Enfermedades
Los calabacines, zucchinis y patipanes son uno de los cultivos más gratificantes en el huerto. Crecen rápido, producen abundantemente y no requieren cuidados complejos. Sin embargo, su crecimiento tan vigoroso y su suculencia los hacen vulnerables ante un amplio espectro de enfermedades. En este artículo, analizaremos por qué surgen las enfermedades, cómo reconocerlas y, sobre todo, cómo proteger tu cosecha sin recurrir a cargas químicas excesivas.
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1. ¿Por qué surgen las enfermedades?
Las enfermedades de las plantas no son una casualidad. Ocurren cuando coinciden tres factores:
1. La presencia de un agente patógeno — un hongo, una bacteria o un virus
2. Una planta susceptible — debilitada o genéticamente poco resistente
3. Condiciones ambientales favorables — el factor que podemos controlar
Es precisamente el tercer factor el que nos da la clave para el manejo de las enfermedades. Analicemos cinco condiciones principales que desencadenan los brotes de enfermedades.
Humedad
Las cucurbitáceas provienen de los trópicos; les gusta la humedad, pero el exceso de agua es su peor enemigo. Los calabacines y patipanes sufren especialmente con dos situaciones:
- Alta humedad ambiental (especialmente combinada con calor) — condición ideal para la germinación de esporas de hongos. El oídio, el mildiú velloso (peronospora), la antracnosis y la podredumbre gris se desarrollan precisamente con alta humedad (Mondal, 2020; Pessarakli et al., 2016). Las esporas de muchos patógenos solo germinan cuando hay humedad libre en las hojas durante 6 a 12 horas.
- Suelo anegado — el sistema radicular de las cucurbitáceas es sensible a la falta de oxígeno. Cuando el agua se estanca, las raíces se debilitan, abriendo la puerta a pudriciones radiculares causadas por Pythium, Fusarium y Phytophthora (Wehner et al., 2020; Karataev y Sovetkina, 1984).
Qué hacer: Riega las plantas en la base, no sobre las hojas. El mejor momento para regar es por la mañana, para que el follaje se seque al anochecer. Utiliza riego por goteo o riega en surcos entre las hileras. En períodos lluviosos, protege las plantas con cubiertas de plástico o, al menos, airea el suelo para mejorar la evaporación.
Temperatura
Las cucurbitáceas son plantas amantes del calor, pero su "zona de confort térmico" es bastante estrecha:
- Temperatura óptima para el crecimiento y fructificación de los calabacines: 22–28 °C (Autko et al., 2012; Nonnecke, 1989).
- Fluctuaciones bruscas entre la temperatura diurna y nocturna debilitan las plantas, reduciendo su resistencia a las infecciones.
- Clima fresco y húmedo (15–20 °C) con nieblas y rocíos abundantes: condiciones ideales para el mildiú velloso (Pseudoperonospora cubensis) y la antracnosis (Mondal, 2020).
- Clima cálido y seco — favorable para el oídio (Sphaerotheca fuliginea, Erysiphe cichoracearum), que se desarrolla entre 22–30 °C (Sharma et al., 2016).
- Temperaturas por debajo de 10 °C ralentizan el crecimiento y hacen a las plantas susceptibles a pudriciones radiculares (Karataev y Sovetkina, 1984).
Qué hacer: Elige para la siembra lugares soleados y protegidos del viento. En regiones frescas, utiliza cubiertas de plástico temporales o cultiva plántulas para un inicio temprano. El acolchado con plástico negro ayuda a conservar el calor del suelo (Nonnecke, 1989; Rubatzky y Yamaguchi, 1997).
Plantaciones densas
Los calabacines y patipanes se desarrollan formando arbustos vigorosos. Cuando falta espacio entre plantas:
- Empeora la ventilación — la humedad permanece más tiempo en las hojas
- Se crea un "microclima" con alta humedad dentro del arbusto
- Las esporas de hongos se transmiten más fácilmente de planta enferma a planta sana
- Disminuye la iluminación, las plantas se estiran y se debilitan
Qué hacer: Mantén la distancia de siembra recomendada — para formas arbustivas (calabacín, zucchini, patipán) es suficiente 70×70 cm o 60×60 cm (Lebedeva, 1987; Pantiélev, 1986). Para variedades trepadoras, la distancia se aumenta a 140×140 cm. Elimina las hojas inferiores envejecidas para mejorar la ventilación (Autko et al., 2012).
Rotación de cultivos
Uno de los errores más comunes es cultivar cucurbitáceas en el mismo lugar año tras año. Esto provoca la acumulación en el suelo de patógenos específicos:
- Fusarium y Verticillium permanecen en el suelo hasta 5–7 años (Wehner et al., 2020; Mondal, 2020)
- Sclerotinia sclerotiorum — hasta 10 años (Mondal, 2020)
- Los nematodos agalladores (Meloidogyne) se acumulan en cultivos susceptibles
Qué hacer: Vuelve a plantar cucurbitáceas en el mismo lugar no antes de 3–4 años (y mejor después de 5–6 años). Los mejores cultivos precedentes son la patata, el repollo, la cebolla, las legumbres y los abonos verdes (Rubatzky y Yamaguchi, 1997; Karataev y Sovetkina, 1984).
Condiciones sanitarias del terreno
Los agentes patógenos invernan en restos vegetales, malas hierbas y semillas infectadas:
- La antracnosis y la podredumbre gris permanecen en hojas y frutos del año anterior
- El oídio pasa el invierno en malas hierbas de la familia de las cucurbitáceas
- Los virus del mosaico se transmiten con la savia de plantas enfermas y por insectos (Mondal, 2020; Wehner et al., 2020)
Qué hacer: Retira cuidadosamente todos los restos vegetales después de la cosecha. Destruye las malas hierbas, especialmente las de la familia de las cucurbitáceas (pepinos silvestres, momordica, calabazas voluntarias), durante toda la temporada. Utiliza solo semillas desinfectadas. Si es posible, realiza un tratamiento térmico de las semillas a 50–52 °C durante 20–30 minutos antes de la siembra (Sharma et al., 2016; Wehner et al., 2020).
En la siguiente parte del artículo analizaremos los grupos principales de enfermedades y aprenderemos a determinar con precisión con qué estamos lidiando.
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2. Principales grupos de enfermedades
Antes de pasar a las enfermedades específicas, es importante comprender la naturaleza del patógeno al que nos enfrentamos. De ello depende no solo el diagnóstico, sino también la elección de los métodos de protección. Todas las enfermedades de los calabacines, zucchinis y patipanes se dividen en tres grandes grupos: enfermedades fúngicas (incluidos los organismos similares a hongos), bacterianas y virales. Analicemos en qué se diferencian y por qué este conocimiento es fundamental para el horticultor.
Enfermedades fúngicas
Los hongos y organismos similares a hongos (oomicetos) constituyen el grupo de patógenos más amplio y diverso. Son los responsables de la mayoría de los problemas en el huerto (Sharma et al., 2016; Mondal, 2020).
¿Qué son las enfermedades fúngicas?
- Los agentes patógenos son hongos microscópicos que se reproducen mediante esporas ("semillas" invisibles al ojo humano). Las esporas se transportan fácilmente por el viento, las gotas de lluvia, los insectos y las herramientas.
- El micelio (la red del hongo) penetra en los tejidos de la planta o se extiende sobre la superficie de las hojas, alimentándose de células vivas o muertas.
- Para la germinación de las esporas y la infección, la mayoría de los hongos necesitan humedad libre en la superficie de las hojas durante varias horas (generalmente de 4 a 12) y un rango de temperatura específico.
Cómo reconocerlas: Las enfermedades fúngicas se manifiestan en forma de manchas de diversos colores (marrones, pardas, amarillas), revestimientos (blancos, grises, rosados), podredumbres con crecimiento micelial característico. A menudo, en las zonas afectadas se puede observar la esporulación en forma de un polvo o un revestimiento velloso.
Por qué es importante: La mayoría de las enfermedades fúngicas pueden controlarse con fungicidas preventivos y curativos (productos contra hongos). Es importante alternar productos de diferentes grupos químicos para evitar que el patógeno desarrolle resistencia (Wehner et al., 2020; Sharma et al., 2016). Además, muchos hongos invernan en restos vegetales y en el suelo, por lo que las medidas sanitarias son muy eficaces.
Ejemplos en cucurbitáceas: oídio, mildiú velloso, antracnosis, podredumbre gris, podredumbre blanca, pudriciones radiculares (Pythium, Fusarium, Rhizoctonia), marchitez por Fusarium, tizón tardío (Phytophthora).
Enfermedades bacterianas
Las bacterias son microorganismos unicelulares que penetran en los tejidos de las plantas a través de aberturas naturales (estomas, hidatodos) o a través de heridas y daños (Mondal, 2020; Rubatzky y Yamaguchi, 1997).
¿Qué son las enfermedades bacterianas?
- Los agentes patógenos son bacterias que se multiplican activamente en los tejidos y liberan toxinas y enzimas que destruyen las células.
- Las bacterias no forman esporas, pero pueden sobrevivir en semillas, restos vegetales y en la superficie de las plantas.
- Para su desarrollo, las bacterias necesitan alta humedad y temperaturas de 24–28 °C (Sharma et al., 2016). Se transmiten principalmente a través de gotas de agua (lluvia, riego), insectos, así como por las manos y herramientas al trabajar con plantas húmedas.
Cómo reconocerlas: Las lesiones bacterianas suelen tener un aspecto empapado de agua (manchas "aceitosas"); luego las manchas se secan, pero pueden conservar un halo amarillo en los bordes. Los tejidos a menudo se ablandan y desprenden un olor desagradable (especialmente cuando los frutos están afectados). En el corte del tallo se puede observar un oscurecimiento de los vasos o gotitas de moco bacteriano.
