Geografía del suelo
1. ¿Qué estudia la geografía de los suelos?
La geografía de los suelos es una rama de la edafología y la geografía física que estudia los patrones de formación, distribución y organización espacial de la cubierta edáfica de la Tierra (Naumov, 2016). Esta ciencia responde a una pregunta fundamental: ¿por qué en unas condiciones se forman chernozems, en otras podzoles, y en otras suelos castaños o desérticos?
Objeto y tareas de la geografía de los suelos
El objeto de la geografía de los suelos es la cubierta edáfica (o pedosfera) — el conjunto de todos los suelos que cubren la superficie terrestre. La geografía de los suelos no estudia suelos individuales o sus perfiles, sino los patrones de su distribución espacial y las causas que determinan esta distribución.
Las principales tareas de la geografía de los suelos son:
1. Identificar patrones en la distribución de los diferentes tipos de suelos en la superficie terrestre.
2. Explicar las causas de la diferenciación espacial de la cubierta edáfica.
3. Establecer relaciones entre los suelos y los factores de formación del suelo.
4. Zonificar los territorios según su cubierta edáfica.
5. Predecir la naturaleza de los suelos en territorios no estudiados.
La fórmula fundamental de la formación del suelo
El enfoque geográfico para el estudio de los suelos se basa en el concepto de que el suelo es un cuerpo natural‑histórico que se forma como resultado de la interacción de varios factores. Esto fue formulado por primera vez por V.V. Dokuchaev a finales del siglo XIX y posteriormente desarrollado en la fórmula clásica del científico estadounidense Hans Jenny (Jenny, 1941):
Suelo = f(clima, organismos, relieve, material parental, tiempo)
O en notación abreviada (Jenny, 1941; White, 2006):
Donde:
- cl (clima) — clima (principalmente temperatura y humedad)
- o (organismos) — organismos (vegetación, animales, microorganismos)
- r (relieve) — relieve (posición en el paisaje, pendiente y orientación)
- p (material parental) — roca madre
- t (tiempo) — duración de la formación del suelo
Esta es la 'fórmula clave' de la geografía de los suelos. Cada uno de estos factores no actúa de forma aislada, sino en estrecha interacción con los demás. La tarea del geógrafo de suelos es comprender cómo exactamente la combinación de estos factores en diferentes partes de la Tierra crea la diversidad de tipos de suelos (Buol et al., 2011; Weil & Brady, 2017).
Geografía de los suelos y ciencias afines
La geografía de los suelos ocupa una posición intermedia entre la edafología propiamente dicha y la geografía física. Está estrechamente relacionada con:
- La climatología — ya que el clima determina la dirección e intensidad de los procesos edafogenéticos.
- La geobotánica — ya que la vegetación es la fuente más importante de materia orgánica para los suelos.
- La geomorfología — ya que el relieve determina la redistribución de la humedad y los materiales en la superficie.
- La hidrología — ya que el régimen hídrico es uno de los factores principales de la formación del suelo.
- La geología — ya que las rocas madres determinan la composición mineralógica y química de los suelos.
Métodos de investigación
La geografía de los suelos utiliza dos grupos de métodos:
Métodos de campo:
- Reconocimientos itinerantes
- Excavación de perfiles y calicatas
- Descripción de las características morfológicas de los suelos
- Cartografía edáfica
Métodos de laboratorio y análisis:
- Análisis de laboratorio de las propiedades fisicoquímicas de los suelos
- Análisis comparativo‑geográfico
- Elaboración de mapas y perfiles de suelos
- Procesamiento estadístico de datos
El principio metodológico más importante es el método comparativo‑geográfico, que exige estudiar el suelo no de forma aislada sino en relación con el conjunto de condiciones de su formación (Naumov, 2016). Este método es el que permite responder a la pregunta principal de la geografía de los suelos: "¿por qué se formó este suelo en particular aquí?"
Importancia práctica
El conocimiento de los patrones geográficos de distribución de los suelos tiene una enorme importancia práctica:
- Para la agricultura — ubicación racional de los cultivos, selección de sistemas de cultivo y medidas de mejora.
- Para la silvicultura — selección de especies arbóreas y regímenes de gestión forestal.
- Para la ordenación del territorio — uso racional del fondo de tierras.
- Para la protección ambiental — evaluación de la resistencia de los suelos a los impactos antrópicos.
Como dijo acertadamente V.V. Dokuchaev, el suelo es el "espejo del paisaje" (Naumov, 2016). La geografía de los suelos nos enseña a leer este espejo, entendiendo cómo las condiciones naturales se reflejan en las propiedades del suelo.
Conceptos clave que utilizaremos
Antes de pasar al examen detallado de los factores de formación del suelo y los patrones de distribución, introduzcamos algunos términos básicos:
Perfil del suelo — la sección vertical del suelo desde la superficie hasta la roca madre, compuesta por horizontes genéticos (Weil & Brady, 2017; White, 2006).
Pedón — una "unidad" tridimensional del suelo, el volumen más pequeño que puede llamarse suelo (área de aproximadamente 1 a 10 m²) (Weil & Brady, 2017).
Cubierta edáfica — la capa continua de la Tierra formada por la totalidad de todos los suelos (Naumov, 2016).
Catena — una secuencia regular de suelos en una pendiente, desde la divisoria de aguas hasta el valle (Wysocki et al., 2012; White, 2006).
Cinturón bioclimático — una gran unidad regional de la cubierta edáfica, definida por las características del clima y la vegetación (Naumov, 2016).
2. El ambiente formador del suelo
El suelo como "hijo" del ambiente
Para entender por qué en diferentes lugares de la Tierra surgen suelos distintos, debemos concebir la formación del suelo no como un proceso aislado, sino como parte de un sistema natural integral. El suelo se forma en la interfase de cuatro "esferas" de la Tierra: la litósfera (rocas), la atmósfera (clima y aire), la hidrósfera (agua) y la biósfera (organismos vivos). Este concepto, formulado claramente por primera vez por V.V. Dokuchaev, sigue siendo la base metodológica de la geografía de los suelos (Naumov, 2016; Buol et al., 2011).
La interacción de estas esferas en un área limitada de la superficie terrestre crea ese entorno único que llamamos ambiente formador del suelo. Sus componentes — clima, vegetación, fauna, relieve, rocas madres y aguas subterráneas — actúan no por separado, sino en una compleja interrelación, formando un complejo funcional unitario (Wysocki et al., 2012). Un cambio en cualquier elemento de este complejo se refleja inevitablemente en el suelo. Por eso, la misma roca da suelos completamente diferentes bajo distintas condiciones climáticas, y un cambio en la vegetación en una misma pendiente conduce a una transformación del perfil del suelo.
Consideremos cada factor secuencialmente y luego cómo interactúan.
2.1. Clima
El clima es el factor más importante en la formación del suelo, ya que determina la energía (calor) y el régimen hídrico (humedad) bajo los cuales ocurren todos los procesos (Weil & Brady, 2017; White, 2006). Los dos parámetros climáticos principales — la temperatura y la cantidad y distribución de las precipitaciones — controlan la velocidad de las reacciones químicas, la actividad biológica y la dirección de la migración de sustancias.
Temperatura
Las reacciones químicas en el suelo siguen la regla de Van 't Hoff: al aumentar la temperatura 10 °C, la velocidad de muchas reacciones se multiplica por 2‑3 (Weil & Brady, 2017). Por lo tanto, en regiones cálidas y calurosas, la meteorización de los minerales es significativamente más rápida que en las frías. Sin embargo, la temperatura afecta no solo a la química, sino también al ciclo biológico. En climas cálidos, los microorganismos descomponen los residuos orgánicos más activamente, por lo que la acumulación de humus suele verse dificultada — la materia orgánica se mineraliza rápidamente. Por el contrario, en condiciones frías, la descomposición se ralentiza y los residuos orgánicos pueden acumularse, formando horizontes de humus potentes o incluso depósitos de turba (Scheffer et al., 2018; Foth, 1990).
También es importante el régimen estacional de temperaturas. En latitudes templadas con marcado cambio de estaciones, el aumento estival de la temperatura activa bruscamente los procesos de descomposición, mientras que en los trópicos, con pequeñas fluctuaciones estacionales, la temperatura se mantiene constantemente alta. Esto explica por qué los suelos tropicales, con temperaturas medias anuales similares, contienen carbono orgánico diferente al de los suelos de la zona templada (Buol et al., 2011).
Humedad (precipitaciones y su eficacia)
Las precipitaciones son la fuente de agua para la meteorización, la vida vegetal y el movimiento de sustancias en el perfil del suelo. Sin embargo, no toda el agua caída participa en la formación del suelo. El factor decisivo es la humedad efectiva — la porción de la precipitación que se infiltra en el suelo y participa en los procesos de meteorización y lavado. Este valor depende de la relación entre precipitaciones y evapotranspiración, así como de la distribución temporal de las lluvias (Weil & Brady, 2017).
En un clima muy húmedo (régimen de lavado), el agua se mueve continuamente hacia abajo en el perfil, arrastrando sales solubles, carbonatos y a veces sílice. Así se forman suelos muy lixiviados y ácidos — podzoles, suelos de Al‑Fe‑humus y, en los trópicos, suelos ferrallíticos y oxisoles. En condiciones áridas (régimen no lavante o de efusión), el agua asciende hacia la superficie y se evapora, dejando sales, yeso y carbonatos en el suelo. Así se forman solonchaks, solonetz, suelos castaños y pardos semiáridos (Naumov, 2016; Foth, 1990).
El clima marca la dirección principal de la formación del suelo en grandes territorios. Por eso, en los mapas mundiales de suelos vemos amplios cinturones latitudinales — zonas que, en primera aproximación, se corresponden con las zonas climáticas.
2.2. Organismos (vegetación, animales, microorganismos)
Las plantas son la principal fuente de materia orgánica en el suelo, y los animales y microorganismos son sus transformadores. Los organismos no solo aportan carbono, sino que también modifican activamente el entorno químico del suelo mediante la liberación de ácidos, bases y agentes complejantes (Weil & Brady, 2017; White, 2006).
Vegetación
Los diferentes tipos de vegetación afectan al suelo de manera distinta. Esto se debe a dos razones principales:
1. Cantidad y calidad de los residuos vegetales (hojarasca, exudados radiculares).
2. Profundidad y distribución de los sistemas radiculares.
El contraste más notable es entre bosque y estepa (o comunidades herbáceas).
- Bajo bosque, la mayor parte de la materia orgánica llega a la superficie en forma de hojarasca o acícula. Las raíces de los árboles penetran relativamente poco el horizonte superior. La descomposición se produce en la superficie, por lo que se forma un horizonte orgánico (O) y debajo de él, a menudo, un horizonte eluvial (lavado) de color claro. Los ácidos orgánicos generados durante la descomposición de la hojarasca forestal favorecen la eliminación de hierro, aluminio y partículas arcillosas, lo que conduce a la podzolización o lessivage (Buol et al., 2011; Foth, 1990).
