Plagas

Actualizado: 12 Julio 2026 Русский English

1. Por qué las plagas colonizan rápidamente las plantas

Los calabacines, los zucchini y las calabazas patipán son invitados bienvenidos en nuestros huertos. Nos alegran con su rápido crecimiento, abundante fructificación y poca exigencia. Sin embargo, son precisamente estas cualidades las que los convierten en un objetivo predilecto para multitud de plagas. Para proteger eficazmente las plantaciones, es fundamental comprender qué hace que estos cultivos sean tan vulnerables.

Crecimiento rápido y tejidos tiernos

Las cucurbitáceas (Cucurbitaceae) se caracterizan por un crecimiento vegetativo intenso. En poco tiempo, las plantas desarrollan un potente aparato foliar, tallos y frutos suculentos. Estos tejidos contienen mucha humedad y nutrientes, lo que atrae a los fitófagos, organismos que se alimentan de materia vegetal (Pessarakli, 2016). Las plántulas jóvenes, recién emergidas, son especialmente vulnerables: sus tejidos de recubrimiento aún son finos y las plagas penetran fácilmente hasta los vasos conductores de savia nutritiva.

La paradoja de las cucurbitacinas: una defensa que atrae

A lo largo de la evolución, las cucurbitáceas han desarrollado una defensa química: las sustancias amargas llamadas cucurbitacinas. Son tóxicas para la mayoría de los herbívoros, pero, paradójicamente, son precisamente estas sustancias las que atraen a algunos fitófagos especializados, en primer lugar a los escarabajos de la familia Chrysomelidae (Wehner, 2020). Estos insectos no solo son tolerantes al veneno, sino que lo utilizan como señal química para localizar su planta hospedante.

Factores de riesgo agronómicos

A menudo, nosotros mismos creamos condiciones favorables para las plagas:

  • Monocultivo. Plantar una sola especie en una gran extensión facilita a los insectos la búsqueda de alimento y su dispersión.
  • Plantaciones densas. El hacinamiento crea un microclima favorable —mayor humedad y temperatura— que acelera el desarrollo de muchas plagas (Mondal, 2020).
  • Exceso de fertilización nitrogenada. Las plantas sobrealimentadas con nitrógeno tienen tejidos especialmente suculentos y "flojos", más fáciles de dañar, y atraen a pulgones y ácaros.
  • Malas rotaciones de cultivo. Muchas plagas y patógenos del suelo se acumulan cuando se cultivan continuamente plantas de la misma familia.

Factores climáticos

El clima cálido y húmedo, ideal para el crecimiento de las cucurbitáceas, acelera al mismo tiempo el desarrollo de sus enemigos. Por ejemplo, a temperaturas superiores a 27 °C y humedad inferior al 50 %, la araña roja puede completar su ciclo vital en solo 5–7 días (Pessarakli, 2016). Esto significa que un solo individuo puede dar varias generaciones en una temporada, y la población crece en progresión geométrica.

Amplia distribución y polifagia

Muchas plagas de las cucurbitáceas no se limitan a una sola especie de planta. Los pulgones, las moscas blancas, los trips y la araña roja son polífagos, es decir, pueden alimentarse de muy diversos cultivos y malas hierbas. Pueden migrar a la parcela desde campos vecinos, bosques o terrenos baldíos (Mondal, 2020). La falta de rotación y el escaso control de malas hierbas solo empeoran la situación.

Comprender estas causas es el primer paso para una protección exitosa de los cultivos. En los siguientes capítulos analizaremos en detalle cómo reconocer las plagas específicas, qué métodos de control funcionan realmente y cómo construir un sistema de protección que no altere el equilibrio ecológico de su huerto.

2. Plagas chupadoras

Las plagas chupadoras son el grupo de enemigos más numeroso y peligroso para los calabacines, los zucchini y las calabazas patipán. Perforan los tejidos de las plantas con su aparato bucal y succionan la savia celular, privando al cultivo de su vitalidad. Pero la principal amenaza no es siquiera el daño directo: muchas de ellas transmiten enfermedades víricas que no tienen cura (Mondal, 2020). Examinemos a los cuatro principales representantes de este grupo.

2.1. Pulgones (Aphis gossypii, Myzus persicae)

En los calabacines, el pulgón más frecuente es el pulgón del algodón o melón — Aphis gossypii Glover. Es una plaga cosmopolita capaz de atacar a más de 700 especies de plantas (Wehner, 2020). Con menor frecuencia, también aparece el pulgón verde del melocotonero (Myzus persicae).

Biología

Los pulgones son insectos pequeños (1–2 mm) de cuerpo blando y forma periforme. Su color varía del amarillo verdoso al verde oscuro, casi negro. En la estación cálida se reproducen por partenogénesis: las hembras paren larvas vivas sin fecundación. Una sola hembra produce de 8 a 22 larvas al día, y estas alcanzan la madurez sexual en solo 3–4 días (Sharma, 2016). A lo largo de la temporada se suceden hasta 20 generaciones. Las colonias de pulgones se instalan en el envés de las hojas jóvenes, en los ápices de los brotes, en los botones florales y en los ovarios.

Síntomas y daños

  • Las hojas se enrollan hacia abajo, se arrugan y amarillean.
  • Los brotes jóvenes se deforman y el crecimiento se ralentiza.
  • Aparece una capa pegajosa —la melaza— que los pulgones excretan al alimentarse. Sobre esta melaza se desarrolla rápidamente el hongo de la fumagina, cubriendo las hojas con una capa negra que perjudica la fotosíntesis (Mondal, 2020).
  • Con infestaciones graves, las plantas se ven debilitadas y los ovarios caen.

Lo más peligroso es que los pulgones son vectores de virus: el virus del mosaico del pepino (CMV), el virus del mosaico de la sandía (WMV), el virus del mosaico amarillo del calabacín (ZYMV) y el virus de la mancha anular de la papaya (PRSV). Estos virus no tienen cura y pueden destruir toda la cosecha.

Prevención

  • Inspeccione regularmente el envés de las hojas, especialmente a principios del verano.
  • Elimine las malas hierbas, ya que sirven de reservorio para los pulgones (Mondal, 2020).
  • No abone en exceso con nitrógeno: el exceso de nitrógeno hace que los tejidos sean más suculentos y atractivos para los pulgones (Karataev y Sovetkina, 1984).
  • Plante cerca plantas repelentes: eneldo, hinojo, menta, tagetes — atraen a los enemigos naturales de los pulgones.

Métodos de control

Biológicos. Sus principales aliados son las mariquitas (Coccinellidae), los crisopas (Chrysopidae), los sírfidos (Syrphidae) y las avispas parasitoides del género Aphidius spp. Una sola mariquita come de 50 a 100 pulgones al día. Para atraerlas, siembre plantas nectaríferas (trigo sarraceno, eneldo, mostaza) cerca de los cultivos (Pessarakli, 2016). También es eficaz el preparado fúngico Beauveria bassiana, que infecta a los pulgones en condiciones de alta humedad.

Mecánicos. Con infestaciones leves, los pulgones se pueden eliminar con un chorro fuerte de agua —pero hágalo por la mañana para que las hojas se sequen antes de la noche. También ayuda la poda de los brotes muy colonizados.

Químicos (último recurso). Si las colonias crecen y los insectos beneficiosos no son suficientes, utilice productos a base de piretrinas naturales, jabón potásico o aceites vegetales. Son menos tóxicos y se degradan rápidamente. Entre los insecticidas sistémicos autorizados para cucurbitáceas se encuentran los principios activos acetamiprid e imidacloprid, pero su uso debe ser estrictamente según las instrucciones y respetando los plazos de seguridad antes de la cosecha (Kemble, 2022).

2.2. Araña roja (Tetranychus urticae)

La araña roja no es un insecto, sino un arácnido (clase Arácnidos, orden Acariformes). Es una de las plagas más peligrosas de las cucurbitáceas en tiempo cálido y seco.

Biología

El ácaro mide 0,3–0,5 mm, es casi invisible a simple vista. Su color varía del amarillo verdoso al naranja rojizo (hembras invernantes). La temperatura óptima para su desarrollo es superior a 27 °C; en esas condiciones, el ciclo vital de huevo a adulto dura solo 5–7 días (Pessarakli, 2016). La hembra pone hasta 200 huevos. El tiempo seco, el polvo y la falta de lluvia favorecen un crecimiento explosivo de la población. Los ácaros viven en colonias en el envés de las hojas, cubriéndolas con una fina telaraña.

