Riego de tomates durante lluvias prolongadas: cómo salvar la cosecha del exceso de humedad
Las lluvias prolongadas son una de las pruebas más severas para los tomates. Muchos jardineros creen erróneamente que, dado que la planta ama la humedad, las precipitaciones abundantes le beneficiarán. Sin embargo, en la práctica, las consecuencias de las lluvias prolongadas pueden ser mucho más destructivas que una sequía breve. En este artículo analizaremos por qué las lluvias son peligrosas para los tomates y cómo actuar correctamente durante el exceso de humedad.
1. Por qué las lluvias son más peligrosas que la sequía
Tomate es una planta que, en el curso de su evolución, se ha adaptado a condiciones con frecuentes alternancias entre periodos secos y húmedos. Posee un sistema radicular potente, capaz de extraer agua de las capas profundas del suelo, y sus hojas están cubiertas de pelos y cutícula que ayudan a retener la humedad (Akhatov, 2010). Por ello, el tomate tolera relativamente bien una sequía corta. Sin embargo, el exceso de agua le resulta perjudicial por varias razones.
Hambre de oxígeno en las raíces
Las raíces del tomate necesitan oxígeno para funcionar correctamente. Cuando el suelo se satura de agua, los poros se llenan de agua, desplazando el aire. Las raíces comienzan a asfixiarse y su capacidad de absorción disminuye drásticamente. Los investigadores señalan que, cuando la temperatura del agua y del suelo supera los 25 °C, el contenido de oxígeno en la disolución cae a valores críticos (Heuvelink, 2018). Si el estancamiento del agua se prolonga más de 12 horas, las raíces empiezan a morir (Tarakanov y Mujin, 2003). La planta se encuentra en una situación paradójica: hay mucha agua alrededor, pero las raíces no pueden absorberla — se produce una sequía fisiológica, y las hojas comienzan a marchitarse.
Pudrición de raíces y cuello
En suelos encharcados se activan los patógenos de las pudriciones radiculares — hongos de los géneros Pythium, Rhizoctonia, Fusarium. Atacan las raíces debilitadas y la parte inferior del tallo. Es especialmente peligroso cuando el agua se estanca alrededor del cuello de la raíz: los tejidos se ablandan, se ennegrecen y la planta muere. Balashev y Zeman (1981) señalaron que incluso una inundación breve provoca la muerte de raíces en los tomates, especialmente en tiempo caluroso, cuando bacterias y hongos se multiplican con mayor actividad.
El mildiú tardío (tizón tardío) – la principal amenaza
Las lluvias prolongadas crean las condiciones ideales para el desarrollo del mildiú tardío (Phytophthora infestans). Para que las esporas germinen e infecten la planta, se necesita humedad en forma de gotas sobre las hojas durante varias horas (Akhatov, 2010). La lluvia, la niebla y el rocío son los principales aliados de esta peligrosa enfermedad. Las esporas se dispersan con las gotas de agua y, en 10‑15 días, la enfermedad puede destruir una parte importante de la cosecha, especialmente en invernaderos de plástico y en campo abierto en regiones de clima fresco.
Agrietamiento de los frutos
El exceso de agua provoca un crecimiento rápido de los frutos. La piel no alcanza a estirarse y aparecen grietas — primero pequeñas alrededor del pedúnculo, luego radiales y concéntricas (Akhatov, 2010). A través de las grietas penetran en el fruto patógenos de la podredumbre gris, la alternariosis y las bacteriosis. Estos frutos no se conservan, se pudren rápidamente y no son aptos para el consumo.
Deterioro de la calidad del fruto
Con el exceso de humedad durante la maduración, los frutos se vuelven acuosos, disminuye su contenido en sólidos solubles y azúcares. Los estudios demuestran que, al aumentar la humedad del suelo del 70% al 85% de la capacidad de campo, el contenido de sólidos solubles en los tomates disminuye y la acidez aumenta (Balashev y Zeman, 1981). El sabor de los frutos empeora, se vuelve insípido.
Así pues, las lluvias prolongadas son peligrosas por un conjunto de factores que actúan simultáneamente. La tarea principal del jardinero durante este periodo es minimizar cada uno de estos riesgos.
2. ¿Hay que suspender el riego?
La pregunta más frecuente que surge entre los jardineros durante las lluvias prolongadas es: «¿Debo seguir regando los tomates o puedo suspenderlo por completo?». La respuesta depende del estado del suelo y de las plantas, pero en la mayoría de los casos, el riego debe suspenderse por completo durante las precipitaciones abundantes.
Cuándo suspender el riego por completo
Si en un día caen más de 20‑30 mm de precipitación (aproximadamente un cubo de agua por metro cuadrado) y las lluvias continúan varios días seguidos, el suelo se satura de humedad. En esta situación, el riego no solo es inútil, sino peligroso. Agrava el hambre de oxígeno de las raíces y favorece el desarrollo de pudriciones (Torikov y Sychev, 2018). No se debe regar hasta que la capa superior del suelo (a 10‑15 cm de profundidad) se haya secado y esté suelta.
Lo mismo se aplica a los tomates en invernadero, especialmente si están cubiertos con plástico o vidrio. El agua de lluvia no entra, pero la alta humedad del aire en el invernadero reduce significativamente la evaporación. El riego en estas condiciones solo aumenta la humedad y crea un ambiente ideal para el mildiú tardío y la podredumbre gris (Akhatov, 2010). Por lo tanto, en invernaderos durante el periodo lluvioso se suspende totalmente el riego y la atención principal se centra en la ventilación (sobre esto, en el capítulo 5).
Cuándo se puede reanudar el riego
Hay situaciones en las que no es necesario suspender el riego por completo:
- Lluvias cortas (1‑2 días). Si después de la lluvia el suelo se seca rápidamente y vuelve el sol, se puede volver al calendario habitual de riego, pero reduciendo la dosis en un 20‑30%.
- Lluvias que humedecen solo la capa superficial. Si las precipitaciones fueron ligeras y no mojaron el suelo hasta la profundidad donde se encuentra la mayor parte de las raíces (20‑30 cm), y el pronóstico anuncia tiempo seco, es necesario regar, pero ajustando el volumen (Sweider y otros, 1992).
