Cuidado

Actualizado: 12 Julio 2026 Русский English

El calabacín es uno de los cultivos más agradecidos del huerto. Con los cuidados adecuados, una sola planta puede dar de 10 a 20 frutos por temporada, con un peso total de 5 a 10 kg (Lebedeva, 1987). Sin embargo, muchos horticultores se enfrentan a una situación en la que, tras las primeras 2 o 3 cosechas, el rendimiento cae bruscamente, los frutos se vuelven más pequeños y las plantas se cubren de oídio. ¿Por qué ocurre esto y cómo evitarlo?

El secreto de la fructificación continua del calabacín no reside en una única técnica, sino en un sistema de acciones regulares y oportunas. El calabacín es un cultivo de crecimiento intensivo: desde la siembra hasta la primera cosecha pasan solo 40–60 días, y desde la polinización hasta la recolección del fruto tierno, de 7 a 12 días (Kotov y Adritskaya, 2016). En un período tan comprimido, cualquier retraso o error en el cuidado se traduce en pérdida de cosecha.

En este artículo analizaremos todas las técnicas clave de cuidado que ayudarán a mantener las plantas sanas y productivas desde principios de verano hasta las heladas.

1. ¿En qué consiste el cuidado?

El cuidado del calabacín no es una acción puntual, sino un ciclo regular de tareas, cada una de las cuales resuelve un problema concreto. Se pueden distinguir cuatro áreas principales:

Cuidado del suelo. El sistema radicular del calabacín es potente, pero superficial: la mayor parte de las raíces se encuentra en la capa superior de 20–30 cm de suelo (Kotov y Adritskaya, 2016). Por lo tanto, el estado de esta capa es fundamental para la nutrición y el suministro de agua a las plantas. Escardar, acolchar y controlar las malas hierbas no es solo "mantener el orden en el bancal", sino crear condiciones en las que las raíces puedan respirar, recibir agua y nutrientes sin competencia.

Cuidado de la planta. El calabacín desarrolla rápidamente una gran masa foliar. El follaje denso, especialmente en plantas viejas, se da sombra entre sí, dificulta la ventilación y crea condiciones ideales para enfermedades fúngicas (Autko y otros, 2012). Eliminar hojas viejas, aclarar y formar la mata no es un procedimiento cosmético, sino una forma de prolongar la vida productiva de la planta.

Manejo de la fructificación. El error más común es dejar frutos sobremaduros "para después". Un fruto grande se convierte en un potente "sumidero" que absorbe nutrientes del resto de la planta. Mientras haya un calabacín sobremaduro en la mata, no se forman nuevos ovarios o se desarrollan muy lentamente (Nonnecke, 1989). La recolección regular es la principal herramienta que obliga a la planta a formar nuevos frutos continuamente.

Control del microclima y protección contra el estrés. El calabacín es una planta amante del calor, pero sufre tanto por el frío como por el exceso de calor. La temperatura óptima para el crecimiento es de 22–28 °C durante el día y de 15–17 °C por la noche (Autko y otros, 2012). Los cambios bruscos, las noches frías, la sequía o, por el contrario, el estancamiento de aire húmedo debilitan la planta, reducen la formación de flores femeninas y hacen al calabacín vulnerable a las enfermedades (Welbaum, 2015).

Control regular del estado de las plantas. Una inspección semanal permite detectar los primeros signos de problemas: cambio de color de las hojas, ralentización del crecimiento, aparición de manchas o plagas. En una fase temprana, cualquier problema es más fácil y rápido de resolver que cuando ya ha afectado gravemente a la cosecha.

Analicemos cada uno de estos puntos en detalle.

2. Cuidado del suelo

Un suelo sano, suelto y libre de malas hierbas es la base sobre la que se sostiene toda la fructificación del calabacín. El sistema radicular de esta planta, aunque potente, es poco profundo: las raíces principales se encuentran en la capa superior de 20–30 cm (Welbaum, 2015). Es en esta capa donde se decide el destino de la cosecha: si las raíces tienen acceso a agua, aire y nutrientes, o si tienen que competir con las malas hierbas y abrirse paso a través de una costra dura.

Escardado: por qué y con qué frecuencia

El escardado no es solo eliminar malas hierbas. Cumple tres funciones importantes:

1. Mejora el intercambio de aire: las raíces del calabacín necesitan oxígeno tanto como las hojas necesitan dióxido de carbono. En un suelo compacto y apelmazado tras la lluvia, las raíces se asfixian, la capacidad de absorción disminuye y la planta comienza a pasar hambre incluso con abonos disponibles (Karataev y Sovetkina, 1984).

2. Rompe los capilares: tras el escardado, la humedad de las capas profundas deja de evaporarse intensamente a través de los canales del suelo. Es una especie de "riego seco" que ahorra agua.

3. Crea una estructura migajosa: en este tipo de suelo, las semillas y raíces contactan mejor con las partículas del suelo y absorben los nutrientes más rápidamente.

Recomendaciones prácticas:

  • El primer escardado se realiza inmediatamente después de la siembra o el trasplante de plántulas, en cuanto se marquen las hileras (Lebedeva, 1987). Profundidad: 4–6 cm, para no dañar las semillas germinadas.
  • Los escardados posteriores se hacen después de cada riego o lluvia, cuando el suelo se ha secado un poco (pero no del todo). La profundidad se aumenta gradualmente hasta 8–12 cm a medida que las plantas crecen (Kotov y Adritskaya, 2016).
  • Cuando las hojas de los calabacines se cierran entre las hileras (aproximadamente 30–40 días después de la siembra), se suspende el escardado: las propias plantas dan sombra al suelo y suprimen las malas hierbas. En ese momento, el trabajo principal con el suelo debería estar completado.

Advertencia importante: no escardes profundamente cerca del tallo: las raíces del calabacín están cerca de la superficie y se dañan fácilmente. Deja un círculo alrededor del tallo de 10–15 cm de radio sin tocar, y escarda solo entre las hileras.

Control de la costra superficial

La costra es una capa densa en la superficie del suelo que se forma tras una lluvia intensa o un riego, cuando el agua se evapora rápidamente y une las partículas finas. La costra:

  • Dificulta la germinación de las semillas: el brote joven no puede atravesar la película dura (Pantielev, 1986);
  • Bloquea el acceso de aire a las raíces, debilitándolas;
  • Aumenta la evaporación de la humedad desde el interior, ya que los capilares de la costra actúan como una mecha.