- Bajo vegetación herbácea (en estepas, praderas, prados), la mayor parte de la materia orgánica ingresa al suelo a través de las raíces, que mueren y se descomponen anualmente directamente en la masa mineral. Esto da como resultado la coloración uniforme del horizonte superior con humus, formando un horizonte de humus potente (chernozems, suelos castaños). Las plantas herbáceas son más ricas en elementos cenizas, especialmente calcio, lo que contribuye a una reacción neutra o ligeramente alcalina y a la acumulación de humus de tipo humato (Weil & Brady, 2017; Scheffer et al., 2018).
Diferentes especies de árboles también producen distintos efectos: las coníferas (pino, abeto) generan una hojarasca ácida, resinosa, pobre en bases, que favorece la podzolización; las frondosas (roble, tilo, arce) generan una hojarasca más rica en bases, y los suelos bajo ellas suelen ser menos ácidos, con una acumulación de humus más pronunciada (Buol et al., 2011; White, 2006).
Animales
Los animales desempeñan varias funciones importantes en el suelo (Weil & Brady, 2017; Foth, 1990):
- Bioturbación — mezcla y aflojamiento de la masa del suelo (lombrices, roedores, hormigas, termitas). Esto mejora la aireación, favorece la infiltración del agua y la distribución uniforme de la materia orgánica.
- Procesamiento de residuos orgánicos — los animales trituran el material vegetal, haciéndolo accesible a los microorganismos.
- Creación de macroporos — los canales de lombrices y raíces sirven como vías para la rápida filtración del agua, afectando la migración de sustancias.
El papel de las lombrices de tierra es especialmente importante en la formación de la estructura de los chernozems y otros suelos fértiles de la zona templada. En los trópicos, las termitas y las hormigas se convierten en los principales formadores del suelo, capaces de transportar tierra fina desde la profundidad hasta la superficie (Scheffer et al., 2018).
Microorganismos
Bacterias, hongos y actinomicetos son los principales agentes de la descomposición de la materia orgánica y de la transformación de los minerales. Participan en la humificación, la fijación de nitrógeno, la oxidación y reducción de hierro, manganeso y azufre. Su actividad depende en gran medida de la temperatura, la humedad y la acidez del suelo, por lo que en diferentes zonas climáticas predominan distintas comunidades microbianas (Weil & Brady, 2017).
2.3. Relieve
El relieve redistribuye el agua, el calor y el material sólido, creando condiciones locales que a veces difieren radicalmente del clima regional (Wysocki et al., 2012; White, 2006). Los principales elementos del relieve que influyen en la formación del suelo son:
- Orientación de la pendiente (norte‑sur, este‑oeste). En el hemisferio norte, las laderas orientadas al sur reciben más radiación solar, por lo que son más cálidas y secas. Esto afecta a la composición de la vegetación, la intensidad de la meteorización y el tipo de humus. En las laderas sur de la zona templada suelen encontrarse estepas o prados esteparios, mientras que en las norte — bosques (Buol et al., 2011; Foth, 1990).
- Pendiente. En pendientes pronunciadas, aumenta la escorrentía superficial, disminuye la infiltración y es mayor el riesgo de erosión. Los suelos aquí suelen ser poco profundos, poco desarrollados, con un perfil truncado. En pendientes suaves y en depresiones, por el contrario, se acumulan humedad y tierra fina, y los suelos pueden ser más profundos y ricos (Wysocki et al., 2012).
- Forma de la pendiente (convexa, cóncava, recta). Las laderas convexas pierden humedad y material; las cóncavas los acumulan. Por lo tanto, en las partes cóncavas del paisaje suelen formarse suelos hidromórficos o semihidromórficos.
- Altitud sobre el nivel del mar determina el cambio climático (descenso de la temperatura, cambio en las precipitaciones) y la sucesión de los pisos de vegetación — la zonación altitudinal de los suelos (Naumov, 2016).
El relieve no solo "transmite" pasivamente las condiciones climáticas, sino que también forma activamente catenas — series regulares de suelos desde la divisoria hasta el valle. Hablaremos de ello por separado en la sección 5.
2.4. Material parental
El material parental es la base mineral del suelo. Sus propiedades determinan:
- La composición granulométrica (arena, franco, arcilla). Esto afecta a la permeabilidad, la capacidad de retención de agua, la aireación y el régimen térmico. Las rocas arenosas dan suelos ligeros, bien drenados pero pobres en nutrientes; las rocas arcillosas dan suelos pesados, ricos en coloides y a menudo más fértiles (Buol et al., 2011; Weil & Brady, 2017).
- La composición mineralógica. La composición de los minerales primarios determina el conjunto de elementos que pueden liberarse durante la meteorización. Por ejemplo, los granitos, ricos en cuarzo y feldespatos, dan suelos con predominio de arena cuarzosa y arcillas potásicas. Los basaltos y gabros (rocas básicas) son ricos en hierro, magnesio y calcio, y dan suelos fértiles, arcillosos y de color oscuro (Buol et al., 2011; White, 2006).
- La composición química (presencia de carbonatos, yeso, sales fácilmente solubles). Las rocas carbonatadas (calizas, dolomías) neutralizan los ácidos, favorecen la acumulación de humus de tipo humato y forman suelos neutros o ligeramente alcalinos (rendzinas, suelos sódico‑carbonatados). Las rocas salinas pueden dar solonchaks y solonetz incluso en climas relativamente húmedos (Scheffer et al., 2018; Naumov, 2016).
- La edad y el grado de meteorización de la roca. Si la roca ya había sufrido meteorización antes de convertirse en material parental (por ejemplo, sedimentos retrabajados), su composición inicial puede estar empobrecida en minerales primarios. Esto es típico de muchos depósitos continentales antiguos en los trópicos (Meseta Brasileña, África Central), donde los suelos se forman sobre material muy meteorizado y empobrecido (Buol et al., 2011).
El material parental se manifiesta con mayor fuerza en los suelos jóvenes; con el tiempo, su influencia se debilita gradualmente y los factores climático y biológico cobran más importancia. Sin embargo, incluso en suelos antiguos, la roca madre sigue afectando la composición de oligoelementos y algunas propiedades físicas.
2.5. Aguas subterráneas
Aunque las aguas subterráneas suelen incluirse en el factor hidrológico, su papel en la formación del suelo es tan importante que merece una mención aparte. Las aguas subterráneas afectan al suelo de dos maneras principales (Wysocki et al., 2012; Foth, 1990):
1. Ascenso capilar — cuando el nivel freático es poco profundo, sus sales disueltas pueden ascender a la superficie y acumularse en el suelo (formación de solonchaks, solonetz). Al mismo tiempo, la alimentación capilar puede suministrar humedad a las plantas durante la estación seca.
2. Influencia en la aireación — un nivel freático alto crea condiciones anaeróbicas, lo que conduce a la gleización, reducción de hierro y manganeso, y formación de horizontes gleycos.
Las aguas subterráneas están estrechamente vinculadas al relieve: en las depresiones se encuentran más cerca de la superficie, por lo que los suelos hidromórficos son característicos de los elementos bajos del paisaje. Al mismo tiempo, la composición química de las aguas subterráneas está determinada por las rocas madres y el clima (intensidad del lavado).
2.6. Tiempo
El tiempo es un factor que no actúa por sí mismo, sino que determina el grado de manifestación de todos los demás factores (Weil & Brady, 2017; White, 2006). La misma combinación de clima, vegetación y roca, si persiste durante décadas, da un suelo primitivo y poco desarrollado (Entisol). Si dura miles o millones de años, el suelo puede llegar a estar profundamente diferenciado, muy meteorizado e incluso poligenético (es decir, reflejando varias fases de cambio climático).
En geografía de suelos se distingue la edad absoluta del suelo (en años) de su edad relativa (grado de desarrollo). Los suelos sobre superficies geomorfológicas jóvenes (terrazas fluviales, morrenas, coladas de lava) suelen ser más jóvenes y menos desarrollados. Sobre superficies antiguas (por ejemplo, en las mesetas de Brasil o África), los suelos pueden tener cientos de miles o millones de años, y sus perfiles suelen estar muy alterados.
El tiempo interactúa con los demás factores de forma compleja. Por ejemplo, en una pendiente pronunciada, la erosión elimina constantemente las capas superiores, por lo que el suelo puede permanecer "eternamente joven" a pesar de la gran edad geológica de la superficie (Buol et al., 2011). Esto nos lleva a comprender que la formación del suelo no es un proceso lineal, sino un equilibrio dinámico en el que el suelo puede mantener sus propiedades durante mucho tiempo si la velocidad de formación iguala a la de destrucción (White, 2006).
2.7. Interrelación de los factores: el ambiente formador del suelo como sistema
Hemos considerado cada factor por separado, pero en la naturaleza nunca actúan de forma aislada (Wysocki et al., 2012; Weil & Brady, 2017). Además, existen retroalimentaciones entre ellos: el suelo, al formarse, comienza a influir en la vegetación y el régimen hidrológico, lo que a su vez modifica la formación posterior del suelo.
Veamos algunos ejemplos de interacciones sistémicas:
1. Clima → vegetación → suelo → clima (local). Un clima húmedo favorece el crecimiento del bosque; el bosque crea una hojarasca que sombrea el suelo, reduce la evaporación y altera el régimen hídrico, lo que puede intensificar el lavado y la podzolización. A su vez, el suelo podzólico con reacción ácida puede dificultar el desarrollo de especies frondosas, reforzando el bosque de coníferas.
2. Relieve → redistribución de la humedad → vegetación → suelo. En una ladera sur hay más calor y menos humedad, por lo que se instala una vegetación más xerófila (estepa), que produce menos hojarasca pero más raíces. En la ladera norte — bosque con una gruesa capa de hojarasca. Los suelos de las dos laderas serán completamente diferentes, a pesar del mismo clima y roca (Buol et al., 2011; Foth, 1990).
3. Aguas subterráneas ↔ vegetación ↔ suelo. Cuando el nivel freático mineralizado es poco profundo, la vegetación se vuelve halófila, lo que aumenta el aporte de sales a los horizontes superiores; esto, a su vez, intensifica la salinización y forma solonetz.
4. Tiempo y cambio climático. Dado que el clima ha cambiado a lo largo de la historia geológica, muchos suelos modernos son poligenéticos: llevan rasgos de procesos que ocurrieron en condiciones distintas a las actuales. Por ejemplo, en los desiertos del suroeste de Estados Unidos se encuentran horizontes arcillosos relicticos formados durante el período húmedo del Pleistoceno (Buol et al., 2011; Weil & Brady, 2017).
