Enfermedades
Mildiú velloso (mildiú lanoso)
El mildiú velloso es una de las enfermedades fúngicas más comunes y peligrosas del ajo, causada por el hongo Peronospora destructor (Brewster, 2008). Esta enfermedad puede destruir una parte importante de la cosecha, especialmente en años con clima fresco y húmedo.
¿Cómo reconocer el mildiú velloso?
Los primeros signos aparecen en las hojas. Preste atención a los siguientes síntomas:
- Aparecen manchas de color amarillo pálido, ligeramente hundidas, en las hojas verdes sanas (Conn, 2012).
- Las manchas aumentan gradualmente y adquieren un tono pardusco.
- En el envés de las hojas, especialmente por la mañana con el rocío o después de la lluvia, se forma una capa de color gris violáceo o pardo purpúreo: es la esporulación del hongo (véase Fig. 1).
- Las hojas afectadas se vuelven amarillas empezando por el ápice y mueren.
- En casos avanzados, la enfermedad se extiende a los escapos florales y a los bulbos.
Importante: las esporas del hongo se dispersan por el viento y las gotas de lluvia, por lo que los focos de infección se extienden rápidamente por la parcela (Brewster, 2008).
¿Por qué se desarrolla el mildiú velloso?
El hongo Peronospora destructor prefiere el clima fresco y húmedo (Conn, 2012). Las esporas germinan a temperaturas de 3 a 25 °C, pero las condiciones óptimas para el desarrollo de la enfermedad son 10‑12 °C y humedad libre en las hojas durante 2‑4 horas (Brewster, 2008). La infección se produce a través de los estomas de las hojas, y a los 9‑16 días de la infección el hongo comienza a producir nuevas esporas.
La infección se conserva:
- en los restos vegetales del suelo;
- en bulbos y dientes infectados utilizados para la siembra;
- en plantones voluntarios de ajo (Brewster, 2008).
¿Qué hacer al detectar la enfermedad?
1. Medidas agronómicas:
- Elimine y destruya (queme) las plantas gravemente afectadas para evitar la propagación de esporas.
- Suspenda los riegos por aspersión en tiempo húmedo: el hongo se desarrolla especialmente activo con alta humedad.
- Asegure una buena ventilación de la plantación: mantenga una densidad de siembra óptima, elimine las malas hierbas que crean apretamiento y aumentan la humedad cerca del suelo (Torikov y Sychev, 2018).
2. Tratamientos preventivos:
- 20‑25 días antes de la emergencia o inmediatamente después de la emergencia, realice una pulverización preventiva con productos a base de cobre (caldo bordelés al 1%, oxicloruro de cobre) (Torikov y Sychev, 2018).
- Durante el período vegetativo, cuando aparezcan los primeros signos de la enfermedad, trate las plantas con fungicidas:
- Para el huerto aficionado: productos a base de metalaxil (p. ej., Ridomil Gold) combinados con fungicidas de contacto (mancozeb, clorotalonil) (Brewster, 2008; Conn, 2012).
- Es importante alternar productos con diferente mecanismo de acción para prevenir la resistencia del hongo (Brewster, 2008).
3. Elección de variedades y material de siembra:
- Utilice material de siembra sano de proveedores contrastados.
- Prefiera variedades resistentes al mildiú velloso (si se recomiendan para su región).
- Antes de la siembra, caliente los dientes de ajo durante 4 horas a 41 °C; este tratamiento térmico puede eliminar la infección latente (Brewster, 2008).
Qué NO hacer:
- No deje hojas afectadas ni restos vegetales en el bancal: son fuente de infección para el año siguiente.
- No utilice para la siembra dientes de plantas enfermas.
- No abuse de los fertilizantes nitrogenados: el exceso de nitrógeno hace que las hojas sean más suculentas y susceptibles a la infección (Torikov y Sychev, 2018; Brewster, 2008).
Recuerde lo principal:
El mildiú velloso es más fácil de prevenir que de curar. Las principales medidas preventivas son:
- rotación de cultivos (no vuelva a plantar ajo en el mismo lugar antes de 3‑4 años) (Torikov y Sychev, 2018);
- destrucción de los restos vegetales;
- siembra de dientes sanos;
- tratamientos preventivos con productos a base de cobre al inicio de la vegetación.
Con una detección oportuna y un enfoque adecuado, se puede detener la enfermedad y salvar la cosecha.
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Fusariosis (podredumbre fusariosa del disco basal, podredumbre basal)
La fusariosis es una enfermedad fúngica muy extendida causada por el hongo del suelo Fusarium oxysporum f. sp. cepae. Afecta al ajo en todas las etapas de crecimiento, desde la emergencia hasta el almacenamiento, y es especialmente peligrosa en tiempo cálido, en suelos anegados o pobres en materia orgánica (Brewster, 2008; Conn, 2012).
¿Cómo reconocer la fusariosis?
La enfermedad se desarrolla gradualmente y sus síntomas dependen de la etapa de crecimiento de la planta.
En el campo:
- Los primeros signos son el amarilleamiento, enrollamiento y secado de las puntas de las hojas (Conn, 2012).
- Las hojas afectadas se vuelven amarillas desde el ápice hacia la base, luego se vuelven marrones y mueren. El marchitamiento puede comenzar en hojas aisladas y luego abarcar toda la planta.
- Las raíces se vuelven de color marrón oscuro, se ablandan, se pudren y a veces adquieren un tono rosáceo (Brewster, 2008; Engeland, 1991).
- En el disco basal aparece una capa blanca o rosada de micelio: es el micelio del hongo (Conn, 2012).
- Las plantas enfermas se arrancan fácilmente del suelo debido a la destrucción del sistema radicular.
En los bulbos durante el almacenamiento:
- En el disco basal se forma una podredumbre de color marrón claro o rosado que asciende gradualmente por las escamas carnosas (Brewster, 2008; Conn, 2012).
- Las escamas afectadas se vuelven acuosas, se ablandan, el bulbo se seca y se convierte en una "momia".
- Puede aparecer una capa blanca o rosada entre las escamas.
Importante: la fusariosis suele confundirse con otras podredumbres. Su rasgo distintivo es que el ataque comienza por el disco basal y las raíces, no por el cuello ni por las escamas externas.
¿Por qué se desarrolla la fusariosis?
El hongo Fusarium es un habitante del suelo. Sobrevive en forma de clamidosporas (esporas de resistencia) y puede vivir en el suelo varios años, incluso en ausencia de plantas huésped (Brewster, 2008; Conn, 2012).
Factores que favorecen el desarrollo de la enfermedad:
- Clima cálido: el óptimo para el crecimiento del hongo es 28‑32 °C (Brewster, 2008). En tiempo fresco la enfermedad se desarrolla lentamente.
- Exceso de humedad en el suelo – especialmente combinado con altas temperaturas.
- Daños en raíces y disco basal – causados por insectos (mosca de la cebolla, ácaro de la raíz), nematodos, así como por escardas descuidadas o traumatismos mecánicos (Engeland, 1991; Torikov y Sychev, 2018).
- Suelos pobres en materia orgánica y arcillosos pesados – las raíces se desarrollan peor y son más fácilmente atacadas por el hongo (Engeland, 1991).
- Plantaciones densas – empeoran la ventilación y favorecen el encharcamiento de la zona radicular.
¿Qué hacer al detectar la fusariosis?
Por desgracia, no existen tratamientos químicos eficaces para las plantas ya enfermas en el campo. El control de la fusariosis es ante todo prevención y buenas prácticas agronómicas.
1. Rotación de cultivos:
- No vuelva a plantar ajo en el mismo lugar antes de 4‑5 años (se recomiendan 6 años) (Brewster, 2008; Torikov y Sychev, 2018).
- Los mejores cultivos precedentes son leguminosas, cucurbitáceas, col temprana, abonos verdes (Engeland, 1991). No plante ajo después de cebolla, patata u otros cultivos susceptibles a la fusariosis.
2. Selección y preparación del material de siembra:
- Utilice sólo dientes sanos, firmes, sin manchas ni daños, de proveedores contrastados.
- Antes de la siembra, descarte todos los dientes que presenten signos de pardeamiento o ablandamiento del disco basal.
- Como medida preventiva, puede tratar los dientes en una solución fungicida (p. ej., a base de tebuconazol o carboxina) siguiendo las instrucciones; esto reduce el riesgo de infección (Brewster, 2008).
- El calentamiento del material de siembra a 40‑45 °C durante varias horas suprime parcialmente la infección.
3. Mejora del suelo y cuidados:
- Incorpore compost bien descompuesto o estiércol: la materia orgánica mejora la estructura del suelo, favorece la microflora beneficiosa y refuerza la inmunidad de las plantas (Torikov y Sychev, 2018; Engeland, 1991).
- Evite el exceso de fertilizantes nitrogenados: hacen que los tejidos sean más laxos y susceptibles a la infección.
- Asegure un buen drenaje; no permita el estancamiento de agua en la zona radicular.
- Elimine oportunamente las malas hierbas y las plantas enfermas.
4. Control de plagas:
- Controle las poblaciones de mosca de la cebolla, ácaro de la raíz y nematodos; sus daños abren la puerta a la fusariosis (Engeland, 1991; Conn, 2012).
