Cómo cultivar plántulas
1. ¿Por qué son tan importantes las plántulas?
Cultivar tomates a través de plántulas no es solo una tradición, sino una técnica agrícola clave que determina en gran medida el éxito de toda la temporada. Intentar sembrar semillas de tomate directamente en el suelo abierto está condenado al fracaso en la mayoría de las regiones, o, en el mejor de los casos, dará como resultado una cosecha muy tardía y escasa. ¿En qué consiste esa «mitad del éxito»?
La razón principal es la ganancia de tiempo. El tomate es un cultivo con un período vegetativo largo. Desde la emergencia de las plántulas hasta el inicio de la maduración de los primeros frutos, las variedades tempranas tardan de 80 a 115 días, y las tardías, de 125 a 160 días o más (Autko y otros, 2012). Al cultivar plántulas, les damos a las plantas una ventaja de 50 a 60 días, lo que permite obtener una cosecha incluso en regiones con veranos cortos y frescos. Sin plántulas, los frutos simplemente no tendrían tiempo de madurar antes de la llegada del frío otoñal (Nonnecke, 1989).
El segundo aspecto más importante es el control del medio ambiente en la etapa más vulnerable. Las semillas de tomate y las plántulas jóvenes son extremadamente sensibles al frío, las heladas, los cambios de temperatura y las enfermedades. Al cultivar plántulas en condiciones protegidas (en el hogar, en un invernadero o en un semillero), se crea un microclima ideal para ellas. Esto permite evitar el estrés por las heladas primaverales y los cambios bruscos de temperatura, que pueden matar las plántulas o retrasar gravemente su desarrollo. Las plantas que no han sufrido un shock por condiciones desfavorables al principio serán más sanas y productivas a largo plazo (Swiader y Ware, 1992).
Por último, el método de plántulas brinda la oportunidad de seleccionar las plantas más fuertes y sanas. Durante el repicado y el trasplante, se pueden descartar las plántulas débiles, enfermas o deformadas, dejando solo los mejores ejemplares para el cultivo posterior. Esto garantiza que los bancales estarán ocupados por plantas fuertes, uniformes y con un alto potencial de rendimiento (Atherton y Rudich, 1986). Por lo tanto, las plántulas no son solo un «trasplante», sino la base sobre la que se construye toda la futura fructificación de sus tomates.
2. ¿Qué necesita una buena plántula? ¿Cómo se ve?
Antes de comenzar a cultivar, es importante tener una imagen clara del «retrato» de una plántula ideal a la que aspirar. Esto le ayudará a controlar el proceso y a detectar problemas a tiempo. Las plántulas de tomate de calidad no son solo un brote verde, sino una planta bien formada, lista para trasladarse al suelo abierto.
Estas son las características clave que distinguen a las plántulas fuertes:
- Edad y tamaño óptimos. Para plantar en suelo abierto en la zona templada, se consideran ideales las plántulas de 50 a 60 días (Autko y otros, 2012). En ese momento, deben alcanzar una altura de 20 a 30 cm y tener de 6 a 8 hojas verdaderas bien desarrolladas (Autko y otros, 2012). En las variedades tempranas, a menudo ya se ve el primer botón floral. Las plántulas no deben ser demasiado grandes (más de 35 cm) y mucho menos estar floreciendo, ya que esto dificultará su enraizamiento (Jones, 2008).
- Tallo grueso y fuerte. El grosor del tallo en la base debe ser de al menos 0,6 a 0,8 cm (Autko y otros, 2012). Un tallo fuerte es la garantía de que la planta podrá soportar el viento y la carga de los futuros frutos. Indica una buena reserva de nutrientes y un régimen de iluminación adecuado.
- Entrenudos cortos. La distancia entre hojas adyacentes en el tallo debe ser pequeña. Los entrenudos cortos son un signo de que la plántula ha recibido suficiente luz y no se ha estirado. Estas plantas son más compactas y resistentes al vuelco (Gavrish, 2005).
- Color verde intenso de las hojas. Las hojas deben estar sanas, de un color verde intenso, sin amarilleos, manchas ni signos de marchitez. Un color verde pálido o brillante suele indicar falta de luz o una nutrición desequilibrada (Welbaum, 2015).
- Sistema radicular desarrollado. Al trasplantar desde una maceta o bandeja, las raíces deben envolver firmemente el cepellón. Esto garantiza que la planta comience a crecer rápidamente después del trasplante, ya que sus raíces no sufrirán daños. Raíces blancas y sanas, sin signos de podredumbre, son uno de los principales criterios de una plántula de calidad (Jones, 2008).
En otras palabras, una buena plántula es una planta achaparrada, baja, con hojas verde oscuro y raíces potentes. Ese es el resultado al que debe aspirar, y cada etapa del cultivo debe trabajar para lograr ese objetivo.
Bien, continuamos. Aquí están los siguientes dos capítulos.
3. ¿Cuándo sembrar?
La pregunta principal que preocupa a todo jardinero es el momento adecuado. En Internet se pueden encontrar muchas tablas con fechas exactas de siembra para regiones específicas, pero este enfoque no siempre funciona, ya que el clima cambia de un año a otro. Es mucho más fiable entender la lógica y aprender a determinar las fechas por uno mismo.
La regla de oro del cálculo es muy sencilla: reste de 50 a 65 días a la fecha prevista de plantación de las plántulas en el suelo abierto o en el invernadero. Esa será su fecha óptima de siembra (Autko y otros, 2012). Para la mayoría de las regiones de la zona templada, donde el riesgo de heladas primaverales suele pasar a finales de mayo – principios de junio, la plantación se planifica para el 25 de mayo – 5 de junio. En consecuencia, lo mejor es sembrar las semillas para plántulas entre el 25 de marzo y el 10 de abril (Gavrish, 2005, p. 93; Autko y otros, 2012).
¿Por qué funciona exactamente así? La edad de 50 a 60 días se considera fisiológicamente óptima. Durante este tiempo, la planta logra formar de 6 a 8 hojas verdaderas y un sistema radicular fuerte, pero sin llegar a ser demasiado grande. Si se siembra demasiado pronto, en el momento de la plantación las plántulas pueden haber crecido demasiado, estirarse y sentirse apretadas en sus macetas. Estas plantas tardan más en enraizar y lo hacen peor, a menudo pierden las primeras flores, lo que retrasa la cosecha (Swiader y Ware, 1992). Si se siembra demasiado tarde, las plántulas no habrán tenido tiempo de desarrollarse lo suficiente para la fecha de plantación, y se perderá parte de la cosecha potencial, ya que la planta no podrá aprovechar el período primaveral favorable para un crecimiento activo.
