Preparación del suelo

Actualizado: 11 Julio 2026 Русский English

1. Por qué la preparación del suelo es especialmente importante para la calabaza

¿Alguna vez te has preguntado por qué en la misma parcela unos horticultores cultivan calabazas del tamaño de una rueda de tractor y otros apenas logran frutos del tamaño de un balón de fútbol? El secreto a menudo no está en las semillas «mágicas», sino en lo que se hizo bajo tierra varias semanas antes de la siembra. La preparación del suelo para la calabaza no es una tarea rutinaria, sino la inversión más importante para la cosecha futura. Ignorar esta etapa es el error más común, que anula todos los demás esfuerzos.

¿Por qué la calabaza es tan exigente con las «condiciones iniciales»? La respuesta está en sus características biológicas, que convierten a este cultivo en un verdadero «bogatyr» (héroe) de la huerta.

  • Sistema radicular potente pero vulnerable: A diferencia de muchas otras hortalizas, la calabaza forma un sistema radicular increíblemente ramificado. Su raíz principal puede penetrar hasta 2 metros o más, y la masa de raíces laterales abarca un volumen de suelo de hasta 5 m³ (Autko et al., 2012). Esto permite a la planta extraer agua y nutrientes de las capas profundas. Sin embargo, paradójicamente, la mayor parte de las raicillas absorbentes se encuentra en la capa superior, más fértil (Torikov y Sychev, 2018). Si esta capa es pobre, compacta o fría, ni la raíz principal más poderosa salvará la cosecha. La planta simplemente no podrá «alimentar» sus enormes hojas y frutos.
  • Gran superficie foliar y alto consumo de agua: La calabaza es una verdadera «bomba de agua». Sus grandes hojas evaporan enormes cantidades de humedad. En un día caluroso, una sola planta puede perder varios litros de agua. Por lo tanto, el suelo no solo debe retener bien la humedad (alta capacidad de retención), sino también tener una excelente estructura para que el agua y el aire lleguen libremente a las raíces. Un suelo suelto y terroso actúa como una esponja: absorbe y retiene el agua de lluvia y de riego, evitando el estancamiento y las condiciones que provocan la pudrición de raíces (Wehner et al., 2020).
  • Largo período de crecimiento y alto consumo de nutrientes: La calabaza es un cultivo de ciclo largo (de 80 a 130 días o más). Durante este tiempo produce decenas de kilogramos de masa de frutos. Obviamente, esto requiere una enorme cantidad de «material de construcción»: elementos nutritivos. Por ejemplo, para producir un rendimiento de 60 toneladas por hectárea, las plantas de calabaza extraen del suelo grandes cantidades de nitrógeno, fósforo y potasio (Welbaum, 2015). Si no se proporciona una nutrición equilibrada desde el principio, la planta simplemente no podrá alcanzar su potencial.
  • Acumulación de gran cantidad de materia seca en los frutos: Valoramos la calabaza por su pulpa dulce, densa y aromática. Esto no es más que azúcares, almidón, vitaminas y otros compuestos orgánicos acumulados. Para «llenar» el fruto con estos valiosos componentes, la planta necesita una «fábrica» potente: un sistema radicular sano y un aparato foliar abundante, y para su funcionamiento, un suelo fértil.

La idea principal de este capítulo: La futura cosecha de calabaza, su tamaño, sabor y capacidad de conservación, se determina en aproximadamente un 70 % antes de que la semilla toque el suelo. Una preparación adecuada del suelo no es solo «cavar», sino crear la «plataforma de lanzamiento» ideal para el crecimiento de una planta vigorosa. Al invertir esfuerzo en la preparación del suelo una vez, sientas las bases para todos los cuidados posteriores.

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2. ¿Cómo debe ser el suelo ideal?

A menudo se dice que la calabaza es un cultivo «poco exigente». Y es cierto: puede crecer en suelos muy diversos. Sin embargo, la diferencia entre «simplemente crecer» y «dar cosechas récord» es enorme. Para que la calabaza desarrolle todo su potencial, el suelo debe cumplir varios requisitos clave. Comprender estos requisitos te ayudará no solo a «adivinar» el lugar, sino a crear deliberadamente las condiciones óptimas.

Entonces, ¿cómo es el suelo ideal para la calabaza?

Estructura: suelta, terrosa, «respirable». Esta es la condición más importante. El sistema radicular de la calabaza, aunque potente, es muy sensible a la falta de oxígeno (Autko et al., 2012). En suelos arcillosos densos y encostrados, las raíces se asfixian, absorben mal el agua y los nutrientes. La estructura ideal es terrosa o granular. Este tipo de suelo es fácilmente penetrado por las raíces, contiene muchos poros llenos de aire y conduce bien el agua. Imagina un pastel suelto y desmenuzable: ese es el ideal.

Profundidad de la capa fértil: cuanto más profunda, mejor. Como ya hemos dicho, la raíz principal de la calabaza puede penetrar hasta 2 metros de profundidad, mientras que la mayor parte de las raicillas absorbentes explora el horizonte de cultivo. Cuanto más profunda y fértil sea esta capa, mayor será el «espacio vital» para las raíces y mayor el volumen de suelo que podrán explorar para obtener humedad y nutrientes (Lebedeva, 1987). En parcelas con una capa fértil delgada, bajo la cual hay arena estéril o arcilla compacta, la calabaza sufrirá estrés, especialmente en períodos secos.

Aireación: las raíces deben respirar. Esto está directamente relacionado con la estructura. Durante la respiración, las raíces absorben oxígeno y liberan dióxido de carbono. Si el suelo está anegado o muy compactado, el intercambio gaseoso se ve alterado. En tales condiciones, las raíces comienzan a morir, la planta se debilita y se vuelve susceptible a las pudriciones radiculares. Una buena aireación es la clave para un sistema radicular sano.

Capacidad de retención de humedad: capacidad para retener agua. La calabaza «bebe» mucho y a menudo. El suelo no solo debe permitir que el agua pase rápidamente, sino también retenerla, creando una reserva disponible para las raíces. El equilibrio ideal es cuando el suelo, como una esponja bien escurrida, contiene humedad pero no está inundado hasta el punto de «pantano». Son precisamente los suelos francos y franco arenosos, ricos en materia orgánica, los que poseen esta capacidad (Welbaum, 2015).