5. Cosecha y almacenamiento:
- Recoja el ajo sólo cuando esté completamente maduro y después del secado en el campo (con tiempo seco). No recoja bulbos mojados.
- Seque bien los bulbos con corriente de aire durante 2‑3 semanas, elimine los restos de tierra y los ejemplares infectados.
- Almacene el ajo a 0‑2 °C y 65‑70% de humedad; en estas condiciones el desarrollo de la fusariosis se ralentiza mucho (Brewster, 2008; Engeland, 1991).
Qué NO hacer:
- No plante ajo después de cebolla, patata u otros cultivos susceptibles a la fusariosis.
- No utilice para la siembra dientes con signos de podredumbre – incluso un solo diente enfermo puede ser fuente de infección para todo el bancal.
- No humedezca en exceso el suelo ni permita que se forme costra en la superficie.
- No retrase la cosecha – los bulbos sobremaduros con escamas agrietadas son más atacados por el hongo.
Recuerde lo principal:
La fusariosis es una enfermedad del suelo que es difícil de curar pero se puede prevenir. Medidas clave:
- rotación larga (4‑6 años);
- siembra de dientes sanos y tratados;
- mejora del drenaje y la fertilidad del suelo;
- protección de las raíces contra daños;
- cosecha y almacenamiento adecuados.
Si la fusariosis aparece en su parcela cada año, es una señal de que debe cambiar el lugar de siembra del ajo y mejorar el suelo con abonos verdes y fertilizantes orgánicos.
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Podredumbre blanca (podredumbre esclerocial)
La podredumbre blanca es una de las enfermedades fúngicas más peligrosas y difíciles de erradicar del ajo, causada por el hongo Sclerotium cepivorum. Puede destruir completamente la cosecha en una parcela infectada, y el patógeno persiste en el suelo hasta 10‑20 años (Brewster, 2008; Conn, 2012). A diferencia de muchas otras infecciones, la podredumbre blanca afecta sólo a plantas de la familia de las aliáceas (Allium), por lo que su aparición es una señal grave para el horticultor.
¿Cómo reconocer la podredumbre blanca?
Los síntomas aparecen gradualmente y a menudo se detectan en estados avanzados, cuando ya no es posible salvar las plantas.
En el campo:
- Los primeros signos son el amarilleamiento y marchitamiento de las hojas, empezando por las más viejas y bajas. Las hojas se vuelven amarillas desde el ápice hacia la base, se vuelven flácidas y se tumban (Conn, 2012; Engeland, 1991).
- Las raíces se pudren, se vuelven marrones y se desintegran; la planta se arranca fácilmente del suelo.
- En el disco basal y en la base del bulbo aparece una capa blanca y algodonosa – el micelio del hongo (véase Fig. 2). Con el tiempo, la capa se compacta.
- En el micelio blanco se forman pequeñas estructuras redondas (0,5‑1 mm) de color negro o marrón oscuro: los esclerocios. Son estructuras de resistencia del hongo, parecidas a semillas de mostaza (Engeland, 1991; Conn, 2012).
- El bulbo afectado se vuelve blando, acuoso, luego se pudre y se momifica.
- La enfermedad se manifiesta en focos: en la parcela se ven claros con plantas amarillentas y muertas que se van extendiendo gradualmente (Conn, 2012).
En los bulbos durante el almacenamiento:
- Un bulbo aparentemente sano puede empezar a pudrirse desde el interior: los tejidos se ablandan, se vuelven acuosos, aparece la capa blanca y los esclerocios.
- Los bulbos infectados se pudren rápidamente e infectan a los vecinos.
Importante: la podredumbre blanca puede confundirse fácilmente con la fusariosis o con la podredumbre bacteriana. El rasgo distintivo es la presencia de micelio blanco y algodonoso y de esclerocios negros en el disco basal y en la base del bulbo (Conn, 2012; Brewster, 2008).
¿Por qué se desarrolla la podredumbre blanca?
El hongo Sclerotium cepivorum es un patógeno especializado de las aliáceas. Sus esclerocios permanecen viables en el suelo más de 10 años, y según algunos datos hasta 20 años o más (Brewster, 2008; Engeland, 1991).
Factores que favorecen el desarrollo de la enfermedad:
- Clima moderadamente fresco: el óptimo para la germinación de los esclerocios y el crecimiento del hongo es 14‑18 °C (Brewster, 2008). Por encima de 25 °C el desarrollo se ralentiza, y a 30 °C o más se detiene (Engeland, 1991).
- Suelo húmedo: se necesita alta humedad del suelo para la germinación de los esclerocios y la infección de las raíces.
- Exudados radiculares del ajo y otras aliáceas: los esclerocios germinan sólo en presencia de compuestos volátiles específicos (que contienen azufre) liberados por las raíces de las aliáceas (Brewster, 2008; Conn, 2012). Esto explica por qué la enfermedad afecta sólo a los cultivos de esta familia.
- Plantaciones densas y mala ventilación – aumentan la humedad en la zona radicular.
- Daños en raíces y disco basal causados por insectos, nematodos o labores mecánicas facilitan la entrada del hongo.
¿Qué hacer al detectar la podredumbre blanca?
La podredumbre blanca prácticamente no tiene tratamiento en el campo. Todas las medidas van dirigidas a evitar la introducción y a reducir el número de esclerocios en el suelo.
1. Cuarentena y prevención de la introducción:
- Nunca plante ajo, cebolla u otras aliáceas en parcelas donde se haya detectado previamente podredumbre blanca (Engeland, 1991; Brewster, 2008). La vuelta al mismo lugar es posible sólo después de 10‑15 años.
- Compre material de siembra (dientes, bulbillos) sólo de proveedores fiables que cuenten con certificados fitosanitarios (especialmente si vive en una región con cultivo intensivo de cebolla) (Engeland, 1991; Brewster, 2008).
- No introduzca en su parcela tierra de huertos vecinos, no utilice compost no verificado que pudiera contener restos de aliáceas.
- Limpie cuidadosamente el calzado y las herramientas de jardinería después de trabajar en otros lugares, especialmente si allí se cultivaron cebolla o ajo.
2. Medidas agronómicas cuando aparece la enfermedad:
- Ante los primeros signos, elimine y queme inmediatamente todas las plantas afectadas junto con el terrón de tierra circundante (Engeland, 1991). Hágalo con cuidado para no dispersar los esclerocios por la parcela.
- Trate los lugares afectados (donde crecían las plantas enfermas) con cal apagada o con un fungicida específico (que contenga tebuconazol) siguiendo las instrucciones, para suprimir los esclerocios en el suelo (Brewster, 2008).
- No ponga los restos vegetales (especialmente de aliáceas) en el compost – los esclerocios pueden sobrevivir si el compost no alcanza suficiente temperatura.
3. Métodos para reducir el inóculo en el suelo (para aficionados con precaución):
- Solarización: en regiones cálidas (con temperaturas superiores a 35 °C), cubra el suelo húmedo con plástico transparente durante 6‑8 semanas en verano. Esto puede eliminar los esclerocios en la capa superficial (Brewster, 2008; Conn, 2012). Este método es eficaz sólo con fuerte insolación.
- Métodos biológicos (experimentales): la aplicación al suelo de productos a base del hongo antagonista Trichoderma o bacterias (p. ej., Bacillus subtilis) puede reducir el número de esclerocios, pero el efecto es variable y depende del tipo de suelo y del clima (Brewster, 2008). En la horticultura aficionada aún no se usan ampliamente.
- Germinación inducida de los esclerocios: la aplicación al suelo de productos a base de aceite de ajo o dialildisulfuro (componente del aceite esencial de ajo) puede estimular la germinación de los esclerocios en ausencia de plantas huésped, tras lo cual el hongo muere. Sin embargo, este método requiere una dosificación precisa y da resultados variables (Brewster, 2008; Conn, 2012).
4. Rotación de cultivos y abonos verdes:
- En regiones infectadas, planifique la rotación de modo que las aliáceas (ajo, cebolla, puerro, chalote) vuelvan a la parcela lo menos posible. Siémbrelas en el mismo lugar no más de una vez cada 5‑7 años, y mejor aún, con menos frecuencia.
- Los abonos verdes de cereales (avena, centeno, trigo) y leguminosas (altramuz, veza) dan buenos resultados, ya que no son huéspedes de Sclerotium cepivorum y pueden contribuir a la recuperación del suelo.
Qué NO hacer:
- No plante ajo después de cebolla, puerro, chalote u otras aliáceas, incluso si estuvieron sanas – los esclerocios pudieron permanecer en el suelo.
- No utilice la parcela infectada para cultivar aliáceas durante al menos 10 años.
- No deje en el bancal plantas enfermas ni sus restos – los esclerocios quedarán en el suelo.
- No composte bulbos ni hojas enfermas – los esclerocios resisten un compostaje incompleto.
- No confíe en "soluciones milagrosas" rápidas – la podredumbre blanca no se cura con pulverizaciones fungicidas foliares normales.
Recuerde lo principal:
La podredumbre blanca es una sentencia para la parcela durante muchos años. La única forma segura de evitarla es prevenir su introducción:
- compre dientes sanos a proveedores contrastados;
- observe una estricta cuarentena;
- ante los primeros signos, elimine y queme las plantas con el terrón de tierra;
- no vuelva a plantar ajo en el lugar infectado durante 10‑15 años.