- Signos de marchitez. A veces, con tiempo lluvioso, las hojas de los tomates pierden turgencia y se caen. Los jardineros creen erróneamente que es falta de agua y empiezan a regar. En realidad, es un síntoma de hambre de oxígeno de las raíces: las raíces se asfixian, dejan de absorber agua y la parte aérea sufre una sequía fisiológica (Akhatov, 2010). El riego aquí solo empeoraría las cosas. La acción correcta es el escardillo para restaurar la aireación (véase el capítulo 3).
Cómo comprobar si es necesario regar
El método más fiable es comprobar manualmente la humedad del suelo a 10‑15 cm de profundidad (zona de raíces absorbentes activas). Si un terrón de tierra se aprieta en el puño y suelta agua, o está denso y húmedo, no es necesario regar (Balashev y Zeman, 1981). Si la tierra se desmorona y no mantiene la forma, se puede regar, pero con moderación.
Regla breve: durante lluvias prolongadas — no riegue. Deje que el suelo y la planta «descansen». Recuerde: el exceso de agua es más peligroso para los tomates que la falta. Mejor quedarse corto que pasarse.
Indicador interactivo: cuándo regar después de las lluvias
Pase el cursor sobre la zona de color para ver la descripción del estado del suelo y las acciones recomendadas. Esta prueba le ayudará a tomar la decisión sin errores.
Consejo: durante las lluvias prolongadas, fíjese en la zona derecha (roja) — el riego queda totalmente excluido, lo principal es el escardillo y la ventilación. Vuelva al riego cuando el suelo haya regresado a la zona amarilla o verde.
3. Qué hacer después de lluvias fuertes
Cuando cesan las lluvias, es el momento de actuar con rapidez y decisión. De cómo maneje los primeros 1‑2 días después de las precipitaciones dependerá si logra salvar las plantas y la cosecha. A continuación, un algoritmo paso a paso, probado en la práctica agronómica.
Paso 1. Revise el suelo
Primero, evalúe hasta qué profundidad se ha mojado el suelo. Tome un puñado de tierra de 10‑15 cm de profundidad (donde se encuentra la mayor parte de las raíces absorbentes del tomate) y apriételo:
- El terrón no se desmorona y el agua sale entre los dedos — el suelo está sobresaturado. Nada de riego, espere a que se seque durante 3‑5 días.
- El terrón mantiene la forma pero no se pega — la humedad es alta pero no crítica. No hace falta regar aún, pero puede empezar a escardar.
- El terrón se desmorona — el suelo ya se está secando, puede prepararse para reanudar el riego (véase el capítulo 8).
Al mismo tiempo, inspeccione la base de los tallos: si aparecen oscurecimientos, «estrangulamientos», ablandamiento de los tejidos — son signos de podredumbre radicular. Si los observa, retire urgentemente las plantas enfermas (Sweider y otros, 1992).
Paso 2. Escarde el suelo – ¡esto es lo más importante!
En cuanto el estado del suelo lo permita (que no se pegue a la herramienta), escarde inmediatamente a una profundidad de 5‑8 cm en los círculos de los tallos y entre las filas. Esta es una técnica críticamente importante: el escardillo rompe la costra del suelo, restaura el intercambio de gases y acelera la evaporación del exceso de humedad (Balashev y Zeman, 1981). Las raíces empiezan a «respirar» y la turgencia de las hojas se recupera.
Escarde con cuidado, procurando no dañar las raíces superficiales, que pueden estar debilitadas. En suelos arcillosos pesados, hágalo con especial esmero, ya que la costra se forma más rápido y dura más tiempo. Después del escardillo, es útil acolchar (con hierba seca o paja) para evitar que el suelo se recaliente y se forme una nueva costra.
Paso 3. Retire las hojas inferiores y los brotes dañados
Las lluvias han creado condiciones ideales para los hongos, y las hojas inferiores que tocan el suelo son la principal vía de infección. Retire todas las hojas amarillas, manchadas y las hojas inferiores hasta el primer racimo floral (Kotov y Adritskaya, 2016). Esto mejora la ventilación y acelera el secado de la planta después de la lluvia.
Aproveche para retirar todos los chupones (brotes laterales) si no lo había hecho antes — espesan la copa, retienen la humedad y dificultan la ventilación. Trabaje en horas secas de la mañana para que las heridas tengan tiempo de secar antes de la tarde, lo que reduce el riesgo de infección por podredumbre gris (Akhatov, 2010).
Paso 4. Ventile el invernadero – incluso a costa de una pequeña corriente de aire
Para los tomates de invernadero, esta acción es obligatoria. Abra todas las ventanas, puertas, levante los laterales. La humedad del aire en el invernadero después de la lluvia puede alcanzar el 90‑95%, lo que es catastróficamente peligroso para la floración, la polinización y, especialmente, para el desarrollo del mildiú tardío y la podredumbre gris (Heuvelink, 2018). El movimiento constante del aire es la mejor defensa.
Si el invernadero cuenta con un sistema de riego por goteo, se desconecta durante las lluvias y se intensifica la ventilación. Si no, al menos deje las puertas entreabiertas y ventile durante todo el día, incluso con tiempo nublado. Los estudios demuestran que la sobresaturación del aire en los invernaderos durante incluso 7‑10 días puede provocar daños masivos por ascoquitosis y otras enfermedades fúngicas (Kotov y Adritskaya, 2016).
Extra: si las lluvias continúan
Si las lluvias no cesan y el pronóstico es desfavorable, actúe con anticipación: tienda un plástico transparente sobre los canteros (a modo de toldo) para desviar al menos parte de la precipitación. En invernaderos, no cierre las puertas por la noche si la temperatura lo permite. La sequedad en la zona de las raíces y el movimiento del aire son sus principales aliados.
Conclusión principal: después de las lluvias, actúe rápido pero sin pánico. El escardillo y la ventilación son los dos pilares para salvar la cosecha. Si los retrasa unos días, lo más probable es que el mildiú tardío se manifieste primero.