Qué hacer:

  • Combatir la costra antes de la emergencia. Si después de la siembra ha llovido intensamente y se ha formado una costra, se destruye con un ligero rastrillado transversal a las hileras o con riegos ligeros (80–90 m³/ha) — el agua ablanda la costra y permite que los brotes salgan a la superficie (Pantielev, 1986).
  • Durante el crecimiento activo, el escardado regular (ver arriba) impide que se forme la costra. Lo ideal es escardar cada 5–7 días después de cada humedecimiento.
  • Prevención: el acolchado (ver abajo) resuelve casi por completo el problema de la costra, ya que el acolchado absorbe el impacto de las gotas de lluvia y evita la compactación de la superficie.

El acolchado: tu mejor aliado

El acolchado consiste en cubrir el suelo con materiales orgánicos o sintéticos. Para los calabacines, el acolchado ofrece varias ventajas:

1. Conserva la humedad: la evaporación superficial se reduce entre un 30 y un 50%, lo que es especialmente valioso en veranos calurosos. Las raíces reciben agua de manera más uniforme, sin cambios bruscos de estrés.

2. Suprime las malas hierbas: la luz no llega a las semillas de las malas hierbas y no germinan. Esto reduce drásticamente el trabajo manual de deshierbe.

3. Previene la formación de costra: el suelo bajo el acolchado permanece suelto y estructurado.

4. Protege los frutos de la podredumbre: los calabacines no reposan sobre el suelo húmedo, sino que contactan con el acolchado seco o la película, lo que reduce el riesgo de enfermedades bacterianas y fúngicas (Nonnecke, 1989).

5. Mejora el régimen térmico: el acolchado negro (película o material oscuro) absorbe el calor solar y calienta el suelo, acelerando el desarrollo de las plantas en tiempo fresco (Wehner y otros, 2020).

Tipos de acolchado y sus características:

  • Película de polietileno negro: la opción más popular para el cultivo comercial y para horticultores serios. Calienta bien el suelo, suprime completamente las malas hierbas y conserva la humedad. Inconveniente: la película debe colocarse antes de la siembra (o hacer agujeros para las semillas/plántulas), y en otoño hay que retirarla. También puede sobrecalentar el suelo en regiones cálidas; entonces es mejor usar película reflectante o perforada (Wehner y otros, 2020).
  • Paja, heno, hierba: excelente material orgánico que se descompone gradualmente y fertiliza el suelo. La capa debe ser de al menos 5–8 cm para suprimir eficazmente las malas hierbas. Importante: no uses hierba recién cortada con semillas, o tendrás un semillero de malas hierbas en lugar de acolchado. Es preferible la hierba marchita y ligeramente seca.
  • Compost, estiércol bien descompuesto: es a la vez acolchado y abono. Una capa de 3–5 cm alrededor de las plantas nutre, conserva la humedad y mejora la estructura del suelo.
  • Serrín, astillas: buenos para entre hileras, pero no para el círculo del tallo, ya que pueden acidificar el suelo al descomponerse. Usa solo serrín bien descompuesto.

Consejo práctico: en la zona no chernozem con clima fresco, la película negra da los mejores resultados para la cosecha temprana. En regiones del sur, donde la temperatura a menudo supera los 30 °C, es mejor usar acolchado claro (paja, heno) para no sobrecalentar las raíces.

Control de malas hierbas: estrategia y táctica

El calabacín, especialmente en las primeras 3–4 semanas después de la emergencia, crece lentamente y no puede competir con las malas hierbas de crecimiento rápido. Si no se controlan al principio, las malas hierbas "ahogan" el cultivo, robándole luz, humedad y nutrientes. Además, los herbicidas para calabacines se usan muy raramente, ya que el cultivo es sensible a ellos (Autko y otros, 2012; Wehner y otros, 2020). Por lo tanto, la apuesta principal son los métodos agrotécnicos.

Técnicas principales:

1. Deshierbe mecánico: escardar entre hileras con cultivador o azada (a mano en las hileras). El primer deshierbe se combina con el aclareo de las plántulas, dejando en cada hoyo la planta más fuerte (Lebedeva, 1987). El segundo, a los 10–14 días. Cuando las hojas se cierran (a los 40–50 días), el calabacín ya suprime las malas hierbas con su sombra.

2. "Siembra limpia" (método de provocación): 10–15 días antes de la siembra de calabacines, se riega la parcela para que germinen las malas hierbas. Luego se cortan con un cultivador plano a 2–3 cm de profundidad, sin voltear el terrón. Las semillas del cultivo se siembran en esta tierra preparada y limpia de malas hierbas. Las malas hierbas que germinen más tarde no serán tan abundantes y se eliminan fácilmente con los primeros escardados (Nonnecke, 1989).

3. Acolchado: ya lo hemos mencionado. Es la forma más fiable y de bajo coste de mantener el bancal limpio.

4. Deshierbe manual en las hileras: es obligatorio, ya que entre las plantas de la hilera (especialmente si se sembraron con un intervalo de 50–70 cm) pueden aparecer malas hierbas que la azada no alcanza. Elimínalas cuando sean pequeñas; las malas hierbas adultas se arrancan con raíz y pueden dañar el sistema radicular del calabacín.

Importante: si usas herbicidas (por ejemplo, trifluralina, permitida para calabacines en algunos países), sigue estrictamente las instrucciones y nunca los apliques después de la emergencia o en plantas destinadas al consumo con piel tierna. En el huerto doméstico, es mejor prescindir de productos químicos y optar por el acolchado y el deshierbe manual.

3. Cuidado de la planta

El calabacín es una planta con una enorme superficie foliar. En solo 40–60 días, una mata forma una roseta de hojas grandes y rígidas que puede alcanzar 1,5–2 metros de diámetro (Lebedeva, 1987). Esta masa verde es una fábrica de azúcares, pero solo mientras cada hoja recibe suficiente luz y aire. Cuando las hojas se cierran y comienzan a darse sombra, el nivel inferior muere, convirtiéndose en un foco de enfermedades. El cuidado de la parte aérea no es estética, sino una prolongación de la vida activa de la planta.