Contenido de materia orgánica: «combustible» para la fertilidad. No es solo «alimento» para las plantas. La materia orgánica (humus) es el pegamento que une las partículas del suelo en terrones, creando esa estructura ideal. Es la esponja que retiene la humedad y los nutrientes, impidiendo que se laven. Es una fuente de alimento para los microorganismos beneficiosos del suelo, que transforman la materia orgánica en formas disponibles para las plantas. Cuanto mayor sea el contenido de humus, más fértil, «vivo» y agradecido será el suelo.

Acidez (pH): neutra o ligeramente ácida. La calabaza no tolera suelos fuertemente ácidos. En tales condiciones, muchos nutrientes (especialmente fósforo y calcio) se vuelven inaccesibles para las plantas, y las raíces pueden verse afectadas por enfermedades (Welbaum, 2015). El rango de pH óptimo para la calabaza es de 6,0 a 6,8 (cerca de neutro). En suelos turbosos, se acepta un pH de 5,0 a 5,5 (Autko et al., 2012). Si tienes suelo ácido, debes encalarlo obligatoriamente.

Calentamiento: ama el calor. La calabaza es un cultivo de origen sureño. Sus semillas comienzan a germinar solo a una temperatura del suelo no inferior a 10–12 °C, y para el crecimiento activo de las raíces se requiere una temperatura aún más alta, alrededor de 20–24 °C (Autko et al., 2012). Por lo tanto, el suelo debe calentarse bien y rápidamente con el sol. Las arcillas pesadas y húmedas se calientan lentamente; las arenas y francos ligeros, rápidamente. En suelos fríos y húmedos, la calabaza se retrasará mucho en su desarrollo.

Resumen:

El suelo ideal para la calabaza es un franco o franco arenoso profundo (25–30 cm o más), suelto, rico en materia orgánica (humus), con reacción neutra o ligeramente ácida (pH 6,0–6,8), que conduzca bien el agua y el aire, pero que al mismo tiempo tenga suficiente capacidad de retención de humedad y se caliente rápidamente. Si tu parcela está lejos de este ideal, no te desesperes. En el próximo capítulo analizaremos cómo evaluar tu tipo de suelo y mejorarlo de manera específica.

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3. Cómo evaluar la parcela

Conocer tu parcela es la mitad del éxito. Antes de coger la pala y aplicar fertilizantes, es importante entender con qué estás tratando. El suelo de tu parcela no es solo «tierra». Es un ecosistema complejo, y cada tipo tiene sus propias características, fortalezas y debilidades. Nuestra tarea es realizar un pequeño «diagnóstico» para entender qué necesita mejorar y qué ya está bien.

Existen varios métodos sencillos para evaluar el suelo que no requieren equipos especiales.

Paso 1. Determinar la composición mecánica (estructura).

El método más simple y visual es la «prueba de la salchicha». Toma un puñado de tierra húmeda (pero no mojada) e intenta hacer una bola con las palmas, y luego extiéndela formando un cordón de unos 3–5 mm de grosor. Según los resultados, podrás determinar el tipo de suelo (Welbaum, 2015):

  • Arena: Es imposible formar una bola: se desmorona en las manos. Suelo arenoso. Es un suelo ligero, que se calienta rápidamente, pero casi no retiene humedad ni nutrientes.
  • Franco arenoso: Se puede formar una bola, pero al intentar extenderla en un cordón, este se deshace en pequeños fragmentos. Es una opción buena pero algo pobre: ya puede retener un poco de humedad y nutrientes.
  • Franco: El cordón se forma, pero al enrollarlo en un anillo, se agrieta y se rompe. Esta es la opción ideal para la calabaza. El suelo mantiene bien la forma, es nutritivo, retiene la humedad y está aireado.
  • Arcilla: El cordón se forma fácilmente y, al enrollarlo en un anillo, no se agrieta. Es un suelo pesado y denso. Es rico en nutrientes, pero conduce mal el agua y el aire, y se calienta lentamente.

Paso 2. Evaluar el aspecto y el «comportamiento» del suelo.

Se puede obtener información adicional simplemente observando la parcela:

  • Color: Los suelos claros, grises o arenosos suelen ser pobres en materia orgánica. Los oscuros, casi negros, son ricos en humus y fértiles.
  • Comportamiento después de la lluvia o el riego: Si el agua se estanca en la superficie, forma charcos o el suelo se convierte en «gelatina», es señal de arcilla. Si el agua desaparece instantáneamente y la superficie se seca rápidamente, es arena.
  • Estructura en estado seco: La arcilla seca se vuelve dura como un ladrillo y se agrieta. La arena seca es suelta. Un buen franco al secarse se desmenuza en pequeños terrones.

Paso 3. Comprobar la acidez (pH).

Como ya sabemos, a la calabaza no le gustan los suelos ácidos. El método más preciso es usar un medidor de pH o papel de tornasol, que se venden en centros de jardinería. Es barato y sencillo.

Si no dispones de este dispositivo, puedes guiarte por las plantas indicadoras. En suelos ácidos suelen crecer abundantemente la cola de caballo, la acedera, el llantén y el ranúnculo rastrero. Si estos «silvestres» son visitantes frecuentes en tu parcela, es muy probable que el suelo necesite encalado (Welbaum, 2015).

Ahora analicemos los problemas que pueden surgir en cada tipo de suelo:

Suelos arenosos: «una cartera con agujeros».

  • Ventajas: se calientan rápidamente, son fáciles de trabajar, excelente aireación.
  • Desventajas: retienen mal la humedad y los nutrientes. Todos los fertilizantes y el agua se filtran rápidamente, sin quedarse en la zona radicular. La calabaza en arena sufrirá de sed y hambre; los frutos pueden ser pequeños.

Suelos arcillosos: «un tesoro encerrado».

  • Ventajas: muy ricos en nutrientes.
  • Desventajas: densos, poco aireados, se calientan lentamente. El agua se estanca, lo que provoca la pudrición de raíces y el desarrollo de enfermedades. Las raíces penetran con dificultad en la masa compacta.

Suelos francos: «el punto medio dorado».

  • La mejor opción para la calabaza. Retienen bien la humedad y los nutrientes, y además tienen una estructura suelta que asegura el acceso de aire a las raíces. Se calientan rápidamente. Es en estos suelos (francos y franco arenosos) donde la calabaza muestra su máximo rendimiento (Welbaum, 2015; Autko et al., 2012).

Suelos turbosos: «riqueza con trampa».