4. Cómo proteger los frutos del agrietamiento
El agrietamiento de los frutos es una de las consecuencias más visibles y molestas de las lluvias prolongadas. Las grietas no solo estropean el aspecto comercial, sino que abren la puerta a infecciones fúngicas y bacterianas: la podredumbre gris, la alternariosis, la podredumbre húmeda penetran rápidamente a través de la piel dañada (Akhatov, 2010). Analicemos por qué ocurre esto y cómo reducir el riesgo al mínimo.
Por qué aparecen grietas
La piel del tomate es elástica, pero no infinitamente. Cuando, tras un periodo seco o simplemente por exceso de humedad en el suelo, la planta comienza a recibir mucha agua de repente, las células de la pulpa se hinchan rápidamente y la piel no alcanza a estirarse — se producen roturas.
Causas principales (Balashev y Zeman, 1981; Akhatov, 2010):
- Fluctuaciones bruscas de la humedad del suelo. Después de una sequía prolongada, un riego abundante o una lluvia fuerte provocan un crecimiento explosivo de los frutos: la piel se agrieta.
- Lluvias prolongadas sin secado. La humedad llega continuamente, el crecimiento de los frutos se acelera y la piel soporta una presión excesiva.
- Riegos tardíos (vespertinos o nocturnos). Si después del riego el suelo permanece húmedo y la evaporación nocturna es mínima, la presión en los tejidos del fruto se mantiene alta — aumenta el riesgo de grietas.
- Predisposición genética. Las variedades de frutos grandes y con múltiples lóculos se agrietan más que las de frutos pequeños y forma de ciruela; las variedades con piel fina tienen mayor riesgo (Sweider y otros, 1992).
Se distinguen dos tipos principales de grietas: radiales (se extienden desde el pedúnculo hacia el ápice) y concéntricas (anulares alrededor del pedúnculo). Ambos tipos hacen que el fruto no sea apto para el almacenamiento y reducen su valor nutricional — a través de las roturas se destruye el ácido ascórbico (Balashev y Zeman, 1981).
Cómo reducir el riesgo de agrietamiento
Es difícil evitar completamente las grietas durante lluvias prolongadas, pero se puede reducir significativamente su número y profundidad.
1. Estabilice la humedad del suelo
La regla principal es evitar cambios bruscos. Si las lluvias son prolongadas, mantenga una humedad moderada sin encharcar:
- Durante las lluvias, suspenda el riego por completo (véase el capítulo 2).
- Después de la lluvia, escarde inmediatamente — esto acelera la evaporación del exceso de agua y uniformiza el régimen hídrico (Torikov y Sychev, 2018).
- Si las lluvias dan paso al calor, riegue de forma fraccionada y regular, pero sin dejar que el suelo se seque completamente. Es mejor regar más a menudo con pequeñas cantidades, para evitar un «golpe de agua» a los frutos.
2. Acolche el suelo
El acolchado (hierba seca, paja, tela no tejida) protege el suelo del sobrecalentamiento y de las oscilaciones bruscas de humedad. Después de las lluvias, impide que la capa superior se seque demasiado rápido, y después de una sequía, retiene la humedad, reduciendo el estrés para las plantas y los frutos (Kotov y Adritskaya, 2016).
3. Retire los frutos dañados
En cuanto observe grietas, lo mejor es retirar esos frutos inmediatamente y consumirlos o procesarlos. No se conservarán, y dejarlos en la planta solo desvía nutrientes de los frutos sanos (Akhatov, 2010).
4. Elija variedades resistentes
Para el futuro, dé preferencia a variedades e híbridos resistentes al agrietamiento. Por lo general, son variedades con piel firme, tamaño mediano (100‑150 g), redondas o alargadas, con pocos lóculos. Se sabe que los frutos con 2‑3 lóculos se agrietan con mucha menos frecuencia (Akhatov, 2010).
5. Aporte calcio a las plantas
El calcio fortalece las paredes celulares y aumenta la elasticidad de los tejidos. En periodos lluviosos, la disponibilidad de calcio puede disminuir debido a una alteración de la nutrición radicular. Es útil realizar una fertilización foliar con nitrato cálcico (disolución al 0,5‑1%) sobre las hojas — esto refuerza la piel de los frutos y reduce el riesgo de grietas (Heuvelink, 2018).
Qué hacer si ya han aparecido grietas
- Recoja inmediatamente los frutos agrietados — no madurarán bien y se convertirán en foco de infección para los vecinos.
- Los frutos sanos que aún no se han agrietado se pueden sombrear ligeramente (con tela agrícola, ramas) — esto reduce las fluctuaciones bruscas de temperatura y humedad en la superficie del fruto.
- Aumente la ventilación (especialmente en invernaderos) — el secado rápido de los frutos después de la lluvia reduce el riesgo de podredumbres en las grietas.
Recuerde: una grieta es una herida. Cuanto antes se seque su superficie, menos posibilidades tendrán los patógenos de penetrar. La sequedad y el movimiento del aire son los mejores «medicamentos» para los frutos dañados.
5. Cómo reducir la humedad del aire
La alta humedad del aire es el principal aliado de las enfermedades fúngicas. Para que las esporas del mildiú tardío, la podredumbre gris, la alternariosis y otros patógenos germinen, necesitan humedad en forma de gotas sobre hojas y frutos (Akhatov, 2010). Por ello, durante las lluvias prolongadas, el control de la humedad ambiental se convierte en una tarea prioritaria — especialmente en invernaderos, donde la evaporación está limitada.
Por qué la humedad del aire es tan peligrosa
Cuando la humedad relativa supera el 80‑85%:
- las esporas del mildiú tardío germinan e infectan las hojas en 4‑6 horas (Akhatov, 2010);
- el polen del tomate se vuelve pegajoso y pesado, la polinización empeora — hay menos cuajado y los frutos se desarrollan mal (Heuvelink, 2018);
- la podredumbre gris (Botrytis cinerea) se desarrolla rápidamente en tejidos heridos, especialmente en plantaciones densas (Kotov y Adritskaya, 2016).