Esta interconexión y variabilidad histórica es lo que hace que la geografía de los suelos sea a la vez compleja y fascinante. Al comprender el sistema, podemos predecir qué suelo surgirá en un nuevo lugar con una combinación conocida de factores.
3. Zonas bioclimáticas
3.1. Concepto de cinturón edafo‑bioclimático
Ya hemos visto que el clima y la vegetación son los factores principales que determinan el aspecto de los suelos en grandes extensiones. Esto fue observado por primera vez por V.V. Dokuchaev durante sus famosos viajes por Rusia: notó que el cambio de zonas naturales de norte a sur va acompañado de un cambio regular en los suelos. Así nació la doctrina de la zonalidad de los suelos (Naumov, 2016; Weil & Brady, 2017).
En la geografía moderna de suelos se distinguen los cinturones edafo‑bioclimáticos — las subdivisiones regionales más grandes de la cubierta edáfica, caracterizadas por regímenes similares de calor y humedad y, en consecuencia, por tipos similares de procesos edafogenéticos y de vegetación (Naumov, 2016). Estos cinturones tienen generalmente una extensión latitudinal, pero se ven interrumpidos por sistemas montañosos e influencias oceánicas.
El criterio principal para distinguir los cinturones es la suma de temperaturas activas (>10 °C) y el coeficiente de humedad (relación entre precipitaciones y evapotranspiración). Sin embargo, para la geografía de los suelos es igualmente importante qué procesos dominan en cada cinturón: acumulación de humus, podzolización, lessivage, gleización, salinización, ferrallitización, etc. (Buol et al., 2011; Scheffer et al., 2018).
3.2. Principales cinturones edafo‑bioclimáticos de la Tierra
Se suelen distinguir varios cinturones principales que se suceden desde los polos hasta el ecuador. Examinémoslos en términos generales, destacando la relación entre clima, vegetación y procesos edafogenéticos.
Cinturón polar (ártico y subártico)
- Clima: muy frío, verano corto y fresco, invierno largo. Precipitaciones escasas (100‑400 mm/año), pero la evapotranspiración es extremadamente baja, por lo que la humedad es excesiva.
- Vegetación: tundra (musgos, líquenes, arbustos enanos, hierbas); en las islas árticas, manchas de vegetación dispersa.
- Edafogénesis: muy ralentizada por el frío. Dominan la meteorización física (fracturación por hielo) y los procesos criogénicos (crioturbación, solifluxión). La meteorización química es débil. La materia orgánica se descompone lentamente y se acumula como humus grueso o turba. El permafrost está muy extendido, actúa como barrera impermeable y provoca gleización (Foth, 1990; Weil & Brady, 2017).
- Suelos principales: suelos árticos (primitivos), gleycos de tundra, criosoles, turbosos‑gleycos. En Rusia, el cinturón polar está representado por la región polar euroasiática (Naumov, 2016).
Cinturón boreal (templado‑frío, taiga)
- Clima: fresco, con invierno largo y verano corto pero cálido. Precipitaciones moderadas (400‑800 mm/año), superan la evapotranspiración, régimen de lavado.
- Vegetación: bosques de coníferas (taiga) — abeto, pino, alerce, abeto, con cubierta de musgos y líquenes.
- Edafogénesis: dominan la podzolización (hidrólisis ácida de minerales, eliminación de hierro y aluminio) y el lessivage (movimiento de partículas arcillosas). En las variantes frías — proceso Al‑Fe‑humus (migración de humus en complejo con Al y Fe). Los residuos orgánicos se descomponen lentamente, formando humus grueso (mor, moder). Sobre arenas bien drenadas se forman podzoles; sobre francos — suelos podzólicos y sódico‑podzólicos (en la taiga meridional). Son frecuentes los suelos de turbera (Naumov, 2016; Scheffer et al., 2018).
- Suelos principales: podzoles, suelos podzólicos, sódico‑podzólicos, gley‑podzólicos, turbas altas y bajas; en Siberia oriental — suelos de taiga con permafrost (criosoles, suelos pálidos) (Naumov, 2016).
Cinturón subboreal (templado‑cálido, de transición)
Este cinturón ocupa extensas áreas de latitudes templadas donde el clima es más cálido y la humedad varía desde excesiva hasta insuficiente. En su interior se distinguen varias zonas:
Zona forestal (bosques caducifolios y mixtos)
- Clima: verano cálido, invierno suave, precipitaciones 600‑900 mm, régimen de lavado o periódicamente lavante.
- Vegetación: bosques caducifolios (roble, haya, carpe, arce, tilo) con rico estrato herbáceo.
- Edafogénesis: proceso sódico combinado con lessivage y débil podzolización. Se forman suelos grises forestales, suelos pardos forestales (cambisoles). El horizonte de humus es potente, el humus de composición húmico‑fúlvica. Los suelos son menos ácidos que los podzoles (Naumov, 2016; Weil & Brady, 2017).
Zona de estepa‑bosque y estepa
- Clima: verano cálido y seco, invierno moderadamente frío. Precipitaciones 400‑600 mm, régimen no lavante o periódicamente lavante.
- Vegetación: estepas de pradera, comunidades de gramíneas y herbáceas.
- Edafogénesis: domina el proceso sódico (humus‑acumulativo). La hojarasca es rica en bases, la descomposición se produce en condiciones aeróbicas, formándose ácidos húmicos ligados al calcio (humatos). Se forman chernozems — suelos con un horizonte de humus oscuro y potente, reacción neutra, alta capacidad de intercambio catiónico (Naumov, 2016; Foth, 1990). Son unos de los suelos más fértiles del mundo.
Zona de estepa seca (castaña)
- Clima: aún más árido, precipitaciones 250‑400 mm, régimen no lavante, frecuentes vientos secos.
- Vegetación: estepas de festuca y plumero con ajenjo.
- Edafogénesis: la acumulación de humus se debilita; se forman suelos castaños y castaños oscuros. El horizonte de humus es más delgado, el contenido de humus más bajo (2‑4%), aparece un horizonte carbonatado en el perfil, a veces yesífero y salino. A menudo se manifiesta la solonetzidad (presencia de sodio intercambiable). Los suelos son complejos (manchas de solonetz) (Naumov, 2016; Scheffer et al., 2018).
Zona semi‑desértica y desértica
- Clima: muy seco, precipitaciones 100‑250 mm o menos, la evapotranspiración supera ampliamente a las precipitaciones.
- Vegetación: extremadamente dispersa, ajenjo, plantas halófilas, efímeras.
- Edafogénesis: la acumulación de sales se convierte en el proceso dominante. Se forman suelos pardos semi‑desérticos, pardos‑grisáceos desérticos. Los horizontes carbonatados y yesíferos están cerca de la superficie. Son frecuentes los solonchaks (suelos con alto contenido de sales solubles) (Naumov, 2016; Weil & Brady, 2017).
Cinturón subtropical
Se caracteriza por un clima cálido con distinta distribución estacional de las precipitaciones (mediterráneo, monzónico, continental). Los suelos son diversos: pardos, tierras rojas, tierras amarillas, y en zonas áridas — sierozems. En algunas regiones son característicos los procesos fersialíticos (formación de arcillas 2:1 enriquecidas con hierro). Los subtropicales húmedos dan suelos ferralíticos rojos y amarillos.
Cinturones tropical y ecuatorial
- Clima: altas temperaturas todo el año; en el cinturón ecuatorial — precipitaciones abundantes (2000‑4000 mm) distribuidas uniformemente; en los trópicos — estacionalidad de las lluvias (estación húmeda y seca).
- Vegetación: bosques tropicales húmedos (hylea), sabanas, bosques abiertos.
- Edafogénesis: meteorización química muy intensa. En condiciones húmedas se produce la ferralitización — descomposición profunda de silicatos, lavado de sílice y acumulación de óxidos de hierro y aluminio (hematita, goetita, gibbsita). Se forman suelos ferralíticos (Oxisoles, Ferralsoles) — rojos, profundamente meteorizados, pobres en bases, con baja capacidad de intercambio. En los trópicos estacionalmente húmedos son frecuentes los Nitisoles, Acrisoles y suelos ferríticos. En sabanas secas — Vertisoles (suelos arcillosos agrietados) y Luvisoles (Scheffer et al., 2018; Buol et al., 2011).
3.3. Zonas edafo‑bioclimáticas de Rusia
El territorio de Rusia abarca tres cinturones edafo‑bioclimáticos principales (Naumov, 2016):
1. Cinturón polar — suelos árticos y de tundra (región polar euroasiática).
2. Cinturón boreal — suelos de taiga‑bosque (regiones de taiga‑bosque de Europa‑Siberia occidental, Siberia oriental y Extremo Oriente).
3. Cinturón subboreal — suelos de estepa‑bosque, estepa y estepa seca (región de bosque caducifolio y estepa‑bosque; región de estepa y estepa seca; región semi‑desértica y desértica).
Dentro de cada cinturón se distinguen regiones y zonas, correspondientes a la zonalidad latitudinal (Naumov, 2016). Por ejemplo:
- En el cinturón boreal se distinguen zonas de taiga norte, media y sur.
- En el cinturón subboreal — zonas de suelos grises forestales, chernozems (de varios subtipos), suelos castaños, pardos semi‑desérticos y pardos‑grisáceos desérticos.
Además, en el territorio de Rusia se distinguen regiones montañosas (Cáucaso, Urales, Altái, Sayanes, Kamchatka, etc.), donde la zonalidad del suelo tiene un carácter vertical — los pisos cambian al ascender (Naumov, 2016).
3.4. Limitaciones del concepto zonal
Aunque el enfoque zonal proporciona una buena primera aproximación, la cubierta edáfica real es siempre más compleja (Weil & Brady, 2017; White, 2006). Existen:
- Suelos intrazonales — formados bajo la influencia de factores locales que alteran la zonalidad (por ejemplo, solonetz, solonchaks, suelos de turbera, suelos aluviales).
- Suelos azonales — suelos poco desarrollados sobre superficies jóvenes (aluviones, cenizas volcánicas, afloramientos rocosos) donde los procesos zonales aún no han tenido tiempo de manifestarse.
- Suelos relicticos (poligenéticos) — que conservan rasgos de épocas climáticas pasadas y no se corresponden plenamente con las condiciones actuales.
Además, las influencias oceánicas, los regímenes monzónicos y las barreras montañosas crean distorsiones significativas de la zonalidad latitudinal. Por ejemplo, en el Lejano Oriente ruso, debido al clima monzónico, se forman suelos volcánicos y pardos de taiga específicos, que difieren de sus análogos siberianos occidentales (Naumov, 2016).