Si aparece la podredumbre blanca, dedique esa parcela a otros cultivos (no aliáceos) y reserve un nuevo bancal para el ajo, preferiblemente a cierta distancia.
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Podredumbre del cuello (podredumbre gris del cuello, botritis)
La podredumbre del cuello es una de las enfermedades fúngicas más comunes del ajo y la cebolla durante el almacenamiento, causada por varias especies del género Botrytis (principalmente Botrytis allii, B. aclada y B. byssoidea). A diferencia de la podredumbre blanca y la fusariosis, que afectan a raíces y disco basal, la podredumbre del cuello comienza en la parte superior del bulbo – el cuello – y se extiende rápidamente hacia el interior, haciendo la cosecha no apta para el almacenamiento (Brewster, 2008; Conn, 2012).
¿Cómo reconocer la podredumbre del cuello?
La enfermedad suele pasar desapercibida en el campo y se manifiesta 2‑3 meses después del almacenamiento (Brewster, 2008).
En el campo:
- Los síntomas son casi invisibles en el campo; las plantas pueden parecer sanas hasta la cosecha.
- Ocasionalmente, aparecen pequeñas manchas pálidas con tono grisáceo o pardusco en hojas y tallos, especialmente en tiempo húmedo (Conn, 2012).
- En infecciones graves, puede observarse un amarilleamiento prematuro y el tumbado de las hojas, pero es raro.
En los bulbos durante el almacenamiento:
- El primer signo es el ablandamiento de los tejidos en la zona del cuello (donde se cortó la parte aérea). El tejido se vuelve acuoso, de color marrón claro o grisáceo (Conn, 2012).
- La podredumbre se extiende gradualmente hacia el interior del bulbo, afectando a las escamas carnosas. Éstas se vuelven marrones, acuosas y se ablandan (Brewster, 2008).
- En la superficie de los tejidos afectados, especialmente entre las escamas, aparece una capa gris o gris parduzca y algodonosa – la esporulación del hongo (Conn, 2012).
- Más tarde, pueden formarse pequeños esclerocios negros (estructuras de resistencia) de 1‑3 mm en el bulbo y en el cuello (Brewster, 2008; Conn, 2012).
- En casos avanzados, el bulbo se pudre completamente, convirtiéndose en una masa seca momificada, o se ablanda y desprende un olor desagradable (especialmente si se añade una infección bacteriana secundaria).
Importante: la podredumbre del cuello puede confundirse con la podredumbre bacteriana blanda. El rasgo distintivo de la botritis es la presencia de capa gris algodonosa y esclerocios negros, y el inicio característico de la podredumbre por el cuello, no por el disco basal ni por la superficie lateral (Conn, 2012; Brewster, 2008).
¿Por qué se desarrolla la podredumbre del cuello?
Los hongos del género Botrytis son saprótrofos típicos que viven sobre restos vegetales en descomposición y penetran fácilmente en tejidos debilitados o dañados (Brewster, 2008).
Factores que favorecen el desarrollo de la enfermedad:
- Material de siembra y semillas infectados: el hongo puede sobrevivir en la superficie de las semillas y en los tejidos de los dientes (Brewster, 2008). Es una de las principales vías de propagación.
- Alta humedad durante la vegetación y la maduración: el tiempo lluvioso, los rocíos frecuentes, las plantaciones densas y la mala ventilación favorecen la infección de hojas y cuello (Conn, 2012; Torikov y Sychev, 2018).
- Cosecha tardía y bulbos húmedos: si el ajo se recolecta en tiempo húmedo o después de que la parte aérea se haya tumbado y empezado a pudrirse, el hongo penetra fácilmente por el cuello (Engeland, 1991).
- Daños durante la cosecha: arranque descuidado, corte de la parte aérea demasiado cerca del bulbo o traumatismos mecánicos crean puertas de entrada a la infección (Brewster, 2008; Engeland, 1991).
- Secado insuficiente de los bulbos antes del almacenamiento: los bulbos húmedos con el cuello sin secar son especialmente vulnerables (Brewster, 2008).
- Almacenamiento a alta humedad y temperatura: el óptimo para el crecimiento del hongo es 22‑23 °C, pero puede desarrollarse a temperaturas más bajas (5‑25 °C), especialmente con alta humedad (Conn, 2012; Brewster, 2008). A baja humedad (65‑70%) y temperatura alrededor de 0 °C, el hongo se desarrolla muy lentamente.
¿Qué hacer al detectar la podredumbre del cuello?
Durante el período vegetativo:
- Inspeccione cuidadosamente las plantaciones, especialmente en tiempo húmedo. Si detecta manchas en las hojas, realice un tratamiento preventivo con fungicidas recomendados para botritis (p. ej., a base de iprodiona o fludioxonil), siguiendo estrictamente las instrucciones (Brewster, 2008). En horticultura aficionada, se pueden usar biofungicidas a base de Bacillus subtilis o del hongo antagonista Trichoderma (Conn, 2012).
Durante la cosecha y la preparación para el almacenamiento:
- Recoja el ajo sólo en tiempo seco, cuando la parte aérea esté amarilla y tumbada, pero no completamente seca ni empezando a pudrirse (Engeland, 1991).
- No corte la parte aérea demasiado corta: deje un muñón de 3‑5 cm para reducir el riesgo de infección a través del cuello (Engeland, 1991; Torikov y Sychev, 2018).
- Seque bien los bulbos después de la cosecha durante 2‑3 semanas en un lugar cálido y bien ventilado (temperatura 25‑30 °C, humedad 60‑70%). Durante este tiempo, el cuello debe secarse completamente (Brewster, 2008; Engeland, 1991).
- Antes del almacenamiento, descarte todos los bulbos con signos de ablandamiento del cuello, manchas o daños (Conn, 2012). Incluso un bulbo enfermo puede ser fuente de infección para toda la cosecha.
Durante el almacenamiento:
- Almacene el ajo a 0‑2 °C (o un poco más, pero no más de +5 °C) y con una humedad relativa del 65‑70% (Brewster, 2008; Engeland, 1991). Estas condiciones ralentizan el desarrollo del hongo.
- Asegure una buena ventilación para evitar la formación de condensación en los bulbos (Conn, 2012).
- Revise regularmente el ajo almacenado y retire cualquier bulbo sospechoso antes de que la podredumbre se propague a los vecinos.
La prevención es la base del control
La podredumbre del cuello es una enfermedad que es más fácil de prevenir que de curar. Principales medidas preventivas:
1. Material de siembra sano:
- Utilice sólo dientes sanos de proveedores contrastados. Evite plantar ajo procedente de bulbos infectados (Brewster, 2008).
- Al comprar semillas, preste atención a su limpieza y a la ausencia de moho.
2. Rotación de cultivos y buenas prácticas agronómicas:
- Siga la rotación: no plante ajo después de cebolla u otras aliáceas durante al menos 3‑4 años (Torikov y Sychev, 2018).
- Elimine los restos vegetales (parte aérea, hojas) después de la cosecha, ya que los esclerocios del hongo pueden sobrevivir en ellos (Conn, 2012).
- Evite las plantaciones densas y el exceso de nitrógeno – esto produce tejidos suculentos y laxos, más susceptibles a la infección (Engeland, 1991).
3. Cosecha y secado adecuados:
- Recoja el ajo en tiempo seco, evitando la sobremaduración y el tumbado de la parte aérea seguido de podredumbre.
- Seque bien los bulbos antes del almacenamiento – es el paso más importante para prevenir la podredumbre del cuello (Brewster, 2008).
4. Tratamiento previo al almacenamiento (adicional):
- Algunos horticultores calientan el ajo durante 8‑10 horas a 40‑42 °C antes del almacenamiento para suprimir la infección superficial, pero este método requiere cuidado (Engeland, 1991).
- En producción comercial se tratan los bulbos con fungicidas (p. ej., a base de tebuconazol), pero no siempre es accesible o aconsejable para el horticultor aficionado (Brewster, 2008).
Qué NO hacer:
- No recoja el ajo en tiempo húmedo ni inmediatamente después de la lluvia.
- No corte la parte aérea demasiado corta; deje un muñón.
- No almacene bulbos insuficientemente secos.
- No almacene el ajo con humedad alta (más del 75%) – esto favorece el desarrollo del hongo.
- No almacene el ajo junto con otras verduras (especialmente patatas y col) que puedan ser fuente de infección.
Recuerde lo principal:
La podredumbre del cuello es una típica enfermedad de almacenamiento que comienza en el campo pero se manifiesta en el almacén. Las principales medidas de protección son:
- cultivar material de siembra sano;
- secado adecuado y curado del cuello después de la cosecha;
- corte cuidadoso de la parte aérea dejando un muñón;
- almacenamiento a baja temperatura (0‑2 °C) y humedad moderada (65‑70%);
- inspección regular y eliminación de bulbos enfermos.
Si observa capa gris y esclerocios negros en los bulbos, aíslelos y destrúyalos inmediatamente para salvar el resto de la cosecha.