En campo abierto, la humedad del aire está regulada por la naturaleza, pero podemos influir en el microclima alrededor de las plantas. En invernaderos, el control de la humedad está totalmente en manos del jardinero — y esta es una ventaja importante que no se debe desaprovechar.
Cómo reducir la humedad del aire en un invernadero
1. Ventilación activa – la base de todo
En tiempo lluvioso, el invernadero debe ventilarse incluso más que en tiempo seco. Abra todas las ventanas, puertas, levante los laterales. Si es posible, cree una corriente de aire (pero no demasiado fuerte para no romper las plantas). El movimiento del aire elimina la humedad, iguala la temperatura y evita la formación de condensación en gotas sobre hojas y frutos (Kotov y Adritskaya, 2016).
En invernaderos modulares, es eficaz abrir ventanas tanto por el lado de barlovento como por el de sotavento — esto crea una corriente que «extrae» el aire húmedo. En túneles de plástico, levante los bordes del plástico para ventilar, especialmente por la mañana, cuando la condensación es más abundante.
2. Suspenda el riego y el riego por aspersión
Como ya se ha dicho (capítulo 2), durante las lluvias se suspende totalmente el riego. Es especialmente importante desconectar los sistemas de riego por aspersión que mojan directamente las hojas y aumentan la humedad del aire. El cambio al riego por goteo (después de que cesen las lluvias) ayuda a mantener la humedad del suelo sin añadir humedad extra al aire (Torikov y Sychev, 2018).
3. Seque los pasillos y la capa del suelo
Pasillos mojados, charcos bajo las bancadas, suelo húmedo: son fuentes constantes de evaporación. Si es posible, espolvoree los pasillos con serrín seco, arena o caliza molida — absorben el exceso de humedad. En invernaderos grandes, a veces se utilizan pistolas de calor o ventiladores para secar el aire de forma forzada (especialmente en otoño).
4. Reduzca la humedad nocturna
Por la noche, cuando las puertas están cerradas, la humedad aumenta bruscamente debido a la condensación. Para evitarlo, deje las ventanas entreabiertas incluso por la noche (si no se espera un enfriamiento fuerte). También es útil terminar todos los riegos y ventilaciones antes del anochecer, para que las plantas tengan tiempo de secarse antes de la condensación nocturna (Balashev y Zeman, 1981).
5. Utilice reguladores de humedad (en invernaderos industriales)
En grandes complejos de invernadero se emplean sistemas de deshumidificación (acondicionadores, bombas de calor), pero para explotaciones particulares resulta caro. Una alternativa es instalar ventiladores que funcionen con sensores de humedad. Incluso un simple extractor o ventilador industrial encendido unas horas durante el día da un efecto notable.
Cómo reducir la humedad del aire en campo abierto
En campo abierto las posibilidades son limitadas, pero existen técnicas agronómicas probadas:
1. Forme las plantas correctamente
Retire las hojas inferiores (hasta el primer racimo), los chupones y los brotes que densifican. Esto mejora la aireación de la hilera y acelera el secado del follaje después de la lluvia (Sweider y otros, 1992). Un arbusto bien ventilado es menos atacado por el mildiú tardío y la podredumbre gris.
2. Utilice espalderas o tutores
Atar las plantas a soportes eleva los frutos y las hojas por encima de la capa húmeda del suelo, mejora la ventilación y reduce el contacto con la tierra mojada. En periodos lluviosos esto es especialmente importante, ya que la infección por mildiú tardío suele comenzar por las hojas inferiores que tocan el suelo (Torikov y Sychev, 2018).
3. Acolche entre las filas
La paja, el heno, la hierba seca o el plástico negro no solo reducen la evaporación del suelo, sino que también evitan salpicaduras durante la lluvia. Las salpicaduras de barro del suelo son una vía de infección por patógenos, por lo que el acolchado también cumple una función de barrera.
4. Oriente los bancales teniendo en cuenta el viento
Si es posible, oriente las hileras en la dirección de los vientos predominantes. Esto favorece el movimiento natural del aire y el secado de las plantas después de las precipitaciones.
Cuándo la humedad se vuelve crítica
Fíjese en estos signos sencillos:
- Condensación sobre frutos y hojas por la mañana — indica que la humedad del aire supera el 90‑95%. Es un nivel crítico para el desarrollo de enfermedades.
- Vaho en el vidrio o el plástico dentro del invernadero — primera señal de ventilación insuficiente.
- Secado lento del suelo — el agua no se evapora, lo que significa que la humedad del aire es alta.
Si observa estos signos, actúe de inmediato: intensifique la ventilación, reduzca el riego, escarde el suelo.
Resumen breve
En tiempo lluvioso, lo principal en el invernadero es el movimiento del aire. Abra puertas y ventanas, ventile incluso en días nublados. En campo abierto, mejore la aireación mediante escardillo, poda y tutorado. El follaje seco y una buena circulación del aire son la mejor prevención contra las epidemias fúngicas. Recuerde: el mildiú tardío «ama» el estancamiento y la quietud; su tarea es causarle las máximas molestias.
6. ¿Hay que eliminar hojas?
En tiempo lluvioso, la cuestión de la eliminación de hojas se vuelve clave. Una decisión acertada ayuda a salvar la cosecha, un error debilita la planta y reduce el rendimiento. Analicemos qué hojas y cuándo eliminar, y cuáles es mejor dejar.
Por qué eliminar hojas en periodo lluvioso
La eliminación parcial de hojas en tiempo húmedo persigue tres objetivos (Akhatov, 2010; Kotov y Adritskaya, 2016):
1. Mejorar la ventilación. El follaje denso retiene la humedad, crea zonas de estancamiento — condiciones ideales para el mildiú tardío, la podredumbre gris y otros hongos.
2. Acelerar el secado. Cuantas menos hojas, más rápido se evapora la humedad de las que quedan — disminuye el riesgo de infección.