  • Son suelos muy fértiles, ricos en materia orgánica. Sin embargo, suelen tener una acidez elevada. Además, pueden estar anegados y tener un nivel freático alto. La calabaza crecerá bien en ellos, pero requiere un ajuste obligatorio del pH (encalado) y un buen drenaje (Welbaum, 2015).

¿Qué hacer si tu parcela está lejos de ser franca?

¡No te desesperes! El suelo se puede y se debe mejorar. Es una de las tareas más gratificantes del huerto. En el próximo capítulo analizaremos en detalle cómo convertir las desventajas en ventajas y preparar cualquier suelo para la calabaza.

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4. Cómo mejorar los diferentes tipos de suelo

Bien, has realizado el «diagnóstico» de tu parcela y sabes qué tipo de suelo tienes. Ahora viene lo interesante: convertir las desventajas en ventajas. La mejora del suelo no es una acción puntual, sino un proceso que se amortiza con creces. El principio principal aquí no es luchar contra la naturaleza, sino ayudarla, corrigiendo aquellas propiedades que impiden que la calabaza desarrolle su potencial.

Veamos los problemas principales y sus soluciones.

Situación 1. Suelo arcilloso pesado («respira con dificultad»)

  • Problema: Estructura densa, mala aireación, estancamiento de agua, calentamiento lento. Las raíces de la calabaza en este suelo se asfixian y sufren por exceso de humedad. Los nutrientes están presentes, pero a menudo en formas no disponibles.
  • Estrategia de mejora: Aflojar y «revitalizar».
    • Aplicar arena gruesa (de río, no de construcción) y serrín. Son los «aflojantes» más eficaces. La arena crea un armazón por el que el agua y el aire penetran en profundidad, mientras que el serrín (preferiblemente descompuesto o previamente empapado con urea) hace la estructura más porosa. Aplicar durante la excavación a razón de 1–2 cubos por metro cuadrado.
    • Aplicar grandes cantidades de materia orgánica. Compost, estiércol: no solo nutren, sino que «pegan» las partículas arcillosas en terrones más grandes y sueltos, mejorando la estructura. Esto funciona porque los ácidos orgánicos liberados por los microorganismos durante la descomposición de la materia orgánica ayudan a unir las partículas arcillosas en agregados, mejorando la permeabilidad al agua y la aireación (Welbaum, 2015). Aplicar 1–2 cubos por metro cuadrado.
    • Sembrar abonos verdes con sistemas radiculares potentes. Centeno, avena, facelia, mostaza. Sus raíces penetran la arcilla densa, creando canales para el agua y el aire. Después de segar, la masa verde se incorpora al suelo, enriqueciéndolo con materia orgánica. Este método es especialmente eficaz en la preparación otoñal.

Situación 2. Suelo arenoso ligero («cartera con agujeros»)

  • Problema: Retiene mal la humedad y los nutrientes. Todos los elementos útiles se lavan rápidamente a horizontes inferiores, inaccesibles para la mayoría de las raíces. La calabaza en arena experimenta constantemente «hambre» y «sed».
  • Estrategia de mejora: Aumentar la capacidad de retención de agua y nutrientes.
    • Aplicar arcilla o franco. Puede parecer extraño, pero funciona. Añadir partículas arcillosas a la arena crea una mezcla capaz de retener agua y nutrientes. Esto se llama «arcillado» de arenas. Aplicar varios cubos de suelo arcilloso por metro cuadrado.
    • Aplicar grandes cantidades de materia orgánica. Compost, estiércol, turba. La materia orgánica en la arena actúa como una esponja que absorbe y retiene la humedad. Cada año, a medida que se descompone, también se convierte en fuente de nutrición. Dosis: al menos 1–2 cubos por metro cuadrado.
    • Acolchado. El acolchado permanente de la superficie del suelo con paja, hierba cortada, serrín, es una de las mejores formas de evitar que la arena se seque y conservar la humedad en la zona radicular.

Situación 3. Suelo pobre y agotado («no hay donde crecer»)

  • Problema: Bajo contenido de humus, deficiencia de nutrientes principales (nitrógeno, fósforo, potasio).
  • Estrategia de mejora: Alimentar generosamente y aumentar la fertilidad.
    • Aplicar estiércol descompuesto o compost. Es un clásico. Contienen un conjunto completo de nutrientes y son la base para aumentar la fertilidad. Lo mejor es aplicarlos en otoño durante la excavación para que en primavera se hayan descompuesto y estén disponibles para las plantas (Lebedeva, 1987).
    • Usar abonos verdes. Las leguminosas (veza, guisante, altramuz) enriquecen el suelo con nitrógeno, mientras que la mostaza y la facelia lo hacen con fósforo y potasio. Es una forma ecológica y muy eficaz de aumentar la fertilidad.
    • Aplicar ceniza de madera. No solo es fuente de potasio y fósforo, sino también de microelementos. La ceniza también ayuda a reducir la acidez del suelo, lo que es especialmente útil en suelos pobres podzólicos.

Situación 4. Suelo ácido (pH < 6,0)

  • Problema: La mayoría de los nutrientes, especialmente el fósforo y el calcio, se encuentran en formas no disponibles para las plantas. Las raíces de la calabaza en medio ácido se desarrollan mal y a menudo son atacadas por enfermedades.
  • Estrategia de mejora: Encalado.
    • Aplicar cal, dolomita, tiza o ceniza de madera. Es la única forma de reducir la acidez. La dolomita es la opción preferida porque contiene magnesio, que también es beneficioso para la calabaza. Aplicar la cal en otoño durante la excavación, mezclándola bien con el suelo. La ceniza de madera también reduce eficazmente la acidez, pero se necesita más cantidad (Welbaum, 2015). ¡Importante! No aplicar cal simultáneamente con grandes cantidades de estiércol fresco para evitar pérdidas de nitrógeno.

Situación 5. Suelo frío y lento para calentarse

  • Problema: La calabaza ama el calor, y en suelo frío su crecimiento se retrasa mucho. Las semillas pueden tardar en germinar y las raíces en desarrollarse.
  • Estrategia de mejora: «Calentar» y crear «bancales cálidos».
    • Crear bancales elevados. Es el método más eficaz. Un bancal elevado 20–40 cm sobre el nivel del suelo se calienta mucho más rápido con el sol que una superficie plana, especialmente en suelos pesados.
    • Usar acolchado oscuro o plástico. El plástico negro o el spunbond no solo suprimen las malas hierbas, sino que acumulan el calor solar y lo transmiten al suelo. Esto permite plantar las plántulas 2–3 semanas antes (Lebedeva, 1987).
    • Construir bancales «calientes» con biocombustible. Es una técnica aparte muy eficaz, que veremos en detalle en el capítulo 7.

