Trastornos fisiológicos del tomate

Actualizado: 24 Junio 2026 Русский English

1. ¿Qué son los trastornos fisiológicos?

Imagine: su tomate parece enfermo — las hojas se amarillean, se enrollan, los frutos se manchan, pero no hay plagas ni signos de infección. Lo más probable es que esté ante un trastorno fisiológico.

Los trastornos fisiológicos son cambios no infecciosos en la planta causados no por patógenos (hongos, bacterias o virus), sino por factores ambientales adversos, errores en el cuidado o características genéticas de la variedad (Ajátov, 2010).

¿En qué se diferencia de una enfermedad?

Característica Trastorno fisiológico Enfermedad infecciosa
Causa Factores abióticos (temperatura, humedad, luz, nutrición) Patógenos (hongos, bacterias, virus)
Propagación A menudo masiva pero no contagiosa Se extiende gradualmente de planta a planta
Reversibilidad Suele corregirse al normalizar las condiciones Requiere tratamiento, a veces irreversible
Dependencia de la variedad Puede estar genéticamente determinada (ej. propensión al rajado) Depende de la resistencia de la variedad

Visualmente, los síntomas pueden ser muy similares. Por ejemplo, la clorosis (amarillamiento) de las hojas puede ser causada tanto por deficiencia de nitrógeno como por una infección vírica. La diferencia clave es que al eliminar el factor estresante, el trastorno fisiológico desaparece gradualmente, mientras que la infección continúa desarrollándose (Blancard, 2012).

Principales grupos de causas

1. Estrés hídrico — falta o exceso de humedad

2. Estrés térmico — calor, frío, cambios bruscos

3. Estrés lumínico — falta o exceso de iluminación

4. Trastornos nutricionales — deficiencia o exceso de elementos

5. Daños mecánicos — lesiones en raíces, tallos, frutos

¿Cómo saber si es un trastorno fisiológico?

He aquí algunas pautas clave:

  • Revise las raíces. Si el sistema radicular está sano (raíces blancas o marrón claro, sin podredumbre ni agallas), el problema probablemente no sea infeccioso (Blancard, 2012).
  • Evalúe la propagación. Si el trastorno aparece simultáneamente en muchas plantas y tiene una clara relación con una zona determinada del campo, invernadero o con un evento climático, es un indicio característico de origen no infeccioso (Ajátov, 2010).
  • Observe la dinámica. Si tras ajustar el cuidado (riego, abonado, sombreado) los síntomas comienzan a desaparecer, va por buen camino.
  • Descarte plagas y patógenos. Una inspección minuciosa de las hojas (por ambas caras), tallos y frutos ayudará a distinguir, por ejemplo, la araña roja del enrollamiento fisiológico de las hojas.

Recuerde lo fundamental: los trastornos fisiológicos son señales que la planta emite cuando sus condiciones de vida han superado su zona de confort. Aprendiendo a "leer" estas señales, podrá corregir el cuidado con rapidez y salvar la cosecha.

En los siguientes capítulos analizaremos en detalle cada tipo de estrés y aprenderemos a reaccionar adecuadamente a las señales que nos da la planta.

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2. Estrés hídrico

El agua es la base de la vida vegetal, pero su exceso o defecto pueden provocar graves trastornos. El tomate es especialmente sensible al desequilibrio hídrico, y su aspecto refleja rápidamente cualquier problema de riego.

¿Cómo saber que la planta sufre falta de agua?

Cuando falta humedad, el tomate activa mecanismos de supervivencia que se notan de inmediato:

  • Las hojas pierden turgencia y se marchitan, sobre todo en las horas más calurosas del día. Por la noche la planta puede recuperarse; es un signo temprano.
  • Las hojas inferiores se amarillean y secan — la planta sacrifica las hojas viejas para ahorrar agua para las jóvenes y los frutos.
  • Los bordes de las hojas se enrollan hacia arriba — esto reduce la superficie de evaporación.
  • Flores y cuajos se caen — ante la falta de humedad, la planta no puede mantenerlos y "se deshace del lastre".
  • Los frutos se hacen más pequeños y maduran prematuramente, pierden jugosidad.
  • En sequías prolongadas, los tallos pueden agrietarse — como resultado de la entrada irregular de agua tras un período seco (Ajátov, 2010).

Por qué ocurre: Las raíces del tomate absorben agua y minerales de la solución del suelo. Cuando falta humedad, la presión osmótica disminuye y las raíces no pueden absorber agua eficazmente. Además, se ve afectado el transporte de calcio a los frutos, lo que provoca la podredumbre apical (más detalles en el capítulo 6).

¿Y qué ocurre con el exceso de humedad?

El encharcamiento es un enemigo igualmente peligroso. Los tomates no toleran el estancamiento de agua en las raíces.

  • Las hojas inferiores se amarillean y marchitan, aunque el suelo esté húmedo — es un síntoma paradójico de daño en las raíces.
  • Las hojas pueden adquirir un tono verde oscuro y volverse quebradizas.
  • Aparecen ampollas acuosas en tallos y hojas (edema) — es el resultado de que la planta absorbe más agua de la que puede evaporar, y las células "explotan" (Blancard, 2012).
  • Las raíces se oscurecen, se pudren y pierden pelos radiculares — disminuye su capacidad de absorción.
  • Las plantas se vuelven más laxas y susceptibles a infecciones fúngicas — especialmente a la podredumbre gris y al mildiú tardío.
  • Los frutos pueden rajarse — ante cambios bruscos de humedad (tras una sequía, un riego abundante).

El sistema radicular del tomate necesita oxígeno (Ajátov, 2010). El exceso de agua desplaza el aire del suelo, las raíces se asfixian y se detiene la absorción normal de nutrientes. La planta "pasa hambre" incluso en tierra mojada.

Cómo encontrar el "punto medio": recomendaciones prácticas

1. Tenga en cuenta la etapa de desarrollo de la planta

Etapa Humedad del suelo recomendada (% de la capacidad de campo)
Tras el trasplante 65–75%
Floración y cuajado 70–80%
Llenado de frutos (primeras cosechas) 75–85%
Final de la vegetación reducción gradual

(Ajátov, 2010)

2. Riegue correctamente

  • En campo abierto — riegue abundantemente pero con poca frecuencia, para que el agua penetre en profundidad (40–50 cm). Los riegos superficiales frecuentes fomentan raíces superficiales que se secan antes.
  • En invernadero — el riego por goteo da los mejores resultados: el agua llega dosificada directamente a la zona radicular, evitando tanto el exceso como la sequía.
  • Horario de riego — por la mañana o al atardecer. En días calurosos y soleados, regar con agua fría provoca estrés (shock). En invernaderos, termine el riego 1–2 horas antes de la puesta de sol para evitar estancamientos nocturnos y condensación (Ajátov, 2010).
  • Temperatura del agua — no inferior a 18–20 °C. El agua fría (de pozo, sondeo) deprime las raíces.

3. Considere el clima y el tipo de suelo

  • En tiempo caluroso y soleado, el consumo de agua aumenta drásticamente — aumente la frecuencia de riego.
  • En días nublados y frescos, reduzca el riego.
  • En suelos arenosos ligeros, el agua se va más rápido — riegue más a menudo pero con menor volumen.
  • En suelos arcillosos pesados — con menos frecuencia pero más abundante, para que el agua empape toda la capa radicular sin encharcarse.

4. El acolchado es su aliado

Una capa de acolchado (paja, serrín descompuesto, plástico negro) reduce notablemente la evaporación, disminuye las fluctuaciones de humedad y protege las raíces del sobrecalentamiento. Es especialmente importante en regiones de clima cálido.

5. Aprenda a "leer" la planta

  • Si por la mañana las hojas están mustias y por la tarde se recuperan — riegue un poco antes o aumente el volumen.
  • Si las hojas están mustias constantemente aunque el suelo esté húmedo — revise las raíces en busca de podredumbre o daños (por ejemplo, nematodos o podredumbres radiculares) (Blancard, 2012).

¿Qué hacer si el estrés ya se ha manifestado?

En caso de sequía:

  • Riegue las plantas gradualmente, mejor en varias veces, para que el agua tenga tiempo de absorberse.
  • Humedezca abundantemente el suelo y luego acolche.
  • En invernadero, aumente la humedad ambiental (pulverizando los pasillos, activando la nebulización) — esto reduce la carga sobre las hojas.

En caso de encharcamiento:

  • Suspenda el riego hasta que se seque la capa superficial del suelo.
  • Airee el suelo alrededor de las plantas para mejorar la aireación.
  • En invernaderos, aumente la ventilación.
  • Si las raíces están muy dañadas, puede aporcar ligeramente el tallo con tierra húmeda para estimular la formación de raíces adventicias (Ajátov, 2010).

Estrés hídrico y otros problemas

Es importante recordar que la alteración del régimen hídrico suele provocar o agravar otros trastornos fisiológicos:

  • Podredumbre apical — resultado de una mala llegada de calcio debido a las fluctuaciones de humedad.
  • Rajado de frutos — transición brusca de la sequía al riego abundante.
  • Clorosis foliar — a menudo relacionada con la incapacidad de las raíces para absorber nutrientes en condiciones de encharcamiento.

Conclusión principal: un riego regular pero moderado, teniendo en cuenta las condiciones climáticas y la fase de desarrollo, es la base de la salud del tomate. Observe atentamente las plantas y ellas le indicarán cuándo y cuánta agua necesitan.

En el próximo capítulo analizaremos cómo la temperatura —tanto el calor como el frío— afecta al estado de los tomates y cómo proteger las plantas de los estrés térmicos.

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3. Estrés térmico

El tomate es una planta de clima cálido. Tanto el frío excesivo como el calor agobiante le son igualmente perjudiciales. El estrés térmico es una de las causas más frecuentes de cambios externos que los jardineros confunden con enfermedades.

¿Por qué es el tomate tan sensible a la temperatura?

El rango óptimo para el crecimiento y la fructificación es de 18 a 27 °C durante el día y de 15 a 18 °C por la noche (Ajátov, 2010). Cuando se superan estos límites, se alteran procesos clave:

Proceso Qué ocurre con la desviación
Fotosíntesis Con calor disminuye la eficiencia; con frío se ralentiza
Respiración Con calor aumenta, la planta pierde energía
Absorción de agua y nutrientes Las raíces funcionan peor con bajas temperaturas
Polinización y cuajado El polen se vuelve estéril con calor y con frío
Formación de pigmentos El licopeno (color rojo) no se sintetiza por encima de 30 °C

El tomate es una planta autopolinizante, pero para una polinización exitosa es importante la temperatura: el polen madura y germina óptimamente en el rango de 15–32 °C. Por encima o por debajo, el cuajado disminuye drásticamente (Wien & Stützel, 2020).

Signos de estrés por frío

El tomate sufre con el frío incluso a temperaturas positivas. Por debajo de +12 °C se detiene el crecimiento; a +10 °C cesa la floración; y con heladas la planta muere (Ajátov, 2010).

Síntomas principales:

  • Las hojas se vuelven verde oscuro con tono violáceo (antocianosis) — es una reacción defensiva: la planta acumula antocianinas para absorber mejor la luz roja y calentarse (Ajátov, 2010).
  • Enrollamiento, engrosamiento y deformación de las hojas jóvenes — tras un enfriamiento prolongado durante el crecimiento del meristemo.
  • Crecimiento y desarrollo lentos — la planta parece "congelarse".
  • Caída de flores y cuajos — por debajo de 13–15 °C, el polen no madura o se vuelve estéril.
  • "Plateado" (silvering) — zonas plateadas o claras en las hojas, especialmente en variedades sin resistencia genética (Atherton & Rudich, 1986). Aparece tras un enfriamiento brusco en crecimiento activo.
  • Manchas necróticas acuosas en las hojas tras una helada — al descongelarse, los tejidos dañados se vuelven transparentes y luego oscurecen.