Pautas importantes para la toma de decisiones:
- Temperatura del suelo. Los tomates son un cultivo termófilo. Las raíces del tomate comienzan a funcionar activamente solo cuando la temperatura del suelo supera los 14–16 °C (Autko y otros, 2012). Por lo tanto, no se apresure a plantar hasta que el suelo se haya calentado a estos valores. La temperatura óptima para plantar plántulas es cuando la capa superior del suelo se ha calentado a 20–25 °C.
- Riesgo de heladas. Incluso una breve bajada de temperatura a –1 °C puede ser mortal para las plántulas jóvenes (Gavrish, 2005, p. 17). Consulte las fechas medias de finalización de las heladas primaverales en su región.
- Variedad y condiciones de cultivo. Para las variedades de maduración temprana y el cultivo en invernadero, las fechas pueden variar. Para el suelo abierto, es mejor usar variedades superdeterminadas y determinadas, que producen antes, y a menudo se siembran en fechas más tardías para una cosecha más temprana y uniforme (Gavrish, 2005, p. 90).
En definitiva, la clave para elegir la fecha no es el calendario, sino su comprensión del clima del año en curso y sus observaciones del estado del suelo. Es mejor esperar una semana de más que plantar plántulas débiles y demasiado crecidas que estarán enfermas durante mucho tiempo.
4. Cómo preparar las semillas y el sustrato
El éxito del cultivo de plántulas fuertes comienza con una preparación adecuada. Tanto las semillas como el suelo necesitan un tratamiento previo para sentar las bases de un crecimiento saludable.
Preparación del sustrato (mezcla de tierra)
Los tomates necesitan un suelo ligero, suelto y nutritivo, con una reacción neutra o ligeramente ácida (pH 6,0–6,5) (Autko y otros, 2012). En suelos pesados y arcillosos, las raíces sufrirán por falta de oxígeno y estancamiento de agua. Se puede comprar una mezcla de calidad ya preparada en la tienda, o prepararla uno mismo. Una receta probada incluye una mezcla de turba, estiércol compostado y tierra de césped en proporción 7:2:1 (Gavrish, 2005). Para mejorar la estructura, se puede añadir vermiculita o arena gruesa (aproximadamente 1 parte por 3–4 partes de la mezcla). Ellos harán que el suelo sea más transpirable y retenga la humedad.
Por qué es importante: La estructura ligera del sustrato permite que las raíces jóvenes penetren fácilmente en profundidad, y el aire necesario para la respiración de las raíces circula libremente. El pH correcto asegura la disponibilidad de nutrientes para la planta.
Desinfección del sustrato. En el suelo, especialmente el de jardín, pueden haber patógenos (mal de tallo, fusariosis) y larvas de plagas. Para proteger las futuras plántulas, es necesario desinfectar el suelo. El método más fiable es el vaporizado: regar el suelo con agua hirviendo o tratarlo con vapor durante 30–40 minutos (Autko y otros, 2012). También se puede regar la tierra con una solución débil de permanganato de potasio o usar mezclas desinfectadas ya preparadas.
Preparación de las semillas
Las semillas de tomate pueden ser portadoras de infecciones virales y bacterianas peligrosas (por ejemplo, el virus del mosaico del tabaco, el cáncer bacteriano). El tratamiento previo a la siembra ayuda a desinfectar las semillas y aumentar su poder germinativo.
Calibración. Es la selección de las semillas más grandes y llenas. Se pueden separar en una solución de sal de mesa al 5%. Las semillas llenas se hundirán, mientras que las vacías flotarán (Gavrish, 2005). La mejor germinación y vigor se da en las semillas grandes.
Desinfección. El método más común es el remojo en una solución de permanganato de potasio al 1% durante 20–30 minutos, seguido de un lavado con agua limpia (Autko y otros, 2012). También es eficaz el tratamiento térmico en agua caliente (unos 50 °C) durante 20–25 minutos, que elimina las infecciones superficiales (Jones, 2008). Es importante recordar que estos procedimientos no son adecuados para semillas peletizadas (recubiertas con una capa protectora) o ya tratadas por el fabricante.
Estimulación para una germinación uniforme. Para mejorar y acelerar la germinación, las semillas se pueden remojar en una solución de estimulantes del crecimiento, como «Epin-Extra», «Zircon» o infusión de ceniza de madera. También es eficaz el remojo en una solución de microelementos (boro, manganeso, zinc, cobre) durante 12 horas (Gavrish, 2005; Autko y otros, 2012). Los estimulantes activan los procesos internos de la semilla, aumentando su resistencia a enfermedades y al estrés.
Importante: Si ha adquirido semillas en un envase de una marca conocida, la mayor parte del tratamiento previo a la siembra (desinfección, peletizado) ya se ha realizado (Gavrish, 2005). En ese caso, no se necesitan procedimientos adicionales e incluso podrían ser perjudiciales, ya que eliminarían la capa protectora. Simplemente remójelas en agua tibia para que se hinchen antes de la siembra.
Bien, pasemos a la parte más importante: la siembra. De lo correcto y cuidadoso que sea este paso dependerá la uniformidad y la amistad de las plántulas.
5. ¿Cómo sembrar?
La siembra de semillas no es simplemente «enterrar y olvidar». Es una operación precisa en la que importan los detalles más pequeños: profundidad, distancia, temperatura y humedad. La violación de cualquiera de estos parámetros puede provocar una mala germinación, el debilitamiento o la muerte de las plántulas (Nonnecke, 1989).
Profundidad de siembra. Esta es, quizás, la pregunta más frecuente. Las semillas de tomate se siembran a una profundidad de 0,5 a 1,0 cm (Gavrish, 2005). Si se siembran más profundas (más de 1,5 cm), al brote le costará llegar a la luz, gastará demasiada energía y puede emerger débil o no emerger. Una siembra demasiado superficial (menos de 0,5 cm) hace que las semillas se sequen, especialmente si la capa superior del suelo pierde humedad rápidamente. Además, en las plantas sembradas superficialmente, a menudo no se desprende la cubierta seminal, lo que impide que las hojas cotiledonares se desplieguen y retrasa su desarrollo (Gavrish, 2005). Por qué funciona: A esa profundidad, las semillas se encuentran en un ambiente establemente húmedo y, al mismo tiempo, lo suficientemente cerca de la superficie para que el brote pueda salir rápidamente a la luz e iniciar la fotosíntesis.
