Plagas
1. Por qué las plagas se multiplican rápidamente en los pepinos. Características del cultivo.
Pepino es uno de los cultivos hortícolas más queridos y extendidos del mundo. Se cultiva prácticamente en todas partes: desde las regiones del sur hasta las latitudes septentrionales, en campo abierto, bajo cubiertas plásticas temporales y en invernaderos modernos (Ajátov et al., 2013; Tarakanov y Mujin, 2003). Sin embargo, esta popularidad y las características biológicas de la planta la convierten en un «bocado apetitoso» para un gran número de plagas. Comprender las razones por las que el pepino resulta tan atractivo para los insectos y ácaros es el primer paso, y el más importante, para una protección eficaz del cultivo.
¿Por qué es tan vulnerable el pepino?
1. Crecimiento rápido y masa verde «sabrosa»
El pepino es una planta con tasas de crecimiento extraordinariamente altas. Los tallos y las hojas contienen mucha humedad y nutrientes fácilmente asimilables. Para las plagas chupadoras, como los pulgones, la mosca blanca y la araña roja, el pepino es un auténtico «paraíso alimenticio» (Mondal et al., 2020). Perforan con facilidad los delicados tejidos de las hojas y los tallos para alcanzar la savia nutritiva, y gracias al crecimiento intensivo de la planta, pueden multiplicar rápidamente sus colonias.
2. Microclima favorable, especialmente en cultivo protegido
La mayoría de las veces, el pepino se cultiva en condiciones creadas específicamente para su bienestar: temperatura alta (óptima 25–30 °C) y alta humedad del aire y del suelo (Tarakanov y Mujin, 2003). Estas mismas condiciones son ideales para el desarrollo y la reproducción vertiginosa de la mayoría de las plagas. En invernaderos y umbráculos prácticamente no tienen enemigos naturales, y el clima cálido y húmedo reduce su ciclo vital al mínimo, permitiendo que se sucedan varias generaciones en una sola temporada (Gahukar, 2016).
3. Sistema radicular y particularidades del balance hídrico
El pepino posee un sistema radicular potente pero superficial, que requiere un riego constante y abundante (Lebeva, 1987; Tarakanov y Mujin, 2003). Esto significa que la planta es muy sensible al estrés hídrico. Las plagas, especialmente las chupadoras, alteran el ya tenso equilibrio hídrico, provocando un marchitamiento rápido, un retraso en el crecimiento y una reducción significativa del rendimiento.
4. Debilitamiento de las plantas por estrés y enfermedades
Cualquier factor desfavorable —cambios bruscos de temperatura, exceso o defecto de humedad, carencia de nutrientes, enfermedades ya existentes (sobre todo víricas y fúngicas)— debilita los mecanismos de defensa de la planta (Mondal et al., 2020). Una planta debilitada se convierte en presa fácil para las plagas, que colonizan precisamente esos ejemplares en primer lugar.
5. Ausencia de enemigos naturales en los agroecosistemas
En la naturaleza, la densidad de plagas está regulada por depredadores, parásitos y enfermedades. En los campos de pepino, y especialmente en los invernaderos, esta regulación natural se ve alterada. Las plantaciones densas, el monocultivo y el uso de plaguicidas pueden destruir a los insectos beneficiosos, lo que provoca brotes de plagas que nada puede contener (Gahukar, 2016; Wehner et al., 2020).
Así pues, el pepino es un cultivo que atrae a las plagas por sí mismo, y las condiciones de su cultivo crean para ellas incubadoras ideales. La tarea del horticultor no es simplemente combatir las plagas cuando ya han aparecido, sino, ante todo, crear para la planta unas condiciones en las que sea fuerte y pueda resistir los ataques, además de aplicar un enfoque integrado de protección, del que hablaremos en los capítulos siguientes.
2. Principales plagas chupadoras
Las plagas chupadoras son el grupo de enemigos del pepino más numeroso y peligroso. No arrancan trozos de hojas, sino que perforan los tejidos y succionan la savia, lo que provoca el debilitamiento gradual y la muerte de la planta. El peligro principal de estas plagas reside en su colosal fecundidad y en su capacidad para transmitir enfermedades víricas peligrosas (Mondal et al., 2020; Gahukar, 2016). En este capítulo examinaremos a cuatro representantes principales de este grupo: pulgones, araña roja, mosca blanca y trips.
2.1. Pulgones (Aphididae): los principales vectores de virus
Signos de aparición. Los pulgones son insectos diminutos (1–2 mm) que suelen instalarse en grandes colonias en el envés de las hojas, en los ápices de los brotes y, a veces, en las flores (McLeod y Rashid, 2016). El signo más perceptible de su presencia es la melaza pegajosa que excretan. Sobre esta melaza se desarrolla rápidamente el hongo negrillo (fumagina), que cubre las hojas con una capa negra y perjudica aún más su fotosíntesis. Las hojas comienzan a enrollarse, amarillear y deformarse (Ajátov et al., 2013).
Ciclo de vida. Los pulgones se reproducen a una velocidad asombrosa. Con tiempo cálido, las hembras paren larvas vivas sin fecundación. Una sola hembra puede dar hasta 80–100 descendientes a lo largo de su vida, y la nueva generación es capaz de reproducirse al cabo de una semana (Mondal et al., 2020). En una temporada pueden sucederse más de 10 generaciones. En verano aparecen individuos alados que vuelan y colonizan nuevas plantas.
Daños causados.
1. Daño directo: al succionar la savia, los pulgones agotan la planta. Las hojas pierden turgencia, se enrollan, los brotes se deforman (Ajátov et al., 2013).
2. Ensuciamiento: la melaza y el hongo negrillo alteran la fotosíntesis, lo que reduce el rendimiento y deteriora la calidad de los frutos.
3. Transmisión de virus: es el aspecto más peligroso. Los pulgones son vectores de más de 50 virus, entre ellos el virus del mosaico del pepino (CMV) y el virus del mosaico de la sandía (WMV). Las pérdidas por enfermedades víricas pueden ser totales (McLeod y Rashid, 2016; Wehner et al., 2020).
Prevención.
- Eliminación de malas hierbas: muchas especies de pulgones invernan en plantas arvenses (cerraja, pamplina, cenizo) (Ajátov et al., 2013).
- Atracción de insectos beneficiosos: plante junto a los pepinos plantas nectaríferas (eneldo, hinojo, trigo sarraceno) que atraen a crisopas, mariquitas y sírfidos, depredadores activos de pulgones.
- Acolchado plateado o reflectante: este acolchado desorienta a los pulgones alados que buscan plantas y reduce la probabilidad de que lleguen al bancal (Wehner et al., 2020).
- Nutrición equilibrada: evite el exceso de abonos nitrogenados. El exceso de nitrógeno hace que los tejidos de la planta sean más jugosos y atractivos para los pulgones.
Métodos de control.
- Biológico: el método más seguro y eficaz. Utilice parásitos especializados: Aphidius colemani y Lysiphlebus testaceipes. Estas diminutas avispas ponen sus huevos en el interior de los pulgones, convirtiéndolos en «momias» inmóviles (Ajátov et al., 2013). También es eficaz la cecidómido depredador Aphidoletes aphidimyza, cuyas larvas devoran activamente a los pulgones. En invernaderos se suelen utilizar mariquitas Cycloneda y crisopas, pero su eficacia es menor que la de los parásitos especializados.