Por qué ocurre: El enfriamiento reduce la fluidez de las membranas, ralentiza el transporte de agua y nutrientes y altera la función enzimática. Los tejidos jóvenes en crecimiento son los más afectados — contienen más agua y son menos resistentes.

Signos de estrés por calor

Temperaturas diurnas superiores a 30 °C ya son una señal de alarma. A 35 °C el polen muere, el crecimiento casi se detiene, y a 40 °C la planta puede sufrir daños irreversibles.

Síntomas principales:

  • Las hojas se vuelven más pequeñas, los tallos más delgados, los entrenudos se alargan — la planta intenta enfriarse aumentando la superficie de evaporación.
  • Enrollamiento de las hojas hacia arriba — reduce la superficie de evaporación y protege del sobrecalentamiento (Ajátov, 2010).
  • Caída de flores y cuajos — la causa principal es la esterilidad del polen. El licopeno (pigmento rojo) no se sintetiza por encima de 30 °C, los frutos quedan anaranjados-amarillentos (Atherton & Rudich, 1986).
  • Quemaduras solares en los frutos — zonas descoloridas y hundidas en el lado expuesto.
  • Rajado de frutos — especialmente con calor y riego brusco.
  • Marchitamiento incluso con suelo húmedo — las raíces no pueden suministrar agua lo suficientemente rápido; la evaporación supera la absorción.

Por qué ocurre: A altas temperaturas aumenta la respiración — la planta gasta energía en enfriarse en lugar de crecer. La fotosíntesis se inhibe. Además, las proteínas se desnaturalizan y se altera la estructura de las membranas celulares.

Particularidades del régimen térmico en invernaderos y campo abierto

Campo abierto:

  • Las oscilaciones diarias pueden alcanzar los 20 °C o más.
  • Las plantas se endurecen, por lo que son más resistentes a cambios breves.
  • El calor intenso combinado con aire seco es lo más peligroso.
  • Las heladas primaverales y otoñales son la principal amenaza.

Invernaderos:

  • La temperatura puede superar los 40 °C si la ventilación es insuficiente.
  • Por la noche, puede producirse un enfriamiento brusco.
  • Las plantas de invernadero son más delicadas y toleran peor el frío.
  • Es importante mantener una relación: temperatura diurna superior a la nocturna en 2–3 °C (Ajátov, 2010).

Relación con la iluminación: En días soleados se tolera una temperatura más alta (hasta 25 °C) que en días nublados (no más de 22 °C). Así la planta aprovecha la luz para la fotosíntesis sin sobrecalentarse.

Cómo proteger los tomates del estrés térmico

Del frío:

  • Elija variedades y resistentes al frío — muchas variedades regionalizadas son tolerantes a enfriamientos breves.
  • Endurezca las plántulas antes del trasplante — acostúmbrelas gradualmente a temperaturas más bajas durante 5–7 días.
  • En campo abierto, use cubiertas temporales — tela no tejida, plástico, protectores de botellas.
  • En invernaderos, vigile la temperatura nocturna: no la deje bajar de 16–17 °C durante la fructificación.
  • Ante riesgo de heladas, riegue — el suelo húmedo libera calor más lentamente, y el aspersión fina nocturna protege de la congelación (Ajátov, 2010). Pero solo con temperatura positiva.
  • Use preparados antiestrés (Megafol, Epin-Extra) — ayudan a la planta a tolerar mejor el frío estimulando mecanismos de defensa.

Del calor:

  • Asegure la ventilación — en invernaderos, abra ventanas y puertas, cree corriente de aire (al tomate no le teme).
  • Dé sombra — en campo abierto, use mallas, pantallas; en invernaderos, encalado del techo, mallas de sombreo, pantallas internas (Ajátov, 2010).
  • Aumente el riego, pero solo por la mañana — para que la humedad se absorba y no provoque sobrecalentamiento de las raíces.
  • Pulverice los pasillos en el invernadero — aumenta la humedad y reduce la temperatura por evaporación.
  • No elimine hojas sobrantes en calor — protegen los frutos y el suelo del sobrecalentamiento.

Consejos universales:

  • Mantenga una temperatura del suelo óptima (18–20 °C) — el suelo frío ralentiza el crecimiento radicular aunque la temperatura del aire sea normal.
  • En regiones cálidas, prefiera variedades resistentes al calor con sistema radicular potente y cubierta foliar densa.
  • Abonados oportunos con potasio y calcio aumentan la tolerancia a los estrés térmicos.

Cómo distinguir el estrés térmico de una enfermedad

Característica Estrés térmico Infección
Propagación Masiva en todo el invernadero o campo A menudo focal
Velocidad de aparición Rápida (horas o días) Gradual
Relación con el clima Clara — tras helada, calor, cambio brusco A menudo tras lluvia, niebla
Recuperación Al normalizar la temperatura, los síntomas disminuyen Progresa independientemente

Regla de oro: mantenga la temperatura dentro del rango confortable para el tomate. Si el clima se sale de esos límites, reaccione rápidamente: sombree, ventile, cubra, riegue. La planta responderá con un aspecto sano y una cosecha abundante.

En el próximo capítulo analizaremos cómo la luz —su cantidad, calidad y duración— influye en el crecimiento y desarrollo del tomate, y cómo evitar problemas relacionados con la iluminación.

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4. Estrés lumínico

La luz es la principal fuente de energía para la planta. El tomate exige mucha luz, pero tanto el exceso como la falta pueden causar graves trastornos. Conocer las necesidades lumínicas es clave para la salud y la productividad.

¿Para qué necesita el tomate la luz?

En las hojas del tomate se produce la fotosíntesis — la conversión de dióxido de carbono y agua en sustancias orgánicas bajo la acción de la luz. Cuanta más luz (dentro de lo razonable), más activa es la fotosíntesis y más nutrientes recibe la planta para crecer, florecer y llenar frutos.

Sin embargo, son importantes tres características de la luz:

  • Intensidad (iluminancia) — cantidad de luz que incide sobre la hoja.
  • Fotoperiodo — duración del día.
  • Composición espectral — proporción de rayos de diferentes longitudes de onda (rojo, azul, rojo lejano, etc.).

El tomate puede crecer con diferentes duraciones de día, pero se considera óptimo 12–16 horas de luz al día. Con menos de 10–11 horas y baja intensidad, la floración y fructificación se retrasan mucho (Wien & Stützel, 2020).

Signos de falta de luz

Si el tomate recibe poca luz, intenta por todos los medios "alcanzar" la fuente — esto se llama etiolación. Síntomas principales:

  • Los tallos se alargan, se vuelven delgados y frágiles, los entrenudos se alargan.
  • Las hojas se hacen más pequeñas y pálidas, se vuelven verde claro o amarillentas — la clorofila se degrada porque la planta usa sus reservas para sobrevivir (Ajátov, 2010).
  • Las hojas pueden orientarse hacia arriba — hacia la fuente de luz.
  • La floración se retrasa o no se produce — la planta no tiene energía para formar órganos generativos.
  • Flores y cuajos se caen — especialmente en las inflorescencias inferiores.
  • Los frutos maduran lentamente, de forma desigual, a menudo quedan de color pálido.

Por qué ocurre: Con poca luz, la fotosíntesis no cubre las necesidades de carbohidratos. El tomate se ve obligado a usar sustancias de reserva (almidón, proteínas, incluso clorofila) para mantener la vida. La floración y la fructificación son los procesos que más energía consumen, por lo que la planta los pospone (Ajátov, 2010; Heuvelink, 2018).

La falta de luz es especialmente crítica en:

  • El cultivo de plántulas (sobre todo en regiones del norte en febrero-marzo).
  • Plantaciones densas — cuando las plantas se sombrean entre sí.
  • Tiempo nublado y lluvioso durante varias semanas.
  • Invernaderos con cubierta sucia o empañada.

Signos de exceso de luz

Podría pensarse que mucha luz es bueno. Pero en regiones del sur y en días soleados y calurosos, el exceso de luz puede perjudicar:

  • Las hojas se vuelven más pequeñas y claras — la planta se protege del sobrecalentamiento y la fotooxidación.
  • Los entrenudos se acortan, los tallos se vuelven más gruesos y rígidos.
  • Los bordes de las hojas se enrollan hacia arriba — reduce la superficie de evaporación y absorción de luz.
  • Aparecen zonas descoloridas en los frutos (quemaduras solares) — los tejidos se destruyen por la radiación ultravioleta intensa.
  • Se altera la polinización — en combinación con altas temperaturas, el polen se vuelve estéril (Wien & Stützel, 2020).

A diferencia de la falta de luz, el exceso es más frecuente en campo abierto de regiones del sur y en invernaderos mal sombreados.

Composición espectral y fotoperiodo

El tomate es una planta neutra en cuanto a duración del día, es decir, florece con cualquier longitud del período luminoso. Pero hay matices:

  • Con días cortos (menos de 10–12 horas) y baja iluminación, la floración se retrasa.
  • Con días largos (más de 16 horas), el crecimiento vegetativo puede predominar sobre el generativo — la planta "se engorda" pero da pocos frutos.
  • El fotoperiodo óptimo para el tomate es de 12–14 horas (Ajátov, 2010).

La composición espectral también importa. La luz roja estimula la floración y el cuajado; la azul, un crecimiento compacto y el desarrollo de hojas. En invernaderos se pueden usar lámparas LED con predominio de los espectros deseados para suplementar la iluminación (Heuvelink, 2018).

Recomendaciones prácticas: cómo manejar el régimen lumínico

En caso de falta de luz

1. Elija variedades tolerantes a la sombra — para regiones del norte e invernaderos con poca luz se recomiendan híbridos tolerantes; para el sur, variedades más resistentes al calor y a la luz intensa.

2. Optimice la densidad de plantación — en invernaderos, las variedades indeterminadas no superan los 2–2,5 plantas/m²; las determinadas, hasta 3–4 plantas/m². El exceso de densidad provoca sombreo y alargamiento (Ajátov, 2010).

3. Elimine hojas y brotes laterales sobrantes — pero solo los que ya no fotosintetizan (amarillentos, viejos). Eliminar hojas sanas empeora la iluminación de los estratos inferiores y reduce el rendimiento.

4. Use materiales reflectantes — plástico blanco en el suelo, pantallas reflectantes en el lado norte del invernadero, cortinas reflectantes. Esto aumenta la luz disponible para las hojas inferiores (Ajátov, 2010).

5. Complemente con luz artificial — en invierno-primavera en regiones del norte se recomienda iluminación adicional con lámparas (de sodio, LED) con intensidad de 100–150 W/m² durante 10–12 horas al día.

6. Regule la temperatura — cuando falta luz, reduzca la temperatura del invernadero en 2–3 °C para disminuir la respiración nocturna y conservar los carbohidratos acumulados durante el día (Ajátov, 2010). Es especialmente importante para plántulas y cultivos de primavera temprana.

En caso de exceso de luz

1. Dé sombra — en invernaderos, encalado de los cristales, mallas de sombreo (30–50% de sombra); en campo abierto, tela de cubrición, pantallas. Especialmente relevante durante las horas centrales del día en regiones del sur.

