Nutrición

Actualizado: 28 Junio 2026 Русский English

1. Cómo la nutrición gobierna la cosecha de remolacha

Remolacha de mesa (Beta vulgaris L.) es un cultivo que exige condiciones específicas de nutrición del suelo. A diferencia de muchas otras hortalizas, su parte comestible —la raíz tuberosa— se forma mediante una compleja interacción entre el crecimiento de las hojas (el follaje) y la acumulación de sustancias de reserva en la parte subterránea. Comprender esta interacción es la clave para obtener una cosecha de calidad.

Estructura de la raíz y factores que determinan su calidad

La raíz de la remolacha consta de tres partes: la corona (tallo acortado con yemas), el cuello (hipocótilo engrosado) y la raíz propiamente dicha (Balashev y Zeman, 1981; Torikov y Sychev, 2018). El cuello y la parte superior de la raíz constituyen la mayor parte de la masa comestible.

En un corte transversal se observan anillos alternos claros y oscuros. Los anillos oscuros son parénquima carnoso, rico en nutrientes y azúcares. Los anillos claros son haces vasculofibrosos y capas cambiales, que contienen menos nutrientes y son de textura más gruesa (Autko et al., 2012). Cuantos más anillos oscuros y más anchos sean, mayor será la calidad de la raíz. La nutrición vegetal es la que determina esta proporción.

Función de los elementos nutritivos en la formación del rendimiento

Cada elemento mineral desempeña una función única en la vida de la remolacha:

Nitrógeno (N) — el motor del crecimiento. Estimula la formación de proteínas y clorofila, lo que conduce a un rápido aumento de la masa foliar. Sin embargo, el exceso de nitrógeno retrasa el flujo de carbohidratos desde las hojas hacia la raíz, reduce el contenido de azúcar y empeora la conservación (Tarakanov y Mukhin, 2003; Roy et al., 2026).

Potasio (K) — el principal elemento de calidad. Activa enzimas implicadas en la síntesis y el transporte de azúcares. El potasio también aumenta la resistencia de las plantas a la sequía y a las enfermedades, y mejora la conservación de las raíces durante el almacenamiento (Gashash et al., 2022).

Fósforo (P) — la base del metabolismo energético. Forma parte del ATP, los ácidos nucleicos y las membranas celulares. El fósforo estimula el desarrollo del sistema radicular, lo que es especialmente importante en el periodo inicial de crecimiento de la remolacha (Gashash et al., 2022; Nonnecke, 1989).

Boro (B) — un microelemento de importancia crítica. Es responsable del transporte de carbohidratos desde las hojas a la raíz y de la integridad de los tejidos cambiales. La deficiencia de boro provoca la muerte del punto de crecimiento y la podredumbre del corazón — una de las enfermedades más comunes de la remolacha (Rana, 2018; Balashev y Zeman, 1981).

Sodio (Na) — un elemento específico. Aunque la remolacha no es una planta halófita, responde positivamente a la aplicación de sodio, especialmente en suelos ligeros. El sodio favorece un uso más eficiente del agua y puede sustituir parcialmente al potasio en algunos procesos fisiológicos (Nonnecke, 1989; Tarakanov y Mukhin, 2003).

Por qué es importante el equilibrio

La remolacha es especialmente sensible a los desequilibrios nutricionales. Esto se debe a sus características botánicas — el tipo de raíz policambial, donde múltiples anillos concéntricos de cambium forman simultáneamente el tejido de reserva. La carencia o el exceso de cualquier elemento puede alterar este proceso.

Por ejemplo, con exceso de nitrógeno y falta de potasio y fósforo, el crecimiento del follaje supera al de la raíz. Las hojas se vuelven grandes y verde oscuro, pero la raíz sigue pequeña, con bajo contenido de azúcar. Estas raíces se conservan mal. Por el contrario, con deficiencia de nitrógeno, el crecimiento se ralentiza, las hojas amarillean y la raíz se vuelve gruesa y fibrosa.

Cómo evaluar las necesidades nutricionales de la remolacha

El primer método, y el más fiable, es el análisis agroquímico del suelo. Los valores óptimos para la remolacha de mesa son:

  • pH del suelo: 6,0–7,0 (en suelos ácidos la remolacha sufre gravemente)
  • Contenido de humus: al menos 2,0%
  • Fósforo asimilable: al menos 150 mg/kg de suelo
  • Potasio intercambiable: al menos 150 mg/kg de suelo

El segundo método es el diagnóstico visual basado en el estado de las plantas. La remolacha es muy receptiva a la nutrición, y su aspecto externo puede revelar mucho sobre deficiencias de elementos.

Síntomas de deficiencia de nutrientes (Rana, 2018; Tarakanov y Mukhin, 2003):

Elemento Síntomas
Nitrógeno Hojas pequeñas, de color verde pálido o amarillo; crecimiento lento; las hojas inferiores mueren
Fósforo Crecimiento lento; las hojas se oscurecen y adquieren un tono púrpura; la raíz se desarrolla mal
Potasio Los bordes de las hojas se amarillean y mueren (quemadura marginal); las hojas se vuelven quebradizas
Boro Muerte del punto de crecimiento; las hojas jóvenes se enrollan y se vuelven quebradizas; aparecen manchas negras (podredumbre del corazón) en la raíz
Manganeso Amarilleamiento del tejido foliar entre las nervaduras (clorosis)

El tercer método es considerar el cultivo precedente. La remolacha crece bien después de cultivos que recibieron abono orgánico: pepino, calabacín, tomate, patata temprana, col. Malos precedentes son otras raíces (zanahoria, remolacha) y cultivos que agotan fuertemente el suelo (Nonnecke, 1989; Torikov y Sychev, 2018).

Puntos clave

1. El rendimiento de la remolacha está determinado por el equilibrio entre el crecimiento del follaje y el desarrollo de la raíz. La tarea del horticultor es proporcionar un régimen nutricional en el que las plantas primero formen una roseta foliar vigorosa y luego dirijan los carbohidratos hacia la raíz.

2. Todos los elementos nutritivos están interrelacionados. No se puede corregir la situación aplicando un solo elemento — por ejemplo, el nitrógeno solo, sin potasio y fósforo, no solo no aumenta el rendimiento sino que empeora la calidad.

3. La remolacha es especialmente exigente en boro y potasio. Estos son los elementos que con mayor frecuencia resultan limitantes para el rendimiento y la calidad.