Por qué es importante: Los fungicidas no son eficaces contra las bacterias. Para combatir las bacteriosis se utilizan productos a base de cobre (óxido de cobre, oxicloruro de cobre) y antibióticos (por ejemplo, estreptomicina), pero su eficacia es limitada y a menudo se requiere prevención (Sharma et al., 2016; Wehner et al., 2020). Las medidas principales son el uso de semillas sanas, la rotación de cultivos y mantener las hojas secas.
Ejemplos en cucurbitáceas: mancha angular de la hoja (Pseudomonas syringae pv. lachrymans), mancha bacteriana del fruto (Xanthomonas campestris pv. cucurbitae), marchitez bacteriana (Erwinia tracheiphila), podredumbre blanda del fruto (Pectobacterium carotovorum).
Enfermedades virales
Los virus son parásitos intracelulares diminutos que no pueden vivir fuera de una célula viva. Se integran en el aparato genético de la planta y alteran su metabolismo (Mondal, 2020; Rubatzky y Yamaguchi, 1997).
¿Qué son las enfermedades virales?
- Los virus penetran en las células solo a través de microheridas o mediante insectos chupadores. Las plantas no pueden "curarse" de un virus: la infección permanece sistémica de por vida.
- Los principales vectores de virus son pulgones, moscas blancas, trips, chicharritas y, con menos frecuencia, nematodos y hongos. Algunos virus se transmiten por semillas.
- Los virus se propagan rápidamente con la savia de plantas enfermas por contacto mecánico (manos, herramientas), pero los síntomas externos pueden no aparecer durante semanas.
Cómo reconocerlos: Las infecciones virales producen síntomas sistémicos: mosaico en las hojas (alternancia de zonas verde claro, verde oscuro y amarillas), deformación del limbo foliar (rizado, arrugamiento, aspecto filiforme), enanismo de las plantas, coloración anormal y deformidad de los frutos. A menudo las hojas se vuelven pequeñas y los entrenudos se acortan.
Por qué es importante: No existen tratamientos químicos contra los virus. La única estrategia es la prevención: uso de variedades resistentes, control de los insectos vectores, eliminación y destrucción de las primeras plantas enfermas, evitar daños mecánicos y desinfección regular de herramientas (Sharma et al., 2016; Wehner et al., 2020). Los virus suelen persistir en malas hierbas que actúan como reservorios, por lo que la limpieza del terreno es fundamental.
Principales virus de las cucurbitáceas: virus del mosaico del pepino (CMV), virus del mosaico de la sandía (WMV), virus del mosaico amarillo del zucchini (ZYMV), virus de la mancha anular de la papaya (PRSV), virus del mosaico de la calabaza (SqMV).
Resumen rápido para el diagnóstico
| Característica | Enfermedades fúngicas | Enfermedades bacterianas | Enfermedades virales |
|---|---|---|---|
| Manchas en hojas | De varios colores, con borde definido, a menudo con revestimiento | "Aceitosas", empapadas, con halo amarillo | Mosaico, coloración moteada, deformación de la hoja |
| Afectación de frutos | Podredumbre con micelio y esporas | Podredumbre acuosa con olor desagradable | Deformidad de los frutos, cambio de coloración |
| Propagación | Viento, agua, esporas, restos vegetales | Agua, insectos, daños mecánicos | Insectos vectores, savia por contacto |
| Métodos de control | Fungicidas, rotación, saneamiento | Productos cúpricos, semillas sanas, follaje seco | Solo prevención: variedades resistentes, control de vectores |
Comprender estos tres grupos es la base de una protección adecuada. En los siguientes capítulos analizaremos en detalle las enfermedades específicas de cada categoría, aprenderemos a identificarlas con precisión y seleccionaremos estrategias de manejo eficaces.
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3. Enfermedades fúngicas
Las enfermedades fúngicas son la causa más frecuente de pérdidas de cosecha en calabacines, zucchinis y patipanes. Los agentes patógenos son muy diversos, pero todos tienen algo en común: se desarrollan activamente en condiciones de alta humedad y plantas debilitadas. En este capítulo analizaremos las infecciones fúngicas más comunes y peligrosas, aprenderemos a reconocerlas y a elegir la estrategia de protección adecuada.
3.1. Oídio (Ceniza)
Agentes patógenos: Sphaerotheca fuliginea (Podosphaera xanthii) y Erysiphe cichoracearum
Síntomas.
Los primeros signos aparecen en el haz de las hojas viejas en forma de pequeñas manchas blancas y pulverulentas. Poco a poco, las manchas se fusionan, cubriendo toda la lámina foliar y luego se extienden a los tallos e incluso a los frutos. El revestimiento se desprende fácilmente con el dedo, pero reaparece rápidamente. Las hojas afectadas se vuelven amarillas, se secan y caen, debilitando la planta y reduciendo el rendimiento. Los frutos en plantas enfermas son más pequeños y pierden calidad (Mondal, 2020; Sharma et al., 2016).
Condiciones de desarrollo.
A diferencia de muchos otros hongos, el oídio no necesita humedad libre en las hojas para la germinación de las esporas. Por el contrario, el clima seco y los rocíos abundantes favorecen su propagación. La temperatura óptima para su desarrollo es de 22–30 °C (Wehner et al., 2020; Nonnecke, 1989). Los brotes suelen producirse a mediados del verano, cuando hace calor y hay fluctuaciones de humedad. Las plantaciones densas, el exceso de nitrógeno y la falta de potasio aumentan la susceptibilidad de las plantas.
Prevención.
- Elige variedades e híbridos resistentes. Para zucchinis y calabacines existen variedades con resistencia genética al oídio (Sharma et al., 2016; Wehner et al., 2020).
- Mantén la distancia entre plantas (no menos de 70 cm), elimina las hojas inferiores envejecidas para una buena ventilación.
- Evita el exceso de abonos nitrogenados; prefiere fertilizantes equilibrados con potasio y fósforo.
- Inspecciona regularmente las plantaciones, especialmente en tiempo seco y caluroso, para detectar a tiempo las primeras manchas.
Medidas de control.
Ante los primeros signos, se aplican pulverizaciones con productos de azufre (azufre coloidal, Thiovit Jet) o fungicidas sistémicos (triadimefón, penconazol, difenoconazol). En huertos domésticos son eficaces los biopreparados a base de Bacillus subtilis o del hongo Ampelomyces quisqualis, que parasita a los hongos del oídio (Sharma et al., 2016). Repite los tratamientos cada 7–10 días, alternando productos de diferentes grupos para evitar la resistencia del patógeno.
3.2. Mildiú velloso (Peronospora)
Agente patógeno: Pseudoperonospora cubensis
Síntomas.
En el haz de las hojas aparecen manchas amarillas o verde pálido, angulosas y limitadas por los nervios. En el envés, en tiempo húmedo, se forma en estos lugares un revestimiento velloso grisáceo-violáceo o parduzco: la esporulación del hongo. Las manchas se agrandan y fusionan rápidamente; las hojas se vuelven marrones, se secan y caen (Mondal, 2020; Sharma et al., 2016). En caso de infección grave, la planta queda sin hojas, los frutos son pequeños y a menudo sufren quemaduras solares.
Condiciones de desarrollo.
La enfermedad se desarrolla en condiciones de alta humedad y calor moderado: óptimo 15–22 °C con humedad relativa superior al 80 % y presencia de humedad libre en las hojas (Wehner et al., 2020). Los brotes de mildiú velloso son más frecuentes en veranos lluviosos, con nieblas frecuentes y rocíos abundantes. Las esporas son transportadas por el viento a largas distancias, por lo que la enfermedad puede aparecer repentinamente incluso en parcelas aisladas.
Prevención.
- Elige variedades de maduración temprana que produzcan la cosecha antes del pico de desarrollo de la enfermedad.
- Riega solo en la base, evitando mojar las hojas. La mejor hora para regar es por la mañana, para que el follaje se seque antes de la noche.
- Asegura una buena ventilación: no densifiques las plantaciones, elimina las hojas inferiores.
- El acolchado del suelo (paja, hierba cortada, plástico negro) reduce la evaporación y evita que el agua del suelo salpique las hojas.
Medidas de control.
El mildiú velloso es una enfermedad agresiva, y es más fácil prevenirla que curarla. Ante los primeros signos, aplica fungicidas de contacto (productos a base de cobre, clorotalonil, mancozeb) o sistémicos (metalaxil, cymoxanil). En huertos domésticos son eficaces los productos a base de Bacillus subtilis y extractos de cola de caballo, pero suelen funcionar más como preventivos (Sharma et al., 2016). Repite los tratamientos cada 7–10 días, especialmente después de las lluvias.
3.3. Antracnosis
Agente patógeno: Colletotrichum orbiculare (sin. C. lagenarium)
Síntomas.
Aparecen manchas empapadas en las hojas, que aumentan rápidamente de tamaño, se vuelven de color pardo-marrón, a veces con un borde amarillento. En tallos y pecíolos se forman úlceras alargadas y hundidas (cancros). Los frutos se cubren de manchas circulares, hundidas y empapadas de color verde oscuro o marrón, que con el tiempo se vuelven negras; en tiempo húmedo aparece en las manchas un revestimiento rosado o anaranjado: acumulaciones de esporas (Mondal, 2020; Wehner et al., 2020). Los frutos afectados se vuelven amargos y no son aptos para el consumo.
Condiciones de desarrollo.
