Trastornos fisiológicos
1. ¿Qué son los trastornos fisiológicos? Cuando la col enferma sin microbios
Los trastornos fisiológicos son problemas de crecimiento y desarrollo de las plantas causados no por organismos patógenos (hongos, bacterias o virus) ni por la actividad de plagas, sino por condiciones ambientales desfavorables, errores en el cuidado o desequilibrios nutricionales.
A diferencia de las enfermedades infecciosas, los trastornos fisiológicos:
- No son contagiosos — no se transmiten de una planta a otra (Wien and Stützel, 2020).
- A menudo son reversibles — al corregir la causa que los provocó, el crecimiento y desarrollo pueden normalizarse.
- Se manifiestan en plantas individuales o en partes de ellas — el daño rara vez es uniforme en todo el campo.
Diferencia importante con la deficiencia de nutrientes
Los trastornos fisiológicos tienen una característica importante: no siempre están relacionados con una baja cantidad de algún elemento en el suelo. A menudo, el problema radica en condiciones que impiden que la planta absorba los nutrientes, incluso cuando estos están presentes en cantidades suficientes. Por ejemplo, el exceso de potasio puede dificultar la absorción de calcio y magnesio, mientras que la sequía o el encharcamiento alteran la absorción de elementos por las raíces (Dixon, 2007; Kotov y Adritskaya, 2016).
¿Cuándo el problema es reversible y cuándo no?
- Si se detecta el problema a tiempo y se corrige su causa, la planta a menudo se recupera. Por ejemplo, ajustar el riego puede detener el agrietamiento de las cabezas.
- Sin embargo, algunos cambios son irreversibles. Por ejemplo, si ya se ha formado una cabeza suelta, no se volverá densa. En estos casos, la pérdida de cosecha es inevitable, pero se puede prevenir en el futuro (Nonnecke, 1989).
Ejemplo: si una cabeza ya se ha agrietado debido a un riego brusco después de una sequía, las grietas no sanarán. Pero comprender la causa ayudará a organizar el riego en la próxima temporada para evitar el problema (Welbaum, 2015).
Comprender estos mecanismos es clave para cultivar con éxito la col. Saber qué salió mal le permitirá ajustar rápidamente sus acciones y salvar la cosecha.
2. La cabeza no se forma
La cabeza de la col es una yema terminal desarrollada, fuertemente enrollada a partir de numerosas hojas internas. Para que este órgano complejo se forme, la planta debe pasar por una fase juvenil, durante la cual aún no es capaz de florecer, y acumular suficiente masa foliar. Si las condiciones externas alteran este proceso, la col o no forma cabeza o la forma muy débilmente. Veamos cinco causas principales.
2.1. Calor (temperatura superior a la óptima)
La col es un cultivo de clima fresco. La temperatura óptima para su crecimiento y desarrollo es de 15–18 °C durante el día y de 10–15 °C por la noche (Nonnecke, 1989; Welbaum, 2015). Cuando la temperatura supera los 25 °C de forma prolongada, la planta cambia del crecimiento vegetativo al reproductivo: en lugar de producir hojas y formar cabeza, comienza a espigar, las hojas se vuelven ásperas y la formación de la cabeza se retrasa o se detiene por completo (Dixon, 2007; Autko et al., 2012).
¿Por qué ocurre?
A altas temperaturas, la respiración aumenta y la planta gasta más energía de la que acumula. Además, el calor altera el equilibrio hormonal: disminuye la síntesis de auxinas, necesarias para el enrollamiento de las hojas. Como resultado, las hojas internas no se curvan hacia adentro y la cabeza no se forma.
¿Qué hacer?
- Elija variedades e híbridos resistentes al calor (por ejemplo, algunas variedades para regiones del sur, resistentes al espigado).
- Siembre la col de modo que el período de formación de la cabeza coincida con los meses más frescos — principios de primavera u otoño.
- Use mallas de sombreo o siembre la col entre hileras de cultivos altos para protegerla del sol del mediodía.
2.2. Día largo (fotoperiodo)
La col es una planta de día largo. Esto significa que para pasar a la floración necesita un fotoperiodo de más de 14–16 horas. En regiones del norte, donde los días de verano son largos, la planta puede «decidir» que es hora de florecer y destinar todos sus recursos a la emisión del tallo floral, en lugar de formar la cabeza. Esto es especialmente notable en variedades propensas al espigado (Welbaum, 2015; Wien and Stützel, 2020).
¿Por qué ocurre?
El fitocromo —una proteína fotosensible en la planta— responde a la duración del día. Cuando el día se alarga, se desencadena una cascada de programas genéticos orientados a la floración. Si la planta ya ha superado la fase juvenil y ha acumulado suficientes horas de frío, puede florecer sin formar cabeza.
¿Qué hacer?
- Para la siembra de primavera, elija variedades precoces y neutras en cuanto a la duración del día.
- En regiones del norte, practique el método de trasplante, con la plantación en el suelo cuando las noches aún son frescas y el día no es demasiado largo.
- En campo abierto, puede usar material de cobertura para crear un día artificialmente corto al inicio del crecimiento.
2.3. Exceso de nitrógeno
El nitrógeno es el principal elemento para aumentar la masa vegetativa. Sin embargo, su exceso (especialmente en un contexto de deficiencia de potasio y fósforo) provoca un crecimiento vigoroso de hojas y tallo en detrimento de la formación de la cabeza. La cabeza queda suelta y, a veces, ni siquiera se forma (Nonnecke, 1989; Kotov y Adritskaya, 2016).
¿Por qué ocurre?
El exceso de nitrógeno estimula la síntesis de giberelinas —hormonas responsables del alargamiento del tallo y del crecimiento de órganos vegetativos. Al mismo tiempo, suprime la formación de auxinas necesarias para el enrollamiento de las hojas. La planta «engorda»: las hojas se vuelven grandes, de color verde oscuro, quebradizas, y la yema central no pasa a la fase de formación de la cabeza.
¿Qué hacer?
- Mantenga un equilibrio NPK. Para la col, la relación óptima N : P₂O₅ : K₂O es aproximadamente 1 : 0,8 : 1,2 (Autko et al., 2012).
- Aplique nitrógeno de forma fraccionada: la primera parte antes de la siembra, la segunda en la fase de 4–6 hojas, y la tercera al inicio de la formación de la cabeza.
