Nutrición

Actualizado: 11 Julio 2026 Русский English

1. Por qué la calabaza es una planta "voraz" y requiere mucha nutrición

La calabaza no es solo una hortaliza grande; es un verdadero campeón en el consumo de nutrientes entre los cultivos de huerta. Para cultivar una planta sana y obtener frutos que te deleiten por su tamaño, sabor y larga conservación, es necesario comprender sus necesidades particulares. En este capítulo analizaremos por qué se llama a la calabaza "voraz" y por qué su alimentación requiere una atención especial.

1.1. Una potente fábrica verde: enorme superficie foliar

La calabaza es una planta trepadora que, en una temporada corta, crea una enorme masa verde. Las hojas de la calabaza son grandes, numerosas y su superficie total puede alcanzar decenas de metros cuadrados por planta. Esta "fábrica" verde trabaja sin descanso, produciendo sustancias orgánicas a partir de dióxido de carbono y agua mediante la energía solar (fotosíntesis). Cuantas más hojas, más azúcares y almidón puede producir la planta para el crecimiento de tallos, hojas y, sobre todo, para el llenado de los frutos (Tarakanov y Mukhin, 2003).

Para construir una superficie foliar tan potente y mantener su funcionamiento eficiente se requiere una enorme cantidad de "material de construcción": nitrógeno (para proteínas y clorofila) y potasio (para regular el equilibrio hídrico y el transporte de nutrientes). Sin una nutrición adecuada, las hojas serán pequeñas, pálidas y la fotosíntesis se ralentizará, lo que limitará considerablemente el tamaño y la calidad de la futura cosecha.

1.2. Temporada larga: maratón, no sprint

El período vegetativo de la mayoría de las variedades de calabaza dura de 80 a 130 días o más, especialmente en las variedades de fruto grande y moscatel (Kotov et al., 2016). Esto significa que la planta no solo acumula masa rápidamente, sino que debe mantener un alto ritmo de crecimiento y fructificación durante varios meses. A diferencia del rábano o la lechuga, que "disparan" rápidamente y desaparecen, la calabaza trabaja como un corredor de fondo. Necesita un flujo constante y equilibrado de todos los nutrientes a lo largo de este largo camino. Una deficiencia puntual de algún elemento al principio o a mitad de la temporada puede afectar negativamente al resultado final, y será imposible recuperar el tiempo perdido.

1.3. Formación de frutos gigantes como almacenes

Los frutos de la calabaza son verdaderos "depósitos" naturales. Pueden pesar desde unos pocos kilogramos hasta varios quintales. La mayor parte de la materia seca del fruto son carbohidratos (azúcares, almidón, fibra), para cuya síntesis la planta necesita potasio, que desempeña un papel clave en el transporte de azúcares desde las hojas hasta el fruto. Los frutos también contienen proteínas y, lo que es importante para su larga conservación, calcio, que fortalece las paredes celulares y hace que la cáscara del fruto sea más densa.

Para producir 1 tonelada de frutos de calabaza, la planta extrae del suelo una cantidad significativa de nutrientes. Según algunas fuentes, la calabaza se caracteriza por una alta extracción de potasio, fósforo y nitrógeno (Autko et al., 2012; Kotov et al., 2016). Esto significa que el suelo se agota y, sin un reabastecimiento regular, es imposible obtener altos rendimientos.

1.4. Acumulación de sustancias de reserva para el futuro

A diferencia del pepino o el calabacín, que se consumen inmaduros, la calabaza se recolecta en su fase de madurez biológica plena. En ese momento, todos los nutrientes de las hojas y tallos fluyen hacia el fruto, donde se depositan en forma de carbohidratos de reserva (azúcares, almidón) y proteínas. Este proceso requiere que, al final de la temporada, el suelo aún contenga nutrientes, especialmente potasio y fósforo. Son ellos los que garantizan el "llenado" de calidad del fruto y su capacidad de conservarse durante mucho tiempo sin perder sabor ni aspecto comercial.

Resumen breve del capítulo:

La calabaza requiere mucha nutrición debido a:

1. Enorme superficie foliar, que debe construirse y mantenerse.

2. Largo período vegetativo, durante el cual se deben suministrar nutrientes constantemente.

3. Formación de frutos grandes, que requieren enormes cantidades de carbohidratos y minerales.

4. Acumulación de sustancias de reserva, que aseguran la calidad y la conservación de los frutos.

Comprender estas particularidades es el primer paso para desarrollar una estrategia de nutrición adecuada. En los siguientes capítulos analizaremos en detalle qué elementos son importantes para la calabaza y cómo aplicarlos correctamente en las diferentes fases de crecimiento.

2. Qué elementos son especialmente importantes: guía del "menú" para la calabaza

Comprender de qué es responsable cada nutriente te ayudará a no fertilizar "a ojo", sino a elaborar un plan de abonado consciente. En este capítulo analizaremos en detalle los macronutrientes que la calabaza consume en mayores cantidades. Cada uno de ellos cumple un papel insustituible.

2.1. Nitrógeno (N) – el "motor" del crecimiento

Función: El nitrógeno es el principal elemento estructural de las proteínas, aminoácidos, enzimas y clorofila (el pigmento responsable del color verde y la fotosíntesis). En realidad, el nitrógeno es responsable del crecimiento de toda la masa verde: tallos, hojas y guías (Mondal et al., 2020).

Cómo reconocer la deficiencia: La falta de nitrógeno es uno de los problemas más comunes. El primer signo es el amarilleo general (clorosis) de las hojas, comenzando por las hojas viejas y bajeras. Esto ocurre porque la planta "transloca" nitrógeno de las hojas viejas a los brotes jóvenes. La planta se ve débil, los tallos son delgados, el crecimiento se ralentiza y los frutos son pequeños y escasos (Mondal et al., 2020).

Qué debe saber el horticultor: El nitrógeno es vital en las etapas iniciales, cuando la calabaza está desarrollando su aparato foliar. Sin embargo, el exceso de nitrógeno es tan peligroso como su deficiencia. El exceso de nitrógeno provoca "lujo vegetativo": la planta gasta toda su energía en el crecimiento de las hojas en detrimento de la floración y la fructificación; los frutos cuajan tarde, se conservan mal y se vuelven más susceptibles a enfermedades (Kasynkina y Kudin, 2018). Es importante recordar que los abonos nitrogenados son especialmente eficaces en la primera mitad del ciclo vegetativo.

2.2. Fósforo (P) – "energía" y semillas sanas

Función: El fósforo forma parte del ADN, ARN y ATP – la principal molécula energética de las plantas. Participa en los procesos de fotosíntesis, respiración y transferencia de energía. El fósforo es especialmente importante para el enraizamiento, la floración y la maduración de las semillas.