Síntomas y daños

  • En el haz de las hojas aparecen pequeñas manchas claras —puntos de punción. Con la multiplicación masiva, las hojas adquieren un aspecto marmóreo, amarillean y se secan.
  • En el envés se ven finas telarañas blanquecinas en las que se mueven diminutos puntos.
  • Las hojas se enrollan, el crecimiento se detiene y los frutos se vuelven más pequeños.
  • En infestaciones severas, las plantas pueden perder completamente el follaje (Mondal, 2020).

El ácaro también secreta toxinas que dañan las células vegetales, agravando el daño.

Prevención

  • Mantenga la humedad ambiental: en tiempo seco, realice riegos por aspersión refrescantes —esto crea condiciones desfavorables para el ácaro y favorece el desarrollo de hongos que lo atacan (Mondal, 2020).
  • Riegue los caminos y el entorno para reducir el polvo, ya que el polvo favorece la reproducción de los ácaros.
  • Elimine las malas hierbas y los restos vegetales, donde los ácaros sobreviven en períodos desfavorables.
  • No abuse de los piretroides: destruyen a los enemigos naturales del ácaro y provocan brotes (Sharma, 2016).

Métodos de control

Biológicos. Los ácaros depredadores — Phytoseiulus persimilis, Amblyseius californicus, Neoseiulus cucumeris — suprimen eficazmente las poblaciones de araña roja. En cultivo protegido se sueltan a razón de 10–20 individuos por 1 m². En campo abierto, es importante crear condiciones para su dispersión natural: evitar calles muy anchas y dejar zonas con vegetación silvestre (Pessarakli, 2016). También ayudan los preparados de Beauveria bassiana.

Mecánicos. Una ducha fuerte con manguera desaloja los ácaros de las hojas. Sin embargo, con poblaciones elevadas este método es poco eficaz.

Químicos (último recurso). Utilice acaricidas especializados: actúan solo sobre los ácaros y son seguros para los insectos. Los productos a base de abamectina, bifenazato y etoxazol están indicados contra la araña roja en cucurbitáceas (Kemble, 2022). Es importante alternar los principios activos para evitar la resistencia. Aplique el tratamiento con cuidado, mojando bien el envés de las hojas. Generalmente se requiere una segunda aplicación a los 5–7 días para eliminar la nueva generación que emerge de los huevos.

2.3. Mosca blanca (Bemisia tabaci, Trialeurodes vaporariorum)

La mosca blanca es un insecto pequeño (1–1,5 mm) con alas blancas y cerosas. En los calabacines, las especies más comunes son la mosca blanca del tabaco (o del algodón) Bemisia tabaci y la mosca blanca de los invernaderos Trialeurodes vaporariorum. En campo abierto en regiones del sur, la mosca blanca se convierte en un problema grave, especialmente en la segunda mitad del verano.

Biología

Las hembras ponen huevos en el envés de las hojas jóvenes. Las larvas (ninfas), tras la eclosión, se desplazan activamente (se llaman "caminantes"), encuentran un lugar para alimentarse, se fijan y llevan una vida sedentaria, alimentándose de savia. Tras 1–4 semanas (según la temperatura), pupan y de las pupas emergen los adultos. Se desarrollan hasta 10 generaciones por temporada.

Síntomas y daños

  • Las moscas blancas adultas vuelan en enjambre al menor roce con la planta.
  • En el envés de las hojas se ven huevos, larvas en forma de escamas translúcidas y secreciones cerosas.
  • Las hojas se cubren de melaza pegajosa, sobre la que crece el hongo de la fumagina, perjudicando la fotosíntesis.
  • Las plantas muy colonizadas amarillean y su crecimiento se detiene.

El principal peligro es que la mosca blanca transmite crinivirus (virus del amarilleo de las nervaduras), que provocan pérdidas de rendimiento (Wehner, 2020). En algunas regiones, la mosca blanca causa un trastorno fisiológico —el "síndrome de la hoja plateada" en los calabacines— en el que las hojas se vuelven plateadas y los frutos pierden color (Sharma, 2016).

Prevención

  • Plante las plántulas en fechas óptimas para evitar el pico de población de la mosca blanca.
  • Utilice acolchado con materiales reflectantes —lámina de aluminio o plástico plateado— que desorienta a la mosca blanca y reduce el número de adultos en el cultivo (Wehner, 2020).
  • Elimine los restos de cosecha inmediatamente después de la recolección; la mosca blanca inverna sobre ellos.
  • Revise periódicamente el envés de las hojas. Las trampas adhesivas amarillas ayudan a detectar precozmente la aparición de la mosca blanca (Mondal, 2020).

Métodos de control

Biológicos. En invernaderos se utiliza ampliamente la avispa parásita Encarsia formosa, que pone sus huevos en las larvas de la mosca blanca. Una sola Encarsia destruye de 100 a 200 ninfas a lo largo de su vida. En campo abierto, los preparados fúngicos Beauveria bassiana y Lecanicillium lecanii ofrecen buenos resultados (Sharma, 2016).

Mecánicos. Las trampas adhesivas amarillas ayudan a reducir la población de adultos. Sin embargo, son inútiles contra las larvas.

Químicos (último recurso). Los más eficaces son los productos con acción translaminar —penetran en los tejidos de la hoja y eliminan las larvas que se alimentan en el envés. Entre ellos: spiromesifen, buprofezin, piriproxifen —actúan sobre el desarrollo de las larvas, pero no matan a los adultos. Para eliminar los adultos se utilizan piretroides, pero la mosca blanca desarrolla rápidamente resistencia, por lo que es fundamental la rotación de principios activos (Kemble, 2022). Todas las aplicaciones deben realizarse mojando bien el envés de las hojas.

2.4. Trips (Thrips palmi, Frankliniella occidentalis)

En los cultivos de cucurbitáceas se encuentran varias especies de trips, pero son especialmente peligrosos el trips de la patata (Thrips palmi) y el trips occidental de las flores (Frankliniella occidentalis). Son insectos diminutos (1–1,5 mm) de cuerpo alargado y estrecho, de color amarillo o pardo.

Biología

Los trips tienen un estilo de vida oculto: las hembras insertan los huevos en los tejidos de las hojas y los frutos. Las larvas de dos estadios se alimentan de la savia, luego caen al suelo para pupar. En condiciones favorables (tiempo cálido y seco), una generación se completa en 11–14 días, y pueden sucederse hasta 10 generaciones por temporada (Mondal, 2020).

Síntomas y daños

  • Aparecen numerosas manchas claras en las hojas —puntos de picadura— que luego confluyen, las hojas adquieren un tono plateado y una textura "áspera" al tacto.
  • Los bordes de las hojas se enrollan hacia abajo.
  • En los frutos aparecen pequeñas manchas hundidas o cicatrices —restos de las puestas de huevos de las hembras. Esto reduce drásticamente el aspecto comercial y la conservación.
  • Las flores pueden deformarse y los ovarios caer.
  • Las plantas muy afectadas muestran un aspecto decaído, con las hojas de tono bronceado.

Además del daño directo, los trips transmiten tospovirus —virus peligrosos que causan necrosis y deformaciones en hojas y frutos (Wehner, 2020).

Prevención

  • Inspeccione regularmente las plantas, especialmente el envés de las hojas y las axilas.
  • Controle las malas hierbas, especialmente en los bordes de las parcelas —sirven de reservorio para los trips.
  • Utilice trampas adhesivas azules o blancas para su detección precoz (los trips se sienten atraídos por el color azul) (Mondal, 2020).
  • Utilice material de plantación sano —los trips suelen llegar en él.
  • Evite plantaciones densas para mejorar la ventilación y reducir la humedad que favorece la reproducción de algunas especies.

Métodos de control

Biológicos. Los ácaros depredadores Neoseiulus cucumeris y Amblyseius swirskii se alimentan eficazmente de trips. También se emplea el chinche Orius spp., un depredador que caza activamente trips en las flores. En cultivo protegido, estos depredadores son la base de la defensa biológica (Sharma, 2016).

Mecánicos. La eliminación de hojas y flores muy dañadas ayuda a reducir la población de la plaga.

