Cuidado

Actualizado: 11 Julio 2026 Русский English

1. ¿En qué consiste el cuidado de la calabaza?

El cuidado de la calabaza no es un conjunto de acciones aisladas, sino un sistema bien pensado de técnicas dirigidas a un objetivo: canalizar la máxima energía de la planta hacia la formación de frutos grandes, sanos y bien maduros. La calabaza posee un vigor vegetativo enorme; en condiciones favorables es capaz de desarrollar una gran masa verde, pero si no se controla este crecimiento, la planta gastará recursos en alargar indefinidamente los tallos y producir un exceso de cuajados que nunca llegarán a madurar (Lebedeva, 1987).

Comprender este principio es la clave para un cultivo exitoso. El cuidado de la calabaza se compone de seis grupos principales de operaciones, cada una de las cuales resuelve una tarea específica:

1. Cuidado del suelo

El laboreo, el acolchado y el control de malas hierbas crean las condiciones para el libre desarrollo del sistema radicular. Un suelo suelto y bien aireado permite que las raíces penetren más profundamente y extraigan humedad y nutrientes de los horizontes inferiores, lo que es especialmente importante para la calabaza, con su potente sistema radicular que alcanza hasta 2–3 m de profundidad (Autko et al., 2012). El acolchado conserva la humedad, evita el sobrecalentamiento del suelo y suprime el crecimiento de malas hierbas que compiten con el cultivo por nutrientes y agua.

2. Control del crecimiento de la planta

La calabaza tiende a formar largos tallos y numerosos brotes laterales. Sin intervención, la planta puede generar decenas de metros de masa verde y muchos cuajados pequeños, pero no producirá una cosecha de calidad. El despunte y la formación de brotes limitan este proceso, redirigiendo los asimilados hacia los frutos ya formados. Esta técnica es especialmente importante para las variedades trepadoras y de fruto grande (Kotov & Adritskaya, 2016).

3. Regulación de la carga de frutos

Una de las características más distintivas del cultivo de la calabaza. Las variedades de fruto grande pueden producir solo 1–3 frutos completos por planta, mientras que las de fruto pequeño pueden dar hasta 10–15. Dejar demasiados cuajados produce inevitablemente muchos frutos pequeños que, además, a menudo no maduran antes de las heladas. La eliminación oportuna de los cuajados sobrantes es uno de los métodos más eficaces para aumentar el tamaño y la calidad de los frutos restantes (Pantyeliev, 1986).

4. Cuidado de los frutos

Las calabazas que reposan sobre tierra húmeda son propensas a pudrirse, a sufrir daños por plagas y a quemaduras solares. Colocar los frutos sobre soportes, protegerlos del exceso de humedad y cambiar cuidadosamente su posición ayuda a conservar su aspecto comercial y a prevenir pérdidas.

5. Monitoreo regular

La observación semanal del estado de las plantas permite detectar a tiempo una ralentización del crecimiento, cambios en el color de las hojas, signos de enfermedades o la aparición de plagas. La detección temprana de problemas brinda la oportunidad de tomar medidas antes de que afecten a la cosecha.

6. Riego y fertilización

Aunque estas operaciones suelen considerarse por separado, están estrechamente relacionadas con todas las demás prácticas de cuidado. La calabaza consume grandes cantidades de agua; sus hojas grandes transpiran intensamente, especialmente durante el período de crecimiento activo de los frutos (Swiader & Ware, 1992). Sin una humedad adecuada y una nutrición equilibrada, el resto de los esfuerzos pierde sentido.

En los capítulos siguientes analizaremos en detalle cada uno de estos elementos y mostraremos cómo funcionan en conjunto, para que pueda obtener cosechas estables de calabaza incluso en condiciones de verano corto.

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2. Cuidado del suelo

El suelo es el cimiento sobre el que se construye todo el bienestar de la planta de calabaza. La calabaza posee un sistema radicular potente pero a la vez frágil: su raíz principal penetra hasta 2–3 m de profundidad, pero la mayor parte de las raíces absorbentes se encuentra en la capa superior, la más fértil (Autko et al., 2012). La tarea del horticultor es crear en esta capa las condiciones ideales: acceso de aire, humedad suficiente, libertad de malas hierbas competidoras y una temperatura óptima.

Laboreo: por qué y con qué frecuencia

El laboreo del suelo no es solo “romper terrones”. Persigue tres objetivos fundamentales:

1. Destruir la costra del suelo. Después de la lluvia o el riego se forma en la superficie una costra compacta que bloquea el acceso de oxígeno a las raíces. La calabaza es especialmente sensible a la falta de aireación; con deficiencia de oxígeno se retrasa el crecimiento radicular, y en condiciones anaeróbicas prolongadas parte de las raíces muere (Autko et al., 2012). El laboreo rompe esta costra y restablece el intercambio gaseoso.

2. Conservar la humedad. La capa superficial suelta actúa como acolchado: interrumpe la ascensión capilar del agua y reduce la evaporación. Por eso, el laboreo se denomina a menudo “riego seco”.

3. Eliminar las plántulas de malas hierbas. Las malas hierbas pequeñas que acaban de emerger se destruyen fácilmente con el laboreo, antes de que desarrollen un sistema radicular fuerte.

Cuándo y cómo labrar:

  • El primer laboreo se realiza inmediatamente después de la siembra o del trasplante de plántulas para evitar la formación de costra (Lebedeva, 1987).
  • Los laboreos posteriores se hacen después de cada lluvia o riego, tan pronto como el suelo se haya secado un poco, pero no por completo.
  • La profundidad del laboreo cerca de las plantas no debe superar los 4–6 cm, y en los pasillos entre hileras de 10 a 12 cm. Las raíces de la calabaza son superficiales y se dañan fácilmente. Un laboreo profundo junto al tallo puede cortar una parte importante de las raíces absorbentes, debilitando la planta y reduciendo el rendimiento (Kotov & Adritskaya, 2016).
  • A medida que los tallos se extienden y llenan los espacios entre hileras, el laboreo se suspende gradualmente para no dañar los tallos ni los cuajados. En ese momento, el acolchado cobra protagonismo.

Acolchado: protección fiable del suelo

El acolchado consiste en cubrir la superficie del suelo con materiales orgánicos o sintéticos. Para la calabaza, esta técnica es especialmente valiosa porque resuelve varios problemas a la vez:

  • Conserva la humedad. Una capa de acolchado reduce la evaporación en un 30–50 %, lo que permite regar con menos frecuencia y protege a la planta de la sequía en períodos calurosos.
  • Suprime las malas hierbas. El acolchado bloquea la luz e impide que germinen las semillas de malas hierbas. Esto es especialmente importante para la calabaza, que en las primeras 3–4 semanas después de la emergencia crece lentamente y es fácilmente suprimida por la vegetación adventicia (Mondal et al., 2020).
  • Regula la temperatura del suelo. El acolchado orgánico (paja, heno, compost) enfría el suelo en épocas de calor, mientras que el film de polietileno negro lo calienta en primavera, acelerando el crecimiento y el desarrollo.
  • Previene la pudrición de los frutos. Cuando los frutos reposan sobre el acolchado y no sobre el suelo desnudo, tienen menos contacto con la tierra húmeda y son menos atacados por enfermedades.