3. Redirigir la nutrición hacia los frutos. Al eliminar hojas «sobrantes», desviamos los asimilados hacia los frutos en crecimiento, lo que es especialmente importante cuando, debido al exceso de humedad, la nutrición radicular está alterada (Balashev y Zeman, 1981).
Pero aquí es importante no pasarse: las hojas son las «fábricas» de azúcares y sustancias orgánicas. Si se eliminan demasiadas, los frutos no recibirán suficiente nutrición, serán pequeños y ácidos (Sweider y otros, 1992).
Hojas que deben eliminarse obligatoriamente
1. Hojas inferiores que tocan el suelo
Este es el principal peligro. Están en contacto con el suelo húmedo y a través de ellas la infección penetra fácilmente en el arbusto. Elimine todas las hojas hasta el primer racimo floral (aproximadamente a 30‑40 cm del suelo). Esta es una práctica agronómica estándar recomendada para todas las variedades de tomate, pero en periodo lluvioso es especialmente importante (Torikov y Sychev, 2018).
2. Hojas amarillas, enfermas o con manchas
Ya no trabajan para la cosecha, solo consumen nutrientes para mantenerse y sirven de fuente de infección. Elimínelas en cuanto las observe. No las arroje entre las filas — retírelas de la parcela o quémelas para evitar la propagación de esporas y bacterias (Akhatov, 2010).
3. Chupones (brotes laterales) que densifican el arbusto
En tiempo húmedo, los chupones son especialmente peligrosos: crean sombra excesiva y dificultan la ventilación. Retírelos con regularidad, sin dejar que crezcan más de 3‑5 cm. En periodo lluvioso, esto debe hacerse con más frecuencia de lo habitual (Kotov y Adritskaya, 2016).
4. Hojas viejas bajo los racimos en maduración
Tan pronto como los frutos de los racimos inferiores empiezan a enrojecer, se pueden ir eliminando gradualmente las hojas inferiores que están debajo. Ya han cumplido su función, y su eliminación mejora la ventilación cerca de los frutos y reduce el riesgo de agrietamiento y podredumbres (Balashev y Zeman, 1981).
Hojas que no deben eliminarse
1. Hojas jóvenes y en crecimiento activo en el ápice
El ápice y las 3‑4 hojas superiores son la zona de crecimiento, donde se forman los futuros racimos florales. No las toque — son necesarias para el desarrollo de nuevos cuajos (Sweider y otros, 1992).
2. Hojas que protegen los frutos en maduración
Estas hojas protegen los frutos de las quemaduras solares y les aportan azúcares. Se eliminan solo después de que los frutos que están debajo hayan madurado por completo y hayan sido recolectados. En periodo lluvioso, estas hojas suelen cumplir una función adicional de «techo»: protegen los frutos del impacto directo de las gotas (Akhatov, 2010).
3. Hojas grandes y sanas en la parte superior
Si el arbusto pierde demasiado follaje, los frutos dejarán de engordar. La regla de oro: en cualquier fase de desarrollo, deben quedar al menos 12‑14 hojas adultas en la planta para una fructificación normal (Kotov y Adritskaya, 2016).
Cuándo y cómo eliminar las hojas
- En tiempo seco y soleado — por la mañana o durante el día, para que las heridas sequen antes de la noche. En tiempo húmedo, las heridas tardan en cicatrizar y se convierten en «puertas de entrada» para las infecciones (Balashev y Zeman, 1981).
- No retire más de 2‑3 hojas de una vez. Esto no traumatiza la planta. Si necesita eliminar más, hágalo en 2‑3 días, empezando por las inferiores.
- No arranque, pode. Es mejor usar tijeras de podar o un cuchillo para evitar desgarros de la corteza y heridas que cicatrizan lentamente. Desinfecte las herramientas (con alcohol o una solución débil de permanganato potásico) al pasar de un arbusto a otro — especialmente si observa signos de enfermedad (Akhatov, 2010).
Errores comunes
- Eliminar todas las hojas inferiores de una vez. Es un estrés muy fuerte para la planta, puede perder cuajos y detener su crecimiento.
- Dejar los chupones para más tarde. En tiempo húmedo crecen rápidamente y crean una «jungla» — el entorno ideal para el mildiú tardío.
- Quitar hojas por encima de los racimos superiores. Esto priva a los frutos de nutrición — quedan pequeños y no se llenan bien.
Regla principal: pode el follaje de manera que, después de la poda, el arbusto quede bien ventilado y «transparente» a contraluz. La luz solar debe penetrar en el interior de la copa. Si ve que dentro se estanca la humedad y no hay movimiento de aire, significa que todavía hay demasiadas hojas. Pero no se precipite: mejor eliminar un poco menos que pasarse. La planta necesita recuperarse, y en periodo lluvioso esto ocurre más lentamente.
7. Cuándo recolectar los frutos pintones (en estado de madurez "breaker")
Durante las lluvias prolongadas, una de las acciones más eficaces para conservar la cosecha es la recolección oportuna de los frutos pintones (en estado breaker). No es simplemente una cosecha, sino un paso estratégico que protege los frutos del deterioro y ayuda a la planta a sobrevivir en condiciones extremas.
Qué es la madurez "breaker" y por qué es importante

Fenología de maduración del tomate cherry en racimo en campo abierto
Racimos de tomates cherry en un mismo racimo, mostrando etapas sucesivas de madurez desde verde lechoso hasta rojo intenso y naranja.
En los tomates se distinguen varios estados de madurez: verde, maduro‑verde, breaker (pintón), rosa y rojo (pleno). La madurez breaker es el estado en el que el fruto ha alcanzado su tamaño completo, ha empezado a aclararse, pero aún no se ha vuelto rojo. Aparecen manchas marrones o amarillentas en su superficie, las semillas ya están formadas y rodeadas de tejido gelatinoso (Sweider y otros, 1992).
La principal propiedad de los frutos en estado breaker es que son capaces de madurar después de la cosecha, y su calidad (sabor, aroma, contenido de azúcares) es prácticamente igual a la de los frutos madurados en la planta (Balashev y Zeman, 1981). Esto nos brinda una oportunidad única: retirar los frutos del campo o del invernadero en el momento de mayor peligro, conservando la cosecha, y dejar que maduren en condiciones seguras.