Químicos (último recurso). Para el control de trips son eficaces los productos a base de spinosad, de origen biológico (producto de una bacteria del suelo), poco tóxicos para los insectos beneficiosos y de rápida degradación. También se utilizan acetamiprid y spirotetramat, insecticidas sistémicos que penetran en los tejidos (Kemble, 2022). Es importante alternar los principios activos, ya que los trips desarrollan rápidamente resistencia. Trate las plantas por la mañana o al atardecer, prestando especial atención al envés de las hojas y a las flores.

Principios generales para el control de las plagas chupadoras

1. Detección precoz. La inspección regular es la base del éxito. Cuanto antes detecte la plaga, más fácil será controlarla.

2. Conservación de la entomofauna útil. No aplique insecticidas químicos a menos que sea estrictamente necesario: destruyen depredadores y parásitos, rompiendo el equilibrio natural.

3. Rotación de cultivos. Vuelva a sembrar cucurbitáceas en el mismo lugar no antes de 3–4 años, para reducir la acumulación de plagas especializadas en el suelo (Autko et al., 2012).

4. Nutrición equilibrada. Evite el exceso de nitrógeno, que hace que los tejidos sean "sabrosos" para las plagas chupadoras. Prefiera abonos complejos con potasio y fósforo, que aumentan la resistencia de las plantas (Karataev y Sovetkina, 1984).

5. Aislamiento espacial. Intente ubicar las plantaciones de calabacines lejos de campos de girasol, algodón y otros cultivos donde se acumulan las plagas chupadoras.

Recuerde: una planta sana, cultivada en condiciones óptimas, atrae menos a las plagas y puede compensar las pérdidas por daños moderados. El uso de métodos biológicos y agronómicos permite mantener las plagas en niveles seguros durante muchos años sin recurrir a la "química".

3. Plagas masticadoras

Las plagas masticadoras causan daños abiertos: se comen las hojas, los tallos e incluso los frutos, literalmente "devorando" las plantas. Las pérdidas pueden ser catastróficas: en pocos días, las orugas o las hordas de babosas pueden destruir las plántulas jóvenes o convertir los arbustos adultos en tallos desnudos. Sin embargo, a diferencia de las chupadoras, las masticadoras son más fáciles de detectar visualmente, lo que permite actuar a tiempo.

Examinemos tres grupos principales: babosas, orugas de mariposas y diversos escarabajos defoliadores.

3.1. Babosas (Gastropoda: Agriolimacidae, Arionidae)

Las babosas no son insectos, sino moluscos gasterópodos. En los calabacines y calabazas patipán, las especies más dañinas son la babosa campestre (Deroceras agreste) y la babosa reticulada (Deroceras reticulatum). Son especialmente peligrosas en años húmedos y en terrenos bajos y mal drenados (Lebedeva, 1987).

Biología

Las babosas son nocturnas; durante el día se esconden bajo terrones de tierra, restos vegetales o en la capa superficial del suelo. Se alimentan de tejidos blandos, prefiriendo plántulas jóvenes, hojas bajas y ovarios en contacto con el suelo. El tiempo húmedo y fresco y la abundancia de restos orgánicos favorecen su reproducción. Ponen huevos en grupos bajo refugios, y pueden desarrollarse 2–3 generaciones por temporada.

Síntomas y daños

  • Aparecen grandes agujeros irregulares en las hojas, a menudo con los bordes comidos.
  • Las plántulas jóvenes pueden ser consumidas por completo, a nivel del suelo o con daño en el punto de crecimiento.
  • En los frutos, especialmente los que tocan el suelo, aparecen cavidades profundas que los hacen inservibles para el almacenamiento y la venta.
  • Un signo característico son los rastros brillantes y babosos en hojas, frutos y suelo.
  • Las babosas son activas principalmente de noche y con tiempo nublado; si sale al campo temprano por la mañana, puede sorprenderlas "in fraganti".

Prevención

  • Reduzca la humedad en las plantaciones: evite el hacinamiento, realice labores de cultivo entre líneas para que la superficie del suelo se seque más rápido.
  • No cree refugios para babosas: elimine puntualmente las malas hierbas, los restos de cosecha y el acolchado de materiales orgánicos gruesos (las capas de acolchado sin cubrir o sueltas sirven de refugio para los moluscos).
  • Practique la siembra en camas altas o caballones, que se secan más rápido y atraen menos a las babosas (Karataev y Sovetkina, 1984).
  • Retire los restos vegetales tras la cosecha, ya que albergan huevos y adultos.

Métodos de control

Mecánicos. La recolección manual es el método más ecológico, pero laborioso. Recoja las babosas bajo refugios (tablas, trozos de cartón, trapos húmedos) colocados en los bancales durante la noche y retírelos por la mañana junto con los moluscos que se hayan refugiado. Las trampas con cerveza o agua azucarada son eficaces: las babosas se sienten atraídas por el olor a fermentación y se ahogan.

Agronómicos. Barreras de ceniza seca, arena fina, cáscaras de huevo trituradas, corteza de pino molida o ladrillo machacado —las babosas evitan cruzar superficies secas, porosas y ásperas. En parcelas pequeñas se puede utilizar cinta de cobre o enrollado: los iones de cobre producen una fuerte irritación en las babosas.

Biológicos. Los enemigos naturales de las babosas son los carábidos, erizos, musarañas, ranas y algunas aves. Atraerlos a la parcela (por ejemplo, creando refugios para carábidos con piedras o tablas) ayuda a contener la población. También existen nematodos parásitos (Phasmarhabditis hermaphrodita) que penetran en el cuerpo de la babosa y provocan su muerte; este medio puede utilizarse en agricultura ecológica.

Químicos (último recurso). A base de fosfato férrico —productos seguros para personas, animales y biota del suelo, pero eficaces contra babosas. Actúan como cebo: la babosa ingiere los gránulos, deja de alimentarse y muere a los pocos días. También existen productos a base de metaldehído, pero son tóxicos para animales domésticos y muchos insectos beneficiosos, por lo que su uso en cultivos alimentarios es muy restringido y debe respetar estrictamente los plazos de seguridad (Kemble, 2022).

3.2. Orugas de mariposas (Lepidoptera)

En los cultivos de cucurbitáceas se encuentran varias especies de orugas. Entre las más peligrosas están la polilla del pepino (también llamada taladro de la calabaza, Diaphania indica), así como los gusanos cortadores, incluida la oruga del algodón (Helicoverpa armigera) y la oruga de la col (Mamestra brassicae), que, en ausencia de su alimento principal, pasan fácilmente a los calabacines y calabazas patipán (Mondal, 2020; Sharma, 2016).

Biología

Las mariposas ponen huevos en el envés de las hojas, en las axilas o sobre los ovarios jóvenes. Las orugas pasan por varios estadios y se alimentan activamente durante 2–4 semanas, después de lo cual pupan en el suelo o entre los restos vegetales. En las regiones del sur se desarrollan de 2 a 4 generaciones por temporada. El pico de vuelo de las mariposas suele producirse a mediados o finales del verano, cuando las plantas ya están bastante desarrolladas pero son vulnerables al daño en los puntos de crecimiento y en los frutos.

Síntomas y daños

  • Las orugas de la polilla del pepino viven dentro de las hojas enrolladas, uniéndolas con hilos de seda. Esqueletizan las hojas, comiendo el parénquima y dejando solo la red de nervaduras, lo que les da un aspecto de "encaje" (Mondal, 2020).
  • Los gusanos cortadores muerden grandes agujeros irregulares en las hojas, pueden mordisquear brotes jóvenes e incluso frutos, penetrando en su interior y provocando su pudrición.
  • En los puntos dañados por las orugas suelen aparecer infecciones secundarias (podredumbres fúngicas y bacterianas).
  • En las hojas se pueden observar excrementos de orugas —pequeñas bolitas oscuras o "serrín"— y bordes de hojas característicamente mordidos.

Prevención

  • Destruya las malas hierbas, especialmente las de la familia de las cucurbitáceas (pepinos silvestres, enredaderas), que sirven de reservorio para la plaga.
  • Después de la cosecha, realice una labor profunda del suelo para destruir las fases invernantes (pupas) y reducir la población del año siguiente (Lebedeva, 1987).
  • Utilice cubiertas ligeras (agrotextil, tela no tejida) para proteger las plantas jóvenes durante el período de vuelo de las mariposas —impiden físicamente la puesta de huevos (Wehner, 2020).