4. La calidad de la raíz es tan importante como su tamaño. Una raíz con alto contenido de azúcares, color intenso y sin huecos se valora mucho más que una simplemente grande pero gruesa y acuosa.

5. El análisis de suelo es la base de una nutrición adecuada. Sin él, cualquier recomendación es aproximada. Puede hacer analizar su suelo en un laboratorio agroquímico cercano — valdrá la pena por la calidad de la cosecha.

2. Nitrógeno: crecimiento del follaje y equilibrio con la raíz

El nitrógeno es el principal "material de construcción" para proteínas, clorofila y todas las partes verdes de la planta. Es el nitrógeno el que determina la rapidez y el vigor con que la remolacha desarrolla su roseta foliar. Sin embargo, este elemento tiene su lado negativo: el exceso de nitrógeno retrasa la salida de nutrientes de las hojas a la raíz y reduce su calidad. Manejar la nutrición nitrogenada es el arte de encontrar el punto medio.

Cómo utiliza la remolacha el nitrógeno

En el primer periodo de vegetación (desde la emergencia hasta el cierre de las hileras), la remolacha consume nitrógeno de forma más intensiva. En este momento se forma el principal aparato asimilador — las hojas que suministrarán carbohidratos a la raíz. El nitrógeno forma parte de la clorofila, por lo que con un suministro adecuado las hojas tienen un color verde intenso y fotosintetizan activamente (Tarakanov y Mukhin, 2003).

En la segunda mitad del ciclo, cuando la raíz comienza a engrosar activamente, la necesidad de nitrógeno disminuye. En este momento, el potasio y el fósforo pasan a primer plano, asegurando el transporte de carbohidratos desde las hojas hacia la raíz. Si en este periodo se sigue abonando con nitrógeno de forma activa, las hojas seguirán creciendo y la raíz acumulará cantidades excesivas de nitratos y agua. El contenido de azúcar cae y la conservación empeora (Gashash et al., 2022; Roy et al., 2026).

Signos de carencia y exceso de nitrógeno

La deficiencia de nitrógeno se manifiesta primero en las hojas viejas inferiores: se vuelven verde pálido, luego amarillean y mueren. El crecimiento de la planta se ralentiza, la raíz se forma pequeña, gruesa y fibrosa. Este cuadro suele observarse en suelos arenosos pobres o después de cultivos que han agotado las reservas de nitrógeno.

El exceso de nitrógeno no es menos peligroso. Las hojas se vuelven verde oscuro, grandes, suculentas pero quebradizas. El follaje se desarrolla en detrimento de la raíz. La raíz resulta acuosa, con bajo contenido de azúcares, se conserva mal y es atacada por enfermedades durante el almacenamiento. Además, estas raíces acumulan nitratos, lo que es indeseable para la calidad del producto (Torikov y Sychev, 2018; Rana, 2018).

Formas de fertilizantes nitrogenados para remolacha

La remolacha responde bien a diferentes formas de nitrógeno, pero hay matices importantes.

  • Nitrato amónico (34% N) — fertilizante universal de acción rápida. Contiene nitrógeno nítrico y amoniacal, lo que proporciona un efecto rápido y prolongado. Adecuado para la aplicación primaveral.
  • Urea (46% N) — fertilizante de alta concentración. Es mejor aplicarlo antes de la siembra o en forma de abonados líquidos, ya que se hidroliza rápidamente en el suelo. Sin embargo, en suelos alcalinos pueden producirse pérdidas de nitrógeno en forma de amoníaco.
  • Sulfato amónico (21% N + 24% S) — fertilizante fisiológicamente ácido. Se recomienda en suelos neutros y alcalinos para acidificar el medio. Contiene azufre, que también es beneficioso para la remolacha.
  • Nitrato sódico (16% N + 26% Na) — el fertilizante más antiguo, especialmente eficaz en suelos ácidos. No acidifica el suelo y, al mismo tiempo, suministra sodio a las plantas, lo que es beneficioso para la remolacha (véase el capítulo 5). Adecuado para abonados durante el crecimiento (Nonnecke, 1989; Balashev y Zeman, 1981).

Dosis óptimas y momentos de aplicación

Las dosis de nitrógeno dependen de la fertilidad del suelo y del rendimiento previsto. La remolacha extrae con la cosecha unos 3–4 kg de nitrógeno por tonelada de raíces y la cantidad correspondiente de follaje (Tarakanov y Mukhin, 2003; Autko et al., 2012). Sin embargo, las plantas solo absorben una parte del nitrógeno aplicado, por lo que las dosis recomendadas son superiores.

Dosis medias orientativas (para clima templado):

  • En suelos de fertilidad media: 80–120 kg N/ha (aproximadamente 1–1,5 kg por 10 m²).
  • En suelos pobres: hasta 150 kg N/ha.
  • En suelos ricos en humus: 60–80 kg N/ha.

Para horticultores aficionados esto significa:

  • En la siembra — aplicar 1/3 de la dosis total de nitrógeno junto con los fertilizantes fosfóricos y potásicos en las hileras o en los hoyos.
  • Primer abonado — 3–4 semanas después de la emergencia, cuando las plantas tengan 3–4 hojas verdaderas. Aplicar el resto del nitrógeno.
  • Segundo abonado — 20–25 días después del primero, pero no más tarde de mediados de julio (para el hemisferio norte). En este abonado, el nitrógeno se da a media dosis, con énfasis en potasio y fósforo.

Regla importante: una vez que la raíz alcance el tamaño de una nuez, las dosis de nitrógeno deben reducirse o eliminarse por completo. Todos los abonados posteriores deben ser potásico‑fosfóricos. Esto asegurará la acumulación de azúcares y mejorará la conservación.

Recomendaciones prácticas

1. No aplique estiércol fresco directamente sobre la remolacha. Los abonos orgánicos es mejor aplicarlos al cultivo precedente. El estiércol fresco contiene mucho nitrógeno amoniacal, que puede provocar un "engorde" del follaje, así como ramificaciones y deformidades en las raíces (Nonnecke, 1989; Balashev y Zeman, 1981).

2. Utilice formas de nitrógeno de liberación lenta (por ejemplo, fertilizantes urea‑formaldehído) para zanahorias y otras raíces, pero para la remolacha son menos críticos, ya que posee un sistema radicular potente. Sin embargo, en suelos arenosos ligeros es conveniente fraccionar el nitrógeno para evitar el lavado (Tarakanov y Mukhin, 2003).