La antracnosis es una enfermedad de climas cálidos y húmedos. La temperatura óptima es de 22–27 °C; con humedad del 100 % y agua libre en las hojas, las esporas germinan en 3–4 horas (Wehner et al., 2020; Rubatzky y Yamaguchi, 1997). El hongo puede transmitirse por semillas y permanecer en los restos vegetales hasta 2 años. Es especialmente peligrosa en regiones con lluvias frecuentes y rocíos abundantes.
Prevención.
- Utiliza solo semillas sanas de fuentes fiables; si es necesario, caliéntalas a 50–52 °C durante 20–30 minutos (Sharma et al., 2016).
- Mantén la rotación de cultivos: no vuelvas a plantar cucurbitáceas en el mismo terreno antes de 3–4 años.
- Elimina y destruye todos los restos vegetales después de la cosecha.
- Riega por la mañana para que las hojas se sequen antes del anochecer.
Medidas de control.
Ante los primeros síntomas, aplica productos a base de cobre (oxicloruro de cobre, caldo bordelés) o fungicidas de contacto (mancozeb, clorotalonil). En casos avanzados, utiliza fungicidas sistémicos (azoxistrobina, fludioxonil). Repite los tratamientos cada 7–10 días, especialmente después de las lluvias. Las variedades resistentes de calabacín y zucchini son una gran ayuda; muchos híbridos modernos tienen resistencia genética a la antracnosis (Wehner et al., 2020; Nonnecke, 1989).
3.4. Podredumbre blanca (Esclerotiniosis)
Agente patógeno: Sclerotinia sclerotiorum
Síntomas.
La enfermedad afecta a los tallos en la base, las hojas y los frutos. Los primeros signos son manchas blandas y empapadas que se extienden rápidamente. En los tejidos afectados aparece un revestimiento denso, blanco y algodonoso (micelio) con formaciones negras y duras: los esclerocios (estructuras de resistencia del hongo). El tallo se ablanda y se pudre; la planta se marchita y muere. Los frutos en contacto con el suelo se vuelven acuosos, se cubren de un revestimiento blanco y esclerocios (Mondal, 2020; Karataev y Sovetkina, 1984).
Condiciones de desarrollo.
El hongo es activo a temperaturas moderadas (15–25 °C) y alta humedad. En períodos lluviosos, con plantaciones densas y mala ventilación, la enfermedad se propaga rápidamente. El patógeno permanece en el suelo en forma de esclerocios hasta 5–10 años (Mondal, 2020), por lo que la rotación de cultivos es una medida fundamental.
Prevención.
- No densifiques las plantaciones; elimina oportunamente las hojas inferiores y los brotes laterales.
- Evita el exceso de riego, especialmente en tiempo fresco.
- El acolchado con paja o plástico negro reduce el contacto de los frutos con el suelo húmedo.
- En cultivos protegidos, ventila regularmente.
Medidas de control.
Los tratamientos químicos son difíciles porque el patógeno suele atacar la base del tallo, donde es complicado aplicar el producto. Ante los primeros signos, utiliza biopreparados a base de Trichoderma harzianum o Bacillus subtilis, que colonizan el suelo y suprimen el desarrollo del patógeno (Mondal, 2020; Sharma et al., 2016). Retira las plantas afectadas inmediatamente con un terrón de tierra para evitar la formación de esclerocios en el suelo. Para los frutos en contacto con el suelo, se pueden colocar tablillas o paja seca.
3.5. Podredumbre gris
Agente patógeno: Botrytis cinerea
Síntomas.
Aparecen manchas blandas y empapadas en hojas, flores, ovarios y frutos, que se cubren rápidamente de un revestimiento denso de color gris ahumado. Las manchas aumentan de tamaño, los tejidos se ablandan y los frutos se pudren. La enfermedad suele comenzar en flores marchitas o en heridas mecánicas. En tiempo húmedo, la podredumbre gris se propaga a gran velocidad, afectando a frutos y hojas vecinas (Mondal, 2020; Wehner et al., 2020).
Condiciones de desarrollo.
El hongo se activa a temperaturas de 15–20 °C y alta humedad (nieblas, rocíos abundantes, lluvias). Las plantaciones densas, la mala ventilación y cualquier daño mecánico favorecen la infección. El patógeno sobrevive en los restos vegetales.
Prevención.
- Elimina las flores marchitas y los ovarios dañados, ya que se convierten en los primeros focos de infección.
- Asegura una buena circulación de aire: no densifiques, elimina las hojas inferiores.
- Riega estrictamente en la base, sin mojar flores y ovarios.
- Al cosechar, procura no dañar las plantas.
Medidas de control.
Ante los primeros signos, aplica fungicidas a base de iprodiona, fludioxonil o productos con Bacillus subtilis. Repite los tratamientos cada 7–10 días en tiempo húmedo. Retira y quema inmediatamente los frutos y hojas afectados. El acolchado del suelo y el uso de soportes para los tallos reducen el contacto de los frutos con el suelo.
3.6. Pudriciones radiculares y marchitez por Fusarium
Agentes patógenos: complejo — Fusarium oxysporum, Fusarium solani, Pythium spp., Rhizoctonia solani
Síntomas.
En las pudriciones radiculares, las plantas comienzan a marchitarse durante las horas más calurosas del día, aunque pueden recuperarse por la noche. Más tarde, el marchitamiento se vuelve permanente. En la base del tallo aparece un oscurecimiento, una podredumbre blanda o marrón; las raíces se vuelven acuosas, marrones y se pudren. En el corte del tallo se ven los vasos oscurecidos (Mondal, 2020; Karataev y Sovetkina, 1984; Wehner et al., 2020). En la marchitez por Fusarium, las hojas pierden turgencia, se vuelven amarillas y se secan, comenzando por las hojas inferiores.
Condiciones de desarrollo.
La mayoría de los agentes de las pudriciones radiculares se desarrollan activamente en suelos anegados y mal drenados a temperaturas de 15–30 °C (óptimo 24–28 °C). La falta de oxígeno en el suelo debilita las raíces y facilita la entrada de patógenos. El cultivo continuo de cucurbitáceas en el mismo lugar provoca la acumulación de la infección.
Prevención.
- Elige terrenos bien drenados, evita las zonas bajas con estancamiento de agua.
- Realiza un laboreo profundo antes de la siembra para mejorar la aireación.
- Mantén la rotación de cultivos: no plantes calabacines en el mismo lugar más de una vez cada 3–4 años.
- Utiliza plántulas sanas y semillas tratadas con fungicidas.
Medidas de control.
Ante los primeros signos de marchitamiento, reduce el riego y airea el suelo alrededor de las plantas para facilitar el acceso de oxígeno a las raíces. La aplicación de biopreparados a base de Trichoderma y Pseudomonas en el suelo ayuda a suprimir los patógenos (Mondal, 2020; Sharma et al., 2016). En casos graves, trata el suelo con una solución de fungicidas sistémicos (por ejemplo, a base de propamocarb). Las plantas afectadas se retiran con el terrón de tierra y se destruyen.
3.7. Alternariosis (Mancha marrón de la hoja)
Agentes patógenos: Alternaria cucumerina, Alternaria alternata
Síntomas.
Aparecen pequeñas manchas marrones con anillos concéntricos (dibujo con forma de diana) en las hojas, más a menudo en las hojas viejas. Las manchas aumentan hasta 1–2 cm, se fusionan y provocan la muerte de las hojas. En caso de infección grave, las hojas se secan y los frutos quedan sin protección contra el sol (sufren quemaduras solares). En los frutos pueden aparecer manchas oscuras y hundidas con revestimiento (Sharma et al., 2016; Mondal, 2020).
Condiciones de desarrollo.
Favorece el clima cálido y húmedo: temperatura de 25–30 °C, humedad superior al 80 % (Mondal, 2020). La enfermedad suele manifestarse a finales del verano, cuando las plantas ya están debilitadas por la fructificación.
Prevención.
- Elimina las hojas envejecidas, especialmente las inferiores.
- Evita el hacinamiento y asegura una buena ventilación.
- Mantén una nutrición equilibrada, sin exceso de nitrógeno.
Medidas de control.
Ante las primeras manchas, utiliza productos a base de cobre o fungicidas de contacto (mancozeb, clorotalonil). Repite los tratamientos cada 7–10 días. Las variedades resistentes (por ejemplo, algunos híbridos modernos) ofrecen una buena resistencia a la alternariosis.
Tabla de diagnóstico rápido de enfermedades fúngicas
| Enfermedad | Síntoma en hojas | Síntoma en frutos | Características especiales |
|---|---|---|---|
| Oídio | Revestimiento blanco pulverulento | Raramente, en casos avanzados | Revestimiento en el haz de la hoja |
| Mildiú velloso | Manchas amarillas angulosas; revestimiento gris-violáceo en el envés | No afecta | Limitadas por los nervios |
| Antracnosis | Manchas empapadas, luego marrones con borde amarillento | Manchas circulares hundidas con revestimiento rosado | Úlceras en tallos |
| Podredumbre blanca | Manchas empapadas con revestimiento blanco | Podredumbre acuosa con revestimiento blanco | Esclerocios negros en el interior |
| Podredumbre gris | Manchas marrones con revestimiento gris | Revestimiento gris velloso | Suele empezar en las flores |
| Pudriciones radiculares | Marchitamiento, amarilleo de hojas | No afecta | Oscurecimiento en la base del tallo |
| Alternariosis | Manchas marrones con anillos | Manchas hundidas con revestimiento | Más frecuente en hojas viejas |
Conociendo las principales enfermedades fúngicas y las condiciones de su desarrollo, podrás detectar el problema a tiempo y tomar medidas. Recuerda que un cultivo sano, bien desarrollado y regado adecuadamente es la mejor protección. En el próximo capítulo analizaremos las enfermedades bacterianas y virales.