Distancia entre semillas. Si siembra en una bandeja común, coloque las semillas a una distancia de 1 a 2 cm entre sí, y haga los surcos cada 4 a 5 cm (Gavrish, 2005). Por qué es importante: El espacio libre entre plántulas asegura una iluminación uniforme y el acceso al aire. En siembras densas, las plántulas se estiran, se vuelven delgadas y son presa fácil del «mal de tallo». Cuanto más espaciadas siembre, más tiempo podrá esperar antes del repicado sin miedo a que se sombreen y debiliten entre sí.
Régimen de temperatura. Para germinar, las semillas de tomate necesitan una temperatura estable de 24–26 °C (Gavrish, 2005; Autko y otros, 2012). Esta es la temperatura óptima a la que las plántulas emergen más rápida y uniformemente, por lo general en 4 a 6 días. A temperaturas inferiores a 20–22 °C, la germinación se retrasa y las plántulas emergen de forma desigual y debilitadas.
Humedad. Para germinar, las semillas necesitan una humedad muy alta. Por eso, después de la siembra, la bandeja se cubre con una tapa transparente, vidrio o película de plástico. Esto crea un efecto invernadero: la humedad no se evapora de la superficie del suelo y las semillas se encuentran en condiciones ideales para la imbibición y la germinación. Sin embargo, en cuanto aparezcan los «bucles» de las plántulas (60–70% del total), se debe retirar la cubierta para evitar el sobrecalentamiento y el desarrollo de enfermedades (Gavrish, 2005; Autko y otros, 2012). Importante: En un día soleado, la temperatura bajo la película puede subir a 30–40 °C, lo que es mortal para las plántulas. Por eso, antes de la emergencia, es mejor mantener la bandeja en un lugar no muy soleado (Gavrish, 2005).
Técnica de siembra: Haga surcos de aproximadamente 1 cm de profundidad, distribuya las semillas uniformemente a 1–2 cm de distancia, cúbralas con tierra suelta humedecida y presione ligeramente. Luego humedezca la superficie con un pulverizador para no lavar el suelo, cubra la bandeja y colóquela en un lugar cálido (unos 25 °C).
Lista de verificación final para esta etapa:
- Profundidad: 0,5–1 cm.
- Distancia: 1–2 cm entre semillas en la hilera.
- Suelo: Moderadamente húmedo, pero no empapado.
- Temperatura: 24–26 °C antes de la emergencia.
- Cubierta: Película o vidrio para crear efecto invernadero.
- Luz: Antes de la emergencia, la luz no es crítica, pero después de su aparición se requiere una exposición inmediata a la luz.
6. ¿Qué se necesita después de la emergencia?
Ha visto los esperados «bucles» verdes. ¡Esta es una señal: cambie el régimen inmediatamente! Los primeros 7 a 10 días después de la emergencia son un período crítico en el que se asienta la calidad de toda la plántula. Si se pierde este momento, las plantas empezarán a estirarse y será extremadamente difícil corregirlo.
Las reglas principales de los primeros días:
1. Baje inmediatamente la temperatura. Este es el secreto clave para unas plántulas achaparradas. Tan pronto como vea la emergencia masiva, reduzca bruscamente la temperatura del aire a 18–20 °C durante el día y 15–16 °C durante la noche (Gavrish, 2005; Autko y otros, 2012). Por qué funciona: Con calor (+24 °C), todos los procesos de crecimiento son muy intensos. Pero a finales de marzo y principios de abril hay poca luz. Como resultado, la planta gasta energía en el crecimiento del tallo (se estira) en detrimento del desarrollo de raíces y hojas. Al bajar la temperatura se ralentiza ese crecimiento del tallo, pero no se detiene la fotosíntesis. La planta se vuelve más achaparrada, con entrenudos cortos y un sistema radicular potente.
2. Máxima luz. En este momento, las plántulas necesitan la mayor cantidad de luz posible. Si las cultiva en una ventana, elija la más luminosa, preferiblemente orientada al sur. Por qué es importante: La luz es el «combustible» para la fotosíntesis, el proceso mediante el cual la planta crea sustancias orgánicas para su construcción. En condiciones de poca luz (día nublado, días cortos), la planta no puede sintetizar suficientes carbohidratos para un tallo fuerte y comienza a estirarse hacia arriba en busca de luz. Esto provoca estiramiento y debilitamiento. Por lo tanto, si la luz natural es escasa (menos de 8.000 lux), organice iluminación suplementaria con lámparas fitosanitarias o lámparas fluorescentes, alargando el fotoperiodo a 14–16 horas (Gavrish, 2005; Autko y otros, 2012).
3. Riego moderado. El suelo debe estar moderadamente húmedo, pero no empapado. Riegue solo cuando la capa superior del suelo se seque. Lo mejor es hacerlo por la mañana, con agua tibia y sedimentada. Por qué funciona: El exceso de humedad, especialmente combinado con frescor, es un ambiente ideal para el desarrollo del «mal de tallo», una enfermedad fúngica que puede destruir todas las plántulas en pocos días. Las raíces de las plántulas jóvenes son muy delicadas y el exceso de riego provoca su pudrición (Gavrish, 2005).
4. Retirada oportuna de la cubierta. La película o el vidrio se retiran inmediatamente después de que aparezcan los primeros brotes. Si no se hace, se producirá sobrecalentamiento y condensación, lo que también puede provocar enfermedades. Después de 2 o 3 días, a una temperatura de 18–20 °C, se puede empezar a ventilar o retirar la cubierta durante períodos más largos.
5. Humedad del aire. Para las plantas jóvenes, no solo es importante la humedad del suelo, sino también la del aire. El valor óptimo es del 60–70%. En aire seco (menos del 60%), las hojas pierden humedad más rápido, lo que debilita la plántula. En aire demasiado húmedo (más del 80–90%) se crean condiciones para el desarrollo de enfermedades fúngicas (Gavrish, 2005, p. 19).
Lista de verificación final:
- Temperatura: Reducir a 18–20 °C (día) y 15–16 °C (noche) durante 7–10 días.