Cómo reconocer la deficiencia: Con falta de fósforo, las plantas se desarrollan mal, especialmente el sistema radicular. Los tallos y pecíolos pueden adquirir un tono violeta o verde azulado. Las hojas se vuelven pequeñas y de color verde oscuro. La floración se retrasa y cuajan pocos frutos (Welbaum, 2015).

Qué debe saber el horticultor: El fósforo es absorbido por las plantas con bastante lentitud y su movilidad en el suelo es baja. Por lo tanto, es mejor aplicarlo durante la preparación del suelo (abonado de fondo) y en los surcos al sembrar/trasplantar. El período crítico de consumo de fósforo es desde el inicio de la floración hasta la maduración de los frutos (Kotov et al., 2016).

2.3. Potasio (K) – la "calidad" de la cosecha

Función: El potasio es uno de los elementos más importantes para la calabaza. No forma parte de moléculas orgánicas, pero regula casi todos los procesos vitales: apertura y cierre de estomas (régimen hídrico), activación de enzimas, transporte de azúcares desde las hojas a los frutos y fortalecimiento de las paredes celulares.

Cómo reconocer la deficiencia: El potasio es un elemento "móvil", por lo que los signos de su deficiencia aparecen en las hojas viejas y bajeras. Los bordes de las hojas se amarillean, luego se vuelven marrones y mueren – esto se llama "quemadura marginal". Las hojas pueden curvarse hacia abajo. Los frutos se vuelven más pequeños, menos dulces y se conservan peor (Mondal et al., 2020; Pessarakli, 2016).

Qué debe saber el horticultor: El potasio es el elemento de la calidad. Si quieres obtener una calabaza dulce, aromática, con una cáscara firme que se conserve bien durante todo el invierno, el potasio debe ser prioritario, especialmente en la segunda mitad del ciclo vegetativo. Estimula el llenado de los frutos y aumenta la resistencia de las plantas a enfermedades y sequía (Wehner et al., 2020). El potasio es necesario en todas las etapas de crecimiento, pero su consumo aumenta bruscamente durante la formación y el crecimiento de los frutos.

2.4. Calcio (Ca) – el "constructor" de células

Función: El calcio es el principal "cemento" que une las paredes celulares. Es necesario para el crecimiento normal de raíces y tallos y, lo que es especialmente importante para la calabaza, para formar una cáscara densa y resistente. El calcio también desempeña un papel importante en la transmisión de señales dentro de la planta.

Cómo reconocer la deficiencia: La falta de calcio se manifiesta en los tejidos jóvenes en activo crecimiento (yemas apicales y hojas jóvenes). Las hojas jóvenes pueden estar deformadas, con bordes enrollados. El signo más característico en la calabaza es la podredumbre apical del fruto (blossom‑end rot). Este es un trastorno fisiológico en el que el extremo del fruto (el que fue la flor) se oscurece, se vuelve acuoso y luego se pudre (Mondal et al., 2020).

Qué debe saber el horticultor: El calcio se absorbe junto con el agua a través de las raíces. Se mueve mal dentro de la planta, por lo que es importante que se suministre de forma continua, especialmente durante el crecimiento activo de los frutos. Las fluctuaciones frecuentes y bruscas de la humedad del suelo dificultan su absorción (Tarakanov y Mukhin, 2003). Para prevenir la podredumbre apical, es importante mantener un riego uniforme y aplicar calcio al suelo (por ejemplo, en forma de harina de dolomita o yeso).

2.5. Magnesio (Mg) – el "corazón" de la clorofila

Función: El magnesio es el átomo central de la molécula de clorofila, sin el cual la fotosíntesis es imposible. También activa muchas enzimas que participan en el metabolismo de carbohidratos y proteínas.

Cómo reconocer la deficiencia: Los signos de deficiencia de magnesio son muy característicos: clorosis intervenal en hojas viejas. Las nervaduras permanecen verdes, mientras que los tejidos entre ellas se amarillean, enrojecen o adquieren un tono bronceado. Esto ocurre porque el magnesio, al igual que el nitrógeno, es móvil y se traslada de las hojas viejas a las jóvenes.

Qué debe saber el horticultor: La deficiencia de magnesio se manifiesta a menudo en suelos arenosos ligeros y ácidos, de donde se lava fácilmente. La aplicación de harina de dolomita (fuente de calcio y magnesio) ayuda a prevenir el problema.

2.6. Azufre (S) – el "compañero" del nitrógeno

Función: El azufre forma parte de algunos aminoácidos (cisteína, metionina) y proteínas, así como de varias enzimas. Es importante para la síntesis de clorofila y aceites contenidos en las semillas de calabaza.

Cómo reconocer la deficiencia: Los síntomas de la deficiencia de azufre son similares a los de la falta de nitrógeno: amarilleo general de las hojas. Sin embargo, a diferencia del hambre de nitrógeno, con deficiencia de azufre el amarilleo comienza en las hojas jóvenes superiores, no en las viejas. El crecimiento de la planta también se retrasa.

Qué debe saber el horticultor: La deficiencia de azufre es menos común que la de otros macronutrientes, porque suele llegar al suelo con la lluvia y en muchos fertilizantes complejos. Sin embargo, en suelos pobres en materia orgánica, puede ser notable. Por lo general, el problema se resuelve aplicando sulfato de amonio o sulfato de potasio.

Resumen breve del capítulo:

Para un crecimiento y fructificación completos, la calabaza necesita principalmente:

  • Nitrógeno (N): para un crecimiento vigoroso al inicio de la temporada.
  • Fósforo (P): para el desarrollo de raíces y la calidad de las semillas.
  • Potasio (K): para el sabor, tamaño y conservación de los frutos.
  • Calcio (Ca): para la resistencia de los tejidos y protección contra la podredumbre apical.
  • Magnesio (Mg): para un color verde saludable y la fotosíntesis.
  • Azufre (S): para el metabolismo de proteínas.

Comprender el papel de cada elemento es la clave para elegir los fertilizantes adecuados y elaborar un plan de abonado, que analizaremos en detalle en los siguientes capítulos.

3. Micronutrientes: dosis pequeñas con grandes efectos

En el capítulo anterior hablamos de los macronutrientes, los "pilares" de la nutrición de la calabaza. Sin embargo, además de ellos, la planta necesita micronutrientes. Su consumo se mide en miligramos, pero su papel en la vida de la planta no es menos importante. La deficiencia de un solo micronutriente puede anular todos los esfuerzos de abonado básico y reducir seriamente la cosecha.

Los micronutrientes forman parte de enzimas, vitaminas y otros compuestos biológicamente activos. Regulan procesos clave: respiración, fotosíntesis, absorción de macronutrientes, formación de flores y frutos. La disponibilidad de los micronutrientes para las plantas depende en gran medida de la reacción del pH del suelo. Por ejemplo, en un medio alcalino (pH > 7), el hierro, manganeso, zinc y cobre pasan a formas no disponibles, mientras que el molibdeno, por el contrario, se vuelve más disponible a pH alto (Mondal et al., 2020). Este es un matiz importante a tener en cuenta al diagnosticar.