Por lo tanto, la zonalidad es una tendencia general, no una ley rígida. Marca el fondo general sobre el cual los factores locales crean un rico mosaico de suelos. En las siguientes secciones examinaremos cómo el relieve y la hidrología crean patrones locales (catenas) y cómo el tiempo y el cambio de condiciones generan crono‑, lito‑ y climosecuencias.
Pregunta para reflexionar
¿Por qué no se forman chernozems en la zona de taiga, a pesar de que también hay vegetación herbácea en los claros? ¿Qué factor (o combinación de factores) es determinante? La respuesta está en el equilibrio de calor y humedad, así como en la naturaleza del ciclo biológico — volveremos a ello al hablar de las secuencias de suelos.
4. Principales ambientes formadores de suelos
Los patrones zonales de los que hemos hablado se materializan a través de ecosistemas (biomas) específicos — grandes complejos naturales, cada uno de los cuales crea su propio ambiente formador de suelos característico. Comprender las peculiaridades de estos ambientes nos permite anticipar qué suelos y con qué propiedades encontraremos en los distintos paisajes.
Consideremos los principales ambientes formadores de suelos, que son a la vez los principales biomas de la Tierra y los principales tipos de paisajes edafogenéticos.
4.1. Ecosistemas forestales
El bosque es el ambiente formador de suelos más extendido en las latitudes templadas y tropicales. Un rasgo característico de los suelos forestales es el aporte de la mayor parte de la materia orgánica a la superficie (hojarasca o acícula) y, en consecuencia, la formación de un horizonte orgánico (mantillo) sobre la masa mineral (Weil & Brady, 2017; White, 2006).
Los ecosistemas forestales se subdividen en varios tipos principales, cada uno de los cuales da sus propios suelos:
Bosques de coníferas (boreales) – taiga
- Vegetación: abeto, pino, abeto, alerce; cubierta de musgos y líquenes. La hojarasca es pobre en bases, rica en resinas y taninos, de reacción ácida.
- Clima: fresco, húmedo, con régimen de lavado.
- Procesos principales: podzolización (hidrólisis ácida, eliminación de Fe y Al con ácidos orgánicos), proceso Al‑Fe‑humus; en regiones frías — fenómenos criogénicos. Se forman suelos ácidos, insaturados, pobres en bases.
- Suelos principales: Podzoles, suelos podzólicos, Podburs, Sódico‑podzólicos (en la taiga meridional), Gley‑podzólicos, de taiga con permafrost (en Siberia oriental) (Naumov, 2016; Buol et al., 2011).
Bosques caducifolios y mixtos de la zona templada
- Vegetación: roble, haya, arce, tilo, fresno; rico estrato herbáceo. La hojarasca es más rica en bases, cenizas y nitrógeno que la de las coníferas.
- Clima: templado‑cálido, con régimen periódicamente lavante.
- Procesos principales: combinación de proceso sódico (acumulación de humus) y lessivage (movimiento de partículas arcillosas). La podzolización es débil o nula. Se forman suelos con un horizonte de humus potente, reacción neutra o ligeramente ácida.
- Suelos principales: Suelos grises forestales, grises oscuros forestales, pardos forestales (Cambisoles), así como Sódico‑podzólicos en el límite con la taiga (Naumov, 2016; Weil & Brady, 2017).
Bosques lluviosos tropicales y ecuatoriales (hylea)
- Vegetación: bosques perennifolios de varios estratos con enorme diversidad de especies; la hojarasca es abundante pero se mineraliza rápidamente.
- Clima: caluroso y húmedo todo el año, régimen de lavado.
- Procesos principales: meteorización química intensa (hidrólisis, ferralitización), empobrecimiento profundo en bases y sílice, acumulación relativa de óxidos de Fe y Al. El humus se forma en pequeña cantidad, pero su composición es fúlvica.
- Suelos principales: Ferralsoles (Oxisoles), suelos ferríticos (Nitisoles), y en sitios mejor drenados — Acrisoles y Luvisoles. En los trópicos húmedos también se encuentran Podzoles sobre arenas cuarcíticas muy pobres (Scheffer et al., 2018; Buol et al., 2011).
4.2. Ecosistemas herbáceos (estepas y sabanas)
En estos ecosistemas, la mayor parte de la materia orgánica ingresa al suelo a través de las raíces, que mueren anualmente y se descomponen directamente en el horizonte mineral. Esto contribuye a la formación de un horizonte de humus potente, oscuro y bien estructurado (Weil & Brady, 2017; White, 2006).
Estepas templadas (praderas, pampas, estepas rusas)
- Vegetación: gramíneas perennes (pastos, herbáceas) con potentes sistemas radiculares.
- Clima: cálido, con humedad insuficiente (desde régimen periódicamente lavante hasta no lavante).
- Procesos principales: proceso sódico (humus‑acumulativo). Aporte de hojarasca rica en bases, actividad activa de la mesofauna edáfica, humificación en ambiente neutro. Se forman ácidos húmicos firmemente ligados al calcio (humus humato). Los suelos tienen alta capacidad de intercambio catiónico y están saturados en bases.
- Suelos principales: Chernozems (en la estepa‑bosque y la zona de estepa), Castaños (en la estepa seca), así como Chernozems de pradera y Castaños de pradera en depresiones (Naumov, 2016; Foth, 1990).
Sabanas y bosques abiertos tropicales secos
- Vegetación: mezcla de estrato herbáceo con árboles y arbustos dispersos, a menudo con una estación seca marcada.
- Clima: cálido o caluroso, con estaciones húmeda y seca bien diferenciadas (clima tropical estacionalmente húmedo).
- Procesos principales: la acumulación de humus es menos intensa que en las estepas debido a las altas temperaturas y al largo período seco. Simultáneamente se dan procesos de ferralitización (en la estación húmeda) y carbonatación (en la seca). Se forman suelos con horizonte de humus de espesor medio, a menudo con carbonatos y/o ferricretas (concreciones ferruginosas).
- Suelos principales: Luvisoles, Nitisoles (sobre rocas más fértiles), Acrisoles, y también Vertisoles sobre sustratos arcillosos (Scheffer et al., 2018; Buol et al., 2011).
4.3. Ecosistemas de tundra
- Vegetación: musgos, líquenes, arbustos enanos, hierbas bajas; ausencia de árboles.
- Clima: frío, verano corto, permafrost (criolitozona). Precipitaciones escasas, pero la evapotranspiración es extremadamente baja, por lo que el régimen es excesivamente húmedo.
- Procesos principales: descomposición muy ralentizada de la materia orgánica (acumulación de humus grueso y turba); gleización debido al permafrost como barrera impermeable; crioturbación (mezcla por heladas); meteorización química débil.
- Suelos principales: Gleycos de tundra (Gleysoles), Criosoles, Turbosos‑gleycos, de turbera (Naumov, 2016; Weil & Brady, 2017).
4.4. Ecosistemas desérticos y semi‑desérticos
- Vegetación: extremadamente dispersa, arbustos xerófitos, ajenjo, plantas halófilas, efímeras.
- Clima: muy seco, precipitaciones < 250 mm/año, la evapotranspiración supera ampliamente a las precipitaciones (régimen de efusión).
- Procesos principales: acumulación de sales y carbonatación. La meteorización química es débil, domina la física (térmica, eólica). La materia orgánica apenas se acumula. Son característicos los horizontes carbonatados, yesíferos y salinos, a menudo cementados (calcretas, yescretas, salcretas) (Weil & Brady, 2017; Scheffer et al., 2018).
- Suelos principales: Pardos‑grisáceos desérticos, Pardos semi‑desérticos, Solonchaks, suelos takyroides; sobre arenas — Arenosoles (Naumov, 2016).
4.5. Ecosistemas de turbera (hidromórficos)
Las turberas son ecosistemas con humedad excesiva constante o prolongada, lo que conduce a la anaerobiosis y a la acumulación de turba (Foth, 1990; Weil & Brady, 2017).
- Turberas altas (oligotróficas): alimentadas solo por precipitaciones atmosféricas, vegetación — musgos esfagnos, algodón de pantano, arándano. Turba pobre en bases, ácida, poco descompuesta.
- Turberas bajas (eutróficas): alimentadas por aguas subterráneas ricas en sales minerales, vegetación — juncos, carrizos, espadaña, aliso. Turba más descompuesta, rica en cenizas, próxima a la neutralidad.
- Turberas de transición (mesotróficas): tipo intermedio.
Suelos principales: Turbosos (oligotróficos, eutróficos, de transición) y Turbosos‑gleycos (Naumov, 2016; Scheffer et al., 2018).
4.6. Ecosistemas de llanura aluvial (aluviales)
Las llanuras aluviales de los ríos son paisajes dinámicos donde la formación del suelo se combina con el aporte periódico de aluviones (sedimentos fluviales) (Naumov, 2016; Foth, 1990).
- Vegetación: prados de ribera, saucedas, alisedas, bosques de ribera (roble, olmo, chopo).
- Hidrología: crecidas periódicas (avenidas) que aportan material en suspensión (limo, arena, materia orgánica) y crean condiciones para el proceso sódico y la edafogénesis aluvial.
- Procesos principales: renovación anual de la superficie por una capa de aluvión, ciclo biológico activo, a menudo — proximidad del nivel freático (gleización en la parte inferior del perfil).
- Suelos principales: Aluviales sódicos (en los diques fluviales, arenosos), Aluviales de pradera (en la llanura central, ricos en humus), Aluviales de pradera‑turbera y de turbera (en la llanura de terraza, con humedad excesiva) (Naumov, 2016).
4.7. Ecosistemas de montaña
En las montañas, la formación del suelo obedece a la ley de la zonación altitudinal — el cambio de zonas naturales con la altitud (Naumov, 2016; White, 2006). Las características típicas de los suelos de montaña son:
- Escaso espesor del perfil debido a la erosión y al tiempo limitado de meteorización (las laderas se "rejuvenecen" constantemente).
- Elevada pedregosidad (gran contenido de fragmentos de roca).
- Fuerte dependencia de la orientación de la ladera (norte‑sur, barlovento‑sotavento).
- Manifestación frecuente de procesos criogénicos en los pisos altos.
En los sistemas montañosos se distinguen suelos de montaña específicos, sin análogos en las llanuras: de pradera de montaña, de pradera‑estepa de montaña, de tundra de montaña, de bosque de montaña (pardos y podzólicos) (Naumov, 2016). Por ejemplo, en el Cáucaso y el Altái se distinguen pisos:
- Nival (suelos casi ausentes, rocas desnudas, glaciares);
- Tundra de montaña (suelos primitivos, criosoles);
- Pradera de montaña (suelos de pradera alpina y subalpina);
- Bosque de montaña (pardos forestales, podzólicos, sódico‑podzólicos);
- Estepa de montaña (chernozems, castaños), etc.