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Podredumbres bacterianas
Las podredumbres bacterianas son un grupo de enfermedades causadas por diversas bacterias que afectan al ajo tanto en el campo como durante el almacenamiento. A diferencia de las infecciones fúngicas, las podredumbres bacterianas se desarrollan muy rápidamente, especialmente en tiempo cálido y húmedo, y suelen ir acompañadas de un olor desagradable y penetrante (Brewster, 2008; Conn, 2012). Estas enfermedades son especialmente peligrosas para los bulbos destinados a un almacenamiento prolongado.
¿Cómo reconocer las podredumbres bacterianas?
Los síntomas dependen de la especie bacteriana y de la localización de la infección, pero hay signos comunes característicos de todas las podredumbres bacterianas.
En el campo:
- Las hojas se vuelven amarillas, se marchitan, se vuelven flácidas y se tumban. A menudo se observa el "arranque" de las hojas del bulbo – se separan fácilmente por el cuello (Conn, 2012).
- En la base de las hojas y en el cuello aparece tejido acuoso y ablandado que se oscurece rápidamente (de amarillo claro a marrón o negro).
- Los bulbos en el campo pueden tener un aspecto externo sano, pero al cortarlos se ven escamas acuosas y ablandadas con olor desagradable.
En los bulbos durante el almacenamiento:
- Podredumbre bacteriana blanda (causada por Pectobacterium carotovorum, Dickeya chrysanthemi): las escamas afectadas se vuelven acuosas, de color amarillo claro o grisáceo, se ablandan hasta una consistencia pastosa. Al presionar, sale un líquido fétido por el cuello (Brewster, 2008; Conn, 2012).
- Podredumbre mucosa ("piel resbaladiza", slippery skin) (causada por Burkholderia gladioli pv. alliicola): la podredumbre comienza en las escamas internas, que se vuelven mucilaginosas, acuosas y se separan fácilmente de las vecinas. Al apretar el bulbo, su núcleo puede "resbalar" a través del cuello – de ahí el nombre (Conn, 2012; Brewster, 2008).
- Podredumbre ácida (sour skin) (causada por Burkholderia cepacia): afecta a las escamas externas, que se vuelven de color amarillo parduzco y mucilaginosas. El bulbo adquiere un olor acre a vinagre o agrio debido a la actividad de microorganismos acompañantes (levaduras) (Conn, 2012; Brewster, 2008).
- Podredumbre central (center rot) (causada por Pantoea ananatis y @bio[P. agglomerans]): la podredumbre comienza en las hojas centrales, que se vuelven pálidas, acuosas y luego marrones. De las plantas afectadas emana un fuerte olor desagradable (Brewster, 2008; Conn, 2012).
Importante: las podredumbres bacterianas suelen desarrollarse secundariamente en bulbos ya afectados por enfermedades fúngicas (fusariosis, podredumbre blanca) o dañados por plagas (mosca de la cebolla, nematodos) (Brewster, 2008; Engeland, 1991). El rasgo distintivo de la infección bacteriana es la podredumbre acuosa, a menudo maloliente, que se extiende rápidamente por el bulbo.
¿Por qué se desarrollan las podredumbres bacterianas?
Las bacterias causantes de podredumbres están ampliamente distribuidas en la naturaleza: viven en el suelo, en los restos vegetales, en la superficie de las plantas e incluso en el intestino de los insectos plaga (Brewster, 2008; Conn, 2012).
Factores que favorecen el desarrollo:
- Clima cálido y húmedo: la mayoría de las bacterias se multiplican activamente a 20‑30 °C, especialmente con alta humedad y humedad libre en hojas y bulbos (Conn, 2012; Brewster, 2008).
- Daños en los tejidos: las bacterias penetran en las plantas sólo a través de heridas – daños mecánicos durante escarda, cosecha, corte de la parte aérea, y también a través de daños causados por plagas (mosca de la cebolla, trips, nematodos) (Brewster, 2008; Conn, 2012).
- Material de siembra infectado: muchas bacterias pueden sobrevivir en la superficie de los dientes y transmitirse con ellos a nuevos bancales (Brewster, 2008; Conn, 2012).
- Exceso de fertilizantes nitrogenados: los tejidos suculentos y laxos son más susceptibles a la infección (Conn, 2012; Torikov y Sychev, 2018).
- Almacenamiento inadecuado: alta humedad, mala ventilación, daños en los bulbos durante el almacenamiento crean condiciones ideales para el desarrollo bacteriano (Brewster, 2008; Engeland, 1991).
¿Qué hacer al detectar podredumbres bacterianas?
A diferencia de muchas enfermedades fúngicas, las infecciones bacterianas no se curan en el campo ni en el almacén. Todas las medidas van dirigidas a la prevención y a evitar la propagación.
1. En el campo:
- Al detectar plantas con signos de podredumbre bacteriana (marchitamiento, ablandamiento del cuello), elimínelas y quémelas inmediatamente junto con el terrón de tierra circundante (Conn, 2012; Engeland, 1991). No deje plantas enfermas en el bancal.
- Suspenda los riegos por aspersión, especialmente en tiempo caluroso, para reducir la propagación de bacterias con las gotas de agua (Conn, 2012).
- Trate las plantaciones con productos a base de cobre (caldo bordelés, oxicloruro de cobre) como medida preventiva, especialmente antes del inicio de la formación de bulbos. El cobre suprime muchas bacterias (Conn, 2012; Brewster, 2008). Sin embargo, recuerde que las bacterias pueden desarrollar resistencia al cobre, por lo que alterne productos con diferentes principios activos si es posible.
2. Durante la cosecha y la preparación para el almacenamiento:
- Recoja el ajo sólo en tiempo seco. Los bulbos húmedos son un medio ideal para las bacterias (Engeland, 1991).
- Evite daños al arrancar: use una horquilla o pala, levante los bulbos con cuidado, no tire de la parte aérea (Engeland, 1991).
- Corte la parte aérea con una herramienta afilada y limpia, dejando un muñón de 3‑5 cm. No dañe el cuello ni la parte superior del bulbo (Engeland, 1991).
- Seque bien los bulbos durante 2‑3 semanas a 25‑30 °C con buena ventilación. Esto favorece la cicatrización de pequeñas heridas y dificulta el desarrollo bacteriano (Brewster, 2008; Engeland, 1991).
- Descarte todos los bulbos con daños mecánicos, grietas, abolladuras o signos de ablandamiento – serán fuente de infección en el almacén (Conn, 2012).
3. En el almacén:
- Almacene el ajo a baja temperatura (0‑2 °C) y humedad relativa del 65‑70% (Brewster, 2008; Engeland, 1991). En estas condiciones las bacterias se desarrollan muy lentamente.
- Asegure una buena ventilación para evitar la condensación sobre los bulbos.
- Inspeccione regularmente el ajo almacenado y retire inmediatamente cualquier bulbo con signos de podredumbre para evitar la infección de los vecinos (Conn, 2012).
4. Control de plagas:
- Controle la mosca de la cebolla, los trips, el ácaro de la raíz y los nematodos – no sólo dañan los tejidos sino que también pueden transportar bacterias (Brewster, 2008; Engeland, 1991). Utilice insecticidas autorizados y métodos agronómicos (rotación, eliminación de restos vegetales).
Qué NO hacer:
- No recoja el ajo en tiempo húmedo ni inmediatamente después del riego.
- No corte la parte aérea demasiado corta ni dañe el cuello.
- No almacene bulbos insuficientemente secos, sucios o dañados.
- No permita que la humedad en el almacén supere el 75% – esto favorece el desarrollo bacteriano.
- No utilice para la siembra dientes de bulbos que hayan presentado signos de podredumbre – las bacterias pueden persistir en su interior.
Recuerde lo principal:
Las podredumbres bacterianas del ajo son enfermedades de tejidos dañados y excesivamente húmedos. Principales medidas preventivas:
- cultivar material de siembra sano;
- proteger las plantas de daños (plagas y mecánicos);
- cosechar sólo en tiempo seco;
- secar bien los bulbos antes del almacenamiento;
- almacenar a baja temperatura (0‑2 °C) y humedad moderada (65‑70%);
- inspeccionar regularmente y eliminar bulbos enfermos.
Las bacterias son compañeras constantes del suelo y de los restos vegetales, por lo que es imposible evitar completamente su presencia. Pero creando condiciones desfavorables para ellas (sequedad, baja temperatura, ausencia de heridas), conservará la cosecha.
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Moho negro (aspergilosis, carbón negro)
El moho negro es una enfermedad fúngica muy extendida del ajo y la cebolla, causada por el hongo Aspergillus niger. Es una típica enfermedad de almacenamiento que se desarrolla principalmente en condiciones cálidas y afecta sobre todo a bulbos debilitados, dañados o sobremaduros (Brewster, 2008; Conn, 2012). A diferencia de otras podredumbres, el moho negro suele quedar superficial, pero en condiciones favorables penetra en el interior y hace que los bulbos no sean aptos para el consumo.
¿Cómo reconocer el moho negro?
Los síntomas suelen aparecer en los bulbos durante el almacenamiento, pero también pueden comenzar a desarrollarse en el campo – en plantas sobremaduras, dañadas o tumbadas (Conn, 2012).
En el campo:
- La enfermedad se manifiesta raramente en el campo, principalmente en hojas y tallos viejos, marchitos o dañados.
- Pueden aparecer manchas oscuras, casi negras, en el cuello y la parte superior del bulbo, semejantes a una capa hollinosa (Conn, 2012).