Eliminación de hojas viejas y enfermas

El calabacín envejece de abajo hacia arriba: las primeras hojas, formadas cerca del suelo, amarillean, pierden turgencia y a los 30–40 días se vuelven inútiles para la fotosíntesis (Karataev y Sovetkina, 1984). No solo no trabajan, sino que además:

  • Dan sombra al suelo, creando humedad y provocando enfermedades fúngicas;
  • Tocan el suelo húmedo y se pudren rápidamente;
  • Dificultan la ventilación del nivel inferior, donde suelen comenzar el oídio y la podredumbre gris.

Qué y cómo eliminar:

  • Retira todas las hojas que hayan amarilleado, estén manchadas, secas o simplemente toquen el suelo y empiecen a pudrirse.
  • Corta las hojas con un cuchillo afilado o tijeras de podar cerca de la base, dejando un muñón de no más de 1–2 cm — no las arranques con las manos para no dañar el tallo (Wehner y otros, 2020).
  • Durante la temporada, realiza una poda sanitaria cada 1–2 semanas, especialmente después de lluvias, cuando la humedad es alta. En tiempo caluroso y seco, se puede hacer con menos frecuencia.
  • No elimines más de 2–3 hojas inferiores a la vez, para no debilitar la planta bruscamente. La eliminación escalonada es menos estresante.

Como resultado, la parte inferior de la mata queda "ventilada", los rayos solares penetran más profundamente, calentando el suelo, y el acceso a los ovarios para las abejas mejora. Según Autko y otros (2012), la eliminación regular de las hojas inferiores en invernaderos reduce la incidencia de podredumbre gris en un 30–50%.

Aclareo de matas densas

En los calabacines, especialmente los viejos o cuando se plantan demasiado juntos, se forman numerosos brotes laterales y hojas que se superponen. La densidad excesiva conduce a:

  • Reducción de la fotosíntesis (cada hoja recibe menos luz);
  • Dificultad en la polinización (las abejas no pueden llegar a las flores en el follaje denso);
  • Aumento de la humedad dentro de la mata — condiciones ideales para oídio y antracnosis (Nonnecke, 1989).

Cómo aclarar:

  • En las variedades arbustivas (la mayoría de los calabacines modernos son arbustivos), elimina los brotes laterales si son demasiados. Deja 3 o 4 de los más fuertes y corta el resto.
  • Retira también las hojas que crecen hacia el interior de la mata, se entrecruzan o se rozan entre sí — no reciben luz y solo sirven de refugio a las plagas.
  • Deja una distancia entre plantas de al menos 70 cm (para las arbustivas) y 1–1,5 m (para las trepadoras) — esta es la prevención básica del exceso de densidad (Welbaum, 2015).

Poda sanitaria: eliminar todo lo superfluo

Además de las hojas viejas, retira:

  • Flores que no han dado ovario (especialmente las masculinas después de la floración) — solo consumen recursos.
  • Ovarios dañados o deformes — no crecerán hasta un estado comercializable, pero frenarán la formación de nuevos (Kotov y Adritskaya, 2016).
  • Zarcillos y brotes laterales en variedades que los producen, si no son necesarios para formar la mata (en variedades arbustivas los zarcillos son prácticamente inexistentes).

La poda sanitaria regular no solo saneja la mata, sino que redirige los nutrientes hacia los ovarios y frutos jóvenes, aumentando su tamaño y cantidad.

Particularidades del cuidado de variedades arbustivas y trepadoras

La mayoría de las variedades modernas de calabacín tienen forma arbustiva: compactas, con entrenudos cortos, ideales para parcelas pequeñas. Sin embargo, también existen formas trepadoras (por ejemplo, la antigua variedad "Gribovskiye") y variedades de tipo zucchini con hábito semitrepador.

Variedades arbustivas:

  • No necesitan ser formadas: crecen por sí mismas en forma de mata densa.
  • La tarea principal es eliminar las hojas inferiores viejas y vigilar que la mata no se densifique demasiado.
  • Si está demasiado densa, se pueden eliminar algunas hojas centrales para dar acceso de luz a los ovarios.

Variedades trepadoras y zucchinis:

  • Si la variedad produce tallos largos (más de 1,5 m), se pueden guiar a lo largo del bancal, fijándolos al suelo en varios puntos para que enraícen — esto da raíces adicionales y aumenta la nutrición (Lebedeva, 1987).
  • Cuando el tallo alcanza 2–3 metros, se pinza el punto de crecimiento — esto estimula el crecimiento de brotes laterales, que tienen más flores femeninas (Karataev y Sovetkina, 1984).
  • Las formas trepadoras se cultivan mejor en espalderas o redes para ahorrar espacio y mejorar la iluminación.

Uso de soportes y cultivo vertical

Aunque el calabacín tradicionalmente se arrastra por el suelo, el cultivo vertical en soportes tiene varias ventajas, especialmente para variedades con tallos largos y para parcelas pequeñas:

  • Los frutos no tocan el suelo, lo que elimina la podredumbre y el daño por babosas.
  • Mejora la ventilación y la iluminación, reduciendo el riesgo de oídio.
  • Se ahorra espacio: los tallos pueden subir por una espaldera de 1,5–2 m (Wehner y otros, 2020).
  • Se facilita la recolección: todos los frutos son visibles, no hay que apartar las hojas.

Cómo organizar el cultivo vertical:

  • Coloca soportes resistentes (estacas de madera, tubos metálicos o malla metálica) a lo largo de la hilera.
  • A medida que crecen los tallos, átalos al soporte con cuerda suave (sin apretar, para no estrangular el tallo).
  • Elimina los brotes laterales, dejando 2–3 principales, para no sobrecargar el soporte.
  • Para las variedades arbustivas, el cultivo vertical no es adecuado — no trepan y tienen un tallo rígido y erguido que puede romperse por el peso de los frutos.

Importante: los frutos de los calabacines cultivados verticalmente pueden alargarse por su propio peso, pero para la mayoría de las variedades esto no es crítico. Lo principal es atar el tallo, no el fruto, para que la carga se distribuya uniformemente.