- Use fertilizantes orgánicos (estiércol bien descompuesto, compost) — actúan más lentamente y rara vez causan sobrealimentación con nitrógeno.
2.4. Densidad excesiva de plantación
Cuando se plantan demasiado juntas, las plantas compiten por luz, agua y nutrientes. Como resultado, se estiran, producen hojas pequeñas y no pueden formar una cabeza completa. La densidad óptima depende de la variedad: las precoces — 50–60 mil plantas/ha, las tardías — 25–35 mil (Kotov y Adritskaya, 2016).
¿Por qué ocurre?
En una siembra densa, cada planta recibe menos luz, especialmente en la parte inferior. Esto suprime la fotosíntesis y la planta dirige sus recursos a alargar el tallo hacia arriba para «superar» a los vecinos, en lugar de expandir la roseta y formar la cabeza. Además, a la sombra, las hojas no reciben la señal para enrollarse.
¿Qué hacer?
- Siga los esquemas de plantación recomendados. Por ejemplo, para variedades tempranas: 60 × 40 cm (alrededor de 40 mil/ha), para tardías: 70 × 50 cm (alrededor de 28 mil/ha).
- En siembra directa, realice un raleo en la fase de 2–3 hojas verdaderas.
- Use variedades con roseta compacta si el espacio es limitado.
2.5. Estrés (sequía, encharcamiento, trasplante)
Cualquier estrés —ya sea falta de humedad, exceso de riego, un enfriamiento brusco o daño a las raíces durante el trasplante— puede detener el crecimiento de la col y provocar una floración prematura. El estrés durante la fase juvenil es especialmente peligroso, cuando la planta aún no ha acumulado suficiente masa foliar (Welbaum, 2015; Dixon, 2007).
¿Por qué ocurre?
Bajo estrés, la planta libera etileno y ácido abscísico —hormonas que suprimen el crecimiento y aceleran el envejecimiento. Si el estrés se prolonga, la planta «decide» que el período vegetativo está terminando y cambia al programa reproductivo: emite un tallo floral sin haber formado cabeza. Esto ocurre especialmente a menudo durante el trasplante de plántulas endurecidas a un suelo demasiado cálido o demasiado frío.
¿Qué hacer?
- Riegue la col regularmente, manteniendo la humedad del suelo en un 70–80% de la capacidad de campo. Durante la sequía, el riego es fundamental.
- Acolche el suelo (paja, turba, hierba cortada) para conservar la humedad y proteger las raíces del sobrecalentamiento.
- Trasplante las plántulas en el momento óptimo, cuando haya pasado el riesgo de heladas y el suelo se haya calentado a 8–10 °C. Endurezca las plántulas gradualmente para evitar el shock.
Resumen clave:
Si la col no forma cabeza, verifique primero la temperatura, la iluminación, la fertilización, la densidad y los factores de estrés. Por lo general, basta con ajustar uno o dos parámetros para que la planta recupere el crecimiento normal. Sin embargo, recuerde: si la fase juvenil ya ha pasado y la cabeza no ha comenzado a formarse, ya es demasiado tarde para recuperar el tiempo perdido; es mejor centrarse en la próxima temporada, eligiendo la variedad y las fechas adecuadas.
En el siguiente capítulo analizaremos por qué la cabeza puede quedar suelta, incluso si finalmente se formó.
3. La cabeza está suelta
La cabeza se ha formado, pero al tacto parece una esponja, las hojas internas no se ajustan firmemente entre sí y el tallo (parte interna del tallo) está alargado. Esta es una de las quejas más frecuentes de los horticultores. Veamos cuatro causas principales de que la cabeza no gane densidad.
3.1. Sobrecalentamiento durante la formación y llenado de la cabeza
La col forma una cabeza compacta solo a temperaturas moderadas. Si durante el crecimiento activo de las hojas internas (generalmente 3–4 semanas antes de la cosecha) la temperatura media diaria supera los 22 °C, las hojas crecen más rápido de lo que alcanzan a curvarse hacia adentro. Se expanden hacia afuera, la cabeza se vuelve «despeinada» y suelta (Nonnecke, 1989; Wien and Stützel, 2020).
¿Por qué ocurre?
A altas temperaturas, aumenta la velocidad de división celular, pero disminuye su capacidad de crecimiento dirigido. Se altera la polaridad de la lámina foliar: la hoja no se enrolla, sino que sigue creciendo recta, formando las llamadas hojas «en roseta» dentro de la cabeza. Además, en calor, la respiración se acelera y la planta no acumula suficiente materia seca para formar una estructura densa.
¿Qué hacer?
- Elija variedades resistentes al calor y que no se «peguen» (por ejemplo, híbridos tardíos que forman la cabeza a finales del verano, cuando el calor disminuye).
- Si el calor llega durante el llenado, sombree las plantaciones (malla, tela no tejida) o siembre la col en semisombra para reducir la temperatura en la zona de la cabeza.
- Riegue abundantemente por la mañana y por la noche — la evaporación de las hojas ayuda a enfriar la planta.
3.2. Riego inestable: demasiado seco, demasiado mojado
La col es muy sensible a las fluctuaciones de la humedad del suelo. Las transiciones bruscas de sequía a riego abundante o a lluvias prolongadas alteran el crecimiento de las hojas internas. Durante los períodos secos, las hojas crecen lentamente y se vuelven más pequeñas, pero después del riego comienza un crecimiento vigoroso, ya no dentro de la cabeza sino en el exterior — la cabeza se «abre» y pierde densidad (Dixon, 2007; Kotov y Adritskaya, 2016).
¿Por qué ocurre?
La planta regula la turgencia celular (presión de agua). Con falta de humedad, las hojas pierden elasticidad y no pueden ajustarse firmemente entre sí. Cuando llega el exceso de agua, las células se hinchan rápidamente, pero como las hojas internas ya se formaron en condiciones de sequía, no pueden llenar el espacio dentro de la cabeza. Esto crea huecos y la cabeza se vuelve suelta.
¿Qué hacer?
- Riegue la col de manera uniforme, evitando largas pausas. La dosis de riego es de 1–2 veces por semana, con un gasto de 25–30 litros por 1 m2 (más frecuente en clima cálido).
- Acolche el suelo con una capa de 5–7 cm (paja, hierba cortada, turba). Esto suaviza las fluctuaciones de humedad y protege las raíces del sobrecalentamiento.