3. Combine el nitrógeno con potasio y fósforo. Las investigaciones muestran que el máximo efecto se logra con la aplicación conjunta de N, P y K. El abonado nitrogenado unilateral reduce la calidad de las raíces (Balashev y Zeman, 1981; Gashash et al., 2022).

4. Tenga en cuenta la humedad del suelo. El nitrógeno se absorbe bien solo con suficiente humedad. En tiempo seco, los abonados son inútiles; deben combinarse con riego o realizarse después de la lluvia.

5. Observe las plantas. Si las hojas empiezan a amarillear desde abajo, es señal de falta de nitrógeno. Si las hojas son verde oscuro, grandes, pero la raíz no crece, reduzca la dosis de nitrógeno y aumente el potasio.

Puntos clave

  • El nitrógeno es clave para el crecimiento del follaje, pero su exceso reduce la calidad de la raíz.
  • La mejor estrategia es la aplicación fraccionada: 1/3 en la siembra, 2/3 en 1‑2 abonados hasta mediados del ciclo.
  • Después de la formación de la raíz, el énfasis se desplaza hacia el potasio y el fósforo.
  • La materia orgánica se aplica en otoño al cultivo precedente o al menos un mes antes de la siembra.
  • Un indicador de un régimen nitrogenado correcto son hojas de color verde moderado, raíces firmes, de color intenso y buen contenido de azúcar.

En el siguiente capítulo veremos cómo el potasio influye en el contenido de azúcar y la conservación, y por qué este elemento no es menos importante que el nitrógeno.

3. Potasio: contenido de azúcar y conservación

Si el nitrógeno es responsable del crecimiento del follaje, el potasio es el principal elemento que determina la calidad de la raíz. Es el potasio quien controla la acumulación de azúcares, la densidad de la pulpa y la capacidad de la remolacha para conservarse largo tiempo sin perder sus cualidades gustativas. Para el horticultor que desea obtener raíces dulces, jugosas y que se conserven bien, la nutrición potásica es la prioridad número uno, especialmente en la segunda mitad del ciclo.

Para qué necesita la remolacha el potasio

El potasio no forma parte de las moléculas orgánicas, pero activa más de 50 enzimas implicadas en la síntesis y el transporte de carbohidratos. En la planta de remolacha, el potasio desempeña varias funciones clave:

1. Transporte de azúcares desde las hojas a la raíz. El potasio asegura el movimiento de los productos de la fotosíntesis (sacarosa) a través del floema. Cuanto más potasio tenga la planta, más eficaz será el flujo de carbohidratos desde el follaje hacia el tejido de reserva de la raíz. Por eso, con una buena nutrición potásica, las raíces resultan más dulces (Gashash et al., 2022; Tarakanov y Mukhin, 2003).

2. Regulación del balance hídrico. El potasio controla la apertura y cierre de los estomas, influye en el turgencia celular y la resistencia a la sequía. La remolacha bien abastecida de potasio soporta mejor la falta temporal de humedad y sufre menos los cambios de temperatura (Nonnecke, 1989).

3. Aumento de la resistencia a enfermedades. El potasio refuerza las paredes celulares, haciendo los tejidos más densos y menos accesibles a los patógenos. Los fertilizantes potásicos reducen el riesgo de pudrición de las raíces en almacenamiento y otras enfermedades (Autko et al., 2012).

4. Mejora de la conservación. Las raíces con alto contenido de potasio tienen una estructura más firme, menor tendencia a la deshidratación y al brotado. Se conservan mejor durante el invierno, manteniendo su aspecto comercial y su sabor (Rana, 2018; Balashev y Zeman, 1981).

Signos de deficiencia de potasio

La deficiencia de potasio se manifiesta primero en las hojas viejas inferiores, ya que el potasio se mueve fácilmente de los órganos viejos a los jóvenes. Los síntomas característicos son:

  • Quemadura marginal — amarilleamiento y muerte del tejido en los bordes de la lámina foliar, comenzando por las puntas.
  • Las hojas se vuelven quebradizas, arrugadas y pueden enrollarse hacia abajo.
  • El crecimiento de la planta se ralentiza, los entrenudos se acortan.
  • La raíz se forma pequeña, con bajo contenido de azúcares y mala conservación.

La deficiencia de potasio es especialmente frecuente en suelos arenosos ligeros y turbosos, donde el potasio se lava fácilmente, y en suelos con alto contenido de magnesio o calcio, que compiten con el potasio por la absorción radicular (Nonnecke, 1989).

Formas de fertilizantes potásicos para remolacha

Al elegir un fertilizante potásico, es importante considerar su efecto sobre el suelo y el contenido de elementos acompañantes.

  • Cloruro potásico (60–62% K₂O) — el fertilizante más común y asequible. Sin embargo, el cloro puede afectar negativamente a la remolacha, especialmente en dosis elevadas. Por ello, se recomienda aplicar el cloruro potásico en otoño, bajo la labor de arada, para que el cloro se lave de la capa radicular antes de la siembra primaveral (Torikov y Sychev, 2018; Balashev y Zeman, 1981).
  • Sulfato potásico (50–52% K₂O + 18% S) — no contiene cloro, por lo que es seguro para la remolacha en cualquier época. También contiene azufre, que mejora la síntesis de proteínas y aumenta el contenido de azúcar. Es la forma preferida para los abonados en el periodo vegetativo.
  • Sulfato potásico magnésico (30% K₂O + 10% MgO + 17% S) — fertilizante que, además de potasio y azufre, contiene magnesio. Es especialmente eficaz en suelos pobres en magnesio (arenosos y turbosos). El magnesio forma parte de la clorofila, por lo que su deficiencia perjudica la fotosíntesis.
  • Nitrato potásico (46% K₂O + 13% N) — contiene nitrógeno y potasio en forma fácilmente asimilable. Adecuado para abonados si se necesita aportar simultáneamente potasio y una pequeña cantidad de nitrógeno. Sin embargo, para la remolacha en la segunda mitad del ciclo no es la mejor opción, ya que el nitrógeno ya no es deseable.

Dosis óptimas y momentos de aplicación

La remolacha es un cultivo que consume mucho potasio. La extracción de potasio con la cosecha es de 4–5 kg K₂O por tonelada de raíces con follaje (Autko et al., 2012; Tarakanov y Mukhin, 2003). Sin embargo, el potasio debe aplicarse teniendo en cuenta la fertilidad del suelo.