Veamos los micronutrientes más importantes para la calabaza.

3.1. Boro (B) – el "director" de la floración y el cuajado

Función: El boro es fundamental para los procesos de polinización y fecundación. Estimula el crecimiento de los tubos polínicos, favorece el cuajado de los frutos y reduce la probabilidad de flores estériles. Además, el boro participa en el metabolismo de carbohidratos y proteínas, en la síntesis de paredes celulares y asegura la llegada de calcio a los tejidos jóvenes.

Cómo reconocer la deficiencia: Con falta de boro, el punto de crecimiento muere (la guía principal deja de crecer), los entrenudos se acortan y los brotes se vuelven quebradizos. Las hojas jóvenes se vuelven más pequeñas y deformadas. En los frutos aparecen zonas corchosas y pueden agrietarse (Mondal et al., 2020). La deficiencia de boro es especialmente frecuente en suelos arenosos ligeros en tiempo seco, cuando las raíces no pueden absorberlo.

Qué debe saber el horticultor: El boro es uno de los elementos más móviles en el suelo; se lava fácilmente. Es más eficaz aplicarlo en forma de abonado foliar (sobre las hojas) al inicio de la floración. Esto asegura una rápida llegada del elemento a las flores y ovarios en formación. Para la prevención se utiliza ácido bórico o boratos solubles.

3.2. Hierro (Fe) – la "sangre" de la hoja verde

Función: El hierro participa en la síntesis de clorofila, aunque no forma parte de su molécula. Es necesario para el funcionamiento de enzimas que aseguran la respiración y la fotosíntesis.

Cómo reconocer la deficiencia: La falta de hierro se manifiesta como clorosis intervenal en las hojas jóvenes: las nervaduras permanecen verdes, mientras que el tejido entre ellas se vuelve amarillo pálido o casi blanco. Con deficiencia grave, la clorosis se extiende a las nervaduras y la hoja se decolora por completo (Mondal et al., 2020).

Qué debe saber el horticultor: La deficiencia de hierro es casi siempre un problema de suelos alcalinos o muy encalados (pH > 7). En estas condiciones, el hierro forma compuestos insolubles y no está disponible para las raíces. La situación se corrige con abonado foliar con formas quelatadas de hierro. Los quelatos son compuestos especiales que protegen al micronutriente de su fijación en el suelo y permiten que penetre en la planta a través de la hoja.

3.3. Zinc (Zn) – el "regulador" del crecimiento y desarrollo

Función: El zinc forma parte de muchas enzimas y participa en la síntesis de proteínas, auxinas (hormonas de crecimiento) y clorofila. Es necesario para la formación de ovarios y semillas.

Cómo reconocer la deficiencia: Un signo característico de la falta de zinc es la aparición de pequeñas manchas cloróticas (moteado) en las hojas, comenzando por las viejas. Las hojas se vuelven pequeñas, estrechas y sus bordes pueden enrollarse. La formación de brotes laterales (chupones) en la calabaza se ralentiza. La deficiencia de zinc suele manifestarse en suelos pobres en materia orgánica, muy encalados o arenosos (Mondal et al., 2020).

Qué debe saber el horticultor: El zinc es muy mal absorbido por las plantas en medios alcalinos. A menudo, la deficiencia de zinc va acompañada de falta de fósforo, ya que el exceso de fósforo en el suelo reduce la disponibilidad de zinc. Al igual que el hierro, el zinc se aplica mejor por vía foliar en forma quelatada, especialmente en el período inicial de crecimiento activo.

3.4. Manganeso (Mn) – el "activador" de la fotosíntesis

Función: El manganeso desempeña un papel clave en la fotosíntesis, participa en la reducción de nitratos y activa muchas enzimas. También aumenta la resistencia de las plantas a enfermedades.

Cómo reconocer la deficiencia: Los síntomas son similares a los de la deficiencia de hierro: clorosis intervenal en hojas jóvenes. Sin embargo, a diferencia del hierro, con la falta de manganeso la clorosis se manifiesta como un reticulado más definido: las nervaduras permanecen verde brillante, mientras que el tejido entre ellas se vuelve amarillo‑verdoso. En deficiencia grave pueden aparecer puntos necróticos.

Qué debe saber el horticultor: El manganeso se vuelve no disponible en suelos con pH alto y con falta de materia orgánica. En suelos ácidos turbosos, por el contrario, puede producirse toxicidad. El pH óptimo para la calabaza (6,0–6,8) suele asegurar una buena disponibilidad de manganeso. En caso de deficiencia, son eficaces las aplicaciones foliares de sulfato de manganeso o quelatos (Mondal et al., 2020; Pessarakli, 2016).

3.5. Molibdeno (Mo) – el "compañero" del nitrógeno

Función: El molibdeno forma parte de la enzima nitrato reductasa, que convierte el nitrógeno nítrico en forma amoniacal, disponible para la síntesis de aminoácidos y proteínas. En esencia, sin molibdeno la planta no puede utilizar eficazmente los fertilizantes nitrogenados.

Cómo reconocer la deficiencia: La falta de molibdeno se manifiesta como amarilleo general y necrosis (muerte) de las hojas, comenzando por las viejas, asemejándose al hambre de nitrógeno. Sin embargo, el síntoma clave es el "látigo" (whiptail) en la coliflor y, en el caso de la calabaza, la deformación de los bordes de las hojas jóvenes y el retraso en la floración. También puede verse afectada la formación de polen (Mondal et al., 2020).

Qué debe saber el horticultor: El molibdeno es el único micronutriente cuya disponibilidad aumenta con el pH. La deficiencia se observa con mayor frecuencia en suelos ácidos (pH < 5,5). El encalado de suelos ácidos suele resolver el problema. Para una ayuda rápida se aplican abonados foliares con molibdato de amonio o sodio.

Conclusiones prácticas breves sobre micronutrientes:

  • Aplica micronutrientes de forma preventiva, no solo cuando aparezcan los síntomas, especialmente en fases críticas (floración, crecimiento del fruto).
  • Prefiere los abonados foliares (sobre las hojas): aseguran una rápida entrada del elemento en la planta y evitan las limitaciones relacionadas con el pH del suelo.
  • Utiliza formas quelatadas (para hierro, zinc, manganeso, cobre) – son las más eficaces para la nutrición foliar.
  • Mantén un pH óptimo del suelo (6,0–6,8). Esto no solo mejora la disponibilidad de micronutrientes, sino que también previene muchas deficiencias.

En el siguiente capítulo veremos cómo cambian las necesidades de nutrientes de la calabaza según las fases de crecimiento, lo que te ayudará a elaborar un calendario de abonado preciso.