- Mecánico: cuando la plaga es escasa, se pueden eliminar con un fuerte chorro de agua. Es eficaz pero temporal.
- Biopreparados: insecticidas a base de los hongos Lecanicillium longisporum y Beauveria bassiana infectan a los pulgones sin dañar a los insectos beneficiosos ni al ser humano (Ajátov et al., 2013). Su aplicación requiere una humedad elevada (alrededor del 90%).
- Químico: utilícelo solo en último extremo y recurra a productos de acción sistémica o translaminar, por ejemplo a base de imidacloprid (Confidor, Iskra Zolotaya) o tiametoxam (Aktara). Estas sustancias penetran en los tejidos de la planta y matan a los pulgones incluso en el envés. Sin embargo, son peligrosos para las abejas, por lo que no deben aplicarse durante la floración. Tenga en cuenta que los pulgones desarrollan rápidamente resistencia, por lo que debe alternar productos de distintas clases químicas (Gahukar, 2016).
2.2. Araña roja (Tetranychus urticae): la amenaza oculta
La araña roja no es un insecto, sino un arácnido. Es una de las plagas más peligrosas del pepino, especialmente en tiempo caluroso y seco, tanto en invernadero como en campo abierto (Wehner et al., 2020).
Signos de aparición. Los ácaros son muy pequeños (0.3–0.5 mm) y difíciles de ver a simple vista. El primer signo son pequeñas puntuaciones de color amarillo pálido en las hojas (McLeod y Rashid, 2016). Con la multiplicación masiva, las hojas adquieren un aspecto marmóreo, bronceado o pardo, luego se secan y caen. Un signo característico es la fina telaraña en el envés de las hojas, entre los tallos y en los ápices de los brotes, donde los ácaros forman colonias (Mondal et al., 2020).
Ciclo de vida. Las hembras adultas invernan bajo los restos vegetales, en el suelo y en las rendijas de los invernaderos. En primavera depositan los huevos en el envés de las hojas. Se desarrollan de 10 a 15 generaciones por temporada (Ajátov et al., 2013). La temperatura óptima para la reproducción es de 30 °C y una humedad del 45–55%. En tiempo seco y caluroso, los ácaros se multiplican de forma explosiva.
Daños causados. Los ácaros perforan las células de las hojas y succionan su contenido, incluida la clorofila. Esto altera la fotosíntesis. Las plantas gravemente dañadas pierden las hojas, lo que provoca quemaduras solares en los frutos y una fuerte reducción del rendimiento (Mondal et al., 2020). También pueden transmitir enfermedades fúngicas.
Prevención.
- Riego y pulverización regulares: los ácaros no toleran el aire húmedo. En tiempo caluroso y seco, es útil realizar pulverizaciones refrescantes con agua, especialmente en el envés de las hojas.
- Eliminación de restos vegetales: retire y queme todos los restos de plantas después de la cosecha.
- Abonados equilibrados: el exceso de nitrógeno y la falta de fósforo hacen que las plantas sean más atractivas para los ácaros.
- Siembra de variedades resistentes: existen variedades más tolerantes a la araña roja.
Métodos de control.
- Biológico: el método más eficaz y seguro. Utilice el ácaro depredador Phytoseiulus persimilis. Es un depredador agresivo que se alimenta de arañas rojas en todas sus fases de desarrollo. Una hembra de fitoseiulus puede destruir hasta 20–30 ácaros y sus huevos al día (Ajátov et al., 2013). Debe soltarse en cuanto aparezcan los primeros focos de la plaga.
- Biopreparados: utilice productos a base de avermectinas (Fitoverm, Akarin). Son eficaces contra los ácaros, pero no matan los huevos. Por ello, el tratamiento debe repetirse a los 5–7 días para eliminar la nueva generación. También son eficaces los hongos Neozygites floridana, Lecanicillium muscarium y Beauveria bassiana.
- Químico: en último caso, utilice acaricidas específicos (Actellik). Los ácaros desarrollan rápidamente resistencia a los productos químicos, por lo que su aplicación requiere especial precaución y alternancia de productos (Gahukar, 2016). Realice los tratamientos mojando bien el envés de las hojas.
2.3. Mosca blanca (Aleyrodidae): el azote de invernadero
La mosca blanca es un pequeño insecto blanco (1–1.5 mm) parecido a una diminuta polilla. En invernaderos y cubiertas plásticas puede convertirse en la plaga principal (Ajátov et al., 2013). En campo abierto es menos frecuente, pero en veranos calurosos puede representar un peligro.
Signos de aparición. Al tocar la planta, se elevan nubecillas de pequeñas moscas blancas. En el envés de las hojas se pueden observar huevos amarillentos, larvas escamosas inmóviles y adultos. Otro signo característico es la melaza, como en los pulgones, sobre la que se desarrolla el hongo negrillo. Las hojas se vuelven pegajosas y se ennegrecen (Pantielev, 1986).
Ciclo de vida. La hembra deposita hasta 200 huevos en el envés de las hojas. Las larvas pasan por varios estadios; el último (ninfa) es inmóvil. De él emerge el adulto. En un invernadero pueden desarrollarse de 10 a 15 generaciones al año.
Daños causados. Al igual que otros chupadores, la mosca blanca succiona la savia y debilita la planta. La melaza que excreta cubre las hojas y dificulta la fotosíntesis. Además, es vector de virus peligrosos, como el virus del amarilleo de las nervaduras del pepino (CVYV) y otros (Ajátov et al., 2013).
Prevención.
- Cuarentena: revise cuidadosamente todas las plántulas que se introduzcan en el invernadero. La mosca blanca suele llegar con plantas nuevas.
- Eliminación de malas hierbas: retire todas las malas hierbas del invernadero y sus alrededores.
- Barreras: coloque mallas finas en las aberturas de ventilación para impedir la entrada de la mosca blanca.
- Trampas cromáticas amarillas: la mosca blanca se siente atraída por el color amarillo. Estas trampas funcionan muy bien tanto para el monitoreo como para la captura masiva de adultos (Wehner et al., 2020).
Métodos de control.
- Biológico: el parásito especializado Encarsia formosa. Es una diminuta avispa negra que pone sus huevos en las larvas de la mosca blanca. Las larvas parasitadas se vuelven negras y mueren. Para un control eficaz, es necesario liberar regularmente Encarsia en el invernadero. También se utiliza el parásito Eretmocerus eremicus.
- Depredadores: el chinche Macrolophus nubilis es un depredador activo que se alimenta tanto de mosca blanca como de pulgones.
- Biopreparados: los hongos Lecanicillium muscarium y Beauveria bassiana son eficaces contra larvas y adultos de mosca blanca con alta humedad. Sin embargo, no actúan sobre los huevos, por lo que se necesitan tratamientos repetidos.
- Químico: en invernaderos se aplican productos sistémicos (Aktara, Confidor) mediante riego (Gahukar, 2016). Es importante recordar que la mosca blanca es resistente a muchos insecticidas, por lo que su uso debe ser muy limitado.