Qué materiales utilizar:

  • Acolchado orgánico: paja, heno, hierba seca, compost, turba, serrín (¡solo bien descompuesto!). La materia orgánica no solo protege el suelo, sino que, al descomponerse, lo enriquece con nutrientes. La capa debe tener al menos 5–10 cm – una capa fina es ineficaz.
  • Film de polietileno negro – opción ideal para la calabaza, especialmente en regiones con veranos cortos y frescos. El film calienta bien el suelo en primavera, acelerando el crecimiento, y en verano impide la evaporación y suprime las malas hierbas (Walters, 2016). En la práctica también se utiliza film infrarrojo‑transparente, que deja pasar el calor pero no la luz, ofreciendo un efecto intermedio entre el film negro y el transparente (Wehner et al., 2020).
  • Films biodegradables – una alternativa moderna al polietileno, que se descomponen después de la temporada, evitando la necesidad de retirar y eliminar el plástico.

Cuándo y cómo acolchar:

  • El acolchado orgánico se puede aplicar después de la emergencia, cuando las plantas estén fuertes (en la fase de 2–3 hojas verdaderas). Lo importante es no cubrir el punto de crecimiento.
  • El film se coloca antes de la siembra o del trasplante, haciendo agujeros para las plantas.
  • Si se usa film, es importante asegurar el acceso del agua a las raíces – la lluvia o el agua de riego deben entrar por esos agujeros, o bien se utiliza riego por goteo bajo el film.

Control de malas hierbas: por qué es fundamental

Las malas hierbas son los principales competidores de la calabaza por los recursos. En la primera mitad del ciclo vegetativo, cuando las plantas aún no han cubierto el suelo con sus hojas, la vegetación adventicia puede causar graves daños. Los estudios demuestran que incluso dos plantas de solanáceas creciendo junto a una calabaza pueden reducir el rendimiento entre un 80 % y un 100 % (Mondal et al., 2020). El período crítico de competencia con las malas hierbas para la calabaza dura aproximadamente hasta el cierre de los tallos – normalmente los primeros 30–40 días después de la emergencia (Mondal et al., 2020). Una vez que las grandes hojas de la calabaza sombrean el suelo, muchas malas hierbas ya no pueden desarrollarse.

Métodos de control:

1. Escardas regulares manuales o con azada. Es el método más fiable y ecológico. La escarda debe realizarse al menos una vez cada 7–10 días, sin permitir que las malas hierbas florezcan y produzcan semillas.

2. Laboreo entre hileras (véase más arriba) que al mismo tiempo destruye las malas hierbas en estado de plántula.

3. Acolchado (con film negro o acolchado orgánico) resuelve prácticamente por completo el problema de las malas hierbas.

4. Método químico – aplicación de herbicidas autorizados para calabaza. Sin embargo, para horticultores aficionados y pequeños agricultores, este método suele ser inaccesible o indeseable debido al riesgo de contaminación del suelo y del producto. Los herbicidas (por ejemplo, clomazona, etalfluralina, halosulfurón) se utilizan principalmente en la producción industrial (Mondal et al., 2020; Dittmar & Boyd, 2019). En la horticultura de aficionados es mejor prescindir de ellos.

5. Cultivos asociados y densificación. A veces la calabaza se planta entre hileras de cultivos de apoyo (maíz, girasol) o con cultivos compactadores (rábano, lechuga) – esto ayuda a ocupar la superficie y reducir el espacio para las malas hierbas.

Consejo práctico importante: si siembra calabaza en una parcela sin tratar con un gran banco de semillas de malas hierbas, utilice la técnica de “falsa siembra” (cama falsa). 2–3 semanas antes de la siembra, prepare el terreno, riegue y deje que germinen las malas hierbas. Luego, poco antes de sembrar la calabaza, labore suavemente la capa superficial del suelo para destruir esas plántulas (lo mejor es con un laboreo superficial) (Wehner et al., 2020). Esto reducirá significativamente el número de malas hierbas durante el período crítico.

Costra del suelo: cómo combatirla

Un caso especial es la costra del suelo que se forma después de una lluvia intensa o riego en suelos arcillosos y francos. La costra puede ser tan densa que las plántulas de calabaza no puedan atravesarla, y las raíces se asfixien por falta de oxígeno.

Medidas de prevención y control:

  • Laboreo superficial regular con rastrillo o azada (superficial, de 1–2 cm) después de la lluvia.
  • El acolchado es la mejor prevención contra la costra.
  • Siembra de semillas a una profundidad no mayor de 4–6 cm (en suelos ligeros) y acolchado del surco de siembra con una capa fina de compost o turba para evitar la evaporación y la formación de costra (Lebedeva, 1987).

En resumen: el cuidado adecuado del suelo no es un trabajo pesado, sino un sistema de acciones simples pero regulares. Labore superficialmente pero con frecuencia; acolche siempre para ahorrar agua y esfuerzo en escardas; y recuerde: cuanto menos perturbe el suelo en la zona de las raíces, mejor para la planta. En el próximo capítulo analizaremos cómo controlar el crecimiento de las propias plantas: despunte, formación de tallos y por qué es tan importante para la cosecha.

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3. Control del crecimiento de la planta

La calabaza es una planta con una enorme energía de crecimiento. En condiciones favorables, un solo tallo puede alcanzar 5–10 m o más, y la superficie foliar total de una planta puede ser de varios metros cuadrados (Autko et al., 2012). Esto es excelente para la fotosíntesis, pero perjudicial para la cosecha: cuanto más gasta la planta en desarrollar masa verde y alargar los brotes, menos recursos quedan para el engorde de los frutos.

La tarea del horticultor es limitar el crecimiento vegetativo y redirigir los asimilados (productos de la fotosíntesis) hacia los frutos. Esto se logra mediante varias técnicas que analizaremos a continuación.

Por qué es necesario el despunte

El despunte (pinzamiento) consiste en eliminar el punto de crecimiento apical del brote. Sin despunte, el tallo principal y los laterales crecen continuamente, formando nuevos entrenudos, hojas y flores. El despunte detiene este proceso y la planta comienza a dirigir los nutrientes hacia los cuajados y frutos ya formados.

Cuándo despuntar:

  • El tallo principal se despunta cuando alcanza una longitud de aproximadamente 1,5–2 m (para variedades vigorosas) o cuando ha formado 3–4 frutos (para las de fruto grande) (Pantyeliev, 1986). Normalmente se hace a finales de julio – principios de agosto, para que las plantas puedan dirigir su energía a la maduración de los frutos antes del frío.
  • Los brotes laterales (tallos) se despuntan por encima de la 5ª–6ª hoja después del cuajado, dejando 1–2 frutos en cada brote. Esto limita su expansión y estimula el desarrollo de los cuajados.

Importante: en las variedades arbustivas y de tallo corto (por ejemplo, los tipos de calabacín y patisson, así como algunas variedades de calabaza común) a menudo no se realiza el despunte, ya que están limitadas naturalmente en su crecimiento. Pero si cultiva variedades de tallo largo (moscada, de fruto grande), el despunte es obligatorio (Lebedeva, 1987).

Formación de la mata: cuántos tallos dejar

La calabaza suele formarse en uno, dos o tres tallos. La elección del esquema depende de la variedad y del clima:

  • Un tallo – para variedades de fruto grande en regiones con verano corto. En el tallo principal se dejan 2–3 frutos, y se eliminan todos los brotes laterales (excepto quizás los más bajos, si se necesitan para enraizar). Esto concentra al máximo los recursos en un número reducido de frutos.
  • Dos tallos – la opción clásica para la mayoría de las calabazas. Se dejan el tallo principal y un brote lateral fuerte (generalmente de la axila de la 3ª–4ª hoja). En cada uno se dejan 2–3 frutos, y el resto de brotes se eliminan.
  • Tres tallos – para variedades de fruto pequeño y mediano (por ejemplo, calabazas de ración) o en regiones con una estación cálida larga. En cada tallo se dejan 1–2 frutos.