Por qué justo ahora – cinco razones para no demorarse
1. Los frutos pintones son el objetivo principal del mildiú tardío. El mildiú tardío afecta no solo a las hojas, sino también a los frutos verdes y pintones. En los frutos pintones, los síntomas aparecen especialmente rápido — a los 5‑7 días de la infección (Akhatov, 2010). Si los recolecta a tiempo, la enfermedad no tendrá tiempo de propagarse a ellos.
2. Reducción de la carga sobre la planta. En tiempo lluvioso, las raíces funcionan peor y la nutrición está alterada. Al retirar los frutos pintones, reduce la carga sobre el sistema radicular y redirige los recursos restantes hacia los frutos verdes que aún no están listos para la cosecha (Sweider y otros, 1992).
3. Detener la propagación de la infección. Los frutos pintones suelen tener ya microdaños (huellas de insectos, microfisuras) por donde la infección penetra fácilmente. Si los deja en la planta, se convierten en fuente de esporas para los frutos vecinos.
4. Reducción del agrietamiento. Los frutos pintones ya han ralentizado su crecimiento, pero seguirán absorbiendo agua — y se agrietarán. Es mejor retirarlos ahora que perderlos completamente después (Akhatov, 2010).
5. Liberar espacio para la ventilación. Al retirar frutos, mejora la circulación del aire — el arbusto se vuelve más abierto, lo que reduce la humedad dentro de la copa (Kotov y Adritskaya, 2016).
Cuándo recolectar exactamente – pautas
- Ante los primeros signos de mildiú tardío en las hojas (manchas marrones con halo pálido) — recolecte inmediatamente todos los frutos que hayan alcanzado el estado breaker.
- Si el pronóstico anuncia lluvias prolongadas — si se sabe que las lluvias durarán varios días, es mejor recolectar los frutos pintones con antelación, aunque aún no hayan «tomado completamente color».
- Cuando la temperatura supere los 25 °C y la humedad sea alta — estas condiciones son máximamente favorables para el mildiú tardío; la recolección debe ser rápida.
El momento óptimo de recolección es la mañana después de la lluvia, cuando los frutos ya se han secado pero aún no se han calentado con el sol. Si la recolección se realiza durante periodos de lluvia, los frutos deben secarse antes de colocarlos para la maduración.
Cómo recolectar – reglas sencillas
- ¿Con o sin pedúnculo? Si la variedad se desprende fácilmente (existe una zona de abscisión) — recolecte con los sépalos. Si no, desprenda con cuidado, procurando no dañar la piel. Los frutos dañados no se conservan (Sweider y otros, 1992).
- ¡Nada de golpes ni aplastamientos! Los frutos pintones aún son tiernos, los golpes se pudren rápidamente. Utilice cestos o cubos con fondo blando (forrados con tela). Es mejor recolectar en una o dos capas, no amontonarlos.
- Clasifique inmediatamente. Separe los frutos con grietas, manchas u otros daños — no madurarán, hay que usarlos de inmediato para procesar.
Qué hacer con los frutos recolectados – maduración
Los frutos pintones maduran a 20‑25 °C y 80‑85% de humedad relativa. En estas condiciones, enrojecen en 4‑7 días (más rápido a 25 °C, más lento a 20 °C). La condición principal es no almacenarlos en bolsas de plástico sin acceso de aire: se pudrirían (Balashev y Zeman, 1981).
Métodos de maduración:
- En un lugar seco y cálido (despensa, porche) — extienda los frutos en una sola capa sobre estantes o en cajas de cartón, sin cubrir.
- En bolsas de papel — de 3‑5 frutos por bolsa. El etileno liberado por los frutos acelera la maduración (pero no los apiñe demasiado para no provocar podredumbre).
- Con ayuda de etileno — si es posible, coloque junto a los frutos pintones una manzana roja o un plátano: liberan etileno y aceleran el proceso (método para experimentados).
Importante: revise los frutos con regularidad, retire los que se estén pudriendo. La temperatura óptima de almacenamiento para los frutos ya maduros es de 2‑4 °C, pero los pintones no deben mantenerse en frío — su maduración se detendría (Sweider y otros, 1992).
Frutos que no deben recolectarse
- Frutos totalmente verdes y subdesarrollados. No madurarán — quedarán duros e insípidos. Es mejor dejarlos en la planta, aunque exista riesgo de mildiú tardío; pueden llegar a llenarse y alcanzar el estado breaker en 3‑5 días de tiempo seco.
- Frutos con síntomas de podredumbre apical (mancha parda y hundida en el ápice) — no maduran y se pudren rápidamente. Deséchelos inmediatamente (Akhatov, 2010).
- Frutos agrietados — solo pueden usarse de inmediato o para procesar. No se conservan ni maduran.
Regla principal
En periodo lluvioso, no espere la madurez completa. Los frutos pintones son su «cosecha de reserva». Recolecte, déjelos madurar en un lugar seco y conserve la planta para los frutos que aún están creciendo. Durante una epidemia de mildiú tardío, esta estrategia permite conservar hasta el 70‑80% de la cosecha incluso en años desfavorables.
8. Cuándo reanudar el riego
Después de que cesen las lluvias y el suelo comience a secarse, surge la pregunta natural: «¿Cuándo puedo volver a regar los tomates?». Un riego demasiado temprano anulará todos los esfuerzos por salvar las plantas, y uno demasiado tardío puede causar estrés por sequía. Se necesita un equilibrio adecuado.
El criterio principal – el estado del suelo
Solo se debe reanudar el riego cuando el suelo a 10‑15 cm de profundidad se haya secado suficientemente. El método más sencillo y fiable es la comprobación manual:
- Coja un puñado de tierra de 10‑15 cm y apriételo en el puño.
- Si el terrón se desmorona con una ligera presión — el suelo está listo para el riego.
- Si mantiene la forma pero no mancha las manos — todavía hay suficiente humedad; el riego se puede retrasar 1‑2 días.