Dosis medias orientativas (clima templado, suelos de fertilidad media):

  • Aplicación de fondo (otoño o primavera antes de la siembra): 90–150 kg K₂O/ha (aproximadamente 1,0–1,8 kg por 10 m²).
  • En suelos pobres, las dosis pueden aumentarse hasta 180–200 kg K₂O/ha.
  • En chernozems ricos en humus — reducir a 60–90 kg K₂O/ha.

Para horticultores aficionados la estrategia óptima es:

  • En otoño (bajo labor de arada o excavación profunda) — aplicar la mayor parte del fertilizante potásico (especialmente si se usa cloruro potásico). Dosis: 15–25 g/m² de principio activo (K₂O). Esto equivale a unos 30–40 g/m² de cloruro potásico o 25–35 g/m² de sulfato potásico.
  • En primavera antes de la siembra — se puede aplicar 1/3 de la dosis total (siempre que se use un fertilizante sin cloro) en las hileras junto con el fósforo.
  • Primer abonado (fase de 3‑4 hojas verdaderas) — se recomienda aportar potasio en forma fácilmente asimilable (por ejemplo, nitrato potásico o sulfato potásico) a dosis de 10–15 g/m². Esto coincide con el periodo en que el nitrógeno también es necesario.
  • Segundo abonado (inicio de la formación de la raíz, 20–25 días después del primero) — la dosis de potasio aumenta a 20–25 g/m². Utilice solo formas sin cloro (sulfato potásico, sulfato potásico magnésico). En este abonado no se añade nitrógeno.
  • Tercer abonado (3‑4 semanas antes de la cosecha) — opcional, puede realizarse un abonado foliar con sulfato potásico (solución al 0,5‑1%) para mejorar la conservación.

Recomendaciones prácticas

1. El potasio prefiere suelos de reacción neutra. En suelos ácidos, la absorción de potasio es menor, por lo que antes de su aplicación conviene encalar (hasta pH 6,0–7,0). Sin embargo, no se deben aplicar cal y fertilizantes potásicos simultáneamente — primero encalar, y después de 2‑3 meses aplicar el potasio (Nonnecke, 1989).

2. El potasio y el magnesio son buena pareja. En suelos arenosos y turbosos suele haber deficiencia de ambos elementos. El uso de sulfato potásico magnésico resuelve este problema. Si no se dispone de él, se puede alternar sulfato potásico con sulfato de magnesio.

3. Aplique el potasio a la profundidad adecuada — en la capa radicular (15‑20 cm). La aplicación superficial es poco eficaz, especialmente en tiempo seco.

4. Combine los abonados potásicos con el riego. El potasio es muy soluble en agua, y es mejor aplicarlo con el agua de riego (fertirrigación) o incorporarlo al suelo húmedo seguido de un ligero mullido.

5. Tenga en cuenta que el sodio puede sustituir parcialmente al potasio (más detalles en el capítulo 4). Sin embargo, no se produce una sustitución completa — el potasio sigue siendo fundamental para la calidad.

6. Controle el estado de las plantas. Si aparecen quemaduras amarillento‑parduscas en los bordes de las hojas inferiores, es señal de falta de potasio. Realice urgentemente un abonado potásico con sulfato potásico o sulfato potásico magnésico.

Puntos clave

  • El potasio es el principal elemento responsable del contenido de azúcar, la densidad y la conservación de la remolacha.
  • La mayor necesidad de potasio se da en la segunda mitad del ciclo, cuando la raíz crece activamente y acumula sustancias de reserva.
  • Para la remolacha son preferibles las formas sin cloro (sulfato potásico, sulfato potásico magnésico). El cloruro potásico es mejor aplicarlo en otoño.
  • Las dosis de potasio deben ser superiores a las de nitrógeno y fósforo, especialmente en suelos ligeros.
  • Un indicador de un correcto régimen potásico son raíces firmes, dulces, de color intenso, sin signos de marchitamiento durante el almacenamiento.

En el siguiente capítulo analizaremos por qué el boro es el microelemento más crítico para la remolacha y cómo su deficiencia puede arruinar completamente la cosecha.

4. Boro: elemento de importancia crítica para la remolacha

Si hay un microelemento que puede hacer o deshacer la cosecha de remolacha, ese es el boro. La remolacha es una de las hortalizas más sensibles al boro. La deficiencia de este elemento se manifiesta rápidamente y a menudo de forma irreversible, provocando la enfermedad característica: la podredumbre del corazón (también conocida como "podredumbre parda", "podredumbre seca" o "corazón negro"). Para el horticultor, comprender el papel del boro es la clave para obtener raíces sanas, firmes y de buen aspecto.

Por qué la remolacha necesita tanto el boro

El boro no forma parte de las enzimas, pero desempeña en la planta varias funciones insustituibles:

1. Transporte de carbohidratos. El boro participa en la formación y el funcionamiento del floema — el tejido por el que los azúcares se desplazan desde las hojas a la raíz. Con deficiencia de boro, este transporte se ve alterado y los carbohidratos se acumulan en las hojas sin llegar a los órganos de reserva (Rana, 2018; Tarakanov y Mukhin, 2003).

2. Crecimiento y división celular. El boro es necesario para la síntesis de sustancias pécticas que unen las paredes celulares. Asegura la elasticidad y resistencia de los tejidos, especialmente en las células en activa división — puntos de crecimiento, hojas jóvenes y anillos cambiales de la raíz (Autko et al., 2012).

3. Desarrollo del cambium. Es precisamente en las capas cambiales de la raíz de remolacha donde se produce la división celular que forma nuevos anillos. El boro es crítico para estos procesos. En su deficiencia, el cambium muere, lo que provoca la formación de huecos y zonas necróticas en el interior de la raíz (Balashev y Zeman, 1981; Nonnecke, 1989).

4. Formación de flores y semillas. El boro participa en la fecundación y el desarrollo de las semillas, pero para la producción comercial de raíces esto solo tiene importancia en la producción de semilla.

Síntomas de deficiencia de boro

El boro es un elemento poco móvil — no se traslada de los órganos viejos a los jóvenes. Por ello, los primeros signos de deficiencia aparecen en las partes jóvenes en crecimiento (punto de crecimiento, hojas jóvenes).

En las hojas:

  • Las hojas jóvenes del centro de la roseta dejan de desarrollarse normalmente: se vuelven pequeñas, enrolladas, deformadas.
  • Las láminas foliares pueden adquirir una coloración amarillento‑purpúrea, las nervaduras se engrosan.
  • En casos graves, el punto de crecimiento muere, y la roseta adquiere un aspecto de "roseta sin centro" — las hojas están como extendidas y el centro vacío.
  • Los pecíolos pueden agrietarse longitudinalmente y volverse quebradizos.