- Luz: Proporcionar la máxima luz natural o artificial (fotoperiodo de 14 a 16 horas).
- Riego: Moderado, solo cuando se seque la capa superior. Use agua tibia.
- Humedad del aire: Mantener entre 60 y 70%.
El microclima correcto en los primeros días después de la emergencia es la principal prevención del estiramiento. Si hace todo bien, en una semana tendrá plántulas achaparradas y de color verde oscuro, listas para seguir desarrollándose. Es en esta etapa donde se asienta esa «mitad del éxito» de la que hablamos al principio.
Bien, este es quizás uno de los capítulos más importantes. El estiramiento de las plántulas es el problema más común que enfrentan los jardineros. Comprender las causas ya es la mitad de la solución.
7. Cómo evitar el estiramiento
Las plántulas estiradas son, quizás, la decepción más frecuente para el jardinero. En lugar de plantas achaparradas y fuertes, obtenemos tallos pálidos y delgados que no pueden mantenerse erguidos. No es solo un problema estético. Estas plantas tienen un sistema radicular debilitado, enraízan peor después del trasplante, tardan más en recuperarse y producen una cosecha más baja y tardía (Swiader y Ware, 1992). Afortunadamente, el estiramiento no es una sentencia, sino el resultado de errores concretos que se pueden corregir y, lo que es más importante, prevenir.
Para combatir el estiramiento, hay que entender sus causas. Hay cuatro, y todas están interrelacionadas.
Causas del estiramiento
1. Falta de luz. Es la causa principal. El tomate es una planta amante de la luz. Cuando no recibe suficiente luz fotosintéticamente activa (menos de 4–6 mil lux), comienza a «buscarla» estirando el tallo hacia arriba (Gavrish, 2005, p. 18). Es un mecanismo biológico antiguo destinado a superar a los vecinos y alcanzar la luz. En tiempo nublado o en una habitación orientada al norte sin iluminación suplementaria, las plántulas están condenadas a estirarse.
2. Temperatura demasiado alta. Especialmente en combinación con la falta de luz. A altas temperaturas (superiores a 22 °C), los procesos de crecimiento (división y alargamiento celular) son muy intensos. Si hay poca luz, la planta no puede fotosintetizar eficazmente y almacenar energía, por lo que simplemente se «estira» en detrimento del grosor del tallo y del desarrollo de las raíces (Gavrish, 2005; Atherton y Rudich, 1986). Por eso es tan importante bajar la temperatura inmediatamente después de la emergencia.
3. Densidad excesiva. Cuando las plántulas están demasiado juntas, compiten entre sí por la luz. Para superar a sus vecinas, cada una comienza a estirarse. Esto crea un círculo vicioso: la densidad excesiva provoca estiramiento, y el estiramiento agrava el sombreado (Gavrish, 2005).
4. Exceso de nitrógeno. El nitrógeno es el «macronutriente del crecimiento», que estimula el desarrollo de la masa verde. Si en las primeras etapas, especialmente con falta de luz, se da a las plantas demasiado nitrógeno, comenzarán a «engordar»: desarrollarán en exceso un follaje pálido y laxo, lo que también provoca estiramiento (Gavrish, 2005; Welbaum, 2015).
Cómo corregir la situación y prevenir el estiramiento
Afortunadamente, estas causas también nos dan las claves para la solución:
1. Asegure la máxima luz. Esta es la regla más importante. Idealmente, las plántulas deben estar en una ventana orientada al sur y recibir 14–16 horas de luz al día. Si la luz natural es insuficiente (y en marzo-abril casi siempre lo es), utilice iluminación suplementaria con lámparas fitosanitarias o lámparas fluorescentes (o LED) de espectro frío. Coloque las lámparas a una altura de 10 a 15 cm por encima de las plantas (Gavrish, 2005; Autko y otros, 2012). Por qué funciona: La iluminación suplementaria compensa la falta de luz solar, permitiendo que la planta fotosintetice normalmente y construya tallos fuertes y achaparrados, en lugar de delgados y largos en busca de luz.
2. Controle estrictamente el régimen de temperatura. Como ya hemos comentado, inmediatamente después de la emergencia (los primeros 5–7 días), la temperatura debe bajarse a 18–20 °C durante el día y 15–16 °C durante la noche (Gavrish, 2005; Autko y otros, 2012). Posteriormente, en tiempo soleado, mantenga 21–23 °C; en tiempo nublado, 18–20 °C; y por la noche, 17–18 °C. Es importante que la temperatura nocturna sea siempre de 4 a 6 grados inferior a la diurna; esto también previene el estiramiento (Gavrish, 2005). Por qué funciona: La reducción de la temperatura (especialmente la nocturna) ralentiza el proceso de alargamiento celular sin interferir con la fotosíntesis. Así, la planta utiliza su energía para engrosar el tallo y desarrollar raíces, en lugar de crecer inútilmente hacia arriba.
3. Realice el repicado a tiempo y controle la densidad. Si sembró en una bandeja común y las plántulas están demasiado apiñadas, transplántelas a recipientes individuales lo antes posible, dando a cada una suficiente espacio (macetas de 8×8 o 10×10 cm) (Autko y otros, 2012). En la etapa final, de 20 a 25 días antes de la plantación, realice un espaciado (separe las macetas) para que haya un pequeño espacio entre las hojas de las plantas vecinas (Gavrish, 2005).
4. Equilibre la nutrición. En las primeras etapas, evite los fertilizantes nitrogenados. La primera fertilización se realiza de 8 a 10 días después del repicado y contiene más fósforo y potasio para el desarrollo de las raíces, en lugar de nitrógeno para el crecimiento del follaje (Gavrish, 2005; Autko y otros, 2012). El fósforo estimula el crecimiento de las raíces, y el potasio fortalece las paredes celulares, haciendo las plantas más resistentes.
Si las plántulas ya se han estirado, se pueden salvar. Durante el repicado, entierre el tallo hasta las hojas cotiledonares – en la parte enterrada aparecerán rápidamente raíces adicionales, y la planta se volverá más vigorosa (Jones, 2008). También se puede usar la técnica de «pinzar el punto de crecimiento»: detiene el crecimiento hacia arriba y dirige la energía al desarrollo de brotes laterales.
Lista de verificación final para prevenir el estiramiento:
- Luz: Máxima luz natural + iluminación suplementaria 14–16 horas.