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4. Enfermedades bacterianas
Las enfermedades bacterianas de los calabacines, zucchinis y patipanes son menos frecuentes que las fúngicas, pero en condiciones favorables pueden causar graves daños a la cosecha. A diferencia de los hongos, las bacterias no forman esporas ni se transportan por el viento a largas distancias. Su principal "transporte" son las gotas de lluvia, el agua de riego, los insectos, así como las manos y herramientas del horticultor al trabajar con plantas húmedas (Mondal, 2020; Rubatzky y Yamaguchi, 1997).
Cómo reconocer una infección bacteriana: los tejidos se vuelven empapados ("aceitosos"), las manchas suelen tener un halo amarillento, y en tiempo húmedo exudan un moco bacteriano pegajoso. Los frutos y tallos afectados desprenden un olor desagradable. Una diferencia importante con los hongos es que las enfermedades bacterianas generalmente no producen revestimientos vellosos ni pulverulentos.
La regla de oro del control: la prevención siempre es más eficaz que el tratamiento. Las bacterias no son susceptibles a los fungicidas convencionales, por lo que se hace hincapié en el material de siembra sano, la rotación de cultivos y las prácticas agrícolas que eviten el exceso de humedad (Sharma et al., 2016; Wehner et al., 2020).
4.1. Mancha angular de la hoja (Bacteriosis)
Agente patógeno: Pseudomonas syringae pv. lachrymans
Síntomas.
Aparecen pequeñas manchas empapadas en las hojas, que con el tiempo se vuelven angulares, limitadas por los nervios. En tiempo húmedo, en el envés de la hoja, exudan en estos lugares una gotita de moco bacteriano de color blanco lechoso, que al secarse forma una costra blanca. Más tarde, las zonas afectadas se vuelven marrones, se secan y el tejido se desmorona, dejando la hoja "desgarrada" con agujeros de forma irregular (Sharma et al., 2016; Mondal, 2020). En los frutos aparecen pequeñas manchas empapadas que luego se vuelven marrones y hundidas; a menudo se agrietan, permitiendo la entrada de infecciones secundarias.
Condiciones de desarrollo.
El patógeno es activo a temperaturas de 24–28 °C y alta humedad. La enfermedad se propaga especialmente rápido en tiempo lluvioso, con riego por aspersión y en plantaciones densas donde las hojas permanecen húmedas mucho tiempo (Wehner et al., 2020). La bacteria sobrevive en las semillas (dentro de la cubierta seminal) y en los restos vegetales del suelo hasta 2 años.
Prevención.
- Utiliza semillas solo de frutos sanos. Calentar las semillas a 50 °C durante 20–30 minutos reduce significativamente el riesgo de infección (Sharma et al., 2016).
- Mantén la rotación de cultivos con un intervalo de 3–4 años.
- Riega estrictamente en la base, evitando mojar las hojas. La mejor hora es por la mañana.
- En tiempo lluvioso, evita trabajar con las plantas; en esos momentos las bacterias se transmiten fácilmente con las manos y las herramientas.
Medidas de control.
Ante los primeros signos, elimina las hojas muy afectadas. Para controlar la enfermedad, aplica pulverizaciones con productos a base de cobre (oxicloruro de cobre, caldo bordelés) combinados con productos que aumentan la inmunidad de las plantas. Realiza los tratamientos cada 7–10 días, especialmente después de las lluvias (Wehner et al., 2020; Sharma et al., 2016). En casos graves, ayuda la pulverización con estreptomicina (100–200 ppm) u otros bactericidas autorizados. En cultivos protegidos, la reducción de la humedad ambiente y la ventilación regular reducen drásticamente la propagación de la enfermedad.
4.2. Marchitez bacteriana
Agente patógeno: Erwinia tracheiphila
Síntomas.
La enfermedad se manifiesta por el marchitamiento repentino de uno o varios brotes, y luego de toda la planta. Las hojas pierden turgencia, se vuelven de un verde apagado y luego se marchitan sin amarillear. Un signo característico: si se corta un tallo enfermo y se aprieta con los dedos, exuda un moco bacteriano viscoso y pegajoso de los vasos. Si se rompe el tallo cortado en dos partes y se separan lentamente, se forman finos hilos mucilaginosos entre ellas (Mondal, 2020; Rubatzky y Yamaguchi, 1997). La enfermedad a menudo no afecta a toda la planta a la vez, sino a tallos individuales.
Condiciones de desarrollo.
Las bacterias pasan el invierno en el intestino de los escarabajos de la hoja (el escarabajo del pepino rayado y el manchado). En primavera, los escarabajos se alimentan de las hojas e introducen las bacterias en las heridas, desde donde penetran en el sistema vascular. El clima cálido y húmedo favorece la rápida multiplicación de las bacterias en los vasos, que los obstruyen, impidiendo que el agua llegue a las hojas (Wehner et al., 2020; Mondal, 2020).
Prevención.
- Controla los escarabajos de la hoja, especialmente al principio de la temporada. Inspecciona las plantas regularmente y, cuando detectes escarabajos, aplica insecticidas autorizados (Sharma et al., 2016).
- Utiliza variedades con bajo contenido de cucurbitacina (sustancias amargas), que son menos atractivas para los escarabajos. Muchos híbridos modernos, especialmente los "sin amargor" (bi), tienen esta característica (Wehner et al., 2020).
- Las siembras tempranas ayudan a que las plantas se fortalezcan antes del pico de actividad de los escarabajos.
- Retira los restos vegetales para reducir los lugares de invernada de los escarabajos.
Medidas de control.
No existen productos químicos de acción directa contra la bacteria. Cuando se detectan las primeras plantas enfermas, se retiran inmediatamente de la parcela y se queman para evitar su propagación (Mondal, 2020). El control sistemático de los escarabajos es el principal método de protección. En plantaciones pequeñas, se puede utilizar un tejido de cobertura para proteger mecánicamente las plantas en el período inicial de crecimiento.
4.3. Podredumbre bacteriana del fruto (Podredumbre blanda)
Agentes patógenos: Pectobacterium carotovorum (sin. Erwinia carotovora), otras especies
Síntomas.
Los frutos afectados se vuelven acuosos, se ablandan rápidamente y se convierten en una pasta informe. Los tejidos se oscurecen y desprenden un olor fuerte, desagradable y pútrido. La podredumbre suele comenzar en una herida mecánica, en el punto de contacto del fruto con el suelo húmedo, o en lesiones preexistentes (grietas, marcas de insectos) (Mondal, 2020; Rubatzky y Yamaguchi, 1997).
Condiciones de desarrollo.
Las bacterias de la podredumbre blanda están muy extendidas en el suelo y en los restos vegetales. Para su desarrollo necesitan alta humedad y tiempo cálido. Son especialmente peligrosas las lluvias frecuentes y los riegos por aspersión, que hacen que el agua se acumule en los frutos y facilite la entrada de bacterias a través de microgrietas (Wehner et al., 2020; Mondal, 2020).
Prevención.
- Evita el contacto de los frutos con el suelo húmedo: utiliza acolchado (paja, plástico negro), coloca paja seca, tablillas o soportes especiales debajo de los frutos.
- Cosecha con cuidado, evitando daños. Los frutos con grietas o daños deben consumirse inmediatamente, no almacenarse.
- Riega estrictamente en la base, evitando mojar los frutos.
- Almacena los frutos cosechados a 12–13 °C, lo que ralentiza el desarrollo de las bacterias de la podredumbre (Nonnecke, 1989).
Medidas de control.
Ante los primeros signos de podredumbre, retira todos los frutos afectados de la parcela. Los productos a base de cobre pueden utilizarse como preventivos, pero no siempre son eficaces contra la podredumbre activa, ya que las bacterias penetran rápidamente en el interior del fruto. En los almacenes, mantén la temperatura por debajo de 13 °C y una buena ventilación.
4.4. Mancha bacteriana del fruto
Agente patógeno: Xanthomonas campestris pv. cucurbitae
Síntomas.
Aparecen pequeñas manchas angulares con halo amarillo en las hojas, que a diferencia de la mancha angular, no se desmoronan, sino que se secan y permanecen en su lugar. En los frutos se forman manchas empapadas, luego marrones y hundidas, con halo amarillento. Más tarde, las manchas se agrietan y el fruto deja de ser comercializable (Sharma et al., 2016; Mondal, 2020).
Condiciones de desarrollo.
La bacteria es activa a temperaturas de 25–30 °C y alta humedad. Es más común en regiones cálidas, especialmente durante períodos de lluvias frecuentes. El patógeno sobrevive en semillas y restos vegetales (Sharma et al., 2016).
Prevención.
- Utiliza semillas sanas. No uses para la siembra semillas de frutos infectados.
- Retira los restos vegetales del campo después de la cosecha.
- Mantén la rotación de cultivos: no plantes cucurbitáceas en la misma parcela más de una vez cada 3–4 años.
- Riega en la base, sin permitir que las hojas y los frutos permanezcan húmedos durante mucho tiempo.
Medidas de control.
Ante los primeros signos, pulveriza con productos a base de cobre (oxicloruro de cobre, caldo bordelés). Repite los tratamientos después de cada lluvia (Sharma et al., 2016). Retira y destruye los frutos enfermos. En regiones con clima cálido y húmedo, se recomienda el uso de variedades resistentes.
4.5. Mancha bacteriana del fruto de la sandía (también infecta a los calabacines)
Agente patógeno: Acidovorax avenae subsp. citrulli
Síntomas.