- En períodos lluviosos, si las cabezas ya han comenzado a llenarse, se puede limitar artificialmente la entrada de agua haciendo zanjas de drenaje.
3.3. Exceso de nitrógeno en la etapa de formación de la cabeza
En el capítulo anterior ya mencionamos que el exceso de nitrógeno impide la formación de la cabeza. Pero incluso si la cabeza ha comenzado a formarse, el exceso de nitrógeno sigue perjudicando: las hojas crecen demasiado rápido y se vuelven acuosas, y las hojas internas no alcanzan a cerrarse. La cabeza resulta grande pero «hueca» por dentro, con un tallo ancho y gran cantidad de hojas externas (Nonnecke, 1989; Autko et al., 2012).
¿Por qué ocurre?
El nitrógeno estimula la división celular, pero no favorece su compactación. Por el contrario, acelera el crecimiento del tallo y de los pecíolos, no de la lámina foliar. Como resultado, el tallo interno se alarga y las hojas no pueden envolverlo firmemente. Además, el exceso de nitrógeno reduce la acumulación de azúcares y materia seca, lo que hace que la cabeza sea acuosa y suelta.
¿Qué hacer?
- Después de que la cabeza haya comenzado a formarse (diámetro de 5–7 cm), reduzca drásticamente o elimine por completo las aplicaciones de nitrógeno.
- Enfóquese en fertilizantes potásicos y fosforados. El potasio compacta los tejidos y aumenta la turgencia; el fósforo mejora la formación de raíces y la absorción de nutrientes.
- Use fertilizantes complejos con bajo contenido de nitrógeno, por ejemplo, fosfato monopotásico (0–52–34) en dosis de 15–20 g por 10 litros de agua.
3.4. Deficiencia de potasio durante el llenado
El potasio es el principal elemento responsable de la firmeza y densidad de los tejidos. Si en el suelo hay poco potasio disponible (especialmente en suelos arenosos ligeros), incluso con riego normal y temperatura moderada, la cabeza permanece suelta. Síntomas de deficiencia de potasio: los bordes de las hojas viejas se amarillean, se vuelven marrones y se secan («quemadura marginal»), y las hojas jóvenes se arrugan (Welbaum, 2015; Kotov y Adritskaya, 2016).
¿Por qué ocurre?
El potasio participa en la síntesis de celulosa y sustancias pécticas, que constituyen el «esqueleto» de las paredes celulares. También regula el equilibrio hídrico: cuando falta, las células pierden la capacidad de retener agua y los tejidos se vuelven flácidos. Como resultado, incluso las hojas bien dispuestas no pueden formar una cabeza firme.
¿Qué hacer?
- Realice análisis de suelo periódicamente y mantenga los niveles de potasio dentro de los límites óptimos (para suelos francos, al menos 150–170 mg/kg de K₂O).
- Aplique fertilizantes potásicos 2–3 semanas antes del inicio de la formación de la cabeza. Funcionan bien el sulfato de potasio (50 g por 1 m2) o la kalimagnesía (40 g por 1 m2).
- En suelos ácidos (pH inferior a 6,0), el potasio se absorbe peor — realice encalado para elevar el pH a 6,5–7,0.
Resumen clave:
Una cabeza suelta es una señal de que está sobrecalentando las plantas, regando de manera irregular o ha permitido un desequilibrio en la fertilización (exceso de nitrógeno o falta de potasio). No se puede corregir la holgura de una cabeza ya formada, pero para la próxima temporada puede ajustar sus prácticas: elija variedades resistentes al calor, vigile la humedad del suelo y modifique el plan de fertilización. Recuerde: una cabeza compacta no solo es buena para la presentación, sino también una condición para un almacenamiento prolongado.
En el siguiente capítulo abordaremos otro problema común: el agrietamiento de las cabezas. Por qué se rompen, cuándo ocurre y cómo prevenir la pérdida de cosecha.
4. Agrietamiento de las cabezas
Una cabeza se ha partido en el campo — uno de los problemas más frustrantes. Las grietas no sanan, la cosecha pierde valor comercial y se conserva mal. ¿Por qué ocurre y cómo evitar pérdidas?
4.1. Riego brusco después de una sequía
El escenario más frecuente: calor prolongado y ausencia de lluvias, seguido de un riego abundante o un aguacero. En 1 o 2 días, la cabeza puede rajarse en toda su altura. Las hojas internas crecen más rápido que las externas y la presión rompe la cabeza (Dixon, 2007; Nonnecke, 1989).
¿Por qué ocurre?
Durante la sequía, la planta reduce su crecimiento, los tejidos se vuelven densos pero menos elásticos. Cuando llega el agua de repente, las células se hinchan rápidamente y la presión interna aumenta bruscamente. Las hojas externas ya no pueden estirarse y la cabeza se rompe desde el interior. Las variedades tempranas con estructura fina son especialmente sensibles.
¿Qué hacer?
- Riegue la col regularmente, sin largos períodos de sequía. Incluso en tiempo seco, mantenga la humedad del suelo al 70–80% de la capacidad de campo.
- Si fue inevitable un paréntesis en el riego, no administre mucha agua de una vez. Divida el riego en varias aplicaciones — por ejemplo, 10–15 l/m2 al día durante 3–4 días.
- Acolche el suelo para reducir la evaporación y suavizar las variaciones de humedad.
4.2. Lluvias después de un período seco
El mismo problema, pero la causa no es el riego manual sino el clima. Si después de una larga sequía se produce una lluvia intensa, la col puede agrietarse incluso sin su intervención (Welbaum, 2015).
¿Qué hacer?
- Si se pronostican lluvias después de la sequía, puede cortar ligeramente las raíces con una pala en un lado de la planta, 5–7 días antes de la cosecha. Esto reduce la absorción de agua y las cabezas se vuelven menos propensas al agrietamiento.
- Elija variedades resistentes al agrietamiento. Los híbridos modernos suelen tener la etiqueta «no se agrieta» (por ejemplo, F1 Amager, F1 Sputnik).
- Recoja la cosecha a tiempo, sin dejar que las cabezas se sobremaduren (véase el siguiente punto).
4.3. Sobremaduración y «envejecimiento» de la cabeza
Incluso con un riego uniforme, las cabezas eventualmente comienzan a agrietarse si no se cosechan. Es un proceso natural en plantas que han alcanzado la plena madurez: el tallo interno comienza a alargarse y la cabeza se abre gradualmente (Kotov y Adritskaya, 2016; Autko et al., 2012).