2. Mantenga la humedad del aire — en días calurosos y soleados, una humedad elevada (70–80%) ayuda a la planta a tolerar mejor la luz intensa (Ajátov, 2010).

3. Riegue por la mañana — para que la planta no sufra déficit hídrico en el pico de actividad solar.

4. Elija variedades con follaje denso — ellas mismas sombrean los frutos y los protegen de las quemaduras.

5. No elimine hojas sobrantes en tiempo caluroso — sirven de pantalla para frutos y suelo.

Particularidades regionales

Región Problema principal Recomendaciones
Norte (clima templado) Falta de luz al inicio de la temporada Luz suplementaria para plántulas, variedades tolerantes a la sombra, pantallas reflectantes
Sur (subtropical, tropical) Exceso de luz y sobrecalentamiento Sombreado, riegos frecuentes, variedades con follaje denso, acolchado
Zona templada (latitudes medias) Alternancia de días nublados y soleados Sistema flexible: en días nublados bajar la temperatura, en días soleados ventilar y regar

Cómo distinguir el estrés lumínico de enfermedades y otros trastornos

Característica Falta de luz Exceso de luz Enfermedad / trastorno nutricional
Manifestación principal Tallos alargados, hojas pequeñas y pálidas Crecimiento compacto, hojas enrolladas, quemaduras Puede ser similar pero con otros signos
Propagación Uniforme en todas las plantas, especialmente en sombra En las zonas más iluminadas A menudo focal o asociada a plantas concretas
Relación con el clima Clara — tras períodos nublados Clara — en días soleados Relación con humedad, temperatura, nutrición
Corrección Aumentar luz, bajar temperatura Sombreado, riego Requiere abonado o tratamiento
Recuperación Gradual, al mejorar la iluminación Rápida tras el sombreado Depende de la causa

Conclusión práctica

  • La luz es el combustible del tomate. Sin ella no hay fotosíntesis, no hay cosecha.
  • La tarea principal es encontrar el equilibrio: no dejar que la planta se estire en la sombra ni que se queme al sol.
  • Observe las hojas: son el principal indicador del confort lumínico. Pálidas, alargadas, con entrenudos largos — necesitan más luz. Rígidas, pequeñas, con bordes enrollados — es hora de sombrear.
  • En invernaderos, el régimen lumínico se puede regular: limpie la cubierta, use reflectores, instale lámparas. En campo abierto, confíe más en la elección adecuada de la variedad y la ubicación.

Regla de oro: cuanta más luz, mayor debe ser la temperatura (pero no más de 27 °C), y viceversa: en días nublados, baje la temperatura para que la planta no gaste energía en respiración inútil.

En el siguiente capítulo abordaremos los trastornos nutricionales — cómo saber qué elementos le faltan al tomate y qué hacer ante el exceso de fertilizantes.

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5. Trastornos nutricionales

Hojas amarillentas, nervaduras violáceas, frutos deformes — a menudo el culpable no es una plaga ni una infección, sino un desequilibrio de nutrientes. El tomate es un cultivo exigente, y su aspecto es un indicador preciso de lo que le falta o le sobra.

Cómo saber si el problema es nutricional

La planta obtiene del suelo o sustrato 14 elementos esenciales, cada uno con su función. La deficiencia o el exceso de cualquiera de ellos se manifiesta con síntomas característicos:

  • Las hojas viejas son las primeras en sufrir — cuando faltan elementos móviles (nitrógeno, fósforo, potasio, magnesio, zinc), que la planta traslada a las partes jóvenes en crecimiento.
  • Las hojas jóvenes y los puntos de crecimiento son los primeros en sufrir — cuando faltan elementos inmóviles (calcio, boro, hierro, cobre, manganeso, azufre), que no pueden redistribuirse (Ajátov, 2010).

Importante: los síntomas de deficiencia a menudo no se deben a la ausencia real del elemento en el suelo, sino a:

  • Inaccesibilidad (pH incorrecto, suelo frío, encharcamiento).
  • Antagonismo (el exceso de un elemento bloquea la absorción de otro).
  • Daño en las raíces (podredumbres, nematodos, compactación del suelo).

Por tanto, evalúe siempre el sistema radicular y las condiciones de cultivo antes de "tratar" con fertilizantes.

Cómo identificar rápidamente qué falta — tabla de síntomas

El diagnóstico visual es el primer paso. Utilice la siguiente tabla (Ajátov, 2010; Hochmuth & Sideman, 2023):

Elemento Dónde se manifiesta Síntomas típicos Signos adicionales en frutos
Nitrógeno (N) Hojas viejas Amarillean de los bordes al centro, luego toda la hoja. Tallos delgados, crecimiento lento. Frutos pequeños, pálidos, maduran antes.
Fósforo (P) Hojas viejas Verde oscuro, luego tono violáceo, especialmente en nervaduras y tallos. Crecimiento lento. Frutos pequeños, maduración retrasada.
Potasio (K) Hojas viejas Clorosis marginal (amarilleo), luego necrosis (muerte) de los bordes — "quemadura marginal". Hojas se enrollan hacia abajo. Maduración desigual, "hombros verdes", huecos, blandura.
Calcio (Ca) Hojas jóvenes, ápice Deformación, enrollamiento, muerte del punto de crecimiento. Hojas pequeñas, en garra. Podredumbre apical del fruto — síntoma principal.
Magnesio (Mg) Hojas viejas Clorosis intervenal (nervaduras verdes, tejido entre ellas amarillo). Hojas quebradizas. Frutos pequeños, pálidos, pueden caer.
Azufre (S) Hojas jóvenes Amarilleo general de hojas jóvenes (similar al nitrógeno pero en las superiores). Crecimiento lento. Raro; frutos pequeños.
Hierro (Fe) Hojas jóvenes Clorosis intervenal — nervaduras verdes, tejido amarillea hasta blanco. Aspecto "reticulado" característico. Frutos pálidos.
Boro (B) Hojas jóvenes, puntos de crecimiento Muerte del punto de crecimiento, fragilidad, deformación. Bordes amarillos y necrosis. Grietas en la piel cerca del pedúnculo, halo de microfisuras.
Manganeso (Mn) Hojas jóvenes Clorosis intervenal, menos intensa que la del hierro. Pequeñas manchas necróticas.
Zinc (Zn) Hojas jóvenes Hojas cloróticas pequeñas y asimétricas, pequeñas motas blanquecinas. Entrenudos acortados.
Cobre (Cu) Hojas jóvenes Tono azul-verdoso oscuro, enrollamiento hacia arriba de hojas viejas. Crecimiento lento. Frutos propensos al rajado.
Molibdeno (Mo) Hojas viejas Moteado, amarilleo entre nervaduras, bordes enrollados hacia dentro.

Detalle de los elementos principales

Nitrógeno (N)

Deficiencia — la más frecuente. Las hojas palidecen, empezando por las inferiores; tallos delgados; la planta parece deprimida. Con carencia aguda, las hojas pueden amarillear completamente y caer. Exceso — igualmente peligroso: hojas verde oscuro, suculentas, "se engordan"; la floración y fructificación se retrasan; los frutos se conservan mal, propensos a podredumbre apical y manchas (Ajátov, 2010).

Recomendaciones: Aplique nitrógeno de forma uniforme, fraccionado, especialmente durante el crecimiento activo. En invernaderos, evite el exceso de nitrógeno nítrico — favorece el crecimiento vegetativo en detrimento de los frutos. El contenido óptimo de nitrógeno en hojas superiores es del 4,5–5% sobre materia seca (Hochmuth & Sideman, 2023).

Potasio (K)

El potasio es el elemento de la calidad del fruto. Su deficiencia se manifiesta con quemaduras marginales en las hojas inferiores y coloración desigual de los frutos (Blancard, 2012). Con deficiencia de potasio, los frutos se vuelven blandos, insípidos y se conservan mal. El exceso de potasio bloquea la absorción de calcio y magnesio, lo que puede provocar podredumbre apical y clorosis intervenal.

Recomendaciones: Durante la fructificación, la demanda de potasio aumenta de 2 a 3 veces (en comparación con la vegetación). La relación N:K debe pasar de 1:1 al inicio del crecimiento a 1:2–1:3 durante el llenado de los frutos (Jones, 2008). En invernaderos con riego por goteo, la concentración de potasio en la solución se eleva a 4–6 mmol/L.

Fósforo (P)

Deficiencia — tono violáceo en las hojas, especialmente en el envés y las nervaduras. Suele aparecer con suelo frío (por debajo de +15 °C), ya que el fósforo es mal absorbido por las raíces. Exceso de fósforo (más del 1% en hojas) puede provocar deficiencia de zinc y hierro, manifestándose como clorosis intervenal (Jones, 2008).

Recomendaciones: Aplique fósforo en la plantación (en forma de superfosfato). En suelos con pH superior a 7,0, el fósforo se fija con el calcio y se vuelve inaccesible — se necesita acidificación.

Calcio (Ca)

La deficiencia de calcio es la principal causa de la podredumbre apical (detalles en el capítulo 6). El calcio se mueve solo con el flujo de agua (transpiración), por lo que su llegada a los frutos depende mucho del régimen hídrico y la humedad del aire. El exceso de calcio (por encalado excesivo) bloquea la absorción de boro, hierro y potasio.

Recomendaciones: Mantenga el pH del suelo entre 6,0 y 6,8. En tiempo caluroso, aumente el riego para que el calcio llegue a los frutos. Las aplicaciones foliares con nitrato cálcico (0,5–1%) son una forma eficaz de corregir rápidamente la deficiencia (Ajátov, 2010).

Magnesio (Mg)

El magnesio es el elemento central de la clorofila. La deficiencia se manifiesta como clorosis intervenal en hojas viejas (las nervaduras permanecen verdes). Suele aparecer con exceso de potasio o calcio. Se agrava en suelos ácidos.

Recomendaciones: Ante los primeros signos, aplicación foliar de sulfato de magnesio (1–2%). En el riego general, añadir harina de dolomita (especialmente en suelos ácidos).

Micronutrientes

Boro — esencial para la floración y el cuajado. La deficiencia provoca la muerte de los puntos de crecimiento, deformación de las hojas y rajado de los frutos. Aplique boro (bórax, ácido bórico) durante la brotación y floración. Precaución: la sobredosis de boro es tóxica.

Hierro — a menudo inaccesible en suelos alcalinos (pH > 7,0). La deficiencia se manifiesta como clorosis en hojas jóvenes. Es eficaz la aplicación de quelatos de hierro vía foliar.

Manganeso, zinc, cobre, molibdeno — se necesitan en pequeñas cantidades, pero su carencia también afecta al crecimiento. Lo mejor es utilizar fertilizantes complejos con quelatos.

El exceso de elementos también es peligroso

El exceso de sales (salinización del suelo o sustrato) se manifiesta por:

  • Quemadura marginal en hojas viejas.
  • Enrollamiento de las hojas hacia arriba, oscurecimiento de los tejidos.
  • Crecimiento lento, caída de cuajos.
  • Con alto contenido de cloro o sodio — clorosis y necrosis (Ajátov, 2010).

Causas de la salinización: abonados frecuentes con alta concentración de fertilizantes, riego con agua dura, drenaje insuficiente.

Qué hacer: lavar el suelo con abundante agua (especialmente en suelos ligeros) elimina el exceso de sales. En invernaderos con riego por goteo, aumente el volumen de drenaje (30–40% de la solución aplicada).