Aparecen pequeñas manchas aceitosas en los frutos, que aumentan rápidamente de tamaño, se vuelven verde oscuro y luego marrones. La superficie del fruto se agrieta y puede exudar un moco bacteriano pegajoso. En las hojas, las manchas son pequeñas, oscuras, con halo amarillo. La enfermedad también puede manifestarse en las plántulas: en los cotiledones aparecen manchas empapadas y luego necróticas (Sharma et al., 2016; Wehner et al., 2020).
Condiciones de desarrollo.
La bacteria se transmite por semillas, así como por daños mecánicos y a través de gotas de lluvia. El desarrollo se ve favorecido por la alta humedad y el clima cálido (Sharma et al., 2016).
Prevención.
- Utiliza solo semillas de fuentes fiables que hayan pasado controles de laboratorio.
- No utilices para la siembra semillas de frutos con síntomas de la enfermedad.
- En parcelas grandes, se recomienda realizar pruebas de detección de la bacteria en las semillas.
- Mantén la rotación de cultivos y retira los restos vegetales.
Medidas de control.
Ante la aparición de síntomas, se aplican productos a base de cobre, pero su eficacia es limitada. La medida principal es la eliminación y destrucción de las plantas enfermas. En cultivos protegidos, la reducción de la humedad ambiental y la ventilación reducen significativamente el riesgo de infección.
Tabla de diagnóstico rápido de enfermedades bacterianas
| Enfermedad | Síntoma en hojas | Síntoma en frutos | Características especiales |
|---|---|---|---|
| Mancha angular | Manchas angulares con moco blanco en el envés | Pequeñas manchas hundidas con grietas | Las hojas se vuelven "desgarradas" |
| Marchitez bacteriana | Marchitamiento repentino de brotes | No afecta | Moco en el corte del tallo, hilos al romper |
| Podredumbre blanda | Puede afectar la base del tallo | Acuosa, blanda, con olor desagradable | Comienza en las heridas |
| Mancha bacteriana del fruto | Pequeñas manchas con halo amarillo | Manchas hundidas, grietas | Las manchas no se desmoronan |
| Mancha de la sandía | Manchas oscuras con halo amarillo | Aceitosas, luego grietas y moco | Se transmite por semillas |
Principios generales para el control de enfermedades bacterianas
1. Material de siembra sano — la base de la protección. La mayoría de las bacterias se transmiten por semillas, por lo que no utilices semillas de frutos enfermos (Mondal, 2020; Sharma et al., 2016).
2. Riego adecuado. Riega por la mañana estrictamente en la base. El riego por aspersión es la forma más segura de propagar bacterias por toda la parcela (Wehner et al., 2020).
3. Limpieza de herramientas y manos. Al trabajar con plantas húmedas, las bacterias se transmiten fácilmente por las manos y las herramientas. Antes de pasar a otras plantas, lávate las manos o utiliza una solución de permanganato de potasio para desinfectar las herramientas.
4. Eliminación oportuna de plantas enfermas. Las bacterias se propagan rápidamente; cualquier retraso en la eliminación de los primeros focos provocará una infección masiva.
5. Productos a base de cobre — la principal herramienta para controlar las bacteriosis. Los tratamientos se realizan de forma preventiva y después de las lluvias (Sharma et al., 2016).
6. Variedades resistentes. El uso de variedades con resistencia genética a las enfermedades bacterianas es la solución más fiable (Wehner et al., 2020; Nonnecke, 1989).
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5. Enfermedades virales
Las enfermedades virales son el grupo más traicionero. A diferencia de los hongos y las bacterias, los virus no pueden curarse con productos químicos: viven y se multiplican solo dentro de las células vivas de la planta y permanecen en ella de por vida (Mondal, 2020; Rubatzky y Yamaguchi, 1997). Una planta enferma no puede "curarse"; solo se puede eliminar para evitar la propagación de la infección.
Cómo reconocer una infección viral: los síntomas típicos son mosaico (alternancia de zonas verde claro, verde oscuro y amarillas en las hojas), deformación de las hojas (rizado, arrugamiento, aspecto filiforme), enanismo de las plantas, entrenudos acortados, deformidad de los frutos (coloración irregular, abultamientos, torceduras). A menudo los síntomas no aparecen de inmediato, sino 1–2 semanas después de la infección (Sharma et al., 2016; Wehner et al., 2020).
La regla de oro: la prevención es el único método fiable de protección. Los virus se transmiten principalmente a través de insectos vectores (pulgones, moscas blancas, trips, chicharritas), así como por la savia de plantas enfermas a través del contacto mecánico (manos, herramientas, roce de hojas). Algunos virus se transmiten por semillas.
5.1. Virus del mosaico del pepino (CMV)
Cucumber mosaic virus
Síntomas.
En las hojas jóvenes aparece un mosaico característico: alternancia irregular de manchas verde claro, verde oscuro y amarillas. Las hojas se deforman, se vuelven arrugadas y los bordes se curvan hacia abajo. El crecimiento de la planta se ralentiza mucho, los entrenudos se acortan. Los frutos presentan manchas verde claro y verde oscuro, a menudo se deforman y se vuelven abultados. El sabor de los frutos puede volverse amargo (Mondal, 2020; Wehner et al., 2020).
Vías de propagación.
El virus se transmite por pulgones (más de 60 especies, principalmente Aphis gossypii y Myzus persicae) de modo no persistente: el pulgón se infecta en cuestión de segundos al alimentarse y es capaz de transmitir el virus a la siguiente planta inmediatamente (Sharma et al., 2016; Rubatzky y Yamaguchi, 1997). También se transmite por la savia a través de daños mecánicos. Sobrevive en malas hierbas perennes y plantas cultivadas que actúan como reservorios (pimiento, tomate, muchas ornamentales). En algunos casos se transmite por semillas (Mondal, 2020).
Prevención.
- Utiliza variedades resistentes (para calabacines y zucchinis existen híbridos con resistencia a CMV).
- Controla los pulgones: aplica insecticidas (acaricidas) al principio de la temporada, cuando los pulgones empiezan a aparecer. Sin embargo, los insecticidas no siempre son eficaces, ya que el pulgón transmite el virus más rápido de lo que muere por el producto.
- Utiliza acolchados reflectantes (lámina de aluminio, plástico plateado) que repelen a los pulgones.
- Elimina las malas hierbas, especialmente de las familias Chenopodiaceae y Asteraceae, donde el virus puede pasar el invierno.
- Cuando aparezcan las primeras plantas enfermas, retíralas inmediatamente de la parcela.
5.2. Virus del mosaico amarillo del zucchini (ZYMV)
Zucchini yellow mosaic virus
Síntomas.
Uno de los virus más agresivos de las cucurbitáceas. Se manifiesta con mosaico amarillo, fuerte deformación de las hojas: se vuelven estrechas, arrugadas, abultadas. Las plantas se quedan muy enanas. Los frutos presentan manchas de color amarillo y verde intenso, se deforman, se vuelven abultados, con zonas duras. En los frutos de zucchini y patipán suelen formarse "protuberancias" características y una coloración desigual (Wehner et al., 2020; Mondal, 2020).
Vías de propagación.
Se transmite por pulgones (no persistentemente) y por la savia a través del contacto mecánico. También se ha observado la transmisión por semillas en algunas cucurbitáceas. El virus se propaga rápidamente en tiempo cálido, especialmente durante la migración masiva de pulgones. Puede sobrevivir en malas hierbas y cucurbitáceas silvestres (Sharma et al., 2016).
Prevención.
- Utiliza variedades e híbridos resistentes. En los últimos años se han desarrollado variedades de zucchini y calabacín con resistencia genética a ZYMV (Wehner et al., 2020).
- Inspecciona regularmente las plantaciones y elimina las primeras plantas enfermas.
- Controla los pulgones, utiliza cubiertas de tejido al principio de la temporada.
- Evita daños mecánicos a las plantas, desinfecta las herramientas.
5.3. Virus del mosaico de la sandía (WMV) y virus de la mancha anular de la papaya (PRSV-W)
Watermelon mosaic virus (WMV) y Papaya ringspot virus – watermelon strain (PRSV-W)
Estos dos virus suelen presentarse juntos y causan síntomas similares, especialmente en calabacines y patipanes.
Síntomas.
Se manifiestan con mosaico, deformación de las hojas: se vuelven estrechas, rizadas, con abultamientos ampollosos. En los frutos aparecen manchas anulares o coloración desigual, especialmente visible en variedades de fruto amarillo. Las plantas se retrasan en su crecimiento y el rendimiento cae drásticamente (Mondal, 2020; Wehner et al., 2020).
Vías de propagación.
Se transmiten por pulgones (no persistentemente). Sobreviven en plantas perennes reservorios (algunas malas hierbas, plantas ornamentales). A diferencia de ZYMV, estos virus son más comunes en regiones cálidas (Sharma et al., 2016).
Prevención.
- Utiliza variedades resistentes: los híbridos modernos pueden tener resistencia combinada a varios virus.
- Controla los pulgones, utiliza cubiertas y acolchados.
- Elimina las malas hierbas y las cucurbitáceas silvestres alrededor de la parcela.
- Mantén medidas de cuarentena: no trasplantes plántulas cultivadas cerca de plantas enfermas.
5.4. Virus del mosaico de la calabaza (SqMV)
Squash mosaic virus
Síntomas.
Se manifiesta con mosaico y deformación de las hojas, que recuerda a la acción de los herbicidas hormonales: las hojas se vuelven filiformes, rizadas, con abultamientos ampollosos. Los frutos suelen tener manchas anulares, se deforman y se vuelven abultados. En zucchinis y patipanes la enfermedad puede ser especialmente grave (Wehner et al., 2020; Mondal, 2020).