2.4. Trips (Thripidae): peligrosas plagas polífagas
Los trips son insectos muy pequeños (hasta 2 mm) de cuerpo alargado. En los últimos años se han convertido en un grave problema en los pepinos, especialmente en invernaderos (Ajátov et al., 2013). Los más peligrosos son el trips del tabaco (Thrips tabaci) y el trips occidental de las flores (Frankliniella occidentalis) — este último es un organismo de cuarentena.
Signos de aparición. Aparecen pequeñas estrías o manchas de color plateado-blanco en las hojas (McLeod y Rashid, 2016). Son los puntos de punción donde los trips inyectan su saliva y succionan la savia. Con daños graves, las hojas adquieren un tono plateado, se deforman y se secan. En los frutos aparecen crecimientos corchosos y manchas, y se deforman (Gahukar, 2016). A menudo se observan puntitos negros (excrementos) en las hojas.
Ciclo de vida. La hembra deposita los huevos en el tejido foliar. De ellos salen larvas que se alimentan en las hojas. Luego pasan al suelo para pupar. Se desarrollan de 6 a 8 generaciones por temporada.
Daños causados. Los trips dañan no solo las hojas, sino también las flores y los frutos. Su alimentación reduce la fotosíntesis, deforma los frutos y merma su calidad comercial. El trips occidental de las flores es vector del virus del bronceado del tomate (TSWV), que puede destruir por completo la cosecha.
Prevención.
- Eliminación de restos vegetales y labranza profunda en otoño, ya que muchas especies de trips invernan en la capa superficial del suelo.
- Cuarentena: el trips occidental suele introducirse con plántulas y flores cortadas.
- Trampas cromáticas azules: a diferencia de muchas otras plagas, los trips se sienten más atraídos por el color azul que por el amarillo. Úselas para el monitoreo (Ajátov et al., 2013).
Métodos de control.
- Biológico: para combatir los trips se utilizan los ácaros depredadores Neoseiulus cucumeris y Neoseiulus barkeri, que se alimentan de larvas jóvenes de trips. Los chinches depredadores Orius (Orius majusculus, O. laevigatus) son cazadores activos que devoran tanto larvas como adultos.
- Biopreparados: los hongos Beauveria bassiana y Metarhizium anisopliae suprimen eficazmente a los trips.
- Químico: contra los trips es eficaz el producto Spintor (a base de spinosad). Es de origen biológico y seguro para muchos insectos beneficiosos. Entre los químicos se utilizan Actellik, Vertimek y Akarin. Como los trips son resistentes, los tratamientos deben realizarse con intervalos de 5–7 días, alternando productos. La aplicación de insecticidas sistémicos mediante riego también da buenos resultados (Gahukar, 2016).
Esto concluye el capítulo sobre las plagas chupadoras. ¿Listo para escribir el capítulo "3. Plagas defoliadoras"?
Continuamos nuestra guía práctica. Después de las plagas chupadoras, pasamos a las que causan daños mecánicos, royendo los tejidos de hojas, tallos y frutos.
3. Plagas defoliadoras
Mientras que las plagas chupadoras actúan de forma oculta, agotando la planta desde el interior, las defoliadoras son «enemigos abiertos» que literalmente destruyen la masa verde y los frutos ante nuestros ojos. Su actividad es fácilmente reconocible por las hojas mordisqueadas, los agujeros y los rastros de su actividad. En los pepinos se encuentran con mayor frecuencia tres grupos principales de plagas defoliadoras: orugas de mariposas, diversos escarabajos y sus larvas, y babosas.
3.1. Orugas (Lepidoptera)
Las orugas son la fase larvaria de mariposas y polillas. En los pepinos se pueden encontrar varias especies, entre las que destacan la rosquilla del melón, la polilla del pepino (o oruga minadora) y diversas noctuidas que se comen las hojas (Mondal et al., 2020). También pueden causar graves daños las orugas de la noctua de la col y de la blanca de la col si el pepino se cultiva cerca de coles (Pantielev, 1986).
Signos de aparición. El signo más evidente son las hojas mordisqueadas. Las orugas pueden devorar completamente el limbo foliar, dejando solo el esqueleto de las nervaduras, o hacer agujeros grandes y pequeños de forma irregular en las hojas (Mondal et al., 2020). En las hojas y junto a las plantas se pueden observar excrementos de color verde oscuro o negro de las orugas. La actividad de las orugas aumenta al atardecer y por la noche; durante el día suelen esconderse bajo las hojas o en la capa superficial del suelo.
Ciclo de vida. Las mariposas depositan los huevos en el envés de las hojas. De ellos salen orugas jóvenes que pasan por varios estadios (edades), aumentando gradualmente de tamaño. Las orugas adultas se introducen en el suelo para pupar y transformarse en crisálida, de la que emerge la mariposa de la siguiente generación.
Daños causados. El daño a las hojas reduce la superficie fotosintética, lo que debilita la planta y disminuye el rendimiento. Las orugas de algunas especies, como la polilla del pepino (Diaphania indica), pueden dañar no solo las hojas, sino también los ovarios y los frutos jóvenes. Perforan el interior, haciéndolos no aptos para el consumo (Gahukar, 2016). Los brotes de orugas pueden provocar la defoliación completa de las plantaciones.
Prevención.
- Labranza profunda en otoño: destruye las fases invernantes (crisálidas) de la mayoría de las especies (Wehner et al., 2020).
- Eliminación de restos vegetales: después de la cosecha, recoja y queme todos los restos de plantas donde puedan invernar crisálidas y huevos.
- Inspección regular de las plantas: especialmente el envés de las hojas, donde suelen encontrarse las puestas de huevos y las orugas jóvenes.
- Atracción de aves: las aves insectívoras (herrerillos, gorriones, estorninos) son excelentes aliadas contra las orugas. Coloque comederos y cajas nido.
Métodos de control.
- Recolección manual: el método más seguro y ecológico en pequeñas superficies. Revise regularmente las hojas y recoja y destruya manualmente las puestas de huevos y las orugas.
- Biológico: utilice el preparado bacteriano Bitoxibacilina (BTB) o Lepidocid. Estos productos contienen esporas de la bacteria Bacillus thuringiensis, que afecta únicamente a las orugas de mariposa, provocándoles parálisis intestinal y muerte. Son totalmente seguros para el ser humano, las abejas y otros insectos beneficiosos (Gahukar, 2016). Es importante aplicarlos al inicio de la aparición de las orugas, ya que el producto actúa sobre los individuos jóvenes.
- Atracción de entomófagos: para combatir algunas especies de orugas se utilizan pequeñas avispas parasitoides (por ejemplo, Apanteles). Se pueden atraer plantando plantas nectaríferas.
- Químico: utilícelo solo en caso de invasión masiva de orugas. Entre los productos registrados para huertos familiares se encuentran Actellik, Karbofos o Iskra. Sin embargo, recuerde que son tóxicos para los insectos beneficiosos. Realice el tratamiento al atardecer, pulverizando bien ambas caras de las hojas (Pantielev, 1986).
