Carbono inorgánico del suelo (SIC)
1. ¿Qué es el SIC?
En clases anteriores hablamos detalladamente sobre la materia orgánica del suelo, su papel en la fertilidad, cómo se acumula y se transforma. Hoy nos dirigimos a otra forma de carbono en el suelo, no menos importante pero a menudo relegada a un segundo plano: el carbono inorgánico. Y nuestra pregunta clave es: ¿por qué el carbono en el suelo no existe únicamente como parte de la materia orgánica?
La respuesta está en la superficie si recordamos de qué está compuesto el suelo como cuerpo natural. El suelo es un sistema complejo que incluye no solo un componente orgánico sino también mineral. Y el carbono, como uno de los elementos más abundantes en la Tierra, forma parte no solo de compuestos orgánicos sino también de muchos minerales.
¿Qué es entonces el SIC?
SIC son las siglas en inglés de Soil Inorganic Carbon, que en español significa carbono inorgánico del suelo. En un sentido amplio, el carbono inorgánico incluye todas las formas de carbono que no son compuestos orgánicos, es decir, que no contienen enlaces carbono‑carbono o carbono‑hidrógeno. Sin embargo, en edafología, el SIC casi siempre se refiere a los carbonatos — sales del ácido carbónico, principalmente carbonatos de calcio y magnesio (Foth, 1990; White, 2006).
A diferencia del carbono orgánico (SOC — Soil Organic Carbon), que forma parte del humus, los residuos vegetales y la biota del suelo, el carbono inorgánico está representado principalmente por compuestos minerales. Mientras que el contenido de SOC en los suelos está determinado por el equilibrio entre la llegada de residuos orgánicos y su mineralización, el contenido de SIC está relacionado con otros procesos — la meteorización de las rocas, los ciclos de humedecimiento y secado, la migración y precipitación de sales en el perfil del suelo.
¿Por qué es importante distinguirlos? Porque estas dos formas de carbono se comportan de manera completamente diferente en el suelo. El carbono orgánico es una fuente de energía para los microorganismos, la base de la actividad biológica y la dinámica de la fertilidad del suelo. El carbono inorgánico es principalmente un reservorio geoquímico, estable en el tiempo, pero extremadamente importante para entender las propiedades tampón del suelo, su régimen ácido‑base y muchas otras características fundamentales.
Veamos las magnitudes. A escala global, los suelos contienen aproximadamente 2300‑2500 Pg (petagramos, o miles de millones de toneladas) de carbono orgánico y alrededor de 700‑1700 Pg de carbono inorgánico en forma de carbonatos (Huang et al., 2012). ¡Son volúmenes enormes! Y aunque el carbono carbonatado se concentra principalmente en regiones áridas, su papel en el ciclo global del carbono y en el funcionamiento de los suelos no puede subestimarse.
Así, respondiendo a la pregunta planteada: el carbono existe en el suelo no solo como parte de la materia orgánica porque también forma parte de los minerales — los carbonatos — que o bien son heredados de la roca madre o bien se forman durante la edafogénesis. Son dos formas diferentes, dos reservorios de carbono distintos, y debemos distinguirlos claramente para comprender cómo está estructurado y cómo funciona el suelo.
2. Formas de carbono inorgánico: carbonatos de calcio, magnesio y otros minerales
Hemos establecido que el carbono inorgánico del suelo son principalmente carbonatos. Pero no todos los carbonatos son iguales. Analicemos en qué formas minerales concretas puede encontrarse el carbono en el suelo y en qué se diferencian.
2.1. Carbonato de calcio — el protagonista principal
El mineral carbonatado más común e importante en los suelos es la calcita (CaCO₃). Es a la calcita a lo que se suele hacer referencia cuando se habla de carbonatos del suelo. La calcita es la cal carbónica que forma calizas, cretas, margas y muchas otras rocas sedimentarias. En el suelo puede presentarse en formas muy diversas:
- Calcita finamente dispersa — partículas diminutas distribuidas uniformemente en la masa del suelo. Es prácticamente invisible a simple vista, pero es la que determina la carbonatación global del suelo y su pH. Esta calcita suele denominarse carbonato «activo» o «libre».
- Concreciones y nódulos — acumulaciones de calcita de forma redondeada o irregular que se forman por la redistribución de carbonatos en el perfil. En la literatura edafológica rusa se les llama «beloglazka» (ojo blanco) o, en el caso de formaciones mayores, «zhuravchiki» (grullitas) en suelos de loess. Los tamaños pueden variar desde fracciones de milímetro hasta varios centímetros.
- Películas y eflorescencias — la calcita puede depositarse en la superficie de los agregados del suelo (peds), sobre las raíces de las plantas, en las caras de partículas esqueléticas (grava, cantos). Son especialmente características las películas carbonatadas en la cara inferior de fragmentos rocosos en suelos desérticos y semidesérticos — los llamados «paneles carbonatados» o «estalactitas» (Foth, 1990; Scheffer et al., 2018).
- Pseudomicelio — finísimos hilos en forma de telaraña de calcita que penetran la masa del suelo. Se forman por cristalización de carbonatos a partir de soluciones en los capilares y son frecuentes en suelos de loess del sur de Rusia y Ucrania.
- Horizontes cementados — con concentraciones elevadas, la calcita puede rellenar los poros y cementar el material del suelo, formando capas duras y compactas — calcretas (o «costras») y horizontes petrocálcicos. Estos horizontes son prácticamente impermeables a las raíces y al agua, y sirven como un importante rasgo diagnóstico en los sistemas de clasificación de suelos (más sobre esto en la sección 6).
La calcita es un mineral moderadamente soluble. Su solubilidad depende de la presencia de dióxido de carbono en el aire del suelo y del pH. A bajas concentraciones de CO₂ es prácticamente insoluble, pero al aumentar la presión parcial de CO₂ (y en el suelo siempre es mayor que en la atmósfera debido a la respiración de raíces y microorganismos), la solubilidad de la calcita aumenta bruscamente. Esta es una propiedad clave que subyace al equilibrio carbonatado (al que volveremos en la sección 4).
2.2. Carbonato de magnesio — el segundo en importancia
El magnesio en forma carbonatada es menos frecuente que el calcio, pero en algunos tipos de suelos su papel es muy relevante. Los principales carbonatos con magnesio son:
- Dolomita (CaMg(CO₃)₂) — es una sal doble en la que los iones de calcio y magnesio se alternan en la red cristalina. La dolomita aparece en la naturaleza como roca independiente — dolomías y calizas dolomitizadas. En los suelos suele provenir de este tipo de rocas madre. La dolomita es menos soluble que la calcita y se disuelve más lentamente, por lo que en suelos desarrollados sobre dolomitas el equilibrio carbonatado se establece de manera diferente (Scheffer et al., 2018).