4. Manejo de la fructificación

El principal secreto de un calabacín longevo es la recolección regular de la cosecha. El calabacín es una planta con un potencial de fructificación ilimitado: en condiciones favorables, una mata puede dar de 10 a 20 frutos por temporada, y el período desde la polinización hasta la recolección del fruto tierno es de solo 7–12 días (Nonnecke, 1989; Kotov y Adritskaya, 2016). Sin embargo, este potencial solo se realiza bajo una condición: los frutos no deben sobremadurar en la planta. Veamos cómo funciona el mecanismo de fructificación y cómo manejarlo.

Por qué la recolección regular estimula nuevos ovarios

La base es el principio de dominancia de los "sumideros fuertes". En el calabacín, como en otras cucurbitáceas, los nutrientes (asimilados) se distribuyen entre los frutos en crecimiento según el principio de competencia. El fruto más grande se convierte en el principal "sumidero": atrae la mayor parte de los azúcares, elementos minerales y agua que podrían destinarse a la formación de nuevos ovarios (Nonnecke, 1989). La planta "invierte" en los frutos ya cuajados y frena temporalmente la formación de nuevas flores y ovarios.

Este es un mecanismo evolutivo: las semillas en el fruto envejecido deben recibir el máximo de recursos para sobrevivir. Pero para el horticultor, esto significa que si dejas un calabacín sobremaduro en la mata, no cuajarán nuevos frutos o serán pequeños y deformes. Por el contrario, al retirar el fruto se elimina la dominancia y la planta dirige inmediatamente los recursos liberados a la formación de nuevas flores y ovarios.

Cómo funciona en la práctica:

  • Al inicio de la fructificación (primera oleada), suelen cuajarse 2–3 frutos. Hay que retirarlos en cuanto alcancen el tamaño de recolección.
  • Después, la planta activa la segunda oleada de floración y el proceso se repite.
  • Con la recolección regular, el calabacín fructifica de forma continua hasta las heladas (Lebedeva, 1987).

Qué ocurre cuando los frutos sobremaduran

Un calabacín sobremaduro no solo es una pérdida de calidad gustativa. Es una señal para la planta de "completar la misión" y centrarse en la maduración de las semillas. En cuanto el fruto alcanza la madurez biológica (la piel se endurece, las semillas se vuelven grandes), la planta comienza a ralentizar la formación de nuevas flores y finalmente deja de florecer.

Además, los frutos sobremaduros:

  • Consumen nutrientes que podrían destinarse a nuevos ovarios;
  • Aumentan la carga sobre el sistema radicular y el aparato foliar, acelerando el envejecimiento de la mata;
  • Comienzan a pudrirse por el contacto prolongado con el suelo, convirtiéndose en foco de infección.

Por lo tanto, nunca dejes en la mata frutos que hayan superado el tamaño comercial, aunque no pienses comerlos — es mejor cortarlos y enviarlos al compost (o usarlos como alimento para animales si son grandes). Esto previene el estancamiento en la fructificación.

Frecuencia óptima de recolección

En el pico de la fructificación (julio–agosto), los calabacines deben recolectarse al menos cada 2–3 días (Welbaum, 2015). En tiempo caluroso, los frutos engordan más rápido y el intervalo puede reducirse a 1–2 días. Con una recolección menos frecuente, corres el riesgo de:

  • perder parte de la cosecha por sobremaduración;
  • reducir la productividad general de la mata.

Plazos orientativos de recolección según el uso:

Uso previsto Tamaño del fruto Edad del fruto
Ensaladas, fritura, guisos (los más tiernos) 10–15 cm, diámetro 3–5 cm 3–5 días después de la polinización
Consumo universal 15–20 cm, diámetro 5–7 cm 5–8 días
Para rellenar, conservas 12–18 cm (según variedad) 6–10 días
Para semillas o almacenamiento prolongado (calabacines de invierno) Madurez biológica completa 30–40 días después de la polinización

En la mayoría de los casos, para el uso diario es mejor recolectar calabacines de 15–20 cm de largo: aún no han perdido ternura, pero ya han alcanzado un peso suficiente (Karataev y Sovetkina, 1984).

Consejo práctico: corta el fruto con parte del pedúnculo (dejando 2–3 cm) para no dañar la planta. No arranques el fruto, ya que podría dañar el tallo y abrir la puerta a infecciones.

Particularidades del cultivo para frutos jóvenes y maduros

Para obtener calabacines jóvenes (tiernos) de forma continua — sigue la regla de la recolección regular y no permitas la sobremaduración. Si notas que el fruto comienza a amarillear o la piel se endurece, retíralo, aunque no sea apto para el consumo.

Para obtener frutos maduros (para almacenamiento invernal o semillas):

  • No dejes más de 2–3 frutos por mata para que maduren — de lo contrario serán pequeños.
  • Retira el resto de los ovarios para que la nutrición se concentre en esos frutos.
  • El tiempo de maduración es de 30–40 días después de la polinización. Señal de madurez: la piel se vuelve dura (no se hunde con la uña) y el pedúnculo comienza a secarse (Nonnecke, 1989).

Ten en cuenta que los calabacines cultivados para frutos maduros suelen ser variedades de invierno (por ejemplo, "Spaghetti", "Orange Bush"). La mayoría de las variedades de verano no son aptas para el almacenamiento y deben consumirse frescas.

Resumen: maneja la fructificación a través de la recolección

El manejo de la fructificación es una herramienta sencilla y eficaz. Reglas básicas:

1. Recolecta frutos cada 2–3 días.

2. No permitas la sobremaduración: corta y retira del bancal los frutos sobremaduros.

3. Corta los frutos con parte del pedúnculo, sin arrancarlos.

4. Para almacenamiento invernal, deja no más de 2–3 frutos por mata y déjalos madurar completamente.

El cumplimiento de estas sencillas reglas garantiza que tu calabacín fructifique hasta el frío y que los frutos frescos te alegren todo el verano y otoño.

5. Control del microclima

El calabacín es originario de regiones cálidas, pero sus requisitos de microclima van más allá del simple "le gusta el calor". Las condiciones óptimas para el crecimiento y la fructificación son una temperatura diurna de 22–28 °C, nocturna de al menos 15–17 °C, humedad del aire de alrededor del 60–70 % y una buena circulación de aire alrededor de hojas y frutos (Nonnecke, 1989; Autko y otros, 2012). Las desviaciones en cualquier dirección provocan estrés, que afecta inmediatamente a la cosecha: caída de flores, amarilleo de ovarios, frutos más pequeños y enfermedades fúngicas que encuentran una oportunidad para desarrollarse. Veamos cómo controlar estos parámetros en la práctica.