El esquema de formación debe tener en cuenta la densidad de plantación: cuanto más densas estén las plantas, menos tallos conviene dejar para evitar el hacinamiento y la competencia por la luz.

Diferencias entre variedades arbustivas y trepadoras

Este es un punto fundamental que determina la estrategia de cuidado:

  • Variedades trepadoras (la mayoría de las calabazas de fruto grande y moscadas) producen tallos largos que se arrastran por el suelo. Requieren formación obligatoria: despunte, eliminación de brotes y cuajados sobrantes.
  • Variedades arbustivas (calabacines, patissons, courgettes, así como algunas variedades de calabaza con entrenudos cortos) tienen una mata compacta con brotes cortos. Prácticamente no se forman; como mucho, se eliminan las hojas inferiores viejas para mejorar la ventilación (Autko et al., 2012; Kotov & Adritskaya, 2016).

Las formas arbustivas de calabaza son una excelente opción para parcelas pequeñas y para quienes no quieren dedicar tiempo al despunte. Sin embargo, por lo general tienen una superficie foliar total menor, y el rendimiento puede ser inferior al de las trepadoras vigorosas, siempre que estas últimas se formen correctamente.

Cómo limitar el crecimiento excesivo de los tallos

Si observa que los tallos se “escapan” hacia los lados, invadiendo los bancales vecinos, puede utilizar los siguientes recursos:

1. Despunte de las puntas (véase más arriba) – el método más sencillo y eficaz.

2. Colocación de los tallos – dirija los tallos en la dirección deseada, desplazándolos con cuidado hacia un espacio libre. Los tallos de calabaza enraízan fácilmente en los nudos al contacto con tierra húmeda, por lo que puede fijarlos al suelo en varios puntos para que arraiguen adicionalmente, lo que mejora la nutrición de los frutos (Pantyeliev, 1986). Sin embargo, no permita que los tallos se enreden y se den sombra mutuamente.

3. Eliminación de brotes laterales superfluos – brotes que aparecen en las axilas de las hojas. Deben eliminarse regularmente antes de que superen los 5–10 cm, ya que restan energía a la planta (Kotov & Adritskaya, 2016).

Por qué funciona: fisiología del proceso

La calabaza es una planta con un fuerte dominancia apical, es decir, el tallo principal suprime el crecimiento de los brotes laterales, pero al mismo tiempo crece continuamente en longitud. Al eliminar el ápice del tallo principal, se rompe la dominancia apical y parte de los asimilados que antes se destinaban al crecimiento del tallo se redistribuyen hacia los brotes laterales y los frutos existentes.

Además, la calabaza tiene una alta capacidad de crecimiento vegetativo: sigue formando nuevas hojas y cuajados incluso cuando ya hay frutos en desarrollo. Esto significa que, sin intervención, la planta gastará constantemente energía en nuevos “proyectos” en detrimento de los antiguos. La formación de la mata es una forma de decirle a la planta: “alto, ahora toda la atención a los frutos”.

Recomendaciones prácticas sobre los plazos

Práctica Cuándo realizarla Nota
Despunte del tallo principal Cuando alcance 1,5–2 m (normalmente a finales de julio) Dejar 4–5 hojas por encima del último fruto
Despunte de tallos laterales Cuando el brote tenga unos 50–70 cm Dejar 1–2 frutos y 5–6 hojas después de ellos
Eliminación de brotes laterales Regularmente, según aparezcan Mejor eliminar los jóvenes (hasta 5 cm)
Eliminación de hojas inferiores Cuando sea necesario para la ventilación Especialmente importante para prevenir pudriciones

Matiz importante: al despuntar, deje siempre al menos 4–5 hojas por encima del último cuajado en el brote. Esas hojas son necesarias para la fotosíntesis que alimenta el fruto. Si elimina todas las hojas por encima del fruto, su crecimiento se ralentizará (Swiader & Ware, 1992).

Particularidades para diferentes zonas climáticas

  • En regiones con verano corto (latitudes septentrionales y templadas): forme la planta en 1 tallo y deje no más de 2–3 frutos. Esto garantiza que maduren antes del frío. Realice el despunte más temprano, a mediados de julio.
  • En regiones cálidas y calurosas (sur, subtropicales): puede permitir que la planta sea más “libre” – formar en 2–3 tallos y dejar 4–6 frutos. Hay más tiempo para la maduración y las plantas sufren menos por falta de calor.
  • En regiones áridas: un despunte excesivo puede provocar quemaduras solares en los frutos por falta de cobertura foliar. Conserve más hojas para protegerlos del sol.

En resumen: el control del crecimiento no es solo “despuntar la punta”. Es una estrategia meditada para dirigir la energía de la planta hacia la cosecha. La elección del esquema de formación depende de su variedad, clima y objetivos. Pero la regla principal sigue siendo la misma: la planta debe gastar energía en los frutos, no en tallos interminables.

En el próximo capítulo analizaremos cuántos frutos conviene dejar en la planta, cómo realizar la regulación de la carga y por qué esto es especialmente importante para las variedades de fruto grande.

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4. Regulación de la carga de frutos

La regulación de la carga es una de las prácticas más importantes y, lamentablemente, una de las más ignoradas en el cultivo de la calabaza. Muchos horticultores dejan todos los cuajados que se han formado, guiados por el principio “cuanto más, mejor”. Sin embargo, este es el camino directo a la decepción: la calabaza es físicamente incapaz de “alimentar” decenas de frutos grandes. El resultado son muchas calabazas pequeñas, inmaduras, insípidas y que además se conservan mal.

El principio fundamental de la regulación: el número de frutos debe corresponder al vigor de la planta, al volumen de su aparato foliar y a la duración de la estación cálida en su región.

¿Cuántos frutos puede mantener una planta?

Esto depende de tres factores clave:

1. Características varietales. Las calabazas de fruto grande (Cucurbita maxima) – por ejemplo, las variedades tipo ‘Mammoth’ o ‘Atlantic’ – pueden producir 1–3 frutos completos por planta. Las de fruto pequeño (C. pepo, C. moschata) – calabazas de ración, calabacines, courgettes – pueden formar hasta 10–15 frutos, pero su peso individual es mucho menor (Lebedeva, 1987; Kotov & Adritskaya, 2016).

2. Condiciones climáticas. En regiones con verano corto (latitudes septentrionales y templadas) se deja el número mínimo de frutos para que puedan madurar antes del frío. En climas cálidos con una larga estación cálida se pueden dejar más, pero los frutos serán más pequeños.

3. Estado de la planta. Una planta vigorosa, bien desarrollada, con muchas hojas y un sistema radicular fuerte puede “alimentar” más frutos que una planta debilitada o plantada en suelo pobre.