- En tiempo húmedo y cálido, las esporas del hongo se dispersan rápidamente por la parcela y se depositan sobre las plantas debilitadas.
En los bulbos durante el almacenamiento:
- Los primeros signos son una capa negra, hollinosa o aterciopelada en las escamas secas externas, especialmente en la zona del cuello o en los lugares con daños mecánicos (Conn, 2012).
- A menudo la capa se forma a lo largo de las nervaduras de las escamas secas o entre ellas, sin penetrar inmediatamente en el interior del bulbo (Brewster, 2008).
- Los tejidos bajo la capa se vuelven acuosos, luego pardos, se ablandan y se secan (Conn, 2012).
- Con alta humedad y temperatura, la capa negra se extiende a las escamas carnosas internas, el bulbo se pudre completamente y se convierte en una masa negra y seca (Brewster, 2008).
- A menudo, tras el moho negro se desarrollan podredumbres bacterianas, ya que el hongo destruye los tejidos protectores y abre el paso a las bacterias (Brewster, 2008; Conn, 2012).
Importante: el moho negro se distingue fácilmente de otras enfermedades por la característica capa negra aterciopelada, que recuerda al hollín o a la ceniza. A diferencia de la podredumbre del cuello (capa gris) o la penicilosis (capa verdosa‑azulada), la capa de Aspergillus niger es siempre de un negro intenso (Conn, 2012; Brewster, 2008).
¿Por qué se desarrolla el moho negro?
El hongo Aspergillus niger es un cosmopolita; se encuentra en todas partes: en el suelo, en restos vegetales, en el aire, en superficies. Sus esporas son muy resistentes y se dispersan fácilmente por el viento, el agua y los insectos (Brewster, 2008; Conn, 2012).
Factores que favorecen el desarrollo:
- Temperatura alta: el óptimo para el crecimiento del hongo es 28‑34 °C, pero puede desarrollarse a temperaturas de 10 a 40 °C (Brewster, 2008; Conn, 2012). Por eso el moho negro es especialmente peligroso en regiones cálidas y en años con veranos calurosos.
- Humedad: para la germinación de las esporas se necesita alta humedad (80‑90% o más). El hongo se desarrolla especialmente activo cuando se forma condensación en los bulbos (Conn, 2012).
- Daños en los bulbos: el hongo penetra a través de cualquier traumatismo mecánico – rasguños, grietas, rozaduras, lugares de corte, daños por plagas (Brewster, 2008; Engeland, 1991).
- Sobremaduración de los bulbos: en bulbos sobremaduros las escamas se agrietan, lo que facilita la infección (Engeland, 1991).
- Secado inadecuado: un secado insuficiente o, por el contrario, un secado demasiado prolongado y caliente (especialmente por encima de 35 °C) puede debilitar los bulbos y favorecer el desarrollo del hongo (Brewster, 2008).
- Almacenamiento a temperatura elevada: si el almacén no se enfría suficientemente y la temperatura se mantiene por encima de 20 °C, el riesgo de moho negro aumenta bruscamente (Conn, 2012).
¿Qué hacer al detectar moho negro?
Los bulbos afectados son prácticamente incurables, por lo que los esfuerzos deben dirigirse a la prevención y a evitar la propagación.
1. En el campo y durante la cosecha:
- Recoja el ajo en el momento oportuno, evitando la sobremaduración y el agrietamiento de las escamas (Engeland, 1991).
- Recoja sólo en tiempo seco, para que los bulbos no estén mojados (Engeland, 1991).
- Manipule los bulbos con cuidado durante el arranque y el corte de la parte aérea, evite daños (Engeland, 1991; Conn, 2012).
- Corte la parte aérea dejando un muñón de 3‑5 cm para no dañar el cuello (Engeland, 1991).
- Elimine todos los restos vegetales de la parcela – el hongo puede sobrevivir en ellos (Conn, 2012).
2. Secado y preparación para el almacenamiento:
- Seque bien los bulbos después de la cosecha. Condiciones óptimas: temperatura 25‑30 °C, buena ventilación, humedad 60‑70%, duración 2‑3 semanas (Brewster, 2008; Engeland, 1991).
- No permita el sobrecalentamiento durante el secado: temperaturas superiores a 35 °C pueden debilitar los bulbos y favorecer el desarrollo del hongo (Brewster, 2008).
- Antes del almacenamiento, inspeccione cuidadosamente cada bulbo. Descarte todos los ejemplares con capa negra, daños mecánicos, grietas y signos de ablandamiento (Conn, 2012). Incluso un pequeño foco puede ser fuente de infección.
3. Almacenamiento:
- Almacene el ajo a baja temperatura (0‑2 °C) y humedad relativa del 65‑70% (Brewster, 2008; Engeland, 1991). En estas condiciones, el hongo prácticamente no se desarrolla.
- Asegure una buena ventilación en el almacén para evitar la condensación sobre los bulbos (Conn, 2012).
- Inspeccione regularmente el ajo almacenado y retire inmediatamente todos los bulbos con signos de moho negro para evitar la infección de los vecinos (Conn, 2012).
- Cuando se almacene en condiciones cálidas (por ejemplo, en regiones del sur), trate adicionalmente los bulbos antes del almacenamiento. Algunos horticultores espolvorean con tiza o ceniza – esto crea un entorno desfavorable para el hongo y reduce la humedad en la superficie de los bulbos (Engeland, 1991; Conn, 2012). También es aceptable el tratamiento con productos de azufre (azufre coloidal) antes del almacenamiento – el azufre tiene acción fungicida (Engeland, 1991).
4. Control de plagas:
- Controle las poblaciones de trips, ácaros y otras plagas que dañan los bulbos y crean puertas de entrada a la infección (Engeland, 1991; Conn, 2012).
Qué NO hacer:
- No recoja el ajo en tiempo húmedo ni inmediatamente después del riego.
- No dañe los bulbos durante la cosecha y el corte de la parte aérea.
- No corte la parte aérea demasiado corta – deje un muñón.
- No almacene bulbos insuficientemente secos, sucios o dañados.
- No almacene el ajo con humedad alta (más del 75%) – esto favorece el moho negro.
- No permita que la temperatura en el almacén supere los 15‑20 °C durante el almacenamiento, a menos que utilice regímenes especiales con baja humedad.
Recuerde lo principal:
El moho negro es una enfermedad del almacenamiento cálido y de los tejidos dañados. No es peligroso para los bulbos sanos, correctamente secados y almacenados a baja temperatura. Principales medidas de protección:
- cosecha oportuna y manipulación cuidadosa;
- secado completo a 25‑30 °C sin sobrecalentamiento;
- descarte de todos los bulbos dañados y sospechosos;
- almacenamiento a baja temperatura (0‑2 °C) y humedad moderada (65‑70%);
- inspección regular y eliminación de bulbos enfermos.
Si aparece moho negro en el almacén, es una señal de que las condiciones de almacenamiento son incorrectas: demasiado húmedo, demasiado cálido, o se almacenaron bulbos insuficientemente secos o dañados.
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Penicilosis (moho verde, moho azulado)
La penicilosis es una enfermedad fúngica común del ajo y la cebolla, causada por varias especies del género Penicillium, principalmente Penicillium allii (antes conocido como P. corymbiferum y P. hirsutum) (Brewster, 2008; Conn, 2012). A diferencia del moho negro, que suele quedar superficial, la penicilosis penetra profundamente en los tejidos del bulbo, haciéndolo no apto para el consumo ni para la siembra. Es una típica enfermedad de almacenamiento y de material de siembra, que se desarrolla activamente cuando los dientes se dañan durante la separación y en condiciones de almacenamiento inadecuadas (Engeland, 1991).
¿Cómo reconocer la penicilosis?
Los síntomas pueden aparecer tanto en los bulbos almacenados como en el material de siembra – los dientes que comienzan a pudrirse en el suelo o durante el almacenamiento.
En los bulbos durante el almacenamiento:
- En las escamas externas o en los lugares dañados aparecen manchas de color amarillo pálido, acuosas, que aumentan gradualmente (Conn, 2012).
- Los tejidos afectados se ablandan, se vuelven acuosos, de color marrón claro o grisáceo (Conn, 2012).
- En la superficie de las manchas y alrededor de ellas se forma una capa algodonosa característica de color verde azulado o verde azuloso – la esporulación del hongo (Conn, 2012; Engeland, 1991).
- Con el tiempo, el bulbo puede pudrirse completamente, convirtiéndose en una masa blanda o seca atravesada por una capa verde. A menudo se desprende un olor a moho y a tierra (Conn, 2012).
- A diferencia del moho negro, la capa de la penicilosis tiene un tono verdoso o azulado característico, no negro (Conn, 2012).
En los dientes de siembra:
- Los dientes infectados con penicilosis se vuelven blandos durante el almacenamiento y aparecen manchas y capas verdosas (Engeland, 1991).
- Al plantar, estos dientes a menudo no germinan o producen brotes débiles y amarillentos. Las plantas jóvenes pueden morir, y el diente en el suelo queda cubierto de moho verde azulado (Engeland, 1991; Brewster, 2008).