4.8. Territorios volcánicos (suelos de cenizas)
Las erupciones volcánicas crean un tipo especial de material parental: cenizas y tobas volcánicas (Weil & Brady, 2017; Scheffer et al., 2018).
- Roca: vidrio volcánico, material piroclástico rico en fases amorfas.
- Meteorización rápida: las cenizas son químicamente activas; al meteorizarse forman alofana e imogolita — minerales con gran superficie específica y capacidad de intercambio aniónico.
- Suelos: Andosoles (en EE.UU. — Andisoles). Se caracterizan por: baja densidad, alta capacidad de retención de agua, intensa acumulación de humus (formación de complejos aluminio‑humus), alta capacidad de fijación de fósforo.
- Característica adicional: el aporte periódico de ceniza fresca a la superficie crea suelos estratificados, donde se alternan capas de ceniza y horizontes de humus. Esto es especialmente característico de Kamchatka, las Islas Kuriles, Japón e Indonesia (Naumov, 2016; Buol et al., 2011).
4.9. Suelos de ambientes modificados por el ser humano
Aunque es un gran tema aparte, cabe mencionar que en los últimos siglos, extensas áreas están ocupadas por agrocenosis y territorios urbanizados. Aquí, la formación del suelo se desarrolla bajo una fuerte influencia humana: labranza, fertilización, mejora, compactación, contaminación, movimiento de tierras. Estos suelos se clasifican como antropogénicos o tecnogénicos (en las clasificaciones internacionales — Antrosoles y Tecnósoles) (Scheffer et al., 2018). Sus propiedades suelen diferir notablemente de las de sus análogos zonales.
4.10. Tabla resumen de los ambientes formadores de suelos
Por comodidad, resumimos las principales características en una tabla (según Naumov, 2016; Buol et al., 2011; Weil & Brady, 2017).
| Ambiente (ecosistema) | Clima | Proceso principal | Suelos principales |
|---|---|---|---|
| Bosques de coníferas (taiga) | fresco, húmedo | podzolización, Al‑Fe‑humus | Podzoles, Podzólicos, Podburs, Gley‑podzólicos |
| Bosques caducifolios | templado‑cálido, húmedo | sódico + lessivage | Grises forestales, Pardos forestales |
| Estepas | cálido, seco | sódico (humus‑acumulativo) | Chernozems, Castaños |
| Sabanas | caluroso, estacionalmente húmedo | acumulación de humus + ferralitización | Nitisoles, Luvisoles, Acrisoles |
| Tundra | frío, húmedo | criogénesis, gleización | Gleycos de tundra, Criosoles |
| Desiertos | caluroso, seco | acumulación de sales, carbonatación | Pardos‑grisáceos, Solonchaks, Arenosoles |
| Turberas | cualquiera, excesivamente húmedo | acumulación de turba, gleización | Turbosos, Turbosos‑gleycos |
| Llanuras aluviales | diverso, inundación periódica | aluvial + sódico | Aluviales sódicos, de pradera |
| Montañas | cambia con la altitud | diversos procesos por pisos | Pradera de montaña, Bosque de montaña, Estepa de montaña |
| Territorios volcánicos | diverso | meteorización de cenizas, formación de alofana | Andosoles (suelos volcánicos) |
Resumen de la sección 4
Cada ambiente formador de suelos es una combinación estable de condiciones climáticas, bióticas e hidrológicas que determina el tipo dominante de proceso edafogenético. Sin embargo, dentro de un mismo ambiente pueden existir variaciones significativas debidas a diferencias en la roca madre, el relieve y la edad. Estas variaciones y sus combinaciones regulares en el espacio son el objeto de la siguiente sección — sobre las catenas y las secuencias de suelos.
5. Catenas
Hemos considerado las zonas de suelos — grandes cinturones latitudinales determinados por el clima y la vegetación. Sin embargo, la cubierta edáfica nunca es homogénea ni siquiera dentro de una misma zona. Al contrario, en cualquier pendiente, desde la divisoria hasta el fondo del valle, observamos un cambio regular de suelos — a veces en pocas decenas de metros. Este fenómeno local pero universal se denomina catena.
5.1. Definición y antecedentes históricos
Catena (del latín catena — "cadena", "eslabón") es una secuencia de suelos que se suceden regularmente desde la cima de una colina (divisoria) hasta el pie de la ladera y luego hasta el fondo del valle, en condiciones de material parental homogéneo y clima similar (White, 2006; Wysocki et al., 2012).
El término fue introducido por el edafólogo británico George Milne en 1935, mientras trabajaba en África Oriental (actual Tanzania). Milne observó que al desplazarse desde la cima de la colina hasta el pie, los suelos cambiaban con cierta regularidad, formando como "eslabones de una misma cadena". Distinguió dos tipos de catenas:
1. Catena sobre roca homogénea — las diferencias entre suelos están relacionadas solo con la redistribución de la humedad, la erosión y la acumulación.
2. Catena sobre varias rocas — se añade el factor del cambio de material parental a lo largo de la pendiente (característico del relieve diseccionado) (Milne, 1935; citado en White, 2006; Wysocki et al., 2012).
Posteriormente, el concepto de catena se perfeccionó y amplió. En la escuela estadounidense de edafología, la catena se entiende más a menudo como una toposecuencia — una serie de suelos en la que el relieve (posición en la pendiente) es el factor diferenciador principal, mientras que todos los demás factores (clima, roca, vegetación, tiempo) se mantienen lo más constantes posible (Buol et al., 2011). Sin embargo, en la concepción moderna, la catena no es solo una serie de suelos, sino un sistema geoquímicamente acoplado, donde las sustancias y el agua se mueven de los elementos superiores a los inferiores, creando vínculos de intercambio (Wysocki et al., 2012).
5.2. Elementos de una catena
Una catena típica en un relieve colinado templado incluye las siguientes posiciones (Buol et al., 2011; Wysocki et al., 2012; White, 2006):
- Divisoria (parte superior plana, interfluvio) — la parte más llana y mejor drenada. Aquí, la precipitación solo se infiltra (sin aporte lateral). Los suelos suelen ser los más desarrollados, con un perfil profundo, que refleja el clima y la vegetación regionales. Es en las divisorias donde suelen formarse los suelos "zonales" (por ejemplo, Chernozem, Podzol, Ferralsol).
- Parte superior de la ladera (hombro) — zona de transición donde comienza la escorrentía y la erosión se intensifica algo. El perfil del suelo puede estar truncado, a menudo con signos de degradación de los horizontes superiores.
- Parte media de la ladera (talud) — la sección más pronunciada. Aquí domina la erosión, con eliminación de tierra fina y materia orgánica; los suelos son poco profundos, a menudo esqueléticos, poco desarrollados, con exposición de horizontes inferiores o incluso de la roca.
- Parte inferior de la ladera (pie) — zona de acumulación. Aquí se acumulan las partículas erosionadas desde arriba (coluvión); la humedad aumenta debido al flujo lateral de agua. Los suelos son más potentes, con mayor contenido de humus, a menudo encharcados.
- Fondo del valle o depresión (toeslope) — la posición más baja, donde confluye el agua de toda la ladera. Aquí puede formarse un humedecimiento freático (si existe un acuícludo) e incluso estancamiento de agua. Se forman suelos hidromórficos (Gleycos, de pradera, de turbera) con signos característicos de gleización y anaerobiosis (Wysocki et al., 2012; White, 2006).
La nomenclatura de los elementos de la catena varía según las clasificaciones, pero la idea general se mantiene: de arriba a abajo aumentan la humedad y la acumulación de material, y el espesor y el grado de desarrollo del perfil cambian de forma no monótona (máximo en la divisoria y en la parte inferior, mínimo en la parte media de la ladera).
5.3. Factores que determinan la diferenciación de los suelos en una catena
La catena es el resultado de varios procesos interrelacionados:
1. Redistribución de la humedad. En una ladera, parte de la precipitación no alcanza a infiltrarse y escurre hacia abajo. Por lo tanto, los elementos inferiores de la catena reciben humedad adicional de la escorrentía, mientras que los superiores la pierden. Esto afecta al lavado, al grado de meteorización y al tipo de vegetación. En regiones áridas, es en la parte baja de la ladera donde pueden persistir manchas de pradera o incluso de bosque entre la estepa seca.
2. Redistribución de material sólido (erosión y acumulación). La erosión de las laderas pronunciadas expone horizontes menos meteorizados, "rejuveneciendo" el suelo. En el pie de la ladera se acumula coluvión — una mezcla de material húmico y partículas minerales, que da suelos más potentes, a menudo más fértiles.
3. Migración geoquímica. El agua que se desplaza por la ladera, tanto superficial como subsuperficialmente, transporta sustancias disueltas. Por ejemplo, los compuestos de hierro y manganeso pueden ser lavados de la parte superior de la ladera y precipitarse en la inferior, formando concreciones ferruginosas o incluso ortstein (Foth, 1990; White, 2006). De manera similar se comportan los carbonatos y las sales fácilmente solubles en condiciones áridas.
4. La vegetación suele cambiar a lo largo de la catena en respuesta a los cambios de humedad y disponibilidad de nutrientes. Esto crea una retroalimentación adicional: las zonas más húmedas de la parte baja pueden ser colonizadas por bosque o pasto denso, lo que intensifica la acumulación de humus.
5.4. Ejemplos de catenas
Ejemplo clásico: Clarion–Nicollet–Webster (EE.UU., Iowa)
Una de las catenas más estudiadas es la secuencia de suelos en las llanuras glaciares del Medio Oeste de EE.UU. (Buol et al., 2011; Weil & Brady, 2017):
- Clarion (en divisorias y laderas superiores) — suelo bien drenado con un potente horizonte de humus (Molisol), formado bajo pradera.
- Nicollet (en laderas medias e inferiores) — menos drenado, con signos de encharcamiento estacional (manchas gleycas).
- Webster (en depresiones) — suelo hidromórfico con un potente horizonte de humus y gleización permanente en la parte inferior, a menudo con horizonte carbonatado.
Esta catena se repite en muchas áreas de la meseta glaciar y sirve como ejemplo clásico de cómo el relieve crea una secuencia regular de suelos incluso sobre material parental homogéneo (franco loéssico).
Catena en la zona de estepa‑bosque de Rusia
Según Naumov (2016), en la zona de estepa‑bosque de la Meseta Central Rusa es típica la siguiente catena:
- En la divisoria — Chernozem típico o lixiviado (potente horizonte de humus, reacción neutra).
- En la ladera superior — Chernozem podzolizado (comienza a aparecer un horizonte eluvial, reacción ligeramente ácida).