- Magnesita (MgCO₃) — carbonato de magnesio puro. En suelos es mucho menos frecuente que la dolomita, principalmente en condiciones de fuerte salinización y pH elevado (por ejemplo, en solonchaks sódicos).
Es importante señalar que en la práctica edafológica, al determinar la carbonatación, se suele usar el indicador «carbonatos de calcio y magnesio» de forma conjunta, ya que en los objetos naturales casi siempre van acompañados. Sin embargo, para comprender las propiedades tampón del suelo hay que distinguir: el carbonato cálcico proporciona un tamponamiento más «brusco» en la zona alcalina, mientras que la dolomita ofrece uno más «suave» debido a su menor solubilidad.
2.3. Otros minerales carbonatados
Además de la calcita y la dolomita, en los suelos (sobre todo en climas áridos o en ambientes geoquímicos específicos) pueden encontrarse otros carbonatos:
- Siderita (FeCO₃) — carbonato de hierro. Se forma en condiciones reductoras, por ejemplo, en suelos encharcados con déficit de oxígeno. Aporta tonalidades grisáceo‑verdosas al suelo. En suelos bien drenados normales, la siderita es inestable y se oxida rápidamente.
- Rodocrosita (MnCO₃) — carbonato de manganeso. Es rara, generalmente en concreciones o en zonas de reducción.
- Natrón (Na₂CO₃·10H₂O) y trona (Na₃H(CO₃)₂·2H₂O) — minerales sódicos característicos de solonchaks sódicos y suelos fuertemente salinos. Su presencia provoca pH muy elevados (hasta 10‑11), lo que cambia drásticamente las condiciones de vida de plantas y microorganismos.
Sin embargo, estos minerales tienen distribución local. La mayor parte del SIC en los suelos del mundo es calcita y (en menor medida) dolomita.
2.4. Distribución geográfica de las formas carbonatadas
Es importante comprender que las formas y el contenido de SIC dependen en gran medida del clima. En regiones húmedas, los carbonatos son lixiviados activamente del perfil del suelo y arrastrados por las aguas subterráneas. Aquí el SIC está prácticamente ausente — son suelos «no carbonatados». En áreas áridas y semiáridas, donde la evaporación supera a la precipitación, los carbonatos, por el contrario, se acumulan. Además, la acumulación sigue una pauta determinada: con la profundidad, a partir de cierto nivel, el contenido de carbonatos aumenta y luego puede disminuir de nuevo si a gran profundidad el agua se vuelve agresiva hacia los carbonatos. Esta distribución es el resultado directo del equilibrio carbonatado, que analizaremos más adelante.
Por tanto, las formas de carbono inorgánico en el suelo no son solo un conjunto de minerales. Son todo un sistema que refleja la historia de la edafogénesis, las condiciones climáticas y los regímenes hidrológicos actuales. Y de la forma en que se presenta el SIC dependen muchas de sus funciones en el suelo.
En la siguiente sección analizaremos de dónde provienen estos carbonatos en el suelo — cuáles son sus fuentes de origen y en qué se diferencian los carbonatos litogénicos y pedogénicos.
3. Origen de los carbonatos. Litogénicos y pedogénicos
Hemos visto en qué formas minerales se presenta el carbono inorgánico en el suelo. Pero, ¿de dónde proceden estos carbonatos? La respuesta a esta pregunta es fundamental: determina cuánto tiempo permanecerán los carbonatos en el suelo, cómo interactuarán con los demás componentes y qué función cumplirán.
En edafología se distinguen dos fuentes principales de carbonatos — litogénica (heredada de la roca madre) y pedogénica (formada directamente durante la edafogénesis). Esta distinción no es meramente académica; tiene implicaciones directas sobre las propiedades del suelo, su edad y su resistencia a los cambios.
3.1. Carbonatos litogénicos
Los carbonatos litogénicos (del griego lithos — piedra, genos — origen) son aquellos que estaban presentes en la roca madre desde el principio. Se formaron mucho antes de que comenzara la edafogénesis, durante procesos geológicos: sedimentación, diagénesis, metamorfismo.
¿Qué rocas son las principales fuentes de carbonatos litogénicos?
- Calizas y cretas — calcita casi pura. La meteorización de estas rocas produce suelos inicialmente ricos en carbonatos — rendzinas, típicas de paisajes kársticos (White, 2006).
- Dolomías y calizas dolomitizadas — contienen calcio y magnesio en forma de sal doble. Los suelos sobre estas rocas suelen tener un mayor contenido de magnesio y una respuesta más lenta a las cargas ácidas.
- Margas — mezcla de carbonatos con material arcilloso. Son rocas de transición que dan suelos con contenido moderado de carbonatos.
- Loess y limos loéssicos — depósitos eólicos que a menudo contienen cantidades significativas de carbonato de calcio finamente disperso (a veces hasta el 20‑30%). Los loess están muy extendidos en la zona de chernozems y suelos castaños, y es la presencia de carbonatos en ellos lo que determina en gran medida la alta fertilidad y la reacción alcalina de estos suelos (Scheffer et al., 2018).
- Depósitos morrénicos — en áreas de glaciación antigua donde el hielo ha procesado rocas calizas, también pueden contener carbonatos.
Es importante entender: los carbonatos litogénicos suelen distribuirse de manera desigual en el perfil del suelo. En suelos frescos y poco meteorizados pueden estar presentes en todo el perfil. Sin embargo, durante la edafogénesis, bajo la acción de la humedad y el ácido carbónico, pueden ser lixiviados de los horizontes superiores y redistribuidos en profundidad — esto ya es una transición a procesos pedogénicos.
La característica principal de los carbonatos litogénicos es que constituyen una reserva mineral «ya hecha» que el suelo hereda. Su destino posterior depende del clima: en condiciones húmedas se irán disolviendo y eliminando del perfil, mientras que en condiciones áridas pueden conservarse e incluso acumularse.