¿Por qué ocurre?
La col es una planta bienal. Después de formar la cabeza, acumula reservas y, si no se corta, la planta pasa a la siguiente fase: el alargamiento del tallo (espigado). Este proceso comienza con el crecimiento del tallo interno, que separa las hojas y la cabeza se rompe.
¿Qué hacer?
- Recoja la col en su madurez técnica, cuando la cabeza está firme pero aún no ha comenzado a agrietarse. Para variedades tempranas, esto ocurre 50–60 días después del trasplante; para tardías, 120–150 días.
- No se guíe solo por el calendario, sino también por el estado de la cabeza: si comienza a «abrirse» ligeramente en la parte superior, es hora de cosechar.
- Almacene las variedades tardías en condiciones de baja temperatura (0–2 °C) — esto ralentiza los procesos de envejecimiento.
4.4. Exceso de nitrógeno en la etapa final
Si continúa fertilizando activamente con nitrógeno incluso después de la formación de la cabeza, acelera el crecimiento de las hojas internas y puede provocar agrietamiento, especialmente en combinación con exceso de humedad (Nonnecke, 1989; Wien and Stützel, 2020).
¿Por qué ocurre?
El exceso de nitrógeno intensifica la división celular, pero no fortalece las paredes celulares. Las hojas internas crecen más rápido que las externas y la cabeza se rompe desde el interior, como un globo demasiado inflado.
¿Qué hacer?
- Después del inicio de la formación de la cabeza, elimine las fertilizaciones nitrogenadas.
- Enfóquese en potasio y fósforo — fortalecen los tejidos y aumentan la resistencia al agrietamiento (véase el capítulo 3).
Resumen clave:
El agrietamiento es consecuencia de fluctuaciones bruscas de humedad y sobremaduración. Las medidas principales son: riego regular sin «altibajos», elección de la variedad adecuada, cosecha oportuna y equilibrio de la fertilización. Si una cabeza ya se ha agrietado, debe cosecharse y utilizarse lo antes posible para procesamiento, ya que estas cabezas no se pueden almacenar.
En el siguiente capítulo abordaremos el problema de la necrosis interna de las hojas — cuando aparecen manchas marrones y podredumbre en el interior de la cabeza, aunque por fuera parezca sana.
5. Necrosis interna de las hojas: cuando la cabeza se pudre desde dentro
Corta una cabeza firme y hermosa, pero por dentro encuentra manchas marrones y muertas entre las hojas, a veces con podredumbre. Esto es la necrosis interna o necrosis moteada (también llamada tipburn en cultivos de cabeza). El problema no es infeccioso, está relacionado con alteraciones en la nutrición cálcica.
5.1. Deficiencia de calcio en los tejidos jóvenes
La necrosis interna ocurre cuando las hojas jóvenes en crecimiento activo dentro de la cabeza no reciben suficiente calcio. El calcio es un elemento prácticamente inmóvil en la planta: llega con la corriente de transpiración y permanece principalmente en los tejidos viejos, mientras que las hojas jóvenes lo reciben mal. Si la absorción se ve alterada, las células no pueden fortalecer sus paredes, mueren y se forman manchas necróticas marrones (Nonnecke, 1989; Wien and Stützel, 2020).
¿Por qué ocurre?
- Falta de calcio en el suelo (frecuente en suelos ácidos, arenosos o agotados).
- Desequilibrio con potasio y magnesio: el exceso de estos elementos compite con el calcio por la absorción radicular.
- Estrés que afecta el funcionamiento de las raíces (encharcamiento, sequía, alta temperatura).
5.2. Estrés hídrico y alteración de la transpiración
El calcio solo entra a la planta con el agua. Si el suelo se seca, las raíces no pueden absorber calcio. Pero con un exceso de humedad (encharcamiento), las raíces se asfixian y también dejan de funcionar. En calor, cuando la evaporación de las hojas es intensa, el calcio se retiene rápidamente en las hojas externas, mientras que las internas, mal ventiladas, no reciben suficiente (Dixon, 2007; Welbaum, 2015).
¿Qué hacer?
- Mantenga una humedad uniforme del suelo en el 70–80% de la capacidad de campo (riego 1–2 veces por semana).
- Evite el encharcamiento: plante la col en camellones o caballones, especialmente en regiones lluviosas.
- En calor, use sombreado o pulverizaciones foliares por la mañana y por la noche para reducir la evaporación y mejorar el aporte de calcio a las capas internas.
5.3. Crecimiento rápido y «sobrealimentación» con nitrógeno
Cuando la col crece demasiado rápido (fertilización nitrogenada abundante, clima cálido), la demanda de calcio aumenta bruscamente. El calcio no alcanza a llegar a las hojas internas en activo crecimiento y estas se necrosan (Kotov y Adritskaya, 2016; Autko et al., 2012).
¿Por qué ocurre?
El nitrógeno estimula la división celular, pero no favorece el endurecimiento de los tejidos. Los tejidos jóvenes se expanden más rápido de lo que llega el calcio, volviéndose vulnerables.
¿Qué hacer?
- Reduzca la fertilización nitrogenada después del inicio de la formación de la cabeza (véase capítulo 3).
- Aplique fertilizantes con calcio con antelación. En otoño o primavera, durante la preparación del suelo — harina de dolomita (encalado) o tiza (500–700 g por 1 m2), y durante la temporada de crecimiento, aplicaciones foliares de nitrato cálcico (15–20 g por 10 litros de agua) 1–2 veces con intervalo de 10–14 días.
5.4. Predisposición varietal
Algunas variedades e híbridos son más propensos a la necrosis, especialmente las variedades tempranas de crecimiento rápido y las de cabeza grande con hojas finas. Por el contrario, las variedades resistentes al agrietamiento y de larga conservación (por ejemplo, Amager, Snezhinskaya, así como híbridos modernos F1) son menos susceptibles (Nonnecke, 1989; Wien and Stützel, 2020).
¿Qué hacer?
- Dé preferencia a variedades e híbridos resistentes a la necrosis.
- Si ya ha tenido problemas, siembre varias variedades para reducir los riesgos.