3.2. Escarabajos y sus larvas (Coleoptera)
Entre los coleópteros, los más peligrosos en los pepinos son las distintas especies de crisomélidos, principalmente el escarabajo de la patata, los escarabajos del pepino y sus larvas (Mondal et al., 2020). En regiones de clima cálido, los pepinos pueden ser dañados por los escarabajos rojos de la familia de los meloidos y los escarabajos de los abonos (Mondal et al., 2020). El mayor peligro lo representan los escarabajos que dañan las plántulas y las plantas jóvenes.
Signos de aparición. El signo principal son las hojas, tallos y flores mordisqueados. Los escarabajos adultos y sus larvas pueden devorar completamente el limbo foliar o por los bordes, hacer agujeros en las hojas, y también dañar las raíces y los tallos en la base. Las plántulas pueden ser devoradas por completo (Mondal et al., 2020). En las hojas se pueden observar los propios escarabajos, que suelen tener una coloración viva.
Ciclo de vida. Los escarabajos adultos invernan en el suelo o bajo restos vegetales. En primavera emergen, se alimentan y se aparean. Las hembras ponen huevos en el suelo o sobre las hojas. De los huevos salen larvas (en el caso del escarabajo de la patata, de color naranja brillante), que al principio también se alimentan de las plantas, pero con el tiempo pueden pasar al suelo para pupar.
Daños causados. Los mayores daños los causan las larvas y los adultos del escarabajo de la patata y de los escarabajos del pepino. Pueden destruir completamente las plántulas, especialmente en los primeros estadios (Mondal et al., 2020). Las hojas dañadas pierden su capacidad fotosintética, lo que reduce drásticamente el rendimiento. Algunos escarabajos, como el escarabajo del pepino (Acalymma vittatum), son además vectores de la marchitez bacteriana (bacteriosis), lo que los hace especialmente peligrosos (Wehner et al., 2020). También son peligrosas las larvas de los elatéridos — los gusanos de alambre— que viven en el suelo y roen las raíces.
Prevención.
- Rotación de cultivos: no plante pepinos en el mismo sitio varios años seguidos para evitar la acumulación de plagas.
- Labranza profunda: el laboreo otoñal destruye las fases invernantes de los escarabajos (Mondal et al., 2020).
- Eliminación de malas hierbas: muchos escarabajos (incluido el de la patata) viven en malas hierbas (solanáceas, amarantáceas), por lo que un desherbado oportuno reduce la amenaza.
- Uso de trampas y plantas cebo: algunas especies de escarabajos se sienten atraídas por colores vivos o por el olor de ciertas plantas. Por ejemplo, para los escarabajos del pepino se pueden utilizar plantaciones cebo de cucurbitáceas y luego destruir las plagas en ellas (Wehner et al., 2020).
Métodos de control.
- Recolección manual: para el escarabajo de la patata es el método más sencillo y eficaz. Por la mañana temprano o al atardecer, cuando los escarabajos están menos activos, recójalos junto con sus larvas en un recipiente con queroseno o agua salada.
- Biológico: para combatir las larvas del escarabajo de la patata y otras plagas del suelo se utilizan nematodos entomopatógenos (por ejemplo, Steinernema carpocapsae) y el hongo Beauveria bassiana (Mondal et al., 2020). Sin embargo, su eficacia en campo abierto puede ser menor debido a las condiciones meteorológicas.
- Zanjas trampa y barreras: alrededor de los bancales se pueden hacer zanjas con tierra suelta que retienen a las larvas y adultos en desplazamiento (McLeod y Rashid, 2016).
- Químico: el uso de insecticidas (Actellik, Karate, Decis) solo está permitido en caso de multiplicación masiva. Es importante respetar los plazos de espera antes de la cosecha.
3.3. Babosas y caracoles (Gastropoda)
Las babosas y los caracoles no son insectos, sino moluscos gasterópodos. Les encanta el tiempo húmedo y suelen molestar a los horticultores en años lluviosos o en condiciones de riego (Mondal et al., 2020). En los pepinos pueden dañar no solo las hojas, sino también los frutos, haciéndolos no aptos para el almacenamiento y el consumo.
Signos de aparición. El signo más característico son los rastros plateados y babosos en las hojas y tallos, así como en el suelo. En las hojas y los frutos aparecen agujeros irregulares y bordes mordisqueados (Mondal et al., 2020). Las babosas y los caracoles son activos principalmente por la noche y en tiempo nublado y lluvioso; durante el día se esconden bajo piedras, tablas o en la capa superior del suelo húmedo.
Ciclo de vida. Las babosas depositan sus huevos en el suelo húmedo, bajo restos vegetales o en grietas del terreno. De los huevos salen individuos jóvenes que crecen y se reproducen durante toda la estación cálida. Los adultos invernan en el suelo (Ajátov et al., 2013).
Daños causados. Las babosas pueden causar grandes daños a las plántulas jóvenes, devorándolas por completo. En plantas adultas dañan las hojas y los ovarios, y pueden perforar los frutos, dejando cavidades profundas (Mondal et al., 2020). Los frutos dañados pierden su aspecto comercial y se pudren rápidamente.
Prevención.
- Desherbado oportuno: elimine las malas hierbas que sirven de refugio a las babosas.
- Eliminación de escondites: retire del terreno tablas, piedras, hojarasca vieja, etc., bajo los que puedan esconderse las babosas.
- Acolchado: utilice acolchado de paja, serrín o hierba seca. A las babosas no les gusta desplazarse sobre superficies secas y espinosas. Sin embargo, el acolchado de hierba fresca puede atraerlas, por lo que es preferible utilizar acolchado seco (Gahukar, 2016).
- Riego por la mañana: si riega los bancales por la mañana, la tierra se secará para la noche, lo que reduce la humedad y hace que la zona sea menos atractiva para las babosas.
Métodos de control.
- Recolección manual: por la tarde o temprano por la mañana, recoja las babosas manualmente o con trampas (trozos de cartón, trapos húmedos bajo los que se refugian durante el día). Destruya las plagas recogidas.
- Trampas: recipientes enterrados en el suelo con cerveza o solución de levadura atraen y ahogan a las babosas (McLeod y Rashid, 2016).
- Uso de barreras: alrededor de los bancales se pueden esparcir franjas de harina picante, cáscaras de huevo, ceniza o cáscara de huevo triturada. Esto crea una barrera mecánica que las babosas no pueden atravesar.
- Métodos biológicos: las babosas de jardín son alimento de muchos animales: carábidos, erizos, ranas, pájaros. Atráigalos a su huerto.
- Químico: existen productos seguros a base de fosfato férrico (por ejemplo, «Slug Killer»). No son tóxicos para el ser humano ni para los animales domésticos, pero eliminan eficazmente a las babosas. Aplíquelos según las instrucciones.
En este capítulo hemos examinado las principales plagas defoliadoras. En la siguiente parte pasaremos a las plagas del suelo — aquellas que se esconden en la tierra y amenazan los órganos subterráneos de la planta.
4. Plagas del suelo
El sistema radicular del pepino es su principal dispositivo de «bombeo», que proporciona a la planta agua y nutrientes. El daño a las raíces, aunque sea pequeño, repercute en toda la planta: comienza a retrasar su crecimiento, se marchita, cuaja peor los frutos y puede llegar a morir. Las plagas del suelo son especialmente peligrosas en los primeros estadios de desarrollo, cuando el sistema radicular aún es débil y no está bien establecido.