3.2. Carbonatos pedogénicos
Los carbonatos pedogénicos (del griego pedon — suelo) son aquellos que se forman directamente en el espesor del suelo como resultado de reacciones químicas que tienen lugar durante la edafogénesis. No son heredados de la roca, sino que surgen de nuevos componentes que llegan al suelo con las precipitaciones atmosféricas, el polvo, la meteorización biogénica o que se liberan durante la mineralización de la materia orgánica.
¿Cómo y en qué condiciones se forman los carbonatos pedogénicos?
Esto ocurre cuando en la solución del suelo se alcanza una alta concentración de iones calcio (Ca²⁺), magnesio (Mg²⁺) e iones carbonato (CO₃²⁻) o bicarbonato (HCO₃⁻), y las condiciones favorecen su precipitación. Analicemos los procesos clave:
1. Aporte de calcio y magnesio:
- Meteorización de minerales primarios: En suelos ricos en silicatos con calcio (feldespatos, anfíboles, piroxenos), la meteorización química libera iones Ca²⁺ y Mg²⁺, que migran con las soluciones (White, 2006).
- Precipitaciones atmosféricas y polvo: El agua de lluvia y el polvo seco, especialmente en regiones áridas, aportan cantidades significativas de sales solubles de calcio y magnesio. En algunas zonas, la contribución del polvo atmosférico (incluido el carbonatado) al balance de calcio puede ser comparable a la de la roca madre, e incluso superarla (Huang et al., 2012; Foth, 1990).
- Fuente biogénica: El calcio y el magnesio pueden proceder de la hojarasca y los restos animales al descomponerse. Esto es especialmente notable en bosques sobre rocas pobres, donde la función de «bomba» biogénica de las plantas acumula elementos en el horizonte superior.
2. Fuente de iones carbonato (o bicarbonato):
- Disolución del dióxido de carbono: La fuente principal es la disolución en la humedad del suelo del CO₂ liberado por la respiración de raíces y microorganismos. Cuanto mayor es la presión parcial de CO₂ en el aire del suelo, más ácido carbónico (H₂CO₃) se forma en la solución, y más activamente se disuelven los carbonatos o, en determinadas condiciones, precipitan.
3. Condiciones de precipitación:
Para que Ca²⁺ y HCO₃⁻ se combinen en CaCO₃ y precipiten, es necesario que la solución esté sobresaturada con respecto a la calcita. La sobresaturación se produce cuando:
- Evaporación del agua: A alta temperatura y viento, el agua se evapora, la concentración de iones aumenta y el carbonato precipita (Foth, 1990).
- Aumento del pH: Cuando se elimina CO₂ de la solución (por ejemplo, cuando las raíces o los microorganismos consumen CO₂, o cuando el gas escapa a la atmósfera al secarse el suelo), el equilibrio H₂CO₃ ⇌ H⁺ + HCO₃⁻ ⇌ 2H⁺ + CO₃²⁻ se desplaza hacia la formación de ion carbonato, lo que reduce la solubilidad del CaCO₃.
- Precipitación biogénica: Es importante destacar que en la naturaleza la precipitación de carbonatos casi nunca se produce por vía puramente química. Los microorganismos (bacterias, hongos) participan activamente en el proceso — excretan metabolitos, crean un microambiente e inician la cristalización. Además, se ha demostrado experimentalmente que en condiciones estériles los carbonatos precipitan muy lentamente o no precipitan en absoluto, mientras que en presencia de microflora el proceso es mucho más rápido (Huang et al., 2012). Es importante recordarlo: los carbonatos pedogénicos son en gran medida formaciones biogénicas.
Manifestaciones morfológicas de los carbonatos pedogénicos ya las hemos enumerado parcialmente en la sección 2: calcita finamente dispersa, eflorescencias y películas carbonatadas, concreciones, pseudomicelio, así como calcretas y horizontes petrocálcicos. Es importante que todas estas formas son el resultado de la redistribución y neoformación de carbonatos dentro del perfil, y no de una simple herencia.
3.3. Carbonatos litogénicos y pedogénicos: dialéctica de la interacción
En la práctica, a menudo es difícil trazar una línea clara entre carbonatos litogénicos y pedogénicos. Pueden coexistir en el mismo perfil, superponiéndose. Por ejemplo, en los chernozems de loess, los carbonatos heredados de la roca se van lixiviando de los horizontes superiores, pero en la parte media del perfil vuelven a precipitar en forma de formaciones pedogénicas (concreciones, pseudomicelio). Así, un mismo horizonte puede contener tanto carbonatos litogénicos relicticos como pedogénicos neoformados.
En los sistemas de clasificación de suelos (por ejemplo, en Soil Taxonomy y WRB), la presencia y el carácter de las neoformaciones carbonatadas sirven como un rasgo diagnóstico importante. Por ejemplo, un horizonte con acumulación de carbonatos secundarios (horizonte cálcico, designado Bk o Ck) es una indicación directa de procesos pedogénicos y de condiciones climáticas determinadas (áridas o semiáridas). La presencia de una capa carbonatada fuertemente cementada (horizonte petrocálcico) indica un largo período de edafogénesis y una edad significativa del suelo.
Por lo tanto, el origen de los carbonatos no es solo una cuestión de génesis, sino también una clave para entender muchos procesos edáficos: migración de sustancias, régimen hídrico, formación de la estructura y, por supuesto, las propiedades tampón, a las que nos dirigimos ahora.
En la siguiente sección analizaremos el equilibrio carbonatado — la base que une la solubilidad, el movimiento y la precipitación de los carbonatos, y explica por qué el pH del suelo es tan sensible a la presencia de CO₂.
4. Equilibrio carbonatado
Ahora llegamos al mecanismo quizás más importante que rige el comportamiento del carbono inorgánico en el suelo. Es el equilibrio carbonatado — un sistema de reacciones químicas reversibles que vinculan el dióxido de carbono, el agua y los minerales carbonatados. Comprender este equilibrio es la clave para responder a muchas preguntas: ¿por qué en unos suelos se acumulan carbonatos y en otros desaparecen? ¿por qué el pH de los suelos carbonatados se mantiene en un rango estrecho? ¿cómo influye el SIC en todo el sistema edáfico?
Abordaremos el equilibrio carbonatado cualitativamente, sin fórmulas complejas, pero con énfasis en el significado físico de los procesos que ocurren en el suelo.
4.1. Tres componentes del equilibrio
El equilibrio carbonatado en el suelo incluye tres componentes interrelacionados:
1. CO₂ gaseoso — presente en el aire del suelo. Su concentración (más precisamente, su presión parcial) en el suelo es siempre mayor que en la atmósfera, debido a la respiración de las raíces de las plantas y de los microorganismos del suelo. Este dióxido de carbono «extra» es el principal motor de las transformaciones carbonatadas.