Protección contra el sobrecalentamiento

Cuando la temperatura supera los 30–32 °C, los calabacines comienzan a tener problemas graves:

  • El polen se vuelve estéril — no se produce polinización, los ovarios caen (Welbaum, 2015).
  • Los estomas se cierran — la fotosíntesis se ralentiza, la planta entra en modo de supervivencia.
  • Las hojas pierden turgencia incluso con el suelo húmedo — las raíces no alcanzan a suministrar agua debido a la alta transpiración.
  • Los frutos se vuelven más pequeños y maduran prematuramente.

Cómo proteger contra el sobrecalentamiento:

1. Acolchado claro. En regiones cálidas, usa paja, heno, hierba clara o tela no tejida de color blanco. La película oscura sobrecalienta el suelo y puede dañar las raíces. El acolchado claro refleja los rayos solares y mantiene el suelo más fresco.

2. Sombreo en las horas más calurosas. Si tienes un período prolongado con temperaturas superiores a 35 °C, coloca un material ligero de cobertura (agrotextil, gasa, malla fina) sobre el bancal a una altura de 0,5–1 m. Debe dar sombra, pero no sombra total: un 30–50 % de sombra es suficiente para reducir la temperatura varios grados y proteger las flores de la esterilidad (Wehner y otros, 2020).

3. Riego por la mañana. Si riegas los calabacines durante el día con calor, el agua puede quemar las hojas (efecto lupa). El riego matutino permite a las plantas almacenar humedad hasta el mediodía y soportar mejor las altas temperaturas.

4. Eliminación de hojas inferiores para mejorar la circulación del aire (ya lo hemos mencionado en el capítulo 3). El aire caliente estancado dentro de la mata es aún más peligroso que el simple calor.

Protección contra las noches frías

El calabacín tolera mal las temperaturas inferiores a 10 °C. Con olas de frío prolongadas:

  • El crecimiento de las raíces se ralentiza — dejan de absorber agua y nutrientes de manera eficiente.
  • Se suprime la formación de flores femeninas — la planta produce solo flores masculinas, lo que reduce la cosecha (Kotov y Adritskaya, 2016).
  • Los ovarios jóvenes pueden morir por estrés por frío.

Cómo proteger contra las noches frías:

1. Coberturas temporales. Al comienzo de la temporada, cuando aún son posibles las heladas tardías, usa túneles de plástico o cubiertas de tela no tejida. En noches frías, cubre las plantas por la tarde y retira la cubierta por la mañana cuando la temperatura supere los 15 °C. En noches especialmente frías, se puede añadir una capa adicional (spunbond + plástico), pero es importante no sobrecalentar durante el día bajo el sol.

2. Bancales calientes. Si plantas calabacines en un bancal relleno con estiércol o compost bien descompuesto (capa de 20–30 cm), el calor biológico calentará las raíces incluso con temperaturas del aire más bajas. Esto es especialmente útil en regiones con veranos frescos (Lebedeva, 1987).

3. Elección de variedades. En regiones con veranos cortos y frescos, elige variedades resistentes al frío (por ejemplo, "Aeronaut", "Beloplodny") — son menos sensibles al enfriamiento.

4. Laderas orientadas al sur y protección contra el viento. Plantar en una ladera sur o junto a un muro de la casa proporciona calor adicional gracias a la radiación solar. La protección contra los vientos fríos del norte (barreras de maíz o girasol) también ayuda a conservar el calor (Nonnecke, 1989).

Influencia de la humedad del aire

Para los calabacines, especialmente durante la floración y el cuajado, la humedad del aire es crucial:

  • Con humedad alta (más del 80 %), el polen se aglutina y se transporta mal por el viento y los insectos, la polinización es ineficaz. Además, la alta humedad crea condiciones ideales para el oídio, la podredumbre gris y la antracnosis (Welbaum, 2015).
  • Con humedad baja (menos del 50 %), el polen se seca en las flores antes de que la abeja pueda transportarlo. Los ovarios pueden no formarse y los ya cuajados detienen su crecimiento.

Qué hacer:

  • Riega directamente al suelo, sin mojar las hojas. El riego por aspersión aumenta la humedad del aire y puede provocar enfermedades. Usa riego por goteo o una regadera sin difusor, dirigiendo el agua estrictamente al suelo.
  • En tiempo muy seco (humedad inferior al 40 %), puedes humedecer ligeramente el aire alrededor de las plantas regando los caminos o colocando recipientes abiertos con agua cerca de los bancales. Pero esto solo debe hacerse en tiempo caluroso y seco, cuando las enfermedades fúngicas no se ven favorecidas por la humedad.
  • En períodos lluviosos, cuando la humedad es alta, la prioridad es la ventilación (ver más abajo). Elimina regularmente las hojas inferiores para que el aire circule libremente.

Asegurar una buena ventilación de las plantaciones

El aire estancado y húmedo es el principal enemigo de los calabacines. Incluso sin lluvia, si no hay movimiento de aire en el follaje denso, por la mañana y por la noche se forma condensación, que es el punto de partida de las infecciones fúngicas. El oídio aparece precisamente en estas condiciones (Nonnecke, 1989).

Técnicas prácticas para mejorar la ventilación:

1. Distancia adecuada al plantar. Para variedades arbustivas: 70×70 cm o 70×100 cm; para trepadoras: al menos 140×140 cm (Welbaum, 2015). No escatimes espacio: las plantaciones densas ventilan mal.

2. Eliminación regular de hojas inferiores viejas (ver capítulo 3). Es la forma más eficaz de abrir el acceso del aire a la zona de las raíces.

3. Eliminación de brotes laterales sobrantes en variedades trepadoras. Deja 2–3 brotes principales y retira el resto.

4. Cultivo en espalderas (para formas trepadoras) o en caballones bien ventilados. No coloques los calabacines en zonas bajas donde el aire se estanca.

5. Ventilación de las cubiertas. Si usas túneles de plástico o invernaderos, asegúrate de dejar acceso al aire: abre los extremos o haz aberturas de ventilación. En días soleados sin ventilación, la temperatura dentro de la cubierta puede subir a 40–45 °C, lo que es perjudicial para las plantas (Karataev y Sovetkina, 1984).