Nota importante: Todas las mejoras, especialmente la adición de materia orgánica y arena/arcilla, son un proceso que lleva varios años. La aplicación regular y anual de materiales mejoradores creará gradualmente en tu parcela ese suelo ideal y fértil del que hablamos en el capítulo 2. Comienza con pequeños pasos y verás cómo año tras año tus calabazas se vuelven más grandes y sabrosas.

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5. Materia orgánica

La materia orgánica es el «corazón» de la fertilidad del suelo. No es solo un fertilizante, sino el material de construcción para la estructura, el combustible para los microorganismos y una fuente de nutrición a largo plazo para las plantas. Sin suficiente materia orgánica, todos los demás esfuerzos para mejorar el suelo tendrán un efecto limitado.

Para la calabaza, con su enorme apetito y largo período de crecimiento, es difícil exagerar la importancia de la materia orgánica. No solo consume nutrientes, sino que forma una biomasa enorme, y para ello necesita un «almacén» que se reponga constantemente. Un trabajo competente con la materia orgánica permite crear ese almacén.

¿Qué es la materia orgánica y por qué es tan importante?

  • Mejora la estructura del suelo: Las sustancias orgánicas actúan como un «pegamento» que une las partículas minerales en terrones y agregados estables al agua. Esto hace que el suelo arcilloso sea más suelto y permeable al aire, y el arenoso más cohesivo y retenedor de humedad (Welbaum, 2015).
  • Aumenta la capacidad de retención de agua: La materia orgánica actúa como una esponja, absorbiendo y reteniendo agua cientos de veces su peso. Esto es especialmente importante para la calabaza, que consume grandes cantidades de humedad.
  • Sirve como fuente de nutrientes: Al descomponerse gradualmente, la materia orgánica libera nitrógeno, fósforo, potasio y microelementos en formas disponibles para las plantas.
  • Alimenta la biota del suelo: Los microorganismos, lombrices de tierra y otros habitantes del suelo se alimentan de materia orgánica. Durante su actividad vital, la transforman en humus disponible para las plantas, liberan sustancias que estimulan el crecimiento de las raíces y crean conductos por los que el aire y el agua penetran en el suelo.
  • Reduce la acidez: Durante la descomposición de la materia orgánica se forman ácidos orgánicos que neutralizan el exceso de alcalinidad; pero más importante para nuestros suelos ácidos, el proceso de humificación ayuda a crear un sistema tampón que estabiliza el pH en el rango óptimo para las plantas.

Ahora veamos los principales tipos de materiales orgánicos, sus características y formas de aplicación:

Compost: Es el «oro negro» del horticultor. El compost es una mezcla de restos vegetales, residuos de cocina, hierba, hojas, procesada por microorganismos. A diferencia del estiércol fresco, es seguro para las raíces (no quema) y contiene un conjunto equilibrado de nutrientes.

  • Cuándo aplicarlo: Mejor en otoño durante la excavación, pero también se puede en primavera, 2–3 semanas antes de la siembra.
  • Por qué funciona: El compost maduro es rico en sustancias húmicas, que se incorporan rápidamente a los procesos del suelo y se vuelven disponibles para las plantas (Welbaum, 2015).
  • Dosis: 1–2 cubos por metro cuadrado.

Humus: Es estiércol totalmente descompuesto (generalmente añejado 2–3 años). Sus propiedades son similares al compost maduro, pero a menudo contiene más nitrógeno.

  • Cuándo aplicarlo: Otoño o primavera. Es uno de los mejores fertilizantes para la calabaza.
  • Por qué funciona: El humus es una nutrición equilibrada y completamente lista para ser absorbida. No contiene microflora patógena ni semillas de malas hierbas, como el estiércol fresco.
  • Dosis: 1–2 cubos por metro cuadrado.

Estiércol descompuesto (no se recomienda el estiércol fresco): El estiércol fresco contiene mucho amoníaco, que puede quemar las raíces. Además, contiene muchas semillas de malas hierbas y organismos patógenos.

  • Por qué se prefiere el descompuesto: Durante el almacenamiento (añejamiento), el amoníaco se volatiliza, los patógenos mueren parcialmente y la materia orgánica se vuelve más estable y segura. El estiércol fresco solo se puede aplicar en otoño, bajo excavación profunda, para que se descomponga en el suelo (Lebedeva, 1987).
  • Dosis: 1–2 cubos por metro cuadrado.

Abonos verdes («fertilizantes verdes»): Son plantas que se cultivan específicamente para ser incorporadas al suelo. Es una de las formas más ecológicas y eficaces de enriquecer el suelo con materia orgánica.

  • Cuáles son mejores para la calabaza: Las leguminosas (veza, guisante, altramuz) enriquecen el suelo con nitrógeno. La mostaza, la facelia, el centeno producen mucha masa verde, aflojan el suelo con sus raíces y suprimen las malas hierbas. El centeno es especialmente bueno para suelos arcillosos, y la mostaza para combatir el gusano alambre (Mondal et al., 2020).
  • Cuándo y cómo: Los abonos verdes se siembran inmediatamente después de la cosecha del cultivo anterior (generalmente en agosto–septiembre). En primavera, 2–3 semanas antes de plantar la calabaza, se siega la masa verde y se incorpora a la capa superior del suelo a una profundidad de 10–15 cm.
  • Por qué es eficaz: Las raíces de los abonos verdes penetran en el suelo, mejorando su estructura. La masa verde, al descomponerse, forma humus y enriquece el suelo con nutrientes. Esto funciona mejor que la aplicación de humus puro, porque los abonos verdes mejoran la estructura en toda la profundidad de la zona radicular (Pessarakli, 2016).
  • Importante: ¡No entierres los abonos verdes demasiado profundos! En la capa superior aireada se descomponen más rápido y aportan más beneficios.

Restos vegetales: Restos de cultivos, hierba cortada, hojas, paja. Es una fuente gratuita y accesible de materia orgánica.