Métodos de control

Biológicos. El bioinsecticida más conocido es Bacillus thuringiensis (Bt). Produce una toxina cristalina que solo afecta a las orugas de mariposas, sin dañar a otros organismos. La oruga que come una hoja tratada con Bt deja de alimentarse y muere en 1–3 días. Bt es eficaz contra todas las orugas, incluida la polilla del pepino y los gusanos cortadores (Sharma, 2016). Aplíquelo cuando aparezcan las primeras orugas, preferiblemente por la tarde, repitiendo los tratamientos cada 5–7 días si la población es alta.

Otro bioinsecticida es el spinosad (basado en la bacteria Saccharopolyspora spinosa). Actúa por contacto e ingestión y es eficaz tanto contra orugas como contra algunos escarabajos. También existen avispas parasitoides (Apanteles spp., Trichogramma spp.) que infectan huevos y orugas —consérvelas evitando insecticidas de amplio espectro.

Mecánicos. Con poblaciones bajas, las orugas se pueden recoger a mano o eliminar las hojas dañadas con puestas de huevos. El uso de trampas de feromonas y de luz permite seguir el inicio del vuelo de las mariposas y programar los tratamientos oportunamente.

Químicos (último recurso). Si los biopreparados no son suficientes, se pueden emplear insecticidas del grupo de las diamidas (clorantraniliprol, ciantraniliprol) —son sistémicos y eficaces contra orugas, pero relativamente seguros para muchos insectos depredadores (Kemble, 2022). Los productos a base de piretroides (por ejemplo, lambda-cialotrina) actúan rápidamente, pero suprimen la entomofauna útil, por lo que su uso solo está justificado en situaciones críticas.

3.3. Escarabajos defoliadores (Coleoptera: Chrysomelidae)

Entre los coleópteros, los más frecuentes en los calabacines son dos especies de la familia de los crisomélidos.

Escarabajo del pepino rayado (Acalymma vittatum) y escarabajo del pepino manchado (Diabrotica undecimpunctata)

En América del Norte y Europa, son las principales plagas de las cucurbitáceas. En Rusia y los países de la CEI, el análogo es el escarabajo rojo de la calabaza (Aulacophora foveicollis), muy extendido en las regiones del sur y en Asia (Mondal, 2020; Sharma, 2016).

Biología

Los escarabajos adultos invernan bajo restos vegetales, en bosques o en la capa superficial del suelo. En primavera emergen, se alimentan de plántulas y hojas jóvenes, y luego ponen huevos en el suelo junto a la base de las plantas. Las larvas viven en el suelo, alimentándose de raíces finas y partes subterráneas de los tallos, lo que puede provocar el marchitamiento de las plantas. Tras 2–4 semanas, las larvas pupan y emerge una nueva generación de escarabajos. Se desarrollan 1–2 generaciones por temporada.

Síntomas y daños

  • Los adultos muerden pequeños agujeros redondos característicos en las hojas, que las hacen parecer un tamiz. También se comen los pétalos de las flores y pueden dañar los ovarios.
  • Las larvas que viven en el suelo dañan las raíces y la base de los tallos, causando marchitamiento incluso sin daños visibles en las hojas.
  • El escarabajo del pepino manchado (en Norteamérica) también es vector de la marchitez bacteriana (Erwinia tracheiphila), que puede matar toda la plantación (Wehner, 2020).

Prevención y métodos de control

  • Rotación de cultivos. Dado que los escarabajos invernan en el suelo cerca de las plantaciones del año anterior, sitúe las cucurbitáceas en un lugar nuevo cada 2–3 años (Sharma, 2016).
  • Destrucción de restos vegetales. La incorporación profunda de los restos de cosecha reduce la población invernante de escarabajos.
  • Siembra temprana. Las plantas jóvenes que logran fortalecerse antes de la salida masiva de escarabajos sufren menos daños. Además, la siembra temprana permite cosechar antes del desarrollo de la segunda oleada de escarabajos (Pessarakli, 2016).
  • Cubierta protectora. La tela no tejida, que se retira durante la floración, protege las plántulas de la alimentación de los escarabajos en las primeras fases.
  • Métodos biológicos. Utilice preparados de Beauveria bassiana o nematodos entomopatógenos (Steinernema spp.) que infectan a las larvas en el suelo (Kemble, 2022).
  • Químicos (último recurso). Con poblaciones elevadas, aplique insecticidas autorizados —carbaril, spinosad, lambda-cialotrina. Realice los tratamientos por la tarde para reducir el riesgo para las abejas (Wehner, 2020).

Otros escarabajos defoliadores

Ocasionalmente, se encuentran en los calabacines pulguillas (Phyllotreta spp.) que minan las hojas (realizan galerías finas y sinuosas), y la epilachna (mariquita del algodón, Epilachna chrysomelina), que esqueletiza las hojas raspando el tejido superior. Las medidas de control son las mismas que para los escarabajos del pepino: rotación de cultivos, eliminación de malas hierbas, biopreparados (especialmente Bacillus thuringiensis para orugas, pero en escarabajos no funciona, aquí se necesita spinosad u otros medios).

Principios generales de protección contra las plagas masticadoras

1. Inspección regular. Recorrer las plantaciones a diario permite detectar los primeros daños y actuar a tiempo —recoger orugas a mano, colocar trampas para babosas o tratar con biopreparados.

2. Crear un entorno desfavorable. Para babosas —superficie seca y bien ventilada. Para escarabajos —ausencia de restos vegetales viejos donde invernan. Para orugas —eliminación de malas hierbas que les sirven de refugio.

3. Atraer enemigos naturales. Carábidos, aves, musarañas, insectos depredadores y parasitoides son un poderoso recurso natural. Cree condiciones para ellos: deje islotes de vegetación silvestre en los bordes de la parcela, no use venenos de contacto potentes cerca.

4. Los biopreparados como base. En la mayoría de los casos, las plagas masticadoras se pueden controlar con productos a base de Bacillus thuringiensis, spinosad, hongos entomopatógenos y nematodos —son seguros para humanos, abejas e insectos beneficiosos.

5. La química —última barrera. Los insecticidas sistémicos o de contacto solo se aplican cuando hay riesgo de pérdida de cosecha y estrictamente según las instrucciones, respetando los plazos de seguridad.

En el siguiente capítulo, pasaremos a las plagas que viven en el suelo —gusanos de alambre, grillos topo y larvas de escarabajos— que causan daños ocultos pero no menos peligrosos.

4. Plagas del suelo

Las plagas del suelo son el grupo de enemigos más traicionero de los calabacines, zucchini y calabazas patipán. Su actividad pasa desapercibida durante mucho tiempo: viven en la tierra, dañan raíces, partes subterráneas de los tallos y semillas. Los primeros síntomas —marchitamiento repentino, retraso en el crecimiento o muerte de plántulas— a menudo se atribuyen erróneamente a enfermedades o falta de humedad. Sin embargo, la causa se encuentra en el suelo.

Examinemos a los tres principales representantes: gusanos de alambre, grillos topo y larvas de escarabajos (gallos).

4.1. Gusanos de alambre (Coleoptera: Elateridae)

Los gusanos de alambre son las larvas de los escarabajos elatéridos (click beetles). Reciben su nombre por su aspecto característico: cuerpos delgados, duros, brillantes, de color amarillo-marrón, con forma de gusano y que recuerdan a un trozo de alambre. Miden de 10 a 25 mm de largo según la edad. Viven en el suelo de 3 a 5 años, y es en estado larval cuando causan los principales daños (Lebedeva, 1987).

Biología

Los escarabajos clic ponen huevos en el suelo, preferentemente en zonas ocupadas por malas hierbas gramíneas (grama, poa) o donde antes se cultivaron cereales. Las larvas se desplazan activamente en el suelo en busca de raíces y semillas. Prefieren suelos húmedos pero no encharcados, y son más frecuentes en suelos franco-arenosos y francos. Tanto las larvas como los adultos invernan en el suelo a 10–30 cm de profundidad. Con la llegada del calor, ascienden a las capas superiores y comienzan a alimentarse.