- En la ladera media — Suelo gris forestal (erosión, disminución del espesor del horizonte de humus, aumento de la pedregosidad).
- En la parte inferior de la ladera — Chernozem de pradera (mayor espesor de humus, signos de gleización).
- En la depresión — Suelo de pradera o de turbera con horizonte turboso y perfil gleyco.
Patrones similares se describen para paisajes de Europa occidental (Scheffer et al., 2018) y para muchas regiones del mundo (White, 2006).
Catena en la estepa seca (zona de suelos castaños)
En la zona de suelos castaños, las catenas suelen estar asociadas a la solonetzidad y a la complejidad de la cubierta edáfica (Naumov, 2016). En las microelevaciones se forman suelos castaños sin signos de solonetzidad; en las microdepresiones — suelos castaños solonetzicos o incluso solonetz, debido a la ascensión de aguas freáticas mineralizadas hacia la superficie. Así se crean complejos manchados regulares característicos de las estepas secas y semi‑desiertos.
5.5. La catena como sistema geoquímico
Es importante entender que la catena es un sistema abierto (Wysocki et al., 2012). El material extraído de la parte superior puede acumularse en la inferior o incluso salir de los límites de la catena, pasando a la corriente freática o a la red fluvial. En este sentido, se distingue (White, 2006; Wysocki et al., 2012):
- Catenas abiertas — la escorrentía y la erosión eliminan parte del material fuera de la ladera en cuestión (por ejemplo, hacia un barranco o valle fluvial). Los suelos de la parte superior se empobrecen; la parte inferior se enriquece solo parcialmente.
- Catenas cerradas — el material lavado desde la divisoria permanece completamente en la depresión (hoya, cuenca lacustre, cuenca endorreica). En este caso, los suelos de la posición inferior acumulan todo el material y se vuelven especialmente potentes y ricos en materia orgánica y nutrientes.
Esta distinción explica por qué en las depresiones cerradas se forman suelos con un contenido de humus muy alto, mientras que en las laderas abiertas no se produce tal acumulación.
5.6. Importancia de las catenas para la geografía de los suelos y la práctica
El estudio de las catenas tiene varias aplicaciones importantes:
1. Predicción de la cubierta edáfica. Conociendo los patrones catenarios, un edafólogo puede predecir qué suelos se encontrarán en determinados elementos del relieve, sin necesidad de realizar numerosas calicatas.
2. Cartografía de suelos. Los límites de los suelos en un mapa siguen en gran medida los elementos del relieve. Las catenas sirven de base para identificar combinaciones de suelos — áreas donde diferentes suelos se repiten regularmente en el espacio.
3. Uso racional del suelo. Las diferentes partes de una catena requieren enfoques agrícolas distintos: las laderas superiores es mejor dejarlas bajo bosque o pastos perennes para evitar la erosión; las laderas medias — para cultivos con medidas antierosivas; las inferiores — para henificación o pastoreo (teniendo en cuenta el encharcamiento).
4. Modelización ecológica. Las catenas subyacen en muchos modelos ecológicos y paisajísticos, ya que reflejan las relaciones hidrológicas, geoquímicas y biogeocenóticas fundamentales.
Resumen de la sección 5
La catena es una "celda" elemental del paisaje en la que el relieve (la pendiente) crea una redistribución regular del agua y del material sólido, formando una serie secuencial de suelos desde los bien drenados en la cumbre hasta los hidromórficos en la depresión. El principio catenario es clave para comprender la organización local de la cubierta edáfica y es una herramienta importante para la cartografía de suelos y la planificación del uso del territorio.
Del concepto de catena se derivan lógicamente las concepciones más generales de secuencias de suelos (topo‑, climato‑, crono‑, litosecuencias), que examinaremos en la siguiente sección.
6. Secuencias de suelos
Nos hemos familiarizado con las catenas — series regulares de suelos en las laderas. Ahora ascendamos a un nivel más general y consideremos las secuencias de suelos — un concepto que subyace en la edafología moderna y permite estudiar la influencia de cada factor de formación del suelo por separado. Si la catena es un caso particular de secuencia relacionada con el relieve, en un sentido amplio, una secuencia de suelos es una serie de suelos en la que uno de los factores edafogenéticos varía sistemáticamente mientras los demás son lo más similares posible (Weil & Brady, 2017; White, 2006).
6.1. Concepto de secuencia de suelos
Recordemos la fórmula fundamental de Jenny (Jenny, 1941):
Suelo = f(clima, organismos, relieve, roca madre, tiempo)
Si queremos determinar cómo influye exactamente uno de estos factores en las propiedades del suelo, debemos encontrar o crear situaciones donde este factor varíe mientras los otros cuatro son constantes o casi constantes. Entonces, los cambios en las propiedades del suelo a lo largo de la serie estarán relacionados principalmente con el cambio de ese factor específico (Jenny, 1941; Buol et al., 2011).
Este enfoque se denomina método de secuencias (o método de "comparaciones controladas"). Según el factor que se estudie, se distinguen:
- Toposecuencia — relieve (esencialmente una catena, pero en una definición más estricta)
- Climosecuencia — clima
- Cronosecuencia — tiempo
- Litosecuencia — material parental
- Biosecuencia — organismos (principalmente vegetación)
Cada una de estas secuencias sirve como un experimento natural que permite evaluar cuantitativamente la contribución de un factor particular a la formación de las propiedades del suelo. Considerémoslas por turno.
6.2. Toposecuencia
Una toposecuencia es una serie de suelos que se forman en diferentes elementos del relieve (cima, ladera, pie, valle) bajo el mismo clima, vegetación, roca madre y edad (White, 2006; Buol et al., 2011).
En esta definición, la toposecuencia coincide prácticamente con la catena en su sentido estricto (la catena de Milne sobre roca homogénea). Sin embargo, en la literatura moderna, la toposecuencia se considera a menudo un concepto más general, que incluye tanto series de ladera como series en terrazas de diferentes niveles (si la edad es la misma). No obstante, en la mayoría de los casos, estos términos se usan como sinónimos (Weil & Brady, 2017).
Ejemplos clásicos de toposecuencias (catenas) ya los hemos discutido en la sección anterior: la secuencia Clarion–Nicollet–Webster en EE.UU. (Buol et al., 2011), Chernozem–Suelo gris forestal–Chernozem de pradera en la estepa‑bosque rusa (Naumov, 2016), y diversas series hidromórficas en llanuras aluviales y terrazas (Wysocki et al., 2012).
La principal conclusión de las toposecuencias: con el cambio del relieve cambian el régimen hídrico, la carga erosiva y la productividad biológica, lo que se refleja directamente en la profundidad del perfil, el contenido de humus, el grado de gleización y otras propiedades.
6.3. Climosecuencia
Una climosecuencia es una serie de suelos que se forman en diferentes condiciones climáticas (diferente temperatura y/o humedad) con relieve, roca madre, vegetación (en la medida de lo posible) y edad similares (Jenny, 1941; Weil & Brady, 2017).
Esta es quizás la secuencia más conocida, porque es la zonalidad climática la que marca los principales contornos del mapa mundial de suelos. Jenny (1941) y sus seguidores utilizaron las climosecuencias para establecer relaciones cuantitativas entre los parámetros climáticos y las propiedades del suelo.
Ejemplos de climosecuencias:
1. Transecto desde las praderas hasta los desiertos en EE.UU. Al desplazarse de este a oeste (de Nebraska a Colorado), la precipitación anual disminuye de 700 a 300 mm/año con temperatura aproximadamente igual. Los suelos sobre depósitos de loess homogéneos cambian regularmente: Chernozems (Molisoles) → Castaños → Pardos semi‑desérticos → Pardos‑grisáceos desérticos. Disminuye el espesor del horizonte de humus y el contenido de humus, y aumenta la profundidad de efervescencia de los carbonatos (Weil & Brady, 2017; Foth, 1990).
2. Climosecuencia sobre loess en Europa. Jenny y Leonard (1934) demostraron que al aumentar la precipitación anual de 370 a 900 mm sobre depósitos de loess con temperatura similar (unos 11 °C), el contenido de humus aumenta del 1 al 5% y la capacidad de intercambio catiónico aumenta (Buol et al., 2011; citado en Scheffer et al., 2018).
3. Climosecuencia altitudinal. En las montañas, por cada 100 m de ascenso, la temperatura desciende aproximadamente 0,6 °C, y las precipitaciones suelen aumentar hasta cierta altitud. Por lo tanto, en una misma ladera se puede observar un cambio de suelos análogo a la zonalidad latitudinal — se trata de una climosecuencia vertical (altitudinal). Por ejemplo, en el Cáucaso: al pie — Chernozems; más arriba — Suelos grises forestales; más arriba — Pardos forestales; luego — Pradera de montaña; y en las alturas — suelos primitivos (Naumov, 2016).
Las climosecuencias muestran que el clima marca la dirección principal de la formación del suelo, determinando qué procesos dominarán: acumulación de humus, podzolización, ferralitización o acumulación de sales.
6.4. Cronosecuencia
Una cronosecuencia es una serie de suelos que difieren en edad (tiempo de desarrollo) en condiciones idénticas o similares de clima, relieve, roca madre y vegetación (Weil & Brady, 2017; White, 2006). Las cronosecuencias permiten evaluar la velocidad de formación del suelo y la secuencia de aparición de los distintos horizontes y propiedades.
Las cronosecuencias ideales se encuentran en superficies geomorfológicas de diferentes edades:
- Terrazas fluviales. El río va encajándose gradualmente, dejando una serie de terrazas, cada una más antigua que la anterior (cuanto más alta es la terraza sobre la llanura aluvial, más antigua es). Los suelos en estas terrazas tienen la misma roca madre (aluvión), clima y vegetación, pero diferentes edades. Estudiarlos permite rastrear la evolución del suelo en el tiempo.
- Cordones morrénicos (depósitos glaciares). En áreas donde el glaciar retrocedió por etapas, dejando morrenas de diferentes edades, se pueden encontrar cronosecuencias. Por ejemplo, en el norte de EE.UU. (Michigan), Franzmeier y Whiteside (1963) estudiaron suelos en terrazas lacustres de 2250, 3000 y 8000 años de antigüedad (citado en Foth, 1990; Weil & Brady, 2017). A lo largo de 2250 años se formó un perfil A‑C (sódico‑podzólico inicial); a los 3000 años apareció un horizonte Bs (acumulación de óxidos de Fe, Al); a los 8000 años — un horizonte Bhs (con humus). Este es un ejemplo clásico de desarrollo de suelos podzólicos en el tiempo.
- Cenizas volcánicas. En zonas de vulcanismo activo, capas de ceniza de diferentes edades crean cronosecuencias naturales. Por ejemplo, en Kamchatka y Japón, los suelos sobre cenizas recientes (decenas a cientos de años) son primitivos, mientras que sobre cenizas antiguas (miles de años) ya son Andosoles formados con un potente horizonte de humus y minerales alofánicos (Naumov, 2016; Scheffer et al., 2018).