Resumen breve sobre el microclima

  • Calor superior a 30 °C: da sombra, acolcha con materiales claros, riega por la mañana.
  • Frío inferior a 10 °C: usa cubiertas, bancales calientes y elige laderas soleadas.
  • Humedad alta: riega al suelo, elimina hojas sobrantes, asegura ventilación.
  • Humedad baja: humedece ligeramente el aire en calor extremo, pero sin pasarse.
  • Ventilación: plantación adecuada, eliminación de hojas viejas y ventilación de cubiertas son clave para la salud.

6. Control regular del estado de las plantas

La inspección regular es la mejor prevención. La mayoría de los problemas con los calabacines (enfermedades, plagas, deficiencias nutricionales) son mucho más fáciles de solucionar en una fase temprana que cuando ya han afectado gravemente a la cosecha. Los horticultores experimentados inspeccionan sus bancales al menos una vez por semana, y en plena temporada incluso con más frecuencia, especialmente después de lluvias o cambios bruscos de temperatura (Nonnecke, 1989; Karataev y Sovetkina, 1984). El control regular no requiere mucho tiempo, pero proporciona información valiosa para ajustar los cuidados a tiempo.

A continuación, una lista de los signos clave a los que prestar atención en cada inspección.

1. Velocidad de crecimiento y dinámica general

El calabacín es una de las hortalizas de crecimiento más rápido. En condiciones favorables, el crecimiento de nuevas hojas y frutos es visible en uno o dos días. Si notas que:

  • El crecimiento se ha ralentizado — las hojas se vuelven más pequeñas, no aparecen nuevos brotes, los frutos tardan en aumentar de tamaño — es la primera señal de estrés. Las causas pueden ser varias: falta de agua, de nutrientes, sobrecalentamiento, aire estancado, inicio de una enfermedad. Hay que comprobar todos los demás puntos de esta lista.
  • La planta se ve marchita incluso por la mañana — es posible que las raíces estén dañadas (por ejemplo, exceso de humedad o plagas en el suelo). En tiempo caluroso, un ligero marchitamiento al mediodía es normal, pero si persiste hasta la noche y se repite por la mañana, es un problema (Welbaum, 2015).

2. Color de las hojas: indicador de nutrición

El color y el estado de las hojas es el indicador más visible de la salud de la planta. Diferentes cambios de color indican diferentes problemas:

  • Hojas verde oscuro, "gordas" con crecimiento excesivo — exceso de nitrógeno. Estimula la masa vegetativa en detrimento de la floración y la fructificación. Reduce los abonos nitrogenados y añade fósforo y potasio (Wehner y otros, 2020).
  • Hojas verde claro, pálidas, especialmente las inferiores — falta de nitrógeno. Aplica un abono complejo con nitrógeno o materia orgánica (purín de estiércol, té de hierbas).
  • Bordes amarillentos de las hojas (clorosis marginal) — suele indicar deficiencia de potasio. Es especialmente crítico en plantas en fructificación. Aplica un abono potásico (sulfato de potasio, ceniza).
  • Amarilleo entre las nervaduras (hojas superiores) — carencia de magnesio o hierro. Se puede pulverizar con una solución diluida de sulfato de magnesio o quelato de hierro.
  • Bordes y manchas marrones y secas — puede ser quemadura solar (si la hoja estaba mojada bajo el sol directo) o signo de infección bacteriana o fúngica. Examina las manchas: si son difusas, con un borde amarillo, probablemente sea una enfermedad (Nonnecke, 1989).

Importante: el amarilleo y la muerte natural de las hojas inferiores viejas es un proceso normal de envejecimiento. Sin embargo, si amarillean las hojas jóvenes o el amarilleo se extiende rápidamente hacia arriba, es una señal de alarma.

3. Floración y formación de ovarios

La floración es la base de la futura cosecha. En cada inspección, evalúa:

1. Proporción de flores masculinas y femeninas. Al principio de la temporada, en la mayoría de las variedades aparecen primero las flores masculinas y luego las femeninas. Si después de varias semanas desde el inicio de la floración la planta sigue teniendo solo flores masculinas, la causa puede ser el estrés (frío, calor, falta de nutrientes). A veces ayuda un abono con potasio y fósforo o un tratamiento con estimulantes de la fructificación (Kotov y Adritskaya, 2016).

2. Caída de ovarios. Si los ovarios amarillean y se secan sin crecer, puede deberse a varias razones:

  • Polinización insuficiente (no hay abejas, o hace demasiado calor/humedad para una polinización normal). Se puede realizar la polinización manual: arrancar una flor masculina, quitarle los pétalos y tocar el estigma de la flor femenina con las anteras (Welbaum, 2015).
  • Sobrecarga de la planta con frutos: si ya hay frutos grandes en la mata, los nuevos ovarios pueden caer. La recolección regular ayuda (ver capítulo 4).
  • Falta de nutrientes, especialmente potasio.
  • Ataque de plagas o enfermedades (por ejemplo, pulgón en los pedúnculos).

4. Desarrollo de los frutos

Al inspeccionar, evalúa los frutos no solo por tamaño, sino también por aspecto:

  • Forma correcta. Si los frutos están torcidos, con un extremo engrosado o, por el contrario, con un "pico" delgado, suele indicar problemas de polinización (distribución desigual del polen) o deficiencia de nutrientes (especialmente boro y potasio). En tiempo caluroso, estos defectos son más frecuentes (Nonnecke, 1989).
  • Huecos internos — a veces aparecen por exceso de nitrógeno o falta de humedad durante el crecimiento rápido del fruto (Wehner y otros, 2020).
  • Podredumbre apical — una mancha oscura en el extremo del fruto que crece y se vuelve blanda. No es una infección, sino un trastorno fisiológico causado por falta de calcio debido a un riego irregular o exceso de nitrógeno. Corrige el riego y aporta calcio (por ejemplo, nitrato cálcico en el abonado).