Orientaciones aproximadas:

Tipo de calabaza Número recomendado de frutos por planta Peso medio por fruto con regulación
Fruto grande (C. maxima) 1–2 5–15 kg o más
Moscada (C. moschata) 2–4 3–8 kg
Corteza dura (C. pepo) – formas trepadoras 3–5 2–5 kg
Corteza dura (C. pepo) – formas arbustivas (calabacín, courgette, patisson) 5–10 0,3–1,5 kg (se cosechan jóvenes)

Datos resumidos de las recomendaciones de las fuentes (Pantyeliev, 1986; Autko et al., 2012; Swiader & Ware, 1992).

Sin embargo, estas cifras son solo un punto de partida. En la práctica, es mejor observar la planta: si ve que los frutos han dejado de crecer durante 1–2 semanas, es señal de que la planta carece de recursos y conviene eliminar parte de los cuajados.

Cuándo y cómo realizar la regulación

Plazos: la regulación se realiza en dos etapas.

1. Regulación primaria – poco después de la polinización, cuando los cuajados alcanzan un tamaño de 5–10 cm de diámetro (aproximadamente 1–2 semanas después de la floración). En este momento es fácil seleccionar los cuajados más vigorosos y bien formados y eliminar los débiles, deformes o dañados. Cuanto antes elimine los cuajados sobrantes, más recursos recibirán los que quedan (Wehner et al., 2020).

2. Regulación secundaria – 2–3 semanas después de la primera, cuando los frutos han crecido notablemente. En esta etapa, la planta ya ha desarrollado un “líder” – el fruto más grande y de crecimiento más activo. Si se han dejado 2–3 frutos, asegúrese de que todos se desarrollen uniformemente. Si algún fruto está claramente rezagado, es mejor eliminarlo para que no reste energía a los más prometedores.

Cómo eliminar los cuajados: lo mejor es cortar los frutos sobrantes con tijeras de podar afiladas o un cuchillo, dejando un pequeño “pedúnculo” de unos 1 cm. No se deben arrancar ni retorcer los cuajados, ya que podría dañar el tallo y provocar la aparición de podredumbres.

Influencia del número de frutos en su peso y calidad

Los datos científicos confirman inequívocamente que existe una relación inversa entre el número de frutos dejados y su peso medio. Cuantos menos frutos queden en la planta, más grandes crecerán los restantes (Swiader & Ware, 1992; Pantyeliev, 1986). Esto se debe a que la planta distribuye los productos de la fotosíntesis entre todos los frutos “competidores”. Si hay pocos competidores, a cada uno le corresponde más.

Además del peso, la regulación influye en:

  • El contenido de azúcares y materia seca. Los frutos bien madurados y regulados tienen mejor sabor, son más dulces y aromáticos.
  • El tiempo de maduración. La regulación acelera la maduración de los frutos restantes, lo que es crítico en regiones frescas.
  • La capacidad de almacenamiento. Los frutos que han madurado en la planta sin sobrecarga se conservan mejor y mantienen su calidad comercial durante más tiempo (Kotov & Adritskaya, 2016).

Cuándo NO es necesaria la regulación o incluso es perjudicial

Hay situaciones en las que no se debe realizar la regulación:

  • Las variedades arbustivas de calabacín y patisson destinadas a la recolección de frutos jóvenes (frutos inmaduros) durante toda la temporada. Aquí, por el contrario, es importante estimular la fructificación continua, y para ello se deben cosechar regularmente los frutos jóvenes sin dejar que crezcan demasiado. La regulación en el sentido clásico no se aplica; simplemente se recolecta a tiempo.
  • Calabazas ornamentales de fruto pequeño – se cultivan por sus numerosos frutos pequeños y coloridos, por lo que se dejan todos los cuajados.
  • En climas muy cálidos y secos, un exceso de cuajados puede servir como “trampa” para el sol y proteger a los frutos principales de las quemaduras – aquí el enfoque debe ser individual.

Importante: la regulación no debe ser excesiva. Si se deja un solo fruto, puede crecer demasiado y agrietarse durante la maduración, o, por el contrario, la planta lo “sobrealimentará” y resultará acuoso y sin sabor. El equilibrio óptimo es 2–3 frutos para las de fruto grande y 3–5 para las de tamaño mediano y pequeño (Lebedeva, 1987).

Algoritmo práctico de regulación para el horticultor

1. Determine el tipo de su variedad (fruto grande, fruto pequeño, arbustiva o trepadora).

2. Espere a que los cuajados alcancen el tamaño de un huevo de gallina (5–7 cm de diámetro).

3. Seleccione los mejores cuajados – rectos, sin daños, situados en el tallo principal o en brotes laterales fuertes.

4. Elimine todos los demás cuajados, así como las flores (masculinas y femeninas) que aparezcan después de haber decidido el número de frutos. Los nuevos cuajados solo restarán energía.

5. Continúe eliminando los nuevos cuajados que aparezcan más tarde – ya no tendrán tiempo de madurar y solo debilitarán la planta.

6. Controle el crecimiento de los frutos restantes, inspeccionándolos regularmente para detectar enfermedades y daños.

Ejemplo para una región específica

  • Para la región de Moscú (centro de Rusia) y regiones análogas (verano corto, posibles heladas tempranas) es óptimo dejar 1–2 frutos en las variedades de fruto grande, 2–3 en las moscadas y 3–4 en las de corteza dura trepadoras. El despunte del tallo principal se realiza a finales de julio – principios de agosto para que toda la energía se dirija al engorde de los frutos restantes.
  • Para regiones del sur (Krasnodar, Crimea, países mediterráneos) con una larga estación cálida, el número de frutos se puede aumentar en 1–2 por planta, ya que la calabaza tiene más tiempo para madurar.
  • Para regiones con verano caluroso pero otoño corto (por ejemplo, clima continental) es importante la regulación y el despunte oportuno para acelerar la maduración.

En resumen: la regulación de la carga no es un capricho, sino una técnica con base científica que permite obtener el máximo de calidad de la calabaza. Dejando menos frutos, se obtienen ejemplares más grandes, dulces y con mejor capacidad de almacenamiento. Lo principal es hacerlo a tiempo y eliminar los cuajados sobrantes sin remordimientos, teniendo en cuenta que la planta tiene un límite de posibilidades.

En el próximo capítulo abordaremos una sección específica: cómo cuidar los frutos ya formados para protegerlos de podredumbres, quemaduras solares y daños mecánicos.

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5. Cuidado de los frutos

Cuando los cuajados se han formado y comienzan a crecer activamente, llega una etapa crucial: el cuidado de los propios frutos. La calabaza es un cultivo cuyos frutos maduran en el suelo (con raras excepciones), y es precisamente este contacto con el suelo el que crea los principales riesgos: pudrición, daños por plagas, quemaduras solares y deformaciones. Un cuidado meditado de los frutos ayuda a conservar la cosecha, mejorar su calidad y prolongar su vida útil.

Soportes bajo los frutos: por qué y con qué hacerlos

El contacto directo de la calabaza con el suelo húmedo es una de las principales causas de pérdidas. En la parte inferior del fruto, apoyada sobre tierra húmeda, se crean las condiciones ideales para el desarrollo de hongos y bacterias patógenos: alta humedad, mala ventilación, ambiente cálido. Como resultado, aparecen manchas de podredumbre que se extienden rápidamente y hacen que la cosecha no sea apta para el almacenamiento ni el consumo (Lebedeva, 1987; Pantyeliev, 1986).