- Temperatura: Después de la emergencia, reducir bruscamente a 18–20 °C (día) y 15–16 °C (noche). Mantenga siempre la temperatura nocturna inferior a la diurna.
- Densidad: Repique y espacie las plántulas a tiempo para que no se sombreen mutuamente.
- Nutrición: Excluir fertilizantes nitrogenados en el primer mes. Las fertilizaciones principales deben ser fosfóricas y potásicas.
Continuemos. El repicado es uno de los temas más controvertidos en el cultivo de plántulas. Algunos jardineros lo consideran obligatorio, otros lo ven como un estrés innecesario para las plantas. Veamos qué es, para qué sirve y si siempre está justificado.
8. Repicado: ¿necesario o no, y cómo hacerlo correctamente?
El repicado (o trasplante) consiste en trasladar las plántulas desde un recipiente común (bandeja o celdilla) a macetas individuales o a un recipiente más espacioso, con el pellizco de la raíz central. Esta operación genera mucha controversia, y tiene tanto defensores acérrimos como detractores. Para decidir por uno mismo, es importante entender qué problemas resuelve y qué riesgos conlleva.
¿Para qué sirve el repicado?
1. Aumentar el área de alimentación. En un recipiente común, las plántulas comienzan rápidamente a competir por la luz, el agua y los nutrientes. Sus raíces se enredan, lo que retrasa el crecimiento y provoca estiramientos. El repicado da a cada planta su propio espacio para desarrollar el sistema radicular (Nonnecke, 1989).
2. Estimular el desarrollo del sistema radicular. Durante el repicado, se pellizca la raíz principal (se elimina aproximadamente un tercio de su longitud). Esto estimula el crecimiento de raíces laterales y adventicias. Como resultado, se forma un sistema radicular más potente y fibroso, que abastece a la planta de agua y nutrientes mucho mejor que una sola raíz pivotante larga (Jones, 2008). Por qué funciona: Al eliminar la yema apical de la raíz principal, se suprime la dominancia apical, y la planta comienza a desarrollar activamente raíces laterales.
3. Descartar plantas débiles. El repicado es un momento ideal para seleccionar solo las plántulas más fuertes, sanas y con buen desarrollo. Todos los ejemplares débiles, enfermos o deformes se desechan (Autko y otros, 2012). Esto ahorra tiempo y recursos en el cultivo posterior de plantas que claramente no darán buen resultado.
4. Controlar el desarrollo. Después del repicado, se puede frenar temporalmente el crecimiento de las plántulas (las plantas sufren un ligero shock), lo que es especialmente útil si se sembró demasiado pronto y el clima todavía no permite la plantación. Esto permite «retener» las plántulas que han crecido demasiado (Swiader y Ware, 1992).
¿Es realmente necesario? Sopesando pros y contras
Cuándo el repicado ESTÁ JUSTIFICADO:
- Sembró las semillas en una bandeja común y las plántulas han emergido densamente.
- Utiliza semillas no híbridas y económicas, y tiene un amplio margen de plantas.
- Tiene tiempo y ganas de esforzarse para obtener plántulas lo más fuertes y sanas posible.
- Quiere retrasar el desarrollo de las plántulas si el clima no permite plantarlas a tiempo.
Cuándo es mejor NO HACER repicado:
- Utiliza semillas híbridas F1 caras. Cada semilla cuenta, y el riesgo de perderla durante el repicado es demasiado alto (Gavrish, 2005, p. 27).
- Sembró las semillas directamente en recipientes individuales (celdas, pastillas de turba o macetas). En ese caso, el trasplante solo perjudicará.
- Cultiva plántulas para una plantación temprana en el suelo. El repicado retrasa el desarrollo de 10 a 14 días, lo que puede retrasar la obtención de la primera cosecha (Autko y otros, 2012).
Conclusión: El repicado no es un procedimiento obligatorio, sino una técnica agronómica que aporta ventajas si se aplica correctamente, pero que puede ser perjudicial si se usa sin criterio. Para la mayoría de los jardineros aficionados que cultivan de 10 a 20 plantas de tomate, sigue siendo recomendable, ya que permite obtener plantas más vigorosas.
Cómo realizar el repicado correctamente
Para que el repicado sea beneficioso y no perjudicial, es importante seguir algunas reglas.
1. Momento. El momento óptimo es la fase de 1 a 2 hojas verdaderas, aproximadamente de 10 a 14 días después de la emergencia (Autko y otros, 2012; Gavrish, 2005). En ese momento, las plántulas ya están lo suficientemente fuertes, pero el sistema radicular aún no se ha desarrollado mucho. Un repicado más temprano (en fase de cotiledones) daña demasiado a las plántulas tiernas. Un repicado más tardío (3–4 hojas) puede provocar un fuerte enredamiento de las raíces y dañarlas.
2. Preparación. El día antes del repicado, riegue bien las plántulas. Esto ablandará el suelo y podrá extraer las plantas con un daño mínimo a las raíces (Gavrish, 2005). Prepare con antelación macetas individuales (de 8 a 10 cm de diámetro) con sustrato nutritivo humedecido. Haga una pequeña depresión en el centro de cada una.
3. Técnica. Con cuidado, levante la plántula con un palito pequeño (incluso un palillo), procurando no dañar las raíces. Extraiga la planta sujetándola por la hoja cotiledonar, no por el tallo. El tallo es muy frágil y se daña fácilmente (Gavrish, 2005). Separe con cuidado la raíz del suelo. Si la raíz principal es demasiado larga (más de 4–5 cm), pellizque un tercio de su longitud.
4. Plantación. Coloque la plántula en el hoyo preparado hasta las hojas cotiledonares, extienda las raíces (no deben doblarse hacia arriba) y cubra con tierra, apretando ligeramente alrededor del tallo (Autko y otros, 2012). Enterrar hasta los cotiledones es una técnica muy importante, ya que en la parte enterrada del tallo se forman rápidamente raíces adicionales, lo que hace a la planta más vigorosa (Jones, 2008).
5. Cuidados posteriores al repicado. Después del trasplante, riegue suavemente con agua tibia y dé sombra durante 1 o 2 días para facilitar la adaptación (Gavrish, 2005). La temperatura óptima en los primeros días es de 20–22 °C durante el día y 17–18 °C durante la noche. Pasados 8 o 10 días, cuando las plantas hayan enraizado, se puede realizar la primera fertilización con un abono complejo con predominio de fósforo y potasio (Autko y otros, 2012).