Síntomas y daños

  • Las plántulas de calabacín se marchitan y caen repentinamente, especialmente en las hileras próximas a zonas con gramíneas.
  • Al arrancar la planta muerta, se observa que las raíces y el hipocótilo presentan mordeduras; a veces las raíces están completamente destruidas.
  • Las semillas, especialmente las grandes (como las de las cucurbitáceas), pueden ser comidas antes de germinar.
  • Los propios gusanos de alambre se encuentran fácilmente en el suelo junto a las plantas dañadas; se enroscan en anillo al tocarlos.

Prevención

  • Control de la grama y otras malas hierbas gramíneas. Es el principal reservorio de los gusanos de alambre. Las escardas regulares y el cultivo entre líneas reducen su población (Lebedeva, 1987).
  • Rotación de cultivos. No plante cucurbitáceas después de cereales (trigo, maíz, avena) ni en terrenos que hayan estado en barbecho con gramíneas.
  • Labor profunda de otoño. El arado o la excavación de otoño a 25–30 cm de profundidad saca las larvas a la superficie, donde mueren por las heladas o son devoradas por las aves (Karataev y Sovetkina, 1984).
  • Trampas. En primavera, 1–2 semanas antes de la siembra, se pueden colocar cebos en el suelo —trozos de patata, remolacha o torta de semillas en palos. A los pocos días, se retiran los cebos con los gusanos de alambre reunidos y se destruyen.

Métodos de control

Agronómicos. El encalado de suelos ácidos reduce la población de gusanos de alambre, ya que prefieren el medio ácido. La adición de ceniza o harina de dolomita mejora la nutrición de las plantas y crea condiciones desfavorables para las larvas.

Biológicos. En el suelo, los gusanos de alambre son atacados por hongos entomopatógenos (Metarhizium anisopliae) y nematodos (Steinernema spp., Heterorhabditis spp.). Los preparados a base de estos microorganismos se pueden aplicar al suelo en la siembra (Kemble, 2022). También son enemigos naturales los carábidos y las aves, especialmente estorninos y grajillas —atraerlos a la parcela reduce la población de la plaga.

Químicos (último recurso). Con poblaciones altas y en plantaciones comerciales, se utilizan insecticidas aplicados al suelo en la siembra: productos a base de bifentrina, tebufos o imidacloprid. Se incorporan a la capa superficial del suelo en gránulos o se aplican en los hoyos de plantación (Kemble, 2022). El uso de estos productos en huertos particulares debe estar justificado y realizarse estrictamente según las instrucciones.

4.2. Grillo topo (Gryllotalpa gryllotalpa)

El grillo topo es un insecto grande (hasta 5 cm) del orden Orthoptera que vive en el suelo. Tiene patas delanteras poderosas, adaptadas para cavar, que recuerdan a las de un topo, y un caparazón denso de color pardo oscuro. En algunos lugares se le conoce como "alacrán cebollero" o "taltuza". Está extendido en la parte europea de Rusia, el Cáucaso y Asia Central, y prefiere suelos húmedos y ricos en materia orgánica.

Biología

El grillo topo lleva una vida subterránea oculta, excavando galerías horizontales y verticales a 10–20 cm de profundidad, raramente hasta 50–70 cm (para invernar). Es omnívoro: se alimenta de raíces, tubérculos, semillas, pequeños animales del suelo e incluso lombrices. A principios del verano, las hembras construyen un nido a 10–15 cm de profundidad y ponen hasta 300–400 huevos, que custodian junto con las larvas. Los grillos topo jóvenes primero se alimentan de humus y luego pasan a las raíces de las plantas. Se desarrolla una generación por temporada.

Síntomas y daños

  • Las plántulas de calabacín se marchitan repentinamente, aunque el suelo esté húmedo. Al arrancar la planta, el sistema radicular aparece roído o completamente consumido.
  • En la superficie del suelo se ven cordones de tierra suelta —rastros de las galerías subterráneas, especialmente visibles después del riego o la lluvia.
  • Alrededor de las raíces se encuentran depresiones características —"madrigueras"— que se adentran en el suelo.
  • El grillo topo puede destruir hasta el 100 % de las plántulas en pequeñas parcelas en pocas noches.

Prevención

  • Respetar la rotación de cultivos. El grillo topo prefiere terrenos ocupados durante mucho tiempo por un solo cultivo.
  • Labor profunda de otoño. Destruye nidos y galerías, y las pupas y larvas que quedan en la superficie mueren por el frío y el sol.
  • Limitar el riego durante la puesta de huevos. El exceso de humedad favorece la reproducción del grillo topo.
  • Eliminar malas hierbas. La vegetación espontánea proporciona alimento y refugio adicional al grillo topo.

Métodos de control

Agronómicos y mecánicos. A principios de primavera, antes de la siembra, se colocan pequeños montones de estiércol fresco —los grillos topo se reúnen en ellos para poner huevos. A las 2–3 semanas, se revisan los montones y se destruyen las plagas reunidas. De manera similar funcionan las trampas con restos de patata o remolacha enterrados en el suelo.

También son eficaces las fosas-trampa: se excavan hoyos en la tierra, se llenan con estiércol húmedo o compost. Los grillos topo acuden allí para invernar; a finales de otoño se abren las fosas y se destruyen todos los insectos (Lebedeva, 1987).

Biológicos. Los preparados a base de nematodos entomopatógenos (Steinernema carpocapsae) penetran activamente en el cuerpo del grillo topo y provocan su muerte. Se aplican al suelo con el agua de riego. Los depredadores —carábidos, topos, lagartijas, aves— también ayudan a controlar la población, aunque no resuelven el problema por completo.

Químicos (último recurso). Con poblaciones altas se utilizan cebos insecticidas a base de fipronil o imidacloprid, que se entierran en el suelo a la profundidad de las galerías. También es posible aplicar productos en los hoyos de plantación (Kemble, 2022). Siempre siga estrictamente las instrucciones, especialmente en cuanto a los plazos de seguridad para la cosecha.

4.3. Larvas de escarabajos (Coleoptera: Scarabaeidae)

Las larvas del abejorro (Melolontha melolontha) y especies afines (por ejemplo, el abejorro de junio, Amphimallon solstitiale) son larvas grandes (hasta 4–5 cm), gruesas, en forma de gusano, de color blanco o crema, con cabeza oscura y tres pares de patas. Viven en el suelo de 3 a 4 años, y son los estadios más viejos (3.º y 4.º año) los que causan los mayores daños.

Biología

Las hembras del abejorro se entierran en el suelo a 10–30 cm de profundidad y ponen huevos. Las larvas del primer año se alimentan de humus y raíces finas. A medida que crecen, pasan a raíces más grandes, incluidas las de cultivos. Las larvas invernan en capas profundas del suelo (hasta 1 m) y en primavera ascienden a la superficie. La pupación ocurre a 30–50 cm de profundidad, y a las 2–3 semanas emergen los adultos. A lo largo de varios años de vida, una sola larva puede destruir el sistema radicular de muchas plantas en una superficie considerable.

Síntomas y daños

  • Las plantas de calabacín, zucchini y calabaza patipán se atrofian, pierden turgencia, incluso con riego suficiente.
  • Las hojas amarillean y se secan, comenzando por las inferiores. Es especialmente característico el daño en arbustos aislados o en partes del campo.
  • Al arrancar la planta, las raíces aparecen roídas o parcialmente ausentes, y en el suelo cercano se pueden encontrar grandes larvas blancas.
  • Los daños son más notables en los años de vuelo masivo de los escarabajos (generalmente con periodicidad de 4–5 años).

Prevención

  • Excavación profunda de otoño. Voltear la tierra a 25–30 cm permite destruir una gran parte de las larvas, especialmente si la parcela es pequeña.
  • Recogida de adultos. En mayo–junio, durante el vuelo, sacuda los abejorros de los árboles temprano por la mañana, cuando están torpes, y destrúyalos —esto reduce la puesta de huevos.
  • Rotación de cultivos. Evite colocar cucurbitáceas después de praderas de gramíneas perennes o en terrenos que hayan albergado huertos frutales o cortavientos.
  • Preparación del suelo antes de la siembra. En parcelas pequeñas, antes de sembrar, se pueden extraer manualmente las larvas durante la excavación.