Vías de propagación.
Se transmite por escarabajos de la hoja (escarabajo del pepino rayado y manchado), así como por semillas (en algunas especies de cucurbitáceas). Puede transmitirse mecánicamente. Sobrevive en semillas y en el cuerpo de los escarabajos vectores (Sharma et al., 2016; Rubatzky y Yamaguchi, 1997).
Prevención.
- Utiliza solo semillas verificadas y sanas. El calor seco a 70 °C durante 2 días ayuda a inactivar el virus (Sharma et al., 2016).
- Controla los escarabajos de la hoja al principio de la temporada.
- Elimina las malas hierbas y las cucurbitáceas silvestres.
- Ante los primeros síntomas, elimina las plantas enfermas.
5.5. Vías de propagación de los virus
| Vía de transmisión | Ejemplos de virus | Qué hacer |
|---|---|---|
| Pulgones (no persistente) | CMV, ZYMV, WMV, PRSV | Control de pulgones, acolchados reflectantes, cubiertas, variedades resistentes |
| Escarabajos de la hoja | SqMV | Control de escarabajos, eliminación de restos vegetales, siembras tempranas |
| Semillas | CMV (parcial), SqMV, CGMMV | Uso de semillas sanas, calor seco, pruebas de laboratorio |
| Mecánicamente (savia) | Casi todos los virus | Desinfección de herramientas, trabajo cuidadoso, evitar heridas |
| Malas hierbas reservorios | CMV, WMV, ZYMV | Destrucción de malas hierbas, especialmente cerca de las plantaciones |
Principios generales para el control de enfermedades virales
1. Semillas y plántulas sanas — la base. Utiliza semillas solo de productores de confianza. Si cultivas plántulas, inspecciónalas atentamente antes del trasplante y elimina cualquier planta sospechosa (Sharma et al., 2016).
2. Variedades resistentes — el método más fiable. En las últimas décadas se han obtenido híbridos de calabacín y zucchini con resistencia genética a los principales virus (ZYMV, WMV, PRSV, CMV). Esto es especialmente importante en regiones con alta presión viral (Wehner et al., 2020; Nonnecke, 1989).
3. Control de los insectos vectores — la estrategia clave. Utiliza:
- Acolchados reflectantes (plástico plateado o de aluminio) que repelen a los pulgones y otras plagas voladoras (Sharma et al., 2016).
- Cubiertas de tejido (agrotextil no tejido) en las primeras fases de crecimiento, especialmente durante los períodos de máxima migración de pulgones.
- Insecticidas (sistémicos y de contacto) según sea necesario, pero recuerda que no siempre matan al pulgón antes de que transmita el virus.
- Cebos y trampas para los escarabajos de la hoja (en el caso del SqMV).
4. Eliminación oportuna de plantas enfermas — ante los primeros signos de virus, arranca la planta de raíz y destrúyela (quémala, entiérrala profundamente). Esto reduce la cantidad de inóculo para las plantas vecinas.
5. Limpieza de herramientas y manos — al trabajar en las plantaciones, desinfecta las herramientas (con alcohol, solución de permanganato de potasio o lejía) y lávate las manos, especialmente si has visto plantas enfermas.
6. Destrucción de malas hierbas y cucurbitáceas silvestres — actúan como reservorios de virus y vectores.
7. Rotación de cultivos y aislamiento espacial de otros cultivos de cucurbitáceas reducen el riesgo de infección cruzada.
Tabla de diagnóstico rápido de enfermedades virales
| Virus | Síntomas principales en hojas | Síntomas principales en frutos | Vectores |
|---|---|---|---|
| CMV (mosaico del pepino) | Mosaico, arrugamiento, deformación | Manchas, abultamientos, deformación | Pulgones, mecánico |
| ZYMV (mosaico amarillo del zucchini) | Fuerte deformación, mosaico amarillo | Manchas brillantes, abultamientos, zonas duras | Pulgones, mecánico |
| WMV (mosaico de la sandía) | Mosaico, hojas estrechas y rizadas | Manchas anulares, coloración desigual | Pulgones, mecánico |
| PRSV-W (mancha anular de la papaya) | Mosaico, ampollas | Manchas anulares, deformación | Pulgones, mecánico |
| SqMV (mosaico de la calabaza) | Mosaico, hojas filiformes | Manchas anulares, deformación | Escarabajos de la hoja, semillas |
Conociendo los principales virus y sus vectores, podrás detectar el peligro a tiempo y tomar medidas preventivas. Recuerda que en el caso de los virus, lo fundamental es prevenir, no curar. En el próximo capítulo reuniremos todos estos conocimientos en un sistema integral de prevención que te permitirá minimizar los riesgos de los tres grupos de enfermedades.
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6. Prevención integral
Los capítulos anteriores han mostrado que cada grupo de enfermedades requiere un enfoque específico. Los hongos se tratan con fungicidas, las bacterias se controlan con productos cúpricos y los virus, solo con prevención. Sin embargo, hay un principio general que funciona contra todas las enfermedades a la vez: una planta sana en un entorno sano (Sharma et al., 2016; Wehner et al., 2020).
La prevención integral no es un conjunto de consejos aislados, sino un sistema interconectado donde cada elemento refuerza al otro. Analicemos seis pilares clave de la protección.
6.1. Variedades e híbridos resistentes
Por qué funciona. La resistencia genética es la protección más fiable y ecológica. La propia planta "sabe" cómo resistir al patógeno sin tu intervención. La resistencia puede ser total (la planta no se enferma) o parcial (se enferma más tarde y con menos gravedad).
Qué hacer.
-
Al elegir semillas, presta atención a las marcas de resistencia. En los envases de los híbridos suelen indicarse los códigos de resistencia a las principales enfermedades (Wehner et al., 2020; Nonnecke, 1989). Por ejemplo:
- PM (Powdery Mildew) — resistencia al oídio
- DM (Downy Mildew) — resistencia al mildiú velloso
- CMV — resistencia al virus del mosaico del pepino
- ZYMV — resistencia al virus del mosaico amarillo del zucchini
- WMV — resistencia al virus del mosaico de la sandía
- PRSV — resistencia al virus de la mancha anular de la papaya
- Anth — resistencia a la antracnosis
- Fus — resistencia a la marchitez por Fusarium
- En regiones con alta presión viral, da preferencia a los híbridos con resistencia combinada a CMV, ZYMV y WMV (Sharma et al., 2016).
- Para la agricultura ecológica, elige variedades resistentes al oídio y a la antracnosis; esto reduce la necesidad de tratamientos químicos.
6.2. Semillas sanas y preparación adecuada
Por qué funciona. Muchas enfermedades (antracnosis, bacteriosis, virus) se transmiten por semillas. Eliminar la infección en la semilla es la barrera más temprana y eficaz (Sharma et al., 2016; Mondal, 2020).
Qué hacer.
- Compra semillas solo de productores de confianza, especialmente para los híbridos.
- No utilices semillas de frutos enfermos — incluso si el fruto parece sano, podría ser portador de virus.
- Calentamiento de semillas — un método eficaz de desinfección. Coloca las semillas en agua a 50–52 °C durante 20–30 minutos, luego enfríalas inmediatamente en agua fría (Sharma et al., 2016; Wehner et al., 2020). Este método destruye los agentes de la antracnosis, las bacteriosis y algunos virus en la superficie de la semilla.
- Tratamiento con fungicidas — tratar las semillas con fungicidas (tiram, benomilo) antes de la siembra protege las plántulas de los patógenos del suelo (Pythium, Rhizoctonia, Fusarium). Para el huerto doméstico, es suficiente utilizar semillas recubiertas (Lebedeva, 1987; Pantiélev, 1986).
- Burbujeo — remojar las semillas en agua con oxígeno durante 15–20 horas acelera la germinación y aumenta el vigor, lo que es importante para una emergencia rápida y una menor exposición a infecciones (Autko et al., 2012).
6.3. Rotación de cultivos y elección del terreno
Por qué funciona. Los patógenos se acumulan en el suelo cuando se cultivan cultivos susceptibles de forma continua. Los patógenos fúngicos (Fusarium, Verticillium, Sclerotinia) y los nematodos persisten en el suelo durante años, y su concentración aumenta cada año (Mondal, 2020; Rubatzky y Yamaguchi, 1997).
Qué hacer.
- Vuelve a plantar cucurbitáceas en el mismo lugar no antes de 3–4 años, y mejor después de 5–6 años. Esta norma se aplica no solo a los calabacines, sino a todos los cultivos de la familia de las cucurbitáceas (pepinos, calabazas, patipanes, sandías, melones), ya que comparten los mismos patógenos (Wehner et al., 2020).
- Mejores cultivos precedentes: patata, repollo, cebolla, legumbres (guisantes, judías), abonos verdes (mostaza, facelia), raíces (zanahoria, remolacha) (Karataev y Sovetkina, 1984; Nonnecke, 1989).
- Peores cultivos precedentes: cualquier cucurbitácea, así como tomates, pimientos y berenjenas, ya que comparten patógenos comunes (Phytophthora, Verticillium).
- Elige lugares soleados y bien ventilados, protegidos de los vientos fríos. En zonas bajas donde se estanca el aire frío y el agua, las enfermedades se desarrollan con más facilidad (Autko et al., 2012).
6.4. Riego inteligente y manejo de la humedad
Por qué funciona. La mayoría de las enfermedades fúngicas y bacterianas necesitan humedad libre en las hojas para infectar. Controlando la humedad, privas a los patógenos de su principal condición de desarrollo (Sharma et al., 2016; Wehner et al., 2020).