Importante: la penicilosis infecta a menudo los dientes en los lugares de daño – durante la separación de los bulbos en dientes, traumatismos mecánicos, daños por plagas. El rasgo distintivo es la capa verde azulada y el olor a moho, así como el inicio de la podredumbre en las zonas dañadas (Engeland, 1991; Conn, 2012).
¿Por qué se desarrolla la penicilosis?
Los hongos del género Penicillium están muy extendidos en la naturaleza: viven en el suelo, en restos vegetales, en la superficie de las plantas. Las esporas se dispersan fácilmente por el viento y el agua (Brewster, 2008; Engeland, 1991).
Factores que favorecen el desarrollo:
- Daños en los tejidos: el hongo penetra a través de cualquier daño mecánico – rasguños, rozaduras, grietas, puntos de separación de los dientes del disco basal (Engeland, 1991; Conn, 2012). Por eso la penicilosis se llama a menudo "enfermedad de la separación" – se desarrolla activamente en los dientes dañados al "desmontar" los bulbos para la siembra (Engeland, 1991).
- Alta humedad: para la germinación de las esporas y el desarrollo del hongo se necesita una humedad del aire superior al 75‑80% (Conn, 2012; Brewster, 2008).
- Temperatura: el óptimo para la mayoría de las especies de Penicillium es 21‑25 °C, pero algunas pueden crecer a temperaturas más bajas (Conn, 2012; Brewster, 2008). Es importante destacar que Penicillium allii es casi inactivo a temperaturas inferiores a 15 °C, por lo que el almacenamiento en frío previene eficazmente la enfermedad (Brewster, 2008).
- Almacenamiento prolongado: con el tiempo, los bulbos se debilitan y el riesgo de penicilosis aumenta (Engeland, 1991).
- Material de siembra infectado: si al separar los bulbos en dientes al menos un diente estaba infectado con penicilosis, sus esporas pueden infectar a todos los demás dientes del lote (Engeland, 1991).
¿Qué hacer al detectar penicilosis?
Los dientes y bulbos afectados no tienen cura. Todas las medidas deben ir dirigidas a la prevención y a evitar la propagación.
1. Durante la preparación del material de siembra:
- Para la siembra, utilice sólo bulbos firmes, duros, sanos, sin signos de blandura, manchas o moho (Engeland, 1991).
- Separe los bulbos en dientes no antes de 1‑2 días antes de la siembra, para evitar el almacenamiento prolongado de dientes dañados (Engeland, 1991; Brewster, 2008).
- Trabaje con cuidado: trate de no dañar el disco basal (placa basal) ni las envolturas de los dientes al separarlos. Los dientes dañados son los más vulnerables (Engeland, 1991).
- Durante la separación, inspeccione cuidadosamente cada diente: todos los ejemplares con capa verdosa, blandura o manchas deben ser descartados inmediatamente (Engeland, 1991).
- No desmonte bulbos con signos evidentes de podredumbre entre bulbos sanos – las esporas pueden extenderse a todo el material de siembra (Engeland, 1991). Es mejor desechar esos bulbos enteros.
2. Tratamientos preventivos de los dientes (para aficionados):
- Antes de la siembra, es útil espolvorear los dientes con ceniza de madera o tiza molida – esto crea un entorno desfavorable para el hongo y seca la superficie (Engeland, 1991).
- En producción comercial se aplican tratamientos fungicidas a los dientes (p. ej., a base de tiram, carboxina o tebuconazol), pero no siempre es accesible para el horticultor aficionado (Brewster, 2008; Conn, 2012). Si utiliza fungicidas, siga estrictamente las instrucciones.
- En regiones áridas, un riego abundante después de la siembra puede suprimir el desarrollo del hongo, ya que Penicillium es menos activo en condiciones de alta humedad del suelo (pero esto no se aplica a regiones con exceso de humedad) (Engeland, 1991).
3. Durante la cosecha y la preparación para el almacenamiento:
- Recoja el ajo sólo en tiempo seco y con cuidado, evitando daños (Engeland, 1991).
- Seque bien los bulbos después de la cosecha durante 2‑3 semanas a 25‑30 °C con buena ventilación (Engeland, 1991; Brewster, 2008).
- Antes del almacenamiento, descartar todos los bulbos con daños mecánicos, grietas, abolladuras y signos de ablandamiento – serán las primeras víctimas de la penicilosis (Conn, 2012; Engeland, 1991).
4. Almacenamiento:
- Almacene el ajo a baja temperatura (0‑2 °C) y humedad relativa del 65‑70% (Brewster, 2008; Engeland, 1991). Esta es la condición principal que previene la penicilosis, ya que por debajo de 15 °C el hongo es casi inactivo (Brewster, 2008).
- Asegure una buena ventilación en el almacén para evitar la condensación (Conn, 2012).
- Inspeccione regularmente el ajo almacenado y retire inmediatamente cualquier bulbo con signos de moho (Conn, 2012).
5. Rotación de cultivos y saneamiento:
- Siga la rotación – no plante ajo después de cebolla u otras aliáceas durante al menos 3‑4 años (Torikov y Sychev, 2018).
- Elimine todos los restos vegetales de la parcela, ya que las esporas del hongo pueden sobrevivir en ellos (Conn, 2012).
Qué NO hacer:
- No almacene el material de siembra en un lugar cálido y húmedo – son condiciones ideales para la penicilosis.
- No separe los bulbos en dientes mucho antes de la siembra – los dientes dañados se infectan más rápidamente.
- No utilice para la siembra dientes con signos de moho o ablandamiento – incluso un diente enfermo puede infectar todo el lote.
- No almacene bulbos insuficientemente secos o dañados.
- No almacene el ajo con humedad superior al 75% – esto favorece el desarrollo de moho.
Recuerde lo principal:
La penicilosis es una enfermedad de dientes dañados y almacenamiento cálido y húmedo. Principales medidas de protección:
- siembra de bulbos sanos y firmes;
- separación cuidadosa en dientes inmediatamente antes de la siembra;
- descarte de todos los dientes dañados y sospechosos;
- secado completo de los bulbos antes del almacenamiento;
- almacenamiento a baja temperatura (0‑2 °C) y humedad moderada (65‑70%);
- inspección regular y eliminación de bulbos enfermos.
La penicilosis es especialmente peligrosa para el material de siembra, ya que los dientes infectados no producen plantas sanas. Si observa moho verde en los bulbos almacenados, aíslelos y destrúyalos inmediatamente. Para la siembra, utilice sólo dientes de bulbos absolutamente sanos.
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Enfermedades de almacenamiento del ajo: cómo conservar la cosecha
La mayoría de las enfermedades del ajo que hemos tratado en los apartados anteriores se manifiestan precisamente durante el almacenamiento, no en el campo. Puede cultivar una cosecha excelente, pero perderla en pocas semanas debido a una preparación o condiciones de almacenamiento inadecuadas. Las enfermedades de almacenamiento no son un grupo separado de patógenos, sino una manifestación de infecciones que entraron en los bulbos en el campo, pero que permanecieron "latentes" hasta que las condiciones se volvieron favorables para ellas (Brewster, 2008). Por lo tanto, la conservación del ajo es una tarea compleja que comienza mucho antes del almacenamiento.
¿Qué enfermedades se manifiestan durante el almacenamiento?
Prácticamente todas las enfermedades principales del ajo pueden pasar a la fase activa en el almacén. Recordemos brevemente sus signos:
| Enfermedad | Patógeno | Síntomas característicos durante el almacenamiento |
|---|---|---|
| Podredumbre del cuello | Botrytis allii, B. aclada | Podredumbre que comienza por el cuello y se extiende hacia el interior; capa gris algodonosa, esclerocios negros (Brewster, 2008; Conn, 2012). |
| Moho negro | Aspergillus niger | Capa negra hollinosa en las escamas externas, especialmente a lo largo de las nervaduras; con alta humedad penetra en el interior (Conn, 2012). |
| Penicilosis | Penicillium allii y otros | Capa algodonosa verde azulada, manchas acuosas amarillas, olor a moho; a menudo comienza en zonas dañadas (Engeland, 1991; Brewster, 2008). |
| Podredumbres bacterianas | Pectobacterium, Burkholderia, Pantoea | Tejido acuoso y ablandado, olor fétido; formas "húmedas", "mucosas", "ácidas" (Conn, 2012; Brewster, 2008). |
| Fusariosis (podredumbre basal) | Fusarium oxysporum | Podredumbre que comienza por el disco basal y asciende; el bulbo se momifica, puede aparecer capa rosada (Conn, 2012; Brewster, 2008). |
| Podredumbre blanca | Sclerotium cepivorum | Micelio blanco algodonoso en el disco basal, esclerocios negros; el bulbo se ablanda y se pudre (Engeland, 1991; Brewster, 2008). |
Importante: en el almacén, las enfermedades rara vez se presentan solas. A menudo, en un mismo bulbo se pueden ver moho, podredumbre bacteriana y signos de fusariosis – las llamadas infecciones mixtas (Brewster, 2008).
¿Por qué las enfermedades se desarrollan precisamente durante el almacenamiento?
Para que cualquier infección se desarrolle se necesitan tres condiciones: fuente de infección, tejidos susceptibles y condiciones ambientales favorables (temperatura, humedad, acceso de aire) (Brewster, 2008). En el almacén, todos estos factores pueden coincidir:
1. La fuente de infección ya está dentro o en la superficie de los bulbos, habiendo llegado desde el suelo, con restos vegetales, a través de daños o con el material de siembra (Brewster, 2008; Conn, 2012).