La solución – un soporte. Puede ser:

  • Una tabla, madera contrachapada, trozo de pizarra – material duro y rígido que no absorbe humedad y proporciona una base seca. El tamaño óptimo es ligeramente mayor que el diámetro previsto del fruto.
  • Una piedra, ladrillo, teja – cualquier objeto duro que pueda colocarse bajo el fruto.
  • Paja o heno seco – una capa gruesa (10–15 cm), pero debe estar suelta para no retener la humedad. Con el tiempo, la paja puede apelmazarse y perder sus propiedades, por lo que hay que revisarla y reemplazarla si es necesario.
  • Soportes de plástico especiales – se venden en centros de jardinería, con perforaciones para la ventilación.
  • Film de polietileno negro – colocado bajo el fruto, pero debe estar tenso y no formar charcos.

El requisito principal del soporte: debe ser seco, rígido y no absorbente. Los materiales blandos (tela, papel, paja húmeda) no son adecuados – se mojan rápidamente y agravan el problema.

Cuándo colocar el soporte: en cuanto el cuajado comience a aumentar visiblemente de tamaño y su parte inferior toque el suelo (normalmente con un diámetro de 10–15 cm). Cuanto antes, mejor, para evitar incluso un contacto breve con el suelo húmedo.

Protección contra la pudrición: prevención y actuación

La pudrición de los frutos puede comenzar no solo por la parte inferior, sino también por el pedúnculo, por los costados – debido a daños mecánicos, picaduras de insectos o entrada de agua en las grietas. Una protección integral incluye:

1. Soportes adecuados (véase más arriba) – evitan el contacto con el suelo.

2. Ventilación – no plante calabazas demasiado densamente; no permita el hacinamiento de los tallos. Una buena circulación de aire alrededor de los frutos acelera la evaporación de la humedad y reduce el riesgo de enfermedades fúngicas (Kotov & Adritskaya, 2016).

3. Eliminación de frutos enfermos y dañados – si observa una mancha oscura, una zona blanda, una grieta con signos de podredumbre en un fruto, debe eliminarlo y destruirlo inmediatamente (no en el compost) para que la infección no se propague a los vecinos.

4. Riego cuidadoso – evite dirigir el chorro de agua sobre los frutos; riegue entre hileras o utilice riego por goteo. La humedad excesiva en la superficie de los frutos favorece la podredumbre.

5. Recolección oportuna – no mantenga los frutos sobremaduros en la planta, ya que se vuelven blandos y son fácilmente atacados por las podredumbres.

Si observa que un fruto comienza a pudrirse por la parte inferior pero aún no está completamente afectado, a veces ayuda eliminar con cuidado la parte dañada (cortando hasta el tejido sano) y espolvorear el corte con ceniza de madera o carbón triturado. Sin embargo, la eficacia de este método es baja – es mejor eliminar el fruto por completo para salvar a los demás.

Cambio de posición de los frutos: ¿es necesario y cómo hacerlo correctamente?

Durante la maduración, se recomienda a menudo girar los frutos con cuidado una o dos veces durante la temporada para que reciban luz y calor de manera uniforme por todos los lados (Swiader & Ware, 1992). Esto es especialmente importante para las variedades de fruto grande, en las que la parte inferior, que ha estado mucho tiempo en el suelo, puede permanecer pálida, mientras que la superior se sobrecalienta al sol.

Cómo hacerlo:

  • Gire el fruto con mucho cuidado, sin tirar de él ni torcer el pedúnculo.
  • Levante el fruto, gírelo 90–180 grados y colóquelo de nuevo sobre el soporte.
  • Hágalo en tiempo seco, preferiblemente por la mañana o al atardecer, cuando el fruto no esté sobrecalentado por el sol.
  • No gire los frutos si ya están cerca de la madurez completa (la cáscara se ha endurecido) – podría dañar el pedúnculo.

Importante: si el fruto tiene una coloración “permanente” característica de la variedad y ya se ha formado, no es necesario girarlo – podría alterar la pigmentación.

Protección contra quemaduras solares

En climas cálidos, especialmente en regiones con radiación solar intensa, los frutos de calabaza pueden sufrir quemaduras solares. Se manifiestan como manchas blanquecinas, secas y hundidas en la parte superior del fruto orientada al sol (Wehner et al., 2020). Las quemaduras no solo empeoran el aspecto, sino que también hacen que el fruto sea vulnerable a las enfermedades y reducen su capacidad de almacenamiento.

Medidas de protección:

  • Sombreado natural. Deje suficientes hojas en la planta para que den sombra a los frutos durante el sol del mediodía. No elimine todas las hojas alrededor de los frutos – deje 4–6 hojas grandes cercanas.
  • Sombreado artificial. En las regiones más cálidas, puede cubrir los frutos con agrotextil blanco ligero (spunbond) o instalar pantallas temporales de malla.
  • Ubicación adecuada – al plantar, tenga en cuenta la orientación de los rayos solares. En el sur, es deseable que los propios tallos den sombra parcial a los frutos.

Particularidades del cultivo en espaldera

Para algunas variedades, especialmente las de fruto pequeño y las moscadas, y también para ahorrar espacio, se practica el cultivo en espaldera (soportes verticales). Este método tiene sus ventajas, pero también requiere un cuidado especial de los frutos.

Ventajas de la espaldera:

  • Ahorro de espacio.
  • Mejor ventilación e iluminación.
  • Los frutos no tocan el suelo, lo que reduce el riesgo de podredumbre.
  • Facilita las inspecciones y el cuidado.

Particularidades del cuidado en espaldera:

  • Los tallos deben atarse regularmente al soporte, dirigiéndolos verticalmente (Wehner et al., 2020; Autko et al., 2012).
  • Los frutos deben fijarse – cuando alcanzan un peso considerable, hay que atarlos en redes o sostenerlos con soportes de plástico especiales fijados a la espaldera para que el pedúnculo no se rompa por el peso del fruto. Sirven las medias viejas o bolsas de malla para verduras fijadas al soporte.
  • La distancia entre los frutos en la espaldera debe ser suficiente para que no se toquen ni se dañen entre sí con el viento.
  • Riego – en el cultivo vertical, el suelo bajo la planta se seca rápidamente, por lo que se requiere un riego más frecuente, preferiblemente por goteo.

Importante: no todas las variedades de calabaza son aptas para el cultivo en espaldera. Para las de fruto grande (con peso superior a 5–8 kg), este método es arriesgado – el pedúnculo podría no soportar la carga. Para estas variedades, es mejor mantener el cultivo tradicional rastrero sobre soportes.

En resumen: el cuidado de los frutos no es una espera pasiva de la cosecha, sino acciones activas dirigidas a conservar cada fruto. Medidas simples pero regulares – soportes, giros, protección contra quemaduras, eliminación de ejemplares dañados – ayudan a obtener frutos sanos, hermosos y con buena capacidad de almacenamiento. Para ahorrar espacio y mejorar las condiciones sanitarias, merece la pena considerar la posibilidad de cultivar variedades de fruto pequeño en espaldera.

En el próximo capítulo analizaremos cómo el monitoreo regular del estado de las plantas ayuda a detectar problemas a tiempo y a no perder el momento de actuar correctivamente.

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6. Monitoreo regular del estado de las plantas

El monitoreo regular no es una formalidad, sino la base del cultivo exitoso. La calabaza es un cultivo con una dinámica de crecimiento muy rápida: en una semana, un fruto puede aumentar varias veces su volumen, y los primeros signos de problemas (falta de agua, nutrición, inicio de una enfermedad) se manifiestan mucho antes de que resulten evidentes para un ojo inexperto. Las inspecciones sistemáticas semanales permiten detectar a tiempo las desviaciones y ajustar los cuidados sin esperar a que se produzcan pérdidas.