4. Cómo cambian las necesidades de la planta: calendario nutricional de la calabaza

Las necesidades nutricionales de la calabaza no son estáticas. En las distintas etapas de desarrollo, la planta requiere un conjunto diferente de elementos. Lo que es beneficioso para una plántula joven puede perjudicar a una planta adulta que está cuajando frutos. Comprender estas fases es la clave para elaborar un plan de abonado eficaz y económico. En este capítulo repasaremos el ciclo de vida de la calabaza y analizaremos qué elementos y en qué cantidades necesita en cada etapa.

4.1. Fase 1: Desde la emergencia hasta el inicio de la formación de guías (primeras 3–4 semanas)

Objetivo de la planta: Formar un sistema radicular potente y desarrollar la masa foliar inicial para iniciar la fotosíntesis.

Qué ocurre: En este período, la planta es muy vulnerable. Los cotiledones proporcionan nutrición solo al principio; luego, las raíces deben empezar a trabajar activamente. Las raíces jóvenes aún son débiles y absorben mal las formas complejas de fertilizantes.

En qué nos centramos: En fósforo (P) y nitrógeno (N) en cantidades moderadas. El fósforo estimula el crecimiento de las raíces, lo que es fundamental para el desarrollo posterior. El nitrógeno es necesario para el crecimiento de las primeras hojas verdaderas.

Recomendaciones prácticas:

  • Abonado de fondo al plantar. Al preparar los hoyos o surcos, aplica fertilizante fosforado (por ejemplo, superfosfato) y compost o estiércol bien descompuesto. El compost no solo es fuente de nutrición, sino también de materia orgánica que mejora la estructura del suelo y su régimen de agua y aire (Wehner et al., 2020).
  • Solución de arranque. Se puede regar el hoyo con una solución débil de fertilizante complejo con predominio de fósforo para ayudar a la planta a enraizar más rápido.
  • Evita el exceso de nitrógeno. En esta etapa, una gran cantidad de nitrógeno provocaría un crecimiento excesivo de hojas en detrimento del desarrollo radicular, lo que haría a la planta más susceptible a la sequía y enfermedades.

4.2. Fase 2: Crecimiento activo de guías y hojas (aproximadamente de la semana 4 a la 8)

Objetivo de la planta: Desarrollar lo más rápido posible una enorme "fábrica verde" – hojas y guías. La superficie y la salud de las hojas determinan directamente cuántos carbohidratos podrá producir la planta para los futuros frutos.

Qué ocurre: Esta es la fase de crecimiento vegetativo más intenso. La planta consume enormes cantidades de nitrógeno y potasio. El nitrógeno se destina a la construcción de nuevas células y clorofila, mientras que el potasio asegura el transporte de agua y nutrientes, fortalece los tejidos y ayuda a la planta a soportar el estrés.

En qué nos centramos: En nitrógeno (N) y potasio (K). La relación N:K debe ser aproximadamente 1:1 o incluso ligeramente inclinada hacia el potasio para estimular no solo el crecimiento sino también la futura floración.

Recomendaciones prácticas:

  • Abonado radicular. Es el momento de aplicar abonos activos con estiércol líquido, infusión de ortiga o fertilizantes minerales complejos con alto contenido en nitrógeno y potasio.
  • Regularidad. La planta crece rápido, por lo que es mejor abonar cada 10–14 días.
  • Observación del color. Controla el color de las hojas. Si se vuelven verde claro o empiezan a amarillear desde abajo, es señal de deficiencia de nitrógeno (Mondal et al., 2020). Pero no te excedas para no provocar "lujo vegetativo".

4.3. Fase 3: Floración y cuajado de frutos (aproximadamente de la semana 8 a la 12)

Objetivo de la planta: Pasar del crecimiento "verde" a la formación de órganos generativos – flores y ovarios.

Qué ocurre: Este es un momento crucial. La planta debe redirigir sus recursos del crecimiento de hojas a la floración y formación de frutos. La necesidad de nitrógeno comienza a disminuir, mientras que la necesidad de fósforo y potasio aumenta bruscamente. El fósforo proporciona energía para la floración y la formación de semillas, y el potasio asegura una polinización de calidad y el cuajado (Kotov et al., 2016). También aumenta la necesidad de boro para una polinización exitosa y la prevención de flores estériles (Mondal et al., 2020).

En qué nos centramos: En fósforo (P) y potasio (K). El nitrógeno debe reducirse en este período para no estimular un mayor crecimiento foliar en detrimento de los frutos.

Recomendaciones prácticas:

  • Cambio de fertilizante. Pasa de los fertilizantes nitrogenados a los fertilizantes fosfo‑potásicos (por ejemplo, monofosfato de potasio o fertilizantes especializados para cucurbitáceas).
  • Aplicación foliar de boro. Para apoyar la floración y el cuajado, realiza 1–2 aplicaciones foliares de ácido bórico o quelato de boro con un intervalo de 7–10 días.
  • Riego moderado. El exceso de humedad en esta etapa puede provocar crecimiento de hojas y caída de ovarios.

4.4. Fase 4: Crecimiento y llenado de los frutos (desde el cuajado hasta la maduración)

Objetivo de la planta: Llenar los frutos con azúcares, almidón, vitaminas y minerales, asegurando su tamaño, sabor y conservación.

Qué ocurre: Todas las fuerzas de la planta se dirigen ahora a los frutos. Este es el período que más energía consume. Se requiere un suministro constante y abundante de potasio y calcio. El potasio es el principal elemento de "llenado", responsable del transporte de azúcares desde las hojas a los frutos y de mejorar su sabor. El calcio fortalece las paredes celulares del fruto, haciendo que la cáscara sea densa y resistente a enfermedades durante el almacenamiento (Mondal et al., 2020). La necesidad de nitrógeno es mínima.

En qué nos centramos: En potasio (K) y calcio (Ca). El nitrógeno se elimina prácticamente.

Recomendaciones prácticas:

  • Énfasis en el potasio. Es el momento de aplicar abonos potásicos intensivos. Se puede utilizar sulfato de potasio o ceniza de madera (excelente fuente de potasio y micronutrientes).
  • Apoyo con calcio. La aplicación de calcio (por ejemplo, nitrato de calcio – fuente de calcio y una pequeña cantidad de nitrógeno) en este período ayuda a prevenir la podredumbre apical y mejora la conservación.
  • Excluir el nitrógeno. Cualquier abonado nitrogenado en la fase de llenado provocará frutos "acuosos", menos dulces y con mala conservación, y también puede estimular el crecimiento de chupones (Kasynkina y Kudin, 2018).

4.5. Fase 5: Maduración y preparación para la cosecha

Objetivo de la planta: Completar la formación del fruto, acumular el máximo de nutrientes y prepararse para el reposo.

Qué ocurre: El crecimiento del fruto se ralentiza, comienza el proceso de maduración: flujo de nutrientes desde las hojas y raíces hacia el fruto, endurecimiento de la cáscara, cambio de color. La demanda de nutrientes disminuye drásticamente. La tarea principal ahora es permitir que la planta complete su ciclo.