4.1. Gusanos de alambre (larvas de elatéridos)
Los gusanos de alambre son las larvas de los escarabajos clic (Elateridae). Deben su nombre a su cuerpo duro, delgado y alargado de color pardo amarillento, que recuerda a un trozo de alambre (Mondal et al., 2020). Estas larvas viven en el suelo y son graves plagas de muchos cultivos, incluido el pepino (Ajátov et al., 2013).
Signos de aparición. Síntomas aéreos: marchitamiento y retraso del crecimiento. Al examinar el sistema radicular se pueden encontrar galerías roídas, raíces dañadas y marcas oscuras de alimentación. Las larvas pueden dañar tanto las raicillas jóvenes como la raíz principal, penetrando en su interior y dejándola inservible (Kotov y Adritskaya, 2016). Las plántulas y las plantas jóvenes son las que más sufren, ya que pueden ser roídas a ras de suelo.
Ciclo de vida. Los elatéridos ponen huevos en el suelo, generalmente en suelos húmedos y ricos en materia orgánica. Las larvas se desarrollan en el suelo de 3 a 5 años, pasando por varios estadios. Las más dañinas son las larvas de edad avanzada (3.er–4.º año). La pupación tiene lugar en el suelo, y el adulto emerge a la superficie (Ajátov et al., 2013). Los gusanos de alambre invernan en el suelo a 10–20 cm de profundidad.
Daños causados. Las raíces dañadas absorben mal el agua y los nutrientes. La planta comienza a marchitarse, especialmente en días calurosos; el crecimiento se ralentiza y las hojas amarillean. Con daños graves, las plántulas pueden morir. Los gusanos de alambre prefieren suelos húmedos y ácidos, así como zonas invadidas por grama, por lo que son frecuentes en suelos pesados (Mondal et al., 2020).
Prevención.
- Encalado de suelos ácidos: a los gusanos de alambre no les gusta el medio alcalino.
- Eliminación de la grama: esta mala hierba es el hábitat preferido de los gusanos de alambre.
- Labranza profunda y aireación: el laboreo otoñal a 20–25 cm saca las larvas a la superficie, donde mueren por las heladas o son devoradas por las aves (Ajátov et al., 2013). El laboreo primaveral también es eficaz.
- Rotación de cultivos: no plante pepinos después de patatas, maíz o gramíneas perennes, donde suele acumularse el gusano de alambre (Gahukar, 2016).
Métodos de control.
- Cebos y trampas: entierre trozos de patata cruda, zanahoria o remolacha a 5–10 cm de profundidad, marque los lugares con estacas y, a los 2–3 días, recoja los gusanos de alambre reunidos. Repita el procedimiento varias veces durante la temporada (Kotov y Adritskaya, 2016).
- Métodos biológicos: los hongos entomopatógenos Metarhizium anisopliae y Beauveria bassiana infectan a las larvas en el suelo (Ajátov et al., 2013). También se pueden utilizar nematodos Steinernema carpocapsae, que buscan y destruyen activamente a los gusanos de alambre.
- Químico: con una alta densidad de la plaga, se pueden aplicar insecticidas al suelo (por ejemplo, a base de diazinón) en la plantación o entre líneas (Gahukar, 2016). Sin embargo, estos productos son tóxicos, por lo que su uso debe estar estrictamente justificado.
4.2. Grillo topo (Gryllotalpa gryllotalpa)
El grillo topo es un insecto grande (hasta 5–6 cm) de color pardo, con poderosas patas delanteras excavadoras similares a las de un topo. Vive en el suelo, creando complejos sistemas de galerías tanto en superficie como en profundidad (Ajátov et al., 2013). Es más peligroso en las regiones del sur y centro, pero también se encuentra en zonas más septentrionales.
Signos de aparición. El signo más claro son los cordones sinuosos de tierra suelta en la superficie, que aparecen tras la lluvia o el riego (Kotov y Adritskaya, 2016). Los orificios de entrada a las madrigueras son redondeados. Las plantas comienzan a marchitarse, especialmente en días calurosos, y al examinar las raíces se observan tallos roídos a ras de suelo y raíces dañadas. El grillo topo también puede dañar los frutos jóvenes si están en contacto con el suelo (Mondal et al., 2020).
Ciclo de vida. Los grillos topo adultos invernan en el suelo a 1–2 metros de profundidad. En primavera emergen, se aparean y ponen huevos en un nido a 10–15 cm de profundidad, que parece una pequeña bola de tierra. Las larvas (parecidas a los adultos pero sin alas) se desarrollan durante aproximadamente un año, alimentándose de partes subterráneas de las plantas. Se desarrolla una generación al año (Ajátov et al., 2013).
Daños causados. El grillo topo puede roer las raíces y los tallos de las plantas jóvenes, destruyendo las plántulas. En plantas adultas daña el sistema radicular, lo que reduce el rendimiento. También puede dañar los frutos, especialmente en contacto con el suelo (Mondal et al., 2020). El grillo topo es omnívoro y puede causar grandes estragos en superficies pequeñas.
Prevención.
- Labranza profunda en otoño y primavera destruye nidos y galerías.
- Eliminación de malas hierbas reduce los lugares de reproducción y refugio.
- Siembra y plantación tempranas permiten que las plantas se fortalezcan antes de la salida del grillo topo (Gahukar, 2016).
- Atracción de aves y animales insectívoros: estorninos, grajos y erizos devoran activamente a los grillos topo.
Métodos de control.
- Cebos envenenados: los métodos más populares. Se hierven patatas troceadas o granos de maíz y se rocían con insecticidas (por ejemplo, a base de karbofos), luego se entierran a 2–3 cm de profundidad en las zonas de paso del grillo topo (Kotov y Adritskaya, 2016).
- Trampas: en otoño y primavera se cavan hoyos (30–40 cm de profundidad), se llenan de estiércol y se cubren con una tabla. Los grillos topo se reúnen en estos hoyos para invernar y pueden ser destruidos. También se utilizan tarros enterrados en el suelo con cerveza o agua azucarada (Ajátov et al., 2013).
- Métodos biológicos: el hongo Metarhizium anisopliae infecta a los grillos topo. Sin embargo, su eficacia en campo abierto puede ser menor.
- Químico: en caso de propagación masiva, se aplican insecticidas granulados a base de diazinón o fentión, incorporados al suelo o en cebos. Es importante seguir estrictamente las instrucciones (Gahukar, 2016).
4.3. Nematodos agalladores (Meloidogyne spp.)
Los nematodos agalladores son diminutos gusanos redondos que constituyen un grave problema para los pepinos, especialmente en invernaderos y en suelos ligeros (Ajátov et al., 2013). Atacan el sistema radicular y provocan la formación de tumores — agallas.
Signos de aparición. La parte aérea de la planta se muestra deprimida: amarilleamiento de las hojas, crecimiento lento, marchitamiento en horas calurosas (Ajátov et al., 2013). Al examinar las raíces se observan engrosamientos característicos esféricos o fusiformes (agallas) de diversos tamaños (Mondal et al., 2020). En casos avanzados, las agallas pueden fusionarse y formar singallas grandes.