Resumen clave:
La necrosis interna no es una enfermedad, sino el resultado de una deficiencia de calcio en los tejidos en crecimiento activo. Medidas principales: mantenga una humedad constante, no sobrefertilice con nitrógeno, encale los suelos ácidos y aplique fertilizantes cálcicos. Las cabezas afectadas pueden usarse para procesamiento (tras eliminar las zonas necróticas), pero no son aptas para almacenamiento.
En el siguiente capítulo analizaremos por qué puede morir el punto de crecimiento de la col — cuando la cabeza no se forma debido a la muerte de la yema terminal.
6. Muerte del punto de crecimiento: cuando la col se queda sin cabeza
Trasplantó las plántulas, se establecieron, pero en lugar de formar una cabeza, la planta detuvo su crecimiento, comenzó a ahijar o brotes laterales deformes aparecieron desde el centro de la roseta. La causa es la muerte (o daño) de la yema terminal (punto de crecimiento). Este trastorno se denomina a menudo «falta de yema» o «ceguera» (blindness).
6.1. Deficiencia de boro
El boro es un micronutriente críticamente importante para el crecimiento del punto de crecimiento y la división celular en los meristemos. Cuando es deficiente, el tejido joven muere y el punto de crecimiento perece. Es un trastorno fisiológico típico que se agrava en tiempo seco, en suelos ligeros con bajo contenido de materia orgánica (Nonnecke, 1989; Kotov y Adritskaya, 2016).
¿Qué aspecto tiene?
- La yema terminal se vuelve marrón y muere.
- Las hojas jóvenes se vuelven quebradizas, retorcidas o deformes; a veces se engrosan y se vuelven vítreas.
- En lugar de una cabeza, comienzan a desarrollarse varias cabezas pequeñas a partir de las yemas axilares (este síntoma se confunde fácilmente con daño por plagas).
- En etapas tardías, pueden aparecer cavidades marrones y huecos dentro del tallo y los pecíolos (huecos) (Startsev, 2021).
¿Qué hacer?
- Realice un análisis de suelo para boro. El contenido óptimo de boro disponible es de al menos 0,5–0,8 mg/kg de suelo.
- Aplique boro en forma de bórax (Na2B₄O₇·10H2O) a razón de 1–2 g/m2 durante la preparación del suelo.
- Si ya comenzó la temporada de crecimiento, haga una aplicación foliar: disuelva 5–10 g de ácido bórico en 10 litros de agua (primero disuélvalo en un poco de agua caliente) y rocíe las hojas en la fase de 4–6 hojas verdaderas y ante los primeros signos del problema.
- En suelos arenosos, aplique boro cada 3–4 años, ya que se lixivia fácilmente.
6.2. Heladas en etapas tempranas de crecimiento
La col es resistente al frío, pero las plantas jóvenes en la fase de cotiledones y primera hoja verdadera son muy vulnerables. La exposición prolongada a temperaturas alrededor de 0…+5 °C, e incluso heladas breves de –3…–5 °C durante este período, pueden dañar o destruir completamente el punto de crecimiento (Wien and Stützel, 2020; Welbaum, 2015).
¿Qué aspecto tiene?
- Con daño leve: después del enfriamiento, las hojas centrales se vuelven blanquecinas o translúcidas, el crecimiento se ralentiza, pero con el tiempo la planta puede recuperarse.
- Con daño grave: el punto de crecimiento se ennegrece, se seca y la planta deja de desarrollarse. A menudo se forman varios brotes laterales débiles.
- Diferencia con otras causas: el daño aparece después de una helada concreta, generalmente en los bordes del campo o en zonas bajas donde el frío se acumula.
¿Qué hacer?
- Trasplante las plántulas en el momento óptimo, cuando haya pasado el riesgo de heladas tardías. Para la mayoría de las regiones templadas, a finales de mayo – principios de junio.
- Si se pronostican heladas, cubra las plantaciones con tela no tejida o agrotextil durante la noche. También puede usar aspersión (pulverización fina) antes de la helada — el agua al congelarse libera calor y protege el punto de crecimiento.
- Para la siembra de primavera, elija variedades e híbridos resistentes a las heladas, especialmente si vive en una zona de agricultura de riesgo.
6.3. Daños mecánicos
El daño a la yema central también puede ocurrir por un cultivo descuidado del suelo (labranza demasiado cerca de la planta), granizo, viento fuerte, o al plantar plántulas demasiado crecidas o «enroscadas» (Nonnecke, 1989; Autko et al., 2012).
¿Qué aspecto tiene?
- El punto de crecimiento puede ser cortado por una azada o dañado por una herramienta — entonces se seca y la planta produce brotes laterales.
- Con daño mecánico, los síntomas aparecen inmediatamente después de la lesión y están localizados (solo las plantas en la zona de tratamiento se ven afectadas).
¿Qué hacer?
- Realice las labores de cultivo con cuidado, dejando una zona de protección de al menos 8–10 cm del tallo.
- No deje que las plántulas se alarguen: la edad óptima para el trasplante es de 35–45 días, con 4–5 hojas verdaderas.
- Utilice trasplantadoras con sujeción suave para no dañar el punto de crecimiento durante la plantación.
6.4. Diagnóstico diferencial
La muerte del punto de crecimiento a veces se confunde con daños por plagas, pero hay diferencias (Startsev, 2021; Dixon, 2007):
| Causa | Signos |
|---|---|
| Deficiencia de boro | deformación y fragilidad de hojas jóvenes, huecos en pecíolos, múltiples cabezas pequeñas |
| Helada | daño aparece después de una helada, tejidos acuosos o blanquecinos |
| Mosca de la col | larvas dentro del punto de crecimiento, a veces visibles a simple vista |
| Pulguilla de la col | característicos «picaduras» en las hojas, pero el punto de crecimiento puede estar comido — entonces se ve una «zona cortada» en la punta |
Resumen clave:
La muerte del punto de crecimiento es un trastorno grave que casi siempre provoca la pérdida de la cabeza. La prevención incluye: fertilización bórica oportuna, protección contra heladas y manejo cuidadoso durante las labores. Si el problema ya ocurrió, es poco probable que la planta se recupere por completo, pero se puede dejar que produzca brotes laterales y utilizarlos como verdura o para obtener cabezas pequeñas (en huertos familiares, esta cosecha a veces se procesa). En producción comercial, las plantas afectadas se eliminan.
En el siguiente capítulo analizaremos por qué pueden aparecer huecos dentro de la cabeza — otra consecuencia desagradable del crecimiento rápido y la deficiencia de boro.