  • Regla principal: Utilizar solo restos vegetales sanos. Si los restos estaban afectados por enfermedades, es mejor quemarlos o compostarlos por separado durante 1–2 años.
  • Cómo usarlos: Se pueden añadir al compost o usar para acolchado. Al incorporarlos al suelo, lo enriquecen con materia orgánica, pero el proceso de descomposición es más lento que con el humus.
  • Matiz importante: La paja fresca o el serrín contienen mucho carbono. Al descomponerse, los microorganismos consumen activamente nitrógeno del suelo, lo que puede provocar una carencia temporal de nitrógeno en las plantas. Por eso es mejor aplicarlos en otoño o junto con fertilizantes nitrogenados (Pessarakli, 2016).

La regla principal del trabajo con materia orgánica: Es mejor aplicarla regularmente, pero en pequeñas dosis, que una sola vez en grandes cantidades. La aplicación sistemática de sustancias orgánicas año tras año crea en el suelo un nivel estable y alto de fertilidad.

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6. Preparación mineral del suelo

Las sustancias orgánicas crean la base de la fertilidad, mejoran la estructura y alimentan la biota del suelo. Sin embargo, para obtener el máximo rendimiento de calabaza, solo la materia orgánica no es suficiente. La calabaza es un cultivo con necesidades muy altas de nutrientes minerales. Durante el crecimiento activo y el llenado de los frutos, consume grandes cantidades de nitrógeno, fósforo, potasio y otros elementos. Por lo tanto, una preparación mineral adecuada del suelo no es un complemento, sino una condición obligatoria para el éxito.

Es importante entender: los fertilizantes minerales no son «productos químicos» en un sentido negativo, sino concentrados de nutrientes que las plantas pueden absorber rápida y en la cantidad necesaria. A diferencia de la materia orgánica, que funciona «para el futuro», los fertilizantes minerales proporcionan a la planta «aquí y ahora». Pero hay que aplicarlos con inteligencia.

¿Qué elementos son especialmente importantes para la calabaza y por qué?

Nitrógeno (N): «material de construcción» para hojas y tallos. El nitrógeno es un elemento clave para formar una masa verde potente. Forma parte de las proteínas, la clorofila y las enzimas. Sin suficiente nitrógeno, la calabaza no podrá desarrollar el enorme aparato foliar necesario para la fotosíntesis y la nutrición de los frutos. Sin embargo, el exceso de nitrógeno (especialmente durante la fructificación) puede provocar un «engorde»: crecimiento excesivo de hojas y tallos en detrimento de los frutos, así como acumulación de nitratos (Welbaum, 2015). Por lo tanto, el nitrógeno debe aplicarse de forma equilibrada, según la fase de desarrollo de la planta.

Fósforo (P): «energía» para raíces y floración. El fósforo es necesario para el desarrollo de un sistema radicular fuerte, la formación de yemas florales y el desarrollo de las semillas. Participa en el metabolismo energético de la planta. En suelos pobres en fósforo, la calabaza forma un sistema radicular débil, florece mal y cuaja pocos frutos. El fósforo es especialmente importante en la etapa inicial de crecimiento, por lo que a menudo se aplica en fertilizantes de arranque (Pessarakli, 2016). A diferencia del nitrógeno, el fósforo es poco móvil en el suelo, por lo que es mejor incorporarlo en la zona de futuro desarrollo de las raíces: en los hoyos de siembra o surcos.

Potasio (K): «salud y sabor» de los frutos. El potasio aumenta la resistencia de las plantas a la sequía, las enfermedades y las bajas temperaturas. Regula el equilibrio hídrico y participa en la síntesis de azúcares y carbohidratos. Es el potasio el responsable del dulzor, la densidad y la capacidad de conservación de los frutos de la calabaza. Con deficiencia de potasio, los frutos crecen acuosos, insípidos y se conservan mal (Autko et al., 2012). El potasio, al igual que el fósforo, es mejor aplicarlo con antelación.

Elementos secundarios y microelementos (Calcio, Magnesio, Boro, Cobre, Zinc, Molibdeno): Estos elementos se necesitan en menores cantidades, pero su deficiencia puede afectar gravemente la cosecha. El calcio fortalece las paredes celulares y previene la pudrición apical de los frutos. El magnesio forma parte de la clorofila y es necesario para la fotosíntesis. El boro mejora la polinización y el cuajado. El cobre y el zinc participan en procesos enzimáticos (Welbaum, 2015). En suelos fértiles ricos en materia orgánica, las deficiencias de microelementos son raras, pero en suelos pobres, arenosos o ácidos puede ser un problema grave.

¿Cómo aplicar correctamente los fertilizantes minerales para la calabaza?

El principio fundamental es la aplicación de fondo «bajo excavación» y la aplicación en el momento de la siembra «en el hoyo».

1. Aplicación de fondo (en otoño o primavera bajo excavación):

Esta es la base de la nutrición. Normalmente se aplican fertilizantes fosforados y potásicos, que son poco móviles en el suelo, y una parte de los nitrogenados.

Dosis orientativas recomendadas (por hectárea; para convertir a centiáreas, usa la relación 1 ha = 100 áreas = 10 000 m²):

  • Nitrogenados (nitrato amónico, urea): 100–200 kg/ha de principio activo (Welbaum, 2015). La dosis exacta depende del contenido de humus del suelo.
  • Fosforados (superfosfato): 100–150 kg/ha (Welbaum, 2015; Pessarakli, 2016).
  • Potásicos (cloruro potásico, sulfato potásico): 150–200 kg/ha (Welbaum, 2015; Pessarakli, 2016).

Importante: Para los horticultores aficionados es más fácil basarse en fórmulas sencillas. Por ejemplo, aplicar bajo excavación 30–40 g de superfosfato y 20–30 g de fertilizante potásico por 1 m². O utilizar fertilizantes complejos como la nitroamofoska (N:P:K = 16:16:16 o 15:15:15), aplicando 40–50 g por 1 m². Sin embargo, recuerda que una sobredosis de fertilizantes minerales es más peligrosa que una carencia. Sigue siempre las instrucciones del envase.

2. Aplicación en el hoyo (localizada):

Es una técnica muy eficaz para la calabaza. Al plantar semillas o plántulas, añade una pequeña cantidad de fertilizante fosforado (por ejemplo, 1 cucharada de superfosfato) en cada hoyo y mézclalo bien con la tierra para que las raíces no contacten con el fertilizante puro.

¿Por qué hacerlo? Proporciona a la planta joven fósforo disponible en el período más crítico: cuando se forma el sistema radicular primario. Las raíces «encuentran» inmediatamente el alimento, lo que da un arranque potente al crecimiento (Pessarakli, 2016).