En la raíz:

  • Aparecen manchas duras, secas, de color pardo oscuro o negro (necrosis) en la superficie o en el interior de la raíz. A menudo se localizan en la parte central o en los anillos cambiales.
  • En el corte se observan zonas pardas, corchosas, que pueden fusionarse formando cavidades.
  • La raíz se deforma, con superficie irregular y rugosa, a menudo con grietas.
  • Durante el almacenamiento, estas raíces se pudren rápidamente, ya que los tejidos dañados sirven de puerta de entrada a los patógenos.

Los síntomas de la podredumbre del corazón pueden aparecer ya a mediados del ciclo, pero a menudo se hacen visibles en la cosecha o durante el almacenamiento. La enfermedad se agrava especialmente en tiempo seco y caluroso, cuando la disponibilidad de boro en el suelo disminuye (Rana, 2018; Balashev y Zeman, 1981).

Por qué se produce la deficiencia de boro

Incluso si el suelo contiene boro, las plantas pueden sufrir carencia por varias razones:

  • Suelos alcalinos (pH > 7,0) — en medio alcalino, el boro se vuelve poco disponible. Esta es una de las causas más frecuentes de deficiencia en chernozems carbonatados y suelos calcáreos.
  • Tiempo seco — el boro se mueve en el suelo con la humedad. En periodos de sequía, las raíces no pueden absorberlo, aunque esté presente.
  • Encalado — la aplicación excesiva de cal reduce drásticamente la disponibilidad de boro. Si ha encalado, compruebe el contenido de boro.
  • Suelos arenosos y turbosos — en estos suelos, el boro se lava fácilmente y sus reservas son escasas.
  • Abonos orgánicos — el estiércol fresco y algunos compost pueden fijar el boro, haciéndolo indisponible.

Cuándo y cómo aplicar el boro

El boro se aplica tanto al suelo (abonado de fondo) como por vía foliar (pulverizaciones). La segunda vía es más eficaz, ya que el boro se absorbe rápidamente por las hojas y no depende de las condiciones del suelo.

Aplicación al suelo (otoño o primavera antes de la siembra):

  • Dosis recomendada: 1–2 kg de boro (principio activo) por hectárea. Para horticultores, esto equivale a unos 1–2 g de boro por 10 m².
  • En términos de fertilizantes: ácido bórico (17% B) — 6–12 g por 10 m²; bórax (11% B) — 9–18 g por 10 m².
  • Importante: no supere la dosis. El exceso de boro es tóxico para las plantas y puede provocar quemaduras en las raíces. En suelos ligeros, reduzca la dosis.

Abonado foliar (pulverización sobre las hojas) — el método más fiable:

  • Concentración de la solución: 0,1–0,2% (10–20 g de ácido bórico por 10 L de agua). Para disolverlo, primero diluya el ácido bórico en un poco de agua caliente, luego añada agua fría.
  • Momentos: primera pulverización en la fase de 3‑4 hojas verdaderas; segunda a las 2‑3 semanas (al inicio de la formación de la raíz). En tiempo seco y caluroso, se puede hacer un tratamiento adicional.
  • Consumo de la solución: aproximadamente 1‑2 L por 10 m².

Importante: los tratamientos con boro es mejor realizarlos en días nublados o por la tarde, para que la solución no se seque demasiado rápido. Añadir un adherente a la solución (por ejemplo, jabón doméstico 5–10 g por 10 L) aumenta la eficacia.

Recomendaciones prácticas

1. Controle el pH del suelo. El pH óptimo para la remolacha es 6,0–7,0. Si el pH es > 7,0, el boro puede no estar disponible. En ese caso, los abonados foliares son su método principal.

2. Planifique los tratamientos con antelación. Es más fácil prevenir la deficiencia de boro que curarla. Incluso si no ve síntomas, un tratamiento preventivo al principio del ciclo vale la pena — especialmente en suelos ligeros, alcalinos o turbosos.

3. No combine el boro con cal. El encalado y la aplicación de boro deben estar separados en el tiempo (al menos 2‑3 meses). Es mejor encalar primero y aplicar el boro al año siguiente.

4. Regule el riego. En tiempo seco, la disponibilidad de boro disminuye. Mantenga la humedad del suelo en torno al 75‑80% de la capacidad de campo (Nonnecke, 1989). Los riegos por aspersión o por goteo ayudan a disolver el boro y hacerlo disponible.

5. Observe las plantas. En cuanto note los primeros signos de deficiencia (detención del crecimiento de la hoja central, enrollamiento), aplique inmediatamente un abonado foliar con boro. Una reacción rápida puede salvar la cosecha.

6. Utilice fertilizantes complejos con boro. Algunos fabricantes comercializan fertilizantes que ya contienen boro (por ejemplo, "Boro‑Mag", "Mag‑Bor", marcas especiales de NPK con microelementos). Esto simplifica la aplicación, pero es importante respetar la dosis.

Puntos clave

  • El boro es un elemento crítico para la remolacha. Sin él, es imposible formar una raíz completa.
  • La podredumbre del corazón es el síntoma típico de la deficiencia de boro. Se manifiesta como manchas pardas secas en el interior de la raíz y a menudo provoca la pérdida total de la cosecha durante el almacenamiento.
  • Los abonados foliares son la forma más fiable de suministrar boro a la remolacha, especialmente en suelos problemáticos.
  • Las dosis de boro deben ser moderadas — el exceso es tóxico. Respete las concentraciones recomendadas.
  • La prevención es sencilla y económica: 1‑2 pulverizaciones por temporada eliminan por completo los problemas relacionados con la deficiencia de boro.

En el siguiente capítulo veremos si la remolacha necesita sodio y cómo este elemento tan peculiar puede mejorar el crecimiento y la calidad de las raíces, especialmente en regiones áridas.

5. Sodio: ¿lo necesita la remolacha?

El sodio es un elemento poco común en la lista de fertilizantes. Para la mayoría de los cultivos hortícolas no es esencial, e incluso en altas concentraciones puede ser perjudicial. Pero la remolacha de mesa es una de las pocas excepciones. Pertenece a las llamadas plantas amantes del sodio (o sodio‑positivas), que responden bien a la aplicación de este elemento. Comprender el papel del sodio ayuda no solo a aumentar el rendimiento, sino también a mejorar la calidad de las raíces, especialmente en regiones áridas y en suelos ligeros.