Ciclo de vida. Las hembras ponen los huevos en una bolsa gelatinosa que queda en la superficie de la agalla. Las larvas (juveniles) salen de los huevos, penetran en las raíces y provocan la proliferación celular que forma las agallas. Dentro de las agallas se desarrollan nuevas hembras y machos; el ciclo se completa en 3–4 semanas en condiciones favorables (temperatura de 20–30 °C) (Ajátov et al., 2013).
Daños causados. Las agallas alteran el funcionamiento del sistema radicular, impidiendo la absorción normal de agua y nutrientes. La planta sufre un estrés constante, disminuye el rendimiento y se deteriora la calidad de los frutos. Las infecciones secundarias (fúngicas y bacterianas) atacan fácilmente a las plantas debilitadas. Las pérdidas de rendimiento debidas a los nematodos pueden alcanzar el 30–50% (Mondal et al., 2020; Gahukar, 2016).
Prevención.
- Cuarentena: revise cuidadosamente el material de plantación (plántulas, bulbos) para detectar la presencia de agallas.
- Uso de variedades resistentes: existen híbridos de pepino con resistencia genética a los nematodos agalladores (Mondal et al., 2020). Es el método más eficaz.
- Rotación adecuada: no vuelva a plantar pepinos en el mismo lugar antes de 3–4 años.
- Eliminación de restos vegetales: queme las plantas enfermas para evitar la propagación de los nematodos.
- Preparación del suelo antes de la siembra: el tratamiento con vapor en invernadero o el uso de biopreparados (por ejemplo, Purpureocillium lilacinum) puede reducir la población de nematodos (Ajátov et al., 2013).
Métodos de control.
- Biológico: uso de hongos antagonistas (Purpureocillium lilacinum, Pochonia chlamydosporia) que atacan huevos y larvas de nematodos (Ajátov et al., 2013). También es eficaz la bacteria Pasteuria penetrans.
- Agrotécnicos: riegos provocativos (que crean condiciones favorables para la salida de larvas) seguidos de su muerte, siembra de abonos verdes (por ejemplo, mostaza, rábano oleífero) como cultivos intermedios — esto reduce la población de nematodos (Ajátov et al., 2013).
- Químico: en invernaderos se emplean productos a base de avermectinas (Fitoverm, Akarin) para tratar el suelo. Sin embargo, es un método costoso y no siempre da resultados del 100%.
4.4. Otras plagas del suelo
Además de los gusanos de alambre, los grillos topo y los nematodos, otras plagas pueden dañar las raíces del pepino. Entre ellas se incluyen:
- Larvas de sírfidos (Syrphidae): a veces dañan las raíces, especialmente en invernaderos, donde son difíciles de eliminar.
- Mosquito del pepino (Bradysia brunnipes): daña en invernaderos, sobre todo con humedad excesiva. Las larvas se alimentan de raíces y pueden causar el marchitamiento de las plantas (Ajátov et al., 2013). Medidas de control: mantener una humedad óptima, utilizar trampas cromáticas amarillas para capturar adultos.
- Larvas de gorgojos: algunas especies de gorgojos radiculares pueden dañar las raíces.
- Miriápodos y quilópodos: a veces aparecen en el suelo, especialmente en zonas muy húmedas, y pueden dañar las raíces jóvenes.
Los principios generales de protección contra las plagas del suelo incluyen un conjunto de medidas agrotécnicas (rotación adecuada, laboreo, aplicación de abonos orgánicos), el uso de biopreparados y, en casos excepcionales, la aplicación de insecticidas. Lo fundamental es no permitir que las plagas se multipliquen y destruyan la cosecha.
5. Protección integrada: un enfoque integral
La protección integrada de las plantas (MIP) es un sistema de gestión de las poblaciones de plagas que utiliza una combinación de diferentes métodos de control con el fin de minimizar los daños económicos, ecológicos y sociales (Gahukar, 2016; Wehner et al., 2020). Esto significa que no esperamos a que las plagas destruyan las plantaciones, sino que actuamos de forma anticipada, creando condiciones desfavorables para su desarrollo y utilizando al máximo los mecanismos naturales de regulación.
El enfoque integrado consta de cinco etapas clave:
5.1. Métodos agrotécnicos — la base de la protección
La agrotécnica es el fundamento de la salud de las plantas. Una planta de pepino fuerte y sana resiste mucho mejor los ataques de plagas que una debilitada. Todas las medidas agrotécnicas están dirigidas a crear condiciones en las que las plagas se sientan incómodas y, por el contrario, las plantas reciban todo lo necesario para su crecimiento y desarrollo.
Rotación de cultivos. Los pepinos no deben cultivarse en el mismo lugar durante varios años consecutivos. Esto provoca la acumulación en el suelo de plagas específicas (nematodos, enfermedades fúngicas) y de sus larvas y formas invernantes (Mondal et al., 2020). El plazo óptimo para volver a plantar pepinos en el mismo lugar es de al menos 3–4 años (Gahukar, 2016). Es conveniente que los cultivos precedentes no sean atacados por las mismas plagas (leguminosas, cebolla, col, patata temprana).
Elección correcta del emplazamiento y preparación del suelo. La parcela debe estar bien iluminada y ser cálida. El laboreo profundo en otoño (25–30 cm) destruye las fases invernantes de muchas plagas: gusanos de alambre, larvas de escarabajos, crisálidas de mariposas (Ajátov et al., 2013; Pantielev, 1986). El cultivo primaveral también ayuda a destruir huevos y larvas depositados en la capa superficial del suelo.
Mantenimiento de una densidad de plantación óptima. Las siembras densas crean condiciones favorables para la rápida propagación de plagas y enfermedades debido a la alta humedad y la mala ventilación. Siga el marco de plantación recomendado para su variedad de pepino (Pantielev, 1986).
Escardado regular. Esta operación no solo mejora la aireación, sino que también destruye las galerías del grillo topo y elimina larvas y pupas de muchos insectos que se encuentran en la capa superficial.
Nutrición equilibrada. El exceso de abonos nitrogenados hace que los tejidos de las plantas sean jugosos y atractivos para las plagas chupadoras (pulgones, ácaros). Por el contrario, los abonos fosforados y potásicos aumentan la resistencia de las plantas a las enfermedades y al estrés (Wehner et al., 2020). Aplique los fertilizantes según las dosis recomendadas y las necesidades de las plantas en las distintas fases de crecimiento.
Riego adecuado. El riego con agua fría o el exceso de riego debilitan el sistema radicular y hacen que las plantas sean vulnerables a las plagas del suelo. Riegue solo con agua templada y mantenga un régimen de humedad óptimo (Ajátov et al., 2013). En tiempo caluroso, para reducir la población de araña roja, es útil realizar riegos refrescantes, pero evite el encharcamiento.
Control de malas hierbas. Las malas hierbas son reservorios de plagas. Los pulgones, las arañas rojas, los trips, las moscas blancas y otras plagas colonizan primero las malas hierbas y luego pasan a las plantas cultivadas (Mondal et al., 2020). El desherbado oportuno es una medida preventiva fundamental.
5.2. Control biológico — ayudantes inteligentes
El uso de organismos vivos para suprimir las plagas es el método más ecológico y seguro, cada vez más popular tanto en explotaciones agrícolas como en pequeñas parcelas.