2. Formas disueltas del ácido carbónico — cuando el CO₂ se disuelve en el agua del suelo, reacciona con el agua formando ácido carbónico (H₂CO₃). Este es un ácido débil que se disocia parcialmente en iones hidrógeno (H⁺) y bicarbonato (HCO₃⁻), y luego, en determinadas condiciones, en iones carbonato (CO₃²⁻). En química del suelo, cuando se habla de «dióxido de carbono disuelto», a menudo se hace referencia a la suma de todas estas formas, designada como H₂CO₃* (el asterisco indica que incluye tanto el CO₂ físicamente disuelto como el ácido carbónico propiamente dicho y sus productos de disociación).
3. Carbonatos sólidos — calcita (CaCO₃), dolomita (CaMg(CO₃)₂) y otros que hemos tratado en la sección 2. Estos minerales tienen una solubilidad determinada que depende de las condiciones de la solución.
Los tres componentes se encuentran en equilibrio dinámico, que puede representarse mediante un esquema simplificado (Foth, 1990; Huang et al., 2012):
El significado de este esquema es el siguiente: el dióxido de carbono del aire del suelo pasa constantemente al agua, forma ácido carbónico, que aporta iones hidrógeno e iones carbonato a la solución. Estos iones, a su vez, interactúan con la calcita sólida, determinando si se disuelve o precipita.
4.2. ¿Qué controla la solubilidad de los carbonatos?
El factor principal que gobierna el equilibrio es la presión parcial de CO₂ en el aire del suelo. Cuanto mayor es P(CO₂), más ácido carbónico se forma en la solución, más iones H⁺ y HCO₃⁻ se producen. Al mismo tiempo, la solubilidad de la calcita aumenta considerablemente. Esto puede expresarse con una regla simple:
Aumento de CO₂ → disolución de carbonatos → eliminación de calcio y magnesio en solución.
Por el contrario, cuando P(CO₂) disminuye (por ejemplo, al secarse el suelo, cuando los gases escapan libremente a la atmósfera), el equilibrio se desplaza hacia la formación de carbonato sólido:
Disminución de CO₂ → sobresaturación de la solución → precipitación de carbonatos.
Por eso los carbonatos se comportan como un «termostato geoquímico». A lo largo del año, a medida que se alternan períodos húmedos y secos, pueden disolverse parcialmente y precipitar de nuevo, desplazándose en el perfil.
4.3. Relación con el pH del suelo
Otro aspecto fundamental del equilibrio carbonatado es su influencia sobre el pH. En un sistema que contiene calcita sólida, el pH de la solución se fija en un nivel determinado que depende de P(CO₂). A presión atmosférica de CO₂ (alrededor de 0,0004 atm), el pH de una solución saturada de calcita es aproximadamente 8,3. Sin embargo, en el suelo, donde P(CO₂) puede ser decenas o cientos de veces mayor (debido a la respiración), el pH de la solución en equilibrio es significativamente más bajo — en el rango de 7,5‑8,0, y a veces incluso hasta 7,0 con concentraciones muy altas de CO₂ (Huang et al., 2012; Foth, 1990). Es importante: el pH sigue estando en la zona alcalina, pero su valor concreto viene dado precisamente por el balance de CO₂, no por la cantidad de carbonato en sí.
Esta propiedad convierte a los suelos carbonatados en poderosos sistemas tampón. Un intento de acidificar ese suelo (por ejemplo, mediante lluvia ácida) provoca que los H⁺ sean neutralizados por los carbonatos, y el pH permanece prácticamente inalterado hasta que se disuelve toda la calcita disponible. Por otro lado, un intento de hacer el suelo más alcalino (por ejemplo, añadiendo sosa) se topa con la acción tampón del mismo sistema — el exceso de OH⁻ desplazará el equilibrio y el carbonato comenzará a precipitar, manteniendo el pH en su nivel anterior.
4.4. Papel de la biota en el equilibrio carbonatado
La biota no es un observador pasivo. Las raíces de las plantas y los microorganismos influyen activamente en P(CO₂) a través de la respiración. Además, excretan ácidos orgánicos que pueden disolver carbonatos y consumen calcio, desplazando el equilibrio. En la rizosfera (zona adyacente a las raíces), el CO₂ suele ser más elevado que en el resto de la masa del suelo, por lo que allí los carbonatos pueden disolverse activamente, mientras que lejos de las raíces pueden precipitar. Esto crea una heterogeneidad espacial en la distribución del SIC que observamos en el campo (Foth, 1990).
4.5. Implicaciones prácticas para la edafología
El conocimiento del equilibrio carbonatado permite explicar las pautas observadas:
- Distribución vertical de los carbonatos en el perfil: en los horizontes superiores, biológicamente activos, P(CO₂) es elevado y los carbonatos están disueltos; por debajo, donde la respiración es más débil, precipitan. Esto crea una característica zona carbonatada «iluvial» (horizonte Bk o Ck). Con suficiente humedad, los carbonatos pueden lixiviarse por completo y el suelo se vuelve no carbonatado (como vemos en zonas húmedas).
- Dependencia del horizonte carbonatado del clima: en regiones áridas, la evaporación predomina, las soluciones se concentran y los carbonatos precipitan más cerca de la superficie; en las semiáridas, más profundamente; en las húmedas, son lavados fuera del perfil (Foth, 1990; White, 2006).
- Valor diagnóstico: la presencia y profundidad del horizonte carbonatado es uno de los rasgos clave para la clasificación de suelos (sobre esto volveremos).
Así, el equilibrio carbonatado no es una química abstracta, sino un mecanismo vivo que conecta el intercambio gaseoso en el suelo, el régimen hídrico y el componente mineral. Explica por qué el SIC está tan estrechamente entrelazado con la actividad biológica, aunque en sí mismo no sea materia orgánica.
En la siguiente sección pasaremos al papel del SIC en el suelo — cómo estos equilibrios y reservas de carbonatos influyen en la capacidad tampón, la estructura, el ciclo del carbono y otras funciones clave.
5. Papel del carbono inorgánico en el suelo
Hemos conocido qué es el SIC, en qué formas se presenta, de dónde procede y qué leyes químicas rigen su comportamiento. Ahora surge la pregunta natural: ¿para qué sirve todo esto? ¿Qué papel práctico desempeña el carbono inorgánico en el suelo? ¿Influye en la fertilidad, en las propiedades físicas, en los ciclos globales? Sin duda, sí. Y este papel es polifacético.