Cómo hacer un diagnóstico y abonado correctos

1. Comience con la inspección visual:

  • ¿Qué hojas están afectadas (viejas o jóvenes)?
  • ¿Qué tipo de daño (intervenal, marginal, clorosis general, necrosis)?
  • ¿Hay síntomas en los frutos?

2. Compruebe el pH del suelo o sustrato:

  • El óptimo para el tomate es 6,0–6,8. Por debajo de 5,5 y por encima de 7,5, muchos elementos se vuelven inaccesibles (Hochmuth & Sideman, 2023).

3. Evalúe el sistema radicular:

  • Si las raíces están dañadas (podredumbre, nematodos), aunque haya nutrientes suficientes no se absorberán. En ese caso, trate primero las raíces.

4. Analice el historial de abonados:

  • ¿Qué fertilizantes y en qué dosis se aplicaron?
  • ¿Hubo sobrealimentación?

5. Utilice abonos foliares para corregir rápidamente las deficiencias de micronutrientes — actúan en 1–2 días.

6. En invernaderos con sustratos (lana de roca, turba, coco) analice periódicamente la solución de drenaje para ajustar la composición de la solución nutritiva.

7. Utilice el diagnóstico foliar (análisis del contenido de elementos en las hojas) — el método más preciso. Rangos recomendados para tomate:

  • Nitrógeno: 4,5–5,0%
  • Fósforo: 0,5–1,0%
  • Potasio: 4,0–5,5%
  • Calcio: 2,2–4,8%
  • Magnesio: 0,5–1,05%
  • ochmuth & Sideman, 2023)

Tabla: cómo distinguir la deficiencia de un elemento de otro

Síntoma Posible causa Aclaración
Amarilleo general de hojas viejas Deficiencia de nitrógeno Amarillean uniformemente, empezando por los bordes.
Tono violáceo en nervaduras y tallos Deficiencia de fósforo A menudo con tiempo frío.
Quemadura marginal (necrosis de bordes) en hojas viejas Deficiencia de potasio Hojas enrolladas hacia abajo.
Clorosis intervenal en hojas viejas Deficiencia de magnesio Nervaduras verdes.
Clorosis intervenal en hojas jóvenes Deficiencia de hierro (o manganeso) Hierro — blanquea hasta aspecto reticulado; manganeso — moteado.
Deformación del punto de crecimiento, fragilidad Deficiencia de boro o calcio Boro — fragilidad; calcio — muerte de ápices.
Podredumbre apical de los frutos Deficiencia de calcio Se agrava con fluctuaciones de humedad.

Conclusión práctica

  • La planta es el mejor indicador de su nutrición. Inspeccione regularmente las hojas, especialmente las viejas y las jóvenes.
  • No se precipite con los fertilizantes — primero descarte otras causas (pH, riego, raíces).
  • Mantenga el equilibrio: el exceso es tan peligroso como la carencia.
  • Durante la fructificación, aumente la proporción de potasio y reduzca la de nitrógeno.
  • Las aplicaciones foliares de micronutrientes son una forma rápida y eficaz de corregir deficiencias.

En el siguiente capítulo analizaremos en detalle uno de los trastornos más comunes y frustrantes: la podredumbre apical de los frutos, sus causas, prevención y tratamiento.

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6. Podredumbre apical de los frutos

La podredumbre apical es uno de los trastornos fisiológicos más frustrantes del tomate. Cultiva frutos hermosos y grandes, y de repente aparece una mancha oscura y hundida en su extremo. La cosecha se echa a perder, y la causa no es un hongo ni una bacteria, sino una alteración del régimen hídrico y nutricional.

¿Qué es la podredumbre apical?

La podredumbre apical (científicamente, necrosis apical de los frutos) es un trastorno fisiológico causado por una deficiencia local de calcio en los tejidos del fruto, especialmente en su parte distal (extremo floral). El calcio es un elemento que no se mueve de los tejidos viejos a los jóvenes, por lo que su llegada a los frutos depende del flujo continuo de agua a través de los vasos (Ajátov, 2010).

El trastorno se manifiesta como necrosis (muerte) de los tejidos en el ápice del fruto, generalmente durante su crecimiento activo — entre el día 14 y 21 después de la floración (Ajátov, 2010).

Importante: la podredumbre apical NO es una enfermedad infecciosa. No se transmite de una planta a otra, pero en condiciones húmedas, patógenos secundarios (por ejemplo, podredumbre gris o moho) pueden colonizar los tejidos afectados, y entonces sí se vuelven contagiosos.

¿Cómo se ve la podredumbre apical? (Síntomas)

  • En frutos verdes: aparece una pequeña mancha acuosa en el extremo (lado del ombligo floral), que al principio puede ser verde clara o blanquecina. Poco a poco se agranda, se vuelve marrón oscura o negra, hundida, seca o correosa (Blancard, 2012).
  • En casos avanzados: la necrosis puede cubrir hasta la mitad del fruto. El tejido se vuelve duro y arrugado.
  • En condiciones húmedas: sobre la necrosis puede aparecer moho (Penicillium, Botrytis, Erwinia) — ya es una infección secundaria (Ajátov, 2010).
  • Síntomas internos: al cortar el fruto se observa pardeamiento y necrosis en la zona apical, a veces ennegrecimiento de las semillas y la placenta.

Importante distinguirla de daños por herbicidas, granizo o quemaduras solares — en la podredumbre apical la necrosis siempre está localizada en la zona del ombligo floral, no en los laterales ni cerca del pedúnculo (Blancard, 2012).

¿Por qué se produce la podredumbre apical? (Causas)

La causa principal es el desequilibrio entre la llegada de calcio y la intensidad de crecimiento del fruto. El calcio llega al fruto solo con el agua (por el xilema) y solo mientras el fruto crece. Cuando el crecimiento se ralentiza, el flujo de agua disminuye y el calcio deja de llegar al ápice (Wien & Stützel, 2020).

¿Qué factores desencadenan este trastorno?

Factor Cómo actúa
Fluctuaciones de humedad Sequía → los estomas se cierran → la transpiración cae → el calcio no llega al fruto. Riego brusco → crecimiento rápido del fruto → falta calcio (Ajátov, 2010).
Exceso de nitrógeno (especialmente amoniacal) El amonio compite con el calcio por la absorción radicular, bloquea su entrada (Jones, 2008).
Exceso de potasio o magnesio Estos cationes compiten con el calcio por los canales de transporte en las raíces (Hochmuth & Sideman, 2023).
Alta concentración de sales (salinización) Aumenta la presión osmótica, el agua entra peor a las raíces, el calcio no se distribuye a los frutos.
Baja temperatura del suelo Las raíces funcionan mal, la absorción de agua y calcio disminuye (Ajátov, 2010).
Alta temperatura diurna e intensa iluminación Aumenta la transpiración de las hojas, el agua y el calcio se dirigen a las hojas, no a los frutos.
Daño a las raíces Nematodos, podredumbres radiculares, compactación del suelo — las raíces no pueden absorber eficazmente agua y calcio.
Variedades de fruto grande Necesitan más calcio, son más propensas a la podredumbre apical (Blancard, 2012).

Nivel crítico: si el contenido de calcio en el fruto (sobre materia seca) cae por debajo del 0,08%, la podredumbre apical es casi segura. Por encima del 0,12% prácticamente no se da (Atherton & Rudich, 1986).

Prevención de la podredumbre apical — la principal estrategia

Tratar los frutos ya afectados es inútil — seguirán con el defecto. Pero se puede y se debe prevenir la aparición de nuevos.

1. Riego regular — la base

  • Riegue de manera uniforme, sin largos períodos de sequía ni encharcamientos bruscos. Las fluctuaciones de humedad son el principal desencadenante de la podredumbre apical.
  • En tiempo caluroso, riegue con más frecuencia, pero sin encharcar. En días soleados, la dosis puede alcanzar 2–4 litros por planta al día (Ajátov, 2010).
  • En invernaderos con riego por goteo, suministre agua fraccionadamente, 3–4 veces al día, para mantener la humedad del sustrato constante.
  • No riegue con agua fría (por debajo de +18 °C) en tiempo caluroso — provoca shock radicular.

2. Controle la humedad del aire

  • Una humedad diurna demasiado baja aumenta la transpiración de las hojas, y el calcio es "interceptado" por las hojas sin llegar a los frutos. La humedad relativa óptima es del 60–70%.
  • En calor, use sombreado y humidificación del aire (pulverización fina de pasillos, nebulizadores) — reduce la carga sobre las hojas.
  • Por la noche, la alta humedad favorece la llegada de calcio a los frutos gracias a la presión radicular (Blancard, 2012).

3. Nutrición equilibrada

  • Evite el exceso de nitrógeno amoniacal (NH4+). Durante la fructificación, la fuente principal de nitrógeno debe ser el nitrato (NO3-). Mantenga la relación K:Ca en el rango de 1,6–2,0:1 (Ajátov, 2010).
  • No sobrealimente con potasio y magnesio — compiten con el calcio.
  • Aplique calcio regularmente pero con moderación. El nitrato cálcico (16–20% Ca) es la mejor fuente. Aplique en la zona radicular o a través del riego por goteo (dosis: 1–1,5 kg/1000 L de agua).
  • El fósforo y el manganeso mejoran la absorción de calcio — asegúrese de que no sean deficitarios.

4. Aplicaciones foliares de calcio

  • Pulverización con nitrato cálcico (solución al 0,5–1%) — la forma más rápida de llevar calcio a los frutos. Realícela durante el crecimiento activo de los frutos (entre el día 14 y 21 tras el cuajado).
  • Concentración: 5–10 g por litro de agua. Aplicar por la mañana o al atardecer.
  • Buen resultado dan productos como "Brexil Ca", "Calcis" y otras formas quelatadas de calcio (Ajátov, 2010).

5. Manejo del crecimiento de la planta

  • No permita una masa vegetativa excesivamente vigorosa — intercepta el calcio. Elimine brotes laterales sobrantes, pero sin pasarse: la eliminación brusca de hojas aumenta el flujo de agua a los frutos y puede provocar rajado.
  • Limite el número de frutos por racimo — para variedades de fruto grande, no deje más de 4–5 frutos.
  • Elija variedades resistentes a la podredumbre apical — en los catálogos se indican como resistentes a Blossom End Rot (BER). Por ejemplo, híbridos con resistencia genética: "Bolero F1" y otros (Ajátov, 2010).

6. Controle la temperatura de raíces y aire

  • Temperatura óptima del suelo para la absorción de calcio: 18–20 °C.
  • Cuando la temperatura del suelo baja de 15 °C, la absorción de calcio cae bruscamente — use acolchado para conservar el calor.
  • En calor, use sombreado y ventilación.

¿Qué hacer si ya ha aparecido la podredumbre apical?

1. Retire los frutos afectados. No se recuperarán y solo drenarán la energía de la planta. Quémelos o entiérrelos lejos de los bancales para no atraer infecciones secundarias.

2. Normalice urgentemente el riego. Si hubo sequía, riegue abundantemente pero de forma gradual. Si hubo encharcamiento, deje secar el suelo.