Métodos de control

Agronómicos. La adición de humus de lombriz y vermicompost estimula el desarrollo de microorganismos del suelo que compiten con las larvas y mejora el crecimiento de las plantas, permitiéndoles recuperarse mejor de los daños. También es eficaz el encalado de suelos ácidos (los escarabajos prefieren medios ácidos).

Biológicos. Los nematodos entomopatógenos (Heterorhabditis bacteriophora) infectan y destruyen activamente a las larvas de los escarabajos. Se aplican al suelo con el agua de riego, especialmente en septiembre–octubre, cuando las larvas están más activas. También se han desarrollado preparados a base del hongo Metarhizium anisopliae (Kemble, 2022).

Químicos (último recurso). La aplicación de productos a base de imidacloprid o tiametoxam en los hoyos de plantación proporciona protección del sistema radicular durante 1–2 meses. Con poblaciones altas, se pueden incorporar insecticidas granulares al suelo (Karataev y Sovetkina, 1984). Importante: muchos productos contra las plagas del suelo tienen plazos de seguridad largos; su uso en cultivos de ciclo corto debe ser especialmente cuidadoso.

Principios generales de protección contra las plagas del suelo

1. Labor profunda del suelo. El arado de otoño o la excavación a 25–30 cm y el laboreo de primavera son la base para reducir la población de todas las plagas del suelo (Autko et al., 2012). Esto destruye sus galerías, saca las larvas a la superficie y altera los nidos.

2. Control de malas hierbas. La grama, el cardo y las gramíneas son los principales reservorios de gusanos de alambre y escarabajos. La escarda regular y mantener limpias las calles reduce la población de estas plagas.

3. Rotación de cultivos. Se recomienda volver a plantar cucurbitáceas en el mismo lugar no antes de 3–4 años. Esto reduce la acumulación de plagas especializadas en el suelo.

4. Biopreparados. Los productos a base de hongos entomopatógenos (B. bassiana, M. anisopliae) y nematodos (Steinernema, Heterorhabditis) son una vía prometedora para la protección contra plagas del suelo. Se pueden aplicar en la siembra con el agua de riego (Sharma, 2016).

5. Época y profundidad de siembra. La siembra en suelo caliente a la profundidad óptima (3–4 cm) permite que las plantas superen rápidamente la fase más vulnerable de plántula. En suelos pesados y fríos este período se alarga, aumentando el riesgo de daños.

6. Métodos barrera. La adición de ceniza de madera, cáscaras de huevo trituradas o tierra de diatomeas (caparazones microscópicos de algas) en los hoyos de plantación crea una barrera mecánica para las plagas del suelo y mejora la estructura del suelo.

7. Trampas y cebos. Varios tipos de trampas (montones de estiércol, cebos de patata, fosas-trampa) permiten reducir significativamente la población sin usar productos químicos, especialmente en parcelas pequeñas.

Las plagas del suelo son una prueba de la sistematicidad en la agricultura. No se pueden vencer con un solo tratamiento; se necesita un conjunto de medidas para crear un entorno desfavorable para ellas y mantener la salud de las plantas.

5. Protección integrada de cultivos

Ningún método por sí solo proporciona una protección duradera contra las plagas. Los insecticidas pierden rápidamente eficacia por resistencia, los biopreparados no funcionan en cualquier clima y las prácticas agronómicas a menudo no son suficientes cuando la población de la plaga es alta. Por lo tanto, el único enfoque fiable es la protección integrada de cultivos (Manejo Integrado de Plagas, MIP).

La protección integrada no es una "mezcla de todo", sino un sistema bien pensado en el que cada método refuerza a los demás. Su objetivo no es eliminar todas las plagas (eso es imposible e innecesario), sino mantener su población por debajo del nivel de daño económico, con la mínima intervención en el ecosistema (Sharma, 2016). Veamos los niveles de este sistema, desde las medidas más seguras y preventivas hasta las de emergencia.

5.1. Monitoreo y umbrales de daño

La base de cualquier sistema de protección es la observación regular de las plantaciones. Sin ella, no se puede detectar a tiempo un problema ni elegir la estrategia adecuada.

Cómo realizar el monitoreo:

  • Inspeccione las plantas al menos una vez por semana, y durante el crecimiento activo, dos veces por semana.
  • Preste atención al envés de las hojas, las axilas, los puntos de crecimiento y la zona de la base.
  • Utilice herramientas sencillas: una lupa para detectar ácaros y trips, trampas adhesivas amarillas y azules para la detección precoz de plagas voladoras.
  • Anote qué plagas y en qué cantidad ha encontrado —esto ayuda a seguir la dinámica.
  • Inspeccione los bordes de la parcela y las áreas adyacentes; de ahí suelen llegar las plagas migratorias (Wehner, 2020).

¿Qué es el umbral de daño económico y para qué sirve?

No toda aparición de una plaga requiere acciones inmediatas. El umbral económico de daño (UED) es la densidad de población de la plaga a partir de la cual el daño causado supera el coste de las medidas de control (Sharma, 2016). Por ejemplo:

  • Para pulgones en cucurbitáceas, el umbral es de 5–10 individuos por hoja.
  • Para el escarabajo del pepino —1 escarabajo por planta en fase de plántula, o 2–3 escarabajos por planta en estadios posteriores.
  • Para la araña roja —2–3 individuos por hoja (Kemble, 2022).

Mientras la población de la plaga esté por debajo del umbral, se puede limitar a la observación y a medidas preventivas. Esto permite conservar los insectos beneficiosos y evitar tratamientos innecesarios.

5.2. Primer nivel: prevención

Esta es la etapa más importante y más infravalorada. Una prevención bien organizada reduce la necesidad de cualquier otra medida en un 50–70 %.

Rotación de cultivos. Vuelva a plantar cucurbitáceas en el mismo lugar no antes de 3–4 años. Esto evita la acumulación en el suelo de plagas especializadas (nematodos de las raíces, gusanos de alambre, larvas de escarabajos) y patógenos (Autko et al., 2012). Los mejores antecesores para los calabacines son la patata, la col, las leguminosas y las raíces (Karataev y Sovetkina, 1984).

Aislamiento espacial. Coloque las plantaciones de calabacines lo más lejos posible de los cultivos de cucurbitáceas del año anterior, así como de campos de girasol, algodón y maíz, que sirven de reservorio para muchas plagas comunes.

Época de siembra. La siembra temprana (cuando el suelo se ha calentado a 10–12 °C) permite que las plantas se fortalezcan antes del vuelo masivo de las plagas y a menudo evita daños (Pessarakli, 2016). Sin embargo, sembrar demasiado pronto en suelo frío retrasa el crecimiento y hace a las plantas vulnerables.

Preparación del suelo. La excavación profunda de otoño destruye los lugares de invernada de las plagas del suelo. El laboreo superficial de primavera destruye las plántulas de malas hierbas que podrían albergar plagas al inicio de la temporada (Lebedeva, 1987).

Eliminación de restos vegetales. Inmediatamente después de la cosecha, destruya todos los restos de cultivo, ya que albergan fases invernantes de pulgones, ácaros, orugas y patógenos. Esto reduce la población de plagas en la temporada siguiente en un 30–50 % (Autko et al., 2012).

Nutrición equilibrada. Evite el exceso de fertilizantes nitrogenados, que hacen a las plantas más atractivas para las plagas chupadoras. Prefiera los fertilizantes potásicos y fosfóricos, que aumentan la resistencia mecánica de los tejidos y la tolerancia al estrés (Karataev y Sovetkina, 1984).

Control de malas hierbas. Elimine regularmente las malas hierbas no solo en las líneas, sino también en los bordes de la parcela. Muchas plagas (pulgones, ácaros, gusanos de alambre) colonizan primero las malas hierbas y luego pasan a los cultivos.

5.3. Segundo nivel: métodos agronómicos y mecánicos

Cuando la prevención no es suficiente, pero la población de la plaga aún es baja, se aplican métodos que no requieren productos químicos.

Acolchado. El acolchado reflectante (plástico plateado) desorienta a las plagas voladoras —pulgones, trips, moscas blancas— reduciendo su población en un 30–60 % (Wehner, 2020). El acolchado orgánico (paja, hierba) proporciona refugio a los carábidos depredadores, pero puede atraer babosas —hay que tenerlo en cuenta y alternar los tipos de acolchado según la temporada.