En esta sección consideraremos cuatro aspectos clave del papel del SIC: su influencia en la capacidad tampón y el pH, su participación en la formación de la estructura del suelo y su importancia como reservorio de carbono a escala global.
5.1. Tamponamiento y pH: el «escudo» del suelo contra la acidificación
Quizás la función más conocida y prácticamente significativa del SIC es su capacidad para resistir la acidificación del suelo. Recordemos el equilibrio carbonatado: el carbonato de calcio sólido (CaCO₃) está en equilibrio con los iones calcio (Ca²⁺) y carbonato (CO₃²⁻) en solución. Cuando entran en el suelo iones hidrógeno adicionales (H⁺) — por ejemplo, por lluvia ácida, por fertilizantes fisiológicamente ácidos o por nitrificación — reaccionan con los iones carbonato:
¿Qué ocurre? Los protones (H⁺) son «consumidos» por el carbonato y neutralizados. Se libera dióxido de carbono que escapa a la atmósfera, y en la solución quedan iones calcio y agua. El calcio, a su vez, puede reponer el complejo de intercambio o ser lixiviado. Pero lo principal es que el pH del suelo no disminuye (o disminuye muy poco) hasta que se agota todo el carbonato disponible.
Este fenómeno se denomina tamponamiento carbonatado. Los suelos que contienen al menos una pequeña cantidad de calcita activa poseen una enorme resistencia a la acidificación en comparación con los suelos no carbonatados. No es casualidad que en los chernozems clásicos, que contienen carbonatos en la parte inferior del perfil, el pH de los horizontes superiores permanezca durante mucho tiempo neutro o ligeramente alcalino, incluso con la aplicación prolongada de fertilizantes ácidos. En cambio, en los suelos sod‑podzólicos, donde los carbonatos han sido lixiviados hace tiempo, cualquier acidificación se refleja inmediatamente en el pH y en la disponibilidad de nutrientes (Foth, 1990; White, 2006).
Es importante señalar que la capacidad tampón del sistema carbonatado no es infinita. Está determinada por la reserva total de carbonatos en el suelo. Cuando esta reserva se agota (los carbonatos se disuelven y se eliminan por completo), el suelo pasa a la categoría de no carbonatado y comienza a acidificarse mucho más rápido. Por eso, en suelos calcáreos, la aplicación periódica de cal (o creta) no es solo un «aporte de calcio», sino el mantenimiento del propio mecanismo de tamponamiento, evitando la pérdida de este «escudo» (Huang et al., 2012).
¿Qué significa esto para las plantas y los microorganismos? Muchos cultivos agrícolas (leguminosas, cereales) y la mayoría de los microorganismos del suelo prefieren una reacción neutra o ligeramente alcalina. El tamponamiento carbonatado asegura la estabilidad del pH, lo que influye directamente en la disponibilidad de macro y micronutrientes (fósforo, molibdeno, zinc, manganeso, etc.), en la actividad de la fijación de nitrógeno y en la mineralización de la materia orgánica. Así, el SIC, a través del control del pH, es un poderoso regulador de la fertilidad del suelo (White, 2006).
5.2. Influencia en la estructura y propiedades físicas del suelo
El segundo papel fundamental del SIC es su participación en la formación de la estructura del suelo y del estado de los agregados. Esto es especialmente notable en regiones áridas y semiáridas.
Los iones calcio (Ca²⁺) que se liberan al disolverse los carbonatos son excelentes agentes estructurantes. Favorecen la floculación (coagulación) de las partículas arcillosas, uniéndolas en agregados. A diferencia de los iones sodio, que provocan dispersión y destrucción de la estructura, el calcio actúa como un «puente» entre las superficies cargadas negativamente de las partículas arcillosas y los coloides orgánicos. Gracias a ello se forma una estructura granular o migajosa resistente al agua, tan valorada en los chernozems y suelos castaños (Scheffer et al., 2018; White, 2006).
Además, en suelos con alto contenido de carbonatos suelen formarse películas carbonatadas y capas cementantes. Esto puede ser tanto beneficioso como perjudicial. Por un lado, las costras carbonatadas en la superficie de los agregados (peds) los refuerzan, aumentando su resistencia a la destrucción y a la erosión hídrica. Por otro lado, con una acumulación excesiva de carbonatos en el horizonte iluvial (horizonte Bk o Bkm — cementado por calcita) puede formarse un horizonte petrocálcico (la llamada «costra calcítica»), que se vuelve prácticamente impermeable a las raíces y al agua. Esto ya es un rasgo diagnóstico de etapas extremas de acumulación carbonatada (Foth, 1990).
Así, el SIC participa activamente en la configuración de la arquitectura del perfil del suelo, afectando la permeabilidad al agua, la aireación y la resistencia mecánica del suelo.
5.3. Acumulación de carbono: reservorio a largo plazo
El tercer papel, y cada vez más relevante ante el cambio climático global, es el almacenamiento a largo plazo de carbono en forma inorgánica.
Estamos acostumbrados a hablar de la acumulación de carbono en el suelo en el contexto de la materia orgánica. Pero los carbonatos son también una forma de carbono fijado. A escala global, las reservas de carbono inorgánico en los suelos oscilan entre 700 y 1700 petagramos (Pg) — una cantidad comparable a la de carbono orgánico (2300‑2500 Pg) (Huang et al., 2012). La mayor parte de este carbono se concentra en regiones áridas y semiáridas, donde los carbonatos no se lixivian sino que se acumulan durante milenios.
¿Qué tiene de especial este reservorio? En primer lugar, el tiempo de renovación del carbono inorgánico en el suelo es enorme — decenas y cientos de miles de años. Es órdenes de magnitud mayor que el tiempo de renovación del carbono orgánico (normalmente de unos pocos años a algunos siglos). Por ello, el SIC puede considerarse un archivo geológico de carbono, estable en la escala de la vida humana.
En segundo lugar, los procesos de acumulación y liberación de carbono inorgánico están estrechamente ligados al equilibrio carbonatado y dependen de las condiciones climáticas e hidrológicas. Cuando el clima cambia (por ejemplo, al aumentar la humedad), los carbonatos pueden disolverse y ser eliminados, lo que provocaría la emisión de CO₂ a la atmósfera. Por el contrario, si el clima se vuelve más seco (o con riego con aguas de alta alcalinidad), los carbonatos pueden precipitar, fijando carbono adicional.