Entomófagos y acarófagos. Son insectos y ácaros depredadores que se alimentan de plagas.
- Para combatir la araña roja se utiliza el ácaro depredador Phytoseiulus persimilis. Se reproduce 1,5–1,9 veces más rápido que la plaga, lo que le permite suprimir eficazmente su población (Ajátov et al., 2013).
- Contra los pulgones son eficaces las avispas parasitoides Aphidius colemani y Lysiphlebus testaceipes, así como la cecidómido depredador Aphidoletes aphidimyza (Ajátov et al., 2013; Gahukar, 2016).
- Para eliminar la mosca blanca se utiliza el parásito Encarsia formosa (Wehner et al., 2020). Es una de las historias de éxito más notables del control biológico en invernaderos.
- Contra los trips son eficaces los ácaros depredadores Neoseiulus cucumeris y los chinches Orius (Ajátov et al., 2013).
Preparados microbiológicos. Son productos a base de bacterias, hongos o virus que infectan a los insectos.
- La bacteria Bacillus thuringiensis (Bt) es eficaz contra las orugas de mariposas (Pantielev, 1986; Gahukar, 2016). Los preparados a base de ella (Bitoxibacilina, Lepidocid) son seguros para el ser humano, las abejas y los insectos beneficiosos.
- Los hongos Beauveria bassiana, Lecanicillium muscarium y Metarhizium anisopliae son eficaces contra pulgones, mosca blanca, trips, araña roja y plagas del suelo (gusanos de alambre) (Ajátov et al., 2013). Estos preparados requieren alta humedad para obtener la máxima eficacia.
- El hongo Purpureocillium lilacinum se utiliza para combatir los nematodos agalladores. Infecta huevos y larvas de nematodos, reduciendo su población en el suelo (Ajátov et al., 2013).
- Los nematodos entomopatógenos Steinernema carpocapsae son eficaces contra gusanos de alambre, larvas de escarabajos y otras plagas del suelo (Mondal et al., 2020).
5.3. Métodos mecánicos — armas sencillas y fiables
Son los métodos más simples y accesibles, que no requieren habilidades especiales ni la compra de preparados costosos. Son especialmente eficaces en pequeñas superficies.
- Recogida manual. Inspeccione regularmente las plantas y recoja las puestas de huevos, orugas, larvas del escarabajo de la patata, grillos topo y babosas. Destrúyalas sumergiéndolas en agua jabonosa o queroseno (Pantielev, 1986).
- Sacudido. Por la mañana temprano, cuando las plagas están inactivas, se pueden sacudir los escarabajos y orugas de las plantas sobre un lienzo y destruirlos.
- Barreras y trampas. Utilice trampas cromáticas adhesivas amarillas y azules para capturar mosca blanca, trips y otras plagas voladoras (Wehner et al., 2020). Contra las babosas utilice barreras de harina picante, cáscara de huevo o ceniza, así como trampas con cerveza (McLeod y Rashid, 2016).
- Lavado con agua. Un fuerte chorro de agua puede eliminar pulgones, arañas rojas y otros chupadores de las hojas. Este método da un efecto temporal, pero ayuda a reducir la población de plagas.
5.4. Medios químicos — la última barrera
Los insecticidas y acaricidas químicos son un arma poderosa, pero deben usarse con precaución y solo como último recurso, cuando los demás métodos ya no funcionan o la población de plagas supera el umbral económico de daño (Gahukar, 2016).
Principios para el uso de medios químicos:
- Selección del producto: utilice únicamente aquellos productos registrados para su uso en pepinos y en huertos familiares.
- Cumplimiento de la dosis: siga estrictamente las instrucciones. La sobredosis no aumenta el efecto, pero puede provocar quemaduras en las plantas y acumulación de sustancias tóxicas en los frutos.
- Momento del tratamiento: realice los tratamientos a primera hora de la mañana o al atardecer para evitar quemaduras solares. Evite los tratamientos durante la floración para no dañar a las abejas.
- Plazo de espera: respete los plazos de espera (periodo entre el tratamiento y la cosecha) indicados en las instrucciones. Esto garantiza la seguridad del producto.
- Alternancia: alterne regularmente productos de distintas clases químicas para evitar el desarrollo de resistencias en las plagas (Gahukar, 2016). Por ejemplo, los insecticidas sistémicos (Aktara, Confidor) son eficaces contra los pulgones, pero no deben usarse con demasiada frecuencia.
- Tratamiento localizado: trate no todas las plantas, sino solo los focos de plagas. Esto permite ahorrar productos y conservar los insectos beneficiosos.
5.5. Monitoreo y toma de decisiones — la clave del éxito
La protección integrada no es solo un conjunto de métodos, sino un sistema de toma de decisiones. El horticultor debe inspeccionar regularmente sus plantaciones para detectar a tiempo la aparición de plagas y evaluar la magnitud del problema. Esto permite tomar la decisión correcta: ¿es momento de aplicar biopreparados, o todavía se puede recurrir a la recolección manual y a las medidas agrotécnicas?
Algoritmo práctico de actuación:
1. Inspección regular: dedique 10–15 minutos diarios o cada dos días a inspeccionar las plantas. Preste atención al envés de las hojas, donde se esconden pulgones, ácaros y puestas de huevos.
2. Evaluación de la situación: si observa algunos ejemplares de plagas pero no causan daños apreciables, comience con medidas preventivas y recolección manual.
3. Transición a métodos activos: si la población de plagas aumenta y aparecen los primeros signos de daño (hojas enrolladas, manchas amarillas, bordes mordisqueados), aplique biopreparados o suelte entomófagos.
4. Medida extrema: solo si los métodos biológicos no dan resultado o la plaga se multiplica rápidamente y amenaza la pérdida de la cosecha, aplique medios químicos, respetando estrictamente las normas de seguridad (Gahukar, 2016).
La protección integrada del pepino contra las plagas es un proceso continuo que exige atención, conocimientos y paciencia. Pero proporciona lo principal: la posibilidad de obtener una cosecha sana y abundante sin riesgos innecesarios para la salud y el medio ambiente.
6. Errores frecuentes en la protección del pepino contra las plagas
Incluso los horticultores experimentados cometen a veces errores que anulan todos los esfuerzos por proteger las plantas. Comprender estos errores y sus causas es la mejor manera de prevenirlos. Hemos recopilado los más comunes y ofrecemos recomendaciones sobre cómo actuar correctamente.
Error 1: Identificación incorrecta de la plaga
Es el error más común y peligroso. Los horticultores confunden a menudo los daños causados por diferentes plagas y aplican medidas ineficaces. Por ejemplo, los daños de la araña roja (pequeños puntos claros y telarañas) se confunden con una enfermedad o falta de humedad, y las estrías plateadas de los trips con quemaduras solares (Mondal et al., 2020).
Por qué es un error. Sin un diagnóstico correcto, es imposible elegir la estrategia de protección adecuada. Los insecticidas contra pulgones no funcionan contra los ácaros, y los preparados contra orugas son inútiles contra las plagas chupadoras. Como resultado, se pierde tiempo, dinero y esfuerzo en tratar un problema inexistente, mientras que la plaga real sigue destruyendo la cosecha.