En qué nos centramos: Mantener los niveles de potasio y calcio. Es importante no estimular un nuevo crecimiento.

Recomendaciones prácticas:

  • Suspender los abonos nitrogenados 3–4 semanas antes de la cosecha prevista.
  • Las últimas aplicaciones de potasio se pueden hacer al inicio de esta fase.
  • Reducir el riego. Esto favorece la acumulación de azúcares y una mejor maduración de la cáscara, lo que prolonga el período de conservación.

Tabla resumen de las fases de nutrición de la calabaza:

Fase de crecimiento Objetivo Elementos principales Práctica
Emergencia – 4 semanas Raíces, primeras hojas Fósforo, poco nitrógeno Aplicar fósforo en el hoyo, evitar exceso de nitrógeno
4–8 semanas (crecimiento de hojas) Masa verde potente Nitrógeno, Potasio Abonado activo con N:K ≈ 1:1
Floración – cuajado Flores, ovarios Fósforo, Potasio, Boro Cambiar a P:K, aplicación foliar de boro
Crecimiento y llenado del fruto Tamaño, sabor, conservación Potasio, Calcio Abonado intensivo de K, calcio. ¡Excluir nitrógeno!
Maduración Maduración, almacenamiento Mantener K, Ca Suspender abonado 3–4 semanas antes de la cosecha

En el próximo capítulo pasaremos a las herramientas prácticas del horticultor y veremos los principales métodos de aplicación de fertilizantes.

5. Principales métodos de aplicación de fertilizantes: cómo llevar la nutrición a la planta

Saber qué elementos necesita la calabaza y en qué fases es solo la mitad del camino. La segunda mitad, igualmente importante, es administrar correctamente estos elementos a las raíces o a las hojas. En este capítulo analizaremos cuatro métodos principales de aplicación de fertilizantes: abonado de fondo (presiembra), abonado radicular, fertirrigación y abonado foliar. Cada método tiene sus propias tareas, ventajas y limitaciones, y comprenderlos te ayudará a elegir la estrategia óptima.

5.1. Abonado de fondo (aplicación previa a la siembra)

Qué es: Aplicación de fertilizantes al suelo antes de la siembra o trasplante, generalmente durante la preparación de los bancales. Es la "base" de la nutrición que debe proporcionar a la planta durante toda la temporada.

Objetivo: Crear una reserva duradera de elementos en el suelo, especialmente de aquellos que se mueven mal en la solución del suelo: fósforo (P) y, en menor medida, potasio (K). También es una forma de mejorar la estructura del suelo y enriquecerlo con materia orgánica.

Qué y cómo aplicar:

  • Abonos orgánicos (humus, compost bien descompuesto, estiércol bien descompuesto). Se aplican a razón de 5–10 kg/m², según la fertilidad del suelo (Autko et al., 2012). La materia orgánica no solo es fuente de nutrientes, sino también mejoradora del suelo: aumenta la capacidad de retención de agua, la porosidad y la actividad de microorganismos beneficiosos. ¡Es importante usar solo materia orgánica bien descompuesta! El estiércol fresco puede quemar las raíces y ser fuente de enfermedades.
  • Fertilizantes fosforados (superfosfato, superfosfato doble, roca fosfórica). El fósforo es poco móvil en el suelo, por lo que debe incorporarse en la zona de futuras raíces – en la parte inferior del hoyo de plantación o en el surco a una profundidad de 15–20 cm (Wehner et al., 2020). Se puede mezclar con un poco de tierra.
  • Fertilizantes potásicos (sulfato de potasio, sulfato de potasio y magnesio, ceniza de madera). El potasio es más móvil que el fósforo, pero también es conveniente aplicarlo antes de plantar, especialmente en suelos ligeros. Es mejor no usar cloruro de potasio, ya que la calabaza es sensible al cloro (Tarakanov y Mukhin, 2003). La ceniza de madera es una excelente fuente de potasio, calcio y micronutrientes.
  • Fertilizantes nitrogenados. No se recomienda aplicarlos como abonado de fondo, especialmente en grandes dosis. El nitrógeno es muy móvil y se lava fácilmente, por lo que es más eficaz aplicarlo como abonado durante el crecimiento activo.

Ventajas: Proporciona nutrición a la planta desde el inicio, mejora el suelo, permite aplicar formas de elementos de difícil acceso (fósforo, materia orgánica).

Desventajas: No es adecuado para la corrección "rápida" de la nutrición, porque los elementos se absorben gradualmente.

5.2. Abonado radicular (líquido y seco)

Qué es: Aplicación de fertilizantes directamente bajo la raíz durante la vegetación activa. Es una forma de "apoyar" a la planta en los períodos de máxima necesidad.

Objetivo: Reabastecer rápidamente las necesidades actuales de nutrientes de la planta, especialmente nitrógeno (N) y potasio (K), que se mueven bien en el suelo y se absorben rápidamente.

Cómo realizarlo:

  • Abonado en seco. Los fertilizantes (por ejemplo, nitrato de amonio, sulfato de potasio) se esparcen uniformemente sobre la superficie del suelo alrededor de la planta, a 20–30 cm del tallo, y luego se incorporan a la capa superficial con un ligero deshierbe o riego. Este método es sencillo, pero su eficacia es menor que la del abonado líquido, porque los fertilizantes deben disolverse primero en el suelo (Kasynkina y Kudin, 2018).
  • Abonado líquido. Es la forma más eficaz de nutrición rápida. Los fertilizantes se disuelven en agua (según las instrucciones) y se riegan bajo la raíz, preferiblemente sobre suelo húmedo para evitar quemaduras radiculares. El agua lleva los nutrientes directamente a las raíces absorbentes. Para el abonado líquido se utilizan fertilizantes complejos, infusiones de estiércol o hierbas (por ejemplo, ortiga).

Ventajas: Efecto rápido, posibilidad de dosificar y ajustar la nutrición según las fases de crecimiento.

Desventajas: Requiere regularidad (cada 1–2 semanas durante el crecimiento activo).

5.3. Fertirrigación (riego con fertilizantes)

Qué es: Aplicación de fertilizantes solubles a través de un sistema de riego por goteo. Es el "más alto nivel" en nutrición vegetal, que permite alimentar a las plantas casi por horas (Wehner et al., 2020).

Objetivo: Proporcionar a la planta una nutrición constante, uniforme y más eficiente durante toda la temporada. Especialmente importante en cultivos sobre suelos arenosos ligeros, donde los nutrientes se lavan rápidamente.

Cómo funciona: Los fertilizantes se inyectan en la tubería principal del sistema de riego por goteo mediante un dosificador (inyector) especial. Junto con el agua, se suministran directamente a la zona radicular de cada planta. Esto permite mantener una concentración óptima de nutrientes en el suelo en todo momento.