- Si sale agua o el terrón es denso y pegajoso — es demasiado pronto; espere otros 2‑3 días (Balashev y Zeman, 1981).
Por término medio, después de lluvias intensas y prolongadas en suelos francos, la capa superior alcanza el estado adecuado en 4‑6 días después de finalizadas las precipitaciones. En suelos arenosos ligeros, en 2‑3 días. El plazo exacto depende de la temperatura, el viento y la estructura del suelo.
Cómo reanudar el riego – de forma gradual, sin cambios bruscos
El principal peligro al reanudar el riego es un cambio brusco de humedad. Si después de una larga pausa se vierte una gran cantidad de agua, se provocará un crecimiento explosivo de los frutos y su agrietamiento masivo (Akhatov, 2010). Por lo tanto, hay que actuar con cuidado.
1. Empiece con una dosis pequeña — unos 3‑5 litros por planta (en lugar de los 8‑10 litros habituales) y divida ese volumen en 2‑3 tomas a lo largo del día (mañana, mediodía y tarde) para que la humedad se absorba gradualmente.
2. Los primeros 2‑3 riegos hágalos solo al pie. Evite el riego por aspersión y el mojado de las hojas — aún no se han recuperado del periodo de alta humedad, y las hojas mojadas podrían desencadenar un brote de enfermedades fúngicas (Torikov y Sychev, 2018).
3. Aumente la dosis gradualmente — en 1‑2 litros por riego hasta alcanzar el régimen normal.
4. Reduzca la frecuencia al principio. En lugar de regar cada dos días, riegue cada 2‑3 días, dejando que el suelo se seque entre riegos. Esto estimula el crecimiento de nuevas raíces absorbentes y fortalece la planta (Kotov y Adritskaya, 2016).
Aspectos importantes sobre la temperatura del agua
El agua de riego debe ser templada — no inferior a 20‑22 °C. El agua fría, después de un periodo lluvioso en el que el suelo aún no se ha calentado, provoca estrés en el sistema radicular, debilita la planta y favorece el desarrollo de podredumbres radiculares (Balashev y Zeman, 1981). Si es posible, deje reposar el agua en bidones al sol durante al menos un día antes de regar.
Particularidades en invernaderos
En invernaderos, la reanudación del riego requiere especial cuidado, porque la humedad del aire permanece alta durante mucho tiempo, incluso si el suelo se seca. Por lo tanto, en invernaderos:
- Empiece a regar 1‑2 días más tarde que en campo abierto — deje que el aire se seque.
- Los primeros riegos hágalos solo por la mañana, para que el exceso de humedad se evapore antes de la noche y las plantas se sequen (Kotov y Adritskaya, 2016).
- Continúe ventilando activamente el invernadero durante todo el día después de cada riego para reducir la humedad del aire.
- Controle la humedad del aire: si, cuando el invernadero está cerrado, aparece condensación en el plástico o los cristales, significa que el riego fue demasiado abundante o demasiado temprano; reduzca la dosis y aumente la ventilación.
Cómo saber que el riego es necesario en ese momento
Además de la prueba del terrón, fíjese en el estado de las plantas:
- Las hojas comienzan a perder turgencia, se ligeramente caen en las horas calurosas — primera señal de necesidad de riego.
- Los bordes de las hojas se secan, se enrollan — signo de falta de humedad.
- Se ralentiza el crecimiento y el engorde de los frutos — otra razón para comprobar la humedad del suelo.
Pero recuerde: con exceso de humedad, las hojas también pueden caerse (debido al hambre de oxígeno de las raíces). Por lo tanto, siempre verifique primero el suelo y luego tome una decisión. Nunca riegue solo porque «es hora» o «siempre lo hemos hecho así» — solo basándose en el secado real (Sweider y otros, 1992).
Lo que no se debe hacer
- Volver al riego normal inmediatamente después de que cesen las lluvias. Esto provoca agrietamiento y el regreso de enfermedades.
- Regar «por si acaso». La precaución excesiva es más peligrosa que la falta de riego.
- Combinar riego y fertilización en los primeros días. Las raíces están debilitadas y los fertilizantes pueden quemarlas. Es mejor aplazar la fertilización 7‑10 días después de reanudar el riego y empezar con dosis bajas.
- Escardar y regar el mismo día. Primero escarde, espere un día — solo entonces riegue. Esto mejora la penetración del agua y del aire (Balashev y Zeman, 1981).
Regla de oro: después de las lluvias, mejor «quedarse corto» que «pasarse» con el riego. Las plantas se recuperan más rápidamente de una ligera sequía que de un nuevo encharcamiento. Comience con precaución, observe la reacción de las plantas y ajuste el régimen según el tiempo.
9. Errores – cómo no perder la cosecha en periodo lluvioso
Cuando llegan las lluvias prolongadas, incluso los jardineros experimentados cometen errores — simplemente porque actúan por costumbre, sin tener en cuenta las particularidades del exceso de humedad. Analicemos los más frecuentes para que pueda evitarlos.
Error 1. Seguir regando «según el calendario»
Es el error más peligroso y común. Muchos jardineros siguen regando los tomates estrictamente según el calendario — una vez cada 5‑7 días, sin prestar atención a las precipitaciones abundantes. Como resultado, el suelo se satura de humedad, las raíces se asfixian y comienzan las podredumbres.
Cómo hacerlo bien: compruebe la humedad del suelo con la mano antes de cada riego (capítulo 2). En periodo lluvioso, suspenda el riego por completo y reanúdelo solo cuando la capa superior del suelo se haya secado hasta 10‑15 cm de profundidad (Balashev y Zeman, 1981; Torikov y Sychev, 2018).
Error 2. Esperar a que las lluvias «terminen solas»
Algunos jardineros creen que las plantas «se acostumbrarán» a la humedad y se las arreglarán solas. Es una idea totalmente errónea. El mildiú tardío se desarrolla en cuestión de días, y el tiempo perdido se traduce en una muerte masiva de hojas y frutos.