Por qué es importante inspeccionar las plantas semanalmente:

  • La calabaza responde rápidamente al estrés (sequía, encharcamiento, deficiencia de nutrientes) con cambios en su aspecto.
  • Muchas enfermedades y plagas en sus primeras etapas afectan solo a ciertas partes de la planta – es más fácil localizarlas y eliminarlas.
  • La dinámica de crecimiento de los frutos es el mejor indicador de si está realizando bien la regulación y de si la planta dispone de suficientes recursos.
  • La detección oportuna de cuajados o brotes “sobrantes” permite eliminarlos antes de que hayan consumido mucha energía (Wehner et al., 2020; Pantyeliev, 1986).

Qué comprobar cada semana

1. Velocidad de crecimiento de los brotes y los frutos

Brotes: en la primera mitad del ciclo vegetativo (antes de la floración y el cuajado), la calabaza debe estar creciendo activamente – el incremento semanal puede ser de 20–50 cm o más. Si el crecimiento se ha ralentizado, es señal de posibles problemas: falta de humedad, baja temperatura, suelo pobre, enfermedades de las raíces (Autko et al., 2012). En la segunda mitad del verano, el crecimiento de los tallos se ralentiza de forma natural – es normal, ya que los recursos se desplazan hacia los frutos. Pero si los nuevos brotes siguen creciendo activamente, significa que el despunte fue insuficiente o que ha pasado por alto la aparición de nuevos brotes laterales.

Frutos: los frutos deben aumentar de tamaño cada semana. Mida el diámetro del fruto más grande y anote el resultado. Si después de 7–10 días no hay crecimiento o es insignificante, es una señal de alarma. Posibles causas: falta de humedad, polinización insuficiente (si el desarrollo es débil), demasiados cuajados en la planta, ataque de enfermedad (Swiader & Ware, 1992). Actúe de inmediato: compruebe el riego, elimine los cuajados sobrantes, inspeccione las hojas.

Consejo práctico: anote las fechas de las inspecciones y las mediciones en una pequeña libreta. Le ayudará a seguir la dinámica y a detectar desviaciones a tiempo.

2. Color y estado de las hojas

Las hojas son indicadores de la salud de la planta. En condiciones normales, una calabaza sana presenta hojas grandes, de color verde oscuro, sin manchas, con un turgencia uniforme (firmeza). Preste atención a:

  • Amarillamiento de las hojas (especialmente las inferiores, viejas) – puede ser un proceso natural de envejecimiento si solo amarillean las 1–2 hojas más bajas. Si el amarillamiento se extiende hacia arriba, es señal de deficiencia de nitrógeno o, por el contrario, de exceso de humedad (Kotov & Adritskaya, 2016).
  • Color verde pálido o amarillento de las hojas jóvenes – suele indicar deficiencia de hierro o magnesio (clorosis).
  • Bordes de las hojas que se vuelven marrones y se secan – posible falta de potasio o quemadura solar.
  • Hojas que se enrollan – puede ser signo de infección vírica, falta de humedad o daño por pulgones.
  • Manchas en las hojas – casi siempre son señal de enfermedades fúngicas o bacterianas. Son especialmente peligrosos el oidio (revestimiento blanco), el mildiú velloso (manchas amarillas) y la antracnosis (manchas marrones hundidas) (Mondal et al., 2020; Lebedeva, 1987).

Si detecta cualquier anomalía en el color o la textura de las hojas, determine inmediatamente la causa y tome medidas (fertilización, ajuste del riego, tratamiento contra enfermedades).

3. Formación de nuevos cuajados

Incluso después de la regulación, la planta puede seguir formando nuevas flores femeninas y cuajados. Si ya ha dejado el número deseado de frutos, todos los nuevos cuajados deben eliminarse de inmediato en cuanto sean visibles (de 2–3 cm de tamaño). Esto es especialmente importante para las variedades de fruto grande, porque cada cuajado adicional desvía nutrientes de los líderes ya formados (Wehner et al., 2020).

Controle también las flores masculinas – su formación no requiere muchos recursos, pero su abundancia indica que la planta sigue “pensando” en la reproducción en lugar de en el engorde de los frutos. Si observa muchas flores masculinas y pocas femeninas, es posible que haya sobrealimentado con nitrógeno o que haya creado una temperatura demasiado alta; en esas condiciones se favorece el desarrollo de flores masculinas (Swiader & Ware, 1992).

4. Desarrollo de los frutos: tamaño, forma, daños

Inspeccione cada fruto que haya dejado:

  • Tamaño: debe corresponder a la variedad y a la edad. Si un fruto está claramente rezagado en comparación con otros de la misma planta, debe eliminarlo.
  • Forma: normal para la variedad, sin torceduras, hundimientos o deformidades. La torcedura puede indicar una polinización insuficiente o un daño mecánico.
  • Color de la piel: debe corresponder a las características varietales. Un color pálido o amarillento indica mala maduración o quemadura solar.
  • Grietas, arañazos, úlceras – inspeccione inmediatamente en busca de plagas o enfermedades. Cualquier daño en la piel es una puerta de entrada para las infecciones.
  • Signos de podredumbre en la parte inferior – si el fruto está en el suelo, revise regularmente su base. Ante la menor sospecha de podredumbre, coloque un soporte más seco bajo el fruto y, posiblemente, elimine el fruto afectado.

5. Primeros signos de enfermedades y plagas

Enfermedades – suelen manifestarse en las hojas (véase más arriba), pero también pueden afectar a los pedúnculos y a los propios frutos. Preste especial atención a:

  • Oidio – revestimiento blanco y pulverulento en las hojas que se extiende rápidamente. En una fase temprana, ayuda el tratamiento con azufre coloidal (Kotov & Adritskaya, 2016; Lebedeva, 1987).
  • Antracnosis – manchas marrones y hundidas en hojas y frutos, a menudo con un borde rosado. Requiere la eliminación de las partes afectadas y el tratamiento con productos a base de cobre (Pantyeliev, 1986).
  • Podredumbres radiculares – la planta se ve marchita, las hojas pierden turgencia incluso con el suelo húmedo. La causa es el exceso de agua o el sobrecalentamiento de las raíces. Requiere ajuste del riego y acolchado.

Plagas (las más frecuentes en calabaza):

  • Pulgones – pequeños insectos verdes o negros en el envés de las hojas. Provocan el enrollamiento de las hojas y secretan una melaza pegajosa sobre la que se desarrolla el hongo negrilla. Si son numerosos, tratar con solución jabonosa o insecticidas.
  • Araña roja – aparece una fina telaraña en el envés de las hojas; las hojas se vuelven amarillas y se secan. Es especialmente activa en tiempo seco y caluroso.
  • Pulgón del melón y otras plagas – véase la sección sobre enfermedades en las fuentes (Mondal et al., 2020; Kotov & Adritskaya, 2016).

Frecuencia: inspeccione las plantas al menos una vez por semana, y durante el período de crecimiento activo de los frutos (julio-agosto), dos veces por semana. El mejor momento para la inspección es por la mañana, cuando las plantas aún no han decaído por el calor, o por la tarde, cuando el calor del día ha disminuido.