Ventajas:

  • Alta eficacia: los nutrientes llegan directamente a las raíces y se absorben casi por completo.
  • Uniformidad: proporciona una nutrición estrictamente dosificada y equilibrada durante toda la temporada.
  • Ahorro de fertilizantes: reduce el consumo porque las pérdidas por lavado y evaporación son mínimas.
  • Ahorro de agua: el agua y los fertilizantes se aplican solo bajo las plantas, lo que reduce el consumo de recursos y previene el crecimiento de malas hierbas en los espacios entre hileras.

Desventajas: Requiere un sistema de riego por goteo, un inyector de fertilizantes y formas de fertilizantes completamente solubles.

5.4. Abonado foliar (sobre las hojas)

Qué es: Pulverizar las hojas con una solución acuosa de fertilizantes (Panteleev, 1986). Es una forma de "primeros auxilios" para la planta o de suministrar micronutrientes que se absorben mal desde el suelo.

Objetivo: Suministrar rápidamente micronutrientes (hierro, zinc, manganeso, boro, molibdeno) o, en caso de estrés, macronutrientes, evitando el sistema radicular.

Cómo funciona: A través de los estomas de las hojas, los nutrientes pueden absorberse e incorporarse al metabolismo en cuestión de horas. Esto es especialmente importante para los micronutrientes, que a menudo no están disponibles debido a un pH inadecuado del suelo (Mondal et al., 2020).

Cuándo y cómo realizarlo:

  • Micronutrientes. Son más eficaces para la prevención y corrección de deficiencias. Por ejemplo, la aplicación de boro al inicio de la floración (para mejorar el cuajado) o de quelato de hierro cuando aparecen signos de clorosis.
  • Macronutrientes. Se usan con menos frecuencia, en casos de emergencia, por ejemplo, con daños graves en las raíces o para reabastecer rápidamente la deficiencia de potasio durante el llenado del fruto.
  • Reglas: La pulverización se realiza en días nublados o temprano por la mañana / al atardecer para evitar quemaduras en las hojas. La solución debe ser de baja concentración (estrictamente según las instrucciones), de lo contrario se pueden quemar las hojas. Los productos con adherentes que mejoran el mojado de la superficie foliar dan buenos resultados.

Ventajas: Efecto rápido, posibilidad de suministrar elementos de difícil acceso, bajo consumo de fertilizantes, compatibilidad con tratamientos fitosanitarios.

Desventajas: No puede sustituir completamente la nutrición radicular, especialmente para macronutrientes; el efecto es de corta duración; requiere respetar la concentración y el momento de aplicación.

Tabla resumen de los métodos de aplicación:

Método Para qué sirve Cuándo aplicarlo
Abonado de fondo Fósforo, materia orgánica, mejora del suelo Antes de la siembra
Abonado radicular Nitrógeno, potasio en fases de crecimiento activo Durante el crecimiento de hojas y llenado de frutos
Fertirrigación Nutrición constante y equilibrada Toda la temporada (si se dispone de sistema de riego)
Abonado foliar Micronutrientes, ayuda de emergencia En fases críticas (floración, signos de deficiencia)

En el siguiente capítulo compararemos dos enfoques para la nutrición de la calabaza – el orgánico y el mineral – y te ayudaremos a elegir la estrategia óptima.

6. Abonos orgánicos y minerales: dos enfoques para la nutrición de la calabaza

Los horticultores a menudo discuten: ¿qué es mejor, lo "natural" orgánico o los fertilizantes minerales "químicos"? En realidad, esta pregunta es incorrecta. Ambos enfoques tienen sus fortalezas y debilidades, y en manos experimentadas se complementan perfectamente. El objetivo de este capítulo es ayudarte a comprender las particularidades de cada método y elegir la estrategia de nutrición óptima para tu calabaza, según tus objetivos, posibilidades y el estado del suelo.

6.1. Abonos orgánicos: nutrición a través del suelo

Qué son: Los abonos orgánicos son materiales de origen natural: humus, compost, estiércol bien descompuesto, abonos verdes, harina de huesos, ceniza de madera, así como infusiones líquidas (estiércol líquido, infusión de hierbas). No solo suministran nutrientes a la planta, sino que también sirven de alimento a los microorganismos del suelo.

Ventajas:

1. Mejoran la estructura del suelo. La materia orgánica es una "esponja" que afloja los suelos arcillosos pesados, haciéndolos más permeables al aire, y cohesiona los suelos arenosos ligeros, aumentando su capacidad de retención de agua (Wehner et al., 2020). Esto es especialmente importante para la calabaza, que prefiere suelos sueltos y bien aireados.

2. Son una fuente de nutrición a largo plazo. Los elementos de la materia orgánica se liberan gradualmente, durante la mineralización, por acción de los microorganismos. Esto significa que la planta recibe nutrición "a demanda" durante toda la temporada, y el riesgo de "sobredosis" es mínimo (Tarakanov y Mukhin, 2003).

3. Aumentan la capacidad tampón del suelo. La materia orgánica suaviza las fluctuaciones del pH, haciendo que el suelo sea más resistente a la acidificación o alcalinización. Esto es importante para la disponibilidad de micronutrientes.

4. Activan la microflora beneficiosa. El compost y el humus son el hogar de miles de millones de bacterias y hongos beneficiosos que transforman la materia orgánica en formas asimilables por las plantas, suprimen patógenos e incluso liberan estimulantes naturales del crecimiento.

Desventajas:

1. Baja concentración y composición incierta. A diferencia de los fertilizantes minerales, el contenido de NPK en el estiércol o compost varía mucho y depende de la materia prima y las condiciones de almacenamiento. Es difícil calcular con precisión cuánto de cada elemento recibirá la planta (Kasynkina y Kudin, 2018).

2. Acción lenta. En climas fríos o en suelos pobres, los microorganismos trabajan lentamente y la planta puede sufrir deficiencias en momentos críticos (por ejemplo, al inicio del crecimiento o en la floración).

3. Riesgo de contaminación. El estiércol fresco puede contener semillas de malas hierbas, huevos de helmintos y microflora patógena. ¡El estiércol fresco está totalmente desaconsejado para la calabaza! Solo debe aplicarse bien descompuesto (humus) o en otoño en una parcela que se sembrará con calabaza la temporada siguiente (Mondal et al., 2020; Pessarakli, 2016).

Consejo práctico: La materia orgánica es la base de un suelo sano. Aplícala bajo la labranza en otoño o primavera a razón de 5–10 kg/m² (humus o compost) como abonado de fondo.

6.2. Abonos minerales: ataque de precisión

Qué son: Son compuestos creados artificialmente o extraídos de minerales, que contienen elementos en forma concentrada y fácilmente asimilable. Son los fertilizantes nitrogenados (urea, nitrato de amonio), fosforados (superfosfato), potásicos (sulfato de potasio, sulfato de potasio y magnesio), así como mezclas complejas (nitroamofoska, aquarin, crystallon).