Por tanto, el SIC no es un lastre pasivo, sino un participante activo en el ciclo global del carbono, especialmente en escalas de tiempo geológico. Comprender este reservorio es fundamental para evaluar el balance de carbono de grandes regiones y para desarrollar estrategias de mitigación del cambio climático (Huang et al., 2012).
5.4. Interacción con el ciclo biológico
Aunque el SIC es inorgánico, interactúa estrechamente con la materia viva. En primer lugar, los microorganismos y las raíces de las plantas liberan CO₂, que, como hemos visto, gobierna el equilibrio carbonatado. En segundo lugar, los ácidos orgánicos biogénicos pueden disolver los carbonatos, movilizando calcio y, de forma indirecta, fósforo (que a menudo está unido al calcio en fosfatos insolubles). Así, el SIC participa en la «nutrición radical» de las plantas, aunque de forma mediata. Además, durante la descomposición de la materia orgánica se libera CO₂ que puede reaccionar con los carbonatos, acelerando su disolución — es la llamada conexión «invernadero» entre los ciclos orgánico e inorgánico.
Por consiguiente, ignorar el SIC al estudiar la fertilidad del suelo y sus funciones ecológicas sería un grave error.
En la siguiente sección discutiremos cómo se utilizan los carbonatos como rasgos diagnósticos en los sistemas de clasificación de suelos — un aspecto práctico importante que ayuda a los edafólogos a identificar correctamente los tipos de suelo y predecir sus propiedades.
6. Los carbonatos como rasgo diagnóstico
Hemos analizado sucesivamente qué es el carbono inorgánico, en qué formas minerales se presenta, cómo se forma y qué funciones desempeña en el suelo. Es hora de hablar de la aplicación práctica de estos conocimientos. Uno de los aspectos más importantes del uso del SIC en edafología es su papel como rasgo diagnóstico en los sistemas de clasificación de suelos.
La presencia, el patrón de distribución y las características morfológicas de las neoformaciones carbonatadas en el perfil del suelo aportan una enorme información sobre los procesos de edafogénesis, las condiciones climáticas, la edad del suelo y su régimen hidrológico. Por ello, en la mayoría de las clasificaciones modernas (rusa, WRB, Soil Taxonomy), los horizontes carbonatados se reconocen como unidades diagnósticas independientes.
6.1. Horizontes carbonatados en la clasificación de suelos
¿Qué es un horizonte carbonatado desde el punto de vista de las clasificaciones? Es un horizonte en el que se observa una acumulación significativa de carbonatos secundarios de calcio o magnesio. La acumulación se produce mediante los procesos descritos en las secciones 3 y 4: disolución de carbonatos en las partes superiores del perfil, migración con el flujo descendente de agua y posterior precipitación al cambiar las condiciones (evaporación, disminución de PCO₂, aumento del pH). Este horizonte recibe el índice Bk (en el sistema americano y en muchos otros) o Cca (en la escuela rusa, donde «ca» indica acumulaciones de carbonatos).
Los criterios para identificar un horizonte carbonatado suelen incluir:
- Contenido mínimo de carbonatos — normalmente 5‑10% de CaCO₃ en la tierra fina (aunque los umbrales pueden variar entre sistemas).
- Rasgos morfológicos — neoformaciones visibles a simple vista: pseudomicelio, concreciones («beloglazka»), eflorescencias, películas, impregnación carbonatada (Foth, 1990).
- Potencia — el horizonte debe tener un espesor mínimo (generalmente al menos 5‑10 cm) para ser diagnósticamente significativo.
Sin embargo, la acumulación de carbonatos puede ser tan intensa que el horizonte se vuelve cementado. Este horizonte se denomina petrocálcico (o costra calcítica). Se designa como Bkm o Ckm (en algunos sistemas — Bca con indicación de cementación). Los horizontes petrocálcicos son prácticamente impermeables a las raíces y al agua, y pueden ser tan duros como la roca (de ahí el prefijo «petro‑» del griego petra — roca) (Foth, 1990; Huang et al., 2012).
6.2. Horizontes carbonatados como indicadores de clima y edad
La relación más evidente es con el clima. En zonas húmedas, los carbonatos están lixiviados del suelo. En zonas áridas y semiáridas se acumulan. Además, la profundidad del horizonte carbonatado está directamente relacionada con la cantidad de precipitación:
- Con precipitaciones muy bajas (<250‑300 mm/año), los carbonatos pueden acumularse en la superficie o en los primeros 20‑30 cm del suelo.
- Al aumentar las precipitaciones hasta 400‑500 mm/año, el horizonte carbonatado desciende a 40‑80 cm de profundidad.
- Con precipitaciones >600‑700 mm/año (dependiendo de la temperatura y la evaporación), los carbonatos suelen ser completamente lixiviados fuera del perfil del suelo (Foth, 1990; White, 2006).
Esta es una pauta clásica que se observa a lo largo de un gradiente de humedad, por ejemplo, en las praderas de América del Norte o en el sur de Rusia: desde suelos castaños hasta chernozems y luego a suelos grises forestales, la profundidad de los carbonatos aumenta y luego desaparecen.
La edad del suelo también deja su huella. En suelos jóvenes (Holoceno, Pleistoceno), los horizontes carbonatados pueden estar poco desarrollados. En superficies más antiguas y estables (Pleistoceno y más antiguas), los carbonatos pueden acumularse durante décadas y siglos, formando horizontes potentes y bien expresados, y con acumulación prolongada, costras petrocálcicas (Huang et al., 2012). Así, el grado de desarrollo del horizonte carbonatado permite a los edafólogos estimar la edad relativa del suelo incluso sin estudios radioisotópicos detallados.
6.3. Asociación con otros rasgos diagnósticos
Los horizontes carbonatados rara vez aparecen aislados. Suelen combinarse con otros rasgos, lo que proporciona un cuadro diagnóstico más completo:
- Horizontes con yeso (Bgy o Cca + gy): En condiciones muy áridas (cuando la humedad es insuficiente para eliminar los sulfatos), los carbonatos pueden asociarse con yeso (CaSO₄·2H₂O). Esto indica un clima aún más árido que el meramente carbonatado (Scheffer et al., 2018).