¿Por qué le gusta el sodio a la remolacha?

El sodio no es un microelemento esencial para la remolacha en el sentido de que sin él la planta no moriría. Sin embargo, en su presencia, la remolacha muestra una mejora notable en el crecimiento y la calidad. Esto se debe a varias características fisiológicas:

1. Regulación osmótica y régimen hídrico. El sodio participa en el mantenimiento de la presión osmótica en las células, lo que ayuda a la planta a absorber el agua del suelo con mayor eficacia y a retenerla en los tejidos. Esto es especialmente importante en tiempo seco o en suelos arenosos ligeros, donde la humedad se evapora rápidamente (Nonnecke, 1989; Tarakanov y Mukhin, 2003).

2. Sustitución parcial del potasio. En la remolacha, como en algunas otras plantas de la familia Chenopodiaceae, el sodio puede realizar parcialmente las funciones del potasio — por ejemplo, en la activación de enzimas y el mantenimiento del potencial de membrana. Con suficiente sodio, la necesidad de potasio disminuye algo, aunque no se produce una sustitución completa (Autko et al., 2012).

3. Mejora del transporte de carbohidratos. El sodio favorece un movimiento más eficiente de los asimilados (productos de la fotosíntesis) desde las hojas hacia la raíz. Esto puede aumentar el contenido de azúcar y la masa de la raíz (Balashev y Zeman, 1981).

4. Aumento de la eficiencia del uso del nitrógeno. El sodio ayuda a la planta a utilizar mejor el nitrógeno nítrico, lo que es especialmente importante cuando se aplican fertilizantes nítricos (por ejemplo, el nitrato sódico) (Nonnecke, 1989).

Dónde y cuándo es especialmente útil el sodio

El efecto positivo del sodio no se manifiesta siempre ni en todas partes. Es más notable en los siguientes casos:

  • En suelos arenosos y franco‑arenosos ligeros, donde el potasio se lava fácilmente y su contenido suele ser bajo. Aquí el sodio puede compensar la falta de potasio.
  • En regiones áridas (sur de Rusia, Asia Central, algunas zonas de EE.UU. y Europa), donde el déficit de humedad limita el crecimiento y el sodio ayuda a las plantas a utilizar el agua de manera más eficiente (Nonnecke, 1989; Gashash et al., 2022).
  • En suelos alcalinos y carbonatados, donde la disponibilidad de potasio y otros elementos puede ser reducida, y el sodio contribuye a mejorar la estructura del suelo.

En regiones con suficiente humedad y en suelos francos fértiles, el efecto del sodio puede ser menos pronunciado o incluso inexistente.

Fuentes de sodio para la remolacha

Existen varias formas de suministrar sodio a la remolacha:

1. Nitrato sódico (NaNO₃) — el fertilizante mineral más antiguo, que contiene 16% de nitrógeno y 26% de sodio. Es una fuente ideal para la remolacha, ya que aporta simultáneamente nitrógeno y sodio en forma fácilmente asimilable. Además, el nitrato sódico no acidifica el suelo, a diferencia de muchos otros fertilizantes nitrogenados, lo que es beneficioso en suelos ácidos (Nonnecke, 1989).

2. Sal común (NaCl) — la fuente de sodio más accesible y barata. Sin embargo, su uso requiere precaución, ya que el exceso de cloro es perjudicial para la remolacha (como para muchas otras plantas). Se recomienda utilizar la sal solo en suelos que no sufran de salinización y en dosis moderadas (Tarakanov y Mukhin, 2003).

3. Sodio en fertilizantes complejos — algunos fabricantes incluyen sodio en sus mezclas NPK para remolacha y otros cultivos amantes del sodio. Preste atención a la etiqueta.

Cómo aplicar el sodio: dosis y momentos

Las dosis de sodio dependen de la fertilidad del suelo y de la disponibilidad de potasio. Es importante recordar: el sodio no sustituye al potasio, sino que lo complementa. Incluso con sodio, los fertilizantes potásicos siguen siendo obligatorios.

Recomendaciones orientativas:

  • Nitrato sódico — se aplica como fertilizante nitrogenado a dosis de 100–150 kg/ha (aproximadamente 1–1,5 kg por 100 m²), lo que aporta unos 15–25 kg de sodio por hectárea. Es mejor aplicarlo en 1‑2 abonados en la primera mitad del ciclo (hasta mediados de julio).
  • Sal común — se aplica en dosis muy bajas: 20–30 g por 1 m² (200–300 kg/ha) en seco, preferiblemente antes de la siembra o al inicio del crecimiento. En algunos manuales se mencionan dosis de hasta 50 g/m², pero esto es arriesgado (Balashev y Zeman, 1981).
  • Abonados foliares — el sodio rara vez se aplica por vía foliar, ya que se absorbe bien a través de las raíces.

Cómo ayuda la sal contra malas hierbas y enfermedades

En algunas regiones, los horticultores veteranos utilizan una solución de sal común para pulverizar la remolacha. La sal al 3‑5% (300–500 g por 10 L de agua) puede eliminar malas hierbas pequeñas y repeler algunas plagas. Sin embargo, este método es muy arriesgado: una alta concentración de sal puede quemar las hojas de la remolacha y dañar el sistema radicular. Por ello, no recomendamos utilizar sal para pulverizaciones. Es más seguro aplicarla al suelo (Nonnecke, 1989).

Peligros del exceso de sodio

Aunque la remolacha es tolerante al sodio, su exceso puede ser perjudicial:

  • Salinización del suelo. La acumulación de sodio en el suelo deteriora su estructura, reduce la permeabilidad al agua y puede provocar salinización, especialmente en regiones áridas.
  • Deficiencia de calcio y potasio. El exceso de sodio compite con estos elementos por la absorción radicular, lo que puede provocar su carencia.
  • Fitotoxicidad. En concentraciones muy altas, el sodio daña las raíces y las hojas; las plantas amarillean y el crecimiento se ralentiza.

Por lo tanto, las dosis recomendadas de sal y nitrato sódico deben respetarse estrictamente. Nunca aplique sodio en suelos salinos o en regiones con riego con agua salobre.

Recomendaciones prácticas

1. Compruebe el contenido de potasio en el suelo. Si el potasio es suficiente (>150 mg/kg), el efecto del sodio será débil. Si el potasio es bajo, el sodio puede ayudar — pero solo como medida temporal, no como solución permanente.