4. Fertilizaciones durante el ciclo vegetativo:

La calabaza responde bien a las fertilizaciones durante el crecimiento.

Primera fertilización: 2–3 semanas después de la emergencia o del trasplante, cuando las plantas están desarrollando activamente masa verde. En este momento se aplican principalmente fertilizantes nitrogenados (por ejemplo, infusión de estiércol de vaca, hierba o urea: 10–15 g por cubo de agua).

Segunda fertilización: durante la floración y el cuajado de frutos. En este momento se aplican fertilizantes potasio-fosforados (por ejemplo, ceniza o sulfato potásico + superfosfato: 20–30 g por cubo de agua). El nitrógeno ya no es necesario en esta fase, ya que su exceso estimula el crecimiento de hojas, no de frutos.

Es mejor combinar las fertilizaciones con el riego para que la solución fertilizante se distribuya uniformemente en la zona radicular.

¿Cómo saber qué le falta al suelo?

El método más fiable es realizar un análisis de suelo. Se puede hacer en un laboratorio agroquímico. Obtendrás cifras exactas del contenido de los elementos principales y del pH, así como recomendaciones sobre dosis de fertilizantes.

Si no tienes esa posibilidad, guíate por el aspecto de las plantas. Pero este método requiere experiencia y solo permite corregir deficiencias puntuales. Al preparar el suelo, es mejor aplicar nutrientes «con reserva» en forma de materia orgánica y un complejo mineral básico.

El principio fundamental de la preparación mineral: No intentes «alimentar» a la planta con todo a la vez. Utiliza la materia orgánica como base para la fertilidad a largo plazo, y los fertilizantes minerales como «acelerador» para el crecimiento inicial y las fases clave del desarrollo. Así obtendrás una planta vigorosa que podrá alcanzar su potencial y dar frutos grandes y dulces.

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7. Preparación de la parcela

Ahora que hemos tratado la teoría—cómo debe ser el suelo, cómo evaluarlo y mejorarlo—es hora de pasar a la práctica. La preparación de la parcela es una etapa clave donde todo nuestro conocimiento se convierte en acciones concretas. De lo cuidadosa que sea la preparación del bancal depende la rapidez y uniformidad con que germinen las semillas, la rapidez con que se desarrolle el sistema radicular y, en última instancia, la cosecha que obtengamos.

No se trata solo de «cavar y sembrar». Se trata de crear las condiciones óptimas para el crecimiento de una planta vigorosa. Vamos a desglosar este proceso paso a paso.

1. Calendario de preparación: ¿cuándo empezar?

Es mejor empezar la preparación de la parcela para la calabaza en otoño. Es la «regla de oro» para muchos cultivos, y la calabaza no es una excepción.

Preparación otoñal (septiembre–octubre): El objetivo principal es sentar las bases de la fertilidad. En este momento se aplican fertilizantes orgánicos (humus, compost, estiércol descompuesto) y fertilizantes fosfo-potásicos, y luego se realiza una excavación profunda o arado a 25–30 cm (Lebedeva, 1987; Pantielyev, 1986). Durante el invierno, la materia orgánica se descompone parcialmente, el suelo se asienta y se estructura bajo la acción de las heladas y el agua de deshielo. La excavación otoñal es especialmente importante en suelos arcillosos pesados: las heladas rompen los terrones, haciendo la estructura más esponjosa.

Preparación primaveral (abril–mayo): 2–3 semanas antes de la siembra o el trasplante, se realiza un ligero descompactado de la capa superficial (a 12–15 cm) para conservar la humedad y eliminar las malas hierbas germinadas. En este momento también se pueden aplicar fertilizantes nitrogenados, ya que son fácilmente lavables y su aplicación en otoño es ineficaz (Welbaum, 2015).

Aplicación de estiércol fresco: Matiz importante. El estiércol fresco para la calabaza solo se puede aplicar en otoño, bajo excavación profunda. Durante el invierno se descompone parcialmente y no quemará las raíces. En primavera es mejor no usar estiércol fresco, especialmente en los hoyos (Lebedeva, 1987).

2. Laboreo del suelo: ¿excavación o arado?

Profundidad: Para la calabaza, con su potente sistema radicular, es importante un laboreo profundo. La profundidad mínima de excavación es de 25 cm, la óptima de 30 cm o más (Autko et al., 2012). Esto permite que las raíces penetren libremente en profundidad y exploren un mayor volumen de suelo.

Técnica: En parcelas grandes se utiliza el arado. En huertos pequeños, excavación manual con pala. Es importante no romper los terrones grandes en suelos arcillosos si excavas en otoño: la escarcha lo hará por ti. En suelos arenosos ligeros, puede bastar con un descompactado profundo (cultivo).

3. Hoyos de plantación: un lugar de poder para cada planta

La calabaza es un cultivo de marco amplio, por lo que preparar los hoyos de plantación es preparar «cámaras» individuales para cada planta.

Tamaño del hoyo: Haz hoyos de 40–50 cm de diámetro y 30–40 cm de profundidad. No es solo un agujero para una semilla, es una zona de nutrición y humedad concentrada para la planta joven.

Relleno del hoyo: Es la técnica más importante para obtener una cosecha récord. En el fondo del hoyo coloca:

  • 1–2 cubos de humus o compost (base de nutrición);
  • 1–2 puñados de ceniza de madera (fuente de potasio, fósforo y microelementos, además de desacidificante);
  • 1 cucharada de superfosfato (para un arranque potente del sistema radicular);
  • Mezcla bien todo con la capa superficial de tierra.

Por qué es necesario: La planta joven de calabaza se encuentra inmediatamente en un «ambiente rico» con todo lo necesario para un crecimiento rápido. Las raíces no gastan energía buscando nutrientes, sino que empiezan a crecer activamente, lo que da un arranque potente a toda la planta (Lebedeva, 1987; Pantielyev, 1986).

Distancia entre hoyos: Para variedades de guía larga: 1,4–2 m entre plantas en la fila y 1,4–2 m entre filas. Para tipos arbustivos (calabacines, patissons): 70–100 cm. ¡No escatimes en espacio! El hacinamiento provoca enfermedades y reduce el rendimiento.

4. Bancales elevados: una solución para regiones frías y húmedas

Si tienes un suelo arcilloso pesado o un nivel freático alto, puedes mejorar significativamente las condiciones para la calabaza creando bancales elevados.