Lista de verificación final para el repicado:
- Momento: Fase de 1–2 hojas verdaderas.
- Preparación: Riego abundante el día anterior.
- Recipiente: Macetas individuales de 8×10 cm.
- Regla: Enterrar hasta los cotiledones.
- Cuidados: Sombra, riego moderado, fertilización a los 8–10 días.
Continuemos. El endurecimiento es la etapa final, pero extremadamente importante, en el cultivo de plántulas. Sin él, incluso las plántulas más fuertes y achaparradas pueden morir o enfermarse durante mucho tiempo después de ser trasladadas a su ubicación definitiva.
9. Endurecimiento: cómo preparar las plántulas para la vida al aire libre
Al cultivar plántulas en el interior o en un invernadero, creamos para ellas condiciones ideales, de «invernadero»: temperatura estable, ausencia de viento, iluminación suave. Sin embargo, en el suelo abierto les espera una realidad más dura: fluctuaciones de temperatura diurnas y nocturnas, luz solar directa, viento e incluso posibles heladas. Sin una preparación previa, un cambio tan brusco de condiciones provocará un fuerte estrés en las plantas, lo que se traducirá en retraso del crecimiento, enfermedades e incluso la muerte (Nonnecke, 1989).
¿Qué es el endurecimiento y para qué sirve?
El endurecimiento es el proceso de adaptación gradual de las plantas a las condiciones ambientales desfavorables: temperaturas más bajas, radiación solar directa y viento. Su objetivo principal no es solo «acostumbrar» a la planta, sino provocar cambios fisiológicos a nivel celular (Swiader y Ware, 1992).
Qué ocurre en la planta durante el endurecimiento:
- Cambia la composición de la savia celular: se acumulan azúcares y otras sustancias que actúan como un «anticongelante» natural, reduciendo el punto de congelación y ayudando a la planta a tolerar heladas breves (Welbaum, 2015).
- Se engrosa la cutícula (capa cerosa): esto reduce la evaporación de agua (transpiración) y protege las hojas de quemaduras y desecación por el viento.
- Se adapta el funcionamiento de los estomas: los estomas (poros de las hojas) aprenden a cerrarse más rápido ante la falta de humedad, evitando la deshidratación.
- El crecimiento se ralentiza, pero no se detiene: la planta deja de producir tejido tierno y comienza a acumular reservas para sobrevivir en las nuevas condiciones (Gavrish, 2005).
El endurecimiento debe comenzar aproximadamente de 10 a 14 días antes de la fecha prevista de plantación en suelo abierto (Jones, 2008).
¿Cómo endurecer las plántulas correctamente?
El proceso de endurecimiento debe ser gradual e incluir dos componentes principales: el régimen de temperatura y el de luz.
1. Endurecimiento por temperatura
La esencia de este método es la reducción gradual de la temperatura del aire y el enfriamiento nocturno.
- Primera etapa (10–14 días antes de la plantación): Comience a sacar las plántulas al aire libre (balcón, terraza, logia acristalada) durante 1–2 horas en la primera mitad del día, cuando la temperatura del aire no sea inferior a 12–15 °C. Elija un lugar protegido de la luz solar directa y del viento (Gavrish, 2005).
- Aumento gradual del tiempo: Cada día, aumente el tiempo de estancia al aire libre en 1–2 horas. Después de 3 a 4 días, puede empezar a dejar las plantas al aire libre durante todo el día.
- Endurecimiento nocturno: De 4 a 5 días antes de la plantación, si no hay riesgo de heladas fuertes, puede dejar las plántulas al aire libre también durante la noche. Comience con noches cortas (por ejemplo, de 22:00 a 6:00), aumentando gradualmente el tiempo (Jones, 2008).
- Reducción del riego: De 7 a 10 días antes de la plantación, reduzca el riego, pero no permita que el cepellón se seque por completo. Esto estimula a la planta a desarrollar más activamente su sistema radicular.
Atención: No saque las plántulas al exterior cuando la temperatura del aire sea inferior a 10 °C, ya que esto puede causar un «shock por frío» y detener el crecimiento (Autko y otros, 2012).
2. Endurecimiento por luz
Las plántulas de interior están acostumbradas a la luz suave y difusa (especialmente si ha utilizado iluminación suplementaria). La luz solar directa puede provocar quemaduras en las hojas tiernas.
- Comience con sombra. Los primeros días, saque las plántulas a la semisombra o bajo una tela que difunda la luz (una cortina ligera, gasa, malla fina).
- Acostúmbrelas gradualmente al sol. Después de 2 a 3 días, comience a exponer las plantas al sol, primero durante 10–15 minutos, luego una hora, luego medio día, aumentando gradualmente la duración del baño de sol. Normalmente, al final del endurecimiento (de 3 a 4 días antes de la plantación), las plántulas ya pueden estar al sol todo el día.
- Observe el estado de las hojas. Si aparecen manchas blancas (quemaduras) en las hojas o comienzan a marchitarse, retire inmediatamente las plantas a la sombra y déjelas recuperarse.
Señales de unas plántulas bien endurecidas
Las plántulas bien endurecidas se diferencian notablemente de las de invernadero:
- Color verde oscuro de las hojas (en lugar de verde pálido).
- Tallo más grueso y resistente, con entrenudos cortos.
- Las hojas se vuelven más rígidas y coriáceas al tacto.
- El sistema radicular está bien desarrollado y envuelve el cepellón.
Precauciones importantes
- No exagere con el endurecimiento: una bajada demasiado brusca de la temperatura o la exposición a vientos fríos puede debilitar las plantas, no fortalecerlas.
- Tenga en cuenta la previsión meteorológica: si se prevén heladas o vientos fuertes, meta las plántulas en el interior.
- Después del endurecimiento, no plante con mucho calor: si en el momento de la plantación hace mucho calor y sequedad (más de 25–28 °C), incluso las plántulas endurecidas pueden sufrir quemaduras solares. En ese caso, dé sombra los primeros 2 o 3 días.
Lista de verificación final para el endurecimiento:
- Momento: De 10 a 14 días antes de la plantación.
- Temperatura: Reducción gradual, salida al exterior a partir de 12 °C.
- Luz: Acostumbramiento gradual a la luz solar directa, comenzando con semisombra.