- Solonetz y solonchaks: En suelos con alto contenido de sodio intercambiable (solonetz), los carbonatos suelen estar presentes en forma de sosa (Na₂CO₃) o bicarbonato, lo que está relacionado con procesos de salinización. Estos suelos tienen pH muy elevados y se diagnostican por separado (White, 2006).
- Rasgos gléyicos: Si el horizonte carbonatado se encuentra en una zona de humedad variable (por ejemplo, con nivel freático alto), puede combinarse con tonalidades ocres o grisáceas (indicativas de condiciones reductoras).
La presencia de un horizonte carbonatado suele marcar el límite de la zona radicular — las raíces de muchas plantas penetran solo hasta esta capa, lo que es importante para evaluar la aptitud de los suelos para diferentes cultivos (Foth, 1990).
6.4. Valor práctico del diagnóstico
Para el edafólogo práctico, el agrónomo o el ecólogo, el conocimiento de la presencia y naturaleza de los horizontes carbonatados proporciona información valiosa:
- Predicción del régimen hídrico: Un horizonte petrocálcico es una barrera para el agua y las raíces, lo que puede provocar anegamiento de los horizontes superiores en épocas de lluvias intensas o, por el contrario, desecación por ascenso capilar.
- Predicción de las propiedades químicas: La presencia de carbonatos activos garantiza una alta capacidad tampón y reacción alcalina, pero también puede indicar riesgo de deficiencia de micronutrientes (hierro, zinc, manganeso) debido a su baja disponibilidad a pH alto (Scheffer et al., 2018).
- Laboreo mecánico: Los suelos con horizontes carbonatados bien desarrollados pueden requerir técnicas especiales de labranza (subsolado profundo para romper la costra, lucha contra la compactación).
- Mejora: En presencia de salinización sódica o exceso de sodio, se requiere enyesado o lavado, no solo encalado (White, 2006).
Por tanto, los carbonatos como rasgo diagnóstico no son solo una herramienta académica para la clasificación. Son una poderosa herramienta predictiva que permite juzgar muchas propiedades prácticas del suelo incluso antes de realizar análisis de laboratorio completos.
6.5. Los carbonatos en la escuela rusa y en los sistemas internacionales
En la clasificación rusa de suelos (Clasificación y Diagnóstico de Suelos de Rusia, 2004), también se distinguen horizontes carbonatados, pero suelen designarse como Cca (para acumulaciones iluviales) o к (para rocas carbonatadas). Rasgos como «beloglazka», «zhuravchiki», «pseudomicelio» son bien conocidos por los edafólogos de campo. En los sistemas internacionales, como WRB (Base de Referencia Mundial para los Recursos Suelos) y la Taxonomía de Suelos de EE.UU., los horizontes carbonatados se utilizan como uno de los criterios clave para distinguir grupos de suelos de referencia. Por ejemplo, en WRB, los suelos carbonatados incluyen Calcisoles (suelos con un horizonte carbonatado potente) y Gypsisoles (con yeso), mientras que en Soil Taxonomy — Aridisoles (suelos áridos), que suelen contener horizontes carbonatados.
El conocimiento de estos criterios permite a los especialistas de diferentes países «hablar el mismo idioma» al describir suelos e intercambiar datos.
En la siguiente sección, concluyente de nuestra lección, haremos una comparación entre el carbono orgánico y el inorgánico y resumiremos por qué es importante distinguir estas dos formas y cómo se complementan en el sistema edáfico unitario.
7. Carbono orgánico e inorgánico: dos caras de la misma moneda
Llegamos a la pregunta clave con la que comenzamos nuestra lección: ¿por qué el carbono en el suelo existe no solo como parte de la materia orgánica? A lo largo de nuestra exposición hemos comprobado que el carbono inorgánico (SIC) es una forma de carbono plena e independiente, representada por minerales carbonatados. Pero ahora, con una visión completa, podemos hacer una comparación razonada de estas dos formas y comprender en qué se diferencian fundamentalmente y cómo se complementan.
7.1. Naturaleza y composición química
Carbono orgánico (SOC) — es el carbono que forma parte de los compuestos orgánicos: sustancias húmicas, residuos vegetales y animales, microorganismos. Se basa en enlaces covalentes C‑C y C‑H que forman estructuras poliméricas complejas. El SOC es un producto de síntesis biológica, resultado de la fotosíntesis y de las posteriores transformaciones de la materia orgánica en el suelo (Foth, 1990).
Carbono inorgánico (SIC) — es el carbono presente en los minerales, principalmente carbonatos (CaCO₃, MgCO₃, sales dobles). Aquí el carbono está unido al oxígeno en el ion carbonato (CO₃²⁻) y forma parte de la red cristalina de los minerales. El SIC es un producto de procesos geoquímicos: precipitación, cristalización, meteorización (Huang et al., 2012; White, 2006).
Ya en este nivel se aprecia una diferencia fundamental: el SOC es el carbono «vivo» de la biosfera, mientras que el SIC es el carbono «pétreo» de la litosfera, involucrado en los procesos edáficos.
7.2. Dinámica y tiempo de renovación
Esta es quizás la diferencia más llamativa.
El SOC es una forma muy dinámica. Participa constantemente en el ciclo: entra con la hojarasca, es mineralizado por los microorganismos, se humifica y puede ser lixiviado en forma de sustancias orgánicas solubles. El tiempo de renovación del SOC depende del clima, la composición de la materia orgánica, la protección por agregados y puede variar desde unos pocos meses (reservas lábiles) hasta cientos y miles de años (reservas estables de humus asociadas a minerales). Pero incluso el SOC más estable, en escalas de tiempo geológico, se renueva relativamente rápido (cientos a pocos miles de años) (Huang et al., 2012).
El SIC es un reservorio geológicamente estable. El tiempo de renovación de los carbonatos en el suelo se mide en decenas y cientos de miles de años, y en el caso de horizontes cementados, millones de años. Los cambios en el SIC ocurren solo con cambios climáticos significativos (por ejemplo, al pasar de condiciones áridas a húmedas, cuando comienza la disolución activa de carbonatos) o bajo una influencia antropogénica prolongada (por ejemplo, con riego o encalado) (Foth, 1990; Huang et al., 2012).
Conclusión: el SOC es carbono «rápido», que refleja el estado actual del ecosistema; el SIC es carbono «lento», que guarda la memoria de épocas geológicas y climáticas.
7.3. Papel en los procesos del suelo
Aquí las diferencias no son menos fundamentales.