Cubierta protectora. La tela no tejida (agrotextil, spunbond) protege las plantas jóvenes de los escarabajos defoliadores, las mariposas plaga y, en parte, de los pulgones. Importante: la cubierta se retira durante la floración para permitir la polinización, pero para entonces las plantas suelen estar ya suficientemente fuertes.

Trampas. Diversas trampas permiten reducir la población de plagas sin usar productos químicos:

  • Trampas adhesivas amarillas —contra mosca blanca, pulgones, trips.
  • Trampas de feromonas —para el seguimiento de mariposas (polilla del pepino, gusanos cortadores).
  • Trampas de cerveza y de fruta —contra babosas.
  • Montones de estiércol y cebos de patata —contra grillos topo y gusanos de alambre.

Recolección manual. En parcelas pequeñas, es eficaz la recogida de orugas, puestas de huevos de escarabajos, babosas y adultos de grillo topo. Hágalo regularmente, preferiblemente por la mañana, cuando las plagas están menos activas (Lebedeva, 1987).

Riego. En tiempo caluroso y seco, los riegos por aspersión refrescantes crean condiciones desfavorables para la araña roja y favorecen el desarrollo de hongos que atacan a pulgones y trips (Mondal, 2020).

5.4. Tercer nivel: métodos biológicos

Estos métodos utilizan a los enemigos naturales de las plagas. Son especialmente valiosos porque actúan selectivamente y no se acumulan en el suelo ni en los productos.

Conservación de los enemigos naturales. La forma más accesible y eficaz es no destruir a los que ya viven en su parcela. Para ello:

  • Evite los insecticidas de amplio espectro (especialmente piretroides y neonicotinoides) a menos que sea estrictamente necesario.
  • Siembre plantas nectaríferas (eneldo, trigo sarraceno, mostaza, facelia) que atraen a los adultos de parasitoides y sírfidos, que necesitan néctar para reproducirse.
  • Deje pequeñas zonas con vegetación silvestre en los bordes de la parcela —son reservorios de insectos beneficiosos (Sharma, 2016).

Suelta de entomófagos. En cultivo protegido se utilizan ampliamente ácaros depredadores (Phytoseiulus persimilis —contra la araña roja, Amblyseius swirskii —contra trips y mosca blanca) y la avispa parásita Encarsia formosa —contra la mosca blanca. En campo abierto su uso es limitado, pero posible en pequeñas superficies con suficiente humedad y temperatura.

Preparados microbiológicos. Son la clase más común de productos biológicos al alcance de cualquier jardinero:

  • Bacillus thuringiensis (Bt) —contra orugas de todas las edades. Eficaz, seguro para abejas y depredadores.
  • Spinosad —producto de una bacteria del suelo, actúa sobre orugas y algunos escarabajos.
  • Beauveria bassiana y Metarhizium anisopliae —hongos entomopatógenos que infectan pulgones, ácaros, trips, mosca blanca y plagas del suelo (especialmente en tiempo húmedo).
  • Nematodos entomopatógenos (Steinernema, Heterorhabditis) —contra larvas de plagas del suelo (gusanos de alambre, escarabajos, grillos topo) (Kemble, 2022).

Los biopreparados actúan más lentamente que los químicos, pero su efecto es más duradero y seguro. Las condiciones óptimas para la mayoría de ellos son tiempo cálido (18–25 °C) y húmedo. En tiempo seco y caluroso, su eficacia disminuye, lo que hay que tener en cuenta al planificar los tratamientos.

5.5. Cuarto nivel: métodos químicos (último recurso)

Los insecticidas químicos solo deben usarse cuando:

  • la población de la plaga supera el umbral económico de daño;
  • los otros métodos no han dado resultado;
  • la amenaza de pérdida de cosecha es real e importante.

Cómo elegir un producto:

  • Utilice solo productos autorizados para su uso en cucurbitáceas. La lista se actualiza anualmente en los catálogos oficiales de pesticidas (Kemble, 2022).
  • Prefiera productos selectivos con plazos de seguridad cortos (tiempo desde el tratamiento hasta la cosecha). Por ejemplo, los biopreparados (Bt, spinosad) tienen un plazo de 1–3 días, mientras que algunos insecticidas químicos pueden tener de 14 a 21 días.
  • Al elegir, preste atención a la clase de toxicidad para las abejas (especialmente importante durante la floración) y para los insectos beneficiosos en general.

Cómo aplicar correctamente:

  • Respete estrictamente la dosis —el exceso no mejora el efecto, pero aumenta el riesgo de fitotoxicidad y residuos.
  • Aplique por la mañana o al atardecer para evitar quemaduras y el contacto con flores abiertas durante el vuelo de las abejas.
  • Moje bien el envés de las hojas —esto es crítico para controlar las plagas chupadoras (pulgones, ácaros, mosca blanca).
  • Alterne los principios activos de diferentes grupos químicos. Esto previene el desarrollo de resistencia. Por ejemplo, no use piretroides más de dos veces seguidas —muchas plagas ya tienen resistencia (Mondal, 2020).

Principales grupos de insecticidas utilizados en cucurbitáceas (según Kemble, 2022):

Grupo Ejemplos Acción Características
Piretroides lambda-cialotrina, bifentrina Contacto, acción rápida Amplio espectro, tóxicos para abejas y depredadores, resistencia rápida
Neonicotinoides imidacloprid, tiametoxam Sistémico (penetra en tejidos) Eficaces contra chupadores, pero peligrosos para abejas; creciente resistencia
Diamidas clorantraniliprol, ciantraniliprol Sistémico, translaminar Eficaces contra orugas, más seguros para entomófagos
Espinosinas spinosad Contacto-ingestión Relativamente seguros, eficaces contra orugas y escarabajos
Acaricidas abamectina, bifenazato, etoxazol Especializados contra ácaros Actúan selectivamente, seguros para insectos

5.6. Esquema de protección estacional: plan práctico

Primavera (antes de la siembra y en fase de plántula):

  • Excavación profunda del suelo (destrucción de formas invernantes).
  • Añadir ceniza o tierra de diatomeas en los hoyos (contra plagas del suelo).
  • Colocar trampas de feromonas y de luz para el seguimiento de vuelos.
  • Sembrar en fechas óptimas, utilizar cubierta protectora las primeras 2–3 semanas.

Primavera–principios del verano (crecimiento activo):

  • Inspección regular del envés de las hojas.
  • Si aparecen pulgones, ácaros o trips, aplicar biopreparados (B. bassiana, spinosad) o tratar con solución jabonosa.
  • Colocar trampas amarillas para la mosca blanca.
  • Si se detectan puestas de huevos de escarabajos defoliadores, recoger a mano.

Mediados–finales del verano (floración y fructificación):

  • Continuar el monitoreo (es el pico de plagas).
  • Si se superan los umbrales, aplicar biopreparados (Bt —contra orugas, acaricidas —contra ácaros).
  • Utilizar cebos para babosas y grillos topo.
  • Solo en situaciones críticas, tratamientos puntuales con insecticidas autorizados, respetando estrictamente las instrucciones y los plazos de seguridad.

Otoño:

  • Destruir todos los restos vegetales (quemar o enterrar profundamente).
  • Excavación profunda del terreno.
  • Colocar fosas-trampa para grillos topo y montones de estiércol para gusanos de alambre.

La protección integrada no es una "receta", sino una forma de pensar. Requiere atención, paciencia y disposición a combinar métodos. Pero también permite obtener cosechas estables año tras año sin acumular sustancias tóxicas en el suelo ni en los productos, preservando la salud del huerto y del horticultor.

6. Errores típicos

Incluso conociendo la teoría, la protección de cultivos a menudo falla. La causa no es la astucia de las plagas, sino los errores recurrentes que los jardineros cometen año tras año. Analicemos los más comunes para que pueda evitarlos y emplear sus esfuerzos solo en lo que realmente funciona.

6.1. Retrasar el inicio de la protección

El error más frecuente y costoso es esperar a que la plaga sea visible a "simple vista". Para entonces, la población ya ha alcanzado un nivel crítico y es mucho más difícil de controlar.