Qué hacer.
- Riega estrictamente en la base, evitando mojar las hojas. El riego por goteo es la opción ideal.
- Riega por la mañana para que las hojas se sequen al anochecer. Si riegas por la noche, las plantas permanecen húmedas toda la noche, condiciones ideales para los hongos.
- No riegues en exceso. El exceso de agua debilita las raíces y las hace vulnerables a las pudriciones. La humedad óptima del suelo para las cucurbitáceas es del 70–80 % de la capacidad de campo (Karataev y Sovetkina, 1984; Rubatzky y Yamaguchi, 1997).
- Acolcha el suelo con paja, hierba cortada, compost o plástico negro. El acolchado reduce la evaporación, disminuye la frecuencia de riego y evita que las salpicaduras del suelo lleguen a las hojas.
- En temporada de lluvias, utiliza cubiertas temporales (arcos con plástico transparente) para proteger las plantas de la lluvia directa. Pero no olvides ventilar en los días calurosos.
6.5. Nutrición y cuidados adecuados
Por qué funciona. Las plantas sobrealimentadas con nitrógeno tienen tejidos blandos y suculentos que son fácilmente atacados por hongos y bacterias. Una nutrición equilibrada, especialmente con suficiente potasio y fósforo, aumenta la inmunidad y la resistencia a las enfermedades (Sharma et al., 2016; Rubatzky y Yamaguchi, 1997).
Qué hacer.
- Evita el exceso de fertilizantes nitrogenados, especialmente en la segunda mitad del ciclo vegetativo. El exceso de nitrógeno favorece el oídio y la podredumbre gris.
- Presta atención al potasio y al fósforo. El potasio fortalece las paredes celulares y aumenta la resistencia a las enfermedades. El fósforo favorece el desarrollo de un sistema radicular fuerte.
- Los microelementos — boro, manganeso, zinc — son importantes para la inmunidad. Para los calabacines y zucchinis, es beneficiosa la fertilización foliar con microelementos durante el crecimiento activo (Sharma et al., 2016).
- Elimina regularmente las hojas inferiores envejecidas — suelen ser el primer foco de infección y empeoran la ventilación. Hazlo en tiempo seco para que las heridas cicatricen rápidamente.
- Aclara las plantaciones, evitando el hacinamiento. La distancia de 70×70 cm para las formas arbustivas es óptima.
- Elimina las malas hierbas, especialmente las de la familia de las cucurbitáceas (pepinos silvestres, momordica, calabazas voluntarias), que pueden ser reservorios de virus y plagas (Mondal, 2020).
6.6. Medidas sanitarias y cuarentena
Por qué funciona. Los patógenos invernan en restos vegetales, en el suelo y en las herramientas. Al interrumpir este ciclo, reduces la cantidad de inóculo para la siguiente temporada (Mondal, 2020; Wehner et al., 2020).
Qué hacer.
- Después de la cosecha, recoge y destruye cuidadosamente todos los restos vegetales. No los pongas en el compost si no estás seguro de su estado sanitario; mejor quemarlos o enterrarlos profundamente.
- Desinfecta regularmente las herramientas de jardinería, especialmente después de trabajar con plantas enfermas. Utiliza alcohol, solución de permanganato de potasio (1 %), lejía (10 %) o jabón de cocina (Sharma et al., 2016).
- En tiempo lluvioso, no trabajes en las plantaciones. Las bacterias y las esporas de hongos se transmiten fácilmente por las manos, la ropa y las herramientas, especialmente cuando las plantas están húmedas.
- Cuando aparezcan plantas enfermas, retíralas inmediatamente (arráncalas de raíz, sácalas de la parcela y quémalas). No las dejes entre las filas, son una fuente de infección.
- No utilices semillas de frutos enfermos, especialmente si se sospecha de una infección viral o bacteriana.
- Al trabajar con plántulas, inspecciona cuidadosamente cada planta antes del trasplante. Cualquier indicio de mosaico, mancha o amarilleo es motivo para desechar la planta.
Plan de protección integral por estaciones
Otoño:
- Retira cuidadosamente todos los restos vegetales.
- Realiza una labranza profunda de la parcela.
- Aplica abonos orgánicos si es necesario.
- En suelos ácidos, encalado (para calabacines, el pH óptimo es 6,0–7,0).
Primavera:
- Elige variedades resistentes y semillas sanas.
- Realiza la desinfección de las semillas antes de la siembra.
- Prepara los bancales en un lugar soleado y bien ventilado.
- Aplica fertilizantes equilibrados con énfasis en fósforo y potasio.
Durante la temporada:
- Riega por la mañana en la base, evitando mojar las hojas.
- Inspecciona regularmente las plantaciones — cuanto antes detectes una enfermedad, más fácil será detenerla.
- Elimina las hojas inferiores envejecidas; no densifiques las plantaciones.
- Ante los primeros signos de enfermedad, aplica biopreparados suaves o productos a base de cobre.
- En períodos lluviosos, refuerza la protección: cubre las plantas, limita los riegos, realiza tratamientos preventivos.
Resumen rápido: qué hacer ante los primeros signos de enfermedad
| Si observas... | Primeras acciones |
|---|---|
| Revestimiento blanco pulverulento | Elimina las hojas muy afectadas; trata con azufre o biopreparado (Bacillus subtilis). |
| Manchas amarillas angulares en las hojas | Revisa el envés de la hoja; si hay revestimiento gris, trata urgentemente con un producto cúprico. |
| Manchas empapadas con olor en los frutos | Elimina todos los frutos afectados; revisa el régimen de riego; utiliza acolchado. |
| Mosaico y deformación de las hojas | Retira la planta de raíz inmediatamente y quémala: el virus no tiene cura. |
| Marchitamiento de brotes individuales | Revisa el corte del tallo; si hay moco, retira la planta. Si es solo marchitamiento seco, revisa las raíces por podredumbre. |
La prevención integral no requiere un gran esfuerzo; es, en esencia, un cuidado adecuado y un poco de atención. Pero es precisamente este sistema el que convierte tu huerto en un entorno desfavorable para las enfermedades, haciendo que las plantas estén sanas y fuertes. Y recuerda: el mejor tratamiento es la prevención.
En el siguiente capítulo analizaremos los errores típicos que incluso los jardineros experimentados cometen en la lucha contra las enfermedades.
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7. Errores típicos
Incluso con un buen conocimiento teórico, en la práctica se cometen los mismos errores una y otra vez. Muchos parecen insignificantes, pero son precisamente los que convierten un huerto sano en un foco de infecciones. Analicemos diez de los errores más comunes para que puedas evitarlos.
Error 1. Riego por aspersión y riego vespertino
El error. Los jardineros suelen regar los calabacines con una regadera o manguera desde arriba, mojando abundantemente las hojas y los frutos, o riegan por la tarde, dejando las plantas húmedas toda la noche.
Por qué es peligroso. La mayoría de las enfermedades fúngicas y bacterianas necesitan humedad libre en las hojas durante varias horas para infectar. El riego vespertino ofrece a los patógenos las condiciones ideales: humedad, frescor y la noche, cuando la evaporación es mínima (Sharma et al., 2016; Wehner et al., 2020).
Cómo hacerlo bien. Riega estrictamente en la base, preferiblemente por goteo. Si riegas con manguera, dirige el chorro a la zona de las raíces, no al follaje. Riega solo por la mañana, para que las hojas estén completamente secas al anochecer.
Error 2. Plantaciones densas
El error. Para ahorrar espacio u obtener más cosecha, los jardineros plantan demasiado cerca unos de otros. En calabacines y patipanes esto es especialmente notable cuando los arbustos vigorosos se unen formando una masa verde compacta.
Por qué es peligroso. En plantaciones densas, la ventilación es deficiente, la humedad se mantiene durante más tiempo y las esporas pasan fácilmente de una planta enferma a una sana. Además, las plantas compiten por la luz y los nutrientes, se debilitan y se vuelven más susceptibles a las infecciones (Karataev y Sovetkina, 1984; Rubatzky y Yamaguchi, 1997).
Cómo hacerlo bien. Mantén una distancia entre plantas de al menos 70×70 cm para las formas arbustivas (calabacín, zucchini, patipán). Para variedades trepadoras, la distancia aumenta a 140×140 cm (Lebedeva, 1987; Autko et al., 2012). No dudes en eliminar plantas sobrantes: es mejor tener 5 arbustos sanos que 10 enfermos.
Error 3. Ignorar la rotación de cultivos
El error. Cultivar calabacines en el mismo lugar año tras año, "porque les gusta y la cosecha fue buena".
Por qué es peligroso. Los patógenos de la fusariosis, la verticilosis, la podredumbre blanca y los nematodos agalladores se acumulan en el suelo y persisten hasta 5–7 años. Cada año el nivel de inóculo aumenta, e incluso las variedades resistentes comienzan a enfermar (Mondal, 2020; Wehner et al., 2020).
Cómo hacerlo bien. Vuelve a plantar cucurbitáceas en el mismo lugar no antes de 3–4 años, preferiblemente 5–6. En la rotación, planta cultivos "limpiadores" (legumbres, mostaza, facelia) que mejoran la salud del suelo.
Error 4. Exceso de fertilizantes nitrogenados
El error. Con el afán de obtener plantas "vigorosas", los jardineros sobrealimentan los calabacines con estiércol, compost y, especialmente, con fertilizantes nitrogenados. Las plantas crecen exuberantemente, se vuelven grandes, pero... vulnerables.