3. Realice una aplicación foliar de calcio (nitrato cálcico al 0,5%). Repita a los 3–5 días.

4. Ajuste los abonados: suspenda temporalmente los fertilizantes amoniacales, reduzca la dosis de potasio.

5. Reduzca la carga de la planta — elimine parte de los cuajos para que los restantes reciban más calcio.

6. Acolche el suelo — estabiliza la humedad y la temperatura de la zona radicular.

7. En invernadero, aumente la ventilación o, por el contrario, aplique sombreado según la situación.

Cómo distinguir la podredumbre apical de problemas similares

Síntoma Podredumbre apical Quemadura solar Daño por herbicidas Daño por granizo
Localización Solo ápice del fruto Cualquier parte expuesta al sol Todo el fruto, a menudo necrosis manchada Abolladuras, desgarros en varios lugares
Carácter de la necrosis Mancha hundida y seca, marrón oscura Blanquecina, acuosa, luego papirácea Manchada, con bordes irregulares Daños mecánicos
Relación con el cuidado Riego, nutrición Fuerte insolación Aplicación de herbicidas cercana Granizo, tormenta
Infección secundaria A menudo (moho) sobre la necrosis Rara vez Rara vez A menudo (patógenos de heridas)

(Blancard, 2012; Ajátov, 2010)

¿Por qué es tan importante el calcio?

El calcio es un elemento estructural de las paredes celulares y las membranas. Aporta firmeza y elasticidad a los tejidos. Cuando falta, las células pierden estabilidad, comienzan a romperse y se produce necrosis (Jones, 2008).

Curiosamente: aunque haya suficiente calcio en el suelo, puede no llegar al fruto por alteraciones del régimen hídrico. El calcio se mueve por la planta solo con el agua, por el xilema, y solo en la dirección del flujo transpiratorio. Los frutos transpiran poca agua, por lo que el calcio les llega "por residual" — después de haber abastecido a las hojas y al punto de crecimiento (Wien & Stützel, 2020).

Conclusión práctica

  • La podredumbre apical es una señal de desequilibrio entre la llegada de agua y calcio y la intensidad de crecimiento de los frutos.
  • La prevención es el 90% del éxito. Riego regular, abonados equilibrados y cuidado de las raíces son la mejor protección.
  • Las variedades de fruto grande y los tomates beefsteak están en riesgo — présteles especial atención.
  • Ante los primeros signos, corrija el riego urgentemente, haga aplicaciones foliares de calcio y retire los frutos afectados.

En el siguiente capítulo abordaremos otro problema frecuente: el rajado de los frutos, sus causas, prevención y actuación.

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7. Rajado de los frutos

Espera con ilusión a que los tomates se llenen y se pongan rojos. Y de repente ve: en frutos hermosos y grandes aparecen grietas — radiales, concéntricas, reticuladas. En ellas se instala la podredumbre y la cosecha pierde calidad comercial. ¿Qué hacer? Conocer las causas del rajado ayudará no solo a salvar la cosecha actual, sino a prevenir el problema en el futuro.

¿Qué es el rajado de frutos?

El rajado es un trastorno fisiológico causado por un desequilibrio entre el crecimiento del fruto y la elasticidad de su piel (epidermis + cutícula). Cuando los tejidos internos crecen más rápido de lo que la piel puede estirarse, esta se rompe. Las grietas pueden ser de diferentes tipos y aparecer tanto en frutos verdes como en maduración (Ajátov, 2010; Blancard, 2012).

Tipos de grietas

Tipo Aspecto Cuándo aparece
Radiales (longitudinales) Grietas que van del pedúnculo al ápice, siguiendo radios (como gajos de naranja). Suelen coincidir con los septos entre lóculos. Más frecuente en frutos grandes, durante el crecimiento activo.
Concéntricas (anulares) Grietas en forma de anillos alrededor del pedúnculo, en los "hombros" del fruto. Pueden ser superficiales o profundas. Más frecuente en la maduración, con fluctuaciones de humedad.
Microgrietas (reticulado, "viruela") Múltiples pequeñas grietas que forman una red o marcas en la piel. A menudo solo visibles con aumento. Durante humedad prolongada, deficiencia de potasio, exceso de calcio (formación de cristales de oxalato).
Roturas profundas Grietas que penetran profundamente en la pulpa, exponiendo los lóculos seminales. Ante cambios bruscos de riego — sequía → riego abundante.

(Ajátov, 2010; Blancard, 2012)

¿Por qué se parten los frutos? (Causas principales)

La causa principal es un cambio brusco del régimen hídrico, que provoca un crecimiento acelerado del fruto, y la piel no puede seguir el ritmo.

Mecanismo: Durante la sequía, el fruto detiene su crecimiento y la piel se vuelve menos elástica. Tras un riego abundante o una lluvia, el agua entra repentinamente al fruto, las células se hinchan, la presión interna aumenta y la piel se rompe (Blancard, 2012).

Otros factores importantes:

  • Fluctuaciones de humedad del suelo — el desencadenante más frecuente. Alternancia de sequía y riego abundante.
  • Alta humedad ambiental — ralentiza la evaporación, aumenta la entrada de agua a los frutos (especialmente en invernaderos).
  • Cambios bruscos de temperatura (por ejemplo, noche fría tras día caluroso) — afectan a la elasticidad de la piel y la transpiración.
  • Deficiencia de potasio — el potasio regula el balance hídrico y la turgencia celular. Cuando falta, la piel pierde elasticidad (Hochmuth & Sideman, 2023).
  • Exceso de nitrógeno — estimula un crecimiento demasiado rápido de los tejidos; la piel no se fortalece a tiempo (Jones, 2008).
  • Baja concentración de sales (CE) en la solución nutritiva en invernaderos — una caída brusca de la CE tras el riego con agua sola provoca una entrada súbita de agua a los frutos.
  • Piel fina y delicada — característica genética de algunas variedades (por ejemplo, las de fruto rosa, de piel fina).
  • Variedades de fruto grande y multiloculares — más propensas al rajado (Blancard, 2012).

Prevención del rajado — la mejor protección

Las grietas son más fáciles de prevenir que de curar. Las estrategias principales se centran en estabilizar el régimen hídrico y fortalecer la piel.

1. Riego regular y uniforme

  • Riegue regularmente, sin largos períodos de sequía. Mejor menos a menudo pero en profundidad, para que el agua penetre 40–50 cm.
  • En invernaderos, use riego por goteo — proporciona humedad estable.
  • En tiempo caluroso, riegue por la mañana para que la humedad se absorba antes del pico de calor.
  • No riegue por la noche en invernaderos — crea alta humedad nocturna y puede provocar un crecimiento brusco de los frutos.

2. Acolchado

  • Una capa de acolchado (paja, heno, plástico negro, compost) suaviza las oscilaciones de humedad del suelo, evitando cambios bruscos. Es especialmente importante en campo abierto.
  • El acolchado también protege las raíces del sobrecalentamiento y conserva la estructura del suelo.

3. Control de la nutrición

  • El potasio es el elemento principal para fortalecer la piel. Durante el llenado del fruto, aumente la proporción de potasio y reduzca el nitrógeno. La relación N:K debe ser 1:2 – 1:3.
  • El calcio fortalece las paredes celulares. No permita deficiencias (aplicaciones foliares de nitrato cálcico al 0,5%).
  • El boro participa en la formación de las paredes celulares. Su carencia hace que la piel sea quebradiza y propensa a grietas.
  • Evite el exceso de nitrógeno — vuelve los tejidos flojos y acuosos.

4. Control de las fluctuaciones térmicas

  • En invernaderos, evite oscilaciones bruscas entre la temperatura diurna y nocturna. Use sombreado, ventilación, sistemas de refrigeración.
  • En campo abierto — mallas de sombreo en las horas más calurosas.

5. Protección contra la lluvia

  • En regiones con lluvias frecuentes, use cubiertas de plástico o túneles.
  • Si la lluvia tras una sequía es inevitable, intente regar previamente (el día antes de la lluvia) para aumentar la humedad de forma gradual y evitar un salto brusco.

6. Elección de variedades resistentes

  • Fíjese en variedades con piel resistente, tolerantes al rajado. En los catálogos suele indicarse esta característica (ej. "resistente al rajado").
  • Las variedades de fruto pequeño y mediano son más resistentes que las de fruto grande (beefsteak).
  • Para invernaderos, elija híbridos con resistencia genética: "Raisa F1", "Sors F1", "Macarena F1" y otros (Ajátov, 2010).

7. Control de la concentración de sales (CE) en invernaderos

  • En cultivos en sustrato (lana de roca, turba, coco), no permita caídas bruscas de la CE (conductividad eléctrica). Una caída brusca provoca una entrada súbita de agua a los frutos y su rajado.
  • Mantenga la CE entre 2,5 y 4,0 mS/cm según la etapa (Hochmuth & Sideman, 2023).

¿Qué hacer si ya han aparecido grietas?

1. Estabilice urgentemente el riego. Si hubo sequía, riegue gradualmente, no en exceso. Si hubo encharcamiento, deje secar el suelo.

2. Retire los frutos rajados. No se recuperarán, se estropearán y pueden ser foco de infecciones secundarias (podredumbre gris, alternaria, bacteriosis).

3. Realice una aplicación foliar de potasio (nitrato potásico al 0,5–1%) — fortalecerá la piel de los frutos restantes.

4. En invernaderos, aumente la ventilación, reduzca la humedad del aire.

5. Acolche el suelo si aún no lo ha hecho.

6. Ante rajados masivos en campo abierto, considere instalar una cubierta de plástico durante las lluvias.

¿Qué variedades son más propensas al rajado?

Grupo de variedades Propensión Razón
Fruto grande (beefsteak) Alta Piel fina, gran volumen, fuerte crecimiento
Fruto rosa, piel fina Alta Genéticamente piel fina
Multiloculares (frutos complejos) Alta Crecimiento desigual de los lóculos
Tipo ciruela, cereza Baja Piel gruesa, pequeño volumen
"Para procesado" Baja Piel gruesa y densa

(Ajátov, 2010; Blancard, 2012)

Cómo distinguir el rajado de otros daños

Característica Rajado Quemadura solar Daño por herbicidas "Reticulado" fisiológico
Naturaleza Roturas lineales, a menudo cerca del pedúnculo o laterales Mancha blanquecina hundida en lado expuesto Manchas necróticas irregulares por todo el fruto Malla fina de microgrietas, superficial
Causa Régimen hídrico, nutrición Fuerte insolación Aplicación o deriva de herbicidas Deficiencia de potasio, exceso de calcio
Relación con clima Fluctuaciones de humedad Sol intenso tras tiempo nublado Relación con tratamientos Humedad prolongada, rocío
Reversibilidad No No No No (permanecen pero no progresan)

(Blancard, 2012; Ajátov, 2010)

Conclusión práctica

  • El rajado es consecuencia de fluctuaciones bruscas del régimen hídrico. El principal enemigo es la alternancia de sequía y riego abundante.
  • Prevención: riego regular, acolchado, abonados equilibrados (especialmente potasio y calcio).
  • En invernaderos, es importante vigilar la CE de la solución nutritiva y no permitir caídas bruscas.
  • Elija variedades resistentes, especialmente si se encuentra en una zona de agricultura de riesgo con lluvias inestables.
  • Retire inmediatamente los frutos rajados — no solo pierden calidad comercial, sino que son puerta de entrada para infecciones.

En el próximo capítulo abordaremos las quemaduras solares — cómo proteger frutos y hojas del sobrecalentamiento y la radiación ultravioleta para preservar la cosecha y su calidad.

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8. Quemaduras solares

El sol brillante es amigo del tomate, pero solo hasta que su intensidad supera cierto umbral. En regiones cálidas, y también en invernaderos sin sombreado durante las horas centrales del día, los frutos y las hojas pueden sufrir quemaduras graves que no solo estropean el aspecto, sino que hacen a la planta vulnerable a enfermedades.