Patrones generales de las cronosecuencias (Jenny, 1980; White, 2006):
- La acumulación de humus es rápida al principio, luego se ralentiza, acercándose a un estado de equilibrio (curva exponencial).
- La profundidad de meteorización y el contenido de minerales arcillosos aumentan con el tiempo, pero la velocidad disminuye (ley de rendimientos decrecientes).
- La diferenciación del perfil (aparición de horizontes netos) requiere, por lo general, varios miles de años para las zonas templadas y decenas a cientos de miles de años para los suelos tropicales profundamente meteorizados.
- La nitidez de los horizontes eluviales e iluviales aumenta con la edad, pero puede alcanzar una meseta (estado estacionario) — el llamado suelo maduro.
Es importante señalar que la edad absoluta del suelo puede variar mucho según las condiciones. Por ejemplo, un horizonte podzólico puede formarse en 1000 años sobre arena en un clima húmedo, mientras que sobre roca compacta en un clima seco podría tardar 10 000 años (Buol et al., 2011). Por lo tanto, las cronosecuencias proporcionan estimaciones relativas de la velocidad de los procesos, pero no dataciones absolutas.
6.5. Litosecuencia
Una litosecuencia es una serie de suelos formados sobre diferentes rocas madres (de distinta composición mineralógica y granulométrica) bajo el mismo clima, relieve, vegetación y edad (Buol et al., 2011; White, 2006). Las litosecuencias permiten evaluar cómo la composición química y mineralógica inicial de la roca afecta a las propiedades del suelo en formación.
Ejemplos clásicos:
1. Granito y gabro (rocas ácidas y básicas) en las mismas condiciones climáticas. Sobre granito (roca ácida, mucho cuarzo, poco Ca, Mg, Fe) se forman suelos arenosos, ácidos y pobres en bases — por ejemplo, Podzoles arenosos o Sódico‑podzólicos. Sobre gabro o basalto (roca básica, poco cuarzo, mucho Ca, Mg, Fe) — suelos arcillosos, ricos en bases, a menudo de color oscuro (semejantes a Chernozems, Cambisoles, Ferralsoles) (Weil & Brady, 2017; Buol et al., 2011).
2. Caliza y arenisca en la misma zona climática. Sobre caliza — Rendzinas (Sódico‑carbonatadas) con alto contenido de humus y reacción neutra; sobre arenisca — suelos Podzólicos o Sódico‑podzólicos ácidos con bajo contenido de bases (Naumov, 2016; Scheffer et al., 2018).
3. Loess y franco morrénico en la estepa‑bosque. Sobre loess (rico en carbonatos, homogéneo) — Chernozems típicos con potente horizonte de humus y perfil carbonatado profundo. Sobre franco morrénico (más grueso, a menudo con cantos rodados) — Chernozems menos potentes, a veces con signos de gleización (Naumov, 2016).
Las litosecuencias muestran que el material parental puede modificar o incluso redefinir el tipo de suelo zonal. En particular, sobre rocas carbonatadas, incluso en la zona de taiga, pueden formarse suelos Sódico‑carbonatados; sobre arenas — Podzoles, mientras que sobre francos — suelos Podzólicos. Por lo tanto, en la cartografía de suelos siempre se tiene en cuenta el factor litológico.
6.6. Biosecuencia
Una biosecuencia es una serie de suelos que se forman bajo diferente vegetación (o diferente conjunto de organismos) en las mismas condiciones de clima, relieve, roca madre y edad (Weil & Brady, 2017; White, 2006). Las biosecuencias permiten evaluar la influencia del factor biótico — cómo exactamente los diferentes tipos de vegetación modifican la formación del suelo.
Ejemplos clásicos de biosecuencias:
1. Bosque vs. estepa sobre la misma roca madre. En la zona de estepa‑bosque sobre depósitos de loess, pueden coexistir en una misma ladera parches de bosque (robledal) y parches de estepa. Los suelos bajo bosque — Grises forestales, con un horizonte de humus menos potente, reacción ligeramente ácida y presencia de horizonte eluvial. Los suelos bajo estepa — Chernozems (o similares a Chernozems), con un perfil de humus potente, reacción neutra, sin horizonte eluvial (Naumov, 2016; Foth, 1990). La razón es la diferente forma de aporte de materia orgánica (hojarasca superficial para el bosque, aporte radicular para la estepa) y la diferente composición de la hojarasca (la forestal es más pobre en bases).
2. Bosque de coníferas vs. bosque caducifolio en las mismas condiciones climáticas. En la taiga media, sobre la misma roca madre (por ejemplo, franco morrénico), bajo bosque de abetos puede formarse un suelo Podzólico con mantillo de musgos y humus ácido grueso, mientras que bajo bosque de tilo‑roble — un suelo Sódico‑podzólico con un horizonte de humus más potente y reacción menos ácida. La diferencia se explica por la composición química de la hojarasca y la actividad de la fauna edáfica (las lombrices son más activas en los bosques caducifolios) (Weil & Brady, 2017; Buol et al., 2011).
3. Experimento con monocultivos sobre la misma roca (San Dimas, California). En el famoso experimento con lisímetros en San Dimas (EE.UU.), se plantaron diferentes especies de arbustos y pinos sobre la misma roca homogénea. Después de 40‑50 años, los suelos bajo las diferentes especies mostraron diferencias notables en el espesor del horizonte A, el contenido de humus, la acidez e incluso la composición de minerales arcillosos (Buol et al., 2011; Weil & Brady, 2017). Este es un ejemplo sorprendente de biosecuencia en condiciones experimentales controladas.
Las biosecuencias muestran que la vegetación puede modificar significativamente el curso de la formación del suelo incluso dentro del mismo clima, creando suelos con diferentes grados de podzolización, acumulación de humus y acidez.
6.7. Integración de las secuencias y su importancia práctica
En los paisajes reales, todos los factores actúan simultáneamente, y separar sus efectos puede ser difícil. Sin embargo, el método de las secuencias permite "desenredar" esta maraña. Por ejemplo, si encontramos un lugar con la misma roca y relieve pero diferente vegetación — es una biosecuencia; si el clima es diferente — una climosecuencia; si la edad es diferente — una cronosecuencia.
A veces las secuencias se superponen. Por ejemplo, a lo largo de una pendiente pueden cambiar la humedad (toposecuencia), la vegetación (biosecuencia) y la edad de la superficie (cronosecuencia, si la pendiente se formó en diferentes momentos). Para aislar el efecto puro de un factor, los investigadores utilizan métodos estadísticos o buscan lugares donde los demás factores estén lo más igualados posible (Jenny, 1941; Buol et al., 2011).
Importancia práctica del estudio de las secuencias:
- Predicción de suelos. Conociendo cómo cambian las propiedades en función del factor, podemos predecir las propiedades de los suelos en territorios inexplorados.
- Evaluación de la resiliencia. Comprender la velocidad de los procesos (cronosecuencias) ayuda a evaluar cuánto tardará un suelo en recuperarse tras una perturbación.
- Reconstrucción de paleoclimas. Los suelos antiguos (paleosuelos) suelen analizarse como elementos de climosecuencias y cronosecuencias para reconstruir climas pasados.
- Uso racional del suelo. Sabiendo cómo afecta la vegetación al suelo (biosecuencia), se puede planificar la forestación o la rotación de cultivos.
Resumen de la sección 6
- Una secuencia de suelos es una serie de suelos en la que un factor varía sistemáticamente mientras los demás permanecen constantes.
- Toposecuencia (catena) — relieve.
- Climosecuencia — clima (temperatura, humedad).
- Cronosecuencia — tiempo (edad del suelo).
- Litosecuencia — material parental.
- Biosecuencia — vegetación (organismos).
Estas secuencias son la herramienta principal de la geografía de los suelos para establecer relaciones causa‑efecto entre los factores de formación del suelo y las propiedades del suelo. Muestran que cada factor contribuye, y que esta contribución varía en diferentes condiciones. Las clasificaciones modernas de suelos se basan en estas regularidades empíricas.
7. Patrones mundiales de distribución de los suelos
Hemos recorrido el camino de lo general a lo particular: desde los factores de formación del suelo hasta las zonas bioclimáticas, los ambientes, las catenas y las secuencias. Ahora es el momento de reunirlo todo en una imagen unificada y responder a la pregunta principal: ¿cómo está organizada la cubierta edáfica de la Tierra en su conjunto?
En esta sección final, consideraremos tres niveles de organización espacial de los suelos:
1. Zonalidad latitudinal — cinturones globales determinados por el clima.
2. Zonación altitudinal — series verticales de suelos en las montañas.
3. Patrones locales — el papel del relieve, la hidrología y la litología dentro de las zonas.
También discutiremos los factores que alteran la zonalidad ideal.
7.1. Zonalidad latitudinal: una visión global
La zonalidad latitudinal es el patrón general de distribución de los suelos en las llanuras, asociado con los cambios de clima y vegetación desde los polos hasta el ecuador. En primera aproximación, las zonas de suelos de la Tierra siguen las zonas climáticas y los biomas (Weil & Brady, 2017; Scheffer et al., 2018).
Un esquema generalizado de norte a sur para Eurasia y América del Norte es el siguiente (Buol et al., 2011; Naumov, 2016):
| Cinturón latitudinal | Condiciones climáticas | Vegetación | Cubierta edáfica (tipos principales) |
|---|---|---|---|
| Polar (ártico) | muy frío, verano corto | tundra, musgos, líquenes | primitivos árticos, Gleycos de tundra, Criosoles |
| Subártico (boreal) | frío, húmedo, verano corto | taiga (bosques de coníferas) | Podzoles, Podzólicos, Gley‑podzólicos, de taiga con permafrost |
| Templado forestal | cálido, húmedo, invierno suave | bosques mixtos y caducifolios | Grises forestales, Pardos forestales, Sódico‑podzólicos |
| Estepa‑bosque y estepa | cálido, humedad insuficiente | estepas de pradera, herbáceas | Chernozems (varios subtipos) |
| Estepa seca | caluroso, seco | estepas secas, ajenjo | Castaños, Castaños oscuros, Solonetz |
| Semi‑desierto y desierto | muy seco, caluroso | vegetación xerófila dispersa | Pardos semi‑desérticos, Pardos‑grisáceos, Solonchaks |
| Subtropical | cálido, humedad variable | bosques esclerófilos, arbustos, bosques secos | Pardos, Tierras rojas, Tierras amarillas, Sierozems |
| Tropical estacionalmente húmedo | caluroso, estación húmeda + seca | sabanas, bosques abiertos, bosques secos | Nitisoles, Luvisoles, Acrisoles, Vertisoles |
| Ecuatorial húmedo | caluroso, húmedo todo el año | bosques tropicales húmedos (hylea) | Ferralsoles (Oxisoles), suelos ferríticos |
Este esquema es una idealización. En realidad, las zonas pueden estar desplazadas, interrumpidas o tener configuraciones complejas. No obstante, refleja la tendencia principal: el cambio de cinturones climáticos conduce a un cambio en los procesos edafogenéticos dominantes.