Cómo interpretar las observaciones y tomar decisiones

La inspección sistemática es solo la mitad del trabajo. Es importante interpretar correctamente lo observado y tomar la decisión adecuada. He aquí algunas pautas:

Lo que observa Posible causa Acción
El crecimiento de los frutos se ha ralentizado Falta de humedad, nutrientes o demasiados cuajados Riego, fertilización, eliminación de cuajados sobrantes
Las hojas inferiores amarillean Envejecimiento natural o deficiencia de nitrógeno Fertilización con nitrógeno (si no es vejez)
Hojas jóvenes pálidas Deficiencia de magnesio o hierro Fertilización foliar con microelementos
Revestimiento blanco en las hojas Oidio Eliminar hojas muy afectadas, pulverizar con azufre
Manchas marrones en los frutos Antracnosis o bacteriosis Eliminar frutos afectados, tratar con productos a base de cobre
Muchos nuevos cuajados después de la regulación La planta intenta sobrecargarse Eliminar todos los nuevos cuajados

Llevar registros: por qué y qué registrar

Los registros regulares le ayudarán a:

  • Seguir la dinámica del crecimiento y el desarrollo.
  • Comparar los resultados de diferentes variedades o parcelas.
  • Detectar patrones (por ejemplo, que los frutos crecen mejor con riego cada 5 días en lugar de cada 3).
  • Recordar cuándo y qué medidas tomó, para no repetir errores.

Qué registrar: fecha, fase de crecimiento (emergencia, floración, inicio del crecimiento de los frutos, maduración), tamaño del fruto más grande, cualquier desviación (amarillamiento de las hojas, aparición de manchas, sequía, lluvias), medidas realizadas (riego, fertilización, pulverización, eliminación de cuajados). Con 5–10 líneas por semana es suficiente – le será de gran ayuda en la próxima temporada.

En resumen: el monitoreo regular no es una obligación gravosa, sino una herramienta simple pero poderosa que permite gestionar el proceso de crecimiento. La inspección semanal de brotes, hojas, cuajados y frutos le brinda la capacidad de reaccionar a tiempo ante cualquier cambio. La combinación de atención y registros sencillos le ayudará a comprender mejor su calabaza y a obtener cosechas estables año tras año.

En el próximo y último capítulo analizaremos los errores típicos que cometen los horticultores en el cuidado de la calabaza y daremos consejos para evitarlos.

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7. Errores típicos

Incluso los horticultores experimentados cometen a veces errores al cultivar calabazas. Afortunadamente, la mayoría de ellos son fáciles de prevenir si se comprende cómo funciona la planta. En este capítulo analizaremos los fallos más comunes – desde la elección de la variedad hasta la cosecha – y mostraremos cómo evitarlos.

Error 1: No regular la carga en variedades de fruto grande

En qué consiste el error: el horticultor deja todos los cuajados que se han formado, creyendo que “la naturaleza sabe más”. En lugar de 1–2 calabazas gigantes, obtiene 5–7 pequeñas, que además no maduran antes de las heladas.

Por qué juega en contra del horticultor: las calabazas de fruto grande (Cucurbita maxima) están genéticamente programadas para producir un número reducido de frutos muy grandes. Su aparato foliar y su sistema radicular están diseñados para “mantener” 1–3 frutos a la vez. Si hay más cuajados, la planta distribuye los recursos entre ellos y ninguno alcanza su tamaño potencial (Lebedeva, 1987; Kotov & Adritskaya, 2016). Además, en condiciones de verano corto, los frutos adicionales simplemente no tienen tiempo de madurar.

Cómo hacerlo bien: para las variedades de fruto grande, deje no más de 1–2 frutos por planta; para las de fruto mediano, 2–3; para las de fruto pequeño, 3–5 (véase el Capítulo 4 para más detalles). Elimine todos los cuajados sobrantes en cuanto alcancen un tamaño de 5–7 cm.

Error 2: Despunte excesivo o demasiado tardío

En qué consiste el error: el horticultor no despunta los tallos en absoluto (especialmente en las variedades de tallo largo), o los despunta demasiado tarde – a finales de agosto, cuando los frutos ya no tienen tiempo de engordar, o, por el contrario, elimina demasiadas hojas, dejando los frutos al descubierto.

Por qué es perjudicial: sin despunte, la planta gasta energía en un crecimiento interminable de los brotes. Con un despunte demasiado tardío, los recursos ya no pueden redirigirse a los frutos – el crecimiento vegetativo continúa en detrimento del engorde. Y una eliminación excesiva de hojas (especialmente alrededor de los frutos) priva a los frutos de nutrición – son las hojas las que producen los asimilados necesarios para el crecimiento (Swiader & Ware, 1992; Wehner et al., 2020).

Cómo hacerlo bien: despunte el tallo principal cuando alcance 1,5–2 m (normalmente a finales de julio – principios de agosto, según la región). Deje 4–5 hojas bien desarrolladas por encima del último fruto. Despunte los tallos laterales por encima de la 5ª–6ª hoja después del cuajado. No elimine todas las hojas alrededor de los frutos – son necesarias para su nutrición y protección solar.

Error 3: Ignorar el acolchado

En qué consiste el error: el horticultor no utiliza acolchado, pensando que con escardas y laboreos es suficiente. Como resultado, el suelo se seca, se sobrecalienta, las malas hierbas invaden rápidamente el espacio y los frutos reposan sobre tierra desnuda, con riesgo de pudrirse.

Por qué es importante: el acolchado para la calabaza no es solo un “adorno”. Resuelve tres tareas clave: conserva la humedad del suelo (crítica durante el engorde de los frutos), suprime el crecimiento de malas hierbas en el período crítico en que las plantas aún no han cubierto el suelo y actúa como barrera entre los frutos y la tierra húmeda (Walters, 2016; Mondal et al., 2020). Sin acolchado, dedicará más tiempo al riego y la escarda, y el riesgo de pérdidas por podredumbre aumenta considerablemente.

Cómo hacerlo bien: utilice film de polietileno negro (en climas frescos) o una capa gruesa de acolchado orgánico (paja, heno, hierba seca, compost) de 5–10 cm de espesor. Coloque el acolchado después de que las plantas se hayan fortalecido, pero antes del cierre de los tallos. Bajo los frutos, coloque siempre un soporte adicional (tabla, pizarra).

Error 4: Cultivar los frutos directamente sobre el suelo húmedo

En qué consiste el error: el horticultor permite que los frutos reposen directamente sobre el suelo, sin soportes. Esta es una de las causas más frecuentes de pérdida de cosecha durante el almacenamiento.

Por qué es peligroso: el contacto con el suelo húmedo y frío crea las condiciones ideales para el desarrollo de hongos y bacterias causantes de podredumbres, que penetran a través de microgrietas en la piel. Aunque el fruto parezca sano externamente, la zona afectada puede manifestarse solo semanas después del almacenamiento, cuando la podredumbre se ha extendido por todo el fruto (Lebedeva, 1987; Pantyeliev, 1986).

Cómo hacerlo bien: bajo cada fruto (en cuanto comience a tocar el suelo), coloque un material duro y no absorbente – una tabla, un trozo de madera contrachapada, pizarra, plástico, una piedra grande. Los frutos sobre acolchado también necesitan soportes, especialmente en períodos lluviosos.

Error 5: Eliminar los cuajados sobrantes demasiado tarde

En qué consiste el error: el horticultor retrasa la regulación hasta que los frutos alcanzan el tamaño de un puño o más. En ese momento, la eliminación de cuajados ya es poco eficaz – los recursos ya se han gastado y los frutos restantes no obtendrán el crecimiento que podrían haber tenido.