5. Signos de enfermedades

Las enfermedades del calabacín se manifiestan en la mayoría de los casos en las hojas, y con menos frecuencia en los frutos y tallos. Las más comunes (Nonnecke, 1989; Autko y otros, 2012):

  • Oídio. Capa blanca o grisácea en el haz de las hojas, que se desprende fácilmente con el dedo. Con el tiempo, las hojas se vuelven marrones y se secan. Afecta sobre todo a mediados y finales del verano, con alta humedad y plantaciones densas. En una fase temprana, se pueden eliminar las hojas afectadas y pulverizar con infusión de ajo, suero de leche o biopreparados. Si se extiende mucho, usar fungicidas autorizados (pero en el huerto doméstico es mejor recurrir a medidas agrotécnicas: eliminación de hojas, mejora de la ventilación).
  • Mildiu velloso (peronospora). Manchas amarillas angulosas en el haz de las hojas y, en el envés, una capa gris violácea. A diferencia del oídio, la capa no se desprende. Es una enfermedad peligrosa que progresa rápidamente. Ante los primeros signos, elimina las hojas afectadas y pulveriza con preparados a base de cobre (caldo bordelés) o biopreparados.
  • Antracnosis. Manchas marrones o amarillentas con borde oscuro, a menudo con grietas en el centro. Puede afectar también a los frutos, con manchas hundidas y húmedas. Elimina las partes afectadas, asegura la ventilación y evita el riego por aspersión.
  • Podredumbre gris. Manchas marrones y húmedas en tallos y frutos, especialmente donde los frutos tocan el suelo. Retira los frutos podridos, coloca bajo los restantes tablillas o acolchado para que no toquen el suelo.
  • Bacteriosis (mancha angular). Manchas aceitosas que se vuelven marrones en las hojas, a menudo limitadas por las nervaduras. En caso de ataque grave, elimina las hojas y evita el riego por aspersión.

Ante cualquier sospecha de enfermedad, lo primero es eliminar todas las partes afectadas (hojas, ovarios, frutos) y quemarlas (no en el compost). Mejora la ventilación de las plantaciones y suspende el riego por encima de las hojas. En una fase temprana, esto suele detener el avance.

6. Signos de plagas

  • Pulgón. Pequeños insectos verdes o negros, generalmente en el envés de las hojas jóvenes y en los ovarios. Las hojas se enrollan y se cubren de una capa pegajosa. Se puede eliminar con un fuerte chorro de agua o pulverizar con solución jabonosa, infusión de ceniza o ajo. En caso de infestación grave, usar insecticidas autorizados.
  • Araña roja. Muy pequeña (casi invisible), pero su presencia se detecta por una fina telaraña en el envés de las hojas; las hojas amarillean y se secan. Aparece a menudo en tiempo caluroso y seco. Ayuda aumentar la humedad (pulverizar con agua por la tarde) y usar acaricidas o infusión de diente de león/ajo.
  • Babosas. Roen las hojas jóvenes y los frutos, dejando un rastro viscoso. Se pueden combatir con trampas (cebo de cerveza, tablas), espolvoreando ceniza o polvo de tabaco alrededor de las plantas.
  • Orugas de noctuidos y otras mariposas. Royen los tallos o se comen las hojas. Recógelas a mano; en caso de plaga grave, usar biopreparados (por ejemplo, "Lepidocid").

7. Lista de verificación para la inspección semanal

Adquiere el hábito de revisar los bancales de calabacines una vez por semana (en plena temporada, cada 3–4 días) siguiendo este plan:

1. Estado general: ¿la mata parece deprimida? ¿El crecimiento se ha ralentizado?

2. Hojas: ¿hay amarilleo, manchas, capas, deformaciones? Presta especial atención al nivel inferior y a las hojas jóvenes.

3. Flores y ovarios: ¿cuántas flores masculinas y femeninas? ¿Se caen los ovarios? ¿Hay abejas?

4. Frutos: ¿cómo crecen? ¿Tienen forma correcta? ¿Hay podredumbre, manchas o daños en la piel?

5. Tallos y base de la mata: ¿hay grietas, podredumbre, daños?

6. Suelo: ¿está demasiado seco, demasiado húmedo, agrietado o con costra?

7. Insectos: revisa el envés de las hojas y los brotes jóvenes en busca de pulgón, ácaros, puestas de huevos.

Si algo te preocupa, no lo dejes para después; toma medidas de inmediato. En una fase temprana, la mayoría de los problemas se resuelven con técnicas agrotécnicas sencillas: eliminación de partes afectadas, ajuste del riego, mejora de la ventilación y corrección de la nutrición.

7. Errores típicos

Incluso los horticultores experimentados cometen a veces errores que reducen el rendimiento de los calabacines o acortan el período de fructificación. Muchos parecen detalles menores, pero son estos detalles los que determinan si obtendrás un cubo de calabacines tiernos selectos o una docena de "troncos" sobremaduros. A continuación, los errores más comunes y cómo evitarlos.

1. Plantaciones densas

Error: plantar calabacines demasiado juntos (menos de 50 cm para variedades arbustivas, menos de 1 m para trepadoras) con la esperanza de obtener más cosecha por unidad de superficie.

Por qué es malo: las plantas densas compiten por luz, agua y nutrientes. Se estiran, producen menos flores femeninas y el follaje bloquea el acceso del aire, creando un microclima húmedo y estancado — ideal para el oídio y la podredumbre gris (Wehner y otros, 2020). Como resultado, el rendimiento total por metro cuadrado puede ser incluso menor que con una disposición más espaciada.

Cómo evitarlo:

  • Para variedades arbustivas, deja al menos 70–90 cm entre plantas en la hilera y 90–100 cm entre hileras (Welbaum, 2015).
  • Para las trepadoras, al menos 120–150 cm entre plantas.
  • Si el espacio es reducido, elige variedades arbustivas compactas en lugar de trepadoras.
  • En cultivo en macetas, usa recipientes de al menos 20–30 litros por planta.

2. Recolección irregular de los frutos

Error: dejar pasar 4–5 días o más sin recolectar, especialmente en el pico de la fructificación. "Que crezcan un poco más", piensa el horticultor, y el fruto sobremadura, se vuelve duro y los nuevos ovarios dejan de aparecer.

Por qué es malo: como ya hemos visto en el capítulo 4, el fruto sobremaduro se convierte en el principal "sumidero" de nutrientes, frenando la formación de nuevos ovarios. Como resultado, la mata produce varios "gigantes" sobremaduros y luego se detiene durante mucho tiempo (Nonnecke, 1989).