¿Por qué la zonalidad latitudinal es tan marcada?
- El flujo de radiación solar disminuye desde el ecuador hacia los polos, determinando los gradientes latitudinales de temperatura.
- La circulación atmosférica y las corrientes oceánicas crean zonas latitudinales de humedad (lluvias ecuatoriales, desiertos subtropicales, lluvias templadas, sequedad polar).
- La vegetación (y, por tanto, el tipo de hojarasca y el ciclo biológico) está estrechamente ligada al clima.
- Como resultado, los procesos edafogenéticos clave cambian regularmente: acumulación de humus (estepas) → podzolización (taiga) → ferralitización (trópicos) → acumulación de sales (desiertos).
Sin embargo, las zonas climáticas no son el único factor. Entran en juego otros patrones.
7.2. Zonación altitudinal (zonalidad vertical)
En las montañas, la zonalidad latitudinal se "comprime" verticalmente: por cada 100 m de ascenso, la temperatura desciende unos 0,6 °C y las precipitaciones suelen aumentar hasta cierta altitud (Weil & Brady, 2017; Naumov, 2016). Por lo tanto, en una ladera de montaña se puede observar un cambio de zonas naturales análogo al desplazamiento del ecuador hacia el polo, pero en una distancia de sólo unos kilómetros.
Este fenómeno se denomina zonación altitudinal (o zonalidad vertical) de los suelos. Es especialmente pronunciada en los grandes sistemas montañosos: los Andes, el Himalaya, el Cáucaso, los Alpes, el Tien‑Shan, las Montañas Rocosas.
Secuencia altitudinal típica (ejemplo del Cáucaso):
| Piso altitudinal | Clima | Vegetación | Suelos |
|---|---|---|---|
| Nival (glaciar) | muy frío, nieve y hielo | casi sin vegetación | suelos primitivos, Leptosoles |
| Alpino (pradera de montaña) | frío, verano corto | prados alpinos | Pradera de montaña, Prados alpinos |
| Subalpino | fresco, húmedo | prados subalpinos, arbustos | Pradera de montaña subalpina |
| Bosque de montaña (superior) | fresco | bosques de coníferas | Podzólicos de montaña, Pardos forestales |
| Bosque de montaña (inferior) | cálido | bosques caducifolios | Pardos forestales, Chernozems de montaña |
| Estepa de montaña | cálido, seco | estepas, prados esteparios | Chernozems de montaña, Castaños |
A medida que se avanza hacia el interior del continente, hacia zonas más áridas, la zonación altitudinal puede cambiar: el piso forestal puede desaparecer, y las estepas de montaña pueden ser reemplazadas por semi‑desiertos y desiertos. En montañas muy secas (por ejemplo, en Asia Central) puede observarse una inversión — donde las comunidades más secas y xerófitas se encuentran en los pisos inferiores, y las más húmedas en los superiores (Naumov, 2016).
Matiz importante: la zonación altitudinal no es un análogo exacto de la zonalidad latitudinal porque en las montañas cambian no solo la temperatura, sino también otros factores: la radiación ultravioleta, el régimen de vientos, la pendiente, la orientación, la pedregosidad. Por lo tanto, los suelos de montaña suelen tener rasgos específicos que no se encuentran en las llanuras (escaso espesor, pedregosidad, alta erosionabilidad) (White, 2006; Wysocki et al., 2012).
7.3. El papel de los factores locales: relieve, hidrología, litología
La imagen zonal es solo un fondo. En cada lugar, este fondo es modificado por las condiciones locales. Por eso, en los mapas a pequeña escala vemos zonas, mientras que en los de gran escala vemos un mosaico de suelos.
Relieve y catenas
Ya hemos considerado las catenas como series elementales en una pendiente. A escala global, el relieve crea ecotopos — áreas con condiciones especiales de humedad y erosión que pueden diferir radicalmente de la norma zonal. Por ejemplo, en la zona de chernozems, en laderas pronunciadas pueden formarse suelos Grises forestales (debido a la erosión y el lavado), mientras que en depresiones — Chernozems de pradera o incluso suelos de turbera (debido a la acumulación de agua). Así, el relieve crea desviaciones locales del tipo zonal (Buol et al., 2011; Wysocki et al., 2012).
Hidrología: aguas subterráneas y gleización
Las aguas subterráneas, especialmente en las depresiones, crean condiciones hidromórficas que pueden redefinir la formación del suelo. Por ejemplo, en la zona de suelos castaños (estepas áridas), con aguas freáticas mineralizadas poco profundas, se forman Solonetz o Solonchaks — suelos completamente diferentes de los castaños zonales (Naumov, 2016; Foth, 1990). En la zona de taiga, en las depresiones se desarrollan suelos de turbera, mientras que en las zonas elevadas y drenadas — Podzoles. El factor hidrológico puede anular por completo el proceso zonal.
Litología: material parental
Ya hemos señalado que sobre rocas carbonatadas, incluso en la zona de taiga, pueden formarse suelos Sódico‑carbonatados con reacción neutra y alto contenido de humus — y estos ya no son los "zonales" Podzoles. Sobre rocas básicas (basalto, gabro), los suelos suelen ser más oscuros y ricos en bases que sobre las ácidas. La influencia de la roca madre es especialmente fuerte en los suelos jóvenes (Weil & Brady, 2017; Buol et al., 2011). Con la edad, su papel se debilita, pero nunca desaparece por completo — la composición de oligoelementos y el fondo granulométrico siguen siendo una "herencia" de la roca.
Complejidad de la cubierta edáfica
Como resultado de la acción conjunta de todos estos factores, la cubierta edáfica real representa un mosaico — diferentes suelos se reemplazan en distancias cortas. Esta heterogeneidad es especialmente característica de:
- Estepas secas y semi‑desiertos — aquí son frecuentes los complejos manchados, donde parcelas de Solonetz alternan con suelos Castaños y Pardos (Naumov, 2016).
- Llanuras pantanosas — alternancia de suelos de turbera, de pradera y forestales.
- Superficies de denudación antiguas — donde la erosión exhuma horizontes de diferente composición.
En la geografía global de suelos, estos mosaicos se tienen en cuenta a nivel de combinaciones de suelos — grupos de suelos que se repiten regularmente en el espacio (Wysocki et al., 2012; Scheffer et al., 2018).
7.4. ¿Por qué se altera la zonalidad "ideal"?
A pesar de la aparente regularidad, la cubierta edáfica real a menudo no se ajusta al sencillo esquema latitudinal. Las principales razones (Weil & Brady, 2017; White, 2006; Buol et al., 2011):
1. Suelos históricos (relicticos). Muchos suelos modernos se formaron en condiciones diferentes a las actuales. Por ejemplo, en los desiertos actuales de África y Australia se encuentran suelos con un potente horizonte arcilloso (argílico) formado durante el Pleistoceno húmedo. Son suelos relicticos (poligenéticos), que no están en equilibrio con el clima actual.
2. Influencias oceánicas. Las corrientes marinas y los monzones crean desviaciones de la norma latitudinal. Por ejemplo, en el Lejano Oriente ruso, debido al clima monzónico, se forman suelos pardos de taiga y volcánicos específicos, que no se encuentran en Siberia. Las costas occidentales de los continentes (clima mediterráneo) dan suelos Pardos, mientras que las orientales (monzónicas) — Tierras rojas y Tierras amarillas.
3. Barreras montañosas. Las montañas crean sombras de lluvia (secas en el lado de sotavento) y retienen la humedad (húmedas en el lado de barlovento). Por lo tanto, en lados opuestos de una misma cordillera pueden existir suelos diferentes (por ejemplo, en las laderas occidentales de los Andes — bosques tropicales húmedos, en las orientales — sabanas secas y desiertos).
4. Actividad humana. La agricultura, la deforestación, el riego, el drenaje y la urbanización cambian radicalmente los suelos, creando modificaciones antropogénicas que ya no se ajustan a la clasificación zonal (Scheffer et al., 2018).
7.5. Visión de conjunto: la cubierta edáfica como sistema
En conclusión, la cubierta edáfica de la Tierra es un sistema complejo y multinivel en el que actúan:
- Patrones globales (zonalidad latitudinal, zonación altitudinal) — marcan el fondo general.
- Factores regionales y locales (relieve, hidrología, litología, edad, biota) — modifican el fondo, creando diversidad.
- Legado histórico — climas pasados y procesos geomorfológicos dejan huellas que pueden persistir durante miles y millones de años.
- Impacto antrópico — un factor moderno que cambia rápidamente la faz de los suelos.
Esta multicausalidad y multinivel es lo que hace que la geografía de los suelos sea a la vez compleja y fascinante. La respuesta a la pregunta "¿por qué este suelo en particular está aquí?" rara vez es sencilla: requiere considerar todos los factores y sus interacciones en el tiempo y el espacio.
Conclusión de la lección
Hemos concluido nuestra introducción a la geografía de los suelos. A lo largo de la lección:
- Comprendimos que la geografía de los suelos estudia los patrones de distribución de los suelos y los explica mediante los factores de formación.
- Analizamos los cinco factores principales y mostramos cómo interactúan para crear el ambiente formador del suelo.
- Examinamos las zonas bioclimáticas y mostramos cómo el clima y la vegetación marcan la tendencia principal.
- Estudiamos en detalle los principales ambientes formadores de suelos — bosque, estepa, tundra, desierto, turbera, llanura aluvial, montañas, volcanes.
- Introdujimos el concepto de catena — una secuencia local de suelos en una pendiente donde el relieve redistribuye el agua y la materia.
- Nos familiarizamos con las secuencias de suelos — una herramienta para aislar la influencia de cada factor individual.
- Y, finalmente, sintetizamos todo en una imagen de patrones mundiales, subrayando que la zonalidad es una tendencia, y la realidad siempre es más rica.
La geografía de los suelos no es solo un conjunto de datos, sino una forma de ver el paisaje. Al comprender cómo funcionan los factores, podemos predecir las propiedades del suelo, planificar el uso del territorio y evaluar los riesgos ambientales. Este conocimiento es la base para una gestión racional de los recursos naturales, ya que el suelo es un recurso no renovable a escala de la vida humana, y estamos obligados a entender cómo está estructurado.
Referencias
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