Por qué es peligroso. El exceso de nitrógeno hace que los tejidos sean blandos, suculentos, con una epidermis fina, lo que facilita la entrada de patógenos. El nitrógeno favorece especialmente el oídio, la podredumbre gris y las bacteriosis (Sharma et al., 2016; Nonnecke, 1989).
Cómo hacerlo bien. Aplica fertilizantes equilibrados con énfasis en fósforo y potasio, que fortalecen las paredes celulares y aumentan la inmunidad. Aplica nitrógeno solo en la primera mitad del ciclo y en dosis moderadas. Si las hojas se vuelven verde oscuro y "grasientas", es señal de que el nitrógeno ya es suficiente.
Error 5. Ignorar los primeros síntomas
El error. "Unas pocas manchas en las hojas, no es grave". O "es solo que el sol ha quemado" o "las hojas viejas amarillean naturalmente".
Por qué es peligroso. Las enfermedades se propagan de forma exponencial. Una pequeña mancha hoy se convierte en decenas de hojas enfermas en una semana y en cientos de esporas que invernarán en la parcela. Los hongos y las bacterias se multiplican muy rápidamente en condiciones favorables (Mondal, 2020; Wehner et al., 2020).
Cómo hacerlo bien. Inspecciona las plantaciones con regularidad, al menos 2 o 3 veces por semana. Al detectar cualquier mancha sospechosa, revestimiento, marchitamiento o deformación, actúa de inmediato: elimina las hojas enfermas, trata las plantas y, si hay síntomas virales, retira la planta entera.
Error 6. Uso de productos incorrectos
El error. Los jardineros pulverizan caldo bordelés contra el oídio, o fungicida sistémico contra una bacteriosis, o usan el mismo producto toda la temporada hasta que deja de funcionar.
Por qué es peligroso. Las enfermedades fúngicas no se curan con productos cúpricos (que son bactericidas), y las bacterianas no se curan con fungicidas. Además, los patógenos desarrollan rápidamente resistencia cuando se usa el mismo producto repetidamente (Sharma et al., 2016; Wehner et al., 2020).
Cómo hacerlo bien. Lee la etiqueta del producto: contra qué enfermedades actúa. Alterna productos de diferentes grupos químicos (por ejemplo, de contacto y sistémicos). Utiliza biopreparados como preventivos y productos químicos solo cuando sea necesario.
Error 7. Dejar los restos vegetales
El error. En otoño, "se olvidaron" de retirar las hojas, tallos y frutos, o simplemente los enterraron en la tierra. O los echaron todos juntos a la pila de compost.
Por qué es peligroso. En los restos vegetales pasan el invierno perfectamente los hongos (antracnosis, podredumbre gris, oídio), bacterias y virus. En primavera, las esporas llegan a las nuevas plantas y el ciclo comienza de nuevo (Mondal, 2020; Rubatzky y Yamaguchi, 1997).
Cómo hacerlo bien. Recoge cuidadosamente todos los restos vegetales después de la temporada. Quema o retira de la parcela las plantas y hojas enfermas, no las pongas en el compost (la temperatura del compostaje a menudo no es suficiente para destruir los patógenos). Si estás seguro de que las plantas estaban sanas, compostéalas, pero siguiendo el procedimiento adecuado (alternando capas con tierra, humedeciendo, volteando).
Error 8. Usar semillas de frutos enfermos
El error. "Mis propias semillas son las mejores y más fiables". Los jardineros recolectan semillas de sus propios frutos sin fijarse en que el fruto podría haber tenido antracnosis o mosaico viral.
Por qué es peligroso. La antracnosis, las bacteriosis y algunos virus se transmiten por semillas. Una semilla aparentemente sana puede llevar la infección, que se manifestará ya en la etapa de plántula (Sharma et al., 2016; Wehner et al., 2020).
Cómo hacerlo bien. Recolecta semillas solo de frutos completamente sanos, de plantas que no hayan mostrado signos de enfermedad. Si dudas de la sanidad de la variedad, compra semillas de un productor de confianza. Los híbridos (F1) no deben multiplicarse por semillas, ya que no conservan las características parentales y obtendrás resultados impredecibles.
Error 9. Descuidar las malas hierbas
El error. Las malas hierbas se consideran solo "ladronas de nutrientes" y "sombras", pero no como fuentes de enfermedades.
Por qué es peligroso. Las malas hierbas de la familia de las cucurbitáceas (pepinos silvestres, momordica, calabazas voluntarias) son reservorios de virus y de plagas vectores. Los virus pasan el invierno en ellas y en primavera pasan a las plantas cultivadas (Mondal, 2020; Wehner et al., 2020).
Cómo hacerlo bien. Destruye todas las malas hierbas, especialmente entre las hileras y en los bordes de la parcela. No dejes cucurbitáceas silvestres ni siquiera con fines ornamentales: son vecinas peligrosas para los calabacines y zucchinis.
Error 10. Almacenamiento incorrecto de la cosecha
El error. Los frutos cosechados se almacenan en un lugar cálido, con alta humedad, o se apilan muy juntos.
Por qué es peligroso. Los calabacines y patipanes son susceptibles a la podredumbre gris y blanca durante el almacenamiento. Con temperatura y humedad altas, la podredumbre se extiende rápidamente, afectando a toda la reserva (Nonnecke, 1989; Mondal, 2020).
Cómo hacerlo bien. Almacena los frutos a 10–13 °C y con una humedad relativa del 90–95 %. Los frutos deben estar separados, sin tocarse. Antes de guardarlos, inspecciona cada fruto: uno solo con una mancha o daño puede estropear a los vecinos. Para el almacenamiento prolongado, selecciona solo frutos completamente sanos y sin daños.
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Principios finales: cómo evitar la mayoría de los problemas
1. Observa tus plantas. La inspección regular permite detectar los primeros síntomas 1 o 2 semanas antes de que la enfermedad se propague masivamente (Mondal, 2020; Sharma et al., 2016).
2. Riega correctamente. El riego matutino en la base, sin mojar las hojas, es la acción preventiva más sencilla y eficaz (Wehner et al., 2020).
3. Planta con espacio. La distancia suficiente entre plantas proporciona la mejor ventilación y menos humedad en las hojas.
4. Rota los cultivos. Una de las principales condiciones para prevenir la acumulación de patógenos en el suelo (Rubatzky y Yamaguchi, 1997).
5. Elige variedades resistentes. Los híbridos modernos con resistencia genética son tus mejores aliados (Nonnecke, 1989).
6. Mantén todo limpio. Restos vegetales, malas hierbas, hojas viejas: todo es una posible fuente de infección.
7. No abuses del nitrógeno. Mejor quedarse corto que pasarse.
8. Actúa rápido. ¿Has detectado una enfermedad? Retira inmediatamente lo enfermo y trata lo sano. Cada día de retraso multiplica las pérdidas.
Una cosecha sana comienza con reglas sencillas y tu atención. Las enfermedades de los calabacines, zucchinis y patipanes pueden controlarse con éxito sin medidas complejas y costosas. Lo importante es comprender sus causas, detectar los signos a tiempo y aplicar las medidas adecuadas.
Y recuerda lo fundamental: la lucha contra las enfermedades no son tratamientos puntuales, sino un enfoque constante y sistemático del cuidado de las plantas. Cuanto más sanas sean tus prácticas agrícolas, menos espacio queda para las enfermedades.
Referencias
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- Nonnecke, L. (1989). ‘Cucumber, Squashes, and Melons’, in Vegetable production. New York, USA: Van Nostrand Reinhold, pp. 505-569.
- Rubatzky, V.E., Yamaguchi, M. (1997). ‘Cucumber, Melons, Watermelons, Squash, and Other Cucurbits’, in World Vegetables. Boston, MA: Springer US, 577-639.
- Sharma, A., Katoch, V., Rana, C. (2016). ‘Important Diseases of Cucurbitaceous Crops and Their Management’, in Pessarakli, M. (ed.) Handbook of Cucurbits. Growth,Cultural Practices, and Physiology. New York, NY: CRC Press, pp. 301-326.
- Wehner, T.C., Naegele, R.P., Myers, J.R., Dhillon, N.P..S., Crosby, K. (2020). ‘Diseases and Nematodes’, in Cucurbits. Boston, MA: CABI, pp. 179-206.
- Аутко, А.А. (2012). ‘Современные технологии выращивания овощных культур [Modern technologies for growing vegetable crops]’, in Современные технологии в овощеводстве [Modern technologies in vegetable growing]. Минск, Белоруссия: Беларус. навука, pp. 93-347.
- Каратаев, Е.С., Советкина, В.Е. (1984). ‘Плодовые овощные растения семейства Тыквенные [Fruit vegetable plants of the Cucurbitaceae family]’, in Овощеводство [Vegetable growing]. Москва: Колос, pp. 210-236.
- Котов, В.П., Адрицкая, Н.А. (2016). ‘Технологии возделывания овощных культур [Vegetable cultivation technologies]’, in Овощеводство [Vegetable growing]. Санкт-Петербург: Лань, pp. 153-361.
- Лебедева, А.Т. (1987). ‘Болезни тыквенных культур и борьба с ними [Diseases of pumpkin crops and their control]’, in Тыквенные культуры [Cucurbits crops]. Москва: Россельхозиздат, pp. 77-79.
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- Тараканов, Г.И., Мухин, В.Д., Шуин, К.А., Борисов, Н.В., Климов, В.В., Никифоров, М.А., Скачко, В.А., Тараканов, И.Г., Холодецкий, М.С. (2003). ‘Производство овощей в открытом грунте [Open-field vegetable production]’, in Овощеводство [Vegetable growing]. Москва: КолосС, pp. 286-448.