Cómo hacerlo correctamente. Inspeccione las plantas con atención, usando una lupa o lente de aumento. Fíjese en la naturaleza de los daños, el hábitat de la plaga y, si es posible, su aspecto. Utilice las tablas y descripciones de este artículo para una identificación precisa. En casos dudosos, consulte a especialistas o busque información en fuentes fiables.
Error 2: Descuidar la prevención
Muchos horticultores empiezan a luchar contra las plagas solo cuando ya han aparecido y han causado daños notables. A menudo se ignoran las medidas preventivas (rotación de cultivos, labranza profunda, eliminación de malas hierbas, atracción de insectos beneficiosos).
Por qué es un error. La prevención es la forma más barata y eficaz de protección. Crea condiciones en las que a las plagas les resulta difícil multiplicarse y las plantas se mantienen sanas y fuertes. Una vez que la plaga ha aparecido, combatirla es mucho más difícil y costoso, y las pérdidas de cosecha son inevitables (Gahukar, 2016).
Cómo hacerlo correctamente. Convierta la prevención en una práctica habitual. Incluya en su calendario de jardinería las actividades obligatorias: rotación de cultivos, laboreo otoñal y primaveral, desherbado oportuno, abonado equilibrado. Plante según los marcos recomendados y evite las plantaciones densas.
Error 3: Aplicar productos químicos en el momento inadecuado
El error más común es tratar las plantas en las horas calurosas y soleadas, durante la floración o inmediatamente antes de la cosecha (Gahukar, 2016).
Por qué es un error. El tratamiento en horas calurosas puede provocar quemaduras en las hojas y los frutos. La aplicación de productos químicos durante la floración mata a las abejas y otros polinizadores, lo que provoca una fuerte caída del rendimiento (McLeod y Rashid, 2016). El incumplimiento de los plazos de espera (entre el tratamiento y la cosecha) provoca la acumulación de sustancias tóxicas en los frutos, haciéndolos peligrosos para la salud.
Cómo hacerlo correctamente. Realice los tratamientos a primera hora de la mañana o al atardecer, cuando el sol no está activo. Nunca pulverice durante la floración. Respete estrictamente los plazos de espera indicados en las instrucciones. Si ya ha comenzado la cosecha, utilice únicamente biopreparados con plazos de espera cortos (por ejemplo, Fitoverm o biopreparados a base de Bacillus thuringiensis).
Error 4: Uso excesivo y mala alternancia de productos
Algunos horticultores, ante cualquier plaga, recurren inmediatamente a insecticidas potentes, usándolos repetida y desordenadamente (Gahukar, 2016). Otros utilizan el mismo producto varias veces seguidas sin cambiarlo.
Por qué es un error. El uso continuado de plaguicidas potentes mata a los insectos beneficiosos, altera el equilibrio ecológico y provoca brotes de plagas. Los insectos y ácaros desarrollan rápidamente resistencia a los productos químicos, especialmente a los de la misma clase (Gahukar, 2016). Como resultado, a las 2–3 generaciones, los productos dejan de funcionar y hay que buscar medios cada vez más fuertes y peligrosos.
Cómo hacerlo correctamente. Utilice los productos químicos solo como último recurso, cuando los métodos biológicos y mecánicos ya no son eficaces. Alterne obligatoriamente productos de distintas clases químicas (por ejemplo, una vez a base de imidacloprid, la siguiente a base de piretroides). Estudie la materia activa, no solo el nombre comercial. Utilice las dosis mínimas eficaces indicadas en las instrucciones.
Error 5: Subestimar los métodos biológicos
Muchos horticultores siguen siendo escépticos con los biopreparados y los entomófagos, considerándolos poco fiables. Prefieren los productos químicos habituales, aunque más peligrosos.
Por qué es un error. Los biopreparados y agentes de control biológico modernos son muy eficaces y, si se usan correctamente, no son inferiores a los químicos. Son seguros para el ser humano, los insectos beneficiosos y el medio ambiente, no generan resistencias y no alteran el ecosistema (Ajátov et al., 2013; Gahukar, 2016).
Cómo hacerlo correctamente. Incorpore activamente los métodos biológicos en su práctica. Empiece por la prevención y la atracción de insectos beneficiosos. Utilice biopreparados a base de bacterias y hongos (Bitoxibacilina, Lepidocid, Fitoverm) ante los primeros signos de plagas. En invernaderos, utilice obligatoriamente entomófagos (Phytoseiulus, Encarsia, Aphidius) — es la forma más eficaz y segura de protección.
Error 6: Ignorar la resistencia de las plagas
Algunos horticultores creen que si compran un producto importado y «fuerte», será eficaz siempre y contra todas las plagas.
Por qué es un error. La resistencia a los plaguicidas es un proceso evolutivo. En cada población de plagas hay individuos con cierta resistencia a los productos químicos. Con el uso continuado del mismo producto, sobreviven esos individuos, que transmiten su resistencia a la descendencia. A las pocas generaciones, el producto deja de funcionar (Gahukar, 2016).
Cómo hacerlo correctamente. Alterne regularmente productos con diferentes mecanismos de acción. No use el mismo producto dos veces seguidas en la misma temporada. Lea atentamente las instrucciones y fíjese en la materia activa, no en el nombre comercial. Combine los tratamientos químicos con métodos biológicos y mecánicos para reducir la presión selectiva sobre las poblaciones de plagas.
Error 7: Riego y cuidados inadecuados
Regar con agua fría, humedad excesiva, escaso escardado y exceso de abonos nitrogenados — todo ello puede favorecer el desarrollo de plagas y enfermedades (Mondal et al., 2020).
Por qué es un error. El encharcamiento crea condiciones favorables para el desarrollo de enfermedades fúngicas y de muchas plagas del suelo, como el mosquito del pepino y las bacterias de pudrición (Ajátov et al., 2013). El agua fría y los cambios de temperatura debilitan el sistema radicular y hacen que las plantas sean vulnerables a las plagas chupadoras. El exceso de nitrógeno provoca un crecimiento excesivo de follaje jugoso, que atrae a los pulgones (Wehner et al., 2020).
Cómo hacerlo correctamente. Riegue el pepino solo con agua templada (no inferior a 20–22 °C). Mantenga un régimen de humedad óptimo, evitando el encharcamiento y la sequía. Escarde regularmente el suelo para garantizar el acceso de aire a las raíces. Aplique fertilizantes minerales de forma equilibrada, con predominio de fósforo y potasio durante la fructificación.
Conclusión
La protección del pepino contra las plagas no es una acción puntual, sino un proceso continuo y meditado, basado en el conocimiento de la biología de las plagas, las características del cultivo y la aplicación adecuada de los distintos métodos. Un enfoque integrado que combine la prevención, los métodos biológicos, mecánicos y, en última instancia, químicos, le permitirá mantener las plantas sanas, obtener una alta cosecha y, al mismo tiempo, protegerse a usted, a los suyos y al medio ambiente.
Recuerde: la mejor lucha es la prevención. Sea atento a sus plantas, detecte a tiempo los signos de aparición de plagas y actúe con inteligencia. ¡Así su pepinar siempre le recompensará con una cosecha abundante y saludable!
Referencias
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