7. Huecos dentro de la cabeza
Corta una cabeza y encuentra en su interior, alrededor del tallo o entre las hojas, huecos — cavidades, a veces con un recubrimiento pardusco. La cabeza tiene buen aspecto, pero pierde peso y se conserva mal. Es la huequedad — resultado de la alteración de la estructura de los tejidos, debido generalmente a deficiencia de boro o exceso de nitrógeno.
7.1. Deficiencia de boro (causa principal)
Los huecos dentro de la cabeza son un síntoma clásico de la deficiencia de boro. El boro participa en la formación de las paredes celulares, la división celular y el transporte de carbohidratos. Cuando falta, los tejidos en la zona de crecimiento activo (tallo, bases de los pecíolos) se vuelven sueltos, luego mueren y se forman cavidades secas o húmedas (Nonnecke, 1989; Autko et al., 2012).
¿Qué aspecto tiene?
- Las cavidades suelen estar dentro del tallo, cerca de la base de la cabeza.
- Las paredes de las cavidades pueden ser marrones o secas.
- En deficiencia severa, aparecen huecos también en los pecíolos de las hojas internas.
- A veces los huecos se acompañan de deformación de las hojas jóvenes — se vuelven onduladas y arrugadas (como en la deficiencia de boro — véase capítulo 6) (Startsev, 2021).
¿Qué hacer?
- Realice un análisis de suelo para boro disponible (normal: 0,5–1,0 mg/kg para suelos arenosos, hasta 2 mg/kg para suelos francos).
- Durante la preparación de los bancales, aplique bórax (Na2B₄O₇·10H2O) en dosis de 0,5–1 g/m2. No supere la dosis — el exceso de boro es tóxico.
- Durante la temporada de crecimiento, haga una aplicación foliar con ácido bórico 5–10 g por 10 litros de agua (disuelva en agua caliente y luego añada agua fría). Pulverice en la fase de 4–6 hojas y repita a los 10–14 días si el problema ya se ha manifestado.
7.2. Crecimiento rápido debido a exceso de nitrógeno
El crecimiento rápido inducido por fertilizaciones nitrogenadas abundantes también puede provocar huecos. Especialmente si, en este contexto, el suelo es pobre en boro o calcio. Los tejidos no alcanzan a «madurar», se producen desgarros entre capas que luego se llenan de aire (Welbaum, 2015; Kotov y Adritskaya, 2016).
¿Por qué ocurre?
Con una alta velocidad de división celular (nitrógeno) y una débil compactación de los tejidos (falta de boro, calcio), las capas internas crecen más rápido que las externas. Se producen microdesgarros que con el tiempo se convierten en cavidades.
¿Qué hacer?
- No sobrefertilice con nitrógeno durante la fase de llenado de la cabeza (véanse capítulos 2 y 3).
- Aplique nitrógeno de forma fraccionada y suspenda su uso 3–4 semanas antes de la cosecha.
- Equilibre la nutrición: añada potasio y fósforo — fortalecen los tejidos y reducen el riesgo de desgarros.
7.3. Fluctuaciones bruscas de humedad
Al igual que con el agrietamiento (capítulo 4), las fluctuaciones bruscas de humedad pueden provocar la formación de cavidades. Durante la sequía, los tejidos se compactan; con un riego brusco, se hinchan. Se producen desgarros internos que luego no cicatrizan (Dixon, 2007).
¿Qué hacer?
- Riegue la col de manera uniforme, evitando largas pausas (véase capítulo 4).
- Acolche el suelo para mantener una humedad estable.
Resumen clave:
Los huecos dentro de la cabeza son el resultado de la alteración de la estructura de los tejidos. La causa principal es la deficiencia de boro, pero también pueden contribuir el exceso de nitrógeno y el riego inestable. Para la prevención: mantenga niveles óptimos de boro en el suelo (aplique bórax o ácido bórico), no sobrefertilice con nitrógeno y controle el riego. Los huecos no desaparecen una vez formados, pero en la siguiente temporada puede evitar completamente este problema.
En el siguiente capítulo analizaremos por qué la col puede volverse amarga y áspera al gusto — cómo evitar la pérdida de calidad incluso con una buena cosecha.
8. Amargor y textura áspera: cuando la col pierde sabor y ternura
La cabeza creció grande, firme, sin grietas, pero tiene sabor amargo y las hojas son duras, fibrosas y no se ablandan bien al cocinar. Esta col decepciona incluso a los horticultores experimentados. La causa no es una infección ni plagas, sino las condiciones de cultivo que alteraron la acumulación normal de azúcares y la formación de tejido tierno.
8.1. Sequía y calor
La col acumula sabor y ternura solo con suficiente humedad y temperaturas moderadas. Si durante el crecimiento activo (especialmente 3–4 semanas antes de la cosecha) hace calor (más de 25 °C) y no llueve, la planta sufre estrés. En estas condiciones, aumenta la síntesis de glucósidos amargos (en particular glucosinolatos) y de fibras gruesas (lignina y celulosa), mientras que los azúcares se acumulan en menor cantidad (Nonnecke, 1989; Welbaum, 2015).
¿Cómo se manifiesta?
- Las hojas se vuelven duras, «correosas», a veces con una capa azulada.
- El sabor es amargo o picante, sin la dulzura habitual.
- Las variedades con hojas finas sufren especialmente: se vuelven ásperas más rápido.
¿Qué hacer?
- Asegure a la col un riego regular, sin largos períodos de sequía (dosis de 25–30 litros por 1 m2 a la semana, más frecuente en calor).
- En tiempo caluroso, use sombreado (malla, tela no tejida) o siembre la col en semisombra (por ejemplo, entre hileras de maíz o girasol).
- Acolche el suelo para conservar la humedad y proteger las raíces del sobrecalentamiento.
8.2. Envejecimiento y sobremaduración
Incluso con riego normal, la col envejece con el tiempo: las células se vuelven ásperas, se acumulan lignina y taninos, y los azúcares se consumen parcialmente en la respiración. Esto es especialmente notable en variedades tardías si no se cosechan a tiempo (Kotov y Adritskaya, 2016; Autko et al., 2012).
¿Cómo se manifiesta?
- La cabeza se vuelve menos jugosa, las hojas duras y fibrosas.