¿Qué es la quemadura solar en el tomate?

La quemadura solar es un daño térmico en los tejidos causado por la exposición directa a los rayos solares, cuando la temperatura superficial del fruto u hoja supera los límites tolerables. A diferencia de otros trastornos, la quemadura es un daño irreversible de las células que no se recupera (Blancard, 2012).

El tomate es especialmente vulnerable durante la maduración de los frutos. Los frutos verdes son más sensibles a las quemaduras que los maduros, ya que contienen más agua y tienen una piel más delicada. A temperaturas superiores a 30–35 °C en la superficie del fruto, se desencadenan procesos de desnaturalización de proteínas y destrucción de membranas celulares (Ajátov, 2010).

¿Cómo se manifiesta la quemadura solar? (Síntomas)

En los frutos:

  • Aparecen manchas descoloridas, amarillentas o blancas en el lado expuesto al sol.
  • Las manchas se vuelven hundidas y secas, la piel adquiere una textura papirácea (Blancard, 2012).
  • En casos leves — solo amarilleamiento (amarilleamiento solar) sin necrosis, causado por la destrucción de clorofila y la alteración de la síntesis de licopeno (pigmento rojo) a temperaturas superiores a 30 °C (Atherton & Rudich, 1986).
  • En quemaduras graves, la mancha blanquea, se deprime, los tejidos mueren y pueden ser colonizados por hongos saprófitos (por ejemplo, Alternaria alternata), provocando moho negro.

En las hojas:

  • Aparecen zonas pálidas y descoloridas con bordes definidos, a menudo entre las nervaduras.
  • La hoja se vuelve seca y quebradiza, los bordes pueden enrollarse hacia arriba (respuesta defensiva).
  • Con quemaduras graves, las hojas se vuelven marrones y se secan completamente, especialmente las jóvenes y las más expuestas.

En los tallos:

  • Raramente, pueden aparecer zonas pálidas longitudinales con posterior suberificación, especialmente donde el tallo no está protegido por hojas.

¿Por qué se produce la quemadura solar? (Causas)

La causa principal es la alta intensidad de radiación solar combinada con alta temperatura, cuando la temperatura superficial del fruto alcanza más de 40 °C (con temperatura del aire de 35–38 °C y ausencia de sombra). En estas condiciones:

  • El licopeno (pigmento rojo) no se sintetiza por encima de 30 °C — los frutos quedan amarillo-anaranjados incluso al madurar.
  • La clorofila se degrada más rápido de lo que se recupera.
  • Las células de la epidermis y el mesófilo pierden agua, se contraen y mueren.

Factores de riesgo adicionales:

  • Escaso follaje — natural (pocas hojas en la variedad) o causado por enfermedades, envejecimiento, eliminación de hojas.
  • Transición brusca de tiempo nublado a soleado — hojas y frutos no tienen tiempo de adaptarse.
  • Alta humedad del aire — dificulta el enfriamiento por evaporación.
  • Daños en las hojas por enfermedades (mildiú, alternaria, septoria) o plagas — los frutos pierden su protección natural.
  • Altas temperaturas en invernaderos sin ventilación ni sombreado eficaces.

Prevención de las quemaduras solares

La protección contra las quemaduras es un conjunto de medidas destinadas a reducir la intensidad de la luz y mejorar el enfriamiento de las plantas.

1. Sombreado

En campo abierto:

  • Use mallas de sombreo (30–50% de sombra) durante las horas más calurosas (de 11 a 16 h).
  • Plante los tomates con orientación de hileras norte-sur para que el sol ilumine las plantas uniformemente, no solo por un lado.
  • En climas cálidos, practique la plantación con calles cubiertas de paja o abonos verdes para reducir la luz reflejada y el sobrecalentamiento del suelo.

En invernaderos:

  • Use encalado de vidrio o policarbonato (suspensión de cal o tiza) — reduce la temperatura interior en 5–7 °C sin disminuir significativamente el rendimiento (Ajátov, 2010).
  • Mallas de sombreo (externas o internas) — las más eficaces, ya que no crean efecto invernadero.
  • Sistemas automáticos de cortinas — permiten gestionar la luz según la hora del día y el tiempo.

2. Mantenimiento del follaje

  • No elimine hojas sobrantes en tiempo caluroso — protegen los frutos del sol.
  • Elimine solo hojas viejas, amarillentas o enfermas, pero no antes de 2–3 semanas antes de la maduración completa de los frutos.
  • Para variedades con follaje insuficiente, utilice una formación en 2–3 tallos para aumentar la masa foliar.

3. Manejo del microclima

En invernaderos:

  • Asegure una buena ventilación: abra ventanas y puertas, cree corrientes de aire (al tomate no le temen).
  • Use sistemas de enfriamiento evaporativo (nebulizadores, foggers) — aumentan la humedad y reducen la temperatura.
  • Mantenga una humedad relativa óptima del 60–70% — con humedad demasiado baja, la evaporación es ineficaz; con demasiado alta, el enfriamiento se dificulta.

En campo abierto:

  • Acolche el suelo — el acolchado claro (paja, heno) refleja la luz y reduce el sobrecalentamiento del suelo, disminuyendo la radiación térmica sobre los frutos.
  • En calor intenso, riegue por la mañana para que las plantas tengan reservas de humedad antes del mediodía.

4. Elección de variedades resistentes

  • En regiones cálidas, prefiera variedades con follaje denso y frutos protegidos por las hojas.
  • Las variedades con piel brillante reflejan más luz solar y son menos propensas a quemaduras.
  • La resistencia a las quemaduras solares suele correlacionarse con el grosor de la cutícula y la presencia de cera en los frutos (Blancard, 2012).

5. Riego adaptativo

  • En tiempo seco, riegue con más frecuencia para que la planta no sufra estrés hídrico. El agua que llega a los frutos ayuda a enfriarlos mediante transpiración (aunque la transpiración de los frutos es limitada, existe).

¿Qué hacer cuando aparecen quemaduras?

1. Sombree inmediatamente las plantas (en invernadero, active el sombreado; en campo, instale mallas o pantallas).

2. Retire los frutos muy dañados — no se recuperarán, se estropearán y pueden ser foco de infección para frutos vecinos.

3. Rocíe ligeramente las plantas (no con agua fría) — esto reduce la temperatura de hojas y frutos, pero no permita que el agua se estanque en los frutos para no favorecer enfermedades fúngicas.

4. Realice una aplicación foliar de potasio (nitrato potásico al 0,5–1%) — el potasio fortalece las paredes celulares y aumenta la tolerancia al estrés.

5. Aumente la ventilación en el invernadero — reducir la humedad y la temperatura acelera el enfriamiento.

6. En caso de daño severo, recoja los frutos antes de tiempo para que maduren en el interior, sin seguir expuestos al sol.

Cómo distinguir la quemadura solar de otros daños

Característica Quemadura solar Podredumbre apical Quemadura química (pesticidas) Daño por granizo
Localización Solo en el lado expuesto al sol del fruto u hoja Solo en el ápice del fruto (ombligo floral) Toda la superficie, a menudo manchas o rayas Abolladuras y desgarros aleatorios
Naturaleza del daño Descolorido, blanco o amarillo, luego seco y papiráceo Marrón oscuro, hundido, seco Quemaduras en forma de necrosis marginal, a menudo con bordes definidos Roturas mecánicas, abolladuras
Relación con condiciones Fuerte insolación, calor Fluctuaciones de humedad, deficiencia de calcio Tras aplicaciones de pesticidas o fertilizantes Tras tormenta de granizo
Reversibilidad No No No No
Infección secundaria A menudo (alternaria) A menudo (moho, bacterias) Rara A menudo (podredumbres de heridas)

(Blancard, 2012; Ajátov, 2010)

Particularidades regionales

Región Problema principal Recomendaciones
Trópicos y subtrópicos (India, África, sur de Europa) Insolación extrema, temperatura > 40 °C Sombreado constante (30–50%), riego matinal, variedades de follaje denso
Zona templada (centro, sur de Rusia, Ucrania) Alternancia de nublado y soleado, períodos cortos de calor Sombreado flexible, riego adaptativo, eliminar hojas viejas solo tras el cuajado
Regiones del norte (noroeste de Rusia, Bielorrusia, Escandinavia) Quemaduras raras, posibles al pasar de lluvias a sol Ventilación, encalado de invernaderos
Invernaderos durante todo el año (Holanda, Canadá, Rusia) Sobrecalentamiento en verano, especialmente en regiones del sur Sombreado automático, sistemas de enfriamiento (foggers), control de humedad

(Ajátov, 2010; Heuvelink, 2018)

Conclusión práctica

  • La quemadura solar es un daño térmico, no una infección. No se puede curar, solo prevenir.
  • Principales enemigos: ausencia de sombreado, eliminación de hojas, cambios bruscos de tiempo, falta de humedad.
  • La prevención es clave: sombree las plantas en las horas calurosas, mantenga el follaje, riegue a tiempo.
  • Cuando aparezcan quemaduras, retire los frutos dañados y ajuste las condiciones (sombreado, riego, ventilación).
  • Elija variedades resistentes, especialmente si se encuentra en una zona de alta insolación.

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En el siguiente capítulo abordaremos el edema de tejidos (oedema) — un trastorno menos conocido pero molesto que suele aparecer en invernaderos y con encharcamiento, y aprenderemos a combatirlo.

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9. Edema de tejidos (oedema)

¿Ha notado ampollas extrañas en las hojas o tallos del tomate, parecidas a vejigas acuosas? A veces se rompen y dejan manchas marrones, y las hojas se deforman. No es una enfermedad ni una plaga: es el edema, o oedema. Un trastorno que se produce cuando la planta absorbe más agua de la que puede evaporar, y los tejidos literalmente "explotan" por el exceso de llenado.

¿Qué es el edema (oedema)?

El edema (intumescencia, oedema) es un trastorno fisiológico relacionado con la alteración del balance hídrico de la planta. Cuando las raíces absorben agua en exceso y la evaporación (transpiración) está limitada (por ejemplo, debido a alta humedad, poca luz o baja temperatura), el exceso de agua se acumula en las células. Las células se sobrecargan, sus paredes no resisten y aparecen abultamientos, ampollas y luego manchas necróticas en la superficie (Blancard, 2012; Ajátov, 2010).

El edema es un trastorno no infeccioso, pero los tejidos dañados se convierten en puerta de entrada para infecciones secundarias (podredumbre gris, bacteriosis).

¿Cómo se manifiesta el edema? (Síntomas)

En las hojas (generalmente las inferiores, viejas):

  • En el envés aparecen pequeñas ampollas acuosas (vesículas) a lo largo de las nervaduras o por toda la lámina (Blancard, 2012).
  • Las ampollas pueden ser transparentes, amarillentas o verdosas, similares a gotas de agua.
  • Con humedad alta o sin cambios, las ampollas revientan, liberan savia celular, y en su lugar aparecen manchas marrones y suberificadas (corchosas), parecidas a verrugas.
  • La lámina foliar se deforma, se enrolla y se vuelve abultada (Ajátov, 2010).
  • En casos graves, las hojas amarillean y caen.

En tallos y pecíolos:

  • Pueden aparecer estrías acuosas longitudinales o ampollas que luego se convierten en crecimientos corchosos o grietas.

En los frutos:

  • El edema en frutos es raro, pero posible — como manchas acuosas que luego oscurecen y se vuelven corchosas.

Signo clave: el edema siempre comienza con abultamientos acuosos y transparentes que luego se transforman en tejidos marrones y corchosos — a diferencia de las necrosis por quemaduras solares o infecciones.