- Riego: Moderado, sin llegar a secar completamente.
- Duración: Aumente el tiempo al aire libre cada día.
El objetivo principal no es solo sobrevivir, sino comenzar a crecer activamente en el nuevo lugar durante los primeros días después del trasplante. Las plántulas bien endurecidas se adaptan a las condiciones del suelo abierto en 3 a 5 días, mientras que las no endurecidas pueden estar enfermas hasta 1 o 2 semanas.
Llegamos a la parte final. Nuestras plántulas ya están endurecidas y listas para la plantación. Solo queda saber cuándo ha llegado ese momento. ¿Continuamos?
Bien, estamos en la recta final. Todo el trabajo anterior estaba orientado a obtener plántulas listas para el «traslado». Ahora es importante no perder ese momento.
10. ¿Cuándo están listas las plántulas para la plantación?
Cultivar plántulas fuertes es la mitad del trabajo. La otra mitad es plantarlas en el momento y de la manera adecuada. Plantar demasiado pronto, en tierra fría, las matará; plantarlas demasiado tarde provocará que las plántulas crecidas estén enfermas durante mucho tiempo y enraícen mal (Nonnecke, 1989). ¿Cómo saber cuándo ha llegado ese momento?
Los expertos señalan varios criterios objetivos que, en conjunto, dan una respuesta clara.
1. Edad de las plántulas (calendario)
Es la guía más sencilla y fiable. Para la mayoría de las variedades e híbridos de tomate, la edad óptima de las plántulas para la plantación en suelo abierto es de 50 a 60 días desde la aparición de los brotes completos (Autko y otros, 2012). Para las variedades determinadas de maduración temprana destinadas a suelo abierto, puede ser un poco menor: 45 a 50 días (Gavrish, 2005). Por qué funciona: A esta edad, la planta ha completado todas las etapas clave de la vegetación: ha formado suficientes hojas, ha desarrollado el sistema radicular y ha acumulado reservas de nutrientes para una adaptación exitosa.
2. Aspecto de la planta (criterios fisiológicos)
Estos son los principales signos visuales en los que hay que fijarse:
- Altura: de 20 a 30 cm (Autko y otros, 2012). No más de 35 cm. Si las plántulas son más altas, han crecido demasiado.
- Número de hojas verdaderas: de 6 a 8, bien desarrolladas, de color verde intenso (Autko y otros, 2012). Esto indica que la planta ya posee un aparato fotosintético suficientemente desarrollado para vivir al aire libre.
- Grosor del tallo: al menos 0,6–0,8 cm en la base (Autko y otros, 2012). Un tallo grueso indica que la planta no se ha estirado y ha acumulado suficientes nutrientes.
- Presencia de botones florales: en las variedades tempranas y semiprecoces, en el momento de la plantación ya debe observarse la formación de botones (los primeros botones en la primera inflorescencia) o incluso el inicio de la floración (Autko y otros, 2012). Esto indica que la planta ha entrado en la fase generativa y está lista para fructificar. Importante: Las plántulas no deben estar floreciendo masivamente, ya que es signo de un crecimiento excesivo (Jones, 2008).
- Sistema radicular: al extraer la planta de la maceta, las raíces deben envolver firmemente, pero no demasiado apretadamente, el cepellón. Esto indica que el sistema radicular está completamente formado y listo para crecer activamente en el nuevo lugar (Jones, 2008). Raíces blancas y sanas, sin signos de podredumbre, son una buena señal.
3. Prueba de preparación
Los jardineros experimentados usan una prueba sencilla: si al presionar suavemente el tallo entre los dedos es elástico y no se abolla, y las hojas, después del endurecimiento, no pierden turgencia (elasticidad), incluso después de varias horas al sol, las plántulas están listas.
4. Condiciones meteorológicas (factores externos)
Incluso las plántulas perfectas en todos los aspectos no deben plantarse con tiempo frío o húmedo. Es necesario que se cumplan las siguientes condiciones:
- Temperatura del suelo: a 10–15 cm de profundidad, no debe ser inferior a 14–16 °C (Autko y otros, 2012). En tierra fría, las raíces del tomate apenas funcionan, y la planta puede morir de inanición. Método popular: el suelo está listo cuando se puede sentar en él con la piel desnuda sin sentir frío.
- Temperatura del aire: la temperatura diurna debe mantenerse establemente entre 18–20 °C o más. La nocturna no debe bajar de 10–12 °C (Gavrish, 2005).
- Fin de las heladas. Este es el criterio más importante. La plantación se realiza solo después de que haya pasado el riesgo de heladas tardías. En la zona templada, suele ser del 25 de mayo al 5 de junio (Gavrish, 2005, p. 101). En las regiones del sur, antes; en las del norte, después.
- Endurecimiento. Las plántulas deben haber completado el ciclo completo de endurecimiento (al menos 7–10 días) antes de la plantación.
Lista de verificación final de la preparación de las plántulas para la plantación:
- Edad: 50–60 días.
- Altura: 20–30 cm.
- Hojas: 6–8 verdaderas, verde oscuro.
- Tallo: Grosor 0,6–0,8 cm, elástico.
- Botones: Han aparecido los primeros botones.
- Raíces: Envuelven bien el cepellón.
- Endurecimiento: Realizado durante al menos 7–10 días.
- Clima: Temperatura nocturna no inferior a 10 °C, suelo calentado a 15 °C, sin riesgo de heladas.
Idea principal: No se apresure a plantar, aunque las plántulas tengan un aspecto magnífico. Es mejor esperar 3 a 5 días a que se establezca un tiempo estable y cálido, que perder las plantas por una helada tardía. Y recuerde: las plántulas demasiado crecidas enraízan peor que las jóvenes y fuertes.
11. Errores en el cultivo de plántulas
Incluso los jardineros experimentados no están libres de errores. Pero, a diferencia de los principiantes, saben cómo corregirlos o, mejor aún, prevenirlos. Veamos los fallos más frecuentes y cómo evitarlos.
Error 1: Siembra demasiado temprana
Es el error más común. El deseo de obtener una cosecha lo antes posible lleva a sembrar ya en febrero. Como resultado, en el momento de la plantación, las plántulas han crecido demasiado, se han estirado, comienzan a florecer y, después del trasplante, tardan mucho en recuperarse.