- Aparece un ligero amargor, especialmente en las hojas externas.
- El tallo interno puede comenzar a alargarse — es señal de que la col está pasando a la floración (aunque exteriormente la cabeza aún parezca normal).
¿Qué hacer?
- Coseche la col en su madurez técnica, sin dejar que se sobremadure. Signos de madurez: la cabeza está firme, no se hunde al presionarla, las hojas superiores comienzan a doblarse ligeramente.
- Para el almacenamiento prolongado, elija variedades específicamente seleccionadas por su conservación: envejecen más lentamente.
- Corte las cabezas en las horas frescas del día (mañana o tarde) y colóquelas inmediatamente a la sombra o en refrigeración — esto ralentiza el envejecimiento y la pérdida de azúcares.
8.3. Deficiencia de potasio y exceso de nitrógeno
El potasio es responsable de la firmeza y ternura de los tejidos. Cuando falta, las hojas se vuelven ásperas, pierden jugosidad y pueden tener un sabor amargo. El exceso de nitrógeno, por el contrario, estimula el crecimiento rápido, pero los tejidos quedan acuosos y sueltos, con bajo contenido de azúcares (Nonnecke, 1989; Kotov y Adritskaya, 2016).
¿Qué hacer?
- Mantenga niveles óptimos de potasio en el suelo (al menos 150 mg/kg de K₂O en suelos francos).
- Aplique fertilizantes potásicos 2–3 semanas antes del inicio de la formación de la cabeza (sulfato de potasio, kalimagnesía — 30–40 g/m2).
- No sobrefertilice con nitrógeno durante el llenado (véanse capítulos 2 y 3).
8.4. Características varietales y condiciones de almacenamiento
Algunas variedades (especialmente las antiguas y tradicionales) son inherentemente más ásperas que los híbridos modernos. El amargor puede intensificarse con un almacenamiento inadecuado: si las cabezas están expuestas a la luz o a temperaturas elevadas, acumulan sustancias amargas (Welbaum, 2015).
¿Qué hacer?
- Elija variedades conocidas por su sabor tierno (por ejemplo, híbridos F1 modernos con etiqueta «para ensalada» o «dulce»).
- Almacene la col en un lugar oscuro y fresco (0–2 °C, humedad 90–95%). Evite que se seque o se recaliente.
- Si el amargor ya ha aparecido, puede remojar la col rallada en agua fría con sal durante 30–60 minutos — parte del amargor desaparecerá. Pero es mejor prevenir el problema durante el cultivo.
Resumen clave:
El amargor y la aspereza son consecuencia del estrés (calor, sequía), la sobremaduración, el desequilibrio nutricional (exceso de nitrógeno, falta de potasio) o un almacenamiento incorrecto. Prevención: riego regular, sombreado en calor, fertilización equilibrada (especialmente potasio), cosecha oportuna y almacenamiento adecuado. Si la col ya se ha vuelto áspera, es mejor usarla para chucrut o guisos, no para ensaladas frescas.
En el próximo capítulo, el último, abordaremos las heladas y el estrés térmico — cómo se manifiestan y qué hacer si la col ha sufrido temperaturas extremas.
9. Heladas y estrés térmico: cuando la col sufre temperaturas extremas
La col es un cultivo resistente al frío, pero todo tiene un límite. Soporta heladas ligeras, pero las heladas severas o el calor prolongado pueden dañar gravemente la cosecha. En este capítulo analizaremos cómo reconocer el estrés térmico, sus peligros y si se pueden salvar las plantas.
9.1. Heladas: síntomas y consecuencias
La col tolera heladas breves de hasta –5…–8 °C (según la variedad y la fase de desarrollo). Sin embargo, a temperaturas más bajas o con exposición prolongada al frío, los tejidos se dañan (Nonnecke, 1989; Welbaum, 2015).
¿Qué aspecto tiene?
- Helada leve (hasta –3 °C): las hojas se vuelven acuosas, translúcidas, como «vítreas». Después del deshielo recuperan la turgencia, pero pueden aparecer manchas marrones.
- Helada moderada (–3…–5 °C): los bordes y puntas de las hojas se vuelven marrones, secos y quebradizos. Las hojas internas pueden permanecer intactas si la cabeza ya está formada.
- Helada severa (por debajo de –5…–7 °C): toda la roseta se vuelve acuosa, luego se vuelve marrón y muere. El punto de crecimiento a menudo muere (véase capítulo 6). Las cabezas no son aptas para almacenamiento — se pudren rápidamente al descongelarse (Autko et al., 2012; Kotov y Adritskaya, 2016).
Consecuencias para la cosecha:
- Las cabezas heladas no se pueden almacenar a largo plazo — son rápidamente atacadas por podredumbre gris y blanca (Startsev, 2021).
- Si solo la parte superior está dañada, la cabeza se puede usar pronto (fresca o para procesamiento).
- Si el punto de crecimiento ha muerto, no se formará cabeza.
¿Qué hacer ante amenaza de helada?
- Cubra las plantaciones con tela no tejida o agrotextil (densidad 30–60 g/m2) durante la noche. Se puede usar doble capa para mayor seguridad.
- Use aspersión — una pulverización fina de agua antes de la helada. Al congelarse, el agua libera calor y la temperatura en la superficie de las plantas se mantiene alrededor de 0 °C, evitando daños más severos.
- Trasplante las plántulas en el momento óptimo, de modo que el período de formación de la cabeza coincida con épocas en que las heladas sean improbables.
¿Qué hacer después de una helada?
- No apresure a cortar las hojas dañadas — deje que la planta se descongele de forma natural (el descongelamiento lento reduce el estrés).
- Inspeccione el punto de crecimiento: si está verde y firme, la planta se recuperará.
- Aplique fertilizante potásico-fosforado (por ejemplo, fosfato monopotásico) — ayuda a fortalecer los tejidos y acelerar la recuperación.
- Coseche las cabezas dañadas inmediatamente, sin esperar a que empiecen a pudrirse.
9.2. Estrés por calor
El calor es para la col un estrés tan grave como el frío. A temperaturas superiores a 25…30 °C, el crecimiento se ralentiza, las hojas se vuelven ásperas y las cabezas dejan de llenarse o se aflojan (Dixon, 2007; Wien and Stützel, 2020). A diferencia de la helada, el estrés térmico a menudo no es visible de inmediato, sino que se manifiesta gradualmente: marchitez, amarillamiento, necrosis marginal de las hojas.