Cómo hacerlo bien: actúe en cuanto las lluvias se prolonguen 2‑3 días. El escardillo, la eliminación de hojas inferiores y la ventilación del invernadero deben hacerse sin demora (Akhatov, 2010; Kotov y Adritskaya, 2016).
Error 3. Ignorar por completo la eliminación de hojas
El miedo a «desnudar» el arbusto lleva a menudo a que los jardineros no eliminen las hojas inferiores ni las enfermas. Así, la copa se convierte en un invernadero — húmedo, cálido, sin movimiento de aire. Es el entorno ideal para todo tipo de enfermedades fúngicas.
Cómo hacerlo bien: elimine todas las hojas que tocan el suelo, todas las amarillas y manchadas, así como los chupones que espesan el arbusto. En periodo lluvioso, hágalo con más frecuencia de lo habitual, pero no más de 2‑3 hojas por vez (Sweider y otros, 1992).
Error 4. Eliminar demasiadas hojas de una sola vez
El extremo opuesto. Con el afán de «aclarear» el arbusto, los jardineros eliminan 5‑6 hojas en una sesión — la planta sufre un estrés severo, pierde cuajos, los frutos dejan de engordar. Esto es especialmente peligroso en tiempo húmedo, cuando la recuperación es lenta.
Cómo hacerlo bien: no retire más de 2‑3 hojas de una vez. Reparta el proceso en varios días, empezando por las más bajas, y hágalo solo en tiempo seco (mañana o día) para que las heridas sequen (Balashev y Zeman, 1981).
Error 5. Descuidar la ventilación del invernadero
En tiempo lluvioso, muchos cierran herméticamente los invernaderos para que no se mojen las plantas. Esto provoca una humedad del aire del 90‑95% y la formación de condensación, lo que garantiza la aparición del mildiú tardío y la podredumbre gris. Incluso en invernaderos con riego por goteo, la humedad sigue siendo alta debido a la evaporación del suelo.
Cómo hacerlo bien: ventile el invernadero constantemente — abra ventanas, puertas, levante los laterales. En tiempo lluvioso, hágalo incluso con más frecuencia que en tiempo seco. La sequedad y el movimiento del aire son la mejor prevención (Kotov y Adritskaya, 2016).
Error 6. No recolectar los frutos pintones a tiempo
Algunos jardineros dejan los frutos pintones en la planta para que «maduren de forma natural», confiando en que las lluvias terminarán pronto. Como resultado, o se infectan con mildiú tardío, o se agrietan por el exceso de humedad, o se pudren directamente en la planta.
Cómo hacerlo bien: recolecte los frutos pintones al inicio del periodo lluvioso. Maduran perfectamente en un lugar seco. Los frutos verdes que quedan recibirán más nutrientes y podrán crecer y madurar después de que cesen las lluvias (Akhatov, 2010).
Error 7. Reanudar el riego bruscamente con un gran volumen
Después de una semana sin riego, muchos jardineros vierten 10‑15 litros por planta para «compensar las pérdidas». Esto provoca agrietamiento masivo de los frutos y puede desencadenar la reaparición de podredumbres.
Cómo hacerlo bien: reanude el riego de forma gradual: los primeros 2‑3 riegos, de 3‑5 litros, repartidos en 2‑3 tomas a lo largo del día. Aumente la dosis poco a poco, en 1‑2 litros por riego, hasta llegar al régimen normal (Torikov y Sychev, 2018).
Error 8. No desinfectar las herramientas
En periodo lluvioso, las infecciones se propagan al instante. Podar hojas o recolectar frutos con tijeras o cuchillos infectados es una vía directa para transmitir el mildiú tardío y las bacteriosis de una planta enferma a otra sana.
Cómo hacerlo bien: después de trabajar con cada arbusto, especialmente si observa signos de enfermedad, limpie las hojas con alcohol, vodka o una solución débil de permanganato potásico. Para los recolectores de frutos, lávense las manos y cámbiense los guantes si trabajan en tiempo húmedo (Akhatov, 2010).
Error 9. Aplicar fertilizantes inmediatamente después de las lluvias
Muchos jardineros piensan que después de las lluvias los nutrientes se han lavado y es necesario «alimentar» las plantas. Pero las raíces están debilitadas por el exceso de humedad, absorben mal las sales minerales y los fertilizantes pueden quemar las raíces dañadas.
Cómo hacerlo bien: espere 7‑10 días después de reanudar el riego normal, dé tiempo a que el sistema radicular se recupere. Empiece con media dosis y solo cuando vea signos de crecimiento activo — aparición de nuevas hojas, reanudación del crecimiento de los frutos (Balashev y Zeman, 1981).
Error 10. Regar con agua fría de pozo o aljibe
En periodo de lluvias, el suelo suele enfriarse. Regar con agua fría reduce bruscamente la temperatura de la zona radicular, deprime las raíces, detiene la absorción de agua y nutrientes. Esto provoca marchitamiento y puede desencadenar podredumbres radiculares.
Cómo hacerlo bien: utilice solo agua templada y reposada (temperatura no inferior a 20 °C). Si es posible, mantenga el depósito de riego al sol — esto es especialmente importante en tiempo fresco y lluvioso (Sweider y otros, 1992).
Conclusión
Las lluvias prolongadas son una prueba seria para los tomates, pero no son una sentencia. La clave del éxito es comprender el principal peligro: para los tomates, el exceso de agua es más perjudicial que la falta. Recuerde las reglas básicas:
1. Suspenda el riego durante las lluvias — no agrave el encharcamiento.
2. Escarde y ventile — esto restaura la respiración de las raíces y seca el follaje.
3. Elimine las hojas inferiores y enfermas — mejore la ventilación del arbusto.
4. Recolecte los frutos pintones — madúrelos en un lugar seco.
5. Reanude el riego de forma gradual — evite cambios bruscos de humedad.
Si actúa según este algoritmo, sus tomates sobrevivirán al periodo lluvioso con pérdidas mínimas, y la cosecha conservará el sabor y el aspecto comercial. Recuerde: es mejor quedarse un poco corto con el riego que pasarse — especialmente cuando las lluvias ya están haciendo su trabajo.
Referencias
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