Cómo evitarlo:

  • En el pico de la fructificación, recolecta cada 2–3 días.
  • Retira incluso los frutos que no pienses comer si han superado el tamaño comercial (envíalos al compost).
  • Corta los frutos con cuidado, dejando 2–3 cm de pedúnculo.

3. No eliminar las hojas viejas

Error: dejar todas las hojas en la mata, incluso las amarillentas, secas o que tocan el suelo. "La planta sabe lo que necesita", piensan algunos.

Por qué es malo: las hojas viejas inferiores ya no realizan la fotosíntesis, pero dan sombra y aumentan la humedad en la superficie del suelo, lo que provoca enfermedades fúngicas. Además, pueden tocar el suelo y pudrirse, convirtiéndose en foco de infección (Autko y otros, 2012).

Cómo evitarlo:

  • Semanalmente, retira todas las hojas inferiores amarillentas, secas, manchadas o simplemente viejas.
  • Córtalas cerca de la base, sin dejar muñones largos.
  • No elimines más de 2–3 hojas a la vez para no debilitar la planta.

4. Abonado excesivo con nitrógeno

Error: durante toda la temporada, abonar los calabacines solo con fertilizantes nitrogenados (purín de estiércol, infusión de hierbas, urea), olvidando el fósforo y el potasio.

Por qué es malo: el nitrógeno estimula un crecimiento exuberante del follaje en detrimento de la floración y la fructificación. La planta "engorda": hojas enormes, verde oscuro, pero pocas flores y los ovarios caen. Además, el exceso de nitrógeno hace que los tejidos sean más sueltos, atrayendo al pulgón y aumentando la susceptibilidad a enfermedades fúngicas (Wehner y otros, 2020; Welbaum, 2015).

Cómo evitarlo:

  • Al inicio del crecimiento, aplica un fertilizante equilibrado (NPK aproximadamente 1:1:1).
  • Desde la aparición de las primeras flores y durante la fructificación, prioriza los abonos fosfóricos y potásicos (por ejemplo, sulfato de potasio + superfosfato). El nitrógeno en este período debe ser mínimo.
  • Los abonos orgánicos (purín de estiércol, té de hierbas) son buenos solo en la primera mitad del ciclo.
  • Si notas "engorde" (hojas muy vigorosas y oscuras), suspende cualquier abono nitrogenado durante 2–3 semanas.

5. Riego por aspersión y riego nocturno

Error: regar los calabacines por aspersión (sobre las hojas) o al atardecer, cuando las hojas no tienen tiempo de secarse antes de la noche.

Por qué es malo: las hojas mojadas durante la noche son la causa principal del desarrollo de oídio, mildiu velloso y otras enfermedades fúngicas. Las esporas de hongos germinan precisamente en las gotas de agua sobre la superficie de la hoja (Nonnecke, 1989). El riego por aspersión también reduce la eficacia de la polinización, al lavar el polen.

Cómo evitarlo:

  • Riega los calabacines estrictamente en la base (riego por goteo, regadera sin difusor, surcos a lo largo de la hilera).
  • Riega por la mañana para que las hojas se sequen por la tarde.
  • En épocas de calor, se puede regar también durante el día (si el agua no está fría), pero siempre en la base.

6. Ignorar la poda sanitaria

Error: no retirar los ovarios enfermos, dañados o deformes, ni las flores marchitas que ya no producirán fruto.

Por qué es malo: los ovarios enfermos y deformes son fuente de infección que puede extenderse a frutos y hojas sanos. Además, consumen nutrientes que podrían destinarse a la formación de frutos de calidad (Kotov y Adritskaya, 2016).

Cómo evitarlo:

  • Retira regularmente todos los ovarios deformes, torcidos, con manchas o signos de podredumbre.
  • Retira las flores masculinas marchitas (ya no son necesarias y comienzan a pudrirse).
  • Asegúrate de que los frutos no toquen el suelo húmedo (coloca tablillas, acolchado o átalos).

7. Plantar en suelos fríos, encharcados o ácidos

Error: plantar calabacines en una depresión donde se estanca el agua, o en suelos turbosos ácidos sin encalar, o demasiado pronto, cuando el suelo aún no se ha calentado a 10–12 °C.

Por qué es malo: el calabacín no tolera el estancamiento de agua en las raíces — se asfixian, y la podredumbre de raíz y el fusarium matan rápidamente la planta. En suelos ácidos (pH inferior a 5,5), las plantas absorben mal el fósforo y el calcio, las hojas amarillean y los frutos se vuelven más pequeños (Karataev y Sovetkina, 1984; Welbaum, 2015).

Cómo evitarlo:

  • Elige parcelas soleadas y bien drenadas (sin depresiones, sin arcillas pesadas).
  • Si el suelo es ácido, añade ceniza o cal (dolomita) con antelación, en otoño.
  • No te apresures con la siembra: espera a que el suelo a 10 cm de profundidad se caliente a 12 °C (en la zona templada, suele ser a finales de mayo).
  • En cultivo al aire libre en regiones frías, usa bancales calientes (con biocombustible) o cubiertas.

Resumen del artículo

El cuidado del calabacín es un sistema de acciones regulares destinadas a crear y mantener las condiciones óptimas para el crecimiento y la fructificación continuos. Principales conclusiones:

1. Suelo: escarda, acolcha, combate la costra y las malas hierbas — esto asegura que las raíces reciban aire, agua y nutrientes.

2. Planta: elimina hojas viejas, aclara las matas densas, asegura la ventilación — esto prolonga la vida de la planta y reduce el riesgo de enfermedades.

3. Fructificación: recolecta los frutos cada 2–3 días, no permitas la sobremaduración — esto estimula la formación de nuevos ovarios.

4. Microclima: protege del calor y del frío, riega en la base, asegura la circulación del aire.

5. Control: la inspección semanal ayuda a detectar problemas a tiempo y ajustar los cuidados.

6. Errores: evita la densidad excesiva, el exceso de nitrógeno, la recolección irregular y el riego por aspersión.

El calabacín es una planta agradecida. Pon un poco de esfuerzo y te recompensará con una cosecha de frutos tiernos y sabrosos desde mediados del verano hasta bien entrado el otoño. ¡Buena suerte en el huerto!

Referencias

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