Por qué es ineficaz: los asimilados que la planta destinó al desarrollo del cuajado en las primeras 1–2 semanas no se pueden recuperar. Al eliminar un cuajado en una fase tardía, no se compensan esas pérdidas – los frutos restantes pueden incluso ralentizar su crecimiento debido al estrés de perder a sus “vecinos”. El momento óptimo para la regulación es cuando los cuajados alcanzan 5–7 cm de diámetro (Wehner et al., 2020; Swiader & Ware, 1992).

Cómo hacerlo bien: no retrase la regulación. Realice la selección primaria cuando los cuajados sean claramente visibles (del tamaño de un huevo de gallina). Elimine todos los cuajados sobrantes, torcidos, dañados y débiles. Luego, 2–3 semanas después, haga la regulación final, dejando solo 1–3 frutos más fuertes.

Error 6: Sobrealimentación con nitrógeno en detrimento del potasio y el fósforo

En qué consiste el error: el horticultor aplica mucha materia orgánica o fertilizantes nitrogenados, pensando que “cuanto más, mejor”. Como resultado, las plantas producen abundante follaje, pero se cuajan pocos frutos, crecen lentamente y el sabor deja mucho que desear.

Por qué es perjudicial: el exceso de nitrógeno estimula el crecimiento vegetativo (hojas, tallos) en detrimento del generativo (flores, frutos). Además, las plantas sobrealimentadas con nitrógeno son menos resistentes a las enfermedades y los frutos se conservan peor. La calabaza, especialmente durante el engorde de los frutos, requiere dosis elevadas de potasio (para la calidad y el dulzor) y fósforo (para el sistema radicular y la maduración) (Swiader & Ware, 1992; Autko et al., 2012). El nitrógeno se necesita principalmente en la primera mitad del ciclo vegetativo.

Cómo hacerlo bien: mantenga una nutrición equilibrada. Al comienzo del crecimiento (antes de la floración) es aceptable una alimentación nitrogenada moderada. A partir del cuajado de los frutos, centre la atención en los fertilizantes potásicos y fosforados. Si utiliza materia orgánica (estiércol, compost), aplíquela en otoño o primavera en cantidades moderadas, sin excederse. Dosis orientativas durante la fructificación: potasio – 1,5–2 veces más que nitrógeno.

Error 7: Elegir una variedad inadecuada para su clima

En qué consiste el error: el horticultor elige la variedad únicamente por la imagen o la descripción (“la más grande”), sin considerar la duración del ciclo vegetativo ni las condiciones de su región. Como resultado, incluso con un cuidado excelente, los frutos no maduran.

Por qué es crítico: los plazos de maduración de las distintas variedades de calabaza oscilan entre 70 y 130 días o más (Autko et al., 2012; Wehner et al., 2020). En regiones con verano corto (por ejemplo, el centro de Rusia, el noroeste), las variedades tardías (120+ días) simplemente no tienen tiempo para producir una cosecha completa. Incluso con el cultivo a través de plántulas, una diferencia de 15–20 días puede ser decisiva.

Cómo hacerlo bien: estudie detenidamente las características de la variedad. Para regiones con verano corto y fresco, elija variedades precoces (70–90 días) y medio‑precoces (90–110 días). Para regiones del sur con una larga estación cálida, se pueden cultivar variedades más tardías. Tenga en cuenta también que las calabazas moscadas (Cucurbita moschata) son más exigentes en calor y duración de la estación que las de corteza dura (C. pepo).

Error 8: Riego irregular – a veces sequía, a veces encharcamiento

En qué consiste el error: el horticultor riega las calabazas de forma esporádica, a veces provocando un “diluvio” y a veces olvidándose de regar durante una semana. La calabaza no tolera las fluctuaciones bruscas de humedad.

Por qué es perjudicial: el riego desigual provoca grietas en los frutos (la piel se agrieta con la entrada brusca de agua después de la sequía), el desarrollo de podredumbres radiculares (en suelo frío y húmedo) y un sabor amargo en algunas variedades. Además, las fluctuaciones de humedad debilitan la planta y la hacen más vulnerable a las enfermedades (Wehner et al., 2020; Pantyeliev, 1986).

Cómo hacerlo bien: riegue las calabazas con regularidad, especialmente durante la floración y el engorde de los frutos. El régimen óptimo es 1–2 veces por semana, pero con abundancia, para que el agua empape la capa radicular hasta una profundidad de 30–40 cm. En tiempo caluroso, riegue con más frecuencia; en tiempo lluvioso, reduzca. Utilice riego por goteo o riego en surcos, evitando mojar las hojas y los frutos.

Error 9: Ignorar la polinización

En qué consiste el error: el horticultor no presta atención a la actividad de las abejas y otros polinizadores, y simplemente espera que todas las flores se polinicen solas. Como resultado, los cuajados se vuelven amarillos y caen sin empezar a crecer.

Por qué ocurre: la calabaza es una planta de polinización cruzada con flores unisexuales (flores masculinas y femeninas en la misma planta). Para que se forme el fruto, el polen de la flor masculina debe llegar al estigma de la flor femenina. Si hay pocas abejas (clima frío, lluvioso) o si se han utilizado insecticidas que matan a los insectos, la polinización puede no producirse (Swiader & Ware, 1992; Kotov & Adritskaya, 2016).

Cómo hacerlo bien: atraiga abejas a su parcela – plante plantas melíferas, no use plaguicidas durante la floración. Si hay pocas abejas, realice la polinización manual: por la mañana (antes de las 10–11 a.m.), tome una flor masculina (sin abultamiento en la base), retire los pétalos y toque las anteras contra el estigma de una flor femenina (con un pequeño fruto en la base). Repita con 2–3 flores masculinas diferentes para mayor seguridad. También puede usar un pincel suave para transferir el polen.

Error 10: Cosecha demasiado temprana o demasiado tardía

En qué consiste el error: el horticultor recolecta las calabazas antes de tiempo (cuando aún no han desarrollado el color y la dureza) o demasiado tarde (después de las primeras heladas).

Por qué es peligroso: los frutos inmaduros se conservan mal, pierden rápidamente turgencia y pueden pudrirse. Los frutos que han sufrido heladas también pierden capacidad de almacenamiento, y su pulpa se vuelve acuosa y sin sabor. Las calabazas heladas en la planta no son aptas para el almacenamiento prolongado (Pantyeliev, 1986; Lebedeva, 1987).

Cómo hacerlo bien: recoja las calabazas antes de que se produzcan heladas persistentes. Signos de madurez: el pedúnculo se vuelve seco y corchoso, la piel adquiere el color característico de la variedad y dureza (no se hunde al presionar con la uña), y al golpear suena a hueco. Almacene las calabazas a 8–12 °C en un lugar seco y ventilado.

En resumen: la mayoría de los errores en el cultivo de la calabaza están relacionados con una mala comprensión de la biología del cultivo (sobrealimentación, falta de regulación, despunte tardío) o con la falta de atención a los detalles (contacto de los frutos con el suelo, riego irregular, ignorar la polinización). La atención cuidadosa a la planta, las inspecciones regulares y el ajuste de los cuidados son lo que permite evitar estos problemas y obtener cosechas estables y de calidad incluso en condiciones climáticas difíciles.

Referencias

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