Ventajas:

1. Alta concentración y dosificación exacta. Sabes exactamente cuánto y de qué elemento estás aplicando. Esto permite corregir "quirúrgicamente" la nutrición en las distintas fases de crecimiento (Welbaum, 2015). Por ejemplo, dar más nitrógeno al inicio del crecimiento y más potasio durante el llenado del fruto.

2. Acción rápida. La mayoría de los fertilizantes minerales se disuelven en agua y están disponibles para las raíces el mismo día de la aplicación. Es una forma ideal para "primeros auxilios" o para apoyar a una planta en crecimiento intensivo.

3. Facilidad de uso. Los fertilizantes minerales se presentan en gránulos, polvos o concentrados líquidos, cómodos para almacenar, transportar y aplicar (incluso mediante fertirrigación).

4. Alta eficacia. Con una aplicación correcta, el coeficiente de aprovechamiento de los nutrientes es mayor que con los orgánicos.

Desventajas:

1. No mejoran la estructura del suelo. Los fertilizantes minerales son solo "comida". No afectan a la porosidad, capacidad de retención de agua ni actividad biológica del suelo. Además, el uso prolongado de sales minerales solas puede deteriorar su estructura y provocar salinización (Pessarakli, 2016).

2. Riesgo de "sobrealimentación". Debido a la alta concentración, es fácil exceder la dosis. El exceso de nitrógeno provoca lujo vegetativo y mala fructificación; el exceso de potasio puede interferir en la absorción de magnesio, y el exceso de fósforo en la de zinc. ¡Respeta estrictamente las instrucciones!

3. Acidificación o salinización del suelo. Algunos fertilizantes (por ejemplo, nitrato de amonio, sulfato de amonio) acidifican el suelo. Otros pueden dejar iones residuales nocivos (por ejemplo, cloro en el cloruro de potasio, que la calabaza no tolera).

4. Lavado rápido. Los fertilizantes nitrogenados (especialmente las formas nítricas) son muy móviles en el suelo y pueden ser arrastrados por la lluvia a capas profundas, quedando fuera del alcance de las raíces. El potasio también puede lavarse en suelos ligeros.

Consejo práctico: Utiliza los fertilizantes minerales como herramienta de "ajuste fino" y apoyo rápido. Prefiere las formas sin cloro (sulfato de potasio en lugar de cloruro de potasio) y aplícalos estrictamente según las fases de crecimiento.

6.3. El término medio: enfoque integrado

Para la mayoría de los horticultores y agricultores, la estrategia más eficaz y segura es la combinación de abonos orgánicos y minerales. Esto permite aprovechar los puntos fuertes de cada método y mitigar sus desventajas.

1. En otoño o primavera, durante la preparación del suelo, se aplica materia orgánica (humus, compost). Es la "base" – mejora la estructura, crea un sistema tampón y proporciona nutrición a largo plazo.

2. Al plantar, se añade al hoyo un fertilizante fosforado (por ejemplo, harina de huesos o superfosfato) para estimular el crecimiento radicular (Autko et al., 2012).

3. Durante el crecimiento activo, se utilizan abonos minerales de acción rápida o infusiones de hierbas para "empujar" a la planta cuando más lo necesita.

4. En la fase de floración y llenado del fruto, se aplican fertilizantes potásicos y fosforados y, si es necesario, abonos foliares con micronutrientes.

5. Regularmente, cada 2–3 años, se evalúa el estado del suelo (al menos visualmente y por el rendimiento) para ajustar la estrategia.

Tabla comparativa:

Característica Abonos orgánicos Abonos minerales
Velocidad de acción Lenta, prolongada Rápida, precisa
Concentración Baja Alta
Dosificación Aproximada Exacta
Efecto sobre el suelo Mejora la estructura y microbiota No mejora, puede empeorar
Función principal Base de nutrición, mejora del suelo "Primeros auxilios", corrección precisa
Riesgo de error Bajo Alto (sobredosis)

Conclusión práctica: No busques una única respuesta "correcta". El mejor resultado se obtiene con una combinación razonable. Utiliza la materia orgánica como base para crear un suelo sano, y los abonos minerales como herramienta para satisfacer las crecientes necesidades de la calabaza en cada etapa de su desarrollo. En el próximo capítulo veremos los errores típicos que se deben evitar al alimentar la calabaza.

7. Errores típicos: cómo no perjudicar a la calabaza con tu alimentación

Ya sabes qué y cuándo aplicar para cultivar una calabaza sana y productiva. Sin embargo, incluso con el mejor conocimiento teórico, es fácil cometer un error en la práctica. En este capítulo analizaremos los errores de cálculo más frecuentes de los horticultores al organizar la nutrición de la calabaza. Comprender estas "trampas" te ayudará a evitar decepciones y obtener exactamente el resultado que esperas.

7.1. Exceso de nitrógeno: "lujo vegetativo" en detrimento de los frutos

Cuál es el error: Aplicar demasiado fertilizante nitrogenado, especialmente en la segunda mitad del ciclo vegetativo, o utilizar estiércol fresco.

Por qué es malo: El nitrógeno estimula el crecimiento de la masa verde. Cuando hay demasiado, la planta "lujuria": produce una gran cantidad de hojas grandes de color verde oscuro, guías vigorosas, pero retrasa notablemente la floración y la fructificación. Todos los recursos se destinan al crecimiento vegetativo. Los frutos, si llegan a cuajar, crecen pequeños, acumulan poco azúcar, se vuelven "acuosos" y se conservan mal. Además, las plantas sobrealimentadas con nitrógeno son más susceptibles a enfermedades fúngicas como el oídio (Mondal et al., 2020; Kasynkina y Kudin, 2018).

Cómo evitarlo: Aplica nitrógeno solo en la primera mitad del ciclo vegetativo, cuando la planta está desarrollando su aparato foliar. Utiliza fertilizantes complejos donde el nitrógeno esté equilibrado con potasio y fósforo (por ejemplo, nitroamofoska). En la segunda mitad de la temporada, elimina por completo los abonos nitrogenados y pasa a los fosfo‑potásicos. Nunca uses estiércol fresco, solo bien descompuesto (humus) o compost (Pessarakli, 2016).

7.2. Deficiencia de potasio: el sabor dulce se queda en sueños

Cuál es el error: Ignorar los fertilizantes potásicos, especialmente durante la formación y el crecimiento de los frutos.

Por qué es malo: El potasio es el principal elemento responsable de la calidad de la cosecha. Es el potasio el que asegura el transporte de azúcares desde las hojas hasta los frutos. Sin potasio no obtendrás calabaza dulce y aromática. Los frutos serán más pequeños, la cáscara más fina y la capacidad de conservación mucho menor. Los signos de deficiencia de potasio (quemadura marginal en hojas viejas) son una señal de que la planta ya está hambrienta (Mondal et al., 2020).

