elaioplastos – alimenticios, técnicos y para biocombustibles.

  • Proteínas recombinantes (vacunas, anticuerpos, enzimas) sintetizadas en plastidios transformados – una plataforma para producir compuestos biológicamente activos (Daniell et al., 2016, citado en Jarvis & López‑Juez, 2013).

Conclusión de la sección

La importancia aplicada de los plastidios abarca todas las etapas de la producción vegetal: desde la selección y la biotecnología hasta la protección de las plantas, el almacenamiento y el procesamiento de las cosechas. El conocimiento de la biología de los plastidios permite crear cultivos con características deseadas, desarrollar herbicidas ecológicos, aumentar el valor nutricional de los productos y reducir las pérdidas poscosecha. Para los especialistas en agricultura, los plastidios no son solo un objeto citológico, sino también una poderosa herramienta para aumentar la eficiencia de la producción agrícola.

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