¿Por qué se produce el edema? (Causas)

La causa principal es el desequilibrio entre la absorción de agua y su evaporación. La planta absorbe más agua de la que puede transpirar. Esto ocurre por la combinación de varios factores:

Factor Cómo actúa
Alta humedad del aire (especialmente por la noche) Los estomas están cerrados o funcionan mal, la evaporación es mínima, el agua se retiene en los tejidos (Blancard, 2012).
Baja iluminación (tiempo nublado, exceso de densidad) Reduce la transpiración, ya que los estomas se cierran con falta de luz.
Baja temperatura (especialmente nocturna) Ralentiza la transpiración y el funcionamiento de las raíces, pero las raíces siguen absorbiendo agua de un suelo húmedo.
Riego excesivo El suelo está constantemente mojado, las raíces bombean agua activamente.
Mala aireación del suelo (encharcamiento, compactación) Las raíces sufren falta de oxígeno, pero siguen absorbiendo agua; se altera la regulación.
Cambios bruscos de tiempo (noche fría tras día cálido y húmedo) Acentúan el desequilibrio.
Alta densidad de plantación Dificulta la ventilación, crea aire estancado y húmedo.

Mecanismo: El agua que llega a las hojas no puede evaporarse a través de los estomas (cerrados por alta humedad u oscuridad). Se acumula en los espacios intercelulares y dentro de las células, creando una presión de turgencia excesiva. Las células de la epidermis y el parénquima se rompen, formando ampollas. Tras la rotura, los tejidos se suberifican (corchan) para proteger las zonas dañadas (Ajátov, 2010).

Prevención del edema — manejo del microclima

El edema es la "enfermedad de la mala ventilación y el exceso de humedad". La prevención se dirige a crear condiciones en las que la transpiración supere la absorción de agua.

1. Ventilación — la herramienta principal

En invernaderos:

  • Asegure una ventilación permanente en períodos de alta humedad. Abra ventanas y puertas, incluso de noche, si la temperatura lo permite.
  • Use ventiladores para hacer circular el aire dentro del invernadero — especialmente importante en plantaciones densas.
  • No permita el estancamiento de aire húmedo — es el principal desencadenante del edema.

En campo abierto:

  • Asegure una buena circulación de aire mediante un esquema de plantación adecuado (no densifique las hileras).
  • En zonas con nieblas frecuentes y alta humedad, use bancales elevados para mejorar el drenaje y la aireación.

2. Régimen de riego

  • Riegue solo cuando sea necesario — deje que la capa superior del suelo (5–10 cm) se seque entre riegos.
  • En tiempo nublado y húmedo, reduzca o suprima el riego.
  • En invernaderos, no riegue por la noche, especialmente antes de la noche, cuando la humedad del aire aumenta naturalmente. La mejor hora es por la mañana (antes de las 10–11 h) para que las plantas tengan tiempo de evaporar la humedad antes de la noche.
  • Use riego por goteo, que permite dosificar el agua con precisión y evitar el encharcamiento.

3. Control de la humedad del aire

En invernaderos:

  • Mantenga la humedad relativa entre 60–75% durante el día y no superior al 80–85% por la noche.
  • Use deshumidificación (ventilación forzada, calefacción) cuando la humedad sea alta.
  • En épocas frías, caliente el aire para reducir la humedad relativa.

En campo abierto:

  • El acolchado ayuda a mantener la humedad del suelo estable, pero no resuelve la humedad del aire. El método principal es una ubicación adecuada de las plantas en zonas ventiladas.

4. Iluminación

  • Proporcione a las plantas iluminación suficiente — en días nublados, en densidades altas o en regiones del norte, se necesita iluminación suplementaria (ver capítulo 4).
  • Elimine hojas sobrantes, pero solo las que se sombrean entre sí, no las necesarias para la fotosíntesis.

5. Régimen térmico

  • Evite fluctuaciones bruscas entre la temperatura diurna y nocturna. En invernaderos, la diferencia no debe superar los 5–6 °C.
  • En noches frías, use calefacción para mantener la temperatura no por debajo de 16–17 °C y reducir la humedad relativa.

6. Variedades resistentes

  • Las distintas variedades de tomate tienen diferente susceptibilidad al edema. En los catálogos a veces se indica la resistencia a este trastorno (por ejemplo, "Viresto" es resistente, "Hosen Eilon" es sensible) (Atherton & Rudich, 1986).
  • Para invernaderos y regiones húmedas, elija variedades con piel más densa y masa vegetativa moderada.

¿Qué hacer cuando aparece el edema?

1. Aumente inmediatamente la ventilación — abra todas las ventanas, encienda ventiladores, cree corrientes de aire.

2. Suspenda el riego hasta que la capa superior del suelo (3–5 cm de profundidad) esté completamente seca. Aunque la planta parezca mustia, no riegue — el edema indica encharcamiento.

3. Reduzca la humedad del aire en el invernadero — encienda la calefacción, abra puertas, use deshumidificadores.

4. Retire las hojas muy dañadas (con necrosis extensas) — no se recuperarán y serán fuente de infección.

5. Realice una aplicación foliar de potasio (nitrato potásico o sulfato potásico al 0,5%) — el potasio mejora la regulación del balance hídrico y fortalece las paredes celulares.

6. Revise el sistema radicular — si hay signos de podredumbre (raíces marrones, blandas), puede ser necesario un tratamiento fungicida (pero esto ya sale del ámbito de la fisiología).

Cómo distinguir el edema de otros trastornos

Característica Edema (oedema) Enrollamiento fisiológico de hojas Mancha bacteriana Daño por trips
Naturaleza Ampollas, abultamientos acuosos, luego manchas corchosas marrones Hojas enrolladas hacia arriba o abajo sin abultamientos Pequeñas manchas necróticas con halo amarillo Estrías plateadas, puntos negros (excrementos)
Localización Envés de las hojas, a lo largo de las nervaduras Toda la lámina, generalmente el haz Toda la lámina, a menudo ambas caras Principalmente el haz
Causa Alta humedad, encharcamiento, mala ventilación Calor, sequía, fluctuaciones bruscas de humedad Bacterias (a menudo en tiempo húmedo) Trips (insectos)
Reversibilidad Al normalizar condiciones, nuevas hojas sanas Al normalizar condiciones, se recupera Requiere tratamiento bactericida Requiere tratamiento insecticida

(Blancard, 2012; Ajátov, 2010)

Particularidades en invernaderos y campo abierto

Condiciones Recomendaciones
Invernaderos en invierno y principios de primavera Alta humedad, baja iluminación — principales factores de riesgo. Use calefacción y ventilación, aunque sea caro. Riegue solo por la mañana, moderadamente.
Invernaderos en verano Calor + humedad (con mala ventilación) — también peligroso. Asegure una buena circulación de aire, use sombreado.
Campo abierto en regiones con nieblas y lluvias frecuentes Evite el exceso de densidad, siembre en bancales elevados, use acolchado para regular la humedad del suelo.
Regiones con cambios bruscos de tiempo Adapte el riego al pronóstico: antes de lluvias y enfriamientos, reduzca el riego.

(Ajátov, 2010; Heuvelink, 2018)

Conclusión práctica

  • El edema es una señal de que la planta se "ahoga" por exceso de humedad. La causa principal no es el agua en el suelo, sino la incapacidad de evaporarla (alta humedad, falta de luz, mala ventilación).
  • No tiene tratamiento — solo prevención y ajuste de las condiciones.
  • Medidas principales: ventilación, riego moderado, control de humedad, iluminación suficiente.
  • Si aparece el edema, mejore inmediatamente la ventilación, reduzca el riego, retire las hojas dañadas.
  • En invernaderos es especialmente relevante: es donde más a menudo se crean las condiciones para el edema.

En el siguiente y último capítulo, resumiremos todo lo aprendido y abordaremos la cuestión principal: cómo distinguir un trastorno fisiológico de una enfermedad real, para no perder tiempo y esfuerzo en "tratamientos" incorrectos.

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10. Cómo distinguir un trastorno fisiológico de una enfermedad

Ha recorrido todos los capítulos anteriores y ahora sabe reconocer el estrés hídrico, térmico, lumínico, los trastornos nutricionales, la podredumbre apical, el rajado, las quemaduras solares y el edema. Pero a veces los síntomas son difusos, y la pregunta principal sigue siendo: "¿Esto es estrés o infección?" La respuesta determina qué hacer — ajustar el cuidado o tratar con fungicidas/insecticidas. Equivocarse aquí es costoso.

¿Por qué es tan importante distinguirlos?

Si confunde una infección con estrés Si confunde un estrés con infección
— El retraso en el tratamiento provoca pérdida de cosecha<br>— La enfermedad se extiende a las plantas vecinas<br>— El patógeno puede permanecer en el suelo o semillas para la próxima temporada — Tratamientos con pesticidas inútiles y costosos<br>— Supresión de microorganismos e insectos beneficiosos<br>— Pérdida de tiempo cuando el problema se soluciona con un simple ajuste del cuidado

(Blancard, 2012; Ajátov, 2010)

Criterios clave de diferenciación — tabla de referencia rápida

Criterio Trastorno fisiológico Enfermedad infecciosa (fúngica, bacteriana, vírica)
Causa Factor ambiental adverso (calor, frío, sequía, encharcamiento, falta de nutrientes, exceso de fertilizantes) Organismo patógeno (hongo, bacteria, virus, fitoplasma, nematodo)
Propagación espacial A menudo masiva, afecta a la mayoría de las plantas simultáneamente o con clara relación con una zona del campo/invernadero (Blancard, 2012). A menudo focal: plantas individuales o grupos, se extiende gradualmente por el campo (Atherton & Rudich, 1986).
Propagación temporal Aparece rápidamente (en horas o días) tras la exposición al estresor (ej. tras helada, sequía, riego brusco). Se desarrolla gradualmente; el período de incubación puede durar días o semanas.
Relación con el clima Clara: apareció tras helada, calor, lluvia intensa, sequía, cambio brusco de temperatura. También depende del clima, pero la relación suele ser indirecta (ej. la lluvia favorece la dispersión de esporas).
Reproducibilidad Al eliminar el estresor, los síntomas en hojas y frutos nuevos desaparecen; los daños viejos persisten pero no progresan. Sin tratamiento, progresa independientemente de los cambios en las condiciones; puede extenderse a nuevos órganos y plantas vecinas.
Presencia de signos típicos de patógenos No: no hay micelio, capa de esporas, picnidios, exudados bacterianos, inclusiones virales. A menudo hay: capa fúngica, esporas, picnidios, exudados bacterianos, necrosis con patrones característicos (anillos, manchas, "ojo de pájaro") (Blancard, 2012).
Simetría de los síntomas A menudo simétrica en las hojas (ej. clorosis marginal por deficiencia de potasio, clorosis intervenal por deficiencia de magnesio). Puede ser unilateral o caótica, especialmente en virus y enfermedades bacterianas vasculares.
Estado de las raíces Las raíces suelen tener aspecto sano (blancas o marrón claro), a menos que el trastorno sea por encharcamiento (entonces pueden pudrirse, pero es secundario). En infecciones del suelo, las raíces suelen presentar daños claros: podredumbre, agallas (nematodos), manchas oscuras, necrosis vascular (Ajátov, 2010).
Respuesta al tratamiento El ajuste del cuidado (riego, abonado, sombreado) da un efecto positivo rápido en hojas y frutos nuevos. El tratamiento con fungicidas/insecticidas frena o detiene la progresión (si el producto es el adecuado).