Cómo corregirlo: Respete estrictamente las fechas de siembra, basándose en la fecha de plantación en el suelo (véase el capítulo 3). En la zona templada, el período óptimo es de finales de marzo a la primera década de abril. Si las plántulas ya han crecido demasiado, se puede enterrar el tallo al plantar en el suelo hasta las primeras hojas verdaderas o usar la técnica del «despunte» (pinzar la punta).
Error 2: Profundidad de siembra incorrecta
Una siembra demasiado profunda (más de 1,5 cm) hace que al brote le falte fuerza para salir a la superficie; emerge tarde y débil. Una siembra demasiado superficial (menos de 0,5 cm) provoca que las semillas se sequen y, en las plántulas emergidas, la cubierta seminal no se desprende, retrasando su desarrollo (Gavrish, 2005, pp. 93, 95).
Cómo corregirlo: Respete la profundidad de 0,5–1,0 cm. Si la cubierta seminal no se desprende, rocíela suavemente con agua tibia varias veces; se ablandará y caerá más fácilmente (Gavrish, 2005, p. 95).
Error 3: No respetar el régimen de temperatura después de la emergencia
Dejar las bandejas con plántulas en un lugar cálido (+24 °C o más) después de la emergencia es el camino directo al estiramiento. Con calor, pero con falta de luz (y en marzo-abril siempre hay poca), el tallo comienza a crecer intensamente hacia arriba, adelgazándose y debilitándose.
Cómo corregirlo: Inmediatamente después de la emergencia, baje la temperatura a 18–20 °C durante el día y 15–16 °C durante la noche durante 5 a 7 días. Luego mantenga un régimen moderado con una temperatura nocturna de 4 a 6 grados por debajo de la diurna (Gavrish, 2005).
Error 4: Falta de luz
Incluso en una ventana orientada al sur, a finales de invierno y principios de primavera, la luz natural es catastróficamente insuficiente. Como resultado, las plántulas se estiran, se vuelven pálidas y débiles.
Cómo corregirlo: Organice iluminación suplementaria con lámparas fitosanitarias o lámparas fluorescentes de espectro frío durante 14 a 16 horas al día. Coloque las lámparas a 10–15 cm por encima de las plantas, elevándolas a medida que crecen (Gavrish, 2005; Autko y otros, 2012).
Error 5: Exceso de riego
El exceso de humedad, especialmente combinado con frescor, es un caldo de cultivo ideal para el «mal de tallo», que puede destruir todas las plántulas en pocos días. El exceso de riego también favorece el estiramiento.
Cómo corregirlo: Riegue las plántulas solo cuando se seque la capa superior del suelo, con agua tibia, preferiblemente por la mañana. Evite el estancamiento de agua en el plato (Gavrish, 2005).
Error 6: Exceso de fertilizantes nitrogenados
La fertilización de las plántulas con nitrógeno en las primeras etapas (especialmente con falta de luz) provoca el «engorde»: un crecimiento excesivo de follaje pálido y laxo en detrimento del sistema radicular y de la formación de botones florales.
Cómo corregirlo: Realice la primera fertilización de 8 a 10 días después del repicado con un abono rico en fósforo y potasio (por ejemplo, monofosfato de potasio o un abono especial para plántulas) (Gavrish, 2005). Aplique fertilizantes nitrogenados solo si hay una clara deficiencia de nitrógeno (hojas inferiores pálidas).
Error 7: Repicado demasiado temprano o demasiado tardío
El repicado demasiado temprano (en fase de cotiledones) provoca la muerte de las plántulas jóvenes. El repicado demasiado tardío (más de 3–4 hojas) daña las raíces enredadas y alarga la recuperación.
Cómo corregirlo: Repique las plántulas en la fase de 1–2 hojas verdaderas (Autko y otros, 2012). Si se ha retrasado, intente trasplantar las plantas con un gran cepellón para minimizar el daño a las raíces.
Error 8: Plantar en suelo no calentado
Plantar las plántulas en tierra fría (por debajo de 14–16 °C) es un estrés que provoca el cese del crecimiento y, si se prolonga, la muerte del sistema radicular. Las raíces en suelo frío no absorben nutrientes, especialmente fósforo, lo que se manifiesta por un tono violáceo en las hojas (Autko y otros, 2012).
Cómo corregirlo: Espere a que el suelo se caliente a 14–16 °C. Si se prevén heladas sobre las plántulas ya plantadas, use cubiertas (plástico, tela agrícola, botellas de plástico cortadas).
Error 9: Omitir el endurecimiento
Saltarse la fase de endurecimiento o hacerla insuficientemente es una causa común de muerte o debilitamiento grave de las plántulas después de la plantación. Las hojas tiernas, acostumbradas a las condiciones de invernadero, sufren quemaduras solares y la planta sufre un shock por el cambio brusco de temperatura.
Cómo corregirlo: Comience el endurecimiento de 10 a 14 días antes de la plantación, acostumbrando gradualmente las plántulas al aire libre (véase el capítulo 9) (Jones, 2008).
Error 10: Ignorar los signos de enfermedad
Muchas enfermedades son más fáciles de prevenir que de curar. La aparición de manchas amarillas o marrones, el marchitamiento, el ennegrecimiento del tallo son señales de problemas que no deben ignorarse.
Cómo corregirlo: Inspeccione regularmente las plántulas. Si detecta signos de enfermedad, retire las plantas enfermas y trate las sanas con biofungicidas (por ejemplo, «Fitosporin-M»). La principal prevención es el cumplimiento de las técnicas de cultivo (riego adecuado, ventilación, limpieza).
Lista de verificación final: lo que NO DEBE HACER al cultivar plántulas:
- ❌ Sembrar demasiado pronto.
- ❌ Enterrar las semillas más de 1 cm.
- ❌ Mantener las plántulas en un lugar cálido después de la emergencia.
- ❌ Dejarlas sin iluminación suplementaria.
- ❌ Regar en exceso.
- ❌ Sobrealimentar con nitrógeno.
- ❌ Repicar demasiado pronto o demasiado tarde.
- ❌ Plantar en suelo frío.
- ❌ Omitir el endurecimiento.
- ❌ Ignorar los signos de enfermedad.
Con esto concluye nuestra guía para el cultivo de plántulas de tomate. Recuerde: cada error es una experiencia. Lo importante es comprender su causa y hacerlo bien la próxima vez. ¡Buena suerte y cosechas abundantes!
Referencias
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