2. Tejidos susceptibles – bulbos debilitados, dañados, insuficientemente secos o sobremaduros. Los patógenos penetran fácilmente en ellos y comienzan a multiplicarse activamente (Engeland, 1991).
3. Condiciones favorables – estas son:
- Temperatura superior a la óptima para el almacenamiento (por encima de 5‑10 °C) – acelera el desarrollo de la mayoría de hongos y bacterias (Brewster, 2008).
- Alta humedad (más del 75‑80%) – favorece la germinación de esporas y la propagación de infecciones (Conn, 2012; Engeland, 1991).
- Mala ventilación – provoca condensación y zonas estancadas con alta humedad (Conn, 2012).
¿Cómo prevenir las enfermedades de almacenamiento?
La prevención de las enfermedades de almacenamiento es un proceso unitario que comienza con la elección del lugar de siembra y termina con la inspección regular en el almacén.
1. Buenas prácticas agronómicas en el campo:
- Siga la rotación de cultivos: no plante ajo en el mismo lugar más de una vez cada 3‑4 años, y mejor aún, con menos frecuencia. Esto reduce la acumulación en el suelo de patógenos de fusariosis, podredumbre blanca y bacterias (Torikov y Sychev, 2018; Brewster, 2008).
- Utilice material de siembra sano – descarte dientes con manchas, daños, signos de moho (Engeland, 1991; UMass Extension).
- Aplique fertilizantes de forma equilibrada: el exceso de nitrógeno hace que los tejidos sean laxos y susceptibles a infecciones (Conn, 2012; Engeland, 1991).
- Controle las plagas (mosca de la cebolla, trips, ácaros, nematodos) – causan microheridas por las que penetran los patógenos (Engeland, 1991; Brewster, 2008).
2. Cosecha oportuna y adecuada:
- Recoja el ajo sólo en tiempo seco, cuando la parte aérea esté amarilla y tumbada, pero no completamente seca ni empezando a pudrirse (Engeland, 1991).
- No retrase la cosecha: los bulbos sobremaduros con escamas agrietadas son más vulnerables (Engeland, 1991).
- Arranque con cuidado, levantando con horca o pala para no dañar los bulbos ni arrancar el disco basal (Engeland, 1991).
- Corte la parte aérea dejando un muñón de 3‑5 cm. No corte demasiado corto – esto abre el cuello a la infección (Engeland, 1991; Brewster, 2008).
3. Secado completo – el paso más importante:
- Después de la cosecha, extienda el ajo en una sola capa en un lugar cálido y bien ventilado (bajo cubierta, en el desván, en un cobertizo) durante 2‑3 semanas (Engeland, 1991).
- Temperatura óptima de secado: 25‑30 °C, humedad del aire: 60‑70% (Brewster, 2008). No permita un sobrecalentamiento superior a 35 °C ni la exposición directa al sol – pueden causar "vaporización" y quemaduras (Engeland, 1991).
- Durante el secado, el cuello debe secarse completamente, volverse firme y cerrado. Los bulbos deben perder el exceso de humedad y volverse duros, con escamas que crujen (Engeland, 1991; Brewster, 2008).
4. Clasificación antes del almacenamiento:
Después del secado, inspeccione cuidadosamente cada bulbo. Descarte todos los ejemplares con:
- daños mecánicos (grietas, abolladuras, rozaduras);
- signos de podredumbre, ablandamiento, moho;
- escamas de cobertura demasiado finas o dañadas;
- cuello no seco o blando.
Incluso un bulbo enfermo puede infectar a los vecinos (Conn, 2012; Engeland, 1991).
5. Condiciones óptimas de almacenamiento:
- Temperatura: 0‑2 °C (no más de +5 °C) para almacenamiento prolongado (Engeland, 1991; Brewster, 2008). A esta temperatura, el desarrollo de la mayoría de los patógenos se ralentiza mucho o se detiene.
- Humedad relativa: 65‑70%. Es lo suficientemente baja para evitar la germinación de esporas y el desarrollo de moho, pero no tan baja como para que los bulbos se sequen (Brewster, 2008; Conn, 2012).
- Ventilación: obligatoria. Asegure la circulación de aire para evitar zonas estancadas y condensación (Conn, 2012). En casa, utilice cajas de malla, cestas, manojos colgados o medias.
- No almacene el ajo cerca de otras verduras (especialmente patatas, col, zanahorias) que desprenden humedad y pueden ser fuentes de infección (Engeland, 1991).
6. Inspección regular durante el almacenamiento:
- En los primeros 1‑2 meses, revise el ajo cada 2‑3 semanas, luego una vez al mes (Engeland, 1991).
- Cuando encuentre bulbos sospechosos, retírelos inmediatamente sin esperar a que la infección se propague (Conn, 2012; Engeland, 1991).
- Si la humedad aumenta en el almacén, ventile o utilice deshumidificadores (para pequeños volúmenes, recipientes con cal viva o sal) (Engeland, 1991).
¿Qué hacer si ya han aparecido enfermedades en el almacén?
- Clasificación: repase inmediatamente toda la cosecha, retire todos los bulbos enfermos, sospechosos y dañados. Incluso los bulbos aparentemente sanos vecinos de los enfermos deben consumirse primero (Conn, 2012).
- Mejore las condiciones: baje la temperatura y la humedad, aumente la ventilación. Si no es posible, consuma el ajo infectado lo antes posible (Engeland, 1991).
- No utilice los bulbos afectados para siembra ni para compost – quiémelos o tírelos a la basura (Engeland, 1991; Conn, 2012).
Qué NO hacer:
- No almacene bulbos húmedos o insuficientemente secos.
- No permita una humedad elevada (superior al 75%) en el almacén.
- No almacene el ajo a temperaturas superiores a 5 °C para un almacenamiento prolongado (excepción: almacenamiento a corto plazo a temperatura ambiente).
- No corte la parte aérea demasiado corta (menos de 3 cm) – esto abre el acceso a la infección.
- No almacene el ajo en bolsas de plástico o recipientes herméticos – sin acceso de aire, el moho se desarrolla rápidamente (Engeland, 1991).
- No utilice dientes de bulbos que hayan sido almacenados con signos de enfermedad para la siembra.
Recuerde lo principal:
Las enfermedades de almacenamiento del ajo son el resultado de un conjunto de errores: cosecha inadecuada, secado insuficiente, bulbos dañados, temperatura o humedad demasiado altas en el almacén. El principal "medicamento" para el ajo en el almacén son las condiciones adecuadas:
- sequedad (humedad 65‑70%);
- frescor (temperatura 0‑2 °C);
- ventilación;
- control regular.
Y recuerde: el ajo sano, bien cultivado y preparado, se conserva 6‑7 meses o más sin pérdidas significativas. Si cada año pierde parte de la cosecha durante el almacenamiento, revise todo el proceso: desde la elección de la parcela hasta las condiciones del sótano.
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Cómo distinguir una enfermedad de un problema fisiológico
Un horticultor que observa hojas amarillentas, manchas en los bulbos o plantas marchitas necesita saber: ¿se trata de una enfermedad infecciosa (causada por un patógeno) o de un problema fisiológico (resultado de condiciones desfavorables, errores de cultivo o características hereditarias)? La respuesta determina qué hacer: aplicar fungicidas, cambiar las prácticas agronómicas o simplemente ajustar el riego y la fertilización.
Distinguir entre enfermedades y "no enfermedades" es posible por una serie de signos – la observación cuidadosa y el análisis de las condiciones de cultivo suelen dar la clave para un diagnóstico correcto (Conn, 2012; Brewster, 2008; Engeland, 1991).
Principales diferencias entre enfermedades infecciosas y trastornos fisiológicos
| Característica | Enfermedad infecciosa | Problema fisiológico |
|---|---|---|
| Presencia del patógeno | Se ven esporas, capa (gris, negra, verde), micelio, esclerocios, olor pútrido (Brewster, 2008; Conn, 2012) | No hay patógeno: no hay capa, esporas, micelio. El olor, si lo hay, es inespecífico o ausente |
| Propagación | Afecta a plantas aisladas o focos, con el tiempo se extiende a las vecinas (Brewster, 2008) | Suele manifestarse de forma masiva y simultánea en muchas plantas (p. ej., tras heladas o sequía) (Conn, 2012) |
| Naturaleza de los síntomas | Síntomas específicos: la podredumbre comienza en un lugar determinado (cuello, disco basal), va acompañada de capa, manchas con zonas o anillos concéntricos (Brewster, 2008) | Síntomas inespecíficos: amarilleo general, marchitamiento, quemaduras, deformaciones, daños simétricos (Conn, 2012; Engeland, 1991) |
| Influencia de factores externos | A menudo depende del clima (humedad, temperatura), pero la infección es primaria (Brewster, 2008) | Está directamente relacionada con un factor concreto: riego, fertilización, temperatura, luz, impacto mecánico (Conn, 2012) |
| Reversibilidad | Al eliminar la causa (fungicidas, eliminación de plantas enfermas), las plantas nuevas pueden no infectarse, pero los tejidos afectados no se recuperan (Brewster, 2008) | Al eliminar la causa, las plantas suelen recuperarse (p. ej., después de regar o abonar) (Conn, 2012) |
| Transmisión | Puede transmitirse por semillas, dientes, suelo, insectos, herramientas (Conn, 2012) | No se transmite; es una reacción a las condiciones, no una causa infecciosa |
Signos concretos de problemas fisiológicos en el ajo
Los trastornos fisiológicos suelen estar relacionados con errores agronómicos, anomalías climáticas o características genéticas. A continuación, los problemas "no infecciosos" más frecuentes descritos en las fuentes (Conn, 2012; Engeland, 1991; Torikov y Sychev, 2018).