Cómo hacerlo bien: Comience las inspecciones regulares desde que aparecen las plántulas, no cuando las hojas ya estén enrolladas o llenas de agujeros. Utilice una lupa y trampas adhesivas para la detección precoz. Recuerde: ver los primeros pulgones o algunos ácaros es una señal de acción, no de observación. En las primeras etapas, incluso un simple lavado con agua o un tratamiento con agua jabonosa puede ser eficaz (Sharma, 2016).

6.2. Usar productos químicos "por si acaso"

Los tratamientos preventivos con insecticidas son una de las prácticas más perjudiciales. Matan a los insectos beneficiosos que podrían controlar las plagas, provocan brotes (especialmente de ácaros después de piretroides) y aceleran el desarrollo de resistencias.

Cómo hacerlo bien: Aplique insecticidas solo cuando se supere el umbral de daño. Si hay pocas plagas, dé una oportunidad a los enemigos naturales: mariquitas, crisopas, sírfidos, parasitoides. Ellos, no los venenos, deberían ser su primera línea de defensa (Wehner, 2020). Inicie los tratamientos con biopreparados, que son selectivos y seguros para los entomófagos.

6.3. Elegir el producto incorrecto

Un caso típico: el jardinero aplica Bacillus thuringiensis contra escarabajos defoliadores o ácaros y se sorprende de que no haya efecto. Pero Bt solo actúa sobre orugas de mariposas (Lepidoptera), no sobre coleópteros ni arácnidos (Sharma, 2016). Del mismo modo, un acaricida no ayudará contra pulgones, y un insecticida sistémico contra ácaros puede resultar inútil.

Cómo hacerlo bien: Identifique correctamente la plaga (por el tipo de daño y su aspecto) y elija un producto registrado específicamente para ese grupo. Utilice guías de identificación, fotos o consulte con un agrónomo. Lea la etiqueta: allí se indican los organismos objetivo. Si duda, elija un producto de amplio espectro, pero entonces considere su impacto en la fauna útil (Kemble, 2022).

6.4. Ignorar la fase de desarrollo de la plaga

Muchos productos solo actúan sobre ciertos estadios. Por ejemplo, los insecticidas a base de piriproxifen o buprofezin son eficaces contra larvas de mosca blanca y trips, pero no matan a los adultos. El etoxazol solo actúa sobre huevos y larvas de ácaros, no sobre los adultos (Kemble, 2022). Aplicar en la fase incorrecta da resultados nulos y se pierde tiempo.

Cómo hacerlo bien: Estudie el ciclo biológico de la plaga principal en su región. Por ejemplo, contra la araña roja se necesitan dos aplicaciones: la primera contra larvas y ninfas, la segunda a los 5–7 días, cuando de los huevos emerge una nueva generación. Contra la mosca blanca, el tratamiento es eficaz contra las larvas antes de que pupen. Siempre consulte las recomendaciones sobre la fase de desarrollo de la plaga en el envase del producto (Pessarakli, 2016).

6.5. Cubrimiento insuficiente de las hojas

Las plagas chupadoras (pulgones, ácaros, mosca blanca) viven principalmente en el envés de las hojas. Al pulverizar desde arriba, la solución se escurre sin alcanzar el objetivo. El tratamiento resulta inútil y la plaga sigue multiplicándose.

Cómo hacerlo bien: Durante cualquier tratamiento, dirija el pulverizador de manera que la solución cubra el envés de las hojas. Utilice pulverización fina y un volumen de caldo suficiente (al menos 300–500 l/ha en campo; en parcela pequeña, hasta mojar completamente). La adición de un agente humectante (jabón, adyuvante especial) mejora la extensión y retención de las gotas en la superficie foliar (Kemble, 2022).

6.6. Aplicar el mismo producto con demasiada frecuencia

Usar el mismo insecticida o productos del mismo grupo químico a lo largo de la temporada es el camino seguro para generar poblaciones resistentes. Las plagas se reproducen rápidamente y entre ellas siempre hay individuos con mutaciones que les confieren resistencia al veneno. Sobreviven y producen la siguiente generación, ya completamente resistente.

Cómo hacerlo bien: Alterne principios activos de diferentes grupos (p. ej., piretroide — neonicotinoide — diamida — biopreparado). Esto retrasa el desarrollo de resistencia. Para ello, es útil conocer los códigos IRAC (clases de modo de acción), que figuran en el envase de muchos insecticidas (Mondal, 2020). Lo ideal es no usar más de 2–3 tratamientos con un mismo principio activo por temporada.

6.7. Ignorar las condiciones climáticas

La eficacia de muchos productos depende de la temperatura y la humedad. Beauveria bassiana y otros productos fúngicos solo funcionan con alta humedad y temperaturas de 20–28 °C. En tiempo seco y caluroso son inútiles. El spinosad y Bt también son más eficaces en tardes cálidas (pero no calurosas). Los insecticidas piretroides, por el contrario, son eficaces en tiempo caluroso, pero pueden ser fitotóxicos a temperaturas superiores a 30 °C.

Cómo hacerlo bien: Antes del tratamiento, consulte la previsión meteorológica. El momento óptimo es temprano por la mañana o al atardecer, cuando la temperatura baja y la humedad aumenta. Evite los tratamientos antes de la lluvia y en pleno calor. Elija el producto según las condiciones climáticas actuales (Sharma, 2016).

6.8. Descuidar la rotación de cultivos y las malas hierbas

Incluso con tratamientos ideales, las plagas vuelven si se conservan sus reservorios: restos vegetales viejos, malas hierbas, fases invernantes en el suelo. Los tratamientos solo matan las fases activas, no las que se esconden en el suelo o en las malas hierbas.

Cómo hacerlo bien: Elimine todos los restos de cosecha inmediatamente después de la recolección. Excave profundamente el suelo en otoño. Destruya las malas hierbas gramíneas (grama, poa) —son base alimenticia de los gusanos de alambre. Corte periódicamente la vegetación de los bordes de la parcela. La rotación de cultivos durante al menos 3–4 años es obligatoria para reducir las poblaciones de fondo (Autko et al., 2012; Karataev y Sovetkina, 1984).

6.9. Sembrar demasiado tarde o demasiado pronto

Sembrar antes de que el suelo se caliente prolonga el período de emergencia y hace a las plantas vulnerables a las plagas del suelo. Sembrar demasiado tarde coincide con el pico de vuelo de muchas plagas (escarabajo del pepino, mariposas plaga).

Cómo hacerlo bien: Oriéntese por las fechas medias de su región, cuando el suelo a 10 cm de profundidad alcance los 12–14 °C. Para los calabacines, esto suele ser a finales de mayo o principios de junio en la zona templada, y más temprano en el sur. Si es necesario, utilice el método de plantación con cepellón o cubiertas temporales para acelerar el crecimiento (Lebedeva, 1987).

6.10. Confiar únicamente en "remedios caseros"

Muchos jardineros prefieren exclusivamente decocciones de hierbas, ceniza, jabón y otros métodos suaves. Funcionan como auxiliares y preventivos, pero con poblaciones altas de plagas su eficacia es insuficiente. El resultado puede ser la pérdida de la cosecha.

Cómo hacerlo bien: Utilice los remedios caseros en las primeras fases y en combinación con biopreparados. Cuando se supere el umbral de daño, aplique insecticidas autorizados —selectivos, con plazos de seguridad cortos. Rechazar la química cuando realmente es necesaria no es ecológico, sino irresponsable con la cosecha. La ecología es un equilibrio razonable, no un rechazo total a los avances científicos (Sharma, 2016).

Resumen final

La protección de los calabacines, zucchini y calabazas patipán contra las plagas no es una acción puntual, sino un trabajo sistemático que comienza mucho antes de la siembra y termina después de la cosecha. Los principios clave de una protección exitosa son:

1. Prevención —rotación de cultivos, preparación del suelo, eliminación de malas hierbas y restos vegetales.

2. Monitoreo —inspección regular, conocimiento de los umbrales de daño.

3. Priorizar los métodos biológicos —conservar y atraer entomófagos, aplicar biopreparados.

4. Uso razonable de la química —solo cuando sea necesario, respetando plazos, dosis y alternando principios activos.

5. Conciencia ecológica —proteger a las abejas y otros insectos beneficiosos, mantener la biodiversidad en la parcela.

Recuerde: una planta sana y fuerte resiste mejor a las plagas que cualquier veneno. Y su principal tarea es crearle las condiciones para ello. ¡Buena suerte en el huerto!

Referencias

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