Algoritmo paso a paso para el diagnóstico en el huerto o invernadero

1. Comience con una inspección general:

  • ¿Están afectadas todas las plantas o solo algunas?
  • ¿Hay un límite claro entre zonas sanas y afectadas? (Característico de infección.)
  • ¿Ha habido en los últimos días un clima extremo (helada, calor, lluvia intensa, sequía)?

2. Examine las raíces:

  • Desentierre 2–3 plantas con síntomas evidentes y 2–3 sanas (para comparar).
  • Lave con cuidado las raíces para eliminar la tierra.
  • Evalúe el color, presencia de agallas, podredumbre, manchas (Blancard, 2012).
  • Si las raíces están sanas, es probable que el problema no sea una infección del suelo.

3. Estudie detenidamente el patrón de daño en las hojas:

  • ¿Dónde se localizan los síntomas — en hojas viejas o jóvenes? (Ver capítulo 5.)
  • ¿Hay capa fúngica, esporas, picnidios, "lágrimas" bacterianas? (Use una lupa de 10–20 aumentos.)
  • ¿Hay bordes definidos en las manchas, anillos, "ojo de pájaro", mosaico? (Indica virus o bacterias.)
  • ¿Son simétricos los síntomas en la hoja y en toda la planta? (Asimetría — sospecha de infección vascular, virus o marchitez bacteriana.)

4. Evalúe la dinámica:

  • ¿Qué rapidez se propagan los síntomas?
  • Si en 3–5 días sin cambios en el cuidado los síntomas progresan bruscamente — probablemente infección.
  • Si al mejorar el riego o la fertilización los síntomas desaparecen en hojas nuevas — probablemente estrés.

5. Utilice pruebas sencillas:

  • Prueba de marchitez bacteriana (Ralstonia solanacearum): coloque un tallo cortado en un vaso con agua. Si al cabo de 1–2 minutos sale un hilo blanco turbio del corte, es marchitez bacteriana (Blancard, 2012).
  • Prueba de pardeamiento vascular: corte el tallo longitudinalmente. Si los vasos son de color marrón oscuro, no solo amarillentos, sospeche de Fusarium o Verticillium (Jones, 2008; Atherton & Rudich, 1986).

6. Recuerde las prácticas agronómicas recientes:

  • ¿Cuándo se aplicaron fertilizantes? ¿Hubo sobredosis?
  • ¿Cuándo y cómo se regó? ¿Hubo sequía o, por el contrario, encharcamiento?
  • ¿Se realizaron tratamientos con pesticidas? ¿Hubo fitotoxicidad?

Cuándo consultar a un especialista

A veces, incluso un jardinero experimentado no puede determinar la causa con certeza. En estos casos, es mejor acudir a un centro de diagnóstico agroquímico o fitopatológico (en universidades agrarias, estaciones de protección vegetal, laboratorios privados). Haga lo siguiente:

  • Recoja muestras de los órganos afectados (hojas, tallos, frutos, raíces) por separado para cada "tipo" de síntoma (si hay diferentes).
  • Colóquelas en bolsas de papel limpias (no de plástico, para evitar la putrefacción). Si envía suelo, tome muestras de la capa radicular (profundidad 15–25 cm) en varios puntos.
  • Anote todas las observaciones (clima, cuidados, fechas, variedades) para que el especialista pueda diagnosticar más rápido.

Los métodos de laboratorio (microscopía, PCR, ELISA, cultivos en medios) permiten identificar con precisión el agente patógeno (Blancard, 2012; Heuvelink, 2018). Esto ahorra tiempo y dinero en la siguiente temporada.

Ejemplos de casos complejos

Caso 1: Manchas amarillas en hojas inferiores.

  • Posibles causas: deficiencia de magnesio, potasio, nitrógeno, así como mildiú tardío, alternaria, septoria.
  • Algoritmo: Observe la forma de las manchas (¿intervenales o marginales?), ¿hay esporulación? Revise las raíces. Recuerde los abonados. Si las manchas son intervenales con nervaduras verdes — probablemente carencia de magnesio. Si las manchas tienen centro marrón y halo amarillo — posible infección fúngica.

Caso 2: Enrollamiento de hojas hacia arriba.

  • Posibles causas: calor, sequía, exceso de luz, así como enfermedades víricas (ej. TYLCV u otros Begomovirus, ver Blancard, 2012) o daño por herbicidas.
  • Algoritmo: Si el enrollamiento es masivo, comenzó tras una ola de calor y las hojas están pálidas — probablemente estrés térmico. Si el enrollamiento va acompañado de mosaico, amarilleo de nervaduras y hay plantas más afectadas que otras — sospeche virus. Compruebe si hubo deriva de herbicidas de campos vecinos.

Caso 3: Manchas oscuras hundidas en el ápice de los frutos.

  • Causa: casi siempre podredumbre apical (ver capítulo 6), a menos que haya daños evidentes (granizo) o enfermedades (antracnosis, mildiú tardío). Sin embargo, si las manchas no solo están en el ápice sino en los laterales, y presentan anillos concéntricos, podría ser alternaria o antracnosis (Blancard, 2012).

Qué hacer si el diagnóstico no está claro

Si no está seguro al 100%, siga el principio de intervención mínima:

1. Primero descarte el estrés: Verifique riego, pH, humedad, temperatura, abonados — póngalos en el rango normal durante 3–5 días.

2. Si no hay mejoría y los síntomas siguen extendiéndose, realice un tratamiento de prueba con un producto de acción específica contra el patógeno más probable (por ejemplo, a base de cobre — contra bacterias y algunos hongos, o un fungicida biológico con Trichoderma).

3. Si tampoco funciona, envíe muestras al laboratorio inmediatamente.

Nunca mezcle varios pesticidas potentes "por si acaso" — podría agravar el estrés y matar insectos beneficiosos.

Tabla: signos de alarma principales para orientación rápida

Síntoma Probable estrés Probable infección
Marchitamiento general en calor, se recupera por la noche Falta de agua, sobrecalentamiento Fusarium, Verticillium, marchitez bacteriana (si no se recupera)
Amarilleo de hojas inferiores, nervaduras verdes Deficiencia de magnesio Virus (mosaico), septoria, mildiú temprano
Amarilleo de hojas jóvenes con reticulado Deficiencia de hierro (pH > 7,0) La clorosis férrica a menudo se confunde con virus; pero los virus suelen dar mosaico, no un reticulado uniforme
Necrosis marginal en hojas viejas Deficiencia de potasio, salinización Fuego bacteriano (raro)
Manchas oscuras hundidas en el ápice del fruto Podredumbre apical Alternaria, antracnosis (si las manchas no están solo en el ápice)
Enrollamiento de hojas hacia arriba Calor, sequía, exceso de luz Virus (TYLCV, ToCV, ver Blancard, 2012), daño por herbicidas
Ampollas acuosas en el envés de las hojas Edema (oedema) Mancha bacteriana (da manchas húmedas pero no ampollas)
Manchas con anillos concéntricos A menudo fisiológicas (ej. manchas "diana" por calor) Alternaria (mildiú temprano), antracnosis

(Blancard, 2012; Ajátov, 2010; Hochmuth & Sideman, 2023)

Palabras finales

El tomate es un organismo vivo que responde constantemente a las condiciones ambientales. La mayoría de los problemas que los jardineros confunden con enfermedades son en realidad consecuencia de un cuidado inadecuado. Aprendiendo a "leer" la planta, podrá ajustar a tiempo el riego, la nutrición, la iluminación o la temperatura y evitar el uso de productos químicos donde no son necesarios.

Pero si observa que el problema no desaparece tras normalizar las condiciones, no dude en consultar a especialistas. Un diagnóstico preciso es la clave para un tratamiento eficaz y la conservación de la cosecha.

La regla principal: comience siempre el diagnóstico evaluando las condiciones de cultivo, no buscando un producto "milagroso".

Resumen del artículo

Trastorno Causa principal Principales medidas de prevención
Estrés hídrico Exceso o falta de riego Riego uniforme, acolchado, drenaje
Estrés térmico Calor o frío Sombreado, ventilación, cubiertas, variedades resistentes
Estrés lumínico Falta o exceso de luz Luz suplementaria, sombreado, ajuste de densidad de plantación
Trastornos nutricionales Deficiencia o exceso de elementos Abonados equilibrados, control de pH, análisis de suelo
Podredumbre apical Deficiencia de calcio + fluctuaciones de humedad Riego regular, aplicaciones foliares de Ca, control K:Ca
Rajado de frutos Fluctuaciones bruscas de humedad, piel débil Riego uniforme, abonados potásicos, variedades resistentes
Quemadura solar Exceso de insolación, falta de protección Sombreado, conservación de hojas, variedades de follaje denso
Edema (oedema) Alta humedad + encharcamiento + mala ventilación Ventilación, riego moderado, control de humedad
Diagnóstico diferencial Identificación incorrecta de la causa Algoritmo paso a paso, análisis de laboratorio en caso de duda

Ahora está armado con los conocimientos para reconocer y abordar con confianza los trastornos fisiológicos del tomate. Recuerde: una planta sana es el resultado de la armonía entre la genética de la variedad y las condiciones de cultivo. Observe, analice, ajuste — y los tomates le recompensarán con una cosecha abundante y de calidad.

Referencias

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  2. Blancard, D. (2012). Tomato Diseases: Identification, Biology and Control. 2nd ed. London, UK / Waltham, MA, USA / San Diego, CA, USA: Academic Press (an imprint of Elsevier).
  3. Gierson, D., Kader, A.A. (1986). ‘Fruit ripening and quality’, in The Tomato Crop. Dordrecht: Springer Netherlands, 241-280.
  4. Grimbly, P. (1986). ‘Disorders’, in The Tomato Crop. Dordrecht: Springer Netherlands, 369-389.
  5. Heuvelink, E., Okello, R.C..O., Peet, M., Giovannoni, J.J., Dorais, M. (2020). ‘Tomato.’, in The physiology of vegetable crops. UK: CABI, 138-178.
  6. Hochmuth, G.J., Sideman, R.G. (2023). ‘Soils and Fertilizers’, in Knott's Handbook for Vegetable Growers. : John Wiley & Sons, pp. 199-302.
  7. Jones, J.B. Jr. (2008). ‘Tomato Plant Nutrition’, in Tomato Plant Culture: In the Field, Greenhouse, and Home Garden. Boca Raton, London, New York: CRC Press (Taylor & Francis Group), pp. 129-178.
  8. Swiader, J.M., Ware, G.W., McCollum, J.P. (1992). ‘Tomatoes’, in Producing Vegetable Crops. Danville, Illinois: Interstate Publishers, pp. 513-536.
  9. Vallad, G.E., Messelink, G., Smith, H.A. (2018). ‘Crop Protection: Pest and Disease Management’, in Heuvelink, E. (ed.) Tomatoes. Boston, MA: CABI, pp. 207-257.
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  11. Ахатов, А.К. (2010). ‘Выращивание томатов [Growing tomatoes]’, in Мир томата глазами фитопатолога [The world of tomato through the eyes of a plant pathologist]. Москва: КМК, pp. 78-143.
  12. Котов, В.П., Адрицкая, Н.А. (2016). ‘Технологии возделывания овощных культур в защищенном грунте [Technologies for growing vegetable crops in protected ground]’, in Овощеводство [Vegetable growing]. Санкт-Петербург: Лань, pp. 429-477.