2. Utilice nitrato sódico como fertilizante nitrogenado en la primera mitad del ciclo. Aporta nitrógeno y sodio sin riesgo de salinización. Dosis: 1–1,5 kg por 100 m² en una sola aplicación.

3. Si usa sal común — aplíquela solo en seco, bajo excavación o en las hileras antes de la siembra. Dosis no superior a 20‑30 g por 1 m². En suelos ligeros se puede aumentar ligeramente; en suelos pesados, reducir.

4. Observe la reacción de las plantas. Si las hojas se vuelven más suculentas, verde intenso y la raíz aumenta de tamaño — el sodio está siendo beneficioso. Si aparecen signos de quemadura (bordes de las hojas se vuelven pardos, raíces mueren) — suspenda inmediatamente la aplicación y riegue abundantemente.

5. No aplique sodio en regiones áridas sin riego. El sodio se absorbe solo en presencia de humedad. En suelo seco, puede acumularse en concentraciones tóxicas.

Puntos clave

  • El sodio no es esencial, pero la remolacha responde positivamente a él, especialmente en suelos ligeros y en condiciones áridas.
  • El principal efecto del sodio es la mejora del régimen hídrico y la sustitución parcial del potasio en la regulación osmótica.
  • La mejor fuente es el nitrato sódico (aporta nitrógeno y sodio sin cloro). La sal común utilícela con precaución.
  • El exceso de sodio es perjudicial — respete las dosis y no lo aplique en suelos salinos.
  • El sodio no sustituye al potasio, solo lo complementa. El potasio sigue siendo el principal elemento para la calidad de las raíces.

En el último capítulo reuniremos todos los elementos en un sistema único y explicaremos cómo organizar los abonados según las fases de desarrollo de la remolacha, para que cada elemento actúe en el momento adecuado y con la máxima eficacia.

6. Abonados por fases: cómo y cuándo alimentar la remolacha

La remolacha es un cultivo con etapas de desarrollo claramente diferenciadas, y sus necesidades nutricionales cambian de una fase a otra. Un esquema de abonado bien diseñado no es solo un conjunto de fertilizantes, sino un sistema meditado en el que cada elemento se aplica en el momento adecuado y en la dosis correcta. Este capítulo reúne todas las recomendaciones anteriores en un plan práctico único que puede adaptar a sus condiciones.

Principios generales de la nutrición de la remolacha por fases

1. Periodo inicial (desde la siembra hasta 3‑4 hojas) — las plantas son pequeñas y consumen poco, pero es en este momento cuando se cimenta la futura cosecha. Son críticos el fósforo (para el sistema radicular) y el boro (para el punto de crecimiento). El nitrógeno se necesita moderadamente para no provocar un crecimiento excesivo del follaje en detrimento de las raíces.

2. Periodo de crecimiento activo de las hojas (de 4‑5 hojas hasta el cierre de las hileras) — la remolacha desarrolla su aparato asimilador. En este momento, la necesidad de nitrógeno es máxima. Sin embargo, ya a mediados de este periodo se debe comenzar a desplazar el equilibrio hacia el potasio y el fósforo para preparar la planta para el engrosamiento de la raíz.

3. Periodo de engrosamiento de la raíz (desde el inicio del engrosamiento hasta la cosecha) — la tarea principal es dirigir los carbohidratos desde las hojas hacia la raíz. El nitrógeno se reduce al mínimo o se elimina. Los elementos principales son el potasio, el boro (vía foliar) y, en algunos casos, el sodio. Es en esta fase cuando se decide el contenido de azúcar y la conservación.

4. Periodo final (3‑4 semanas antes de la cosecha) — se suspenden todos los abonados para que las raíces acumulen materia seca y se preparen para el almacenamiento. El exceso de humedad y nitrógeno en este momento es perjudicial.

Esquema detallado de abonados (para clima templado, pleno campo)

1. Abonado de fondo (otoño o primavera antes de la siembra)

Objetivo: crear una reserva básica de elementos en la capa radicular.

  • Abonos orgánicos: estiércol bien descompuesto o compost — 3–5 kg/m² (30‑50 t/ha). Aplicar en otoño bajo excavación o al menos un mes antes de la siembra. No se recomienda el estiércol fresco — provoca ramificación de las raíces y deteriora la calidad (Nonnecke, 1989; Balashev y Zeman, 1981).
  • Fertilizantes fosfóricos y potásicos: superfosfato simple (10‑20 g/m²) y sulfato potásico (15‑25 g/m²) — o un fertilizante complejo con la etiqueta NPK 13:12:19 (aproximadamente 50‑70 g/m²). Si se usa cloruro potásico, aplicar solo en otoño (Torikov y Sychev, 2018; Autko et al., 2012).
  • Nitrógeno: 1/3 de la dosis total (por ejemplo, 5‑10 g/m² de nitrato amónico o urea). El resto se deja para los abonados.
  • Boro: si es necesario — ácido bórico 1‑2 g/m² (mezclado con arena) o bórax, pero es mejor planificar tratamientos foliares (ver más abajo).
  • Cal: si pH < 6,0 — aplicar harina de dolomita o cal 2‑3 meses antes de la siembra, pero no simultáneamente con boro y fósforo (Nonnecke, 1989).

2. Abonado en fase de 3‑4 hojas verdaderas (3‑4 semanas después de la emergencia)

Objetivo: estimular el crecimiento del follaje y la formación de un sistema radicular vigoroso.

  • Nitrógeno: 10‑15 g/m² de nitrato amónico o urea (esto es aproximadamente 2/3 de la dosis restante). Se puede utilizar nitrato sódico (15‑20 g/m²), que aporta sodio simultáneamente (Rana, 2018; Roy et al., 2026).
  • Fósforo: 5‑10 g/m² de superfosfato (si no se aplicó en las hileras en la siembra).
  • Potasio: 10‑15 g/m² de sulfato potásico (en este periodo el potasio ya es importante para el equilibrio).
  • Boro: tratamiento foliar — solución de ácido bórico al 0,1% (10 g por 10 L de agua) con adherente. Es una prevención de la podredumbre del corazón (Gashash et al., 2022; Rana, 2018).
  • Método de aplicación: los fertilizantes se incorporan a las entrehileras a 5‑8 cm de profundidad, seguido de riego. El abonado foliar con boro se realiza por separado, 2‑3 días después del abonado radicular.

3. Abonado al inicio de la formación de la raíz (20‑25 días después del primero, cuando la raíz alcanza el tamaño de una nuez)

Objetivo: cambiar la planta del crecimiento del follaje al engrosamiento de la raíz.