1. Trastornos nutricionales (deficiencia o exceso de elementos)
- Amarilleo de las hojas (clorosis) – puede deberse a falta de nitrógeno, magnesio, hierro o potasio. En carencia de nitrógeno, las hojas se vuelven verde pálido o amarillas, empezando por las inferiores (Conn, 2012; Engeland, 1991). A diferencia de las infecciones, el color se recupera tras abonar con un fertilizante completo.
- Color rojizo o púrpura en las hojas – suele ser signo de deficiencia de fósforo (especialmente en tiempo frío) (Conn, 2012).
- Muerte de las puntas de las hojas – puede indicar falta de potasio o exceso de humedad (Engeland, 1991; Torikov y Sychev, 2018).
2. Daños por heladas
- Tras las heladas, los tejidos se vuelven acuosos, translúcidos y, al descongelarse, de color gris amarillento y ablandados (Conn, 2012). A menudo afectan a las escamas externas, pero las internas pueden permanecer sanas.
- A diferencia de las podredumbres infecciosas, no hay capa, ni olor, y el daño suele afectar a todo el bulbo de manera uniforme (Conn, 2012).
3. Quemaduras solares
- Se producen por la exposición directa al sol sobre bulbos húmedos (especialmente durante el secado al sol) o por altas temperaturas del suelo en plantas jóvenes.
- Los tejidos se vuelven decolorados, blandos, como "cocidos", y luego se secan (Conn, 2012). Las zonas afectadas no presentan capa ni se extienden.
4. Daños por herbicidas
- Las hojas se vuelven deformadas, enrolladas, cloróticas, con manchas necróticas (Conn, 2012). Los síntomas pueden parecerse a enfermedades virales, pero se diferencian por su aparición masiva y su relación con los tratamientos.
5. Exceso o defecto de agua
- Sequía – las hojas pierden turgencia, se vuelven amarillas, las puntas se secan. Los bulbos se hacen más pequeños y maduran precozmente (Engeland, 1991).
- Exceso de agua – las hojas se vuelven pálidas, la planta se atrofia, las raíces se pudren (pero sin capa característica); un encharcamiento prolongado puede favorecer infecciones secundarias (Conn, 2012).
6. "Enverdecimiento" de las escamas
- Bajo la acción de la luz, se forma clorofila en las escamas externas, que se vuelven verdes. No es una enfermedad, sino una reacción natural a la iluminación (Conn, 2012). La calidad gustativa no se ve afectada, aunque el aspecto comercial empeora.
7. "Escama translúcida"
- Trastorno fisiológico durante el almacenamiento: las escamas se vuelven acuosas, translúcidas, grisáceas, pero sin olor ni moho (Conn, 2012). Ocurre cuando la humedad y la temperatura son demasiado altas durante el secado o al inicio del almacenamiento, o cuando se retrasa la refrigeración. Se diferencia de la podredumbre bacteriana por la ausencia de olor y la falta de propagación a los bulbos vecinos (Conn, 2012).
8. Agrietamiento del bulbo
- Aparecen grietas en el disco basal de las que brotan bulbillos laterales. La causa es un riego irregular (alternancia de sequía y humedad abundante) (Conn, 2012). No es una infección, aunque las grietas pueden ser puerta de entrada para enfermedades.
9. Daños por viento, granizo, traumatismos mecánicos
- En las hojas aparecen manchas desgarradas, roturas, hendiduras que, a diferencia de las enfermedades, tienen formas irregulares y suelen estar en un lado de la planta (Conn, 2012). En ausencia de humedad, cicatrizan sin consecuencias.
10. Anomalías genéticas (variegación, quimeras)
- En las hojas aparecen franjas amarillas o blancas, zonas mosaicadas, pero las plantas no se marchitan ni se retrasan en el crecimiento (Conn, 2012). Es un cambio hereditario, no transmisible y no requiere tratamiento.
Algoritmo práctico de diagnóstico para el horticultor
1. Examine la planta y el bulbo:
- ¿Hay capa, esporas, esclerocios, micelio? (infección)
- ¿Hay olor pútrido o agrio? (a menudo infección bacteriana) (Conn, 2012)
- ¿Cómo se distribuyen los daños: focos aislados o en toda la parcela?
2. Recuerde el clima y los cuidados de las últimas 2‑4 semanas:
- ¿Hubo heladas, granizo, vientos fuertes? (daños físicos)
- ¿Hubo sequía o, por el contrario, encharcamiento? (estrés hídrico)
- ¿Se aplicaron fertilizantes o herbicidas? (trastorno nutricional o quemadura química)
- ¿Cuándo y cómo se realizó la cosecha y el secado? (para enfermedades de almacenamiento)
3. Compruebe la propagación:
- Si las plantas enfermas aparecen aisladas o en focos que se expanden – es más probable una infección (Brewster, 2008).
- Si los síntomas son masivos y aparecieron tras un evento concreto (helada, sequía, tratamiento) – problema fisiológico (Conn, 2012).
4. Intente eliminar la causa presunta:
- Si después de regar o abonar la planta mejora – lo más probable es un problema nutricional o de humedad (Engeland, 1991).
- Si no hay mejora y las manchas o podredumbre progresan – probablemente infección.
¿Por qué es importante distinguir correctamente?
- El tratamiento de infecciones requiere eliminar plantas enfermas, aplicar fungicidas o bactericidas, desinfectar herramientas y cambiar el material de siembra (Brewster, 2008; Conn, 2012).
- Los problemas fisiológicos se tratan ajustando los cuidados: riego, abonado, protección contra heladas, sol, viento. Aplicar fungicidas en este caso no sólo es inútil, sino perjudicial para el medio ambiente y el bolsillo (Conn, 2012).
Un diagnóstico erróneo conduce a pérdidas de tiempo y dinero, y a veces a un debilitamiento aún mayor de las plantas (por ejemplo, aplicar pesticidas bajo estrés por sequía).
¿Qué hacer si tiene dudas?
Si no puede distinguir con seguridad una enfermedad de un problema fisiológico, consulte a un laboratorio de diagnóstico regional o utilice una consulta en línea con un especialista. Los métodos modernos (diagnóstico por PCR, ELISA) permiten identificar con precisión el patógeno (Brewster, 2008). También puede enviar fotos a grupos temáticos o foros, pero recuerde: el diagnóstico definitivo debe darlo un especialista.
Recuerde lo principal:
- La infección siempre deja una "huella": capa, esporas, olor, localización específica de la podredumbre (cuello, disco basal) y tendencia a propagarse (Brewster, 2008).
- El problema fisiológico es una reacción a un factor externo: es masivo, reversible y no va acompañado de signos de patógeno (Conn, 2012).
Si sospecha de infección, actúe rápidamente (eliminación de plantas enfermas, tratamiento). Para trastornos fisiológicos, ajuste las condiciones de cultivo y almacenamiento. La observación atenta, el conocimiento de la historia de la parcela y del clima son sus principales ayudantes.
Referencias
- Brewster, J.L. (2008). ‘Crop storage and dormancy.’, in Onions and other vegetable alliums. Wallingford: CABI, 309-346.
- Brewster, J.L. (2008). ‘Interactions with other organisms: weeds, pests, diseases and symbionts.’, in Onions and other vegetable alliums. Wallingford: CABI, 171-249.
- Conn, K.E., Lutton, J.S., Rosenberger, S.A. (2012). Onion. Disease Guide. null : Seminis Vegetable Seeds.
- England, R.L. (1991). Growing Great Garlic: The Definitive Guide for Organic Gardeners and Small Farmers. 1st ed., 9th printing, 1998 Okanogan, WA, USA: Filaree Productions.
- Schuh, M., Rosen, C.J., Tong, C. (2024). Growing garlic in home gardens. UMN Extension, University of Minnesota. Available at: https://extension.umn.edu/vegetables/growing-garlic. (Accessed: 2 July 2026).
- Steil, A. (2025). Growing Garlic in the Home Garden. Yard and Garden, Iowa State University Extension and Outreach. Available at: https://yardandgarden.extension.iastate.edu/how-to/growing-garlic-home-garden. (Accessed: 2 July 2026).
- UMass Extension (2013). Garlic. Center for Agriculture, Food and the Environment, UMass Amherst. Available at: https://www.umass.edu/agriculture-food-environment/es/vegetable/fact-sheets/garlic. (Accessed: 2 July 2026).
- Ториков, В.Е., Сычев, С.М. (2018). ‘Луковые овощные культуры [Onion vegetable crops]’, in Овощеводство [Vegetable growing]. Санкт-Петербург: Лань, pp. 45-56.