¿Qué es? Un bancal elevado 20–40 cm sobre el nivel del suelo y de 80–120 cm de ancho.

¿Por qué es necesario? Un bancal elevado se calienta mejor con el sol, lo que es muy importante para la calabaza. El exceso de agua drena más rápido, las raíces no se encharcan. Dentro de este bancal se crea un ambiente suelto y bien aireado (Pantielyev, 1986). En bancales elevados, la calabaza se puede plantar 1–2 semanas antes que en superficie plana.

Cómo hacerlo: En otoño o primavera, forma el bancal, añadiendo materia orgánica y arena (para suelos pesados), y excava bien. Los bordes se pueden reforzar con tablas o pizarra.

5. Cultivo en montones de compost: una «casa cálida» gratuita

Es un método sencillo y muy eficaz para horticultores aficionados.

¿Qué es? Utilizar un montón de compost viejo y descompuesto, o una hilera especialmente preparada con restos vegetales, para plantar calabazas.

¿Por qué es necesario? Dentro del montón de compost se produce una descomposición activa de la materia orgánica, que va acompañada de desprendimiento de calor. Son condiciones «cálidas» ideales para la calabaza. Además, ese montón es una fuente potentísima de nutrientes (Lebedeva, 1987).

Cómo hacerlo: En primavera u otoño, extiende una capa de tierra fértil de 15–20 cm sobre el montón de compost y planta allí la calabaza. Las raíces penetran rápidamente en la masa de compost y acceden a una cantidad ilimitada de alimento y humedad. Las cosechas en montones de compost suelen ser récord.

6. Bancales cálidos: alargando la temporada

Es una versión mejorada del montón de compost, que permite plantar la calabaza varias semanas antes de lo habitual.

¿Qué es? Un bancal en forma de zanja, relleno con capas de materia orgánica fresca (ramas, restos de cultivo, hierba, hojas, residuos de cocina, estiércol) que al descomponerse desprende calor. Encima, una capa de tierra fértil de 25–30 cm.

¿Por qué es necesario? El calor biológico de la descomposición orgánica ayuda a mantener una temperatura confortable en la zona radicular durante el tiempo fresco. Esto le da a la calabaza una ventaja en el desarrollo (Pantielyev, 1986).

Cómo hacerlo: En otoño o principios de primavera, cava una zanja de 40–50 cm de profundidad, rellénala con materia orgánica, riégala y cúbrela con plástico para iniciar el proceso. En primavera, cuando la temperatura del bancal suba, siembra las semillas o planta las plántulas.

7. Calendario en diferentes regiones (consejos prácticos)

Dado que te diriges a una audiencia global, da recomendaciones generales:

  • Regiones cálidas (sur de Rusia, Mediterráneo): La preparación puede comenzar a principios de primavera, ya que el suelo se calienta rápido. Siembra directa en tierra abierta desde finales de abril.
  • Regiones con primaveras frías (zona templada, Siberia): La preparación otoñal es obligatoria. Usa bancales elevados y cálidos. Siembra en tierra no antes de finales de mayo, cuando el suelo alcance los 10–12 °C. Es mejor usar plántulas.
  • Regiones con verano corto: El método principal son plántulas, bancales cálidos y cubiertas de plástico (Lebedeva, 1987).

Conclusión principal: La preparación de la parcela no es cavar por cavar. Es crear un entorno radicular óptimo. Comienza con la excavación otoñal con materia orgánica, prepara hoyos ricos en nutrientes y, si el suelo es pesado o frío, haz bancales elevados o cálidos. Estas sencillas técnicas se amortizarán con creces con un aumento del rendimiento y una reducción de los costes de mantenimiento.

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8. Errores típicos

Hemos cubierto todos los aspectos clave de la preparación del suelo para la calabaza: desde entender la estructura ideal hasta crear bancales cálidos. Ahora es importante hablar de lo que no se debe hacer. Los errores en la etapa de preparación son los más costosos porque sus consecuencias afectan a todo el ciclo vegetativo. Son difíciles de corregir, a menudo imposibles. Veamos los más comunes para que puedas evitarlos.

Error 1. Profundidad insuficiente del laboreo

  • En qué consiste: Excavación superficial o descompactado a solo 10–15 cm.
  • Por qué es malo: El sistema radicular de la calabaza penetra hasta 2 metros, pero la mayor parte de las raicillas absorbentes se desarrolla en el horizonte de cultivo suelto. Si esta capa es poco profunda y compacta, las raíces no pueden desarrollarse bien, la planta sufre deficiencia de humedad y nutrientes, especialmente en períodos secos (Autko et al., 2012). La calabaza no alcanzará su potencial.
  • Forma correcta: Excavación o arado profundo de al menos 25–30 cm. Esto da a las raíces libertad para crecer y acceso a un mayor volumen de humedad y nutrientes.

Error 2. Plantar en suelo frío y sin calentar

  • En qué consiste: Sembrar o trasplantar demasiado pronto, cuando el suelo aún no ha alcanzado los 10–12 °C.
  • Por qué es malo: Las semillas en suelo frío no germinan y pueden pudrirse. Las plántulas que entran en suelo frío se detienen en su crecimiento, las raíces absorben mal el agua. Esto debilita la planta, la hace susceptible a enfermedades, e incluso si sobrevive, se retrasará mucho (Wehner et al., 2020). Es casi imposible recuperar esa planta.
  • Forma correcta: Esperar a que el suelo a 10 cm de profundidad alcance los 10–12 °C. En regiones frías, usar bancales elevados, cálidos o plástico negro para acelerar el calentamiento. Mejor plantar una semana más tarde que perder la cosecha.

Error 3. Exceso de nitrógeno y deficiencia de potasio

  • En qué consiste: Uso excesivo de fertilizantes nitrogenados (estiércol fresco, urea) y abandono de los potásicos.
  • Por qué es malo: El nitrógeno estimula un crecimiento rápido de masa verde (guías y hojas) en detrimento de la fructificación. La planta «engorda»: los ovarios se caen, los frutos se llenan lentamente y se vuelven acuosos. Además, el exceso de nitrógeno favorece la acumulación de nitratos en los frutos (Welbaum, 2015). El potasio, en cambio, es crítico para el llenado de los frutos, su sabor, dulzor y capacidad de conservación. Es el potasio el que determina la calidad de la cosecha.
  • Forma correcta: Nutrición equilibrada. Al principio (antes de la floración) dar un poco de nitrógeno para el crecimiento verde, pero durante la floración y el cuajado, cambiar completamente a fertilizantes potasio-fosforados. Recuerda que la calabaza consume casi tanto potasio como nitrógeno (Pantielyev, 1986).