Cómo evitarlo: Convierte el potasio en el nutriente principal en la segunda mitad de la temporada. Utiliza sulfato de potasio, sulfato de potasio y magnesio, o ceniza de madera. La ceniza es una excelente fuente de potasio, calcio y micronutrientes, y además no contiene cloro. Aplica fertilizantes potásicos con regularidad, cada 10–14 días, a partir de la fase de floración.

7.3. Sobrealimentación: "más no es mejor"

Cuál es el error: El error más común entre los horticultores principiantes es aplicar fertilizantes "a ojo" y en exceso, pensando que aportará más beneficios.

Por qué es malo: La sobrealimentación no es solo un gasto inútil de fertilizante y dinero. Es un camino directo a los problemas. El exceso de un elemento puede bloquear la absorción de otro. Por ejemplo, el exceso de fósforo interfiere con la absorción de zinc y hierro, y el exceso de potasio con la de magnesio y calcio. Como resultado, creas una deficiencia donde no la había. Además, una alta concentración de sales puede "quemar" las raíces, especialmente en plantas jóvenes (Wehner et al., 2020).

Cómo evitarlo: Respeta siempre las dosis indicadas en el envase del fertilizante. Cuando uses materia orgánica, recuerda que es más difícil "sobredosificarla", pero no imposible. Es mejor hacer dos aplicaciones de menor concentración que una demasiado fuerte. Recuerda: "quedarse corto" es siempre más fácil de corregir que "pasarse".

7.4. Nutrición desequilibrada: olvidar lo importante

Cuál es el error: Centrarse solo en uno o dos elementos (a menudo el nitrógeno) e ignorar el resto de macro y micronutrientes.

Por qué es malo: La planta es un sistema complejo. Para que todos sus "mecanismos" funcionen correctamente, se necesita un conjunto completo de "piezas". Si solo damos nitrógeno y fósforo pero nos olvidamos del potasio, se interrumpe el transporte de azúcares. Si nos olvidamos del magnesio, disminuye la eficiencia de la fotosíntesis. La falta de boro provoca un mal cuajado (Mondal et al., 2020). Al final, incluso con un buen crecimiento, la cosecha será de mala calidad.

Cómo evitarlo: Utiliza fertilizantes complejos que contengan no solo NPK sino también micronutrientes (por ejemplo, en forma quelatada). Aplica regularmente materia orgánica (humus, compost), que es fuente de un amplio espectro de elementos. Para prevenir microdeficiencias, realiza 1–2 aplicaciones foliares de fertilizantes complejos con micronutrientes.

7.5. Abonado nitrogenado tardío: perder la ventana de llenado

Cuál es el error: Aplicar nitrógeno en la segunda mitad del verano, cuando la calabaza ya ha empezado a formar frutos.

Por qué es malo: El nitrógeno tardío provoca un nuevo crecimiento de hojas y brotes que desvía recursos de los frutos. Los ovarios pueden caerse y los frutos que han empezado a crecer ralentizan su llenado y maduran peor. Esta es una de las principales razones por las que las calabazas salen poco maduras, pálidas y con mala conservación (Tarakanov y Mukhin, 2003).

Cómo evitarlo: Establece como regla que la última aplicación de nitrógeno se haga como máximo 1,5–2 meses antes de la cosecha prevista. En cuanto la calabaza tenga los primeros ovarios del tamaño de un puño, todos los abonos deben contener solo fósforo, potasio y micronutrientes.

Tabla resumen de errores y sus consecuencias:

Error Síntomas y consecuencias Qué hacer
Exceso de nitrógeno "Lujo vegetativo" (hojas enormes), floración tardía, frutos pequeños y sin sabor, enfermedades. Reducir/suspender el nitrógeno en la 2ª mitad de la temporada, usar solo materia orgánica bien descompuesta.
Deficiencia de potasio Quemadura marginal en hojas viejas, frutos pequeños y poco dulces, mala conservación. Aumentar el abonado potásico durante la floración y llenado (sulfato de potasio, ceniza).
Sobrealimentación Quemadura de raíces, salinización del suelo, desequilibrio de nutrientes (un bloquea a otro). Respetar estrictamente las dosis; mejor quedarse corto que pasarse.
Nutrición desequilibrada Síntomas de diversas deficiencias, debilitamiento general, reducción del rendimiento. Usar fertilizantes complejos y materia orgánica, hacer aplicaciones foliares de micronutrientes.
Abonado nitrogenado tardío Retraso en la maduración, crecimiento de chupones, mala calidad y conservación de los frutos. Suspender el nitrógeno después de que comience la formación de frutos.

Evitando estos errores típicos, podrás crear un régimen de nutrición ideal para tu calabaza que le permita desarrollar todo su potencial y recompensarte con una excelente cosecha de frutos grandes, dulces y de larga conservación.

Referencias

  1. Mondal, B., Mondal, C.Kumar., Mondal, P. (2020). ‘Abiotic Stresses: Nutritional and Physiological Disorders’, in Stresses of Cucurbits: Current Status and Management. Singapore: Springer Singapore, 239-256.
  2. Sharma, A., Rana, C., Singh, S., Katoch, V. (2016). ‘Soil Salinity: Causes, Effects, and Management in Cucurbits’, in Pessarakli, M. (ed.) Handbook of Cucurbits. Growth,Cultural Practices, and Physiology. New York, NY: CRC Press, pp. 419-440.
  3. Wehner, T.C., Naegele, R.P., Myers, J.R., Dhillon, N.P..S., Crosby, K. (2020). ‘Cultural Requirements’, in Cucurbits. Boston, MA: CABI, pp. 119-148.
  4. Welbaum, G.E. (2015). ‘Family Cucurbitaceae’, in Vegetable production and practices. Boston, MA: CABI, ch. 10.
  5. Аутко, А.А. (2012). ‘Современные технологии выращивания овощных культур [Modern technologies for growing vegetable crops]’, in Современные технологии в овощеводстве [Modern technologies in vegetable growing]. Минск, Белоруссия: Беларус. навука, pp. 93-347.
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  7. Котов, В.П., Адрицкая, Н.А. (2016). ‘Технологии возделывания овощных культур [Vegetable cultivation technologies]’, in Овощеводство [Vegetable growing]. Санкт-Петербург: Лань, pp. 153-361.
  8. Пантиелев, Я.Х. (1986). ‘Особенности агротехники овощных культур [Features of agricultural technology of vegetable crops]’, in Сезонные работы в овощеводстве [Seasonal work in vegetable growing]. Москва: Агропромиздат, 159-232.
  9. Тараканов, Г.И., Мухин, В.Д., Шуин, К.А., Борисов, Н.В., Климов, В.В., Никифоров, М.А., Скачко, В.А., Тараканов, И.Г., Холодецкий, М.С. (2003). ‘Производство овощей в открытом грунте [Open-field vegetable production]’, in Овощеводство [Vegetable growing]. Москва: КолосС, pp. 286-448.