Síntomas del estrés térmico:
- Las hojas pierden turgencia, se inclinan incluso con humedad normal del suelo.
- Los bordes de las hojas se amarillean, se vuelven marrones y se secan («quemadura marginal»).
- La cabeza deja de crecer, se vuelve suelta o no se forma.
- El envejecimiento se acelera: las hojas se vuelven ásperas, se acumula amargor (véase capítulo 8).
¿Qué hacer?
- Sombree las plantaciones de 11 a 16 horas — use mallas de sombreo (50–70% de sombra), tela no tejida o siembre la col entre hileras de cultivos altos (maíz, girasol).
- Riegue con mayor frecuencia y abundancia — en calor, la dosis de riego puede aumentar a 30–40 litros por 1 m2 a la semana, divididos en 2–3 riegos para evitar encharcamientos.
- Use acolchado (paja, hierba cortada, turba) con una capa de 5–7 cm — protege las raíces del sobrecalentamiento y reduce la evaporación.
- Aplique fertilizantes potásicos — el potasio aumenta la resistencia al estrés térmico y mejora la regulación del equilibrio hídrico.
- Si el calor sorprende a la col en la fase de formación de la cabeza, puede aplicar preparados antiestrés (por ejemplo, con humatos o aminoácidos) para aumentar la turgencia y reducir la evaporación.
9.3. Diagnóstico diferencial: helada vs. estrés térmico vs. deficiencia de calcio
Los síntomas del estrés térmico y la quemadura marginal por deficiencia de calcio son externamente similares, pero las causas son diferentes (Nonnecke, 1989; Kotov y Adritskaya, 2016):
| Signo | Helada | Estrés térmico | Deficiencia de calcio |
|---|---|---|---|
| Momento de aparición | inmediatamente después de la helada | gradualmente, en calor | gradualmente, generalmente a mediados del ciclo |
| Naturaleza del daño | tejidos acuosos y translúcidos; color marrón tras el deshielo | bordes de hojas secos y amarillos, pero sin aspecto acuoso | necrosis en hojas jóvenes dentro de la cabeza (capítulo 5) |
| Relación con el clima | claramente relacionado con una helada concreta | relacionado con calor prolongado | puede ocurrir sin calor, por alteración nutricional |
| Recuperación | leve — posible; severa — irreversible | al eliminar el estrés — recuperación parcial | al reponer calcio — las hojas nuevas crecen sanas |
Resumen clave:
Las heladas y el estrés térmico son pruebas serias para la col. Las heladas leves no siempre son fatales, pero esas cabezas no se conservan mucho tiempo. El calor reduce el rendimiento y la calidad, incluso si las plantas sobreviven. Las principales medidas de protección son la cobertura oportuna contra heladas, el sombreado contra el calor, el riego regular y el mantenimiento de la nutrición potásica. Recuerde: las plantas sanas, bien provistas de humedad y potasio, toleran mejor los estrés térmicos.
Conclusión de todo el artículo
Hemos abordado nueve trastornos fisiológicos clave de la col repollo:
1. La cabeza no se forma — calor, día largo, exceso de nitrógeno, densidad excesiva, estrés.
2. Cabeza suelta — sobrecalentamiento, riego inestable, exceso de nitrógeno, deficiencia de potasio.
3. Agrietamiento — riego brusco tras sequía, lluvias, sobremaduración.
4. Necrosis interna — deficiencia de calcio, estrés hídrico, crecimiento rápido.
5. Muerte del punto de crecimiento — deficiencia de boro, heladas, daños mecánicos.
6. Huecos dentro de la cabeza — deficiencia de boro, exceso de nitrógeno, crecimiento rápido.
7. Amargor y textura áspera — sequía, calor, envejecimiento, desequilibrio nutricional.
8. Estrés térmico — heladas y estrés por calor, sus síntomas y recuperación.
Todos estos trastornos no se transmiten de una planta a otra y, en su mayoría, son prevenibles. Las estrategias principales para el cultivo exitoso de la col son:
- Elección de variedades e híbridos resistentes a los principales estreses (calor, agrietamiento, necrosis).
- Respeto de las fechas de siembra y trasplante para que las fases críticas del desarrollo coincidan con condiciones térmicas favorables.
- Riego uniforme, manteniendo la humedad del suelo en un 70–80% de la capacidad de campo.
- Nutrición equilibrada — sin desviación hacia el nitrógeno, con suficiente potasio, calcio y boro.
- Cobertura y sombreado en temperaturas extremas.
Si el problema ya se ha manifestado, no siempre se puede salvar la cosecha, pero sin duda podrá sacar conclusiones y evitarlo en la próxima temporada. Observe las plantas, anote qué salió mal y ajuste sus prácticas. La col es un cultivo agradecido, y con los cuidados adecuados le responderá con cabezas compactas, jugosas y sabrosas.
Referencias
- Dixon, G.R. (2007). ‘Developmental Physiology’, in Vegetable Brassicas and Related Crucifers. London, UK: CABI, pp. 91-112.
- Kemble, J.M., Bertucci, M.B., Jennings, K.M., Meadows, I.M., Rodrigues, C., Walgenbach, J.F., Wszelaki, A.L. (2022). Southeast U.S. Vegetable Crop Handbook. 23rd edition : Great American Media Services.
- Nonnecke, L. (1989). ‘Cole Crops — Brassica Oleracea’, in Vegetable production. New York, USA: Van Nostrand Reinhold, pp. 369-414.
- Welbaum, G.E. (2015). ‘Family Brassicaceae’, in Vegetable production and practices. Boston, MA: CABI, ch. 16.
- Wien, H.C., Stützel, H. (2020). ‘Cauliflower, broccoli, cabbage, and Brussels sprouts.’, in The physiology of vegetable crops. UK: CABI, 357-388.
- Аутко, А.А. (2012). ‘Современные технологии выращивания овощных культур [Modern technologies for growing vegetable crops]’, in Современные технологии в овощеводстве [Modern technologies in vegetable growing]. Минск, Белоруссия: Беларус. навука, pp. 93-347.
- Котов, В.П., Адрицкая, Н.А. (2016). ‘Технологии возделывания овощных культур [Vegetable cultivation technologies]’, in Овощеводство [Vegetable growing]. Санкт-Петербург: Лань, pp. 153-361.
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