- El SOC es la base de la actividad biológica del suelo. Sirve como fuente de energía y carbono para los microorganismos, determina la actividad enzimática, participa en la formación del estado húmico, influye en la permeabilidad al agua, la capacidad de retención y la estructura. La fertilidad del suelo y su capacidad tampón frente a tóxicos dependen directamente del SOC (White, 2006). La dinámica del SOC está estrechamente vinculada al manejo de los ciclos del nitrógeno, fósforo y azufre.
- El SIC es principalmente responsable del tamponamiento geoquímico del sistema edáfico. Controla el pH en la zona alcalina, neutraliza las cargas ácidas, participa en el intercambio de calcio y afecta la disponibilidad de muchos elementos (especialmente fósforo y micronutrientes). El SIC es un importante agente estructurante (iones Ca²⁺), especialmente en condiciones áridas, y puede actuar como barrera para la migración de sustancias (horizontes petrocálcicos). Sin embargo, el SIC en sí mismo no es una fuente de energía para los microorganismos (con algunas excepciones relacionadas con el tamponamiento carbonatado) (Scheffer et al., 2018).
Diferencia clave: el SOC es el centro energético y estructural‑biológico del suelo, mientras que el SIC es el centro geoquímico y tampón. Actúan en diferentes escalas temporales y mediante mecanismos distintos, pero en el sistema edáfico unitario están estrechamente interconectados.
7.4. Interrelación entre SOC y SIC: unidad inseparable
Aunque los hemos separado para su comprensión, en el suelo real el SOC y el SIC interactúan constantemente. Veamos solo algunos ejemplos importantes:
1. Respiración del suelo y equilibrio carbonatado: El dióxido de carbono (CO₂) liberado durante la mineralización del SOC controla directamente la solubilidad de los carbonatos y, por tanto, el estado del SIC. Sin el CO₂ biogénico, muchos procesos de disolución/precipitación de carbonatos se verían muy ralentizados. Así, el ciclo biológico «desencadena» el ciclo geoquímico de los carbonatos (Foth, 1990).
2. Ácidos orgánicos y disolución de carbonatos: Las plantas y los microorganismos excretan ácidos orgánicos (oxálico, cítrico, málico, etc.) en la rizosfera, que disuelven activamente los carbonatos, liberando calcio y fósforo. Este es uno de los mecanismos de movilización de nutrientes para las plantas incluso en suelos calcáreos (White, 2006).
3. Formación de agregados: El calcio liberado de los carbonatos participa en la formación de puentes de calcio entre la materia orgánica y las partículas arcillosas, lo que estabiliza los agregados del suelo y protege al SOC de una mineralización rápida (Scheffer et al., 2018). Es un claro ejemplo de cómo el SIC contribuye a la conservación del SOC.
4. Impacto antropogénico: La aplicación de fertilizantes orgánicos en suelos calcáreos puede intensificar la disolución de carbonatos debido al CO₂ adicional, mientras que el encalado de suelos ácidos, por el contrario, aumenta las reservas de SIC (siempre que haya suficiente aporte de calcio). Por tanto, el manejo de la fertilidad siempre afecta a ambas formas de carbono.
7.5. Importancia para el ciclo global del carbono
A escala global, el SOC y el SIC son los dos mayores reservorios de carbono en la pedosfera (después del océano y los depósitos geológicos). Sus reservas totales son comparables. El SOC participa activamente en el ciclo moderno del carbono, y sus cambios dependen en gran medida del uso del suelo y del clima. El SIC representa una enorme reserva estable que contribuye a la regulación climática a largo plazo, pero sus cambios son lentos y están ligados principalmente a procesos geológicos (meteorización, karstificación, sedimentación) (Huang et al., 2012).
Por lo tanto, al evaluar el balance de carbono de los suelos, no se puede limitar al carbono orgánico. En regiones áridas y semiáridas, ignorar el SIC llevaría a subestimar la reserva total de carbono del suelo y a una evaluación incorrecta de su papel potencial como sumidero o fuente de gases de efecto invernadero.
7.6. Resumen comparativo
Para mayor claridad, resumimos las diferencias clave en una tabla:
| Criterio | Carbono orgánico (SOC) | Carbono inorgánico (SIC) |
|---|---|---|
| Forma química | Compuestos orgánicos (humus, residuos, biota) | Minerales carbonatados (CaCO₃, MgCO₃, etc.) |
| Origen | Biogénico (fotosíntesis, síntesis microbiana) | Litogénico y pedogénico (precipitación, meteorización) |
| Dinámica | Alta, participación activa en el ciclo | Baja, estable en escalas geológicas |
| Tiempo de renovación | De días a miles de años | De decenas de miles a millones de años |
| Funciones principales | Energía, nutrición microbiana, estructura, fertilidad | Tamponamiento del pH, estructuración, regulación del calcio, secuestro de C a largo plazo |
| Dependencia del clima | Fuerte (humedad, temperatura, productividad) | Fuerte (balance humedad/evaporación, PCO₂) |
| Sensibilidad al manejo | Alta (laboreo, fertilización, vegetación) | Media (riego, mejora, encalado) |
Conclusión
Ahora podemos responder a la pregunta principal de la lección: ¿Por qué el carbono en el suelo existe no solo como parte de la materia orgánica?
La respuesta: porque el suelo no es solo un sistema biológico, sino también mineral. El carbono, como uno de los elementos más abundantes, está inevitablemente presente en los minerales — los carbonatos — que son heredados de las rocas madre o se forman durante los procesos edafogenéticos. Estas dos formas de carbono — orgánica e inorgánica — coexisten e interactúan, pero cumplen funciones ecológicas y agronómicas fundamentalmente diferentes. El SOC es la parte viva, dinámica y rica en energía del suelo, la base de su ciclo biológico. El SIC es la parte estable, tamponadora y geoquímica, que garantiza la sostenibilidad a largo plazo del sistema edáfico.
Comprender esta distinción no es un conocimiento meramente académico. Es necesario para una correcta evaluación de la fertilidad del suelo, para predecir la respuesta del suelo a los cambios climáticos y de uso de la tierra, y para desarrollar sistemas eficaces de fertilización y mejora. Espero que esta lección le haya ayudado a formarse una visión integral del carbono inorgánico y de su lugar en el sistema edáfico. En la próxima lección pasaremos a otros componentes del suelo, pero ahora usted tiene una base sólida para entender cómo el carbono — en todas sus formas — gobierna la vida y las funciones del suelo.
Referencias
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