  • Nitrógeno: eliminar o dar una dosis mínima (no más de 5 g/m²) si las hojas están pálidas. En la mayoría de los casos, el nitrógeno ya no es necesario.
  • Potasio: abonado principal — 20‑25 g/m² de sulfato potásico (o sulfato potásico magnésico). Es el principal elemento de calidad (Tarakanov y Mukhin, 2003; Gashash et al., 2022).
  • Fósforo: 5‑10 g/m² de superfosfato (para mantener el metabolismo energético).
  • Sodio: si el suelo es ligero o hay sequía — se puede aplicar nitrato sódico 10‑15 g/m² (pero solo si no se ha aplicado antes y si hay necesidad de nitrógeno) (Nonnecke, 1989).
  • Boro: segundo tratamiento foliar — solución de ácido bórico al 0,1% (o al 0,2% si los síntomas de deficiencia son pronunciados). Esto es fundamental para la densidad y el contenido de azúcar (Balashev y Zeman, 1981; Rana, 2018).
  • Método de aplicación: los fertilizantes es mejor aplicarlos en forma líquida (disueltos en agua y vertidos en las entrehileras) o incorporados al suelo seguido de riego. El tratamiento foliar se realiza en días nublados o por la tarde.

4. Fase de engrosamiento intensivo de la raíz (3‑4 semanas antes de la cosecha)

Objetivo: máxima acumulación de azúcares y mejora de la conservación.

  • Nitrógeno: no aplicar.
  • Potasio: se puede hacer un ligero abonado foliar con sulfato potásico (solución al 0,5‑1%) para potenciar la acumulación de azúcares. O simplemente regar con una solución débil de fertilizante potásico (10 g/m²).
  • Fósforo: no necesario.
  • Boro: si no se hicieron tratamientos anteriores, se puede hacer uno más, pero no más tarde de 2 semanas antes de la cosecha.
  • Sodio: no aplicar, a menos que haya síntomas de deficiencia.
  • Riego: reducir el riego 2‑3 semanas antes de la cosecha para evitar que las raíces se agrieten y para que acumulen materia seca (Nonnecke, 1989).

Tabla resumen de abonados (para horticultores)

Fase de desarrollo Momento (desde emergencia) Elementos principales Dosis (g/m²) Forma de aplicación
Pre‑siembra (otoño/primavera) 1 mes antes de siembra P, K, 1/3 N, (B) P: 10‑20; K: 15‑25; N: 5‑10 Al suelo, bajo excavación
3‑4 hojas 3‑4 semanas N, P, K, B N: 10‑15; P: 5‑10; K: 10‑15; B: 0,1% sol. Radicular + foliar (B)
Inicio formación raíz 6‑8 semanas K, P, (Na), B K: 20‑25; P: 5‑10; Na: 10‑15 (opcional); B: 0,1‑0,2% sol. Radicular + foliar (B)
Engrosamiento intensivo 3‑4 semanas antes de cosecha K (opcional) K: 10 (foliar 0,5%) Foliar (sobre hojas)

Casos especiales y ajustes

  • En suelos arenosos ligeros — dividir todas las dosis de fertilizantes en 2‑3 aplicaciones para evitar el lavado. Especialmente importante para el potasio y el nitrógeno.
  • En suelos turbosos — aumentar las dosis de potasio (hasta 30 g/m²) y añadir obligatoriamente boro y magnesio (sulfato potásico magnésico o sulfato de magnesio).
  • En suelos alcalinos (pH > 7,0) — utilizar fertilizantes fisiológicamente ácidos (sulfato amónico, superfosfato) y planificar sin falta abonados foliares con boro, ya que en el suelo no está disponible.
  • En tiempo seco — combinar todos los abonados con riego. Los tratamientos foliares se realizan por la mañana o por la tarde para evitar quemaduras.
  • Cuando aparecen síntomas de deficiencia — aplicar rápidamente un abonado foliar con el elemento correspondiente (nitrógeno — urea al 0,5%; potasio — sulfato potásico al 0,5%; boro — ácido bórico al 0,1‑0,2%).

Puntos clave

1. Nunca aplique todos los fertilizantes a la vez. La remolacha necesita una nutrición diferente en cada etapa. Siga el esquema por fases.

2. El nitrógeno es para las hojas, el potasio para la raíz. Desplazarse hacia el nitrógeno en la segunda mitad del ciclo es el error principal de los horticultores principiantes.

3. El boro es su seguro. Incluso si no ve problemas, una o dos pulverizaciones preventivas con boro al inicio del crecimiento se recompensarán con la calidad de la cosecha.

4. El sodio es un complemento útil, pero no una panacea. Utilícelo en suelos ligeros o en sequía, pero no olvide el potasio.

5. Los abonados foliares son una forma rápida de corregir deficiencias. Actúan varias veces más rápido que los radiculares, pero no sustituyen a la nutrición de base.

6. Suspenda los abonados 3‑4 semanas antes de la cosecha. Esto permite a las raíces acumular azúcares y prepararse para el almacenamiento.

Referencias

  1. GASHASH, E.A., ASHMAWI, A.E., EL-TAHER, A.M., OMAR, M.A., OSMAN, N.A., TAHA, N.M., ELKELISH, A. (2022). ‘Effect of fertilizing with different levels of phosphorous and zinc on the botanical characteristics of table beet (Beta vulgaris L.)’, Notulae Botanicae Horti Agrobotanici Cluj-Napoca, 50(1), 12579. doi: 10.15835/nbha50112579
  2. Nonnecke, L. (1989). ‘Roots’, in Vegetable production. New York, USA: Van Nostrand Reinhold, pp. 320-368.
  3. ROY, S., ZAMAN, F., MALLICK, A., PAUL, S. (2026). ‘Optimizing integrated nutrient management strategies for maximizing yield and quality of table beet (Beta vulgaris L.) under subtropical conditions’, Journal of Central European Agriculture, 27(1), 134-143. doi: 10.5513/JCEA01/27.1.4819
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  7. Тараканов, Г.И., Мухин, В.Д., Шуин, К.А., Борисов, Н.В., Климов, В.В., Никифоров, М.А., Скачко, В.А., Тараканов, И.Г., Холодецкий, М.С. (2003). ‘Производство овощей в открытом грунте [Open-field vegetable production]’, in Овощеводство [Vegetable growing]. Москва: КолосС, pp. 286-448.
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