Error 4. Ignorar la acidez del suelo

  • En qué consiste: Plantar calabaza en suelos ácidos (pH < 6,0) sin encalar previamente.
  • Por qué es malo: En medios ácidos, muchos nutrientes (fósforo, calcio, magnesio) se vuelven no disponibles para las plantas. La calabaza empieza a pasar hambre incluso en suelos ricos. Además, en suelos ácidos se desarrollan activamente patógenos de pudriciones radiculares y otras enfermedades (Welbaum, 2015).
  • Forma correcta: Hacer un análisis del suelo. Si el pH es inferior a 6,0, aplicar dolomita, cal o ceniza. Mejor en otoño, pero también se puede en primavera, 2–3 semanas antes de plantar.

Error 5. Usar estiércol fresco en primavera o en los hoyos

  • En qué consiste: Aplicar estiércol fresco sin descomponer en los hoyos de plantación o bajo excavación justo antes de plantar.
  • Por qué es malo: El estiércol fresco contiene mucho amoníaco, que quema las raíces tiernas. Además, está lleno de semillas de malas hierbas y microflora patógena. Como resultado, la planta no solo puede enfermar gravemente, sino también morir (Lebedeva, 1987).
  • Forma correcta: Usar solo estiércol descompuesto (humus) o compost. El estiércol fresco solo se puede aplicar en otoño, bajo excavación profunda, para que se descomponga parcialmente durante el invierno.

Error 6. Mala ubicación y exceso de densidad de plantación

  • En qué consiste: Plantar calabazas demasiado juntas, a la sombra de edificios o árboles.
  • Por qué es malo: La calabaza es una planta amante de la luz. Con el hacinamiento y la sombra, las plantas compiten por luz, agua y nutrientes. Esto provoca el alargamiento de las guías, reducción de la superficie foliar, disminución de la fotosíntesis y, por tanto, del rendimiento. Además, en plantaciones densas, la circulación del aire es peor, lo que favorece el desarrollo de enfermedades (Wehner et al., 2020).
  • Forma correcta: Respetar las distancias recomendadas: 1,4–2 m para variedades trepadoras y 0,7–1 m para tipos arbustivos. Plantar en lugares abiertos y bien iluminados.

Error 7. Falta de humedad en el hoyo de plantación

  • En qué consiste: Sembrar o plantar en un hoyo seco sin regar previamente.
  • Por qué es malo: Las semillas necesitan humedad para hincharse y germinar. En suelo seco, no germinarán. Las plántulas plantadas en suelo seco sufren un gran shock, las raíces se deshidratan, lo que retrasa mucho el arraigo y el crecimiento (Pantielyev, 1986).
  • Forma correcta: Antes de plantar, regar abundantemente el hoyo (1–2 cubos). Después de plantar, regar bien la planta. La humedad es la clave para un arranque rápido.

Error 8. Descuidar el drenaje en suelos pesados

  • En qué consiste: Plantar calabaza en zonas bajas o en suelos arcillosos pesados donde el agua se estanca.
  • Por qué es malo: Las raíces de la calabaza no soportan el exceso de agua. En arcilla húmeda y fría se pudren rápidamente y la planta muere (Wehner et al., 2020).
  • Forma correcta: En suelos pesados, crear bancales elevados. También se puede añadir arena gruesa o hacer zanjas de drenaje para evacuar el agua.

Lista de comprobación final para una preparación ideal:

1. En otoño: Realizar una excavación profunda (25–30 cm) con aporte de materia orgánica (humus, compost) y fertilizantes fosfo-potásicos.

2. En primavera: 2–3 semanas antes de plantar, hacer un descompactado ligero y aplicar fertilizantes nitrogenados.

3. Preparar los hoyos: Hacerlos de 40–50 cm de diámetro, añadir humus, ceniza y superfosfato a cada uno, mezclar bien con la tierra y regar abundantemente.

4. Tener en cuenta el clima: En regiones frías, usar bancales elevados, cálidos o plástico negro para calentar el suelo.

5. No escatimar espacio: Mantener las distancias adecuadas entre plantas.

Siguiendo estas reglas sencillas pero importantes, crearás las «condiciones iniciales» ideales para tu calabaza. La planta será vigorosa, sana y te recompensará con frutos grandes y dulces que alegrarán a ti y a tu familia. Recuerda: la preparación del suelo no es trabajo, es una inversión en una cosecha abundante.

¡Espero que este artículo te ayude a cultivar una calabaza magnífica! Si tienes preguntas sobre alguna de las etapas, estoy dispuesto a resolverlas.

Referencias

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  2. Walters, S.Alan. (2016). ‘No-Tillage Production Systems for Cucurbit Vegetables’, in Pessarakli, M. (ed.) Handbook of Cucurbits. Growth,Cultural Practices, and Physiology. New York, NY: CRC Press, pp. 129-138.
  3. Wehner, T.C., Naegele, R.P., Myers, J.R., Dhillon, N.P..S., Crosby, K. (2020). ‘Cultural Requirements’, in Cucurbits. Boston, MA: CABI, pp. 119-148.
  4. Welbaum, G.E. (2015). ‘Family Cucurbitaceae’, in Vegetable production and practices. Boston, MA: CABI, ch. 10.
  5. Аутко, А.А. (2012). ‘Современные технологии выращивания овощных культур [Modern technologies for growing vegetable crops]’, in Современные технологии в овощеводстве [Modern technologies in vegetable growing]. Минск, Белоруссия: Беларус. навука, pp. 93-347.
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  7. Лебедева, А.Т. (1987). ‘Тыква [Pumpkin]’, in Тыквенные культуры [Cucurbits crops]. Москва: Россельхозиздат, pp. 32-42.
  8. Пантиелев, Я.Х. (1986). ‘Особенности агротехники овощных культур [Features of agricultural technology of vegetable crops]’, in Сезонные работы в овощеводстве [Seasonal work in vegetable growing]. Москва: Агропромиздат, 159-232.
  9. Ториков, В.Е., Сычев, С.М. (2018). ‘Плодовые овощные культуры [Fruit and vegetable crops]’, in Овощеводство [Vegetable growing]. Санкт-Петербург: Лань, pp. 21-34.